{"id":41395,"date":"2023-03-26T06:24:33","date_gmt":"2023-03-26T06:24:33","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-03-26T06:24:33","modified_gmt":"2023-03-26T06:24:33","slug":"los-ojos-de-beatriz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/los-ojos-de-beatriz\/","title":{"rendered":"Los ojos de Beatriz"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41395\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">5<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>I.<\/p>\n<p>Beatriz cerr&oacute; la puerta de su cuarto con cerrojo y se meti&oacute; al ba&ntilde;o. A&uacute;n sent&iacute;a la calidez en su entrepierna como la noche anterior y al recordar el bulto de su hijo presionando contra sus nalgas se le pusieron duros los pezones; los sent&iacute;a palpitar h&uacute;medos debajo de la bata. Le hab&iacute;a pedido que se quedara con ella pues a veces no pod&iacute;a calmar a su hermana y solo &eacute;l consegu&iacute;a dormirla de nuevo, cosa que hac&iacute;a tan pronto la tomaba en sus brazos. Una vez lograda esa proeza, se acostaba junto a ella y se quedaba dormido, pero entonces se volteaba y quedaba justo detr&aacute;s de ella, recargando su pene en sus nalgas como hab&iacute;a sucedido hace un par de noches.<\/p>\n<p>Varias veces le hab&iacute;a visto el pene cuando entraba a su habitaci&oacute;n por las ma&ntilde;anas y por general, su miembro erecto hacia una &quot;carpa&quot; con las sabanas. Ella lo miraba un segundo y luego apartaba la vista, pero en d&iacute;as recientes, cada vez le costaba m&aacute;s dejar de mirarlo. Ya lo hab&iacute;a visto desnudo cuando iban a la playa y se cambiaba el traje de ba&ntilde;o, o cuando sal&iacute;a de la regadera en casa; siempre de manera accidental. Nunca lo vieron con morbo y aunque Ricardo terminaba apenado, ella solo le sonre&iacute;a como si no pasara nada, aunque tuviera la cara completamente roja. No recordaba que su padre tuviera el miembro de ese tama&ntilde;o, o siquiera el padre de Adriana, que cada d&iacute;a aborrec&iacute;a m&aacute;s por su ausencia.<\/p>\n<p>Llev&oacute; una mano a su pecho y sinti&oacute; su peso. La leche brot&oacute; de su pez&oacute;n inmediatamente y comenz&oacute; a masajearlo despacio. Cerr&oacute; los ojos disfrutando la sensaci&oacute;n, pero de pronto, la imagen del pene de su hijo apareci&oacute; s&uacute;bitamente en su mente y se detuvo. El coraz&oacute;n le lat&iacute;a muy fuerte y su cabeza daba vueltas, pero quer&iacute;a continuar pues estaba muy caliente. Baj&oacute; su mano hasta su vagina y la frot&oacute; despacio. Poco a poco los flujos empezaron a brotar y fue introduciendo uno y luego dos dedos. Ten&iacute;a la boca abierta y apretaba fuertemente los ojos conforme iban avanzando por su estrecha cavidad. Imaginaba que la penetraban por detr&aacute;s mientras jugaban con sus pechos o le daban nalgadas con una mano. Esto hizo que se estremeciera m&aacute;s mientras se mord&iacute;a los labios para no hacer ruido. Aument&oacute; el ritmo de su mano y al poco tiempo se corri&oacute;.<\/p>\n<p>Fue un orgasmo muy fuerte que no tard&oacute; nada en llegar, empapando su mano y el pijama con los fluidos que sal&iacute;an de su interior. Quer&iacute;a m&aacute;s. Se desvisti&oacute; y se meti&oacute; en la regadera; el agua caliente corr&iacute;a por todo su cuerpo e inmediatamente comenz&oacute; a acariciarse. Ten&iacute;a unos pocos minutos antes de que Adriana se despertara. Masajeaba con fuerza sus pechos mientras met&iacute;a y sacaba dos dedos de su vagina, que resbalaban perfectamente por la gran cantidad de fluido que emanaba de ella. Se deten&iacute;a en su cl&iacute;toris y cuando lo masajeaba en c&iacute;rculos sent&iacute;a que estaba por explotar. Baj&oacute; la otra mano a su entrepierna y se introdujo un dedo, al tiempo que la otra se entreten&iacute;a con su bot&oacute;n.<\/p>\n<p>Gimi&oacute; despacio tratando de que el sonido del agua corriendo opacara su voz y cuando le vino un orgasmo nuevamente gimi&oacute; tan fuerte que la beb&eacute; se despert&oacute;. Volte&oacute; inmediatamente a la puerta horrorizada, esperando que Ricardo apareciera, pero no fue as&iacute;. Termin&oacute; de asearse r&aacute;pidamente y sali&oacute; de la ducha. Ten&iacute;a m&aacute;s de un a&ntilde;o sin sexo y no pod&iacute;a recordar cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que se corri&oacute; de esa manera haciendo el amor. Marcel, el padre de Adriana, hab&iacute;a desaparecido tan pronto supo que estaba embarazada, por lo que toda la atenci&oacute;n y cuidados los obtuvo de Ricardo, su hijo, desde que le mostr&oacute; la prueba de embarazo. Lo hab&iacute;a tenido a los 13 a&ntilde;os y a los 19 se volvi&oacute; madre soltera, haci&eacute;ndose cargo ella misma de todo.