{"id":42108,"date":"2023-05-28T22:00:00","date_gmt":"2023-05-28T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-28T22:00:00","modified_gmt":"2023-05-28T22:00:00","slug":"la-fiebre-de-la-ninfa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-fiebre-de-la-ninfa\/","title":{"rendered":"La fiebre de la ninfa"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42108\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">5<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ese domingo, al mediod&iacute;a, se acababa de oficiar la misa en la iglesia de San Moreno, ubicada en Villa Montaraz. Los feligreses se levantaban de las banquetas de madera lustrada y se dirig&iacute;an a la salida conversando entre si. No as&iacute; una joven con edad de 18 a&ntilde;os, aspecto delicado y t&iacute;mido, de piel blanca, largo cabello negro y ojos de color azul oscuro, que vest&iacute;a un traje acampanado y gris&aacute;ceo que acentuaba a&uacute;n m&aacute;s su puritanismo. Esta chica, en vez de ir hacia la salida, se acerc&oacute; al p&uacute;lpito. All&iacute; el sacerdote hab&iacute;a terminado de recoger unos papeles y los hab&iacute;a metido entre las p&aacute;ginas de la biblia; daba media vuelta cuando, a su espalda, escuch&oacute; la voz de la joven.<\/p>\n<p>-Padre Yojan.<\/p>\n<p>-Hija m&iacute;a -dijo el cura, volvi&eacute;ndose.<\/p>\n<p>-Es que quer&iacute;a hablar con usted.<\/p>\n<p>-&iquest;S&iacute;?<\/p>\n<p>-Bajo confesi&oacute;n&#8230;<\/p>\n<p>-Bueno, d&eacute;jame guardar unas cosas y ya estoy contigo. Esp&eacute;rame en el confesionario.<\/p>\n<p>Sacerdote: Alabado sea Jesucristo.<\/p>\n<p>Feligresa: Sea por siempre alabado.<\/p>\n<p>S: &iquest;Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que te confesaste?<\/p>\n<p>F: Hace como dos semanas.<\/p>\n<p>S: Y &iquest;qu&eacute; pecados has cometido?<\/p>\n<p>F: Ver&aacute;, Padre. Lo que pasa es que en estos d&iacute;as he experimentado ciertos cambios&#8230; en m&iacute;.<\/p>\n<p>S: &iquest;Qu&eacute; tipo de cambios?<\/p>\n<p>F: Me da un poco de verg&uuml;enza.<\/p>\n<p>S: No tengas pena, hija. Dime lo que quieras decirme sin ning&uacute;n temor. Soy tu sacerdote. Ya sabes que en m&iacute; puedes confiar plenamente.<\/p>\n<p>F: Padre, hace poco tuve un sangrado por ah&iacute; abajo. Tengo miedo.<\/p>\n<p>S: &iquest;Por d&oacute;nde?<\/p>\n<p>F: Pues&#8230; por ah&iacute; abajo.<\/p>\n<p>S: &iquest;Es decir, por tus partes?<\/p>\n<p>F: S&iacute;.<\/p>\n<p>S: &iquest;Nunca te hab&iacute;a pasado antes?<\/p>\n<p>F: No.<\/p>\n<p>S. &iquest;Qu&eacute; edad tienes?<\/p>\n<p>F. Dieciocho a&ntilde;os, Padre.<\/p>\n<p>S. &iquest;C&oacute;mo? Debe de haber alg&uacute;n problema. Te has desarrollado tarde. Pero bueno eso no es m&aacute;s que la menstruaci&oacute;n. Te ha venido la regla. Todos los meses, de ahora en adelante, te va a bajar sangre por ah&iacute;. Es natural. A tu edad, ya es para que hubieses tenido esos cambios. Los cambios propios de la adolescencia. Las caderas se te ensanchan, los senos te aumentan de tama&ntilde;o, te sale vello ah&iacute; abajo, la cara se te brota de acn&eacute;. En fin, cambios miles. &iquest;No has hablado con tu madre?