{"id":41820,"date":"2023-05-02T22:00:00","date_gmt":"2023-05-02T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-02T22:00:00","modified_gmt":"2023-05-02T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-4\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (4)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41820\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 19<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>4. Tres encuentros y dos consejos.<\/p>\n<p>Los tacones de mis sandalias van produciendo un sonido tan fuerte y profundo al pisar los adoquines de la plaza que conducen al puente de la Reina Emma, que en verdad ya me desagrada, pues es como si con cada losa de piedra pisada por el respectivo tac&oacute;n, palmotearan entre ellos celebrando mi desgracia y con su sonido parco, quisieran opacar mis pensamientos y de paso, con el ruido seco de mi andar, despertar a toda Punda clamando por atenciones y no quiero eso, ya no puedo m&aacute;s. &iexcl;Solo deseo pasar desapercibida y que el silencio de la madrugada sea quien envuelva mi tristeza o mi ilusi&oacute;n por el encuentro!<\/p>\n<p>Es muy temprano a&uacute;n y pocos son los turistas que se aventuran a pasear el alcohol de sus trasnochos a estas horas, as&iacute; que por lo visto, soy la &uacute;nica humana all&iacute;, nost&aacute;lgica y n&aacute;ufraga en medio de la plaza. Una espigada estructura sosteniendo las horas, dos viejos ca&ntilde;ones medio oxidados a mi diestra, una palmera no muy alta a la izquierda y mi felicidad pasada, tamborileando en mi pecho los recuerdos, antes de cruzar hacia Otrobanda.<\/p>\n<p>Pero debo detenerme un momento, &ndash;acaba de llegar a mi mente una bonita evocaci&oacute;n&ndash; en frente de la escultura de un coraz&oacute;n enmallado al borde del muelle, y en &eacute;l busco con detenimiento entre la multitud de candados aferrados, el nuestro. Uno peque&ntilde;o con el arco de cierre cromado y el cuerpo pintado de rojo carmes&iacute;, que entre los dos colocamos con nuestras tibias manos, al poco tiempo de terminar con las obras de remodelaci&oacute;n, a modo de celebraci&oacute;n y en conmemoraci&oacute;n de nuestra uni&oacute;n para siempre y que coronamos con un dulce beso.<\/p>\n<p>Hummm&hellip; &iexcl;Aunque se terminara tan pronto!<\/p>\n<p>No puedo ubicarlo y eso me llena de mayor aflicci&oacute;n y desasosiego. Estiro mi mano derecha y toco uno muy parecido. No es este, as&iacute; que dejo el bolso en el suelo y con la izquierda muevo otro y otro, y otro m&aacute;s, pero nada. Me agacho, la tela de mi vestido en gran parte le hace el ruedo al terracota suelo al doblar las piernas y con ambas manos, levanto unos cuantos m&aacute;s pero no lo veo y me impacienta no encontrarlo. No quiero pensar que sea un mal presagio, aunque no por ello puedo evitar que una lagrima recorra mi mejilla, as&iacute; que mejor ceso los intentos por ahora para un&hellip; &iquest;Despu&eacute;s? &iexcl;S&iacute;! si de pronto&hellip; Si pudiera ser&hellip; Si es posible que m&aacute;s tarde hoy&hellip; Entre los dos podamos pasar de nuevo, unidos o separados, pero mi marido y yo, hallarlo entre tantos.<\/p>\n<p>Qu&eacute; estupidez la m&iacute;a. &iexcl;Idiota, pendeja, est&uacute;pidaaa! Aun no hablamos&hellip; Nada. No le he contado la verdad sobre lo que finalmente descubri&oacute; y mucho menos de aquello otro. Lo que no sabe de m&iacute; y ni se imagina. As&iacute; que no tengo certeza de que logre conseguir su perd&oacute;n, intentar de que me comprenda y conmoverlo si quiera un poco, o lo que es m&aacute;s l&oacute;gico que llegue a suceder, que Camilo nada m&aacute;s al comenzar yo mi confesi&oacute;n, me saque de forma definitiva fuera de su coraz&oacute;n, directo a la mism&iacute;sima mierda y yo aqu&iacute;, &ndash;con tan solo una pareja de pel&iacute;canos marrones por compa&ntilde;&iacute;a, que ni me miran&ndash; pensando en estas tonter&iacute;as.<\/p>\n<p>Oops, suena la alarma en mi smartwatch, &ndash;captando el inter&eacute;s de una de las aves&ndash; indicando que en media hora, mi esposo me espera seg&uacute;n lo convenido. Aunque son las ocho de la ma&ntilde;ana, se me puede hacer tarde. Debo cruzar al otro lado y apurar el paso. Empiezo a pisar la madera del puente, que como siempre se balancea. Lo recorro por el centro y acabo de caer en la cuenta de que ya no siento miedo, ni en mi vientre se encuentra ya, la sensaci&oacute;n de vac&iacute;o que anteriormente tanto me afectaba.<\/p>\n<p>La soluci&oacute;n la hall&eacute; casi a la fuerza, por aparentar y para&hellip; &iexcl;Para dominar! &laquo;Al C&eacute;sar lo que es del C&eacute;sar y a Dios lo que es de Dios&raquo;. Y a &eacute;l, por supuesto le debo lograr acabar con gran parte de mis aprensiones.<\/p>\n<p>Y es que mi &laquo;yo&raquo; del ayer, recordaba que al pasar con mi esposo por aqu&iacute;, cuando &iacute;bamos de paseo, se aferraba con fuerza a su cintura y medio cerraba los ojos, mientras Camilo cargaba sobre sus hombros a nuestro sonriente Mateo, que se divert&iacute;a mucho mirando los veleros y alg&uacute;n crucero, riendo a carcajadas los dos cuando para dar el paso a esos barcos, este puente se abr&iacute;a hacia un lado, movi&eacute;ndose a&uacute;n m&aacute;s y yo temblando, como loca repet&iacute;a fren&eacute;tica y casi en voz alta&hellip; &iexcl;No, No, Nooo! Con el enfermizo temor de caerme al mar con alguno de esos movimientos.