{"id":41118,"date":"2023-02-27T07:25:41","date_gmt":"2023-02-27T07:25:41","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-02-27T07:25:41","modified_gmt":"2023-02-27T07:25:41","slug":"tras-el-primer-concierto-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/tras-el-primer-concierto-ii\/","title":{"rendered":"Tras el primer concierto (II)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41118\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&Aacute;lvaro se sinti&oacute; como un est&uacute;pido en cuanto se percat&oacute; del hecho fundamental que hab&iacute;a pasado por alto hasta ahora: estando solo con una persona m&aacute;s, cuando ambos se corr&iacute;an el polvo terminaba; con dos m&aacute;s, deb&iacute;a complacerles a ambos antes de poder descansar. Sin que H&eacute;ctor tuviera que ped&iacute;rselo se meti&oacute; el glande de su pene en la boca. El sabor que percibi&oacute; tambi&eacute;n era salado, pero diferente del que impregnaba su boca. M&aacute;s &aacute;cido, quiz&aacute;. Sabore&oacute; la piel c&aacute;lida y h&uacute;meda y trag&oacute; un poco m&aacute;s, mirando al hombre a la cara. Este asinti&oacute; complacido y alent&oacute; al muchacho empujando su cabeza hacia abajo.<\/p>\n<p>Si antes hab&iacute;a notado punzadas en la mand&iacute;bula ahora notaba una verdadera molestia, fruto de la longitud mayor de H&eacute;ctor, aunque no ten&iacute;a la anchura de su amigo. A&uacute;n con esas, sigui&oacute; tragando, dejando que el grueso trozo de carne se deslizase dentro de su boca m&aacute;s y m&aacute;s, hasta alcanzar su garganta y provocarle furiosas arcadas. H&eacute;ctor le sujet&oacute; por el pelo y se retir&oacute; ligeramente, dejando que se calmase antes de tomar el control. Poco a poco fue avanzando de nuevo, asegur&aacute;ndose de llegar a la garganta, pero de forma m&aacute;s sosegada, intentando no causar arcadas innecesarias y a la vez entrenar al joven para que aceptase todo su tama&ntilde;o.<\/p>\n<p>Mientras el gigante se afanaba en su boca, V&iacute;ctor hab&iacute;a retirado el consolador del ano del chico. Con los dedos mantuvo abierto el estrecho canal, contemplando el interior rosado y h&uacute;medo, lleno de viscoso lubricante que invitaba a penetrarle una y otra vez, comprobar cu&aacute;nto era capaz de soportar y repetir de nuevo, tan solo porque pod&iacute;a. Con una sonrisa ladina recogi&oacute; el juguete que hab&iacute;a estado usando y le clav&oacute; de nuevo, tan despacio que &Aacute;lvaro pudo notar perfectamente c&oacute;mo avanzaba por su interior, sobrepasando el punto donde estimulaba su pr&oacute;stata y siguiendo por el recto. Le dej&oacute; dentro y sopes&oacute; en su mano los test&iacute;culos del chico, que no pudo evitar mover las caderas pidiendo m&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s seguro de que no puede? A mi me parece que es una puta insaciable &ndash;coment&oacute; el m&uacute;sico, dirigi&eacute;ndose &uacute;nicamente a H&eacute;ctor.<\/p>\n<p>&Aacute;lvaro, entre ambos, alz&oacute; la mirada con cierta sorpresa. Hab&iacute;a hablado como si &eacute;l no estuviese presente, como si no tuviese voluntad alguna en lo que iban a hacerle. La idea le inquiet&oacute; un momento antes de recordar las aseveraciones de H&eacute;ctor, que dieron paso de nuevo a la tranquilidad, la confianza y una curiosidad irresistible por saber de qu&eacute; hablaban.<\/p>\n<p>&ndash;No, no puede. Cr&eacute;eme, el chaval es demasiado estrecho.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Seguro? No hace m&aacute;s que tragar como todo un campe&oacute;n &ndash;insisti&oacute; V&iacute;ctor palmeando sus nalgas.<\/p>\n<p>Los azotes no iban pensados para hacer demasiado da&ntilde;o, pero todav&iacute;a las sent&iacute;a enrojecidas y calientes por los que le hab&iacute;an dado anteriormente, por lo que no pudo evitar soltar dos agudos gemidos y retirarse un poco. V&iacute;ctor apret&oacute; m&aacute;s los test&iacute;culos dentro de su manaza y &Aacute;lvaro entendi&oacute; que m&aacute;s que le val&iacute;a quedarse quieto si no quer&iacute;a que la presi&oacute;n se convirtiera en algo mucho m&aacute;s doloroso y dif&iacute;cil de soportar. Escuch&oacute; un resoplido procedente de H&eacute;ctor y comprendi&oacute; que se re&iacute;a, si no de &eacute;l, de algo relacionado con &eacute;l.<\/p>\n<p>&ndash;Te lo juro. Pero puedes hacer t&uacute; mismo la prueba: f&oacute;llate su culo, con ganas, y a ver si no cambias de idea.<\/p>\n<p>&ndash;Hagamos la prueba &ndash;confirm&oacute; con los ojos brillantes y una sonrisa artera en su cara.