<\/p>\n<p>Sin darse cuenta, la interacci&oacute;n entre ellos pas&oacute; de ser una relaci&oacute;n de madre e hijo a la de casi una pareja funcional. Durante el embarazo la acompa&ntilde;&oacute; a todas sus sesiones de ejercicios en la cl&iacute;nica y estuvo al pendiente de ella todo el tiempo. Inclusive pidi&oacute; que estuviera con ella en el parto, pero cuando surgieron algunas complicaciones lo sacaron a la sala de espera y no la vio hasta que llevaron a Adriana a los cuneros.<\/p>\n<p>Aunque la cercan&iacute;a era muy tierna y c&oacute;moda trajo tambi&eacute;n mucha incomodidad, sobre todo cuando le daba de comer a la beb&eacute;. Ricardo hac&iacute;a todo lo que pod&iacute;a por apartar la vista de sus grandes senos, pero terminaba siempre vi&eacute;ndolos descaradamente cuando su madre no se daba cuenta. Esta situaci&oacute;n al principio, lejos de incomodarla, le parec&iacute;a algo gracioso, pero con el paso del tiempo fue adquiriendo tintes er&oacute;ticos que le provocaban cierta calidez en su entrepierna.<\/p>\n<p>El por su parte estaba feliz con la relaci&oacute;n que ten&iacute;an. Siempre se mostraba cari&ntilde;oso con ella y viceversa; nunca faltaba quien los confundiera con una pareja joven, pues Beatriz se ve&iacute;a casi de su edad. Alta, de cabello casta&ntilde;o y ondulado, sol&iacute;a llevarlo casi siempre en una cola. No era una mujer despampanante o de medidas exuberantes, pero con el embarazo, sus caderas se ve&iacute;an m&aacute;s anchas y sus pechos hab&iacute;an aumentado varias tallas. Estaba orgullosa de su figura, pero m&aacute;s de su trasero; no era muy grande, pero era firme y &quot;resping&oacute;n&quot; y gustaba de lucirlo en mezclilla muy ajustada. Eso s&iacute;, Ricardo estaba consciente de la belleza de su madre.<\/p>\n<p>&#8211; Ricardo &iquest;podr&iacute;as ayudarme? &#8211; Lo llam&oacute; su madre. Cuando este entr&oacute; en la habitaci&oacute;n ella ten&iacute;a a la beb&eacute; en su regazo y se estaba acomodando en la cama; meti&oacute; la mano al sujetador y sac&oacute; pesadamente uno de sus senos. Ricardo not&oacute; que esa ma&ntilde;ana en particular hab&iacute;an amanecido m&aacute;s inflamados y llenos de leche que el d&iacute;a anterior, por lo que se ruboriz&oacute; y apart&oacute; la mirada. Su madre coloc&oacute; a la beb&eacute; en su pecho y fue directamente a su pez&oacute;n, del cual ya brotaba la leche. Mientras acomodaba las colchas miraba de reojo el enorme pecho de su madre y comenz&oacute; a tener una erecci&oacute;n. Prepar&oacute; r&aacute;pidamente la cuna para cuando la regresara y sali&oacute; de la habitaci&oacute;n. Era la tercera o cuarta vez que ten&iacute;a una erecci&oacute;n viendo los pechos de su madre y eso lo avergonzaba; solo rogaba porque no se hubiera dado cuenta.<\/p>\n<p>Nunca le hab&iacute;a visto los senos y mucho menos desnuda; ni siquiera en ropa interior por accidente, como le hab&iacute;a contado Pablo, su mejor amigo, con su t&iacute;a. Pero ahora, con la beb&eacute; en casa, necesitaba estar lo m&aacute;s c&oacute;moda posible, aunque no tuviera intimidad, y eso terminaba en esos momentos &ldquo;inc&oacute;modos&rdquo;.<\/p>\n<p>Al cabo de un rato, cuando regres&oacute; a su habitaci&oacute;n, su madre estaba intentando abrir el seguro del sujetador. &#8211; Me incomoda mucho el brasier &#8211; le explic&oacute; molesta. Ricardo tom&oacute; a la ni&ntilde;a, que no paraba de moverse, y vio c&oacute;mo se quit&oacute; el sujetador en un solo movimiento; sus pechos colgaron libres, lo que provoc&oacute; una mueca de satisfacci&oacute;n en el rostro de su madre. La leche continuaba brotando de sus senos cuya inflamaci&oacute;n no hab&iacute;a disminuido e intent&oacute; no verlos nuevamente, pero era imposible no hacerlo. Coloc&oacute; a la beb&eacute; en su otro pecho y se relaj&oacute;. Esta operaci&oacute;n se repet&iacute;a por lo general en las noches, as&iacute; que Ricardo esperaba impaciente la hora de dormir para ver, casi descaradamente, los pechos de su madre. Al finalizar, regresaba a su cuarto con una erecci&oacute;n que terminaba desahogando apenas cerraba la puerta.