<\/p>\n<p>F: Me da verg&uuml;enza, Padre.<\/p>\n<p>S: &iquest;Y con tus amigas?<\/p>\n<p>F: No.<\/p>\n<p>S: &iquest;No tienes amigas?<\/p>\n<p>F: S&iacute;, pero no he hablado con ellas de esto.<\/p>\n<p>S: Bueno, a fin de cuentas tampoco ellas sabr&aacute;n mucho acerca del tema.<\/p>\n<p>F: Padre, no s&eacute; qu&eacute; hacer. Estoy muy confundida. Sobre todo porque tambi&eacute;n he sentido&#8230;, no s&eacute; c&oacute;mo decirle.<\/p>\n<p>S: &iquest;Deseos?<\/p>\n<p>F: Eso, creo. Es algo muy fuerte. A veces los senos se me endurecen en las puntas y siento un calor por todo el cuerpo. Una ma&ntilde;ana, Padre, me despert&eacute; en mi cama, y al tentarme ah&iacute; abajo, vi que ten&iacute;a la pantaleta empapada de una sustancia babosa.<\/p>\n<p>S: &iquest;La oliste?<\/p>\n<p>F: No. Me dio asco.<\/p>\n<p>Silencio.<\/p>\n<p>F: &iquest;Padre?<\/p>\n<p>S: Aqu&iacute; estoy, hijita.<\/p>\n<p>F: No s&eacute; qu&eacute; ser&aacute; eso. Me siento confundida.<\/p>\n<p>S: &iquest;Has tenido sue&ntilde;os er&oacute;ticos?<\/p>\n<p>F: &iquest;Sue&ntilde;os er&oacute;ticos?<\/p>\n<p>S: S&iacute;, sue&ntilde;os en los que t&uacute; y alguien m&aacute;s juegan desnudos.<\/p>\n<p>F: No, Padre; la verdad es que no recuerdo.<\/p>\n<p>S: &iquest;Te has masturbado?<\/p>\n<p>F: &iquest;C&oacute;mo?<\/p>\n<p>S: Que si te has frotado la vulva con los dedos.<\/p>\n<p>F: Bueno, s&iacute;. &iquest;Es malo hacerlo?<\/p>\n<p>S: &iexcl;Por Cristo! Es pecado mortal. Hija, me parece que el maligno te ha pose&iacute;do.<\/p>\n<p>F: &iquest;El maligno, Padre?<\/p>\n<p>S: S&iacute;. Es La Ninfa, un demonio que hace que te de fiebre.<\/p>\n<p>F: &iexcl;No me diga eso, Padre! &iquest;Qu&eacute; es lo que me sucede? &iquest;Es peligroso?<\/p>\n<p>S: Si no te exorcizo pronto, ser&iacute;a muy pero que muy peligroso. Yo puedo curarte.<\/p>\n<p>F: D&iacute;game qu&eacute; tengo que hacer, &iexcl;por favor!<\/p>\n<p>S: Calma, calma. Esc&uacute;chame con atenci&oacute;n. M&aacute;s luego, como a las cinco, vas a venir a la iglesia y vas a entrar por la parte de atr&aacute;s, &iquest;entendido?<\/p>\n<p>F: S&iacute;.<\/p>\n<p>S: La puerta estar&aacute; sin seguro. As&iacute; que entras y la cierras. Yo voy a estar adentro en la sacrist&iacute;a, esper&aacute;ndote. &iquest;Vas a venir?<\/p>\n<p>F: S&iacute;.<\/p>\n<p>S: Nos vemos entonces. Ve con Dios.<\/p>\n<p>En la tarde. La joven llevaba ahora un vestido camisero sin mangas de color amarillo. Cuando estuvo ante la puerta trasera de la iglesia, vio que &eacute;sta estaba un poco entreabierta, empuj&oacute; con la mano y entr&oacute;. En seguida cerr&oacute; la puerta, pasando el cerrojo.<\/p>\n<p>En la iglesia no hab&iacute;a nadie salvo el cura. Estaba arriba sentado ante un escritorio, y contabilizaba las ofrendas recibidas de la semana. Cuando sinti&oacute;, afuera, que cerraban el cerrojo, se levant&oacute; y se acerc&oacute; a la ventana. Abajo, por el camino del patio, avanzaba la joven adolescente, hermosa y virginal, con su vestido amarillo y su cabello largo y negro agarrado de una mo&ntilde;a por detr&aacute;s. El cura se apresur&oacute; a desocupar el escritorio, luego fue y abri&oacute; la puerta, sali&oacute; al pasillo y baj&oacute; por las escaleras hasta el patio para recibirla. Luego, los dos subieron al segundo piso y se metieron en la sacrist&iacute;a. El cura cerr&oacute; la puerta tras de s&iacute;.