{"id":41947,"date":"2023-05-13T22:00:00","date_gmt":"2023-05-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-13T22:00:00","modified_gmt":"2023-05-13T22:00:00","slug":"hermana-y-hermano-en-los-alpes-historia-de-amor-filial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/hermana-y-hermano-en-los-alpes-historia-de-amor-filial\/","title":{"rendered":"Hermana y hermano en los Alpes. Historia de amor filial"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"41947\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">7<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>A&ntilde;o 1878. Vivimos en esta caba&ntilde;a, mi hermano y yo, en medio de las monta&ntilde;as nevadas de los Alpes. Nuestra relaci&oacute;n se construy&oacute; sobre una amistad profunda y sincera. Nos quedamos solos en la casa de nuestros abuelos. Me encuentro a m&iacute; misma, una mujer de 30 a&ntilde;os, contando nuestra historia, pues en los secretos de mi coraz&oacute;n se esconden los misterios de lo que nunca me atrev&iacute; a decir en voz alta. En ocasiones, el temor a la palabra nos sumerge en un di&aacute;logo solitario, donde nuestros susurros se convierten en ecos perdidos en el vac&iacute;o del silencio.<\/p>\n<p>La caba&ntilde;a, humilde y acogedora, es nuestro refugio. &Eacute;l, un hombre de 38 a&ntilde;os, alto y fornido, trabaja en el campo, encontrando en la tierra un solaz para su alma. Yo, 30 a&ntilde;os, de estatura media, morocha con ojos marrones y pechos normales, no me creo gran cosa. Me dedico a las tareas del hogar, hallando en los quehaceres cotidianos un sentido de prop&oacute;sito.<\/p>\n<p>Pero bajo la aparente sencillez de nuestra vida, anida un conflicto silente que amenaza con romper la armon&iacute;a que hemos construido con tanto esmero. Me he enamorado de &eacute;l, y el miedo al rechazo me paraliza, manteniendo mis sentimientos ocultos en lo m&aacute;s profundo de mi ser. &iexcl;Es mi hermano! Trato de no caer, trat&eacute; de no pensar, pero no puedo. Es as&iacute; que, determinada a derribar esa barrera invisible, comienzo a tejer una telara&ntilde;a de seducci&oacute;n, enredando mis miradas con deseos y pronunciando palabras cargadas de significados velados.<\/p>\n<p>Los d&iacute;as pasan y nuestros di&aacute;logos se vuelven cada vez m&aacute;s intensos, impregnados de una tensi&oacute;n latente. &Eacute;l, ajeno a los secretos que oculto, responde con una amabilidad inocente, sin entender los anhelos que yacen detr&aacute;s de mis ojos. Sin embargo, otro conflicto emerge en mi coraz&oacute;n. La sombra de la inseguridad se cierne sobre m&iacute;, convenci&eacute;ndome de que soy fea y aburrida, incapaz de capturar su atenci&oacute;n de la misma manera que &eacute;l cautiva la m&iacute;a.<\/p>\n<p>Mis pensamientos se entrelazan con los susurros del viento que atraviesa las rendijas de nuestra morada. Me pregunto si alguna vez podr&eacute; reunir el valor necesario para abrir mi coraz&oacute;n y revelarle la verdad. Las palabras se atascan en mi garganta mientras sigo tratando de descifrar las se&ntilde;ales que &eacute;l, inconsciente de mi lucha interna, env&iacute;a al universo.<\/p>\n<p>En aquellos tiempos, la vida en los Alpes se caracterizaba por el aislamiento y la crudeza de la naturaleza que nos rodeaba. La nieve cubr&iacute;a los paisajes, creando un velo blanco que aislaba nuestras almas de los tumultos del mundo exterior. Cada d&iacute;a, enfrent&aacute;bamos el desaf&iacute;o de sobrevivir en un entorno hostil, donde el fr&iacute;o penetrante se convert&iacute;a en nuestro m&aacute;s feroz enemigo. Sin embargo, en medio de esa lucha diaria, se forjaban conexiones profundas y verdaderas entre las personas que compart&iacute;amos esos territorios inh&oacute;spitos.