{"id":41573,"date":"2023-04-15T01:40:17","date_gmt":"2023-04-15T01:40:17","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-04-15T01:40:17","modified_gmt":"2023-04-15T01:40:17","slug":"el-nuevo-curso-v","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/el-nuevo-curso-v\/","title":{"rendered":"El nuevo curso (V)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41573\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 36<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Como cada ma&ntilde;ana desde que se iniciasen las clases, el despertador sac&oacute; a Enrique del mundo de sue&ntilde;os en el que hab&iacute;a habitado toda la noche.&nbsp; Desperez&aacute;ndose se gir&oacute; para apagarle de un manotazo, satisfecho de no usar el m&oacute;vil (la cuenta de pantallas rotas ya podr&iacute;a haberle condenado a la miseria de haber tenido el poco juicio de usarle de despertador), y se dio la media vuelta en la cama, dispuesto a aprovechar otros diez minutos entre las s&aacute;banas calientes. En cuanto complet&oacute; el giro se encontr&oacute; cara a cara con Dami&aacute;n, todav&iacute;a dormido. Con cierta sorpresa por no haberlo recordado antes sonri&oacute; embobado. Dormido le parec&iacute;a todav&iacute;a m&aacute;s guapo.<\/p>\n<p>Sus largas pesta&ntilde;as de color cobrizo temblaban ligeramente, proyectando sombras sobre los altos p&oacute;mulos del chico. Sus labios de coral estaban relajados, h&uacute;medos y entreabiertos y su revuelta melena rojiza se extend&iacute;a en todas direcciones, con sus ondas naturales convertidas en un nido enmara&ntilde;ado. Dorm&iacute;a con una mano debajo del ment&oacute;n y la otra extendida hacia el lado en el que hab&iacute;a dormido Enrique. Las mantas segu&iacute;an subidas hasta la barbilla y ocultaban el fant&aacute;stico cuerpo que ten&iacute;a. Ni siquiera parec&iacute;a haberse enterado de que hab&iacute;a saltado la alarma de tan profundo como era su sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Con una sonrisa boba en la cara le dio un beso en la mejilla, tan delicado como el aleteo de una mariposa. Cuando hab&iacute;a dormido en su cama le hab&iacute;a despertado al levantarse, pero ahora conoc&iacute;a de sobra el colch&oacute;n y evit&oacute; hacer ruido. Siempre en completo silencio recab&oacute; unas cuantas ropas del armario: jersey grueso, camisa y unos deste&ntilde;idos vaqueros azules; que dej&oacute; sobre el lavabo. Saltando de un pie a otro debido al fr&iacute;o se lanz&oacute; a la ducha donde procur&oacute; no entretenerse demasiado. El agua caliente arroj&oacute; un agradable chorro sobre su piel y consigui&oacute; despejarle los restos de sue&ntilde;o. Se sec&oacute; con la toalla y dej&oacute; la de Dami&aacute;n preparada en el lavabo. Con cierta premura se visti&oacute; antes de que su cuerpo perdiese el calor de la ducha y se pein&oacute; el pelo con un peine h&uacute;medo.<\/p>\n<p>Al dirigirse a la cocina se percat&oacute; de que la mochila de Dami&aacute;n estaba encima de la min&uacute;scula mesa donde sol&iacute;a comer. Sobre la encimera coloc&oacute; una bandeja con patas que empleaba cuando com&iacute;a en la cama y prepar&oacute; dos tazas. Puso la cafetera al fuego y en una de las tazas a&ntilde;adi&oacute; az&uacute;car en cantidad y leche. Tan solo ten&iacute;a magdalenas con pepitas de chocolate para el desayuno, nada semejante a los donuts que le hab&iacute;a comprado a Dami&aacute;n el otro d&iacute;a. Rezando porque fuese suficiente apart&oacute; la cafetera del fuego en cuanto empez&oacute; a silbar y ech&oacute; una generosa medida de caf&eacute; en cada taza. Por si acaso carg&oacute; tambi&eacute;n la botella de leche y el az&uacute;car en la bandeja y ech&aacute;ndose al hombro la mochila de su novio volvi&oacute; al cuarto.<\/p>\n<p>El despertador hab&iacute;a vuelto a saltar, pero Dami&aacute;n se hab&iacute;a limitado a girarse hacia el lado contrario y seguir durmiendo. Aquello divirti&oacute; enormemente a Enrique que dej&oacute; la bandeja sobre la mesilla de noche, en precario equilibrio. Deposit&oacute; la mochila a los pies de la cama, donde Dami&aacute;n la ver&iacute;a seguro, y acarici&oacute; el cabello cobrizo del chico. Besando nuevamente a su novio recorri&oacute; su cuello con los dedos y le retir&oacute; el pelo de la cara. Sin que ninguna de esas caricias se abriese paso a trav&eacute;s del sue&ntilde;o. Estir&aacute;ndose sobre el joven apag&oacute; el despertador definitivamente. Retirando algo la manta hacia abajo le bes&oacute; en los labios, sacudi&eacute;ndole con suavidad hasta que abri&oacute; los ojos, lega&ntilde;osos y desenfocados.<\/p>\n<p>&ndash;Buenos d&iacute;as&hellip; &iquest;llegamos tarde?<\/p>\n<p>&ndash;Qu&eacute; va, tranquilo. Suelo poner el despertador una hora antes, as&iacute; nunca llego tarde. &ndash;Sonriendo con timidez se sent&oacute; a su lado, dej&aacute;ndole espacio para que se incorporase. Recogi&oacute; la bandeja de la mesilla de noche y se la present&oacute; al chico, que pareci&oacute; despejarse de golpe&ndash;. Te he preparado el desayuno, aunque solo tengo magdalenas. Puedo hacerte tostadas, eso s&iacute;. Y record&eacute; que te gusta el caf&eacute; solo, pero tienes leche y az&uacute;car por si acaso.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se abraz&oacute; las rodillas, perplejo. Contemplando moverse a Enrique que dej&oacute; la bandeja en la cama, entre los dos, y se sent&oacute; en el mismo lugar donde hab&iacute;a dormido, apoyando la espalda en el cabecero y cogiendo su taza de caf&eacute;. En todo el tiempo que hab&iacute;a pasado con Mateo este jam&aacute;s hab&iacute;a tenido un solo gesto rom&aacute;ntico con &eacute;l fuera de pagarle las cenas o las entradas de cine. Esto, aunque sencillo y econ&oacute;mico, era infinitamente mejor. Cogi&oacute; la mano de su novio y le bes&oacute; los nudillos con devoci&oacute;n, apoyando despu&eacute;s su mejilla contra esa mano morena.<\/p>\n<p>&ndash;Gracias, en serio. Esto es&hellip; eres fant&aacute;stico.<\/p>\n<p>El chico enrojeci&oacute; hasta las ra&iacute;ces del pelo. Dio un ligero apret&oacute;n a la mano de Dami&aacute;n y le ofreci&oacute; una magdalena que acept&oacute; con una sonrisa de felicidad que resaltaba los hoyuelos de sus mejillas. La sonrisa favorita de Enrique que le acarici&oacute; las ligeras hendiduras con la punta de los dedos. Desayunaron en silencio, cogidos de la mano y disfrutando de su mutua compa&ntilde;&iacute;a. En un momento dado Enrique revis&oacute; su tel&eacute;fono sorprendido de no tener ning&uacute;n mensaje de Carlo, m&aacute;s tras su salida precipitada. Supuso que no se habr&iacute;a dado cuenta, ensimismado como estaba en su rubia acompa&ntilde;ante de quien no lograba recordar el nombre.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se fue a la ducha para cambiarse y Enrique recogi&oacute; la cafetera y los platos y las tazas que hab&iacute;an usado en el desayuno. Su novio no tard&oacute; nada en estar listo para irse, con un jersey de cuello alto a dos tonos de gris y unos vaqueros oscuros que defin&iacute;an a la perfecci&oacute;n sus nalgas firmes y marcadas. Trag&oacute; saliva con dificultad y volvi&oacute; a mirarle mientras se acercaba. Se sent&iacute;a sumamente afortunado de estar con alguien as&iacute;. Dami&aacute;n le rode&oacute; la cintura con los brazos, dejando caer la pesada mochila al suelo, y bes&oacute; su cuello con ternura.<\/p>\n<p>&ndash;Vamos, o se nos har&aacute; tarde. He quedado con Carlo y su chica en el banco frente al aula de Mauro.<\/p>\n<p>Salieron juntos, hablando con tranquilidad de las asignaturas. Eran buenos compa&ntilde;eros de estudio, mucho m&aacute;s avanzados que Carlo, quien sol&iacute;a retrasarse por el tiempo que dedicaba al gimnasio. En cuanto llegaron a la calle Dami&aacute;n sujet&oacute; la mano de Enrique con suavidad, dej&aacute;ndole espacio suficiente como para retirarla si se sent&iacute;a inc&oacute;modo. Para su sorpresa el joven se la estrech&oacute; con fuerza mientras sus mejillas se encend&iacute;an como la grana. Dami&aacute;n sonri&oacute; con ligereza e incluso sus pasos se hicieron m&aacute;s el&aacute;sticos. El trayecto nunca hab&iacute;a sido demasiado largo, pero esta vez a los dos se les hizo sumamente corto. Hubieran deseado tener que recorrer mucha m&aacute;s distancia, solo para poder pasar m&aacute;s tiempo juntos.<\/p>\n<p>En cuanto llegaron a la universidad se encaminaron al banco donde Dami&aacute;n se hab&iacute;a citado con Carlo. Antes de ver a su amigo, Enrique divis&oacute; una largu&iacute;sima melena dorada y una silueta femenina envuelta en un largo chaquet&oacute;n de color vino. Incluso a esa distancia pod&iacute;a apreciar el cuerpo proporcionado y la pose relajada. Sentado en el banco, con la actitud de quien se sabe due&ntilde;o de la situaci&oacute;n, estaba Carlo. Sosten&iacute;a las manos de la chica y sonre&iacute;a con franqueza. En cuanto los vio, su mirada recay&oacute; sobre sus manos entrelazadas. Poni&eacute;ndose en pie de un salto aplaudi&oacute; con fuerza, escandaloso como siempre.<\/p>\n<p>&ndash;Era tempo1! Congratulazioni2 parejita &iexcl;Por fin te has decidido, Enrique! Pens&eacute; que tendr&iacute;a canas antes de que por fin confesaras lo que sent&iacute;as.<\/p>\n<p>Completamente rojo Enrique ech&oacute; una mirada furtiva alrededor. Algunos compa&ntilde;eros hab&iacute;an girado la cabeza para mirarlos, pero ya prosegu&iacute;an su camino, indiferentes. La muchacha rubia dio un fuerte codazo a Carlo que no pareci&oacute; acusar demasiado el golpe, aunque ante su mirada de hielo dej&oacute; de gritar y se limit&oacute; a sonre&iacute;r abultando sus grandes m&uacute;sculos al dejar las manos en las caderas. Incapaz de contenerse se abalanz&oacute; sobre Enrique y le sepult&oacute; en un abrazo de oso mientras palmeaba la espalda de Dami&aacute;n con su mano libre. Con los ojos en blanco, la muchacha se adelant&oacute; y apart&oacute; al italiano de los chicos, que por fin pudieron respirar de nuevo.<\/p>\n<p>&ndash;Soy Thal&iacute;a, nos conocimos el d&iacute;a de la fiesta.<\/p>\n<p>&ndash;Yo soy Enrique, el amigo de Carlo.<\/p>\n<p>La chica se adelant&oacute; para darle dos besos y hasta su nariz lleg&oacute; el inconfundible aroma de las lilas y las frambuesas, dulce y embriagador. Por el modo en que su amigo la contemplaba, estaba claro que estaba loco por ella y, sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, no sinti&oacute; ning&uacute;n atisbo de celos. Estaba feliz por Carlo y le deseaba lo mejor. Con cierta sorpresa se fij&oacute; en que la chica tambi&eacute;n ten&iacute;a los ojos azules, aunque a diferencia de los suyos, semejantes en color al cielo de verano, los de la joven eran mucho m&aacute;s claros, de un color parecido al azul de un lago helado. Tras saludar a Dami&aacute;n con familiaridad se despidi&oacute; de los chicos, dando un &uacute;ltimo beso al italiano que la estrech&oacute; entre sus brazos.<\/p>\n<p>&ndash;Enhorabuena a ti tambi&eacute;n. No me hab&iacute;as dicho que ibas en serio &ndash;coment&oacute; Enrique caminando al lado de Carlo en direcci&oacute;n al aula.