{"id":41097,"date":"2023-02-24T08:49:49","date_gmt":"2023-02-24T08:49:49","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-02-24T08:49:49","modified_gmt":"2023-02-24T08:49:49","slug":"el-reencuentro-con-el-lector","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-reencuentro-con-el-lector\/","title":{"rendered":"El reencuentro con el lector"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41097\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Varios meses hab&iacute;an pasado desde la noche con Alejandro. Hab&iacute;amos tomado la costumbre de escribirnos con frecuencia y se hab&iacute;a convertido en el espectador m&aacute;s aficionado de mis sesiones de masturbaci&oacute;n. Durante la semana, me grababa vini&eacute;ndome en el ba&ntilde;o de damas de la oficina con los dedos profundamente metidos en la concha. Procuraba mandarle el video justo antes de que tuviera una reuni&oacute;n, para tener la satisfacci&oacute;n s&aacute;dica de haberlo dejado empalmado antes de reunirse con un cliente.<\/p>\n<p>Me agradec&iacute;a con fotos y videos suyos, cumpliendo con lo que le ped&iacute;a: quer&iacute;a ver su cara de morboso y su leche brotar cuando se ven&iacute;a. A esto se sumaban mensajes que pod&iacute;an ser muy cerdos, fantas&iacute;as de lo que nos querr&iacute;amos hacer el uno al otro. Pese a que yo fuera solamente la segunda mujer con quien ten&iacute;a sexo, su creatividad y su capacidad para adivinar mis fantas&iacute;as m&aacute;s remotas y darme ganas de probar cosas nuevas con &eacute;l eran inigualables. Les dejo imaginar que se volvi&oacute; urgente volver a vernos despu&eacute;s de un par de meses. Se las arregl&oacute; para tener que viajar a la capital para visitar a un nuevo proveedor de la empresa para la cual trabajaba. Eran suficientes horas de viaje para justificar que se quedara una noche. Contamos los quince &uacute;ltimos d&iacute;as como dos ni&ntilde;os antes de que llegaran los Reyes Magos.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a despertado con un mensaje suyo, &ldquo;7&rdquo;. Faltaba una semana todav&iacute;a, me parec&iacute;a una eternidad. Los &uacute;ltimos d&iacute;as, masturbaba fren&eacute;ticamente, pensaba en todas las maneras que quer&iacute;a que me penetrara. Quer&iacute;a que llenara todos mis huecos con exceso y desenfreno. Que me metiera sus deliciosos dedos en la concha, mi calz&oacute;n en la boca y su verga en el culo hasta que me meara de placer mientras me mamaba las tetas&hellip; Otro d&iacute;a con varias visitas al ba&ntilde;o de damas me esperaba.<\/p>\n<p>Al llegar a la oficina, el recepcionista me salud&oacute; y me dijo que hab&iacute;a llegado un peque&ntilde;o paquete para m&iacute;. De vez en cuando, hac&iacute;a compras por internet y pon&iacute;a la direcci&oacute;n de la oficina, para estar segura de que hubiera alguien para recibirlas. Pero este d&iacute;a, no me acordaba de tener alg&uacute;n pedido pendiente. Sub&iacute; las escaleras y me instal&eacute; en mi escritorio, mis colegas no hab&iacute;an llegado todav&iacute;a. Era un paquete preparado con delicadeza, ligero, y no alcanzaba el tama&ntilde;o de la mitad de una caja de zapatos. Lo sacud&iacute; para adivinar lo que conten&iacute;a y sent&iacute; que un objeto chocaba en su interior. Le&iacute; una vez m&aacute;s el nombre y la direcci&oacute;n, para estar segura de que no era un error. El &ldquo;Sandra Dinvierno&rdquo; que comprob&eacute;, escrito con un plum&oacute;n negro y fino me decidi&oacute; a abrirla. Envuelto en un papel de