<\/p>\n<p>Sin dirigirle la palabra H&eacute;ctor extrajo de un tir&oacute;n el consolador y le agarr&oacute; del pelo, us&aacute;ndole a modo de correa para controlarle. El joven not&oacute; como el peso detr&aacute;s de &eacute;l se elevaba del colch&oacute;n, que recuper&oacute; su forma con un breve chirrido del soporte que le sosten&iacute;a. Algo aturdido iba a preguntar qu&eacute; hac&iacute;an cuando H&eacute;ctor cambi&oacute; de postura, sent&aacute;ndose c&oacute;modamente al borde de la cama y tirando de &eacute;l para que se levantase. En ese momento V&iacute;ctor recogi&oacute; su coleta y tir&oacute;, con la fuerza suficiente para que doliese, pero no lo bastante como para arrancarle ning&uacute;n pelo. Con los brazos a&uacute;n a la espalda, firmemente sujetos por las esposas de cuero, avanz&oacute; de rodillas por el colch&oacute;n, temiendo caerse a la hora de abandonar la cama. Se inclin&oacute; peligrosamente hacia adelante, perdiendo un momento el equilibrio antes de que el m&uacute;sico le sujetase sin esfuerzo, con uno de sus enormes brazos que m&aacute;s parec&iacute;an troncos. Abri&oacute; la boca para hablar, pero antes de que pudiese decir una sola palabra la carcajada de V&iacute;ctor, muy cercana a su o&iacute;do, se la cerr&oacute; de nuevo.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Mira esto! Hemos sido unos maleducados todo este tiempo.<\/p>\n<p>H&eacute;ctor enarc&oacute; una ceja, con un ligero desconcierto divertido. Resultaba obvio que la idea de haber sido &ldquo;maleducado&rdquo; dadas las circunstancias le resultaba divertida, pero tambi&eacute;n le causaba curiosidad por saber a qu&eacute; se refer&iacute;a su amigo. Con maldad V&iacute;ctor pellizc&oacute; uno de los pezones del chico que gimi&oacute; y se resisti&oacute; dentro de sus escasas posibilidades. La cara de H&eacute;ctor se ilumin&oacute; al comprender lo que pretend&iacute;a. Con una carcajada meti&oacute; la mano en uno de los bolsillos peque&ntilde;os de la mochila y le lanz&oacute; algo a su amigo, quien lo atrap&oacute; tan r&aacute;pido que &Aacute;lvaro no pudo precisar de qu&eacute; se trataba. V&iacute;ctor bes&oacute; el cuello del joven, un gesto de burla pues al mismo tiempo tir&oacute; nuevamente de sus pezones, con fuerza, clavando las u&ntilde;as ligeramente. El placer se mezcl&oacute; con el ligero dolor que sinti&oacute; y solt&oacute; un grito agudo, mientras jadeaba con fuerza. Su pecho sub&iacute;a y bajaba con agitaci&oacute;n, poniendo de relieve los pectorales no demasiado marcados y con ellos los pezones de color claro.<\/p>\n<p>Abriendo la mano V&iacute;ctor revel&oacute; en ella dos sencillas pinzas de tender, de pl&aacute;stico de color azul. &Aacute;lvaro estuvo tentado de soltar una risilla. Ten&iacute;a las mismas pinzas en casa, las usaba siempre que hac&iacute;a la colada para sostener las piezas en el tendedero y jam&aacute;s se le habr&iacute;a ocurrido usarlas en la cama. No pudo evitar sonre&iacute;r, expresi&oacute;n que no pas&oacute; desapercibida a ninguno de los dos hombres. El m&uacute;sico pas&oacute; las pinzas por el pecho del chico, sin dejar de pellizcar sus pezones con la otra mano. H&eacute;ctor alarg&oacute; su manaza y masturb&oacute; con ella el pene de &Aacute;lvaro con rudeza, dando bruscos tirones que pronto marcaron el ritmo de los gemidos del joven.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te hace gracia? &ndash;pregunt&oacute; V&iacute;ctor, cuyo tono zalamero y casi empalagoso caus&oacute; un escalofr&iacute;o al muchacho, inmoviliz&aacute;ndole de inmediato&ndash;. No deber&iacute;a, estas pinzas son enga&ntilde;osas. &iquest;Sab&iacute;as que se pueden usar de varias maneras?<\/p>\n<p>&Aacute;lvaro neg&oacute; con la cabeza, sin atreverse a hablar. H&eacute;ctor pas&oacute; su pulgar por el frenillo del joven y apret&oacute; con fuerza, arranc&aacute;ndole un grito y provocando que intentase retirarse. Esfuerzo vano pues V&iacute;ctor le ten&iacute;a bien sujeto.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Ya te has olvidado de lo que tienes que hacer si te preguntamos?<\/p>\n<p>&ndash;No, perd&oacute;n, perd&oacute;n, lo siento mucho&ndash; se apresur&oacute; a responder entre jadeos&ndash;. No me hace gracia, es que tengo las mismas pinzas en mi casa y por eso pens&eacute; que era divertido, la coincidencia, nada m&aacute;s. Tampoco s&eacute; c&oacute;mo se pueden usar salvo para tender la ropa o cerrar bolsas o algo as&iacute;.<\/p>\n<p>La explicaci&oacute;n, apresurada, embarullada y confusa, pareci&oacute; divertir a ambos hombres que cruzaron una mirada entre ellos. Con un fuerte azote en sus ya maltratadas nalgas V&iacute;ctor reclam&oacute; nuevamente la atenci&oacute;n del joven, que gir&oacute; la cabeza para mirarle.<\/p>\n<p>&ndash;La pinza puede colocarse de dos formas: la m&aacute;s suave es colocando el pez&oacute;n en este hueco que tiene, as&iacute; aprieta menos &ndash;mientras hablaba abr&iacute;a y cerraba una de las pinzas delante de la cara del chico, que la contemplaba absorto&ndash;; la segunda es colocando la pinza de forma que la parte plana presione el pez&oacute;n, m&aacute;s dolorosa.<\/p>\n<p>&Aacute;lvaro tomaba aire en aspiraciones r&aacute;pidas y breves. Uno de los largos mechones rubios se hab&iacute;a escapado del pu&ntilde;o de V&iacute;ctor y oscilaba frente a su cara como un p&eacute;ndulo, impulsado por el aliento que escapaba de su boca. Con un gesto delicado el bajista lo devolvi&oacute; a su lugar con los dem&aacute;s, sacando por un momento la pinza del campo visual del chico que suspir&oacute; con cierto alivio. Mordiendo el cuello del joven hizo un gesto a su amigo que levant&oacute; de la cama su inmenso corpach&oacute;n. Situ&aacute;ndose frente a &Aacute;lvaro le dio una bofetada, no muy fuerte, lo justo para llamar su atenci&oacute;n y ponerle en m&aacute;xima alerta. A su espalda pod&iacute;a notar la erecci&oacute;n del m&uacute;sico que se frotaba contra &eacute;l sin que eso le supusiera ning&uacute;n problema a la hora de mantenerle sujeto. Intent&oacute; alcanzar el pene con las manos, d&aacute;ndose cuenta r&aacute;pidamente de que las mu&ntilde;equeras de cuero se lo imped&iacute;an por la forzada posici&oacute;n. Tampoco pod&iacute;a alcanzar sus nalgas, que quedaban a merced de V&iacute;ctor.