{"id":42082,"date":"2023-05-26T22:00:00","date_gmt":"2023-05-26T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-26T22:00:00","modified_gmt":"2023-05-26T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-11","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-11\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (11)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42082\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>11. &iquest;Serendipia? o &iquest;Cat&aacute;strofe?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;As&iacute; que por eso fue todo? Un resarcimiento por&hellip; &iquest;Haber aceptado que empezaras a trabajar? &mdash;Le respondo cuestion&aacute;ndola y me echo de nuevo hacia atr&aacute;s en la silla, llevando a mi boca el envase de cerveza para beber dos r&aacute;pidos sorbos, como si la sed los persiguiera sin piedad.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;S&iacute;, en parte! Pero es que adem&aacute;s para ti era una fecha muy especial. &iquest;No me vas a salir ahora con qu&eacute; no te gust&oacute;? &iexcl;Porque eso s&iacute; que no te lo creo, Camilo! &mdash;Le preciso, enfatizando la oraci&oacute;n con el movimiento circular de mis manos frente a su rostro, a la vez que de un buen sorbo termino tambi&eacute;n con mi cerveza, y al igual que &eacute;l, doy fuego a un nuevo cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Esa noche, antes de que dieran las doce campanadas, cual cenicientas, ya est&aacute;bamos ingresando a la sala de estar en nuestra casa y t&uacute;, Melissa, ten&iacute;as una mirada diferente; hasta tu andar de siempre, tan sobrio y elegante era distinto, exagerando la oscilaci&oacute;n de tus caderas, mir&aacute;ndome de soslayo con picard&iacute;a y recuerdo que llegu&eacute; a pensar que era por culpa del alcohol. Te dirigiste de inmediato hacia las ventanas que permanec&iacute;an con las cortinas de tela gruesa abiertas de par en par, y tan solo los ligeros visillos blancos se manten&iacute;an ajustados por los bordes &mdash;Le expongo mis recuerdos sobre esa madrugada, pero ella me interrumpe.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Uhum! Me urg&iacute;a cerrarlas, y creo que t&uacute; interpretaste a la perfecci&oacute;n mis intenciones de conseguir mayor privacidad, pues disminuiste la intensidad de las luces de la sala y encendiste el equipo de sonido, para colocar el disco de vinilo que tanto te esforzaste por conseguir; ese de m&uacute;sica para hacer el amor, creando una atmosfera tan rom&aacute;ntica como deseada y entre tanto yo, para acalorarnos m&aacute;s, encend&iacute; con el mando a distancia la chimenea, eso s&iacute;, sin dejar de mirarte y paseando la punta de mi lengua por los labios, procurando hacerlos m&aacute;s deseables para tu boca&hellip; &iexcl;Coquete&aacute;ndote sensualmente!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Claro que lo recuerdo! Siempre has conseguido de mi lo que te propones Melissa, y m&aacute;s cuando dejas de lado esa cara de &aacute;ngel inocente para colocar esa otra expresi&oacute;n de ni&ntilde;a mimada y malcriada, con ganas de hacer travesuras. Y esa noche en especial, caminabas mirando hacia el suelo para luego elevar un poco tu cabeza y mirarme con algo de timidez tambi&eacute;n, como si con cada paso que ibas dando, contaras los metros que te acercaban m&aacute;s a m&iacute;, y con aquella lentitud, ir liberando a esa espectacular y sexy mujer que habita dentro de ti, deleit&aacute;ndome la vista con ese baile lento que hiciste al rodear la mesita de m&aacute;rmol en el centro de nuestra sala de estar, colocando por detr&aacute;s de la oreja un rebelde mech&oacute;n de tus cabellos azabaches y haci&eacute;ndome se&ntilde;as con tu mano para que fuera a tu encuentro. Pero yo me mantuve firme en mi sitio haci&eacute;ndome de rogar, como quien no quiere la cosa&hellip; &iexcl;Pero la cosa queriendo!<\/p>\n<p>&mdash;Ufff, s&iacute;. Y es que al parecer, los tragos en aquel bar no lograron distensionar completamente tu mente ni tu cuerpo y te notaba algo tenso durante el trayecto de regreso, a pesar de que en frente de Fadia y Eduardo, aceptaras con esas fingidas sonrisas al final, darme el gusto de salir a trabajar y consintieras a mi capricho de hacerlo d&iacute;as m&aacute;s tarde en las oficinas del noveno, justo dos pisos debajo de ti. Pero la continuaci&oacute;n de aquella noche nos llen&oacute; de nuevo con la magia y la ilusi&oacute;n que tanto nos un&iacute;a a los dos. &iexcl;Yo quer&iacute;a y tu tambi&eacute;n! Pero te me resist&iacute;as t&iacute;midamente, as&iacute; que opt&eacute; por pasar caminando por tu lado de manera muy sexy, provocadora y atrevida, aunque desconoc&iacute;as mis verdaderas intenciones. &mdash;Camilo se sonr&iacute;e, record&aacute;ndolo.<\/p>\n<p>&mdash;Me dejaste all&iacute; de pie, contra la pared de la entrada, como si yo fuera alguna pieza m&aacute;s del mobiliario, aunque sobra decir que nunca me consideraste de esa manera y te dirigiste hacia la cocina. Escuch&eacute; como abr&iacute;as el refrigerador y cauto, me asom&eacute; para observar como tomabas de la licorera de madera ubicada sobre el mes&oacute;n, la botella de Baileys, igualmente la de Smirnoff y otra de licor de chocolate. No demoraste mucho en preparar y servir, utilizando las dos copas con forma de gota, aquel dulce coctel. Antes de que te dieras cuenta, yo me hab&iacute;a regresado hasta la entrada, para ponerme casi exactamente en la misma posici&oacute;n&hellip; &iexcl;Esper&aacute;ndote!