<\/p>\n<p>Ahora no, ya voy mirando con serenidad hacia el frente, al otro extremo del puente y veo solamente a una se&ntilde;ora bastante rellenita de carnes; de largo vestido de tirantes y enteramente fucsia, con un turbante amarillo con estampado al estilo africano coronando su cabeza y que viene caminando apresurada hacia m&iacute;, sin reparar en mi presencia.<\/p>\n<p>Y no es que no supiera nadar o defenderme en el agua, pero es que otra tara m&iacute;a era no poder sumergirme completa por un inexplicable miedo a ahogarme. Sencillamente no soportaba sentir mi cabeza cubierta por agua. Otra fobia que junto a &eacute;l tambien super&eacute;. &iexcl;No fue en el mar o practicando nataci&oacute;n en una piscina! Una felaci&oacute;n, algo aparatosa en el jacuzzi de un motel, fue la soluci&oacute;n. Mi cabeza bien sumergida, con su miembro dentro de mi boca. No sonr&iacute;o al recordar aquello, de hecho ahora que lo pienso, lo olvid&eacute; muy pronto o sencillamente no le di la debida importancia en el momento. Es incre&iacute;ble hasta donde pude llegar para conseguir mis metas. Porque s&iacute;, &eacute;l se convirti&oacute; en mi principal objetivo, para evitar un posible da&ntilde;o a un casi extra&ntilde;o.<\/p>\n<p>Avanzo con muchas ganas de verle de nuevo obviamente, pero s&iacute;, no lo voy negar&hellip; Mis pasos son lentos como los de una mujer acusada de hacer brujer&iacute;a en Salem y que conoce o teme el inevitable destino, caminando lentamente hacia la hoguera. Temerosa e insegura, bastante nerviosa por este pactado reencuentro casi siete meses despu&eacute;s. Mi marido sin ganas de tenerme cerca y yo por el contrario, necesitada de verlo y urgida por abrazarlo, pero sobre todo, de ser con calma&hellip; &iexcl;Escuchada!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Una vez informada de su paradero por Rodrigo, la persona de quien menos lo esperaba, y con quien si apenas cruc&eacute; tres o cuatro frases al momento de elegir el color de mi auto nuevo y estampar m&iacute; rubrica en los documentos respectivos, pues de lo dem&aacute;s se encarg&oacute; mi esposo, inclusive de recogerlo y llevarlo a casa. Ese vendedor de autom&oacute;viles y camiones que se convirti&oacute; con el tiempo para Camilo, &ndash;y alg&uacute;n que otro negocio tiempo despu&eacute;s para la constructora&ndash; en algo m&aacute;s que su simple asesor comercial, casi un hermano.<\/p>\n<p>Su &iacute;ntimo amigo, pr&aacute;cticamente su confesor y gu&iacute;a espiritual, del cual yo tuve mis reservas desde aquel d&iacute;a que le conoc&iacute;, cuando mi esposo insisti&oacute; en adquirir un auto para facilitar mis desplazamientos y continuar con aquella pantomima en la que juntos convinimos actuar, tan solo para complacer, &ndash;una vez m&aacute;s&ndash; mis infantiles caprichos, otorg&aacute;ndome el gusto de sentirme &uacute;til y empoderada.<\/p>\n<p>Y con ese Audi A1 Sportback rojo Misano, comenzamos curiosamente, Camilo y yo, a separar nuestros caminos.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Bon dia! &mdash;Me dice la mujer al cruzarnos a mitad del puente.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Buenos d&iacute;as se&ntilde;ora! &mdash;Digo yo sonriente, respondiendo a su amable saludo.<\/p>\n<p>Ahora mi cuerpo se inclina levemente hacia mi izquierda, debo abrir el comp&aacute;s de mis piernas sobre el diagonal tablado para afirmarme mejor y mantener mi balanceo. Y es que por estar sumida en mis pensamientos, he pasado por alto el sonido del silbato y el agitar de la bandera. &iexcl;Ni escuch&eacute;, ni v&iacute;!<\/p>\n<p>La estructura del puente ahora va girando hacia la derecha, para dar paso hacia el exterior de la bah&iacute;a a alg&uacute;n barco. Me acerco a las barandas aferr&aacute;ndome al larguero superior. La se&ntilde;ora procede de igual forma pero ella en el costado derecho. Hay que darle paso a un remolcador y un poco m&aacute;s atr&aacute;s, se acerca cauto un yate no muy grande que procede del interior de la bah&iacute;a de Santa Ana. De seguro que es de aquellos que prestan el servicio a turistas interesados en bucear junto a las tortugas y pasar todo el d&iacute;a disfrutando del azul turquesa y la blanca arena, en los alrededores de la Klein Cura&ccedil;ao.<\/p>\n<p>Miro la hora en la pantalla del m&oacute;vil, pues debo permanecer aqu&iacute; al menos veinte minutos. &iexcl;Mierda! Se me va a hacer tarde ahora s&iacute;. Ni modos de avisarle pues no tengo ya su n&uacute;mero. Lo cambi&oacute;, cuando decidi&oacute; unilateralmente darme un tiempo y el espacio que no le ped&iacute;.<\/p>\n<p>El cruce del remolcador es bastante m&aacute;s r&aacute;pido que el del otro barco, pues como lo pens&eacute;, el yate cumple con la funci&oacute;n de permitir disfrutar el panorama y su capit&aacute;n va indicando con su brazo estirado a los turistas que transporta, algo de inter&eacute;s al otro lado, en Punda. Hay sobre la cubierta de popa, un guapo rubio sin camisa; alto, de larga melena semi ondulada y musculados brazos tatuados, trapezoidal su depilado torso, dientes perlados y alineados. Luce un bronceado hermoso, seguramente tras varios d&iacute;as dorados. &iquest;Ser&aacute; australiano? Me saluda con el agitar de su mano, acompa&ntilde;ando el gesto con un beso que lanza por los aires, hacia m&iacute;.