{"id":41307,"date":"2023-03-16T23:00:00","date_gmt":"2023-03-16T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-03-16T23:00:00","modified_gmt":"2023-03-16T23:00:00","slug":"dos-mujeres-para-el-sargento-ponter","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/dos-mujeres-para-el-sargento-ponter\/","title":{"rendered":"Dos mujeres para el sargento Ponter"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41307\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Texas, 1874<\/p>\n<p>Llegamos al rancho Leadbetter, en la zona oeste de Texas, cerca de la frontera con M&eacute;xico y el estado de Nuevo M&eacute;xico, demasiado tarde para evitar la carnicer&iacute;a. Los comanches se hab&iacute;an ido y los coyotes y buitres hab&iacute;an comenzado a darse un fest&iacute;n con los cuerpos de los veinti&uacute;n hombres y ni&ntilde;os que hab&iacute;an matado. Dejamos que nuestros caballos descansaran y pastaran en la hierba del rancho Leadbetter mientras enterr&aacute;bamos lo que quedaba de los cad&aacute;veres en tumbas poco profundas y amonton&aacute;bamos las rocas sobre ellos. El Capit&aacute;n abri&oacute; su Biblia y dijo unas pocas palabras.<\/p>\n<p>Ese era el estilo comanche: matar a los hombres, llevarse a las mujeres, los caballos, las armas y todo lo que quisieran, y finalmente quemar lo que quedaba. Las mujeres blancas capturadas sab&iacute;an el destino que les esperaba, muchas preferir&iacute;an suicidarse antes que dejar que los comanches se las llevaran.<\/p>\n<p>[Si bien los comanches ya practicaban la esclavitud antes de entrar en contacto con los europeos, fue sobre todo a partir de principios del xix cuando su pr&aacute;ctica y el tr&aacute;fico de esclavos alcanzaron una mayor escala. Entre las causas de este fen&oacute;meno, como en el caso de la poliginia, se encontraba la gran necesidad de mano de obra necesaria para la adaptaci&oacute;n a su nuevo modo de vida de cazadores-pastores en las Grandes Llanuras.]<\/p>\n<p>Los comanches no torturar&iacute;an a estos cautivos hasta que regresaran a la seguridad de sus refugios del lado mexicano del R&iacute;o Grande. Si pud&iacute;amos atraparlos antes de cruzar la frontera, podr&iacute;amos rescatar a las mujeres. No tendr&iacute;an un hogar o una familia a donde ir, pero al menos estar&iacute;an vivas y de regreso con los de su propia especie.<\/p>\n<p>&quot;Vamos a perseguirlos&quot;, dijo el Capit&aacute;n King. Mont&oacute; en su gran ruano y abri&oacute; la marcha, siguiendo las se&ntilde;ales del sendero como cualquier indio.<\/p>\n<p>Supon&iacute;amos que iban un d&iacute;a por delante de nosotros, tal vez dos, pero viajaban con un bot&iacute;n y con cautivos. Si dejaban montar a las mujeres podr&iacute;an moverse m&aacute;s r&aacute;pido, pero a los comanches les gustaba hacerlas caminar; andando todo el d&iacute;a bajo el sol de Texas las humillaba.<\/p>\n<p>&Eacute;ramos once en la Compa&ntilde;&iacute;a del Capit&aacute;n King. Cada uno de nosotros ten&iacute;a dos caballos y cambiamos entre ellos para dejarlos descansar. Viajamos livianos y r&aacute;pidos con el Capit&aacute;n a la cabeza y yo justo detr&aacute;s de &eacute;l.<\/p>\n<p>Mis caballos eran descendientes de los caballos mustangs que los espa&ntilde;oles hab&iacute;an tra&iacute;do doscientos a&ntilde;os antes. Como yo, eran duros, y pod&iacute;an pasar algunos d&iacute;as con poca agua y poco descanso.<\/p>\n<p>Llevaba tres Colt Walkers, uno atado a cada pierna y el tercero en una funda detr&aacute;s de mi espalda. Mi fiel rifle de repetici&oacute;n Henry estaba envainado debajo de mi pierna derecha. Con ellos, pod&iacute;a disparar treinta y un tiros antes de tener que recargar. Todos nosotros, los Rangers, llev&aacute;bamos Colts Walker. Despu&eacute;s de la Guerra de Secesi&oacute;n, Colt hab&iacute;a hecho el Colt Army que era el que llevaba el Capit&aacute;n. Pero me gustaba el Colt Walker. Era grande y &laquo;pateaba&raquo; como una mula, su calibre .44 pod&iacute;a detener a cualquier hombre.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, encontramos a los comanches acampados junto a un abrevadero, sus caballos trabados com&iacute;an la fina hierba. No acercamos antes del anochecer, cinco desde el norte y seis desde el oeste, arrastr&aacute;ndonos por la hierba boca abajo hasta que estuvimos lo suficientemente cerca. Esperamos.<\/p>\n<p>La t&aacute;ctica siempre era la misma: el Capit&aacute;n disparar&iacute;a el primer tiro. Hab&iacute;a contado veintisiete comanches antes de que comenzara el tiroteo. Estaban bebiendo whisky que sacaron del rancho Leadbetter y gritando alrededor del fuego.<\/p>\n<p>Sus cautivos, exhaustos por haber sido arrastrados a trav&eacute;s del caamino, estaban atados con cuerdas alrededor de sus gargantas cerca del borde noroeste del campamento. Cont&eacute; once mujeres en edad f&eacute;rtil y seis ni&ntilde;as. Una de las mujeres estaba llorando lastimosamente. La mayor&iacute;a estaba sentada con ojos muertos y mand&iacute;bulas flojas, demasiado conmocionados y exhaustos para moverse.