{"id":41837,"date":"2023-05-04T11:20:12","date_gmt":"2023-05-04T11:20:12","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-04T11:20:12","modified_gmt":"2023-05-04T11:20:12","slug":"carmela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/carmela\/","title":{"rendered":"Carmela"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41837\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">5<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Los mir&eacute; besarse con gula. Carmela dejaba a Johan amasarle las nalgas. Cerraban los ojos. La pareja estaba bien a gusto, moviendo abrazados al ritmo del funk suave del concierto. Lamentaba haberlos acompa&ntilde;ado.<\/p>\n<p>Hac&iacute;a un par de semanas, hab&iacute;a conocido a Johan en la piscina municipal donde sol&iacute;a ir a nadar despu&eacute;s del trabajo. Nuestros horarios coincid&iacute;an y siempre nos encontr&aacute;bamos en el mismo carril, conversando de unas cosas y otras entre dos largos. Claro, era yo quien hab&iacute;a hecho el primer paso, pregunt&aacute;ndole alguna estupidez sobre la marca de gorro de ba&ntilde;o. Era de los &ldquo;&eacute;ste, s&iacute; o s&iacute;&rdquo;. Y d&eacute;jenme decirles que, fuera de la arrechura que se puede desprender de la mirada de un hombre, cuando se ve en ropa de ba&ntilde;o, hay algunas dudas que se convierten en ganas tremendas. Johan no era muy alto pero ten&iacute;a un f&iacute;sico armonioso, una sonrisa encantadora, humor y un ba&ntilde;ador b&oacute;xer insoportablemente lleno. Lo miraba bajo el agua o cuando &eacute;l pasaba al lado de la piscina y se ve&iacute;a n&iacute;tidamente la forma de su verga bajo la fina tela negra. Yo sab&iacute;a que no lo dejaba indiferente y que probablemente a &eacute;l tambi&eacute;n le costaba mantener su contundencia mientras est&aacute;bamos a unos cent&iacute;metros el uno del otro y con tan poca ropa. No les extra&ntilde;ar&aacute;, estimados lectores, saber que me hab&iacute;a imaginado mil cosas con Johan, en mi cine en la cabeza ten&iacute;a una producci&oacute;n m&aacute;s prol&iacute;fica que los grandes estudios de Hollywood. El escenario que m&aacute;s me gustaba era en una cabina de los vestuarios. Entr&aacute;bamos a escondida los dos y, sin palabras ni preliminares, me daba la vuelta, me apoyaba contra la pared y abr&iacute;a las piernas. El ven&iacute;a detr&aacute;s de m&iacute;, solo necesitaba apartar mi ba&ntilde;ador para deslizarse sin problema en mi concha. As&iacute;, parados, me cachaba con fuerza unos largos minutos, tap&aacute;ndome la boca para que nuestros vecinos de vestuarios no nos escuchen. Con la otra mano, bajaba mis tirantes para liberar mis tetas y amasarlas. Se retiraba justo antes de venirse y se masturbaba para que su leche brote sobre mi culo medio descubierto mientras yo llegaba al orgasmo reemplazando su verga por mis dedos. Sexo puro, directo, perfecto.<\/p>\n<p>Al ver c&oacute;mo me miraba cuando yo sal&iacute;a del agua, estaba segura que, en su cine personal, ten&iacute;a escenarios m&aacute;s morbosos a&uacute;n.<\/p>\n<p>Aquel viernes, despu&eacute;s de que le contara que pasaba el fin de semana solita en la ciudad, que estaba aburrida y que extra&ntilde;aba a mi novio, me propuso acompa&ntilde;arlo a un concierto en la noche. Obviamente acept&eacute;. Antes de salir, orden&eacute; mi departamento, pas&eacute; la aspiradora r&aacute;pidamente, cambi&eacute; las s&aacute;banas y las toallas &ndash; no me digan que nunca tuvieron este tipo de precauciones de &ldquo;por si acaso&rdquo; &ndash; y eleg&iacute; concienzudamente mi tanga. La tensi&oacute;n sexual que exist&iacute;a entre nosotros era tal en una piscina p&uacute;blica, que hab&iacute;a pocos chances que nos quedemos en hablar de gorros de ba&ntilde;o en una oscura sala de concierto y con un par de copas.