{"id":41286,"date":"2023-03-15T11:22:40","date_gmt":"2023-03-15T11:22:40","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-03-15T11:22:40","modified_gmt":"2023-03-15T11:22:40","slug":"deseo-renacido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/deseo-renacido\/","title":{"rendered":"Deseo renacido"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41286\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Daila balanceaba la cabeza con presteza de cara a arrancarle el &uacute;ltimo orgasmo a su cliente. Le mir&oacute; a los ojos mientras engull&iacute;a su miembro. Prisco le devolvi&oacute; una mirada pasional que se extravi&oacute; por los senderos del placer. Su boca se desencaj&oacute; liberando un lamento que anunciaba el inminente orgasmo, pero &eacute;ste se vio truncado por la cruda realidad. Abri&oacute; los ojos y contempl&oacute; su erecci&oacute;n manifiesta, incluso dolorosa, pero Daila no estaba. Era Marisa la que dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente a su lado. Una respiraci&oacute;n pausada y profunda, a la vez que sonora as&iacute; lo confirmaba. La contempl&oacute; un instante en la penumbra y sinti&oacute; la necesidad de penetrarla.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a tiempo que no la deseaba, pero dada su excitaci&oacute;n, la encontr&oacute; m&aacute;s atractiva de lo habitual. Observ&oacute; su pronunciado trasero cubierto por la fina tela de sus bragas. Se acerc&oacute; a ella, hizo la prenda a un lado, posicion&oacute; el miembro erecto a la entrada de su vagina y la penetr&oacute; con determinaci&oacute;n. Marisa balbuce&oacute; alguna inteligible palabra e intent&oacute; zafarse. Una mano sujet&oacute; con firmeza su trasero y la otra la cogi&oacute; del pelo. El placer tom&oacute; las riendas de sus sentidos y empez&oacute; a culear ante las acometidas de su esposo. Los gemidos se amplificaron y el ritmo se volvi&oacute; fren&eacute;tico llevando a ambos conyugues a compartir un intenso cl&iacute;max como anta&ntilde;o.<\/p>\n<p>Marisa se dio la vuelta, sonri&oacute; con devoci&oacute;n, le dio un beso a un marido jadeante, despu&eacute;s fue a lavarse. Mientras, &eacute;ste la contemplaba ahora sin un &aacute;pice de deseo. Era Daila la que se adue&ntilde;aba de sus apetitos, pese a ser un sexo de pago y pese a albergar un deseo que probablemente no era compartido, aunque quer&iacute;a pensar que s&iacute;.<\/p>\n<p>Ya no pudo conciliar el sue&ntilde;o, inmerso en unos delirios en los que imaginaba una realidad distinta de la que ella formaba parte. No obstante, ese imaginario &ldquo;mundo feliz&rdquo; no dejaba de ser una utop&iacute;a y su circunstancia era bastante m&aacute;s terrenal. Su condici&oacute;n de detective era un h&aacute;ndicap para sus quimeras. Reiteradas veces intent&oacute; terminar con una relaci&oacute;n que hac&iacute;a aguas de unos a&ntilde;os aqu&iacute;. El entusiasmo sexual en la pareja se hab&iacute;a esfumado. El deseo fue sustituido por el rechazo y era la apat&iacute;a la que se hab&iacute;a instaurado en la relaci&oacute;n con el paso de los a&ntilde;os, por eso, cuando conoci&oacute; a Daila su pasi&oacute;n retorn&oacute; haci&eacute;ndole sentirse vivo de nuevo. Con Daila gozaba del mejor sexo que pod&iacute;a haber imaginado jam&aacute;s. Con ella se explayaba sin tab&uacute;es, sin remilgos y con un placer inigualable que &eacute;l quer&iacute;a pensar que era rec&iacute;proco. Todo iba impl&iacute;cito en ese acuerdo t&aacute;cito en el que ella se lo daba todo por un precio que &eacute;l estaba dispuesto a pagar sin cuestionarlo. Le hubiese gustado que las cosas fuesen de otro modo, pero eran como eran y hab&iacute;a que aceptarlas, o con todo, intentar cambiarlas.<\/p>\n<p>Su hija de diez a&ntilde;os constitu&iacute;a otro obst&aacute;culo a la hora de tomar una decisi&oacute;n que pudiese quebrantar la confianza en su padre, por tanto, esa elecci&oacute;n siempre era postergada en aras de un mejor momento.