{"id":41186,"date":"2023-03-03T23:00:00","date_gmt":"2023-03-03T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-03-03T23:00:00","modified_gmt":"2023-03-03T23:00:00","slug":"hoguera-de-banalidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/hoguera-de-banalidades\/","title":{"rendered":"Hoguera de banalidades"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41186\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Me ten&iacute;as loco de deseo, pero tambi&eacute;n de amor. Y s&eacute; perfectamente que era amor porque no dudaba un instante en hacer lo que fuera por hacerte sonre&iacute;r, por saber que estabas bien. Pero en &eacute;se momento, mientras pele&aacute;bamos con una furia que hasta entonces desconoc&iacute;a en ti, lo que me dominaba era el deseo, la urgente necesidad de arrancarte la ropa y llevarte a una famosa cama de aquel museo (tesoro nacional testigo de varias de nuestras gloriosas derrotas militares) para demostrarte por qu&eacute; las amantes de todos los presidentes de la rep&uacute;blica la han codiciado como un fetiche indispensable para su ego de trepadoras. Es un lugar com&uacute;n, pero algo de cierto hay en ellos: jam&aacute;s te hab&iacute;a visto tan descaradamente hermosa como esa noche en que pele&aacute;bamos mientras al otro lado de una pesada puerta transcurr&iacute;a el evento que hab&iacute;amos ayudado a organizar y del que particip&aacute;bamos en su coordinaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Tus ojos pasaban desconcertantemente del verde al &aacute;mbar veteado de azul, jam&aacute;s pens&eacute; que &eacute;se fen&oacute;meno pudiera ocurrir en la vida real. O quiz&aacute; eso percib&iacute; porque yo tambi&eacute;n estaba con la percepci&oacute;n alterada debido a la formidable pelea que sosten&iacute;amos. Nos dijimos las cosas m&aacute;s hirientes que pudimos pensar, ninguno de los dos sali&oacute; ileso aquella noche. Nos ignoramos hostilmente el resto de la noche y cada qui&eacute;n se qued&oacute; con sus heridas en silencio. Hasta all&iacute; hab&iacute;amos llegado y lo que segu&iacute;a, forzosamente, era un inevitable alejamiento.<\/p>\n<p>O eso pensaba la noche de la pelea mientras vaciaba meticulosamente un trago luego de otro sin poder emborracharme del todo de tanta ira y dolor que sent&iacute;a.<\/p>\n<p>Dos d&iacute;as despu&eacute;s me enviste un mensaje de texto: que fuera a tu casa, hab&iacute;a cosas que ten&iacute;amos qu&eacute; hablar. Ninguna buena conversaci&oacute;n empieza as&iacute; y pens&eacute; que tratabas de ser muy profesional y que la dichosa pl&aacute;tica ser&iacute;a de temas exclusivamente profesionales. Con tal de verte, era capaz de soportarte en tus peores estados de &aacute;nimo y vaya si los hab&iacute;a conocido todos ellos con precisi&oacute;n en los &uacute;ltimos meses. Sal&iacute; corriendo a tu casa, un penthouse ubicado en un famoso vecindario de ricos y poderosos en nuestra ciudad. Abriste la enorme puerta y me dejaste entrar. Estabas mortalmente seria, pens&eacute; que el agobiante calor de &eacute;se d&iacute;a te ten&iacute;a de mal humor.<\/p>\n<p>En realidad, hac&iacute;a meses que cualquier cosa te ten&iacute;a de un humor de perros. Tus maneras suaves y tu voz habitualmente muy controlada de nena bien educada en car&iacute;simos colegios privados &eacute;sta vez estaban notoriamente ausentes. Brusca, dura, con la voz m&aacute;s grave de tu tesitura normal y con la mirada encendida. El coraje no se te hab&iacute;a pasado y qued&oacute; demostrado de inmediato porque empezamos a pelear otra vez, casi en el punto en que dejamos la pelea dos d&iacute;as atr&aacute;s. Conforme la intensidad de la pelea sub&iacute;a me di cuenta de que no hab&iacute;a nadie m&aacute;s en tu penthouse porque nadie acudi&oacute; a ver qu&eacute; pasaba ante la ya muy escandalosa pelea que sosten&iacute;amos. Y eso me hizo sentir temor, a saber de qu&eacute; ser&iacute;as capaz en el paroxismo de la furia, siendo millonaria no te ser&iacute;a nada dif&iacute;cil salirte con la tuya si decid&iacute;as darme piso.