{"id":42150,"date":"2023-06-03T02:08:53","date_gmt":"2023-06-03T02:08:53","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-06-03T02:08:53","modified_gmt":"2023-06-03T02:08:53","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-13","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-13\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (13)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42150\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 21<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;Melissa&hellip; Te pe&hellip; &ndash;Dudo, lo que dura un suspiro. &ndash; &iexcl;Mariana, te pido que por favor te levantes! No demos m&aacute;s espect&aacute;culo a estas personas. Vamos a sentarnos y t&uacute; con tranquilidad me vas a contar lo que quieras&hellip; Lo que t&uacute; creas que yo debo escuchar. &mdash;Y con firmeza la tomo por debajo de sus hombros y la levanto. Abraz&aacute;ndose a m&iacute; con fuerza le dejo que siga sollozando mientras se calma, escondiendo su rostro en el abrigo de m&iacute; pecho y como no me mira, decido tomar entre mis manos su cara y alz&aacute;rsela para depositar un beso con s&iacute;ntomas de tranquilidad en su frente.<\/p>\n<p>Observo con detenimiento la palidez que ti&ntilde;e de amargura la tersa piel de su rostro y sobre ella perdurando, &ndash;sin ganas de desaparecer&ndash; la humedad del llanto en la cima de sus p&oacute;mulos, justo por debajo de los p&aacute;rpados en su par de cielos, ahora enrojecidos.<\/p>\n<p>Dispares y amorfas se le han formado coloridas manchas de un profundo azul cobalto que se va difuminando en el rosa intenso, casi magenta del maquillaje que minutos antes, primoroso decoraba su mirada alegre y que ahora se ven sombr&iacute;os por el negro f&uacute;nebre del r&iacute;mel corrido de sus pesta&ntilde;as. Goterones que indomables amenazan cabalgar por las albas mejillas hacia abajo, m&aacute;s con mis pulgares circulando precipitados, bloqueo lo oscuro derramado y disimulo un poco aquel desastre. Y en las palmas de mis manos acuno el contorno de su cara, mojado, triste y de un tibio arrepentido.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Con fortaleza me levanta Camilo y me abraza. &iexcl;Mariana! &iexcl;Me ha dicho Mariana por fin! Y adem&aacute;s&hellip; Adem&aacute;s me besa. &iexcl;S&iacute;&iacute;&iacute;, me besa! En la frente, pero para m&iacute; es m&aacute;s que suficiente con lo que acaba de hacer. Me toma a dos manos la cara y me observa. Nos miramos, llorosos y abatidos ambos, y yo abrazada a &eacute;l me empino y lo beso en los labios. Un &laquo;pico&raquo; fugaz y robado, lo s&eacute;. Un leve roce de texturas entre su piel y mis carnes pero que me sabe a gloria en mi derrota y frente a un posible perd&oacute;n. &iquest;Ser&aacute; posible que se convierta en realidad lo que tanto deseo?<\/p>\n<p>Este silencioso e &iacute;ntimo momento es interrumpido por los animados aplausos que llegan acompa&ntilde;ados por el postrero y expresivo coro de un&hellip; &iexcl;Awww!, generalizado y c&oacute;mplice que nos va rodeando. El perfil de sus labios se va estirando levemente a izquierda y derecha formando una sonrisa algo apenada. Yo sonri&oacute; igualmente con timidez, pero solo a &eacute;l. &iexcl;&Uacute;nicamente a mi marido!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Gracias, gracias! Camilo t&uacute;&hellip; Eres muy generoso, mi cielo, siempre lo has sido y&hellip; &iquest;Sabes algo? Tienes la nobleza de un perrito. S&iacute;, de esos callejeros, &ndash;le se&ntilde;alo estirando los labios, al gozque negro con manchas ocres que permanece expectante en las escalinatas de la entrada&ndash; de aquellos que parecen no tener due&ntilde;o y menean el rabo a la primera persona que se les acerca aunque no los determinen, o si lo hacen, reciben los pobres por saludo un grito para ahuyentarlos en el mejor de los casos, o en el m&aacute;s malo, una patada en el costado para apartarlos. Y ellos, angelicalmente agachan sus orejitas y vuelven una y otra vez, &ndash;lastimados pero amorosos&ndash;, a mover como un ringlete su colita a pesar del mal pago y siguen por detr&aacute;s a pocos pasos, por varias cuadras, al humano deshumanizado que no los quiere a su lado. &mdash;Camilo, al igual que yo, observa al canino que jadeando por el calor, se aleja calle abajo, esquivando con algo de temor a unos j&oacute;venes que en contrav&iacute;a, hacen piruetas montando en sus monopatines.