{"id":41792,"date":"2023-04-29T22:00:00","date_gmt":"2023-04-29T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-04-29T22:00:00","modified_gmt":"2023-04-29T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-3\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (3)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41792\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>3. Un regreso y mil recuerdos.&nbsp;<\/p>\n<p>4:15 am. Es la hora en que observo la pantalla de mi tel&eacute;fono m&oacute;vil. No he podido dormir bien, espor&aacute;dicamente lo he logrado solo por ratos. Y no es por cansancio f&iacute;sico, ya que mil kil&oacute;metros y ciento cinco minutos de un apacible vuelo al atardecer, son una nimiedad frente a los casi siete meses de no saber nada de &eacute;l. O quiz&aacute;s si, tras haber acumulado tantas horas de insomnio despu&eacute;s de su marcha, el abandono de nuestro mundo en com&uacute;n, y por el peso de mi culpa que no me permite cerrar los ojos; esa angustia existencial que se va resbalando desde mis parpados cada vez que los cierro, sin aferrarse tan siquiera un poco en la depresi&oacute;n de mis ojeras, para por fin asentarse con plomiza comodidad sobre mis hombros, haci&eacute;ndome sentir mala persona y tan dolorosa mi existencia.<\/p>\n<p>De pronto la culpa sea de esta ajena habitaci&oacute;n, ni tan c&aacute;lida ni muy fr&iacute;a. O su enorme cama para dos, siendo yo su &uacute;nica inquilina. Puede que sea tambi&eacute;n la dureza media del colch&oacute;n, al cual no se amoldan bien mis caderas ni la espalda. Me siento al borde hac&iacute;a mi izquierda, en un acto reflejo instintivo, como si mi marido estuviera ocupando su espacio a mi diestra. Ocho huellas dactilares repujan la piel en mi frente de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, mientras dos pulgares los soportan ejerciendo un poco de presi&oacute;n por debajo de mis p&oacute;mulos, entre tanto analizo que la verdadera raz&oacute;n a mis desvelos es la falta de mi esposo. Me dan de nuevo ganas de llorar.<\/p>\n<p>&iexcl;Es mejor ponerme en pie! Lo pienso y lo hago ipso facto, tan abruptamente que hasta parece chocante ante mi apat&iacute;a por la vida en los &uacute;ltimos meses.<\/p>\n<p>Me acerco semidesnuda y descalza al ventanal que da acceso al balc&oacute;n, descorro a medias las cortinas beige y los velos blancos por su mitad; por panorama observo al lejano horizonte de esta madrugada l&oacute;brega y no veo para m&iacute;, nada claro; tan solo tenuemente iluminada la cercana playa y abajo hacia mi izquierda, una noct&aacute;mbula pareja de enamorados tomados por las manos y recorri&eacute;ndola sin premura, &ndash;felices hablando&ndash; entre risas, besos cortos y otro mucho m&aacute;s largo.<\/p>\n<p>Y se me sale de repente un melanc&oacute;lico suspiro. Mi fatiga es de otra &iacute;ndole, la emocional causante de mis jaquecas. No duermo bien hace tiempo y no me acostumbro a recostarme para descansar rodeada de tanta soledad. &iexcl;Extra&ntilde;o tanto el calor que emana su piel! Culpable no es esta habitaci&oacute;n ni su armonioso decorado, o el sonido de la fuerte marejada al azotarse contra el malec&oacute;n. &iexcl;Majaderas olas tan incansables y persistentes! Una y otra vez, como el palpitar de la vena en mi sien derecha. Ansiedad y estr&eacute;s, las causas seg&uacute;n mi m&eacute;dico. Medito en ello mientras doy la espalda al ventanal que ya he dejado entreabierto y me dirijo al ba&ntilde;o para hacer pis. &iexcl;Temor y angustia! creo yo, y mis tobillos permanecen esposados por el el&aacute;stico estirado de mis panties. &iexcl;Es el miedo casi palpable a su rechazo! pienso aun sentada y &laquo;patiabierta&raquo;, mientras con detenimiento me limpio con toallitas h&uacute;medas para beb&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Aun te amo! &mdash; lo digo en voz alta, acercando mi rostro a tan solo un palmo del espejo sobre el lavamanos de cristal, como si su limpia superficie fuera una especie de portal dimensional y a trav&eacute;s de &eacute;l, &ndash;con el vaho de mi aliento dispers&aacute;ndose&ndash; le llevara entre susurros a sus sue&ntilde;os, mis palabras. Y lloro un poco, aunque no se diferencian mucho mis l&aacute;grimas, saladas con seguridad, pero tan cristalinas como el agua con la que estoy baldeando las impurezas del alma reflejadas en mi rostro. Es mejor serenarme, por lo tanto una tempranera ducha no me sentara mal. &iquest;Toalla? Me percato que no he tra&iacute;do la m&iacute;a, no empaqu&eacute; casi nada por las prisas. En un estante superior hay de sobra.