{"id":41890,"date":"2023-05-08T22:00:00","date_gmt":"2023-05-08T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-08T22:00:00","modified_gmt":"2023-05-08T22:00:00","slug":"sin-mirar-relato-de-mi-primera-experiencia-lesbica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/sin-mirar-relato-de-mi-primera-experiencia-lesbica\/","title":{"rendered":"Sin mirar (relato de mi primera experiencia l\u00e9sbica)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41890\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">3<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hace algunos a&ntilde;os tuve una vecina que era prostituta. Y adem&aacute;s era ciega. S&iacute;, una combinaci&oacute;n rara. Pero, curiosamente, para ella y para sus clientes la combinaci&oacute;n funcionaba muy bien.<\/p>\n<p>Nos hicimos amigas y ella me cont&oacute; todo sobre su vida y sobre su trabajo. Y me cont&oacute; por qu&eacute; el hecho de no poder ver le resultaba favorable para ser una mejor prostituta.<\/p>\n<p>Me explic&oacute; que cuando una persona no tiene alguno de sus sentidos, los dem&aacute;s se intensifican. Al ser ciega, Antonella tiene m&aacute;s sensibilidad en el tacto, el gusto, el olfato y el o&iacute;do. Y aprovecha muy bien ese exceso de sensibilidad para darles un mejor servicio a sus clientes.<\/p>\n<p>Una tarde estaba de visita en el departamento de Anto. Hac&iacute;a poquito que nos conoc&iacute;amos. Como yo ten&iacute;a mucha curiosidad sobre lo que hac&iacute;a y sobre su ceguera, la estaba matando a preguntas. Pero por suerte a ella no le importaba. Supongo que no ten&iacute;a muchas oportunidades de contarle sobre su vida a una amiga.<\/p>\n<p>El departamento de Anto estaba enfrentado al m&iacute;o, los dos con balcones que daban al pulm&oacute;n de manzana. Pr&aacute;cticamente pod&iacute;amos charlar de balc&oacute;n a balc&oacute;n.<\/p>\n<p>El mismo d&iacute;a que me mud&eacute; empec&eacute; a escuchar sus gritos y gemidos exagerados cuando estaba con sus clientes. No me aguant&eacute; la curiosidad y empec&eacute; a espiarla. Muy mal lo m&iacute;o&hellip;<\/p>\n<p>Pero as&iacute; descubr&iacute; sobre su profesi&oacute;n y su discapacidad (mejor dicho, sus capacidades diferentes). Y, como tengo una curiosidad enfermiza, quise experimentar. Y empec&eacute; a vendarme los ojos cada vez que me masturbaba o hac&iacute;a el amor. No s&eacute; si habr&aacute; sido sugesti&oacute;n, pero me pareci&oacute; que por lo menos el tacto se me hab&iacute;a sensibilizado bastante.<\/p>\n<p>Esa tarde que estaba en lo de Anto se me dio por contarle sobre mis experimentos de vendarme los ojos durante el sexo. Le cont&eacute; que realmente notaba que, cuando me tapaba los ojos, mis otros sentidos se hac&iacute;an m&aacute;s sensibles. Entonces a ella le pic&oacute; la curiosidad, y me dijo que me pod&iacute;a dar un entrenamiento r&aacute;pido para intensificar mi sensibilidad todav&iacute;a m&aacute;s. Obviamente no tuvo que insistir.<\/p>\n<p>Me prest&oacute; una pa&ntilde;oleta y me vend&eacute; los ojos. En la primera parte de ese entrenamiento me dijo que me iba a ense&ntilde;ar a ver con el tacto y con el o&iacute;do.<\/p>\n<p>La primera consigna fue tocarle la cara para ver si era capaz de detectar si estaba alegre o triste, palpando su boca y sus mejillas. Despu&eacute;s me hizo acercar mi o&iacute;do a su cara para ver si pod&iacute;a darme cuenta si estaba respirando por la boca o por la nariz.<\/p>\n<p>Esas fueron las pruebas f&aacute;ciles. Despu&eacute;s vinieron las dif&iacute;ciles. Yo ten&iacute;a que dejar mi mano floja y Anto me iba a hacer tocar distintas cosas. Y yo ten&iacute;a que adivinar qu&eacute; era lo que tocaba, pero ten&iacute;a que descubrirlo al primer contacto. No val&iacute;a manosear.