{"id":41508,"date":"2023-04-08T23:15:03","date_gmt":"2023-04-08T23:15:03","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-04-08T23:15:03","modified_gmt":"2023-04-08T23:15:03","slug":"masajes-con-final-feliz-parte-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/masajes-con-final-feliz-parte-1\/","title":{"rendered":"Masajes con final feliz (parte 1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41508\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">6<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Conoc&iacute; a Camila de casualidad y, no lo voy a negar, por ingenua. Ven&iacute;a de una semana muy cargada en el trabajo. Inicio de clases, &uacute;ltimos ex&aacute;menes libres. Muy atr&aacute;s qued&oacute; la fantas&iacute;a de la profe lujuriosa para dar lugar a la profe hist&eacute;rica y sin tiempo para nada. Ese viernes necesitaba relajarme. Llam&eacute; a Flavia, mi masajista de siempre, pero todav&iacute;a estaba de vacaciones. Me pas&oacute; los contactos de algunos colegas, pero ninguno me convenci&oacute;. Decid&iacute; buscar en internet. Puse en el buscador &ldquo;masajistas por Palermo&rdquo;. La primera opci&oacute;n era Camila. Doy gracias a los dioses por eso.<\/p>\n<p>De entrada, me pareci&oacute; raro que trabajase durante toda la noche, pero mis ganas de sentirme m&aacute;s liviana pudieron m&aacute;s. Acordamos una cita para las 23 en mi departamento. Lleg&oacute; puntual. Su apariencia no era la de una masajista com&uacute;n. Parec&iacute;a lista para ir a una fiesta. Ten&iacute;a un vestido ajustado negro, con un escote que dejaba muy poco para la imaginaci&oacute;n. No me parece correcto juzgar a las personas por su manera de vestir, as&iacute; que no me preocup&eacute;. Nos saludamos con un beso y un abrazo, como si nos conoci&eacute;ramos de toda la vida. Su pelo enrulado, sus brazos y piernas cubiertos de tatuajes y su inmensa sonrisa, contrastaban abismalmente con mi presencia de esa noche. Le ofrec&iacute; algo de tomar, pidi&oacute; agua y lo agradeci&oacute;. Lo bebi&oacute; de un saque de pie, en la cocina, mientras mis ojos la analizaban como si tuviese rayos X. lo not&oacute; y sonri&oacute; por ello. Me pregunta que si estaba nerviosa. Fing&iacute; demencia y le dije que no. &ldquo;&iquest;Vamos a la cama?&rdquo;, me pregunt&oacute; con una sonrisa que dec&iacute;a demasiadas cosas.<\/p>\n<p>En la habitaci&oacute;n, me pidi&oacute; que me quitara la ropa. &ldquo;&iquest;Toda?&rdquo;, le pregunt&eacute;. Me dijo que pod&iacute;a dejarme la parte de abajo, cosa que hice. Me acost&eacute; boca abajo en el centro de la cama. La perd&iacute; de vista, pero sent&iacute;a como iba y ven&iacute;a por la habitaci&oacute;n, hasta que el tacto de sus manos en mis pies me hizo estremecer. &ldquo;Tranquila, reci&eacute;n empezamos&rdquo;, coment&oacute;. Me masaje&oacute; los pies unt&aacute;ndolos en un aceite que, a medida que lo manipulaba, se sent&iacute;a mas caliente. De a poco iba subiendo por mis piernas, deteniendo en cada zona. Desde el principio, mi cuerpo entr&oacute; en un estado total de relajaci&oacute;n que muy pocas veces hab&iacute;a sentido antes. Al llegar a mis muslos, volvi&oacute; a esparcir el aceite. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo te sent&iacute;s?&rdquo;, me pregunt&oacute;. &ldquo;Como en una nube&rdquo;, respond&iacute; tontamente. Me devolvi&oacute; una sonrisa que, a pesar de no haber sonado, la sent&iacute; clavarse en mi nuca.<\/p>\n<p>Sent&iacute; sus manos rosar varias veces mis nalgas, pero no se detuvo y subi&oacute; hasta mi espalda baja. El calor ejercido por el movimiento de sus manos, aceitadas, con mi piel, me estaba haciendo sentir demasiado calor en todo el cuerpo. Sent&iacute; como mi respiraci&oacute;n relajada del comienzo, comenzaba a alterarse. Ella lo not&oacute; y baj&oacute; la intensidad del roce de sus manos. Me pidi&oacute; que est&eacute; tranquila, acarici&aacute;ndome el pelo. Error. Nada me calienta m&aacute;s que me acaricien el pelo. Estaba casi desnuda, indefensa, a merced de las manos de una desconocida que me hac&iacute;a sentir demasiadas cosas. Se me hizo imposible no viajar en el tiempo hasta la noche en la que