{"id":41167,"date":"2023-03-03T23:00:00","date_gmt":"2023-03-03T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-03-03T23:00:00","modified_gmt":"2023-03-03T23:00:00","slug":"mujer-joven-algo-perdida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/mujer-joven-algo-perdida\/","title":{"rendered":"Mujer joven algo perdida"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41167\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Intent&eacute; abrazarme a las teolog&iacute;as y a las filosof&iacute;as espirituales, pero nunca terminaron de convencerme, aunque las respeto a casi todas por igual, y a quienes las creen. Intento abrazarme al m&aacute;s adulto de los vicios, pero ya empiezan a aburrirme un poco. Siempre es el mismo guion. Intent&eacute; abrazarme a la militancia pol&iacute;tica juvenil, pero nunca cre&iacute; en sus utop&iacute;as. Sus libros t&eacute;cnicos, acad&eacute;micos y ensay&iacute;sticos; esos ladrillos que apenas me sirven para darles una compa&ntilde;&iacute;a a mis historietas er&oacute;ticas, no me despiertan nada. Si sigo yendo a esos antros, es s&oacute;lo para buscar a alguien con quien compartir salivas y sudores, y de paso un porro tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>&iquest;Acaso cre&iacute;an las chicas que me importaba la mala reputaci&oacute;n que merecidamente me gan&eacute; con mis cuestionables actitudes? No me provocaba ning&uacute;n remordimiento mostrarle los pechos o los genitales a cada joven ingenuo que se ofrec&iacute;a a compartirme gratis media pizza de muzzarella con anan&aacute;, o una docena entera de empanadas de carne y jam&oacute;n con queso. Solamente lo hac&iacute;a los fines de mes, y es cuando apenas ten&iacute;a para pagar el alquiler. Con el hambre no se bromea. Si el est&oacute;mago est&aacute; siempre vac&iacute;o, todo lo dem&aacute;s, de repente empieza a perder real importancia; y en esa triste y repetitiva situaci&oacute;n, un par de platos hondos llenos de ravioles con salsa bolo&ntilde;esa pod&iacute;a justificar una felaci&oacute;n completa sin cond&oacute;n. La emoci&oacute;n y el agradecimiento por tener la heladera llena de botellas grandes con gaseosa y agua saborizada, era abismalmente superior al desgano con el que ten&iacute;a que brindar &ldquo;besos negros&rdquo; en un armario vac&iacute;o. Un coito individual en las escaleras o en la biblioteca era la recompensa m&iacute;nima por recibir un bols&oacute;n lleno de comida no perecedera; y un coito grupal en el patio, muy f&aacute;cilmente pod&iacute;a pagarse con un asado entero. Si necesitaba agregarle pan de molde o franc&eacute;s, con un sesentainueve en la mesa o en el sill&oacute;n, se acababa el problemita.<\/p>\n<p>S&oacute;lo ten&iacute;a que pararme corita de manos en la pileta un minuto y medio, si quer&iacute;a ganarme una entrada al cine, al teatro o a un recital sin costo monetario. &mdash;&iquest;Qui&eacute;n es el &ldquo;caramelito relleno de chocolate&rdquo;, a quien estoy a punto de invitar a salir?<\/p>\n<p>&mdash;Amalia. Para vos soy Amalia Anastasia Lovova &mdash;le respond&iacute; al pelado, segundos antes de escupirme la mano y dirigirla hacia los adentros de su traje de ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>A los chicos de la comuna y a m&iacute;, nos divert&iacute;a y emocionaba mucho cuando yo los mandaba a correr desnudos con el &ldquo;perchero&rdquo; atenazado a mis manos rojas y calientes. Se pon&iacute;an euf&oacute;ricos y me aplaud&iacute;an cuando compart&iacute;a el &ldquo;chupet&iacute;n dulce&rdquo; con uno de nuestros compa&ntilde;eros homosexuales. Besito &eacute;l, besito yo; mordida &eacute;l, mordida yo; escupida &eacute;l, escupida yo; ambos nos encarg&aacute;bamos del lavado profundo. S&oacute;lo para despu&eacute;s ensuciar de nuevo el &ldquo;trofeo&rdquo; con crema batida en lata, y repetir de nuevo el lavado. M&aacute;s de un tierno y t&iacute;mido muchacho, a quien d&iacute;as antes lo saqu&eacute; del &ldquo;barbecho libidinal&rdquo; arrebat&aacute;ndole la virginidad, se ha ofrecido a brindarme un supuesto amor sincero, pero algo as&iacute;, es imposible de compensar a igual escala para m&iacute;, les dije siempre. Pobres. A esos todav&iacute;a les faltan vivir m&aacute;s historias como la m&iacute;a, si enserio cre&iacute;an que conmigo encontraron a &ldquo;la horma de sus zapatos&rdquo;.