<\/p>\n<p>-Bueno, aqu&iacute; estamos -dijo.<\/p>\n<p>-Padre Yojan, d&iacute;game c&oacute;mo hago para curarme de eso que usted mencion&oacute; al mediod&iacute;a.<\/p>\n<p>-&iquest;La fiebre de la Ninfa?<\/p>\n<p>-Eso mismo.<\/p>\n<p>-No te preocupes. Lo primero que tienes que hacer, es relajarte.<\/p>\n<p>El sacerdote se acerc&oacute; a la joven y le dijo que cerrara los ojos, y ella, obedientemente, los cerr&oacute;. Luego la llev&oacute; hasta el escritorio y la sent&oacute; en &eacute;l.<\/p>\n<p>-Acu&eacute;state -le dijo.<\/p>\n<p>Ella se acost&oacute;. Entones, &eacute;l le agarr&oacute; el borde del vestido, las manos de ella lo atajaron.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; est&aacute; haciendo, Padre Yojan?<\/p>\n<p>-No te muevas -dijo &eacute;l.<\/p>\n<p>Ella, confusa, insegura, sin entender nada, quit&oacute; las manos y &eacute;l procedi&oacute; a subir de nuevo el vestido. Ten&iacute;a las piernas blancas, sonrosadas, los muslos lisos, firmes, la carne tierna. El sacerdote se excit&oacute;. A medida que le sub&iacute;a el vestido a la joven, &eacute;l se iba poniendo m&aacute;s y m&aacute;s caliente. Fue subiendo el vestido hasta dejar al descubierto la tela color beige de la pantaleta. Vio un bulto gordo, con finos vellos negros sali&eacute;ndose por los costados, sobre la piel blanca.<\/p>\n<p>-Ahora, voy a quitarte esto -dijo el Padre mientras le agarraba el borde superior de las bragas. Se las quit&oacute; alz&aacute;ndole las piernas.<\/p>\n<p>-D&eacute;jalas as&iacute; -le dijo.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a un montoncito de vello encima del cl&iacute;toris sobresalido. El cura pos&oacute; su mano en el vello. La joven trat&oacute; de inquirir algo, pero &eacute;l levant&oacute; la cabeza para decirle que no se moviera, que no abriera los ojos sino hasta despu&eacute;s de avisarle. Y volvi&oacute; a lo suyo. Con los dedos &iacute;ndice y pulgar le abri&oacute; los labios de la vulva. Por dentro era rosada. En el fondo contempl&oacute; una capita de piel que parec&iacute;a el&aacute;stica. El cura le tracute&oacute; las paredes vaginales. Luego, inclinando la mitad del cuerpo hacia delante, meti&oacute; la cabeza entre sus piernas y comenz&oacute; a lamerle el sexo. Le pas&oacute; la lengua de abajo hacia arriba, primero suave, despu&eacute;s r&aacute;pido, otra vez suave, y la met&iacute;a y la sacaba como un animal de sangre fr&iacute;a. Dibujaba c&iacute;rculos alrededor del cl&iacute;toris. De pronto sinti&oacute; en su boca una sustancia viscosa que no era saliva; eran los efluvios naturales de aquel sexo. Sinti&oacute; el sabor en la lengua. Era un sabor ins&iacute;pido y nada especial, pero a &eacute;l le sab&iacute;a a gloria. Era un tanto salobre, pero a &eacute;l le parec&iacute;a dulce. En eso ella le hab&iacute;a cogido la cabeza con las manos y, soltando tenues gemidos, le acariciaba los cabellos como si estuviera haciendo un masaje.