{"id":42000,"date":"2023-05-19T22:00:00","date_gmt":"2023-05-19T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-19T22:00:00","modified_gmt":"2023-05-19T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-9","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-9\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (9)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42000\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>12: 57 P.M. 31.5&deg; Celsius y 64% de humedad. Qu&eacute; d&iacute;a tan diferente, tan especial. &iexcl;Ni muy nublado ni completamente despejado! Mi esposo da los &uacute;ltimos mordiscos al crocante patac&oacute;n y en mi plato reposan los restos espinados del &laquo;Piska kora&raquo; bien asado con el que Kayra me sorprendi&oacute;. Arroz con coco, papitas fritas y patacones, complementaron su excelente receta.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ufff, que calor! &mdash;Le hago el comentario a Camilo y veo en su frente el sudor. Una gotita baja de su sien huyendo hacia el p&oacute;mulo, continuando el recorrido de una anterior, girando por la esquina derecha de su ment&oacute;n, tentada a caer.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, Melissa, tienes raz&oacute;n. Si deseas puedes darte una ducha mientras yo recojo la mesa. &iexcl;Hay toallas en!&hellip; Bueno, t&uacute; sabes d&oacute;nde est&aacute;n. Anda, ve y te refrescas. Est&aacute;s en tu casa. &mdash;Le respondo con amabilidad, d&aacute;ndole la raz&oacute;n. El almuerzo nos ha dejado m&aacute;s que satisfechos. Kayra se ha esmerado en prepararnos un exquisito Pargo rojo y esos patacones crujientes le quedaron&hellip; hummm, sencillamente espectaculares.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;En serio? &iquest;Me puedo duchar? Me gustar&iacute;a darme ese ba&ntilde;o, muchas gracias. &mdash;Le miro con cari&ntilde;o, agradecida con su actitud conciliadora, &ndash;con la mirada de siempre&ndash; aunque no s&eacute; si mi esposo es consciente de ello.<\/p>\n<p>Mariana, con su rozagante rostro, quiz&aacute;s un poco ruborizada, me agradece colocando esa amorosa mirada, la que sol&iacute;a obsequiarme cada vez que yo hac&iacute;a o dec&iacute;a algo con el fin de satisfacerla y que tanto he extra&ntilde;ado. Se pone en pie y antes de retirarse, acaricia mi mano con disimulada ternura, m&aacute;s no pronuncia palabra alguna.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Al empujar la puerta de la habitaci&oacute;n puedo observar el orden con la que la mantiene arreglada y bien alisada encuentro nuestra cama. El juego de s&aacute;banas con dise&ntilde;os geom&eacute;tricos en variados tonos de azul, le dan un toque fresco y juvenil. El aroma a su colonia se mantiene flotando aun en el ambiente y el cuadro sobre la cabecera, pintado al &oacute;leo por nosotros dos a cuatro manos, no lo ha retirado. Nuestra heterosexual imitaci&oacute;n de &laquo;En la cama: El beso&raquo;, la obra de Toulouse-Lautrec. Mi rostro, pintado por &eacute;l y el suyo, por mis manos.<\/p>\n<p>El antiguo armario de madera y chapa de dos puertas, con solo el espejo de la hoja izquierda sobreviviendo a tant&iacute;simos a&ntilde;os de uso est&aacute; cerrado, pero las llaves cuelgan de la cerradura, permitiendo adentrarme en una intimidad que desde hace meses, me es ajena. Y con esta extra&ntilde;a sensaci&oacute;n, &ndash;anteriormente cotidiana&ndash; giro la llave y abro de par en par las puertas, que chirr&iacute;an un poco agudas; un tanto cohibida, desplazo mi mirada por los anaqueles de la mitad para arriba. Su ropa que no es mucha, est&aacute; bien doblada, &ndash;raro en mi marido&ndash; del lado derecho. Al izquierdo esta la m&iacute;a que tampoco es tanta, resguardada del polvo, las polillas y otros bichitos, envueltas con esmero dentro de bolsas transparentes de delgado pl&aacute;stico con cierre herm&eacute;tico.<\/p>\n<p>De la mitad para abajo est&aacute;n los amplios cajones donde guard&aacute;bamos nuestra ropa interior, las medias que por supuesto en este clima, casi nunca us&aacute;bamos y en el de bien debajo, dos juegos de cama y las toallas. A un lado el espacio para los zapatos, donde veo que los tiene bien apilados con tan solo tres pares de zapatillas de diferente color, un par de botas de piel marr&oacute;n &laquo;Brahma&raquo; con suela amarilla y unas chanclas negras de caucho con doble correa.<\/p>\n<p>L&oacute;gicamente no hay zapatos m&iacute;os, pero al fondo observo una peque&ntilde;a caja de cart&oacute;n amarrada tanto a lo largo como a lo ancho, con una cintica roja como si fuese un regalo de alguien, que una vez abierto, sin gustarle lo ha devuelto y ha quedado all&iacute; a medio cerrar. &iquest;Un regalo para mi marido? &iquest;O de &eacute;l para alguien m&aacute;s?<\/p>\n<p>Siento la tentaci&oacute;n de fisgonear un poco m&aacute;s pero escucho los pasos de Camilo, llevando seguramente los platos al fregadero para lavarlos y me contengo. Mejor abro el caj&oacute;n y tomo una de las toallas, la que tiene un gran Mandala estampado con sus figuras magentas, violetas y azules, tan espirituales.