<\/p>\n<p>Esa noche nuevamente le pidi&oacute; que durmiera con ella, y cerca de las 11 lo despert&oacute; para que fuera a su cuarto. Beatriz apag&oacute; la luz de su bur&oacute; y se apresur&oacute; a meterse entre las cobijas. El aire acondicionado estaba muy bajo por lo que hac&iacute;a un poco de fr&iacute;o en la habitaci&oacute;n. Ricardo se acost&oacute; d&aacute;ndole la espalda a su madre y se tap&oacute; con la colcha para evitar alg&uacute;n incidente, aunque sab&iacute;a que ser&iacute;a in&uacute;til, y su madre terminar&iacute;a viendo su erecci&oacute;n en alg&uacute;n momento de la noche.<\/p>\n<p>&#8211; Ac&eacute;rcate m&aacute;s &iexcl;tengo fr&iacute;o! -Le dijo su madre busc&aacute;ndolo con su mano. Ricardo recargo su espalda sobre la de ella y extendi&oacute; los pies; sent&iacute;a sus nalgas moverse tras de &eacute;l.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Quieres que ponga otra cobija mejor?<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Si&hellip;! Bueno, no, mejor abr&aacute;zame. No puedo dormir con tanta cosa encima. &#8211; Dijo descubri&eacute;ndose la cara.<\/p>\n<p>Ricardo se gir&oacute; y se fue acercando a ella. Con movimientos torpes pas&oacute; su brazo sobre su cintura, pero alej&oacute; la pelvis de sus nalgas. Su madre se dio cuenta, pero no dijo nada y al echar un vistazo a la beb&eacute;, se qued&oacute; dormida. &Eacute;l, por su parte, incapaz de conciliar el sue&ntilde;o, trat&oacute; de distraerse pensando en mil cosas. El aroma de su cabello era tan dulce y su piel tan suave que se sent&iacute;a como en un sue&ntilde;o. Poco a poco fue soltando su cuerpo hasta quedarse dormido tambi&eacute;n<\/p>\n<p>Cerca de la madrugada, su madre lo despert&oacute; con peque&ntilde;os golpecitos en la pierna. &#8211; Richy&hellip; Richy, despierta, coraz&oacute;n. &#8211; Dec&iacute;a con voz adormilada. Cuando &eacute;l se despert&oacute; se dio cuenta que ten&iacute;a una dura erecci&oacute;n fuera del short presionando sobre el culo de su madre. &#8211; Me est&aacute;s empujando al borde, hazte para all&aacute;-.<\/p>\n<p>Casi de un salto, se alej&oacute; lo m&aacute;s que pudo de ella guard&aacute;ndose el pene nuevamente. El coraz&oacute;n le lat&iacute;a demasiado r&aacute;pido y estaba rojo de verg&uuml;enza. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;nto tiempo habr&eacute; estado as&iacute; para que se diera cuenta?&rdquo; Se preguntaba en silencio horrorizado.<\/p>\n<p>&#8211; Ay, no seas exagerado Ricardo, p&eacute;gate m&aacute;s que tengo frio. &#8211; Le orden&oacute; su madre. Apret&oacute; lo m&aacute;s que pudo el pene entre las piernas y se acerc&oacute; a ella. Su madre nuevamente se peg&oacute; a su cuerpo pero continu&oacute; despierta. La sensaci&oacute;n de la erecci&oacute;n de su hijo frot&aacute;ndose inconscientemente sobre su culo la hab&iacute;a acalorado bastante. Hace mucho que no sent&iacute;a esa calidez y el cosquilleo inequ&iacute;voco de la excitaci&oacute;n se hizo presente. &ldquo;Es mi hijo &iquest;c&oacute;mo puedo sentirme as&iacute;? &iquest;Qu&eacute; clase de madre soy?&rdquo; se preguntaba sin poder hacer nada para calmar los nervios. Una cosa era fantasear con &eacute;l e imaginarse una sesi&oacute;n amatoria y otra muy distinta era verdaderamente excitarse con su tacto y su cercan&iacute;a.<\/p>\n<p>Poco a poco fue bajando las manos y cuando toc&oacute; su entrepierna sorpresivamente estaba ya empapada. Comenz&oacute; a pasar un dedo a todo lo largo de su vagina pero se detuvo cuando Ricardo se movi&oacute; nuevamente. Le cost&oacute; demasiado relajarse hasta quedarse dormida.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente Ricardo despert&oacute; con el sol en la cara. Eran casi las 10 de la ma&ntilde;ana y su madre ya se hab&iacute;a levantado. Era s&aacute;bado y no hab&iacute;a mucho que hacer. Se qued&oacute; acostado y con la mirada perdida recre&oacute; toda la situaci&oacute;n en su mente. Toc&oacute; su lado de la cama y de inmediato se avergonz&oacute;, pero la sensaci&oacute;n de las nalgas de su madre persist&iacute;a y no pod&iacute;a hacer otra cosa en ese momento m&aacute;s que masturbarse pensando en ella.<\/p>\n<p>II.