<\/p>\n<p>Me acuerdo, que el primer muchacho virgen con el que copul&eacute;, con los brazos atr&aacute;s y desnuda de las &ldquo;naranjas&rdquo; hasta las u&ntilde;as, me hab&iacute;a acercado a &eacute;l para preguntarle, en voz suave y maternal, &ldquo;si estaba despierto&rdquo;. &ldquo;No entiendo&rdquo;, boquiabierto y tartamudeando me respondi&oacute;; visiblemente sorprendido, maravillado y conmovido con lo que ve&iacute;a. &ldquo;Me refiero a esto&rdquo;, le dije levantando mi pie izquierdo para apretarle el cierre cerrado de su pantal&oacute;n manchado de antiguo verd&iacute;n. &ldquo;&iquest;No quer&eacute;s ir al ba&ntilde;o conmigo a jugar?&rdquo;, despacio y de las manos me lo llev&eacute; para desvestirlo ah&iacute; mismo, con la ducha del agua caliente encendida y en presencia del resto de los &ldquo;chonguitos&rdquo;. &mdash;Ay, pero, qu&eacute; ardiente lo ten&eacute;s. Est&aacute;s como para &ldquo;darte masa&rdquo; toda la noche, &iexcl;hasta que grites mi alias!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l es tu alias?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Yulia Irina Malkova! &mdash;Luego le ped&iacute; que me enjabonara todo el cuerpo y se mojara conmigo.<\/p>\n<p>Minimalista y bellamente po&eacute;tica, era la imagen que proyect&aacute;bamos al cielo cuando dorm&iacute;amos empelotados en el pasto, abrazados todos juntos. Con frecuencia notaba c&oacute;mo Fulano se deleitaba chupando los dedos de mi pie izquierdo; Zutano hacia lo mismo, pero con el pie derecho; Mengano s&oacute;lo me acariciaba el cabello, la frente y las orejas; Perengano me besaba el hombro, el codo y la mu&ntilde;eca de mi brazo libre; Juan P&eacute;rez constru&iacute;a puentes y caminos con su lengua, sobre el extremo sur de mi pelvis tatuada; Perencejo s&oacute;lo sab&iacute;a girar en intermitentes rotondas alrededor de las aureolas de mis dos &ldquo;pomelos rosados&rdquo;; de tanto en tanto, Citano se acercaba para dejarme la boca y la barbilla dulces con el caramelo duro sabor uva que llevaba consigo.<\/p>\n<p>Diosa latina despertando, en plena madrugada y con el aire caliente de mi boca, a los &ldquo;eternos espectadores de la vida&rdquo; que odiaban mostrar sus pieles, ah&iacute;, justo abajo de sus vientres. Despert&aacute;ndolos acostados boca arriba con mis manos calientes recorriendo la cara externa de sus muslos, despu&eacute;s de haberlos despojado muy lentamente de su &uacute;nica y m&aacute;s peque&ntilde;a prenda de tela de algod&oacute;n. Despert&aacute;ndolos con un tierno beso, ah&iacute;, abajo de sus cinturas, con sus cabellos todav&iacute;a mojados tras haberse ba&ntilde;ado, por m&aacute;s que no los pod&iacute;a ver por la falta de iluminaci&oacute;n. Despert&aacute;ndolos con un largo leng&uuml;etazo m&iacute;o, ah&iacute;, abajo de sus ombligos. Despert&aacute;ndolos con el frenes&iacute; de mi lengua, y con esos recorridos circulares que suelo hacer tambi&eacute;n, para que supieran que era yo y no otra mujer.<\/p>\n<p>Diosa iberoamericana lamiendo la humedad que desprend&iacute;an por m&iacute; y gracias a m&iacute;, despu&eacute;s de haber acabado sus sue&ntilde;os er&oacute;ticos conmigo. Despert&aacute;ndolos haciendo un sube y baja lingual, ah&iacute; abajito, haci&eacute;ndoles temblar la respiraci&oacute;n. Despert&aacute;ndolos con una dulc&iacute;sima sensaci&oacute;n de hormigueo en sus est&oacute;magos; con la que, a la noche siguiente, le tocar&iacute;a a uno de ellos despertarme. Con la que, a la madrugada siguiente, le tocar&iacute;a a uno de ellos, hacerme lo mismo que le hice a &eacute;l.