<\/p>\n<p>Y en el rostro de Mariana, puedo observar como desv&iacute;a el intenso iris azul de sus hermosos ojos, centr&aacute;ndolos en el cielo raso laminado del bar; se le dilatan las pupilas y dibujan sus labios una sonrisa de maliciosa felicidad, &ndash;como en aquella ocasi&oacute;n&ndash; con seguridad, revivi&eacute;ndolo todo en su mente.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pero no me acerqu&eacute; a ti de inmediato! Por el contrario con las dos copas en mis manos, camin&eacute; hasta el sof&aacute; y sobre la mesa de centro deposit&eacute; el par de cocteles. Mir&aacute;ndote, me fui despojando del saco de mi sastre, bailando para ti tan suave y lento como la canci&oacute;n que estaba sonando en ese momento. Posteriormente fui deslizando hacia abajo, la angosta cremallera ubicada en la cadera a mi derecha, &ndash;liberando mi cintura&ndash; dejando que la ley de la gravedad actuara y reclamara nuestra alfombra blanca, las fibras tejidas del pa&ntilde;o negro de mi falda, para hacerle juego y por supuesto, compa&ntilde;&iacute;a. &mdash;Hace calor, a pesar de que la brisa que desciende en su r&iacute;tmico vaiv&eacute;n desde el ventilador nos refresca continuamente.<\/p>\n<p>Camilo apaga anticipadamente su cigarrillo, ejerci&eacute;ndole bastante presi&oacute;n contra el fondo del cenicero. Lo noto algo excitado por la conversaci&oacute;n. Tiene las pupilas grandes, expectantes. &iquest;Ser&aacute; por eso qu&eacute; suda?<\/p>\n<p>&mdash;Te vi mover las caderas en un ritmo lento, flexionado tus piernas suavemente, aisladas bajo unas medias de brillante gris humo, que se sosten&iacute;an de las tiras negras de un liguero que tampoco te hab&iacute;a visto antes. Desabotonaste sensualmente, los cinco o seis peque&ntilde;os botones blancos de tu blusa de seda, en consonancia con los er&oacute;ticos susurros y las notas de piano de &laquo;Exotique&raquo; del grupo Soul Ballet, &ndash;si no recuerdo mal&ndash; y la dejaste suelta, abierta por los flancos para insinuarme que no llevabas puesto t&uacute; sujetador. &iquest;Cu&aacute;ndo te lo quitaste? &iquest;La blusa tambi&eacute;n era nueva? &mdash;Le pregunto ahora pues aquella noche aunque lo pens&eacute;, no se lo dije por estar pendiente de otras cosas m&aacute;s importantes, como la ondulada belleza de sus formas al ense&ntilde;&aacute;rmelas a contra luz. &iexcl;Femenina silueta expuesta solo para m&iacute;!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! No te diste cuenta porque antes de salir del bar, fui al ba&ntilde;o y all&iacute; se me ocurri&oacute; la idea de sorprenderte cuando estuvi&eacute;ramos solitos. Y s&iacute;, esa noche todo lo que llevaba puesto estaba reci&eacute;n comprado. El traje tipo sastre negro confeccionado sobre medidas, por supuesto el juego de lencer&iacute;a gris con encajes y transparencias, los zapatos de gamuza y tac&oacute;n alto; tambi&eacute;n la pareja plateada de anillos pulidos y abiertos, que seg&uacute;n tu opini&oacute;n, luc&iacute;an preciosos en mis dedos &iacute;ndice y coraz&oacute;n de la mano izquierda. &iexcl;Ahh!, y por supuesto esa delicada cadena de oro en mi tobillo derecho, con el dije en forma de coraz&oacute;n al que le mande a tallar las iniciales de nuestros nombres, que te encant&oacute; y lastimosamente se me perdi&oacute; meses m&aacute;s tarde. &mdash; &iexcl;Puff! Suspiro hondamente y guardo silencio, esperando que Camilo no me pregunte por ella, porque siendo un detalle menor, conocer la verdad en este momento, le enfadar&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s.<\/p>\n<p>Dejo de prestar atenci&oacute;n a su rostro, para llevar mi mirada hacia las baldosas de color terracota a mi derecha, &ndash;haciendo memoria de aquel momento&ndash; pues en un descuido m&iacute;o, al levantar la pierna para subirme por segunda vez a la motocicleta de Chacho, la hermosa tobillera se me enganch&oacute; con algo y al romperse, la recog&iacute; del asfalto para guardarla en el bolsillo de la gruesa chaqueta de cuero que me prest&oacute; para verme como una verdadera &laquo;harlista&raquo; y que despu&eacute;s se qued&oacute; colgada en el ropero de su habitaci&oacute;n, ya para siempre. Y me maldigo ahora por no haberle prestado la debida atenci&oacute;n en su momento. Nunca se la solicit&eacute; de vuelta por olvidadiza y Chacho nunca me la devolvi&oacute; por ego&iacute;sta. Ese peque&ntilde;o accidente se lo tom&oacute; &eacute;l como una muestra del destino, donde se romp&iacute;a el lazo de uni&oacute;n con mi esposo, por preferir estar a su lado acompa&ntilde;&aacute;ndolo. &iexcl;Infiel aventurera!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Nos mir&aacute;bamos con el mismo deseo de nuestra primera vez! &ndash;Mariana levanta su rostro hacia m&iacute; al escucharme, luego de haberse quedado en silencio, mirando el suelo. &ndash; Te acercaste finalmente a m&iacute;, metiendo tus manos por debajo de la chaqueta a la altura de mi pecho y sin dejar de observarme, palp&aacute;ndome con ellas fuiste al encuentro de mis hombros logrando con la ayuda de tus antebrazos, retirarlo de mi torso por el interior del pa&ntilde;o y que por su propio peso, &ndash;sin esfuerzo de mi parte&ndash; descendi&oacute; manteniendo al principio sus formas, pero lentamente con la ayuda de mis brazos estirados, desde las no tan ajustadas mangas termin&oacute; por precipitarse al piso laminado recorriendo mi espalda, rendido a mis pies y revolcado en el poco espacio libre que hab&iacute;a entre la fr&iacute;a verticalidad de la pared, y mi cuerpo ya algo acalorado. &mdash; Le comento a Mariana, un tanto agobiado al rememorar tan bonitos momentos, que ahora parecen tan extra&ntilde;os y lejanos en el tiempo.