<\/p>\n<p>Me doy un r&aacute;pido duchazo con agua fr&iacute;a para despejarme, me enjabono de abajo hacia arriba, las pantorrillas primero y luego mis muslos, que tanto le echan de menos. En mi cuquita depilada por completo me detengo para frotar los labios, s&oacute;lo su entrada&hellip; &iexcl;Tan abandonada como su propietaria!<\/p>\n<p>Desde hace meses no tengo sexo con nadie, a&uacute;n recuerdo la &uacute;ltima vez, justo antes de que todo saltara por los aires. Ni siquiera he usado los jugueticos que compr&eacute; en el sex-shop, en principio a escondidas de mi marido, no he tenido &aacute;nimo para ello, &ndash;aunque lo he intentado&ndash; siempre viene a mi mente su rostro de decepci&oacute;n y desprecio por lo que termino por llorar, sino que es la congoja la que incide en mi garganta hasta el punto de llegar a estrangular mi deseo. Solo a veces con mis dedos me he prove&iacute;do de uno que otro orgasmo, tristes como lo est&aacute;n siendo mis d&iacute;as sin &eacute;l. &iexcl;Pero hoy no! No tengo ganas ni es el momento oportuno.<\/p>\n<p>Con el mismo esmero restriego bien mis nalgas, &ndash;como si la pureza de mi nueva etapa comenzara por ah&iacute;&ndash; y a continuaci&oacute;n llevo el jab&oacute;n desde mi plano vientre, pasando por el hundido ombligo, hasta llegar a la redondez de mis tetas; solo shampoo para el cabello sin acondicionador, pues lo llevo ahora corto a la altura de mis hombros. Ese es otro detalle del que estoy segura que no le va a gustar, o al menos, le desconcertar&aacute;.<\/p>\n<p>Pero ah&iacute; s&iacute; Camilo, &iexcl;t&uacute; eres el culpable y no yo! Por dejarme sola de repente y a cargo ya de todo, de una vida sin rumbo. Tanto por hacer y mucho m&aacute;s para decir&hellip; &iexcl;Mentir! Y en mis d&iacute;as de mayor desespero, tras las constantes preguntas de nuestro hijo Mateo&hellip; &iexcl;Mamita! &iquest;Cu&aacute;ndo regresar&aacute; mi papito? Frustrada y sin respuesta certera que ofrecerle, termin&eacute; por echar mano yo misma a las tijeras. Un cambio de fisonom&iacute;a para no gustarle a nadie. A &eacute;l, si le daba por aparecer, a los dem&aacute;s que me miraban mal, y en especial a m&iacute; misma, para sepultar de una vez por todas a esa otra mujer qu&eacute; habit&oacute; en m&iacute;. M&aacute;s temprano que tarde, mi esposo se dar&aacute; cuenta, de por qu&eacute; lo he hecho. &iexcl;Lo s&eacute;!<\/p>\n<p>Me enjuago lentamente ahora s&iacute;, todo mi cuerpo, de arriba para abajo. Es el &uacute;ltimo paso para mi completa purificaci&oacute;n antes de presentarme ante quien ha de darme su perd&oacute;n. Ya solo me afana decidir c&oacute;mo vestirme para nuestro encuentro. Nada que muestre demasiada piel para no amedrentarlo y traerle infernales recuerdos, pero si algo sobrio que me luzca y por supuesto que le agrade y yo, no le sea para nada indiferente. &iquest;El enterizo midi de color marfil de abotonar por delante? &iexcl;No! ese no porque me queda demasiado ajustado y adem&aacute;s muestro mucha pierna. Mejor el vestido de crochet, con rombos multicolores tejido a mano y discreto escote en &laquo;V&raquo;, aquel que me regal&oacute; para navidad, con un top blanco de algod&oacute;n por debajo. S&iacute;, ese es el indicado.<\/p>\n<p>&iquest;El sexy cachetero negro de encaje o la tanguita? Hummm, mejor el negro y la blanca la dejar&eacute; para una pr&oacute;xima ocasi&oacute;n si mi confesi&oacute;n se alarga y ma&ntilde;ana se hace necesario continuar con nuestra charla, abri&eacute;ndonos el coraz&oacute;n y el alma. Para rematar mi look, las sandalias doradas de tac&oacute;n cuadrado junto al sombrero de paja y ala ancha. &iexcl;Oops! Que no se me olvide llevar los lentes oscuros con montura de carey que tambi&eacute;n me regal&oacute; reci&eacute;n llegamos aqu&iacute;. &iquest;Maquillaje? S&iacute;, pero prudente. Quiero&hellip; &iexcl;Necesito volver a enamorarlo!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Atravieso sin prisas el hall de la entrada frente a la recepci&oacute;n, donde se encuentra una esbelta jovencita con el color de piel del caf&eacute; oscuro que me deseo tomar en este momento. El joven ante quien me registr&eacute; anoche ya no se ve por ah&iacute;. La muchacha me observa desde detr&aacute;s del amplio mueble, me acerco extendi&eacute;ndole la llave magn&eacute;tica y le saludo con cortes&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Buenos d&iacute;as! &mdash;le digo y ella tomando con delicadeza la tarjeta, sin apartar sus ojos azabaches de los celestes m&iacute;os, me responde con una suave voz&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Bon d&iacute;a se&ntilde;orita! &iquest;Pas&oacute; usted buena noche? &mdash;Me corresponde el saludo y acompa&ntilde;a su pregunta con una amistosa sonrisa, &ndash;quiz&aacute;s m&aacute;s falsa de lo que aparenta&ndash; a la vez que inclina un poco la cabeza como si fuera yo merecedora de una reverencia.