<\/p>\n<p>Mis manos deshacen el nudo del cord&oacute;n en mi cintura y por la cabeza me saco el vestido. Hago un doblez a lo largo y lo coloco descuidadamente sobre la cama. No me preocupa quedarme as&iacute;, de hecho tambi&eacute;n libero mis tetas de la opresi&oacute;n del ajustado top blanco y solo me quedo con los &laquo;cucos&raquo; negros puestos. He decidido no cerrar la puerta como mi esposo lo hizo anteriormente, mucho menos la ventana que da al peque&ntilde;o patio de ropas. Si me quiere ver que me vea, &ndash;como me gustar&iacute;a&ndash; aunque lo dudo, pues le escucho ahora tararear &laquo;Girls Like You&raquo; de Maroon Five, mientras enjuaga la loza.<\/p>\n<p>Entre cierro la puerta del ba&ntilde;o, dejando la toalla colgando de la percha atornillada al caoba tablero y descorro la cortina de la ducha. Hay una barra de jab&oacute;n casi nueva y por supuesto un frasco de shampoo, pero ni loca me lo pienso lavar de nuevo. Caen refrescantes por delante las gotas fr&iacute;as, descendiendo desde mi cuello y mis hombros hacia la redondez de mis pechos. Reaccionan mis pezones endureci&eacute;ndose involuntariamente y me giro un poco de izquierda a derecha para empaparlos de una buena vez. Deslizo sin afanes el jab&oacute;n sobre cada una de mis bubis, sosteniendo el peso de su operada redondez en la cuna de mi mano libre, para luego recorrer las axilas, cada uno de los brazos y mis manos.<\/p>\n<p>Espumas blancas rodean mi vientre plano con su hundido ombligo y la suave depresi&oacute;n en mis pocas estr&iacute;as, &ndash;apenas visibles despu&eacute;s de mi embarazo&ndash; reciben la leve presi&oacute;n de la barra de jab&oacute;n. Igual mi cintura estrecha y los conejitos en mis caderas, albergan el mismo trato. La nalgas si me las sujeto y las aprieto con los dedos, despu&eacute;s de enjabonarlas; mis caderas y los muslos, mis pies&hellip; siendo m&iacute;o todo el cuerpo, aqu&iacute; sola con los ojos cerrados, deseando que vuelva a ser de &eacute;l.<\/p>\n<p>Con cuidado de no mojar mis cabellos, voy girando dentro de la ducha, para que el agua borre con la presi&oacute;n de sus chorros, lo que quede del jab&oacute;n. Me siento tranquila y alegre despu&eacute;s de todo, aunque temerosa de enfrentarme a lo que me resta por contarle. Pero pienso en este instante, &ndash;cerrando el grifo&ndash; que no me ha ido&hellip; &iexcl;No nos ha ido tan mal! &iquest;Dudas? Persisten s&iacute;, contin&uacute;an para Camilo muchas y algunas nuevas para m&iacute;.<\/p>\n<p>Se supone que se ha mantenido solo y me han contado que me extra&ntilde;a, que a&uacute;n me ama. Pero&hellip; &iquest;Y Maureen? Ese intercambio de miradas, su cari&ntilde;osa complicidad, ese beso tan sonoro en su mejilla y aquel abrazo&hellip; &iquest;Estar&aacute; esperando a que me vaya rechazada para quedarse aqu&iacute; con &eacute;l? &iquest;Y Elizabeth? Ella podr&iacute;a estar igualmente interesada en mi marido, &ndash;a pesar de estar casada&ndash; demostr&oacute; congeniar bastante con &eacute;l y tuvo adem&aacute;s, la f&eacute;rrea voluntad de no dejarse enredar por la telara&ntilde;a de piropos que Chacho le dec&iacute;a para llev&aacute;rsela a la cama aumentando un rengl&oacute;n m&aacute;s, su lista de conquistas. Lo cual le encant&oacute; de ella, como me lo confes&oacute; hace un rato Camilo, diferenci&aacute;ndola de m&iacute;. &iquest;Seguir&aacute;n en contacto? Y mientras la toalla absorbe la humedad sobre mi cuerpo, siento una gran curiosidad por esa cajita casi escondida qu&eacute; encontr&eacute;. &iquest;Qu&eacute; podr&aacute; contener?<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Mariana se est&aacute; demorando en el ba&ntilde;o, como lo hace usualmente. Mientras tanto preparo dos sencillos pero efectivos &laquo;Indian&aacute;polis&raquo;, algo cargados la verdad. Creo que se me ha pasado la mano con la medida del vodka, que no a si con el Blue Cura&ccedil;ao. Cuatro cubitos de hielo nadando en cada vaso y ya est&aacute;.<\/p>\n<p>Paso de la cocina hasta el porche, insisti&eacute;ndome a m&iacute; mismo en no voltear a mirar hacia mi alcoba, evitar la tentaci&oacute;n de esa puerta abierta, respetando su intimidad y aunque mi coraz&oacute;n si lo desee, mi raz&oacute;n exige bienestar sentimental. Ya suficiente tuve con aquellos recuerdos sobre mi afici&oacute;n por sus pies. La esperar&eacute; sentado, fumando.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Aun envuelto mi cuerpo por la toalla, anudada por la mitad sobre mis pechos, salgo del ba&ntilde;o m&aacute;s fresca y bastante relajada. A mi marido ni lo veo por ah&iacute; y tampoco lo escucho cerca, tan solo la m&uacute;sica sonando proveniente de la sala. He dejado mi bolso en el suelo, &ndash;a un costado del sof&aacute;&ndash; as&iacute; que debo ir por &eacute;l, tal cual como estoy. Camilo est&aacute; fuera, sentado en su silla mecedora fumando y sumido con seguridad en sus pensamientos, no se da cuenta de mi traves&iacute;a. Me regreso a la alcoba, me deshago de la toalla y aterrizan sobre la cama, desnudas pero secas, mis nalgas y a mi lado el bolso, frente a las puertas abiertas del armario.