<\/p>\n<p>Yo era la &ldquo;abeja reina&rdquo; de cinco, diez, no s&eacute; si quince abejitas, cuyas picaduras adentro o afuera de mi cuerpo eran un consagrado gozo si lo hac&iacute;an bien. Hasta me regalaron el div&aacute;n donde ellos sol&iacute;an masajearme las piernas y los pies bocabajo, o donde me pintaban las u&ntilde;as; o donde yo les &ldquo;agitaba la botella hasta vaciarla&rdquo;. Tambi&eacute;n me dieron el asiento sin respaldo con el que varios aprendieron conmigo a &ldquo;buscar la perla del Mar del Sur&rdquo;. Si quer&iacute;an recibir una informativa y pr&aacute;ctica clase, sobre c&oacute;mo contentar de la manera m&aacute;s rica a sus respectivas parejas all&iacute; abajo, s&oacute;lo ten&iacute;an que regalarme algo de plata a voluntad.<\/p>\n<p>Ninguno de los que particip&aacute;bamos en aquellas org&iacute;as cre&iacute;amos inmaculadamente en la lucha de clases desde el proletariado; ni en la defensa de los ideales obreros; ni en la transformaci&oacute;n de nuestras vac&iacute;as realidades mediante el corte de calles; ni en el compromiso por un planeta con justicia social, soberan&iacute;a pol&iacute;tica e independencia econ&oacute;mica. No lo quer&iacute;amos admitir, pero la supuesta trascendencia de la militancia &ldquo;nos la sudaba&rdquo; a todos. A mis hombres se los notaba m&aacute;s felices cuando les ataba un mo&ntilde;o de tela en sus &ldquo;ejes de rueda&rdquo;, que quedarse toda la tarde hablando de las divisiones y extensiones que sufri&oacute; la Cuarta Internacional al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Se los notaba m&aacute;s contentos gimiendo como condenados a muerte en su &uacute;ltima noche de j&uacute;bilo, mientras creaban para m&iacute; sus respectivos y desalineados &ldquo;collares de perlas&rdquo; en mi cuello de gacela, que contar sobre el hecho hist&oacute;rico en que se bas&oacute; la pel&iacute;cula sovi&eacute;tica &ldquo;El Acorazado Potemkin&rdquo;. Bichos de patas peludas arrastr&aacute;ndose pat&eacute;ticamente a las paredes del hedonismo, eso &eacute;ramos, s&oacute;lo para despu&eacute;s caer de nuevo al rasposo suelo del nihilismo. O al menos eso es lo que pienso, en mis d&iacute;as de &ldquo;abatimiento sin gravedad cl&iacute;nica&rdquo;. &iquest;Ser&aacute; verdad? &iquest;Qu&eacute; se yo? Me &ldquo;importa una pija&rdquo;. A la verga con la verdad. &ldquo;A la concha&rdquo; con ella.<\/p>\n<p>Las poqu&iacute;simas veces que nosotros nombr&aacute;bamos a la pol&iacute;tica, era para hablar de ella como una infecciosa enfermedad; como el &ldquo;alquitr&aacute;n que mancha la ropa blanca&rdquo;. De su visceral toxicidad, y de las malsanas caracter&iacute;sticas que tiene la b&uacute;squeda de poder. De la anemia de escr&uacute;pulos que preside los tejemanejes de aquel mundo lleno de traiciones, al que no nos interesaba pertenecer. De los politiqueos de sal&oacute;n en las llamadas universidades &ldquo;populares&rdquo; latinoamericanas, y de los arribistas de cloacas varias. &iquest;Para qu&eacute; arrugar tanto la frente pensando en esas cosas?, les pregunt&eacute; a todos una vez mientras se la estaba &ldquo;lubricando e inflando&rdquo; a un rapado, a quien minutos antes, le orden&eacute; desbocadamente que me rascara el &ldquo;tejido carnoso abultado de la frutilla&rdquo; con su cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo te llam&aacute;s, vos?<\/p>\n<p>&mdash;Para vos, soy Rita Olga Demikova.<\/p>\n<p>&mdash;No, &iquest;cu&aacute;l es tu nombre de verdad? El que figura en tu documento nacional de identidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No te voy a decir cu&aacute;l es! Qu&eacute;date con las ganas.