<\/p>\n<p>&mdash;Efectivamente as&iacute; fue mi am&hellip; Camilo. Mientras me enfrentaba a ti en puntas de pies, alcanzaron mis labios tu boca y bes&aacute;ndote sin premura, fui desanudando esa bonita corbata de seda gris con diagonales rayas azules, para posteriormente, &ndash;sonri&eacute;ndonos&ndash; separarme un poco y echando a andar de espaldas, de los extremos de ella aferrados a mis pu&ntilde;os, te traje conmigo hacia una esquina del sal&oacute;n. All&iacute; de pie los dos empezamos a bailar con pasos moderados, como siempre lo hac&iacute;amos. &iquest;Recuerdas? No era la primera vez que suced&iacute;a, pero a m&iacute; se me antojaba as&iacute;, con esos roces sensuales y er&oacute;ticos de nuestros muslos armonizados, t&uacute; y yo, igual de enamorados como aquella tarde inicial en la que hicimos el amor en aquel motel, ubicado a tres calles de la universidad. &mdash;Hago una pausa para dar un nuevo sorbo a mi cerveza, entre tanto mi esposo revisa con rapidez su tel&eacute;fono, sac&aacute;ndolo del interior de la mochila, seguramente con alguna notificaci&oacute;n que le ha llegado pero no hace gesto alguno que lo delate y despreocupado lo deja puesto sobre la mesa, pero de rev&eacute;s. &iquest;Qui&eacute;n podr&aacute; ser? Me asalta la duda, por celos y femenina curiosidad, tras meses sin saber c&oacute;mo y con quien pudo compartir el dolor que le caus&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pero esa madrugada, no vi en tus ojos azules las nerviosas inseguridades que se te disiparon entre mis brazos, al despertar pegadita a m&iacute; despu&eacute;s de pasar esas tres horas, juntos. Por el contrario, luc&iacute;an el brillo de una seguridad apabullante y sin nervios, fuiste liber&aacute;ndome de la opresi&oacute;n del cintur&oacute;n y con tu frente apoyada en mi pecho, bajaste con mucha habilidad la cremallera de mi pantal&oacute;n, que por supuesto tambi&eacute;n cay&oacute;, arremang&aacute;ndose en mis pies, dificultando mis movimientos, pero dej&aacute;ndote en claro, al sentir la erecci&oacute;n mientras continu&aacute;bamos bailando, que me ten&iacute;as donde y como lo hab&iacute;as planeado. &mdash;Veo que Mariana tiene sus ojos puestos en el m&oacute;vil que he dejado sobre la mesa, &ndash;tras recibir un mensaje de William pregunt&aacute;ndome c&oacute;mo iba todo&ndash; pero parece no haberle incomodado, pues vuelve a mirarme y se r&iacute;e.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! Tus afanosas manos no dejaban de acariciar con delicadeza mi espalda por encima de la blusa, sin atreverte a despojarme de ella. &iexcl;El nervioso esa noche parec&iacute;a ser otro! Pero yo s&iacute; que me las apa&ntilde;&eacute; para desabotonar tu camisa y sentir en mis senos la tibieza de tu torso descubierto. Con claridad sent&iacute;a en mi vientre la presi&oacute;n de tu pene endurecido, atrapado bajo la tela de esos slips azules que te hab&iacute;a comprado para la navidad pasada y que a&uacute;n no los hab&iacute;as estrenado, logrando por supuesto excitarme a&uacute;n m&aacute;s de lo que ya estaba. &mdash;Camilo, aun llevando el envase de cerveza a su boca, no puede desconectarse visualmente de mi cara, sin apartar ni un segundo sus ojos de los m&iacute;os.<\/p>\n<p>&mdash;Recuerdo besar tu cuello, empezando desde la base, &ndash;dejando un sendero con mi saliva&ndash; hasta llegar al pulposo y redondo l&oacute;bulo de tu oreja izquierda, mordi&eacute;ndolo suavemente. Ten&iacute;a muchas ganas de arrancarte toda esa ropa y observarte sin esa blusa blanca encima pero mis intentos los evadiste llev&aacute;ndome hasta el sof&aacute; de tres plazas, donde finalmente por tus prisas y mis pies apresados por el pantal&oacute;n recogido, terminamos por trastabillar, cay&eacute;ndonos de manera sumamente graciosa y en diagonal, sobre los mullidos cojines de piel. Y all&iacute; fue cuando t&uacute;, en un ataque de risa me apartaste con tus manos, &ndash;pidiendo una pausa que no se me antojaba&ndash; para arrodillarte sobre la alfombra y tomar los dos cocteles, ofreci&eacute;ndome la copa e invit&aacute;ndome a chocar los cristales para brindar por tu pr&oacute;xima vida laboral.<\/p>\n<p>&mdash;Uhum, por supuesto que brindamos pero para ser honesta, a&uacute;n estaba nerviosa pensando en el final, en ese regalo que yo quer&iacute;a ofrecerte con todo mi amor y que tu tanto ansiabas obtener de m&iacute; cuerpo, aunque despu&eacute;s de infructuosos intentos no me atrev&iacute; a dejar que me lo hicieras por atr&aacute;s y tu como siempre, respetabas mi decisi&oacute;n de postergarlo para un despu&eacute;s, hasta que dejaste de insistir. &mdash;Camilo se mantiene interesado en la forma en que relato aquel momento, con su mirada fija en cada gesto m&iacute;o, bien atento al m&aacute;s m&iacute;nimo movimiento de mis ojos, si los abro mucho o si parpadeo bastante, quiz&aacute;s hasta se haya fijado como levant&eacute; el arco de mis cejas y el accionar de mis manos al terminar de hablar.