{"id":41766,"date":"2023-04-26T22:00:00","date_gmt":"2023-04-26T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-04-26T22:00:00","modified_gmt":"2023-04-26T22:00:00","slug":"vuelo-nocturno-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/vuelo-nocturno-ii\/","title":{"rendered":"Vuelo nocturno (II)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41766\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&laquo;Nunca creer&eacute; que Dios juega a los dados con el mundo&raquo; Eso afirmaba Albert Einstein, y yo tambi&eacute;n sosten&iacute;a esa idea hasta hoy.<\/p>\n<p>Es s&aacute;bado por la noche y hemos salido a cenar aprovechando que mi hija se queda en casa de una amiga y con la intenci&oacute;n de dedicarnos algo de tiempo el uno al otro, que falta nos hace. Optamos por una peque&ntilde;a pizzer&iacute;a ubicada en el barrio del Carmen. Prefiero los lugares recogidos, con poca afluencia de gente y en donde todav&iacute;a prima el encanto de lo artesanal frente a la turba de los grandes centros comerciales.<\/p>\n<p>Un joven camarero nos atiende y nos pregunta donde preferimos sentarnos. Elegimos una mesa junto a la ventana desde donde podemos contemplar el deambular de la gente transitando por la estrecha callejuela. Elegimos un Ribera del Duero y unas tapas como entrantes. El joven nos sirve el vino, despu&eacute;s chocamos las copas y brindamos por nosotros.<\/p>\n<p>Nuestra relaci&oacute;n est&aacute; en un buen momento, pese a ello, somos conscientes de que necesitamos dedicarnos m&aacute;s tiempo, puesto que la mayor&iacute;a de las veces nuestros cargos nos impiden conciliar una vida familiar plena. Entre horas que le echamos al trabajo, viajes de empresa y obligaciones parentales no siempre tenemos la oportunidad de disfrutar de un momento exclusivamente nuestro.<\/p>\n<p>Mi marido me comenta las discrepancias existentes entre la plantilla y la direcci&oacute;n de la empresa. &Eacute;l es el gerente y tiene que gestionar el descontento por un exceso de horas que se les exige a los primeros y las necesidades de producci&oacute;n de los segundos. Lo entiendo perfectamente, dado que es un conflicto de unos intereses que chocan entre s&iacute;, y en los que ambas partes contadas veces logran entenderse en lo econ&oacute;mico y, aunque &eacute;l es una persona condescendiente, en ocasiones, la presi&oacute;n de los accionistas le impide proceder como a &eacute;l le gustar&iacute;a, pues al final son los dividendos los que marcan la ruta, pero tambi&eacute;n, los que tienen que hablar en su nombre. Estoy segura de que encontrar&aacute; el modo de que llegue a buen puerto el acuerdo entre el comit&eacute; de empresa y direcci&oacute;n. Se lo digo mientras con mis dos manos le cojo la suya como muestra de apoyo, pero tambi&eacute;n para que dejemos los problemas laborales al margen de lo que pretendemos que sea una noche especial. Me da las gracias mientras insiste en el tema y por experiencia s&eacute;, que eso, m&aacute;s que convicci&oacute;n, es un s&iacute;ntoma de inseguridad. En ocasiones sus vacilaciones me desquician y por mucho que intente ayudarle &eacute;l sigue albergando dudas y d&aacute;ndole mil vueltas a un asunto que podr&iacute;a resolverse en otro momento. Empiezan a aburrirme sus contrariedades e intento desconectar desviando la mirada a mi alrededor como si me interesara m&aacute;s la decoraci&oacute;n del local o lo que ocurre en las mesas colindantes. Para alguien que sepa interpretar el lenguaje del cuerpo no le ser&aacute; dif&iacute;cil llegar a la conclusi&oacute;n de que me empiezan a fatigar sus tesis laborales.