<\/p>\n<p>&iquest;Para qu&eacute; pretender que &eacute;ramos actores globales cre&iacute;bles? Nos ve&iacute;amos y escuch&aacute;bamos cre&iacute;bles, cuando actu&aacute;bamos con el vicio de los conejos y la lascivia de los demonios de Tasmania; con la impetuosidad de los dogos argentinos y el acaloramiento de los filas brasile&ntilde;os; con el desenfreno de los gatos y la desinhibici&oacute;n de los gorilas; con el frenes&iacute; de los guepardos y el celo de las hormigas; con el deseo de los jaguares y el arrebato de los leopardos; con la inmoralidad de los leones africanos y la libidinosidad de los &ntilde;and&uacute;es; con la fogosidad de los &ntilde;us y el delirio de las panteras; con la picard&iacute;a sexual de la perdiz pardilla y la concupiscencia de los pumas; con el libertinaje de los ratones y el enardecimiento de los rottweilers; con la desverg&uuml;enza de los tigres.<\/p>\n<p>Palabras como &ldquo;cambio sustancial del sistema&rdquo;; &ldquo;transformaci&oacute;n real&rdquo;; &ldquo;sentimiento revolucionario&rdquo;; &ldquo;voluntad de marcar la diferencia&rdquo;; &ldquo;juventud movilizadora&rdquo;; &ldquo;hacer pol&iacute;tica para nuestro tiempo&rdquo;; ten&iacute;an en nosotros el mismo peso que un alfiler, un mondadientes o un grano de arena.<\/p>\n<p>&iquest;Para qu&eacute; autoenga&ntilde;arme con el mito de que yo era una pieza fundamental de un importante movimiento social, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico? Mejor me pon&iacute;a a bailar perreo pegado para uno de mis chicos, o me pon&iacute;a a jugar exhalando enormes bocanadas de humo cigarrero sobre sus &ldquo;grandezas p&eacute;lvicas&rdquo;. Mejor usaba esas grandezas para &ldquo;hacer sonar las espumas&rdquo;, o me colocaba &ldquo;en cuatro patas&rdquo; sobre la alfombra, para que uno de ellos me &ldquo;hiciera la cola&rdquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Perdoname, pero me da un poco de miedo. &iquest;C&oacute;mo s&eacute; que no te va a doler?<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;s que lubricarlo mucho primero, con uno de los lubricantes a base de agua o de silicona que tengo guardados en mi mochila, y siempre and&aacute; y entr&aacute; des-pa-ci-to.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;cu&aacute;l es el verdadero bando que escogo en la vida, entonces? El amor, por m&aacute;s sucio y ordinario que sea el que yo practico. El amor profundo que suelo sentir por los hombres a veces, m&aacute;s all&aacute; de lo que haya sido mi &ldquo;padre&rdquo; conmigo.<\/p>\n<p>No todo ha sido as&iacute; de interesante siempre. Una vez desatado el esc&aacute;ndalo interno, los l&iacute;deres me han expulsado y vetado permanentemente de todas las sedes juveniles de los partidos de la izquierda trotskista de la ciudad. Fueron bastantes selectivos al haber hecho eso solamente conmigo y no con el resto de los involucrados. Se vio que no quisieron adelgazar demasiado su n&uacute;mero de afiliados arriesg&aacute;ndose a tomar semejante medida, con la inminente consecuencia de engrasar todav&iacute;a m&aacute;s su agrietada reputaci&oacute;n. Ya no soy bienvenida en ning&uacute;n campamento anticapitalista veraniego. Una vez un grupo de novias y ex novias desdichadas intent&oacute; sin &eacute;xito lincharme (&ldquo;&iexcl;Ven&iacute; y da la cara, trola (prostituta)!&rdquo;), y les he tomado un cari&ntilde;o muy especial a ese grupo de flacuchos temerosos que se arm&oacute; en rotonda para evitar que me hicieran da&ntilde;o. En medio de un ensordecedor histrionismo y de una angustia imposible de explicar, llegu&eacute; a decirles que los amaba a todos.