<\/p>\n<p>&ndash;Yo tiro, t&uacute; col&oacute;caselas como m&aacute;s te guste. T&aacute;pale la boca, por si grita.<\/p>\n<p>De nuevo hablaban entre ellos como si &eacute;l no estuviera. La manaza del m&uacute;sico, &aacute;spera y con los dedos encallecidos de las cuerdas de acero del bajo, presion&oacute; su boca a la vez que le reten&iacute;a contra su corpach&oacute;n. Hab&iacute;a soltado su larga melena que ahora le ca&iacute;a sobre la cara, tap&aacute;ndole los ojos. Con un gesto descuidado H&eacute;ctor se la apart&oacute; hacia atr&aacute;s antes de pellizcar la aureola, de forma que el pez&oacute;n se proyect&oacute; hacia fuera sin ning&uacute;n esfuerzo. V&iacute;ctor abri&oacute; la pinza y, acerc&aacute;ndola al peque&ntilde;o bulto de carne desde abajo, le pill&oacute; con la parte plana, la que ejerc&iacute;a m&aacute;s fuerza. &Aacute;lvaro intent&oacute; gritar, con la adrenalina recorriendo sus venas fruto del dolor que se entremezclaba con el placer y la excitaci&oacute;n, pero su grito qued&oacute; ahogado contra la palma de la mano del m&uacute;sico que se limit&oacute; a apretarle m&aacute;s los labios hasta que se cay&oacute;.<\/p>\n<p>Sabiendo que ahora vend&iacute;a el otro el joven intent&oacute; prepararse mentalmente para la sensaci&oacute;n. Lo peor era el primer momento, reci&eacute;n colocada. Ahora el dolor se hab&iacute;a reducido a una molestia sorda, una ligera palpitaci&oacute;n que lat&iacute;a y manten&iacute;a su pez&oacute;n caliente e hipersensible a cualquier m&iacute;nimo roce. Con los ojos cerrados aguard&oacute; a que colocasen la siguiente pinza, pero en lugar de eso se limitaron a tirar de la que ya ten&iacute;a puesta. Los peque&ntilde;&iacute;simos dientes de pl&aacute;stico se clavaron con m&aacute;s fuerza en la carne mientras la usaban para mover el pez&oacute;n de un lado a otro, causando que el chico se retorciese y gimiera descontrolado. Not&oacute; que retiraban la mano de su boca, pero se limit&oacute; a jadear, con la cabeza gacha y la mirada fija en el suelo. H&eacute;ctor le sostuvo por la barbilla y le oblig&oacute; a mirarle, evaluando su estado.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Es tu primera vez usando pinzas? &ndash;&Aacute;lvaro se limit&oacute; a asentir con la cabeza, jadeando y con el cuerpo estremecido. Cualquiera de los dos podr&iacute;a haberle castigado por no responder, pero cediendo a la indulgencia H&eacute;ctor se limit&oacute; a proseguir&ndash;. Impresionante. &iquest;Crees que podr&iacute;as aguantar la otra? No quiero que te fuerces, as&iacute; que contesta con sinceridad.<\/p>\n<p>La cara del gigante estaba mortalmente seria. Incluso pudo notar sin equivocarse que el brazo de V&iacute;ctor se aflojaba en torno a su cuerpo, sosteni&eacute;ndole sin ejercer la m&aacute;s m&iacute;nima presi&oacute;n. Casi podr&iacute;a asegurar que se limitaba a prestarle cierto apoyo. Clavando la mirada en los ojos negros de H&eacute;ctor se mordi&oacute; el labio inferior antes de asentir con la cabeza. Una oleada de calor ascendi&oacute; por su cuerpo hasta colorear sus mejillas de intenso color carmes&iacute;, pero su resoluci&oacute;n no vari&oacute;.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, puedo aguantar.<\/p>\n<p>A su espalda el bajista solt&oacute; una carcajada alegre antes de volver a taparle la boca, tan deprisa que el joven no tuvo tiempo de procesar lo que pasaba. H&eacute;ctor volvi&oacute; a apretar la aureola, pero esta vez V&iacute;ctor no coloc&oacute; la pinza de inmediato. Se dedic&oacute; a jugar con el pez&oacute;n, pellizc&aacute;ndole con el pl&aacute;stico o empuj&aacute;ndole hacia arriba hasta que los jadeos del chico adquirieron un tono de s&uacute;plica. Colocando la pinza en posici&oacute;n la solt&oacute; de golpe, por lo que los diminutos dientes se cerraron con m&aacute;s fuerza que la anterior sobre el sensible pez&oacute;n. &Aacute;lvaro solt&oacute; un nuevo grito, nuevamente amortiguado por la manaza de V&iacute;ctor. H&eacute;ctor agarr&oacute; su pene, duro y h&uacute;medo de l&iacute;quido preseminal y volvi&oacute; a masturbarle apretando con fuerza su mano en torno a su longitud. Lo hac&iacute;a con suma pericia, pero la brusquedad de las caricias contrastaba con el gesto, por lo que &uacute;nicamente sirvi&oacute; para aumentar su excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Basta de juegos, puta. Llevo toda la maldita noche con ganas de comprobar por mi mismo si ese culo tuyo merece o no la pena y no voy a esperar m&aacute;s &ndash;gru&ntilde;&oacute; V&iacute;ctor mientras empujaba al joven hacia H&eacute;ctor.