<\/p>\n<p>Otra vez, y ya con cierto hast&iacute;o, dirijo la mirada de forma mec&aacute;nica hacia la barra y el coraz&oacute;n me da un vuelco cuando veo al barman que me observa fijamente mientras llena varias jarras de cerveza. Me quedo patidifusa y aparto la vista sin saber qu&eacute; hacer. Regreso al cansino universo de las huecas reflexiones con las que sigue martille&aacute;ndome mi marido como si realmente me interesaran ahora mismo.<\/p>\n<p>Observo de nuevo por si ha sido una alucinaci&oacute;n, o bien para cerciorarme de que he visto a quien creo haberlo hecho. Ahora estoy segura de que es lo segundo. Nuestras miradas se encuentran. Mi rostro palidece al tiempo que el barman me sonr&iacute;e brind&aacute;ndome el mismo gesto de hace unos meses en el avi&oacute;n, por lo que una vez m&aacute;s, esquivo su exhaustivo examen ante una situaci&oacute;n que me resulta de lo m&aacute;s embarazosa. Por el contrario, a &eacute;l parece no importarle el hecho de que mi marido est&eacute; a mi lado, incluso apostar&iacute;a que para &eacute;l es una motivaci&oacute;n a&ntilde;adida.<\/p>\n<p>Mi esposo parece no darse cuenta de la tesitura y sigue en sus c&aacute;balas. Por mi parte, ya estoy deseando marcharme de all&iacute; a la mayor celeridad y por diferentes motivos. Me resulta dif&iacute;cil gestionar esta desconcertante situaci&oacute;n a la luz de lo que puede delatar mi aventura del pasado y por ello tengo presente lo vulnerable que soy en estos momentos. Ese tipo, no s&oacute;lo podr&iacute;a arruinarme la noche, sino mi vida.<\/p>\n<p>Aquel episodio casi lo hab&iacute;a relegado al caj&oacute;n de los recuerdos sombr&iacute;os y, de forma no autorizada, este sujeto ha vuelto a interferir en mi vida, del mismo modo, y sin autorizaci&oacute;n, como si mi cuerpo quisiera confabularse con ese individuo, ha empezado a mandarme se&ntilde;ales improcedentes, es por ello que mis pezones se empe&ntilde;an en pretender horadar mi su&eacute;ter a la vez que siento una necesidad imperiosa de meter la mano por debajo de la mesa, apretarme y aliviar la desaz&oacute;n de mis bajos.<\/p>\n<p>A&uacute;n estamos en los entrantes y todav&iacute;a no nos han tra&iacute;do la cena. Vuelvo a desviar la vista hacia el mir&oacute;n y advierto un gesto de complicidad. El joven nos trae las dos pizzas que hemos pedido, sin embargo se me ha ido el hambre por completo. Intento aparentar normalidad en una situaci&oacute;n que es todo menos normal. Como dos porciones de pizza para fingir serenidad pese a que la boca del est&oacute;mago se me ha cerrado a cal y canto.<\/p>\n<p>Mi marido advierte mi silencio, incluso que estoy jugando con el tallo de la copa de vino sin beber, sin comer y sin apenas hablar. Me pregunta qu&eacute; me pasa. Solo le digo que se me ha ido el hambre, pero no el motivo. Quiero decirle que nos vayamos y nos saltemos la cena, el caf&eacute; y las copas, puesto que mis apetitos son ahora de otra &iacute;ndole. Deber&iacute;a avergonzarme por excitarme con el pensamiento de algo que hice en el pasado y de lo cual no me enorgullezco, y mucho menos con un fulano que no me parec&iacute;a, ni de lejos, atractivo, sin embargo, &iquest;por qu&eacute; me cuesta reconocer que aquella insensatez fue lo m&aacute;s morboso, salvaje y placentero que hice jam&aacute;s? Eso me dice que el placer no est&aacute; re&ntilde;ido con la persona que creemos que es la equivocada.<\/p>\n<p>&mdash;No has comido nada, &mdash;me advierte mi esposo, como si acabase de descubrir el primer genoma.