{"id":42131,"date":"2023-05-31T22:00:00","date_gmt":"2023-05-31T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-05-31T22:00:00","modified_gmt":"2023-05-31T22:00:00","slug":"puticas-en-avenida-la-cordialidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/puticas-en-avenida-la-cordialidad\/","title":{"rendered":"Puticas en avenida La Cordialidad"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42131\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">0<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Hay d&iacute;as en que tengo hambre y me da pereza cocinar. Entonces salgo, tarde en la noche, camino hasta la Terpel y compro algo de comer, ya sea un pastel de pollo o un bofe con yuca de los que vende F&eacute;lix, ya sea una de las comidas de Darlene. Depende de lo que me provoque. La mayor&iacute;a de veces le compro a Darlene, su comida trae carne, arroz, ensalada, sopa. Es m&aacute;s variada (y m&aacute;s sabrosa) que la de F&eacute;lix, pero la de F&eacute;lix tambi&eacute;n es buena. F&eacute;lix tiene sesenta y un a&ntilde;os, es delgado, suele usar gorra para cubrir la calva repelente en la parte superior de su prominente cabeza. Darlene tiene treinta y nueve a&ntilde;os y es gordita, rolliza, sus ojos son de color miel. A veces s&oacute;lo llego y me quedo a hablar con ellos un rato, sin comprar nada, mirando el panorama nocturno.<\/p>\n<p>Nos tenemos consideraci&oacute;n. Incluso m&aacute;s de la que se deber&iacute;a. La vez pasada F&eacute;lix, al verme, dijo que yo sent&iacute;a mucho amor por Darlene porque me fij&eacute; en la mujer que estaba parada junto a &eacute;l, la que confes&eacute; no reconocer de inmediato. Era, en efecto, Darlene, que se hab&iacute;a quitado de su lugar por un supuesto mal olor impregnado cerca en el suelo. Como si no hubi&eacute;semos escuchado nada, ella no dijo una palabra, y yo tampoco; pero al volver de nuevo F&eacute;lix a decir ese es mucho amor, enseguida le ped&iacute; respeto, no para m&iacute; sino sobre todo para Darlene, y ella me apoy&oacute;. Me apen&eacute; un poco. Yo hablo bastante con Darlene, nos hemos contado cosas &iacute;ntimas. Hoy, por ejemplo, me coment&oacute; de lo necesario que es tener a alguien con quien se pueda, adem&aacute;s del sexo, conversar, as&iacute; como cuando habla conmigo. Dice que el ser humano no naci&oacute; para estar solo. Sin embargo, Darlene est&aacute; soltera por el momento, &quot;amorosamente hablando&quot;, porque tiene hijos con los que a&uacute;n vive. Hasta hace poco andaba con un se&ntilde;or que conduce un taxi, un se&ntilde;or muy atento, seg&uacute;n ella, pero a la vez supercomplicado. No niego que en ocasiones me parece atractiva, s&iacute;, en ocasiones me veo sumergiendo la cara en sus enormes tetas, acariciando cada parte de su rollizo y bronceado cuerpo, en medio de sus piernas, penetrando extasiado su chocho carnoso. Pero esto podr&iacute;a da&ntilde;ar la amistad entre nosotros. No s&eacute;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s me acerqu&eacute; a la panader&iacute;a de la esquina. El muchacho que la atiende en las noches, Iker, se ha hecho vale m&iacute;o. Es venezolano y tenemos m&aacute;s o menos la misma edad. Iker me est&aacute; ayudando a conseguir a Liseth, una de sus compa&ntilde;eras de trabajo, tambi&eacute;n venezolana. Pero ayudar, lo que se dice ayudar, no; s&oacute;lo de vez en cuando le mando con &eacute;l uno que otro mensajito inocente. De parte de un admirador secreto. Liseth me ha visto comprar postres en el d&iacute;a: es ella quien me los despacha. Me las arreglo para que as&iacute; sea. Desde lejos la observo y, si est&aacute; atendiendo a alguien, disminuyo el paso, espero a que quede libre y entonces llego. Normalmente le digo: &quot;Hola &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s?&quot; Y ella: &quot;Hola. Bien &iquest;y t&uacute;?&quot; La primera vez que me vendi&oacute; un postre le pregunt&eacute; cu&aacute;l era para ella el m&aacute;s rico de los dos que me hab&iacute;a sacado, y el que me se&ntilde;al&oacute; fue el que compr&eacute;. &iquest;Se imaginar&aacute; que yo soy el admirador secreto que le env&iacute;a mensajitos con su compatriota Iker? Creo que s&iacute;. Al fin y al cabo Iker tal vez ya le habr&aacute; dicho<\/p>\n<p>Mira chica el loco este est&aacute; enamorado de ti<\/p>\n<p>&iquest;Qui&eacute;n?