<\/p>\n<p>Lo esper&eacute; un buen rato delante de la puerta de la sala de concierto. Miraba a la gente entrar por pareja o peque&ntilde;os grupos de cuarentones. Despu&eacute;s de unos veinte minutos y asqueada por fumar un cigarrillo tras otro para darme contundencia, le mand&eacute; un mensaje para preguntarle si hab&iacute;a tenido alg&uacute;n problema que le impidiera venir. Apenas guardaba mi celular en el bolsillo de mi abrigo que una carcajada de risa de mujer me hizo dar la vuelta. Era una chica alta, morena, con el t&iacute;pico corte serio a la Victoria Beckham, que se mor&iacute;a de la risa corriendo apurada, jalada por un hombre. Por Johan. Era evidente que hab&iacute;an empezado su noche hac&iacute;a un momento y que estaban en la alegr&iacute;a de las primeras copas, hablaban fuerte entre dos risotadas y les costaba un poco mantener su trayectoria hacia la entrada. Johan me vio en el &uacute;ltimo momento, mientras iba a entrar sin prestarme la m&iacute;nima atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Sandra! &iexcl;S&iacute; viniste!<\/p>\n<p>&mdash;Hola &mdash;contest&eacute;, inc&oacute;moda.<\/p>\n<p>La chica que lo acompa&ntilde;aba y que me miraba con una sonrisa maravillada y un toque condescendiente no era guapa, no, era escultural. Una modelo. De los que posan con sus curvas encantadoras para la ropa interior m&aacute;s fina y sexy. Llevaba una chaqueta de simili negro y un mono beige que dejaba ver sus formas perfectas. Una cintura fina, unas piernas largas que anunciaban un culo precioso. Sus senos eran un encanto, no llevaba sost&eacute;n. Los not&eacute; plenamente redondos y su &iacute;nfima forma de caerse dejaba imaginar con delicia su peso, que hac&iacute;a que sus pezones miraban ligeramente hacia el cielo. Eran obviamente reales. Los quise mamar en seguida.<\/p>\n<p>&mdash;Te presento a mi novia, Carmela.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Encantada! &mdash;me dijo, regal&aacute;ndome un abrazo, cuyo entusiasmo no era fingido, junto a una ola de su perfume a vainilla.<\/p>\n<p>No me dejaron tiempo para contestar y entraron en la sala de concierto, invit&aacute;ndome a seguirlos con un gesto. Me sent&iacute; bastante tonta. Me hab&iacute;a equivocado por completo. Johan no ten&iacute;a las menores intenciones conmigo, o por lo menos, ninguna que llegara m&aacute;s all&aacute; de proponerme entretenimiento musical para esta noche. Les dej&eacute; acercarse al escenario y me dirig&iacute; a la barra para pedir una copa de vino. La sala estaba llena, la m&uacute;sica agradable, el ambiente perfecto y hab&iacute;a puras parejas a mi alrededor: iba a ser una noche muy larga y aburrida.