<\/p>\n<p>Alargo mi brazo y doblo ligeramente mi mano derecha frente a ella, levanto un poco mi dedo anular con la dorada alianza y acompa&ntilde;o el gesto con una picaresca sonrisa. Los dem&aacute;s dedos desprovistos ya, de las alhajas de mi lujurioso pasado.<\/p>\n<p>&mdash;Lo siento, disc&uacute;lpeme usted. &iquest;Se&ntilde;oraaa&hellip;? &mdash;Y se apena por su inocente imprudencia tanto como por no saber el nombre de su hu&eacute;sped.<\/p>\n<p>No noto alg&uacute;n rubor en su oscura tez pero de seguro que es sincera en su azoramiento, ya que deja de mirarme y afanada busca en la pantalla del ordenador el n&uacute;mero de mi habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Melissa L&oacute;pez&hellip; &mdash;Hago una breve pausa, no digo mi segundo nombre pero le recalco seguidamente de quien soy esposa&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;De Garc&iacute;a! Termino por aclararle, &ndash;como si a ella le importara o le conociera&ndash; mientras doblo el brazo izquierdo y las asas finas de mi bolso de lona monogram, se afirman en el codo. &mdash; &iexcl;Mucho gusto! Realz&aacute;ndolo con una ligera curvatura hac&iacute;a arriba en mis labios.<\/p>\n<p>Me le adelanto en su averiguaci&oacute;n, retiro los lentes de sol de mi rostro y le extiendo la mano. Ella la toma con delicada firmeza y percibo la suavidad de su piel durante los instantes en que las mantenemos estrechadas.<\/p>\n<p>&mdash;Y tranquila mujer, no se preocupe por ese detalle, al fin y al cabo, carece de importancia. &mdash;Le tranquilizo.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias se&ntilde;ora Melissa. Mi nombre es Emma y estoy para servirle en lo que usted necesite. El desayuno estar&aacute; listo en unos diez minutos, si desea puede pasar al comedor y esperar un momento. &mdash;Y las dos al mismo tiempo, fijamos nuestra atenci&oacute;n en el an&aacute;logo reloj de la pared a su derecha y que tiene la apariencia de un radiante sol. Faltan diez minutos para las seis de la ma&ntilde;ana. &iexcl;A&uacute;n tengo suficiente tiempo!<\/p>\n<p>&mdash;Danki Dushi, pero tan solo me apetece una taza de caliente caf&eacute; negro para acompa&ntilde;ar uno de estos. &mdash;Y enseguida le muestro la cajetilla de cigarrillos &laquo;Parliament&raquo; agit&aacute;ndola de izquierda a derecha, tres veces.<\/p>\n<p>Lo s&eacute; muy bien porque las cuento. Me qued&oacute; esa est&uacute;pida man&iacute;a de cuando se me acababan y de esta singular como silenciosa manera, le ped&iacute;a a Camilo que fuera al supermercado a compr&aacute;rmelos, ya que en la tienda de la esquina no se consegu&iacute;an.<\/p>\n<p>Emma menea su cabeza y me deja ver nuevamente la blancura de sus grandes dientes y me responde:<\/p>\n<p>&mdash;Esta fresquecito y reci&eacute;n hecho, Se&ntilde;ora Melissa. &mdash;Debajo de la mesa saca un mug ancho y blanco con el logo del hotel, aun humeante y coqueta lo alza en frente m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Yo misma se lo llevo. Ehhh&hellip; &iquest;All&aacute; en las sombrillas blancas, junto a la piscina? &mdash;Me pregunta y a lo cual respondo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Gracias Emma, pero prefiero en aquel lugar, &ndash;le indico con mi dedo&ndash; bajo los kioscos de paja en frente de la playa si no es molestia. &mdash;Ella asiente y se gira enseguida hacia su izquierda.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Dushi querida! le hablo sin levantar demasiado el tono de mi voz y ella se detiene, pero tan solo gira su cuello y me mira, esperando. &mdash;Uno doble con cara de triple y bien cargado. &iexcl;Sin az&uacute;car por favor! Le gui&ntilde;o un ojo y solo recibo su sonrisa por c&oacute;mplice respuesta.<\/p>\n<p>Un viento frio me recibe fuera mientras camino por la entablada pasarela que conduce hasta la playa. Se erizan los vellos de mi nuca y los antebrazos, pues en medio de los afanes no empaqu&eacute; ninguna estola para colocarme por encima de los hombros. Doy fuego al cigarrillo, aspiro lentamente y lo dejo cautivo entre mis labios, entre tanto deslizo hacia atr&aacute;s una de las sillas de mimbre y me acomodo, quedando la blanca arena a metro y medio frente a m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Melissa, aqu&iacute; tiene su caf&eacute;. &iexcl;Calientito y fresquito!<\/p>\n<p>No escuch&eacute; a Emma llegar. Y me alegra ver como tambi&eacute;n en un mug como el suyo, me lo ha servido hasta casi rebozar. Y un cenicero de Coral Gingham, deposita en el centro de la circular mesa de madera.