<\/p>\n<p>Hummm, suspiro hondamente al tener frente a mis ojos la tentadora visi&oacute;n de aquella cajita de cart&oacute;n. Imagino que mis brazos se estiran y mis manos la alcanzan. Tengo instalada en mi ADN, la curiosidad desmedida de los felinos, as&iacute; que dando una r&aacute;pida mirada hacia la puerta para confirmar que no existan moros en la costa, sigilosa me arrodillo y la tomo con cuidado. No pesa mucho, pero siento que se desplaza libre algo dentro de ella.<\/p>\n<p>Desanudo la cinta roja y levanto la tapa, para llevarme una sorpresa. Un carrito a escala, r&eacute;plica exacta en miniatura de mi Audi rojo con el techo negro, se encuentra dentro. Se aceleran mis pulsaciones y me echo para atr&aacute;s, soltando la caja repentinamente frente a mis rodillas, para llevar mis manos a la boca, tan abierta por el desconcierto como mis ojos. &iexcl;No, no puede ser posible!<\/p>\n<p>Solo me queda comprobar algo, pero tiemblo de solo pensar que sea cierto. &iexcl;Pufff! Tomo por el techo el modelo, lo levanto y finalmente, &ndash;temiendo hacerlo&ndash; le doy vuelta y compruebo que sobre la parte negra, pintadas en esmalte, se encuentran las dos emes rojas con las cuales Camilo lo marc&oacute; para m&iacute;.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Melissa, por qu&eacute; tanta demora? Se est&aacute;n deshaciendo por el calor los cubitos de hielo del coctel que te prepar&eacute;. &iquest;Te encuentras bien? &mdash;Le pregunto y me pongo en pie, dirigi&eacute;ndome hasta la alcoba.<\/p>\n<p>Me encuentro a Mariana desnuda y de rodillas en el piso, al frente del armario abierto y en sus manos el &laquo;Bburago&raquo; a escala, vuelto al rev&eacute;s. Sus cabellos secos, el rostro p&aacute;lido con un gesto de preocupaci&oacute;n y las curveadas pesta&ntilde;as, humedecidas por unas nacientes l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Fuiste t&uacute;, cierto? &mdash;Le pregunto a mi esposo, al borde de un nuevo llanto.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Yo, qu&eacute;? &mdash;Respondo con rapidez haci&eacute;ndome el distra&iacute;do, frunciendo el ce&ntilde;o, levantando mis hombros y junto a ellos en mis manos, su coctel y el m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No existi&oacute; tal accidente de motocicleta! Lo fuiste a buscar y se pelearon. &iquest;No es as&iacute;? &mdash;Camilo sigue de pie, exactamente recargado contra el marco de la puerta, sin atreverse a dar un paso m&aacute;s, pero cambia de pose, ahora muy recto y petulante, la faz de su cara se transforma y me responde altanero&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Y qu&eacute;, si fui yo! &iquest;Te duele mucho como le quedo la carita? &iquest;Por eso estas llorando?&#8230; &iexcl;No lo puedo creer! &iquest;Por ese hijueputa malparido?&hellip; &iexcl;Si claro! Que m&aacute;s se puede esperar de una mentirosa, falsa, hip&oacute;crita y puta de mierda que aparte de ponerme los cuernos con el tumbalocas ese, decidi&oacute; hacerle regalitos a su amante, entre ellos este modelo que yo&hellip; Melissa&hellip; &iexcl;Yo te regal&eacute;! &mdash;Mariana continua postrada a un metro de m&iacute;, y llorando.<\/p>\n<p>&mdash;Me lo entreg&oacute; Rodrigo cuando puso en mis manos las llaves del Audi que te compr&eacute;. De milagro no terminaste traspas&aacute;ndole a &eacute;l, la propiedad de tu autom&oacute;vil, aunque incontables veces s&iacute; que ocup&oacute; el puesto del piloto, lugar que te pertenec&iacute;a y que nunca me cediste.<\/p>\n<p>Y respiro hondo, trag&aacute;ndome el orgullo. &iexcl;Yo y mis putas cagadas! &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a decir? &iquest;Cu&aacute;l excusa ser&iacute;a ahora valedera? &iexcl;Ninguna por supuesto! Decido quedarme rendida en el suelo, desnuda de mentiras como mi piel, sin fijarme demasiado en sus groser&iacute;as, pues el amor que siento por mi esposo, puede m&aacute;s que sus malas palabras. Lo que me duele m&aacute;s es verme descubierta, por mi propia curiosidad.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Creo que es mejor que te vistas y te marches! No tiene sentido seguir buscando una salida a tu infidelidad. &iexcl;Ya no eres mi esposa ni nada para m&iacute;! &mdash;Con rabia y un inmenso dolor en mi coraz&oacute;n le grito, al no hallar en m&iacute;, la serenidad que tanto me pidi&oacute; mi amigo. Me doy vuelta y sobre el mes&oacute;n de la cocina dejo los dos vasos. En la sala desconecto con furia el cable de alimentaci&oacute;n del mini componente y me hundo en el sof&aacute;&hellip; a llorar en silencio.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Noooo, nooo, no!&hellip; &iexcl;Mi vida!&hellip; &iexcl;Amor, yo!&hellip; &mdash;Le grito cuando lo veo salir furioso de la alcoba. Agitada apoyo mis brazos cruzados al borde de la cama y sobre ellos oculto mi cabeza sin dejar de llorar a mares, entre hipidos, suspiros y una gran falta de aire.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&iexcl;Maldita sea! Lo he perdido ahora s&iacute;, &ndash;pienso&ndash; y no llega a mi mente ninguna soluci&oacute;n. Solo el recuerdo de esa tarde, cuando fui a su casa a buscarlo despu&eacute;s de hablar con Carmen Helena en la oficina y comprobar que entre los dos, efectivamente no hab&iacute;a sucedido nada. &iexcl;Un premio, por tu fidelidad! Sonri&eacute;ndole coqueta le dije cuando le entregu&eacute; en su caja original, negra por detr&aacute;s y amarilla en los costados, pero en el frente con su acr&iacute;lica vitrina, la r&eacute;plica a escala de mi autom&oacute;vil, sin papel de regalo por envoltorio. As&iacute; de simple y de sencilla, sin importarme regalar lo que mi esposo meses atr&aacute;s, al empezar todo este maldito teatro, me hab&iacute;a obsequiado.