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Esa fue otra sorpresa para festejar mi cumplea&ntilde;os! Ni por un segundo, se me pas&oacute; por la mente&hellip; &ndash;debo callar un momento pues cruza apresurado, cerca de nuestra mesa y en direcci&oacute;n hacia los ba&ntilde;os, un hombre no muy alto de aspecto oriental. &ndash;&hellip; Que me lo fueras a proponer y que tu quisieras esa noche intentar de nuevo que tuvi&eacute;ramos sexo anal. &mdash;Le termino por decir a Mariana, bajando un poco el volumen de mi voz para que solo me escuche ella.<\/p>\n<p>&mdash;Siempre me has dado tanto amor y brindado tu comprensi&oacute;n, &ndash;le respondo con rapidez&ndash; que yo precisaba entregarme a ti por completo, as&iacute; que esa noche era la m&aacute;s indicada y luego de beber aquel primer trago, solo pensaba en recompensarte de aquella manera. Observ&eacute; en las dos esquinas de tus labios, residuos del coctel y por eso te los limpi&eacute; con la punta de mi lengua, aunque t&uacute; abrieras la boca esperando un beso m&aacute;s intenso, que no sucedi&oacute;. &iexcl;Jajaja! &mdash;Camilo igualmente se sonr&iacute;e al recordarlo, sin mirarme eso s&iacute;, pues est&aacute; ahora d&aacute;ndole vueltas sobre la mesa al encendedor, reviviendo con agrado en su mente aquel instante.<\/p>\n<p>&mdash;Eso termin&oacute; por desesperarte. &iquest;Recuerdas? Y apartaste con apuro los laterales de mi blusa, con el fin de empezar un divertido juego, al inclinar t&uacute; copa y verter un poco del coctel sobre cada uno de mis senos. Con una sonrisa victoriosa te inclinaste sediento sobre ellas, para luego lamer mis areolas y morder sin af&aacute;n, primero un pez&oacute;n, estir&aacute;ndolo entre tus dientes, apret&aacute;ndolo con cuidado de no lastimarme y luego el otro, haci&eacute;ndome sentir&hellip; &iexcl;Pufff! Un placentero dolor.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Son muy hermosas! me dijiste acarici&aacute;ndolas con ternura, y yo te respond&iacute; que a mi parecer, &ndash;a pesar de que me hab&iacute;an crecido un poco tras el embarazo&ndash; frente al espejo me las ve&iacute;a algo ca&iacute;das despu&eacute;s de los dos a&ntilde;os de lactancia. Pero t&uacute;, negando con tu cabeza, desaprobaste mi valoraci&oacute;n y te inclinaste de nuevo sobre ellas para volver a besarlas con ansias, mientras que apretabas con tus manos mis nalgas, dici&eacute;ndome entre murmullos y chupones, que as&iacute; como las ten&iacute;a te gustaban m&aacute;s. &mdash;Camilo se acomoda diferente en la silla y con disimulo, baja su mano derecha unos momentos, quiz&aacute;s adecuando verticalmente su creciente erecci&oacute;n. S&eacute; que debo tener las mejillas sonrojadas y lubricada mi rajita, al recordar esos excitantes momentos.<\/p>\n<p>&mdash;Te segu&iacute; el juego &ndash;contin&uacute;o relat&aacute;ndole&ndash; y sumergiendo mi dedo dentro de la copa, unt&aacute;ndolo bien de licor, dej&eacute; caer certeramente algunas gotitas dentro de mi ombligo y t&uacute;, por supuesto no te hiciste de rogar. Terminaste con tu boca bien pegada a mi vientre absorbiendo la bebida y con tus manos acariciando la parte posterior de mis muslos, te fuiste apoderando de mis nalgas, provoc&aacute;ndome ricos escalofr&iacute;os; con tus traviesos dedos explorabas en c&iacute;rculos desde atr&aacute;s sobre la poca tela de la tanguita gris, mi esf&iacute;nter y el centro de mi mojada y caliente rajita. De abajo hacia arriba, para descender despu&eacute;s y reiniciar tus caricias, ejerciendo algo de presi&oacute;n en la mitad del recorrido. Y yo excitad&iacute;sima, balanceaba mis caderas de forma casi involuntaria, solo para sentirlos mejor. Me ten&iacute;as bien arrechita, jajaja. &iexcl;Esposito m&iacute;o! &mdash; Sonriente y algo burlona, termino de hablar, para en seguida, saciar la sed con el &uacute;ltimo sorbo de mi cerveza ya no tan fr&iacute;a, y dejar en el fondo del cenicero la colilla de cigarrillo, bien apachurrada.<\/p>\n<p>&mdash;Desbordabas por los poros de tu piel, toda la atracci&oacute;n de la que eres capaz de generar en m&iacute;. &iexcl;No hab&iacute;a manera ni escapatoria! Y si la hubiera, con seguridad yo esa noche no deseaba huir de tu piel y menos a&uacute;n, de los aromas que desprend&iacute;as, pues necesitaba como un ahogado, respirarte toda. &mdash;De nuevo enmudezco al ver que regresa de su urgencia, ech&aacute;ndole una r&aacute;pida mirada a Mariana, el hombre oriental.<\/p>\n<p>&mdash;Despu&eacute;s de saborear aquella bebida en tu ombligo, volv&iacute; a besar tu cuello y mis manos se aferraron a tus muslos y las nalgas, comprimiendo la piel, apartando una de la otra para volverlas luego a juntar. En alg&uacute;n momento, urgido por la necesidad para retirar mis zapatos, las medias, los pantalones y mi slip, aprovechaste para beber un trago y con un poco de licor en tu boca, aun de rodillas y yo de pie con mi verga erecta frente a ti, empezaste por darle una lamida lenta al glande, ensaliv&aacute;ndomelo y logrando con ello, hacerme sentir el p&aacute;lpito del coraz&oacute;n en la punta de mi pene, para luego poco a poco, engullirlo m&aacute;s y m&aacute;s en ese c&aacute;lido y h&uacute;medo interior, succionando y aflojando, llev&aacute;ndome a un &eacute;xtasis desesperante que concluiste juguetonamente al morderlo, mientras lo ibas sacando de tu boca.