<\/p>\n<p>&ndash;Es la mujer m&aacute;s fascinante que he conocido nunca &ndash;proclam&oacute; con fervor&ndash;. Es guap&iacute;sima, pero tambi&eacute;n es muy inteligente, est&aacute; estudiando periodismo y quiere ser corresponsal internacional. Habla varios idiomas, es divertida y siempre est&aacute; riendo&hellip;<\/p>\n<p>Carlo segu&iacute;a y segu&iacute;a, alabando las virtudes de la joven mientras sus manos acentuaban lo que dec&iacute;a con grandes aspavientos. Sus ojos de aceituna resplandec&iacute;an de entusiasmo mientras los dos chicos desconectaban mentalmente de su interminable charla, que de todos modos solo entend&iacute;an a medias, pues en su desbordante apasionamiento alternaba el espa&ntilde;ol con el italiano de un modo casi incomprensible. Dami&aacute;n mir&oacute; a Enrique con una mirada ir&oacute;nica y divertida y este comprendi&oacute; con claridad el mensaje que le intentaba transmitir: si aquella chica le hubiese dicho a su amigo &ldquo;salta por la ventana&rdquo;, tendr&iacute;an que despegarle del suelo con una esp&aacute;tula en menos de un minuto. Enrique se alegr&oacute; nuevamente por &eacute;l, pero no pudo evitar una risilla ahogada contra el hueco del brazo, emulando una tos. Tan solo la imponente presencia del profesor Mauro consigui&oacute; acallar por fin a Carlo.<\/p>\n<p>Para la hora de comer, sin embargo, ya hab&iacute;a conseguido superar el monotema, y se centr&oacute; por completo en sus dos amigos, el nuevo y el viejo, que hablaban relajados de las clases, los planes de despu&eacute;s y el trabajo que ten&iacute;a Dami&aacute;n hoy en el gimnasio mientras se dirig&iacute;an a comer los tres juntos. Los lunes era un d&iacute;a tranquilo, poca gente se sent&iacute;a de humor como para retomar su rutina de ejercicios despu&eacute;s del fin de semana de perezosa indulgencia, pero eso nunca le hab&iacute;a molestado como s&iacute; parec&iacute;a molestar a Carlo, que aprovech&oacute; el momento para echar una considerable rega&ntilde;ina a Enrique. Justificada, eso s&iacute;. Con cierto abatimiento Enrique record&oacute; que hac&iacute;a casi tres semanas que no pisaba el gimnasio y admiti&oacute;, no sin cierto embarazo, que de seguir as&iacute; no tardar&iacute;a demasiado en recuperar todo el peso perdido. Al darse cuenta de su abatimiento el italiano dej&oacute; de abroncarle, no sin antes extraerle, un poco a la fuerza, la promesa de que le ver&iacute;a esa tarde en el gimnasio.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n hubiese deseado intervenir, pero algo le contuvo. Carlo y Enrique se conoc&iacute;an desde hac&iacute;a mucho m&aacute;s tiempo del que &eacute;l hab&iacute;a pasado con ellos, incluso si sumaba todo el tiempo dedicado a ambos no se sent&iacute;a en poder de decir nada. Con cierta preocupaci&oacute;n observ&oacute; como Enrique dejaba caer los hombros y daba la raz&oacute;n al italiano, que manten&iacute;a sus grandes brazos cruzados por delante de su pecho. Lo &uacute;nico que Dami&aacute;n se atrevi&oacute; a hacer fue extender su mano hacia la de Enrique, rozando suavemente el dorso de su mano en un mudo gesto de apoyo. Para su sorpresa y por primera vez, su novio retir&oacute; la mano, desviando la mirada. La sorpresa fue tal que por unos momentos Dami&aacute;n no pudo esconderla. Perplejo y ligeramente dolido retir&oacute; la mano, alejando su cuerpo del de Enrique.<\/p>\n<p>No tard&oacute; en sonre&iacute;r, sin embargo. Una sonrisa amarga y desilusionada que asom&oacute; a su rostro mientras su mirada se endurec&iacute;a. Se hab&iacute;a confiado demasiado y hab&iacute;a bajado la guardia pensando que no se repetir&iacute;an los errores del pasado. Entrecruz&oacute; los dedos y les apret&oacute; con tanta fuerza que sus u&ntilde;as se pusieron blancas. Por fortuna esta vez el desliz hab&iacute;a sido peque&ntilde;o y ni siquiera Carlo se hab&iacute;a percatado de ello, al menos se hab&iacute;a ahorrado la humillaci&oacute;n de que todos viesen c&oacute;mo era rechazado. Ambos j&oacute;venes segu&iacute;an hablando, aunque esta vez no del gimnasio ni de hacer ejercicio, por lo que se forz&oacute; a prestar atenci&oacute;n a su charla. Ni siquiera sab&iacute;a de qu&eacute; hablaban y como intentasen incorporarle a la conversaci&oacute;n se ver&iacute;a en serios problemas. Por suerte, el tono de llamada que ten&iacute;a personalizado para las llamadas y mensajes de su abuela acudi&oacute; a su rescate, sonando como por arte de magia.<\/p>\n<p>&ndash;Disculpad, chicos. Tengo que cogerlo.<\/p>\n<p>Ambos j&oacute;venes le dedicaron un gesto de cabeza para indicar que comprend&iacute;an, pero Enrique no le mir&oacute; directamente a los ojos. Intentando ignorar la garra de hielo que le apretaba el est&oacute;mago Dami&aacute;n se alej&oacute; de la mesa y sali&oacute; de la cafeter&iacute;a, sent&aacute;ndose en un banco vac&iacute;o antes de responder a la llamada. Carraspe&oacute; para aclararse la garganta y desliz&oacute; el dedo sobre la pantalla. De inmediato la voz dulce y entusiasmada de su abuela le reson&oacute; en los o&iacute;dos.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Dami! Cari&ntilde;o &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s? &iquest;c&oacute;mo te va la universidad? &iquest;Comes bien? &iquest;Has hecho amigos? Vuelvo hoy a casa, si tienes tiempo, quiero que vengas este viernes y me pongas al d&iacute;a de todo. Te quedar&iacute;as el fin de semana, por supuesto. No sabes las ganas que tengo de verte y pasar tiempo con mi nieto favorito.<\/p>\n<p>&ndash;Dir&aacute;s tu &uacute;nico nieto, abuela &ndash;la corrigi&oacute; entre risas mientras todas sus preocupaciones se aligeraban. Su abuela sonaba radiante, plet&oacute;rica y muy feliz &ndash;&iquest;Qu&eacute; tal tu amiga? &iquest;Lo has pasado bien?<\/p>\n<p>&ndash;Por supuesto que s&iacute;, tesoro. Ha sido una ceremonia preciosa, la que hubi&eacute;ramos tenido tu abuelo y yo de no haberse ido tan pronto, hasta me hicieron llorar. Ya te ense&ntilde;ar&eacute; las fotos cuando vengas, ver&aacute;s qu&eacute; guapa estaba Carmina.<\/p>\n<p>&ndash;Me encantar&aacute; abuela. De verdad. Aunque tengo que colgarte, tengo que volver en nada a clase.<\/p>\n<p>&ndash;Estudia mucho &iquest;S&iacute;? Quiero que me llames esta tarde, &iexcl;no has respondido a ninguna de mis preguntas!<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se ech&oacute; a re&iacute;r con franca alegr&iacute;a. Su abuela era &uacute;nica, y la adoraba por ello. Con una sonrisa a&uacute;n en los labios la repiti&oacute; numerosas veces que la quer&iacute;a antes de colgar del todo. A&uacute;n ten&iacute;a unos minutos libres y ninguna gana de entrar en el aula y sentarse junto a Enrique, quien seguramente volver&iacute;a a evitarle. Unos golpecitos muy suaves en su hombro le sobresaltaron y le hicieron saltar del banco mientras se giraba para descubrir el origen, encontr&aacute;ndose cara a cara con su novio.<\/p>\n<p>&ndash;Perdona, no quer&iacute;a asustarte ni interrumpirte. Parec&iacute;a una llamada importante.<\/p>\n<p>&ndash;Era mi abuela. Ha estado de viaje y vuelve hoy a casa.<\/p>\n<p>&ndash;Oye&hellip; &iquest;te importa si voy al gimnasio despu&eacute;s de tu turno? Si no&hellip; si no te molesta&ndash; consigui&oacute; tartamudear Enrique.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n baj&oacute; de nuevo la mirada, intentando con todas sus fuerzas no dejar traslucir ninguna emoci&oacute;n. Para ganar tiempo se desperez&oacute; y recogi&oacute; su mochila del banco donde la hab&iacute;a arrojado antes, se la colg&oacute; al hombro y por fin volvi&oacute; a mirar a su novio, que aguardaba en actitud expectante y compungida. Su mirada, normalmente clara y limpia ahora aparec&iacute;a suplicante, como si desease con todas sus fuerzas que no le importase su petici&oacute;n, que se la concediese sin montar un espect&aacute;culo. Desconcertado examin&oacute; al chico. Sab&iacute;a que era t&iacute;mido, pero esa actitud no parec&iacute;a propia de &eacute;l. Una chispa de intuici&oacute;n se abri&oacute; paso en su mente cuando se percat&oacute; de que quiz&aacute; la peque&ntilde;a bronca con Carlo pod&iacute;a tener algo que ver, aunque aquello no ayud&oacute; a mitigar la sensaci&oacute;n de rechazo.<\/p>\n<p>&ndash;No, supongo que no. Salgo de trabajar a las siete, p&aacute;sate despu&eacute;s y no me ver&aacute;s. &ndash;Claudic&oacute; al fin para inmenso alivio de Enrique&ndash;. Pero me gustar&iacute;a saber qu&eacute; te ocurre. Si quieres cont&aacute;rmelo. No s&eacute;, si he hecho algo que te ha molestado&hellip; lo siento.<\/p>\n<p>Los ojos de Enrique se abrieron desmesuradamente mientras su boca se abr&iacute;a en una perfecta &ldquo;o&rdquo;. Sin darle tiempo a decir nada Dami&aacute;n pas&oacute; caminando a su lado, agitando el tel&eacute;fono para que viese la hora que era. Unos cuantos rezagados corr&iacute;an a clase y Enrique se apresur&oacute; a seguir a Dami&aacute;n, quien manten&iacute;a la cara inexpresiva. Consigui&oacute; alcanzarle antes de entrar en el aula, pero la profesora ya aguardaba dentro y no pudo volver a hablar con &eacute;l. A pesar de pasarse toda la hora estudiando su perfil no pudo notar nada extra&ntilde;o en el chico. Atend&iacute;a como siempre y tomaba pulcras notas de las explicaciones que la maestra iba desgranando, y sin embargo no lograba sacudirse de encima la sensaci&oacute;n de que algo iba mal.<\/p>\n<p>Ni siquiera a la salida pudo hablar con &eacute;l, pues se fue con Carlo directamente al gimnasio. Aunque le dio un beso de despedida, fue lo bastante breve y casto como para conseguir que la idea de que las cosas no iban bien se afianzase en el fondo de su mente. Sentado frente a un plato de ensalada y con el libro abierto al lado, Enrique se plante&oacute; si Dami&aacute;n no estar&iacute;a molesto por su petici&oacute;n. Apartando el plato apoy&oacute; los brazos en la mesa y dej&oacute; escapar un suspiro frustrado. Si le dec&iacute;a la verdad se reir&iacute;a de &eacute;l, estaba seguro. O se reir&iacute;a de &eacute;l o se sentir&iacute;a asqueado. Hab&iacute;a mencionado, poco despu&eacute;s de conocerse, que Carlo le hab&iacute;a contado que hab&iacute;a estado pasado de peso, pero dudaba que su amigo le hubiese dicho en realidad cu&aacute;nto hab&iacute;a llegado a pesar. Solo con volver a pensar en el n&uacute;mero de kilos que hab&iacute;a alcanzado en el pasado volv&iacute;a a sentir n&aacute;useas y una sensaci&oacute;n de intenso desprecio por s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Conteni&eacute;ndose para no correr al ba&ntilde;o a mirarse para estar seguro de que los kilos no hab&iacute;an vuelto, retir&oacute; la ensalada intacta de la mesa. No ten&iacute;a ganas de comer, aunque deber&iacute;a ocult&aacute;rselo despu&eacute;s a Carlo o se enfadar&iacute;a con &eacute;l. En las primeras semanas del curso siempre se descuidaba ligeramente y engordaba uno o dos kilos, pero si ese hab&iacute;a sido el caso en estas primeras semanas, &iquest;por qu&eacute; no se lo habr&iacute;a dicho Carlo? &iquest;lo habr&iacute;a notado Dami&aacute;n? Su novio era atl&eacute;tico y delgado, mucho m&aacute;s activo que &eacute;l. Pod&iacute;a seguirle el ritmo en el gimnasio a Carlo y sab&iacute;a que corr&iacute;a cada vez que acud&iacute;a a su trabajo. Una persona como Dami&aacute;n seguro que no quer&iacute;a estar con &eacute;l si volv&iacute;a a engordar.