{"id":41092,"date":"2023-02-23T23:00:00","date_gmt":"2023-02-23T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-02-23T23:00:00","modified_gmt":"2023-02-23T23:00:00","slug":"el-nuevo-curso-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-nuevo-curso-iv\/","title":{"rendered":"El nuevo curso (IV)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41092\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 34<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Dami&aacute;n se recost&oacute; en el marco de la puerta. Con una leve sonrisa contempl&oacute; como Enrique descend&iacute;a las escaleras. Por su cara pod&iacute;a notar que estaba en una nube de felicidad, la misma en la que se encontraba &eacute;l. Cerrando la puerta con suavidad para que no diese un portazo se encamin&oacute; despu&eacute;s al sof&aacute;. Antes de sentarse cambi&oacute; s&uacute;bitamente de idea y recogi&oacute; su tel&eacute;fono del dormitorio. No ten&iacute;a ning&uacute;n mensaje, ni siquiera de Carlo, por lo que dedujo que las cosas con Thal&iacute;a hab&iacute;an ido bien. Con una sonrisa mucho m&aacute;s ancha toc&oacute; sobre el contacto de Enrique, a&ntilde;adiendo un emoji de coraz&oacute;n detr&aacute;s del nombre.<\/p>\n<p>Sin perder la sonrisa se dej&oacute; caer en el sof&aacute; y alarg&oacute; la mano para coger uno de los libros de clase que ten&iacute;a esparcidos por la mesita de caf&eacute;. Retirando el marcap&aacute;ginas con forma de f&eacute;mur que usaba para se&ntilde;alar el tema en el que se hab&iacute;a quedado empez&oacute; a leer la materia. Las letras desfilaron por delante de sus ojos, sin llegar realmente a penetrar en su cerebro. Su mente pronto empez&oacute; a divagar y dejando el libro abierto apoyado en su pecho volvi&oacute; a coger el m&oacute;vil, clavando la vista en el peque&ntilde;o coraz&oacute;n rojo que adornaba el nombre de su ahora pareja.<\/p>\n<p>Las dudas se infiltraron en su cabeza como zarcillos envenenados. &iquest;Ser&iacute;a demasiado pronto para ponerle un coraz&oacute;n al nombre? &iquest;Se estar&iacute;a dejando llevar? Toda la seguridad en s&iacute; mismo que derrochaba en cuanto sal&iacute;a de casa y que formaba parte de su carisma inconsciente desaparec&iacute;a en cuanto pensaba en el joven. Enrique hab&iacute;a dicho que le hab&iacute;a gustado desde el primer d&iacute;a, pero Dami&aacute;n no pod&iacute;a evitar mostrarse esc&eacute;ptico. Levant&aacute;ndose del sof&aacute; fue al dormitorio, donde empez&oacute; a recoger el cuarto. Limpiar era en &eacute;l un h&aacute;bito tan arraigado que ya lo hac&iacute;a casi por inercia. El trabajo era extenuante, pero le permit&iacute;a despejar su cabeza y pensar en aquello que le preocupase, en este caso, Enrique. Retirando las mantas y el n&oacute;rdico hizo una bola con las s&aacute;banas y las llev&oacute; hasta el cesto de la ropa sucia. La colada se estaba acumulando y anot&oacute; en un espacio de su mente el poner despu&eacute;s la lavadora. Sacando un juego de s&aacute;banas del caj&oacute;n de su armario cogi&oacute; la bajera y se dispuso a ajustarla al colch&oacute;n cuando el arranque de energ&iacute;a se detuvo, tan de repente como hab&iacute;a empezado.<\/p>\n<p>Con gesto cansado se dej&oacute; caer sobre el colch&oacute;n, mirando la tela que ten&iacute;a entre las manos. Le hab&iacute;a dicho que llevaba ocho meses sin acostarse con nadie. Quiz&aacute; deber&iacute;a decir que llevaba ocho meses sin acostarse con su ex, pero los h&aacute;bitos que le hab&iacute;a inculcado no se iban. Permanec&iacute;an con &eacute;l como inc&oacute;modos recordatorios que a&uacute;n defin&iacute;an y condicionaban su forma de actuar. Con la mirada perdida hizo una bola con la s&aacute;bana y se la acerc&oacute; al pecho, acurruc&aacute;ndose en el colch&oacute;n desnudo en posici&oacute;n fetal. Ten&iacute;a claro que hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n correcta al dejarle, pero la sensaci&oacute;n de amargura persist&iacute;a. Suspir&oacute; y apret&aacute;ndose las rodillas contra el pecho se envolvi&oacute; en la s&aacute;bana, creando un capullo de algod&oacute;n de color azul oscuro que bloque&oacute; la luz del sol que entraba por la ventana. Cerrando los ojos dej&oacute; que los recuerdos le invadiesen, sin reprimirles por primera vez en mucho tiempo.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a precisar cu&aacute;ndo le hab&iacute;a conocido. Amigo de sus padres desde que &eacute;l era un ni&ntilde;o, siempre hab&iacute;a estado presente en su vida, a veces m&aacute;s incluso que sus progenitores. Su padre viajaba much&iacute;simo, como piloto de l&iacute;neas comerciales a&eacute;reas pasaba m&aacute;s tiempo surcando el mundo a los mandos de su avi&oacute;n que en casa ejerciendo de padre, y aunque siempre le hab&iacute;a querido, entre ambos no hab&iacute;a habido nunca una buena comunicaci&oacute;n. Su madre se hab&iacute;a formado como chef bajo las &oacute;rdenes de uno de los mejores cocineros de cocina francesa del mundo y, cuando &eacute;l naci&oacute;, su carrera se encontraba despegando, por lo que acab&oacute; delegando su cuidado en su abuela paterna, quien segu&iacute;a residiendo en el mismo pueblo donde se criase su padre.<\/p>\n<p>Mateo hab&iacute;a triunfado, igual que sus padres, pero a diferencia de estos jam&aacute;s hab&iacute;a abandonado el pueblo que le vio crecer. Reputado arquitecto, se hab&iacute;a limitado a reformar la antigua casona de sus padres con un estilo mucho m&aacute;s moderno y elegante, aunque conservando cierto aire tradicional y s&oacute;lido. De ni&ntilde;os, Mateo y su padre hab&iacute;an sido los mejores amigos, y el que &eacute;l se quedase en el pueblo sirvi&oacute; como asidero para esa amistad incluso en la edad adulta. Mientras su padre viajaba y su madre trabajaba sin descanso, era Mateo quien se aseguraba de cuando en cuando de que su abuela estuviese bien, la ayudaba con ciertas gestiones e incluso la asesor&oacute; en un fondo de pensiones. Dami&aacute;n sab&iacute;a que sus padres le admiraban y le quer&iacute;an como a un viejo amigo, pero para &eacute;l fue siempre un referente.<\/p>\n<p>De ni&ntilde;o le ve&iacute;a como a una especie de t&iacute;o guay, que siempre le compraba los mejores regalos y le animaba a participar en locas aventuras, como aquella vez que le habl&oacute; del antiguo camino de cabras que bordeaba el pueblo y las alucinantes cuestas que ten&iacute;a y que pod&iacute;a remontar con la bici para despu&eacute;s bajarlas a toda velocidad. A su abuela casi la da un infarto cuando se lo cont&oacute; y le estuvo echando la bronca durante casi tres horas, pero para &eacute;l era uno de los mejores recuerdos de su infancia. No fue hasta llegar a la adolescencia cuando empez&oacute; a mirarle con otros ojos, los ojos de un enamorado.<\/p>\n<p>Cediendo a la nostalgia record&oacute; con una sonrisa triste en la cara las ansias con las que hab&iacute;a esperado el verano, momento en que Mateo abr&iacute;a su gloriosa piscina para uso y disfrute de su abuela y de &eacute;l. Como durante el d&iacute;a apenas estaba por casa no le importaba dejar que la usasen y a cambio su abuela siempre le ten&iacute;a preparada la cena y le vigilaba la casa. Era un buen arreglo, sobre todo para &eacute;l. Al estudiar en un colegio de pago en la ciudad no ten&iacute;a amigos en el pueblo, y su inusual color de pelo y de ojos le granjearon m&aacute;s de un mote desagradable. La inmensa piscina de Mateo, bordeada por fragantes limoneros y un c&eacute;sped tan verde y brillante que parec&iacute;a artificial, junto con los helados y los fuegos artificiales eran la mejor parte de los meses estivales. La adolescencia se encarg&oacute; de terminar con todo eso.<\/p>\n<p>Pod&iacute;a evocar sin esfuerzo el momento en que todo cambi&oacute;. Como cada a&ntilde;o en verano, sus padres estaban ataread&iacute;simos con sus trabajos. Consider&aacute;ndole demasiado joven con sus quince a&ntilde;os como para pasar los tres meses de vacaciones en solitario, le mandaron de nuevo con su abuela, que le recibi&oacute; con los brazos abiertos. Su abuela no hab&iacute;a cambiado nada, ni su pulcra casa de dos plantas cuyo jard&iacute;n delantero rebosaba de flores. Los altos &aacute;rboles de lilas llenaban el inmenso jard&iacute;n trasero y aportaban sombra al cenador construido por su abuelo. Nada m&aacute;s verle, su abuela le abraz&oacute; con fuerza, achuch&aacute;ndole y llen&aacute;ndole de besos. Dami&aacute;n siempre se lo consent&iacute;a, no pod&iacute;a negarla nada.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Mi ni&ntilde;o! &iexcl;Pero cu&aacute;nto has crecido! Est&aacute;s cada d&iacute;a m&aacute;s alto, ya me has dejado atr&aacute;s. &iquest;Has tenido buen viaje? Espero que vengas con hambre, te he preparado arroz con pollo y sand&iacute;a fresca de postre, y Mateo ya me ha dicho que podemos usar su piscina como cada a&ntilde;o.<\/p>\n<p>Su abuela siempre hac&iacute;a lo mismo: hablar a toda velocidad y de manera imparable. Peque&ntilde;ita y ligeramente rechoncha, a Dami&aacute;n se la antojaba semejante a las hadas madrinas de los cuentos. Desde luego, as&iacute; hab&iacute;a sido siempre para &eacute;l. Con su abuela nunca hab&iacute;a sido posible negociar, lo que ella dec&iacute;a se cumpl&iacute;a. Sin protestar por el trato recibido se hab&iacute;a dejado arrastrar al interior de la casa, donde ya le esperaba la mesa puesta. Tras lavarse las manos en el fregadero de la cocina se sent&oacute; a comer mientras su abuela segu&iacute;a revoloteando a su alrededor, incansable, parlanchina y vivaz. Estaba poni&eacute;ndole al d&iacute;a de las novedades del pueblo cuando un r&iacute;tmico golpeteo de nudillos en la puerta principal interrumpi&oacute; su ch&aacute;chara.