{"id":41771,"date":"2023-04-27T22:00:00","date_gmt":"2023-04-27T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-04-27T22:00:00","modified_gmt":"2023-04-27T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-2\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (2)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41771\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 19<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>2. Una mirada a tres despidos.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pero el fin no justifica los medios! &mdash;Prosigue don Gonzalo cambiando el tono de su voz a uno m&aacute;s grave y menos pausado,&nbsp; abriendo la caratula del informe que reposa ya sobre la mesa, pasando varias p&aacute;ginas blancas hasta llegar a unas m&aacute;s coloridas, con vistosas ilustraciones y observo la cara de aflicci&oacute;n en Carmencita, con sus ojos color caf&eacute; casi a punto de llorar, tras el marco plateado de sus anteojos, fijos en los asombrados grises de Eduardo.<\/p>\n<p>&mdash;Y por tu af&aacute;n de sobresalir en la constructora, &ndash;continua hablando el director con el mismo tono tajante y elevado&ndash; decidiste utilizar unos m&eacute;todos que para nada est&aacute;n dentro del marco &eacute;tico y moral de esta organizaci&oacute;n. Coaccionaste a tus subalternos para que a base de ofrecimientos de &iacute;ndole sexual, lograran con algunos clientes, concretar las ventas necesarias que les permitieran figurar dentro de la empresa, como los m&aacute;s efectivos de su grupo de ventas. &mdash; &iexcl;Mierda! Observo a Eduardo y est&aacute; l&iacute;vido, quieto como una estatua. Chacho algo encogido, se toma la cabeza a dos manos, con desconcertado &aacute;nimo, mirando entre sus piernas la mullida alfombra y yo, descruzo las m&iacute;as y enderezo la espalda, pues hasta el roce de la ropa me molesta. Boquiabierta me lleno de aire y s&iacute;, tambi&eacute;n de un repentino desconcierto, siendo consciente de que en nada se parece aquella reuni&oacute;n a lo que inicialmente pensamos que ocurrir&iacute;a.<\/p>\n<p>Y es que no comprendo&hellip; &iquest;C&oacute;mo carajos se enteraron?<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;or director, pero&hellip; &iquest;De qu&eacute; est&aacute; usted hablando? &mdash;Repentinamente le suelto mi comentario palmoteando la madera lacada, &ndash;haci&eacute;ndome la fuerte&ndash; actuando como una indignada y acusada mujer en esta sala, alterando el inc&oacute;modo silencio con mi ruidoso acto y sobresaltando a todos los presentes. Humm&hellip; &iexcl;Como si no supiera bien a que se est&aacute; refiriendo!<\/p>\n<p>&mdash;Por favor se&ntilde;orita L&oacute;pez, ya est&aacute; grandecita para ponerse con estas bobadas. Mejor deje su show para m&aacute;s tarde que con seguridad lo va a necesitar. &mdash;Me responde serio don Gonzalo y a continuaci&oacute;n le solicita a Milton apagar las luces, para luego encender el video beam y proyectar sobre la tela blanca del fondo, una clara imagen m&iacute;a, entrando abrazada de la cintura por mi cliente, el magistrado Archbold, al bar lounge del &uacute;ltimo piso en el edificio en Cartagena.<\/p>\n<p>&mdash; Melissa&#8230; &iquest;Se reconoce en esta imagen? &mdash;Me pregunta, de forma as&eacute;ptica pero contundente, y no dudo ni un segundo en responderle.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto que soy yo. Esa noche decidimos celebrar por todo lo alto, las ventas realizadas. &iquest;Cu&aacute;l es el problema? &mdash;Le contra pregunto, mostr&aacute;ndome confiada.<\/p>\n<p>Sin inquietarse ni responderme, pasa a otra n&iacute;tida imagen donde se ve a Eduardo conversar animado con el hombre que hab&iacute;a adquirido el amplio local comercial del primer nivel, bebiendo whiskey. A su lado muy cerca se encuentra Chacho y nuestra anfitriona, bes&aacute;ndose apasionados a pocos pasos de la piscina y con las luces de la amurallada ciudad al fondo por panor&aacute;mica imagen. El director se pone de pie y se acerca hasta ponerse a la espalda de mi jefe y le pregunta, encorv&aacute;ndose ligeramente&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Eduardo&hellip; &iquest;Eres t&uacute; el hombre de guayabera blanca? &mdash;Mi jefe musita un s&iacute;, casi inaudible y tras unos segundos finalmente asiente con la cabeza. Y sin cambiar su ubicaci&oacute;n pero con el apuntador laser sobre la misma imagen, tambien le consulta a Chacho si es &eacute;l, quien nos muestra la pantalla.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;or Cifuentes, y supongo que es usted el de la p&aacute;lida camisa rosa, a no ser que tenga un hermano gemelo y no lo supi&eacute;ramos. &mdash;Y Jose Ignacio responde algo temeroso&hellip; &iexcl;Si se&ntilde;or, soy yo!<\/p>\n<p>&mdash;Bien, entonces estamos claros en que son ustedes y reconocen estar disfrutando de una fiesta, la noche del viernes pasado. &iquest;No es as&iacute;? &mdash;Nos pregunta volviendo a acomodarse en su lugar, para pulsar el bot&oacute;n y adelantar algunas im&aacute;genes hasta dar con la que le interesa.<\/p>\n<p>&mdash;Y ahora en esta otra toma, hora y media m&aacute;s tarde, &ndash;puntualiza&ndash; ya todos sin ropa, bebidos y drogados al parecer con coca&iacute;na y marihuana&#8230; &iquest;Tambi&eacute;n se reconocen? O si lo prefieren puedo colocar el video completo de las c&aacute;maras de seguridad e inclusive, para mejorar el sonido ambiente, podr&iacute;amos ver las tomas que realizaba su jefe, con el m&oacute;vil que le suministramos meses atr&aacute;s, como herramienta de trabajo. &mdash;Enfatiza al pronunciarlo, mientras me llevo la mano derecha a la boca, estupefacta.