<\/p>\n<p>Con rabia tir&oacute; toda la ensalada a la basura. Odiaba desperdiciar la comida, pero si no lo hac&iacute;a sab&iacute;a que acabar&iacute;a por sucumbir al hambre y se comer&iacute;a el plato entero. Hizo un r&aacute;pido barrido por la cocina y se asegur&oacute; de guardar cualquier comestible lo m&aacute;s lejos posible de su alcance, agradecido por haber dejado los donuts en casa de Dami&aacute;n. Mordi&eacute;ndose el interior de los carrillos con furia se centr&oacute; en los estudios como medida de distracci&oacute;n, ignorando el cada vez m&aacute;s punzante agujero de su est&oacute;mago conforme pasaba el tiempo. En cuanto lleg&oacute; la hora de ir al gimnasio se enfund&oacute; en su viejo ch&aacute;ndal y sus deportivas y sali&oacute; caminando a paso tranquilo. Nunca llevaba ropa de recambio, todav&iacute;a no se sent&iacute;a del todo c&oacute;modo duch&aacute;ndose en los vestuarios a pesar de que las cabinas de ducha eran individuales.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; no vio ni rastro de Dami&aacute;n por ah&iacute; cerca, tan solo a Carlo, que sosten&iacute;a un saco de boxeo de forma que Thal&iacute;a pudiese descargar una patada tras otra contra &eacute;l. Con un suspiro resignado se acerc&oacute; a la pareja, que dejaron lo que estaban haciendo para saludarle con entusiasmo. El sudor corr&iacute;a por la cara y el cuerpo de ambos, por lo que Enrique alberg&oacute; la vana esperanza de que su amigo estuviera cansado y no le presionase demasiado en su primer d&iacute;a. La chica agit&oacute; la mano, sin acercarse a &eacute;l demasiado, pero con una ancha sonrisa y Enrique entendi&oacute; que lo hac&iacute;a como gesto de cortes&iacute;a por el sudor. El italiano sin embargo no mostr&oacute; esa deferencia, y le palme&oacute; la espalda con afecto cuando le vio.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Listo para volver a entrenar? &ndash;pregunt&oacute; con entusiasmo cuando la chica les dej&oacute; a solas.<\/p>\n<p>&ndash;Carlo&hellip; &iquest;podr&iacute;as pesarme?<\/p>\n<p>Los ojos del italiano se le clavaron como afiladas lanzas de &oacute;nice mientras cruzaba los brazos por delante del pecho. La camiseta de tirantes dejaba expuesta toda su inmensa masa de abultados m&uacute;sculos que ahora sobresal&iacute;an en todas las direcciones posibles. Haci&eacute;ndole un gesto imperioso con la cabeza le condujo hasta las el&iacute;pticas, en ese momento desocupadas. Escrutando el gesto ansioso de su amigo neg&oacute; con la cabeza, provocando que de sus rizos azabache saltasen gotas de sudor.<\/p>\n<p>&ndash;No. Y ni se te ocurra insistir. Sabes que no me gusta que te centres en tu peso como lo haces, es una obsesi&oacute;n y puede darte problemas de salud. A principios de mes viene un especialista, es en ese momento cuando debemos mirar cu&aacute;nto pesas porque no ser&aacute; el &uacute;nico factor que se tomar&aacute; en cuenta. &iquest;Lo has entendido?<\/p>\n<p>&ndash;Puede que haya engordado &iquest;sabes?<\/p>\n<p>&ndash;Perch&eacute; insisti cos&igrave; tanto con il peso?3 Mira, si lo est&aacute;s diciendo por lo que te dije en la comida olv&iacute;dalo. Sabes que el deporte &egrave; la mia passione4 y que a veces hablo sin pensar. No est&aacute;s gordo, est&aacute;s estupendo y lo que necesitas ahora es terminar de definir y mantenerte. No me discutas.<\/p>\n<p>&ndash;Pero&hellip;&ndash;insisti&oacute; Enrique nuevamente, casi suplicando.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Por eso le has dicho a Dami&aacute;n si pod&iacute;as venir cuando &eacute;l no estuviese aqu&iacute;? &ndash;pregunt&oacute; Carlo de sopet&oacute;n. Al ver la cara compungida de su amigo suaviz&oacute; nuevamente el tono, intentando ser comprensivo&ndash;. Deber&iacute;as hablar con &eacute;l de esto, te quitar&aacute;s un peso de encima. Sobre lo que me pides: no, no vas a pesarte hasta el mes que viene, ni vas a empezar alguna dieta absurda por tu cuenta. Vas a comer bien, vas a entrenar conmigo y con Dami&aacute;n y vas a empezar a contar con nosotros. Mira, no le conozco de hace tanto tiempo como a ti, pero te quiere. Dile la verdad.<\/p>\n<p>Enrique se dej&oacute; caer contra la pared, abrumado por las palabras de su amigo que le miraba con cari&ntilde;o. Carlo le apret&oacute; el hombro con firmeza, pero sin hacerle da&ntilde;o, transmiti&eacute;ndole su apoyo en silencio. Una vez m&aacute;s hab&iacute;a demostrado ser mucho m&aacute;s perspicaz que lo que su aspecto exterior daba a entender. Con un suspiro resignado se subi&oacute; a la el&iacute;ptica y se aferr&oacute; a los brazos de la m&aacute;quina, dejando que su amigo la programase para una sesi&oacute;n breve que sirviese de calentamiento. Cuando la m&aacute;quina se puso en marcha, volvi&oacute; a dirigirse al italiano, que se hab&iacute;a subido a la que se encontraba a su lado.<\/p>\n<p>&ndash;No he comido, por cierto. As&iacute; que si me desmayo por una bajada de az&uacute;car y me abro la cabeza contra el suelo ser&aacute;s responsable de explic&aacute;rselo a mis padres y a Dami&aacute;n, y ser&aacute; culpa tuya, claro.<\/p>\n<p>La carcajada estruendosa de Carlo plane&oacute; sobre su cabeza, atrayendo las miradas de los que estaban cerca que sonrieron a su vez. Su franqueza resultaba contagiosa y agradable, aunque no supiesen el motivo por el que se re&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;No te preocupes, principessa5, no dejar&eacute; que te desmayes. Pero vas a desear haber comido.<\/p>\n<p>Dos horas despu&eacute;s Enrique sent&iacute;a las piernas de mantequilla. Carlo hab&iacute;a cumplido su palabra y apenas pod&iacute;a dar un solo paso sin que sintiese todo su cuerpo protestando por la reciente actividad f&iacute;sica. Consigui&oacute; arrastrarse hasta una de las sillas de la peque&ntilde;a cafeter&iacute;a del gimnasio, seguido siempre por su amigo que manten&iacute;a una ancha sonrisa de suficiencia en la cara. Quiz&aacute; hab&iacute;a sido un poco m&aacute;s duro de lo debido con Enrique, sobre todo para ser la primera sesi&oacute;n desde las vacaciones, pero as&iacute; al menos se asegurar&iacute;a de que nada m&aacute;s llegar a casa se lanzase a comer cualquier cosa que encontrase en la nevera a pesar de que iba a pagarle la merienda ahora. Su amigo hab&iacute;a entrado y salido de m&aacute;s dietas de las que pod&iacute;a recordar hasta el punto de llegar a considerarlo problem&aacute;tico, no estaba dispuesto a permitir que acabase con una enfermedad mental si pod&iacute;a evitarlo.<\/p>\n<p>Sin decir palabra le tendi&oacute; una botella de zumo de frutas que Enrique acept&oacute; agradecido. Tras despacharla en dos largos tragos se limpi&oacute; la boca con el dorso de la mano y se lanz&oacute; a por el s&aacute;ndwich que Carlo hab&iacute;a depositado sobre la mesa, frente a &eacute;l. Todav&iacute;a estaba caliente y escurr&iacute;a queso fundido por los cuatro costados, lo que sumado a su irresistible aroma a pan reciente y bacon bastaron para que cualquier reparo respecto a la comida se fuesen por el sumidero. Dando grandes bocados palade&oacute; el sabor salado en contraste con el dulzor del pan. Carlo empuj&oacute; otra botella de zumo en su direcci&oacute;n y le observ&oacute; comer con una amplia sonrisa.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; piensas hacer?<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;De qu&eacute;? &ndash;respondi&oacute; Enrique intentando no escupir migas.<\/p>\n<p>&ndash;Con Dami&aacute;n, &iquest;le vas a contar por qu&eacute; no has querido verle hoy?<\/p>\n<p>La bola de comida que ten&iacute;a en la boca se le hizo de pronto mucho m&aacute;s densa de lo que era capaz de tragar. Con un nuevo sorbo al zumo consigui&oacute; empujarla por su es&oacute;fago, tan lento que le result&oacute; doloroso. Dej&oacute; el s&aacute;ndwich de nuevo en el plato, perdido el apetito y las ganas de seguir comiendo. Con deliberada minuciosidad se limpi&oacute; las manos grasientas en una servilleta de papel, haciendo tiempo. El italiano se limit&oacute; a mirarle en silencio, comiendo de su propio bocadillo.<\/p>\n<p>&ndash;No lo s&eacute; &ndash;dijo por fin en un tono suave&ndash;. Le debo una explicaci&oacute;n, y creo que deber&iacute;a saber c&oacute;mo era yo antes, pero&hellip; me da mucho miedo. Seguro que le dar&eacute; asco. Es imposible que alguien como &eacute;l quisiera estar con alguien como era yo.<\/p>\n<p>Carlo frunci&oacute; el ce&ntilde;o. Aunque adoraba a Enrique casi como si fuese su hermano, odiaba cuando hablaba as&iacute;. Siempre hab&iacute;a sido una persona maravillosa, pero se hab&iacute;a dejado convencer de lo contrario por unos cuantos matones de colegio e instituto y el convencimiento de que, con gafas, pasado de peso y unos pocos granos, no pod&iacute;a ser atractivo. Iba a interrumpirle, pero el joven prosigui&oacute; hablando, por lo que cerr&oacute; la boca y escuch&oacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Me gusta mucho, me gusta much&iacute;simo. Es divertido y alegre, inteligente, muy guapo y se lleva bien con todos. He tenido mucha suerte con &eacute;l y no me lo creo a&uacute;n. No quiero que me vea diferente por c&oacute;mo era antes: una bola baja y gorda llena de granos.<\/p>\n<p>&ndash;Habla con &eacute;l. Antes parec&iacute;a preocupado. No me ha contado nada &ndash;a&ntilde;adi&oacute; con precipitaci&oacute;n al ver la cara que pon&iacute;a Enrique&ndash;, pero parec&iacute;a realmente preocupado y dolido. Es mejor si se lo cuentas, cenad juntos y sinc&eacute;rate. Dale una oportunidad. Parece quererte de verdad.<\/p>\n<p>&ndash;Tienes raz&oacute;n. Gracias por escucharme, eres un buen amigo.<\/p>\n<p>Enrique le dio un r&aacute;pido abrazo y sali&oacute; a la carrera, olvidado todo cansancio. De camino a su casa pas&oacute; por un local de sushi. Esperaba que le gustase el sushi. Mientras pagaba pens&oacute; que realmente no sab&iacute;a casi nada de Dami&aacute;n, pero ten&iacute;an tiempo para resolverlo si es que a&uacute;n le hablaba, si no hab&iacute;a estropeado las cosas. Dejando las bandejas con la cena sobre la peque&ntilde;a mesa de su apartamento embuti&oacute; en su mochila los libros de texto que necesitar&iacute;a para el d&iacute;a siguiente. Dudaba de si la llevar&iacute;a o no, en principio preferir&iacute;a que Dami&aacute;n se pasase, pero si ten&iacute;a que ir a su casa por supuesto que ir&iacute;a. Desnud&aacute;ndose por el pasillo se lanz&oacute; a la ducha y se frot&oacute; el cuerpo de forma apresurada, intentando que el jab&oacute;n llegase a todos los rincones de su cuerpo todo lo deprisa posible. En cuanto sali&oacute; se envolvi&oacute; la toalla a las caderas y llam&oacute; a Dami&aacute;n antes de caer en que era m&aacute;s que probablemente que estuviese en la biblioteca. No escuchar&iacute;a la llamada, por lo que le dej&oacute; un mensaje pidi&eacute;ndole que viniese a casa a hablar con &eacute;l.