<\/p>\n<p>Ahora estoy con los marxistas-leninistas, aunque sus interminables debates internos s&oacute;lo me incitan a callarme y a dibujar corazoncitos sonrientes en sus afiches propagand&iacute;sticos. Cuando me present&eacute; ante ellos, las primeras veces iba siempre de zapatillas y perfume floral, dulce y delicado; blusa corta de mangas largas color violeta y calza deportiva oscura con un talle menos; cabello lavado con fragancia a menta refrescante y pendientes de aros con forma de coraz&oacute;n hechos de plata; con el aliento a t&eacute; de rosa mosqueta caliente y ojos delineados; pintalabios saborizado y lencer&iacute;a blanca transparente. Casi no me hicieron preguntas y me aceptaron de inmediato, a pesar de que me present&eacute; con el nombre de Anna Malena Koshka.<\/p>\n<p>&ldquo;Me ten&eacute;s la pipa ardiendo y quemando, vos&rdquo;, me escribi&oacute; en uno de esos afiches partidistas el primer &ldquo;chongo (hombre)&rdquo; con el que a escondidas me trastabill&eacute; de la risa usando mis propias medias para taparle el &ldquo;cuchar&oacute;n de madera&rdquo;. &ldquo;Lo escribiste mal&rdquo;, le dije al o&iacute;do; &ldquo;Se dice pija&rdquo;, y le pas&eacute; la lengua en el l&oacute;bulo de la oreja. El d&iacute;a en que me echen de all&iacute;, los traicionar&eacute; y&eacute;ndome con los comunistas de corte mao&iacute;sta.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Con qu&eacute; apelativo te gustar&iacute;a que te llame?<\/p>\n<p>&mdash;Ning&uacute;n apelativo. Llamame&hellip; Gina. Gina Alena Pavlova.<\/p>\n<p>El cortejo hacia personas que apenas conozco, o que desconozco totalmente, me gusta demasiado. Se me sube la adrenalina cuando realizo esas miradas, cargantes de intenciones y al mismo tiempo suplicantes de complicidad; esas sonrisas que se esfuerzan por no parecer muy obvias; esos saludos entusiasmados por querer iniciar algo recordable; esos tuteos o esos voseos deseosos de marcar territorio en el terreno de la confianza ajena; esos halagos trepadores y esos silencios anti sepulcrales; esos milim&eacute;tricos acercamientos y esos susurros encantados de contribuir en lo que pueden; esos ligeros o peque&ntilde;os toqueteos que quieren aparentar ser inocentes pero que no lo son. O cuando digo esas palabras picantes, amables, pero tambi&eacute;n sical&iacute;pticas, con suavidad, queriendo desencadenar lo que no me atrevo a decir. Y bien, pero bien, que me emociono o me excito cuando esas sutilezas son correspondidas por mi receptor, por m&aacute;s que tales respuestas sean tan modestas como un cortometraje.<\/p>\n<p>Para m&iacute;, toda esa secuencia es como un refrescante que se da a una vida &ndash;mi vida&ndash; que, desde mi propia perspectiva, carece de gracia o de fascinaci&oacute;n. Una suerte de evasi&oacute;n temporal de mis obligaciones diarias. Una forma extra&ntilde;a de actuar &ndash;y muchas veces peligrosa&ndash; para una mujer joven algo perdida, que est&aacute; en busca de la felicidad. Aunque a veces, s&oacute;lo en el m&aacute;s pat&eacute;tico de los casos, no me lo quiera reconocer ni a m&iacute; misma.<\/p>\n<p>Soy plenamente consciente de que mis redondeces lisas y tensas, un d&iacute;a se convertir&aacute;n en grasas temblorosas cubiertas por una epidermis relajada y blancuzca. A veces pienso en abrazarme a la idea de tener una familia propia, pero el v&eacute;rtigo de cometer los mismos errores que mis progenitores, me aleja cada vez m&aacute;s de eso. A veces, intento abrazarme a la idea de tener una pareja fija al menos, pero todos los j&oacute;venes como yo, incluy&eacute;ndome, tenemos un mambo indomable con la libertad: no sabemos qu&eacute; hacer con ella, pero no queremos perderla por nada. Amamos las grandes pasiones que nunca duran m&aacute;s que un par de semanas. Quiz&aacute;s cambiemos de opini&oacute;n cuando la belleza nos sea un ente ajeno y no propio, y cuando el miedo a la soledad de la noche, nos caiga encima como una losa de hormig&oacute;n. De ser as&iacute;, no creo que me importe mucho, dar&iacute;a igual. Aunque me pase el resto de mi vida estucando arruguitas.