{"id":41237,"date":"2023-03-10T23:00:00","date_gmt":"2023-03-10T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-03-10T23:00:00","modified_gmt":"2023-03-10T23:00:00","slug":"antes-de-las-vacaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/antes-de-las-vacaciones\/","title":{"rendered":"Antes de las vacaciones"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41237\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 37<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Si Iv&aacute;n echaba la vista atr&aacute;s en el tiempo apenas pod&iacute;a evocar uno o dos momentos donde no estuviese con Sergio, y casi todos se limitaban a los momentos normales donde tus amigos no pueden estar contigo. El resto del tiempo, en especial los largos meses estivales, se hab&iacute;an grabado en su memoria a fuego, siempre se&ntilde;alados por la presencia de sus compa&ntilde;eros. Si al acto de echar la vista atr&aacute;s le a&ntilde;ad&iacute;a tambi&eacute;n una buena dosis de sinceridad, ten&iacute;a que admitir que no era frecuente que las amistades infantiles se extendiesen hasta la edad adulta, pero, contra todo pron&oacute;stico, ah&iacute; estaba la suya con Sergio. La excepci&oacute;n que confirmaba la regla.<\/p>\n<p>Inclin&aacute;ndose dentro de su armario para alcanzar las camisetas que ten&iacute;a m&aacute;s al fondo intent&oacute; apartar esa difusa sensaci&oacute;n de nostalgia que se hab&iacute;a abatido sobre &eacute;l desde que despertase escasas horas antes. Con veinti&uacute;n a&ntilde;os no se deber&iacute;a experimentar nostalgia, la nostalgia era cosa de ancianos que rememoran los buenos tiempos, no de la gente joven con todo el futuro por delante. El curso universitario estaba terminando, ten&iacute;a la certeza de haber aprobado todas las asignaturas (quiz&aacute; no con las notas esperadas en una o dos de ellas) y en tan solo una hora se iba a reunir con Sergio para celebrar el &ldquo;juernes&rdquo; por todo lo alto. Madrid pod&iacute;a ser un monstruo de ruido, tr&aacute;fico congestionado y multitudes durante el d&iacute;a, pero por las noches su vida nocturna no hallaba apenas rival en la geograf&iacute;a espa&ntilde;ola. Y nadie mejor que Sergio para encontrar los mejores locales.<\/p>\n<p>Descartando la und&eacute;cima camisa Iv&aacute;n dio un gru&ntilde;ido y se dej&oacute; caer sobre la cama, todav&iacute;a sin hacer. Uno de los motivos de sus nervios era la mala costumbre que ten&iacute;a Sergio de hacer planes, pero no decir nunca qu&eacute; actividad hab&iacute;a elegido. La mayor&iacute;a de las veces era un enorme acierto que les conduc&iacute;a a aventuras divertidas, como la vez que acabaron por error en una playa remota cercana a Santander, a los pies de un pueblo que ni siquiera deb&iacute;a contar con cien habitantes. Sobre el papel el plan sonaba a aburrimiento mortal, pero en el fondo hab&iacute;an podido hacer cuanto hab&iacute;an querido, desde acampar a preparar una hoguera en torno a la cual se hab&iacute;an reunido todos, riendo como chiquillos tras una travesura.<\/p>\n<p>De aquel viaje conservaba sobre todo sensaciones. Rumor de olas chocando contra una playa serena y tranquila. Chillidos agudos de aves marinas sobrevolando la l&iacute;nea de la costa. Crepitar de una hoguera cuyas brasas mor&iacute;an lentamente. Conversaciones y risas que se elevaban sobre la arena y el fuego, cargadas de diversi&oacute;n y complicidad. Confesiones susurradas en una peque&ntilde;a tienda de campa&ntilde;a de lona gris y azul. Gemidos amortiguados y el r&iacute;tmico entrechocar de los cuerpos que se encuentran en una penumbra casi completa. Olor a agua salada, arena caliente, algas verdes empujadas a la costa por la marea, humo y piel limpia sobre &eacute;l. La ardiente emoci&oacute;n de la entrega, y el desconcierto posterior cuando ambos actuaron como si nada de aquello hubiese tenido lugar, como si el silencio hubiera estado pactado de antemano. Tan solo en las primeras horas hab&iacute;a experimentado cierta vacilaci&oacute;n por parte de Sergio, pero al final ambos hab&iacute;an dejado que el momento se esfumase.<\/p>\n<p>Aquella primera vez que se acostaron en la playa estableci&oacute; una extra&ntilde;a din&aacute;mica que a&uacute;n no consegu&iacute;a comprender. Cada cierto tiempo acud&iacute;an el uno al otro, busc&aacute;ndose con tanta desesperaci&oacute;n como podr&iacute;an buscar un trago de agua helada en momentos de gran sed. Normalmente era su amigo el que iniciaba esa extra&ntilde;a danza, presintiendo quiz&aacute;, m&aacute;s por conocerle como la palma de su mano que por intuici&oacute;n, su intenso deseo. Y &eacute;l, actuando movido por impulsos que escapaban por completo a su control, se entregaba con tanto fervor como le era posible. Y las horas se deslizaban sobre ambos en una neblina de sudor, hormonas y buen sexo. O al menos as&iacute; hab&iacute;a sido las tres primeras veces, contando la de la playa. Ahora Iv&aacute;n ansiaba m&aacute;s, y todo ten&iacute;a que ver con un peque&ntilde;o secreto, descubierto por pura casualidad, y en el que deseaba ser incluido con todas sus fuerzas.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a visto la caja por primera vez despu&eacute;s de una de esas intensas noches de pasi&oacute;n. La cuarta que pasaban juntos. Si la hab&iacute;a visto, si se hab&iacute;a fijado en ella, era porque no era una caja sin m&aacute;s, no, era m&aacute;s bien un enorme ba&uacute;l cuya forma emulaba la de un amplificador de guitarra de gran tama&ntilde;o, de un negro reluciente y con aristas cromadas en negro. Habr&iacute;a dado el pego, de no saber Iv&aacute;n que entre los muchos talentos de su amigo no figuraba la m&uacute;sica, y de no haber visto las bisagras que abr&iacute;an la tapa. La curiosidad se hab&iacute;a instalado en su mente y hab&iacute;a estado tentado de abrirla, pero el decoro se lo hab&iacute;a impedido. Al menos la primera vez.<\/p>\n<p>La caja estaba dentro del armario, lugar ya de por s&iacute; privado e &iacute;ntimo al que hab&iacute;a tenido acceso solo porque necesitaba sacar una toalla limpia para &eacute;l. Iv&aacute;n le hab&iacute;a permitido buscarla &eacute;l mismo y eso revelaba una confianza que no quer&iacute;a traicionar, pero la curiosidad se hac&iacute;a cada vez m&aacute;s fuerte. Era una caja demasiado grande, demasiado adornada incluso, contuviera lo que contuviese ten&iacute;a que ser algo especial, algo muy valorado. Al pasar la mano por su superficie fr&iacute;a supo que ten&iacute;a que abrirla, total, lo m&aacute;s seguro era que no contuviese nada importante, ning&uacute;n secreto oscuro o vergonzoso. Seguramente no era m&aacute;s que una maleta para viajes con una forma graciosa.<\/p>\n<p>Echando un vistazo furtivo a la puerta por donde hab&iacute;a desaparecido su amigo accion&oacute; el cierre, cubri&eacute;ndolo con su mano para ahogar el chasquido que hizo al soltarse. La tapa gir&oacute; sobre los goznes sin un solo ruido y revel&oacute; el contenido del ba&uacute;l, como un buen prestidigitador haciendo un truco de manos. Los objetos de dentro saltaron a los ojos sorprendidos de Iv&aacute;n, tan abiertos que cualquiera habr&iacute;a podido contar las irregulares motas avellanas dentro de sus iris verdes. El que m&aacute;s hab&iacute;a llamado la atenci&oacute;n era el arn&eacute;s. Una pulcra equis de cuero negro en cuyo centro hab&iacute;a un grueso aro de metal que actuaba a modo de cierre. Apartando el arn&eacute;s con cuidado pudo ver un par de juegos de esposas, unas cuantas palas, varios juguetes que no supo catalogar y formas y colores de herramientas que no lleg&oacute; a definir, semiocultas por el resto de pertrechos que abarrotaban el caj&oacute;n.<\/p>\n<p>Los pasos de su amigo en el pasillo le hab&iacute;an sacado de su ensimismamiento. Cerr&oacute; la tapa con rapidez, agarr&oacute; la primera toalla que encontr&oacute; y consigui&oacute; cerrar el armario sin dar un portazo. Por un momento pens&oacute; que le descubrir&iacute;a, que le acusar&iacute;a de espiarle y violar su intimidad, pero se limit&oacute; a preguntarle si hab&iacute;a visto su cargador. Iv&aacute;n todav&iacute;a recordaba con sorpresa lo natural que le hab&iacute;a salido la voz al responderle que no, que no lo hab&iacute;a visto, antes de irse derecho a la ducha. Tras aquello hab&iacute;a logrado aparentar normalidad hasta que se hab&iacute;a despedido de Sergio y hab&iacute;a vuelto a su casa, donde por fin se rompi&oacute; el dique que hab&iacute;a contenido sus err&aacute;ticos pensamientos.<\/p>\n<p>Entre todo el caos mental dos ideas parec&iacute;an salir a flote con m&aacute;s frecuencia que el resto: la primera era un interrogante para el que no ten&iacute;a respuesta; la segunda era que estaba celoso. Terriblemente celoso. Apartando los celos a un lado consigui&oacute; fijar su atenci&oacute;n en la pregunta que consideraba que ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil de responder, y era, sencillamente, c&oacute;mo no se hab&iacute;a dado cuenta antes de lo que realmente le gustaba a Sergio. Sus encuentros siempre hab&iacute;an sido apasionados, y le hab&iacute;a dejado tomar el control como algo natural. Sergio se impon&iacute;a y &eacute;l ced&iacute;a como respuesta autom&aacute;tica. Y le encantaba, s&iacute;, pero a pesar de disfrutar enormemente cediendo las riendas, una parte, una esquina de su mente, masticaba de forma insidiosa la idea de que quiz&aacute; eso no fuese suficiente, que quiz&aacute; por eso nunca hab&iacute;an hablado de lo que pasaba entre ambos, y que quiz&aacute; por eso tuviese todo ese caj&oacute;n secreto. Y, si ten&iacute;a esa caja, tambi&eacute;n tendr&iacute;a alguien con quien usarla.<\/p>\n<p>Ese pensamiento le hab&iacute;a puesto enfermo. Hab&iacute;a acabado por ignorarle, empuj&aacute;ndole a patadas hasta el fondo de su subconsciente. Era m&aacute;s sencillo que lidiar con la inmensidad de sensaciones a las que no pod&iacute;a dar nombre y que le atacaban en oleadas cada vez que pensaba en eso. Ni siquiera en la piscina, cuando hac&iacute;a un largo tras otro para el equipo de nataci&oacute;n de la universidad, consegu&iacute;a que su mente abandonase por completo el tema. Volv&iacute;a a ello como un perro obsesionado con un hueso viejo. A tanto lleg&oacute; la obsesi&oacute;n que al final se hart&oacute;. Refugiado en el cuarto de la residencia donde viv&iacute;a ech&oacute; el pestillo a la puerta, confiando en que nadie le molestar&iacute;a, e inici&oacute; una minuciosa b&uacute;squeda en internet de todo cuanto hab&iacute;a visto en aquella caja.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a sido la mejor parte, de lejos. Ataduras de todo tipo, no solo con cuerdas, inmovilizaciones, azotes, castigos y recompensas, dolor y mucho placer mezclados de una forma tan sublime que a menudo uno se disolv&iacute;a dentro del otro. Chats enteros dedicados a ello, literatura, pel&iacute;culas y porno. Much&iacute;simo porno del que se convirti&oacute; en &aacute;vido consumidor, siempre fantaseando con ser &eacute;l quien estuviera en esa situaci&oacute;n. Delante de Sergio. De rodillas a sus pies. Siempre que imaginaba esa escena deb&iacute;a tumbarse en la cama, desnudarse de cintura para abajo y masturbarse. El orgasmo era casi inmediato, bastaba con que cerrase los ojos e imaginase a su amigo con aquel arn&eacute;s de cuero negro.