<\/p>\n<p>Carmela vino a buscar un par de cervezas y me llev&oacute; con la mano hacia donde bailaban, pegados al escenario. Me sonri&oacute;, y sus labios finos y pintados de rojo volvieron a colocarse en su sitio natural, imbricados con los de Johan. Parec&iacute;a que pod&iacute;an pasar horas as&iacute;, bailando l&aacute;nguidamente con los ojos cerrados. Un Lego humano. Encajaban perfectamente, eran guapos y los envidiaba. Con Carmela, ten&iacute;a un sentimiento extra&ntilde;o. Normalmente, la hubiera sencillamente odiado, pero, al mirarlos, ten&iacute;a tambi&eacute;n ganas de besarla y pegarme a su cuerpo para sentir sus senos c&aacute;lidos contra mi pecho. Nunca hab&iacute;a tenido nada con una mujer, fuera de un par de besitos con amigas mientras era estudiante, de borrachas y puro juego. Estaba un poco confundida y, tomando sorbitos del Cabernet mediocre que ten&iacute;a en mi copa, no pod&iacute;a despegar mis ojos de Carmela. Sin dejar de besar a Johan, me lanz&oacute; una mirada. La chispa y la p&oacute;lvora a la vez. La mirada que te confirma lo que ni siquiera te hab&iacute;as atrevido a imaginar. Los lectores que ya conocen mis haza&ntilde;as sabr&aacute;n a qu&eacute; mirada me refiero. La que hab&iacute;a cruzado por primera vez en los ojos oscuros del tremendo barbudo. La que hab&iacute;a vuelto a encontrar en su versi&oacute;n m&aacute;s celestial con el mozo. La que me hab&iacute;a regalado Mat&iacute;as durante dos a&ntilde;os, dominando las pecas de sus mejillas, cada vez que me desnudaba. La que Lionel ten&iacute;a para m&iacute; desde que se hab&iacute;a casado. La de Alejandro, excesiva e insoportable que me hac&iacute;a implosionar de deseo: morbo violento y urgente.<\/p>\n<p>Las canciones segu&iacute;an unas tras otras, no s&eacute; si era una buena banda, no escuchaba realmente. Era innegable, la insistencia con la cual me miraba jugando con la boca de su novio no me dejaba duda. En la penumbra del concierto, Carmela me provocaba. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a percibido la parte m&aacute;s perversa de mi persona? &iquest;Hab&iacute;a le&iacute;do en mi mente? &iquest;Sab&iacute;a que hab&iacute;a luchado para despejar las fugaces ganas de mamarla apenas la hab&iacute;a visto? Este Cabernet era definitivamente malo. Carmela le dijo algo a la oreja de Johan que asinti&oacute; con la cabeza. Se acerc&oacute; a m&iacute; y me dijo que iba a buscar otras cervezas, proponiendo traerme una. Sent&iacute; su cabello sedoso contra mi mejilla y sus labios rozar mi oreja, me hab&iacute;a puesto una mano en la cintura con delicadeza para hablarme. La dej&oacute; caer para agarrar la m&iacute;a y entrecruzar sus dedos con los m&iacute;os antes de desaparecer en medio de la gente en direcci&oacute;n de la barra. Esper&eacute; unos segundos, lo que me pasaba era nuevo, estaba excitada por una mujer, realmente. Sent&iacute;a mi cl&iacute;toris latir entre mis piernas y mis labios &iacute;ntimos invadidos por la humedad que hasta aquel entonces solo hab&iacute;a sido provocada por hombres. Ten&iacute;a que calmarme. Johan miraba a la banda con una sonrisa ext&aacute;tica, nunca hab&iacute;a visto a alguien tan aficionado por la m&uacute;sica lenta. Me acerqu&eacute; para decirle que iba al ba&ntilde;o, me contest&oacute; algo inaudible sin mirarme, totalmente acaparado por los acordes del bajista.<\/p>\n<p>Atraves&eacute; la sala sin pararme a la barra y baj&eacute; las peque&ntilde;as escaleras que llevaban a los ba&ntilde;os. Me lav&eacute; las manos y me ech&eacute; agua en la cara. Mi arrechura se hab&iacute;a despertado y era dif&iacute;cil contener las im&aacute;genes obscenas que asaltaban mi mente. Claro que le cacheteaba el culo y me sobaba la concha en su cara. Claro que la mamaba mordi&eacute;ndole los pezones. Claro que la ultrajaba hurgando su culo. Claro. Agarr&eacute; una servilleta de papel del dispensador para secarme la cara, resoplando. Un cuerpo