<\/p>\n<p>As&iacute; me hizo tocar su pelo, su oreja, su lengua, su ombligo. Ven&iacute;a adivinando todo bien, hasta que me hizo tocar algo blando y un poco rugoso que no supe qu&eacute; era. Despu&eacute;s me dijo &ldquo;ahora vas a volver a tocar lo mismo, pero lo vas a notar un poco cambiado. A ver si te das cuenta de qu&eacute; es&rdquo;. Cuando lo volv&iacute; a tocar, ya no estaba blando, y estaba bien claro qu&eacute; era.<\/p>\n<p>&ldquo;&iquest;Te toqu&eacute; un pez&oacute;n?&rdquo;, le pregunt&eacute;, sorprendida.<\/p>\n<p>&ldquo;&iexcl;Exacto!&rdquo;, me dijo toda contenta.<\/p>\n<p>Empec&eacute; a sentirme un poco confundida. No sab&iacute;a si hab&iacute;a hecho eso nom&aacute;s de jodona, si para ella era algo re normal tocarle una teta a otra mujer, o si ten&iacute;a alguna otra intenci&oacute;n. Me puse un poco en alerta, pero no quise demostr&aacute;rselo. La verdad era que la estaba pasando bien, me gustaba esa amistad &iacute;ntima con Anto, y la curiosidad por saber qu&eacute; ven&iacute;a despu&eacute;s era mucha como para interrumpir ese momento.<\/p>\n<p>Sin destaparme los ojos le pregunt&eacute; si se hab&iacute;a sacado la ropa, y me dijo que iba a tener que averiguarlo. S&iacute;, me estaba invitando a tocarla. La sensaci&oacute;n de curiosidad se hab&iacute;a transformado en una excitaci&oacute;n muy rara y muy nueva.<\/p>\n<p>Extend&iacute; mis brazos para tocarla pero ella se apart&oacute;. &ldquo;Con las manos no. Quiero que aprendas a descubrirme como yo descubro a mis clientes&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Bueno, no s&eacute;, &iquest;qu&eacute; hago?&rdquo;, le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;Vas a verme usando tu cara. Tu boca, tu lengua, tus mejillas, tu nariz, tus orejas&rdquo;.<\/p>\n<p>Iniciamos un juego en el que ella acercaba a mi cara distintas partes de su cuerpo, y yo deb&iacute;a detectar qu&eacute; era cada una, usando todos mis sentidos menos la vista. Me explic&oacute; que ella aprend&iacute;a a conocer a sus clientes a trav&eacute;s de las sensaciones que le transmit&iacute;an. Aromas, sabores, texturas, sonidos, todo eso se combinaba en su mente para formar una imagen que era mucho m&aacute;s completa que la que hubiera podido percibir con los ojos.<\/p>\n<p>El juego termin&oacute; cuando lo que acerc&oacute; a mi cara fue su boca, y se encontr&oacute; con la m&iacute;a. El hecho de no poder verla me ayud&oacute; a no pensar que estaba besando a una mujer. Simplemente me dediqu&eacute; a sentir ese beso, a percibir las muchas diferencias con todos los besos que hab&iacute;a dado hasta ese momento.<\/p>\n<p>Me apart&eacute; y la desafi&eacute; a que ella me descubriera. Me quit&eacute; la venda de los ojos, me desnud&eacute; y empec&eacute; a ponerla a prueba, como ella lo hab&iacute;a hecho conmigo.<\/p>\n<p>Descubr&iacute; c&oacute;mo su ceguera intensificaba sus otros sentidos en el momento en que con su lengua estimul&oacute; mis labios vaginales con una delicadeza y una precisi&oacute;n que hasta ese momento no cre&iacute; que fueran posibles. Me hab&iacute;a quitado la venda para ver c&oacute;mo su boca se impregnaba con la humedad de mi entrepierna. La estaba tomando de la cabeza para que su lengua se metiera m&aacute;s adentro de m&iacute;, cuando ella se detuvo, se ech&oacute; hacia atr&aacute;s y me dijo &ldquo;vamos a la cama&rdquo;.<\/p>\n<p>As&iacute; lo hicimos. Nos acostamos y nos abrazamos. Sus manos recorr&iacute;an mi cuerpo como si me mirara con los dedos. Nunca hab&iacute;a sentido caricias como esas. Probablemente ninguna persona que no sea ciega pueda acariciar as&iacute;.<\/p>\n<p>Entre gemidos y susurros le dije que lamentaba no haber llevado mi consolador. Entonces ella sonri&oacute; y me dijo que buscara en una caja que ten&iacute;a debajo de la cama. Revis&eacute; la caja, que era como un sex-shop en miniatura. Hab&iacute;a consoladores de todos los tama&ntilde;os y formas. Saqu&eacute; uno que me impresion&oacute; por su curvatura. Anto lo llamaba &ldquo;el deforme&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Acostate y relajate&rdquo;, me dijo.