<\/p>\n<p>Nuestra caba&ntilde;a se ergu&iacute;a como un basti&oacute;n de calidez y seguridad en medio de la vastedad blanca. Las paredes de madera cruj&iacute;an suavemente, como si fueran guardianas de nuestros secretos m&aacute;s &iacute;ntimos. Cada objeto en su lugar, cada rinc&oacute;n cuidadosamente adornado, era un testimonio de nuestro af&aacute;n por crear un hogar en aquel paraje desafiante.<\/p>\n<p>En las ma&ntilde;anas, despert&aacute;bamos al abrazo g&eacute;lido del alba, cuando el sol apenas se asomaba sobre las monta&ntilde;as. Desayun&aacute;bamos juntos, compartiendo tazas de caf&eacute; caliente y pan reci&eacute;n horneado. &Eacute;l, con sus manos &aacute;speras y fuertes, hab&iacute;a labrado la tierra para proveernos de alimento. Yo, en cambio, me dedicaba a las labores dom&eacute;sticas, encontrando consuelo en el orden y la limpieza que reinaban en nuestro hogar.<\/p>\n<p>Conforme avanzaba el d&iacute;a, el trabajo en el campo reclamaba su atenci&oacute;n y &eacute;l part&iacute;a hacia las faenas diarias. Mientras tanto, yo me entregaba a las tareas de la casa, intentando que cada detalle estuviera perfecto para su regreso. Limpiaba, cocinaba y preparaba su comida favorita, con la esperanza de conquistar su coraz&oacute;n a trav&eacute;s de sus sentidos.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, al caer la tarde, esperaba su regreso con un palpitar agitado en el pecho. Me cambiaba de ropa, optando por prendas m&aacute;s provocativas, anhelando que mis nuevos atuendos despertaran su atenci&oacute;n y despierten en &eacute;l los mismos anhelos que habitaban en m&iacute;. Cuando escuchaba sus pasos acercarse a la caba&ntilde;a, mi coraz&oacute;n se aceleraba y mi respiraci&oacute;n se entrecortaba.<\/p>\n<p>&Eacute;l entraba en la caba&ntilde;a, exhausto y cubierto de nieve, y yo le daba la bienvenida con una sonrisa. Sin decir una palabra, me acercaba a &eacute;l, ofreci&eacute;ndole mi ayuda para desprenderse de su abrigo cargado de la jornada. Mis manos temblaban ligeramente mientras deslizaba los botones de su camisa, permitiendo que mis dedos rozaran su piel. El contacto nos envolv&iacute;a en una tensi&oacute;n palpable, una corriente el&eacute;ctrica que trascend&iacute;a las palabras y nos sumerg&iacute;a en un oc&eacute;ano de emociones prohibidas.<\/p>\n<p>En una noche especialmente fr&iacute;a, mientras la ventisca azotaba las ventanas de la caba&ntilde;a, nos encontramos acurrucados juntos en la misma cama. El fr&iacute;o se hab&iacute;a infiltrado con tenacidad, y ambos busc&aacute;bamos en el calor de nuestros cuerpos un refugio contra la g&eacute;lida realidad. All&iacute;, envueltos en mantas y abrazados por la oscuridad, nuestros corazones lat&iacute;an al un&iacute;sono, en un ritmo que parec&iacute;a trascender el tiempo y el espacio.<\/p>\n<p>Esa noche, mientras el viento susurraba su canci&oacute;n de invierno, &eacute;l, estando dormido, me abraz&oacute; por atr&aacute;s. Uno de mis pechos se escapaba por el escote de mi camisa y &eacute;l lo tom&oacute; con su mano. Nunca me sent&iacute; tan tensa y feliz. La nieve ca&iacute;a afuera, ajena a nuestro &iacute;ntimo encuentro, mientras el fuego crepitaba en la chimenea, testigo mudo de mis sentimientos. Finalmente ca&iacute; dormida con su mano en mi seno.<\/p>\n<p>La vida en la caba&ntilde;a se reg&iacute;a por el ritmo lento y pausado de las estaciones. Durante el invierno, nos aferr&aacute;bamos a la calidez del hogar, compartiendo momentos &iacute;ntimos y llenos de complicidad. La le&ntilde;a crepitaba en la chimenea, proyectando sombras danzantes en las paredes. El aroma del pan reci&eacute;n horneado inundaba el aire, invit&aacute;ndonos a disfrutar de su sabor reconfortante. En esas noches de invierno, las estrellas brillaban con una intensidad sobrenatural, como si quisieran guiarnos hacia nuestros destinos entrelazados.<\/p>\n<p>En otra fr&iacute;a noche volvimos a dormir juntos y volvi&oacute; a pasar lo mismo. Solo que al despertar su mano segu&iacute;a all&iacute;, pero ahora jugando con mi pez&oacute;n. No supe qu&eacute; decir e hice como que me despertaba. &Eacute;l retir&oacute; su mano.