<\/p>\n<p>Dos de las mujeres cautivas parec&iacute;an m&aacute;s serenas que las otras. Una parec&iacute;a mayor que yo. Ten&iacute;a la expresi&oacute;n de alguien al mando. Estaba en un extremo del coffle con las manos atadas al frente y una pierna asegurada a un mezquite.<\/p>\n<p>[coffle = grupo de esclavos encadenados]<\/p>\n<p>[mezquite = especies de plantas. Se encuentran en las zonas &aacute;ridas y semi&aacute;ridas de M&eacute;xico y en Texas]<\/p>\n<p>La otra era la cuarta mujer del grupo. Sus ojos eran fr&iacute;os, su mand&iacute;bula apretada mientras observaba a sus captores alrededor del fuego. Su melena de cabello amarillo brillante brillaba en la luz mortecina y revoloteaba cuando el viento la acariciaba.<\/p>\n<p>Uno de los machos j&oacute;venes se puso de pie y se tambale&oacute; hacia las cautivas. La mujer de la melena amarilla lo vio avanzar con odio en los ojos.<\/p>\n<p>&quot;No, no&quot;, gimi&oacute; otra mujer. Melena Amarilla la hizo callar.<\/p>\n<p>Un segundo comanche tambi&eacute;n se puso en pie tambale&aacute;ndose y le grit&oacute; al joven. Yo conoc&iacute;a lo suficiente a los comanches para captar su esencia de lo que pasaba. El m&aacute;s joven hab&iacute;a violado a Melena Amarilla la primera noche y ahora el mayor tambi&eacute;n la quer&iacute;a. Los otros indios escucharon a los dos discutir. El mayor era el jefe de esta peque&ntilde;a banda. Pensaba que ten&iacute;a derecho a elegir a la mejor mujer para &eacute;l, el m&aacute;s joven estaba demasiado borracho para pelear.<\/p>\n<p>Los dos salvajes estaban sermone&aacute;ndose cuando el chasquido del rifle de repetici&oacute;n Henry .44\/40 del capit&aacute;n cort&oacute; el aire y el jefe comanche cay&oacute; de espaldas mientras la sangre brotaba de su pecho.<\/p>\n<p>Le dispar&eacute; al macho joven que estaba cerca de Melena Amarilla. Su cabeza se sacudi&oacute; y nuestros ojos se encontraron. El comanche cay&oacute; a sus pies, pero no estaba muerto. Estaba ara&ntilde;ando la tierra. Melena Amarilla se puso de pie, arrastrando el coffle hacia &eacute;l. Lo hizo rodar sobre su espalda, sac&oacute; el cuchillo de su cintur&oacute;n y le cort&oacute; la garganta limpiamente como un silbido. Se par&oacute; sobre &eacute;l y lo vio morir.<\/p>\n<p>Algunos indios trataron de alcanzar sus caballos para escapar, pero ninguno lo logr&oacute;. Algunos corrieron hacia el sur, alej&aacute;ndose a toda prisa en la luz mortecina.<\/p>\n<p>Todo termin&oacute; en menos de un minuto.<\/p>\n<p>&quot;Alto el fuego&quot; grit&oacute; e Capit&aacute;n, y el acero contra el acero de las palancas de nuestros rifles mientras cada uno de nosotros cargaba otra ronda fue el estridente mec&aacute;nico antes del silencio.<\/p>\n<p>&ldquo;Ustedes, mujeres, p&oacute;nganse boca abajo&rdquo; &mdash;rugi&oacute; el capit&aacute;n. El coffle se derrumb&oacute; en el suelo. Una mujer grit&oacute; y otra le tap&oacute; la boca para silenciarla.<\/p>\n<p>Entramos al campamento con cautela. La mayor&iacute;a de los hombres hicieron lo mismo que yo, dejando sus rifles y caminando con un Colt amartillado en la mano. Revisamos a los indios uno por uno. Dos veces escuch&eacute; el disparo de un Colt cuando un Ranger encontr&oacute; a un Comanche que a&uacute;n no estaba muerto. No tomamos prisioneros.<\/p>\n<p>&quot;Ponter, t&uacute; est&aacute;s a cargo. Segundo escuadr&oacute;n, s&iacute;gueme&quot; dijo el capit&aacute;n cuando estuvimos seguros de que todos estaban muertos.<\/p>\n<p>&Eacute;l y cinco hombres cabalgaron tras los fugitivos. Puse en guardia a los otros cuatro hombres de mi pelot&oacute;n y fui a liberar a los cautivos. Melena Amarilla ya estaba cortando la cuerda alrededor de su cuello.<\/p>\n<p>&quot;Sargento Ponter, Texas Rangers&quot;, le dije a la mujer.<\/p>\n<p>&quot;Soy Annabelle Leadbetter&quot;, dijo mientras la liberaba. &ldquo;Hay una india con ellos. No s&eacute; ad&oacute;nde fue.&rdquo;<\/p>\n<p>Les grit&eacute; a los hombres que estuvieran atentos a una mujer comanche.<\/p>\n<p>&ldquo;Se&ntilde;ora Leadbetter&rdquo; &mdash;dije&mdash;. &ldquo;La necesito para mantener a las mujeres bajo control.&rdquo; Le di un cuchillo para que liberara a algunos cautivos.<\/p>\n<p>Mir&eacute; a Melena Amarilla de cerca por primera vez. Era joven, veinte o un poquito m&aacute;s, con una cara bonita, pero fuerte, como si la frontera y los indios no fueran nada que ella no pudiera manejar.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Est&aacute; bien?&quot; Le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;Bien, gracias.&quot;<\/p>\n<p>&quot;&iquest;C&oacute;mo te llamas?