{"id":41407,"date":"2023-03-28T22:00:00","date_gmt":"2023-03-28T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-03-28T22:00:00","modified_gmt":"2023-03-28T22:00:00","slug":"atencion-personalizada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/atencion-personalizada\/","title":{"rendered":"Atenci\u00f3n personalizada"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41407\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Laura no lo vio venir. Instalada confortablemente en su papel de ama de casa a la antigua usanza, dejaba discurrir su vida c&oacute;moda y placentera y, aunque era consciente de que los recursos que le proporcionaba su marido eran bastante limitados, ella, buena administradora por naturaleza, consegu&iacute;a mantener una relativa calidad de vida. Quiz&aacute; por eso, cuando su marido le plante&oacute; su deseo de separarse, una sensaci&oacute;n de hundimiento universal la dej&oacute; confundida y descentrada.<\/p>\n<p>A los 43 a&ntilde;os, sin una formaci&oacute;n espec&iacute;fica y nula experiencia laboral todos sus esquemas vitales se derrumbaron estrepitosamente.<\/p>\n<p>Cuando, pasados los primeros momentos, estuvo en condiciones de recapacitar, comprendi&oacute; que su matrimonio estaba soportado por la mera costumbre y por unos lazos que, por pura rutina, eran inconsistentes. El no haber tenido hijos era una causa m&aacute;s que hab&iacute;a deteriorado la estabilidad de la pareja.<\/p>\n<p>Su marido no le dio ninguna explicaci&oacute;n de sus planes de futuro, y s&oacute;lo la dej&oacute; entrever que se ir&iacute;a a vivir al piso de una amiga. Laura fue incapaz de obtener m&aacute;s detalles y tampoco insisti&oacute;, agobiada por la incertidumbre que le planteaba su perspectiva de futuro. Su marido le hab&iacute;a dejado caer que &eacute;l pagar&iacute;a el alquiler del piso durante dos meses pero que ella tendr&iacute;a que hacerse cargo del mismo en lo sucesivo o, en su caso, dejarlo libre.<\/p>\n<p>Laura era consciente de que sus posibilidades de obtener un empleo eran pr&aacute;cticamente nulas y, recapacitando, s&oacute;lo se encontr&oacute; habilitada para hacer tareas dom&eacute;sticas y de limpieza.<\/p>\n<p>Sin dejarse abatir m&aacute;s de lo que ya estaba, pens&oacute; en d&oacute;nde podr&iacute;a encontrar trabajo como asistenta o similar. Consult&oacute; en internet posibles agencias de empleo y, efectivamente, encontr&oacute; anuncios tanto de empresas como de particulares. Ella aspiraba a tener un empleo a jornada completa con la garant&iacute;a de un contrato laboral. Enseguida se percat&oacute; de que no era lo que abundaba en las ofertas de empleo. Lo m&aacute;s solicitado era limpieza por horas, casi siempre en casas particulares o, en caso de oficinas, trabajos de una o dos horas diarias. Se dedic&oacute; a ir llamando a todas las ofertas y obtuvo cita para cuatro posibles clientes. Tres casas particulares y una peque&ntilde;a tienda de tejidos. Ese mismo d&iacute;a hizo las visitas y consigui&oacute; llegar a un acuerdo con dos casas. Una, familiar, en la que ambos c&oacute;nyuges trabajaban y que la contrataron para dos d&iacute;as a la semana, tres horas al cada uno a 10 euros por hora. De contrato y alta en seguridad social ni mencionarlo. En la otra casa viv&iacute;an cuatro estudiantes y en un primer vistazo dedujo que all&iacute; habr&iacute;a que trabajar en firme. La suciedad y el desorden era la t&oacute;nica general y se notaba que hac&iacute;a meses que nadie hab&iacute;a pasado una bayeta, una fregona o una simple escoba por ninguna parte. Con ellos concert&oacute; un d&iacute;a a la semana, cinco horas, tambi&eacute;n a diez euros la hora. De contrato no se habl&oacute;. En ambos casos la incorporaci&oacute;n era inmediata.