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias Emma, eres muy gentil. &mdash; &iquest;Se le ofrece algo m&aacute;s? &mdash;Muy longil&iacute;nea y con sus manos entrelazadas por detr&aacute;s de la cintura, la joven recepcionista me consulta.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pensar! Dushi querida, solo pensar. &mdash;Respondo ensimismada, mientras doy el primer sorbo al oscuro caf&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Melissa, si me lo permite, &ndash;no digo nada y solo la miro con curiosidad&ndash; para las penas del amor, caminar descalza temprano por la playa, meditando cada paso, mejora no solo la circulaci&oacute;n de la sangre en sus pies y piernas, sino que el contacto de su piel con la arena h&uacute;meda, le servir&aacute; de relajante masaje y como si de un buen sedante se tratara, adormecer&aacute; un poco el agobio y as&iacute; podr&aacute; tener un mejor panorama. Al menos eso me sucede a m&iacute;, cuando he necesitado tomar una prudente decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Tanto se me nota? &mdash;le pregunto. Emma desde su posici&oacute;n mira al horizonte y sin parpadear me dice&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; brisando mucho y hoy es cierto que ha amanecido un poco nublada la ma&ntilde;ana. Es un claro indicio de que amenaza tormenta. Pero ha sido as&iacute; desde siempre por esta &eacute;poca del a&ntilde;o, que yo recuerde. Y sin embargo se&ntilde;ora Melissa, a&uacute;n no llueve. A medio d&iacute;a de seguro el clima variar&aacute; y se pondr&aacute; soleado. Ya ver&aacute; como el calor volver&aacute; a su vida. &mdash;Me dice y luego de un breve silencio me mira y contin&uacute;a con sus consejos.<\/p>\n<p>&mdash;Tiene en sus ojos, el color del cielo en un d&iacute;a despejado se&ntilde;ora Melissa, m&aacute;s sin embargo no brillan por la tristeza que los nublan, est&aacute;n un poco opacos con visos de melancol&iacute;a, dolor por una profunda tristeza. Los tiene rojos de tanto llorar. &iexcl;Si se&ntilde;ora! se le nota mucho. &mdash; &iexcl;No hay maquillaje que oculte el dolor ni la angustia! Le respondo.<\/p>\n<p>&mdash;Vaya a darse una caminata, &ndash;extiende Emma, sus recomendaciones&ndash; respire profundo y cuando vuelva me busca, por si necesita otra taza de caf&eacute;, desea desayunar algo o simplemente pedir un taxi para que la lleve a d&oacute;nde debe y necesita estar.<\/p>\n<p>No se despide, simplemente da media vuelta y marcha a ocupar su puesto tras aquella recepci&oacute;n. Doy otra calada a mi cigarrillo y un nuevo sorbo al caf&eacute;. Me retiro las sandalias, porque voy a hacerle caso y caminar&eacute; un poco por la playa, cerca de la h&uacute;meda marca que dejan las olas al besarla. Dejo aqu&iacute; sobre la mesa, mi bolso, tambi&eacute;n la blanca cajetilla de &laquo;Parliament&raquo;, pero antes me enciendo uno nuevo y en la mano izquierda me llevo el m&oacute;vil, por si alguien me llama. La arena esta fr&iacute;a pero firme y mientras me desplazo por la orilla, me sonri&oacute; de mi misma por lo despistada que sigo siendo. &iexcl;Y suspiro!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Como casi nunca prestaba atenci&oacute;n a los noticieros, no me hab&iacute;a dado por enterada del paso cercano de una poderosa tormenta tropical en cercan&iacute;as de aquella isla, as&iacute; que no se me pas&oacute; por la cabeza el que mi marido al abandonarme, fuera a recalar aqu&iacute;, en Curazao. &iquest;Pero a donde m&aacute;s podr&iacute;a encontrar paz consigo mismo y sin m&iacute;, sino en el para&iacute;so que a&ntilde;os atr&aacute;s construimos los dos, &ndash;para nosotros y nuestro hijo&ndash; todo desde cero con gran esfuerzo y verlo ahora deshecho, quiz&aacute;s para siempre por mi culpa en tan poco tiempo?<\/p>\n<p>Era apenas obvio, &eacute;l deb&iacute;a asegurarse que la casa que hab&iacute;a heredado de un antiguo y gentil amigo de su madre, la &uacute;nica posesi&oacute;n material que le quedaba, aunque fuese a mitad con William seg&uacute;n el testamento, no hubiese sufrido da&ntilde;os de consideraci&oacute;n. Era la casa hacia donde m&aacute;s tarde deb&iacute;an llevarme mis dubitativos pasos, temerosa por este reencuentro e insegura de enfrentarme a mi marido, tras m&aacute;s de doscientos d&iacute;as desde que se enter&oacute; de casi todo y yo, no saber luego nada de &eacute;l. &iquest;Camilo estar&aacute; tan nervioso como yo?