<\/p>\n<p>Sujet&aacute;ndole del cuello H&eacute;ctor le dobl&oacute; el cuerpo hacia adelante. Tan solo el firme agarre que V&iacute;ctor ejerc&iacute;a sobre las estrechas caderas del chico evit&oacute; que diese de boca contra el borde de la cama. H&eacute;ctor volvi&oacute; a sentarse en el mismo punto de antes y tras darle una ligera bofetada para que abriese la boca introdujo todo su pene. Las arcadas y el lagrimeo fueron inmediatos. Tan pronto como el glande del hombre alcanz&oacute; la garganta comenzaron, pero esta vez no hubo descanso ni tregua. H&eacute;ctor le forz&oacute; a mover la cabeza, volviendo a valerse de su larga melena a modo de correa. A su espalda pudo notar como V&iacute;ctor deslizaba dos dedos dentro de su ano, que permanec&iacute;a gloriosamente abierto, lleno de lubricante y listo para ser penetrado.<\/p>\n<p>Agarrando su gruesa herramienta por la base V&iacute;ctor gui&oacute; su pene hacia el ano del joven, que se debat&iacute;a intentando controlar las arcadas mientras H&eacute;ctor le follaba la boca, con renovada dureza. Empujando con fuerza consigui&oacute; meter el glande y buena parte del tronco dentro del orificio, estrecho a pesar de la minuciosa preparaci&oacute;n a la que le hab&iacute;an sometido. Con un gemido de placer termin&oacute; de entrar impulsando las caderas hacia delante mientras tiraba del muchacho hacia atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Joder! S&iacute; que es estrecho&hellip; &ndash;jade&oacute; V&iacute;ctor, empezando a mover la pelvis adelante y atr&aacute;s&ndash;. Es tan estrecho que parece que te chupa hacia dentro.<\/p>\n<p>H&eacute;ctor se limit&oacute; a responder con un gru&ntilde;ido, bajando nuevamente la cabeza de &Aacute;lvaro que emit&iacute;a h&uacute;medos gorgoteos. Gemidos indefinidos en los que se mezclaba el placer, la humillaci&oacute;n, la excitaci&oacute;n y el dolor. Nunca hab&iacute;a experimentado nada igual y le encantaba. A pesar de todo el tiempo que hab&iacute;an pasado jugando en su ano la anchura descomunal de V&iacute;ctor bastaba para llenarle por completo, caus&aacute;ndole una leve molestia que se iba reduciendo con cada penetraci&oacute;n, tan profunda que pensaba que le acabar&iacute;a atravesando en cualquier momento. Intentando relajarse prob&oacute; a mover la lengua y acomodar mejor las caderas, confiando en que su esfuerzo pasase desapercibido.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ja! &iquest;Has visto eso? A la puta le gusta lo que estamos haci&eacute;ndole &ndash;se mof&oacute; V&iacute;ctor dando una nueva palmada en las ya castigadas nalgas del joven&ndash;. Tranquila, putilla, tranquila. Puedes gozar cuanto quieras, como la zorra que eres.<\/p>\n<p>Algo en su cabeza, quiz&aacute; el &uacute;ltimo reducto de raciocinio, le dec&iacute;a a gritos que deb&iacute;a sentirse ofendido por ese trato. Sin embargo, ni siquiera intent&oacute; hacerle caso. Su pene goteaba profusamente sobre el suelo de madera, las l&aacute;grimas rodaban por sus mejillas debido a las arcadas que todav&iacute;a le sacud&iacute;an de cuando en cuando y la saliva goteaba de su boca, empapando el pene de H&eacute;ctor que brillaba a causa de ello. Su ano se abr&iacute;a y se cerraba conforme V&iacute;ctor le taladraba, sus gl&uacute;teos parec&iacute;an gritar a causa del ardor de los azotes y hac&iacute;a tiempo que sus brazos protestaban por la postura. Sus pezones lat&iacute;an a un ritmo constante, oscilando entre la insensibilidad y el dolor por las pinzas. Cada insulto le encend&iacute;a, le provocaba en lo m&aacute;s hondo. Siembre hab&iacute;a sabido que ser humillado y dominado le excitaba, pero nunca hab&iacute;a comprendido hasta qu&eacute; punto.<\/p>\n<p>Dej&aacute;ndose llevar se acopl&oacute; al ritmo fren&eacute;tico que imprim&iacute;an ambos hombres. Cada quien a lo suyo y a&uacute;n as&iacute; extra&ntilde;amente sincronizados. Separ&oacute; m&aacute;s las piernas, facilitando el acceso a V&iacute;ctor y a la vez bajando m&aacute;s la cabeza, de forma que H&eacute;ctor apenas ten&iacute;a que mover las caderas para alcanzar su garganta. Ambos hombres gem&iacute;an, jadeaban y gru&ntilde;&iacute;an, disfrutando de su cuerpo joven y su evidente entrega. Con los ojos cerrados intent&oacute; mantener su deseo bajo control. Se sent&iacute;a de nuevo pr&oacute;ximo al orgasmo, pero el recuerdo del reciente castigo bastaba para intentar que se controlase.<\/p>\n<p>V&iacute;ctor aument&oacute; m&aacute;s el ritmo, casi tir&aacute;ndole de cabeza contra H&eacute;ctor que se ech&oacute; hacia atr&aacute;s en la cama, otorg&aacute;ndoles algo m&aacute;s de espacio. Resultaba evidente que no era la primera vez que hac&iacute;an algo juntos, su compenetraci&oacute;n saltaba a ojos vistas. Las manos rudas del m&uacute;sico aferraron con m&aacute;s fuerza su estrecha cintura, hinc&aacute;ndose en la piel tierna y blanca y dejando marcas rojas, con forma de estrella de mar. Sus gemidos aumentaron de volumen, haci&eacute;ndose eco del entrechocar de sus cuerpos. Inclin&aacute;ndose sobre el chico mordi&oacute; su hombro, dejando la marca de sus dientes. &Aacute;lvaro grit&oacute; de placer, sin importarle lo m&aacute;s m&iacute;nimo que el pene de H&eacute;ctor aprovechase para introducirse m&aacute;s hondo a&uacute;n en su garganta.