<\/p>\n<p>Incluso ahora Dami&aacute;n ve&iacute;a con toda claridad la imagen de Mateo irrumpiendo en la cocina, dando dos besos a su abuela y mirando a trav&eacute;s de &eacute;l como si fuese igual de transparente que el cristal. Aunque en ese momento no hab&iacute;a reparado en &eacute;l, la feroz sacudida en el est&oacute;mago que sinti&oacute; bast&oacute; para quitarle el apetito durante el resto del d&iacute;a. Con las grandes manos apoyadas en los menudos hombros de su abuela, y domin&aacute;ndola con su estatura de un metro ochenta como m&iacute;nimo, la impresi&oacute;n fue tan intensa que no pudo por menos que dejar caer el tenedor en el plato con un golpe tremendamente sonoro en medio de la cocina. Aunque involuntario, consigui&oacute; captar su atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>En el tiempo transcurrido desde la &uacute;ltima vez que le hab&iacute;a visto apenas hab&iacute;a cambiado. Su cabello rubio oscuro estaba algo m&aacute;s largo y goteaba sobre sus hombros desnudos. Su piel empezaba a broncearse por efecto del sol veraniego y sus ojos marrones presentaban unas ligeras arrugas en las comisuras que no desmerec&iacute;an para nada su aspecto general. Vestido &uacute;nicamente con un ba&ntilde;ador bastante holgado pod&iacute;a apreciar a la perfecci&oacute;n que segu&iacute;a conservando su f&iacute;sico de nadador, de m&uacute;sculos tonificados y marcados. Una nube de vello ralo cubr&iacute;a su pecho y descend&iacute;a por el vientre hasta perderse bajo el traje de ba&ntilde;o. Al bajar la mirada, abrumado, vio que tambi&eacute;n ten&iacute;a vello en las piernas. Deb&iacute;a de haber salido de su piscina porque, aparte del ba&ntilde;ador, tan solo llevaba unas chanclas de c&aacute;&ntilde;amo.<\/p>\n<p>&ndash;Dami&aacute;n, &iquest;ya has venido a pasar el verano?<\/p>\n<p>Aunque s&oacute;lo hab&iacute;a mostrado un cordial inter&eacute;s, lo suficiente como para no sonar descort&eacute;s, Dami&aacute;n record&oacute; lo much&iacute;simo que le hab&iacute;a costado articular una respuesta coherente, apenas un &ldquo;s&iacute;&rdquo; que escap&oacute; entre sus labios, tan bajo que casi era inaudible. Aun as&iacute; Mateo se limit&oacute; a sonre&iacute;rle, asentir con la cabeza y comentar algo con su abuela que no logr&oacute; captar bien debido al zumbido que parec&iacute;a haberse instalado en sus o&iacute;dos a causa de la verg&uuml;enza. Ni siquiera recordaba haber terminado la comida, tan solo la mirada de leve inter&eacute;s que vio en Marco y como se hab&iacute;a marchado poco despu&eacute;s sin tan siquiera despedirse de &eacute;l.<\/p>\n<p>Con un gru&ntilde;ido indefinido gir&oacute; y se revolvi&oacute; dentro de la envoltura a&ntilde;il en la que se encontraba. Su comportamiento los dos a&ntilde;os siguientes hab&iacute;a sido pat&eacute;tico, rozando conductas m&aacute;s propias de una quincea&ntilde;era frente a su &iacute;dolo pop que una actitud normal ante un viejo amigo de la familia. Cada verano desesperaba por acercarse a Marco, y cada verano se ve&iacute;a incapaz de hacerlo debido a su falta de confianza y al aparente desinter&eacute;s de este. En algunas ocasiones, cuando coincid&iacute;an en la piscina del hombre, habr&iacute;a jurado que le observaba con atenci&oacute;n, pero se autoconvenci&oacute; de que no eran m&aacute;s que sus fantas&iacute;as desbocadas. Las mismas que, al menos tres veces por semana, le obligaban a masturbarse pensando en su vecino.<\/p>\n<p>La mayor&iacute;a de las veces hab&iacute;a conseguido controlarse, no ceder a las fantas&iacute;as imposibles, pero aquellos d&iacute;as en que coincid&iacute;a con Marco en la piscina su imaginaci&oacute;n y sus hormonas se combinaban. Esas noches, ya tumbado en la cama, por su ventana entraba el olor a lilas, lim&oacute;n y cloro, y &eacute;l ced&iacute;a con gusto a las v&iacute;vidas im&aacute;genes que se creaban tras sus p&aacute;rpados cerrados. En ellas siempre estaban Mateo y &eacute;l a solas. En esas fantas&iacute;as a veces era &eacute;l quien tomaba la iniciativa, las m&aacute;s veces era su vecino. A pesar de lo prohibido de su relaci&oacute;n ambos ced&iacute;an al deseo, y mientras la fantas&iacute;a se desgranaba en su cabeza su mano acariciaba su pene arriba y abajo hasta que su orgasmo le alcanzaba.<\/p>\n<p>Mientras cosechaba un &eacute;xito cada vez m&aacute;s rotundo entre sus compa&ntilde;eros de clase de ambos g&eacute;neros, con Marco la cosa era diferente. En su car&iacute;simo instituto de pago pod&iacute;a conseguir a cualquier chico, siempre que fuese gay o bisexual; y m&aacute;s de una chica tambi&eacute;n se habr&iacute;a ido con &eacute;l de haberlo deseado as&iacute;. Durante ese tiempo su cuerpo se estir&oacute; hasta alcanzar una altura m&aacute;s que respetable de un metro ochenta y uno, aunque sigui&oacute; conservando una cara ligeramente ani&ntilde;ada y con ella cierto aire de inocencia. Aunque en aquel tiempo no lo supiese, durante esos a&ntilde;os de fantasear y so&ntilde;ar con Mateo hab&iacute;a desarrollado cierto carisma y dotes de seducci&oacute;n al tener presente su objeto de deseo inalcanzable, que se combinaba con una sensualidad ambigua y atrayente que acab&oacute; por florecer del todo escasos meses antes de terminar el instituto y cumplir los dieciocho.<\/p>\n<p>Siendo ni&ntilde;o hab&iacute;a considerado que cumplir a&ntilde;os el veintiocho de junio era un asco. Sus amigos estaban fuera de vacaciones y muchas veces sus padres no pod&iacute;an celebrarlo con &eacute;l debido a sus trabajos, por lo que lo hab&iacute;a celebrado siempre con su abuela, quien se desviv&iacute;a porque tuviese un d&iacute;a especial. Su hada madrina. Ella, y Mateo, por supuesto. El arquitecto siempre hab&iacute;a estado ah&iacute;, con los mejores regalos, aquellos que sus padres y su abuela no quer&iacute;an comprarle por considerarles peligrosos o demasiado prematuros. Apretando m&aacute;s las rodillas contra el pecho record&oacute; la fiesta de su dieciocho cumplea&ntilde;os. Celebraban su mayor&iacute;a de edad, pero tambi&eacute;n el haber sido aceptado en medicina, su meta personal. Sus amigos del instituto se sumaron a los pocos adolescentes con los que se llevaba bien en el pueblo, a sus dos padres, su abuela y, c&oacute;mo no, Mateo.<\/p>\n<p>El hombre se hab&iacute;a ofrecido a ser el anfitri&oacute;n de su fiesta, y Dami&aacute;n hab&iacute;a recibido la noticia con una mezcla de fiero orgullo, intensa satisfacci&oacute;n y el ya habitual retortij&oacute;n en el est&oacute;mago que siempre sent&iacute;a al escuchar hablar de su vecino, sabi&eacute;ndole inalcanzable. Mateo hab&iacute;a cedido con gusto su jard&iacute;n, su piscina y la planta baja de su casa a la riada de adolescentes que acudieron a celebrarlo con Dami&aacute;n. Los olorosos limoneros se decoraron con guirnaldas de luces led de diferentes colores. Potentes altavoces conectados a un caro equipo de sonido proporcionaban la m&uacute;sica con solo conectar los m&oacute;viles mediante bluetooth y ni siquiera ten&iacute;an que gastar datos para poner sus canciones favoritas a sonar, ya que Mateo se encarg&oacute; de abrir la red wifi para todos.<\/p>\n<p>Lo mejor fueron las viandas. Su vecino hab&iacute;a dispuesto tres largas mesas que su madre carg&oacute; de comida elegante y sabrosa. Los canap&eacute;s se suced&iacute;an en bandejas colmadas de deliciosos bocados de salm&oacute;n, queso del caro o verduras en delicadas rebanadas de pan tostado. En otra de las mesas una inmensa tarta aguardaba el momento de soplar las velas, rodeada por peque&ntilde;os pastelillos de frutas, merengue y crema pastelera. La m&aacute;s visitada era la que el propio Mateo abasteci&oacute;, cargada de bebidas alcoh&oacute;licas de prestigiosas marcas. Sus padres no estaban demasiado de acuerdo con esa mesa, pero como todos los chicos invitados resultaron ser mayores de edad, la discusi&oacute;n sobre si era apropiado o no ofrecer alcohol ni siquiera lleg&oacute; a producirse.<\/p>\n<p>Intent&oacute; evocar la fiesta en su memoria, pudiendo recuperar solo retazos fugaces: la m&uacute;sica alta atronando en sus o&iacute;dos, el movimiento de los cuerpos de sus amigos bailando junto a &eacute;l en el c&eacute;sped o saltando a la piscina, el sabor del tequila con lima y sal en su boca, el resplandor de los led conforme el sol se pon&iacute;a y daba paso a la oscuridad de la noche, el titilar de las velas momentos antes de soplarlas, todos cantando a coro el &ldquo;cumplea&ntilde;os feliz&rdquo; mientras desenvolv&iacute;a un regalo tras otro, sus padres y su abuela retir&aacute;ndose al bar del pueblo a charlar con los padres de sus amigos que hab&iacute;an ido a buscarles y que les conced&iacute;an otra hora en la fiesta&hellip; y las manos de C&eacute;sar subiendo por su cuerpo, arranc&aacute;ndole la camiseta mientras su boca engull&iacute;a la suya con ansia.<\/p>\n<p>Aferr&oacute; la s&aacute;bana con ambos pu&ntilde;os mientras dejaba que en su mente se reprodujese de nuevo ese fat&iacute;dico momento. No sab&iacute;a qu&eacute; le hab&iacute;a impulsado a subir con C&eacute;sar al cuarto de Mateo, situado en la planta superior de su chalet. Sospechaba que la b&uacute;squeda de privacidad hab&iacute;a sido el detonante, pero una parte remota de su subconsciente siempre hab&iacute;a sostenido que en realidad lo hab&iacute;a hecho para que le pillasen, por el riesgo, por el morbo o por la suma de todos esos factores. Mientras ascend&iacute;a por las escaleras pod&iacute;a notar la erecci&oacute;n de C&eacute;sar presionando contra la suya y como su lengua infatigable hurgaba en su boca, buscando la suya, provoc&aacute;ndola.<\/p>\n<p>Al llegar al piso superior hab&iacute;a tomado &eacute;l el mando. Conoc&iacute;a la casa, y hab&iacute;a guiado a C&eacute;sar a lo largo del elegante pasillo hasta el dormitorio. La cama de matrimonio dominaba la estancia de amplios ventanales rodeados de un balc&oacute;n con tarima de madera. La manta estaba doblada pulcramente a los pies debido al calor estival que la hac&iacute;a innecesaria y los grandes almohadones se ve&iacute;an mullidos y confortables. Sonriendo con malicia hab&iacute;a empujado a C&eacute;sar hasta la cama, subiendo sobre &eacute;l en cuanto el chico cay&oacute; al colch&oacute;n. C&eacute;sar le hab&iacute;a agarrado por la cintura, arranc&aacute;ndole el ba&ntilde;ador h&uacute;medo y dejando al aire su pene, ya de veinti&uacute;n cent&iacute;metros y con una mata de vello rojizo en el pubis. Recordaba lo impaciente que era siempre C&eacute;sar. En esa &eacute;poca le encantaba lo r&aacute;pido que se excitaba, aunque no pod&iacute;a decir lo mismo sobre su escaso aguante.