<\/p>\n<p>Finalmente llego hasta el muro de piedra donde inicia el rompeolas, con la colilla de cigarrillo consumido entre mis dedos y el tel&eacute;fono sin mensajes ni llamadas perdidas. A un costado, sobre una rama de un &aacute;rbol de Watapana, medio escondido silba un turpial pecho-amarillo. Un macho cant&aacute;ndole a su hembra. Mueve y gira su cabeza negra de un lado para el otro como busc&aacute;ndola sin hallarla. Yo tampoco la veo por ning&uacute;n lado. &iquest;Se le habr&aacute; escapado y estar&aacute; ya con otro cantor?<\/p>\n<p>Jajaja&hellip; &iexcl;Las tonter&iacute;as que pienso! Aunque pens&aacute;ndolo bien, yo tambi&eacute;n me asusto al imaginar que otra persona pueda estar ocupando el espacio que yo dej&eacute;.<\/p>\n<p>Es mejor dar la vuelta y regresar, pues sigue haciendo frio. Algunas huellas de mis pies aunque ya con distinta forma, permanecen marcadas justo al borde donde se van deshaciendo entre la espuma de las olas. M&aacute;s adelante ya no quedan mis rastros, pero si los granos de arena sobre el empeine de ambos pies, otros pocos por debajo de los talones y por supuesto, el recuerdo del porqu&eacute; llegamos aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Peter, un gran hombre! &mdash;Con efusividad me coment&oacute; qu&eacute; as&iacute; se llamaba aquel holand&eacute;s, cuando me propuso dejarlo todo y seguirle. Buscar nuevos horizontes &ndash;me dijo sonriendo&ndash; y disfrutar de un a&ntilde;o sab&aacute;tico. &mdash; &iexcl;Nos lo merecemos mi amor!<\/p>\n<p>Y yo acept&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; no? Separarnos por un tiempo de nuestras familias y dejar nuestros oficios en la capital, no era un mal plan, tras catorce meses de noviazgo, tres a&ntilde;os de casados y con nuestro peque&ntilde;o Mateo de tan solo dos a&ntilde;itos de edad. Tres meses despu&eacute;s est&aacute;bamos volando desde Bogot&aacute; a esta bella isla enclavada en las Antillas Neerlandesas.<\/p>\n<p>Perdido en sus &iacute;ntimos pensamientos, casi sin mirarme al no apartar su vista del m&aacute;s all&aacute; azul y blanco, tras la ventanilla del avi&oacute;n, fue relat&aacute;ndome su historia, las vivencias ocurridas con aquel holand&eacute;s que le present&oacute; el indomable destino, como siempre lo hace, sin ning&uacute;n aviso ni pedir permiso.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Un padre para m&iacute;, amor! Sin que en realidad lo fuera. El verdadero nos hab&iacute;a abandonado muchos a&ntilde;os atr&aacute;s. Por ello creo que se convirti&oacute; para m&iacute;, en una amorosa figura paterna tras el paso del tiempo y con amenas conversaciones espaciadas en las tardes, &ndash;sentados sobre el medianero muro del antejard&iacute;n que separaba nuestras respectivas casas&ndash; colmadas eso s&iacute; de grandes an&eacute;cdotas de un otrora buen marinero y posteriormente convertido en capit&aacute;n de cruceros de lujo por el caribe; por supuesto plenas de sabios consejos que solo podr&iacute;an salir de la boca del que ya ha conocido m&aacute;s de medio mundo, historias del alma de una buena persona con muchos d&iacute;as vividos, un tanto solitario al final de sus a&ntilde;os pero con la certeza de haberla vivido con ganas y eso le otorgaba a Peter, una competente experiencia que me trasmit&iacute;a serenidad y sus conocimientos. Era una amistad con bastante cariz paternal.<\/p>\n<p>Guard&oacute; silencio nuevamente por un instante, cuando la azafata se acerc&oacute; a nosotros interesada en saber si requer&iacute;amos alguna bebida u otra cosa. Amablemente le dijimos que est&aacute;bamos bien as&iacute; y ella sonriendo continu&oacute; su recorrido hacia otro pasajero de la fila contigua, unos asientos m&aacute;s atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Continua por favor! le dije a Camilo, apretando un poco su antebrazo, reclamando su atenci&oacute;n. &mdash;Me tienes intrigada con tu historia.<\/p>\n<p>&mdash;Un fornido extranjero ojiazul, con sobrada altura, canoso y bastante bonach&oacute;n, que ayudaba a mi madre sin mala fe de por medio, o eso es lo que yo ve&iacute;a en ellos dos. Nunca not&eacute; nada raro y la verdad, si eran felices los dos a escondidas, ambos se lo merec&iacute;an.<\/p>\n<p>Bolsas de comida a comienzos del mes y con alg&uacute;n dinero para cancelar recibos de agua y luz cada dos meses. Mis dos hermanos mayores trabajando a media jornada, pues la otra la dedicaban a continuar con esfuerzo sus estudios universitarios y mi hermana menor y yo, cursando el bachillerato. Muchos gastos por cubrir en nuestro hogar y escasas las entradas a pesar del empe&ntilde;o de mis hermanos mayores. &iexcl;A&ntilde;os dif&iacute;ciles mi cielo! &mdash;Y not&eacute; en su mirada el abatimiento que le produc&iacute;an sus recuerdos y algo de naciente humedad, en sus ojitos color caf&eacute;.