<\/p>\n<p>&mdash;No me encuentro muy bien. Necesito aire. &iquest;Por qu&eacute; no pides la cuenta? &mdash;le digo, y servicial como s&oacute;lo lo es &eacute;l, levanta el brazo llamando al joven que acude ipso facto, no obstante, es el hombre de la barra quien nos trae la nota, al tiempo que nos pregunta si todo ha sido de nuestro agrado mientras me mira fijamente esperando una respuesta hasta que le digo que todo estaba delicioso intentando aparentar normalidad. Pero en esa mirada van impl&iacute;citas muchas m&aacute;s cosas que mi respuesta. El hombre asiente y me sonr&iacute;e. Mi coraz&oacute;n me late de forma descontrolada hasta querer sal&iacute;rseme del pecho. Su cuerpo casi roza con el m&iacute;o, incluso hasta me parece advertir el olor del ba&ntilde;o del avi&oacute;n y por unos segundos parece que viajo en el tiempo. Cosas del cerebro. Compruebo que su mirada se ha clavado en el canalillo de mi escote y retorcidos pensamientos rebotan en mi cabeza, y mientras mi marido teclea el n&uacute;mero secreto de la tarjeta de cr&eacute;dito en el dat&aacute;fono, el hombre me ofrece una tarjeta de visita por si deseamos encargar mesa en un futuro, pero estoy segura de que hay otra intencionalidad camuflada.<\/p>\n<p>En el coche, de camino a casa mi excitaci&oacute;n va in crescendo. Las im&aacute;genes se suceden una tras otra como flashes en mi cabeza repiqueteando mis sentidos de tal modo que puedo notar la humedad entre mis piernas. Acaricio mi pez&oacute;n derecho con disimulo y mi braguita resbala dentro de mi raja. Me apetece hacer una locura en vez de echar el t&iacute;pico polvo salvaje de los s&aacute;bados en la cama.<\/p>\n<p>Poso mi mano en su entrepierna, pero parece que &eacute;l no est&aacute; tan excitado como yo. Le desabrocho el pantal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; haces? &iquest;Est&aacute;s loca? &mdash;me pregunta y le contesto que s&iacute;, pero por &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no hacemos una locura como en los viejos tiempos? &mdash;le pregunto yo. &Eacute;l me mira como si estuviese ida.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;No te encontrabas mal?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Para el coche en un descampado y f&oacute;llame! &mdash;le digo mientras su polla se hincha en mi mano.<\/p>\n<p>Buscamos las afueras de la ciudad y detiene el coche en un pol&iacute;gono industrial donde sol&iacute;amos ir en tiempos remotos cuando las alternativas eran limitadas.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute;s loca, &mdash;me dice al mismo tiempo que meneo su polla con dinamismo. A continuaci&oacute;n, mientras reclina el asiento me deshago de las bragas, le bajo los pantalones hasta los tobillos y me monto sobre &eacute;l hundi&eacute;ndome su verga por completo. Sus manos destapan mis tetas y me las oprime con fuerza al tiempo que yo cabalgo sobre mi corcel. Unos cuantos brincos bastan para que el orgasmo golpee mi co&ntilde;o traduci&eacute;ndose en m&uacute;ltiples convulsiones internas, acompa&ntilde;adas de gemidos de placer y alg&uacute;n que otro grito exaltado. Despu&eacute;s de ese sublime instante me pregunto si no me he delatado, pero me doy cuenta que est&aacute; ahora demasiado excitado como para andar a la caza de incongruentes explicaciones. Me da la vuelta, se posiciona sobre m&iacute; para empezar con empujones lentos hasta convertirse en en&eacute;rgicos embates. Mi excitaci&oacute;n regresa e intento sincronizarme con el ritmo de los movimientos p&eacute;lvicos que impone mi esposo. Cierro los ojos un momento y visualizo al energ&uacute;meno que me foll&oacute; en aquel reducido espacio del avi&oacute;n.