<\/p>\n<p>Pero entonces sucedi&oacute; algo que por m&aacute;s intentos de reconstrucci&oacute;n de la memoria que hago, no consigo recordar con precisi&oacute;n: de una pelea terrible pasamos a estar enlazados en un abrazo furioso y unos besos rabiosos. Como si quisi&eacute;ramos callarnos el uno al otro con besos fren&eacute;ticos que nada ten&iacute;an de amor y mucho de deseo reprimido. Porque yo estaba loco de amor por ti, s&iacute;, pero tambi&eacute;n de deseo. Era una deliciosa tortura contemplarte casi a diario y perderme en tus ojos verdes, so&ntilde;ar con besar tu boca y delirar secretamente con tu cuerpo.<\/p>\n<p>Y ahora, en el peor de los momentos, estabas en mis brazos. Bes&aacute;ndome con ira infinita, abraz&aacute;ndome como si me echaras en cara que me abrazaras. Metiste un muslo entre mis piernas y nunca me qued&oacute; claro si era una caricia muy ruda o el intento de un rodillazo bien aplicado. A partir de &eacute;se punto, absolutamente todo me vino importando una reverenda tiznada. Te abrac&eacute; por la cintura peg&aacute;ndote con mucha fuerza a mi cuerpo mientras segu&iacute;a bes&aacute;ndote. M&aacute;s de una vez tem&iacute; que me arrancaras la lengua o un labio de una dentellada, pero imagino que ten&iacute;as el mismo temor y ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder ante el otro.<\/p>\n<p>Estaba seguro de recibir un golpe o un balazo al ponerte las manos en las nalgas que tantos delirios me hab&iacute;a provocado. Tu reacci&oacute;n fue empezar a abrirme la camisa desesperadamente y morderme el pecho con ganas de hacerme gritar de dolor o placer, no te interesaba cu&aacute;l de las dos. A su vez no quise esperar y met&iacute; una mano por los jeans ajustados que lucias como nadie buscando palpar la piel desnuda de tus nalgas. Me miraste con ira y me soltaste una muy bien asestada cachetada que no me inmut&oacute; porque con la otra mano sujet&eacute; firmemente el cabello de tu nuca oblig&aacute;ndote a echar la cabeza hacia atr&aacute;s y plant&aacute;ndote un iracundo beso mientras la mano que disfrutabas en las nalgas (tu respiraci&oacute;n y garganta te delataban) busc&oacute; tu culo y lo toc&oacute; por vez primera. Me dijiste que era un cabr&oacute;n.<\/p>\n<p>Saqu&eacute; la mano de tus nalgas y la ol&iacute;. Era exactamente el olor que pens&eacute; que ten&iacute;as: un sudor poderoso, enervante, a hembra cachonda y cogelona. La punta de mis dedos ven&iacute;a h&uacute;meda de tu vulva que ya estaba manando generosas cantidades de l&iacute;quido y ese fluido se juntaba con el sudor que corr&iacute;a en medio de tus nalgas.<\/p>\n<p>Ese mismo olor lo hab&iacute;a alcanzado a percibir muy lejanamente, casi adivin&aacute;ndolo, cuando en otros momentos estabas sentada junto a m&iacute; e intempestivamente te levantabas por algo, en &eacute;se preciso instante percib&iacute;a el fantasma de &eacute;se olor. No me dejaste seguir en mis cavilaciones de recuerdos baratos, me arrojaste sobre uno de los sillones de la sala de tu casa y me montaste, a&uacute;n los dos vestidos, y empezaste a frotar tu pelvis desesperadamente contra mi verga. Confirm&eacute; lo que llevaba mucho tiempo pensando: ten&iacute;as una fuerza f&iacute;sica temible, mujer delgada pero de poderosas piernas, caderas generosas, nalgas desafiantes, brazos en&eacute;rgicos y manos muy firmes, ten&iacute;as cuerpo y fuerza como si hicieras ejercicio, t&uacute;, que eras vergonzosamente perezosa.