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Soy la Sra. Cora Stockman&quot;, respondi&oacute; mientras me miraba directamente a la cara y sus fuertes ojos azules claros sostuvieron los m&iacute;os. &quot;&iquest;Cu&aacute;l es tu nombre?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Soy el sargento Ezekiel Ponter, Compa&ntilde;&iacute;a &#39;G&#39;, Texas Rangers&quot;, dije.<\/p>\n<p>&quot;Ponter&quot;, grit&oacute; Moon. &quot;Creo que la squaw se fue por ah&iacute;&quot;.<\/p>\n<p>[squaw (se pronuncia sku&oacute;) = una expresi&oacute;n ofensiva para una mujer ind&iacute;gena norteamericana. Origen: del narragansett squaws &#39;mujer&#39;. El narragansett es una lengua algonquina extinta.]<\/p>\n<p>&quot;T&uacute; y Hans vayan tras ella&quot;, orden&eacute;. Me volv&iacute; para mirar a Cora Stockman. &quot;Manejas bien un cuchillo&quot;, le dije.<\/p>\n<p>&ldquo;Gracias, sargento Ponter.&rdquo; No lo dijo con orgullo o arrogancia, sino como un reconocimiento neutral de mi elogio.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Estaba su esposo all&iacute; en el rancho Leadbetter con usted?&quot; pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, lo estaba&quot;, respondi&oacute; ella.<\/p>\n<p>&quot;Siento su p&eacute;rdida.&quot;<\/p>\n<p>En el fragor de la batalla, cuando solo est&aacute;s t&uacute; y un hombre tratando de matarte, a veces el resto del mundo se vuelve borroso a tu alrededor. Puedes leer sus pensamientos porque cada fibra de ti est&aacute; enfocada en &eacute;l. Por un momento, vi a Cora Stockman de esa manera. Cada respiraci&oacute;n, contracci&oacute;n muscular y matiz de su rostro eran claros. Sostuvo mi mirada, mir&aacute;ndome de la misma manera, hasta que sus ojos parpadearon recatadamente y gir&oacute; la cabeza.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Sargento Ponter!&rdquo; La Sra. Leadbetter me estaba llamando.<\/p>\n<p>La Sra. Leadbetter, la Sra. Stockman y yo liberamos r&aacute;pidamente al resto de los cautivos.<\/p>\n<p>&quot;Se&ntilde;oras&quot;, dije. &quot;Acamparemos aqu&iacute; esta noche, al otro lado del abrevadero. Sra. Leadbetter, &iquest;qui&eacute;n puede cuidar a los ni&ntilde;os?&quot;<\/p>\n<p>&quot;La Sra. Clinton&quot;, respondi&oacute;, se&ntilde;alando a una de las mujeres, &quot;Y la Sra. Smith&quot;, continu&oacute; se&ntilde;alando a otra.<\/p>\n<p>&quot;Ustedes, se&ntilde;oras, lleven a los ni&ntilde;os al otro lado del agua y limpien un lugar para hacer el fuego.&quot; Dije:<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, sargento&quot;, respondieron.<\/p>\n<p>&quot;Sra. Leadbetter, usted y la Sra. Stockman comiencen a reunir las armas. Queremos armas de fuego, fundas, municiones y cuchillos. Cualquier otra cosa que vean y crean que poda sernos &uacute;til preg&uacute;ntenos. Ap&iacute;lelas all&iacute; junto a la remuda. En cuanto a ustedes damas reunan posesiones personales, cosas que los comanches robaron y cualquiera cosas que podamos usar&quot;.<\/p>\n<p>Observ&eacute; a la Sra. Stockman mientras trabajaba. No crean que estaba cazando furtivamente a la esposa de otro hombre. Su esposo yac&iacute;a en una tumba en el rancho Leadbetter y ahora era la Viuda Stockman. As&iacute; es en la frontera. La muerte llega demasiado pronto y con demasiada frecuencia como para relegar a los vivos por los que ya no segu&iacute;an vivos. Era mejor despedirse de los muertos y seguir con sus vidas.<\/p>\n<p>Era una mujer alta, pero no ancha como la se&ntilde;ora Leadbetter. Parec&iacute;a completamente serena a pesar del terror que hab&iacute;a soportado, se mov&iacute;a con fuerza y eficiencia as&iacute; como con gracia femenina. Era una belleza, sin duda. Y ella era una mujer del Oeste. La observ&eacute; revisar cada arma mientras las recuperaba. Carg&oacute; las que necesitaban carga, pero no los amartill&oacute;. La primera pistola que revis&oacute;, la atraves&oacute; en su faja.<\/p>\n<p>Mi esposa hab&iacute;a muerto hac&iacute;a demasiado tiempo. Las putas de Fort Worth estaban lejos. Tal vez s&oacute;lo necesitaba una mujer. La viuda Stockman me ca&iacute;a muy bien en mis ojos.<\/p>\n<p>Cuando Moon y Hans regresaron para informar que no hab&iacute;an encontrado a la squaw, me di cuenta de que ninguno de nosotros hab&iacute;a revisado el tipi.<\/p>\n<p>[Tipi (tepee en ingl&eacute;s) = carpa alta con forma de cono, utilizada en el pasado por los nativos de Am&eacute;rica del Norte. Origen: de la lengua del pueblo sioux t\u012bp\u012b &laquo;vivienda&raquo;]<\/p>\n<p>&quot;Moon, ap&oacute;yame&quot;, le dije mientras caminaba hacia el tipi con mi Colt en la mano. Cuando tir&eacute; la solapa a un lado, una mujer se abalanz&oacute; sobre m&iacute; con un cuchillo. Si hubiera sido un segundo m&aacute;s lento, me habr&iacute;a destripado, pero apart&eacute; su brazo y la golpe&eacute; entre los om&oacute;platos con la culata de mi arma, tir&aacute;ndola de cara al suelo.