<\/p>\n<p>C&eacute;sar se hab&iacute;a retirado el ba&ntilde;ador en cuanto le desnud&oacute;. Su pene mediano se apoyaba en sus nalgas mientras Dami&aacute;n besaba y acariciaba el torso del joven que se retorc&iacute;a para conseguir orientarse hacia su ano. Sus manos c&aacute;lidas le hab&iacute;an aferrado por los gl&uacute;teos, apretando la carne y tirando de ellas hacia fuera para dejar al descubierto su ano. Aquello siempre consegu&iacute;a hacerle gemir y C&eacute;sar lo sab&iacute;a bien. Le hab&iacute;a provocado, moviendo las caderas en c&iacute;rculos, subiendo y bajando como si fuese a cabalgarle, pero limit&aacute;ndose a pasar el pene del joven entre sus nalgas. C&eacute;sar se hab&iacute;a colocado solo el preservativo, sac&aacute;ndole del bolsillo de su ba&ntilde;ador que mojaba el suelo de madera clara. Dami&aacute;n hab&iacute;a estado a punto de ensartase tras lubricar ligeramente su ano con saliva, sabiendo que con C&eacute;sar siempre ten&iacute;a poco tiempo, cuando un fuerte carraspeo les hab&iacute;a interrumpido, haci&eacute;ndoles saltar a ambos y correr a cubrirse con la &uacute;nica manta que ten&iacute;an a mano.<\/p>\n<p>En el vano de la puerta estaba Mateo, mir&aacute;ndolos con una mezcla de divertida curiosidad y algo m&aacute;s que consigui&oacute; poner la carne de gallina a Dami&aacute;n. No parec&iacute;a enfadado, pero ninguno de los dos j&oacute;venes pillados in fraganti se hab&iacute;a atrevido a abrir la boca, en espera de que el due&ntilde;o de la cama en la que hab&iacute;an estado a punto de acostarse se pronunciase. A Dami&aacute;n le bastaba con recordar aquel momento para que el pulso se le acelerase de nuevo, retumbando en su garganta y en sus o&iacute;dos, martilleando en su pecho con un galope desbocado. Mateo se hab&iacute;a inclinado, hab&iacute;a recogido la ropa de C&eacute;sar del suelo y se la hab&iacute;a lanzado al chico, que se visti&oacute; a toda prisa procurando mantener sus genitales cubiertos.<\/p>\n<p>No le hab&iacute;a hecho falta pronunciar una sola palabra para despachar al joven. Su ligue le hab&iacute;a abandonado de inmediato, dej&aacute;ndole solo con el marr&oacute;n de tener que explicarse ante el hombre que se manten&iacute;a de pie de brazos cruzados frente a la cama. Hab&iacute;an escuchado como bajaba las escaleras de dos en dos y el portazo que dio al salir precipitadamente de la casa. Se excusar&iacute;a por ello al d&iacute;a siguiente, cuando ya fuese tarde para que Dami&aacute;n considerase perdonarle, pero en ese momento la sensaci&oacute;n de traici&oacute;n, soledad y verg&uuml;enza se impuso a todas las dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n recordaba con toda claridad que se hab&iacute;a atrevido a mirar a Mateo a los ojos tan solo un instante, antes de que la verg&uuml;enza pudiese con &eacute;l y acabase por desviar la mirada hacia abajo. A partir de ese punto sus recuerdos eran tan n&iacute;tidos que casi le parec&iacute;a haberlo vivido ayer mismo en lugar de hac&iacute;a poco m&aacute;s de dos a&ntilde;os. Apretando m&aacute;s las s&aacute;banas en los pu&ntilde;os se tumb&oacute; boca arriba, manteniendo los ojos cerrados con toda la fuerza de la que era capaz e inspirando hondo por la nariz para soltar el aire por la boca despu&eacute;s, intentando que el dolor que sent&iacute;a siempre que evocaba como hab&iacute;an empezado no le ahogase.<\/p>\n<p>&ndash;Ven&iacute;a a deciros que los padres de C&eacute;sar preguntaban por &eacute;l. Ma&ntilde;ana tienen que coger un avi&oacute;n y dicen que no pueden perder m&aacute;s tiempo &ndash;el tono de Mateo era tan sosegado que Dami&aacute;n se vio incapaz de extraer ninguna conclusi&oacute;n escuch&aacute;ndole.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias &ndash;musit&oacute; avergonzado, deseando que se fuese para poder retirar la manta con la que ocultaba su erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Sabes? No me molesta que uses mi cama para los revolcones con tu novio, pero s&oacute;lo si me invitas a ellos. Al menos ahora que ya puedes hacerlo.<\/p>\n<p>Los ojos de Dami&aacute;n casi se hab&iacute;an salido de sus &oacute;rbitas ante esas palabras. La risa sard&oacute;nica de Mateo reverber&oacute; en el dormitorio mientras este se acercaba m&aacute;s a la cama. El joven hab&iacute;a tirado m&aacute;s a&uacute;n de la manta, cubri&eacute;ndose hasta el pecho. La confusi&oacute;n predominaba en su cabeza, conviviendo con el temor a estar malinterpretando por completo la situaci&oacute;n. El arquitecto se hab&iacute;a dejado caer en la cama, al lado de Dami&aacute;n que pudo notar el calor que emanaba del cuerpo del hombre y como su peso hund&iacute;a el blando colch&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Eres&hellip;? &iquest;Eres gay tambi&eacute;n? &ndash;consigui&oacute; preguntar tras tragar saliva.<\/p>\n<p>&ndash;No, no soy gay como t&uacute;, si te he entendido bien; tambi&eacute;n disfruto de la compa&ntilde;&iacute;a de mujeres. Dime, ese chico que estaba contigo, &iquest;es tu novio?<\/p>\n<p>A pesar del tono despreocupado la intensa mirada le hab&iacute;a dejado clavado en el sitio. Mateo se hab&iacute;a ido acercando despacio, hasta colocar su mano suave y de u&ntilde;as perfectamente cuidadas sobre su erecci&oacute;n. En ese momento Dami&aacute;n hab&iacute;a empezado a respirar tomando grandes bocanadas de aire, intentando controlar su nerviosismo y su excitaci&oacute;n. Hab&iacute;a ansiado lanzarse, estrechar el cuerpo musculoso del hombre entre sus brazos y comprobar si el bulto que hab&iacute;a atisbado otras veces, cuando nadaban juntos en la piscina, se correspond&iacute;a con la idea que se hab&iacute;a formado. Sin embargo, permaneci&oacute; inm&oacute;vil, con la lengua pegada al paladar y la boca seca hasta que el arquitecto insisti&oacute;, acariciando ligeramente su erecci&oacute;n para obtener una respuesta.<\/p>\n<p>&ndash;No, no es mi novio. Solo somos&hellip; amigos con derecho.<\/p>\n<p>&ndash;Bien, eso me gusta. Te has convertido en un chico muy sexy, me hubiese molestado que despu&eacute;s de todas las miradas que me has echado, todo lo que me has acosado, ahora te hubieses buscado novio. Me hubiera sentido&hellip; enga&ntilde;ado.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Q-qu-qu&eacute;? &ndash;no hab&iacute;a podido evitar tartamudear, con los ojos desorbitados y el coraz&oacute;n latiendo tan deprisa como si hubiese corrido una marat&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Vamos, no finjas ahora que lo que digo no es cierto. S&eacute; lo que hac&iacute;as estos veranos cuando ven&iacute;as a nadar, lo que deseabas. Eras muy tentador, pero prohibido. Ahora eres igual de tentador, pero, si quieres, ya podemos dejar de lanzarnos miradas.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Va en serio? &ndash;recordaba haber preguntado.<\/p>\n<p>Por toda respuesta, Mateo se hab&iacute;a limitado a retirar la manta. Dami&aacute;n hab&iacute;a girado la cara, ligeramente avergonzado por su gran tama&ntilde;o. No todos los chicos con los que hab&iacute;a estado reaccionaban bien y la idea de no gustar a su vecino se le hab&iacute;a antojado insoportable. Hab&iacute;a intentado abstraerse centrando su mente en la sensaci&oacute;n de la manta abandonando su piel, con una lentitud que afectaba cuidado. Poco a poco su gran pene hab&iacute;a quedado al aire, libre ante los ojos de Mateo. No se pronunci&oacute; de inmediato, se hab&iacute;a limitado a mirarle en silencio, sin duda disfrutando de su actitud sumisa, que trasluc&iacute;a su deseo de complacer. Si no analizaba desde la perspectiva actual, ya desde el principio el &uacute;nico que hab&iacute;a sucumbido a sentimientos ajenos a la lujuria era &eacute;l.<\/p>\n<p>&ndash;Eres grande &ndash;hab&iacute;a dicho por fin, acerc&aacute;ndose m&aacute;s al cuerpo blanco y delgado del joven&ndash; me gusta que seas tan grande. &iquest;Virgen?<\/p>\n<p>Dami&aacute;n hab&iacute;a negado con la cabeza. Incluso ahora, arropado bajo la s&aacute;bana limpia en su pulcro apartamento, sus mejillas se ti&ntilde;eron de un furioso rubor que pocas veces experimentaba. Le hab&iacute;a gustado su respuesta, la negativa que le dio. No le gustaban inexpertos y con dudas. Mateo se hab&iacute;a inclinado sobre &eacute;l sin soltarle el pene, comenzando a masturbarle arriba y abajo con fuerza. Dami&aacute;n hab&iacute;a tendido los brazos, rodeando al hombre con sus brazos y acariciando el corto cabello rubio. Se hab&iacute;a enderezado ligeramente, pidiendo un beso que, aunque correspondido, tan solo pod&iacute;a evocar con amargura. Carec&iacute;a por completo de cualquier sentimiento que no fuese el de excitaci&oacute;n por su cuerpo. Al preguntarse, como tantas otras veces, por qu&eacute; no lo hab&iacute;a visto, la &uacute;nica respuesta que encontr&oacute; fue que &eacute;l s&iacute; que le quer&iacute;a.<\/p>\n<p>Mateo le hab&iacute;a besado con una pericia que le alejaba del resto de ligues que hab&iacute;a tenido hasta ese momento. Su h&aacute;bil lengua recorri&oacute; cada rinc&oacute;n de su boca hasta llegar al &uacute;ltimo recoveco secreto, mientras sus grandes manos tanteaban su piel, blanca incluso en verano. La mano que aferraba su pene hab&iacute;a aumentado la velocidad de su movimiento, acariciando, frotando, estimulando y masajeando sin tregua. Palpaba toda su longitud, memorizaba sus formas y los puntos sensibles. Con el pulgar alternaba entre frotar el sensible frenillo y el orificio, por donde ya escapaban gotas de l&iacute;quido preseminal. Se separ&oacute; de sus labios y descendi&oacute; por su cuello, deslizando los labios hasta llegar al pecho.<\/p>\n<p>&ndash;Qu&eacute; guapo eres. No te lo hab&iacute;a dicho antes &iquest;verdad? Muy guapo y muy apetecible.<\/p>\n<p>Incluso sus piropos carec&iacute;an de afecto, se limitaba a describirle, como quien aprecia un mueble caro o un adorno especialmente costoso. Sus manos grandes le empujaron hasta tumbarle por completo en la cama, descendiendo por su cuerpo, deteni&eacute;ndose un momento en su cintura estrecha y sus caderas delgadas, antes de proseguir su avance hasta los muslos bien torneados. Le hab&iacute;a levantado las piernas todo lo posible, con su boca acerc&aacute;ndose poco a poco hasta su miembro, pero sin llegar a tocarle.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a sacado un cond&oacute;n de una caja de la mesilla, con el envoltorio de intenso color amarillo canario. A Dami&aacute;n tanta precipitaci&oacute;n le hab&iacute;a dejado un regusto amargo, pero Mateo parec&iacute;a tranquilo y confiado, sab&iacute;a de sobra lo que quer&iacute;a y no dudaba en ir a por ello. Dami&aacute;n record&oacute; como hab&iacute;a intentado frenarle, suplicarle que fuese m&aacute;s despacio, que le dejase disfrutar de un sue&ntilde;o que por fin se cumpl&iacute;a. El arquitecto se hab&iacute;a limitado a sujetarle la mano y darle un r&aacute;pido beso en el dorso, un gesto que bast&oacute; para derretirle entonces y que ahora le causaba escalofr&iacute;os al ver lo falso que hab&iacute;a resultado.