{"id":41722,"date":"2023-04-22T22:00:00","date_gmt":"2023-04-22T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-04-22T22:00:00","modified_gmt":"2023-04-22T22:00:00","slug":"probando-frutas-maduras-y-ajenas-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/probando-frutas-maduras-y-ajenas-1\/","title":{"rendered":"Probando frutas maduras y ajenas (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41722\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">5<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Inici&eacute; mi trabajo docente muy joven, me asignaron pocas horas de asignatura y, por ello tambi&eacute;n ten&iacute;a otro trabajo en una oficina gubernamental. As&iacute;, a mis 23 a&ntilde;os, en la ma&ntilde;ana era bur&oacute;crata y en la tarde asist&iacute;a a dar mis clases.<\/p>\n<p>En la oficina, yo estaba bajo las &oacute;rdenes de la ingeniera Goya, jefa de departamento de 30 a&ntilde;os, quien ten&iacute;a una subjefa llamada Carmen, de 37 a&ntilde;os. Chela, la secretaria, ten&iacute;a 35 a&ntilde;os. Todas ellas casadas y con hijos. En ese departamento tambi&eacute;n hab&iacute;a otros dos compa&ntilde;eros, pocos a&ntilde;os mayores que yo. Resumiendo: &eacute;ramos tres hombres, todos menores que las tres mujeres y yo era el menor de todos.<\/p>\n<p>Sin embargo, aunque mis dos compa&ntilde;eros eran pasantes a punto de titularse y mi jefa ten&iacute;a t&iacute;tulo, todos me trataban con mucha benevolencia por ser un profesor y no por ser el menor, adem&aacute;s del respeto que me otorgaban por mi actividad secundaria, poco a poco me fui ganando la estimaci&oacute;n y confianza de todos.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n, al ser las &uacute;nicas mujeres de la oficina, poco a poco me fui interesando en ellas como mujeres pues estaban de muy buen ver, se antojaban para tocar y m&aacute;s. Ellas, por su parte, se mostraban hacia m&iacute; con coqueter&iacute;a en los primeros d&iacute;as, pero luego fueron m&aacute;s directas en lo que me mostraban cuando me llevaban documentos a mi escritorio y se agachaban para darme indicaciones sobre el contenido. En verdad me embobaba viendo en el escote la l&iacute;nea de las tetas y, a veces, cuando llevaban blusa y brasier ligero blancos me hipnotizaba viendo c&oacute;mo se les marcaban los pezones de aureolas morenas.<\/p>\n<p>La mejor era mi jefa, quien un d&iacute;a me llam&oacute; a su escritorio.<\/p>\n<p>&ndash;Quiero que me digas la verdad. &iquest;Qu&eacute; tanto me ves al pecho? Me parece que tu mirada me penetra&hellip;&ndash;me dijo sin ambages.<\/p>\n<p>&ndash;Espero que no se moleste con mi franqueza. Sus pezones se translucen como dos soles morenos. Dos hermosos pendientes encumbrando su monumental atractivo &ndash;expliqu&eacute; y continu&eacute; al ver que se sonroj&oacute;, al tiempo que apareci&oacute; su sonrisa mostrando una bella dentadura&ndash; Confieso que me agrada su hermosura y que cada vez que la veo imagino un verso que luego escribo. Procuro no mostrar mis deseos, pero, si eso le molesta, le prometo que ser&eacute; m&aacute;s discreto cuando est&eacute; frente a usted.<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, me gustar&iacute;a que, cuando haya alguien m&aacute;s mir&aacute;ndonos, no te fijes en mis &ldquo;pendientes&rdquo; &ndash;se&ntilde;al&oacute; redoblando su sonrisa&ndash;. Gracias por tu sinceridad &ndash;expres&oacute; a manera de despedida, pero al levantarme para ir a mi escritorio, remat&oacute; con una orden&ndash;: quiero que ma&ntilde;ana me muestres los versos que has escrito.<\/p>\n<p>&ndash;De acuerdo, los traer&eacute;, pero quiz&aacute; le resulten ofensivos &ndash;acat&eacute;, mostrando un adem&aacute;n de desconfianza por el uso que pudiera darle.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Achis! &iquest;Tan grave es el asunto? &ndash;expres&oacute; con una leve sonrisa.<\/p>\n<p>&ndash;No hay ninguna mala palabra en ellos, pero s&iacute; dejan claro mis deseos&hellip; &ndash;dije mir&aacute;ndola a los ojos y esboc&eacute; una sonrisa que trat&oacute; de ser seductora y otra vez su cara se puso roja al sonre&iacute;rme.