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; a casa m&aacute;s animada. Las cantidades previstas no eran suficientes para sufragar sus gastos m&aacute;s elementales pero era un atisbo de soluci&oacute;n y, sobre todo, se percat&oacute; de que ese campo podr&iacute;an surgir nuevas posibilidades.<\/p>\n<p>El primer d&iacute;a de trabajo fue en la casa de la pareja. Cuando ella lleg&oacute; a la hora prevista ellos ya estaban preparados para salir. Aunque la mujer, una chica joven, le dijo que lo esencial era el ba&ntilde;o, ella, acostumbrada a limpiar su casa extremo su cuidado en pulir y ordenar a conciencia. Cuando sali&oacute; fue consciente de que llevaba consigo los primeros treinta euros que hab&iacute;a ganado en su vida.<\/p>\n<p>En la casa de los estudiantes la tarea fue menos minuciosa pero m&aacute;s eficaz. El cambio fue tan espectacular que cuando antes de irse llagaron dos de los chicos se quedaron estupefactos al ver el cambio producido. La verdad es que el piso parec&iacute;a otro, incluso m&aacute;s grande.<\/p>\n<p>Durante un par de semanas Laura sigui&oacute; atendiendo ambas casas con normalidad. Su clientela parec&iacute;a satisfecha de su labor. El &uacute;ltimo d&iacute;a la se&ntilde;ora le pregunt&oacute; si le interesaba atender a una amiga suya que tambi&eacute;n necesitaba asistencia. Por supuesto lo afirm&oacute; y as&iacute; consiguio trabajo en las dos ma&ntilde;anas que le quedaban libres. Incluso complet&oacute; mejor las ma&ntilde;anas, ya que, en la nueva casa le pidieron que fuera cuatro horas. Con ello, Laura obten&iacute;a unos ingresos con los que podria atender, aunque con cierta estrechez, todos sus gastos.<\/p>\n<p>Las circunstancias no variaron durante los meses siguientes hasta que pens&oacute; en buscar algun trabajo de tarde para incrementar sus ingresos.<\/p>\n<p>Casualmente, en chat de personas mayores de Madrid, encontr&oacute; un aviso de un &quot;se&ntilde;or mayor&quot; que buscaba asistencia en horario de tarde. Conect&oacute; con &eacute;l mediante un privado y el comunicante, despues de preguntarle edad, estado y escasos datos sobre su persona s&oacute;lo le dijo de &eacute;l mismo que ten&iacute;a 70 a&ntilde;os de edad. Le dio su direcci&oacute;n, en un barrio acomodado de Madrid y la cit&oacute; para el d&iacute;a siguiente. Laura, procur&oacute; arreglarse con cuidado y discreci&oacute;n para causar buena impresi&oacute;n en la entrevista y se present&oacute; a la hora fijada.<\/p>\n<p>Ya al ver el portal y la entrada del edificio confirm&oacute; que sus habitantes tendr&iacute;an un alto estatus social.<\/p>\n<p>Cuando llam&oacute; al piso, le abri&oacute; un se&ntilde;or que se correspond&iacute;a con los pocos datos que le hab&iacute;a dado por chat. Estatura media, delgado, pelo blanco y facciones regulares. Con un gesto serio pero no adusto la invit&oacute; a pasar y la dirigi&oacute; a un gabinete que denotaba ser su pieza preferida.<\/p>\n<p>La invit&oacute; a sentarse en un sof&aacute; de piel y &eacute;l, lo hizo en un sill&oacute;n de orejas que se ve&iacute;a especialmente c&oacute;modo.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de un breve saludo entr&oacute; en materia explicando sus circunstancias personales que en s&iacute;ntesis eran que llevaba viudo cinco a&ntilde;os. Su esposa hab&iacute;a padecido una larga enfermedad que finalmente la quit&oacute; la vida.