<\/p>\n<p>Limpio mi humedecida nariz con el antebrazo derecho y empiezo a colocarme de nuevo la ropa. Ya vestida de nuevo guardo el modelo dentro de la caja, lo amarro con la cinta y lo dej&oacute; como estaba, al fondo del armario. Cierro las puertas y echo llave, dejando todo como antes, menos la toalla que esta h&uacute;meda y la llevo conmigo, pasando cabizbaja por la cocina hacia el angosto patio de ropas para colgarla.<\/p>\n<p>Al regresarme, observo a mi esposo sentado en el sof&aacute;. Vencido, llorando derrotado casi en silencio y humillado por m&iacute; culpa tambi&eacute;n. Y yo, sigo con mi llanto y mis lamentos, unidos a los de Camilo, entre espaciados suspiros. Quiz&aacute; sea la &uacute;ltima vez que lo ver&eacute;. &iexcl;Esta vez no pude vencer al destino!<\/p>\n<p>Recojo mi sombrero, las gafas y mi bolso, pero antes de darme la vuelta para salir, extraigo del interior, la carpeta pl&aacute;stica blanca y el sobre de papel amarillo. Se los alcanzo pero mi esposo no quiere recib&iacute;rmelos.<\/p>\n<p>&mdash;Sigo siendo tu esposa. Bueno, hasta ahora. &mdash;Le digo extrayendo del interior de la carpeta, los folios partidos a la mitad de la solicitud de divorcio que mi abogado redact&oacute; y Camilo firm&oacute; sin rechistar, el d&iacute;a antes de marcharse de la casa. Me arrodillo y se los pongo en sus manos.<\/p>\n<p>&mdash;Seguimos estando casados, Camilo. Nunca dej&eacute; que el abogado los presentara ante el notario. Pero eso ya no importa. &iquest;No es verdad? &mdash;De pronto mi marido levanta por fin la cabeza, me mira detenidamente con sus ojos aguados y luego los posa en las blancas p&aacute;ginas, ley&eacute;ndolas con desgano.<\/p>\n<p>&mdash;Ese juguete no significaba mucho para m&iacute;, lo siento pero es la verdad. Nunca jugu&eacute; con carritos ni aviones, mis hermanos nunca me dejaron. Las mu&ntilde;ecas y cocinitas de pl&aacute;stico eran todo en mis juegos, en mi imaginado mundo infantil. Sin embargo s&iacute; que deb&iacute; darme cuenta de que a ti, por ser hombre, te gustaba mucho y te importaba. &mdash;Camilo tira los papeles al piso, pero me escucha con atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Despreci&eacute; tu obsequio y nunca me imagin&eacute; que al regal&aacute;rselo a &eacute;l, ser&iacute;a el motivo final para que me despidas de tu vida. Lo lamento, lo siento mucho, Camilo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Es una maldici&oacute;n entregar a otro, lo que con cari&ntilde;o te han ofrecido! &mdash;Me responde sin a&ntilde;adir nada m&aacute;s, mirando de nuevo al suelo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No empec&eacute; a llorar por &eacute;l! De hecho se lo pronostiqu&eacute; m&aacute;s de una vez. Sab&iacute;a que alg&uacute;n dia, tarde o temprano le iba a suceder, y claramente se lo merec&iacute;a. &mdash;Le digo a Camilo al verlo sentado en el sof&aacute;, encorvado con la cabeza gacha y con sus brazos estirados, descolgados por entre el abismo de sus piernas abiertas, entrelazados sus dedos&hellip; &iexcl;Descargando en l&aacute;grimas, su dolor!<\/p>\n<p>&mdash;Lloraba por m&iacute;, de verg&uuml;enza al verme descubierta por ti de esa manera. Nunca deb&iacute; regalarle ese autito, jam&aacute;s deb&iacute; haberme metido con &eacute;l. Te her&iacute; tambi&eacute;n en aquella ocasi&oacute;n, cuando llegaste a casa feliz para entregarme las llaves del auto nuevo y cuando me entregaste igualmente la caja con ese modelo a escala, y otro id&eacute;ntico para Mateo, sin darle la debida importancia a tu obsequio. Lo dej&eacute; por ah&iacute;, colocado en una estanter&iacute;a de tu biblioteca para que lo vieras unos d&iacute;as y luego de unos meses, cuando estabas de viaje supervisando las adecuaciones de una de las casas que yo hab&iacute;a vendido, limpiando el polvo decid&iacute; guardarlo, debajo de unos cuadros que dej&eacute; pintados a medias, al comenzar a trabajar en la constructora.<\/p>\n<p>&mdash;Claro, por supuesto. M&aacute;s g&uuml;ev&oacute;n yo, pensando que finalmente se lo hab&iacute;as entregado a nuestro hijo. &iexcl;Qu&eacute; est&uacute;pido soy! &iquest;Cierto? &mdash;Y tomo con af&aacute;n, los papeles de piso, junt&aacute;ndolos de nuevo y mir&aacute;ndola, le digo a m&iacute; todav&iacute;a esposa&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Supongo que me tocar&aacute; volver a Bogot&aacute; y tendremos que empezar de nuevo todo esto, desde ceros. &mdash;Le digo decepcionado.<\/p>\n<p>&mdash;Pues si no quieres escucharme ni verme m&aacute;s, como siempre me has dicho Camilo&hellip; &iexcl;Como quieras, quiero! &mdash;Y me marcho, sollozando hacia la casa.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Entro en la cocina para buscar a Kayra, agradecerle sus atenciones y despedirme. Ser&aacute; imposible ocultarle la amargura de mi estado y el rojo en mis ojos, por lo mismo sigo adelante con los lentes puestos.