<\/p>\n<p>Se puso de pie y mir&oacute; el ca&ntilde;&oacute;n de mi Colt. Estaba muy seguro de que necesitaba una mujer porque por segunda vez en una hora vi a una que me revolvi&oacute; las tripas. Esa india sucia, con su pecho agitado, su largo cabello negro y sus grandes ojos negros llenos de miedo, era magn&iacute;fica. Lentamente, abri&oacute; los brazos y se arrodill&oacute; con gracia. Se acost&oacute; boca abajo, cruz&oacute; los tobillos y las mu&ntilde;ecas detr&aacute;s de la espalda.<\/p>\n<p>&quot;Moon, consigue una cuerda, Moon&quot;, dije.<\/p>\n<p>La Squaw se qued&oacute; sin moverse. Le at&eacute; las manos y los pies. La di vuelta, la levant&eacute; en mis brazos y la llev&eacute; hacia el fuego. Sus ojos nunca se apartaron de mi rostro, y yo no pod&iacute;a apartar mi mirada de los suyos aunque lo intentara. La acost&eacute;. Se puso de rodillas a toda prisa a mi lado y me mir&oacute; con s&uacute;plica y sumisi&oacute;n. En comanche, le dije que se quedara all&iacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;Es ella&rdquo; &mdash;sise&oacute; la se&ntilde;ora Leadbetter&mdash;. &ldquo;Deber&iacute;a matarla, sargento. Es una india.&rdquo;<\/p>\n<p>Hab&iacute;a algo en el rostro de la Squaw que me hizo pensar que hab&iacute;a entendido lo que se dec&iacute;a. Se acerc&oacute; a m&iacute; con su cuerpo contra mi pierna, agach&aacute;ndose como un perro.<\/p>\n<p>&quot;Ese es mi vestido. Qu&iacute;teselo&quot;, se quej&oacute; la Sra. Clinton.<\/p>\n<p>&quot;Se&ntilde;oras, ella es nuestra prisionera,&quot; respond&iacute;. &quot;Esperaremos hasta que regrese el Capit&aacute;n&quot;.<\/p>\n<p>La expresi&oacute;n de la Viuda era inescrutable mientras nos miraba a la Squaw y a m&iacute;. La mujer y los ni&ntilde;os se reunieron alrededor de la peque&ntilde;a fogata que encendimos para protegernos del fr&iacute;o del desierto. Dividimos nuestras raciones y la comida india que capturamos, alimentando a las mujeres y los ni&ntilde;os hasta que se durmieron completamente exhaustos.<\/p>\n<p>Incluso la Sra. Leadbetter sucumbi&oacute;, pero la Viuda, que ten&iacute;a una ni&ntilde;a de tres o cuatro a&ntilde;os dormida en su regazo debajo de la manta que los cubr&iacute;a, estaba despierta y sus ojos me siguieron. Estaba completamente oscuro cuando el Capit&aacute;n y el Segundo Escuadr&oacute;n regresaron para informar que mataron a dos.<\/p>\n<p>&ldquo;Tenemos un cautivo, capit&aacute;n&rdquo; &mdash;dije&mdash;. &quot;Una Squaw.&quot;<\/p>\n<p>El Capit&aacute;n era un predicador que conoc&iacute;a la Biblia y rezaba todos los d&iacute;as. Cuando no estaba al servicio del estado de Texas, montaba un circuito para Dios y John Wesley. Mir&oacute; a la india y a m&iacute;, estudi&aacute;ndonos antes de hablar.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; quieres hacer con ella, Ponter?&rdquo; pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>Los ojos de la Squaw se clavaron en m&iacute; como flechas y la Viuda se levant&oacute;, colocando a la ni&ntilde;a que estaba en su regazo junto a otra de las mujeres. Demonios, no sab&iacute;a cu&aacute;l de esas dos mujeres estaba m&aacute;s concentrada. Sent&iacute; que los dos tiraban de m&iacute;.<\/p>\n<p>&quot;No me siento bien por matarla.&quot; dije.<\/p>\n<p>Sab&iacute;a que esa no era la respuesta que quer&iacute;a el Capit&aacute;n. La mirar&iacute;a a los ojos y le volar&iacute;a los sesos mientras murmuraba una oraci&oacute;n por su alma.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Quieres qued&aacute;rtela?&quot; dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Era dif&iacute;cil de decir porque sab&iacute;a que el Capit&aacute;n se enojar&iacute;a y no era un hombre para perdonar y olvidar.<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, se&ntilde;or.&quot;<\/p>\n<p>&quot;Ella te matar&aacute; tan pronto como te mire. &iquest;La revisaste en busca de armas ocultas?&quot;<\/p>\n<p>&quot;No se&ntilde;or.&quot;<\/p>\n<p>&quot;Hay que comprobar si tiene armas. &iquest;Quieres que lo haga yo?&quot; Se ri&oacute; burlonamente.<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;No se&ntilde;or!&quot; Respond&iacute;.<\/p>\n<p>Me sonroj&eacute; con las risas de mis amigos y me sonroj&eacute; a&uacute;n m&aacute;s cuando el Capit&aacute;n dijo:<\/p>\n<p>&quot;Ll&eacute;vala al tipi, Ponter. Puedes revisarla all&iacute;.&quot;<\/p>\n<p>Eso dec&iacute;a algo sobre el c&oacute;digo moral del Capit&aacute;n. Mata a las indias, pero si no las matas, tr&aacute;tala como mujer. Levant&eacute; a la Squaw.<\/p>\n<p>&ldquo;La comprobar&eacute; por usted, sargento&rdquo; &mdash;dijo la Viuda.