<\/p>\n<p>Aunque pasaron varias noches despu&eacute;s de aquel incidente, no pod&iacute;an apartar aquella situaci&oacute;n de su mente. Ricardo se sorprend&iacute;a de pronto pensando en ella en clase y su madre en &eacute;l cuando le daba pecho a Adriana, que cada d&iacute;a se pon&iacute;a m&aacute;s inquieta. Por esta misma raz&oacute;n, Beatriz le ped&iacute;a a su hijo que durmiera con ella con m&aacute;s frecuencia y tal como aquella noche, se repet&iacute;a aquella inusual situaci&oacute;n: Ricardo inconsciente frotaba su erecci&oacute;n en sus nalgas y ella se dejaba hacer, terminando empapada cada vez. Por la ma&ntilde;ana, cuando lo desped&iacute;a en la puerta, apenas entraba a la casa se acomodaba en el sill&oacute;n para masturbarse casi fren&eacute;ticamente, esta vez, pensando en &eacute;l abiertamente. Esto era algo nuevo para ambos y estaban conscientes de que algo estaba sucediendo entre ellos, pero ten&iacute;an demasiado pudor para hacerle frente y hablar abiertamente de eso. Simplemente se estaban dejando llevar, sobre todo Ricardo, que ansiaba a que llegara la noche para sentir nuevamente el contacto de las nalgas de su madre y ella, del bulto de su hijo.<\/p>\n<p>Finalmente, despu&eacute;s de varios d&iacute;as de batallar con la beb&eacute;, por fin ten&iacute;an un momento de paz y quer&iacute;an aprovecharlo viendo su serie favorita, pero tan pronto se acomodaron sobre la cabecera de la cama, uno junto al otro, se quedaron dormidos. Todo ese fin de semana Adriana no hab&iacute;a dormido ni media hora, cuando ya estaba nuevamente despierta y haciendo un gran esc&aacute;ndalo por lo que su hermano deb&iacute;a calmarla inmediatamente. Cuando esta se dorm&iacute;a, su madre le daba un sonoro beso en el cachete a modo de agradecimiento y, en algunas ocasiones, muy cerca de los labios.<\/p>\n<p>Ricardo despert&oacute; y volte&oacute; a ver a su madre, que dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente con la cabeza recargada en su hombro. Por el movimiento de su pecho, not&oacute; que poco a poco iba creciendo la mancha de leche que brotaba a veces sin control. Llevaba puesto un sujetador de lactancia, pero emanaba tanto l&iacute;quido que ya hab&iacute;a mojado la camiseta. Produc&iacute;a demasiada y siempre terminaba guardando el excedente en botellas, mismas que Ricardo ve&iacute;a siempre con la tentaci&oacute;n de beberse de un sorbo. Cuando ella lo sinti&oacute; moverse pas&oacute; su brazo por su cintura y lo abraz&oacute;. Aquel gesto, para variar le provoc&oacute; una erecci&oacute;n que trat&oacute; de cubrir con una almohada, pero su madre, m&aacute;s que verla, pod&iacute;a sentirla. Estaba despierta y sumamente c&oacute;moda. Sent&iacute;a la necesidad de quedarse as&iacute; con &eacute;l y, sobre todo, de explorar abiertamente las sensaciones que le provocaban su tacto. Estaba mal, pero no quer&iacute;a detenerse.<\/p>\n<p>Se miraron a los ojos un momento y entonces, como un movimiento instintivo, Ricardo acerc&oacute; su cara para besarla tiernamente en los labios. Fue un beso muy largo, c&aacute;lido y totalmente inesperado que ella correspondi&oacute;. Su madre lo abraz&oacute; con m&aacute;s fuerza y subi&oacute; su pierna a las de &eacute;l. El coraz&oacute;n de ambos lat&iacute;a r&aacute;pidamente y su respiraci&oacute;n tambi&eacute;n se aceleraba conforme aquel beso se prolongaba. La habitaci&oacute;n pronto se inund&oacute; del sonido de sus besos y ambos se abrazaron, quedando ella completamente sobre &eacute;l; sent&iacute;a el bulto palpitante entre las piernas de su hijo y eso la animaba a seguir. Hasta ese momento, ninguna experiencia les hab&iacute;a parecido tan excitante como lo que estaba sucediendo y su l&iacute;vido estaba al tope.<\/p>\n<p>Entonces, Adriana comenz&oacute; a llorar y Beatriz abri&oacute; los ojos. Vio a su hijo con la cara enrojecida y la respiraci&oacute;n agitada. S&uacute;bitamente, el aura que se hab&iacute;a creado en torno a ellos se rompi&oacute; y quedaron expuestos tal cual eran: madre e hijo. Ella se incorpor&oacute; bruscamente y tom&oacute; a Adriana en sus brazos, que pataleaba y berreaba sin control. Ricardo balbuce&oacute; algo, pero su madre no lo escuch&oacute;; solo atin&oacute; a sonre&iacute;rle con una extra&ntilde;a mezcla de excitaci&oacute;n y sorpresa, pero no dijo nada. Calm&oacute; un poco a la beb&eacute; y se fue a su habitaci&oacute;n. El permaneci&oacute; inm&oacute;vil en la sala, totalmente excitado por los labios de su madre y pregunt&aacute;ndose si deb&iacute;a ir con ella o esperar a que lo llamara como las otras noches. Le dol&iacute;a el pene por la erecci&oacute;n, pero sab&iacute;a que no era momento de hacer nada. Estaba decidido a que pasara algo y prefer&iacute;a que fuera ella quien tomara la iniciativa, y a&uacute;n si no lo hac&iacute;a, no le tomar&iacute;a mucho trabajo incitarla.