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Kayra? &mdash;Pronuncio su nombre pero sigo sin ubicarla. Tal vez se encuentre arriba en el segundo piso, arreglando las habitaciones, as&iacute; que salgo al comedor y me dirijo hacia las encaracoladas escaleras, centradas frente al amplio sal&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mi ni&ntilde;a! &iquest;Me necesita? &mdash;La escucho hablarme, sin embargo no la veo aparecer en la curva que dibujan los escalones al descender.<\/p>\n<p>&mdash;Pufff &ndash;exhalo&ndash; &iexcl;Me voy! Solo quiero despedirme y agradecerte por todo. &mdash;Tomando aire para tranquilizarme, le respondo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Pero c&oacute;mo as&iacute;? &iexcl;No puede ser! &iquest;Tan r&aacute;pido? &mdash;Y ahora si la observo bajar un tanto apurada, limpi&aacute;ndose las manos con la esquina de su delantal blanco.<\/p>\n<p>Al terminar de bajar las escaleras y colocarse a mi nivel, sin decirle nada, me abrazo a ella, recostando de medio lado mi cabeza sobre su pecho. En seguida siento como la corpulencia de su cuerpo me acoge c&aacute;lida, abraz&aacute;ndome con sus poderosos brazos. Una mano suya, &ndash;creo que la derecha&ndash; me acaricia los cabellos con maternal ternura y ya no puedo detener mis suspiros e inconsolable, tampoco mis sollozos.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, a ver&hellip; Cu&eacute;ntele a esta vieja sus pesares, mi ni&ntilde;a. &iquest;La ofendi&oacute; el joven Camilo? &mdash;Me pregunta y aunque deseo responderle de inmediato, se me atragantan las palabras con las cuales deseo explicarle a Kayra, que mi marido no es culpable. &iexcl;Gagueo y suspiro, lloro y balbuceo! Al momento puedo decirle&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&Eacute;l no&hellip; &iexcl;Mi esposo, no!&hellip; aghhh, fui yo&hellip; Yo, me&hellip; Ehhh, le abr&iacute; las putas patas a otro. &iexcl;Camilo es inocente!&hellip; Y yo, Kayra&hellip; Una hijueputa infiel.<\/p>\n<p>&mdash;Llora mi ni&ntilde;a, llora. Aqu&iacute; estoy a su lado para que vierta sobre m&iacute; hombro, sus desconsoladas l&aacute;grimas. No soy quien la tiene que juzgar, ni tengo porqu&eacute;. Ni siquiera mi ni&ntilde;o. &mdash;Me responde d&aacute;ndome repetidas palmaditas en mi espalda.<\/p>\n<p>&mdash;Por lo visto &eacute;l ya ha dictado su parecer, pero ser&aacute; usted la que tom&eacute; el camino que su decencia le dicte. Si se va ahora y lo deja intranquilo, o si por el contrario levanta su cabeza y se devuelve a su caba&ntilde;a, para en frente del joven Camilo abandonarlo en paz, al confesarle las circunstancias que la envolvieron para hacerle lo que le hizo, y asumir con decoro el destino que usted con su decisi&oacute;n escribi&oacute; para s&iacute;. Y si en ese camino escogido, su esposo no la acompa&ntilde;a m&aacute;s, no lo fuerce ni le desvi&eacute; usted, de la elecci&oacute;n que &eacute;l tom&oacute;. &mdash;Kayra tiene mucha raz&oacute;n, pero el valor se me acobard&oacute; ya dentro de mi inseguro interior, a pesar de dejarlo as&iacute; adolorido, para que otra mujer venga y &eacute;l&hellip; &iexcl;La pueda amar!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pero lo amo! &iquest;Qu&eacute; hago, Kayra? Nunca dej&eacute; de hacerlo y nunca lo dejar&eacute; de amar. &mdash;Le respondo pero contin&uacute;o aferrada a ella, con mi apenado llanto.<\/p>\n<p>&mdash;Si lo ama, como me dice, creo entender que entre usted y &eacute;l, no existieron contrariedades graves, por lo tanto no comprendo&hellip; &iquest;Qu&eacute; necesidad ten&iacute;a usted de buscar problemas, deshaciendo sabanas de otro camastro? &mdash;Y al terminar su pregunta me aparta de ella, tom&aacute;ndome por los hombros, para luego retirar con sus gruesos dedos, mis lentes de sol y auscultar con sus iris negros, los enrojecidos ojos m&iacute;os.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Un error! Un tentempi&eacute; ni dulce ni salado. Nunca fue fuego que me hiciera arder, una brizna encendida, que al final me quem&oacute;. &mdash;Le explico.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y le dur&oacute; mucho la calentura, mi ni&ntilde;a? &mdash;Me pregunta Kayra, con un desacostumbrado gesto de seriedad.<\/p>\n<p>&mdash;No mucho, porque tampoco dese&eacute; darle muchas largas. Apenas lo suficiente para que dejara en paz a una amiga y darle un escarmiento, haciendo que se enamorara de m&iacute;. Pero ya ves, al final logr&eacute; completar una de esas metas, la otra la consegu&iacute; a medias. Y esas pocas veces fueron suficientes para desarmar las bases de mi hogar. &iexcl;Camilo no me va a perdonar nunca! Y jam&aacute;s, lo olvidar&aacute;. &mdash;Ahora soy yo quien tras terminar de hablar, le acaricio el rostro y empin&aacute;ndome un poco, beso su mejilla izquierda.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Te quiero mucho, Kayra! No te olvidar&eacute; y prometo llamarte de vez en cuando. &iquest;Y Maureen ya se fue? Me gustar&iacute;a darle un abrazo y hacerle prometer que cuidara muy bien de Camilo. &mdash;Le pregunto, pero ella primero gira levemente su cabeza hacia la izquierda, luego se le forma una H en la mitad de su frente, justo encima de la nariz e inquisidora, aguza su mirada como intuyendo hacia donde van mis palabras.