seda gris, hab&iacute;a un calz&oacute;n de encaje negro y una bolsita de tela, negra tambi&eacute;n, que conten&iacute;a un objeto pesado. Adivin&eacute; sin mucho esfuerzo lo que era. Lo saqu&eacute; de su bolsita. Era un plug de metal, ornado por un elegante brillante amarillo. Enrojec&iacute; en silencio, una ola de calor estaba subiendo de mis piernas a mi pecho. Alejandro. Cruc&eacute; las piernas. Alejandro. Estaba excitada. Alejandro. No hab&iacute;a duda acerca de qui&eacute;n era el remitente. Alejandro. Una nota acompa&ntilde;aba los dos regalos: &ldquo;Para nuestro pr&oacute;ximo encuentro, quiero que lleves los dos. O que no lleves nada.&rdquo;<\/p>\n<p>Mis colegas estaban entrando en la oficina. Guard&eacute; todo r&aacute;pidamente en el caj&oacute;n de mi escritorio, tratando de disimular mi perturbaci&oacute;n mientras los saludaba. Me acord&eacute; que le hab&iacute;a confesado donde trabajaba y me encantaba la delicada atenci&oacute;n de mi lector favorito.<\/p>\n<p>Esper&eacute; que mis colegas se fueran a almorzar, me excus&eacute; diciendo que no les segu&iacute;a porque que quer&iacute;a terminar un correo importante. Toda la ma&ntilde;ana hab&iacute;a estado con ganas de abrir el caj&oacute;n y probar lo que conten&iacute;a. Apenas salieron que me fui al ba&ntilde;o con mis regalos. Baj&eacute; mi pantal&oacute;n y mi calz&oacute;n, no se hab&iacute;a secado de toda la ma&ntilde;ana. Lo cubr&iacute;a una continua pel&iacute;cula transparente y viscosa, que se quedaba largamente en los dedos cuando se la tocaba. Siempre hab&iacute;a lubricado con abundancia y calidad. Estaba arrecha y quer&iacute;a que Alejandro lo supiera y, evidentemente, volverlo loco con un par de mensajes y de fotos. Recog&iacute; un poco del jugo que ten&iacute;a entre los labios de mi vagina y lo apliqu&eacute; en mi ano, jugando un poco con &eacute;l para empezar a relajarlo. Como el plug era muy fr&iacute;o, lo chup&eacute; para calentarlo, como lo hab&iacute;a visto en algunos videos porno. Entre el plug en la boca y mi ano que se ablandaba con una facilidad desconcertante, me sent&iacute; muy zorra. La zorrita de Alejandro, parada al lado del inodoro, su pantal&oacute;n y su calz&oacute;n en los tobillos, arqueada, empapada y las piernas abiertas. Apurada y lista para &eacute;l. Cuando me pareci&oacute; que el plug hab&iacute;a alcanzado una temperatura cercana a la de mi cuerpo, lo llen&eacute; de saliva y lo present&eacute; a la entrada de mi culo. Nunca hab&iacute;a llevado este tipo de juguete.<\/p>\n<p>Por suerte, su tama&ntilde;o era para principiantes y mi culo para confirmados&#8230; No tuve mucho problema para ponerlo en su sitio. Presion&eacute; mi ano con su punta que me abri&oacute; progresivamente. Me encantaba esta sensaci&oacute;n y no pude evitar empezar a tocarme. Lo mantuve unos segundos casi metido, para disfrutar de c&oacute;mo me estiraba su parte m&aacute;s ancha, y lo dej&eacute; entrar por completo. Estaba perfecto, lo sent&iacute;a lo suficiente para darme un morbo terrible y no me molestaba. Mir&eacute; en la pantalla de mi celular, puesto en modo c&aacute;mara. Entre los dos globos blancos de mis nalgas brillaba un insolente diamante. Mis dos lunares m&aacute;s secretos, que algunos conocen, ten&iacute;an una compa&ntilde;&iacute;a de lujo. Saqu&eacute; el calz&oacute;n que hab&iacute;a puesto en el bolsillo de mi pantal&oacute;n y me lo puse. Me quedaba perfecto, el encaje muy fino era suave y su forma resaltaba las curvas de mis nalgas. Comprob&eacute; que, adem&aacute;s