<\/p>\n<p>Llego nuevamente hasta el kiosco y de la mesa recojo mi bolso, los cigarrillos y el encendedor. La taza blanca y el cenicero se quedan ah&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Emma? &mdash;Le llamo cuando me acerco a la recepci&oacute;n y no la veo tras el mueble.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Se&ntilde;ora Melissa, en que le puedo servir? &mdash;Me pregunta como siempre amable y dispuesta, apresurando sus pasos hasta acercase a m&iacute;, tras salir por una puerta a la izquierda.<\/p>\n<p>&mdash;Voy a salir. Solo quer&iacute;a avisarte y agradecer tu consejo, as&iacute; como la buena taza de caf&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No es nada! En serio se&ntilde;ora Melissa, no hay de qu&eacute;. &iquest;Piensa tomar un taxi o prefiere alquilar un autom&oacute;vil? El muchacho de la arrendadora ya lleg&oacute;. &mdash;Miro de nuevo el reloj en la pared. Son apenas las siete y cinco, tiempo m&aacute;s que suficiente para llegar a la cita.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, muchas gracias Dushi querida, pero creo que prefiero ir a pie. No queda lejos mi ca&hellip; la casa a donde debo llegar. Gracias nuevamente Emma y&hellip; Des&eacute;ame suerte.<\/p>\n<p>&mdash;La tendr&aacute; se&ntilde;ora Melissa, no pierda la esperanza. &mdash;Emma coloca su mano sobre mi antebrazo y me dice finalmente&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Y recuerde que todos los d&iacute;as, sale de nuevo el sol!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>A estas horas no hay tr&aacute;fico por la avenida, algunos autom&oacute;viles permanecen estacionados al lado izquierdo de la calle, al amparo de la sombra de los &aacute;rboles, aunque el sol no pega con fuerza todav&iacute;a. Amaina el viento y lo agradezco, pues percibo con mayor profundidad el aroma a c&iacute;trico mezclado con la salinidad del mar. &iexcl;Adem&aacute;s mi sombrero no peligra en salir volando por los aires! Me esperan unos cuarenta y cinco minutos de caminata para llegar a mi destino, al otro lado de la ciudad. Decido cambiar de and&eacute;n y espero a que me cruce por delante un joven en su bicicleta roja y as&iacute; poder continuar tranquila&hellip; &iexcl;Rebobinando continuamente mi pasado!<\/p>\n<p>Tras a&ntilde;os de crecer sin su padre verdadero, entre los dos forjaron una amistad sincera, casi familiar y por supuesto plena de correspondido afecto. Seg&uacute;n me cont&oacute; mi marido, &ndash;al proseguir con aquel relato&ndash; ya acomodada mi cabeza sobre su hombro derecho.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a al regresar del colegio, Camilo se encontr&oacute; con una nota escrita por el pu&ntilde;o y letra de aquel holand&eacute;s, inform&aacute;ndole de su urgente partida a causa de un incidente con su &uacute;nico hijo, pero eso s&iacute;, prometi&eacute;ndole que jam&aacute;s se olvidar&iacute;a de &eacute;l. Y un suspiro largo percib&iacute;. Mi esposo hizo una pausa para acariciar con la yema de sus dedos la frente y los cabellos negros de Mateo, quien reposaba pl&aacute;cidamente sobre sus piernas, bien dormidito y acunado entre los brazos de su pap&aacute;. Y yo enternecida por aquel gesto, pos&eacute; la m&iacute;a sobre la suya y retir&aacute;ndola con suavidad, la acerqu&eacute; a mis labios y deposit&eacute; un beso sincero sobre el dorso de la misma. Se la apret&eacute; con algo de firmeza percibiendo su c&aacute;lida temperatura, y al igual que &eacute;l, sin mirarle a los ojos, simplemente le dije:<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Te adoro, preciosito m&iacute;o! No existe en el mundo un mejor hombre que t&uacute;. &mdash;Y m&iacute; amado esposo levemente sonri&oacute; y pas&oacute; su brazo por detr&aacute;s de m&iacute; cuello, atray&eacute;ndome a&uacute;n m&aacute;s hacia &eacute;l y bes&oacute; mi frente con infinita ternura. &iexcl;Nos am&aacute;bamos, sin lugar a dudas!<\/p>\n<p>&mdash;Al comienzo llegaban mes tras mes las cartas, &ndash;me segu&iacute;a hablando Camilo, con su tono de voz grave pero m&aacute;s bajo para no despertar a nuestro peque&ntilde;o&ndash; cada tres meses las coloridas postales desde una isla en el caribe, las cuales yo devolv&iacute;a con entusiasmo en posteriores misivas cont&aacute;ndole como transcurr&iacute;a mi vida, la de mi madre y mis hermanos; como avanzaba con mis estudios y por supuesto, las colegiales conquistas adolescentes. Tambi&eacute;n sagradamente durante varios meses, un giro de dinero en d&oacute;lares americanos me llegaba, no era mucho, pero nos permit&iacute;a vivir de forma menos apurada y sobre todo, &ndash;en mi caso&ndash; para proseguir con los estudios, aunque la comida a veces fuera lo primordial. &mdash;Otro largo suspiro se interpuso de repente en sus recuerdos y por su mejilla derecha, ya rodaban hacia el ment&oacute;n dos l&aacute;grimas sin mucha prisa por surcar su alma. Con toda la ternura de que fui capaz, las limpi&eacute;, posando mi mejilla sobre su cara.