<\/p>\n<p>A Mariana se le suben los colores al rostro y justo sobre el tabique y las aletas de su respingada nariz, chispeantes gotitas de sudor le brillan, haciendo m&aacute;s radiante y hermosa su fisonom&iacute;a. Humm&hellip; &iexcl;Como si ella lo necesitara!<\/p>\n<p>&mdash;Lo hab&iacute;a visto en una pel&iacute;cula de alguno de los canales porno por suscripci&oacute;n y quer&iacute;a hac&eacute;rtelo, solo que no se hab&iacute;a presentado la ocasi&oacute;n y yo no quer&iacute;a parecerte una puta hambrienta de sexo. Me hab&iacute;a cohibido varias veces por esa est&uacute;pida presunci&oacute;n de que no te gustara, pero esa noche necesitaba excitarte a como diera lugar, y a m&iacute; misma m&aacute;s que nunca, para ir poni&eacute;ndome a tono y no ponerte trabas a la hora de que al ped&iacute;rtelo, pudiera soportar ese inicial dolor que antes no me hab&iacute;a dejado entreg&aacute;rtelo y disfrut&aacute;ramos por fin cuando me lo metieras por m&iacute; culito. &mdash;Le respondo con sinceridad y hago una pausa para traer a mi mente hasta el m&iacute;nimo detalle, pero antes de continuar, Camilo se me adelanta y se defiende.<\/p>\n<p>&mdash;Pues no s&eacute; por qu&eacute; pensabas eso de m&iacute;, Melissa, si nunca he sido un mojigato. Debiste hab&eacute;rmelo hecho saber con anterioridad, te aseguro que para m&iacute; esas sorpresas hubieran sido agradables y disfrutadas. De todas formas, esa noche me ten&iacute;as loco de deseo por estar contigo pero no para hacerte el amor con los pre&aacute;mbulos y el romanticismo de siempre, sino para cogerte en infinidad de poses y por todas partes, con ganas desaforadas de darte placer lujurioso, pues merec&iacute;as alguna forma de castigo por haberme ocultado tus sentimientos y necesidades. &mdash;Mariana toma un cigarrillo y su encendedor, pero sus ganas de fumar parecen quedarse enredadas en los recuerdos de esa noche y en lugar de darle vida con el fuego, concentra su mirada en el delgado pitillo blanco prisionero entre sus dedos y de su boca risue&ntilde;a, solo salen autobiogr&aacute;ficas sus memorias.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Sexo fuerte, desenfrenado y rudo! Me tomaste firmemente del cabello, &ndash;deshaciendo en un santiam&eacute;n, la alta mo&ntilde;a de mis dos horas en la peluquer&iacute;a&ndash; y aprovechando el largo de mi melena, la enrollaste en tu mano hal&aacute;ndome hacia arriba con algo de rudeza, logrando que me levantara del suelo, y un gemido m&iacute;o lo acallaste con un beso acerc&aacute;ndome al sof&aacute;, haci&eacute;ndome entender la pose en la que deseabas que me entregara a ti. La ternura rutinaria al hacernos el amor, con seguridad vendr&iacute;a despu&eacute;s de quedar exhaustos pero relajados, y haber saciado nuestra excitaci&oacute;n, observando abrazados por la ventana de nuestra habitaci&oacute;n ese nuevo amanecer. &mdash;Camilo acomoda sus brazos en la mesa, cruz&aacute;ndolos, y posa el ment&oacute;n sobre la mu&ntilde;eca de su mano izquierda, &ndash;justo al lado de la lustrada esfera de su cromado reloj Omega&ndash; regal&aacute;ndome una sincera sonrisa y sin dejar de observarme con el tostado caf&eacute; de sus ojos, que suele suceder cuando se encuentra sumamente interesado en alguna conversaci&oacute;n o en alguien. &iexcl;Como ahora, en m&iacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Inclinada boca abajo, con tu brazo derecho como apoyo sobre el coj&iacute;n central, la mano del otro aferrada al respaldo y tus bonitos senos con las areolas rosadas ya expandidas por la excitaci&oacute;n, coronadas por tus pezones vigorizados pero&hellip; &iexcl;Desamparados de mil caricias! Con tu espalda algo arqueada y t&uacute; vientre plano bien sostenido por el ancho brazo lateral del mueble, dejabas a mi disposici&oacute;n la forma de melocot&oacute;n de tus nalgas para hacer y deshacer deliciosas cochinadas. Te ve&iacute;as adem&aacute;s de hermosa, muy excitada y dispuesta.<\/p>\n<p>&mdash;Y claro que lo estaba, mi cie&hellip; Camilo. Pero te confieso que esa madrugada s&iacute; ech&eacute; en falta m&aacute;s caricias y muchos m&aacute;s besos intensos, de esos que saben a miel en mi boca y a humedecido deseo en mi cuquita. Sentir el frenes&iacute; del &laquo;antes de&hellip;&raquo;, con esa intensa necesidad de ser tocada por tus manos, abiertos y explorados los pliegues de mi vagina por tus dedos y luego chupada o mordida por tu boca, pero estabas demasiado euf&oacute;rico y solo quer&iacute;as penetrarme sin preliminares.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Lo s&eacute; y lo lamento! S&eacute; que esa vez no hubo sexo oral como preludio ni palabras subidas de tono por anticipo, sencillamente apart&eacute; hacia un lado la tirita de tu tanga y sin demasiado esfuerzo ni necesidad de las manos, mi verga ubic&oacute; de inmediato tu ardorosa entrada ya lubricada, &ndash;un sendero hac&iacute;a el placer tantas veces recorrido, todas deseadas, cada una de ellas disfrutadas&ndash; y tan solo presion&eacute; lo suficiente, hal&aacute;ndote de tus cabellos enrollados en el pu&ntilde;o de mi mano hacia atr&aacute;s, observando en el espect&aacute;culo de tu rostro, una expresi&oacute;n de inusual docilidad y acostumbrada inocencia, con esas mejillas encendidas, tus ojos entre cerrados y en tu boca una sonrisa de satisfacci&oacute;n, por tus metas cumplidas. &iexcl;El resto lo hiciste t&uacute;, Melissa!