compart&iacute; esa cama con mi hermana y con mi cu&ntilde;ado. &iquest;Me estaba excitando? Confirm&eacute; esa duda al sentir como se montaba sobre mis piernas y me frotaba la espalda cada vez con mas intensidad. Iba de mis nalgas a mi cuello. Sub&iacute;a y bajaba. Hacia c&iacute;rculos con sus manos y con sus codos. La sensaci&oacute;n de relajaci&oacute;n se mezclaba de manera escandalosa con la excitaci&oacute;n. Una bomba nuclear estall&oacute; adentro m&iacute;o cuando sent&iacute; el roce de sus pechos desnudos moverse sabiamente por mi espalda. Una nueva y a&uacute;n m&aacute;s potente explosi&oacute;n ocurri&oacute; cuando me susurr&oacute; en el o&iacute;do: &ldquo;Martina, sos hermosa&rdquo;, para inmediatamente correrme el pelo y besarme el cuello.<\/p>\n<p>Comenc&eacute; a arquearme d&eacute;bilmente, sintiendo todo el peso de su cuerpo sobre m&iacute; y su aliento muy cerca de mi o&iacute;do. &ldquo;&iquest;Quer&eacute;s que pare?&rdquo;, pregunt&oacute; tambi&eacute;n en un susurro. &ldquo;No, no&rdquo;, fue lo &uacute;nico que atin&eacute; a decir. Sigui&oacute; bes&aacute;ndome suavemente. En un acto reflejo, comenc&eacute; a mover la cabeza buscando su boca. No tuve que esforzarme tanto, ya que ella busc&oacute; la m&iacute;a y me bes&oacute; con un beso caliente y apasionado. Un instante despu&eacute;s, dej&oacute; de montarme y me pidi&oacute; que me d&eacute; la vuelta. Obedec&iacute;. Reci&eacute;n ah&iacute; not&eacute; la firmeza de mis pechos y la dureza de mis pezones. &ldquo;Es incre&iacute;ble, cada minuto que pasa te pones m&aacute;s hermosa&rdquo;, me dijo mientras volv&iacute;a a montarse en mi cuerpo. Yo simplemente sonre&iacute;. Volc&oacute; aceite en mis tetas, luego en las suyas, y se agach&oacute;. Nos besamos mientras frotaba sus tetas con las m&iacute;as. Estaban igual o m&aacute;s duras que las m&iacute;as, por lo que tem&iacute; que el roce, m&aacute;s el aceite, generara combusti&oacute;n y nos prendi&eacute;ramos fuego. Sonre&iacute; y le cont&eacute; este pensamiento, lo que la hizo largar una carcajada hermosa. En ese momento tambi&eacute;n sent&iacute; que ella se pon&iacute;a m&aacute;s hermosa a cada instante. Su pelo era un revoltijo violentamente maravilloso de ver. Sus tetas, m&aacute;s grandes que las m&iacute;as, parec&iacute;an extra&iacute;das del cat&aacute;logo de las maravillas del mundo. Sus ojos, negros y grandes, desprend&iacute;an una luminosidad que solo imagino que puede existir en el infierno.<\/p>\n<p>Se sent&oacute; sobre mi vientre y comenz&oacute; a embadurnarme y masajearme las tetas. Yo la tomaba de los muslos, acariciando y apreciando esa firmeza. Tom&oacute; una de mis manos y la llev&oacute; hacia una de sus tetas. La palp&eacute; con timidez, pero sent&iacute;a la imperiosa necesidad de apretarla con fuerza, de estrujarla, de llevarla a mi boca. Y as&iacute; lo hice, atray&eacute;ndola con fuerza por la cintura. La inmensa suavidad, sumada al delicioso sabor a frutilla del aceite, hac&iacute;an de esa parte de su cuerpo, un manjar. Chup&eacute; una, luego la otra. Intent&eacute; comerme las dos a la vez, mientras perd&iacute;a mis manos en su hermoso y desordenado pelo.<\/p>\n<p>Ayudada por el aceite, se desliz&oacute; sobre mi cuerpo, hacia abajo. &ldquo;Supongo que ya se te fue toda la timidez, &iquest;verdad?&rdquo;, pregunt&oacute; se&ntilde;al&aacute;ndome la tanga. Asent&iacute; sonriente, notando por primera vez que ella hab&iacute;a estado desnuda todo el tiempo. Me la quit&oacute; con suavidad y maestr&iacute;a, como solo una mujer podr&iacute;a hacerlo. Hice el amagu&eacute; de sentarme, pero puso una mano entre mis pechos y me dijo que no era el momento. Me abri&oacute; las piernas con delicadeza y puso un beso c&aacute;lido y h&uacute;medo entre mis piernas. Se sent&iacute;a como los besos que nos hab&iacute;amos dado anteriormente, pero, esta vez, su boca y su lengua jugaban con mi cl&iacute;toris. Chupaba incre&iacute;blemente bien. Con una mano hund&iacute;a su cabeza entre mis piernas y con la otra me masajeaba las tetas. Pocos minutos despu&eacute;s, acab&eacute; por primera vez. Totalmente extasiada, la vi salir de ah&iacute; abajo, con la boca abierta llena de mis jugos. La tom&eacute; del pelo y la atraje hacia m&iacute;. Nos besamos, pasando todos mis jugos de su boca a la m&iacute;a. Tragu&eacute; yo, trag&oacute; ella, es lo que menos importa.