<\/p>\n<p>Prisco entr&oacute; en el local. No le gustaba que le vieran all&iacute;. No era lo mismo entrar en lugares similares en calidad de polic&iacute;a que con intenciones m&aacute;s sombr&iacute;as, sin embargo, era el &uacute;nico modo que ten&iacute;a para acceder a Daila. Lo hab&iacute;a intentado de diversos modos. Una de sus propuestas fue hacerlo en un hotel, o quiz&aacute;s, en otro lugar menos variopinto. Otra fue la de le plantearle la posibilidad de alquilar un apartamento para sus encuentros, sin embargo, ella era consciente de cual era su lugar y de que, bajo ning&uacute;n concepto, pod&iacute;a ir por libre. Su chulo se lo dej&oacute; claro en el pasado, y como testimonio, una sutil cicatriz adornaba su ceja derecha, aun as&iacute;, aquella se&ntilde;al no enmascaraba su belleza natural. Unos ojos de un azul claro daban fe de su procedencia y su acento del este lo confirmaba. No era una mujer despampanante. Era menuda, de uno sesenta y dos para cincuenta y dos kilos de peso, delgada, de peque&ntilde;os pechos para los que buscaban las delicatesen en sustituci&oacute;n a perderse en la inmensidad de las ganadoras de los &oacute;scar a mejor actrices secundarias. A Prisco no le atra&iacute;an las mujeres voluptuosas, quiz&aacute;s por eso la gracilidad de la que hac&iacute;a gala Daila enturbiaba su sentido com&uacute;n. Por su parte, ella era consciente de que estaba en el ocaso de su juventud y que sus d&iacute;as en el club tocaban a su fin. Probablemente despu&eacute;s ser&iacute;a vendida a otros proxenetas de menor nivel y acabar&iacute;a en locales de tercera, en pisos, o en la calle.<\/p>\n<p>La luz era vaporosa. Hab&iacute;a tres clientes sentados en la barra conversando cada uno con una fulana que le correspond&iacute;a con fingidas sonrisas y falsas palabras. Prisco arrim&oacute; el taburete, se sent&oacute; y apoy&oacute; el brazo en la barra. Se sent&iacute;a como pez fuera del agua. El hombre m&aacute;s corpulento desapareci&oacute; por un pasillo junto a una de las chicas. No le gustaba aquella situaci&oacute;n y tampoco sentirse observado ante lo que resultaba evidente.<\/p>\n<p>Una de las fulanas se le acerc&oacute; amablemente y le pregunt&oacute; qu&eacute; le serv&iacute;a para beber. Prisco pidi&oacute; un gin tonic y a continuaci&oacute;n pregunt&oacute; por Daila.<\/p>\n<p>&mdash;Hace d&iacute;as que no viene, &mdash;contest&oacute; la muchacha intentando tomar su relevo.<\/p>\n<p>Prisco le sonri&oacute; con cortes&iacute;a y desech&oacute; su ofrecimiento.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sabes d&oacute;nde puedo encontrarla? &mdash;pregunt&oacute; el detective. La joven lo mir&oacute; perpleja y se volte&oacute; hacia el hombre que en ese momento estaba pasando un trapo por la barra contemplando la escena desde el otro lado sin perder detalle de la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Prisco lo mir&oacute; un instante intuyendo que era el proxeneta y se acerc&oacute; a &eacute;l sospechando que podr&iacute;a aclararle el paradero de la joven. Su aspecto era enjuto, de escasas carnes, p&oacute;mulos prominentes, nariz aguile&ntilde;a y unos ojos hundidos que le confer&iacute;an un aspecto vil, poco honesto y de escasos amigos.<\/p>\n<p>&mdash;Me gustar&iacute;a ver a Daila, &mdash;pidi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ya no trabaja aqu&iacute;, &mdash;sentenci&oacute; el otro sin dejar de pasar el pa&ntilde;o por la barra.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sabes d&oacute;nde puedo encontrarla?<\/p>\n<p>&mdash;Ni idea, &mdash;dijo sin dar ni un detalle.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No dijo nada? &mdash;insisti&oacute; Prisco.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y a ti que co&ntilde;o te importa? &iquest;Eres su padre o qu&eacute;?<\/p>\n<p>El detective lo mir&oacute; impert&eacute;rrito. El chulo le devolvi&oacute; la mirada desafiante y Prisco sali&oacute; del lugar sabedor de que conoc&iacute;a m&aacute;s de lo que contaba, por eso ten&iacute;a que encontrar el modo de hacerle hablar.