<\/p>\n<p>Y Mariana sin poderse contener, se rio con muchas ganas, llamando la atenci&oacute;n del grupo de cinco hombres que en la mesa de al lado, &ndash;cerveza en mano&ndash; segu&iacute;an emocionados las acciones del juego en el partido de futbol.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! Siiii&iacute;&hellip; &iexcl;Jejeje! Mientras te sent&iacute;a entrar y salir, empujando con fuerza al golpear tu pubis contra mis nalgas, &ndash;haci&eacute;ndome perder el equilibrio moment&aacute;neamente&ndash; tu jadeabas bien rico y excitado, y yo con mis ojos cerrados, mord&iacute;a mi labio inferior aprisionando con desespero el grosor del coj&iacute;n al sentirme invadida por el palpitar de tu verga, y pensaba en lo afortunada que era yo al haberme atravesado en tu vida. Me brindabas todo tu amor y compa&ntilde;&iacute;a. La comprensi&oacute;n para mis caprichos y el respeto a mis ideales. &iexcl;Quer&iacute;a hacerlo, en serio que s&iacute;! Lo deseaba y lo necesitaba, pero especialmente lo quise hacer por ti. M&aacute;s a&uacute;n, despu&eacute;s de que me llevaras al cl&iacute;max por segunda vez y t&uacute;, aguantando tu corrida como siempre pensando primero en darme placer, &ndash;sintiendo ya esa sensaci&oacute;n de paz espiritual que me queda tras alcanzar el orgasmo con intensidad, y con los espasmos cediendo en su recorrido por mi vulva y las piernas&ndash; as&iacute; que te lo ped&iacute; con mis ojos entrecerrados, pues era el momento oportuno y a pesar de que las palabras salieron de mi boca algo entrecortadas y en un tono suplicante, lograste escucharlas con claridad. &iexcl;H&aacute;zmelo por atr&aacute;s, por favor! &iexcl;Es todo tuyo mi culito, mi amor!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Observo a Mariana agachar un poco la cabeza y mirar de reojo alrededor nuestro, quiz&aacute;s algo apenada por si alguno de los clientes cercanos la hubiese podido escuchar, pero creo que eso no es probable, ya que siguen con sumo inter&eacute;s las acciones del compromiso de la liga italiana y en voz alta comentaban una falta no sancionada.<\/p>\n<p>&mdash;Que dices, &iquest;pedimos otras cervezas o nos vamos de aqu&iacute;? &mdash;Le hago la pregunta de inmediato a mi esposo, no tanto para evitar alg&uacute;n comentario suyo al respecto, sino porque el local se estaba empezando a colmar de m&aacute;s gente, haciendo que me sienta m&aacute;s acalorada y sedienta. Era eso o por recordar aquellas escenas de sexo entre mi marido y yo. &iexcl;Tan hermosas, como a&ntilde;ejas!<\/p>\n<p>&mdash;A ver Melissa&hellip; &iquest;Y a d&oacute;nde ir&iacute;amos? Las playas deben estar atiborradas de ba&ntilde;istas y el malec&oacute;n de vendedores. Creo que por la hora es mejor esperar un poco a que baje el sol. &iquest;No crees? Si quieres podr&iacute;as usar tus hermosas influencias, &ndash;le digo acerc&aacute;ndome bastante a la mesa y mir&aacute;ndole sin recato sus aumentadas bubis&ndash; y pedirle a tu adorado m&iacute;ster musculito, que nos haga el favor de poner a enfriar esto que tengo aqu&iacute;, mientras nos tomamos otras dos pero que sepan de verdad a cerveza y ojal&aacute; con suficiente alcohol. &mdash;Y le ense&ntilde;o a Melissa, la botella de Ron Viejo de Caldas que cargo dentro de la mochila, observando como en su boca se forma una &laquo;O&raquo; por la sorpresa, para a continuaci&oacute;n delinearse en sus labios una suspicaz sonrisa, y bastante fascinada, utilizar como dos radares el par de ojos que rivalizan con este cielo caribe&ntilde;o, buscando a mi espalda, la ubicaci&oacute;n del moreno y enamoradizo cantinero.<\/p>\n<p>&mdash;Okey, dame la botella y espera un momento. &mdash;Desplazo hacia atr&aacute;s la silla, aceptando su reto, y me pongo en pie tomando sin drama alguno por el cogote, la botella de ron; avanzo hasta la barra pero cuatro pasos despu&eacute;s, me doy media vuelta y levantando la voz un poco, &ndash;debido a la algarab&iacute;a por alguna otra anotaci&oacute;n en el partido de futbol&ndash; le pregunto a mi esposo: &iexcl;&iquest;Club Colombia dorada o roja?! &mdash;Y mi esposo, saca hacia afuera del cuello de su camisa, una cadena de laminados eslabones dorados en forma de espiga, &ndash;levant&aacute;ndola por un extremo del cord&oacute;n, donde centellea una gruesa argolla&ndash; y la balancea sonri&eacute;ndose e indic&aacute;ndome sin palabras, pero con absoluta claridad, la marca de cerveza de su preferencia. Debe ser la alianza de matrimonio, &ndash;pienso&ndash; aunque no la lleve puesta en su dedo&#8230; Como si lo hago yo. Me giro d&aacute;ndole la espalda a mi marido y sonri&oacute; esperanzada pues&hellip; &iexcl;A&uacute;n la conserva!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Mientras la observo caminar hacia la barra con el garbo y donaire tan caracter&iacute;stico en ella, yo me pongo de pie para dirigirme hacia el ba&ntilde;o y evacuar de mi vejiga las cervezas consumidas, y da la casualidad que los hombres y las pocas mujeres all&iacute; presentes, &ndash;aprovechando el entretiempo en el partido de futbol&ndash; moment&aacute;neamente centran su atenci&oacute;n en la curvil&iacute;nea figura vestida de negro que se desplaza en medio de las mesas, esquivando blancas sillas pl&aacute;sticas, algunas ocupadas y otras vac&iacute;as, y con seguridad alguno que otro piropo, mientras se encuentra con el sonriente y fornido Andrew al otro extremo del local.