<\/p>\n<p>Ahora me jalabas del cabello de la nuca y me besabas los labios mordi&eacute;ndolos, met&iacute;as tu lengua en mis o&iacute;dos mientras me dec&iacute;as que era un cabr&oacute;n pero cualquiera que hubiera escuchado el tono en que lo dec&iacute;as habr&iacute;a pensado acertadamente que me insultabas con rabia. De tantos y tan en&eacute;rgicos tallones que nos d&aacute;bamos con los pantalones todav&iacute;a puestos pudimos sentir c&oacute;mo la temperatura de la tela de verdad sub&iacute;a.<\/p>\n<p>Bruscamente te cargu&eacute; sosteni&eacute;ndote de las axilas, te d&iacute; la vuelta y puse tu espalda en mi pecho, tus nalgas sobre mi verga y seguimos frot&aacute;ndonos, cogiendo sobre la ropa. Met&iacute; una mano para tocar tu vulva y al encontrar tu cl&iacute;toris enojada me jalaste en&eacute;rgicamente del cabello para que besara tu cuello. Casi te arroj&eacute; al sill&oacute;n, alcanzaste a detenerte y en &eacute;se instante aprovech&eacute; para bajarte los ajustados jeans que te caracterizaban. Te desesperaba que no bajaran tan veloz como hubieras querido. Con los jeans a media pierna, quedaste con una pantaleta blanca, satinada, y muy empapada de sudor y tus jugos vaginales. Te la baj&eacute; incr&eacute;dulo.<\/p>\n<p>Ante m&iacute; ten&iacute;a las nalgas de mis sue&ntilde;os. Blanqu&iacute;simas, m&aacute;s blancas que el resto de tu piel, tersas, firmes, olorosas. Las mord&iacute;, lam&iacute;, amas&eacute;, bes&eacute;, nalgue&eacute;, acarici&eacute; con mi rostro, no cesaba de recorrerlas con mis manos, con mis labios, con mi lengua, incr&eacute;dulo de tener la suerte y la dicha de poder hacerlo, pasaba mis manos firmemente desde la parte posterior de tus bell&iacute;simos muslos y ascend&iacute;a hasta el nacimientos de tus nalgas y all&iacute; mi mano se cerraba y apretaba con fuerza la carne tan deseada, tan amada, y mientras mis manos eran incapaces de soltar tus nalgas, mis labios comenzaron a recorrer tus muslos y a disfrutar tu sabor salado que hab&iacute;a dejado el sudor del d&iacute;a, te o&iacute;a gru&ntilde;ir, maldecir, decir palabrotas, hasta arqueabas la espalda. A tus nalgas parec&iacute;a que les estaba dedicando verdaderas plegarias de caricias y en cierta forma eso hac&iacute;a, era mostrar la infinita devoci&oacute;n que por ellas sent&iacute;a. Hiciste un ruido de fastidio y con un rudo golpe de tu cadera hiciste a un lado mi rostro y casi caigo al suelo. Abriste tus nalgas para ofrecerme tu culo, para que lo contemplara. Imperativamente me preguntaste que qu&eacute; estaba esperando.<\/p>\n<p>Nunca hab&iacute;a sentido la necesidad de lamer el culo de ninguna mujer. Hasta que percib&iacute; tu olor tiempo atr&aacute;s y supe instintivamente que buena parte de &eacute;se olor ven&iacute;a del sudor de tus nalgas y de tu culo. Supe lo que ten&iacute;a qu&eacute; hacer. Apart&eacute; tus manos, si tus nalgas iban a estar abiertas, ser&iacute;an mis manos las que las abrieran, ya bastante ten&iacute;as con tratar de sostenerte con esa inc&oacute;moda posici&oacute;n empinada.