<\/p>\n<p>Me agarr&oacute; de un muslo para que abriera mis piernas, cosa que hice d&oacute;cilmente. Tante&oacute; hasta encontrar mi entrepierna y fue deslizando el consolador con suavidad entre mis labios. Dej&eacute; escapar un gemido ahogado.<\/p>\n<p>La forma inusual de ese consolador fue tocando lugares de mi interior a los que un pene normal no podr&iacute;a llegar. Antonella lo mov&iacute;a en c&iacute;rculos mientras me besaba la boca y acariciaba mis pechos. La abrac&eacute; con todas mis fuerzas y empec&eacute; a estremecerme, a la vez que mov&iacute;a mi pelvis para acompa&ntilde;ar al movimiento del juguete. Mis gemidos se fueron transformando en gritos.<\/p>\n<p>De pronto ella se qued&oacute; quieta. Mantuvo el consolador apretado en mi interior, pero sin moverlo. Sab&iacute;a que yo estaba al borde del cl&iacute;max, y quer&iacute;a que fuera mi cuerpo el que fabricara el orgasmo, que lo hiciera sin ayuda, para que fuera m&aacute;s lento y duradero. Me gust&oacute; la idea, as&iacute; que yo tambi&eacute;n me qued&eacute; quieta, con los ojos cerrados, sin mover un m&uacute;sculo, pero respirando por la boca agitadamente, con mis manos aferradas a sus hombros y mi atenci&oacute;n puesta en los rincones de mi vagina que estaban siendo estimulados por el juguete. Desde all&iacute; se empez&oacute; a gestar un temblor que r&aacute;pidamente se esparci&oacute; por todo mi cuerpo, llegando a cada rinc&oacute;n, a cada &oacute;rgano, a cada c&eacute;lula de mi piel.<\/p>\n<p>Me sent&iacute; presa de un cl&iacute;max que pareci&oacute; quedarse suspendido en el aire durante un instante eterno. Mi boca empez&oacute; a abrirse y en ella se fue formando un gemido que arranc&oacute; como un susurro ronco, y de a poco fue cobrando volumen hasta culminar como un alarido. Abr&iacute; los ojos y not&eacute; la cara de excitaci&oacute;n de Antonella, con su o&iacute;do atento a mis reacciones.<\/p>\n<p>Hubiese querido relajarme para saborear la satisfacci&oacute;n de ese orgasmo, pero me incorpor&eacute; para devolverle el favor a Antonella mientras estaba excitada.<\/p>\n<p>Le dije que era su turno de acostarse y relajarse. Entonces ella tante&oacute; la caja de consoladores hasta encontrar su preferido, el m&aacute;s grande de todos.<\/p>\n<p>Antes de introduc&iacute;rselo, quise volverme ciega otra vez, as&iacute; que busqu&eacute; la pa&ntilde;oleta y me vend&eacute; los ojos. Al tanteo, busqu&eacute; su entrepierna y fui calzando ese enorme consolador entre sus labios, con la mayor suavidad. Siguiendo sus ense&ntilde;anzas, puse toda mi atenci&oacute;n en sus suspiros y gemidos.<\/p>\n<p>Mov&iacute; el consolador con much&iacute;sima lentitud. Los ruidos que hac&iacute;a Antonella me estaban excitando otra vez. Casi sin propon&eacute;rmelo, con la mano libre comenc&eacute; a acariciar mis pechos, sin dejar de mover el juguete en el interior de mi amiga.<\/p>\n<p>Sus gemidos eran como los que hac&iacute;a cuando estaba con sus clientes preferidos. Significaba que realmente lo estaba disfrutando. Y eso me excit&oacute; m&aacute;s todav&iacute;a.<\/p>\n<p>Estuve tentada de quitarme la venda de los ojos y mirarla, pero me aguant&eacute;. Me acost&eacute; sobre ella, sin dejar de empujar el consolador en su interior, hasta que solt&oacute; un grito de goce intenso. La bes&eacute; con la boca abierta, y el grito reson&oacute; en mi interior. Nuestras lenguas lucharon enloquecidas.<\/p>\n<p>Su cuerpo inici&oacute; un movimiento ondulante y sus gritos se intensificaron. La recorr&iacute; &iacute;ntegramente con mis labios y mi lengua. Abr&iacute; sus piernas para poder colocar mi cabeza entre ellas y as&iacute; lamer la cara interior de sus muslos, a la vez que empujaba el consolador hasta el fondo.