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No podemos ir m&aacute;s despacio? Por favor&hellip; llevo mucho tiempo esperando esto &ndash;implor&oacute; acarici&aacute;ndole el cuello.<\/p>\n<p>&ndash;Tranquilo, no te va a doler, ya he visto lo dispuesto que estabas antes con tu amiguito &ndash;el tono con el que lo hab&iacute;a dicho era ligeramente despectivo, pero Dami&aacute;n lo hab&iacute;a atribuido a los celos en ese momento&ndash;. Adem&aacute;s, tus padres estar&aacute;n aqu&iacute; muy pronto, y no queremos que nos pillen as&iacute;.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n hab&iacute;a acabado por asentir, abriendo m&aacute;s las piernas y elev&aacute;ndolas en el aire. Ofrecido y entregado se limit&oacute; a ver c&oacute;mo terminaba de desnudarse. Ten&iacute;a una espesa mata de vello rubio en el pubis, pero su pene destacaba por encima de &eacute;l. Bastante largo, no alcanzaba el tama&ntilde;o del suyo, pero la ligera curvatura hacia arriba le hac&iacute;a resaltar sin esfuerzo. Al ver c&oacute;mo el joven se le com&iacute;a con los ojos Mateo sonri&oacute; con engreimiento y redujo ligeramente el ritmo, acariciando el pecho lampi&ntilde;o del chico y tumb&aacute;ndose a su lado, dejando que por unos instantes tomase &eacute;l las riendas.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se lo hab&iacute;a agradecido inmensamente. Le hab&iacute;a besado con pasi&oacute;n, sin igualar su pericia, pero aportando todo su ardor juvenil como compensaci&oacute;n. Hab&iacute;a recorrido el cuerpo del hombre con las manos, deleit&aacute;ndose en el tacto suave de su piel, el vello rizado que le cubr&iacute;a el pecho, las piernas y el pubis, sopesando en sus manos sus grandes test&iacute;culos y acariciando el pene curvado y pesado. Mientras &eacute;l se deleitaba en acariciar al arquitecto, exultante por tener por fin una oportunidad con quien cre&iacute;a el hombre de sus sue&ntilde;os, Mateo se hab&iacute;a limitado a contemplarle. Cada vez que Dami&aacute;n elevaba sus ojos para contemplarle, le sonre&iacute;a con calidez, pero sin cari&ntilde;o, y sin embargo esas sonrisas hab&iacute;an conseguido derretirle, calarle hasta el tu&eacute;tano.<\/p>\n<p>&ndash;Toma &ndash;hab&iacute;a dicho Mateo tendi&eacute;ndole el preservativo&ndash; col&oacute;camele t&uacute;, quiero ver qu&eacute; tal lo haces.<\/p>\n<p>Le hab&iacute;a chinchado y &eacute;l hab&iacute;a ca&iacute;do en la provocaci&oacute;n. Con una sonrisa engre&iacute;da hab&iacute;a rasgado el papel, amarillo intenso por fuera, plateado por dentro. El viscoso cond&oacute;n sali&oacute; sin problemas, y tras masturbar arriba y abajo el pene del hombre hab&iacute;a colocado el anillo de goma en torno al glande, desliz&aacute;ndole con facilidad hasta abajo. Le hab&iacute;a masturbado otro poco, asegur&aacute;ndose de que estaba bien colocado, y con una sonrisa de suficiencia y el orgullo brillando en sus ojos verdosos se hab&iacute;a enfrentado al arquitecto, que le aplaudi&oacute; con cierto sarcasmo mientras se re&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;Y a&uacute;n no has visto nada, ver&aacute;s ahora&ndash; se ufan&oacute; Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>Con la confianza que le aportaba saber que le hab&iacute;a impresionado, o al menos eso pensaba en el momento, se hab&iacute;a colocado a horcajadas sobre el hombre, que le observaba gratamente complacido por su respuesta. Dami&aacute;n hab&iacute;a enredado sus largos dedos en los cortos mechones rubios del arquitecto, que acariciaba su espalda y aplicaba una ligera presi&oacute;n en sus caderas, deseando que descendiese y le cabalgase. El joven pas&oacute; el pene entre sus nalgas, lamiendo sus dedos y unt&aacute;ndoles de saliva antes de llevarlos a su ano, jugando con el anillo de piel, abri&eacute;ndolo y dilat&aacute;ndole lo suficiente como para que pudiese entrar con facilidad, pero no tanto como para que le sintiera demasiado holgado.<\/p>\n<p>Gimiendo de placer Dami&aacute;n se hab&iacute;a dejado caer poco a poco sobre Mateo. Hab&iacute;a besado al arquitecto en el cuello, descendiendo despu&eacute;s al pecho y buscando los pezones, pero este le hab&iacute;a detenido agarr&aacute;ndole de la barbilla y levant&aacute;ndole su cara para poder mirarle, no con amor o cari&ntilde;o, por puro morbo. A pesar de ello, Dami&aacute;n hab&iacute;a accedido gustoso a su capricho. Mir&aacute;ndole a los ojos dej&oacute; que Mateo disfrutase de la cara de placer que pon&iacute;a mientras el pene del arquitecto se deslizaba en su interior. Le cost&oacute; un poco bajar del todo, gimiendo e insistiendo hasta lograrlo, pero cuando lo consigui&oacute; no obtuvo tregua ninguna.<\/p>\n<p>Sosteni&eacute;ndole por las caderas Mateo le ayud&oacute; a moverse desde el principio. Normalmente Dami&aacute;n habr&iacute;a esperado un poco, acostumbr&aacute;ndose a la sensaci&oacute;n antes de cabalgar como tal, pero recordando que no dispon&iacute;an de demasiado tiempo volvi&oacute; a tragarse sus sentimientos, c&oacute;ctel amargo que beber&iacute;a con frecuencia a lo largo de toda la relaci&oacute;n, y complaci&oacute; al hombre. Se elev&oacute; por encima de &eacute;l para volver a bajar en un movimiento r&aacute;pido y confiado, sabiendo que lo que hac&iacute;a le proporcionar&iacute;a placer.<\/p>\n<p>No del todo ajeno a las necesidades del chico, Mateo hab&iacute;a vuelto a agarrar su largo pene. Le acariciaba con experta soltura, deslizando la mano arriba y abajo al ritmo de los botes que daba Dami&aacute;n sobre &eacute;l, prestando atenci&oacute;n a su cara. Sus dedos rodeaban el glande, tiraban ligeramente de &eacute;l y volv&iacute;an a descender hasta que tocaban el pubis, para volver a subir deteni&eacute;ndose esta vez en el sensible frenillo. Gotas de l&iacute;quido preseminal ca&iacute;an sobre el vientre del hombre mientras el joven aceleraba poco a poco. En la habitaci&oacute;n casi en completa penumbra se entremezclaban los gemidos de ambos, jadeos y el r&iacute;tmico entrechocar de los cuerpos cuando las nalgas firmes de Dami&aacute;n golpeaban los muslos del hombre.<\/p>\n<p>Mateo hab&iacute;a empujado m&aacute;s fuerte hacia arriba, tirando siempre del pene del joven y acariciando los test&iacute;culos con su mano libre. Jadeaba y gem&iacute;a mientras se deleitaba en el espect&aacute;culo de Dami&aacute;n subido sobre &eacute;l, ofreci&eacute;ndole un espect&aacute;culo de un erotismo maravilloso a la par que una buena cabalgada. Con una sonrisa de oreja a oreja hab&iacute;a soltado moment&aacute;neamente su pene solo para poder retorcer uno de los claros pezones del chico. Dami&aacute;n recordaba haber gritado, haber gemido y haberse retorcido sobre el arquitecto, que re&iacute;a en voz baja. Mateo se hab&iacute;a incorporado para poder alcanzar con su boca los delicados pezones, rosados y erectos, tan duros que el m&aacute;s m&iacute;nimo roce arrojaba una intensa descarga de placer que sacud&iacute;a por completo al joven.<\/p>\n<p>El hombre hab&iacute;a terminado por empujarle, haci&eacute;ndole caer a la cama con las piernas separadas y el glande del pene de Mateo todav&iacute;a en su interior. Tomando el control, hab&iacute;a sujetado sus piernas por los tobillos, manteni&eacute;ndolas bien arriba y separadas. Las embestidas que le daba eran salvajes, rudas, buscando el placer absoluto. Nunca hab&iacute;a sentido nada as&iacute; y todav&iacute;a recordaba las intensas sensaciones que sacudieron su cuerpo mientras gem&iacute;a y desesperaba, todo al mismo tiempo. Hab&iacute;a bajado la mano para masturbarse &eacute;l mismo, con tal frenes&iacute; que ni siquiera hab&iacute;a podido gemir, tan solo jadear una y otra vez mientras consegu&iacute;a un poderoso orgasmo que reg&oacute; todo su vientre con su propio semen.<\/p>\n<p>Mateo le sonri&oacute; con suficiencia y sigui&oacute; empujando, entrando y saliendo del ano del chico que empezaba a resentirse ligeramente, debido sin duda a la falta de lubricante. A pesar de la incomodidad que comenzaba a notar Dami&aacute;n hab&iacute;a abrazado al hombre, que le regal&oacute; otro beso ligero, apenas un roce, antes de separarse y mordisquear el cuello, poniendo buen cuidado de no dejarle marcas visibles. Con un fuerte gemido Mateo termin&oacute; tambi&eacute;n, con otro orgasmo igual de fuerte que el joven que sinti&oacute; como se desplomaba sobre &eacute;l y se mov&iacute;a un par de veces m&aacute;s, retir&aacute;ndose del todo antes de volver a entrar.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se retorci&oacute; dentro de su s&aacute;bana, aferrando la tela contra su pecho y meci&eacute;ndose de un lado a otro. Recordaba c&oacute;mo se hab&iacute;a quedado debajo del arquitecto, deseando prolongar el momento, sintiendo un ligero escozor en su esf&iacute;nter y a la vez una inmensa plenitud en su pecho. Por desgracia, Mateo se hab&iacute;a puesto en marcha en cuanto recuper&oacute; el aliento. Sali&oacute; del joven con una precipitaci&oacute;n casi dolorosa, retir&aacute;ndose el preservativo y arroj&aacute;ndolo al suelo, al lado de la cama. Le hab&iacute;a lanzado su traje de ba&ntilde;o mientras se pon&iacute;a su propio traje de ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;A qu&eacute; esperas? Tus padres te estar&aacute;n esperando, y busc&aacute;ndote tambi&eacute;n. Ahora no podemos joderla y dejar que sepan lo que hemos hecho. Siento despedirte as&iacute; &ndash;hab&iacute;a a&ntilde;adido al ver la mirada dolida del chico mientras se vest&iacute;a&ndash;, pero ahora no tenemos tiempo para m&aacute;s. De todos modos, ma&ntilde;ana a la hora de comer estar&eacute; solo, p&aacute;sate entonces, podemos repetir lo de esta noche, pero con m&aacute;s calma.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n sinti&oacute; ganas de abofetearse. Lo que en su d&iacute;a le pareci&oacute; una proposici&oacute;n inocente, causada por las ganas de estar con &eacute;l, cegado por su propio amor, hab&iacute;a derivado en una relaci&oacute;n tormentosa donde siempre hab&iacute;a sido poco m&aacute;s que un secreto. A los siete meses de estar metido en ella hab&iacute;a intentado dejarlo, pero sus d&eacute;biles intentos hab&iacute;an sido tomados como una mera pataleta y no hab&iacute;a podido hacerlo. Mateo se encarg&oacute; de establecer una din&aacute;mica clara desde el principio: le dec&iacute;a el d&iacute;a, la hora y el lugar; si Dami&aacute;n pod&iacute;a se citaban ah&iacute;, y lo m&aacute;s que pod&iacute;a esperar en esos encuentros era una cena o una visita al cine, pero la mayor&iacute;a de las veces se trataba s&oacute;lo de sexo, buen sexo, s&iacute;, pero que siempre le dejaba una sensaci&oacute;n de vac&iacute;o por dentro.