<\/p>\n<p>Meti&oacute; el rev&oacute;lver Colt que estaba a su lado en su faja y me sigui&oacute;. La cara de la Squaw era diferente esta vez. No ten&iacute;a miedo. Ten&iacute;a el aspecto de una mujer que sabe porqu&eacute; est&aacute; en los brazos de un hombre y le gusta ser as&iacute;. Mientras la acostaba, la viuda me roz&oacute; y sent&iacute; sus pechos contra mi brazo. La Squaw ten&iacute;a miedo ahora, pero por la otra mujer, no por m&iacute;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a su esposa si fuera a su casa con una squaw?&quot; pregunt&oacute; la Viuda.<\/p>\n<p>&quot;Mi esposa muri&oacute; de tisis hace dos a&ntilde;os&quot;, respond&iacute;.<\/p>\n<p>&quot;Lo lamento.&quot;<\/p>\n<p>&quot;Fue hace mucho tiempo. Dame tu arma&quot;, le dije, tendi&eacute;ndole la mano.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Por qu&eacute;? Ella est&aacute; atada&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Porque yo s&eacute; quieres matarla. &iquest;No es as&iacute;?&quot;<\/p>\n<p>La Viuda no habl&oacute;, pero el odio en sus ojos respondi&oacute; por ella.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Ella mat&oacute; con los comanches?&quot;<\/p>\n<p>&quot;No.&quot;<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Ella lastim&oacute; a alguno de ustedes?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Ella es una india&quot;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Ella cometi&oacute; alg&uacute;n asesinato?&quot; Lo repeti.<\/p>\n<p>&quot;No. No la vimos hasta que estuvimos todos atados, pero&#8230;&quot;<\/p>\n<p>&quot;Te traje agua y te limpi&eacute; la frente&quot;, dijo la Squaw en ingl&eacute;s.<\/p>\n<p>La Viuda salt&oacute; hacia atr&aacute;s como si la hubieran picado, de pie all&iacute; con los ojos muy abiertos.<\/p>\n<p>&quot;Hablas nuestro idioma&quot;, le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;Mi madre me ense&ntilde;&oacute;. Era blanca, como t&uacute;. Siempre habl&aacute;bamos en ingl&eacute;s cuando est&aacute;bamos solas.&quot; Mir&oacute; a la Viuda. &quot;Ella fue capturada y violada como lo hicieron contigo ayer. Tal vez ahora hay un beb&eacute; en ti. Un beb&eacute; mestizo. Como yo&quot;.<\/p>\n<p>Las l&aacute;grimas brotaron de los ojos de la Viuda y la apunt&oacute; con el Colt. La tom&eacute; por su mu&ntilde;eca, me sorprendi&oacute; su fuerza pero la sujet&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;Suelta el arma&quot;, le dije.<\/p>\n<p>&quot;La matar&eacute;&quot;, grit&oacute;. &quot;Los matar&eacute; a todos&quot;.<\/p>\n<p>Sus gritos atrajeron al Capit&aacute;n y a Moon, cada uno con sus armas en la mano. Para entonces, ya hab&iacute;a derribado a la Viuda contra el suelo con los brazos sujetos sobre su cabeza. Sollozaba y luchaba, parloteaba sobre los indios, su violaci&oacute;n, su marido y su muerte.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Necesitas ayuda, Ponter?&quot; pregunt&oacute; el Capit&aacute;n.<\/p>\n<p>&ldquo;Busque a la se&ntilde;ora Leadbetter, capit&aacute;n&rdquo; &mdash;supliqu&eacute;.<\/p>\n<p>Envi&oacute; a Moon a buscarla. La Viuda dej&oacute; de forcejear. Le saqu&eacute; su arma y la sent&eacute; en mi regazo. Se acurruc&oacute; contra m&iacute; con los brazos fl&aacute;cidos. Estaba temblando y sollozando cuando envolv&iacute; mis brazos alrededor de ella y la abrac&eacute; con fuerza. A pesar de mi compasi&oacute;n por ella, una parte de m&iacute; disfrutaba sentirla en mis brazos. Cuando lleg&oacute; la se&ntilde;ora Leadbetter, se arrodill&oacute; y acerc&oacute; a la Viuda a su amplio pecho.<\/p>\n<p>Los duros ojos del Capit&aacute;n me taladraron antes de enfundar su Colt, girar sobre sus talones y alejarse. Me sent&eacute; con las piernas cruzadas y esper&eacute;, sintiendo algo del horror de la terrible experiencia de la Viuda y el terror de la india mestiza atada a mi lado. Solo Dios conoc&iacute;a la verdadera profundidad de sus traumas.<\/p>\n<p>La frontera de Texas era dura, con una vida corta y nada agradable. Enterr&eacute; a m&aacute;s parientes de los que me quedaban y a los que quedaban no los he visto en a&ntilde;os. Hab&iacute;a matado a m&aacute;s indios, blancos y mexicanos de los que pod&iacute;a contar. Viv&iacute; mi vida en la silla de montar bajo el despiadado sol de Texas.<\/p>\n<p>Un hombre se pone duro. No solo duro en su cuerpo. Tambi&eacute;n en su coraz&oacute;n, con una costra de muerte, sudor y suciedad aplastando su humanidad hasta que olvida que la tiene. Envidi&eacute; a las mujeres. Una mujer pod&iacute;a llorar y chillar hasta que el dolor y el rigor le desaparec&iacute;an y pod&iacute;a volver a ser humana.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a olvidado c&oacute;mo ser humano, hasta entonces, mientras estaba sentado en un apestoso tipi en una colina des&eacute;rtica con una desolada mujer blanca y una india mestiza que no sab&iacute;a si vivir&iacute;a para ver otro amanecer. Pod&iacute;a saborear sus penas y oler sus miedos. &iexcl;Me sent&iacute;a tan solo!