se peg&oacute; al m&iacute;o, abraz&aacute;ndome por atr&aacute;s. Un par de manos recorrieron mis caderas y mi barriga hasta llegar al l&iacute;mite de mis tetas. Segu&iacute; con la cara escondida en la servilleta mientras cabellos sedosos acariciaban mi nuca y unos labios empezaban a besarme el cuello. Reconoc&iacute; el olor a vainilla, pero no quer&iacute;a mirar todav&iacute;a. Disfrutar sentirla, ardiente y arrecha, pegada contra mi cuerpo. El morbo gan&oacute; r&aacute;pidamente sobre mis hesitaciones y mi ausencia de experiencia. Me di la vuelta, le agarr&eacute; la nuca y busqu&eacute; su lengua con la m&iacute;a. Si era claro que hab&iacute;a sentido mi morbo latente, todav&iacute;a estaba lejos de imaginarse a cu&aacute;l demonio hab&iacute;a sacado del abismo.<\/p>\n<p>La abrazaba con fuerza y nuestras manos bajaron en sincron&iacute;a hacia nuestros culos respectivos. Sus gestos eran una mezcla de delicadeza y de afirmaci&oacute;n, no era la primera vez que tocaba a una mujer. Los m&iacute;os eran m&aacute;s apurados, traicionando mi excitaci&oacute;n al descubrir estas curvas plenas y firmes. Ten&iacute;a m&aacute;s culo que yo y era perfectamente redondo. Lo amasaba con fuerza y le mord&iacute; suavemente el labio. Descubr&iacute;a la fuente de lujuria que es el cuerpo de una mujer deseosa y el hurac&aacute;n de excitaci&oacute;n que me provocaba ser al mismo tiempo su fuente. Carmela respiraba hondo, pas&oacute; su mano debajo de mi blusa y recogi&oacute; mi teta con su mano suave, y empez&oacute; a jugar con mi pez&oacute;n endurecido. Sent&iacute;a los suyos contra mi pecho, duros como dos botones provocadores ornando las masas encantadoras de sus senos. Me dio un lenguazo en el cuello de una sensualidad incre&iacute;ble antes de susurrarme:<\/p>\n<p>&mdash;Nunca hab&iacute;a tocado a una mujer, &iquest;verdad?<\/p>\n<p>&mdash;No&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Y &iquest;te gusta?<\/p>\n<p>&mdash;Me encanta&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Sentimos lo mismo, &iquest;sabes? Me estoy mojando y estoy segura de que t&uacute; tambi&eacute;n&hellip;<\/p>\n<p>Herv&iacute;a, era como tener un espejo de mi arrechura, no me cab&iacute;a duda de que la tanga de hilo que hab&iacute;a adivinado debajo de su mono estaba tan empapada como mi propia ropa interior. Me jal&oacute; hacia un ba&ntilde;o y cerr&oacute; la puerta con llave. Tuve un momento breve de p&aacute;nico. &ldquo;&iquest;Y ahora?&rdquo;, pens&eacute;. A estas alturas de excitaci&oacute;n, si hubiera estado con un hombre, le hubiera comido la verga con gula apenas el cerrojo corrido. Mi boca siempre fue una zona particularmente er&oacute;gena y hasta la considero como un &oacute;rgano sexual. Me encantaba tenerla completamente ocupada por un sexo o tener mi lengua regada por chorros de semen o de saliva mezclada con mis propios fluidos. Mi boca. Cu&aacute;ntas veces la abr&iacute;a y sacaba mi lengua mientras me ven&iacute;a bajo la mirada de mis amantes, esperando recibir algo all&iacute; que terminara de llevarme al colmo. Una perrita jadeante&hellip; Carmela me volvi&oacute; a besar, su lengua jugaba con la m&iacute;a, agarr&oacute; mis manos, las puso sobre sus senos y perd&iacute; el control al mismo tiempo que las dudas. Era dos globos perfectos, libres y c&aacute;lidos, irresistibles. Abr&iacute; el cierre que su mono ten&iacute;a en la espalda, me dol&iacute;a el cl&iacute;toris por la excitaci&oacute;n. La parte de arriba