de ser un amante incre&iacute;ble, Alejandro ten&iacute;a buen gusto. Saqu&eacute; una foto de mi culo y se la mand&eacute;, sin m&aacute;s comentario que &ldquo;Me voy a venir con los dos puestos ahora mismo&rdquo; y una carita que mandaba un beso. La transparencia de la tela fina dejaba adivinar sin dificultad el brillante del plug que ten&iacute;a metido. Sin esperar su respuesta, me acarici&eacute; el cl&iacute;toris m&aacute;s fuerte y r&aacute;pido, mis dedos se deslizaban deliciosamente. Estaba lo suficiente arrecha para alcanzar el orgasmo en un par de minutos.<\/p>\n<p>Nos ten&iacute;amos que encontrar a las 18 h en un hotel de la ciudad y, para ir, ten&iacute;a que tomar un bus durante media hora. Era poco, pero entre las ganas de volver a ver a Alejandro y la ligera inseguridad que ten&iacute;a al sentir el aire que pasaba debajo de mi falda roja, entre mis piernas y que acariciaba los labios de mi sexo, se convert&iacute;a en un viaje insoportable. Hab&iacute;a optado por la segunda opci&oacute;n que &eacute;l me ofrec&iacute;a con el paquete. No llevar nada. Liguero, medias negras finas y falda. Estaba lista para ser cachada en cualquier momento.<\/p>\n<p>Alejandro me escribi&oacute; justo cuando bajaba del bus. &ldquo;Llegu&eacute;, habitaci&oacute;n 105. No hace falta que pases por la recepci&oacute;n&rdquo;. El hotel ocupaba un antiguo monasterio, era el mismo que la &uacute;ltima vez. Sub&iacute; la imponente escalera de piedra con un paso r&aacute;pido, no la recordaba tan impresionante. La alfombra gruesa del pasillo ahogaba el ruido de mis tacos apurados. Estaba febril, apenas unos metros y pocos segundos me separaban del hombre que tanto deseaba. Toqu&eacute; t&iacute;midamente a la puerta. Se abri&oacute;. Alejandro. Nos abrazamos con fuerza y apuro, nos besamos con deseo y satisfacci&oacute;n. Por fin. Le agarraba el cuello y la cara, acariciando su barba negra puntuada por unos hilos plateados. &Eacute;l me agarraba la cintura y las nalgas mientras me devoraba la boca. Cerramos la puerta detr&aacute;s de nosotros sin dejar de abrazarnos, una verdadera escena de pel&iacute;cula, con un par de detalles personales, por cierto. En el bolsillo de mi abrigo, busqu&eacute; el calz&oacute;n que me hab&iacute;a regalado y se lo entregu&eacute;. Me mir&oacute; con sorpresa un instante y pas&oacute; su mano debajo de mi falda.<\/p>\n<p>&mdash;Eres una diosa&hellip; &mdash;suspir&oacute; entre dos besos, acariciando mis nalgas desnudas.<\/p>\n<p>Sent&iacute;a su entrepierna dura e hinchada contra mi pubis. Desabroch&eacute; su cintur&oacute;n con gestos nerviosos mientras sus dedos comprobaban mi excitaci&oacute;n. Apenas me los meti&oacute; un par de segundos que me di la vuelta y me apoy&eacute; en el peque&ntilde;o escritorio de la habitaci&oacute;n, mir&aacute;ndome en el espejo que estaba encima. Hab&iacute;a fantaseado algo con preliminares m&aacute;s largos, para que el deseo subiera lentamente entre nosotros, tomar el tiempo de lamernos, besarnos m&aacute;s en la cama, abrazarnos. Pero, en la realidad, era imposible detener las ganas de que me penetrara al instante y las ansias eran compartidas. Alejandro solo hab&iacute;a levantado mi falda y mi blusa, dejando mis tetas desnudas que agarraba con fuerza. Me asombr&eacute; un poco hacia adelante, mir&aacute;ndolo a los ojos en el espejo. Su verga perfectamente dura entr&oacute; lentamente en mi concha, dej&aacute;ndonos esta sensaci&oacute;n indescriptible de placer y de alivio c&aacute;lido que se tiene en el momento de la primera penetraci&oacute;n. Sin soltar mi mirada, me regal&oacute; un par de idas y venidas profundas, amorosas y magistrales. Al ver que acercaba mi mano para tocarme, la reemplaz&oacute; por la suya, mi cl&iacute;toris sensible y mojado reclamaba el par de caricias que me iban a hacer volar. Me mantuvo su sexo profundamente metido y presion&oacute; mi peque&ntilde;o pedazo de carne hinchado, haci&eacute;ndome venir al instante.