<\/p>\n<p>Eduardo sale de pie en la fotograf&iacute;a mene&aacute;ndose su pichita con una mano, mientras con la otra sostiene su tel&eacute;fono, filmando a placer. Y hablando de goce, estoy yo casi en el centro de la imagen, con los ojos cerrados y mis muslos blancos bien abiertos, cabalgando de espaldas encima de la oscura humanidad del magistrado, &ndash;estirado sobre una de las azules asoleadoras&ndash; disfrutando de la profunda penetraci&oacute;n de su gruesa y venosa verga, a la vez que mi pez&oacute;n, &ndash;el de la teta derecha&ndash; es lamido o chupado, ahora no lo recuerdo bien, por la boca de la cuchi Barbie anfitriona, quien a su vez de rodillas parece estar siendo culeada por un apasionado Chacho, sobre las baldosas de m&aacute;rmol.<\/p>\n<p>Me siento abochornada por aparecer as&iacute; ante los desconocidos socios de esta constructora, frente a los ojos del director y por supuesto ante Carmencita, que no mira hacia la pantalla, pues se niega a verlo, pero que con un pa&ntilde;uelo de papel, &ndash;apartando el marco de sus gafas&ndash; ahora se seca algunas l&aacute;grimas. Y el jefe de seguridad, que no sabe si mirarme a m&iacute; aqu&iacute; vestida, o a la versi&oacute;n desnuda de la imagen.<\/p>\n<p>Eduardo, &ndash;extra&ntilde;amente calmado&ndash; solo contempla sus cuidadas manos extendiendo los dedos, y Chacho en una actitud mucho m&aacute;s nerviosa, se lleva a la boca la mano izquierda para finalmente con su fea y habitual man&iacute;a, morderse las u&ntilde;as. Pero ninguno de ellos dice nada y me desespero.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Esto me parece una falta de respeto! &iquest;C&oacute;mo se le ocurri&oacute; espiarnos? Es claramente una invasi&oacute;n a la intimidad de sus empleados. &iexcl;No tienen derecho! &mdash;Le grito a don Gonzalo, pero tambi&eacute;n dirijo mis ojos azules y envenenados por la ira, hacia los tres hombres a mi derecha, afirmando mis manos sobre el borde de la mesa. El gordo panz&oacute;n se encuentra con los cachetes colorados, disimulando con su mano sobre la boca, una morbosa sonrisa. El flaco que tiene el cabello como un copito de nieve, me sostiene la mirada con impasible prudencia. Pero el m&aacute;s joven, que tambi&eacute;n me contempla, lo hace con odio, frunce el entrecejo y aprieta con fuerza su mand&iacute;bula.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Falta de respeto, Se&ntilde;orita? &iquest;Est&aacute; segura de lo que est&aacute; diciendo? &mdash;La pregunta me hace girar la cabeza hacia el otro lado. &iexcl;Irrespetuosos ustedes tres! Salt&aacute;ndose las normas &eacute;ticas de esta organizaci&oacute;n y exponi&eacute;ndonos con sus inmorales cierres de ventas, a quien sabe que cantidad de denuncias y demandas por parte de las familias de esos clientes. &mdash;Mientras escucho al director, siento la mano de Eduardo jalarme para atr&aacute;s, con el fin de que tome asiento de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Espiarlos? Pregunta, se&ntilde;al&aacute;ndome groseramente con el movimiento de su dedo. &mdash;Por si no lo recuerda se&ntilde;orita, ustedes firmaron un contrato con unas cl&aacute;usulas espec&iacute;ficas, que al parecer no ley&oacute; con detenimiento. Esos tel&eacute;fonos son propiedad nuestra, por lo tanto para protegernos y estar al tanto de sus actividades laborales, nuestro departamento de seguridad desde la entrega de los mismos, ha tenido libre acceso a todos los chats, intercambio de correos empresariales y toda la actividad multimedia registrada, as&iacute; como a sus redes sociales.<\/p>\n<p>&iexcl;Claro! Por eso est&aacute; aqu&iacute; Milton y lo miro con rabia y desprecio. &iexcl;Sapo hijueputa! Lo insulto mentalmente.<\/p>\n<p>&mdash;Tengan en cuenta que estos aparatos, se les entregaron como instrumento de ayuda laboral, con la clara salvedad de que no deber&iacute;an ser usados para otros fines distintos a facilitarles la comunicaci&oacute;n con sus clientes y reportar novedades a sus jefes inmediatos. Nunca se les autoriz&oacute; su uso para cosas personales, y menos para como en su caso, se&ntilde;orita&hellip; &iexcl;D&eacute;jeme reviso! &mdash;Y don Gonzalo abre el folder rojo y busca algo en las primeras p&aacute;ginas y cuando lo encuentra, continua aclar&aacute;ndome la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Concertar junto con su jefe, que determinados clientes obtuvieran beneficios sexuales a cambio de la compra de cuatro casas en el condominio campestre y el &uacute;ltimo negocio por supuesto&hellip; &iexcl;El Pent-House de la torre uno en Cartagena! Con gusto le refresco la memoria. Un profesor de universidad p&uacute;blica y una pareja de ancianos jubilados, fueron los primeros en caer en sus redes. &mdash;Palidezco. Ahora soy yo, quien completamente expuesta, oculto mi cara a dos manos.<\/p>\n<p>&mdash;Un prometedor abogado que adquiri&oacute; la tercera casa, como regalo de bodas. &iexcl;Ahh! Tambi&eacute;n esa olvidada presentadora de noticias que fue tan famosa y ahora publica pendejadas en contra del gobierno en las redes sociales, quej&aacute;ndose por todo. Por &uacute;ltimo el negocio de la semana pasada, su premio negro y gordo. El magistrado de la corte suprema y para m&aacute;s se&ntilde;as, padre del abogado reci&eacute;n casado. &iquest;Ahora si comprende se&ntilde;orita L&oacute;pez, la gravedad de sus actos y que puede resultar en una cadena interminable de demandas para la constructora? &mdash; &iexcl;Me tienen agarrada de los ovarios! Cuenta con toda la informaci&oacute;n. Pero&hellip; &iquest;Y a ellos nada? Me pregunto, y enseguida me llega la respuesta.