<\/p>\n<p>Ambos movemos las caderas cada vez m&aacute;s r&aacute;pido en busca del cl&iacute;max. Empiezo a gritar como una posesa y &eacute;l me sigue, no porque intente imitarme, sino por lo salvaje del polvo y el morbo t&aacute;cito. Le pido m&aacute;s polla. Le exijo que me reviente el co&ntilde;o y se afana en ello, pero es cuanto tiene. Vuelvo a imaginar aquel mango abri&eacute;ndome en canal y el cl&iacute;max me atrapa gritando y suplicando verga. Mi marido me acompa&ntilde;a en el orgasmo y sus jadeos me confirman que lo ha disfrutado tanto o m&aacute;s que yo.<\/p>\n<p>Al recuperar el resuello nos miramos a los ojos y empezamos a re&iacute;mos a carcajadas como dos adolescentes ante la adrenalina de haber cometido un acto il&iacute;cito.<\/p>\n<p>&mdash;Estamos locos, &mdash;asegura.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, &mdash;afirmo con una sonrisa.<\/p>\n<p>&mdash;Tenemos que hacer esto m&aacute;s a menudo, &mdash;me dice mientras se viste. Yo hago lo propio y abandonamos el lugar.<\/p>\n<p>Me despierto por la ma&ntilde;ana sudorosa y excitada. Mi marido ya se ha marchado a correr sus siete kil&oacute;metros. Mientras me recreo en la cama pienso en lo ocurrido la noche anterior. A ambos nos gust&oacute; cambiar las reglas del juego y el escenario. Lo que &eacute;l no sabe es lo que motiv&oacute; tal cambio.<\/p>\n<p>Las secuencias del avi&oacute;n se congregan otra vez en mi cabeza para perturbar mi sosiego. Cierro los ojos y me veo ara&ntilde;ando la puerta del W.C. mientras el energ&uacute;meno arremete con fiereza desde la retaguardia hasta conseguir alzarme del suelo con cada embate.<\/p>\n<p>Mis dedos se pasean por la raja evocando el instante y por un momento me pregunto c&oacute;mo ser&aacute; tenerlo de nuevo dentro sin el estr&eacute;s a&ntilde;adido de que alguien nos pille infraganti. Reconozco que ese morbo impl&iacute;cito fue un acicate, sin embargo, tener m&aacute;s tiempo y dar rienda suelta a nuestros m&aacute;s bajos instintos debe ser el summum.<\/p>\n<p>Busco en el fondo del caj&oacute;n de mi mesita a mi fiel compa&ntilde;ero de viajes, paso la lengua sobre &eacute;l y lo introduzco en mi boca imaginando el mazacote del barman. Ensalivo la polla de l&aacute;tex recorriendo su textura para despu&eacute;s introduc&iacute;rmela por completo. Vuelvo a sacarla y repito el movimiento hasta que hallo el ritmo deseado, mientras el dedo coraz&oacute;n de mi mano izquierda atiende el peque&ntilde;o n&oacute;dulo trazando movimientos circulares. Saco la polla de pl&aacute;stico embadurnada de mis caldos y me la trago con sonoros chasquidos hasta provocarme una arcada, despu&eacute;s me la ensarto otra vez de tal manera que mis gemidos se intensifican. Mis caderas se retuercen serpenteando mientras me follo con la enorme polla.<\/p>\n<p>&mdash;F&oacute;llame cabr&oacute;n, &mdash;le grito al barman en voz alta como si estuviese conmigo y fuese el art&iacute;fice de mi placer. El orgasmo me atrapa en esa fantas&iacute;a gritando y articulando desprop&oacute;sitos.<\/p>\n<p>Pasada la euforia me pregunto si realmente es lo que quiero. No respondo por condicionantes sociales y culturales, pero en el fondo me atrae la idea. No es m&aacute;s que puro morbo, lujuria y un placer que aquel sujeto desat&oacute; abriendo la caja de pandora, y en cierto modo estoy agradecida porque &ldquo;nuestra&rdquo; vida matrimonial ha subido de nivel, no s&oacute;lo en el &aacute;mbito sexual, sino en la conciliaci&oacute;n familiar y en nuestra relaci&oacute;n de pareja.