<\/p>\n<p>Lam&iacute; tu culo. Mam&eacute; tu sudor. Sabore&eacute; tu culo. Devor&eacute; tu culo. Goc&eacute; tu culo con mi boca. Bes&eacute; tu culo con la pasi&oacute;n que se besan los labios de una mujer deseada y amada. Goc&eacute; tu culo con mi lengua. Me volv&iacute; un adicto al sabor de tu culo, de tus nalgas, del sudor de tus nalgas y tu culo, al olor poderoso que emerg&iacute;a de entre tus nalgas y se mezclaba con el de tu entrepierna. Llen&eacute; tu culo de mi saliva. Lo piqu&eacute; con la lengua y reaccionabas relaj&aacute;ndolo y tens&aacute;ndolo. Tu vulva brillaba de tan lubricada que estabas, chorreabas lubricante, pero en &eacute;se momento no iba a dejar escapar el culo de mis sue&ntilde;os, que era el tuyo. Tu olor era fuerte pero afrodisiaco, se notaba que te hab&iacute;as ba&ntilde;ado por la ma&ntilde;ana y cargabas con el sudor del resto de d&iacute;a. Y la temperatura de la tarde no hac&iacute;a mas que aumentar y junto al muy atl&eacute;tico ejercicio que ya and&aacute;bamos haciendo sud&aacute;bamos tropicalmente. El sudor de tus nalgas y tu culo se mezclaba con mi saliva, la espalda de tu camiseta ten&iacute;a grandes manchones de sudor. Gem&iacute;as y gru&ntilde;&iacute;as al sentir c&oacute;mo devoraba tu culo, soltabas pu&ntilde;etazos al sill&oacute;n. Si disminu&iacute;a la intensidad de la voracidad con la que te com&iacute;a el culo, no dudabas en tomarme de los cabellos y jalarme violentamente al tiempo que me echabas las nalgas en la cara, exig&iacute;as que tu culo fuera besado, lamido, saboreado, adorado. Pocas cosas en la vida las hice con tanto entusiasmo como mamarte el culo y comerte las nalgas.<\/p>\n<p>Bruscamente te separaste y te sentaste en el taburete del piano que estaba all&iacute; junto a nosotros. Me pregunt&eacute; si &eacute;sos muebles hab&iacute;an sido testigos de escenas similares. Ten&iacute;as las nalgas desnudas y los pantalones a medio muslo, te ve&iacute;as cachonda, insaciable, vulgar, pornogr&aacute;fica, put&iacute;sima, sudabas deseo, apestabas a lujuria, tu carne blanca era infinitamente m&aacute;s apetitosa de lo que hubiera imaginado nunca y comprend&iacute; que la lista de los hombres y mujeres enloquecidos por tu carne, tu piel, tu olor y tu sabor deb&iacute;a ser singularmente larga y yo nom&aacute;s era el que acababa de agregarme al final. Con una rodilla a&uacute;n en el suelo, alcanc&eacute; tu pie izquierdo a&uacute;n calzado por tus cl&aacute;sicos tenis marineros y te lo quit&eacute;. Una lengua de aire c&aacute;lido y h&uacute;medo me lleg&oacute; a la cara viniendo del tenis reci&eacute;n quitado.<\/p>\n<p>Otro sue&ntilde;o hecho realidad (en medio de una demente realidad), tu pie, tus pies, ol&iacute;an a lo que sospech&eacute;: salados, sudorosos, nada qu&eacute; ver con olor a queso, era el olor a sudor, a calor, a fiebre. Lam&iacute; desesperadamente la planta de tu pie mientras te quitaba el tenis del otro pie. Met&iacute; mi lengua entre tus dedos minuciosamente mordiendo el dedo gordo y chupando el resto. Me mirabas incr&eacute;dula, iracunda, curiosa, anhelante, loca de deseo, enojada por desearme. Porque creo que eso era lo que te pasaba: estabas f&uacute;rica por desearme. A m&iacute;. No a uno de los de tu casta adinerada, no a uno de los de tu c&iacute;rculo social, no a uno de los que nacieron para gobernar y ser due&ntilde;os del pa&iacute;s, sino a m&iacute;, un Don Nadie, uno de los segundones que nacimos para hacerla de tus sirvientes. Y mord&iacute;a tu tal&oacute;n. Y besaba el empeine de tus pies. Lam&iacute; la planta de tus pies. Estaba en trance con el olor de tus pies. Mord&iacute;a tus tobillos. Y con un pie que colocaste en mi rostro, traicioneramente me aventaste.