<\/p>\n<p>Sus fantas&iacute;as escalaban despacio, pero sin detenerse nunca, siempre con Sergio en el papel central de todas ellas. Sin embargo, aunque hab&iacute;a descubierto que ten&iacute;a mucho en com&uacute;n con su amigo, su relaci&oacute;n parec&iacute;a haber vuelto a los cauces normales de la amistad. Tan solo se hab&iacute;an vuelto a acostar una &uacute;nica vez m&aacute;s, la quinta, y despu&eacute;s nunca hab&iacute;a vuelto a lanzarse sobre &eacute;l pese a que en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n se hab&iacute;a insinuado. Sergio parec&iacute;a indiferente a cuantos intentos hac&iacute;a, desde la &uacute;ltima noche que se fueron juntos a la cama, cuando se le hab&iacute;a escapado la s&uacute;plica de que le diese unos azotes. Volv&iacute;an a estar en junio, con las vacaciones casi encima y la triste certeza de que era muy probable que no volviese a pasar nada entre ellos si no romp&iacute;a, de alg&uacute;n modo, de cualquier modo, el silencio del que era c&oacute;mplice.<\/p>\n<p>La alarma de su m&oacute;vil consigui&oacute; arrancarle del mundo del recuerdo. Mascullando con furia ech&oacute; un vistazo a su habitaci&oacute;n y rescat&oacute; una camiseta de manga corta con un degradado de colores que iba del blanco al verde oscuro, un vaquero corto por las rodillas de color beige y unas deportivas tambi&eacute;n blancas. Podr&iacute;a haber elegido lo mismo sin dejar su cuarto como si hubiese pasado un hurac&aacute;n por &eacute;l, pero nada como la presi&oacute;n para ayudar a agilizar el proceso de toma de decisiones. En una &uacute;nica zancada larga se plant&oacute; en el peque&ntilde;o aseo, agradecido por haberse duchado por la ma&ntilde;ana, y se examin&oacute; en el espejo. Sus claros ojos verdes le devolvieron la mirada y estudiaron su rostro. Girando a ambos lados la cabeza se estudi&oacute; la cuidada barba de dos d&iacute;as que procuraba dejarse siempre, confiando en que ayudar&iacute;a a darle un aire m&aacute;s rudo a su mand&iacute;bula. Se atus&oacute; el pelo, del mismo tono que el ma&iacute;z maduro, con los dedos y un poco de agua y ech&oacute; hacia atr&aacute;s los cortos mechones. Con un suspiro de frustraci&oacute;n termin&oacute; por aplicar un poco de cera para definirles y mantenerles en su sitio y se roci&oacute; las axilas con desodorante. Por suerte ten&iacute;a un f&iacute;sico envidiable, bien tonificado gracias a la nataci&oacute;n.<\/p>\n<p>Consultando de nuevo la hora en su m&oacute;vil dirigi&oacute; sus largas zancadas a la parada de autob&uacute;s m&aacute;s cercano. Aunque llegar&iacute;a tarde ni se le pas&oacute; por la cabeza la idea de coger un taxi. Hacer semejante estupidez en Madrid supon&iacute;a condenarse a una hora atrapado en alg&uacute;n embotellamiento y a gastarse pr&aacute;cticamente todo el dinero de la noche en ese escueto viaje. De todos modos, sus amigos sab&iacute;an que era propenso a llegar con retraso. Pr&aacute;cticamente contaban con ello siempre que hac&iacute;an planes. Se ape&oacute; del veh&iacute;culo casi veinte minutos despu&eacute;s junto con otras seis o siete personas que siguieron su camino mientras &eacute;l se encaminaba a la peque&ntilde;a plazoleta donde hab&iacute;a quedado con los dem&aacute;s y con Sergio. Un punto de encuentro equidistante de las casas de todos. Para su sorpresa y alegr&iacute;a, tan solo se pasaba cinco minutos de la hora acordada. Apret&oacute; m&aacute;s el paso, pues, aunque le hab&iacute;a visto esta ma&ntilde;ana, de pronto sent&iacute;a una a&ntilde;oranza extra&ntilde;a de definir.<\/p>\n<p>Sergio ya estaba ah&iacute;, puntual como un reloj suizo. Apoyado en el respaldo de madera de un banco desvencijado su postura relajada resaltaba la delgadez natural de su cuerpo, de miembros largos y fibrosos, pero no especialmente fuertes. Su piel cremosa y suave contrastaba contra la camisa de manga corta que hab&iacute;a elegido, de un intenso color azul marino. Sus vaqueros deshilachados y est&eacute;ticamente agujereados, m&aacute;s cortos que los elegidos por Iv&aacute;n, ense&ntilde;aban unas piernas delgadas y libres de vello, rematadas por unas Converse azules bastante baqueteadas y que empezaban a romperse cerca de la goma. Con una sonrisa record&oacute; la negativa tajante de su amigo a reemplazar sus amadas zapatillas hasta que la suela literalmente se ca&iacute;a a pedazos. Sus inconfundibles rizos morenos, apretados como el&aacute;sticos muelles de azabache, estaban malamente contenidos dentro de un mo&ntilde;o en lo alto de su cabeza, tan tentador como prohibido. A Iv&aacute;n le encantaba hundir sus dedos en el pelo de Sergio, esponjoso como la lana pero much&iacute;simo m&aacute;s suave. El problema era que su amigo lo detestaba.<\/p>\n<p>En el momento en que ya casi podr&iacute;a haberle tocado de haber querido, se ech&oacute; a re&iacute;r con ganas. Una risa franca, alegre y exuberante que sacudi&oacute; su cuerpo menudo de arriba abajo. Iv&aacute;n mir&oacute; a Alba, una compa&ntilde;era de la universidad y amiga, y la dirigi&oacute; un breve saludo con la mano antes de palmear la espalda de su amigo, que segu&iacute;a ri&eacute;ndose. Sergio se gir&oacute; para mirarle, con los ojos a&uacute;n h&uacute;medos por la risa que empezaba a remitir. Esos ojos sorprendentes, de un intenso tono gris plomizo y rodeados de unas pesta&ntilde;as tan densas y negras que casi parec&iacute;an artificiales. Sin duda unos ojos hermosos, pero extra&ntilde;os. Sergio se irgui&oacute; en su estatura, no m&aacute;s de un metro setenta y cinco y bastante por debajo del uno ochenta y seis de Iv&aacute;n, aunque su abultada melena rizada le a&ntilde;ad&iacute;a unos cuantos cent&iacute;metros de propina; y dio un par de pu&ntilde;etazos amistosos en el b&iacute;ceps del joven que ensanch&oacute; su sonrisa, a la espera de que le hiciesen part&iacute;cipe de la broma.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;De qu&eacute; os re&iacute;s, cretinos? &ndash;brome&oacute; Iv&aacute;n saludando a Alba con dos besos.<\/p>\n<p>&ndash;Oh, de nada, de nada importante. S&oacute;lo le contaba a Sergio que al profesor ese que siempre va con el de estad&iacute;stica se le han ca&iacute;do las gafas al plato de sopa mientras com&iacute;a. Ha puesto perdidos a todos en la mesa.<\/p>\n<p>La an&eacute;cdota en s&iacute; no ten&iacute;a nada de particular o ingeniosa, pero todos volvieron a estallar en carcajadas al imaginar la escena. A ellos pronto se sumaron Marta y Lucas, quienes tambi&eacute;n se rieron en cuanto Alba les hizo part&iacute;cipes del chascarrillo. Cuando por fin pararon de re&iacute;r ten&iacute;an flato y se doblaban sobre s&iacute; mismos, con las l&aacute;grimas escurriendo mejillas abajo. Por fin Sergio se incorpor&oacute;, con las manos en las lumbares para disminuir la punzada que sent&iacute;a en el costado, y dando un par de golpes al suelo con el pie llam&oacute; al orden.<\/p>\n<p>&ndash;Vamos, os va a encantar lo que tengo pensado.<\/p>\n<p>Ah&iacute; estaba, mand&oacute;n como siempre y con una sonrisa ilusionada en la cara. Los dem&aacute;s elevaron fingidas protestas, pero Iv&aacute;n no. Se limit&oacute; a situarse a su lado, rezagado tan solo unos mil&iacute;metros y, aunque sonre&iacute;a, la expresi&oacute;n de sus ojos parec&iacute;a indicar claramente que estar&iacute;a dispuesto a seguirle hasta el fin del mundo si se lo pidiese. Sergio le palme&oacute; el brazo por encima del codo como agradecimiento por lo que consider&oacute; s&oacute;lo inter&eacute;s en el plan y ech&oacute; a andar entre risas y bromas, principalmente dirigidas contra otro de sus compa&ntilde;eros, ausente por no haber terminado a&uacute;n los ex&aacute;menes. Del habitual grupo de cinco que sol&iacute;an ser, Rodrigo era el &uacute;nico que estaba estudiando un doble grado en estudios internacionales y derecho. Se mataba a estudiar, pero no parec&iacute;a importarle demasiado. De hecho, Sergio ten&iacute;a la firme creencia de que disfrutaba m&aacute;s rodeado de apuntes que de sus amigos de carne y hueso.<\/p>\n<p>Sergio mir&oacute; de reojo a Iv&aacute;n, que conversaba animadamente con Alba sobre el nuevo novio de esta. Al principio se hab&iacute;a sentido ligeramente decepcionado cuando se enter&oacute; de que su amigo se decantaba por la historia como carrera. Al menos hasta que &eacute;l mismo empez&oacute; trabajo social, su aut&eacute;ntica vocaci&oacute;n. Iv&aacute;n aspiraba a ser profesor y le encantaba ense&ntilde;ar, era paciente, atento y detectaba con facilidad qui&eacute;n necesitaba m&aacute;s ayuda y quien se limitaba a hacer el vago. Y ni siquiera con ese intento de barba que hab&iacute;a adoptado &uacute;ltimamente consegu&iacute;a dejar de transmitir la imagen de ser un pedazo de pan. Verle tan feliz con su grado como sab&iacute;a que estaba le compensaba de sobra el perder seis horas al d&iacute;a a su lado, aunque nada pudiese hacer con la otra amarga sensaci&oacute;n que arrastraba desde el verano pasado.<\/p>\n<p>Guiando a sus amigos les condujo a una sala bastante peque&ntilde;a, custodiada por un portero que ten&iacute;a m&aacute;s pinta de h&iacute;pster que de guardi&aacute;n de una discoteca. Se limit&oacute; a revisar el m&oacute;vil de Sergio y a dejarles pasar con un gesto aburrido. Los cinco j&oacute;venes se apelotonaron y entraron juntos, siendo recibidos por una fren&eacute;tica m&uacute;sica en vivo con obvias reminiscencias del pasado, de los locos a&ntilde;os veinte. Sobre un escenario min&uacute;sculo una banda tocaba versiones jazz de canciones m&aacute;s o menos modernas, d&aacute;ndoles tant&iacute;simo ritmo que el cuerpo empezaba a bailar autom&aacute;ticamente. Contra las paredes hab&iacute;a algunas mesas y sillas, en su mayor&iacute;a desocupadas pero llenas de vasos vac&iacute;os. El centro de la estancia estaba lleno de bailarines que se mov&iacute;an sin descanso, incluso los m&uacute;sicos bailaban a la vez que tocaban.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; es esto? &ndash;pregunt&oacute; Lucas intentando que Marta no le arrastrase a la pista.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;T&uacute; qu&eacute; crees? M&uacute;sica jazz en vivo. Rel&aacute;jate y ponte a bailar.<\/p>\n<p>Sergio le dio un empuj&oacute;n entre risas y le sigui&oacute; hasta la pista. Se mov&iacute;a con agilidad y a pesar de su menudo tama&ntilde;o sus movimientos resultaban seguros y fluidos. Iv&aacute;n se situ&oacute; a su lado, con Marta y Alba animando a Lucas a que se soltase, entre risas y gritos de &aacute;nimo. La m&uacute;sica se aceleraba y relajaba de forma aleatoria, a capricho de los m&uacute;sicos de jazz que parec&iacute;an disfrutar tanto como los chicos. Iv&aacute;n no habr&iacute;a sabido precisar cu&aacute;nto tiempo pas&oacute; antes de retirarse a la barra a pedir una botella de agua, acalorado y sudoroso.