<\/p>\n<p>Poco a poco se aisl&oacute; de su familia, sus antiguos amigos y los compa&ntilde;eros de la universidad. Sus padres segu&iacute;an con su fren&eacute;tico ritmo de trabajo y no pod&iacute;a hablar con ellos. De sus amigos hac&iacute;a meses que no sab&iacute;a nada y no pod&iacute;a acudir a su abuela y contarle a ella lo que le estaba pasando. Prefer&iacute;a aguantar en su relaci&oacute;n que darla un disgusto, pero aguantar le hab&iacute;a carcomido por dentro. Pateando la manta record&oacute; c&oacute;mo le amonestaba Mateo si dejaba una sola evidencia de sus encuentros, por nimia que fuese. Al principio hab&iacute;a cre&iacute;do, ingenuo de &eacute;l, que era por protegerle a &eacute;l, o su relaci&oacute;n. No hab&iacute;a tardado en comprender que lo que le preocupaba era su imagen, lo que podr&iacute;an decir si se enteraban de que se acostaba con un hombre, por guapo que fuese este.<\/p>\n<p>Saliendo por fin del abrazo de la s&aacute;bana se sec&oacute; los ojos, h&uacute;medos a su pesar. De no haber sido por su abuela a&uacute;n seguir&iacute;a atrapado, amando a un hombre que s&oacute;lo le ve&iacute;a como a un polvo f&aacute;cil. Su abuela se hab&iacute;a percatado de que algo le pasaba desde el principio. Se hab&iacute;a vuelto inapetente, distra&iacute;do y hosco. S&oacute;lo encontraba refugio en el gimnasio de su antigua universidad, donde sol&iacute;a bailar break dance como forma de desahogo. Cada vez que viajaba al pueblo a pasar algo de tiempo con su abuela procuraba evitar la casa de Mateo, aleccionado duramente por el arquitecto. Sin embargo, refugiado en su dormitorio, pod&iacute;a ver perfectamente la casona, la piscina y los limoneros que la bordeaban. Y desesperar. Pensando en una forma de conseguir que le quisiera, o que le dejase ir.<\/p>\n<p>Se estir&oacute; con un movimiento fluido y tras sacudir la s&aacute;bana un par de veces la extendi&oacute; sobre el colch&oacute;n. Mientras remet&iacute;a las esquinas y ajustaba las gomas evoc&oacute; el dulce rostro arrugado de su abuela. Su hada madrina particular hab&iacute;a resuelto el problema con Mateo. Ejerciendo de &aacute;ngel de la guarda para &eacute;l. Con una sonrisa asomando en sus labios coralinos se pregunt&oacute; qu&eacute; dir&iacute;a ella de Enrique. Ansiaba m&aacute;s que nada poder hablar con ella, contarla las novedades y escuchar su consejo, pero estaba de viaje asistiendo a las bodas de oro de su mejor amiga y no quer&iacute;a molestarla. Si se lo estaba pasando bien, su llamada no har&iacute;a m&aacute;s que inquietarla. Y, de todos modos, hab&iacute;a quedado en llamarle en cuanto volviese al pueblo, para que acudiese a comer.<\/p>\n<p>Termin&oacute; de hacer la cama, colocando con pulcritud las s&aacute;banas oscuras y estirando despu&eacute;s la manta y el n&oacute;rdico. Mull&oacute; las almohadas y tras colocarlas dentro de los almohadones las lanz&oacute; a su sitio. Coloc&oacute; los cojines que usaba cuando quer&iacute;a estar recostado en la cama, usualmente mientras le&iacute;a, y ech&oacute; un vistazo al reloj digital que ten&iacute;a sobre la mesilla. Hab&iacute;a pasado m&aacute;s tiempo del debido rememorando su pasado, y todav&iacute;a no ten&iacute;a soluci&oacute;n al dilema que ten&iacute;a con Enrique. Ech&oacute; un &uacute;ltimo vistazo a su dormitorio y abri&oacute; la ventana, dejando que el aire fr&iacute;o entrase y eliminase los malos olores.<\/p>\n<p>A pasos r&aacute;pidos, con el ce&ntilde;o fruncido y masaje&aacute;ndose las sienes, se encamin&oacute; hasta el cesto de la ropa sucia. Clasificando la ropa en montones carg&oacute; la lavadora con las s&aacute;banas sucias y la ropa que pod&iacute;a ir en caliente y ech&oacute; una medida de jab&oacute;n con aroma a flores. Mientras el agua empezaba a llenar el tanque en espumosas oleadas se levant&oacute; y se sent&oacute; a la mesa. Los donuts que le hab&iacute;a tra&iacute;do para desayunar ahora estaban en la nevera. Se levant&oacute; y abri&oacute; la puerta del electrodom&eacute;stico, estirando la mano para acariciar los contornos afilados de la caja de pasteler&iacute;a en la que estaban. Antes de dejarle marchar le hab&iacute;a dicho que le quer&iacute;a y Enrique parec&iacute;a contento con ello, pero no le hab&iacute;a dicho nada de vuelta. Conoci&eacute;ndole, lo m&aacute;s probable es que se debiese a timidez. Quer&iacute;a creer eso.<\/p>\n<p>Consultando de nuevo el reloj se dio cuenta de que se le estaba haciendo tarde. Eligi&oacute; unos vaqueros y una camiseta de color azul p&aacute;lido, unos b&oacute;xers grises y una muda de calcetines y tras embutir la ropa en su bolsa de deportes carg&oacute; tambi&eacute;n una botella de agua y las llaves; cogi&oacute; su cazadora, se calz&oacute; unas deportivas y se dirigi&oacute; al gimnasio. Una vez all&iacute;, la combinaci&oacute;n de olores (sudor, desinfectante, ambientador) y sonidos (gru&ntilde;idos, el ruido de las m&aacute;quinas, conversaciones y risas) consiguieron tranquilizarle. No sent&iacute;a por el deporte la misma devoci&oacute;n que Carlo, pero tambi&eacute;n le ayudaba. Se encamin&oacute; con pasos r&aacute;pidos hasta la m&aacute;quina el&iacute;ptica, donde comenz&oacute; su rutina, intentando despejar su cabeza.<\/p>\n<p>Cuando por fin termin&oacute; con la el&iacute;ptica el sudor le corr&iacute;a espalda abajo. Su cabello rojizo se rizaba en ondas indefinidas y jadeaba. Sin pensar demasiado en lo que hac&iacute;a se subi&oacute; a la cinta de correr. Program&oacute; el aparato y pronto se encontr&oacute; corriendo, esforz&aacute;ndose por mantener la respiraci&oacute;n controlada. Sus pies golpeaban la cinta con un sonido r&iacute;tmico, familiar, como el pulso de un metr&oacute;nomo. Aumentando m&aacute;s el ritmo aceler&oacute; la marcha. Ahora inspiraba el aire a grandes bocanadas, esforz&aacute;ndose, llevando su cuerpo al l&iacute;mite. Su coraz&oacute;n bombeaba con fuerza, cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, atronando en sus o&iacute;dos. Cuando la m&aacute;quina por fin se detuvo se agarr&oacute; a los brazos de la cinta, inclin&aacute;ndose hacia delante para recobrar el aliento.<\/p>\n<p>Mirando el reloj que colgaba de la pared se percat&oacute; de que le quedaban quince minutos para que Enrique pasase a buscarle, si se manten&iacute;a fiel a su palabra. El miedo a una nueva decepci&oacute;n todav&iacute;a rondaba por su cabeza, le atenazaba las entra&ntilde;as y le causaba un sordo dolor en el pecho, semejante al que hab&iacute;a sentido los &uacute;ltimos meses de su relaci&oacute;n con Mateo. No obstante, sab&iacute;a que Enrique no ten&iacute;a la culpa de que se sintiese as&iacute;, y solo con pensar en &eacute;l su coraz&oacute;n aleteaba como un p&aacute;jaro. Duch&aacute;ndose a toda prisa se sec&oacute; el pelo con la toalla en cuanto sali&oacute; de la ducha. Introdujo la ropa que hab&iacute;a usado para hacer deporte en una bolsa extra, que evitar&iacute;a que apestase la mochila, y se visti&oacute; a toda prisa, pein&aacute;ndose las ondas rojizas con los dedos.<\/p>\n<p>Fuera del gimnasio, la temperatura hab&iacute;a ca&iacute;do vertiginosamente. El aire h&uacute;medo y fr&iacute;o se le colaba por debajo de la cazadora, estremeci&eacute;ndole. Estaba a punto de volver a entrar en el gimnasio para esperarle dentro cuando un golpe t&iacute;mido en su hombro le sobresalt&oacute;. Girando sobre los talones se encontr&oacute; cara a cara con Enrique. Le miraba con una sonrisa t&iacute;mida y recatada en la cara y los claros ojos azules brillando. El chico se inclin&oacute; hacia delante ligeramente, acerc&aacute;ndose a Dami&aacute;n un poco m&aacute;s antes de retroceder, con las mejillas como la grana. Dami&aacute;n se le qued&oacute; mirando, ligeramente desconcertado.<\/p>\n<p>&ndash;Hola&hellip; &ndash;le salud&oacute; Enrique en un t&iacute;mido susurro&ndash; &iquest;puedo darte un beso? No s&eacute; si te parece bien, estando en la calle y eso.<\/p>\n<p>La sonrisa de Dami&aacute;n remarc&oacute; sus hoyuelos, iluminando toda su cara. Inclin&aacute;ndose hacia delante sostuvo la cara de Enrique entre las manos, notando el calor que irradiaban sus mejillas, y apret&oacute; sus labios de coral contra los del chico, que le ech&oacute; las manos al cuello para atraerle m&aacute;s hacia &eacute;l. No hubo ninguna resistencia por parte de Enrique. Sus labios cedieron, abri&eacute;ndose invitadores para que Dami&aacute;n pudiese introducir su lengua en la boca c&aacute;lida y h&uacute;meda del chico, que aferr&oacute; los largos mechones de pelo cobrizo en sendos pu&ntilde;os, acerc&aacute;ndose cuanto pudo. Cuando se separaron, no solo las mejillas de Enrique estaban encendidas como la grana.<\/p>\n<p>&ndash;Puedes besarme siempre que quieras. En la calle o en casa.<\/p>\n<p>Enrique le ofreci&oacute; la mano, dejando a Dami&aacute;n la decisi&oacute;n de aceptarla o no. El joven se apresur&oacute; a entrelazar los dedos con los de Enrique que sonri&oacute; y se les apret&oacute; con fuerza durante un segundo, radiante de felicidad.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Sigue apeteci&eacute;ndote pizza para cenar? Si no, puedo buscar otro restaurante.<\/p>\n<p>&ndash;La pizza est&aacute; bien. La verdad es que tengo hambre, me lie a limpiar y limpiar y se me olvid&oacute; comer &ndash;admiti&oacute; ligeramente avergonzado.<\/p>\n<p>Enrique le dispar&oacute; una mirada reprobadora y apret&oacute; el paso, tirando de &eacute;l a trav&eacute;s de la marea de personas que saturaban las calles a esas horas. La conversaci&oacute;n se estableci&oacute; entre ellos con total facilidad, aunque, fiel a su costumbre, Enrique escuchaba mucho m&aacute;s que hablaba. No obstante, se iba soltando poco a poco, compartiendo sus costumbres, aficiones y preferencias con Dami&aacute;n y absorbiendo todo cuanto este dec&iacute;a. Se enter&oacute; de que su color favorito era el verde y el gris, que le gustaban los perros sobre los gatos, que le encantaba bailar y que no era demasiado buen cocinero, aunque su abuela siempre intentaba ense&ntilde;arle. Por su parte comparti&oacute; que prefer&iacute;a el color azul, que le gustaban perros y gatos por igual, que nunca hab&iacute;a bailado y que le gustaba cocinar a pesar de ser muy lento haci&eacute;ndolo.