<\/p>\n<p>Durante largos a&ntilde;os hab&iacute;a dedicado su tiempo a cuidarla y atenderla y solo la dejaba en manos de una enfermera cuando ten&iacute;a que dar clase en la universidad. El fallecimiento de su esposa coincidi&oacute; con su jubilaci&oacute;n. Desde entonces hab&iacute;a seguido viviendo enclaustrado. La atenci&oacute;n dom&eacute;stica la ten&iacute;a confiada a una se&ntilde;ora relativamente mayor que ya en tiempos en que viv&iacute;a su mujer asist&iacute;a todos los dias en jornada de ma&ntilde;ana. Finalmente, animado por un viejo amigo, hab&iacute;a empezado a hacer algunas salidas a eventos de car&aacute;cter cultural. Llegado a este punto le confio que todo esto guardaba relaci&oacute;n con su petici&oacute;n en el chat. Para no divagar m&aacute;s le confi&oacute; que su intenci&oacute;n era recibir a una mujer de sus caracter&iacute;sticas una tarde a la semana para disfrutar de su compa&ntilde;&iacute;a en la que, si se llegaba a un acuerdo, incluir&iacute;a relaciones sexuales<\/p>\n<p>Laura se qued&oacute; pasmada. Aquella aclaraci&oacute;n la sorprendi&oacute; absolutamente. En ning&uacute;n caso habr&iacute;a supuesto que la larga parrafada concluyese con esa propuesta. Su desconcierto fue tan evidente que el due&ntilde;o de la casa se disculp&oacute; por su franqueza y reconoci&oacute; que la oferta hab&iacute;a sido muy brusca pero lo justific&oacute; alegando que no quer&iacute;a malos entendidos.<\/p>\n<p>Admiti&oacute; que pod&iacute;a ser molesto pero se ampar&oacute; en que a du edad no podia utilizar eufemismos. Llevaba muchos a&ntilde;os sin tener sexo y quer&iacute;a aprovechar el tiempo que le pudiera quedar. Confes&oacute; que lo hab&iacute;a intentado una vez con una profesional y el resultado hab&iacute;a sido nefasto. Por eso buscaba una persona de mente abierta y dispuesta a participar en su aventura. Entendia que a ella no le interesara y, en tal caso, lamentaba haberla molestado.<\/p>\n<p>Laura, entretanto, se hab&iacute;a serenado. Segu&iacute;a impactada pero al tiempo iba pensando en las ventajas que pudiera tener aceptar la proposici&oacute;n. Para ella el sexo nunca hab&iacute;a sido un tema tab&uacute; aunque nunca hab&iacute;a tenido una aventura fuera de casa. El sexo con su marido le resultaba pl&aacute;cido pero nada enloquecedor. Muchas veces se quedaba a medias pero por pereza lo disimulaba. En realidad lo consideraba una especie de peaje para mantener el equilibrio matrimonial. Con escasos resultados, como la realidad hab&iacute;a demostrado.<\/p>\n<p>El se&ntilde;or hab&iacute;a terminado de expresar sus pretensiones y qued&oacute; expectante a la reacci&oacute;n de Laura.<\/p>\n<p>Ella, confes&oacute; que la sorpresa la hab&iacute;a desconcertado. Era algo tan imprevisto que necesitaba pensarlo con tranquilidad. Le confes&oacute; que nunca hab&iacute;a tenido experiencias en ese sentido y que incluso el sexo con su marido hab&iacute;a sido algo accesorio. Le pidi&oacute; tiempo para meditar serenamente lo que le ofrec&iacute;a<\/p>\n<p>El se&ntilde;or qued&oacute; muy complacido por su reacci&oacute;n. Le demostraba ser una persona prudente pero no timorata. Al tiempo la hab&iacute;a estado observando y le gustaba su f&iacute;sico, bien formada pero sin estridencias, facciones regulares y gesto amable<\/p>\n<p>Acepto su planteamiento y quedaba a la espera de su llamada. S&oacute;lo insinu&oacute; que tuviera en cuenta, cuando lo meditase, que en ning&uacute;n caso la cuant&iacute;a economica iba a ser un inconveniente.<\/p>\n<p>Laura capt&oacute; el mensaje y se despidi&oacute;.<\/p>\n<p>De vuelta a casa en el metro comenz&oacute; a reflexionar sobre la situaci&oacute;n que se le planteaba. Por una parte era consciente de que lo que lo que le propon&iacute;an era entrar en el terreno de una prostituci&oacute;n maquillada. Al tiempo el entorno y la especial situaci&oacute;n no parec&iacute;a tener relaci&oacute;n con la sordidez de ese mundo. Sabia que ten&iacute;a que pensarlo friamente. Y trat&oacute; de cambiar su pensamiento hacia cuestiones m&aacute;s cotidianas y meditarlo al dia siguiente.