<\/p>\n<p>Sergio sigui&oacute; su estela, aprovech&aacute;ndose de la mayor corpulencia de su amigo para abrirse paso hasta la barra. Una vez all&iacute; pidi&oacute; un refresco de lim&oacute;n, apoy&aacute;ndose en la madera pegajosa del frontal de la barra. Iv&aacute;n se le qued&oacute; mirando fijamente. Unos cuantos rizos se hab&iacute;an escapado de su mo&ntilde;o y ahora oscilaban libres a ambos lados de su cara. Ten&iacute;a la piel brillante por el sudor y la camisa oscura se pegaba a su pecho fino y delgado. Sin poder evitarlo recogi&oacute; uno de los rizos fugados y lo ech&oacute; hacia atr&aacute;s, recogi&eacute;ndolo detr&aacute;s de la oreja. Se inclin&oacute; sobre su amigo, acercando su cara a la del joven que no apart&oacute; la mirada de la suya. Para su consternaci&oacute;n, cuando ya solo les separaban unos pocos cent&iacute;metros, Sergio retrocedi&oacute; un paso.<\/p>\n<p>&ndash;Disfrutemos de la noche, &iquest;de acuerdo? Sin complicaciones y sin rollos extra&ntilde;os. Y si ma&ntilde;ana tienes ganas podemos hablar.<\/p>\n<p>Le dej&oacute; plantado en la barra. Acerc&aacute;ndose a sus amigos y bailando como si no hubiera pasado nada. Iv&aacute;n no ten&iacute;a ganas de seguir con la fiesta, pero sus amigos se lo estaban pasando muy bien y retirarse s&oacute;lo le habr&iacute;a servido para amargarles la noche a todos, por lo que intent&oacute; integrarse nuevamente, aunque sus movimientos eran r&iacute;gidos y m&aacute;s torpes que antes. Por fortuna nadie pareci&oacute; notarlo y Sergio se comport&oacute; como siempre. Su comportamiento le desconcertaba y solo con pensar en que quer&iacute;a hablar y el contenido de dicha charla no contribu&iacute;a a mejorar su humor. Tan solo esperaba no haber destrozado su amistad. Si lo que iba a decirle se resum&iacute;a en que acostarse hab&iacute;a sido un error, esperaba que al menos quisiera conservar la amistad.<\/p>\n<p>Ni siquiera pudo conciliar el sue&ntilde;o. Tumbado en la cama daba vueltas y m&aacute;s vueltas, pensando en lo que ser&iacute;a, en lo que podr&iacute;a ser y en lo que hab&iacute;a sido. Aceptar&iacute;a cualquier cosa a cambio de no perderle como amigo. Eso era clave, la &uacute;nica clave importante. No perderle. Ni siquiera sab&iacute;a bien a qu&eacute; hora deb&iacute;a ir a su piso, un diminuto apartamento que con solo treinta y dos metros cuadrados parec&iacute;a m&aacute;s una caja de cerillas que un verdadero piso. Al preguntarle a qu&eacute; hora deb&iacute;a ir Sergio se hab&iacute;a limitado a decirle que cuando le viniese bien, sin darle mayor importancia. Sab&iacute;a de sobra que su amigo no pensaba acudir a clase, y &eacute;l empezaba a pensar que tambi&eacute;n terminar&iacute;a por salt&aacute;rselas, con tal de no prolongar la angustia. Por fin, tras giros y giros, consigui&oacute; quedarse dormido por fin.<\/p>\n<p>Se despert&oacute; pasadas las diez de la ma&ntilde;ana. Ni siquiera hab&iacute;a escuchado la alarma de su m&oacute;vil. Deteni&eacute;ndose tan solo a revisar que no tuviese mensajes vol&oacute; a la ducha y a vestirse, sacando una camiseta gris arrugada del mont&oacute;n de las que hab&iacute;a descartado la noche antes y unos vaqueros azules bastante m&aacute;s cortos de los que sol&iacute;a llevar, que le cubr&iacute;an tan solo hasta medio muslo. Se calz&oacute; sus deportivas y meti&oacute; el m&oacute;vil y las llaves en el bolsillo del vaquero, por fortuna bastante grande, antes de salir corriendo de casa. Ni siquiera aminor&oacute; cuando lleg&oacute; al cruce frente al portal de su amigo, gan&aacute;ndose unos cuantos pitidos irritados y varios insultos. Llam&oacute; cuatro veces al timbre y aguard&oacute; impaciente a que su amigo le abriese la puerta. La ansiedad volv&iacute;a a apretarle el est&oacute;mago.<\/p>\n<p>El ascensor, un viejo trasto de los tiempos de la posguerra como m&iacute;nimo, se le antoj&oacute; lent&iacute;simo, pero le permiti&oacute; prepararse un poco para lo que fuera que viniese. Sergio le esperaba, apoyado en el quicio de la puerta y vestido con unos pantalones de ch&aacute;ndal cortados por encima de las rodillas y una vieja camiseta, tan larga que le cubr&iacute;a hasta la mitad del muslo e imped&iacute;a precisar cualquier rasgo de su cuerpo. Su espesa melena rizada estaba suelta y alborotada, y a la luz del sol que entraba directamente por la ventana permit&iacute;a apreciar que su tono no era realmente negro, sino el mismo marr&oacute;n muy oscuro que el del caf&eacute; solo.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n entr&oacute; en el peque&ntilde;o piso detr&aacute;s de Sergio, sin decir una sola palabra salvo &ldquo;hola&rdquo;. Sergio se dej&oacute; caer en el sof&aacute; y apag&oacute; el televisor, que hab&iacute;a estado encendido emitiendo una serie de comedia bastante mala. El joven se sent&oacute; a su lado, con las manos entre las rodillas y apret&aacute;ndose los nudillos con tanta fuerza que se le pusieron blancos. Su amigo le cogi&oacute; las manos y se las separ&oacute; con suavidad, impidiendo que se hiciese da&ntilde;o con las u&ntilde;as.<\/p>\n<p>&ndash;D&eacute;jalas sueltas, y no est&eacute;s tan nervioso.<\/p>\n<p>Consigui&oacute; obedecer a la primera orden. La segunda quedaba completamente fuera de su alcance, por lo que se limit&oacute; a lanzarse, igual que se lanzaba a la piscina los d&iacute;as que acud&iacute;a a nadar.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;De qu&eacute; quer&iacute;as hablar?<\/p>\n<p>Pod&iacute;a sentir sus ojos grises clavados en su cara, pero era incapaz de levantar la mirada y enfrentarlos. Sinti&oacute; como Sergio retiraba la mano que hab&iacute;a dejado sobre las suyas y como suspiraba y se acomodaba en el sof&aacute;. Cuando habl&oacute;, su voz era suave y controlada.<\/p>\n<p>&ndash;Quiero salir contigo. Como pareja. Me gustas y quiero salir contigo, pero creo que t&uacute; no quieres lo mismo. Si solo quieres sexo sin compromiso quiero saberlo, igual que si prefieres que seamos solo amigos, pero lo que ha pasado este a&ntilde;o&hellip; no me gusta. No es lo que quiero.<\/p>\n<p>Esta vez s&iacute; pudo mirarle. At&oacute;nito y boquiabierto se le qued&oacute; mirando. Incapaz de articular palabra. Trag&oacute; saliva intentando deshacer el nudo que sent&iacute;a en su garganta y abri&oacute; la boca para hablar. No consigui&oacute; producir nada salvo un sonido extra&ntilde;o y estrangulado, semejante a un chirrido. Sergio sonri&oacute;, pero no habl&oacute;. Se limit&oacute; a coger una taza llena de zumo de manzana que ten&iacute;a encima de la mesa y a dar un par de tragos.<\/p>\n<p>&ndash;Yo pens&eacute; que s&oacute;lo quer&iacute;as&hellip; sexo. Nunca dijiste nada y pens&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Lo intent&eacute;, desde el primer d&iacute;a en la playa. Pero te pusiste nervioso y cre&iacute; que lo mejor era esperar un poco m&aacute;s. Y despu&eacute;s repetimos y repetimos y no parec&iacute;a que quisieses hablar de nada, pens&eacute; que estabas bien con la situaci&oacute;n, pero yo no. A mi me gustas, y si no quieres salir conmigo me gustar&iacute;a al menos saber qu&eacute; quieres.<\/p>\n<p>Una c&aacute;lida sensaci&oacute;n brot&oacute; de su pecho y le calde&oacute; el cuerpo entero. Suspir&oacute; y por primera vez desde que le hab&iacute;a dicho que quer&iacute;a hablar pudo inspirar hondo. Sinti&eacute;ndose repentinamente travieso sonri&oacute; y relaj&oacute; su postura, cruzando una pierna sobre la otra.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Si digo que s&iacute; me dejar&aacute;s tocarte el afro? Pero tocar de verdad.<\/p>\n<p>&ndash;Quiz&aacute; s&iacute;, quiz&aacute; no &ndash;respondi&oacute; sonriendo divertido&ndash;, pero seguro que te dejo tocarme m&aacute;s cosas.<\/p>\n<p>&ndash;Entonces digo que s&iacute;. S&iacute;, saldr&eacute; contigo. Ser&eacute; tu novio.<\/p>\n<p>Inclin&aacute;ndose hacia delante agarr&oacute; la cara de Iv&aacute;n con ambas manos que se qued&oacute; muy quieto, como un ciervo deslumbrado por los faros de un coche. Sergio apret&oacute; sus labios contra los del joven, que abri&oacute; los suyos y le permiti&oacute; el acceso a su boca. Su lengua c&aacute;lida y h&uacute;meda se abri&oacute; camino, avanzando por la boca de Iv&aacute;n que llev&oacute; sus dedos al espeso cabello de su ahora novio que le rodeo la cintura con sus brazos delgados estrech&aacute;ndole m&aacute;s contra s&iacute;. Iv&aacute;n se maravill&oacute; de la textura de los rizos, tan espesos, suaves y mullidos que apenas pod&iacute;a llegar al fondo de semejante mara&ntilde;a. Desliz&oacute; las manos hacia abajo mientras Sergio clavaba sus peque&ntilde;os dientes, regulares y parejos, en su labio inferior. Los rizos se deshicieron bajo sus manos para saltar y recuperar su forma cuando dej&oacute; de estirarles.<\/p>\n<p>Se separaron entre jadeos, pero ni Iv&aacute;n sac&oacute; las manos de la melena de Sergio, ni este solt&oacute; la cintura de Iv&aacute;n. El chico acarici&oacute; los espesos muelles de la cabellera de su amigo y se inclin&oacute; para darle un suave beso, r&aacute;pido y breve, el que se qued&oacute; a deber la noche anterior. Sergio le sonri&oacute; y le atrajo m&aacute;s hacia &eacute;l, acariciando su espalda de arriba abajo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Puedo hacerte una pregunta?<\/p>\n<p>&ndash;Claro, la que quieras &ndash;respondi&oacute; Iv&aacute;n sonriendo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; nunca me dijiste nada? O hablaste conmigo, si pensabas como yo.<\/p>\n<p>&ndash;No lo s&eacute;, no sab&iacute;a si querr&iacute;as algo o si solo quer&iacute;as sexo. No quer&iacute;a perder la amistad.<\/p>\n<p>Sergio asinti&oacute; y sigui&oacute; acarici&aacute;ndole la espalda. Iv&aacute;n se arm&oacute; de valor, mirando esos ojos grises tan claros y fascinantes.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Puedo hacerte yo una pregunta?<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, por supuesto. Dime.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Por qu&eacute;&hellip;? &iquest;Por qu&eacute; nunca has usado conmigo lo que tienes en ese caj&oacute;n?<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; caj&oacute;n?<\/p>\n<p>Las caricias se detuvieron al tiempo que ambos se separaban. Las manos de Iv&aacute;n cayeron lacias a ambos lados de su cuerpo. Sergio mir&oacute; con suspicacia a Iv&aacute;n que pareci&oacute; encogerse ligeramente. Con la cabeza gacha y sin mirarle directamente volvi&oacute; a hablar, de manera apresurada y a trompicones.<\/p>\n<p>&ndash;No pretend&iacute;a espiar, en serio. No fue algo intencionado. Solo vi en tu armario un ampli, un ampli de guitarra &iquest;sabes? Y me result&oacute; raro porque t&uacute; no sabes tocar la guitarra el&eacute;ctrica. Me acerqu&eacute; a verle y vi que era una caja con forma de ampli, y no pude evitarlo. La abr&iacute; y vi lo que hab&iacute;a dentro. Pens&eacute; que me dir&iacute;as algo o que lo usar&iacute;as en alg&uacute;n momento. Pero al final nunca lo has hecho y no s&eacute;, &iquest;no quieres usarlo conmigo? &iquest;es por algo en concreto?