<\/p>\n<p>Beatriz no solo estaba asustada. Tem&iacute;a la raz&oacute;n por la que hab&iacute;a disfrutado tanto ese beso y, sobre todo, porque se hab&iacute;a excitado al punto de humedecerse. Estaba caliente y deseosa y se lo hab&iacute;a demostrado de la mejor manera. Y cuando ten&iacute;a que extraer la leche de sus pesados senos con la m&aacute;quina, imaginaba que era Ricardo quien los vaciaba completamente, para posteriormente colocarse sobre ella y penetrarla sin miramientos. Aquel pensamiento la inquiet&oacute; demasiado y tuvo que echarse agua fr&iacute;a en la cara para calmarse. Pronto caer&iacute;a la noche y quer&iacute;a repetir aquella experiencia tan excitante para ambos.<\/p>\n<p>&#8211; Richy, cari&ntilde;o, &iquest;me ayudas? &#8211; Susurr&oacute; inclin&aacute;ndose sobre el sill&oacute;n. Cuando Ricardo se despert&oacute; lo primero que vio fueron sus grandes pechos balance&aacute;ndose sobre &eacute;l, bajo la holgada bata azul que siempre llevaba. Ella se dio cuenta y ruborizada trat&oacute; de bromear al respecto, haciendo aquel momento a&uacute;n m&aacute;s inc&oacute;modo. Con el pretexto de ir al ba&ntilde;o, esper&oacute; un momento para bajar un poco la erecci&oacute;n que surgi&oacute; apenas oy&oacute; su voz y al cabo de un momento considerable fue a su habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La m&aacute;quina hab&iacute;a dejado de funcionar esa tarde y al no saber c&oacute;mo repararla, en su desesperaci&oacute;n, la arroj&oacute; al piso y est&aacute; se abri&oacute;. Le explic&oacute; la dolorosa hinchaz&oacute;n de sus pechos al no ser capaz de vaciarlos por completo, urgi&eacute;ndole sacar toda la leche. Ricardo tom&oacute; la m&aacute;quina e intent&oacute; hacer algunos ajustes mientras su madre se acomodaba en la cama. Se abri&oacute; la bata delante de &eacute;l y aparecieron sus senos hinchados y con restos de leche seca alrededor de la aureola.<\/p>\n<p>Tom&oacute; una toalla mojada y comenz&oacute; a limpiarlos lentamente como si Ricardo no estuviera ah&iacute;. &Eacute;l hac&iacute;a lo posible por concentrarse en la m&aacute;quina, pero no pod&iacute;a dejar de ver como tocaba sus blancos pechos y hac&iacute;a ciertos gestos de placer cuando pasaba la toalla sobre sus pezones. Termin&oacute; de poner los cables en su lugar y despu&eacute;s de acomodar la m&aacute;quina &eacute;sta por fin volvi&oacute; a funcionar.<\/p>\n<p>En cuanto puso la ventosa en su pecho, la fuerte succi&oacute;n provoc&oacute; que lanzara un gemido y se tapara la boca inmediatamente ruborizada. Ambos rieron nerviosos. La m&aacute;quina comenz&oacute; a succionar liberando la presi&oacute;n en sus pechos. Cerr&oacute; los ojos y se recarg&oacute; sobre el respaldo de la cama, totalmente relajada. Ricardo solo la miraba y miraba sus pechos presionados por las ventosas que apenas y cubr&iacute;an la aureola. La leche brotaba casi a chorros y en cuesti&oacute;n de unos minutos ambos recipientes estaban casi llenos. A estas alturas, su erecci&oacute;n era m&aacute;s que evidente y sin dejar de ver sus pechos, comenz&oacute; a frotarse por encima del pantal&oacute;n; estaba listo para quitar la mano si su madre abr&iacute;a los ojos. Not&oacute; que su respiraci&oacute;n se hab&iacute;a acelerado y ten&iacute;a los labios muy apretados: estaba excitada. No s&oacute;lo por la sensaci&oacute;n de la succi&oacute;n, sino porque sab&iacute;a que su hijo estaba ah&iacute;, vi&eacute;ndola, comi&eacute;ndose con los ojos cada mil&iacute;metro de sus pechos.<\/p>\n<p>El extractor comenz&oacute; a pitar y ambos salieron de su ensimismamiento. Los recipientes estaban completamente llenos, pero a&uacute;n sent&iacute;a la presi&oacute;n en sus pechos. Ricardo fue a buscar m&aacute;s frascos para la m&aacute;quina, pero todos estaban ocupados y s&oacute;lo encontr&oacute; biberones vac&iacute;os. Pero cuando regres&oacute; con ellos, Adriana se hab&iacute;a despertado y estaba tratando de hacerla dormir de nuevo. La encontr&oacute; inclinada sobre la cuna, con ambos pechos balance&aacute;ndose libremente hacia enfrente. Pens&oacute; que aquello hab&iacute;a terminado pero su madre le pidi&oacute; ayuda nuevo, sent&aacute;ndose frente a &eacute;l sobre la cama. &#8211; Tienes que aprender a hacerlo t&uacute; tambi&eacute;n. &#8211; Le pidi&oacute; su madre.