<\/p>\n<p>Estuvimos un rato bes&aacute;ndonos y recorriendo nuestros cuerpos con las manos, sin ning&uacute;n sentido. Me agarr&oacute; una de mis manos y la llev&oacute; a su conchita. Sab&iacute;a perfectamente qu&eacute; hacer. Comenc&eacute; a masturbarla, mientras ella me lo hac&iacute;a a m&iacute;, sin dejar de besarnos. Un clic adentro de mi cabeza me llev&oacute; a pegar un salto y ubicar mi conchita frente a su cara, dejando la m&iacute;a muy cerca de la suya. Hicimos un 69 hermoso, en el cual pude hacerla acabar por primera vez. El sabor de sus jugos era agridulce, totalmente delicioso. Me tomo por los brazos y me hizo sentar sobre su cara. Me chup&oacute; la concha y el culo de manera magistral. Otro clic en mi cerebro extasiado me hizo estirar la mano hacia el caj&oacute;n de la mesa de luz. Ah&iacute; estaba mi gran amigo, &ldquo;consu&rdquo;. Lo chup&eacute; como si de eso dependiera mi vida, para luego meterlo con delicadeza en su concha. Al sentirlo, se arque&oacute; casi de forma violenta y por poco me tira de la cama. Nos re&iacute;mos mucho de eso. Luego me recost&eacute; sobre ella como instantes antes y volv&iacute; a chuparle la concha, mientras la penetraba con mi consolador. Su respiraci&oacute;n agitada mut&oacute; a gemidos de placer que me enloquecieron, por lo que volv&iacute; a acabar en su cara. Nuestros gemidos parec&iacute;an solo uno, r&aacute;pido y sonoro.<\/p>\n<p>Me tom&oacute; por la cintura, haciendo que abandone esa deliciosa posici&oacute;n. Se sent&oacute; sobre la cama y me pidi&oacute; que me sentara frente a ella, lo m&aacute;s cerca posible. Nuestras conchas quedaron a escasos cent&iacute;metros, casi ros&aacute;ndose. Entre ellas, puso mi consolador. Comenz&oacute; a moverse suavemente, con &ldquo;consu&rdquo; uniendo nuestras conchas. Imit&eacute; su movimiento, aumentando el ritmo a medida que ella lo aumentaba. A pesar de que era la primera vez que, hacia eso, fue tan natura que sent&iacute;a como si lo hubiese hecho siempre. Ella me dec&iacute;a que siga as&iacute;, que no pare. Por momentos me tomaba de la cintura y nos bes&aacute;bamos, sin separar nuestras conchas ni dejar de movernos. Con esa pija dura uniendo nuestras conchas, volvimos a acabar, esta vez, en el mismo instante. Nos fundimos en un beso y en un abrazo que se sent&iacute;a como si estuvi&eacute;semos envueltas en llamas. Totalmente empapadas en sudor y en nuestros propios jugos, sin dejar de abrazarnos, ca&iacute;mos rendidas en la cama. Apoy&eacute; mi cabeza en su pecho, mientras su respiraci&oacute;n agitada me hac&iacute;a sentir muy feliz.<\/p>\n<p>Sal&iacute; del tranc&eacute; cuando son&oacute; su celular, el cual estaba sobre la mesa de luz. Lo tom&oacute;, ley&oacute; algo, respondi&oacute;. &ldquo;Tengo que juntarme con una amiga. Est&aacute; cerca. &iquest;Le puedo decir que venga?&rdquo;. Me pregunto. Me sent&iacute;a totalmente agotada, sin fuerzas, pero con ganas de m&aacute;s. Ante mi silencio, volvi&oacute; a hablar. &ldquo;Es buena onda. Adem&aacute;s, tiene un regalo para vos. Estoy segura que te va a encantar. &iquest;Le digo que venga?&rdquo;. Como un aut&oacute;mata le dije: &ldquo;S&iacute;, pero r&aacute;pido&rdquo;.<\/p>\n<p>Quince minutos despu&eacute;s, lleg&oacute; Abigail. Una rubia alta, con las tetas m&aacute;s hermosas que vi en mi vida. &iquest;El regalo? Lo tra&iacute;a entre las piernas: la pija m&aacute;s deliciosa que me com&iacute; hasta el d&iacute;a de hoy. Pero esa historia se merece un relato propio. As&iacute; que&hellip; hasta la pr&oacute;xima.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>6 Conoc&iacute; a Camila de casualidad y, no lo voy a negar, por ingenua. Ven&iacute;a de una semana muy cargada en el trabajo. Inicio de clases, &uacute;ltimos ex&aacute;menes libres. Muy atr&aacute;s qued&oacute; la fantas&iacute;a de la profe lujuriosa para dar lugar a la profe hist&eacute;rica y sin tiempo para nada. Ese viernes necesitaba relajarme. 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