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n no tard&oacute; en responderle diciendo que ir&iacute;a para all&aacute;. Muerto de nervios Enrique se visti&oacute; sin prestar atenci&oacute;n a lo que se pon&iacute;a y rebusc&oacute; en su caj&oacute;n hasta encontrar una fotograf&iacute;a, la &uacute;nica que ten&iacute;a de sus a&ntilde;os de instituto. Sin atreverse a mirarla la dej&oacute; sobre el aparador de la entrada y puso la mesa. Estaba a punto de poner la tele cuando dos fuertes timbrazos aceleraron su pulso. Se abalanz&oacute; sobre la puerta y abri&oacute; a su novio, escuchando sus pasos calmados ascender las escaleras. Cuando lleg&oacute; frente a su puerta se le cort&oacute; la respiraci&oacute;n. Fuera hab&iacute;a empezado a lloviznar y su cabello cobrizo se encrespaba ligeramente, cubierto de cientos de gotas de lluvia que reluc&iacute;an en la escasa luz como peque&ntilde;os diamantes.<\/p>\n<p>Poni&eacute;ndose de puntillas le dio un beso, pasando los dedos por su cabello y retirando el agua con los dedos. Aunque el beso fue c&aacute;lido, los ojos de Dami&aacute;n permanecieron fr&iacute;os, indiferentes incluso. No rechaz&oacute; abiertamente a Enrique, pero tampoco se mostr&oacute; cari&ntilde;oso como antes. Hab&iacute;a venido preparado para que Enrique le dijese que no quer&iacute;a seguir con &eacute;l, y aunque la cena sobre la mesa le descoloc&oacute;, consigui&oacute; mantener la compostura. No deb&iacute;a desmoronarse delante de su novio, cualquier cosa menos volver a ser considerado d&eacute;bil y manipulable. El joven le precedi&oacute; hasta el peque&ntilde;o sal&oacute;n tras coger la foto del aparador.<\/p>\n<p>&ndash;Hum&hellip; creo que mejor ser&aacute; si nos sentamos &ndash;propuso Enrique manoseando el rect&aacute;ngulo de papel.<\/p>\n<p>&ndash;Claro. Lo que t&uacute; quieras. Por favor, s&eacute; breve. &ndash;Su tono triste alarm&oacute; a Enrique que le cogi&oacute; una de las manos.<\/p>\n<p>Entrelaz&oacute; sus dedos con los del chico, pero despu&eacute;s se lo pens&oacute; mejor y solt&oacute; su mano. Manten&iacute;a la mirada baja, por lo que no vio la mirada de dolor y rechazo de Dami&aacute;n que se cruz&oacute; de brazos. Enrique le tendi&oacute; la foto y esper&oacute; el veredicto, con la cabeza gacha y los hombros hundidos. Dami&aacute;n examin&oacute; la foto con atenci&oacute;n. En ella aparec&iacute;an Enrique y Carlo, posando delante de una escultura de hielo de un oso a dos patas. Carlo segu&iacute;a igual que ahora, quiz&aacute; menos musculoso y bastante menos bronceado, pero en esencia igual. Enrique era quien m&aacute;s cambiado estaba.<\/p>\n<p>Se manten&iacute;a medio escondido detr&aacute;s de Carlo y su sonrisa era t&iacute;mida, tan solo insinuada. En sus mejillas rechonchas y coloradas se apreciaban unos pocos granos aqu&iacute; y all&iacute;, ligeramente ocultos tras el marco de sus gafas de montura cuadrada y estilo anticuado. Su pelo estaba m&aacute;s largo, lacio y ca&iacute;a sobre sus ojos, tapando las cejas. A pesar de escudarse en Carlo pod&iacute;a ver perfectamente que estaba bastante pasado de peso, embutido en una ancha sudadera que no lograba disimular del todo su amplio contorno y una cazadora de bandas horizontales que no ayudaban a mitigar la impresi&oacute;n de gordura. Sus vaqueros deb&iacute;an haberle quedado holgados, pero le ce&ntilde;&iacute;an unas caderas anchas y un gran trasero. Pese a todo, sus c&aacute;lidos ojos azules tras los gruesos cristales de sus gafas, eran los mismos de siempre: c&aacute;ndidos, inocentes y dulces.<\/p>\n<p>&ndash;No entiendo, &iquest;de cu&aacute;ndo es esto? &ndash;pregunt&oacute; con extra&ntilde;eza se&ntilde;alando la fotograf&iacute;a.<\/p>\n<p>&ndash;Primer a&ntilde;o de bachillerato, en las vacaciones de Navidad. Es la &uacute;nica foto m&iacute;a que tengo de esos a&ntilde;os. Como ves&hellip; estaba gordo, y era horrible, todo granos, gafas y kilos. Me llamaban foca, bola de grasa, mantecas, tonel y la vaca. Dec&iacute;an que adem&aacute;s de gorda era maricona. &ndash;Hab&iacute;a bajado tanto la voz que Dami&aacute;n tuvo que inclinarse m&aacute;s para poder o&iacute;rle&ndash;. Carlo fue el que me ayud&oacute; a bajar de peso, ponerme en forma y eso. Los granos se fueron con crema y medicaci&oacute;n antiacn&eacute; y ahora llevo lentillas siempre que puedo, pero s&eacute; que no es suficiente.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; dices?<\/p>\n<p>&ndash;Me da miedo volver a ser ese chico de la foto. Me da miedo engordar y perder lo que tengo ahora. Ya s&eacute; que no es mucho, y que mi &uacute;nico amigo es Carlo, pero ahora&hellip; te tengo a ti. He tenido suerte y te has fijado en m&iacute;, nadie se r&iacute;e y nadie me llama nada, aunque te de la mano o salga contigo. S&eacute; que capullos hay en todas partes, y Carlo me dice que estoy bien y que no hab&iacute;a nada malo en mi antes, que era solo mi f&iacute;sico que me acomplejaba, pero no puedo evitarlo. &ndash;Dos gruesas l&aacute;grimas rodaron mejillas abajo, desliz&aacute;ndose hasta caer sobre las manos, apretadas en sendos pu&ntilde;os&ndash;. Me aterra volver a lo de antes, y cuando Carlo me dijo que ten&iacute;a que volver al gimnasio pens&eacute; que lo dec&iacute;a porque hab&iacute;a engordado, y me entr&oacute; el p&aacute;nico.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Por eso no quer&iacute;as ir cuando estuviese yo? &ndash;pregunt&oacute; incr&eacute;dulo.<\/p>\n<p>&ndash;Por eso y&hellip; porque quer&iacute;a pedirle que me pesase. Desde que me obsesion&eacute; con mi peso me quit&oacute; la b&aacute;scula, no me deja tener una en casa porque pod&iacute;a llegar a pesarme siete u ocho veces al d&iacute;a. Dice que eso es malo para mi salud mental, que me angustio &ndash;continu&oacute;, vulnerable e inseguro&ndash;. Quer&iacute;a ver si hab&iacute;a engordado, pero no quer&iacute;a que lo dijese en voz alta y te enterases de ser as&iacute;. Me hubiera muerto de verg&uuml;enza. Estoy seguro de que no querr&iacute;as salir con un chico como el que era, como el que sale en la foto.<\/p>\n<p>Enrique enmudeci&oacute;, todav&iacute;a dejando caer una l&aacute;grima tras otra a un ritmo lento pero continuo y sin atreverse a levantar la vista. Conoc&iacute;a a Dami&aacute;n desde hac&iacute;a tan poco que lo que acababa de decir le parec&iacute;a un tremendo error, pero era tarde para dar marcha atr&aacute;s. Si se iba, si le rechazaba, le romper&iacute;a el coraz&oacute;n en mil pedazos, pero al menos sabr&iacute;a que su relaci&oacute;n estaba condenada al fracaso desde el principio. Mejor enterarse ahora que despu&eacute;s de meses, con planes e ilusiones de futuro. Oh, pero el pensamiento dol&iacute;a tanto.<\/p>\n<p>Ni siquiera era consciente de que temblaba, todo su cuerpo se estremec&iacute;a como una hoja agitada por el viento. Su novio se levant&oacute; del sof&aacute; en silencio y sinti&oacute; que su coraz&oacute;n iba a estallar en afilados fragmentos que se hincaban en sus pulmones y le cortaban la respiraci&oacute;n. Si dec&iacute;a que le daba asco no sab&iacute;a si lo soportar&iacute;a, ser&iacute;a peor que todas las burlas y el acoso vivido desde el colegio. Para su sorpresa, Dami&aacute;n se arrodill&oacute; delante de &eacute;l, cubriendo sus pu&ntilde;os con sus manos y colocando su cara tan cerca de la suya que ocup&oacute; todo su campo visual. Sus ojos de gato estaban colmados de ternura y amor, sin rastro de la repugnancia que tanto le aterraba descubrir.<\/p>\n<p>&ndash;Eres idiota. Idiota de solemnidad. &ndash;Le insult&oacute; con suavidad, con una peque&ntilde;a sonrisa tirando de las comisuras de sus labios&ndash;. &iquest;Tan mal piensas de m&iacute;? &iquest;Tan superficial me consideras? Esc&uacute;chame, por favor.<\/p>\n<p>Ante su petici&oacute;n el chico levant&oacute; la vista de su regazo, sumergi&eacute;ndose en los dos pozos de jade que eran los ojos de Dami&aacute;n en ese momento. El joven le acarici&oacute; la cara con ternura, sec&aacute;ndole las mejillas con los pulgares e impidiendo que volviese a agachar la cabeza.<\/p>\n<p>&ndash;No me importa si antes pesabas m&aacute;s que ahora. Lo que siento es rabia y agradecimiento a partes iguales: rabia porque te lo hiciesen pasar tan mal, y agradecimiento hacia Carlo que estuvo ah&iacute; para ti. Es una grand&iacute;sima persona. Tienes raz&oacute;n en que no habr&iacute;a salido contigo, pero no porque estuvieses gordo, o tuvieras granos, o llevases gafas. De hecho &ndash;a&ntilde;adi&oacute; con una media sonrisa&ndash;, las gafas me gustan bastante, te ves sexy con ellas. No habr&iacute;a salido contigo porque yo en esa &eacute;poca estaba loco por otra persona y era incapaz de ver que otros a mi alrededor exist&iacute;an.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;De verdad no te habr&iacute;a molestado que te viesen conmigo cuando estaba as&iacute; de gordo?<\/p>\n<p>&ndash;Te lo juro &ndash;contest&oacute; con fervor&ndash;. De seguir as&iacute; ahora, igual que estabas en esa foto, creo que me habr&iacute;a enamorado de ti igualmente. Yo s&iacute; que he tenido suerte contigo, de verdad.<\/p>\n<p>&ndash;Yo&hellip; lo siento, lo siento mucho. Me daba miedo y te apart&eacute; por eso y&hellip; l-l-lo-s-s-ssien-tto &ndash;los sollozos de Enrique se intensificaron y subieron de volumen hasta que ahogaron sus palabras.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le atrajo hacia s&iacute; y le estrech&oacute; entre sus brazos, agradecido por no haberle perdido y avergonzado por haber sacado las cosas de contexto y no percatarse antes de que nada ten&iacute;a que ver con &eacute;l. El joven se refugi&oacute; en su regazo, escondiendo la cabeza en su hombro donde sigui&oacute; sollozando, mientras su novio le acunaba con dulzura. El intenso alivio que sent&iacute;a le inst&oacute; a abrazarle con m&aacute;s fuerza mientras el chico comenzaba a tranquilizarse y a dejar de llorar.<\/p>\n<p>El cuerpo c&aacute;lido y firme de Enrique se apret&oacute; m&aacute;s contra el suyo. Dami&aacute;n bes&oacute; su suave cuello con ternura, cerca de la nuca y desliz&oacute; ambas manos por la espalda del joven notando su piel sedosa y caliente bajo los dedos. Prometi&eacute;ndose a s&iacute; mismo, pero tambi&eacute;n a su novio, que estar&iacute;a m&aacute;s atento a partir de ahora para evitar nuevos malentendidos. Deb&iacute;a confiar, y jur&oacute; que, por mucho que le costase, confiar&iacute;a. Su peso resultaba reconfortante, incluso m&aacute;s que eso. Con cierta incomodidad se removi&oacute; ligeramente, intentando que su erecci&oacute;n no incomodase a su novio. Necesitaba consuelo, no saber lo pervertido que era. Intent&oacute; que Enrique no se diese cuenta, pero sus esfuerzos fracasaron miserablemente.