<\/p>\n<p>Sergio frunci&oacute; el ce&ntilde;o y hundi&oacute; sus dedos en su espesa melena de rizos, alborot&aacute;ndoles en todas las direcciones y jugando con los el&aacute;sticos muelles.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Te gusta ese rollo?<\/p>\n<p>&ndash;No al principio, cuando lo vi. Luego llegu&eacute; a casa, me puse a buscar cosas, a mirar en p&aacute;ginas y&hellip; &ndash;un vivo rubor ascendi&oacute; por su piel como una intensa llamarada de calor, coloreando su cuello y alcanzando sus mejillas&ndash;. Me gust&oacute; lo que vi, y pens&eacute; que podr&iacute;amos&hellip; juntos, si t&uacute; quieres tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Podr&iacute;as hab&eacute;rmelo dicho, ya veo que te va &ndash;dijo Sergio conteniendo la risa y con los dedos entrelazados tras la nuca, contempl&aacute;ndole con satisfacci&oacute;n y regode&aacute;ndose en el delicioso sofoco que le incendiaba la piel.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n se encogi&oacute; de hombros, esos hombros anchos de nadador consumado. Sab&iacute;a de sobras que Sergio le estaba provocando y de muy mala manera, pero se sent&iacute;a tan encantado por el hecho que se someti&oacute; al instante. Su pene empezaba a responder dentro de sus pantalones mientras por su cabeza desfilaban los cientos de escenarios que se hab&iacute;a imaginado en los meses pasados.<\/p>\n<p>&ndash;Intent&eacute; ser&hellip; sutil. Cuando descubr&iacute; que me gustaba de verdad t&uacute; ya no parec&iacute;as querer acostarte conmigo. Y cuando te ped&iacute; azotes&hellip; me ignoraste, no s&eacute;, pens&eacute; que no quer&iacute;as algo as&iacute; conmigo o que&hellip; &ndash;se interrumpi&oacute; abochornado.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;O que qu&eacute;? Dime.<\/p>\n<p>&ndash;Que lo hab&iacute;a malinterpretado y t&uacute; no eras&hellip; &ndash;carraspe&oacute; y al final se lanz&oacute;&ndash; que t&uacute; no eras dominante.<\/p>\n<p>La sonrisa de Sergio se hab&iacute;a vuelto juguetona y confer&iacute;a a su rostro una expresi&oacute;n ladina que no consegu&iacute;a tapar la dulzura de su mirada. Iv&aacute;n estaba adorable, tal y como hab&iacute;a so&ntilde;ado con tenerle: sumiso, d&oacute;cil y complaciente. Descruz&oacute; las piernas y se inclin&oacute; hacia adelante, apoyando las manos en sus rodillas para poder mirar desde cerca al chico.<\/p>\n<p>&ndash;P&iacute;demelo bien. P&iacute;deme que te lleve a la cama y que use mis juguetes contigo. No te di esos azotes entonces porque no estaba seguro de si lo ped&iacute;as s&oacute;lo por el ardor del momento o si hab&iacute;a algo m&aacute;s detr&aacute;s de tu petici&oacute;n &ndash;explic&oacute; con voz suave, aunque implacable&ndash;; pero ahora tengo claro que, aunque fuera seas todo un macho, un gran atleta, un gran nadador e intentes ir de duro, en la cama s&oacute;lo deseas que alguien te mantenga en tu sitio. Y ese sitio es de rodillas y a mis &oacute;rdenes. As&iacute; que, adelante, p&iacute;delo bien.<\/p>\n<p>El pulso de Iv&aacute;n se hab&iacute;a acelerado de forma incre&iacute;ble. Su coraz&oacute;n golpeteaba contra sus costillas de manera fren&eacute;tica y ten&iacute;a una visible erecci&oacute;n en los pantalones cortos. Ligeramente avergonzado intent&oacute; cubrirse con las manos, pero Sergio las detuvo antes de que pudiese hacerlo. La intensidad de su mirada parec&iacute;a atravesarle, quemarle incluso. Se mordisque&oacute; el labio y finalmente sonri&oacute;, una sonrisa ancha en la que pod&iacute;a verse aceptaci&oacute;n y el deseo irresistible de ceder el mando. Con las mejillas encendidas como calderas se arriesg&oacute; a mirarle directamente a los ojos, verde contra gris, y se inclin&oacute; hacia adelante para darle un suave beso antes de responder.<\/p>\n<p>&ndash;Quiero que me lleves a la cama, quiero que me hagas tuyo, estar de rodillas y&hellip; &ndash;tuvo que tomar aire, invadido de una s&uacute;bita timidez, antes de continuar&ndash;: quiero que uses esos juguetes que guardas en la caja con forma de ampli. Todos ellos.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;gueme.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n pod&iacute;a nadar mucho, matarse a hacer deporte y tonificar el cuerpo musculoso y atl&eacute;tico que ten&iacute;a, pero nunca podr&iacute;a igualar la econom&iacute;a y gracilidad de movimientos de Sergio, producto en parte de un cuerpo m&aacute;s peque&ntilde;o y delgado, pero tambi&eacute;n a su seguridad en s&iacute; mismo. Le precedi&oacute; al dormitorio con pasos cortos pero en&eacute;rgicos y le indic&oacute; la cama con un gesto imperioso. El joven tom&oacute; asiento y le observ&oacute; sacar la caja del armario y depositarla en el suelo con un bufido. Ten&iacute;a pinta de ser pesada, pero no le pidi&oacute; ayuda y &eacute;l no se atrevi&oacute; a ofrecerse. Se limit&oacute; a quedarse sentado, a la espera, sintiendo crecer la excitaci&oacute;n en su interior. Sergio sac&oacute; una capucha de cuero que Iv&aacute;n no hab&iacute;a visto en su &uacute;nico y breve primer vistazo, pero que reconoci&oacute; sin esfuerzo gracias a su investigaci&oacute;n previa, y una soga larga, muy larga y de color rojo. Arroj&oacute; ambos pertrechos a la cama, al lado del chico, y baj&oacute; las persianas. El cuarto se qued&oacute; en penumbra y de nuevo se dispar&oacute; el pulso de Iv&aacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Adelante, desn&uacute;date.<\/p>\n<p>Su tono de voz era suave, casi un susurro, pero encerraba tant&iacute;sima fuerza que ni siquiera se le pas&oacute; por la cabeza la idea de desobedecer. Poni&eacute;ndose en pie se sac&oacute; la camiseta por la cabeza, revelando un torso musculoso y bien proporcionado, de l&iacute;neas marcadas y m&uacute;sculos ondulantes bajo la piel cremosa. Con cierta duda la dej&oacute; sobre el escritorio y se sac&oacute; despu&eacute;s las zapatillas. Sergio le contemplaba en silencio, sus ojos de acero recorr&iacute;an su cuerpo de arriba abajo y una leve sonrisa asomaba a sus labios carnosos. Iv&aacute;n desabroch&oacute; sus vaqueros y los dej&oacute; caer al suelo, seguidos por sus b&oacute;xers. Su pene salt&oacute; hacia delante, duro y firme, mostrando sus buenos diecinueve cent&iacute;metros.<\/p>\n<p>&ndash;Buen chico. Vuelve a sentarte y qu&eacute;date quieto.<\/p>\n<p>Se dej&oacute; caer en la cama sin una sola protesta. Cuando Iv&aacute;n se acerc&oacute; a &eacute;l le lleg&oacute; el aroma del suavizante que usaba en su colada, su jab&oacute;n y su champ&uacute;. Nada de desodorante ni perfumes, solo el olor de la piel limpia. Se sinti&oacute; tentado de levantar las manos y acariciarle, pero resisti&oacute; el impulso y se limit&oacute; a dejarlas entre sus piernas, mirando confiado al joven que se inclin&oacute; y recogi&oacute; la m&aacute;scara. Ahuecando el cuero con las manos solt&oacute; la cremallera trasera y abri&oacute; las que cerraban las aberturas para los ojos y la boca, de forma que el primer impacto no fuese tan claustrof&oacute;bico. El cuero ol&iacute;a a nuevo y no presentaba ninguna marca de uso. Antes de que se la pusiera se ech&oacute; hacia atr&aacute;s de repente.<\/p>\n<p>&ndash;Espera, &iquest;lo has&hellip; lo has usado con alguien antes?<\/p>\n<p>La mirada que le dirigi&oacute;, entre divertida e irritada, le despej&oacute; cualquier duda y se sinti&oacute; muy est&uacute;pido por haber preguntado siquiera. Sergio le acarici&oacute; el pelo, inclin&aacute;ndose para darle un beso r&aacute;pido en la frente.<\/p>\n<p>&ndash;Todo es nuevo. Vas a estrenarlo t&uacute;. T&uacute; eres con quien siempre he querido hacer todo esto, solo t&uacute;.<\/p>\n<p>La c&aacute;lida sensaci&oacute;n que floreci&oacute; en su pecho nada ten&iacute;a que ver con la verg&uuml;enza de antes. Se relaj&oacute; y antes de que pudiese formular alguna otra objeci&oacute;n Sergio desliz&oacute; el objeto de cuero por su cabeza. Tard&oacute; un poco en ajustar la ce&ntilde;ida m&aacute;scara, pero cuando lo consigui&oacute; y subi&oacute; de nuevo la cremallera trasera el el&aacute;stico material se ci&ntilde;&oacute; a la perfecci&oacute;n a su cr&aacute;neo, pegando sus orejas al hueso y dificultando notablemente su audici&oacute;n. Todav&iacute;a pod&iacute;a o&iacute;r, pero no con la misma claridad que antes. Pens&oacute; que tambi&eacute;n le cerrar&iacute;a las restantes cremalleras, pero rebusc&oacute; en la caja y sac&oacute; una cl&aacute;sica mordaza de bola, de intenso color rojo y no demasiado grande. Resultaba evidente que se hab&iacute;a dise&ntilde;ado para poderse usar conjuntamente.<\/p>\n<p>A pesar de su reducido tama&ntilde;o, la estrecha abertura dejada por la cremallera de la m&aacute;scara complic&oacute; ligeramente la tarea de ajustarla; sin embargo, esa misma estrechez facilit&oacute; que mantuviese la boca perfectamente inmovilizada y bien llena, pues la mordaza imped&iacute;a que cerrase la mand&iacute;bula y la m&aacute;scara de cuero que la abriese. Iv&aacute;n mir&oacute; a Sergio que sonri&oacute; y agarrando la cremallera sobre los ojos del chico la desliz&oacute; con suavidad hacia un lado, trabando los dientes de metal y dej&aacute;ndole en la m&aacute;s absoluta oscuridad. Las estrechas ranuras que le permit&iacute;an tomar aire ol&iacute;an intensamente a cuero, y hasta que su olfato se acostumbrase e ignorase el olor, era todo cuanto pod&iacute;a percibir.<\/p>\n<p>Desnudo y sentado en la cama ni siquiera sab&iacute;a d&oacute;nde estaba Sergio. Una sensaci&oacute;n de vulnerabilidad se apoder&oacute; de &eacute;l y se qued&oacute; m&aacute;s quieto si cab&iacute;a, sin atreverse a mover ni un solo m&uacute;sculo. Por su parte, Sergio desenroll&oacute; la larga cuerda y la acarici&oacute; entre sus dedos. Suave y sedosa, de tela y no de fibra, era id&oacute;nea para inmovilizar sin causar roces o levantar la piel. Nunca hab&iacute;a probado ninguna atadura demasiado compleja, pero confiaba en ser capaz de seguir un tutorial con relativa facilidad, por lo que agarr&oacute; a Iv&aacute;n del antebrazo y dej&aacute;ndole de pie coloc&oacute; su Tablet de modo que pudiese verla bien y tras encontrar una atadura convincente, se puso manos a la obra.<\/p>\n<p>Pausando el v&iacute;deo cada vez que dudaba, se tom&oacute; su tiempo. Iv&aacute;n solo notaba la larga cuerda desliz&aacute;ndose por su cuerpo, ajustada a sus m&uacute;sculos y a sus formas. Bajando, subiendo, bajando otra vez, pasando por su espalda y de vuelta a sus caderas, entre sus piernas y sobre el vientre. No ten&iacute;a ni idea de lo que su ahora pareja hac&iacute;a con &eacute;l pero no ten&iacute;a miedo, tan solo curiosidad y el deseo de poder ver el resultado. Por su parte, Sergio intentaba mantener la concentraci&oacute;n para no equivocarse con el intrincado patr&oacute;n de nudos y pasadas. Tirando de las cuerdas una &uacute;ltima vez dio un paso atr&aacute;s y admir&oacute; su obra.