<\/p>\n<p>A los cincuenta el sexo sigue siendo algo indispensable, ahora bien, la monoton&iacute;a, la falta de alicientes y el dar muchas cosas por sentadas suprime la palpable chispa de esos primeros a&ntilde;os de relaci&oacute;n. Llega a convertirse m&aacute;s en una necesidad fisiol&oacute;gica sin otros incentivos que los que te pide el cuerpo por esa misma v&iacute;a. Nos nutrimos de fantas&iacute;as para colmar ese hueco que se ha vaciado en el transcurso de los a&ntilde;os, por ello, bienvenidas sean si logran llenar ese vac&iacute;o. De ah&iacute; que desde ese s&aacute;bado nuestra actividad sexual se haya duplicado en cantidad y en calidad. Pero, del mismo modo, al tiempo que ese ensue&ntilde;o alimenta la relaci&oacute;n, tambi&eacute;n va aguijoneando mi integridad y ahora, a menudo, cuando estoy sola me masturbo para acallar la indecorosa vocecita que aporrea dentro mi cabeza. No siempre es f&aacute;cil, como por ejemplo ahora.<\/p>\n<p>Cuando vengo de un viaje suelo tomarme un d&iacute;a sab&aacute;tico con el fin exclusivo de dedic&aacute;rmelo a m&iacute; misma, y con ello aprovecho para descansar, salir de compras, leer o cualquier otra cosa intrascendente que me haga sentir bien. Hoy es uno de esos d&iacute;as.<\/p>\n<p>Me doy una ducha, me acicalo y me pongo un vestido suelto, pero en el que se delinean mis formas. En realidad no s&eacute; lo que espero, ni tampoco estoy segura de saber qu&eacute; es lo que quiero. S&oacute;lo s&eacute; que la vocecita me habla y tira de m&iacute; sin saber si es hacia la complacencia o hacia el abismo. No quiero pensar que van cogidas de la mano. Ya lo hice una vez y todo fue miel sobre hojuelas.<\/p>\n<p>Son las doce del mediod&iacute;a. Deambulo por el barrio del Carmen. S&eacute; a donde me dirijo. Estoy de espaldas a la puerta un poco nerviosa, pero el paso ya est&aacute; dado. Abro la puerta del local con decisi&oacute;n y compruebo que no hay ning&uacute;n cliente todav&iacute;a. A&uacute;n es pronto para las comidas. El muchacho est&aacute; limpiando el suelo con la fregona y se detiene un momento para quedarse mir&aacute;ndome fijamente. Mi compa&ntilde;ero de vuelo est&aacute; detr&aacute;s de la barra secando unos vasos. Me observa, me sonr&iacute;e y el muchacho entiende que busco a su jefe, y por consiguiente, continua con sus tareas.<\/p>\n<p>Avanzo hasta la barra y le saludo con un &ldquo;hola&rdquo; que me es correspondido con otro al que acompa&ntilde;a una ladina sonrisa.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te pongo alg&uacute;n entrante o quieres pasar directamente al plato principal? &mdash;me pregunta sin dejar su tarea de secado. Me sonrojo un momento, pero entiendo que no tengo por qu&eacute;. S&eacute; a lo que he venido y no quiero mostrar signos de flaqueza. Los dos sabemos lo que queremos.<\/p>\n<p>&mdash;Pasemos al plato principal, &mdash;le propongo con diligencia. A continuaci&oacute;n deja el seca manos en la barra, se quita el delantal y me hace pasar hacia adentro. El muchacho nos observa e imagino que ahora entiende lo que ocurre, pero no dice nada y sigue con sus tareas.<\/p>\n<p>Es una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n que hace de almac&eacute;n con la &uacute;nica luz mortecina que una vieja bombilla en el techo arroja. Hay unos estantes con botes, comida, fruta y otros enseres culinarios. Una mesa en el centro con una caja creo que servir&aacute; para nuestro prop&oacute;sito.