<\/p>\n<p>El loco este que a veces viene de noche y se pone a habl&aacute; conmigo, t&uacute; lo conoces.<\/p>\n<p>S&iacute;, ella me conoce, sabe que Iker y yo somos medio vales, medio panas. Pero quiz&aacute; no se acuerde. Soy solo uno de los tantos admiradores que debe tener&#8230; Empec&eacute; a verla all&iacute; hace unos meses. Antes estaba en una panader&iacute;a de La Carolina, me cont&oacute; Iker. En aquella panader&iacute;a tuvo un problema con un compa&ntilde;ero de trabajo porque le agarr&oacute; las nalgas, y pidi&oacute; que la sacaran y la colocaran en otra panader&iacute;a. Hab&iacute;a llorado por el incidente, dijo Iker. Ella es un bomb&oacute;n dentro de lo que cabe. Es bonita, o eso me parece, nunca la he visto sin el tapaboca. Tiene diecinueve a&ntilde;os y abundante vellosidad en los brazos. Posee unos gl&uacute;teos bien formados, redonditos, est&eacute;ticos. El motivo del problema en aquella panader&iacute;a.<\/p>\n<p>Me qued&eacute; hablando un rato con Iker. Mientras, llegaban a la panader&iacute;a conductores, gamines y gente de cualquier tipo a comprar y &eacute;l los atend&iacute;a. Hab&iacute;a gamines que se pon&iacute;an a vigilar a los que compraban para despu&eacute;s acercarse y pedirles algo, una moneda, un pan, una gaseosa&#8230; Cuando pasaba el interludio retom&aacute;bamos la conversaci&oacute;n, y as&iacute;. Iker me dijo que hab&iacute;a visto a una de las muchachas que me llev&eacute; el otro d&iacute;a para el apartamento; de las que se ponen en la orilla de la carretera a venderse. Eran dos venezolanas mayores, una de veintisiete y la otra de veinticuatro a&ntilde;os, que dec&iacute;an ser hermanas, y con las que hab&iacute;a estado. Una es bajita, gruesa, mona, y la otra es delgada, un poquitico m&aacute;s alta que la hermana, y tiene un lunar en la cara. Fue a esta a la que vio Iker. La vio en la bomba que est&aacute; m&aacute;s adelante, frente a la Ol&iacute;mpica.<\/p>\n<p>-Ya no est&aacute; tan delgada, ahora est&aacute; acuerpada. &iquest;Le vas a llegar? -pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>-No s&eacute; -dije-. Tengo ganas.<\/p>\n<p>-Esa chama est&aacute; m&aacute;s buena que la hermana -dijo Iker.<\/p>\n<p>Tiene toda la raz&oacute;n. Y no s&oacute;lo est&aacute; m&aacute;s buena sino que culea much&iacute;simo mejor. Es una artista en la cama. Con la hermana cule&eacute; primero, me la llev&eacute; por una noche tambi&eacute;n, y a pesar de que le pagu&eacute; noventa mil barras, el polvo no es que haya sido memorable, aunque me brind&oacute; algo que la otra no me ofreci&oacute;: se me vino a chorros cuando la embest&iacute;a en un ataque de furia animal. Esta me cobr&oacute; lo mismo, pero, como la hab&iacute;a invitado a unos tragos y ya iba a ser la una de la madrugada, le di setenta mil y me los acept&oacute;. No la dej&eacute; casi descansar. Fue algo b&aacute;rbaro, el sol sali&oacute; y todav&iacute;a est&aacute;bamos tirando.<\/p>\n<p>Luego, alguien lleg&oacute; a comprar pan y me fui en direcci&oacute;n a la bomba que est&aacute; frente a la Ol&iacute;mpica. A esa hora (ser&iacute;an las doce de la noche) la avenida estaba semi desierta. Eran escasos los carros que pasaban. Hab&iacute;a una chica joven parada en el and&eacute;n, vestida con un mocho y una blusa ombliguera esperando clientes. Pas&eacute; de largo. Cuando llegu&eacute; a la bomba, camin&eacute; hasta la entrada del motel de la bomba, en la que hay una valla de alambre. Detr&aacute;s de esa valla, de pie, estaba la venezolana, y con ella otra chica, prostituta tambi&eacute;n, y un man. La venezolana ten&iacute;a un vestido enterizo corto de color rosado ne&oacute;n con motivos de flores, bien ce&ntilde;ido al cuerpo. Era verdad que estaba m&aacute;s gruesa, la vi m&aacute;s bonita, m&aacute;s sexy. La llam&eacute; y se acerc&oacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;Te acuerdas de m&iacute;? -le pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>-S&iacute;, claro -dijo.