<\/p>\n<p>El cuerpo perfecto de su novio estaba envuelto en la cuerda, que se hincaba en su carne lo suficiente como para inmovilizarle, pero no lo bastante como para causarle da&ntilde;o. Sus pectorales grandes y definidos quedaban rodeados y resaltados por las pasadas de cuerda, que creaban un curioso arn&eacute;s que descend&iacute;a despu&eacute;s por la espalda hasta pasar por las ingles, rodear las caderas y la estrecha cintura y volver al pecho ascendiendo por los abdominales, de forma que el pene erecto y los test&iacute;culos quedaban encerrados en un tri&aacute;ngulo de cuerda por delante, y las nalgas separadas por un doblez de la misma. El remate eran las prolongaciones sueltas a la espalda, que le permit&iacute;an inmovilizar los brazos o las piernas o ambas extremidades a la vez, sin soltar por ello los nudos del tronco.<\/p>\n<p>Satisfecho con el resultado le ayud&oacute; a llegar a la cama donde le tumb&oacute; boca arriba, dobl&aacute;ndole las piernas y atando las mu&ntilde;ecas a los tobillos, de forma que no pudiese incorporarse ni mucho menos cerrarlas. Con una ancha sonrisa en la cara comenz&oacute; a desplegar un variado surtido de juguetes sobre la cama, entre ellos vibradores de todos los tipos imaginables. Se sent&iacute;a muy orgulloso de su colecci&oacute;n, no le hab&iacute;a salido nada barata y le hab&iacute;a supuesto un gran sacrificio ahorrar todos los meses para ir a&ntilde;adiendo un nuevo juguete a su caj&oacute;n, pero ahora se alegraba enormemente de ello. Pensaba disfrutarles todos, y la mejor manera para ello era con Iv&aacute;n, que aguardaba en silencio con la respiraci&oacute;n ligeramente agitada. No le coment&oacute; sus planes: ni era necesario ni la m&aacute;scara de cuero le hubiese permitido escucharlos salvo que le hubiese hablado directamente al o&iacute;do, casi gritando.<\/p>\n<p>Inspirando hondo para relajarse se quit&oacute; la ropa y se sent&oacute;, ya desnudo, entre las piernas abiertas de su amigo. Su pene erecto resultaba tentador, parec&iacute;a pedir a gritos ser acariciado o cabalgado, pero eso ser&iacute;a demasiado f&aacute;cil y r&aacute;pido. No, ten&iacute;a una idea mejor. Sin perder en ning&uacute;n momento la sonrisa rode&oacute; la base de los test&iacute;culos de Iv&aacute;n con una suave cinta de raso, hasta que quedaron apretados y tersos dentro de un escroto que pronto adquiri&oacute; una viva tonalidad rojiza. Asegur&aacute;ndose de no estar cort&aacute;ndole la circulaci&oacute;n les acarici&oacute;, inclin&aacute;ndose para poder pasar la lengua sobre ellos y disfrutando de la nueva textura. A diferencia de &eacute;l, Iv&aacute;n siempre iba completamente depilado, lo que le facilitaba enormemente la tarea que ten&iacute;a en mente.<\/p>\n<p>Dio un par de suaves palmaditas a los test&iacute;culos y elev&aacute;ndose sobre el cuerpo de su amigo alcanz&oacute; sus pezones. Tras acariciarles con los dedos llev&oacute; a ellos sus labios y les cubri&oacute; de besos. La piel sensible y de un tono rosado no tard&oacute; en responder a las caricias, endureciendo el delicado pez&oacute;n y resaltando la textura rugosa de la aureola. Mordiendo con suavidad el derecho recogi&oacute; de la cama unas pinzas met&aacute;licas unidas por una fina pero larga cadena y coloc&oacute; la primera en el izquierdo. Los peque&ntilde;os dientes met&aacute;licos se hundieron en la carne, apres&aacute;ndola con fuerza y enviando se&ntilde;ales de dolor que sin embargo se convert&iacute;an en placer. Iv&aacute;n dej&oacute; escapar unos cuantos gemidos, agudos y entrecortados, mientras intentaba mantenerse sereno. Estaba a merced de su amigo y la incertidumbre le manten&iacute;a en un estado de alerta continua, debido en parte a la privaci&oacute;n de buena parte de sus sentidos.<\/p>\n<p>Sacando de su boca el pez&oacute;n Sergio pas&oacute; su lengua sobre la aureola varias veces mientras acercaba la pinza muy despacio. En el &uacute;ltimo segundo, casi pill&aacute;ndose la punta de la lengua, dej&oacute; que el acero fr&iacute;o mordiese por fin el pez&oacute;n que a&uacute;n quedaba libre. Ambos quedaron unidos por la cadena que conectaba ambas pinzas, cadena que el joven se apresur&oacute; a agarrar y de la que tir&oacute; con suavidad hacia arriba. Las pinzas resistieron sin problemas y elevaron ambos pezones a la vez, clav&aacute;ndose m&aacute;s en la suave carne y desencadenando una cascada de gemidos que inundaron el peque&ntilde;o dormitorio. Sergio sonri&oacute; con suficiencia y bes&oacute; el cuello de Iv&aacute;n, acerc&aacute;ndose despu&eacute;s a su o&iacute;do.<\/p>\n<p>&ndash;No he hecho m&aacute;s que empezar y ya est&aacute;s gimiendo como nunca antes. Ten&iacute;a que haber sabido que esto te gustaba mucho antes, ahora tendr&eacute; que compensarte por los atrasos.<\/p>\n<p>Aunque su voz era suave y le llegaba ligeramente amortiguada por el cuero Iv&aacute;n se estremeci&oacute;. Lo deseaba tant&iacute;simo que mordi&oacute; con fuerza la mordaza, frustrado por no poder responder. Al momento not&oacute; hundirse de nuevo la cama entre sus piernas cuando Sergio volvi&oacute; a sentarse all&iacute; de nuevo, esta vez con un rollo de pinzas normales entre sus dedos. Las hab&iacute;a preparado mucho tiempo atr&aacute;s, uniendo unas a otras con un fino hilo de sedal. Tirar de cualquiera supon&iacute;a mover las dem&aacute;s. Coloc&oacute; la primera en el pubis, pellizcando la piel muy cerca de la base del pene, y fue distribuyendo el resto por el tronco, ascendiendo siempre en forma de V, hasta que las veinticinco pinzas estuvieron colocadas. Veintid&oacute;s de ellas en el tronco y tres en el pubis.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n gem&iacute;a y gem&iacute;a. Notaba los pellizcos de las pinzas por su cuerpo. Un breve instante de dolor que se amortiguaba en cuanto la piel se adormec&iacute;a, y que reviv&iacute;a conforme Sergio tiraba del sedal que las un&iacute;a, m&aacute;s intenso en las pinzas m&aacute;s cercanas al punto donde hab&iacute;a tirado, pero doloroso en toda su longitud. No le cost&oacute; demasiado caer en la cuenta de que eran pinzas. La certeza de ese hecho bast&oacute; para calentarle, las hab&iacute;a visto en infinidad de v&iacute;deos y ahora las usaban con &eacute;l. Gimote&oacute; cuando un nuevo tir&oacute;n, m&aacute;s fuerte esta vez, casi consigue arrancar varias de las pinzas. Su piel cremosa empezaba a presentar se&ntilde;ales rojizas y peque&ntilde;as marcas que Sergio acarici&oacute; con las yemas de los dedos.<\/p>\n<p>Dejando las pinzas en paz, se centr&oacute; de nuevo en el pene de Iv&aacute;n. Gotas de l&iacute;quido preseminal ca&iacute;an desde el orificio, desliz&aacute;ndose por su pene hasta sus presionados test&iacute;culos. Eligi&oacute; una brocha de maquillaje y tras untarla de lubricante la pas&oacute; desde el glande hasta la base, acariciando el frenillo en el camino. Los delicados pelos de la brocha cosquilleaban la piel hipersensible del &oacute;rgano, haciendo que el joven se retorciese y gimiese m&aacute;s alto. Para satisfacci&oacute;n de Sergio las cuerdas resistieron y le mantuvieron en el sitio, impidi&eacute;ndole moverse. Volvi&oacute; a pasar la brocha, extendiendo el lubricante en suaves caricias destinadas a enloquecer al chico. La sensaci&oacute;n era fant&aacute;stica y a la vez desquiciante, necesitaba m&aacute;s, su cuerpo le ped&iacute;a m&aacute;s. El contraste entre las delicadas pasadas sobre su pene y los tirones a las pinzas de los pezones y del resto del cuerpo le inundaban de sensaciones opuestas y a la vez complementarias: la exquisitez de las caricias contra la ferocidad de los pellizcos.<\/p>\n<p>La cabeza de la brocha pas&oacute; por el orificio. Sergio la hizo girar y los cientos de finos pelillos que la compon&iacute;an se movieron como locos sobre el glande, estimul&aacute;ndole en un sinf&iacute;n de cosquillas que tambi&eacute;n alcanzaron el orificio. Iv&aacute;n nunca hab&iacute;a sentido nada parecido, la sensaci&oacute;n se aproximaba ligeramente al orgasmo o tal vez fuese solo su mente saturada de emociones la que establec&iacute;a esa comparaci&oacute;n. Elev&oacute; las caderas cuanto le permitieron las cuerdas, deseando m&aacute;s, gimiendo e intentando suplicar a pesar de la mordaza. En cuanto sus caderas se elevaron la brocha se retir&oacute;, dej&aacute;ndole a medias. Sergio la volvi&oacute; a pasar esta vez hasta abajo, empapando de lubricante tambi&eacute;n los test&iacute;culos.<\/p>\n<p>Aferrando con su mano el pene del chico le masturb&oacute; arriba y abajo mientras apartaba la brocha. Notaba el calor que emanaba del &oacute;rgano en su mano, le sent&iacute;a palpitar al ritmo del acelerado coraz&oacute;n de Iv&aacute;n. Nunca le hab&iacute;a visto as&iacute;, tan duro y tan dispuesto. Pas&oacute; la lengua por sus labios e inclin&aacute;ndose sobre el pene escupi&oacute; directamente en el glande, sumando su saliva al lubricante. Escuchando los gemidos del joven apret&oacute; el pene con m&aacute;s fuerza y, ayudado por la gran cantidad de lubricante, le masturb&oacute; arriba y abajo, aumentando progresivamente la velocidad. Su mano corr&iacute;a con facilidad sobre la piel suave y caliente, mientras ve&iacute;a salir una gota de l&iacute;quido preseminal tras otra. Iv&aacute;n gem&iacute;a con fuerza, cada vez m&aacute;s seguido. Un gemido se superpon&iacute;a con otro y su cuerpo se agitaba y se retorc&iacute;a, contenido por las cuerdas que se clavaban m&aacute;s en su carne a cada movimiento.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n se debat&iacute;a, acerc&aacute;ndose al orgasmo a gran velocidad. Alzaba las caderas una y otra vez a pesar de que las cuerdas de su vientre se le clavaban cada vez que se mov&iacute;a, desesperado. Deseaba que Sergio le obligase a terminar, que le hiciera acabar para &eacute;l. Sus test&iacute;culos atados supon&iacute;an un leve impedimento f&aacute;cil de sortear, tan solo necesitaba un empujoncito m&aacute;s, s&oacute;lo un poco m&aacute;s. Entre fuertes gemidos se concentr&oacute; en el movimiento de la mano de Sergio, que sub&iacute;a hasta frotar el frenillo para terminar ascendiendo hasta el orificio, bajando por &uacute;ltimo hasta que golpeaba los test&iacute;culos con delicadeza. Estaba a punto, tan a punto que pod&iacute;a sentirlo. Hinc&oacute; los dientes en la mordaza, deseando poder sac&aacute;rsela para hablar y decirle lo mucho que gozaba cuando la mano que acariciaba su pene se retir&oacute; de golpe.<\/p>\n<p>La misma mano aferr&oacute; la base de los test&iacute;culos con fuerza mientras la otra palmeaba sus test&iacute;culos con m&aacute;s intensidad que antes, distray&eacute;ndole del orgasmo y dej&aacute;ndole justo al borde del orgasmo. La frustraci&oacute;n se acumul&oacute; en &eacute;l que gimote&oacute; y llorique&oacute;, intentando conseguir que Sergio se compadeciese de &eacute;l. Sin &eacute;xito. Sergio solt&oacute; una risilla, mirando a su novio atado y entregado. Sab&iacute;a lo que deseaba, sab&iacute;a que quer&iacute;a terminar, pero no, no a&uacute;n, no tan pronto. Agarr&oacute; un peque&ntilde;o vibrador no m&aacute;s grande que su pulgar, pero de gran potencia pese a eso, y escondi&eacute;ndolo dentro de su pu&ntilde;o lo encendi&oacute; y volvi&oacute; a masturbar a Iv&aacute;n.