<\/p>\n<p>Ricardo, con la mano temblorosa, tom&oacute; el pecho de su madre levant&aacute;ndolo un poco. Era pesado y muy suave; coloc&oacute; la ventosa y encendi&oacute; la m&aacute;quina. La leche empez&oacute; a brotar de su pez&oacute;n y Beatriz se mordi&oacute; el labio inferior al sentir nuevamente la succi&oacute;n. La mano extendida de Ricardo no alcanzaba a cubrir completamente su seno. &Eacute;l se tom&oacute; su tiempo observ&aacute;ndolo y concentr&aacute;ndose en su suavidad. Lo presionaba un poco y lo mov&iacute;a en c&iacute;rculos lentamente. La respiraci&oacute;n de su madre se fue acelerando conforme su pecho se iba vaciando y &eacute;l lo not&oacute;. Beatriz miraba de reojo la erecci&oacute;n de su hijo bajo el short y se humedec&iacute;a tambi&eacute;n. Pronto la leche dej&oacute; de brotar y la m&aacute;quina se detuvo, pero Ricardo continuaba absorto masajeando sus pechos con los ojos cerrados. Le dio unos ligeros golpecitos en el brazo para hacerlo reaccionar y ambos rieron nerviosamente; eran como dos adolescentes que iban a una cita por primera vez.<\/p>\n<p>Acomod&oacute; todo nuevamente sobre la mesa de noche y se dispuso a irse a dormir. Su madre lo detuvo en la puerta y sin abrocharse la bata lo abraz&oacute;. Ricardo sinti&oacute; sus senos desnudos por primera vez y nuevamente tuvo una erecci&oacute;n, solo que esta vez, ambos lo sintieron.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias por ayudar a mam&aacute;, cari&ntilde;o &#8211; Y acto seguido le dio un beso en los labios. Fue un beso corto pero lleno de emociones como hace un momento. Se despidi&oacute; torpemente y se fue a su cuarto. En cuanto cerr&oacute; la puerta, se acost&oacute; y comenz&oacute; a masturbarse r&aacute;pidamente. La imagen de su madre con las ventosas presionando sus pechos era lo m&aacute;s excitante que hab&iacute;a visto de ella hasta ahora. Se mor&iacute;a por acariciar sus pezones h&uacute;medos y llev&aacute;rselos a la boca. &iquest;A qu&eacute; sabr&aacute; su leche? se preguntaba. Acabo r&aacute;pidamente y los chorros de semen que lanz&oacute; fueron a parar al piso, cerca de la puerta. &iquest;Ella se habr&aacute; tocado tambi&eacute;n cuando me fui? &iquest;Lo har&aacute; pensando en m&iacute;?<\/p>\n<p>Lo hab&iacute;a decidido ya: iba a tener sexo con su madre.<\/p>\n<p>III.<\/p>\n<p>Esa noche ninguno de los dos pudo dormir. Hab&iacute;an cruzado la barrera que hab&iacute;a entre ellos y sab&iacute;an que se acercaban tambi&eacute;n cada vez m&aacute;s a terminar todo en la cama. Ricardo estaba listo para dar ese salto, pero su madre, aunque se excitara demasiado con la situaci&oacute;n, estaba temerosa de hacerlo. Con todo aquello ya no pod&iacute;a verlo como hijo y se sent&iacute;a atra&iacute;da hacia &eacute;l cada vez m&aacute;s. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puedo quererlo como hombre si es mi hijo? Se recriminaba constantemente. Aquel pensamiento siempre ven&iacute;a acompa&ntilde;ado de la c&aacute;lida sensaci&oacute;n de la excitaci&oacute;n y pronto pas&oacute; a imaginarlo abiertamente haci&eacute;ndole el amor a escondidas en alguna reuni&oacute;n familiar o en su cuarto, con toda la libertad que le daba aquella intimidad. Al final, el &iacute;mpetu de la juventud se impondr&iacute;a ante la cordura de la experiencia.<\/p>\n<p>Cuando Beatriz despert&oacute; not&oacute; que su entrepierna estaba empapada. Los sue&ntilde;os er&oacute;ticos eran m&aacute;s frecuentes y aunque no recordaba mucho al despertar, sab&iacute;a que so&ntilde;aba con su hijo. Se masturbaba con m&aacute;s frecuencia que en su adolescencia y a estas alturas, muy seguramente, m&aacute;s seguido que Ricardo. Pero cuando apenas acariciaba la entrada de su vagina por encima de la pantaleta, Adriana despert&oacute; con uno de sus acostumbrados berrinches. El d&iacute;a transcurri&oacute; m&aacute;s lento que de costumbre.<\/p>\n<p>Por la noche, Adriana continuaba inquieta. Los berridos se escuchaban hasta el cuarto de Ricardo y era uno tras otro. Ambos se impacientaban tanto por aquella situaci&oacute;n que sin pedirlo, Ricardo entr&oacute; al cuarto de su madre y tom&oacute; a la ni&ntilde;a en sus brazos y la arrull&oacute;. Justo como las otras veces, los berridos pararon y se mantuvo quieta pero tan pronto la intentaba poner en su cuna se alteraba. Asi sucedi&oacute; varias veces hasta que por fin, despu&eacute;s de darle un biber&oacute;n se qued&oacute; dormida.