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a alejar de su cabeza a Daila. So&ntilde;aba despierto, pero lo novedoso era que no se hab&iacute;a percatado hasta su ausencia de que no s&oacute;lo la deseaba, sino tambi&eacute;n fue consciente de lo mucho que la echaba de menos, y no s&oacute;lo por el buen sexo. El rememorar sus labios abrazando su miembro mientras soltaba su carga en la boca, le provoc&oacute; una erecci&oacute;n. Pens&oacute; en aprovechar el momento y disfrutarlo con su esposa, en cambio esta vez opt&oacute; por irse al sal&oacute;n. Se sent&oacute; en el sof&aacute;, se baj&oacute; los gayumbos, cerr&oacute; los ojos y dej&oacute; volar su imaginaci&oacute;n evocando cada momento vivido con Daila. Aferr&oacute; el tronco, lo apret&oacute; con firmeza e inici&oacute; su masturbaci&oacute;n despacio para ir acelerando el ritmo paulatinamente a medida que se teletransportaba a su lado y el placer se intensificaba hasta hacer salir el semen a borbotones, esparci&eacute;ndose por su pecho entre espasmos y gemidos amortiguados.<\/p>\n<p>Tras la descarga, su miembro se deshinch&oacute; y la excitaci&oacute;n desapareci&oacute;, pero no su desasosiego. Tard&oacute; horas en poder conciliar el sue&ntilde;o y en ese intervalo decidi&oacute; tomar cartas en el asunto, usar su estatus e investigar por su cuenta. Busc&oacute; la direcci&oacute;n del local y averigu&oacute; que el fulano se llamaba Cornel. Husme&oacute; tambi&eacute;n en sus datos fiscales para comprobar donde viv&iacute;a. Vio que su negocio estaba registrado como pub o bar de copas, sin hacer menci&oacute;n a nada que tuviese que ver con la prostituci&oacute;n. Ten&iacute;a dada de alta a una camarera en la Seguridad Social y Prisco dedujo que era una tapadera.<\/p>\n<p>Minti&oacute; a Marisa dici&eacute;ndole que estaba en un caso para justificar sus reiteradas ausencias nocturnas. No era la primera vez que lo hac&iacute;a, pero s&iacute; era la que m&aacute;s tiempo pasaba fuera de casa. Despu&eacute;s de seguir al sujeto con cara de pocos amigos durante varios d&iacute;as sin obtener pista alguna, decidi&oacute; cambiar de estrategia, de modo que opt&oacute; por usar m&eacute;todos menos ortodoxos, puesto que no ten&iacute;a elementos, ni armas, ni pruebas para interrogarlo, ni siquiera motivos que justificaran una interpelaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Eran las dos y media de la madrugada. La lluvia repiqueteaba en el parabrisas del coche. Prisco se hab&iacute;a envuelto en una manta para atemperar su cuerpo. El fr&iacute;o estaba haciendo mella en sus huesos resucitando una antigua lesi&oacute;n que arrastraba de a&ntilde;os y con el exceso de humedad resurg&iacute;a como el Ave F&eacute;nix para reclamar su atenci&oacute;n. A pesar de la baja temperatura, empezaba a acusar el cansancio, por lo que los ojos se le iban cerrando sin que pudiera evitarlo. Ya no era el mismo de antes, cuando pasaba horas a la espera de su presa sin desfallecer.<\/p>\n<p>&mdash;Necesito un caf&eacute;, &ndash;se dijo, pero a esas horas los locales que hab&iacute;a abiertos s&oacute;lo serv&iacute;an bebidas alcoh&oacute;licas.<\/p>\n<p>El fr&iacute;o le increpaba y aquella era una noche g&eacute;lida, de manera que no tuvo m&aacute;s remedio que encender el motor para poner la calefacci&oacute;n y entrar en calor. Al poco tiempo salieron las chicas y detr&aacute;s el chulo. Dos de ellas tomaron un camino y la tercera se qued&oacute; con &eacute;l. El proxeneta cerr&oacute; con llave el local, seguidamente bajo la persiana, cerr&oacute; tambi&eacute;n con llave y puso un candado. Prisco apag&oacute; el motor, sali&oacute; del veh&iacute;culo lo m&aacute;s sigiloso que pudo y se aproxim&oacute; intentando no delatar su posici&oacute;n. La lluvia mitigaba el sonido de las pisadas, lo cual era de agradecer porque a esas horas de la noche la calma era absoluta. Cornel hablaba con la fulana y Prisco esper&oacute; agazapado en una esquina a la expectativa hasta que vio que la abofeteaba. Imagin&oacute; que era su modus operandi cuando pretend&iacute;a amonestarlas o reprocharles algo. O quiz&aacute;s necesitaba pegarles para descargar su frustraci&oacute;n, o quien sabe si para sentirse m&aacute;s hombre.