<\/p>\n<p>A las caricias de la mano de Sergio ahora se sumaba la vibraci&oacute;n continuada del peque&ntilde;o juguete. Los gemidos de Iv&aacute;n sonaron m&aacute;s altos, roncos, se atascaban en su garganta a causa de los jadeos que tambi&eacute;n profer&iacute;a y todo su cuerpo brillaba, cubierto de sudor. Tir&oacute; de las pinzas de los pezones al tiempo que manten&iacute;a el vibrador contra el frenillo. Ahora los test&iacute;culos estaban de un vivo color ladrillo y las venas se marcaban en la superficie del escroto. Les acarici&oacute; con la mano libre tras soltar la cadena de las pinzas. Los pezones ros&aacute;ceos hab&iacute;an adquirido un apetecible tono frambuesa y la mordaza de bola reluc&iacute;a por la saliva que la empapaba. Hizo subir y bajar el vibrador por toda la longitud del pene de Iv&aacute;n que volvi&oacute; a gemir, m&aacute;s alto, sacudiendo su cuerpo dentro de las prietas ataduras.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Quieres correrte? &ndash;le pregunt&oacute; divertido, acerc&aacute;ndose a su o&iacute;do para que le oyese.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n intent&oacute; articular una respuesta con todas sus fuerzas. Incluso consigui&oacute; emitir algo que pod&iacute;a tomarse por un &ldquo;s&iacute;&rdquo;. Sergio se rio implacable y el vibrador subi&oacute; y baj&oacute; de nuevo, deteni&eacute;ndose sobre los test&iacute;culos. Apret&oacute; los dedos en torno al tronco del pene del chico y tirone&oacute; del sedal que un&iacute;a las pinzas de su cuerpo, muy cerca de las tres del pubis.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No? Qu&eacute; pena&hellip; Bueno, mejor para m&iacute;, yo tampoco quiero que lo hagas.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n se sinti&oacute; al borde de las l&aacute;grimas. Se sacudi&oacute; y se revolvi&oacute; con furia, logrando &uacute;nicamente que el vibrador se escapase de la mano de Sergio y rodase hasta la cama, donde se qued&oacute; encendido, muy cerca de sus test&iacute;culos. Sergio le mir&oacute; con sorpresa y se apart&oacute; ligeramente. De no haber tenido puesta la capucha Iv&aacute;n tampoco habr&iacute;a podido distinguir nada en la expresi&oacute;n impert&eacute;rrita de su novio. Sergio se limpi&oacute; las manos con un pa&ntilde;uelo de papel y eligi&oacute; un masturbador de silicona. Nunca lo hab&iacute;a usado, pero al meter dentro uno de los dedos comprob&oacute; que las protuberancias de dentro se aferraban a su piel, tirando y soltando con solo moverse. Sonriendo de nuevo ech&oacute; una buena medida de lubricante dentro y se asegur&oacute; de que llegase hasta abajo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s pele&oacute;n eh? Qu&eacute; chico tan malo est&aacute;s hecho. Me parece que tendr&eacute; que ser m&aacute;s severo contigo.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n llorique&oacute; entre gemidos. Su excitaci&oacute;n estaba en niveles que nunca antes hab&iacute;a experimentado. No deseaba parar y a la vez deseaba correrse y que todo terminase; deseaba entregarse por completo, humillarse y pedir perd&oacute;n por haberse sacudido y sin embargo rebelarse hab&iacute;a sido un momento glorioso, a pesar de las consecuencias que ahora deb&iacute;a enfrentar. El masturbador de silicona estaba abierto por ambos extremos, sin duda alguna para permitir ventilaci&oacute;n y que el semen no se quedase ah&iacute; retenido tras su uso, pero Sergio emple&oacute; el orificio del final de manera bien distinta.<\/p>\n<p>Presionando con fuerza consigui&oacute; encajar el peque&ntilde;o vibrador en el agujero. Asegur&aacute;ndose de que no se saldr&iacute;a volvi&oacute; a introducir el dedo para comprobar si su idea funcionaba. Con una sonrisa ladina mordisque&oacute; el interior de los muslos de Iv&aacute;n que gimi&oacute;, no sabiendo bien qu&eacute; esperar. Sergio siempre hac&iacute;a algo parecido cuando estaba a punto de penetrarle. Algo inquieto por si era eso lo que pretend&iacute;a levant&oacute; la pelvis, facilit&aacute;ndole el acceso a pesar de todo. Para su sorpresa solo not&oacute; una leve presi&oacute;n en el glande de algo h&uacute;medo que se abr&iacute;a apenas una fracci&oacute;n de segundo antes de engullir por completo su pene.<\/p>\n<p>El masturbador de silicona vibraba gracias al a&ntilde;adido de Sergio, y la textura interior, llena de bultos y oquedades bastaba por si sola para volverle loco. Apresaba toda su longitud con fuerza, vibraba cerca de su glande con much&iacute;sima fuerza, pero la vibraci&oacute;n descend&iacute;a y bastaba para que la disposici&oacute;n de los relieves de dentro de la funda de silicona hiciese el resto. Era como recibir una felaci&oacute;n y una masturbaci&oacute;n a la vez. Sus gemidos se convirtieron en gritos, cada vez m&aacute;s altos. Ni siquiera la mordaza era capaz de contenerles. Sergio manipul&oacute; con habilidad el cierre de la mordaza, pero en lugar de liberar su boca se limit&oacute; a reemplazarla por una de aro, lo bastante grande como para poder penetrar su boca con comodidad sin que este pudiera resistirse.<\/p>\n<p>Colocando una pierna a cada lado del cuerpo de Iv&aacute;n, se agarr&oacute; al cabecero e introdujo su pene en la boca abierta del joven. La mordaza le permit&iacute;a mover la lengua, pero Sergio no prest&oacute; atenci&oacute;n a ese detalle, empujando hasta que sus test&iacute;culos reposaron contra la barbilla cubierta de cuero de Iv&aacute;n que gem&iacute;a sin parar. Manteni&eacute;ndose sujeto al cabecero con una &uacute;nica mano empez&oacute; a mover las caderas, a velocidad creciente. Aunque le hubiese gustado relajarse y disfrutar plenamente, con la otra mano se asegur&oacute; de mantener el tubo de silicona en su sitio, de forma que no solo &eacute;l disfrutase, como a&ntilde;adido, parte de su atenci&oacute;n se manten&iacute;a fija en Iv&aacute;n, controlando sus reacciones para impedirle alcanzar el orgasmo.<\/p>\n<p>Moviendo m&aacute;s deprisa las caderas introdujo su pene en la garganta del joven, que intent&oacute; reprimir con escaso &eacute;xito un par de arcadas. Sus test&iacute;culos chocaban contra la barbilla del chico mientras sus diecisiete cent&iacute;metros entraban y sal&iacute;an sin pausa. Con cada penetraci&oacute;n Iv&aacute;n se volv&iacute;a loco. Mov&iacute;a su lengua intentando acariciar cada cent&iacute;metro de piel que le llenaba la boca antes de que quedase fuera de su alcance. Ansiaba poder cerrar los labios, proporcionar m&aacute;s placer a Sergio que gem&iacute;a sobre &eacute;l mientras le controlaba, vigilando estrechamente que no llegase en ning&uacute;n momento a conseguir el tan ansiado alivio. De un brusco tir&oacute;n sali&oacute; de su boca y azot&oacute; con su pene la m&aacute;scara de cuero, deleit&aacute;ndose en el h&uacute;medo sonido que produjo. Agarrando con fuerza la funda de silicona tir&oacute; de ella, sac&aacute;ndola en el preciso momento en que Iv&aacute;n pensaba que por fin conseguir&iacute;a terminar.<\/p>\n<p>Los gritos de frustraci&oacute;n y placer se entremezclaron, saliendo libres gracias a la mordaza de aro que no les acallaba de ninguna manera. Sergio apoy&oacute; su mano sobre la boca abierta del joven y presion&oacute; hasta que estos cesaron, preocupado por si los vecinos escuchaban algo. Cuando sus gritos se convirtieron en suaves gemidos retir&oacute; su mano y solt&oacute; tambi&eacute;n la mordaza de aro. Dej&oacute; que el chico abriese y cerrase la boca un par de veces, destensando la mand&iacute;bula, antes de sostenerle por la barbilla y presionar la &uacute;ltima mordaza, y su favorita, contra sus labios. En lugar de una simple bola de silicona, un consolador de tama&ntilde;o mediano entr&oacute; en la boca abierta de Iv&aacute;n. No lo bastante grande como para causarle arcadas, pero s&iacute; lo suficiente como para obligarle a chupar y tragar si no quer&iacute;a atragantarse. Sus dientes se clavaron en el remate, con forma de bola convencional, y no pudo evitar gemir al notar como Sergio la apretaba m&aacute;s que las otras dos, llenando por entero su boca y anulando cualquier posibilidad de escape.<\/p>\n<p>En cuanto estuvo satisfecho con el resultado, Sergio volvi&oacute; a acomodarse entre las piernas de Iv&aacute;n. En la mu&ntilde;eca izquierda llevaba siempre una goma el&aacute;stica con la que recoger su abultada y rizada melena que agarr&oacute; con los dientes para poder emplear ambas manos en sujetar su mata de rizos. Con movimientos &aacute;giles y expertos recogi&oacute; todos los muelles en un prieto mo&ntilde;o afro que sujet&oacute; con la goma, asegur&aacute;ndose de que ninguno le cayese sobre la cara. Iv&aacute;n aguardaba impaciente, con el pene m&aacute;s duro que nunca y tan caliente que ni siquiera necesitaba tocarlo para percibir el calor que irradiaba. Las venas que antes apenas se marcaban ahora resaltaban como alambres bajo la piel, palpitando apenas imperceptiblemente. Sergio limpi&oacute; el lubricante con un papel y pas&oacute; la lengua por el glande, notando el sabor salado del l&iacute;quido preseminal del joven que gimi&oacute; al notar la caricia.<\/p>\n<p>Sabiendo que ahora le resultar&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil incluso que antes mantenerle bajo control, Sergio agarr&oacute; los test&iacute;culos de su novio por la base, apretando con m&aacute;s fuerza la lazada de raso que les sujetaba y asegur&aacute;ndose de mantenerles siempre bien prietos dentro de su mano. Baj&oacute; la cabeza despacio y el grueso trozo de carne se abri&oacute; camino por su boca, hasta llegar a su garganta. Iv&aacute;n le recompens&oacute; con un agudo gemido y una serie de espasmos de cadera involuntarios que le dejaban saber sin ninguna duda lo mucho que estaba disfrutando y a la vez lo insatisfactorio de ese goce. Cerrando m&aacute;s los labios en torno al pene del joven lami&oacute; todo su tronco una y otra vez hasta que lo sac&oacute; despacio de su boca, tan solo para volver a meterlo hasta que su nariz qued&oacute; contra el pubis pinzado de Iv&aacute;n.<\/p>\n<p>Por su parte, el rubio no pod&iacute;a hacer nada salvo gemir y jadear. Las ataduras que tanto le hab&iacute;an gustado al principio ahora se le antojaban crueles dispositivos de castigo que le imped&iacute;an alcanzar su objetivo, y la mano suave y c&aacute;lida de Sergio parec&iacute;a m&aacute;s un cepo que una mano, atenazando sus test&iacute;culos y apret&aacute;ndolos cada vez que sospechaba que pod&iacute;a terminar. Cegado por la capucha cualquier m&iacute;nima sensaci&oacute;n sobre su cuerpo se incrementaba: la boca c&aacute;lida y h&uacute;meda de Sergio que acog&iacute;a su pene, su lengua blanda y siempre en movimiento, las pinzas que segu&iacute;an atenazando peque&ntilde;os pedazos de piel a lo largo de su torso y las dos met&aacute;licas en sus pezones, las que m&aacute;s le dol&iacute;an y por tanto las que m&aacute;s deseaba aguantar. De vez en cuando consegu&iacute;a captar alg&uacute;n sonido, ruidos de succi&oacute;n y peque&ntilde;as arcadas, pero en general la capucha hac&iacute;a un buen trabajo manteni&eacute;ndole aislado. Retorci&oacute; las mu&ntilde;ecas en vano y movi&oacute; su pelvis de forma que su pene subiese y bajase m&aacute;s deprisa, gan&aacute;ndose por ello un buen tir&oacute;n en los test&iacute;culos.