<\/p>\n<p>Nos abrazamos y me sent&eacute; en la cama, quit&aacute;ndome la blusa y la falda, pero qued&aacute;ndome con mi liguero y mis medias. De espaldas o en cuatro, sab&iacute;a que el atuendo era del mejor efecto, las ligas y las medias ci&ntilde;endo mi culo y mis muslos, y quer&iacute;a darle el gusto de verme as&iacute;. Por supuesto, le encantaba. Pasados los treinta a&ntilde;os, me enorgullec&iacute;a tener un f&iacute;sico por lo menos agradable: si ten&iacute;a pocas tetas, las compensaban unas nalgas redondas y lisas, unas largas piernas esculpidas por el deporte, unas caderas y hombros finos, con una espalda harmoniosa que a muchos les gustaba recorrer. A los 18 a&ntilde;os hab&iacute;a descubierto que con mi cuerpo pod&iacute;a suscitar la excitaci&oacute;n de un hombre que yo deseaba, y me hab&iacute;a encantado. Me gustaba prenderlos, hacerme la ingenua siendo muy puta, fascinarlos y dejarlos colgados a la tanga que pasaba entre mis nalgas. Las erecciones de mis amantes eran una droga dura que me daba una satisfacci&oacute;n y un placer inmensos. La de Alejandro val&iacute;a para mil. Cualquier mujer hubiera tenido que conocer la suerte de recibir su mirada y su deseo, te convert&iacute;a en su reina, su cielo, su zorra, te cambiaba la vida para siempre y te hac&iacute;a chorrear de ganas que te la metiera.<\/p>\n<p>Me ech&eacute; y se precipit&oacute; entre mis piernas para lamerme. Las abr&iacute; much&iacute;simo para dejarle el gusto de poder entrar en mi concha con la punta de su lengua y dejarlo recoger el jugo que tanto le gustaba. &Eacute;l sab&iacute;a que anhelaba que me volviera a masturbar con fuerza para provocarme un squirt y, cuando sent&iacute; que me penetraban sus dedos sin que dejara de lamerme, dej&eacute; escapar un gemido. Los mov&iacute;a dentro de m&iacute; con la maestr&iacute;a que recordaba, hundi&eacute;ndome de nuevo en el dilema delicioso entre las ganas de orinar y el placer que sub&iacute;a lentamente. Por mensajes, me hab&iacute;a preguntado si quer&iacute;a que un d&iacute;a prob&aacute;ramos las capacidades de mi vagina. La idea de sentir c&oacute;mo me pod&iacute;a estirar y llenar m&aacute;s a&uacute;n me hab&iacute;a dado mucho morbo. Le ped&iacute; que me meta m&aacute;s de los dos dedos que ya ten&iacute;a y como estaba mojada con exceso no le fue dif&iacute;cil hacer entrar un dedo y otro m&aacute;s. Sent&iacute; que su mano hab&iacute;a entrado hasta su parte m&aacute;s ancha, con su pulgar que se quedaba afuera, presionando mi cl&iacute;toris. La mov&iacute;a con fuerza y constancia, pero sin ser brusco. El ruido liquido de una mano jugando con el agua de un charco se escuchaba m&aacute;s y m&aacute;s. As&iacute; llegu&eacute; a mi segundo orgasmo, con la concha estirada por su mano y botando, para su m&aacute;ximo placer, una cantidad considerable de l&iacute;quido que sorbi&oacute; enseguida, directamente a la fuente.