<\/p>\n<p>He venido aqu&iacute; en varias ocasiones para ver jugar a mi equipo preferido y en otras, acompa&ntilde;ado por Eric y Pierre con el fin de saciar la sed de algunas tardes y distraerme en otras cosas, y no pensar en Mariana. La m&aacute;s reciente fue solo tres d&iacute;as antes de saber que mi esposa regresar&iacute;a a buscarme y aqu&iacute; me encontr&eacute; a medio d&iacute;a con Maureen, para resolverle algunas dudas con respecto a nuestra &laquo;amigable&raquo; relaci&oacute;n, pues aunque ella ya se encontraba enamorada y muy dispuesta, yo por el contrario me sent&iacute;a todav&iacute;a dolorosamente enga&ntilde;ado y desubicado. Y esta es la primera vez que voy a usar este angosto ba&ntilde;o, solo pero acompa&ntilde;ado ahora de quien me hab&iacute;a hecho mucho da&ntilde;o y tanta falta a la vez.<\/p>\n<p>Bajo la cremallera sin prisa y con mi mano derecha desenfundo, &ndash;gracias a Dios&ndash; m&iacute; ya serena herramienta. &iexcl;Y es que mear con una erecci&oacute;n presente, es un proceso bastante complicado y hasta doloroso! Mientras disparo el chorro de orina contra el pulido pedernal del orinal, cierro los ojos para seguir evocando en mi mente la continuaci&oacute;n de esa noche, justo en la parte donde ella lo dej&oacute;.<\/p>\n<p>Mariana hab&iacute;a disfrutado conmigo y yo con ella. Si bien es cierto que esa madrugada hab&iacute;a resultado infructuosa, &ndash;al igual que nuestros primeros intentos de tener sexo anal&ndash; por el dolor que ella sinti&oacute; nada m&aacute;s al sentir la leve presi&oacute;n del glande, intentando abrirse un espacio en su arrugado y ajustado agujerito, no lo pudimos terminar como ella lo hab&iacute;a planeado y deseado.<\/p>\n<p>A la segunda muestra de dolor de su parte, se me baj&oacute; la adrenalina del momento por completo y me contuve. Dej&eacute; de moverme e insistir, a pesar de que Mariana me rogase que lo probara otra vez. Lo que yo menos deseaba, era causarle dolor f&iacute;sico o emocional, por lo cual opt&eacute; por cambiar de lugar y ella de pose, para tener una sesi&oacute;n de sexo &laquo;normal&raquo; por su vagina, sent&aacute;ndome en el centro del sof&aacute;, con Mariana a horcajadas sobre mis piernas; sus brazos rodeando mi cuello y sus labios fundidos con los m&iacute;os en un beso al principio casi eterno, angustiada pidi&eacute;ndome perd&oacute;n.<\/p>\n<p>Se levantaba con decisi&oacute;n, &ndash;tortur&aacute;ndome con el roce de sus pezones sobre mis mejillas, sin poder atrapar alguno con mi boca&ndash; apoyada en los pies sobre los cojines de piel, dej&aacute;ndose caer despu&eacute;s al flexionar las piernas, penetr&aacute;ndose ella solita hasta donde pod&iacute;a o quer&iacute;a, y moviendo con ritmo acelerado sus caderas sin dejar de besarme la frente y lamer la punta de mi nariz.<\/p>\n<p>Se detuvo por un instante que me pareci&oacute; imprudente, pues yo, conteniendo los espasmos en mi gran&iacute;tica virilidad, &ndash;que se resbalaba ruidosamente por su anegado interior&ndash; estaba a punto de venirme dentro suyo, y Mariana autoritaria, tom&oacute; la decisi&oacute;n de separar por cent&iacute;metros de mi pecho, el calor de sus sudadas tetas, para mirarme fijamente mientras se clavaba hasta el fondo mi verga y decir, no una ni dos o tres sino varias veces m&aacute;s, lo mucho que me amaba, en medio de sus resuellos y mis jadeos.<\/p>\n<p>Luego siguieron varios te quieros entrecortados y correspondidos con mi cari&ntilde;oso&hellip; &iexcl;Yo tambi&eacute;n! Con movimientos pendulares de sus caderas sobre mi pubis prisionero y sus ojos dulcemente cerrados, &ndash; lentamente susurrado su&hellip; &iexcl;Que rico me pichas, amor!&ndash; al inclinar su cabeza muy cerca de mi oreja izquierda y sin el ox&iacute;geno que en esos momentos a los dos parec&iacute;a hacernos tanta falta. Todo ello en medio de los paseos que mis manos realizaban afanadas por la deseada geograf&iacute;a de sus henchidos pechos y con los gemidos prolongados, los suyos y los m&iacute;os, que con gusto dej&aacute;bamos escapar bien amplificados desde el interior de nuestras resecas gargantas.<\/p>\n<p>Una conflagraci&oacute;n sexual se reinici&oacute; de repente entre dos cuerpos calientes y sudorosos, ya los dos de costado, luchando por otorgar mayor placer al deseado contrincante, sin dejar de mirarnos y tampoco de disfrutar la apetecida y contundente lucha sin cuartel en los labios, con nuestras lenguas como dagas; mi verga lubricada entraba con facilidad y al momento sal&iacute;a brillante, &ndash;humectada hasta m&aacute;s de la mitad&ndash; con furiosas ganas de volver a horadar su candente interior; entre tanto Mariana, con los m&uacute;sculos de su dulce &laquo;panochita&raquo; intentaba absorberlo y retenerlo dentro suyo por m&aacute;s tiempo, hasta que explotamos minutos despu&eacute;s, ella y yo a la vez, sin ego&iacute;smos o enga&ntilde;os pero con amorosos rasgu&ntilde;os tatuando nuestra piel.