<\/p>\n<p>La Squaw se acerc&oacute; hacia m&iacute;. Apoy&oacute; la cabeza en mi muslo y me mir&oacute; mientras yo acariciaba su cabello negro. La viuda nos vio y se liber&oacute; de la se&ntilde;ora Leadbetter. Se arrastr&oacute; hacia m&iacute;, puso su cabeza en mi hombro y envolvi&oacute; sus brazos alrededor de mi cuerpo. La se&ntilde;ora Leadbetter sonri&oacute; con tristeza y nos dej&oacute; a los tres.<\/p>\n<p>No me sorprendi&oacute; que la Viuda viniera a m&iacute;. Lo hab&iacute;a visto en sus ojos. No era amor. El amor era un lujo que la gente no ten&iacute;a aqu&iacute;. Necesidad. La mujer necesitaba al hombre de una manera mucho m&aacute;s fuerte y profunda de lo que el hombre la necesitaba. La Viuda precisaba a un hombre, un marido ahora que su esposo yac&iacute;a fr&iacute;o en el suelo, y me hab&iacute;a elegido a m&iacute;.<\/p>\n<p>Pero me sorprendi&oacute; porque no apart&oacute; a la Squaw, no luch&oacute; por el hombre que eligi&oacute; como una loba que guarda una guarida. La Squaw estaba llorando en silencio, las l&aacute;grimas corr&iacute;an por su rostro sucio mientras nos miraba. La Viuda tambi&eacute;n lloraba en silencio, sus l&aacute;grimas disminu&iacute;an a medida que su fuerza superaba su dolor. Nos sentamos as&iacute;, mi brazo alrededor de una mujer mientras acariciaba el cabello de la otra.<\/p>\n<p>&ldquo;Des&aacute;tala, Ponter&rdquo; &mdash;dijo la Viuda en voz baja.<\/p>\n<p>&quot;No la he revisado en busca de cuchillos.&rdquo; respond&iacute;.<\/p>\n<p>&quot;Ella es una mujer y no te har&aacute; da&ntilde;o. Te lo puedo asegurar&quot;.<\/p>\n<p>La Squaw solloz&oacute; y sus ojos se secaron. T&iacute;midamente, nos sonri&oacute;.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Qu&eacute; diablos pas&oacute;?&quot; Pens&eacute;.<\/p>\n<p>La Squaw era su enemiga, a la que estaba tratando de matar hace menos de una hora. Ahora eran hermanas, unidas por la p&eacute;rdida, el dolor y la esperanza por el futuro, y por alguna fuerza misteriosa que los hombres nunca entender&iacute;amos.<\/p>\n<p>&quot;Tengo un cuchillo&quot;, dijo la Squaw.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;D&oacute;nde?&quot; Yo pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&quot;En una vaina en mi muslo&quot;, respondi&oacute; ella.<\/p>\n<p>La Viuda se arrodill&oacute; sobre la Squaw, puso sus manos sobre sus piernas. No me miraron. Yo era superfluo, aunque era el premio que quer&iacute;an. Eran dos lobas, compitiendo por la posici&oacute;n alfa. Vi que la cara de Squaw cambiaba y los m&uacute;sculos de sus piernas se relajaban y se abr&iacute;an tanto como pod&iacute;a con los tobillos atados. Mir&oacute; a la Viuda: la guerra hab&iacute;a terminado. La Squaw hab&iacute;a accedido silenciosa al dominio de la Viuda.<\/p>\n<p>La Viuda levant&oacute; la falda de la Squaw, revelando sus piernas y su sexo desnudo. La india tembl&oacute; ante la humillaci&oacute;n, pero lo acept&oacute;, consolidando a&uacute;n m&aacute;s su posici&oacute;n como la segunda mujer entre ellas. La Viuda sac&oacute; el cuchillo, hizo rodar a la Squaw y cort&oacute; las cuerdas que la sujetaban. Volvi&oacute; a rodarla sobre su espalda y le entreg&oacute; el cuchillo.<\/p>\n<p>Eso podr&iacute;a haber sido un problema y contuve la respiraci&oacute;n, porque en un instante el Squaw podr&iacute;a destripar a la mujer. Pero vi lo que la Viuda ya sab&iacute;a. La Squaw hab&iacute;a aceptado su relaci&oacute;n. Me entreg&oacute; el cuchillo y volvi&oacute; a mirar a la Viuda. Ella baj&oacute; la falda de la Squaw, cubri&eacute;ndola de miradas indiscretas, la atrajo hacia su pecho y la abraz&oacute;. Ambas comenzaron a llorar.<\/p>\n<p>Sal&iacute; del tipi y fui al fuego. Los ni&ntilde;os y la mayor&iacute;a de las mujeres dorm&iacute;an, amontonados como cachorros. Los hombres hab&iacute;an tendido sus sacos de dormir para proporcionar un per&iacute;metro de protecci&oacute;n entre ellos y el desierto.<\/p>\n<p>&quot;Ponter&quot;, llam&oacute; el capit&aacute;n. &quot;Duerme un poco. Tu escuadr&oacute;n entra en servicio a las dos. Cabalgaremos a las seis&quot;.<\/p>\n<p>Puse mi petate entre el fuego y el abrevadero. Com&iacute;, beb&iacute; y me lav&eacute; la suciedad de la cara. Cuando regres&eacute;, la Viuda estaba sobre una manta junto al petate. Me acost&eacute; a su lado. Poco despu&eacute;s, la Squaw vino con un mont&oacute;n de mantas. Se acost&oacute; a mi otro lado y nos cubri&oacute;.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, levantamos el campamento temprano y cabalgamos. A diferencia de los indios que hac&iacute;an caminar a las mujeres, todos ten&iacute;an un caballo y las pertenencias de los prisioneros se ensillaban en las monturas adicionales. El Primer Escuadr&oacute;n, mi escuadr&oacute;n, tom&oacute; la punta, y el Segundo Escuadr&oacute;n la retaguardia con las mujeres, los ni&ntilde;os y los caballos de carga entre nosotros, excepto que las dos mujeres que me hab&iacute;an reclamado cabalgaban detr&aacute;s de m&iacute;.