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente le llev&eacute; una impresi&oacute;n de un peque&ntilde;o poema que tuve que completar esa noche previa, titulado &ldquo;Soles morenos&rdquo;, donde hablaba metaf&oacute;ricamente de su pecho, su boca, su sonrisa y mi deseo de poseerla. Al rato lo veo&rdquo;, me dijo tomando la hoja y la guard&oacute; en su caj&oacute;n.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde, cuando yo la ve&iacute;a, lo sac&oacute; y lo ley&oacute; alternando la mirada a mi cara y a la hoja en cada l&iacute;nea. Su rostro se dulcificaba conforme avanzaba en la lectura y de vez en cuando dejaba escapar un suspiro. Al terminar la lectura, me llam&oacute;.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;No plagiaste ninguna l&iacute;nea o met&aacute;fora? &ndash;pregunt&oacute; sosteniendo la hoja.<\/p>\n<p>&ndash;No, aunque quiz&aacute; alguna met&aacute;fora se parezca a la de alg&uacute;n poeta, pero ser&iacute;a de manera inconsciente.<\/p>\n<p>&ndash;Est&aacute; hermoso y me hizo sentir cosas nuevas. Quiero que me lo env&iacute;es a mi correo particular &ndash;dijo anot&aacute;ndolo en la misma hoja. Es peligroso tenerlo aqu&iacute;, y m&aacute;s, en mi casa &ndash;dijo esto y me regres&oacute; la hoja.<\/p>\n<p>Me qued&oacute; claro que s&oacute;lo le falt&oacute; decirme &ldquo;Me moj&eacute;&rdquo;. A partir de ese d&iacute;a, sus comentarios hac&iacute;an referencia a las met&aacute;foras, pero sab&iacute;amos que ella deber&iacute;a dar el paso decisivo.<\/p>\n<p>La secretaria, cuidando de no ser vista por otras personas, volteaba hacia m&iacute; y giraba su silla para que viera c&oacute;mo abr&iacute;a sus piernas, las mejores entre las de muchas oficinas circunvecinas, y ella me sonre&iacute;a con deseo, el cual yo correspond&iacute;a con un suspiro y una sonrisa discreta. Le conoc&iacute; varias pantaletas, algunas transl&uacute;cidas que permit&iacute;an ver lo espeso de sus vellos morenos, algunos de los cuales escapaban de sus l&iacute;mites con mucha frecuencia. Se rumoraba que el padre del hijo menor de ella era el subdirector y que ya se la hab&iacute;an cogido muchos.<\/p>\n<p>En una ocasi&oacute;n, con motivo de las fiestas navide&ntilde;as hubo una comida en la casa de la jefa, a la cual acudimos despu&eacute;s del horario de trabajo. Ese d&iacute;a, a la hora del almuerzo, cuando mis compa&ntilde;eros salieron a comer algo, al abrir las piernas para que me diera el calent&oacute;n diario, vi su bre&ntilde;a en todo su esplendor, resaltando su cl&iacute;toris y labios interiores entre lo oscuro de la mara&ntilde;a. &iexcl;No tra&iacute;a calzones! &iexcl;Se me par&oacute; la verga! Se puso de pie y lo m&aacute;s impresionante fue su mirada retadora, que mantuvo directamente a mis ojos, ensanchando su sonrisa conforme se acercaba a m&iacute;. Se pas&oacute; del l&iacute;mite de mi escritorio y descubri&oacute; mi turgencia queriendo salir del pantal&oacute;n. Entonces fue que not&eacute; que tampoco tra&iacute;a sost&eacute;n pues sus pezones estaban muy marcados y las tetas ten&iacute;an una ca&iacute;da natural.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Aj, aj, aj&hellip;! &ndash;rio con sonoridad &ndash;ahorita vengo, voy al ba&ntilde;o&ndash; expres&oacute; retir&aacute;ndose con un bamboleo de nalgas y chiches que me mantuvo humedeci&eacute;ndome por el presemen al mirar la falda pegada que dejaba claro que no tra&iacute;a nada m&aacute;s entre la carne y el vestido.<\/p>\n<p>Cuando regres&oacute;, junto con los dem&aacute;s, se notaba que ya tra&iacute;a ropa interior.<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Bailar&aacute;s conmigo una o m&aacute;s piezas? &ndash;pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Claro, bailar&eacute; con todas las que me lo pidan! &ndash;contest&eacute;<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Fatuo! &ndash;respondi&oacute; mostr&aacute;ndome la lengua como muestra de desagrado.