<\/p>\n<p>&mdash;Maureen sali&oacute; hace rato, acompa&ntilde;ada por ese par de inmorales caprichosos. Pero si no se encuentran por ah&iacute;, con gusto se lo dir&eacute;. Siempre ser&aacute; bien recibida en esta casa. El se&ntilde;or William la extra&ntilde;ar&aacute; tambien. Y por el joven Camilo&hellip; &iexcl;Descuide que entre todos lo cuidaremos bien!<\/p>\n<p>&mdash;Gracias por todo, Dushi querida. &iexcl;Dios te bendiga! &mdash;Con esas palabras me despido y aunque espero que Kayra me escolte hasta la salida, no lo hace y se da la vuelta para dirigirse hacia la cocina. Me enfrento de nuevo al sol de estas tardes, protegida por mi sombrero y la oscuridad de mis lentes.<\/p>\n<p>Abro la puerta de madera y tras de m&iacute; se queda mi marido y yo sin &eacute;l, mi felicidad sin la suya y de paso le incumplo la promesa a nuestro peque&ntilde;o hijo. &iquest;Qu&eacute; le dir&eacute; cuando me vea llegar sola, sin su amado papito agarrado de la oreja?<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Sumido en los dolorosos recuerdos que me dej&oacute; Mariana, con las manos tapando mis o&iacute;dos intentando no escuchar mis pensamientos, escucho de nuevo algo af&oacute;nicos los golpes en la madera del marco de mi puerta&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Joven Camilo? &iquest;Podr&iacute;a intercambiar con usted, algunas palabras?<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto. Claro que s&iacute;, desde que no sea algo que tenga que ver con ella. Ya se march&oacute; y espero que no vuelva.<\/p>\n<p>&mdash;No se mienta y mejor mu&eacute;rdase esa lengua, mi ni&ntilde;o. No desee para usted un mal que despu&eacute;s con el tiempo, no lo podr&aacute; reparar. La se&ntilde;ora Melissa se va a ir de nuevo sola y lastimada. Y usted aqu&iacute; se va a quedar con m&aacute;s nubes negras, que con su cielo despejado. Creo mi ni&ntilde;o que es mejor salir de estas cuatro paredes de madera y se d&eacute; prisa para buscarla, no vaya a ser que su mujer cometa alguna locura. Se ha ido con el coraz&oacute;n en el pu&ntilde;o, sin conseguir lo que vino a buscar.<\/p>\n<p>&mdash;Pero Kayra, si yo no hice nada. &mdash;Le comento levant&aacute;ndome del sof&aacute; y ella me responde con su caribe&ntilde;a sabidur&iacute;a&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Precisamente mi ni&ntilde;o, bien lo dice su alma buena. &iquest;Va a dejarla ir, sin hacer lo que al abandonarla, tuvo que hacer primero? Usted debi&oacute; preguntarle con la raz&oacute;n y ella responderle desde el coraz&oacute;n. Usted escucharla desde el comienzo y luego mi ni&ntilde;o, decirle al final lo que sent&iacute;a. Y ella, y de eso estoy muy segura joven Camilo, con resignaci&oacute;n le iba a o&iacute;r, acatando su parecer. &mdash;Mi negra hermosa se acerca, con sus manos carrasposas y trabajadoras me acaricia las mejillas, limpiando con sus blancas palmas mis cristalinas l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>&mdash;Es usted un hombre bueno, inteligente y servicial. &ndash;Contin&uacute;a habl&aacute;ndome cari&ntilde;osa. &ndash; &iexcl;Amoroso con su hijo, con su mujer y los amigos! No es menos hombre que ning&uacute;n otro, mucho menos de ese aparecido amante. &iexcl;Val&oacute;rese! Y no tenga miedo de perderla, mi ni&ntilde;o, porque en sus ojos azules acabo de ver la tristeza que le produce alejarse de usted, y no es m&aacute;s que la clara se&ntilde;al de que el hombre que ella ama en verdad, es este que mis ojos est&aacute;n mirando ahora y que alg&uacute;n d&iacute;a se los comer&aacute;n los gusanos. &iexcl;Y nunca fue ese otro! &mdash;Me abraza con fortaleza, rode&aacute;ndome de su aroma, confront&aacute;ndome con sus palabras.<\/p>\n<p>&mdash;No se trata de barrer todo el polvo de la casa, si por pereza de botar los desperdicios a la basura de lo que le han hecho a su hogar, decide nada m&aacute;s levantar la esquina del tapete de la entrada y esconder la mugre all&iacute;, esperando que en los tiempos del olvido, la fortuna tarde o temprano los desaparezca. &mdash;Se aparta y prosigue.<\/p>\n<p>&mdash;Joven Camilo, usted la ama y aunque est&aacute; en su derecho de apartarla de su vida, para restablecerse por completo y hacerlo a conciencia, quedando en paz con usted mismo, alc&aacute;ncela y dej&eacute; que ella le explique porque decidi&oacute; jugarse su prestigio de mujer bien casada, en ese juego de locas pasiones, que como puede usted ver, lo apostado lo perdi&oacute; buscando algo que ten&iacute;a ganado en casa. &mdash;Sin remedio, al escucharla se me hace un nudo en la garganta y con mi voz entrecortada por el llanto le comento mis temores.<\/p>\n<p>&mdash;Pero es que yo&hellip; Me va a doler Kayra. Tengo miedo de escucharla y de saber&hellip; &iquest;Y si no fui para ella suficiente?<\/p>\n<p>&mdash;Mi ni&ntilde;o, no se preocupe por eso. Duele el amor porque esa es la ley de la vida. Tiene todos los bonitos colores del arco iris, aunque se vea tan solitario en un dia gris. Y no solo ser&aacute; de ese azul que tanto le gusta a usted. Vaya mi ni&ntilde;o, vaya. Y demu&eacute;strese que tanto vale usted y que tan grande es su amor&hellip; &iexcl;Para su mujer!