<\/p>\n<p>&mdash;Y menos utilizarlos para filmar esos pornogr&aacute;ficos encuentros para satisfacer tu parafilia sexual. O me equivoco&hellip; &iquest;Eduardo? &mdash;El director apaga el video beam, acto seguido se encienden las luces nuevamente y por fin mi jefe, sin sobresaltarse ni ponerse en pie, toma la palabra para&hellip; &iquest;Explicar la situaci&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;Gonzalo y se&ntilde;ores de la junta directiva, lo que hice&hellip; &iexcl;Lo que hicimos fue por el bien de la constructora! Los negocios est&aacute;n dif&iacute;ciles, bastante complicados de conseguir y la competencia nos lo pone muy dif&iacute;cil; los proyectos nuevos que colindan con el nuestro, pugnan en precio y dise&ntilde;o similar. Solo utilic&eacute; una estrategia, digamos que m&aacute;s concreta con esos clientes indecisos, al brindarles algo adicional que tambi&eacute;n deseaban. &mdash;El director y los socios lo observan enmudecidos. Entre tanto Chacho y yo nos damos una r&aacute;pida mirada. La suya con cierto desconcierto y la m&iacute;a algo retra&iacute;da, sin saber realmente si me siento o no avergonzada. &Eacute;l no estaba enterado de mis &laquo;habilidades&raquo; para cerrar las ventas.<\/p>\n<p>Lo de la orgia que se arm&oacute; aquella noche en La Heroica, &eacute;l con ella y su cliente, yo con el m&iacute;o y luego todos revueltos, por supuesto que lo hablamos durante el vuelo de regreso el domingo, atribuy&eacute;ndolo al exceso de alcohol y a la coca&iacute;na, en su caso. Por mi parte, al &eacute;xtasis y desinhibici&oacute;n que me produjo la marihuana, al aceptarle por fin a Jose Ignacio, fumar un poco de sus porros, pues nunca los hab&iacute;a probado.<\/p>\n<p>De seguro que ahora, ya informado, se encontrar&aacute; algo decepcionado y con bastantes preguntas, a las cuales no pretendo brindarle respuesta alguna. No es mi due&ntilde;o ni nada m&iacute;o, no es m&iacute;&hellip; &iexcl;Jueputa! S&iacute; mi esposo se llega a enterar&hellip; Tengo que hacer como los gatos, escarbar muy bien entre este lodazal y tapar todo este mierdero. &iquest;Pero c&oacute;mo? &iexcl;Maldita sea la hora en que decid&iacute; aceptar!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Parece muy sorprendido se&ntilde;or Cifuentes! &mdash;Le dice de repente el director a Chacho y yo, con este dolor de cabeza que va increment&aacute;ndose, cierro moment&aacute;neamente mis p&aacute;rpados y presto atenci&oacute;n a su voz.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando le encomend&eacute; trabajar en la venta del proyecto de vivienda de inter&eacute;s social al sur de la ciudad, a un joven con una personalidad decidida, facilidad de expresi&oacute;n, buena pinta y ganas de comerse al mundo entero, puse mis esperanzas en usted. Me di cuenta con el tiempo como se iba destacando en los registros mensuales sobre los dem&aacute;s. Excelentes resultados que no me defraudaban. &mdash;Don Gonzalo hace una nueva pausa para revisar el informe y Jos&eacute; Ignacio m&aacute;s tranquilo, aprovecha el momento para darle las gracias. El director ni lo mira ni le responde, pero a los pocos segundos, continua hablando.<\/p>\n<p>&mdash;Y sin embargo, precisamente eso llam&oacute; la atenci&oacute;n del gerente general y pidi&oacute; un seguimiento a sus actividades comerciales. Y&hellip; &iexcl;Ohh sorpresa! Como no iba a lograr esos &eacute;xitos si t&uacute;, Eduardo, &ndash;y lo se&ntilde;ala con el dedo &iacute;ndice&ndash; le sugeriste despu&eacute;s de una de sus acostumbradas salidas a beber en el bar de aqu&iacute; abajo, el de la esquina; que enamorara a la gerente del banco para lograr que aprobaran los cr&eacute;ditos hipotecarios de sus clientes. &mdash;Mi jefe inmediato contin&uacute;a con su postura inalterable y no se fija en la mirada de Chacho, que parece suplicarle que intervenga en su auxilio.<\/p>\n<p>&mdash;Hasta ah&iacute; no habr&iacute;a problema, todos ganaban. Era su vida privada, &iquest;no es as&iacute; se&ntilde;orita L&oacute;pez? &mdash;Me mira, sonri&eacute;ndose burl&oacute;n y prosigue.<\/p>\n<p>&mdash;La se&ntilde;ora gerente calmaba sus necesidades personales, el exitoso se&ntilde;or Cifuentes, destac&aacute;ndose como el mejor asesor del grupo, y t&uacute; Eduardo, meti&eacute;ndote en el bolsillo una tajada de las comisiones cobradas. &mdash;No me siento asombrada, pues desde que llegu&eacute; a trabajar en la constructora, era un rumor al que no hice caso, pero que se paseaba de escritorio en escritorio.<\/p>\n<p>&mdash;Pero el negocito se les termin&oacute; cuando el esposo de la se&ntilde;ora gerente, los descubri&oacute; saliendo de un motel en Chapinero. &iquest;No fue as&iacute; se&ntilde;or Cifuentes? Y finalmente ella renunci&oacute; a su cargo y en su reemplazo, lleg&oacute; a ocupar su puesto un hombre. &mdash;Jose Ignacio callado, inclina levemente hacia abajo su cabeza y luego igual de lento la sube, aceptando con estoicismo, aquella nueva revelaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pero usted Jose Ignacio, no aprende de los tropiezos, &ndash;lo mira fijamente y Chacho amilanado, le esquiva la mirada volteando su cara para verme&ndash; y le encanta jugar con fuego, meti&eacute;ndose con mujeres ajenas y cuanto m&aacute;s prohibidas, m&aacute;s le encanta correr el riesgo. &mdash;Don Gonzalo entonces dirige su atenci&oacute;n hacia m&iacute; y termina la frase diciendo, sin dejar de observarme&hellip; &iexcl;Y m&aacute;s si son casadas!