{"id":41414,"date":"2023-03-28T22:00:00","date_gmt":"2023-03-28T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-03-28T22:00:00","modified_gmt":"2023-03-28T22:00:00","slug":"como-cada-miercoles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/como-cada-miercoles\/","title":{"rendered":"Como cada mi\u00e9rcoles"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41414\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Como cada mi&eacute;rcoles a las diez, Alejandro dio un beso a su mujer, cogi&oacute; la basura y sali&oacute; de su piso en direcci&oacute;n a los contenedores de la calle de al lado. O al menos, eso es lo que su mujer cre&iacute;a. Con la bolsa maloliente colgando a su costado baj&oacute; las escaleras con paso tranquilo, atento a cualquier vecino cotilla que pudiese salir de su casa en ese mismo instante. Nadie se asom&oacute; y nadie le vio continuar bajando, hasta el garaje y hasta la zona de servicio de su edificio, la zona donde estaba la salida de emergencia que daba directamente al callej&oacute;n de atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Abandonando la bolsa en el estrecho pasillo que daba a la salida de emergencias sac&oacute; su llave, copiada directamente del manojo de llaves del portero, y abri&oacute; con sumo cuidado. En teor&iacute;a la puerta deber&iacute;a haber estado abierta, pero el miedo a los robos la manten&iacute;a siempre bien cerrada. Situaci&oacute;n que le conven&iacute;a, pues el pasillo quedaba sellado tanto desde dentro como desde fuera. Una c&aacute;mara acorazada, un refugio seguro.<\/p>\n<p>Como cada mi&eacute;rcoles a las diez y diez, su vecino Sim&oacute;n toc&oacute; r&aacute;pidamente a la puerta. Tres golpes r&aacute;pidos y breves, dos golpes m&aacute;s, otros tres para terminar. Alejandro le abri&oacute; r&aacute;pidamente y sus manos se lanzaron a por Sim&oacute;n que le recibi&oacute; entre sus brazos. Ninguno de los dos repar&oacute; ya en el anillo de casado que adornaba la mano del otro, y por sus mentes ni siquiera asom&oacute; la idea de que, tan solo unos pisos m&aacute;s arriba, cinco y siete respectivamente, aguardaban sus esposas y familias.<\/p>\n<p>La boca &aacute;vida de Sim&oacute;n captur&oacute; la de Alejandro que no tard&oacute; en morderse los labios para evitar gemir. Aunque la puerta se hab&iacute;a cerrado tras ellos y se sent&iacute;an a salvo ninguno quer&iacute;a arriesgar y ser descubiertos. Las manos grandes y ligeramente &aacute;speras de Sim&oacute;n recorrieron su cuerpo sobre la ropa, tirando del jersey de punto hacia arriba hasta que consigui&oacute; arranc&aacute;rselo. Alejandro se solt&oacute; el bot&oacute;n del vaquero y agarr&oacute; la cintura del pantal&oacute;n de tela que llevaba su vecino. Le gustaba su forma cl&aacute;sica de vestir, consideraba que le daba un aire cl&aacute;sico que casaba muy bien con su aura de maduro refinado.<\/p>\n<p>Baj&oacute; el pantal&oacute;n hasta las rodillas de Sim&oacute;n y cuando las manos del hombre le empujaron hacia abajo no dud&oacute; en hincarse de rodillas delante de &eacute;l. Su boca saliv&oacute; en anticipaci&oacute;n y dirigiendo una r&aacute;pida ojeada al rostro del maduro se meti&oacute; su pene en la boca. No ten&iacute;an demasiado tiempo y no quer&iacute;an desperdiciar ni un solo segundo. Sim&oacute;n acarici&oacute; el pelo de Alejandro, cortado de forma informal y que le hac&iacute;a aparentar m&aacute;s joven de los treinta que ten&iacute;a en realidad. Moviendo sus caderas adelante y atr&aacute;s le ayud&oacute; a tragar sus buenos diecinueve cent&iacute;metros. Su pubis cubierto de vello donde ya asomaban las canas como una mayor&iacute;a se acercaba y se alejaba de Alejandro cada vez m&aacute;s r&aacute;pido mientras su pene crec&iacute;a hasta llenar por completo el espacio en la garganta del hombre m&aacute;s joven.<\/p>\n<p>Alejandro chupaba con avidez, intentando tragar todo el pene que le ofrec&iacute;an y a la vez bajar sus vaqueros. Sim&oacute;n avanz&oacute;, oblig&aacute;ndole a retroceder de rodillas hasta quedar pegado a la pared. Su vecino apoy&oacute; una de las manos en el cemento mientras la otra guiaba su cabeza para que no se separase. Forcejeando a&uacute;n con sus vaqueros Alejandro acarici&oacute; los test&iacute;culos de Sim&oacute;n, que empezaban a colgar a causa de la edad, viendo su tama&ntilde;o ligeramente agrandado. Por fin consigui&oacute; soltar el bot&oacute;n y bajar la maldita cremallera, dejando espacio suficiente a su erecci&oacute;n que creci&oacute; dentro de los ce&ntilde;idos b&oacute;xers. Sim&oacute;n tir&oacute; de su cabello, oblig&aacute;ndole a levantarse y abandonar su fant&aacute;stico pene.