<\/p>\n<p>Las dos gemimos, gritamos, nos tocamos desaforadamente. De pronto sent&iacute; que ella cambiaba de posici&oacute;n. Sent&iacute; que se colocaba debajo de m&iacute;, que agarraba mis piernas y las ubicaba a ambos lados de su cabeza. Quedamos en un 69 perfecto. Empez&oacute; a lamerme y a meterme su lengua, haciendo pausas para gritar y gemir. Yo hice lo mismo, mientras intensific&aacute;bamos nuestros movimientos y gritos, hasta que acabamos las dos al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Me desplom&eacute; sobre ella, con mi cabeza apoyada en su pubis, y el m&iacute;o apoyado en su cara. Me qued&eacute; un rato largo jadeando y recuperando la respiraci&oacute;n. Tener dos orgasmos seguidos y tan intensos, era algo que no me pasaba todos los d&iacute;as.<\/p>\n<p>Cuando logr&eacute; reunir las fuerzas para incorporarme, me sent&eacute; en la cama y me quit&eacute; la venda de los ojos. Anto se sent&oacute; a mi lado. Sent&iacute; ganas de llorar, aunque no sab&iacute;a por qu&eacute;. Anto se dio cuenta, me abraz&oacute; y me bes&oacute; en el hombro.<\/p>\n<p>&ldquo;Ven&iacute;, ayudame a preparar el mate&rdquo;, me dijo para relajar la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Nos vestimos y nos pusimos a tomar mate y charlar hasta que oscureci&oacute;. Me hubiese gustado quedarme con ella hasta el d&iacute;a siguiente, pero necesitaba estar sola para pensar.<\/p>\n<p>Me desped&iacute; acarici&aacute;ndole la mejilla y bes&aacute;ndola dulcemente en los labios.<\/p>\n<p>El sexo con Anto no me convirti&oacute; en lesbiana, pero s&iacute; me hizo m&aacute;s exigente y dej&oacute; la vara muy alta para todas las relaciones sexuales que tuve despu&eacute;s. Pocas veces volv&iacute; a sentir sensaciones como las de ese d&iacute;a. Pero esas sensaciones me quedaron grabadas a fuego en el alma, y me basta con recordarlas para encender mis deseos cada vez que busco excitarme.<\/p>\n<p>Esa noche volv&iacute; a mi casa sin saber qui&eacute;n era yo realmente. Estuve horas mir&aacute;ndome en el espejo, pregunt&aacute;ndome si habr&iacute;a m&aacute;s cosas de m&iacute; misma que todav&iacute;a no hab&iacute;a descubierto.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s se pregunten si soy lesbiana, si soy bisexual, no binaria, o qu&eacute;. Yo tambi&eacute;n me lo pregunt&eacute; a partir de ese d&iacute;a. Y la mejor respuesta que me di fue decidir no ponerme etiquetas. Ni para definir mi sexualidad ni para definir ning&uacute;n otro aspecto de m&iacute;.<\/p>\n<p>Porque ponerse etiquetas es limitarse. Podr&iacute;a decir &ldquo;soy escritora&rdquo;, &ldquo;soy fot&oacute;grafa&rdquo; o &ldquo;soy madre&rdquo;, pero estar&iacute;a limit&aacute;ndome a ser esa &uacute;nica cosa.<\/p>\n<p>&iquest;Si me gustan las mujeres? No, en general no. Sent&iacute; atracci&oacute;n por una &uacute;nica mujer. Antonella. A ella le ponen siempre dos etiquetas bien grandes: ciega y puta. Pero no conoc&iacute; a nadie que pudiera ver la realidad con tanta claridad como ella la ve. Y que pudiera amar con tanta calidez, a pesar de que, por su profesi&oacute;n, necesita que su coraz&oacute;n se mantenga fr&iacute;o e insensible.<\/p>\n<p>Si querer a una mujer me convierte en lesbiana, en bisexual, en no binaria o en alguna otra cosa, realmente me da lo mismo. P&oacute;nganme la etiqueta que quieran.<\/p>\n<p>Pero yo prefiero que, si me van a poner una etiqueta, que sea una que diga simplemente &ldquo;F&aacute;tima&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>3 Hace algunos a&ntilde;os tuve una vecina que era prostituta. Y adem&aacute;s era ciega. S&iacute;, una combinaci&oacute;n rara. Pero, curiosamente, para ella y para sus clientes la combinaci&oacute;n funcionaba muy bien. Nos hicimos amigas y ella me cont&oacute; todo sobre su vida y sobre su trabajo. 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