<\/p>\n<p>Te pusiste de pie, el taburete del piano estaba mojado por lo que man&oacute; de tu vulva y mi saliva que cubr&iacute;a tus nalgas y tu culo. Desafiante, te subiste los pantalones y caminaste con paso firme a las escaleras que conduc&iacute;an a los dormitorios y yo, que acababa de conocer tu piel desnuda, estaba extasiado de ver la natural sensualidad y belleza con la que te ve&iacute;as vestida y me preguntaba si no habr&iacute;a forma de coger con la ropa puesta. Al inicio de las escaleras me volteaste a ver. Elevaste ligeramente el rostro en un gesto que mezclaba desd&eacute;n, ira y lujuria. Era arrojarme un guante en la cara. Subiste gr&aacute;cil, veloz, como si no pesaras nada. Te segu&iacute;. Pasara lo que pasara, te iba a seguir a donde fuera. Apenas alcanc&eacute; a ver la habitaci&oacute;n a la que entraste.<\/p>\n<p>Me esperabas quit&aacute;ndote la camiseta con estudiada voluptuosidad. Luego te despojaste de los jeans y la pantaleta con id&eacute;ntica lubricidad. Te replicaba cada movimiento como en espejo. Jam&aacute;s dejabas de mirarme a los ojos, jam&aacute;s sonre&iacute;ste, jam&aacute;s cambi&oacute; la actitud de deseo hostil. Desnuda, arrancaste el cobertor de la cama de un en&eacute;rgico manotazo y subiste a ella, quedando de rodillas sobre el colch&oacute;n pero con la actitud desafiante que no variabas. Me sub&iacute; a la cama reflejando cada uno de tus movimientos. Parec&iacute;amos luchadores a la espera del primero movimiento del otro. Perd&iacute;. Me lanc&eacute; a besarte y abrazarte. Es lo que estabas esperando. Con una fuerza inaudita me derribaste sobre la cama y adoptaste la posici&oacute;n del 69.<\/p>\n<p>Aquello fue como la pel&iacute;cula: la agon&iacute;a y el &eacute;xtasis. Ten&iacute;a para m&iacute; tu vulva y tu culo, tus nalgas de ensue&ntilde;o, tu pubis rizado, tus labios hinchados, recorr&iacute;a tus piernas con mis manos y m&aacute;s de una vez tuve que luchar con viva fuerza contra tus muslos para evitar que me sofocaras. Masturbabas mi verga con extrema dureza, la mamabas con desesperaci&oacute;n. Me soltabas nalgadas dur&iacute;simas y manotazos violentos a los muslos, me ara&ntilde;abas las piernas. Te replicaba mordiendo tus muslos blanqu&iacute;simos y d&aacute;ndote nalgadas que dejaron rojas las que hac&iacute;a poco hab&iacute;a visto tan blancas. El flujo cristalino que manaba abundantemente de ti era espeso, sabroso, de fuerte olor. Pocas veces hab&iacute;a visto eso. Devor&eacute; entre el dolor y placer tu vulva rosada, hinchada, empapada. Quer&iacute;as ocultar tus gemidos gru&ntilde;endo, pero m&aacute;s de una vez mis caricias orales sobrepasaban tu capacidad de ocultar tus reacciones. Met&iacute; un dedo en tu culo y t&uacute;, en reacci&oacute;n, metiste dos en el m&iacute;o sin importarte si me dol&iacute;a o no.<\/p>\n<p>Quise hacerte rodar para ponerte en cuatro y meterte la verga. Dijiste que estaba pendejo si cre&iacute;a que yo decidir&iacute;a c&oacute;mo &iacute;bamos a coger. En reacci&oacute;n me mantuviste firme contra la cama y me montaste violentamente. A pesar de estar tan lubricada y los dos empapados de sudor, entrar fue algo doloroso. Estabas muy estrecha y sab&iacute;as usar tus m&uacute;sculos vaginales para apretar. Pero de inmediato empezaste a cabalgar en&eacute;rgicamente, furiosamente, desesperadamente. Tuve la certeza de que conmigo te estabas cobrando viejas cuentas de muchos alguienes m&aacute;s, no s&oacute;lo las m&iacute;as correspondientes a la pelea de dos d&iacute;as atr&aacute;s. Apenas entonces me dejaste tocar tus magn&iacute;ficas tetas, firmes, medianas, de pezones rozados y muy erectos y sobresalientes. Tomaste mis manos para que las agarrara y cada teta tuya cab&iacute;a perfectamente en mi mano. No quer&iacute;as que te las acariciara, quer&iacute;as que te las estrujara, que pellizcara sin misericordia tus pezones. Y si me negaba, rudamente y sin dejar de montarme, me apretabas los huevos en castigo y arreciabas el ritmo con el que me montabas. Sudabas intensamente y el poderoso olor de tu cuerpo sudado quedar&iacute;a impregnado en mi piel por semanas.