<\/p>\n<p>Sergio continu&oacute; lamiendo y succionando, chupando con tanto ah&iacute;nco que el glande oscurecido de Iv&aacute;n se torn&oacute; p&uacute;rpura. Sacando su pene de la boca le repas&oacute; con la lengua, mordiendo con exquisita suavidad y a la vez fiereza el tronco del pene. Iv&aacute;n grit&oacute; al notar los dientes de su amigo clavarse despacio en su pene. El gesto no era doloroso, no le hizo nada de da&ntilde;o, pero le result&oacute; tan er&oacute;tico que un nuevo chorro de l&iacute;quido preseminal gote&oacute; desde el glande. Complacido por su reacci&oacute;n Sergio deposit&oacute; un suave beso sobre el orificio y recogi&oacute; con su lengua ese nuevo rastro h&uacute;medo antes de volver a tragarle. No era la primera vez que le hac&iacute;a una mamada, por lo que sab&iacute;a a qu&eacute; deb&iacute;a estar atento. Moviendo la lengua y apretando los labios le dej&oacute; tomar brevemente el control, consintiendo que penetrase su boca a un ritmo fren&eacute;tico que termin&oacute; en cuanto le sinti&oacute; contraerse.<\/p>\n<p>Con un r&aacute;pido movimiento se ech&oacute; hacia atr&aacute;s y retir&oacute; su cabeza al tiempo que le apretaba los test&iacute;culos. Enrollando el sedal en torno a su dedo dio un r&aacute;pido tir&oacute;n hacia arriba, arrancando parte de las pinzas en un &uacute;nico movimiento que desat&oacute; una nueva oleada de gemidos y gritos ahogados. Nuevamente hab&iacute;a impedido que su amigo consiguiese terminar y su frustraci&oacute;n se traduc&iacute;a en jadeos y suaves lloros que encerraban una cualidad er&oacute;tica incomparable. En dos tirones m&aacute;s retir&oacute; el resto de las pinzas, que chasquearon en el aire cuando dejaron de pellizcar la piel ahora enrojecida del chico. Sergio pas&oacute; los dedos por las marcas, bes&oacute; algunas y masaje&oacute; el resto ayudando a reestablecer la circulaci&oacute;n en cada uno de los pellizcos. Su novio gritaba con cada presi&oacute;n que los dedos de Sergio ejerc&iacute;an en esas zonas, que le dol&iacute;an ahora m&aacute;s que cuando llevaba las pinzas. Conforme la circulaci&oacute;n se reestablec&iacute;a el dolor dejaba paso a una ligera molestia, tan solo un recordatorio de quien mandaba en realidad.<\/p>\n<p>La cabeza de Iv&aacute;n daba vueltas. Ya no pod&iacute;a pensar con claridad abrumado como se encontraba por el dominio que Sergio ejerc&iacute;a sobre su cuerpo y su placer. De ser por &eacute;l hac&iacute;a tiempo que habr&iacute;a tenido un orgasmo, pero el control que su novio manten&iacute;a sobre &eacute;l le imped&iacute;a una y otra vez alcanzar tan ansiado placer. La tortura era sublime, y tan placentera a pesar de la intensa frustraci&oacute;n que ni siquiera se resisti&oacute; cuando volvi&oacute; a extender lubricante por su pene y a encerrarle dentro de la funda de silicona, donde al menos ya no estaba encajado el vibrador. La certeza de que ni siquiera su propio placer depend&iacute;a ya de sus decisiones le hab&iacute;a calado hondo, y no luchaba por rebelarse como s&iacute; hiciera antes. Ahora se entregaba, completamente sumiso mientras lam&iacute;a el consolador que taponaba su boca y deseaba que volviese a ser Sergio quien lo hiciera.<\/p>\n<p>La sorpresa que sinti&oacute; cuando las cuerdas que reten&iacute;an sus tobillos y mu&ntilde;ecas se soltaron no dur&oacute; mucho. Peg&aacute;ndose a su o&iacute;do para que pudiese escucharle con claridad pese a la capucha Sergio le indic&oacute; que se pusiera boca abajo en la cama, con las caderas en el aire y la cara contra el colch&oacute;n. Sinti&eacute;ndose algo torpe y entumecido Iv&aacute;n gir&oacute; como le hab&iacute;an pedido y, una vez colocado, Sergio se apresur&oacute; a inmovilizarle de nuevo, aunque empleando un m&eacute;todo distinto esta vez. Juntando sus manos por detr&aacute;s de los muslos, a la altura del hueco popl&iacute;teo, anud&oacute; con la cuerda ambas mu&ntilde;ecas. La propia posici&oacute;n le imped&iacute;a doblar los brazos y sus muslos quedaban apretados por los mismos. Iv&aacute;n gimi&oacute; al notar que nuevamente no pod&iacute;a moverse, pero en ning&uacute;n momento protest&oacute;. Ni siquiera cuando asegur&oacute; sus mu&ntilde;ecas a las piernas, un poco por debajo de las rodillas.<\/p>\n<p>Sergio col&oacute; sus manos entre los muslos con algo de esfuerzo y, aferrando el pene y los test&iacute;culos, los llev&oacute; hacia atr&aacute;s de manera que sobresaliesen tras los muslos, apretados y disponibles para sus caprichos. Separando un poco m&aacute;s las cuerdas que manten&iacute;an sus nalgas distanciadas la una de la otra Sergio contempl&oacute; el ano de Iv&aacute;n: un c&iacute;rculo de piel de un rosa oscuro, con ligeros pliegues que el confer&iacute;an un aspecto estrellado bastante atractivo. Pasando un dedo sobre la sensible piel recogi&oacute; el bote de lubricante de la cama y unt&oacute; su plug favorito con &eacute;l. En circunstancias m&aacute;s normales se hubiese decantado por juguetes m&aacute;s convencionales, pero comenzaba a sentir cierta urgencia. Sin perder la sonrisa cubri&oacute; de besos las nalgas del joven antes de presionar el plug contra su ano, que se abri&oacute; despacio para recibir el tama&ntilde;o m&aacute;s que generoso del juguete.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n gimi&oacute; al notar la intrusi&oacute;n, aunque el lubricante la hizo llevadera. En esa nueva postura ten&iacute;a incluso menor rango de movimiento que antes por lo que se limit&oacute; a gemir y esperar, con la cabeza hundida en el blando colch&oacute;n. Sergio recuper&oacute; la cinta de pinzas y coloc&oacute; las dos primeras en la espalda de su novio, que gimi&oacute; al notar los nuevos pellizcos, ascendiendo despu&eacute;s por la espalda en hileras paralelas a la columna. La &uacute;ltima de las veinticinco pinzas la dej&oacute; sin colocar al quedar demasiado cerca del cuello. No se sent&iacute;a c&oacute;modo presionando tan cerca de ah&iacute;. Con suavidad acarici&oacute; las nalgas de Iv&aacute;n, tan blancas y perfectas que incluso en el cuarto en penumbra se distingu&iacute;an con plena claridad. Del plug que llevaba en el ano colgaba un fino tubo unido a una pera y una v&aacute;lvula que regulaban el flujo de aire que entraba y sal&iacute;a, permitiendo inflar o desinflar el aparato, pero no era la &uacute;nica de sus funciones.<\/p>\n<p>Impulsado por el deseo de ver su cara cuando lo hiciese crecer dentro de &eacute;l, se arrodill&oacute; junto a la cabeza de su chico y solt&oacute; la mordaza para poder abrir la cremallera que manten&iacute;a cerrada la capucha. Con alguna que otra dificultad pues no quer&iacute;a retirar el consolador de la boca de Iv&aacute;n, consigui&oacute; retirar la capucha sin que saliese tambi&eacute;n la mordaza, pudiendo volver a abrocharla en su sitio. La cara del joven estaba enrojecida por el calor y el roce contra el cuero, con el corto pelo rubio apelmazado contra el cr&aacute;neo y los ojos llorosos. Sergio palme&oacute; sus mejillas y se deleit&oacute; con la mirada de adoraci&oacute;n que le dirigi&oacute; el joven antes de bajar la vista a su erecci&oacute;n. Estir&aacute;ndose hasta alcanzar la pera de goma presion&oacute; su interior muy despacio, para no pasar aire al plug que, no obstante, empez&oacute; a vibrar con fuerza.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n se retorci&oacute; de placer cuanto le permitieron las ataduras. El juguete consegu&iacute;a estimular su pr&oacute;stata de una forma exquisita aunque despiadada, pues su potencia no era regulable y resultaba quiz&aacute; demasiado intenso. Con un gimoteo suplicante intent&oacute; ablandar a Sergio que, sin embargo, se limit&oacute; a apretar la pera en su pu&ntilde;o, enviando esta vez una buena cantidad de aire al plug. Iv&aacute;n sinti&oacute; como su ano se dilataba de golpe conforme el aire expand&iacute;a la cubierta de l&aacute;tex del juguete que aument&oacute; considerablemente su tama&ntilde;o. Sergio volvi&oacute; a accionar la pera y nuevamente oblig&oacute; al ano de Iv&aacute;n a abrirse, dilat&aacute;ndolo por la fuerza sin que el joven pudiese oponer resistencia. Iv&aacute;n se contorsionaba, gem&iacute;a y soportaba el asalto a su interior como pod&iacute;a sin dejar de mirar a Sergio, que sonre&iacute;a y se masturbaba mir&aacute;ndole mientras accionaba la pera, enviando m&aacute;s y m&aacute;s aire.<\/p>\n<p>Con un &uacute;ltimo bombeo termin&oacute; de hinchar el plug que hab&iacute;a duplicado su tama&ntilde;o en apenas un par de minutos. La respiraci&oacute;n de Iv&aacute;n era ahora un r&aacute;pido jadeo y Sergio no necesit&oacute; m&aacute;s que mirar a sus pantorrillas, donde brillaban gotas de l&iacute;quido preseminal, para descubrir cu&aacute;nto hab&iacute;a disfrutado en verdad el chico. Con un movimiento elegante baj&oacute; de la cama y se estir&oacute;, poni&eacute;ndose de puntillas y rotando despu&eacute;s los brazos para desentumecerlos. Inclin&aacute;ndose sobre el caj&oacute;n comprob&oacute; que apenas quedaban dentro un par de juguetes, por lo que localizar su &uacute;nica pala, de cuero grueso y mango de madera, no le llev&oacute; demasiado tiempo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Recuerdas los azotes que me pediste? &ndash;pregunt&oacute; moviendo la pala en el aire&ndash;. Llevo deseando d&aacute;rtelos desde ese d&iacute;a, y quiz&aacute; incluso unos cuantos m&aacute;s, por haberme hecho esperar tanto para tenerte as&iacute;.<\/p>\n<p>Sus ojos grises relampaguearon en la penumbra mientras se aproximaba de nuevo a la cama donde esperaba Iv&aacute;n, que temblaba ligeramente. La realidad estaba superando sus m&aacute;s alocadas fantas&iacute;as siendo mil veces mejor que estas, pero ahora, al contemplar los remaches plateados que adornaban la pala por toda su superficie y a la vez ayudaban a que el azote fuese m&aacute;s fuerte, consigui&oacute; imponerse como clara vencedora. Intentando relajar el cuerpo para ofrecer una menor resistencia observ&oacute; como Sergio se mov&iacute;a buscando una buena posici&oacute;n. La pala surc&oacute; el aire y antes de que pudiese procesar lo que pasaba impact&oacute; contra sus muslos, lejos de donde hab&iacute;a esperado el azote.<\/p>\n<p>El siguiente azote sigui&oacute; ascendiendo por los muslos, hacia las nalgas, pero tambi&eacute;n hacia el pene y los test&iacute;culos del chico. Por un momento Iv&aacute;n se preocup&oacute; de que fuese a golpearle precisamente ah&iacute;, aunque el siguiente azote, h&aacute;bilmente dado sobre el muslo, pero esquivando los genitales, le despej&oacute; cualquier posible preocupaci&oacute;n. Cada golpe provocaba que gritase y gimiese, dejando una franja de piel que parec&iacute;a arder y escocer al mismo tiempo. El chasquido de la pala al impactar quedaba prontamente silenciado por los quejidos del joven que ascend&iacute;an en volumen conforme el cuero mord&iacute;a de nuevo una zona ya azotada previamente. Las tachuelas met&aacute;licas de la pala incrementaban el dolor por el impacto, modificando ligeramente cada golpe.