<\/p>\n<p>Yo le sonri&oacute; la gracia, y s&iacute;, por educaci&oacute;n levanto mi brazo izquierdo y agito el aire con el r&aacute;pido movimiento de los dedos de mi mano y en mi mu&ntilde;eca anudada permanecen las hebras de hilo rojo, desde que mi esposo me lo coloc&oacute; aquella tarde de abril en Bogot&aacute;, recorriendo el mercado de las pulgas por los alrededores de Usaqu&eacute;n.<\/p>\n<p>Pero&hellip; Tambi&eacute;n lo saluda la se&ntilde;ora que se ha ubicado unos tres metros m&aacute;s all&aacute;, pero del lado m&iacute;o. &iexcl;Ahora me siento rid&iacute;cula! Porque no s&eacute; si el rubio gal&aacute;n, obsequiaba aquel volador beso a la mujer de color y su festivo turbante, o a esta n&iacute;vea hembra, que viste de rombos verdes encendidos, amarillos de carnaval y rojos coral, sobre un fondo de hilos negros, con sombrero de paja que es asegurado a su cabeza por la mano que antes se agitaba salud&aacute;ndolo y lentes oscuros a la moda, aun cuando no es necesario ocultar de la nublada ma&ntilde;ana, mis azules ojos.<\/p>\n<p>En fin, que ahora lo importante para m&iacute; es lograr cumplir con la marat&oacute;n y en zigzag, por las calles de Otrobanda, desde la plaza Bri&oacute;n hasta el hostal.<\/p>\n<p>Y de nuevo percibo el movimiento para normalizar el puente. El apuesto turista melenudo se despide a lo lejos con una lata azul y aluminio, que lleva de forma distendida en su mano derecha. Esta vez compruebo que es de m&iacute;, pues la colorida compa&ntilde;era de detenci&oacute;n en este puente, ya va caminando varios pasos por delante y de costado no se fija, no le importa, ni a mi deber&iacute;a de hacerlo y sin embargo me permite subir en algo, mi maltrecha autoestima. Sin quererlo s&eacute; que le estoy sonriendo al rubio. Sin pretenderlo y tan lejos, sigo gustando.<\/p>\n<p>Por fin se endereza el puente, ojala que mi vida tambien llegue a hacerlo pues en caso contrario, deber&eacute; tomar una dr&aacute;stica decisi&oacute;n antes de perder la poca cordura que me queda. Ya veo a m&aacute;s personas al fondo de la plaza, me cruzo con algunas pero del af&aacute;n, paso por grosera ya que a ninguno saludo, porque por momentos mi mente vuela a donde no estoy pero si a donde estuve, permanentemente a su lado. Atravieso en diagonal presurosa hasta llegar al peque&ntilde;o parque, rodaderos y columpios silenciados a estas horas de la algarab&iacute;a de los ni&ntilde;os. Continuo recto hacia la esquinera casa de puertas y ventanas blancas, &ndash;con muros de un intenso bermell&oacute;n&ndash; y por la angosta calle doblo hacia la izquierda, perdiendo de vista las alturas del puente Reina Juliana y avanzo solitaria bajo el amparo de los faroles negros que permanecen encendidos todav&iacute;a, iluminando el costado del parking a mi diestra. La brisa aqu&iacute; no sopla, protegida estoy por las casas que me rodean y mis pasos no retumban tanto disimulados por el zumbido, &ndash;en un mec&aacute;nico orfe&oacute;n&ndash; de los aires acondicionados.<\/p>\n<p>Esta estrecha calle no es muy recomendable, pero para acortar la distancia preciso hacerlo. Llego a la esquina donde por l&oacute;gico horario, est&aacute; cerrado el restaurante chino y debo cruzar por debajo de las columnas de concreto que soportan el tr&aacute;fico en la avenida con el nombre de la otra isla compa&ntilde;era y girar hacia mi derecha, luego de nuevo a la izquierda y al fondo ya, donde anhelo estar, &ndash;con todo mi coraz&oacute;n&ndash; y donde me aguarda&hellip; &iexcl;Mi perdido amor!<\/p>\n<p>Antes de llegar debo hacer una parada de reabastecimiento, solo espero que el mini mercado est&eacute; abierto. Unos pasos m&aacute;s y s&iacute;. &iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a la m&iacute;a, tan infinita! Voy a comprar cigarrillos suficientes y de paso mirar&eacute; que puedo llevarle, para no aparecerme con las manos vac&iacute;as.<\/p>\n<p>El interior esta oscuro, retiro de mi cara los lentes y voy acostumbr&aacute;ndome al cambio de ambiente. No veo a nadie as&iacute; que opto por saludar a lo colombiano&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Bueeenas? &iquest;Alguien vive? &mdash;Y casi de inmediato escucho una voz familiar&hellip; &mdash;Buen d&iacute;a se&ntilde;orita. &iquest;En qu&eacute; le puedo servir?<\/p>\n<p>La tienda es de don Santiago, un arriero paisa muy amable, quien realmente naci&oacute; en Manizales y que hace muchos a&ntilde;os vino a vivir por aqu&iacute;, y de una mujer mulata se enamor&oacute;. Se acerca un paso m&aacute;s, sin embargo no me reconoce. Me despojo tambien del sombrero y lo coloco sobre el mostrador, sin musitar una palabra.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ehhh ave mar&iacute;a, por Dios! Pero que es esta dicha que ven mis ojos. Si es la &laquo;cachaquita&raquo; m&aacute;s hermosa que conozco. Vea pues, de visita por ac&aacute; &iquest;Melisita? &mdash;Yo sonr&iacute;o ampliamente ante su halago y de paso me ruborizo un poco.<\/p>\n<p>&mdash;Don Santi, usted como siempre tan galante. Vea, ya me puse roja como un tomate, jajaja. &mdash;Y de inmediato me obsequia un ligero beso en mi mejilla, caus&aacute;ndome picores con su espeso y duro bigote.