<\/p>\n<p>Comenzaste a decir, a gritar, cosas en franc&eacute;s que, desde luego, no comprend&iacute;. Te viniste en medio de un grito espectacular. Sin hacer pausa alguna, te pusiste en cuatro y me miraste, una vez m&aacute;s, desafi&aacute;ndome. Te cog&iacute; rudamente, con extrema dureza, te met&iacute;a el pulgar sin piedad por el culo mientras mi verga te taladraba. Aprovechabas mis embestidas para alcanzar mis huevos y estrujarlos con sa&ntilde;a. Te nalgueaba dur&iacute;simamente y jalaba tu cabello por la nuca hasta obligarte a que me vieras. Rodamos al piso y all&iacute; seguimos en &eacute;sta que ya era decididamente una batalla. Acabamos con las rodillas quemadas por la alfombra. Seguimos contra una pared y te cog&iacute; dementemente mientras segu&iacute;as vociferando en franc&eacute;s mientras me ara&ntilde;abas la espalda y mord&iacute;as mi pecho. Perd&iacute; la cuenta de tus orgasmos y me vine dentro de ti varias veces, bajabas una de tus manos al sentir mi semen y al salir &eacute;ste de tu vagina lo tomabas con la palma y lo llevabas a tu boca sin dejar de mirarme. Yo estaba estupefacto, nada cuadraba, nada ten&iacute;a sentido.<\/p>\n<p>Cuando por fin nos detuvimos, porque nos ganaba ya el agotamiento, vimos al fin las ventanas tras las que pod&iacute;a apreciarse buena parte de la ciudad. Ya era de noche. Muy seria, sin ceremonias ni cambiar el hostil desd&eacute;n con el que me hab&iacute;as tratado desde hac&iacute;a meses, te levantaste a vestirte y dijiste que era hora de que me fuera y me miraste con extrema dureza esperando que cumpliera lo que no era un deseo sino una orden. Sonre&iacute;. Cuadraba con toda la escena. Era lo &uacute;nico coherente, lo &uacute;nico que ten&iacute;a sentido. Al menos tuve el buen tino de no decirte, en medio del delirio compartido que acab&aacute;bamos de vivir, que te amaba, que estaba perdida y locamente enamorado de ti, aunque no hay manera de que no te hayas dado cuenta desde antes.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, mucho tiempo despu&eacute;s, comprend&iacute; que tambi&eacute;n te hab&iacute;as enamorado de mi, pero como eso no estaba en tus planes, montabas en c&oacute;lera. Eras feliz de ligue en ligue, de acost&oacute;n en acost&oacute;n, una verga luego de otra, hola y adi&oacute;s, lo que te gustaba eran las relaciones superficiales, de pl&aacute;stico, dicho por ti misma. No quer&iacute;as ni necesitabas enamorarte y menos de un pelagatos como yo. Pero sucedi&oacute;. A partir de ese instante, ninguno de los dos supo qu&eacute; hacer, ninguno quiso retroceder pero tampoco supimos avanzar; tu cuantiosa fortuna me agobiaba y mi falta de recursos te horrorizaba y el peso de eso, mas la presi&oacute;n social, decidi&oacute; m&aacute;s que cualquier otra cosa que antes nos hubiera unido de alguna manera. Tard&eacute; en comprender que los amores desgraciados son una verdadera banalidad y no la tragedia inconmensurable que suponemos. Ignoro si soy uno de tus secretos mejor guardados o soy la confesi&oacute;n que a muy poca gente le has hecho.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Me ten&iacute;as loco de deseo, pero tambi&eacute;n de amor. Y s&eacute; perfectamente que era amor porque no dudaba un instante en hacer lo que fuera por hacerte sonre&iacute;r, por saber que estabas bien. 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