del mono cay&oacute; sobre su cintura, desvelando lo que deseaba tanto. No creo que tom&eacute; m&aacute;s de un segundo para mirarlos, enseguida, acerqu&eacute; mi boca a la altura de su pez&oacute;n izquierdo y lo empec&eacute; a lamer delicadamente. Recog&iacute; su otro seno con la mano, su piel era muy suave y su peso me provocaba una sensaci&oacute;n de satisfacci&oacute;n extra&ntilde;a. El peque&ntilde;o pedazo de carne oscura se endurec&iacute;a bajo mis lenguazos y agarr&eacute; a su vecino para pellizcarlo suavemente. Carmela suspir&oacute;, hab&iacute;a tomado su entrepierna a plena mano y se amasaba la concha a trav&eacute;s de su ropa. Era un momento surreal, abr&iacute; la boca como si me hubiera querido tragar todo su seno, succion&aacute;ndolo y lami&eacute;ndolo. Lo com&iacute;a a boca llena y me encantaba. Sent&iacute;a que su cuerpo se tensaba, su placer sub&iacute;a. Me agarr&oacute; la barbilla para que volver a besarla, pero algo me par&oacute;, y nuestros labios entreabiertos se suspendieron unos frente a otros: hab&iacute;a levantado mi camiseta y rozaba sensualmente sus tetas contra las m&iacute;as. El espect&aacute;culo de sus pezones acariciando a los m&iacute;os era un encanto, me electrizaba. Me quedaba perfectamente inm&oacute;vil y la dejaba ondular.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te sigue gustando, Sandra? &mdash;me pregunt&oacute; por la forma con una sonrisa traviesa.<\/p>\n<p>Sin dejarme tiempo para contestar, me bes&oacute;, buscando mi lengua con la suya. Carmela besaba h&uacute;medo. Era seguro que lam&iacute;a como una diosa. La imagin&eacute; con la verga de Johan clavada en la boca, su saliva chorreando a la comisura de sus labios, qu&eacute; maravillosa puta complacida deb&iacute;a de ser esta mujer&hellip; Sent&iacute; que desabrochaba el cierre de mi pantal&oacute;n y, sin dejar de besarme, su mano alcanz&oacute; mi sexo, est&aacute;bamos hirviendo. Pas&oacute; sus dedos entre los labios de mi vagina, hizo entrar apenas una falange &ndash; por puro juego para frustrarme, seguro &ndash; y retir&oacute; su mano. Recorri&oacute; mi abdomen con sus dedos mojados por mis l&iacute;quidos, pas&oacute; por una de mis tetas, jug&oacute; su pez&oacute;n unos segundos y los llev&oacute; a nuestras bocas. Los lamimos con el mismo morbo, &eacute;ramos dos perritas arrech&aacute;ndose mutuamente.<\/p>\n<p>Se arrodill&oacute;, baj&oacute; mi pantal&oacute;n y me lanz&oacute; una mirada que nunca olvidar&eacute; en la vida. Ten&iacute;a a una golosa l&uacute;brica que me miraba a los ojos mientras aplicaba toda la superficie de su lengua sobre mis labios &iacute;ntimos. Empez&oacute; a lamerme magistralmente. Hab&iacute;a conocido lo que pensaba ser el colmo del arte del sexo oral con algunos de mis amantes y Carmela acababa de superarlos, volando, con unos lenguazos. Sus labios pintados de rojo se estiraban para poder comerme la totalidad de la concha o se apretaban cuando me succionaba deliciosamente el cl&iacute;toris. Su boca era suave y precisa, tanto como su lengua &aacute;gil que se abr&iacute;a un camino en mi vagina. Sab&iacute;a exactamente cu&aacute;les eran los detonantes femeninos, los hab&iacute;a experimentado a todos, recibiendo y provoc&aacute;ndolos. Dado c&oacute;mo su mano se agitaba en su mono, no me cab&iacute;a la menor duda sobre su placer y su excitaci&oacute;n. Despu&eacute;s de unos deliciosos instantes, animada por mis suspiros, me meti&oacute; directamente