<\/p>\n<p>El dolor no era tan solo dolor. Cada golpe le hac&iacute;a gritar y retorcerse, desatando el miedo al siguiente y el deseo de que el castigo acabase. Al menos, en la superficie de su mente, la parte que conservaba un breve rescoldo de racionalidad, pues el resto de su mente parec&iacute;a pedir a gritos m&aacute;s, un nuevo azote, un nuevo golpe, ser castigado y sometido hasta que llegase a su l&iacute;mite. Deseaba con todas sus fuerzas correrse, pero en su nueva postura ni siquiera ese alivio le estaba permitido, desquici&aacute;ndole y a la vez reafirm&aacute;ndole en su convencimiento de que deb&iacute;a someterse y acatar los deseos de Sergio.<\/p>\n<p>Sin dejar de azotar a Iv&aacute;n, Sergio comenz&oacute; a masturbarse. Cambiando de posici&oacute;n para poder golpear c&oacute;modamente sin necesidad de parar. Poniendo buen cuidado de no acertar en los test&iacute;culos o el pene, fue ascendiendo por los muslos hacia las nalgas firmes y tersas de su novio. La piel blanca, tan parecida en color a la suya, fue torn&aacute;ndose roja, al principio un leve tono rosado que, conforme golpeaba una y otra vez, ascend&iacute;a en intensidad. Peque&ntilde;as l&iacute;neas horizontales surcaban ahora los muslos y las nalgas del joven, producto del impacto de los bordes de la pala contra su piel. Entre cada par de l&iacute;neas paralelas, se apreciaban peque&ntilde;os redondeles algo m&aacute;s amoratados que el resto producidos por las tachuelas. Moviendo la pala frente a la cara de Iv&aacute;n, que gem&iacute;a y manten&iacute;a en alto las caderas, se inclin&oacute; sobre &eacute;l para poder mirarle.<\/p>\n<p>&ndash;Espero que no vuelvas a portarte as&iacute;. Si lo haces, tendr&eacute; que ser m&aacute;s severo incluso.<\/p>\n<p>Un destello de desaf&iacute;o brill&oacute; por un segundo en los ojos de Iv&aacute;n, tan breve que apenas fue visible, pero sin embargo no pas&oacute; desapercibido para Sergio que sonri&oacute;. Sab&iacute;a que su chico se encargar&iacute;a de darle motivos de sobra para repetir algo as&iacute;, la cantidad de l&iacute;quido preseminal que ba&ntilde;aba la parte posterior de sus muslos y sus pantorrillas no dejaba espacio a la duda acerca de si disfrutaba los azotes o no. Querr&iacute;a ser castigado de nuevo, y no fallar&iacute;a en darle razones para hacerlo.<\/p>\n<p>Accionando la v&aacute;lvula del plug con una mano dej&oacute; que saliese todo el aire, apagando a continuaci&oacute;n su vibraci&oacute;n y arrojando a la cama la pala. Usando las cuerdas a modo de amarraderas tir&oacute; del cuerpo de Iv&aacute;n hasta que le dej&oacute; al borde de la cama, en una postura lo suficientemente c&oacute;moda para penetrarle sin dificultad. Se situ&oacute; detr&aacute;s del chico y pas&oacute; su pene entre sus nalgas, sintiendo en las manos el calor que emanaba de ellas y las suaves depresiones causadas por los relieves de la pala. El ano de Iv&aacute;n se manten&iacute;a abierto, h&uacute;medo, rebosando lubricante y listo para ser penetrado, por lo que con un &uacute;nico empuj&oacute;n de caderas se abri&oacute; paso dentro de &eacute;l, escuchando c&oacute;mo gem&iacute;a y core&aacute;ndole con sus propios gemidos.<\/p>\n<p>Agarr&aacute;ndose a la soga que rodeaba el cuerpo del joven con una mano azot&oacute; ambas nalgas con la otra mientras empezaba a moverse. El vaiv&eacute;n de sus caderas aument&oacute; su velocidad sin que por ello cesasen los golpes. Sus test&iacute;culos rebotaban contra los de Iv&aacute;n que gem&iacute;a enloquecido y arqueaba cuanto pod&iacute;a la espalda, dej&aacute;ndose penetrar sin oponer ninguna resistencia. La mordaza de goma de su boca le animaba a chupar a la vez y eso hizo, imagin&aacute;ndose siempre que se lo hac&iacute;a a Sergio, agradeci&eacute;ndole cada penetraci&oacute;n. El plug hab&iacute;a cumplido con su cometido y Sergio se deslizaba dentro y fuera sin ning&uacute;n problema, cada vez m&aacute;s deprisa. Sus jadeos y gemidos, m&aacute;s moderados que los de Iv&aacute;n, se un&iacute;an a los de este y rebosaban el peque&ntilde;o cuarto.<\/p>\n<p>Enroscando el dedo en torno al fino sedal, arranc&oacute; la hilera de pinzas de un &uacute;nico tir&oacute;n esta vez, deleit&aacute;ndose en el grito de Iv&aacute;n cuando sinti&oacute; todas las pinzas abandonar su piel casi a la vez. Las marcas en su espalda resultaban casi m&aacute;s visibles que las de su vientre, y Sergio se las acarici&oacute; antes de buscar a tientas bajo el torso del chico la cadena que un&iacute;a las pinzas que a&uacute;n llevaba en sus pezones. Acarici&oacute; la piel de ambos que las pinzas a&uacute;n dejaban fuera y los presion&oacute; hacia dentro. Iv&aacute;n gimi&oacute; y volvi&oacute; a lloriquear, retorci&eacute;ndose, pero sin apartarse de Sergio que con deliberada lentitud abri&oacute; la pinza izquierda.<\/p>\n<p>El gemido pareci&oacute; m&aacute;s un grito. La sangre volvi&oacute; de golpe al pez&oacute;n y lo hinch&oacute; bajo los dedos de Sergio que le acarici&oacute; y apret&oacute;, movi&eacute;ndose fren&eacute;ticamente dentro y fuera de Iv&aacute;n que aguardaba, con la respiraci&oacute;n acelerada y el sudor cay&eacute;ndole sobre los ojos. Soltando el pez&oacute;n Sergio apret&oacute; los test&iacute;culos del joven en su mano, mera precauci&oacute;n para evitar un orgasmo ya demorado y capaz de producirse en cualquier momento, y liber&oacute; el otro pez&oacute;n de su pinza, no sin antes dar un &uacute;ltimo tir&oacute;n de la cadena. Iv&aacute;n grit&oacute; mientras todo su cuerpo se tensaba, incluido su ano que apret&oacute; el pene de Sergio quien no par&oacute; de moverse. Su mano impactaba una y otra vez contra las nalgas de Iv&aacute;n, cuyos dientes se clavaban en la bola que remataba la mordaza y temblaba debajo de su compa&ntilde;ero.<\/p>\n<p>Con un violento envite Sergio entr&oacute; una vez m&aacute;s, pero esta vez se qued&oacute; quieto, mientras alcanzaba su orgasmo profiriendo roncos gemidos. Sus manos agarraron las caderas de Iv&aacute;n donde clav&oacute; las u&ntilde;as, dejando la marca de cinco peque&ntilde;as medias lunas perfectas a cada lado. Iv&aacute;n gem&iacute;a con m&aacute;s suavidad esta vez, con el cuerpo sacudido por escalofr&iacute;os que le hac&iacute;an temblar y notando como Sergio suspiraba de placer antes de retirarse. Ignorando los planes que pudiese tener ahora, apoy&oacute; la cabeza en las almohadas y cerr&oacute; los ojos sin dejar de gemir, intentando relajarse para lo que sea que tuviese preparado su novio para &eacute;l.<\/p>\n<p>La lengua c&aacute;lida y h&uacute;meda de Sergio pas&oacute; despacio desde sus test&iacute;culos hasta su glande, segundos antes de que acogiese en su boca todo el pene de Iv&aacute;n que abri&oacute; los ojos con sorpresa. Gimiendo intent&oacute; mirar a Sergio sin conseguirlo, avisarle de alguna manera de que no podr&iacute;a contenerse si segu&iacute;a as&iacute;. Los suaves labios del chico apretaban su tronco cuando este sub&iacute;a y bajaba, deteni&eacute;ndose siempre en el frenillo para mantener el glande en la boca. Sergio pas&oacute; la lengua de nuevo por el orificio, desliz&aacute;ndola despu&eacute;s como una culebra sobre todas las marcadas venas que encontr&oacute; a su paso.<\/p>\n<p>Iv&aacute;n no pudo contenerse. Gimiendo como un poseso se dej&oacute; ir y alcanz&oacute; por fin el orgasmo, que estall&oacute; en su cabeza como fuegos artificiales mientras un intenso placer le sacud&iacute;a por entero y le imped&iacute;a incluso gemir, cort&aacute;ndole la respiraci&oacute;n. Jadeando y boqueando, medio asfixiado por la mordaza, lanz&oacute; un chorro de semen tras otro en la boca de Sergio que les recogi&oacute; todos, moviendo la lengua para no dejar escapar ni una gota antes de tragar. Todav&iacute;a notaba espasmos, peque&ntilde;os calambres que recorr&iacute;an sus test&iacute;culos y su pene que ahora empezaba por fin a relajarse, perdiendo parte de la firmeza que hab&iacute;a mantenido hasta escasos segundos antes.<\/p>\n<p>Con un chasquido h&uacute;medo Sergio dej&oacute; que el pene de Iv&aacute;n abandonase su boca, en la que todav&iacute;a perduraba el sabor a su semen. Tras despejar la cama y dejar a parte los juguetes que deb&iacute;a lavar sus dedos &aacute;giles se apresuraron a soltar los diversos nudos que apresaban el cuerpo de Iv&aacute;n, que permanec&iacute;a con los ojos cerrados y sin fuerzas para moverse. Las cuerdas se hab&iacute;an clavado en la carne, irritando, pero sin causar heridas de ning&uacute;n tipo. En unas horas no era probable que le quedasen marcas de la soga, aunque s&iacute; de las pinzas y los azotes. En cuanto su cuerpo se vio libre de las ataduras Iv&aacute;n se acomod&oacute; sobre la cama, a&uacute;n bocabajo, totalmente agotado. Sergio tuvo que levantarle la cabeza para poder soltar la mordaza, empapada de saliva, que abandon&oacute; la boca del chico con facilidad.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Ha estado bien? &ndash;pregunt&oacute; tumb&aacute;ndose a su lado, apoyando su cabeza llena de rizos contra el cuello de Iv&aacute;n que consigui&oacute; rodearle con los brazos y soltar su mo&ntilde;o, ya medio deshecho.<\/p>\n<p>&ndash;Ha estado mejor que bien. Hay que repetirlo, por favor, dime que repetiremos.<\/p>\n<p>Sus dedos estaban profundamente hundidos en los rizos de Sergio que por primera vez no protest&oacute; ni intent&oacute; apartarle. Abrazando al chico a su vez le dio un tierno beso en los labios, algo enrojecidos por la mordaza y la saliva, y le permiti&oacute; acariciar su oscura melena. Se hab&iacute;a ganado una recompensa y, bien pensado, esas caricias no estaban tan mal. Al ver que a&uacute;n aguardaba una respuesta sonri&oacute; y le volvi&oacute; a besar antes de comprometerse.<\/p>\n<p>&ndash;Repetiremos.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Gracias a todos por haber le&iacute;do este relato escrito a petici&oacute;n de un lector a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico. Si quer&eacute;is que escriba algo para vosotros pod&eacute;is pedirlo a trav&eacute;s de mi email, si la tem&aacute;tica me gusta y dispongo de tiempo, os har&eacute; un relato personalizado. Por supuesto, las personas, lugares y hechos descritos en el relato son completamente producto de mi imaginaci&oacute;n, y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.<\/p>\n<p>Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 37<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Si Iv&aacute;n echaba la vista atr&aacute;s en el tiempo apenas pod&iacute;a evocar uno o dos momentos donde no estuviese con Sergio, y casi todos se limitaban a los momentos normales donde tus amigos no pueden estar contigo. 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