<\/p>\n<p>&mdash;Pero luego los escritos, las tropicales im&aacute;genes y los dep&oacute;sitos de dinero, se distanciaron con el transcurrir de los meses hasta que no hubo m&aacute;s, sin despedidas; nada m&aacute;s de paradisiacos panoramas y en el coraz&oacute;n, mi vida, un preocupante vac&iacute;o por una promesa, a todas luces, incumplida. &mdash;Hizo una pausa para beber un poco de agua mineral.<\/p>\n<p>&mdash;Y as&iacute; pasaron algunos a&ntilde;os sin saber ya nada de aquel viejo holand&eacute;s, hasta que faltando poco para mi mayor&iacute;a de edad, una llamada del extranjero y una voz con marcado acento al otro lado de la l&iacute;nea, termin&oacute; por rasgar mis esperanzas, confirmando con tristeza mis sospechas. &iexcl;Peter hab&iacute;a fallecido!<\/p>\n<p>&mdash;El interlocutor se present&oacute; como William, el &uacute;nico hijo de mi gran amigo y consejero, en el fondo, el padre que no tuve. &mdash;Un nuevo silencio y en esa ocasi&oacute;n el gimoteo cobr&oacute; m&aacute;s fuerza y se desbordaron con ah&iacute;nco sus l&aacute;grimas y las m&iacute;as.<\/p>\n<p>Esa vez ya no pude detenerlas y tan solo opt&eacute; por sacar de mi cartera, el paquete de pa&ntilde;uelos faciales para que Camilo se limpiara entre suspiro y suspiro.<\/p>\n<p>Sin darme apenas cuenta ya he atravesado el cruce entre las calles de Penstraat y Johan Van Walbeeckplein. Ha sido r&aacute;pido y ahora estoy por llegar a la Playa de los Venezolanos. No estoy para nada agotada pero s&iacute; creo que es momento de un nuevo compa&ntilde;ero de ruta.<\/p>\n<p>Me detengo en frente del Ministerio de Finanzas y extraigo del bolso mi cajetilla de cigarrillos. Tomo uno de los cuatro que me quedan y trato de encenderlo pero la brisa juega con la llama del briquet, una vez y lo apaga; dos, tres&#8230; &iexcl;A la quinta es la vencida! Pienso y lo logro. Sonr&iacute;o triunfante como si se tratara de una gran batalla pero solitaria, pues si me he topado con seis personas en este recorrido, no han sido m&aacute;s.<\/p>\n<p>A la segunda calada, contin&uacute;o la caminata y entre el humo que sale formando ondas azuladas de mi boca, prosiguen v&iacute;vidas mis remembranzas. &iquest;Por d&oacute;nde iba? Ahhh, s&iacute;&hellip; &iexcl;En su incontenible llanto!<\/p>\n<p>Mi marido ya m&aacute;s calmado, continu&oacute; relat&aacute;ndome que llor&oacute; sin ocultar su rostro de la atenta mirada de su madre, que de inmediato comprendi&oacute; que no eran buenas las noticias recibidas, ella se acomod&oacute; el delantal negro sobre su falda de flores amarillas, se puso en pie y se dirigi&oacute; hasta la cocina en silencio a proseguir con sus labores. La escuch&oacute; llorar y se le arrug&oacute; a&uacute;n m&aacute;s el alma. Pero al otro lado de la l&iacute;nea telef&oacute;nica, las palabras entremezcladas en espa&ntilde;ol e ingl&eacute;s, le devolvieron a esa dolorosa realidad escuchando lo que William le hab&iacute;a prometido a su padre, en su lecho de muerte. Seguir velando por su &laquo;hermanito colombiano&raquo; con la promesa de que alg&uacute;n d&iacute;a se conocer&iacute;an.<\/p>\n<p>Reci&eacute;n cumpl&iacute;amos tres a&ntilde;os de casados en agosto, &ndash;lo recuerdo como si fuera ayer&ndash;celebrando aquella ocasi&oacute;n en casa de la madre de mi esposo. Mi familia y la suya disfrutamos de un exquisito almuerzo, por supuesto bailamos salsa y vallenato y el infaltable aguardiente con una que otra cerveza ofrecida por el mayor de mis cu&ntilde;ados. A media tarde toc&oacute; a la puerta un mensajero en bicicleta que apareci&oacute; con un sobre amarillo preguntando por Camilo. Sorprendido, mi esposo regres&oacute; a la sala donde todos continu&aacute;bamos la fiesta y con algo de nerviosismo por conocer el remitente frente a todos, rasg&oacute; presuroso la envoltura de papel.<\/p>\n<p>Eran las escrituras de una casa en un sector residencial de Willemstad, acompa&ntilde;adas de un escrito a mano alzada de William que le requer&iacute;a con urgencia para finiquitar los tr&aacute;mites respectivos. Mi esposo y el hijo de aqu&eacute;l holand&eacute;s eran los propietarios y aquella insospechada herencia se convertir&iacute;a con el pasar de los meses, &ndash;tras nuestro arribo en un noviembre bastante gris como hoy&ndash; no solo en nuestro nido de amor, sino en el sue&ntilde;o de los dos en remodelarla para convertirla en un agradable hostal vacacional de cuatro peque&ntilde;os apartamentos para alquilar por d&iacute;as e inclusive meses, a los turistas que desearan algo m&aacute;s &iacute;ntimo y familiar.