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Encontr&eacute; aliento en las palabras de mi negra hermosa, s&iacute;, pero a mis piernas aun no parec&iacute;a llegar la orden desde mis neuronas, en claro conflicto con el palpitar de mi coraz&oacute;n. Me muevo lento bajando por la calle, pero con ganas de verla en la distancia, aunque no la encuentra mi mirada. Quiz&aacute;s hubiera tomado un taxi, y no me enter&eacute; de en cual hotel se hospedaba. Sin embargo al llegar a la esquina, la veo sentada en el and&eacute;n a mitad de la poco transitada calle Frederikstraat. Dejando pasar una minivan blanca y un sed&aacute;n rojo con la pintura perjudicada por el sol, me voy acercando y observo como busca desesperada algo dentro de su bolso negro.<\/p>\n<p>&mdash;Hola de nuevo, Melissa. &iquest;Qu&eacute; se te perdi&oacute;? &mdash;Le pregunto y Mariana sin levantar la vista, no me responde porque no quiere, o sencillamente no se ha dado cuenta de que estoy justo al pie, pero parece murmurar algo consigo misma.<\/p>\n<p>&mdash;No te tendr&eacute;&hellip; No tengo nada&hellip; Ni un puto cigarrillo. &iexcl;Maldita sea!<\/p>\n<p>Entonces saco del interior de mi mochila sus dos paquetes nuevos de Parliament y se los pongo en frente de su rostro. Levanta su cabeza y me sonr&iacute;e, pero no las recoge de mis manos. Sopla m&aacute;s fuerte el viento y entonces si reacciona, llevando su mano izquierda a la cabeza para mantener en su sitio, el sombrero de paja.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Melissa, estas bien? &mdash;Preocupado le pregunto.<\/p>\n<p>&mdash;Dentro de lo que cabe, si, por supuesto. Ahh y gracias por los cigarrillos, estaba que me fumaba. &mdash;Extiende su mano derecha y se los coloco ah&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Has venido a buscar respuestas? &mdash;Le pregunto a Camilo sin mirarlo, mientras rasgo el celof&aacute;n del empaque de mis cigarrillos. &mdash;Sigue mudo y le hablo.<\/p>\n<p>&mdash;Fue la tercera vez que me acost&eacute; con &eacute;l. &mdash;Recordando, hablo en voz alta.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;&iexcl;Qu&eacute;!? &iquest;De qu&eacute; est&aacute;s hablando, Melissa?<\/p>\n<p>&mdash;El d&iacute;a anterior, le hab&iacute;a prometido un premio si se comportaba como un caballero con K-mena. Si rechazaba las est&uacute;pidas intenciones de mi amiga. No era exactamente con lo que &eacute;l pretend&iacute;a que le recompensara su &laquo;fidelidad&raquo;. &mdash;Y entrecomillo con los dedos de ambas manos, la &uacute;ltima palabra. Camilo aprieta la mand&iacute;bula con fuerza, y se acomoda sobre el hombro izquierdo, el ancho tejido de la correa de su mochila.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;&Eacute;l quer&iacute;a darme por el culo! Al igual que t&uacute; y que muchos hombres m&aacute;s. Le encantaba la forma de durazno de mis nalgas, la textura suave y su dureza. Y deliraba con la idea de poder met&eacute;rmelo por atr&aacute;s, sobre todo por la fascinaci&oacute;n que le caus&oacute; saber que yo era virgen por all&iacute;. &iexcl;Quer&iacute;a ser el primero y el &uacute;nico! Cuando le entregu&eacute; en sus manos ese carrito, aunque no se alegr&oacute; del todo, si pude observar en el verde oliva de sus ojos, ese brillo de felicidad que colocan los ni&ntilde;os cuando reciben su regalo. &mdash;Llevo el enrollado tabaco a mi boca y luego de medio lado, elevo mi rostro para mirar a Camilo y preguntarle&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y mi encendedor? &mdash;Me pregunta, levantando el negro marco de sus lentes.<\/p>\n<p>&mdash;Lo tienes en tu otra mano. &ndash;Y Mariana se r&iacute;e de su torpeza. &ndash;Creo que los dos necesitamos hablar&hellip; Yo&hellip; Necesito saber la verdad. &mdash;Re&uacute;no el valor suficiente y se lo digo, tal cual Kayra y Rodrigo me dijeron.<\/p>\n<p>&mdash;Me parece bien, si quieres vamos andando y hablamos. &mdash;Le respondo mientras acerco la llama de mi encendedor al extremo del cigarrillo. Y como no me dice nada, pues lo amenazo.<\/p>\n<p>&mdash;Te lo voy a contar todo, con pelos y se&ntilde;ales. Si ya me estas odiando, quiero que sepas bien como pas&oacute;, a pesar de que te va a doler como un putas&hellip; &iexcl;Para que me aborrezcas bien!<\/p>\n<p>&mdash;De acuerdo. Uhum, me parece excelente. &mdash;Le respondo un poco sorprendido por su cambio repentino de actitud o&hellip; &iquest;Personalidad?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y esa mochila? &mdash;Se me hace raro verlo as&iacute;, con ese bolso de tela marr&oacute;n y beige, que le llega a la cintura. Mi esposo me tiende su mano, la tomo para levantarme y echar a andar.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; &iquest;Esta? Me la regal&oacute; Maureen al mes de llegar, cuando me acompa&ntilde;&oacute; a comprar los v&iacute;veres. &mdash;Le respondo con naturalidad.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ahh caray! Est&aacute; bien bonita. &iquest;Es Wayuu? &mdash;Pregunto para distensionar un poco el ambiente tras haberle expuesto aquel recuerdo, que con seguridad le supo a hiel.