<\/p>\n<p>Me abraza por unos segundos y se aparta, sin dejar de mostrarse sorprendido por mi llegada, y como todo hombre, sin poder evitarlo, &ndash;de eso sabemos las mujeres aunque miremos hacia otro lado&ndash; me da una repasada de abajo hacia arriba.<\/p>\n<p>&mdash;Tiempo sin tener el gusto de verla. &mdash;Me dice con su caracter&iacute;stico acento cantadito. &mdash;Vos tan rogada para volver, ni que por aqu&iacute; se le hubiera menospreciado su candor. &iexcl;Y su esposo guardando el secreto! Que berraco tan callado, p&uacute;ess. Despu&eacute;s cuadrar&eacute; cuentas con &eacute;l.<\/p>\n<p>Don Santiago se acomoda el delantal negro con el estampado del genuino licor de por aqu&iacute;, el &laquo;Blue Cura&ccedil;ao&raquo;, anudando las cintas de ancha tela por detr&aacute;s de su espalda.<\/p>\n<p>&mdash;Ya sabe usted don Santi, las ocupaciones que no dan respiro. Le respondo, tirando balcones fuera. &mdash;As&iacute; que solo vine de pasadita, no me puedo demorar. De hecho necesito un paquete de cigarrillos&hellip; Hummm, mejor que sean dos. Y d&eacute;jeme ver que m&aacute;s llevo. Le comento. Aguzo la mirada, aprieto mis labios y los estiro un poco.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Melissa, pues su marido ya pens&oacute; en eso. &iexcl;Observe p&uacute;ess! &ndash;Coloca sobre el mostrador una bolsa de lona gruesa y me indica su contenido. &ndash; Aqu&iacute; van los dos paquetes de Marlboro Rojo, el six pack de cervezas y la media botella de Aguardiente Antioque&ntilde;o. Tambien la docena de huevos, el pan tajado, el queso salado y el jam&oacute;n. Su marido ya hab&iacute;a pensado en todo. De hecho iba para alla en este instante a llev&aacute;rselo, pero si usted va para su casa&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Claro que s&iacute; don Santi, no hay problema. Yo lo llevo todo. Pero de todas maneras v&eacute;ndame dos paquetes de cigarrillos, de los que me gustan a m&iacute;, de los blancos aquellos. Le se&ntilde;alo. &mdash;Y una botella de &laquo;Cura&ccedil;ao Azul&raquo;, por favor.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;De m&aacute;s que s&iacute;, Melisita! ni que estuvi&eacute;ramos bravos. &mdash;Me responde en tono jocoso y se da la vuelta para ir a buscar en el estante la botella y as&iacute; de espaldas hacia m&iacute;, es que aprovecho para preguntarle&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Don Santi y es que&hellip; &iquest;Camilo est&aacute; bebiendo mucho? &mdash;Se rasca la cabeza y se demora en contestar. Se da la vuelta y ahora me mira con seriedad. Est&aacute; pensando que responder pero antes de hacerlo eleva el brazo derecho y de un gabinete superior, toma los dos paquetes de cigarrillos para m&iacute;. Se toma su tiempo y mira para ambos lados, pero en el local no hay nadie m&aacute;s que &eacute;l y yo. Aun as&iacute;, casi entre susurros me termina por confesar&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Melisita, su marido desde que lleg&oacute; hace cinco meses&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Casi siete, don Santi, le interrumpo para aclarar sus cuentas.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Ahhh? &iquest;Tanto ya? Bueno, pues no es que me importe, pero cada cuatro d&iacute;as me hace el mismo pedido de cerveza y aguardiente. &mdash;Se rasca la aguile&ntilde;a nariz.<\/p>\n<p>&mdash;Usted sabe bien que a &eacute;l, el amarillito no le agrada. Pero &eacute;l no anda por ah&iacute; en la calle, borracho ni dando espect&aacute;culo. Y nada de mujeres Melisita. &iexcl;Eso s&iacute; para qu&eacute;, pero su marido se sabe comportar! &mdash; &iexcl;Lo sospechaba! Pienso que a Camilo como a m&iacute;, le sucede que quiere con el alcohol, aturdir las penas. Y le extiendo dos billetes de veinte d&oacute;lares para cancelar las compras. No he tenido tiempo de cambiar algo de dinero por florines.<\/p>\n<p>Posa su velluda mano sobre la m&iacute;a y me la aprieta un poco, acompa&ntilde;ando su gesto morbosamente, con la repasada de su h&uacute;meda lengua sobre sus labios entrecerrados y me rechaza el pago.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ehhh, Ave Mar&iacute;a! Ni m&aacute;s faltaba. Dejemos as&iacute; Melisita, esta vez la casa invita. Ahh, pero eso s&iacute;. El primero que sea por las benditas almas del purgatorio y el segundo a mi nombre, p&uacute;ess.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Muy amable, que detalle tan bonito! &mdash;Le respondo haci&eacute;ndome con las dos bolsas y mis billetes.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; ser&aacute; entonces don Santi y de nuevo muchas gracias. Y ahora me voy que se me hace tarde para entregar su mandado. &iexcl;Jejeje! &mdash;Le sonr&iacute;o lo suficiente.<\/p>\n<p>De nuevo el sombrero a mi cabeza y los lentes oscuros cubriendo mis ojos. Salgo del local con la sensaci&oacute;n de&hellip; &iexcl;Llevarme su mirada pegada a mis nalgas!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Tengo que caminar m&aacute;s r&aacute;pido pero por alguna raz&oacute;n, camino normal y tranquila. Volver a recorrer esta calle tan cercana a casa me tranquiliza, aunque llegar&eacute; tarde a nuestra cita. &iexcl;De nuevo yo con mis cagadas! Hasta me detengo a observar los grafitis que adornan las paredes de la casa de nuestros amigos franceses. No hay ninguno nuevo, pero si se conserva el dulz&oacute;n aroma de la narc&oacute;tica yerba que se debe estar fumando alguien, alla arriba en la terraza.