<\/p>\n<p>No me dej&oacute; tiempo para descansar. Un par de segundos despu&eacute;s, me hab&iacute;a instalado en cuatro, abriendo mis piernas con un h&aacute;bil y firme movimiento de rodilla, empujando mis hombros hacia abajo. Recib&iacute; su verga por segunda vez de la tarde con gusto y, cuando me escupi&oacute; en el ano, me dio ganas de que me metiera el plug enseguida. Lo fue a buscar en mi bolso y me lo puso en la boca un rato para que lo calentara. Agarr&oacute; el gel que hab&iacute;a tomado la precauci&oacute;n de dejar al alcance de la mano y dej&oacute; caer una buena dosis del l&iacute;quido viscoso entre mis nalgas. Yo me dejaba preparar d&oacute;cilmente. Alejandro amasaba mi ano con sus dedos, con c&iacute;rculos regulares y, cuando estim&oacute; que estaba lo suficiente aflojado, empez&oacute; a penetrarlo con un dedo. No me lo dejaba metido ni lo entraba mucho, solo me segu&iacute;a abriendo muy progresivamente, las idas y venidas de su dedo facilitadas por la cantidad de lubricante. Despu&eacute;s de un par de minutos y viendo que me volv&iacute;a a acariciar el cl&iacute;toris, con unos gemidos suaves que se parec&iacute;an al ronroneo de una gata engre&iacute;da, recuper&oacute; el plug que ten&iacute;a en la boca, lo unt&oacute; de gel y lo present&oacute; en la entrada de mi culo. Obviamente jug&oacute; un ratito: cuando estaba a punto de dejarlo entrar, lo sacaba y me lo met&iacute;a de nuevo, procurando mantener mi ano ocupado por la parte m&aacute;s ancha.<\/p>\n<p>&mdash;D&eacute;jalo as&iacute; por favor, me encanta&hellip;<\/p>\n<p>Me hubiera quedado horas as&iacute;, disfrutando de la tensi&oacute;n sutil que provocaba el plug y de lo agradable de sentirme con el culo ocupado. Ya les describ&iacute; el equilibrio incre&iacute;ble entre la delicadeza y la arrechura que se desprend&iacute;an de los gestos de Alejandro, entonces se pueden imaginar la perfecci&oacute;n con la cual coloc&oacute; el juguete en su sitio, con una presi&oacute;n continua, amasando mis nalgas amorosamente y jadeando al ver como ced&iacute;a mi m&aacute;s profundad intimidad.<\/p>\n<p>&mdash;Entr&oacute; solito&hellip; tu culo se lo trag&oacute; sin pena &iquest;sentiste? &mdash;me dijo, maravillado &mdash;El d&iacute;a que me dejar&aacute;s follarte culo ser&aacute; festivo para el resto de mi vida&#8230;<\/p>\n<p>Me volv&iacute; a echar boca arriba, Alejandro me acariciaba el cabello y me besaba. Si hubi&eacute;ramos omitido el plug que yo ten&iacute;a metido y su verga dura como un palo, se hubiera podido pensar que est&aacute;bamos a punto de dormir abrazados y quietitos. Como no me hab&iacute;a visto llevar el calz&oacute;n de encaje que me hab&iacute;a regalado, me pidi&oacute; que lo probara. Me par&eacute; para recuperarlo al pie de la cama y me lo puse encima del liguero, d&aacute;ndole la espalda y agach&aacute;ndome para que pueda disfrutar de la joya que ocupaba mi culo. El resultado le encant&oacute;. Se masturbaba suavemente mientras me volv&iacute; a acostar a su lado. Creo que los dos pensamos en algo bien cerdo que le hab&iacute;a ense&ntilde;ado con un video y que nos hab&iacute;a llevado a desarrollar una fantas&iacute;a com&uacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres ver si me queda realmente bien? &mdash;le pregunt&eacute;, mientras me quitaba la fina pieza de encaje.