<\/p>\n<p>Con un ronco gemido, m&aacute;s parecido a un gru&ntilde;ido animal que a un sonido humano, el m&uacute;sico consigui&oacute; su segundo orgasmo. Mantuvo cogido a &Aacute;lvaro todo el tiempo, mientras sus test&iacute;culos segu&iacute;an descargando en su interior. Se apart&oacute; del chico de un tir&oacute;n y sujet&oacute; su rubia melena, apart&aacute;ndole tambi&eacute;n de H&eacute;ctor que los miraba divertido y orgulloso. Hab&iacute;a sabido desde el primer d&iacute;a que el chico era el id&oacute;neo y no le importaba restreg&aacute;rselo algo a su amigo. &Aacute;lvaro jadeaba, con su pene sobresaliendo hacia adelante. El glande enrojecido y brillante estaba cubierto de l&iacute;quido preseminal y un chorro del mismo escurr&iacute;a despacio desde el agujero. Sus gemidos agudos y suaves contrastaban con lo que acababa de emitir, se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que estaba intentando controlarse.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor&hellip; &ndash;suplic&oacute; en el tono m&aacute;s bajo que pudo, preocupado por si le hac&iacute;an callar&ndash;. Por favor&hellip; &iquest;podr&iacute;a correrme? Necesito acabar, lo necesito.<\/p>\n<p>Ambos hombres se rieron en silencio. El pene de V&iacute;ctor comenzaba a bajar, perdiendo su colosal tama&ntilde;o por uno m&aacute;s moderado, y a&uacute;n as&iacute; aquellas palabras parecieron repercutir de forma directa en &eacute;l. Sacudiendo la cabeza sonri&oacute; de nuevo. El chico era un &iacute;ncubo, m&aacute;s deseable a&uacute;n por no ser consciente de ello. Agarr&aacute;ndole por los muslos le alz&oacute; sin ning&uacute;n esfuerzo, divirti&eacute;ndose al notar que al chico se le escapaba un grito. Manej&aacute;ndole con facilidad en el aire le oblig&oacute; a subir las piernas, dejando su ano completamente accesible para su amigo. H&eacute;ctor se levant&oacute; de la cama y acerc&aacute;ndose al chico se fij&oacute; en su cara. Sus ojos verdes destacaban poderosamente, brillantes y cargados de deseo. Ten&iacute;a los labios h&uacute;medos y las mejillas encendidas.<\/p>\n<p>&ndash;No, no necesitas terminar, no a&uacute;n. &ndash;La voz de H&eacute;ctor era suave a pesar de su tono grave, enga&ntilde;osamente tranquila&ndash;. Primero necesitas ocuparte de que lo haga yo, con esto.<\/p>\n<p>En ese momento le meti&oacute; dos dedos en el ano. El chico solt&oacute; un gemido agudo, tensando todo su cuerpo para intentar controlarse. De haber podido pensar en otra cosa, cualquier cosa, todo hubiese sido m&aacute;s sencillo, peor no pod&iacute;a, su mente estaba demasiado enfocada en las sensaciones que experimentaba su cuerpo, en el estado de sometimiento al que le hab&iacute;an reducido con suma facilidad. Asinti&oacute; con la cabeza, incapaz de articular palabra. H&eacute;ctor se acerc&oacute; m&aacute;s y con insultante facilidad le sostuvo en el aire, suspendi&eacute;ndole sobre su pene. V&iacute;ctor se sent&oacute; en la cama, contemplando el espect&aacute;culo con una sonrisa sard&oacute;nica en la cara.<\/p>\n<p>De un solo movimiento el gigante le dej&oacute; caer sobre su pene, que se abri&oacute; camino en su interior de una sola vez. Ante el grito del joven y lo tard&iacute;o de la hora el m&uacute;sico se apresur&oacute; a levantarse de la cama y volver a taparle la boca con una de esa manaza. A modo de castigo por el esc&aacute;ndalo tir&oacute; de una de las pinzas que aprisionaban sus pezones, que hab&iacute;an adquirido un tono purp&uacute;reo bastante notable. Sonriendo con maldad abri&oacute; la pinza. La sangre se precipit&oacute; al pez&oacute;n que se inflam&oacute; de golpe y adquiri&oacute; un brillante tono rojo oscuro. De no haber tenido la boca tapada el grito posiblemente se habr&iacute;a escuchado por todo el hotel.<\/p>\n<p>&ndash;Sigue jugando con sus pezones, deber&iacute;as ver como se le estrecha el culo cuando lo haces &ndash; se carcaje&oacute; H&eacute;ctor, embisti&eacute;ndole con m&aacute;s fuerza todav&iacute;a.<\/p>\n<p>Su longitud mucho mayor que la de su amigo llegaba a zonas que este a&uacute;n no hab&iacute;a tocado, y ayudado por el lubricante y el semen que ten&iacute;a dentro se deslizaba con suma facilidad, de forma que &Aacute;lvaro rebotaba, sostenido solo por los musculosos brazos del gigante que no parec&iacute;a acusar el esfuerzo. Apretando m&aacute;s su manaza contra los labios del joven V&iacute;ctor se inclin&oacute; y mordi&oacute; el pez&oacute;n reci&eacute;n liberado. Extremadamente sensible, acus&oacute; la presi&oacute;n de los dientes del m&uacute;sico. Su cuerpo se vio sacudido por escalofr&iacute;os y dese&oacute; poder sujetarse a H&eacute;ctor, quien segu&iacute;a empujando y bombeando sin tregua, gimiendo directamente contra el o&iacute;do del chico que no pod&iacute;a hacer nada salvo gemir. Su pene se frotaba contra el vientre del hombre que parec&iacute;a ignorar la humedad caliente que manchaba su piel.