<\/p>\n<p>Llego a su casa, se hizo una cena ligera y, para relajarse, se sirvi&oacute; una ginebra con agua t&oacute;nica, cosa excepcional en ella, pero consider&oacute; que la situaci&oacute;n lo merec&iacute;a. Durante el resto de la noche se fue sintiendo c&oacute;moda y segura. Sin duda la ginebra contribuy&oacute; a esa sensaci&oacute;n y, aunque de manera provisional, pens&oacute; que antes de rechazar la oferta le conven&iacute;a conocer todas las condiciones y circunstancias para poder decidir con criterio. Una vez definida esta postura se meti&oacute; en la cama y se qued&oacute; profundamente dormida.<\/p>\n<p>A la tarde siguiente llam&oacute; por tel&eacute;fono al se&ntilde;or y le comunic&oacute; que estaba dispuesta a conocer los detalles y que posteriormente decidir&iacute;a.<\/p>\n<p>Le visit&oacute; de nuevo. El ya la estaba esperando y retom&oacute; la &uacute;ltima conversaci&oacute;n. En s&iacute;ntesis le confirm&oacute; lo que ya hab&iacute;a esbozado. Pasar una tarde completa haci&eacute;ndole compa&ntilde;&iacute;a. Compartir sus costumbres habituales, charlar, leer, escuchar m&uacute;sica merendar o cenar, seg&uacute;n conviniera y, entre estas actividades introducir unos ratos para realizar sexo. Le aclar&oacute; que sus apetencias eran relajadas y nada estridentes y, en lo que dudaba era en si necesitar&iacute;a tomar alg&uacute;n estimulante, tipo Viagra, o no ser&iacute;a necesario. En todo caso la experiencia marcar&iacute;a las pautas en este sentido.<\/p>\n<p>Laura escuch&oacute; atentamente y, quiz&aacute; despejado el factor sorpresa, le parecieron sensatas las palabras de Don Arturo, que era el nombre de su interlocutor. Contest&oacute; que algo as&iacute; era lo que supon&iacute;a que le iba a proponer aunque quiso matizar que si sus conversaciones se iban a basar en las aficiones de &eacute;l, nunca podr&iacute;a estar a su altura y su participaci&oacute;n ser&iacute;a muy deficiente, ya que su formaci&oacute;n era muy b&aacute;sica. Tambi&eacute;n en cuanto al sexo su experiencia era muy poco sofisticada aunque quiz&aacute; en ese aspecto s&iacute; pudiera documentarse y actualizarse. Don Arturo matiz&oacute; que sus aficiones eran muy sencillas y en ning&uacute;n caso le apetecer&iacute;a reproducir en sus encuentros la ya lejana actividad acad&eacute;mica. Insisti&oacute; en que lo que necesitaba era olvidar la soledad monacal en la que viv&iacute;a y tener las satisfacciones que la responsabilidad y las circunstancias le hab&iacute;an negado. Dando por entendido la situaci&oacute;n global entr&oacute; de lleno en la cuesti&oacute;n econ&oacute;mica. &Eacute;l hab&iacute;a pensado en recibirla una tarde a la semana, de cuatro a nueve, a raz&oacute;n de cien euros por hora, quedando abierta la posibilidad de negociar cualquier otra cuant&iacute;a. Laura tuvo que hacer un esfuerzo por disimular el impacto que le caus&oacute; la cifra. Suponia ganar en cuatro tardes el doble de lo que obten&iacute;a durante todas las ma&ntilde;anas del mes. Incluso el esfuerzo no era comparable al que suponia mantener relucientes las viviendas de sus clientes. El factor sexo era la clave que romp&iacute;a la comparativa.<\/p>\n<p>Contest&oacute; que por supuesto la cantidad le parec&iacute;a muy generosa y que no habria nada que negociar.<\/p>\n<p>A&ntilde;adi&oacute; que hab&iacute;a previsto escucharle , meditar y, una vez segura, darle la respuesta pero en realidad ya no ten&iacute;a nada que pensar por lo que si &eacute;l estaba de acuerdo se pon&iacute;a a su disposici&oacute;n desde ese momento.<\/p>\n<p>Don Arturo no ocult&oacute; su satisfacci&oacute;n y sugiri&oacute; que los d&iacute;as de encuentro fueran los jueves. Sellaron el acuerdo con dos timidos besos por parte de Laura y un estrecho y entra&ntilde;able abrazo por parte de don Arturo.