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, a ver&hellip;<\/p>\n<p>Se sent&oacute; entre mis piernas, me dio un par de lenguazos generosos en saliva en la concha y retom&oacute; su masturbaci&oacute;n lenta. Ten&iacute;a que aguantarse porque sab&iacute;a que el espect&aacute;culo que le iba a regalar lo volver&iacute;a loco. Mis piernas muy abiertas tensaban mis carnes y dejaban mi cl&iacute;toris bien expuesto a las caricias de mis dedos. Yo tambi&eacute;n ten&iacute;a que tocarme lento y ligeramente porque no me quer&iacute;a venir antes de haber terminado lo que le quer&iacute;a ense&ntilde;ar. Con la otra mano, agarr&eacute; el calz&oacute;n y empec&eacute; a met&eacute;rmelo en la vagina. Entre la saliva de Alejandro y mi excitaci&oacute;n, la tela se deslizaba entre mis labios. Lo hac&iacute;a entrar poco a poco, empuj&aacute;ndolo con mis dedos. La sensaci&oacute;n de penetraci&oacute;n apenas rasposa para ser rica se juntaba al morbo que me daba la exhibici&oacute;n. Me encantaba ense&ntilde;arle c&oacute;mo me llenaba solita con mi ropa interior, mientras me masturbaba. Cent&iacute;metro por cent&iacute;metro lo hice entrar por completo y desapareci&oacute; entre mis labios. Sin dejar de tocarme el cl&iacute;toris, mir&eacute; a mi amante a los ojos y le pregunt&eacute; si as&iacute; me quedaba mejor. No escuch&eacute; su respuesta, me invadi&oacute; un orgasmo vergonzosamente fuerte. Las contracciones de placer que agitaban mi vagina hicieron salir una partecita del encaje. Alejandro, hipnotizado, acerc&oacute; su sexo y empez&oacute; a pasarlo entre mis labios mojados. Sent&iacute; que empujaba de nuevo el pedazo de tela en mi concha con su glande.<\/p>\n<p>Los dos est&aacute;bamos respirando muy hondo, arrechos por lo que est&aacute;bamos haciendo. Su verga entr&oacute; a mitad, apretujando el calz&oacute;n que ya hab&iacute;a vuelto a desaparecer en mi concha. Con el plug en el culo y esta penetraci&oacute;n que era la m&aacute;s cerda que hubiera conocido, me sent&iacute;a divinamente llenada y todav&iacute;a no me la hab&iacute;a metido por completo. Me dej&eacute; estirar y llenar m&aacute;s, para nuestro m&aacute;ximo placer y, una vez que su sexo encontr&oacute; su sitio, apretado y envuelto por la tela suave y empapada dentro de mi concha, Alejandro empez&oacute; a moverse. No hicieron falta m&aacute;s de unas cuantas idas y venidas para que se viniera con un suspiro profundo, inund&aacute;ndome de leche. No tom&oacute; m&aacute;s de unos segundos de descanso, se retir&oacute; y, contestando a mis gemidos frustrados, se puso a lamerme el cl&iacute;toris, meti&eacute;ndome los dedos para agarrar el calz&oacute;n. Lo jal&oacute; progresivamente hacia afuera, aumentando la presi&oacute;n de sus lenguazos. Cuando sinti&oacute; que estaba a punto de venirme, lo sac&oacute; de una vez, arranc&aacute;ndome un grito ronco de goce.<\/p>\n<p>Nos abrazamos mucho, nos besamos m&aacute;s. Me enamoraba de la constelaci&oacute;n de pecas que cubr&iacute;a su pecho. Me dio el calz&oacute;n que todav&iacute;a ten&iacute;a a la mano. Estaba completamente mojado por nuestros jugos.<\/p>\n<p>&mdash;Ya es hora de ir a cenar y me gustar&iacute;a que salieras llev&aacute;ndolo, as&iacute;, h&uacute;medo. Para que recuerdes a cada rato como acabo de follarte, zorrita m&iacute;a.<\/p>\n<p>Le sonre&iacute;, Alejandro era el regalo m&aacute;s inesperado que tuviera en la vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Varios meses hab&iacute;an pasado desde la noche con Alejandro. Hab&iacute;amos tomado la costumbre de escribirnos con frecuencia y se hab&iacute;a convertido en el espectador m&aacute;s aficionado de mis sesiones de masturbaci&oacute;n. Durante la semana, me grababa vini&eacute;ndome en el ba&ntilde;o de damas de la oficina con los dedos profundamente metidos en la concha. 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