<\/p>\n<p>Clavando algo m&aacute;s los dientes V&iacute;ctor retir&oacute; la otra pinza. El dolor fue exquisito, sublime, se concentr&oacute; en su pez&oacute;n e irradi&oacute; en ondas calientes que se esparcieron por su pecho. Sus gritos quedaron ahogados contra la manaza que presionaba contra su boca, pero ni siquiera as&iacute; se acallaron por completo. El bajista tir&oacute; las pinzas sobre una de las mesillas y pellizc&oacute; el delicado trozo de carne que luc&iacute;a las marcas de los diminutos dientes de la pinza. Tir&oacute; de &eacute;l con delicadeza y lo retorci&oacute; entre sus dedos, escuchando como el muchacho gem&iacute;a y se retorc&iacute;a de placer. Su amigo hab&iacute;a acelerado el ritmo, clavando su largu&iacute;simo pene una y otra vez en el caliente interior de &Aacute;lvaro. Al soltar el m&uacute;sico ambos pezones a la vez, no pudo controlarse por m&aacute;s tiempo.<\/p>\n<p>Su orgasmo fue salvaje, brutal. Tan intenso que le hizo arquear la espalda mientras el placer y el alivio le inundaban, al tiempo que chorros de semen blancuzcos ca&iacute;an sobre su propio pecho y el de H&eacute;ctor. Con los ojos cerrados se dej&oacute; llevar, abrazando por completo la sensaci&oacute;n de liberaci&oacute;n y de profunda satisfacci&oacute;n. Si despu&eacute;s de aquello habr&iacute;a un castigo no le importaba, en ese momento consider&oacute; que bien val&iacute;a la pena. Liberando por fin la boca del joven V&iacute;ctor se retir&oacute; al ba&ntilde;o, donde comenz&oacute; a lavarse. El chico se hab&iacute;a corrido sin permiso y desde luego no pensaba consentir eso de ninguna manera, pero sab&iacute;a que por esa noche &eacute;l no volver&iacute;a a penetrarle y odiaba estar sucio. Ignorando los movimientos de su amigo, H&eacute;ctor se limit&oacute; a acelerar m&aacute;s y m&aacute;s, con la cabeza contra el hombro del muchacho que segu&iacute;a gimiendo.<\/p>\n<p>Afianzando el abrazo con el que le manten&iacute;a suspendido empuj&oacute; con m&aacute;s fuerza. Mov&iacute;a la pelvis descontrolado, entrando y saliendo casi por completo del interior del joven del que consegu&iacute;an salir gotas de lubricante mezclado con semen. Impulsando hacia arriba las caderas jade&oacute; con fuerza, terminando por fin. A diferencia de su amigo hab&iacute;a preferido controlarse, por lo que el orgasmo fue incre&iacute;blemente potente. Sinti&oacute; como sus test&iacute;culos se contra&iacute;an mientras expulsaba un chorro de semen tras otro, marcando a &Aacute;lvaro que se limitaba a gemir, movi&eacute;ndose cuanto pod&iacute;a en la inc&oacute;moda postura en la que estaba. En cuanto la sensaci&oacute;n del orgasmo empez&oacute; a disiparse sali&oacute; de un tir&oacute;n, dejando el ano del chico abierto y dilatado. Del interior, ahora de un tono rojo much&iacute;simo m&aacute;s intenso que antes, escurrieron largas hebras de lubricante que cayeron al suelo.<\/p>\n<p>Con cuidado para que no se cayese le dej&oacute; ponerse por fin de pie. Con una sonrisa se percat&oacute; de lo mucho que le temblaban al chico las piernas. Para no tener casi experiencia lo hab&iacute;a hecho divinamente, solo quedaba el asunto del &uacute;ltimo orgasmo no autorizado. Por un momento pens&oacute; en dejarlo pasar, pero viendo que el chico consegu&iacute;a estabilizarse y cuadrar los hombros supo que estaba dispuesto a seguir. Le examin&oacute; con detenimiento, apreci&aacute;ndole bajo una nueva luz en la que se mezclaba el respeto, el orgullo y el deseo. Situ&aacute;ndose a su espalda le solt&oacute; por fin las mu&ntilde;equeras de cuero que hab&iacute;an abrazado sus mu&ntilde;ecas durante buena parte de la noche, frot&aacute;ndole esa zona para que volviese la circulaci&oacute;n. Viendo que su amigo regresaba del ba&ntilde;o una nueva idea cruz&oacute; por su mente.<\/p>\n<p>&ndash;Ve al ba&ntilde;o y l&aacute;vate, est&aacute;s hecho un desastre y a&uacute;n no hemos terminado. Eres m&aacute;s desobediente de lo que pens&eacute;.<\/p>\n<p>Esperaba que el chico protestase, que se negase incluso, pero para su sorpresa no hubo nada de eso. Con pasos inestables, sin dejar de frotarse las mu&ntilde;ecas algo entumecidas, se desliz&oacute; hasta el ba&ntilde;o, entrando directamente en la ducha. Accion&oacute; los mandos hasta que el agua caliente cay&oacute; en cascada sobre su cuerpo. Cerrando los ojos se apoy&oacute; en la pared de la ducha y disfrut&oacute; del calor y la sensaci&oacute;n de calma de la ducha, tan embebido de ella que ni siquiera se percat&oacute; de que H&eacute;ctor entraba en silencio y se limpiaba empleando para ello uno de los dos lavabos. Tampoco se percat&oacute; de que le dejaba la toalla que hab&iacute;a usado antes ah&iacute; mismo, para que pudiese secarse despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Cogiendo el bote de jab&oacute;n, ahora medio vac&iacute;o, comenz&oacute; a frotar su piel. Al pasar las manos por sus pezones no pudo evitar una mueca de dolor. Enjabon&oacute; sus nalgas y su ano, d&aacute;ndose cuenta de que dif&iacute;cilmente podr&iacute;a limpiarse bien por dentro. Con una nueva mueca y tras asegurarse con un r&aacute;pido vistazo de que se encontraba solo se coloc&oacute; de cuclillas y emple&oacute; la ducha para retirar todos los restos de su interior. Le llev&oacute; un par de intentos, pero por fin introdujo un par de dedos y les sac&oacute; limpios. Con las mejillas ardiendo, invadido de una s&uacute;bita timidez, se sec&oacute; con la toalla y volvi&oacute; al cuarto, cubri&eacute;ndose con las manos y procurando mirar al suelo.