<\/p>\n<p>&ndash;Oh, perdona. Esto es embarazoso&ndash; musit&oacute; alej&aacute;ndose y frot&aacute;ndose los ojos&ndash;. No deber&iacute;a llorar as&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;No te disculpes, no por ser sincero y sentirte mal. Ni por llorar. Sabes que estoy aqu&iacute; para lo que necesites, quiero estar aqu&iacute;, que te apoyes en m&iacute; si lo necesitas. Yo s&iacute; deber&iacute;a disculparme por esto &ndash;dijo con un elocuente gesto hacia abajo&ndash;. Te juro que no soy un pervertido, bueno, un poco, pero no es por verte llorar ni nada, y me siento fatal porque esto es s&uacute;per inoportuno. Es que estabas encima de m&iacute; y antes pens&eacute; que ibas a dejarme, y al no ser as&iacute; entre el alivio y que te ten&iacute;a sujeto pues&hellip;<\/p>\n<p>Enrique le cort&oacute; con un beso intenso. Sus ojos azules resplandec&iacute;an, ligeramente h&uacute;medos por las l&aacute;grimas a&uacute;n. Enred&oacute; sus dedos en el cabello rojizo de su novio y volvi&oacute; a subirse sobre &eacute;l, rodeando su estrecha cintura con las piernas, frot&aacute;ndose contra su m&aacute;s que notable erecci&oacute;n que abultaba la entrepierna de sus vaqueros. Dami&aacute;n le mir&oacute; con sorpresa, pero no le detuvo. Sus manos recorrieron el cuello de Enrique y se aferraron a su camiseta, tirando de ella para conseguir levantarla. La piel morena del joven qued&oacute; expuesta y Dami&aacute;n la acarici&oacute; en su totalidad, deslizando las manos de la espalda al pecho y de vuelta a la espalda, acercando m&aacute;s al chico a su cuerpo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s seguro de que quieres esto? &ndash;consigui&oacute; preguntar cuando por fin se separaron, jadeando aceleradamente.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;. Esto es lo que deseo, te deseo a ti, y saber que t&uacute; a mi es lo que m&aacute;s quiero ahora mismo. Por favor, no pares.<\/p>\n<p>La s&uacute;plica de Enrique fue ferviente y apasionada, no carente de sinceridad. Sus manos se aferraban a Dami&aacute;n con una desesperaci&oacute;n que al chico le record&oacute; a la misma que sent&iacute;a &eacute;l cuando deseaba arrancar a Mateo alg&uacute;n sentimiento genuino, algo m&aacute;s que el mero morbo. Recordaba con toda claridad el dolor cuando no lo consegu&iacute;a, y la sensaci&oacute;n de no ser m&aacute;s que un objeto. Sujetando la cara de Enrique entre las manos le devolvi&oacute; el beso con toda la pasi&oacute;n posible, empuj&aacute;ndole hacia atr&aacute;s a la vez hasta que qued&oacute; tumbado en el suelo, entre el sill&oacute;n y el sof&aacute;. Manten&iacute;a los ojos cerrados, entregado por completo a lo que quisiera hacerle.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se inclin&oacute; sobre &eacute;l. Dudaba que la postura en la que estaba fuese la m&aacute;s c&oacute;moda pero no pod&iacute;a contenerse. Una y otra vez hab&iacute;a puesto en duda que le quisiera de verdad y una y otra vez le demostraba que no ten&iacute;a nada que temer. Sus inseguridades no se hab&iacute;an puesto de manifiesto hasta no haber empezado a salir y amenazaban con alejar de &eacute;l a Enrique. Asustado por la idea y maldici&eacute;ndose por su estupidez se agarr&oacute; a &eacute;l con fuerza, mordi&eacute;ndole el labio interior y tirando de &eacute;l con los dientes mientras su lengua se deslizaba por los rincones de su boca, esforz&aacute;ndose por retenerle junto a &eacute;l. Enrique gem&iacute;a con suavidad, de forma casi inaudible, pero sus manos tiraban de la ropa de Dami&aacute;n con tanta fuerza que el joven pens&oacute; que se la desgarrar&iacute;a.<\/p>\n<p>Abandonando su boca descendi&oacute; por su cuello con besos apasionados, dejando una hilera de marcas rojizas de diversos tama&ntilde;os. La piel morena y suave no era tan propensa a quedar marcada como la suya, por lo que insisti&oacute; nuevamente, ahora en sentido ascendente, volviendo a besar cada uno de los puntos y succionando ligeramente, reforzando las marcas. Esta vez s&iacute; consigui&oacute; sacarle la camiseta, arroj&aacute;ndola sobre el sof&aacute; sin preocuparse por ella. Bajo &eacute;l, Enrique temblaba, agitado por escalofr&iacute;os cuya causa era una mezcla de excitaci&oacute;n y fr&iacute;o por estar acostado sobre el duro suelo. Dami&aacute;n abraz&oacute; su cuerpo, transmiti&eacute;ndole un calor que no sirvi&oacute; para detener los estremecimientos. Su boca baj&oacute; desde el cuello a las clav&iacute;culas, por donde pas&oacute; la lengua hacia los hombros.<\/p>\n<p>No quer&iacute;a detenerse, ni siquiera se le pasaba por la cabeza la idea de parar ahora. Quer&iacute;a besarle cada cent&iacute;metro de piel, corresponder a su confianza con entrega. Nuevas marcas rojizas asomaron en el hombro mientras dirig&iacute;a su boca a los b&iacute;ceps de Enrique. Girando la cabeza le bes&oacute; hasta donde alcanzaba sin hacer que le soltase. Su novio gem&iacute;a sin resistirse, limit&aacute;ndose a mantenerse aferrado a &eacute;l, apretando su camiseta en los pu&ntilde;os. Dami&aacute;n desliz&oacute; las manos por los costados del cuerpo de Enrique, deteni&eacute;ndose sobre las ligeras estr&iacute;as que marcaban su cintura. Aunque sus manos viajaron m&aacute;s all&aacute;, su boca no abandon&oacute; todav&iacute;a el pecho. Con los labios entreabiertos y jadeando recorri&oacute; los pectorales en toda su longitud. No sab&iacute;a si lam&iacute;a o besaba y le daba igual, tan solo quer&iacute;a recorrer toda su piel.<\/p>\n<p>Los pezones estaban tan duros que las puntas presentaban ese tono escarlata que tanto le excitaba, pero a&uacute;n era pronto. Si les acariciaba no podr&iacute;a detenerse, por lo que les ignor&oacute; y se limit&oacute; a morderle un poco por encima de las aureolas, tirando de la piel con los dientes hasta que le escuch&oacute; gemir y su respiraci&oacute;n se aceler&oacute;. Desde esa posici&oacute;n pod&iacute;a escuchar perfectamente su coraz&oacute;n, latiendo desbocado contra sus costillas. Mientras le besaba por debajo del pectoral derecho, apoy&oacute; la mano sobre el izquierdo aferrando su m&uacute;sculo con firmeza, abarc&aacute;ndole con la palma de la mano y notando el martilleo incesante contra la misma. Para no descargar todo su peso sobre esa &aacute;rea tan sensible apoy&oacute; la otra mano en el suelo, notando por primera vez lo fr&iacute;o que estaba.<\/p>\n<p>Con un gemido de frustraci&oacute;n se separ&oacute; de Enrique, incorpor&aacute;ndose del piso. Aferrando el antebrazo de su chico tir&oacute; de &eacute;l con sorprendente fuerza, levant&aacute;ndole. Estrech&aacute;ndole entre sus brazos acarici&oacute; su espalda helada intentando calent&aacute;rsela. Enrique jadeaba, con la frente apoyada contra su pecho y sus brazos rode&aacute;ndole por la cintura. Flexionando las rodillas le rode&oacute; los muslos y en un &uacute;nico movimiento calculado le iz&oacute; en el aire, posicionando sus piernas a ambos lados de su cuerpo. En cuanto le tuvo en vilo not&oacute; resentirse sus brazos y su espalda pues a pesar de su fuerza pesaba m&aacute;s de lo que sol&iacute;a cargar. Sin embargo, ignor&oacute; esas sensaciones y el grito de sorpresa de su novio que enrosc&oacute; sus piernas con m&aacute;s fuerza en torno a &eacute;l debido al susto.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; haces? &iexcl;B&aacute;jame! Peso demasiado para ti.<\/p>\n<p>No respondi&oacute;. Controlando su respiraci&oacute;n afianz&oacute; m&aacute;s su agarre y ech&oacute; a caminar hasta el dormitorio, agradeciendo las escasas dimensiones del apartamento. A pesar de que sus brazos comenzaban a dolerle por el esfuerzo consigui&oacute; llegar hasta la cama. Enrique solt&oacute; sus piernas, sin duda esperando que le dejase caer sobre el mullido colch&oacute;n. Para su sorpresa Dami&aacute;n no le solt&oacute;. Aguantando el agarre se dobl&oacute; despacio, hasta depositarle con dulzura sobre la cama, quedando sobre &eacute;l directamente.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s bien? &iquest;Te has hecho da&ntilde;o? &ndash;interrog&oacute; Enrique preocupado, incorpor&aacute;ndose a medias.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le retuvo, empuj&aacute;ndole por los hombros con suavidad. Sin responder volvi&oacute; a besarle, atrapando acto seguido uno de los pezones entre sus labios. Los gemidos de Enrique se reanudaron, m&aacute;s agudos esta vez. Tanteando pas&oacute; la lengua en un suave c&iacute;rculo en torno al pez&oacute;n, recorriendo toda la aureola mientras sus dientes se afianzaban sobre la delicada carne, que ced&iacute;a bajo ellos. Controlando la presi&oacute;n para no hacerle da&ntilde;o tir&oacute; de la piel ligeramente, con estudiada calma. Enrique se retorc&iacute;a debajo, incapaz de contenerse. Acarici&oacute; con los dedos el otro pez&oacute;n, listo para pellizcarle, cuando not&oacute; que le tiraba del pelo con fuerza, demandando su atenci&oacute;n. Sus claros ojos brillaban sobre &eacute;l, exigiendo una respuesta a sus preguntas.<\/p>\n<p>&ndash;Estoy bien, no te preocupes. Te estabas quedando helado, me lo tendr&iacute;as que haber dicho antes&ndash; protest&oacute; sonriendo con cari&ntilde;o.<\/p>\n<p>&ndash;No me di cuenta &ndash;admiti&oacute; acariciando su cabello cobrizo&ndash;. No pares, por favor.<\/p>\n<p>Sus mejillas se ti&ntilde;eron de color en cuanto dijo aquello. Sonriendo con dulzura Dami&aacute;n acarici&oacute; los parches de color en cada p&oacute;mulo, m&aacute;s calientes incluso que el resto de la piel. Bes&aacute;ndole con dulzura en los labios volvi&oacute; a acariciar los pezones del joven, impuls&aacute;ndoles arriba y abajo con el pulgar, jugando con ellos de forma que se hundiesen para volver a saltar en cuanto retiraba la presi&oacute;n. A pesar del beso Enrique gem&iacute;a sin control. Antes de que volviese a agarrarle Dami&aacute;n se quit&oacute; la camiseta, aprovechando que hab&iacute;a tenido que separarse de &eacute;l para volver a descender por su cuerpo, besando las costillas de ambos lados hasta llegar al estern&oacute;n, por el que pas&oacute; la lengua en una larga pasada que termin&oacute; en la incisura yugular. Soplando sobre el rastro de saliva dejado observ&oacute; fascinado como respond&iacute;a la piel de su novio, los escalofr&iacute;os que la recorr&iacute;an.<\/p>\n<p>Los vaqueros comenzaban a molestarle demasiado, apenas le dejaban espacio a su erecci&oacute;n que comenzaba a protestar dolorosamente. Acomod&aacute;ndose mejor la tela para tener algo m&aacute;s de espacio volvi&oacute; a centrarse en Enrique. Tambi&eacute;n en sus vaqueros se apreciaba un bulto m&aacute;s que considerable. No quer&iacute;a bajar todav&iacute;a, no quer&iacute;a apresurarse, por lo que cerr&oacute; los ojos e ignorando cualquier regi&oacute;n por debajo del ombligo centr&oacute; toda su atenci&oacute;n en los pezones, succionando con fuerza y tan s&uacute;bitamente que escuch&oacute; como gritaba de placer. Las aureolas, ligeramente m&aacute;s &aacute;speras, presentaban un vivo color chocolate que incitaba a lamerlas una y otra vez. Mordisque&oacute; ambos pezones, alternando entre uno y otro a capricho mientras sent&iacute;a las manos de Enrique empujarle la cabeza hacia abajo.