<\/p>\n<p>Para cuando llegaron a la pizzer&iacute;a, estaba tan abarrotada que la idea de conseguir cenar dentro del local qued&oacute; descartada de inmediato. Consiguieron hacer su pedido y veinte minutos despu&eacute;s, una vez que Enrique pag&oacute;, salieron cargando cada uno con la caja de una pizza. Sin dejar de hablar se apresuraron a llegar a la calle en la que ambos viv&iacute;an, procurando que no se enfriasen demasiado por el camino. Dami&aacute;n se detuvo al ver que Enrique se dirig&iacute;a a su propio portal, manteniendo en equilibrio la caja de pizza mientras sacaba las llaves de su bolsillo. Cuando ya estaba a punto de marcharse a casa, decepcionado otra vez, Enrique se gir&oacute; a mirarle, sosteniendo la puerta abierta.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Vienes? Si prefieres podemos ir a tu casa, no se me ocurri&oacute;. Pens&eacute; que estar&iacute;a bien cambiar, no quiero abusar de tu casa o tus cosas, pero como prefieras.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n sonri&oacute; y al pasar por delante de Enrique, que segu&iacute;a sosteniendo la puerta, le dio un r&aacute;pido beso en los labios, cargado de ternura. Enrique le precedi&oacute; por las angostas escaleras, casi id&eacute;nticas a las de su vivienda, pero en lugar de detenerse en el tercer piso sigui&oacute; hasta el quinto. El joven volvi&oacute; a franquearle el paso a su apartamento, peque&ntilde;o como el suyo, pero con notables diferencias que despertaron su curiosidad. Lo que primero salt&oacute; a su vista es que estaba mucho m&aacute;s desordenado que su propio piso, pero lejos de resultarle desagradable se percat&oacute; de que le resultaba tranquilizador. La peque&ntilde;a cocina de estilo americano era visible desde la entrada, igual que el reducido sal&oacute;n. Un estrecho pasillo conduc&iacute;a sin ninguna duda al cuarto de ba&ntilde;o y al &uacute;nico dormitorio de la vivienda.<\/p>\n<p>&ndash;Si&eacute;ntate, ahora saco los platos y todo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No quieres que te ayude? &ndash;se ofreci&oacute; Dami&aacute;n dejando su caja de pizza en la peque&ntilde;a mesa rectangular.<\/p>\n<p>&ndash;No es necesario. &iquest;Prefieres cenar aqu&iacute; o en el sal&oacute;n? Podemos poner la tele si quieres, tengo HBO y Netflix, puedes elegir la serie que quieras o mirar por los canales.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se acerc&oacute; al peque&ntilde;o sof&aacute;, de tan solo dos plazas, y sonriente dej&oacute; las cajas de las pizzas sobre la mesita de caf&eacute; frente a &eacute;l. Apenas hab&iacute;a empezado a pasar los canales cuando Enrique se sent&oacute; a su lado, pas&aacute;ndole un plato y un vaso, junto con la botella de refresco. Las pizzas ol&iacute;an de una forma tan tentadora que ambos se abalanzaron sobre ellas, degustando el sabor a pepperoni, mozzarella y champi&ntilde;ones. Ni siquiera se percataron de que la tele se hab&iacute;a quedado en un canal de comedia bastante est&uacute;pido. Bocado tras bocado hicieron desaparecer las dos terceras partes de cada pizza, hasta que, hastiados, se recostaron en el sof&aacute; charlando amigablemente.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Quieres quedarte a dormir? Es tarde.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s deseando llevarme a la cama? &ndash;brome&oacute; Dami&aacute;n abrazando a Enrique, deslizando la mano por su pecho hacia abajo.<\/p>\n<p>&ndash;Me encantar&iacute;a, culpable &ndash;se rio el joven, frenando la mano de su novio antes de que alcanzase su pubis&ndash;. Pero te lo ofrec&iacute;a de verdad: quedarte y dormir. No tenemos por qu&eacute; acostarnos. No es necesario. Disfruto estando contigo.<\/p>\n<p>Los ojos verdosos de Dami&aacute;n escrutaron el rostro de Enrique con tanta intensidad que el chico sinti&oacute; que sus mejillas se encend&iacute;an. Temiendo haber dicho algo inapropiado baj&oacute; la mirada al suelo, jugando con sus dedos a la espera de una respuesta. Inclin&aacute;ndose hacia delante Dami&aacute;n bes&oacute; nuevamente al chico, que correspondi&oacute; en seguida, cerrando los ojos para disfrutar con m&aacute;s intensidad de las sensaciones que le provocaba. Los dedos largos y suaves trazaron caminos sinuosos por su cuero cabelludo, acariciando los mechones casta&ntilde;os hasta retirarles de la cara del chico que se abraz&oacute; a su novio con fuerza.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias &ndash;susurr&oacute; en su o&iacute;do&ndash;. &iquest;Puedo ir a por mis cosas y luego volver? Los libros para ma&ntilde;ana, y algo de ropa limpia. Y as&iacute; de paso dejo la mochila del gimnasio en casa.<\/p>\n<p>&ndash;Ll&eacute;vate mis llaves, as&iacute; puedes abrir a la vuelta.<\/p>\n<p>Abrumado por tanta confianza Dami&aacute;n estruj&oacute; en un abrazo de oso a Enrique, que boque&oacute; entre risas intentando respirar. Viendo como sal&iacute;a casi a la carrera a por sus cosas volvi&oacute; a re&iacute;rse. Empezaba a descubrir una faceta mucho m&aacute;s sensible y tierna en su pareja, alejada de la imagen de carism&aacute;tica seguridad que siempre proyectaba. Recogi&oacute; los restos de pizza y dej&oacute; los platos sucios en el fregadero. Recordando lo escrupuloso que era Dami&aacute;n para el orden termin&oacute; por fregarles, coloc&aacute;ndoles pulcramente en el escurreplatos. Apag&oacute; la tele y se encamin&oacute; hasta el armario del pasillo, donde sac&oacute; una toalla limpia para su novio antes de ir directo a la ducha. Antes hab&iacute;a olido el aroma de Dami&aacute;n y sab&iacute;a que se hab&iacute;a duchado en el gimnasio, pero si quer&iacute;a hacerlo para ir a clase, mejor que tuviese una toalla limpia.<\/p>\n<p>Encendi&oacute; el agua de la ducha, que cay&oacute; en una cascada caliente que levant&oacute; vaho de inmediato. Entrando bajo el chorro dej&oacute; que el calor relajase sus m&uacute;sculos mientras sacaba el bote de champ&uacute; de su soporte. Se enjabon&oacute; el pelo tarareando en voz baja y bastante desafinada. El ruido de la ducha ahog&oacute; el sonido de las llaves en la cerradura, por lo que no fue consciente de que Dami&aacute;n hab&iacute;a vuelto al piso, ni de que dejaba las llaves sobre el mueble de la entrada. Tampoco escuch&oacute; sus pasos ligeros acerc&aacute;ndose al ba&ntilde;o. No quer&iacute;a espiar, pero el ruido del agua cayendo sumado a la puerta abierta hicieron inevitable que mirase dentro, confirmando su sospecha de que Enrique estaba en la ducha. Una vez que le vio, no pudo retirarse.<\/p>\n<p>La piel bronceada de Enrique estaba completamente mojada. R&iacute;os de agua recorr&iacute;an sus formas, descendiendo por las l&iacute;neas de su cuerpo, las ondulaciones de sus m&uacute;sculos, las curvas de sus nalgas y sus caderas. En silencio le contempl&oacute; mientras se aclaraba el pelo manteniendo los ojos firmemente cerrados para evitar que se le metiese dentro el champ&uacute;. Vio como tanteaba la pared con la mano, buscando a tientas el bote de jab&oacute;n. Se pregunt&oacute; si usar&iacute;a o no esponja, un pensamiento err&aacute;tico y que sin embargo le parec&iacute;a, no sab&iacute;a por qu&eacute;, de vital importancia en ese momento. Su pene crec&iacute;a dentro de sus vaqueros y abrig&oacute; la esperanza de que no usase esponja.<\/p>\n<p>Para su suerte, sus esperanzas se cumplieron. Enrique se limit&oacute; a echar un chorro de jab&oacute;n en sus manos, extendi&eacute;ndolo despu&eacute;s por su piel directamente. Sus manos distribu&iacute;an el oloroso producto mientras no dejaba de tararear. El jab&oacute;n creaba espuma, se escurr&iacute;a por su piel mientras sus manos recorr&iacute;an cada cent&iacute;metro. Era un espect&aacute;culo er&oacute;tico para un &uacute;nico pero entregado espectador. Enrique enjabon&oacute; sus brazos, ajeno a la mirada atenta de su novio que bregaba por controlarse y no interrumpirle. Continu&oacute; por las axilas y el pecho. Frot&oacute; ligeramente sus pezones, sin intenci&oacute;n de excitarse, pero entre el calor y la fricci&oacute;n Dami&aacute;n apreci&oacute; c&oacute;mo se endurec&iacute;an y oscurec&iacute;an ligeramente. Sigui&oacute; descendiendo por su vientre, pero antes de llegar al pubis cambi&oacute; el trazado y fue a la espalda, dejando a Dami&aacute;n con las ganas.<\/p>\n<p>Le observ&oacute; girar y contorsionarse, llegando hasta el &uacute;ltimo rinc&oacute;n de su espalda. Apreci&oacute; por primera vez los hombros anchos y bien formados de Enrique, que ech&oacute; m&aacute;s jab&oacute;n en sus manos y baj&oacute; por los muslos, frotando y extendiendo jab&oacute;n hasta llegar a los pies. Por fin lleg&oacute; el momento cumbre. Dami&aacute;n se acerc&oacute; algo m&aacute;s en silencio y cogi&oacute; la toalla de Enrique, atento a sus movimientos. Ignorando todav&iacute;a que le observaban el joven enjabon&oacute; despacio su pubis lampi&ntilde;o, pasando despu&eacute;s la mano por su pene que tampoco permaneci&oacute; ajeno a sus suaves atenciones. Enrique retir&oacute; el prepucio con delicadeza y termin&oacute; de limpiarse, pasando despu&eacute;s las manos jabonosas por sus test&iacute;culos y por las ingles, para terminar en sus nalgas. Dami&aacute;n observ&oacute; con atenci&oacute;n como el joven las apartaba ligeramente y se enjabonaba entre ellas. No se deleitaba, era algo rutinario. Cuando el chico se enjabon&oacute; las manos al terminar, despleg&oacute; la mullida toalla de color beige, listo para recibirle. Con una sonrisa traviesa esper&oacute; a que abriese los ojos, disfrutando de su sorpresa al verle all&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Dami&aacute;n! &iquest;Cu&aacute;nto llevas ah&iacute;? No te he o&iacute;do entrar.<\/p>\n<p>Percat&aacute;ndose de su s&uacute;bita verg&uuml;enza le ech&oacute; la toalla por encima, aprovechando a abrazarle. Pegando la nariz contra su cuello inhal&oacute; el aroma del jab&oacute;n que emanaba de su piel caliente, suave y h&uacute;meda. Con mucha ternura sec&oacute; al chico, que se dej&oacute; mimar y acariciar emitiendo un murmullo de agradecido placer.<\/p>\n<p>&ndash;No me respondiste cuando entr&eacute; y luego o&iacute; la ducha. He dejado las llaves a la entrada.<\/p>\n<p>&ndash;Podr&iacute;as haberme dicho algo despu&eacute;s, cuando estabas aqu&iacute;. Ah&iacute; s&iacute; te hubiese o&iacute;do &ndash;dijo ligeramente atontado por el masaje que le estaba dando Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Lo s&eacute;, pero estabas tan sexy&hellip; no pude evitarlo. &iquest;Te has enfadado? Si es as&iacute;, lo siento. No volver&eacute; a hacerlo &ndash;se comprometi&oacute; bajando el tono.