<\/p>\n<p>El hombre me coge de la cintra y me atrae con sus manazas hasta &eacute;l acercando su boca a la m&iacute;a al tiempo que sus manos descienden hasta mis nalgas a trav&eacute;s de la fina tela del vestido.<\/p>\n<p>&mdash;Sab&iacute;a que vendr&iacute;as, zorra, &mdash;me dice. &mdash;No he dejado de pensar en ti desde aquel d&iacute;a en al avi&oacute;n, y el otro d&iacute;a, cuando viniste con tu marido supe que volver&iacute;a a follarte.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y a qu&eacute; esperas, cabr&oacute;n? &mdash;le pregunto sintiendo como sus manos estrujan mis nalgas al tiempo que restriega su entrepierna por mi sexo.<\/p>\n<p>El energ&uacute;meno me da la vuelta en un arrebato. Echa la caja al suelo, me inclina sobre la mesa, me levanta el vestido, me baja las bragas de un tir&oacute;n y hunde su cabeza entre mis nalgas olisqueando, lamiendo y deleit&aacute;ndose con mis caldos.<\/p>\n<p>&mdash;Menudo culazo tienes, joder, &mdash;oigo por lo bajo.<\/p>\n<p>Abro las piernas para facilitar la labor de su lengua y noto un dedo hundi&eacute;ndose en mi raja. &Eacute;sta empieza a segregar fluidos que van desliz&aacute;ndose en su mano. Noto la presi&oacute;n de otro dedo que se une a la fiesta y un tercero que me hace exhalar un leve, pero placentero grito. Mientras tanto, su lengua recorre mi ano al tiempo que con las tres extremidades me folla con insistencia, y s&eacute; que si sigue as&iacute; me correr&eacute; r&aacute;pido. Mis gemidos me delatan. Mi compa&ntilde;ero de vuelo se pone en pie, se baja los pantalones, me da dos en&eacute;rgicos azotes en las nalgas, posiciona su verga a la entrada de mi sexo y me penetra despacio, por lo que exhalo un elocuente gemido al mismo tiempo que la barra de carne avanza impert&eacute;rrita hacia las profundidades.<\/p>\n<p>Siento como me llena por completo. Mis carnes se abren para albergar el ob&uacute;s y le pido que me folle. Sus manos se aferran a mis caderas y empiezo a sentir las acometidas de mi empotrador. Muevo el culo inducida por el placer y nuestros gemidos se tornan en gritos lujuriosos e imp&uacute;dicos. Los sonoros azotes en mis nalgas se convierten en hostias con sa&ntilde;a con la pretensi&oacute;n de dejarme las nalgas en carne viva. Me gusta su rudeza y los improperios que salen de su boca alimentan mi morbo, de ah&iacute; que estalle en un grito al que le suceden otros muchos sin que mi follador se detenga. No puedo parar de correrme, ni tampoco dejar de gritar. No s&eacute; si estoy con el mismo orgasmo o si los estoy encadenando de forma ininterrumpida.<\/p>\n<p>Levanto la cabeza y veo que el joven est&aacute; a dos metros de m&iacute; masturb&aacute;ndose mientras contempla la pornogr&aacute;fica escena. Ni siquiera puedo procesar el hecho de que me est&eacute;n observando mientras follamos. Al due&ntilde;o del establecimiento tampoco parece importarle demasiado su presencia y sigue empiton&aacute;ndome como si le fuera la vida en ello, y en vista de nuestra pasividad al respecto, el voyeur se me acerca y me planta su enhiesta verga en la boca. Deber&iacute;a reaccionar, oponerme al menos, pero no puedo, de hecho, tampoco quiero. El morbo me atrapa en sus fauces y tampoco quiero que me suelte, pues la insensatez ya ha traspasado el umbral de la decencia.<\/p>\n<p>Ahora me es dif&iacute;cil explayarme con mis gemidos y mis gritos, puesto que la verga del joven pretende follarme la boca sin contemplaciones. Con sus manos sujeta mi cabeza impidiendo que me zafe. Empiezo a salivar y a emitir sonoros chasquidos con el miembro del chaval adentr&aacute;ndose en mi gaznate. Noto los pollazos en mi co&ntilde;o, los azotes en mis nalgas y los vergazos del joven en mi boca, y con todo ello, el sonido de la lujuria rebota en las paredes revelando el desenfreno de tres depravados.