<\/p>\n<p>&mdash;Disc&uacute;lpeme don Gonzalo, pero como usted lo ha dicho, esa es mi vida privada y tanto a m&iacute; como a esta organizaci&oacute;n, con o sin sexo de por medio, hemos salido bien beneficiados con esos negocios y le aseguro jefe, que ninguna de esas mujeres interpondr&aacute; queja alguna. &mdash;Por fin interviene Jose Ignacio, pasando su mano sobre su melena del lado derecho, acomod&aacute;ndose alg&uacute;n rebelde mech&oacute;n. Sacando pecho y sonriendo jactancioso, dejando en claro por qu&eacute; le llaman en la oficina el &laquo;siete mujeres&raquo;. El socio m&aacute;s joven, que se encuentra a una silla de por medio, no deja de mirarlo con un profundo odio y como con ganas de com&eacute;rselo vivo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya, vaya! Todo un don juan que al final ha terminado entregando las nalgas al aceptar acostarse con el hombre que adquiri&oacute; el &uacute;ltimo local comercial en nuestra torre residencial. &iquest;Y todo para qu&eacute; se&ntilde;or Cifuentes? &iquest;Por el dinero o quiz&aacute;s por algo adicional? &mdash;Le responde don Gonzalo con mucha calma, pero en un tono bien sarc&aacute;stico. Yo me quedo literalmente de una pieza, con la boca abierta, al darme por enterada de algo tan inesperado. &iquest;Chacho me sali&oacute; maric&oacute;n? &iquest;Todo por la comisi&oacute;n?<\/p>\n<p>&iexcl;Ahora quien lo observa a la cara y bastante desencantada soy yo!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Oferta y demanda, caballeros! As&iacute; de simple. &mdash;Escucho de nuevo a Eduardo intervenir repentinamente para complementar sus descargos, aun bien acomodado y cruzado de brazos.<\/p>\n<p>&mdash; Digamos que de esa manera logr&eacute; que tomaran una decisi&oacute;n de compra m&aacute;s oportuna y afortunada para ambas partes. Jam&aacute;s estuvo en riesgo el prestigio de esta organizaci&oacute;n, ni lo estar&aacute; nunca, porque esos clientes no quedaron defraudados por la asesor&iacute;a que les brindaron mis pupilos. &mdash; &iexcl;Pero que mierdas! Pienso al escuchar que Eduardo como siempre, se jacta de unos &eacute;xitos que no son solo suyos. El esfuerzo fue m&iacute;o y tambien de Jos&eacute; Ignacio. En mi caso con el sudor de la frente y al abrirme de piernas. Y Chacho pues&hellip; No solo por su enredadora labia, si no ahora al igual que yo, por poner su culo de anzuelo para concretar ese &uacute;ltimo negocio.<\/p>\n<p>Carmencita que cre&iacute;a conocerlo muy bien, at&oacute;nita niega con su cabeza sorprendida ante la c&iacute;nica tranquilidad con la que se expresa su amigo Eduardo, y entre tanto don Gonzalo, &ndash;a quien noto disgustado&ndash; se lleva una mano a la frente mientras bebe otro poco de agua. Los vasos de cristal de los socios por el contrario, permanecen colmados en frente de cada uno, sin probar.<\/p>\n<p>&mdash;Eduardo, mejor gu&aacute;rdate tus trillados argumentos de ventas y excusas para otra compa&ntilde;&iacute;a, porque para esta organizaci&oacute;n, la falta de &eacute;tica y moral con la que han actuado, distan por mucho de los principios y valores con los que fue creada. &mdash;Don Gonzalo, con su rostro alterado se pone de pie y se ubica por detr&aacute;s de la silla que ha permanecido vac&iacute;a, apoya sus manos sobre el cabecero de piel marr&oacute;n, y repasa con su mirada los rostros de los tres socios, como pidi&eacute;ndoles alg&uacute;n tipo de autorizaci&oacute;n y a continuaci&oacute;n se dispone a seguir objetando los argumentos de mi jefe inmediato.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;De cu&aacute;l oferta nos hablas? &iquest;La que les hac&iacute;as a esos clientes? &iquest;O al chantajista silencio que le ofrec&iacute;as a esta se&ntilde;orita a cambio de entregar su cuerpo y dejarse filmar para tu malsano disfrute sexual?<\/p>\n<p>&iexcl;Lo saben absolutamente todo! Nuestras conversaciones en los chats, las propuestas al e-mail de los clientes y aquellas citas concertadas por videoconferencia nos delatan. Tambien la exigencia de presenciar y filmar algunos encuentros sexuales, luego de firmar los contratos de venta y que le ped&iacute; que borrara, pero &eacute;l est&uacute;pido insisti&oacute; que los necesitaba para su goce personal y tambien para seguir extorsion&aacute;ndome. &iexcl;A todo han tenido acceso! Pero me asalta una duda. &iquest;Por qu&eacute; hasta ahora les incomoda la situaci&oacute;n y no antes?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Demanda? Tal vez el se&ntilde;or Cifuentes si tenga bien claro este concepto. &iquest;No es as&iacute;? Cuando al ofrecimiento que su jefe le propuso, de aceptar tener sexo con un hombre, &ndash;por cierto muy repudiado por la familia de los due&ntilde;os de esta empresa&ndash; para negociar la venta del local en Cartagena, usted puso como condici&oacute;n, que Eduardo interviniera a su favor para volver a reunirse despu&eacute;s de mucho tiempo con la se&ntilde;ora Graciela, la esposa de don Octavio, nuestro gerente general y madre de Tom&aacute;s, aqu&iacute; presente. &mdash; &iquest;Pero qu&eacute; mierdas pasa aqu&iacute;? &iquest;Qu&eacute; es lo que acabo de escuchar? &iquest;Graciela es&hellip;? &iexcl;Maldito embustero!<\/p>\n<p>Y de pronto, en un instante, el hombre m&aacute;s joven que estaba sentado a la derecha de Jose Ignacio, &ndash;a un asiento de distancia&ndash; se abalanza inesperadamente sobre Chacho tir&aacute;ndolo de la silla y cayendo los dos al piso, empieza a golpearlo sin darle la oportunidad de reaccionar, mientras vocifera desaforado&hellip; &mdash; &iexcl;Te tiraste a mi mam&aacute;, desgraciado hijueputa! &iexcl;Te voy a matar, perro malparido!