<\/p>\n<p>Dos silbidos, uno corto y el otro un poco m&aacute;s largo, tan inconfundibles para nosotras las mujeres, reclaman mi atenci&oacute;n y elevo la mirada hasta la barda donde se encuentra Eric observ&aacute;ndome, con su porro encendido sujeto entre el dedo &iacute;ndice y su pulgar. El cabello largo, entre rubio y ceniza ya en las patillas, engominado y echado por completo hacia atr&aacute;s, sujeto por una el&aacute;stica goma crema y los descuadrados dientes amarillos asomando en su burlesca sonrisa, como siempre.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Atrevido! le grito, &ndash;con una sonrisa de oreja a oreja&ndash; pero no se amedrenta.<\/p>\n<p>&mdash;Tan viejo y&hellip; &iquest;Todav&iacute;a molestando a las mujeres con las que se cruza? &iexcl;Le voy a contar a mi marido! Lo sentencio y Eric se carcajea un poco.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Solo lo hago con las Mademoiselles elegantes y hermosas en estas ma&ntilde;anas fr&iacute;as! Las otras, gorditas y feas, esas se las cedo a mi amigo Pierre.<\/p>\n<p>Deja Eric salir sus piropos en su espa&ntilde;ol afrancesado, desde lo alto de la terraza hasta caer en mi rostro cubierto a medias por la sombra del sombrero, a un metro del muro lateral que entre Pierre y &eacute;l, han pintado con mensajes de paz y amor, con el rostro en un opaco negro del Che Guevara fumando tabaco, superpuesto sobre una gran estrella roja y al lado, apenas el bosquejo inacabado de Bob Marley. Por lo visto, creo que este &laquo;man&raquo;, es otro m&aacute;s que no me reconoce. &iquest;O s&iacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Me&hellip; &iquest;Meli? &iexcl;Meliiii, mi vidaaa! Pero&hellip; &iquest;Qu&eacute; haces t&uacute; por aqu&iacute;? &iquest;Camilo sabe? &iexcl;Mon Dieu! A mi amigo le va a dar un &laquo;patat&uacute;s&raquo;. &iexcl;Pieeerre! Ven para ac&aacute;, adivina quien ha regresado. &mdash;Eric grita y se cuestiona mentalmente algo, con la mano derecha puesta sobre las arrugas de su frente, aunque eso s&iacute;, sin soltar para nada su fumable tesoro. Pierre no aparece por la terraza y yo tengo prisa.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Bon d&iacute;a, Eric! le saludo cortes y de inmediato me despido. &mdash;Otro d&iacute;a hablamos con calmita. &iexcl;Sal&uacute;dame a Pierre! Concluyo.<\/p>\n<p>&mdash;Meli, esta noche nos pasamos por tu casa para festejar como se debe tu retorno. &mdash;Y ah&iacute; si me preocupo un poco pues no quiero interferencias.<\/p>\n<p>&mdash;No se va a poder Eric, tenemos muchas cosas pendientes y pocas horas para resolver y te agradecer&iacute;a que no aparecieran por all&aacute;. &mdash;Le respondo, quiz&aacute; de forma m&aacute;s seca de lo que deber&iacute;a, y me doy media vuelta para continuar.<\/p>\n<p>Un paso, otro m&aacute;s y al tercero a mi espalda escucho a Eric decir&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Tr&aacute;tamelo bien Meli, mi amigo ha sufrido mucho. &iexcl;&Eacute;l te ama como nadie!<\/p>\n<p>Se me escapa un suspiro, lento y pausado en extremo y a la vez largo, cargado de angustia. S&iacute;, cuanta sincera amistad existe en su mundo alterado y tanta esperanza para m&iacute; en sus palabras, &ndash;y a mi mundo tan perturbado&ndash; que son por supuesto como otro peso muerto m&aacute;s en la cadena apostada en mis pies. &iquest;Qu&eacute; le habr&aacute; contado mi esposo a estos dos?<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Giro a mi derecha y all&iacute; est&aacute; la casa. Por supuesto siento palpitar con fuerza el coraz&oacute;n. Los muros que la delimitan ya no est&aacute;n te&ntilde;idos del verde bamb&uacute; que la destacaban de entre las dem&aacute;s. Resplandece la cal sobre ellos. Y la casa ahora luce en sus paredes el ocre claro que Camilo quiso en un principio.<\/p>\n<p>Los marcos de puertas y ventanas siguen inmaculadamente blancos, al igual que los postigos y las canaletas. No as&iacute; las barandas de madera del porche, que ahora est&aacute;n muy pulidas y se muestran al natural, pero barnizadas. El techo a dos aguas sigue igual con el rojo terroso de sus alineadas tejas seccionando el horizonte.<\/p>\n<p>Hummm, desde aqu&iacute; fuera a tan pocos pasos, percibo en el ambiente un cambio. Es el viento que agita las palmas y una calurosa claridad. &iquest;En qu&eacute; momento se ha despejado el cielo a mis espaldas? Mi esposo tambien se habr&aacute; renovado&hellip; &iquest;Sin m&iacute;?<\/p>\n<p>Tengo nervios y la respiraci&oacute;n agitada. Algunas gotitas de sudor resbalan por el puente de mi nariz hacia el &aacute;pex y lentas, se deslizan hasta reunirse en medio de las columnas del filtrum, para luego con su salina humedad, en una gota m&aacute;s gruesa, precipitarse sobre mi labio. La temperatura va en aumento, como as&iacute; lo hacen los latidos de mi coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Las dos amplias puertas de gruesos y verticales tablones de Caoba, est&aacute;n cerradas frente a m&iacute;. &iexcl;Tengo el juego de llaves dentro de mi bolso! En un acto reflejo mi mano derecha se introduce en sus profundidades y a tientas mis dedos las buscan. Pero vuelvo a la realidad, a ser consciente de lo que significa mi ausencia y ahora mi presencia, por eso no creo que deba usarlas. No a&uacute;n, sin su permiso, sin saber que puesto ocupo ahora en su coraz&oacute;n. Entiendo que ahora s&oacute;lo soy una invitada. Por lo tanto retiro suavemente la mano y llevo mi dedo &iacute;ndice hasta el bot&oacute;n del intercomunicador, presion&aacute;ndolo y conteniendo la respiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Me persigno con rapidez y que sea&hellip; &iexcl;Lo que Dios quiera!