<\/p>\n<p>Antes de levantar el campamento, el Capit&aacute;n y yo tuvimos una breve discusi&oacute;n sobre la Squaw. La quer&iacute;a atada de pies y manos y amarrada al caballo.<\/p>\n<p>&quot;Ser&eacute; responsable de ella, capit&aacute;n.&quot; dijo la viuda con una seguridad que influy&oacute; en el Capit&aacute;n.<\/p>\n<p>La Squaw cabalg&oacute; sin trabas gracias a ella. La reacci&oacute;n de los otros Rangers era como yo pensaba. El Capit&aacute;n y Edward James del Segundo Escuadr&oacute;n, ambos metodistas empedernidos, invocaban la condenaci&oacute;n del infierno en dos mujeres unidas a un solo hombre. Los otros iban desde los que no les importaba un bledo hasta los que ten&iacute;an un poco de celos. Las otras mujeres parec&iacute;an aceptarnos m&aacute;s. Finalmente llegamos al casco incendiado del rancho Leadbetter.<\/p>\n<p>Los Rangers acamp&aacute;bamos junto a los restos de la casa del rancho, las mujeres fueron a llorar a las tumbas que cavamos para enterrar a sus maridos, hermanos e hijos. La Viuda lloraba y rezaba por su esposo muerto mientras la Squaw la abrazaba y la consolaba. Desempacamos los caballos y los dejamos sueltos para que bebieran del tanque de ganado de Leadbetter y pastaran en la hierba espesa. Encontramos parte de su ganado vagando cerca y carneamos un ternero.<\/p>\n<p>Encendimos un fuego, comimos comida caliente por primera vez en d&iacute;as y carne de res fresca por primera vez en meses, bebimos hasta saciarnos del agua dulce de manantial en el pozo. Las mujeres y los ni&ntilde;os volvieron a dormir cerca del fuego con los hombres esparcidos en el per&iacute;metro. Excepto yo. Mi saco de dormir estaba m&aacute;s lejos con la Viuda y la Squaw durmiendo a mi lado.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, la Sra. Leadbetter levant&oacute; un balde y dijo:<\/p>\n<p>&quot;Encontr&eacute; el jab&oacute;n. Las damas deseamos ba&ntilde;arnos y lavar nuestra ropa. Suponemos que ser&aacute;n caballeros y no mirar&aacute;n&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Por supuesto, Sra. Leadbetter,&quot; le asegur&oacute; el Capit&aacute;n.<\/p>\n<p>&quot;Tenemos una tina que mi esposo construy&oacute;. Nos refrescaremos all&iacute; y lavaremos nuestra ropa&quot;, dijo. Gir&oacute; sobre sus talones y condujo a las mujeres hacia un tanque de unos 1.20 m de ancho y un metro de alto.<\/p>\n<p>El Capit&aacute;n asign&oacute; tareas. Establec&iacute; un puesto de vigilancia en la cima de la colina detr&aacute;s de la casa del rancho. Desde all&iacute;, pod&iacute;a ver por kil&oacute;metros y hacer sonar la alarma si alguien se acercaba. Pod&iacute;a ver a las mujeres ba&ntilde;&aacute;ndose, todo lo que ten&iacute;a que hacer era girar la cabeza, pero no lo hice. El Capit&aacute;n sab&iacute;a que no lo har&iacute;a y por eso me dio ese puesto.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de que las damas terminaron, algunos de los hombres se aprovecharon de las instalaciones de ba&ntilde;o. La Viuda me pidi&oacute; que esperara hasta el d&iacute;a siguiente y as&iacute; lo hice.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, mis dos mujeres vaciaron la tina y sacaron cubos de agua fresca del pozo para volver a llenarla. Estaban emocionados por algo. Pod&iacute;a adivinar por qu&eacute;, pero esa suposici&oacute;n me produjo una sensaci&oacute;n de necesidades. Despu&eacute;s del mediod&iacute;a, los dem&aacute;s buscaron algo de sombra para descansar. La Viuda y la Squaw se me acercaron y cada una me tom&oacute; una mano.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;A d&oacute;nde vamos?&quot; Pregunt&eacute; mientras me conduc&iacute;an hacia el lavabo.<\/p>\n<p>&quot;Es hora de tu ba&ntilde;o&quot;, dijo la Viuda. Sargento Ponter, &iquest;puedo llamarte por tu nombre de pila?&rdquo;<\/p>\n<p>&quot;Ll&aacute;mame Ezekiel&quot;.<\/p>\n<p>&quot;Soy Cora. &iquest;Cu&aacute;les son tus planes, Ezekiel?&quot;<\/p>\n<p>&quot;&iexcl;Eeehhh! No s&eacute;. &iquest;Que quieres decir?&quot;<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Quieres un hogar, o vas a pasar el resto de tu vida en una silla de montar persiguiendo indios?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Tuve una casa hasta que muri&oacute; mi esposa. Me gustar&iacute;a tener otra.&quot;<\/p>\n<p>&quot;Sabes perfectamente que ahora soy una viuda, Ezekiel, y que Rachel no tiene compromiso con nadie.&quot;<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Raquel?&quot;<\/p>\n<p>&quot;Ese era el nombre de mi madre&quot;, dijo la Squaw. &quot;Ahora ser&aacute; m&iacute;o&quot;.