dos dedos que entraron sin pena en mi concha empapada. Esta mujer le&iacute;a en mis pensamientos. A&ntilde;adi&oacute; r&aacute;pidamente un tercer dedo y se puso a jugar, entrando, saliendo, apartando los dedos en mi intimidad para abrirme, saliendo de nuevo para frustrarme antes de entrar de nuevo y llenarme. Carmela aument&oacute; la succi&oacute;n de mi cl&iacute;toris, me lo aspiraba como nadie se hab&iacute;a atrevido a hacerlo. La segu&iacute;a mirando tocarse, con mi sexo sobre su boca, su busto desnudo con sus tetas pesadas que balanceaban y rozaban mis rodillas. Se masturbaba fren&eacute;ticamente y gem&iacute;a con la boca tapada. Me imagin&eacute; a m&iacute; misma en esta posici&oacute;n, pero con la boca llenada por una verga. Sin duda se me ve&iacute;a tan zorra y tan reina como Carmela. Cerr&eacute; los ojos y un conjunto demencial de sensaciones me llev&oacute; al orgasmo.<\/p>\n<p>Apoy&eacute; mi espalda a la pared y sent&iacute; los labios de Carmela, mojados por mis jugos pegarse de nuevo a los m&iacute;os. Hab&iacute;a recogido algo de mis l&iacute;quidos en su lengua y, con un movimiento delicado, lo verti&oacute; directamente en la m&iacute;a. Nos besamos con mi sabor a lim&oacute;n tibio y suave. Ella segu&iacute;a masturb&aacute;ndose lentamente, con algunos gemidos apenas perceptibles de mujer l&aacute;nguida y deseosa. La quer&iacute;a complacer y sentirla venirse, arquearse por el placer que yo le procurar&iacute;a, quer&iacute;a apoderarme de ella siendo la due&ntilde;a de sus sensaciones. Hice que se diera la vuelta y la abrac&eacute; por atr&aacute;s, amasando sus tetas, pero ya a plena mano, con firmeza y cierta fuerza, lo que la hizo gemir un poco m&aacute;s fuerte. Despu&eacute;s de haber comprobado su placer mientras la mamaba, unos minutos antes, ahora notaba que tambi&eacute;n le gustaban las caricias m&aacute;s rugosas. Al disponer de un par de tetas tan hermosas, mi perversidad y mis ansias de dominaci&oacute;n y de control se despertaron. Me puse a jugar con sus pezones, los agarraba y jalaba con tanta fuerza como a m&iacute; me gusta. Carmela se retorc&iacute;a de placer, frotaba su culo contra mi pubis. Aguantaba bastante el dolor y se deleitaba de &eacute;l, pero yo tampoco quer&iacute;a da&ntilde;ar estas hermosuras con las cuales ten&iacute;a la suerte de poder jugar, irritando su piel. Dej&eacute; sus pezones y puse mis manos, una despu&eacute;s de otra, frente a su boca.<\/p>\n<p>&mdash;Escupe &mdash;le dije.<\/p>\n<p>Se ejecut&oacute; con aplicaci&oacute;n, llen&aacute;ndome las palmas con su abundante saliva. Las manos lubricadas, retom&eacute; sus senos y volv&iacute; a amasarlos lento y firmemente. Los agarraba a manos llenas en su base y deslizaba hacia sus pezones, como si fueran dos ubres que quisiera orde&ntilde;ar. Lejos de disgustarle, la humillaci&oacute;n leve que le regalaba le encantaba. Le gustaba ser una hembra lasciva a la espera de los cuidados de su due&ntilde;o o, en este caso, de su due&ntilde;a. Entre dos suspiros, solt&oacute; su sexo y pas&oacute; su mano por encima de su hombro para presentar sus dedos a la altura de mi boca. Me met&iacute; a chuparlos enseguida. Era la primera vez que probaba el sabor del sexo de otra mujer. Apreciaba el m&iacute;o, pero este&hellip; Este era una golosina para la morbosa que soy. Era una explosi&oacute;n de lujuria en mi boca, tal como cuando el semen ah&iacute; brotaba, una delicia viscosa, l&iacute;quida, c&aacute;lida, salada y