<\/p>\n<p>Y as&iacute;, en medio de la quietud y la soledad, nos sumerg&iacute;amos en una danza delicada de deseos y secretos compartidos. Cada gesto, cada mirada, era una peque&ntilde;a chispa que encend&iacute;a el fuego de nuestra pasi&oacute;n. Pero en aquel momento, mientras dorm&iacute;amos juntos por el fr&iacute;o, nuestros cuerpos se acercaban cada d&iacute;a m&aacute;s.<\/p>\n<p>Era en esos momentos &iacute;ntimos, en los que la oscuridad se desvanec&iacute;a y solo qued&aacute;bamos nosotros dos, cuando pod&iacute;a vislumbrar un futuro en el que nuestras almas se liberaran de las cadenas del miedo y el rechazo. Una promesa t&aacute;cita se hab&iacute;a tejido entre nosotros, una promesa de explorar juntos los senderos inciertos del amor.<\/p>\n<p>Sin embargo, el destino es caprichoso y los secretos, aunque guardados con celo, siempre amenazan con salir a la luz. &iquest;Podr&iacute;a reunir el coraje suficiente para desvelar mis verdaderos sentimientos?<\/p>\n<p>El invierno se extend&iacute;a ante nosotros, y en los d&iacute;as por venir, tendr&iacute;a que encontrar las respuestas que habitaban en lo m&aacute;s profundo de mi coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Una noche de mucho frio y viento en la que la puerta parec&iacute;a partirse, decid&iacute; ir m&aacute;s all&aacute; y me acost&eacute; desnuda. En la oscuridad pude sentir su cuerpo detr&aacute;s de m&iacute;. &Eacute;l puso su mano en mi pecho y empez&oacute; a jugar. Estir&eacute; mi mano hasta sentir su miembro por vez primera. Era grande y grueso. Como lo imaginaba. Se subi&oacute; encima de m&iacute; y me penetro mientras me besaba.<\/p>\n<p>A partir de aquel momento, nuestra relaci&oacute;n floreci&oacute; en una pasi&oacute;n incontenible. Los d&iacute;as se convirtieron en una sucesi&oacute;n de momentos compartidos, donde las risas y las caricias se entrelazaban con las palabras susurradas al o&iacute;do. Descubrimos el amor en su m&aacute;xima expresi&oacute;n, explorando los rincones m&aacute;s profundos de nuestro ser y encontrando en el otro un refugio de ternura y complicidad.<\/p>\n<p>Cada d&iacute;a nos amamos mas y mas y aprend&iacute; todo sobre &eacute;l y el todo sobre m&iacute;.<\/p>\n<p>La caba&ntilde;a, que una vez fue testigo de nuestras miradas cargadas de secretos, se convirti&oacute; en el escenario de un amor desenfrenado. El fuego de la chimenea nos acompa&ntilde;aba en nuestras noches de pasi&oacute;n, mientras las llamas danzaban al comp&aacute;s de nuestros cuerpos entrelazados.<\/p>\n<p>Las estaciones pasaron, y el invierno dio paso a la primavera. Nuestro amor floreci&oacute; como las flores en los prados alpinos, llenando nuestros d&iacute;as de colores vivos y fragancias embriagadoras. En aquel rinc&oacute;n m&aacute;gico, lejos del bullicio del mundo exterior, encontramos un para&iacute;so donde el tiempo se deten&iacute;a y solo exist&iacute;amos &eacute;l y yo.<\/p>\n<p>Ahora solo quiero tener su miembro en mi boca. Todav&iacute;a no me animo a ped&iacute;rselo. No quiero que deje de respetarme y necesito sentirlo adentro m&iacute;o todas las noches. A veces tengo la suerte de que me despierte con su enormidad dentro de m&iacute; y me siento llena y plena. Soy feliz.<\/p>\n<p>&#8230;.<\/p>\n<p>Puedo recibir correcciones o comentarios en:<\/p>\n<p>juansebasianbenedetti@gmail.com.<\/p>\n<p>En este relato intent&eacute; indagar en las ilustraciones del entorno, tratando de que sea ese entorno un personaje fundamental.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>7 A&ntilde;o 1878. Vivimos en esta caba&ntilde;a, mi hermano y yo, en medio de las monta&ntilde;as nevadas de los Alpes. Nuestra relaci&oacute;n se construy&oacute; sobre una amistad profunda y sincera. Nos quedamos solos en la casa de nuestros abuelos. 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