<\/p>\n<p>Donde vivo ahora, hay tazas sin limpiar y botellas de alcohol por todo el monoambiente. Cada superficie capaz de sostener una, est&aacute; ocupada. Hay ropa m&iacute;a y ajena tapando el sill&oacute;n, copando la cama, ocultando el piso de madera. Est&aacute; sucia y arrugada, y no tiene posibilidades m&aacute;s all&aacute; de un lavado urgente. El esmalte rosado de mis u&ntilde;as est&aacute; saltado en cada uno de mis diez dedos formando siluetas sin uniformidad. Todo est&aacute; desubicado y errado, vencido o simplemente confuso. Me caigo de la cama y desciendo sobre una monta&ntilde;a de ropa usada. Cambio varias veces de posici&oacute;n, pero finalmente opto por la primera y quedo boca arriba. Soy un zombi adormilado por la baja presi&oacute;n y la bronca de no estar en la playa todav&iacute;a, dentro de un peque&ntilde;o infierno h&uacute;medo. A la fuerza quiero darle los &ldquo;buenos d&iacute;as ma&ntilde;aneros&rdquo; a la &ldquo;cotorra (vagina)&rdquo;, como suelo hacer seguido.<\/p>\n<p>Abro los ojos y miro el techo blanco. &iquest;Por d&oacute;nde empiezo a solucionar todo esto? Desde que me mud&eacute; sola las dudas existenciales se multiplicaron y las estructuras que se supone deb&iacute;an brindarme contenci&oacute;n no hacen m&aacute;s que resultar insatisfactorias. No entiendo c&oacute;mo se vive la vida cuando lo b&aacute;sico est&aacute; m&aacute;s o menos resuelto. No entiendo cu&aacute;l deber&iacute;a ser el objetivo ahora. &iquest;Cu&aacute;l es el &ldquo;pr&oacute;ximo nivel&rdquo;? &iquest;Para qu&eacute; estar una hora cortando verduras? &iquest;C&oacute;mo hago para no estar agotada todo el tiempo? Dejar de buscar ese falso y eternamente inconcluso sentido a tu existencia &ldquo;espantando a la pur&iacute;sima inmaculada&rdquo;. &iquest;Pero c&oacute;mo? La abstinencia bloquea mi respiraci&oacute;n cuando alargo la penitencia m&aacute;s de la mitad de una semana.<\/p>\n<p>Toda mi habitaci&oacute;n huele a marihuana y a restos de c&oacute;pula del d&iacute;a y noche anterior, pero eso no quiere decir que me haya despertado esta ma&ntilde;ana realizada y con un humor excelente. Me levanto y noto que tengo el dibujo, deformado e infantil, de un falo en uno de mis gl&uacute;teos, y en el otro tengo una ilustraci&oacute;n detallada, casi acad&eacute;mica, de una vagina. Chad Kyle Brad (as&iacute; lo llamo yo), el chongo n&uacute;mero treinta que conoc&iacute; en el gimnasio y con el que me acost&eacute;, todav&iacute;a no se fue. Sigue durmiendo en el colch&oacute;n de resortes viejo con el que &ldquo;hicimos corromper a los santos&rdquo; ayer. Me acerco a &eacute;l para intentar despertarlo apoyando uno de mis pies sobre su mejilla izquierda, apretando los dedos sobre su cara, sin lograr nada. Luego hago lo mismo con sus costillas, y otra vez nada. Me acerco m&aacute;s para apretarle con cuidado los genitales usando mi mano izquierda. &mdash;&iexcl;Perro! &iexcl;Perro, levantate! &iexcl;Levantate, perro! Levantate y devolveme la bombacha violeta que ten&eacute;s puesta.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ay piba, no me jod&aacute;s ahora!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde me tiraste el corpi&ntilde;o?<\/p>\n<p>&mdash;Ay, &iquest;qu&eacute; se yo?<\/p>\n<p>&mdash;Ten&eacute;s que saber, mir&aacute; que yo tengo que ir a trabajar hoy con eso.<\/p>\n<p>&mdash;And&aacute; en bolas, o no vay&aacute;s.<\/p>\n<p>Me levanto de nuevo para darle una ligera patada en las posaderas. &mdash;&iexcl;Dale! Te ten&eacute;s que ir.<\/p>\n<p>&mdash;Na, me quedo ac&aacute; un rato m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;No, dale! &mdash;Vuelvo a patearlo en las posaderas&mdash;. Tu novio te mand&oacute; mensajes por el celular.<\/p>\n<p>&mdash;Ya no es mi novio, estamos peleados, &iquest;y cu&aacute;ndo fue que yo te dije que estoy con otro hombre?