<\/p>\n<p>Con una sonrisa traviesa que le marcaba suavemente los hoyuelos descendi&oacute; despacio por el cuerpo de Enrique, marcando &eacute;l el ritmo a pesar de las insistentes caricias del muchacho que forcejeaba para que siguiese bajando. Sus labios trazaron un h&uacute;medo camino desde los pezones hasta el ombligo, donde se detuvo para dibujar un par de vueltas con la lengua. El joven gem&iacute;a y gem&iacute;a, con los ojos azules clavados en Dami&aacute;n. Sin embargo, cuando este levant&oacute; los suyos, el color subi&oacute; de nuevo a sus mejillas, de golpe, colore&aacute;ndolas de escarlata. A pesar de eso, le sostuvo la mirada con resoluci&oacute;n, deslizando su mano desde el pelo cobrizo de Dami&aacute;n hasta su cara, acarici&aacute;ndole los hoyuelos.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n le bes&oacute; la mano con ternura, girando apenas la cabeza. Agarrando el bot&oacute;n de los vaqueros les solt&oacute; y les desliz&oacute; por las piernas de Enrique hasta los tobillos. Estaba descalzo, por lo que el pantal&oacute;n sali&oacute; sin obst&aacute;culos. Repiti&oacute; el proceso con el b&oacute;xer azul que llevaba, arroj&aacute;ndole a los pies de la cama. El pene de Enrique se alzaba entre sus piernas, completamente erecto y arrojando gotas de l&iacute;quido preseminal que ca&iacute;an despacio desde el glande por todo el tronco. Deseaba abalanzarse sobre &eacute;l, pero se control&oacute;. Agarrando los tobillos del muchacho bes&oacute; el empeine del pie derecho. Enrique intent&oacute; mantenerse quieto, una patada y le causar&iacute;a mucho da&ntilde;o, pero cuando Dami&aacute;n comenz&oacute; a ascender por la pierna, cubriendo con besos el tobillo, la pantorrilla y la rodilla tuvo que aferrarse a la s&aacute;bana para conseguirlo.<\/p>\n<p>Cada uno de los besos que le daba parec&iacute;a quemarle, dejando una sensaci&oacute;n ardiente en su piel que se empe&ntilde;aba en no disiparse. Dami&aacute;n alternaba la presi&oacute;n blanda de sus labios coralinos con sus dientes afilados que en ning&uacute;n momento llegaban a perforar la piel a pesar de las marcas. Fresas maduras sobre el cacao de su piel. Cuando su lengua lleg&oacute; a la parte de su cuerpo sin oscurecer recorri&oacute; despacio la frontera entre el bronceado y la piel p&aacute;lida. Le encantaba ese contraste tan llamativo, la prueba emp&iacute;rica de que ten&iacute;a el privilegio de ver partes nunca expuestas anteriormente.<\/p>\n<p>La maldita bragueta le apretaba demasiado la erecci&oacute;n, pero por una vez agradec&iacute;a semejante constricci&oacute;n. No estaba dispuesto a apresurarse. Le deseaba, pero no s&oacute;lo una vez, no, eso ser&iacute;a demasiado sencillo. Pensaba tenerle tantas como pudiese y la &uacute;nica manera de conseguir eso era reprimirse, mantenerlo todo a raya. Los test&iacute;culos m&aacute;s que medianos de Enrique estaban ya al alcance de su boca, roz&aacute;ndole la nariz cada vez que se mov&iacute;a. Con pleno descaro sac&oacute; la lengua, mirando intensamente a su novio mientras la pasaba desde el perineo hasta la base del pene. Los gemidos de Enrique se elevaron de nuevo, ascendiendo mientras sus muslos se tensaban y empujaba la cabeza de Dami&aacute;n, inst&aacute;ndole a ir a por su pene.<\/p>\n<p>Sujetando las mu&ntilde;ecas del joven apart&oacute; sus manos de su cabeza, entrelazando despu&eacute;s sus dedos con los suyos. Apret&oacute; cuanto pudo sin hacerle da&ntilde;o, impidiendo que las liberase y ganando as&iacute; el control absoluto. Disfrutaba chupando, mamando, m&aacute;s de lo que Enrique intu&iacute;a. Su lengua volvi&oacute; a recorrer el escroto del chico, notando debajo de la fina piel los test&iacute;culos. La hund&iacute;a entre ambos y les separaba dentro del saco, apres&aacute;ndoles con los labios, succionando, lamiendo, cubriendo de saliva caliente toda la zona y dejando despu&eacute;s que se enfriase al contacto con el aire. Aquellos contrastes enloquec&iacute;an a Enrique que le apretaba las manos, gimiendo y jadeando como un poseso.<\/p>\n<p>El pene de su novio se apoyaba contra su cara, manchando su frente y sus mejillas de gotas de l&iacute;quido preseminal. Dami&aacute;n deseaba tenerle en su boca, pero se contuvo, deleit&aacute;ndose con su peso y el intenso calor que emanaba de &eacute;l. Ahora pod&iacute;a oler tambi&eacute;n la excitaci&oacute;n del joven, una fragancia sutil que se mezclaba con el aroma de la piel limpia y que parec&iacute;a incitarle a ir m&aacute;s lejos. Con pericia atrap&oacute; uno de los test&iacute;culos con los labios y aspir&oacute; por la boca con fuerza, introduci&eacute;ndole entero y tirando despu&eacute;s para tensar la piel. Su lengua recorri&oacute; la parte inferior y movi&oacute; la cabeza a la vez para poder frotar el pene de Enrique contra su mejilla. La recompensa fue un intenso grito de placer y un ligero chorro de l&iacute;quido preseminal que cay&oacute; directamente en su cara.<\/p>\n<p>Empujando con la lengua sac&oacute; el test&iacute;culo de su boca, solo para abrir m&aacute;s los labios y elevar la cabeza para tragar el glande entero. Tan h&uacute;medo y suave que se desliz&oacute; por su boca, llegando a su garganta. Dami&aacute;n solt&oacute; un profundo gemido y Enrique crey&oacute; que eso ser&iacute;a su l&iacute;mite. La vibraci&oacute;n de las cuerdas vocales del joven le lleg&oacute; con toda claridad, repercutiendo en su miembro que segu&iacute;a clavado en la garganta del chico. Dami&aacute;n cerr&oacute; los ojos y apret&oacute; m&aacute;s los labios, metiendo y sacando el pene de Enrique de su boca, cada vez m&aacute;s deprisa. Enrique desasi&oacute; sus manos de las de Dami&aacute;n y agarrando su pelo le empuj&oacute; m&aacute;s hacia abajo, inst&aacute;ndole a que tragase m&aacute;s. La nariz del joven golpe&oacute; contra su pubis lampi&ntilde;o y Dami&aacute;n aprovech&oacute; para tomar aire, antes de que de nuevo moviesen su cabeza arriba y abajo.<\/p>\n<p>La saliva se mezclaba con los dem&aacute;s fluidos y escapaba por las comisuras de la boca de Dami&aacute;n. Abri&oacute; los ojos y mir&oacute; directamente a Enrique, sus ojos azules se clavaban en su cara, sin perderse ni el m&aacute;s m&iacute;nimo detalle. Dami&aacute;n volvi&oacute; a gemir y su novio pens&oacute; que se derretir&iacute;a. Incapaz de contenerse por m&aacute;s tiempo tir&oacute; de su pelo con fuerza, intentando apartarle. Para su sorpresa, consigui&oacute; que Dami&aacute;n se retirase, tan solo para que se colocase mejor entre sus piernas, abriendo la boca y sacando la lengua. Su mano suave aferr&oacute; el pene y movi&eacute;ndola deprisa arriba y abajo masturb&oacute; a Enrique, que gimi&oacute; y jade&oacute; incapaz de controlarse. A pesar de su deseo de aguantar, el orgasmo le alcanz&oacute; como una descarga el&eacute;ctrica.<\/p>\n<p>Su semen sali&oacute; despedido, aterrizando no s&oacute;lo en la boca de Dami&aacute;n, tambi&eacute;n en su frente y sus mejillas. El chico sonri&oacute; y tras tragar lo que hab&iacute;a ca&iacute;do en su lengua dio una r&aacute;pida lamida al pene de su novio, que le miraba alucinado y algo avergonzado. Con el dedo recogi&oacute; lo que ten&iacute;a por la cara y mir&aacute;ndole lami&oacute; hasta el &uacute;ltimo rastro de semen. Aprovechando la saliva que hab&iacute;a quedado en sus dedos les pas&oacute; por el ano de Enrique que gimi&oacute; con suavidad. Su pene segu&iacute;a duro, pero ya no sent&iacute;a la misma urgencia que antes y su cuerpo segu&iacute;a estremecido por los escalofr&iacute;os causados por el orgasmo.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n retir&oacute; sus manos de su cabeza, desenredando los mechones de su pelo cobrizo de entre sus dedos. Antes de soltar sus manos dio un suave beso en los nudillos de cada una, dej&aacute;ndolas sobre el vientre de Enrique. La situaci&oacute;n le recordaba a la primera vez que se hab&iacute;an acostado, con la salvedad de que ahora conoc&iacute;a hasta d&oacute;nde pod&iacute;a llegar. Enrique se incorpor&oacute; ligeramente en la cama, mir&aacute;ndole con las mejillas encendidas. Su dedo pulgar recorri&oacute; los labios coralinos de Dami&aacute;n que sonri&oacute; y le dio un suave mordisco en la yema, juguet&oacute;n. Sus manos bajaron hasta sus vaqueros y soltando el cierre por fin se desnud&oacute; del todo, retirando tambi&eacute;n el b&oacute;xer a la vez. De dos patadas se libr&oacute; de las deportivas y se inclin&oacute; para quitarse tambi&eacute;n los calcetines.<\/p>\n<p>Por fin su erecci&oacute;n ten&iacute;a el espacio necesario. El alivio fue inmediato, tan placentero que solt&oacute; un suspiro. Iba a coger el lubricante de la mesilla cuando cay&oacute; en la cuenta de que no estaba en su piso, y de que ignoraba si Enrique ten&iacute;a o no en casa. Su c&oacute;mica sorpresa no pas&oacute; desapercibida a Enrique, quien se apoy&oacute; sobre los codos para poder verle con m&aacute;s comodidad.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; pasa? &iquest;No quieres seguir? &ndash;pregunt&oacute; preocupado, incorpor&aacute;ndose hasta quedar sentado del todo.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Tienes lubricante?<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ah! S&iacute;, o eso creo.<\/p>\n<p>Sonriendo con alivio ante la sencilla petici&oacute;n de Dami&aacute;n, Enrique gate&oacute; sobre el colch&oacute;n hasta alcanzar una de las mesillas. Revolvi&oacute; unos minutos en el caj&oacute;n y por fin sac&oacute; un bote, a&uacute;n precintado, de lubricante. Cuando se lo tendi&oacute; a Dami&aacute;n este enarc&oacute; una ceja. Por si el intenso color rojo del bote no fuese suficiente, todo &eacute;l estaba cubierto de im&aacute;genes de peque&ntilde;as fresas. Retir&oacute; el pl&aacute;stico con los dientes y tras comprobar la caducidad ech&oacute; un poco sobre su dedo. Ol&iacute;a bien, m&aacute;s semejante a las gominolas que a las fresas de verdad, pero a&uacute;n as&iacute; era un aroma apetecible.<\/p>\n<p>&ndash;Vaya, vaya. No sab&iacute;a que te molase esto.<\/p>\n<p>Aunque Dami&aacute;n sonre&iacute;a divertido, Enrique enrojeci&oacute; hasta la ra&iacute;z del cabello y desvi&oacute; la mirada. Dami&aacute;n apoy&oacute; la mano en su pecho y le hizo caer de nuevo a la cama, boca arriba.<\/p>\n<p>&ndash;Me lo regal&oacute; Carlo, nunca lo he usado &ndash;se justific&oacute; avergonzado.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n bes&oacute; todo su cuello y se rio justo sobre su o&iacute;do, mientras dejaba caer un poco del lubricante por la piel de su pecho.<\/p>\n<p>&ndash;Te tomaba el pelo, bobo. &iquest;Sabes? A m&iacute; s&iacute; me gusta jugar con estas cosas &ndash;se pronunci&oacute; descendiendo hasta alcanzar el pecho de Enrique&ndash;. &iquest;Quieres probarlo?