{"id":42061,"date":"2023-05-24T22:00:00","date_gmt":"2023-05-24T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-24T22:00:00","modified_gmt":"2023-05-24T22:00:00","slug":"futuro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/futuro\/","title":{"rendered":"Futuro"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42061\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 4<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>A las siete de la ma&ntilde;ana, en cuanto ha sonado el despertador, la candidata a la alcald&iacute;a Conchita Dasolo ha abierto los ojos. A&uacute;n no es de d&iacute;a, as&iacute; que enciende la lamparita de noche y apaga el despertador. Conchita mira a un lado de la cama y ve a su marido dormido. Conchita suele acostarse con un pijama short con camisa; sin sujetador por supuesto. Conchita sabe que tendr&aacute; un d&iacute;a muy ajetreado; quiere follar para relajarse. Mira otra vez a su marido. Decide foll&aacute;rselo. Conchita retira la s&aacute;bana, alza las piernas para quitarse los shorts y las braguitas. Primero, piensa, debe empalmar a su marido; as&iacute; que mete su mano bajo el calz&oacute;n de este y acaricia la polla. Su marido dice: &quot;Qu&eacute;&quot;. Pero &eacute;l ya sabe. Mientras la polla va creciendo y endureci&eacute;ndose, Conchita se quita la camisa dejando libres sus carnosas tetas. Termina por quitarle el calz&oacute;n a su marido y subirse a &eacute;l. Coloca bien sus formidables muslos en uve sobre el pubis de su marido y se introduce la polla en el co&ntilde;o. Luego bota. Siente el placer al instante: el cl&iacute;toris est&aacute; plenamente excitado y roza estrechamente la invasiva dureza. &quot;Aahh&quot;, gime Conchita lastimeramente. &quot;Aahh, aahh&quot;, grita ahora. Su marido se deja hacer y jadea complacido. &quot;Aahh&quot;, grita m&aacute;s alto Conchita sintiendo ya los primeros espasmos del orgasmo que le est&aacute; sobreviniendo. &quot;Aahh, aahh, aahh&quot;, se desga&ntilde;ita cuando se corre. Se detiene Conchita y se derrumba sobre el torso de su marido. &quot;Oye, &iquest;te has corrido?&quot;, alcanza a decir Conchita; &quot;S&iacute;&quot;, la escueta respuesta de su marido. Despu&eacute;s se yergue y se sonr&iacute;e. Desmonta de su marido y se dirige a la ducha pensando en las pretendidas bondades de esta vida conyugal.<\/p>\n<p>&quot;Y sobre todo cuando votes piensa en el futuro&quot;. Con estas palabras termina Conchita Dasolo su discurso en el recinto situado en un parque, al aire libre, ante casi quinientas personas. Conchita oye los aplausos y aplaude ella tambi&eacute;n; oye los v&iacute;tores: &quot;&iexcl;Viva, Conchita!&quot;, &quot;&iexcl;Viva, Dasolo!&quot;; y r&iacute;e mirando a sus seguidores como si los conociese desde siempre. Uno de sus compa&ntilde;eros en la lista electoral, el m&aacute;s joven, el que est&aacute; m&aacute;s cerca de ella, acerca su cara y le susurra al o&iacute;do: &quot;Muy bien, candidata&quot;. Ella le mira y sigue riendo, feliz. Luego va bajando de la tarima y saluda a diestro y siniestro, repartiendo besos, apretones de manos y abrazos. Sube al coche, que se encuentra aparcado cerca y sube en compa&ntilde;&iacute;a de otros compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de partido. &quot;Lo hemos petado&quot;, comenta uno de ellos; &quot;S&iacute;, ha sido un buen mitin&quot;, dice otra; &quot;Va a ser exitosa esta campa&ntilde;a, ver&eacute;is&quot;, dice otro; &quot;Y si te desabrochases alg&uacute;n bot&oacute;n de la camisa conseguir&iacute;amos m&aacute;s votos&quot;, dice ese que ten&iacute;a tan cerca durante su aparici&oacute;n en el auditorio; &quot;Oye, no seas machista&quot;, comenta una; &quot;Joder, no acept&aacute;is una broma&quot;, replica jocoso el anterior mientras gui&ntilde;a un ojo a Conchita, que baja la vista y observa su escote, donde el canalillo asoma. Conchita advierte: &quot;Para acudir a estos eventos hay que venir orde&ntilde;ados&quot;. Se dirige a los hombres, claro, y todos se carcajean.