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Quiero pensar que la demora de Mariana se deba a alg&uacute;n imprevisto con su vuelo y no a un final arrepentimiento, por el peso de su enga&ntilde;o y el temor a enfrentarme. Puedo llamarla a su tel&eacute;fono obviamente, pero eso para ella podr&iacute;a darle a entender que me preocupo todav&iacute;a y que me importa su estado. &iexcl;Jueputa vida! A pesar de ser una verdad tan grande como una catedral que no puedo ocultar, yo no&hellip; &iexcl;No debo hacerlo!<\/p>\n<p>Aunque la tentaci&oacute;n sigue latente en las yemas de mis dedos, sobre todo de este inquieto &iacute;ndice, que se desliza indeciso entre la &laquo;A&raquo; de amor, hasta la &laquo;M&raquo; seguida de otra eme, &ndash;may&uacute;scula igualmente&ndash; en mi lista de contactos, sobre la pantalla de mi m&oacute;vil.<\/p>\n<p>8:41 A.M. &iquest;Ser&aacute; que no viene? Es posible, aunque Rodrigo me confirm&oacute; el viernes pasado con contundencia que Mariana s&iacute; o s&iacute;, lo har&iacute;a. Once minutos de retraso no es mucho en ella, pero se me han hecho muy largos. &iexcl;Vendr&aacute;! De hecho ella fue quien lo busc&oacute; en el concesionario, supuestamente por un ruido inidentificable en su Audi y con esa peregrina excusa logr&oacute; hablar con &eacute;l, de m&iacute;.<\/p>\n<p>Ella fue quien lo plante&oacute;, casi que le suplic&oacute; a mi amigo contactarme y servir de enlace entre los dos. Respetuosamente Rodrigo le indic&oacute; que recurrir a &eacute;l como Celestina, ni estaba entre sus oficios y por supuesto no era de su predilecci&oacute;n, pero que ya ver&iacute;a que podr&iacute;a conseguir de m&iacute;, si llegado el caso lograra ubicarme.<\/p>\n<p>Una promesa que tras varias llamadas y m&aacute;s de uno de sus consejos, consigui&oacute; finalmente ablandar m&iacute; endurecido coraz&oacute;n y que aceptara hablar con ella, &ndash;lo reconozco, casi a rega&ntilde;adientes&ndash; para aclarar lo sucedido.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Esc&uacute;chala! Dale la oportunidad de explicarse, si hay soluci&oacute;n cogerla al vuelo, pero si no fuera posible romper el muro que los separa, que cada uno tome su rumbo en paz. &mdash;Me lo dijo al comienzo, cuando ni por asomo yo lo consent&iacute;a.<\/p>\n<p>Y me lo repiti&oacute; en nuestra &uacute;ltima conversaci&oacute;n, cuando doblegado ante la evidencia&hellip; &iexcl;Acept&eacute; reencontrarnos!<\/p>\n<p>&mdash;Ya lo sabes todo Camilo, aunque tu mujer piense que no estas al tanto de lo que hizo. Y sin embargo, no lograras la paz que ans&iacute;as si no hallas en sus palabras, &ndash;al dejarle hablar&ndash; la respuesta a ese gran interrogante que a los que alguna vez hemos sido traicionados, no nos deja conciliar el sue&ntilde;o&hellip; &iquest;Por qu&eacute; a m&iacute;?&iquest;D&oacute;nde te fall&eacute;? &mdash; &iexcl;Otro herido en combate! recuerdo que pens&eacute; con amargura.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo, amigo m&iacute;o, por experiencia te digo esto: &laquo;La verdad solo tiene una faz, aunque con mil mentiras se trate de restaurarla con varias caras&raquo;. &mdash;Guard&oacute; silencio por breves segundos. Escuch&eacute; como Rodrigo suspir&oacute; hondamente y prosigui&oacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Sinceridad! Mi querido amigo, esa es la palabra clave que debes de ubicar entre sus razones, para que puedas decidir si perdonas el da&ntilde;o que te hizo. &iexcl;Olvidar!&#8230; Es otra parte para resolver en esta ecuaci&oacute;n, que m&aacute;s adelante t&uacute; y solo t&uacute;, deber&aacute;s con calma despejar de tu cabeza. Y de ah&iacute; para adelante, lo que se venga ser&aacute; ya una decisi&oacute;n consensuada, entre el coraz&oacute;n y la raz&oacute;n; el de tu esposa primero que todo, de ti, principalmente y si a&uacute;n se siguen amando&hellip; &iexcl;De los dos!<\/p>\n<p>Y acept&eacute; encontrarme con Mariana nuevamente, pero lejos de todos. De su familia y la m&iacute;a, igual que de nuestros conocidos; por supuesto de Eduardo, mi ex amigo y obviamente de su presuntuoso amante. Una reuni&oacute;n incomoda, es cierto. Pero necesaria para los dos y especialmente aqu&iacute;&hellip; &iexcl;En mi terreno!<\/p>\n<p>8:55 A.M. Esta espera y la incertidumbre que conlleva, es insoportable. Llevo bebidas dos tazas de caf&eacute; y cada una acompa&ntilde;ada por su respectivo cigarrillo, as&iacute; que mejor voy a cambiarme de ropa y contin&uacute;o con lo que me falta por hacer en la piscina.<\/p>\n<p>Dentro de un rato deben estar por bajar a tomar el sol, los dos &uacute;nicos hu&eacute;spedes que quedan, &ndash;por cierto, muy amigos de William&ndash; y es mejor que la encuentren limpia y aspirada. Han pagado muy bien y puntual su estad&iacute;a, que ya va para dos meses.