<\/p>\n<p>Beatriz le agradeci&oacute; con un beso corto en los labios y despu&eacute;s de arroparla bien se acomod&oacute; en su lado de la cama. Estaba cansada y necesitaba dormir, pero tambien se sent&iacute;a un poco excitada por la presencia de su hijo. Ricardo se recost&oacute; junto a ella pero no pensaba dormir. El calor de su cercan&iacute;a era una tentaci&oacute;n enorme, y no pensaba desaprovechar esa oportunidad ahora que las cosas hab&iacute;an cambiado tanto. Sent&iacute;a que la habitaci&oacute;n daba vueltas y necesitaba salir de ah&iacute;, pero tambi&eacute;n quer&iacute;a estar con ella y sentir su calor. No supo cuando tiempo paso sumido en sus pensamientos cuando se dio cuenta que su madre estaba profundamente dormida. Se fue acercando a ella lentamente y cuando estuvo lo suficientemente cerca para sentir el calor de su cuerpo, puso su mano en sus nalgas. Las recorr&iacute;a despacio y apenas toc&aacute;ndola. Eran muy firmes y suaves. Lentamente bajaba las manos hasta sus muslos y regresaba de nuevo a su culo; ten&iacute;a que hacerlo apenas rozando su cuerpo para que el movimiento no la despertara. Ricardo se sac&oacute; el pene del short y comenz&oacute; a masturbarse al tiempo que acariciaba el culo de su madre. Retiraba la mano de cuando en cuando pero cada vez avanzaba m&aacute;s entre sus nalgas. Quer&iacute;a hacer m&aacute;s, pero el temor a que lo descubriera lo frenaba, sin saber que ella ya estaba despierta. Pas&oacute; un dedo ligeramente por su vulva y la sinti&oacute; h&uacute;meda. Beatriz se manten&iacute;a inm&oacute;vil pretendiendo estar dormida, quer&iacute;a saber hasta d&oacute;nde podr&iacute;an llegar. El masaje en su vulva hizo que se mordiera los labios y not&oacute; como su respiraci&oacute;n se agitaba. Ricardo presionaba cada vez m&aacute;s y sent&iacute;a como sus dedos se iban humedeciendo con sus fluidos.<\/p>\n<p>Acerc&oacute; su pene a sus nalgas y presion&oacute; despacio. La humedad y el calor que desped&iacute;an lo obligaban a seguir y cuando Beatriz sinti&oacute; el glande apuntando a su vagina hizo el culo para atr&aacute;s, quedando su pene entre sus piernas. Ricardo se qued&oacute; inm&oacute;vil pero la respiraci&oacute;n profunda de su madre le hizo creer que estaba dormida. Se empez&oacute; a mover frotando su pene en sus labios que pod&iacute;an sentirse por la humedad de la pijama. Se mov&iacute;a despacio y se deten&iacute;a levemente de sus muslos para prolongar la sensaci&oacute;n. Cada vez presionaba con m&aacute;s fuerza la entraba de su vulva que ya estaba totalmente empapada.<\/p>\n<p>Entonces Beatriz, al borde del orgasmo, no pudo contenerse m&aacute;s y volte&oacute; a verlo. Ante tal gesto, Ricardo quit&oacute; la mano de su muslo balbuceando una disculpa y se incorpor&oacute; en la cama, pero su madre lo tom&oacute; de la mu&ntilde;eca y lo trajo hacia ella con cari&ntilde;o. Se besaron. Fue un beso corto y est&aacute;tico pero muy tierno; Beatriz lo miraba fijamente pero no era una mirada de reproche o de molestia, aquello era una invitaci&oacute;n. Nuevamente se besaron y sus labios empezaron a moverse hasta que sus lenguas entraron en contacto. Beatriz se peg&oacute; a su hijo y comenz&oacute; a mover su culo sobre su erecci&oacute;n ya fuera del piyama. Ricardo se manten&iacute;a est&aacute;tico mientras su madre restregaba las nalgas cada vez con m&aacute;s fuerza, sosteni&eacute;ndola de las caderas para agarrar ritmo. La barrera entre ellos hab&iacute;a desaparecido y ahora eran solo una pareja que deseaba m&aacute;s que nada hacer el amor.<\/p>\n<p>Ricardo desliz&oacute; su mano hacia su co&ntilde;o y cuando toc&oacute; sus labios su madre dio un respingo acompa&ntilde;ado de un gemido corto. Recorr&iacute;a toda su vulva con los dedos y presionaba cerca del cl&iacute;toris, mientras le empujaba el culo con su pene. Como el movimiento de su mano se dificultaba, su madre se quit&oacute; h&aacute;bilmente el short pegando nuevamente el culo sobre su pene que resbal&oacute; entre sus nalgas. Estaba empapada, sent&iacute;a sus flujos empezar a correr por sus muslos. Ricardo apret&oacute; sus tetas con ambas manos y comenz&oacute; a frotarse entre las nalgas de su madre, yendo a parar varias veces a la entrada de su vagina. Ambos respiraban muy agitadamente y se retorc&iacute;an con fuerza entrelazando sus piernas. Beatriz sent&iacute;a el orgasmo ir y venir cada vez que el pene de su hijo se colocaba en su vagina, por lo que tom&oacute; la iniciativa y lo agarr&oacute; por primera vez con dos dedos; Ricardo se estremeci&oacute; al sentir el tacto de su madre masajeando su glande.