<\/p>\n<p>Enrique asinti&oacute;, mir&aacute;ndole de nuevo, pero todav&iacute;a ruborizado. Dami&aacute;n sonri&oacute; y lami&oacute; el lubricante que hab&iacute;a echado sobre su pecho. Poni&eacute;ndose de rodillas sobre el chico, con una pierna a cada lado de su cuerpo, ech&oacute; un poco de lubricante sobre su pene. Agarr&aacute;ndole por la base le acerc&oacute; a la cara de su novio, que abri&oacute; la boca y trag&oacute; lo que se le ofrec&iacute;a. Su lengua se pase&oacute; despacio por la piel reci&eacute;n lubricada, notando el contraste entre el l&iacute;quido preseminal, salado y algo &aacute;cido incluso, y el intenso sabor artificial del lubricante. Pronto s&oacute;lo pudo notar el lubricante, dulz&oacute;n y semejante a los caramelos de fresa, por lo que trag&oacute; un poco m&aacute;s. Dami&aacute;n se retir&oacute; al ver que el chico lam&iacute;a m&aacute;s all&aacute; del punto de lubricante, ri&eacute;ndose con suavidad.<\/p>\n<p>&ndash;Era s&oacute;lo probar, nada de seguir tragando.<\/p>\n<p>&ndash;Eso es culpa tuya &ndash;replic&oacute; entre risillas&ndash; t&uacute; est&aacute;s mucho mejor que el lubricante, aunque est&aacute; rico.<\/p>\n<p>Su novio le dio un beso ligero sobre los labios y descendi&oacute; de nuevo, antes de ceder a la tentaci&oacute;n y dejarle hacer lo que quisiera. Si se la segu&iacute;a chupando se correr&iacute;a. Bes&oacute; el pubis de Enrique e ignorando de nuevo su pene, que empezaba a perder su firmeza, le levant&oacute; las piernas y apoy&oacute; los muslos sobre sus hombros, consiguiendo as&iacute; acceso total a su ano. Lami&oacute; sus labios para humedecerles y dejando a un lado el lubricante los peg&oacute; al estrecho orificio. Los suaves pliegues de piel se abrieron ante la presi&oacute;n de su lengua, permiti&eacute;ndole meter la punta. La movi&oacute; en c&iacute;rculos y presion&oacute; m&aacute;s, acerc&aacute;ndose hasta que su nariz descans&oacute; sobre los test&iacute;culos del joven.<\/p>\n<p>Enrique gimi&oacute; con fuerza y se relaj&oacute; m&aacute;s. La lengua &aacute;vida del chico avanzaba y retroced&iacute;a, entrando y saliendo de su ano que se iba dilatando, dej&aacute;ndole acceder cada vez m&aacute;s hondo. Untando sus dedos del oloroso lubricante meti&oacute; dos directamente. El interior c&aacute;lido y estrecho de Enrique le recibi&oacute; con facilidad, dilat&aacute;ndose para concederle paso. Los dedos dieron de nuevo paso a su lengua, que danz&oacute; por su interior para retirarse y pasear por el ano, recorriendo cada peque&ntilde;o pliegue hasta que la saliva escurri&oacute; por la piel del joven, desliz&aacute;ndose entre sus gl&uacute;teos. Nuevamente volvi&oacute; a meter los dedos, sin aviso previo de ning&uacute;n tipo. Se unieron a su lengua en un baile ca&oacute;tico que consigui&oacute; arrancar de Enrique roncos gemidos mientras se agarraba a la colcha que cubr&iacute;a la cama y apretaba las piernas.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n se vio aprisionado entre los muslos de Enrique. Sonriendo como un gato se separ&oacute; m&iacute;nimamente de Enrique y girando la cabeza le dio un mordisco m&aacute;s fuerte que cualquiera que le hubiese dado antes. Enrique grit&oacute; de sorpresa y r&aacute;pidamente separ&oacute; las piernas, consciente por primera vez de que pod&iacute;a haber hecho da&ntilde;o a Dami&aacute;n. Para su alivio el chico sonre&iacute;a, recorriendo la marca dejada por sus dientes con la lengua. El chico se incorpor&oacute;, intentando no descargar demasiado peso sobre Dami&aacute;n, y le pas&oacute; las manos por su pelo rojizo, h&uacute;medo de sudor.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Est&aacute;s bien? Me olvid&eacute; de que ten&iacute;a tu cabeza entre las piernas.<\/p>\n<p>&ndash;Hazlo otra vez, ha sido jodidamente er&oacute;tico.<\/p>\n<p>En los ojos verdosos de Dami&aacute;n reluc&iacute;a un brillo extra&ntilde;o que Enrique no hab&iacute;a visto antes, mitad deseo y mitad lujuria. R&aacute;pido como un suspiro se incorpor&oacute;, ech&aacute;ndole contra el colch&oacute;n nuevamente y coloc&aacute;ndose encima de &eacute;l, con su largo pene apuntando directamente contra su ano. Le sostuvo por las mu&ntilde;ecas y junt&oacute; de nuevo los labios con los suyos. El fuego de sus ojos verdes parec&iacute;a abrasarle por dentro. Enrique relaj&oacute; m&aacute;s las piernas y aguard&oacute; a que se moviese. Sin embargo, Dami&aacute;n no hizo lo esperado, como ya era costumbre esa noche. Su pene se desliz&oacute; por los test&iacute;culos de Enrique con una calma que desquici&oacute; al muchacho, sin bajar nunca de ese punto. Intent&oacute; desasirse de sus manos, pero la presa del joven ni siquiera vacil&oacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Por favor, por favor&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;No.<\/p>\n<p>La negativa fue suave, pero firme a la vez. Gimiendo con cierto fastidio Enrique volvi&oacute; a relajarse, intentando esconder su impaciencia. Dami&aacute;n movi&oacute; las caderas de nuevo, frot&aacute;ndose y masturb&aacute;ndose contra los test&iacute;culos de su novio. Soltando tentativamente la mu&ntilde;eca del chico agarr&oacute; su pene y el de Enrique y les masturb&oacute; juntos. Su l&iacute;quido preseminal y los restos de lubricante se traspasaron al miembro de su novio. Not&oacute; el calor que emanaba del pene de su chico, su humedad y su suavidad. Mantuvo la mano quieta, limitando su uso a un mero soporte que les manten&iacute;a juntos, y movi&oacute; las caderas con fuerza. Su pene se pasaba as&iacute; por toda la longitud de Enrique que gem&iacute;a y jadeaba sin perderle de vista. Con cierta vacilaci&oacute;n por si volv&iacute;a a amonestarle se agarr&oacute; al b&iacute;ceps de Dami&aacute;n que le volvi&oacute; a besar.<\/p>\n<p>Aunque en el fondo estaba desquiciando a Enrique, tampoco &eacute;l pod&iacute;a aguantar mucho m&aacute;s. Todo su autocontrol se estaba poniendo a prueba con cada pasada, cada m&iacute;nima fricci&oacute;n de su piel contra la de Enrique. Gimi&oacute; con suavidad y mordi&eacute;ndose el labio inferior cerr&oacute; los ojos, intentando abstraerse. No le funcion&oacute; como esperaba, pues con los ojos cerrados las sensaciones que recorr&iacute;an su cuerpo se maximizaban, toda su piel parec&iacute;a haberse vuelto hipersensible y hasta la mano de Enrique sobre su brazo parec&iacute;a enviar miles de sensaciones a su cerebro.<\/p>\n<p>Descans&oacute; su frente sobre la de su novio un momento, tan solo un minuto, boqueando para recuperar el aliento y el autocontrol, pero el chico aprovech&oacute; para besarle, subiendo la mano que ten&iacute;a libre hasta su cabellera. Apart&oacute; el flequillo de los ojos de Dami&aacute;n y acarici&oacute; las sedosas ondas despeinadas y encrespadas. Dami&aacute;n jadeaba y el glande de su pene hab&iacute;a adquirido un brillante tono rojo encendido, m&aacute;s incluso que el de Enrique.<\/p>\n<p>&ndash;Deja de contenerte, yo quiero que me folles ya. No entiendo por qu&eacute; insistes tanto en no hacerlo.<\/p>\n<p>&ndash;Porque te quiero &ndash;respondi&oacute; casi de inmediato&ndash;. Porque no quiero que esto sea solo un polvo y ya. Quiero&hellip; demostrarte lo much&iacute;simo que me alegro de estar contigo &ndash;a&ntilde;adi&oacute; con s&uacute;bita timidez.<\/p>\n<p>Enrique agarr&oacute; unos cuantos mechones en su pu&ntilde;o y se levant&oacute; ligeramente, juntando sus labios a los de su novio que esta vez no le retuvo. Enrique mordi&oacute; con fuerza el labio de Dami&aacute;n que gimi&oacute; y movi&oacute; de nuevo las caderas, frotando una y otra vez su pene contra el del joven. Sus dedos se clavaron en el b&iacute;ceps del muchacho que gimi&oacute; incluso a trav&eacute;s del beso. Su novio le taladr&oacute; con la mirada, tirando de su pelo de forma dominante. En respuesta, Dami&aacute;n mordi&oacute; el labio inferior de Enrique, que le tir&oacute; de nuevo del pelo y mordi&oacute; su cuello, dejando la marca de sus dientes en la piel clara del chico.<\/p>\n<p>&ndash;Fo-lla-me &ndash;silabe&oacute; clavando sus ojazos azules en Dami&aacute;n.<\/p>\n<p>El chico sonri&oacute; de nuevo y agarr&oacute; los muslos de su chico. Haciendo gala de su fuerza le levant&oacute; ligeramente del colch&oacute;n y tras untar su pene de lubricante entr&oacute; en un &uacute;nico movimiento. Enrique gimi&oacute; de placer y le solt&oacute; el pelo, acarici&aacute;ndole una &uacute;ltima vez antes de clavarle las u&ntilde;as en la espalda. Dami&aacute;n volvi&oacute; a sujetarle las manos, juntando ambas mu&ntilde;ecas y apres&aacute;ndolas con una &uacute;nica mano. Enrique todav&iacute;a se sorprend&iacute;a de lo fuerte que era para ser tan delgado. Con la mano libre Dami&aacute;n acarici&oacute; el pene de su novio, que se retorc&iacute;a debajo de &eacute;l. Dami&aacute;n pas&oacute; la lengua desde las costillas hasta la axila, mordisqueando la sensible piel sobre el pliegue. Enrique le mir&oacute; con sorpresa. Nadie le hab&iacute;a acariciado ah&iacute; jam&aacute;s.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n comenz&oacute; a mover las caderas a m&aacute;s velocidad. Su pene entraba y sal&iacute;a sin pausa del dilatado ano de Enrique, que le recib&iacute;a con agudos gemidos. Con las manos inmovilizadas al lado del cabecero y las piernas sobre los hombros de Dami&aacute;n ni siquiera pod&iacute;a moverse, completamente ofrecido a su novio que no cesaba de besarle, lamer su cuerpo y masturbar su pene, que hab&iacute;a recuperado su anterior firmeza. Nuevas gotas de l&iacute;quido preseminal ca&iacute;an sobre su pubis, formando un reguero transparente que escurr&iacute;a por su piel. Dami&aacute;n aceler&oacute; m&aacute;s, frotando el frenillo con el pulgar para estimularle. El golpeteo de sus cuerpos se entremezclaba con los gemidos y jadeos que ambos j&oacute;venes profer&iacute;an.<\/p>\n<p>Tras un empuj&oacute;n m&aacute;s fuerte que los dem&aacute;s Dami&aacute;n se retir&oacute;, manteniendo el pene encima de Enrique que torci&oacute; el cuello para mirarle. Jam&aacute;s hab&iacute;a visto as&iacute; el miembro de su novio. Su inmensa longitud de casi veintid&oacute;s cent&iacute;metros estaba enrojecida, especialmente el glande y su corona. Gruesas venas surcaban todo el tronco, hinchadas y azuladas. Todo su pene palpitaba, henchido y goteando intensamente. Enrique retorci&oacute; las manos para librarse del agarre de su chico y pas&oacute; ambas manos por el pene. Dami&aacute;n gimi&oacute; y se retir&oacute;, agarr&aacute;ndole por le hombro y haci&eacute;ndole girar sobre la cama, dej&aacute;ndole tumbado boca abajo.<\/p>\n<p>Enrique no tard&oacute; en notar su peso sobre &eacute;l. Su pecho liso se apretaba contra su espalda y notaba los rizos del pubis de Dami&aacute;n contra sus nalgas. El chico bes&oacute; su cuello y su hombro, mordiendo la piel morena y jugando con la presi&oacute;n, relajando o apretando mientras su pene se paseaba entre sus gl&uacute;teos, firmes y blancos. Dami&aacute;n le abraz&oacute; con fuerza y sin previo aviso se introdujo en &eacute;l, con un &uacute;nico envite. Enrique gimi&oacute; y se agarr&oacute; con fuerza a las s&aacute;banas. Con los ojos cerrados elev&oacute; en el aire las caderas, facilitando a su novio la penetraci&oacute;n. El muchacho recorri&oacute; su cuello con la lengua, besando despu&eacute;s su nuez de Ad&aacute;n. Dami&aacute;n se introdujo de nuevo en Enrique, empujando cuanto pudo para retirarse despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Aumentando la velocidad penetr&oacute; una y otra vez a Enrique. Los gritos del chico cada vez eran m&aacute;s altos y agudos. Con una sonrisa divertida le gir&oacute; la cara, dejando su mejilla apoyada contra la almohada. A pesar de sus ojos cerrados, su boca entreabierta y su expresi&oacute;n trasluc&iacute;an el intenso placer que estaba sintiendo. Estrech&oacute; m&aacute;s su abrazo y sali&oacute; entero, clav&aacute;ndose de nuevo en &eacute;l en un &uacute;nico golpe de caderas. Su pelvis se mov&iacute;a adelante y atr&aacute;s a toda velocidad y sus grandes test&iacute;culos chocaban una y otra vez contra los de Enrique. Bes&oacute; la comisura de sus labios y le agarr&oacute; la barbilla, oblig&aacute;ndole a girar algo m&aacute;s para poder ver su cara entera.