dulce a la vez, pero con este toque de acidez imperdible y delicioso proviniendo del sexo de una mujer. Quer&iacute;a m&aacute;s. Abandon&eacute; una de sus tetas para ir a recoger el precioso l&iacute;quido entre sus piernas. No me sorprendi&oacute; encontrar un sexo completamente depilado, hirviente y babeante, su tanga apartada de un lado y mojando directamente la entrepierna de su mono. Recog&iacute; un poco de su jugo para probarlo de nuevo. Ahora conoc&iacute;a el sabor preciso de la arrechura. Carmela abri&oacute; m&aacute;s las piernas con un gemido insatisfecho, quer&iacute;a venirse.<\/p>\n<p>&mdash;F&oacute;llame &mdash;me dijo con una voz ronca entre dos suspiros.<\/p>\n<p>Volv&iacute; a hundir mis dedos en su concha como si fuera la m&iacute;a, adivinando sin esfuerzo lo que deseaba. Se empez&oacute; a escuchar un exquisito y caracter&iacute;stico chasquido provocado por mis dedos en su vagina. La masturbaba como a mi me gusta hac&eacute;rmelo cuando estoy cerca del orgasmo, con tres dedos y movimientos hondos como si buscara entrar toda mi mano en su concha. Mi palma apoyaba contra su cl&iacute;toris y yo sab&iacute;a que, dado como mov&iacute;a sus caderas, Carmela volv&iacute;a esta presi&oacute;n deliciosa. Sent&iacute;a su placer subir m&aacute;s y m&aacute;s, le besaba y le lam&iacute;a el cuello y la nuca, a medida que su cuerpo se tensaba.<\/p>\n<p>&mdash;M&aacute;s fuerte&hellip; &mdash;suspir&oacute;.<\/p>\n<p>Obedec&iacute;, con movimientos a&uacute;n m&aacute;s hondos y con m&aacute;s fuerza, hasta casi levantarla por su concha chorreante, empalada sobre mis dedos. Los m&uacute;sculos de su vagina se contractaron y Carmela ahog&oacute; un gemido ronco de placer. Me maravillaba, se estaba viniendo largamente, llen&aacute;ndome la mano hasta la mu&ntilde;eca del l&iacute;quido tibio de su goce.<\/p>\n<p>Nos quedamos as&iacute; unos instantes hasta que se recuperara y se diera la vuelta para besarme. Nos volvimos a arreglar la ropa que ni siquiera nos hab&iacute;amos quitado, sonriendo. Carmela ten&iacute;a una mancha mojada a la altura de su concha y le llegaba hasta la mitad del culo. Le dije que iba a tener que encontrar alguna prenda para taparla si no quisiera que se notara al salir del ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes, tengo lo que hace falta &mdash;me contest&oacute;.<\/p>\n<p>Abri&oacute; la puerta del ba&ntilde;o y descubr&iacute;, estupefacta, a Johan frente al marco, con una sonrisa voraz y viciosa. Con un gesto, le ofrec&iacute;a a su novia un fular oscuro.<\/p>\n<p>&mdash;Felizmente estoy para pensar en eso, &iquest;verdad amor? &mdash;le dijo &mdash;Estaba seguro de que ibas a terminar toda empapada al conocer a Sandra&hellip;<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de la sorpresa de encontrarlo aqu&iacute;, me invadi&oacute; una ola de calor al saber que nos hab&iacute;a escuchado todo este tiempo. Me empezaba a gustar mi nueva pareja de amigos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 10<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>5 Los mir&eacute; besarse con gula. Carmela dejaba a Johan amasarle las nalgas. Cerraban los ojos. La pareja estaba bien a gusto, moviendo abrazados al ritmo del funk suave del concierto. Lamentaba haberlos acompa&ntilde;ado. Hac&iacute;a un par de semanas, hab&iacute;a conocido a Johan en la piscina municipal donde sol&iacute;a ir a nadar despu&eacute;s del trabajo. 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