<\/p>\n<p>Se baj&oacute; un poco m&aacute;s para ponerse en posici&oacute;n y su madre guio su pene hasta la entrada de su co&ntilde;o. Cuando sinti&oacute; la calidez de su vagina empuj&oacute; fuertemente hasta que sus huevos chocaron con sus nalgas. Apenas sinti&oacute; el c&aacute;lido interior de su madre cuando inevitablemente se corri&oacute;. Jam&aacute;s hab&iacute;a terminado de esa manera y en esa cantidad, pues los chorros calientes brotaban de su vagina y empapaban la sabana. Pero aquello no estaba ni cerca de terminar. Ella supon&iacute;a que su hijo era inexperto y estaba segura que era su primera vez. Por lo que se dispuso a incorporarse, pero Ricardo la sujet&oacute; fuertemente de las caderas y tras sacar su pene lleno de semen la embisti&oacute; nuevamente. Ella volte&oacute; a verlo sorprendida de su iniciativa y se relaj&oacute; nuevamente sobre la cama. Empezaron a coger despacio pues no hab&iacute;a prisa: ten&iacute;an toda la noche. Ricardo la penetraba muy lentamente, pero con mucha fuerza. Su madre resollaba fuertemente con cada empuj&oacute;n y paraba m&aacute;s su culo para facilitarme la entrada. Baj&oacute; su mano hasta su muslo para levantarle la pierna, gesto que ella facilit&oacute; y tras acomodarse nuevamente detr&aacute;s de ella comenz&oacute; a bombearla m&aacute;s r&aacute;pido. Beatriz gem&iacute;a ya sin control al comp&aacute;s de sus movimientos; se acariciaba los pechos y apretaba fuertemente sus pezones.<\/p>\n<p>Ricardo estaba a punto de venirse por segunda ocasi&oacute;n cuando el interior de su madre se contrajo r&aacute;pidamente. Lo tom&oacute; del pelo y dej&oacute; escapar un largo gemido mientras se fund&iacute;an ambos en un intenso orgasmo. Esta vez no eyacul&oacute; mucho, pero si fue un orgasmo prolongado. Se quedaron quietos en silencio mientras recuperaban el aliento; la mueca de placer de Beatriz se transform&oacute; en una sonrisa que ilumin&oacute; su cara enrojecida. Se quedaron dormidos al poco tiempo con el pene de Ricardo a&uacute;n dentro de ella.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, Ricardo se despert&oacute; con su rostro entre las grandes tetas de su madre. La noche anterior parec&iacute;a un sue&ntilde;o pero la calidez del cuerpo desnudo de su madre hizo que se despabilara por completo. Hab&iacute;an cruzado aquella barrera prohibida y no se arrepent&iacute;a en absoluto; estaba seguro que su madre tampoco. Vio por primera vez sus pechos blanquecinos que ca&iacute;an sobre su rostro y comenz&oacute; a masajearlos despacio; sus pezones reaccionaron con su tacto y se endurecieron r&aacute;pidamente, dejando escapar peque&ntilde;as gotas de leche. Eran de un color rosado con una aureola grande, m&aacute;s de lo que hab&iacute;a podido ver aquella vez en el pasillo. Su madre abri&oacute; los ojos y le sonri&oacute; mientras se estiraba, haciendo que sus pechos se inflamaran y uno de sus pezones fuera a parar a sus labios. Lo abraz&oacute; fuertemente y bes&oacute; su frente mientras pasaba los dedos entre su cabello.<\/p>\n<p>&#8211; Mam&aacute;, yo&#8230; &#8211; Lo interrumpi&oacute; poniendo un dedo en sus labios y movi&oacute; la cabeza. Ricardo entendi&oacute; el gesto y guard&oacute; silencio. Beatriz miraba los labios de su hijo y luego ve&iacute;a sus ojos expectantes. Lo bes&oacute; tiernamente y cuando sinti&oacute; su lengua lo apart&oacute; poniendo una mano en su barbilla. &quot;Despacio.&quot; Le susurr&oacute; y volvi&oacute; a besarlo, esta vez movi&oacute; sus labios lentamente y ella asinti&oacute; sin separarse de &eacute;l. Despu&eacute;s de una larga temporadas sin sexo ni amor, aquello era como un torrente de luz que iluminaba su vida. Se sent&iacute;a jovial y amada nuevamente y la emoci&oacute;n de esta nueva relaci&oacute;n, tan prohibida y a la vez excitante, cambiaban su perspectiva ante la vida totalmente. Ahora estaba segura que los sentimientos que ven&iacute;an gest&aacute;ndose desde hace tiempo en torno a su hijo eran reales.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 15<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>5 I. Beatriz cerr&oacute; la puerta de su cuarto con cerrojo y se meti&oacute; al ba&ntilde;o. A&uacute;n sent&iacute;a la calidez en su entrepierna como la noche anterior y al recordar el bulto de su hijo presionando contra sus nalgas se le pusieron duros los pezones; los sent&iacute;a palpitar h&uacute;medos debajo de la bata. 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