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. Es artesan&iacute;a original. Y&hellip; &iquest;Cu&aacute;ntas veces, Melissa? &iquest;Muchas? &mdash;Aunque me duela, tengo la necesidad de saberlo. &iexcl;Masoquista que es uno!<\/p>\n<p>&mdash;Varias, s&iacute;. No tantas como te imaginas ni como &eacute;l ansiaba. Si por Nacho fuera, nos la pasar&iacute;amos culeando dia y noche, donde fuera. Te dir&eacute; que lo hice con &eacute;l, las veces suficientes. &iexcl;Las necesarias! &mdash;Si su intenci&oacute;n es restregarme la traici&oacute;n, pues yo no me voy a amilanar por eso. &iexcl;Del ahogado, el sombrero!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? &iquest;Necesarias para qu&eacute;? &mdash;Se nota m&aacute;s altiva, m&aacute;s segura de s&iacute; misma, y m&aacute;s directa en sus respuestas.<\/p>\n<p>&mdash;Para que Nacho se enamorara de m&iacute;. &mdash;Le respondo en un tono suave pero pleno de sinceridad. Camilo sigue caminando a mi lado pensativo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&iquest;Enamorarlo? Me quedo de una sola pieza, abstra&iacute;do aqu&iacute; a un paso por detr&aacute;s de ella, mientras dejan de transitar los veh&iacute;culos y por un momento se hace silencio entre los dos, solo roto por el cotorreo de una pareja de loritos verdes apostados sobre un cable de la energ&iacute;a, &ndash;en un poste cercano&ndash; distanciados uno del otro, como ella lo est&aacute; de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y t&uacute;? &iquest;Cu&aacute;ntas veces lo has hecho con ella? &mdash;Le digo, reclamando su atenci&oacute;n, casi llegando los dos a la esquina de la calle Breedestraat y en frente est&aacute; el bar donde sol&iacute;amos pasar algunas noches bebiendo algunas &laquo;Polar&raquo;, para calmar la sed.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Qu&eacute;! &iquest;Con qui&eacute;n? &iquest;De qu&eacute; hablas? &mdash;aquella aseveraci&oacute;n me intriga, pero creo saber por qu&eacute; y sobre qui&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;De Maureen, por supuesto. &iquest;Existen otras m&aacute;s? &ndash;De una vez se lo pregunto pues necesito sacarme esa espinita. &ndash; &iquest;Te puedo invitar a unas cervezas? &mdash;Le consulto y antes de que me responda, me cruzo la calle dirigi&eacute;ndome al lugar.<\/p>\n<p>&mdash;Ni una sola vez con ella&#8230; &iexcl;Hasta ahora! Solo se ha quedado a dormir junto a m&iacute;, unas pocas tardes. Solo unas horas Melissa, nada importante. Es menor de edad todav&iacute;a, a pesar de que en un mes cumpla diez y ocho. Y no, no he estado con otras mujeres.<\/p>\n<p>&mdash;Humm&hellip; &iquest;En serio? Tranquilo, si te quedaron gustando los virguitos por m&iacute; est&aacute; bien, no pasa nada. &iexcl;Fresco! Est&aacute; muy claro que no me debes lealtad. &mdash;No dejo que me responda, subo los cuatro escalones de concreto y entro en el bar, para luego dirigirme al cantinero&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Bon tardi &iquest;Y d&oacute;nde est&aacute; Ernesto? &mdash;Pregunto al muchacho &laquo;buenorro&raquo; que atiende pues no lo veo por ah&iacute; y quer&iacute;a saludarlo.<\/p>\n<p>&mdash;Buenas tardes, se&ntilde;ora. Ehhh, don Ernesto sali&oacute; hace media hora. Pero no creo que demore en regresar. &iquest;Quiere usted que lo llame? &mdash;Me pregunta el cantinero de manera cordial.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes bizcocho, muchas gracias. Solo quer&iacute;a ver como se encuentra. A ver, a ver&hellip; Necesito dos &laquo;Amstel&raquo; bien fr&iacute;as, por favor. &mdash;Le solicito sonriente y gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Claro que s&iacute;! &iquest;De cu&aacute;l prefiere la se&ntilde;ora? &iquest;Original, Oro o sin alcohol?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Melissa!&hellip; No me gusta que me llamen se&ntilde;ora, o&hellip; &iquest;Es que me ves muy vieja para ti? &iexcl;Jajaja! &mdash;Y le extiendo mi mano para saludarlo. El joven se turba un poco pero sin dejar de sonre&iacute;rme coqueto, me la recibe con algo de firmeza. Tiene las morenas manos algo h&uacute;medas y fr&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que mejor s&iacute;rveme dos de las que contienen zumo de lim&oacute;n. Y de nuevo muchas gracias, Dushi querido. &mdash;La cuesti&oacute;n es calmar la sed y no emborracharme para poder contarle con claridad a Camilo, lo que tanto desea saber.<\/p>\n<p>Solo quedan dos mesas libres, ubicada una cerca de la entrada y otra m&aacute;s en el fondo del local, con la suficiente privacidad para continuar hablando, &ndash;con la bandera de Colombia, justo encima del barandal&ndash; a pesar de que se encuentre cerca a los ba&ntilde;os. Pero es que adem&aacute;s, tiene el silencioso ventilador de aspas color marfil, exactamente sobre ella. Y sin preguntarle me dirijo hasta all&iacute;, colgando en el respaldo del asiento mi bolso, en una silla pl&aacute;stica deposito mi sombrero y en el centro de la mesa, los lentes, mis cigarrillos y el encendedor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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