<\/p>\n<p>Grita Carmencita, desencajada y muy asustada, a la par m&iacute;a. Eduardo asombrado, se echa hacia atr&aacute;s en su silla, m&aacute;s no hace nada m&aacute;s y los otros hombres reaccionan de manera similar. &mdash; &iexcl;Hagan algo, lo va a matar! Grito desesperada. Milton por fin reacciona y se encarga de apartar a la fuerza al muchacho levant&aacute;ndolo por la espalda. Chacho yace desgonzado en el piso, sin aire y sin quien lo ayude a levantar. Sangra por nariz y boca, manchando la alfombra. Jadea y mir&aacute;ndome me estira su brazo, solicitando mi auxilio.<\/p>\n<p>&iexcl;Y s&iacute;, obviamente lo hago! Me arrodillo junto a &eacute;l, le tomo la cabeza y lo atraigo hasta mi regazo, &ndash;ayud&aacute;ndole a enderezarse un poco&ndash; ejerciendo algo de presi&oacute;n con mis dedos sobre la nariz, para intentar detener el sangrado. Don Gonzalo se acerca por detr&aacute;s m&iacute;o, ayud&aacute;ndome a levantar a Jose Ignacio y le entrega un pa&ntilde;uelo azul. Mientras yo lo sostengo, el director alcanza la silla y me ayuda a acomodarlo. Milton aun forcejea con un enfurecido Tom&aacute;s, el hijo de esa se&ntilde;ora que fue nuestra anfitriona en la noche loca, all&aacute; en &laquo;La Heroica&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Tom&aacute;s! Por favor, ya basta. &iexcl;O te comportas o te marchas a tu oficina! &mdash;Le habla alto y claro don Gonzalo, como quiz&aacute;s su padre si estuviera presente lo har&iacute;a, recrimin&aacute;ndolo. Y veo que Milton por fin afloja el abrazo, liber&aacute;ndolo y me provoca temor que se pueda reiniciar la pelea, sin embargo el muchacho se arregla el saco y la camisa, no pronuncia una sola palabra, pero si aparta de mala gana las carpetas sobre el escritorio, para recoger sus lentes y salir de la sala de juntas, sob&aacute;ndose una mano, empuj&aacute;ndome al pasar por mi lado y mirando a Eduardo con un profundo desprecio.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Chacho c&oacute;mo te sientes? &iquest;Quieres que te lleve a un hospital? &mdash;Le pregunto acariciando su frente y este, sosteniendo el pa&ntilde;uelo sobre la nariz, me la aparta con brusquedad, haci&eacute;ndome sentir mal.<\/p>\n<p>&mdash;No es necesario Meli, estoy bien. &mdash;Me responde sin mirarme, pues su cabeza la mantiene echada para atr&aacute;s con el lienzo azul ensangrentado cubriendo sus heridas y su voz pausada, demostrando que su humanidad no esta tan lastimada como si lo debe estar, su orgullo de hombre.<\/p>\n<p>Y s&iacute;, tan culpable me siento yo de todo esto, como &eacute;l debe estarlo y en cambio, el est&uacute;pido de Eduardo parece no verse afectado, pues sigue bien acomodado en su silla, con las manos juntas por las palmas, frente a su boca. Me aparto de Chacho y de nuevo tomo asiento. Es mejor dejarle que se calme, m&aacute;s tarde hablar&eacute; con &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Qu&eacute; situaci&oacute;n tan bochornosa! Disc&uacute;lpenlo por favor. Tom&aacute;s me asegur&oacute; que mantendr&iacute;a la compostura en todo momento, sin embargo no lo ha podido cumplir y yo entiendo en parte esa reacci&oacute;n. S&iacute; alguien se metiera con mi mujer o con mi madre, destruyendo la honra de mi familia, no tengo muy claro de qu&eacute; manera actuaria. &mdash;Dice el director, tambien ya sentado en su silla, para continuar con su charla.<\/p>\n<p>&mdash;En fin, es mejor que demos t&eacute;rmino a esta reuni&oacute;n. Creo que no hay mucho m&aacute;s por discutir. Es claro para la junta directiva de esta organizaci&oacute;n, que t&uacute; Eduardo, no eres m&aacute;s que un embaucador, chantajista, corrupto y morboso voyeur. &iexcl;Te pasaste de la raya! Estas despedido, al igual que ustedes dos, por aceptar y seguir sin rechistar las propuestas inmorales de su jefe inmediato. &mdash;No hab&iacute;a de otra, era lo esperado. Respiro agitada y en mis ojos nace mi tragedia convertida en llanto. &iexcl;Mierda! En lugar de premios o felicitaciones, saldr&eacute; de aqu&iacute; sin honra, sin trabajo y sin saber c&oacute;mo enfrentar&eacute; esto con mi marido, con un futuro tan incierto que por fin he tomado conciencia que esto se est&aacute; hundiendo, como mi vida misma.<\/p>\n<p>&mdash;Todo lo que est&aacute; en este informe ser&aacute; mantenido en reserva por un tiempo, al igual que los videos. Nadie m&aacute;s en esta compa&ntilde;&iacute;a tendr&aacute; acceso a ellos. Por su bien, esperamos de no vernos salpicados con su mierda. Y lo m&iacute;nimo que esperamos de su parte, es discreci&oacute;n. &mdash;Don Gonzalo hace una pausa y algo le dice al o&iacute;do a Carmencita. La directora de recursos humanos asiente y luego cruza una mirada conmigo, en sus ojos solo veo pesar. &iquest;Solo por m&iacute;? Me pregunto, inquiet&aacute;ndome por la respuesta.<\/p>\n<p>&mdash;Obviamente, se les ha cancelado todas las comisiones y salarios pendientes hasta la fecha. Ni un peso m&aacute;s ni un peso menos. &iexcl;No esperen una carta de recomendaci&oacute;n! De hecho ser&iacute;a mejor para ustedes que obviaran en sus curr&iacute;culos, que trabajaron alguna vez para esta organizaci&oacute;n, ya que si nos llaman solicitando referencias suyas, nunca tendr&aacute;n de nuestra parte, una grata respuesta. &mdash;Prosigue el director con el discurso de nuestros despidos.<\/p>\n<p>&mdash;Igual est&aacute;n en su derecho de no aceptar y hablar con sus abogados, pero cr&eacute;anme una cosa: Si deciden irse por las malas, nos veremos en los juzgados y les aseguro que los asesores de nuestro departamento jur&iacute;dico, se lo van a hacer pasar muy mal. As&iacute; que los invito a que no lo piensen demasiado y firmen esa carta. &mdash;Tirito, pero no por temor de quedarme sin trabajo, no. Tiemblo al imaginarme la cara de mi esposo, cuando se entere. &iexcl;Jueputa! No s&eacute; qu&eacute; voy a hacer ahora.