<\/p>\n<p>&ndash;M&iacute;rame &ndash;pidi&oacute; con suavidad, besando la mejilla lampi&ntilde;a del chico.<\/p>\n<p>Los grandes ojos azules de Enrique se abrieron de par en par en cuanto not&oacute; la lengua c&aacute;lida y mojada de Dami&aacute;n pasando por su mejilla. Su novio sonri&oacute; e imprimi&oacute; m&aacute;s fuerza a sus embestidas, entrando y saliendo con un sonido h&uacute;medo y chapoteante debido al lubricante. La mano suave de Dami&aacute;n masturbaba sin tregua su pene, recogiendo el l&iacute;quido preseminal y emple&aacute;ndolo para recorrer con m&aacute;s facilidad toda su longitud. Enrique gem&iacute;a y gem&iacute;a, mirando fijamente a Dami&aacute;n. Sus manos soltaron la ropa de cama y agarraron los brazos de Dami&aacute;n, estrech&aacute;ndole contra s&iacute;. Su peso resultaba reconfortante y a la vez excitante, llev&aacute;ndole de nuevo al l&iacute;mite.<\/p>\n<p>Cuando el chico apret&oacute; el frenillo y tir&oacute; suavemente del glande, Enrique no pudo m&aacute;s. Gimiendo como un poseso hasta acabar gritando volvi&oacute; a alcanzar el orgasmo. Oleadas de placer irradiaron de su pene y estremecieron todo su cuerpo bajo la atenta mirada de su novio, que no cesaba de besarle y acariciar su piel. Las caderas de Dami&aacute;n empujaron m&aacute;s fuerte, en r&aacute;pidas y potentes embestidas. Con un &uacute;ltimo empell&oacute;n que le tir&oacute; sobre Enrique termin&oacute; tambi&eacute;n, en un orgasmo brutal e intenso. De su garganta escap&oacute; un ronco grito de placer al tiempo que espesos chorros de semen inundaban el interior de su novio, que le sosten&iacute;a la mirada mientras recuperaba el aliento.<\/p>\n<p>Dami&aacute;n apoy&oacute; la cabeza en el hueco del hombro de Enrique, jadeando contra su cuello y estrech&aacute;ndole a&uacute;n entre sus brazos. Un ligero temblor estremec&iacute;a su cuerpo y peque&ntilde;os calambres parec&iacute;an agarrotar sus piernas. La temperatura de la habitaci&oacute;n era bastante baja, y ahora que la actividad hab&iacute;a cesado notaba enfriarse el sudor de su piel y tambi&eacute;n de la de Enrique. Con un suspiro leve y disimulado se incorpor&oacute; con cuidado, retirando su pene del ano del joven y procurando no usar de apoyo el cuerpo de su novio, que le mir&oacute; con cierta preocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Perdona, por no haber aguantado m&aacute;s &ndash;se disculp&oacute; con voz queda.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute;s de co&ntilde;a &iquest;no? &ndash;pregunt&oacute; Enrique gir&aacute;ndose para encararle plenamente&ndash;. T&iacute;o, no s&eacute; qu&eacute; aguante tienes t&uacute; o cu&aacute;ntas veces seguidas puedes ir, pero yo con dos estoy muerto. Con una ya estoy muerto as&iacute; que imag&iacute;nate ahora. &iquest;Por qu&eacute; te disculpas?<\/p>\n<p>Si esperaba una respuesta, se llev&oacute; una decepci&oacute;n. Dami&aacute;n se inclin&oacute; y recogi&oacute; su ropa del suelo, apret&aacute;ndola entre sus manos. Enrique le mir&oacute; preocupado y apoy&oacute; su mano en el hombro de su novio, que se limit&oacute; a cruzar las piernas, sent&aacute;ndose a lo indio sobre el blando colch&oacute;n. Toda su seguridad de antes parec&iacute;a haberse esfumado de golpe. Con la bola de ropa sobre el regazo, mantuvo la cabeza gacha, sin devolverle la mirada a su novio que le abraz&oacute; por detr&aacute;s, acogi&eacute;ndole en su amplio pecho. Dami&aacute;n cerr&oacute; los ojos, evitando enfrentar su mirada, y estruj&oacute; su pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Antes&hellip; en el sal&oacute;n&hellip; me agarrabas con tanta fuerza, tanta desesperaci&oacute;n, que pens&eacute; que lo que necesitabas de mi no era solo un polvo y ya &ndash;su voz era suave y triste, y trasluc&iacute;a una vulnerabilidad y una fragilidad que Enrique no hab&iacute;a intuido nunca en &eacute;l. Inspirando hondo Dami&aacute;n continu&oacute; hablando&ndash;. No s&eacute;. He intentado darte m&aacute;s, pero creo que he fracasado. Lo siento.<\/p>\n<p>Enrique le abraz&oacute; con tanta fuerza que pens&oacute; que se le partir&iacute;a el pecho. A su espalda pod&iacute;a notar el latido sosegado del coraz&oacute;n del joven, que le estrechaba contra &eacute;l con todas sus fuerzas. Los labios suaves y plenos del chico acariciaron su cuello y su hombro antes de darle un beso. El joven le agarr&oacute; por la barbilla con delicadeza, acariciando sus labios con el pulgar en el proceso y haci&eacute;ndole girarse en su regazo, sin soltarle.<\/p>\n<p>&ndash;Cari&ntilde;o, ha sido fant&aacute;stico. Yo no tengo mucha experiencia y s&eacute; que t&uacute; tienes m&aacute;s que yo, pero a mi&hellip; a mi me ha gustado much&iacute;simo. Las veces que lo hemos hecho me he sentido querido y cuidado. Y hoy&hellip; hoy ha sido fant&aacute;stico.<\/p>\n<p>Enrique mir&oacute; directamente a los ojos de Dami&aacute;n. Era extra&ntilde;o, el muchacho ten&iacute;a una expresi&oacute;n de anhelo y angustia, como si desease creer lo que le dec&iacute;a y a&uacute;n as&iacute; siguiese dudando de las palabras del joven. Sonriendo con ternura sostuvo su cara entre las manos y le bes&oacute; en los labios. Su aliento c&aacute;lido cosquille&oacute; en la piel de Dami&aacute;n que le abraz&oacute; a su vez, inclin&aacute;ndose para quedar a su altura.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Me lo prometes? &ndash;pregunt&oacute; con cierta vacilaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;Te lo juro &ndash;respondi&oacute; Enrique con seriedad&ndash;. Gracias por ser tan atento, y gracias por no rechazarme, por seguir conmigo. Te quiero.<\/p>\n<p>&ndash;Yo tambi&eacute;n te quiero, much&iacute;simo. Soy muy afortunado por ser tu novio.<\/p>\n<p>Enrique le sostuvo un rato m&aacute;s, con una ancha sonrisa de felicidad en su cara. Dami&aacute;n era much&iacute;simo m&aacute;s tierno de lo que hab&iacute;a pensado en un principio. Sin embargo, empezaba a intuir que quiz&aacute; hab&iacute;a algo m&aacute;s. Su s&uacute;bita inseguridad ante ciertos temas, y el esfuerzo excesivo que pon&iacute;a a veces en complacerle. O el modo en que retroced&iacute;a a veces, como si se estuviese protegiendo. Acariciando su pelo cobrizo se pens&oacute; si deb&iacute;a preguntar directamente o si era mejor darle espacio. Antes de que llegase a ninguna resoluci&oacute;n Dami&aacute;n se levant&oacute;, con una radiante sonrisa que le marcaban los hoyuelos, esas hendiduras que tanto adoraba Enrique.<\/p>\n<p>&ndash;Se me olvid&oacute;. El fin de semana voy a irme al pueblo.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Oh! Pues p&aacute;salo muy bien &ndash;aunque intent&oacute; disimular, no logr&oacute; ocultar del todo el chasco, que se filtr&oacute; en su voz.<\/p>\n<p>&ndash;Mi abuela me ha invitado, ya te cont&eacute; que estaba de viaje y que acaba de volver &ndash;coment&oacute; mientras se vest&iacute;a, mirando c&oacute;mo Enrique sacaba directamente el pijama de debajo de la almohada&ndash;. Ella es mi hada madrina. Pr&aacute;cticamente me crio.<\/p>\n<p>&ndash;Debe ser una mujer fant&aacute;stica &ndash;dijo Enrique realmente interesado en lo que Dami&aacute;n le contaba.<\/p>\n<p>&ndash;Para mi lo es. Por eso hab&iacute;a pensado en que vinieses conmigo y que la conocieses. Si t&uacute; quieres.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;C&oacute;mo amigos? &ndash;pregunt&oacute; algo inseguro.<\/p>\n<p>&ndash;No. Como mi novio. Ella sabe que soy gay, no tiene ning&uacute;n problema con eso. Siempre me ha apoyado, incluso me anim&oacute; a dec&iacute;rselo a mis padres. Ya te he dicho que es mi hada madrina.<\/p>\n<p>Ya completamente vestido Enrique cogi&oacute; la mano de Dami&aacute;n, acompa&ntilde;&aacute;ndole hasta la mesa donde esperaba la cena. Por fortuna el sushi hab&iacute;a aguantado bien y no se hab&iacute;a resecado en exceso. Con una ancha sonrisa le tendi&oacute; un par de palillos a Dami&aacute;n, que aguardaba una respuesta.<\/p>\n<p>&ndash;Ir&eacute; contigo. Me encantar&aacute; conocer a tu abuela.<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p>1 ya era hora<\/p>\n<p>2 felicidades<\/p>\n<p>3 &iquest;Por qu&eacute; insistes tanto con el peso?<\/p>\n<p>4 es mi pasi&oacute;n<\/p>\n<p>5 princesa<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p>&ndash;Nota de ShatteredGlassW&ndash;<\/p>\n<p>Lo primero es daros las gracias por las lecturas y el apoyo. Ha habido un peque&ntilde;o retraso en las subidas por falta de tiempo. He tenido que emplear las vacaciones de Pascua \/ Semana Santa en ponerme al d&iacute;a con mis estudios, por lo que os pido disculpas. Para compensar, subir&eacute; el siguiente cap&iacute;tulo, donde conoceremos a la tercera pareja de esta saga, inmediatamente despu&eacute;s de este, por lo que es probable que teng&aacute;is los dos en un mismo d&iacute;a.<\/p>\n<p>Gracias a todos por leer este quinto relato de la saga. Espero que os haya gustado y que sig&aacute;is apoyando esta serie. Si ten&eacute;is comentarios o sugerencias y quer&eacute;is comunicaros de una forma m&aacute;s personal conmigo pod&eacute;is hacerlo a trav&eacute;s de mi correo electr&oacute;nico: shattered_glass_writer@outlook.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 36<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Como cada ma&ntilde;ana desde que se iniciasen las clases, el despertador sac&oacute; a Enrique del mundo de sue&ntilde;os en el que hab&iacute;a habitado toda la noche.&nbsp; Desperez&aacute;ndose se gir&oacute; para apagarle de un manotazo, satisfecho de no usar el m&oacute;vil (la cuenta de pantallas rotas ya podr&iacute;a haberle condenado a la miseria de haber tenido [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":23677,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":{"0":"post-41573","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-gays"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41573","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/23677"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41573"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41573\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41573"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41573"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41573"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}