<\/p>\n<p>Al fondo del amplio terreno, un tanto alejada de la piscina, la que antes era una caba&ntilde;a para guardar trastos viejos, se convirti&oacute; finalmente con algunas adecuaciones en nuestra vivienda, con dos apartamentos, el m&aacute;s grande de ellos para nosotros dos y nuestro peque&ntilde;o Mateo, y el otro un poco m&aacute;s peque&ntilde;o para el solter&oacute;n de William, en la planta superior.<\/p>\n<p>Camilo, muy emocionado dispuso de todo su intelecto arquitect&oacute;nico para delinear la remodelaci&oacute;n y yo, con mis conocimientos para la decoraci&oacute;n, bosquej&eacute; el cambio en los colores de la fachada y los interiores de las habitaciones, as&iacute; como del mobiliario y la ambientaci&oacute;n de la mediana piscina. Un jacuzzi para seis personas, fue otra novedad, y los jardines tanto internos como externos, los decor&eacute; con arbustos de Acacias; cactus dispersos por todo el conjunto habitacional y de las tres palmeras altas de la entrada, trasplantamos una de ellas al interior, frente a nuestra peque&ntilde;a casa, necesitados de su sombra.<\/p>\n<p>&iexcl;Nuestro hogar en el para&iacute;so! Junto con el disfrute propio, estar&iacute;a el de los visitantes extranjeros logrando generar adem&aacute;s, unos atractivos beneficios econ&oacute;micos con los cuales solventar&iacute;amos nuestra estancia en esta paradisiaca isla.<\/p>\n<p>Y hacia all&aacute; es adonde me dirijo a tan tempranas horas de un domingo a mitad de octubre a su casa, esa misma que alguna vez fue nuestro nidito de amor, hoy, por el contrario, vengo de invitada o no s&eacute; si se podr&iacute;a llegar a definir mejor como molesta invitada. &iexcl;Ojal&aacute; que no sea as&iacute;!<\/p>\n<p>Su refugio tras la tormenta que le desat&eacute; encima, sin previsiones meteorol&oacute;gicas de por medio y ni un paraguas o cortavientos para guarecerse. Esa morada a la que ya no aspiro que vuelva a ser mi hogar. &iexcl;Pero al que tanto deseo regresar!<\/p>\n<p>Este a&ntilde;o no festejamos nuestro aniversario, por el contrario en una fecha tan especial, lo hicimos cada uno por su lado; yo pas&eacute; ese d&iacute;a apartada con mi peque&ntilde;o Mateo, desconsolada y sola, como si estuviera asistiendo, &ndash;sin ganas&ndash; a mi propio funeral. No s&eacute; qu&eacute; habr&aacute; hecho Camilo, pero estoy casi segura de que tambi&eacute;n se sinti&oacute; muy mal.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Ya voy llegando a la plaza con sus coloridas fachadas, esas que tanto gustan y agradan a los turistas para fotografiarse con sus edificaciones coloniales como fondo, &ndash;con el fin de postear luego en sus redes sociales&ndash; tras dejar atr&aacute;s la bonita zona comercial por Breedestraat.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Juepuchaa, maldita sea! Grito con fuerza desmedida, dando un brinco hacia atr&aacute;s al sentirme asustada. Una iguana panzuda, fea y descolorida se me ha puesto al frente. Nunca me han gustado y as&iacute; no me hagan nada, siento por ellas repulsi&oacute;n.<\/p>\n<p>Siempre me han mirado raro esos animales, como si mis blancas pantorrillas fueran deseadas como parte de su diario men&uacute; y con sus movimientos tan agiles, &ndash;que si a la izquierda o mejor a su derecha&ndash; y su larga cola ondulante, nunca he sabido con seguridad si vienen hacia m&iacute;, o se van a escabullir hacia otro lugar.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Fuchi! &iexcl;Fuchiii! &mdash;Le vuelvo a gritar, pero ni se asusta ni deja de observarme, desafiante. Me agacho para quitarme una sandalia y lanz&aacute;rsela, pero cuando ya estoy descalza de mi pie derecho y con ella en la mano, &ndash;al enderezarme&ndash; la hijuemadre iguana se cruza la calle con irreverente parsimonia y dej&aacute;ndome libre el paso. Debo estar p&aacute;lida del susto, pero&hellip; &iquest;A qui&eacute;n le importa lo que me pueda suceder? Observo a m&iacute; alrededor y no hay nadie que pueda haber prestado atenci&oacute;n a la seguramente graciosa escena, de aquel enfrentamiento entre un primo lejano de &laquo;Godzilla&raquo; y una valiente hero&iacute;na, armada de un simple zapato.<\/p>\n<p>Y me doy cuenta de que a&uacute;n sonr&iacute;o&hellip; &iexcl;Con el puente por delante!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 16<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3. Un regreso y mil recuerdos.&nbsp; 4:15 am. Es la hora en que observo la pantalla de mi tel&eacute;fono m&oacute;vil. No he podido dormir bien, espor&aacute;dicamente lo he logrado solo por ratos. 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