<\/p>\n<p>A partir de entonces Laura mantuvo su actividad diaria habitual, asistiendo puntualmente a sus obligaciones de ma&ntilde;ana contra&iacute;das pero las tardes de los jueves pas&oacute; a ser una especie de rito en el que se encontraba inmersa en una ceremonia propia de una vestal. Don Arturo se revel&oacute; como un oficiante amable, atento y cari&ntilde;oso que tomaba el cuerpo de Laura con la m&aacute;xima veneraci&oacute;n y respeto, quiz&aacute; descubriendo ya septuagenario, las dulzuras que el ambiente de su procedencia y las vicisitudes de su madurez le hab&iacute;an negado. Percibi&oacute; que estaba viviendo una experiencia &uacute;nica e irrepetible que le llenaba de satisfacci&oacute;n y de gozo. Al tiempo de disfrutar de orgasmos intensos desconocidos hasta entonces era consciente de que haber encontrado a Laura en lo que en aquellos momentos era la gran aventura de su existencia. La paz y el sosiego que llego a disfrutar le hac&iacute;an sentirse compensado por los a&ntilde;os en los que el sacrificio y el deber moral le hab&iacute;an secuestrado de una vida plena.<\/p>\n<p>Para Laura tambi&eacute;n result&oacute; una profunda catarsis ya que descubri&oacute; que, en lugar de un mero recurso econ&oacute;mico como pretend&iacute;a encontr&oacute; un compa&ntilde;ero atento y cari&ntilde;oso como nunca hab&iacute;a disfrutado.<\/p>\n<p>Con el paso de las semanas y los meses la afinidad de sus personalidades, por otra parte tan diferentes, crearon un clima de confianza y respeto que indujeron a Don Arturo a pedir a Laura que pensar&aacute; en la posibilidad de unir sus vidas de forma m&aacute;s estable, viviendo juntos con car&aacute;cter permanente. Laura no quiso caer en la tentacion. Para ella hubiera supuesto un cambio sustancial en su futuro y con todo afecto declin&oacute; el ofrecimiento. Para ella la presencia de don Arturo en su vida hab&iacute;a sido providencial ya que, independientemente del desahogo material que estaba disfrutando, era consciente del afecto y el cari&ntilde;o que hab&iacute;a recibido. Aun as&iacute; no quer&iacute;a que nada se pudiera convertir en una carga u obligaci&oacute;n para don Arturo. Le reiter&oacute; su amistad y le garantiz&oacute; que ella siempre estar&iacute;a a su disposici&oacute;n pero nunca ser&iacute;a una r&eacute;mora.<\/p>\n<p>Don Arturo ya preve&iacute;a que su respuesta podr&iacute;a producirse en este sentido y no insisti&oacute; pero, en su fuero interno se propuso insistir en su prop&oacute;sito en el futuro.<\/p>\n<p>Esta relaci&oacute;n, nacida a finales de 2018, se mantuvo sin variaciones durante el a&ntilde;o siguiente y en las mismas, e incluso m&aacute;s &iacute;ntimas, circunstancias, se present&oacute; 2020.<\/p>\n<p>En el mes de febrero, Laura recibi&oacute; en el m&oacute;vil un mensaje, breve y conciso, de don Arturo. En el comunicaba que estaba ingresado en un centro privado aquejado de Covid19. Promet&iacute;a tenerla al corriente de la evoluci&oacute;n.<\/p>\n<p>Laura, agobiada, intent&oacute; visitarle inmediatamente. Se puso en contacto con el Sanatorio donde s&oacute;lo pudo obtener la informaci&oacute;n de que ese paciente estaba ingresado en la Uci y que por razones del obligado aislamiento no era posible visitarle. Le ofrecieron tenerla al corriente de su evoluci&oacute;n y la informaron de que podr&iacute;a llamar por tel&eacute;fono sin restricciones para recibir noticias de su estado.<\/p>\n<p>Durante una semana, todos los d&iacute;as, Laura llam&oacute; y percib&iacute;&oacute; buenas sensaciones en las palabras de la se&ntilde;orita comunicante.<\/p>\n<p>El d&iacute;a 28 de febrero su respuesta fue dr&aacute;stica: el paciente Don Arturo Mart&iacute;nez hab&iacute;a fallecido de madrugada.<\/p>\n<p>Todos los d&iacute;as 28 de cada mes Laura M&eacute;ndez deposita un peque&ntilde;o ramo de flores en una l&aacute;pida del cementerio madrile&ntilde;o de la Paz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Laura no lo vio venir. 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