<\/p>\n<p>Tras un beso r&aacute;pido Alejandro se dio la media vuelta, apoyando ambas manos en el hormig&oacute;n y ofreci&eacute;ndose a su vecino quien no dud&oacute; en bajarle el b&oacute;xer de un r&aacute;pido tir&oacute;n. Del bolsillo de su chaqueta sac&oacute; un preservativo y tras rasgar el fino envoltorio azul se le desliz&oacute; en el pene con un movimiento &aacute;gil, ensayado cientos de veces. Alejandro gimi&oacute; con anticipaci&oacute;n y chup&oacute; dos de sus dedos, us&aacute;ndoles para lubricar ligeramente su orificio y que pudiese acoger a su amigo en cuanto este estuviese listo. Sim&oacute;n termin&oacute; de acomodar el preservativo y separando las nalgas del m&aacute;s joven presion&oacute; su glande contra el ano de Alejandro.<\/p>\n<p>Aunque era imposible que cualquier vecino los escuchase, ni siquiera si alguien bajaba a la cochera, Sim&oacute;n tap&oacute; la boca de su vecino con la mano antes de empujar, desliz&aacute;ndose con esfuerzo dentro de Alejandro. El hombre m&aacute;s joven apret&oacute; con fuerza los labios, esforz&aacute;ndose por no gemir mientras procuraba relajarse. Sab&iacute;a que era el tiempo quien mandaba y si no quer&iacute;an ser descubiertos deb&iacute;an acelerar, pero eso no hac&iacute;a m&aacute;s sencillo los primeros momentos, cuando el duro pene de su vecino se abr&iacute;a camino a trav&eacute;s de su esf&iacute;nter, a&uacute;n cerrado y estrecho.<\/p>\n<p>Sim&oacute;n empez&oacute; a acelerar sus empujones, moviendo las caderas una y otra vez y pegando m&aacute;s y m&aacute;s a su vecino contra la pared. Colando la mano libre entre sus cuerpos aferr&oacute; el pene de Alejandro y le acarici&oacute; con rapidez, al mismo ritmo al que impulsaba su pelvis adelante y atr&aacute;s. En el desierto pasillo resonaba el entrechocar de sus cuerpos, un fren&eacute;tico golpeteo in crescendo que sub&iacute;a y sub&iacute;a su intensidad mientras los gemidos y jadeos empezaban a escapar de sus bocas. Los empujones de Sim&oacute;n eran cada vez m&aacute;s duros y su mano se mov&iacute;a una y otra vez, ascendiendo por toda la longitud de Alejandro, aprovech&aacute;ndose del l&iacute;quido preseminal que soltaba para lubricar su mano.<\/p>\n<p>Con un gemido que se amortigu&oacute; contra la palma de su vecino, Alejandro alcanz&oacute; el orgasmo. Oleadas de apresurado placer recorrieron su cuerpo mientras su vecino tiraba de su pene y se apretaba m&aacute;s contra su cuerpo, ligeramente sudado. Con dos fuertes empujones termin&oacute; tambi&eacute;n, gimiendo contra su cuello y procurando no soltarle hasta que los escalofr&iacute;os, fruto del orgasmo, remitieron por fin. En seguida se separ&oacute; del m&aacute;s joven y se apresur&oacute; a recolocarse la ropa. En tan solo cinco minutos estaba perfectamente compuesto, listo para salir como si nada hubiese pasado. Tir&oacute; el preservativo en el saco de basura que su vecino deb&iacute;a tirar y con un beso r&aacute;pido y fugaz sali&oacute; del pasillo.<\/p>\n<p>Como cada mi&eacute;rcoles a las diez y media, Alejandro recogi&oacute; la bolsa de basura tras recolocarse la ropa y limpiarse superficialmente con un pa&ntilde;uelo de papel. Comprob&oacute; que ning&uacute;n vecino estaba cerca y saliendo por el callej&oacute;n de detr&aacute;s de su edificio tir&oacute; la basura, volvi&oacute; a su portal a paso vivo y subi&oacute; las escaleras silbando suavemente. Sab&iacute;a que la cita se repetir&iacute;a el mi&eacute;rcoles siguiente, su rutina secreta particular. Desechando de su mente los &uacute;ltimos retazos de su encuentro con su vecino abri&oacute; la puerta de su piso, adentr&aacute;ndose de nuevo en la cotidianidad de siempre.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Gracias a todos por haber le&iacute;do este relato escrito a petici&oacute;n de un lector a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico. Si quer&eacute;is que escriba algo para vosotros pod&eacute;is pedirlo a trav&eacute;s de mi email, si la tem&aacute;tica me gusta y dispongo de tiempo, os har&eacute; un relato personalizado. Por supuesto, las personas, lugares y hechos descritos en el relato son completamente producto de mi imaginaci&oacute;n, y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.<\/p>\n<p>Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Como cada mi&eacute;rcoles a las diez, Alejandro dio un beso a su mujer, cogi&oacute; la basura y sali&oacute; de su piso en direcci&oacute;n a los contenedores de la calle de al lado. O al menos, eso es lo que su mujer cre&iacute;a. 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