<\/p>\n<p>&mdash;Carmencita, por favor entr&eacute;gale a cada uno los informes del departamento de seguridad y la carpeta con la carta de despido y sus respectivas liquidaciones. &mdash;Le solicita don Gonzalo a la mujer que siendo amiga de Eduardo, me ayud&oacute; desde el comienzo a mantener oculta, mi verdadera personalidad.<\/p>\n<p>Respiro hondo y doy una r&aacute;pida ojeada al folder rojo. Son muchas p&aacute;ginas detalladas con fechas y horas. Fotograf&iacute;as de situaciones y eventos en mi mente, &ndash;ya lejanos y apartados en oscuros rincones&ndash; a los que no quer&iacute;a volver a evocar. Tambien en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas, m&aacute;s im&aacute;genes del almuerzo en la ciudad amurallada, entre el magistrado Archbold, Eduardo y yo, para cerrar el trato. El paseo en coche tirado por un blanco caballo, al atardecer de este febrero tan caluroso junto al magistrado, dej&aacute;ndome acariciar y besar, con la Torre del Reloj atestiguando mi estad&iacute;a. Y en secuencia otras, donde me veo entrando junto a &eacute;l, a la habitaci&oacute;n donde me hosped&eacute; en aquella hermosa casona colonial. Por supuesto que tambien existen varias tomas adicionales de esa orgia en la que particip&eacute; por mi falta de escr&uacute;pulos, en aquella fiesta privada a la cual mi jefe nos invit&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Y bien&hellip; &iquest;Que deciden? &mdash;La pregunta que realiza el director, me trae de nuevo a este incomodo presente, me asusta, me aturde, me mata aun estando tan viva. As&iacute; que observo el rostro de Jose Ignacio, al igual que el de Eduardo. Cada uno concentrado en revisar el contenido de la carpeta blanca, los dos muy serios e indecisos. Y me surge una inquietud, como posible salida de este atolladero.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Nadie se enterar&aacute; de todo esto? &iquest;Nadie m&aacute;s tendr&aacute; acceso a estas fotos y esos videos? &mdash;Le consulto a don Gonzalo, mientras de mi bolso extraigo mi bol&iacute;grafo Waterman, dispuesta a firmar.<\/p>\n<p>&mdash;Melissa, no es prudente ahora tentar a la suerte. Pero s&iacute;, a nadie le interesa saber qu&eacute; pas&oacute; con ustedes en esta reuni&oacute;n. Ser&aacute; un&hellip; Una especie de divorcio por incompatibilidad de caracteres, pong&aacute;moslo as&iacute;. Cada uno parte por su lado, en silencio y sin hablar mal del otro. &iquest;Estamos? Todo muere aqu&iacute;. &iexcl;Se lo aseguro! &mdash;Me responde y yo, m&aacute;s tranquila abro la carpeta buscando con rapidez la p&aacute;gina final y esa l&iacute;nea negra, donde debo estampar mi r&uacute;brica y lo hago, completamente decidida.<\/p>\n<p>&mdash;Muy bien se&ntilde;orita L&oacute;pez, prudente y sabia decisi&oacute;n, aunque pueda costarle aceptarla. &iquest;Y ustedes dos qu&eacute; esperan? &mdash;Se dirige a Eduardo y Jose Ignacio que a&uacute;n no se resuelven, pero es claro que no tienen otra salida. Torciendo la boca de rabia y coraje, Eduardo firma. Chacho lo observa, luego repara en la p&aacute;gina m&iacute;a ya marcada y finalmente, estampa en la suya, las rectas y curvas estilizadas de sus nombres y apellidos.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Excelente! Ahora si son tan amables, por favor coloquen sobre la mesa los tel&eacute;fonos m&oacute;viles y tambi&eacute;n sus identificaciones. Tendr&aacute;n tiempo suficiente para tomar sus pertenencias y recoger en la oficina de personal, su respectiva liquidaci&oacute;n. Milton los acompa&ntilde;ar&aacute; hasta la salida. Muchas gracias por la atenci&oacute;n prestada a esta junta. &mdash;Concluye el director, entre tanto Carmencita pasa ubicaci&oacute;n por ubicaci&oacute;n, retirando las carpetas blancas. Las rojas por lo visto son nuestras y debemos cargar con ellas y luego ver qu&eacute; hacemos con las culpas y faltas, tan bien desmenuzadas en su interior.<\/p>\n<p>Miro a Eduardo, que hasta hace unos momentos era mi superior, coloc&aacute;ndose de pie y gir&aacute;ndose, pero en sus peque&ntilde;os ojos no encuentro ahora ning&uacute;n apoyo ni tan siquiera afecto, supongo que bastante tiene &eacute;l con su situaci&oacute;n y desprestigio. Y por supuesto a Jos&eacute; Ignacio, mi beb&eacute;, mi juguete, mi amante y ahora, ex compa&ntilde;ero de trabajo. Chacho si me mira, pero por breves segundos, luego cabizbajo y maltrecho por supuesto, continua su andar desganado cruzando la puerta hacia el pasillo&hellip; &iexcl;Abandon&aacute;ndome, huyendo de s&iacute; mismo!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Se&ntilde;orita Melissa!&hellip; &mdash;La voz gruesa del gerente me detiene a dos pasos de la salida. &mdash; &iquest;Seria usted tan amable de esperar un momento? &iexcl;Sentada por favor! &mdash;Intrigada pero rota, no le discuto y por supuesto que atiendo su deseo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Cuando ya estamos solos, don Gonzalo recoge con tranquilidad las carpetas y las apila, unas sobre las otras. Tambien toma la memoria USB de la ranura en el video beam, donde aparentemente est&aacute;n guardados los videos y las im&aacute;genes que prueban nuestras maniobras no tan santas para obtener las malditas ventas.<\/p>\n<p>Juega en sus dedos con ella, pues tiene la habilidad de un mago, como esos que usan una moneda, rot&aacute;ndola entre el &iacute;ndice hasta llegar al me&ntilde;ique y viceversa. Me quiere decir algo pero intuyo que no sabe por d&oacute;nde empezar.