<\/p>\n<p>Ya est&aacute; lista, pens&oacute; el cura.<\/p>\n<p>Se enderez&oacute;. Cogi&oacute; las piernas de la joven y las inclin&oacute; hacia su d&eacute;bil cuerpecillo. La joven estaba en popa, con los talones arriba. El Padre Yojan, entonces, se llev&oacute; las manos al cintur&oacute;n y se lo desabroch&oacute;, desaboton&oacute; el pantal&oacute;n y se lo bajo con el pantaloncillo. Ahora ten&iacute;a su pene erecto, erguido frente a la vulva de la muchacha. Pero ella no pod&iacute;a ver lo que ten&iacute;a enfrente porque sus ojos estaban cerrados. Era un pene grueso, moreno, ligeramente curvado hacia la izquierda, que med&iacute;a como una cuarta. El Padre se lo agarr&oacute; y lo acerc&oacute; a los labios vaginales. Lo desliz&oacute; de arriba a abajo, de abajo a arriba, y humect&oacute; el glande con la lubricaci&oacute;n de ella. El cura record&oacute; unos versos:<\/p>\n<p>&iexcl;Cu&aacute;nto mejores que el vino tus<\/p>\n<p>amores,<\/p>\n<p>Y el olor de tus ung&uuml;entos que todas<\/p>\n<p>las especias arom&aacute;ticas!<\/p>\n<p>Intent&oacute; meter el pene. S&oacute;lo cab&iacute;a la cabeza y un poquito m&aacute;s. Luego lo fue empujando lentamente a trav&eacute;s del vello h&uacute;medo y sedoso de los labios mayores y lo introdujo hasta la mitad. Escuch&oacute; un quejido. Mir&oacute; el rostro de la joven; vio que ten&iacute;a la boca abierta y el ce&ntilde;o fruncido en una mueca de dolor y placer mezclados. Suavecito comenz&oacute; a meter y a sacar el pene mientras le masajeaba el cl&iacute;toris con el pulgar. Le pasaba la otra mano por el abdomen. La joven lubricaba m&aacute;s y m&aacute;s cada vez que el cura hac&iacute;a una presi&oacute;n. Entonces embisti&oacute; con un golpe r&aacute;pido, sac&oacute; y meti&oacute; la verga hasta el pegue. Algo tron&oacute;. La sangre se esparci&oacute; por el escritorio. No mucha. La joven aument&oacute; los quejidos y el cura le tap&oacute; la boca sin dejar de penetrarla&#8230; Hasta que se vino, dentro de ella. Luego sac&oacute; el pene, se lo limpi&oacute; con cualquier cosa, y se alz&oacute; el pantal&oacute;n. A ella le puso la pantaleta.<\/p>\n<p>-Ya puedes abrir los ojos -le dijo.<\/p>\n<p>La joven los abri&oacute;. Estaba un poco mareada. El Padre la ayud&oacute; a incorporarse, la ayud&oacute; a que se bajara del escritorio. Al hacerlo, no percibi&oacute; que el vestido amarillo, impoluto hasta hace unos momentos, estaba ahora ligeramente manchado de sangre.<\/p>\n<p>La joven se llev&oacute; una mano a la frente.<\/p>\n<p>-&iquest;Se te quit&oacute; la Fiebre? -le pregunt&oacute; el cura.<\/p>\n<p>-No s&eacute;, creo que no.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>5 Ese domingo, al mediod&iacute;a, se acababa de oficiar la misa en la iglesia de San Moreno, ubicada en Villa Montaraz. Los feligreses se levantaban de las banquetas de madera lustrada y se dirig&iacute;an a la salida conversando entre si. 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