<\/p>\n<p>&mdash;Parec&iacute;a arrepentido con lo que escribi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No le hag&aacute;s caso, hoy est&aacute; as&iacute; y ma&ntilde;ana est&aacute; as&aacute;. Pero, &iexcl;&iquest;qu&eacute; hac&eacute;s leyendo mis cosas?! &mdash;Se levanta parcialmente del colch&oacute;n.<\/p>\n<p>Me cruzo de brazos y piernas. &mdash;&iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s vos todav&iacute;a en mi apartamento?<\/p>\n<p>&mdash;Ya me voy. Dejame que me tome una ducha nom&aacute;s. &iquest;No te quer&eacute;s ba&ntilde;ar conmigo? As&iacute; te sac&aacute;s lo que te dibuj&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Te cre&iacute; m&aacute;s maduro al principio.<\/p>\n<p>&mdash;Y yo antes te cre&iacute;a m&aacute;s amable, y m&aacute;s limpia tambi&eacute;n. Pero eso no quiere decir, que no haya sido un verdadero gusto conocerte.<\/p>\n<p>Me quedo un rato mir&aacute;ndolo y luego niego con la cabeza. &mdash;No, no me conoc&eacute;s todav&iacute;a; y es lo mejor para vos y para todos, que nadie llegue a conocerme de verdad, o en profundidad.<\/p>\n<p>&mdash;Tengo cosas mucho mejores que ofrecerte, adem&aacute;s de mi cuerpo.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, &iquest;s&iacute;? Yo no; y ah&iacute; est&aacute;, la enorme diferencia entre vos y yo.<\/p>\n<p>Se levanta para devolverme las bragas y me pregunta: &mdash;&iquest;Qui&eacute;n es Alonzo? &iquest;O qui&eacute;n es Lautaro? &iquest;Son la misma persona?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;Qu&eacute;?!<\/p>\n<p>&mdash;Te escuch&eacute; decir esos nombres durante la madrugada. No dejabas de moverte la pelvis contra la almohada. Casi no me dejaste dormir. &iexcl;&iquest;Por qu&eacute; no le pregunt&aacute;s, a ese Alonzo o a ese Lautaro, si alguno de ellos quiere hacer un tr&iacute;o con nosotros un d&iacute;a?!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Basta, basta, basta! &iexcl;No te quiero escuchar! &iexcl;Metete en la ba&ntilde;era, r&aacute;pido! &mdash;Exclamo nerviosa y avergonzada mientras lo empujo en direcci&oacute;n al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Ya, &iexcl;&iquest;c&oacute;mo dijiste que te apodabas, vos?!<\/p>\n<p>&mdash;Soy Daria. &iexcl;Daria Sabina Polina!<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;And&aacute;! &iexcl;Esos nombres que te pon&eacute;s!<\/p>\n<p>Mi adultez mal llevada y gestionada me resuelve, otra vez, a dejar el monoambiente y mis dilemas burgueses para ver si logro respirar mejor. Cierro la puerta con llave en un alivio inmenso por dejar atr&aacute;s todo el desastre del que soy en gran parte responsable. &ldquo;Despu&eacute;s lo arreglo&rdquo;, pienso, sabiendo que no voy a lavar ni un solo utensilio hasta que la cosa se ponga peor. Much&iacute;simo peor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Intent&eacute; abrazarme a las teolog&iacute;as y a las filosof&iacute;as espirituales, pero nunca terminaron de convencerme, aunque las respeto a casi todas por igual, y a quienes las creen. Intento abrazarme al m&aacute;s adulto de los vicios, pero ya empiezan a aburrirme un poco. Siempre es el mismo guion. Intent&eacute; abrazarme a la militancia pol&iacute;tica juvenil, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":14846,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":{"0":"post-41167","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-orgias-gangbang"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41167","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/14846"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41167"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41167\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41167"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41167"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41167"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}