<\/p>\n<p>&mdash;Este mundo es como un pa&ntilde;uelo&hellip; &iquest;No le parece, Melissa? &mdash; &iexcl;S&iacute; se&ntilde;or! Y nosotros somos los mocos que apartados, adornamos sus esquinas. Le respondo, tratando de mantener la serenidad, a pesar de que mi respuesta puede entenderse como una groser&iacute;a, en absoluto era esa mi intenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! &ndash;Se carcajea. &ndash; &iexcl;De tal palo, tal astilla! Exactamente como me contestar&iacute;a su padre, si a&uacute;n viviera. &mdash;Me responde y yo me quedo sorprendida, boquiabierta&hellip; &iexcl;Ojipl&aacute;tica!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Conoci&oacute; a mi pap&aacute;?&#8230; &iquest;Cu&aacute;ndo? Y&#8230; &iquest;Ad&oacute;nde? &mdash;Le pregunto de inmediato, mucho m&aacute;s sorprendida ahora, que con todo lo anterior y el director me responde acariciando su ment&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; Hace muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, s&iacute;. En la plaza de mercado al norte de la ciudad. Su padre desgranaba arvejas y luego las empacaba en una bolsa con bastante agilidad. Finalmente las cerraba con un fuerte y peque&ntilde;o nudo y las apilaba bien niveladas, a un costado de la pir&aacute;mide de mazorcas, enfrente de sus rodillas, sobre un mojado and&eacute;n. &mdash;Eso debi&oacute; ser cuando yo a&uacute;n no hab&iacute;a nacido. Le respondo.<\/p>\n<p>&mdash;No, en realidad usted ten&iacute;a por aquella &eacute;poca unos tres a&ntilde;os si no recuerdo mal. Yo vend&iacute;a p&oacute;lizas de seguros de vida. Me acerqu&eacute; inseguro de ofrecerle a su padre mis servicios, pensando que no tendr&iacute;a ni las ganas ni el dinero para costearlas. Sin embargo me llev&eacute; una gran sorpresa, cuando su padre muy interesado me cit&oacute; unos d&iacute;as despu&eacute;s en su casa, por all&aacute; en el barrio Gustavo Restrepo. &mdash;Se pone en pie y se acerca hasta donde permanezco y se queda all&iacute;, mir&aacute;ndome.<\/p>\n<p>&mdash;All&iacute; en brazos de su madre, conoc&iacute; a una peque&ntilde;a muy risue&ntilde;a y con la bella mirada azul de un &aacute;ngel, sin duda, heredada de los ojos de su padre. No solo adquiri&oacute; el seguro de vida sino una p&oacute;liza de estudios universitarios para usted y sus dos hermanitos mayores. Esa venta me dej&oacute; marcado para siempre, no solo por la humildad con la que me atendi&oacute; su pap&aacute; y su madre, sino por la ense&ntilde;anza que me brind&oacute;, para jam&aacute;s despreciar a ninguna persona por su apariencia. Un gran hombre su padre, se&ntilde;orita Melissa Mariana L&oacute;pez Jim&eacute;nez. &mdash;Esas palabras dichas con tanto afecto y admiraci&oacute;n, me conmueven hasta hacerme sentir un nudo en la garganta.<\/p>\n<p>&mdash;Don Gonzalo, yo&hellip; Le digo al borde del llanto. &mdash;Le agradezco sus comentarios hacia mi padre, en verdad me hacen muy feliz. Sus recuerdos sobre mi viejito, son muy hermosos, aunque el tiempo se est&aacute; encargando de alejarlos de mi memoria, y saber por su boca, el esfuerzo de mi padre por brindarme a m&iacute; y a mis hermanos un futuro mejor, me emociona.<\/p>\n<p>&mdash;Al menos se ha visto recompensado, no tanto por m&iacute;, que me desatend&iacute; del negocio familiar porque nunca me v&iacute; vendiendo vegetales ni mangos o guayabas, pero en cambio s&iacute; por mis dos hermanos mayores, que se esforzaron bastante y siguieron adelante con el sue&ntilde;o de mi padre, logrando hacerlo crecer hasta llegar a convertirlo en la empresa exportadora de frutas y verduras, que &eacute;l tanto so&ntilde;&oacute;. &mdash;No aguanto m&aacute;s el remordimiento y en silencio, oculto de la vista de don Gonzalo, mi rostro entre las manos, y empiezo a llorar lo m&aacute;s silencioso que puedo.<\/p>\n<p>&mdash;No se culpe Melissa, no todos tenemos la misma vocaci&oacute;n que nuestros padres. Por lo que le&iacute; en su hoja de vida, a usted le gust&oacute; mucho m&aacute;s los caminos del arte, la pintura y la literatura. &ndash;Me habla con suavidad y el peso de su mano la siento sobre mi hombro izquierdo. &ndash; Una cosa Melissa, es que uno piense que le gusta mucho una afici&oacute;n y otra muy distinta es que encuentre en ella, su profesi&oacute;n. Estoy seguro que su pap&aacute; se sentir&iacute;a muy orgulloso del camino educativo que escogi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Pero y c&oacute;mo es que se enter&oacute; usted, de que yo era su hija? &mdash;Le pregunto entre sollozos.<\/p>\n<p>&mdash;Digamos que al tener entre mis manos su curr&iacute;culo, en la fotograf&iacute;a, ese azul intenso de su mirada me hizo recordar los vivaces ojos de su padre. Y las facciones delicadas de su rostro con ese brillante cabello largo y oscuro, me rememor&oacute; a la belleza de su madre. No estaba muy seguro, pero mientras usted estaba en Cartagena &laquo;negociando&raquo; &ndash;entre comilla con sus dedos la palabra&ndash; ese pent house, yo visit&eacute; las oficinas de la empresa para saludar a su hermano mayor. Tiene una fascinaci&oacute;n por los caballos de paso fino y entre tantas pinturas y cuadros colgados, se destaca la fotograf&iacute;a familiar cuando a&uacute;n su padre viv&iacute;a. Tendr&iacute;a usted unos&hellip; &iquest;Quince a&ntilde;os?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;14! Muri&oacute; unas semanas antes de que yo cumpliera los quince. Le respondo, y retira su mano de mi hombro, alej&aacute;ndose hasta volver a su silla para tomar los informes, desde all&iacute; me mira y contin&uacute;a habl&aacute;ndome como si fuese un antiguo amigo.