<\/p>\n<p>No era el momento que hab&iacute;a pensado para intervenir, pero dadas las circunstancias se apresur&oacute; intentando no delatar su presencia. Cuando ya estaba a diez metros, el proxeneta volvi&oacute; a abofetear a la chica y cuando iba a repetirlo, Prisco le cogi&oacute; la mano al vuelo y se la estamp&oacute; en su propia cara, rompi&eacute;ndole el tabique nasal. El fulano se cogi&oacute; la nariz aquejado por el dolor, a la vez que lanzaba toda clase de improperios sin saber a quien, puesto que todav&iacute;a no hab&iacute;a reconocido a su agresor.<\/p>\n<p>Prisco le hizo una se&ntilde;al a la chica para que se largara y &eacute;sta permaneci&oacute; un instante confusa para despu&eacute;s perderse en la noche. Al reponerse del golpe traicionero, fue cuando reconoci&oacute; al cliente de su local que volv&iacute;a a cogerle de un brazo empuj&aacute;ndolo hacia un descampado.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ven conmigo capullo! &mdash;le oblig&oacute; el inspector mientras lo arrastraba bajo una intensa lluvia que empapaba a ambos por igual. En el descampado hab&iacute;a una caseta que utilizaban los alba&ntilde;iles para dejar material de obra. Prisco ech&oacute; la puerta abajo y entr&oacute; empujando al fulano hacia adentro.<\/p>\n<p>&mdash;Espero que el hecho de coger una pulmon&iacute;a sirva para algo. &iexcl;Joder! &ndash;maldijo sacudi&eacute;ndose el agua de su chaqueta como si eso sirviese para algo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o quieres de mi? &mdash;pregunt&oacute; el chulo intentando detener la hemorragia con sus manos.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que no has sido sincero conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;? No s&eacute; donde est&aacute; Daila. D&eacute;jame en paz. Voy a llamar a la polic&iacute;a, &mdash;le advirti&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;No hace falta, &mdash;contest&oacute; Prisco ense&ntilde;&aacute;ndole su placa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Eres poli? Ser&aacute;s cabr&oacute;n&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No digas palabrotas, &mdash;le advirti&oacute; Prisco al tiempo que le estiraba la nariz y se la retorc&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Hijo de puta, &mdash;grit&oacute; el proxeneta.<\/p>\n<p>&mdash;Si dices mentiras te crece la nariz, &iquest;te das cuenta? Y si no me dices lo que quiero saber te la arrancare de cuajo, &iquest;entiendes lo que te digo, gilipollas?<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s acabado. Ma&ntilde;ana pondr&eacute; una denuncia, &mdash;balbuce&oacute; intentando recobrar un &aacute;pice de dignidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Crees que alguien va a creer la palabra de un chulo de putas antes que la de un condecorado polic&iacute;a?<\/p>\n<p>&mdash;Un condecorado y honrado polic&iacute;a que seguramente deja a su mujer en casa para irse de putas, &mdash;asever&oacute; esbozando una p&eacute;rfida sonrisa que se camuflaba en su ensangrentado rostro.<\/p>\n<p>Prisco le atiz&oacute; otro golpe en la nariz como si al hacerlo, las palabras del chulo careciesen de significado.<\/p>\n<p>&mdash;Vas a decirme donde est&aacute; Daila y si no me convence tu respuesta te partir&eacute; esa cara de imb&eacute;cil que tienes, te arrancar&eacute; la nariz y te la meter&eacute; por el culo. &iquest;Has entendido?<\/p>\n<p>El proxeneta asinti&oacute; ahora m&aacute;s sumiso.<\/p>\n<p>&mdash;La vend&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;La vendiste? C&oacute;mo que la vendiste?<\/p>\n<p>&mdash;Pronto se le &ldquo;pasar&aacute; el arroz&rdquo; y entonces ser&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil que alguien se interese por ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Crees que es una cabra? &mdash;pregunt&oacute; indignado el polic&iacute;a mientras le reventaba la nariz.<\/p>\n<p>El fulano grit&oacute; de dolor. En esos momentos, su rostro era un amasijo de carne ensangrentada. Las quejas del proxeneta se convirtieron en lamentos, gemidos y lloriqueos suplic&aacute;ndole que lo llevara a un hospital.<\/p>\n<p>&mdash;Volver&eacute; a hacerte la pregunta que debiste contestarme el otro d&iacute;a. Si lo hubieras hecho, ahora, aunque fea, tendr&iacute;as nariz &iquest;D&oacute;nde puedo encontrarla?