<\/p>\n<p>En la fiesta, bailamos alegremente y casi todos tomaron con muchas ganas. Yo bail&eacute; con las tres. Con Chela la primera pieza y m&aacute;s tarde otras m&aacute;s. En las &uacute;ltimas, cuando ya estaba muy bebida a todos se nos resbalaba d&aacute;ndonos varios repegones con sus tetas y sus piernas para calar el temple del pene que ella nos produc&iacute;a. Una de esas &uacute;ltimas veces, descaradamente me apret&oacute; la verga y me dijo en voz baja &ldquo;Este nene la tiene muy buena&hellip;&rdquo;, seguramente m&aacute;s de uno se dio cuenta de su maniobra y de mi gesto de sorpresa.<\/p>\n<p>Con quien mejor me acopl&eacute; para bailar fue con la se&ntilde;ora Carmen. Confieso que emanaba un olor seductor, m&aacute;s all&aacute; de la delicada fragancia de su perfume y se complementaba con lo coqueto de su mirada y su sonrisa. Me cont&oacute; que ten&iacute;a dos hijos y que su marido trabajaba en otra oficina gubernamental, pero que tomaba mucho y los asuntos matrimoniales iban en franco declive por el vicio de su esposo; que, en lugar de besos y caricias, todo se hab&iacute;a transformado en rechazo y malos modos. &ldquo;&iquest;Tambi&eacute;n en la cama?&rdquo;, pregunt&eacute;. Su cara se entristeci&oacute; y confes&oacute; &ldquo;Me toma pocas veces y lo hace cuando viene caliente, seguramente porque las putas de la cantina s&oacute;lo lo encendieron&rdquo;, despu&eacute;s de enjugar una l&aacute;grima que se le hab&iacute;a salido remat&oacute; con &ldquo;Me hacen falta las caricias que me daba cuando a&uacute;n no tomaba&rdquo;. Yo miraba con deleite el movimiento de las ondas en su pecho y ella se dio cuenta, procediendo a ajustarse el escote para mostrar menos. &ldquo;Con raz&oacute;n, no quieres compartir la belleza que tienes&rdquo;. Volte&oacute; a ver mi cara con una gran sonrisa y, moviendo los hombros, baj&oacute; el escote del vestido para preguntarme &ldquo;&iquest;As&iacute; est&aacute; bien?&rdquo;. &ldquo;&iexcl;As&iacute; est&aacute;s hermosa!, dije y la estrech&eacute; fuerte, oprimiendo mi pecho con el suyo y poniendo nuestros pubis en contacto. Volvi&oacute; a sonre&iacute;r y recarg&oacute; su cabeza en mi hombro, aprovechando la suavidad de la melod&iacute;a. &ldquo;Debes darte otras oportunidades de disfrutar de hacer el amor&rdquo;, se&ntilde;al&eacute; pensando en ser yo el agraciado. Ella se sonri&oacute; y asinti&oacute; con la cabeza.<\/p>\n<p>Con mi jefa bail&eacute;, se&ntilde;alando sus encantos y recit&aacute;ndole al o&iacute;do nuevos versos que, extasiada, escuchaba y apretaba mi mano aprobando mis palabras. Casi al final de la reuni&oacute;n, cuando todos andaban en pl&aacute;ticas de borrachos, me dijo &ldquo;Acomp&aacute;&ntilde;ame a la cocina&rdquo; y jal&aacute;ndome me llev&oacute; hacia all&aacute;. En el camino coloc&oacute; mi mano en su pecho. Entramos, cerr&oacute; la puerta y encendi&oacute; la luz. Me abraz&oacute; despu&eacute;s de colocar mis palmas en sendas tetas y me dio un beso. Nuestras lenguas se trenzaron. En ese momento not&eacute; que en el segundo piso se apag&oacute; la luz de una ventana y se movi&oacute; la cortina de esa habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ldquo;Parece que nos est&aacute;n viendo&rdquo;, le dije tratando de separarme, pero ella me abraz&oacute; m&aacute;s fuerte volvi&eacute;ndome a besar, adem&aacute;s de bajar su mano para acariciar mi gran erecci&oacute;n. Yo me dej&eacute; hacer, pero tambi&eacute;n me atrev&iacute; a meter mi mano bajo su brasier. Con poco trabajo saqu&eacute; un pez&oacute;n y lo lam&iacute;, de inmediato &eacute;ste se puso rugoso y firme. &ldquo;Que mi marido vea que yo tambi&eacute;n puedo ponerle cuernos&rdquo;, dijo y apag&oacute; la luz. &ldquo;Con eso tiene, por ahora&hellip;&rdquo; balbuce&oacute; como si se tratara de una promesa y me llev&oacute; a la sala. S&oacute;lo Carmela, por su sobriedad, se dio cuenta de nuestra ausencia y esboz&oacute; una sonrisa maliciosa cuando nos vio de regreso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>5 Inici&eacute; mi trabajo docente muy joven, me asignaron pocas horas de asignatura y, por ello tambi&eacute;n ten&iacute;a otro trabajo en una oficina gubernamental. 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