<\/p>\n<p>&mdash;Sin embargo Melissa, no me cabe duda de que si estuviera vivo, no le gustar&iacute;a para nada el proceder suyo en estos &uacute;ltimos meses. Tuvo usted la decisi&oacute;n en sus manos de no iniciarlo o detener todo esto a tiempo, pero no lo hizo sin importarle, por lo que parece, que pudiera poner en riesgo su matrimonio. &ndash; &iquest;Ser&aacute; que lo sabe tambi&eacute;n? Me palpita con m&aacute;s fuerza el coraz&oacute;n. &ndash; Pero cr&eacute;ame se&ntilde;orita L&oacute;pez, que no entiendo por qu&eacute; call&oacute;, por qu&eacute; no habl&oacute; y en lugar de ello, arriesgo su felicidad para darles alegr&iacute;as a otras personas o&hellip; &iquest;Quiz&aacute; quien necesitaba esa satisfacci&oacute;n, era usted? Eduardo es un abusador y enfermo sexual que necesitar&aacute; alg&uacute;n tratamiento psicol&oacute;gico.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Si se&ntilde;or! Es&hellip; Perd&oacute;neme la groser&iacute;a, pero &eacute;l es un malparido mal amigo, que me oblig&oacute; a hacer cosas que no quer&iacute;a. &mdash;Le contesto, mientras voy secando con un pa&ntilde;uelo de papel, las l&aacute;grimas mientras don Gonzalo se ubica a mi derecha, cerca de la puerta.<\/p>\n<p>&mdash;Lo comprendo Melissa. Pero&hellip; &iquest;Qu&eacute; hay de su amigo, el se&ntilde;or Cifuentes? Un completo vividor, que usa su pinta de gal&aacute;n de telenovelas para estafar el coraz&oacute;n de las mujeres que se dejan conquistar, y destruye a su paso con sus &iacute;nfulas de conquistador, sin importarle nada, a familias enteras, dividi&eacute;ndolas y por supuesto rompiendo la vida y la confianza en mil pedazos, de esos hombres traicionados por sus novias o esposas, como en su caso. &mdash; &iexcl;Jueputa! &iexcl;Mierda! Lo sabe. &iexcl;Tambien lo sabe! Me estoy sintiendo mal y este dolor de cabeza que no cesa, hasta estoy sintiendo ganas de vomitar, me falta el aire, necesito salir de aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Novios o maridos que s&iacute;, seguramente con errores pero tambi&eacute;n con aciertos, como todos los seres humanos, han sido enga&ntilde;ados. Pero son hombres que aman y conf&iacute;an a&uacute;n en sus parejas y sobre todo en los valores y preceptos que implica mantener una relaci&oacute;n sentimental. &mdash;Contin&uacute;a hablando pero sin mirarme. Su vista se pierde hacia la longitud blanca del pasillo, que se observa tras la salida. Como si estuviera pendiente de que nadie lo pudiera escuchar.<\/p>\n<p>&mdash;Personas capaces y con un brillante futuro, con metas casi por cumplir y que trabajan denodadamente por un futuro mejor para sus familias, sus esposas y sus hijos. Hombres que van a terminar lastimados sentimentalmente, hundidos y vac&iacute;os emocionalmente. Y que en su d&iacute;a a d&iacute;a laboral, ya con sus sue&ntilde;os rotos, tal vez no van a producir igual ni tener la ilusi&oacute;n de acudir a su casa para encontrarse con aquella persona que lo traicion&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto, don Gonzalo. Pero es que usted no&hellip; Nadie sabe los motivos que tuve para relacionarme con Jose Ignacio. &iexcl;Solo pretend&iacute; ayudar!<\/p>\n<p>Le aclaro mientras siento mi pulso acelerarse y una presi&oacute;n a su vez en el pecho que no me permite respirar con normalidad. Ser&aacute; tal vez angustia, pues me&#8230; &iquest;Est&aacute; refiri&eacute;ndose a mi esposo?<\/p>\n<p>&mdash;Todas nuestras acciones, para bien o para mal, siempre acarrearan consecuencias, que terminar&aacute;n afectando a las personas que nos rodean, sobre todo a aquellas que m&aacute;s nos aprecian y nos aman.<\/p>\n<p>Me quedo en silencio pensando&hellip; Nooo&hellip; &Eacute;l no, por favor. Mi marido no tiene por qu&eacute; pagar los platos rotos. No &eacute;l, Camilo no&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Se puso usted a pensar en ello alguna vez, se&ntilde;orita L&oacute;pez? O mejor deber&iacute;a llamarla&hellip; &iquest;Se&ntilde;ora de Garc&iacute;a?<\/p>\n<p>&iexcl;Queee! &iquest;Pero c&oacute;mo se pudo enterar? Me empiezo a sentir d&eacute;bil y sudorosa.<\/p>\n<p>&mdash;Don Gonzalo usted&hellip; Por favor no lo culpe a &eacute;l. Camilo no sabe nada. Yo&hellip; Voy a contarle todo. En serio.<\/p>\n<p>Le suplico y por m&aacute;s que intento ponerme en pie, las piernas no me responden. No lo consigo y me empieza una tembladera por todo el cuerpo.<\/p>\n<p>&mdash;Es una pena que no pueda hacer nada. &ndash;Me lo dice con un gesto en su mirada que demuestra sinceridad. &ndash; La junta directiva ha sido enf&aacute;tica en que el mal se debe cortar de ra&iacute;z. A pesar de reconocer sus capacidades, su entrega total a la constructora y ese proyecto tan fenomenal que tiene en mente. Lo siento pero&hellip; &iexcl;Estoy maniatado!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; va a hacer? No lo puede despedir. Sus sue&ntilde;os, su proyecto&hellip; Por favor no. por favor&hellip; &iexcl;Se lo suplico! Le termino por decir, aferr&aacute;ndome a su brazo.<\/p>\n<p>&mdash;Cr&eacute;ame que la compadezco y para nada envidio la situaci&oacute;n que ahora tendr&aacute; que afrontar. Solo le aconsejo que lo enfrente con la altura y humildad que habitaba&hellip; en el alm&hellip; de su padr&hellip;<\/p>\n<p>En un momento noto que las luces parpadean, peque&ntilde;os puntos amarillos y verdes flotan frente a mis ojos, convirti&eacute;ndose en manchas pardas. Siento n&aacute;useas y su voz la escucho muy lejana, perdi&eacute;ndome de lo &uacute;ltimo que me ha dicho.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Se&ntilde;ora? Melissa esta p&aacute;lida como una vela. Se encuentra bien. &iquest;Melissa? &iexcl;Melisss!&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 19<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 2. 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