<\/p>\n<p>&ndash;No, no me he enfadado, aunque si hubiera sabido que me mirabas no me habr&iacute;a soltado tanto &ndash;reconoci&oacute; con una sonrisa vergonzosa.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n solt&oacute; una risilla, complacido por haberle pillado y por saber que su fechor&iacute;a quedar&iacute;a sin castigo. Sin soltarle le envolvi&oacute; la toalla en torno a las caderas estrechas y acarici&oacute; su espalda, deslizando las manos hasta su costado. No las hab&iacute;a notado antes, pero ahora s&iacute; se fij&oacute; en las peque&ntilde;as estr&iacute;as blanquecinas que marcaban la piel morena de su novio. Casi imperceptibles salvo a muy corta distancia. Pas&oacute; los dedos por ellas y le abraz&oacute; con fuerza, besando su cuello con ternura y a la vez con deseo. A pesar de lo que le hab&iacute;a asegurado antes no pod&iacute;a evitar sentir un irrefrenable impulso de llevarle a la cama y acostarse con &eacute;l, pero tambi&eacute;n deseaba s&oacute;lo tumbarse y hablar, seguir conoci&eacute;ndole. Dividido cerr&oacute; los ojos y rode&oacute; su pecho con los brazos, estrech&aacute;ndole contra &eacute;l mientras Enrique terminaba de secarse el pelo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; quieres hacer? &ndash;pregunt&oacute; sin soltarle, con la cara hundida en su nuca.<\/p>\n<p>El joven guio su mano hacia delante, con suavidad. Dami&aacute;n se dej&oacute; guiar por el cuerpo c&aacute;lido y fragante de Enrique, sintiendo bajo sus dedos la musculatura de Enrique que continu&oacute; llev&aacute;ndole por su cuerpo, hasta que su mano repos&oacute; sobre su notable erecci&oacute;n. El joven levant&oacute; la cara y le mir&oacute; directamente, con el deseo ti&ntilde;endo sus claros ojos azules y una c&aacute;lida sonrisa en la cara. Dami&aacute;n comprendi&oacute; que era tan solo una invitaci&oacute;n, en ning&uacute;n caso una imposici&oacute;n. Si no quer&iacute;a continuar lo aceptar&iacute;a sin problemas, y si quer&iacute;a, estaba dispuesto para &eacute;l. Haci&eacute;ndose eco de su propio deseo se sac&oacute; la camiseta por encima de la cabeza, dej&aacute;ndose puestos los vaqueros y las deportivas. Volvi&oacute; a abrazar a su novio, juntando su pecho delgado contra la espalda firme de Enrique quien se estremeci&oacute; y se recost&oacute; contra &eacute;l.<\/p>\n<p>Apretando la mano sobre la erecci&oacute;n de Enrique le bes&oacute; con pasi&oacute;n, mordiendo sus labios suaves y delicados e introduciendo la lengua en su boca. El joven jade&oacute; y se le escap&oacute; un agudo gemido mientras sent&iacute;a la mano de Dami&aacute;n apretar su r&iacute;gido pene a trav&eacute;s de la toalla. El rizo del tejido, cuya textura combinaba suavidad y a la vez cierta aspereza, a&ntilde;adi&oacute; un nuevo giro a sus caricias. Friccionaba su piel conforme Dami&aacute;n apretaba o relajaba su agarre sobre su erecci&oacute;n, que ya palpitaba. Nunca hab&iacute;a sentido su cuerpo tan dispuesto, ni se hab&iacute;a sentido tan al l&iacute;mite como con Dami&aacute;n. Sent&iacute;a su lengua c&aacute;lida explorando su boca, jugando con la suya y recorri&eacute;ndola de punta a punta.<\/p>\n<p>Apresado en el firme abrazo de Dami&aacute;n no intent&oacute; girar, se limit&oacute; a aferrarse a su brazo, incre&iacute;blemente fuerte para su delgada constituci&oacute;n, y acarici&oacute; la piel suave y tersa disfrutando del estrecho contacto. Sent&iacute;a su espalda pegada al pecho del joven y como se mov&iacute;an sus m&uacute;sculos bajo la piel. Cuando por fin cortaron el beso Enrique pas&oacute; la lengua por su labio inferior, donde Dami&aacute;n hab&iacute;a clavado sus dientes. Les notaba calientes y h&uacute;medos. Se habr&iacute;a deleitado en la sensaci&oacute;n de no haberse distra&iacute;do con la boca de Dami&aacute;n, que ahora recorr&iacute;a su cuello, subiendo y bajando desde su hombro hasta el l&oacute;bulo de su oreja con besos ligeros como alas de mariposa. Tenues escalofr&iacute;os sacudieron su cuerpo y se aferr&oacute; con m&aacute;s fuerza al brazo de Dami&aacute;n, como si fuese un salvavidas en un mar tormentoso.<\/p>\n<p>Con sumo cuidado Dami&aacute;n agarr&oacute; el l&oacute;bulo de la oreja de Enrique con los dientes, apretando suavemente hasta que le escuch&oacute; gemir. Sin soltar el trozo de piel la recorri&oacute; con la punta de la lengua mientras acariciaba despacio el duro pene de Enrique. Incluso bajo la toalla pod&iacute;a notar en su mano el intenso calor que emanaba de &eacute;l y le caldeaba la palma de la mano, contrastando con el resto del cuerpo del joven, cada vez m&aacute;s fr&iacute;o. Soltando el l&oacute;bulo resigui&oacute; la h&eacute;lice con la punta de la lengua, hasta la parte superior de la oreja donde deposit&oacute; una serie de besos suaves al tiempo que buscaba el pez&oacute;n izquierdo con sus dedos. En cuanto lo encontr&oacute; le apret&oacute; delicadamente, gir&aacute;ndole entre los dedos y tirando de la sensible piel, disfrutando de la reacci&oacute;n de su novio, que gem&iacute;a y jadeaba sacudido por escalofr&iacute;os cada vez m&aacute;s intensos.<\/p>\n<p>&ndash;Te est&aacute;s quedando fr&iacute;o. Vamos a la cama, terminar&aacute;s por ponerte enfermo.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n solt&oacute; a Enrique y le dio un ligero empuj&oacute;n, no exento de cari&ntilde;o y ternura, entre los om&oacute;platos. El joven le tendi&oacute; la mano y Dami&aacute;n se la estrech&oacute; con fuerza, sigui&eacute;ndole a paso tranquilo, admirando como se mov&iacute;an sus nalgas bajo la tela de la toalla. Al llegar al cuarto, peque&ntilde;o, ligeramente desordenado y de paredes azul claro, Dami&aacute;n tir&oacute; de Enrique, quedando frente a frente. Solt&oacute; su mano y abraz&aacute;ndole por la cintura le bes&oacute; nuevamente, descendiendo desde sus labios al ment&oacute;n y por el cuello, pasando por la nuez de Ad&aacute;n y llegando finalmente al pecho, donde se desvi&oacute; del centro para ir a por el pez&oacute;n derecho, mientras acariciaba el izquierdo con los dedos.<\/p>\n<p>La textura rugosa de la aureola contrastaba con el duro bot&oacute;n de carne que era el pez&oacute;n como tal, y con la piel suave y morena de alrededor. Los pezones de color cacao no tardaron en endurecerse hasta su l&iacute;mite, enrojeciendo en las puntas con un tono ligeramente carmes&iacute; que incit&oacute; a Dami&aacute;n a succionar, morder y acariciar con m&aacute;s ansia, escuchando los gemidos de Enrique que manten&iacute;a los dedos enredados en las ondas rojizas del joven. Pasando la lengua de uno a otro bes&oacute; ambos y les acarici&oacute; con los dedos, retorci&eacute;ndoles cerca de la aureola para soltarles y volver a pellizcarles. Tir&oacute; de ellos con suavidad y despu&eacute;s con m&aacute;s fuerza, hasta terminar presionando ambos contra el pectoral de Enrique que jade&oacute; y le tir&oacute; del pelo, para mirarle a la cara.<\/p>\n<p>&ndash;S&uacute;cubo&hellip; &ndash;musit&oacute; entre jadeos, pero con una ancha sonrisa en el rostro.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le correspondi&oacute; y sus hoyuelos se marcaron en toda su gloria. Enrique pens&oacute; que se derretir&iacute;a y de su pene escurrieron un par de gotas de l&iacute;quido preseminal que se filtraron en la toalla. Sin previo aviso Dami&aacute;n le empujo contra la cama, haci&eacute;ndole caer boca arriba con una c&oacute;mica expresi&oacute;n en la cara que le caus&oacute; una risilla divertida. Mordisque&oacute; su labio inferior y arrodill&aacute;ndose frente a Enrique le abri&oacute; la toalla, dej&aacute;ndola en el suelo a su lado. Enrique se relaj&oacute;, ofreci&eacute;ndole su duro pene con una mano mientras volv&iacute;a a aferrarse a sus suaves mechones de cobre. Dami&aacute;n acept&oacute; de buena gana el pene del joven y pas&oacute; su lengua por toda su longitud, ascendiendo desde los test&iacute;culos hasta el glande.<\/p>\n<p>Agarrando el prepucio con los dedos termin&oacute; de retirarle, descubriendo el frenillo ante su lengua. Ech&oacute; su aliento sobre la delicada piel expuesta y presion&oacute; con la punta sobre el pliegue de piel, movi&eacute;ndola en cortos c&iacute;rculos y trazando formas sin sentido por el glande, hasta terminar en el orificio. Enrique gimi&oacute; y se retir&oacute; con una sonrisa traviesa, desconcertando a su novio que le mir&oacute; sorprendido. El joven rept&oacute; por la cama hasta quedar fuera del alcance de Dami&aacute;n que se apoy&oacute; en el borde de la cama.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; haces? &iquest;No quieres?<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, claro que s&iacute;, pero quiero probar algo nuevo para m&iacute;, si te parece bien &ndash;coment&oacute; notando como sus mejillas se encend&iacute;an.<\/p>\n<p>Los ojos de gato de Dami&aacute;n relucieron con curiosidad mientras sub&iacute;a a la cama con su chico. Su cuerpo delgado se mov&iacute;a con elegancia y Enrique se distrajo contemplando al chico. Dami&aacute;n se tumb&oacute; a su lado y le agarr&oacute; el pene, masturb&aacute;ndole con suavidad.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; quieres probar?<\/p>\n<p>&ndash;Un sesenta y nueve &ndash;dijo del tir&oacute;n, completamente sonrojado, pero con la voz firme y segura&ndash;. No me importa quien arriba y quien abajo, pero quiero probar.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n sonri&oacute; de nuevo, con la sonrisa favorita de Enrique, la que revelaba el alcance completo de sus hoyuelos y parec&iacute;a iluminarle desde dentro. D&aacute;ndole un ligero beso en la punta de la nariz le tumb&oacute; en la cama boca arriba, incorpor&aacute;ndose lo justo como para poder pasar una rodilla a cada lado de la cabeza de Enrique que acarici&oacute; los muslos firmes y las nalgas perfectas de Dami&aacute;n. En esa postura ten&iacute;a pleno acceso a sus test&iacute;culos, y mientras su novio se agachaba para quedar a cuatro patas sobre &eacute;l, aprovech&oacute; a pasar la lengua por ellos, buscando la l&iacute;nea media. Bes&oacute; ambos test&iacute;culos y dio largas lamidas con las que recorri&oacute; todo el escroto y parte del perineo. Cuando el joven se coloc&oacute; en posici&oacute;n, gimiendo como un poseso, los test&iacute;culos retrocedieron, quedando suspendidos sobre sus ojos y arrimando su largo pene hasta sus labios.