<\/p>\n<p>La verdad estoy muy molesto y profundamente decepcionado, es que tanto af&aacute;n para que se produjera este encuentro y nada. Ya quisieran algunos mofarse de mi infantil nerviosismo y apresurado salir anoche de compras, y hoy muy temprano verme reflejado ante el espejo del armario, estrenando camisa manga larga y pantal&oacute;n 3\/4 al estilo Capri, para que Mariana no me encontrara mal vestido y yo, demostrarle que estaba bien sin ella y mejorando d&iacute;a tras d&iacute;a; luci&eacute;ndome finalmente al caminar en frente suyo con estas zapatillas de tela que por la marca, casi me dejo un ri&ntilde;&oacute;n en una de las tiendas de Fuerte Rif, en lugar del c&oacute;modo caucho de mis chanclas.<\/p>\n<p>Pero como lo promet&iacute;, debo mantener la calma. Es solo que la impuntualidad me saca de casillas y ese mal h&aacute;bito que detesto de las personas, por amor siempre se lo perdon&eacute; a Mariana.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&iexcl;Nadie contesta! &iquest;Ser&aacute; que se cans&oacute; y no me esper&oacute;? &iexcl;Pero alguien debe estar hospedado!<\/p>\n<p>Respiro profundamente y me froto las manos. Mientras divago en mis pensamientos, escucho el correr de la tranca met&aacute;lica y el girar del cilindro en la cerradura. Se abre la puerta por completo, sin preguntas. &iexcl;Me esperaba! Y recibo un cari&ntilde;oso y fuerte abrazo. No es Camilo, que ilusa. Pero igual siento una inmensa alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mi ni&ntilde;aaa! Mi Dushi hermosa, que alegr&iacute;a de verla. &mdash;Y tras sus palabras de recibimiento, Kayra me estampa dos sonoros besos, uno por mejilla y sus ojazos negros brillantes por la h&uacute;meda dicha de verme de nuevo, revisan mi anatom&iacute;a; me hace girar trescientos sesenta grados tom&aacute;ndome de la mano, para comprobar tal vez, que me encuentre sana y salva.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ohh mi preciosa Kayra! Gracias, muchas gracias. A mi tambien me da gusto verte. &iquest;Sabes? Te veo muy bien. Eso debe ser que Kenley te mantiene muy bien atendida, jajaja.<\/p>\n<p>Y aquella mujer que ha servido como cuidadora, cocinera, mucama, gu&iacute;a tur&iacute;stica en nuestros primeros d&iacute;as y por poco casi mi madre aqu&iacute; en la isla, agita frente a m&iacute;, las palmas blancas de sus dos manos, negando mi suposici&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Que va mi ni&ntilde;a! Ese hombre no me sirve sino para darme dolores de cabeza y una que otra serenata cada vez que quiere pedirme perd&oacute;n y que lo deje entrar en la casa para sobarme las tetas y apretarme el culo. &iexcl;Claro! Despu&eacute;s de perderse tres d&iacute;as los fines de semana con sus amigotes, esos con los que se la pasa dizque cantando en las calles del mercado flotante o en alguna de las playas, sobre todo esa de Mambo Beach. Coquete&aacute;ndole a las turistas monas y cree que nadie me lo cuenta. Y cuando le estiro la mano, ni un flor&iacute;n pone para la comida. Un vago que me sirve de vez en cuando para el catre. &mdash;Me sigo riendo con mi mano cubriendo la boca y ahora soy yo quien le da un abrazo.<\/p>\n<p>&mdash;Pero siga mi ni&ntilde;a, siga y me acompa&ntilde;a a la cocina que estoy terminando de preparar la limonada para ofrecerle en el desayuno a los hu&eacute;spedes. &mdash;Y Kayra tom&aacute;ndome del antebrazo se hace con mi fr&aacute;gil humanidad ante su corpulencia y me lleva con ella al interior de la casa.<\/p>\n<p>En la entrada observo que no hay veh&iacute;culos en el parqueadero. Solo la cuatrimoto de William y por supuesto la vieja Vespa amarilla de Kayra. Dentro en el recibidor recorro los espacios con la vista. El gran sal&oacute;n con sus muebles antiguos forrados en terciopelo antes granate, ahora son color arena. El viejo reloj de pesas sigue ocupando su lugar. Los porcelanatos del piso resplandecen con los rayos de sol, que burlones, se cuelan al vaiv&eacute;n de los visillos que son agitados por la brisa, al estar las ventanas completamente abiertas a mi izquierda.<\/p>\n<p>Cortinas en verde aguamarina que cortan muy bien con las blancuras de los velos, tan nuevas y diferentes al color mandarina de las pasadas. Los mismos altos jarrones de porcelana, de a uno entre cada espacio de los tres ventanales. Verbenas y Geranios en dos de ellos. Petunias y Boca de Drag&oacute;n en el otro.<\/p>\n<p>Paso mis dedos sobre la superficie lustrada de las mesitas isabelinas, sin dejar huella. Todo limpio y ordenado, un ligero aroma a canela flota en el ambiente y me siento rara, como desactualizada o quiz&aacute; desubicada de la que no hace tanto, tambien era mi casa.<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Melissa. &iquest;Desea un juguito de mango o mejor una limonada?&hellip; Se&ntilde;oraaa&hellip; &iexcl;Jajaja! &mdash;Un chasquido de dedos me sobresalta.<\/p>\n<p>&mdash;Mi peque&ntilde;a beba, aterriza ya. &mdash;Escucho la voz de Kayra, primero lejana y luego m&aacute;s n&iacute;tida cuando me concentro en el lugar de donde provienen.<\/p>\n<p>&mdash;Oops, lo siento mucho, es que me elev&eacute; mirando c&oacute;mo est&aacute; de cambiado todo. &mdash;Le contesto.<\/p>\n<p>Entre tanto voy acerc&aacute;ndome a la puerta que da acceso a la cocina. Este espacio tiene salida hacia el patio trasero donde situamos en su momento, la zona de relax. Y por la rectangular ventana, lo veo. &iexcl;Por fin lo veo! La respiraci&oacute;n se me acelera, sin que por ello sea suficiente el aire que sale y entra en mis pulmones.