<\/p>\n<p>Nos detuvimos en el borde de la tina. Comenzaron a desvestirme con dedos r&aacute;pidos y ansiosos y sus ojos salvajes dejaron destellos calientes en mi mente.<\/p>\n<p>&quot;&iquest;Est&aacute;s diciendo que alguna de ustedes quisiera construir un nuevo mundo conmigo?&quot;<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;, Ezekiel&quot;, dijeron al un&iacute;sono.<\/p>\n<p>&quot;Cualquiera de nosotras, o ambas&quot;, continu&oacute; Cora .<\/p>\n<p>&quot;S&iacute;. Ambas&quot;, repiti&oacute; Rachel.<\/p>\n<p>&quot;Un hombre con dos mujeres no es bien visto en muchos lugares&quot;, dije.<\/p>\n<p>&quot;Has manejado situaciones m&aacute;s dif&iacute;ciles y nosotras tambi&eacute;n&quot;, respondi&oacute; Cora .<\/p>\n<p>Cora me rode&oacute; el cuello con los brazos y me bes&oacute;. Sent&iacute; los dedos de Rachel desabrochando mis calzoncillos largos y as&iacute; quit&aacute;rmelos. Entr&eacute; en la ba&ntilde;era y se rieron de mi virilidad lista. Mientras me ba&ntilde;aban y lavaban mi ropa, se cruzaron un mill&oacute;n de miradas. Mi excitaci&oacute;n se acercaba al l&iacute;mite.<\/p>\n<p>Cuando me puse de pie, Cora dijo:<\/p>\n<p>&quot;Ven, ponte las botas, Ezekiel. El aire te secar&aacute;&quot;.<\/p>\n<p>Me tom&oacute; de la mano y me arrastr&oacute; por una peque&ntilde;a elevaci&oacute;n hasta un peque&ntilde;o huerto que Leadbetter hab&iacute;a plantado. All&iacute;, bajo los nogales, tres mantas yac&iacute;an a la fresca sombra. Cora se desvisti&oacute; apresuradamente con tan poca verg&uuml;enza como hab&iacute;a mostrado ante mi desnudez. Era la primera vez que la ve&iacute;a como Dios la hizo y no me decepcion&oacute;. Era fuerte, curvil&iacute;nea y encantadora. Puso mis manos en su cintura y me bes&oacute;.<\/p>\n<p>&quot;Date prisa, Ezekiel&quot;, implor&oacute;.<\/p>\n<p>Nos acostamos y la penetr&eacute; sin demora ni pre&aacute;mbulos. Su humedad, su sudor y su gemido eran frutos del Cielo, bendiciones para mi pobre alma. Su grito anunci&oacute; su propia recompensa y estimul&oacute; la m&iacute;a hasta que descansamos juntos.<\/p>\n<p>Sent&iacute; un tir&oacute;n en mi hombro. Me di vuelta para ver a Rachel, desnuda y sonri&eacute;ndome. Se arrodill&oacute; a mi lado y tom&oacute; mi virilidad en su boca, algo de lo que hab&iacute;a o&iacute;do hablar pero que nunca hab&iacute;a experimentado. Con esa ardiente osad&iacute;a, r&aacute;pidamente recuper&eacute; mi fuerza y la cog&iacute;&eacute;. Cora nos dio la espalda con modestia. Rachel era diferente a Cora: m&aacute;s delgada y m&aacute;s dura, m&aacute;s r&aacute;pida para responder y m&aacute;s ruidosa en su placer. Llegamos a una feliz conclusi&oacute;n y luego los tres descans&aacute;ramos desnudos como Ad&aacute;n y Eva en un peque&ntilde;o ed&eacute;n hecho por el hombre en las llanuras de Texas.<\/p>\n<p>El capit&aacute;n estaba molesto. Su retr&oacute;grado coraz&oacute;n metodista no pod&iacute;a tolerar los principios de mi pecado. Me liber&oacute; del servicio treinta y nueve d&iacute;as antes del final de mi segundo a&ntilde;o. Me orden&oacute; ir a Austin.<\/p>\n<p>&quot;Cobra tu salario atrasado y ll&eacute;vate a tu ramera y a tu puta pagana lejos de m&iacute; y de los Rangers.&rdquo;<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, con dos caballos de carga cargados y la Viuda y la Squaw en sus propias monturas, pas&eacute; la pierna por encima de la montura de mi pinto y me dirig&iacute; hacia Austin y a las colinas de Texas.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a una ligereza en mi coraz&oacute;n que no hab&iacute;a sentido en a&ntilde;os. No entend&iacute;a por qu&eacute; dos mujeres decidieron compartir un hombre o por qu&eacute; el Dios Metodista del Capit&aacute;n encontr&oacute; eso tan repugnante. Pero sab&iacute;a que MI Dios me hab&iacute;a bendecido y nos sonre&iacute;a mientras avanz&aacute;bamos por los senderos de Texas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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Los comanches se hab&iacute;an ido y los coyotes y buitres hab&iacute;an comenzado a darse un fest&iacute;n con los cuerpos de los veinti&uacute;n hombres y ni&ntilde;os [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":23568,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"class_list":{"0":"post-41307","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-trios"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41307","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/23568"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41307"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41307\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41307"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41307"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41307"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}