<\/p>\n<p>En el despacho, sentada frente al escritorio, Conchita se relaja. Ha comprado un refresco en una m&aacute;quina expendedora y se lo est&aacute; bebiendo mientras mira los videos que la gente ha subido a las distintas redes sociales. Se ha fijado en una cosa. Algo que no hab&iacute;a notado cuando hab&iacute;a estado hablando en p&uacute;blico. Su compa&ntilde;ero, ese que ten&iacute;a tan cerca, cu&aacute;l era su nombre, s&iacute;, Alberto, no hab&iacute;a dejado de mirarla durante todo el tiempo. Se la hab&iacute;a comido con la mirada, literalmente, habiendo repasado cada contorno de su cuerpo. De pronto dio un respingo al o&iacute;r la puerta de su despacho abrirse y ver la figura de Alberto. &quot;Hola, Conchita&quot;; &quot;Qu&eacute; tal, Alberto, qu&eacute; te trae por aqu&iacute;&quot;; &quot;T&uacute;&quot;. Conchita est&aacute; nerviosa. En fin, Alberto est&aacute; bueno, pero&#8230; &quot;Mira, Alberto, soy una mujer casada&quot;; &quot;&iquest;Y?&quot;. &quot;&iquest;Y?&quot;, eso mismo se pregunta ella. Entonces piensa en las palabras que Alberto pronunci&oacute; durante el trayecto en el coche y se desabotona un bot&oacute;n de la camisa, s&oacute;lo uno. Gesto que Alberto interpreta como una aceptaci&oacute;n y que le hace avanzar unos pasos harta estar frente a ella. La mesa los separa. Ella se levanta de la silla y rodea el mueble hasta situarse junto a &eacute;l. &Eacute;l adelanta sus manos y contin&uacute;a la labor de desabotonar la camisa que ella hab&iacute;a empezado. Cae la camisa al suelo y la sigue el sujetador. Lo siguiente es que Alberto ha metido su cabeza entre las tetas de Conchita y se las est&aacute; chupando y mordiendo con hambre atrasada mientras susurra: &quot;Conchita, Conchita&quot;. Las hermosas tetas de Conchita se funden con los labios de Alberto y los oscuros pezones humedecidos por la saliva despiertan. Est&aacute; excitada Conchita y busca la polla de Alberto. Para ello se arrodilla y le baja el pantal&oacute;n y los calzones. Sale la polla pujante; es una polla grande y preciosa, como nunca hab&iacute;a visto a sus cuarenta y cuatro a&ntilde;os; y Conchita no duda ni un segundo en abarcarla con la boca y mamarla. Suenan las chupadas de Noelia en el despacho, suenan los suspiros y jadeos de Alberto. &quot;Oh, s&iacute;, Conchita, sigue, sigue, oohh&quot;. La lengua se Conchita se mueve por el glande, por el frenillo. Conchita da por hecho que Alberto se va a correr porque la dureza de su polla as&iacute; se lo indica, as&iacute; que acaba por engullir la polla y empujar hasta que siente el chorro caliente en su lengua. &quot;Uff, Conchita, qu&eacute; bien la chupas&quot;, le dice Alberto cuando la ayuda a incorporarse sujet&aacute;ndola por las axilas; &quot;Gracias, Alberto&quot;, sonr&iacute;e Conchita picarona. Alberto le planta una serie de besos m&aacute;s en las tetas como muestra de cari&ntilde;o y dice: &quot;Ganaremos, candidata&quot;.<\/p>\n<p>No han ganado, ni mucho menos. Conchita se retira cansada a su casa despu&eacute;s del recuento y se abraza a su marido, que la consuela. Conchita se desnuda en el dormitorio conyugal y se apresta a recibir la polla de su marido. Exhibe ante un espejo su cuerpo bien formado provisto de las curvas necesarias para que un hombre se excite. Se acuesta, se abre de piernas y espera. Pero no es su marido el que entra y se desnuda, sino Alberto. &quot;Alberto, &iquest;qu&eacute; haces aqu&iacute;?&quot;; &quot;Conchita, qu&eacute; buena est&aacute;s&quot;; &quot;&iquest;Qu&eacute; haces aqu&iacute;?&quot;; &quot;El futuro, Conchita, el futuro, &iquest;recuerdas?&quot; Este es el futuro y su marido no est&aacute;. A cambio tiene a un joven semental como Alberto que la penetra con entusiasmo y la hace enloquecer de placer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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