<\/p>\n<p>Los dos hombres charlaban relajados, tumbados en la cama y ya con los b&oacute;xers puestos. H&eacute;ctor le ech&oacute; un r&aacute;pido vistazo y se levant&oacute; con agilidad de la cama. Girando en torno a &eacute;l examin&oacute; sus pezones que a&uacute;n estaban algo inflamados, las nalgas donde se apreciaban las marcas de los azotes de antes y los cercos rojos de las mu&ntilde;ecas que ya empezaban a difuminarse. El intenso escrutinio del gigante bast&oacute; para que una nueva oleada de excitaci&oacute;n le recorriese entero, desterrando el cansancio. Con una sonrisa s&aacute;dica y un leve empuj&oacute;n entre las esc&aacute;pulas le forz&oacute; a caminar hacia la cama, donde le esperaba el m&uacute;sico. No vio ni rastro de los juguetes que hab&iacute;an usado ni tampoco de la mochila, lo que le tranquiliz&oacute; por un lado y le inquiet&oacute; por otro.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Recuerdas lo que te dijimos antes? &ndash;le interrog&oacute; V&iacute;ctor mientras le hac&iacute;a subir a la cama.<\/p>\n<p>&ndash;Que no pod&iacute;a correrme sin permiso &ndash;musit&oacute; en tono bajo y obediente, sin mirarlos directamente a los ojos.<\/p>\n<p>A su espalda escuchaba a H&eacute;ctor sacar algo del armario, pero no se atrevi&oacute; a desviar la mirada para comprobar qu&eacute; hac&iacute;a. El m&uacute;sico le coloc&oacute; de rodillas sobre el blando colch&oacute;n. Su sonrisa pod&iacute;a haber pasado por la de alguien ben&eacute;volo, pero &Aacute;lvaro se estremeci&oacute; inquieto.<\/p>\n<p>&ndash;Al menos tienes buena memoria. &ndash;Concedi&oacute; el bajista sin variar la expresi&oacute;n de la cara&ndash;. Es la segunda vez que desobedeces, y adem&aacute;s has vuelto a hacer lo mismo. &iquest;Sabes lo que nos hace pensar eso?<\/p>\n<p>&ndash;No.<\/p>\n<p>&ndash;Nos hace pensar que fuimos demasiado suaves contigo &ndash;intervino H&eacute;ctor situ&aacute;ndose a su lado&ndash;, y que ahora debemos mostrarnos mucho m&aacute;s duros. Por eso, vamos a darte a elegir: puedes recibir veinte azotes como los de antes, con eso seguro que la siguiente vez te controlas; o puedes recibir diez azotes con esto.<\/p>\n<p>En ese punto levant&oacute; el pu&ntilde;o, mostrando en la mano el grueso cintur&oacute;n de cuero negro que hab&iacute;a llevado el cantante. Uno habr&iacute;a esperado un cintur&oacute;n lleno de tachuelas, clavos o cualquier otro adorno, pero no era m&aacute;s que un sencillo cintur&oacute;n, con el &uacute;nico detalle particular de una pesada hebilla de plata con forma de herradura en lugar de ser rectangular. Con los ojos brillantes el chico extendi&oacute; la mano con timidez, tocando la piel suave y bien curtida. Eran menos azotes, s&iacute;, pero sab&iacute;a que ah&iacute; estaba la trampa. Si eran menos, ser&iacute;an mucho m&aacute;s dolorosos que los que pudiesen darle con la mano.<\/p>\n<p>&ndash;Nunca&hellip; &ndash;empez&oacute; vacilante&ndash; nunca me han dado azotes con un cintur&oacute;n. Me gustar&iacute;a probar, pero no s&eacute; si lo aguantar&eacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Si no aguantas pararemos, pero intenta soportarlo todo lo que puedas, &iquest;de acuerdo?<\/p>\n<p>Las amables palabras no vinieron de H&eacute;ctor, como se habr&iacute;a esperado, sino de V&iacute;ctor, que le miraba con una amabilidad inusitada, un atisbo detr&aacute;s de su imponente fachada. Much&iacute;simo m&aacute;s relajado &Aacute;lvaro asinti&oacute;. Aunque los azotes le doler&iacute;an, y ten&iacute;an la funci&oacute;n de causarle cierto nivel de da&ntilde;o para disciplinarle, no sobrepasar&iacute;an su l&iacute;mite. M&aacute;s animado asinti&oacute; de nuevo con la cabeza y acarici&oacute; una &uacute;ltima vez el cintur&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Si es as&iacute;, de acuerdo. Quiero el cintur&oacute;n.<\/p>\n<p>Entre los dos le colocaron de rodillas, con la cabeza hundida en una de las mullidas almohadas. De no haber estado tan excitado se podr&iacute;a haber quedado dormido de inmediato. Sin embargo, su coraz&oacute;n hab&iacute;a vuelto a acelerarse, retumbando en su pecho como un tambor de marcha. Con cierta preocupaci&oacute;n cerr&oacute; las piernas, asegur&aacute;ndose de que su pene y test&iacute;culos no quedasen a la vista. No cre&iacute;a que le fuesen a golpear ah&iacute;, pero toda precauci&oacute;n le parec&iacute;a poca. Intuyendo su nerviosismo, ambos hombres le permitieron acomodarse a su gusto. H&eacute;ctor pas&oacute; el cintur&oacute;n a su amigo y se sent&oacute; junto a la cabeza del chico. Le acarici&oacute; el pelo y le hundi&oacute; la cabeza en la almohada, dej&aacute;ndole respirar, pero no gritar.