<\/p>\n<p>&mdash;Cornel le dio la direcci&oacute;n farfullando.<\/p>\n<p>&mdash;Espero que Daila est&eacute; bien o volver&eacute; para despeg&aacute;rtela de tu infecta cara.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No vas a llevarme al hospital? &mdash;grit&oacute; el chulo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ve caminando! &mdash;dijo Prisco. A continuaci&oacute;n lo cogi&oacute; con ambas manos de las solapas, lo acerc&oacute; con &iacute;mpetu hacia &eacute;l y arrim&oacute; su cara hasta sentir su aliento f&eacute;tido.<\/p>\n<p>&mdash;Por cierto. Di que te has ido de bruces y te has roto la nariz. No digas que ha sido por imb&eacute;cil. Podr&iacute;an creerte.<\/p>\n<p>Prisco entr&oacute; en el local. Estaba vac&iacute;o y mal iluminado, aunque lo suficiente para ver el mal gusto de la decoraci&oacute;n. El olor era un revoltijo de olores humanos atenuados con un ambientador que no alcanzaba su prop&oacute;sito, por lo que una tufarada penetr&oacute; en sus fosas nasales provoc&aacute;ndole n&aacute;useas.<\/p>\n<p>El hombre de la barra le pareci&oacute; igualmente repulsivo. Con sobrepeso y una papada que hac&iacute;a dif&iacute;cil reconocer donde terminaba el rostro y empezaba el cuello de no ser por una peque&ntilde;a protuberancia que en alg&uacute;n tiempo habr&iacute;a sido una barbilla.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Puedo ver a Daila? &mdash;pregunt&oacute; Prisco.<\/p>\n<p>El hombre asinti&oacute; y la llam&oacute; a voces.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Le pongo algo de beber? &mdash;le pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Un gin tonic.<\/p>\n<p>Daila tard&oacute; unos segundos en salir. Se detuvo un instante en la barra contemplando a su amigo y esbozando una sonrisa. Prisco se dio cuenta de que no exist&iacute;a maquillaje que la pudiese embellecer m&aacute;s que su sincera sonrisa en la que se insinuaban unas ligeras patas de gallo evidenciando su tr&aacute;nsito a la madurez.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s bien? &mdash;pregunt&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, &mdash;afirm&oacute; ella.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Quieres salir de aqu&iacute;?<\/p>\n<p>Daila asinti&oacute; y Prisco se dirigi&oacute; al orondo personaje.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a llevarme a Daila por el m&oacute;dico precio del gin tonic y no volver&aacute;s a verla m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o est&aacute;s diciendo, gilipollas? &mdash;dijo alterado. Inmediatamente abandon&oacute; la barra y se dirigi&oacute; hacia Prisco con intenciones poco amistosas y cuando estaba a su altura, Prisco le plant&oacute; su placa en la cara.<\/p>\n<p>&mdash;Si no montas un pollo no te denunciar&eacute; por tr&aacute;fico humano. Me ir&eacute; y no volver&aacute;s a saber de m&iacute;, pero si tan s&oacute;lo me miras de reojo o dices una palabra que me desagrade volver&eacute; con una orden judicial y te aseguro que perder&aacute;s todo ese tocino en la trena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 Daila balanceaba la cabeza con presteza de cara a arrancarle el &uacute;ltimo orgasmo a su cliente. Le mir&oacute; a los ojos mientras engull&iacute;a su miembro. Prisco le devolvi&oacute; una mirada pasional que se extravi&oacute; por los senderos del placer. Su boca se desencaj&oacute; liberando un lamento que anunciaba el inminente orgasmo, pero &eacute;ste se [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":16852,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":{"0":"post-41286","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-infidelidad"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41286","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16852"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41286"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41286\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41286"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41286"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41286"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}