<\/p>\n<p>Reparo en una mayor presi&oacute;n de las manos del muchacho en mi nuca al tiempo que se acrecientan sus movimientos p&eacute;lvicos, y con ellos, la presi&oacute;n de su polla en mis tragaderas. Los gritos le delatan y dispara su leche directamente en mi est&oacute;mago. No puedo contener la sustancia y me libero de la verga que sigue arrojando esperma como si el dep&oacute;sito hubiese estado meses sin vaciarse. El semen impacta en mi cara reiteradas veces hasta que al joven se le aflojan la piernas.<\/p>\n<p>En &eacute;ste momento puedo gemir y gritar con libertad con la tuneladora golpe&aacute;ndome los bajos. Los bufidos de mi compa&ntilde;ero de vuelo se unen a los m&iacute;os e incluso se intensifican anunciando la inminencia de su cl&iacute;max. Siento los embates del toro desbocado que arremete en mi retaguardia y temo que de un momento a otro la desvencijada mesa se venga abajo conmigo encima. Su leche caliente me quema por dentro y sin dejar de embestirme me uno a &eacute;l en mi en&eacute;simo orgasmo. Quedamos un instante recuperando el resuello en la misma posici&oacute;n. A continuaci&oacute;n percibo como se desinfla el miembro dentro de mi cavidad y escapa de ella con un sonoro ruido. Seguidamente me da una nalgada como si fuese su yegua y con ello diese por concluida la cabalgada, pero me coge por la nuca y me planta un morreo que me sorprende, dado que mi cara y mi boca rebosan todav&iacute;a del esperma del muchacho, lo cual me da que pensar. Su vibrante lengua se enrosca con la m&iacute;a haci&eacute;ndole part&iacute;cipe de la ambros&iacute;a. Despu&eacute;s hace presi&oacute;n en mi hombro haci&eacute;ndome descender el rostro a la altura de su verga morcillona. Quiere que se la limpie igual que lo hicimos en el avi&oacute;n a modo de ritual. Me la introduzco en la boca iniciando la labor de limpieza relamiendo la mezcla de fluidos hasta que me retira dando por finalizada la gesta.<\/p>\n<p>No nos decimos nada. Ambos sementales se visten mientras yo me limpio la cara y mis partes &iacute;ntimas con pa&ntilde;uelos. Despu&eacute;s me pongo las bragas y me adecento un poco.<\/p>\n<p>Deber&iacute;a sentirme miserable por mis actos, pero no es as&iacute; como me siento. Imagino que los dos espec&iacute;menes que est&aacute;n abroch&aacute;ndose en estos momentos la bragueta piensan que soy una casada y hambrienta zorra caliente que ha venido en busca de rabo, y no andan lejos de la verdad. Me da igual lo que piensen, no obstante, me detengo un instante a reflexionar y a valorar esas supuestas opiniones. Tanto mi compa&ntilde;ero de vuelo como yo estamos en la misma tesitura moral y tanto &eacute;l como yo sab&iacute;amos lo que quer&iacute;amos, en cambio, en esta avanzada, pero machista sociedad, uno har&aacute; una muesca en la empu&ntilde;adura de su verga y la otra tendr&aacute; esa misma muesca en su reputaci&oacute;n de mujer y esposa. No puedo cambiar eso, ni tampoco lo pretendo. He cumplido una fantas&iacute;a con sorpresa incluida. Ser&aacute; mi secreto y tambi&eacute;n mi motivaci&oacute;n para alimentar una relaci&oacute;n que va viento en popa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&laquo;Nunca creer&eacute; que Dios juega a los dados con el mundo&raquo; Eso afirmaba Albert Einstein, y yo tambi&eacute;n sosten&iacute;a esa idea hasta hoy. 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