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Me sacudo con fuerza las manos sobre el lavamanos blanco, tras refrescarme el rostro, salpicando inmisericorde las baldosas ajedrezadas alrededor de mis pies. El espejo rectangular en el que me observo, tiene una delgada y zigzagueante fisura que arranca desde debajo del remache cromado en la esquina superior derecha, y amenaza con avanzar algunos cent&iacute;metros m&aacute;s hacia la izquierda, &ndash;en direcci&oacute;n tal vez al centro&ndash; pero no hay peligro de que se termine de vencer al menos por un tiempo, mientras el due&ntilde;o se apiada y consigue a alguien para que lo reemplace. Curiosa coincidencia con mi situaci&oacute;n, qu&eacute; parece no tener un pronto remedio. &iexcl;En fin!<\/p>\n<p>La algarab&iacute;a y el bullicio deportivo anterior, han sido reemplazados por m&uacute;sica salsa y varios gritos acompa&ntilde;ados por aplausos, celebran emocionados al escuchar los primeros sonidos del bajo, el tromb&oacute;n, la percusi&oacute;n y el piano de &laquo;Sigue Tu Camino&raquo; la exitosa canci&oacute;n del talentoso maestro Oscar D&rsquo; Le&oacute;n, quien seg&uacute;n William y Kayra, se hab&iacute;a fajado tremendo conciertazo el a&ntilde;o pasado durante el festival de veleros.<\/p>\n<p>Ese me lo perd&iacute; lastimosamente, pero este a&ntilde;o al menos he podido disfrutar de Juan Luis Guerra, Maroon Five y la Emperatriz del Soul, Gladys Knight entre otros, &ndash;en el festival de Jazz&ndash; acompa&ntilde;ado por William, mis dos amigos franceses y por supuesto de Kayra y su adorable hija Maureen.<\/p>\n<p>Tres apresurados y fuertes golpes en la madera de la puerta a mi izquierda, me traen de nuevo a este mundo. Alguna vejiga en emergencia solicitando auxilio, me reclama este espacio. Al abrir la puerta saludo con un gesto r&aacute;pido de mi cara, a un apurado hombre barbudo con barriga de camionero, y continuo hacia mi mesa esperando verla con las cervezas fr&iacute;as, m&aacute;s no es as&iacute;.<\/p>\n<p>Doy algunos pasos m&aacute;s y se termina la pared que me impide tener un mejor panorama. Desde la esquina me doy cuenta que Mariana se encuentra de pie y de medio lado, con su sonrisa ampl&iacute;a, apoyando un brazo sobre el rojo mes&oacute;n, &ndash;descolgada en el borde su mano, y la otra reposando abierta sobre la cadera derecha&ndash; pero cercada por tres hombres cortej&aacute;ndola. O cuatro, si tengo en cuenta al fornido y sonriente Andrew que permanece detr&aacute;s de la barra al igual que todos, pendientes a los gestos alegres en su albo rostro y con seguridad, a la divertida conversaci&oacute;n que sostiene mi esposa con aquellos nuevos pretendientes. &iexcl;Malditos gallinazos de mierda!<\/p>\n<p>Me invade la caracter&iacute;stica sensaci&oacute;n de celos, con el vac&iacute;o en mi est&oacute;mago y la firmeza con la que presiono los dientes, al sentirme nuevamente apartado, confirmando mi disgusto y haci&eacute;ndome sentir como fuera de juego. Esto no deber&iacute;a sucederme tras el tiempo que ha pasado despu&eacute;s de vivir todo aquello, pero sencillamente es m&aacute;s fuerte que yo y me seguir&aacute; sucediendo. Lo s&eacute;.<\/p>\n<p>Mariana se da cuenta de inmediato sobre mi alejada presencia y sin sobreactuarse desde all&iacute;, asediada m&aacute;s no encadenada en medio del trio de mujeriegos, decididamente seductora me gui&ntilde;a un ojo y api&ntilde;a los diez dedos sobre el rosado bot&oacute;n estirado de su boca y un segundo despu&eacute;s, explota en direcci&oacute;n hacia m&iacute; un expresivo beso, &ndash;abri&eacute;ndose espacio por entre un d&uacute;o de cabezas y hombros&ndash; trastornando sus masculinos egos, al extender de improviso y por completo, las falanges de sus manos, cual granada de fragmentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Intrigados, los tres buitres giran sus cabezas buscando conocer al afortunado que recibi&oacute; el impacto. No tengo de otra m&aacute;s que levantar mi mano para saludarlos por cortes&iacute;a, fingiendo una desenfadada sonrisa, pero sintiendo por dentro un varonil orgullo, un tanto olvidado. Lo s&eacute;, pienso que es realmente est&uacute;pido de mi parte, jactarme ahora de ser lo que ya no soy. Y sin embargo para Mariana, hago la gentil invitaci&oacute;n, &ndash;con el movimiento en arco de mi brazo izquierdo&ndash; a sentarse al lado de su rey bien herido, apart&aacute;ndole caballerosamente por el respaldo, su trono de pl&aacute;stico.<\/p>\n<p>Ahora ella apurada, se despide de sus nuevos conocidos estrech&aacute;ndoles brevemente sus manos, obsequi&aacute;ndoles una sonrisa hechicera. Le comenta algo al musculoso cantinero, seguramente con la intenci&oacute;n de agradecerle la atenci&oacute;n prestada y del mes&oacute;n toma los oscuros envases de cerveza, &ndash;cuatro para ser m&aacute;s exactos&ndash; y alegre, con un movimiento cadencioso, echa hacia atr&aacute;s su recortada melena y se abre paso por entre aquellos tres derrotados, camina de manera segura hacia m&iacute;, ondulando sus caderas tras cada paso que da y por la rendija risue&ntilde;a de su boca, se asoma el comienzo de su lengua en forma conoidal, juguetona e infantil, toda ella jactanciosa.<\/p>\n<p>Y lo mejor&hellip; &iexcl;Con dos &laquo;Club Colombia Doradas&raquo; bien heladas en cada mano!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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