<\/p>\n<p>V&iacute;ctor acarici&oacute; ambas nalgas, ligeramente rojas y con marcas de dedos. Sus dedos callosos pasaron por la suave piel del chico que gimi&oacute; nervioso. La espera le pon&iacute;a ansioso y le hac&iacute;a tensar todo el cuerpo. Haci&eacute;ndose cargo de la situaci&oacute;n V&iacute;ctor balance&oacute; el cintur&oacute;n. La larga cinta de cuero traz&oacute; un arco en el aire y con un &uacute;nico golpe de mu&ntilde;eca cruz&oacute; limpiamente el espacio e impact&oacute; a la vez en ambos gl&uacute;teos. Un grito indic&oacute; que el impacto hab&iacute;a sido bueno, lo bastante duro como para doler y marcar, pero no tanto como para causar un da&ntilde;o real ni dejarle marcado de por vida. Los muslos del chico temblaban y su respiraci&oacute;n se hab&iacute;a acelerado como si hubiese corrido una marat&oacute;n.<\/p>\n<p>El dolor era mucho m&aacute;s suave de lo que se hab&iacute;a imaginado. M&aacute;s intenso que en un azote con la mano, pero menos de lo que su desbocada imaginaci&oacute;n le hab&iacute;a hecho creer. A pesar del alivio, el segundo azote arranc&oacute; otro grito de su garganta, que se estrell&oacute; contra la almohada donde qued&oacute; amortiguado. El tercero le sigui&oacute; casi de inmediato. Sus piernas temblaban incontrolablemente y respiraba en jadeos h&uacute;medos, tan acelerados ahora que se acercaban casi a la hiperventilaci&oacute;n. La zona donde le hab&iacute;an flagelado con el cintur&oacute;n parec&iacute;a arder y quemar como si le hubiesen aplicado una llama en esas franjas de piel. Cuando el siguiente azote le golpe&oacute;, cruzando en diagonal las tres marcas previas, apenas pudo reunir autocontrol suficiente para no pedirles parar.<\/p>\n<p>Agarr&aacute;ndose a las s&aacute;banas con los pu&ntilde;os cerr&oacute; los ojos con tozudez, neg&aacute;ndose a ceder. La situaci&oacute;n le excitaba demasiado como para querer que se detuvieran. Cada azote iba seguido de un dolor que se intensificaba al golpear sobre zonas que ya hab&iacute;an recibido antes una mordida del cinto de cuero, seguido de una intensa descarga de adrenalina que le preparaba para el siguiente azote, m&aacute;s intenso si cab&iacute;a. Gritaba, pero tambi&eacute;n gem&iacute;a, se retorc&iacute;a y se mov&iacute;a en el sitio incapaz de quedarse quieto. H&eacute;ctor manten&iacute;a su cabeza presionada contra la almohada, acariciando su larga y enredada melena mientras.<\/p>\n<p>Uno tras otro, se iban acercando al final. El &uacute;ltimo azote fue el m&aacute;s duro, marcando una l&iacute;nea roja que pronto se torn&oacute; purp&uacute;rea, justo en el centro de ambas nalgas, en la zona m&aacute;s golpeada. Con un &uacute;ltimo grito se dej&oacute; caer en la cama, gimiendo y tomando aire en grandes bocanadas. Le ard&iacute;an los gl&uacute;teos y sab&iacute;a que ma&ntilde;ana le costar&iacute;a sentarse, pero a la vez se sent&iacute;a vivo, pleno. V&iacute;ctor dej&oacute; el cinto sobre la mesilla y se tir&oacute; a su lado, recost&aacute;ndose en una de las almohadas con los brazos detr&aacute;s de la cabeza. H&eacute;ctor se acomod&oacute; al otro lado, dejando al chico entre ambos hombres que los mir&oacute; alternativamente, con los brazos bajo la cabeza para poder dormir bocabajo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te encuentras bien? &ndash;pregunt&oacute; H&eacute;ctor estirando uno de sus largos brazos hacia el chico.<\/p>\n<p>Con cierta reticencia se apoy&oacute; en &eacute;l, encontrando una postura de medio lado mucho m&aacute;s c&oacute;moda que la que pensaba adoptar para dormir. La sonrisa del gigante era amable, tranquilizadora incluso, y en los ojos casta&ntilde;os de V&iacute;ctor apreciaba un destello c&aacute;lido que no estaba ah&iacute; al iniciarse la noche.<\/p>\n<p>&ndash;Estoy bien. Ha sido intenso, pero me ha encantado.<\/p>\n<p>&ndash;Nos alegramos, pero mejor que te duermas ya, ma&ntilde;ana tenemos que dejar el cuarto pronto &ndash;sentenci&oacute; el m&uacute;sico encendiendo la televisi&oacute;n&ndash;. Ha sido una noche excelente, H&eacute;ctor. Cuando quer&aacute;is yo vuelvo a repetir, necesita m&aacute;s experiencia.<\/p>\n<p>&ndash;Sin duda.<\/p>\n<p>Los dos hombres se quedaron hablando, cruzando susurros por encima de la cabeza del joven. Los tranquilos murmullos se sumaron al ruido de fondo del televisor, aisl&aacute;ndole y arrop&aacute;ndole. En su cuerpo comenzaba a notar un coro de sordos dolores, demasiado suaves como para resultar poco m&aacute;s que una molestia difusa semejante a las agujetas por deporte. Sonriendo se acomod&oacute; m&aacute;s bajo las mantas, estaba deseando adquirir m&aacute;s experiencia y repetir cuantas veces quisieran.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Gracias a todos por haber le&iacute;do este relato. Espero que os haya gustado y le hay&aacute;is disfrutado mucho. El grupo que figura en el relato es completamente ficticio y la figura de Sk&ouml;ll, o cualquier otro miembro de la banda, no se basa en ninguna persona real.<\/p>\n<p>Este es el &uacute;ltimo relato que subir&eacute; antes de retomar mi horario habitual de un relato cada 7-10 d&iacute;as. El ritmo m&aacute;s acelerado de publicaci&oacute;n se debe a los motivos que ya expliqu&eacute; (que se resumen en que por motivos de salud y tiempo me pas&eacute; buena parte de enero y febrero sin poder escribir ni publicar nada). Os agradezco a todos la paciencia que hab&eacute;is tenido.<\/p>\n<p>Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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