<\/p>\n<p>-&iquest;Est&aacute;s de servicio?<\/p>\n<p>-S&iacute;.<\/p>\n<p>-Vamos a mi casa.<\/p>\n<p>-No puedo. No me dejan salir.<\/p>\n<p>-&iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>-Lo que pasa es que estoy esperando a alguien. Es un cliente que no demora en venir a recogerme. Si quieres podemos hacerlo en una de las habitaciones de aqu&iacute;.<\/p>\n<p>-&iquest;Y si te espero?<\/p>\n<p>-No te sabr&iacute;a decir. Porque es un buen cliente. Siempre que me solicita se gasta dos, tres horas. La verdad no s&eacute;.<\/p>\n<p>-De todos modos te voy a esperar.<\/p>\n<p>Tras una breve pausa, agreg&oacute;:<\/p>\n<p>-Me hubieras dicho m&aacute;s temprano.<\/p>\n<p>Como no concretamos nada, se alej&oacute; para reunirse de nuevo con el man y la otra muchacha. Yo me qued&eacute; recostado en la valla, desde donde la miraba, desde donde contemplaba su ilusoria belleza. Despu&eacute;s se fue, acompa&ntilde;ada por el man; cruzaron la avenida. Del otro lado los esperaba un muchacho que acababa de llegar. Y los tres tomaron la entrada de Villa Estrella por el costado de la Ol&iacute;mpica.<\/p>\n<p>Me fui.<\/p>\n<p>La chica que hab&iacute;a visto parada en la acera todav&iacute;a estaba all&iacute;. Por un segundo pens&eacute; en detenerme y preguntarle cu&aacute;nto costaba un polvo, pero me arrepent&iacute;. Ten&iacute;a buena pinta pero su expresi&oacute;n hosca y su apariencia sucia no me entusiasm&oacute; para nada. Segu&iacute; de largo. A mi derecha, los frentes oscuros de los talleres mec&aacute;nicos; a mi izquierda, la avenida, el zumbido a algunos carros y del otro lado un enorme complejo de apartamentos de color verde con sus oscuros balcones y sus oscuras ventanas. Al pasar por la panader&iacute;a, Iker me dijo:<\/p>\n<p>-&iquest;La viste?<\/p>\n<p>-Siza.<\/p>\n<p>-&iquest;Y qu&eacute;?<\/p>\n<p>-Nada.<\/p>\n<p>-&iquest;Nada?<\/p>\n<p>-Me sali&oacute; con un cuento raro. Le propuse que se fuera conmigo y me dijo que no la dejaban salir. Que estaba esperando un cliente, que tal.<\/p>\n<p>-&iquest;No hab&iacute;a otras?<\/p>\n<p>-S&iacute; pero, nombe, las otras est&aacute;n fuleras. Yo me voy es a dormir. Nos pillamos, man.<\/p>\n<p>-Dale pues.<\/p>\n<p>Cruc&eacute; la oscura y solitaria avenida, llegu&eacute; a mi barrio, camin&eacute; hasta la entrada de mi conjunto. El portero hab&iacute;a cerrado con llave la reja, estaba durmiendo en la garita; pero al sentirme se levant&oacute; y me abri&oacute;. Ya en el bloque camin&eacute; por el pasillo interior del primer piso, iluminado por las tenues luces amarillas de las farolas, en medio de un silencio y una quietud totales. Sub&iacute; los escalones, llegu&eacute; al cuarto piso, ante mi puerta saqu&eacute; la llave del bolsillo y, a pesar de la oscuridad en la entrada, la introduje a la primera en el ojo de la cerradura. Abr&iacute;, entr&eacute;, cerr&eacute; la puerta. Pas&eacute; a mi cuarto, prend&iacute; el foco y el abanico y abr&iacute; la ventana; me quit&eacute; la ropa. Fui al ba&ntilde;o, me lav&eacute; los pies, los dientes. Regres&eacute; al cuarto, agarr&eacute; El asno de oro, le&iacute; un cap&iacute;tulo. Luego apagu&eacute; el foco y me dispuse a dormir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>0 Hay d&iacute;as en que tengo hambre y me da pereza cocinar. Entonces salgo, tarde en la noche, camino hasta la Terpel y compro algo de comer, ya sea un pastel de pollo o un bofe con yuca de los que vende F&eacute;lix, ya sea una de las comidas de Darlene. Depende de lo que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":25388,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":{"0":"post-42131","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-control-mental"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42131","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/25388"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=42131"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42131\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=42131"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=42131"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=42131"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}