<\/p>\n<p>Casi al mismo tiempo en que Dami&aacute;n se abalanzaba sobre su pene, Enrique meti&oacute; el glande de Dami&aacute;n en su boca. Palade&oacute; el sabor salado del l&iacute;quido preseminal, recorriendo el orificio con la lengua y presionando la punta contra el agujero, yendo despu&eacute;s a por el frenillo. Dami&aacute;n ya hab&iacute;a conseguido deslizar casi todo el pene de Enrique dentro de su boca, por lo que el joven, deseoso de no quedarse atr&aacute;s, empuj&oacute; las caderas de su novio hacia abajo, haciendo que su largo pene entrase m&aacute;s en su garganta. Una ligera arcada le hizo boquear moment&aacute;neamente, pero se repuso con rapidez y acarici&oacute; las nalgas de Dami&aacute;n que levant&oacute; las caderas, sacando el pene de su boca.<\/p>\n<p>&ndash;Despacio, d&eacute;jame controlar a mi o te vas a ahogar. T&uacute; rel&aacute;jate, t&oacute;came, haz lo que quieras, pero deja que me encargue yo de marcar el ritmo.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute; bien.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le bes&oacute; en los muslos con dulzura y volvi&oacute; a meterse el pene de Enrique en la boca, al tiempo que bajaba despacio las caderas. La punta de su glande qued&oacute; un momento apoyado contra los labios de su novio, que abri&oacute; la boca de inmediato, permiti&eacute;ndole el acceso. Movi&eacute;ndose muy despacio desliz&oacute; casi un tercio de su longitud en su interior mientras buscaba el ritmo correcto para poder tragar el pene de Enrique de continuo. Movi&eacute;ndose de forma que entrase y saliese de su boca sin complicaciones consigui&oacute; acomodarse, bajando de nuevo las caderas y entrando despacio en la garganta de su novio. Not&oacute; como se cerraba ligeramente y se detuvo, d&aacute;ndole tiempo a acomodarse a su tama&ntilde;o antes de descender otro poco. Se retir&oacute; algo m&aacute;s deprisa y volvi&oacute; a bajar, alojando en su garganta el pene de Enrique.<\/p>\n<p>Por su parte, Enrique no pod&iacute;a quedarse quieto. Acariciando la suave piel de su novio lleg&oacute; hasta sus nalgas y las separ&oacute; con ambas manos. No pod&iacute;a ver nada salvo los test&iacute;culos y el final de sus nalgas, por lo que desliz&oacute; sus dedos por toda la l&iacute;nea media hasta que encontr&oacute; el estrecho ano de Dami&aacute;n quien solt&oacute; un gemido y descendi&oacute; otro poco. Enrique acarici&oacute; los numerosos pliegues de la entrada y ejerci&oacute; una ligera presi&oacute;n con el dedo, notando la resistencia inicial y como pasaba a relajarse al tiempo que Dami&aacute;n volv&iacute;a a descender, invadiendo de nuevo su garganta. A pesar del grosor, su paciencia y cautela bastaban para mantener a raya las arcadas, por lo que cerr&oacute; los ojos y disfrut&oacute; del sesenta y nueve.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n continuaba moviendo despacio las caderas. Sab&iacute;a que pod&iacute;a entrar entero si ten&iacute;a la paciencia necesaria, el problema era que las caricias de Enrique en su ano le distra&iacute;an y le acercaban peligrosamente al orgasmo. Deseando distraerle apret&oacute; m&aacute;s sus labios y baj&oacute; despacio la cabeza hasta que pudo enterrar la nariz en los test&iacute;culos del joven, que solt&oacute; un gemido ahogado y amortiguado. Aprovechando la distracci&oacute;n Dami&aacute;n movi&oacute; algo m&aacute;s deprisa las caderas, haciendo que la garganta de Enrique se contrajese ligeramente, pero sin llegar a provocar el reflejo far&iacute;ngeo. A los gemidos se a&ntilde;adi&oacute; un ruido h&uacute;medo e inarticulado que anim&oacute; al joven a moverse de nuevo, bajando hasta que casi tres cuartos de su longitud estuvieron dentro. Concediendo una tregua a Enrique sali&oacute; por completo y se frot&oacute; contra su cara mientras segu&iacute;a lamiendo, succionando y tragando su pene.<\/p>\n<p>Aprovech&aacute;ndose de la pausa que le hab&iacute;a concedido Dami&aacute;n, Enrique se apresur&oacute; a recuperar el aliento con r&aacute;pidos jadeos intercalados con roncos gemidos. Antes de que su novio volviese a bajar las caderas lami&oacute; dos de sus dedos, cubri&eacute;ndolos completamente de saliva. En cuanto Dami&aacute;n volvi&oacute; a introducir su largo pene en su boca Enrique pas&oacute; los dos dedos por el ano de Dami&aacute;n y les meti&oacute; despacio, acariciando las suaves paredes de su interior, ascendiendo hasta el recto. Rotando los dedos les engarfi&oacute; y les presion&oacute; hacia el abdomen. Movi&eacute;ndoles despacio prest&oacute; atenci&oacute;n a la reacci&oacute;n del joven. Al estimular la pr&oacute;stata Dami&aacute;n perdi&oacute; el control por un momento, propulsando las caderas hacia delante con m&aacute;s fuerza de la que ten&iacute;a pensado en un momento. La reacci&oacute;n pill&oacute; desprevenido a Enrique, quien consigui&oacute; mantener la calma y la garganta relajada.<\/p>\n<p>Los veinti&uacute;n cent&iacute;metros de Dami&aacute;n entraron enteros en la garganta de Enrique que se esforz&oacute; por respirar por la nariz. Dami&aacute;n sac&oacute; el pene de su novio de su boca y jadeando con fuerza mordi&oacute; la piel del pubis y el inicio de los muslos, succionando despu&eacute;s hasta dejar marcas del tama&ntilde;o y color de un fres&oacute;n maduro. Moviendo despacio las caderas comprob&oacute; que no pod&iacute;a moverse sin que los dedos que ten&iacute;a en su ano le estimulasen tambi&eacute;n a &eacute;l, y comprendiendo lo que Enrique hab&iacute;a hecho se rio con suavidad, gir&aacute;ndose para intentar mirarle, sin &eacute;xito.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qui&eacute;n es ahora el s&uacute;cubo? &ndash;pregunt&oacute; divertido y completamente excitado.<\/p>\n<p>Intentando mantener un ritmo regular sigui&oacute; moviendo su pelvis adelante y atr&aacute;s, sin llegar a salir nunca por completo. Se humedeci&oacute; los labios y volvi&oacute; a tragar el pene de Enrique, cuyo glande rosado y caliente era una verdadera tentaci&oacute;n para &eacute;l. Apoy&aacute;ndose en una sola mano emple&oacute; la otra para masajear los test&iacute;culos, apret&aacute;ndolos, haci&eacute;ndoles rebotar ligeramente y jugando con ellos. Agarrando la piel del escroto tir&oacute; de &eacute;l con suavidad para soltarlo de golpe, obteniendo como recompensa un torrente de gemidos. Enrique movi&oacute; tambi&eacute;n las caderas, penetrando la garganta de Dami&aacute;n que se limit&oacute; a apretar m&aacute;s los labios y mover la lengua como un poseso.<\/p>\n<p>La pelvis de Enrique se dispar&oacute; hacia arriba una, dos, tres veces. Su orgasmo fue r&aacute;pido y s&uacute;bito. Espesos chorros de semen golpearon la garganta de Dami&aacute;n que se apresur&oacute; a tragar intentando no toser. El cuerpo de Enrique perdi&oacute; tensi&oacute;n y &eacute;l aceler&oacute; el ritmo al que se mov&iacute;a, conteni&eacute;ndose lo justo para no causarle arcadas. La estrecha garganta de su novio parec&iacute;a haberle aceptado y le permit&iacute;a el paso sin ninguna dificultad. Se mor&iacute;a de ganas por acariciarle el cuello, comprobar si pod&iacute;a notar cu&aacute;ndo entraba o sal&iacute;a, pero en su lugar se limit&oacute; a seguir lamiendo el pene de Enrique, que empezaba a perder firmeza. Los dedos de su novio se retorc&iacute;an en su interior. Enrique les separaba, les juntaba, sacaba uno y volv&iacute;a a meterle o sacaba los dos a la vez, pero manteni&eacute;ndoles separados.<\/p>\n<p>Sacando el pene del joven de su boca Dami&aacute;n apoy&oacute; la frente sobre el vientre de Enrique y se concentr&oacute; en aumentar el ritmo de sus caderas. Sus gemidos crecieron en intensidad hasta que, casi gritando, alcanz&oacute; el orgasmo, clavando su pene en la garganta de su novio quien abri&oacute; desmesuradamente los ojos por la sorpresa. El semen de Dami&aacute;n descendi&oacute; directamente por su es&oacute;fago hasta su est&oacute;mago, pero pudo notar trazas de su sabor, salado y algo &aacute;cido, cuando Dami&aacute;n retir&oacute; su pene. Movi&oacute; la mand&iacute;bula arriba y abajo, notando ligeras punzadas en los laterales, y sac&oacute; sus dedos del ano de su chico. Con cuidado de no golpearle Dami&aacute;n pas&oacute; la pierna por encima de la cabeza de Enrique, quedando arrodillado a su lado. Mir&aacute;ndole desde arriba le dedic&oacute; una sonrisa satisfecha a la que Enrique correspondi&oacute; con otra igual.<\/p>\n<p>&ndash;Yo&hellip; yo creo que ha estado bien, &iquest;no? &ndash;pregunt&oacute; Enrique con timidez, sosteniendo con delicadeza la mano de Dami&aacute;n que aprovech&oacute; a tumbarse a su lado.<\/p>\n<p>&ndash;Ha estado m&aacute;s que bien, ha estado genial &ndash;confirm&oacute; somnoliento.<\/p>\n<p>Enrique abri&oacute; los brazos, invitando en silencio a Dami&aacute;n para que se acomodase con &eacute;l. Sonriendo el joven acept&oacute; encantado la invitaci&oacute;n. Enrique tir&oacute; de las mantas hasta que ambos estuvieron bien tapados y acarici&oacute; los suaves mechones de la melena de Dami&aacute;n, quien ya dormitaba. Sus largas pesta&ntilde;as temblaban cada vez que parpadeaba, en un esfuerzo por mantenerse despierto.<\/p>\n<p>&ndash;Te quiero &ndash;le susurr&oacute; Enrique al o&iacute;do, estrech&aacute;ndole con fuerza entre sus brazos.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le abraz&oacute; con una ancha sonrisa en el rostro. Su pecho estallaba de felicidad, aunque apenas pudo murmurar una respuesta casi inteligible. Sin dejar de acariciarle el pelo Enrique se acomod&oacute; estrechamente pegado a su novio y, escuchando la respiraci&oacute;n sosegada de Dami&aacute;n junto a su cuello, dej&oacute; que el sue&ntilde;o le venciese por fin.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Gracias a todos por leer este cuarto relato de la saga y el apoyo dado al primero. Espero que os haya gustado y que sig&aacute;is apoyando esta serie. Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 34<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Dami&aacute;n se recost&oacute; en el marco de la puerta. Con una leve sonrisa contempl&oacute; como Enrique descend&iacute;a las escaleras. Por su cara pod&iacute;a notar que estaba en una nube de felicidad, la misma en la que se encontraba &eacute;l. Cerrando la puerta con suavidad para que no diese un portazo se encamin&oacute; despu&eacute;s al sof&aacute;. 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