<\/p>\n<p>Esta de espaldas limpiando la piscina. Me tiemblan las piernas, me palpita el coraz&oacute;n en desbocada carrera; siento como aletean mil mariposas en mi est&oacute;mago y mi sudor ahora es una mezcla, entre el calor que arrastra esta ma&ntilde;ana y un medroso escalofri&oacute;, por los nervios. Por fin, Dios m&iacute;o. &iexcl;Finalmente lo tengo cerca!<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, mi peque&ntilde;a&hellip; Esa mirada me dice que prefiere m&aacute;s un abrazo de su hombre para calmar la sed de su alma, que este vaso de limonada para su garganta. &mdash;Levanta el envase de vidrio en frente m&iacute;o. Yo callada, pensativa, seria en exceso.<\/p>\n<p>S&iacute;, Kayra con la sabidur&iacute;a que dan sus sesenta a&ntilde;os, parece leer mi mente y mis gestos de melancol&iacute;a. Necesito un momento para respirar y serenar mis nervios, conteniendo mis ganas de llorar. &iquest;De felicidad? O&hellip; &iquest;Remordimiento?<\/p>\n<p>&mdash;El joven Camilo no habla mucho, &ndash;coloca con suavidad su ancha mano sobre mi hombro derecho&ndash; pero le he visto muchas veces con la misma mirada que tiene usted ahora al verlo. Se sienta all&aacute;, en los escalones de madera a la entrada de la caba&ntilde;a y se eleva, estando aqu&iacute; su cuerpo, los recuerdos lo regresan flotando a donde se hab&iacute;a quedado usted. &mdash;No puedo dejar de verlo e imaginar el tormento por el que mi esposo ha pasado. Y me quiebro, finalmente lloro.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Se aman y se a&ntilde;oran! La diferencia Dushi querida, es que &eacute;l a&uacute;n no la tiene cerca y tan solo se ha mantenido con su imagen en el recuerdo, y le he notado las ganas de poder abrazarla, pero las caricias no se le sostienen en el aire. En cambio usted ahora lo tiene all&iacute;, al frente. Vaya y aproveche. &iexcl;Abrace a su hombre, a la persona que ama!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Es verdad! Pero&hellip; &iquest;Querr&aacute;? &mdash;Con el dorso de mi mano izquierda y sin soltar la bolsa, limpio la humedad en mis mejillas y doy un paso hacia la salida.<\/p>\n<p>&mdash;Mi ni&ntilde;a, espere y le lleva una jarra de limonada que el joven debe tener sed y m&aacute;s que le va a dar, cuando la vea. &mdash;Levanto frente a Kayra los brazos y en cada mano una bolsa. Me entiende y se sonr&iacute;e, arqueando las cejas y frunciendo el ce&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; bien, yo se las acerco y luego los dejo. Deben tener mucho de qu&eacute; hablar. Hummm &iquest;Me aceptar&iacute;a un consejo? &mdash;Me dice mientras en una charola pl&aacute;stica coloca la mediana jarra y dos vasos de cristal, uno de ellos colmado. Me arrimo a ella sin abrazarla, pero tan cerca como para dejar reposar mi frente sobre su hombro, suspiro y en un hilo de voz le digo&#8230;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Por supuesto que s&iacute;!<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; ha sucedido, pero mi ni&ntilde;a, recuerde que los hombres son as&iacute;, como animalitos salvajes que con cualquier aroma de hembra en celo, la pichita se les pone inquieta. &mdash;Un corolario gracioso.<\/p>\n<p>&mdash;Es normal que tropiecen y m&aacute;s cuando una mujer caprichosa decide enredarles la cabeza. Somos muy jodidas cuando queremos algo y ellos pensando que nos tienen encantadas con su parla y Dushi preciosa, ah&iacute; es cuando nosotras sabemos que la &laquo;juagadura&raquo; de calzones ya ha surtido efecto en ellos. &iexcl;Jajaja! &mdash;Logra hacerme re&iacute;r con ganas por el &uacute;ltimo comentario, pero es que ella no sabe que la cuesti&oacute;n ha sido al rev&eacute;s. Me separo un paso o dos y la miro con bastante verg&uuml;enza. Tal vez despu&eacute;s pueda contarle a ella, que fui yo la que decidi&oacute; con mis encantos, deslumbrar especialmente a uno y embrujar a varios m&aacute;s. &iexcl;Jodiendo a m&iacute; esposo!<\/p>\n<p>&mdash;Perd&oacute;nele la falta mi ni&ntilde;a, vea que hombres tan juiciosos y bien parecidos como el suyo, no se caen todos los d&iacute;as de los &aacute;rboles. Eso usted le pringa esa &laquo;picha&raquo; con un poquito de jab&oacute;n y alcohol desinfectante, se lo refriega muy bien con estropajo, ojal&aacute; y&hellip; Le queda como nuevo. &iexcl;Listo para usarlo hasta sacarle ampollas! Jajaja. &mdash;Se carcajea, al igual que yo por sus ocurrencias y me empuja con el borde de la bandeja para echarme a andar hacia el exterior de la cocina, acerc&aacute;ndome a &eacute;l, mientras un raro temblorcito estremece mis piernas.<\/p>\n<p>Camilo no me ha visto aun, sigue ocupado en el vaiv&eacute;n de su labor y no escucha que nos acercamos por detr&aacute;s de &eacute;l. &iexcl;Dios m&iacute;o, dame fuerzas! No s&eacute; ni c&oacute;mo saludarlo ni por d&oacute;nde empezar. Pero en esas, es que Kayra con su acostumbrada desfachatez, se me adelanta lanz&aacute;ndome al vac&iacute;o sin previo aviso, junto a mi marido.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Se&ntilde;orito Camilo! Mire lo que le traje para calmar su sed. Y&hellip; &iexcl;Lo que Nuestro Sant&iacute;simo Se&ntilde;or, le envi&oacute;!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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