<\/p>\n<p>&mdash;Eres una persona incre&iacute;blemente buena, un amor de hombre. &iexcl;Eres mi amor! &mdash;Le hablo con suavidad acarici&aacute;ndole el ment&oacute;n, mientras que Camilo intenta dar media vuelta. Pero antes me responde&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No tienes que agradecerme nada Mariana. &iquest;Acaso me has escuchado decir que te he perdonado? Sucede que no me gusta ver tu alma tan atormentada pues la m&iacute;a conoce de primera mano lo que se siente. &mdash;Le respondo con seriedad.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>En el local la m&uacute;sica ya no se escucha, pero en las pantallas de televisi&oacute;n puedo observar que se ha reiniciado el partido de futbol y las personas por lo tanto se desentienden de nuestra situaci&oacute;n, pensando con seguridad que todo est&aacute; ya arreglado.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ok! Tienes raz&oacute;n, vamos a sentarnos que a&uacute;n debemos charlar largo y tendido. &mdash;Me dice, sec&aacute;ndose las mejillas y la nariz con la piel de su antebrazo, y marchamos juntos hacia nuestra mesa, mientras su otro brazo por detr&aacute;s contin&uacute;a abarcando mi cintura, y el cuello al igual que sus hombros, soportan acalorados pero con gusto el peso del m&iacute;o.<\/p>\n<p>Nos sentamos nuevamente pero esta vez, acomodo mi silla justo al lado de la suya por el otro costado, dejando entre los dos un espacio que lo ocupa el pl&aacute;stico asiento con su bolso negro y el sombrero de paja; aparto hacia la izquierda sobre la mesa, los dos envases colmados de cerveza y acerco hacia m&iacute;, la cajetilla de cigarrillos y el cenicero. Mariana toma uno de los suyos y por ende, yo uno de los m&iacute;os. Ella se me anticipa y me ofrece de su encendedor, la candela. Por mi parte luego de la primera calada, bebo un largo sorbo de la m&iacute;a hasta dejar por la mitad, su contenido todav&iacute;a frio y refrescante.<\/p>\n<p>&mdash;S&eacute; que te ha afectado y&hellip; &iexcl;Ufff! Dolido demasiado, mi vida. &mdash;Me habla de improviso, mientras a dos manos balancea su jarra de cerveza sin decidirse a probarla todav&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;No creo que por mucho que lo intentes, alcances a imagin&aacute;rtelo. &mdash;Le respondo rascando mi barbilla.<\/p>\n<p>&mdash;Lo comprendo, cr&eacute;eme. Pero a pesar de que lo que te voy a decir te vaya a sonar il&oacute;gico, mentiroso e incomprensible, yo te juro por lo m&aacute;s sagrado que es as&iacute;, que lo viv&iacute; tal cu&aacute;l&hellip; &iexcl;Que lo sent&iacute; as&iacute;! &mdash;Suspiro escuch&aacute;ndola, al tiempo que me echo hacia atr&aacute;s en la silla fumando, y termino de un solo trago lo poco que me resta de la Club Colombia.<\/p>\n<p>&mdash;Tienes corrido el maquillaje. &mdash;Le digo dibujando con mi dedo &iacute;ndice un imaginario c&iacute;rculo en el aire, justo al frente a su rostro y aprovecho este momento para recomponer mi &aacute;nimo y que no descubra que a&uacute;n sigo de ella muy enamorado.<\/p>\n<p>Mariana no da se&ntilde;ales de sorpresa y toma sin prisa su bolso para extraer del interior un paquete de pa&ntilde;uelos faciales. Con suma paciencia limpia una y otra vez los parpados del ojo derecho y luego de revisar el contenido con colores desvanecidos del tercer pa&ntilde;ito, reinicia la operaci&oacute;n de limpieza en el izquierdo.<\/p>\n<p>Yo fumo y bebo ya de la segunda cerveza, no tan fr&iacute;a como quisiera, detallando los movimientos tan concisos y familiares, record&aacute;ndome las noches de los &uacute;ltimos meses anteriores al desastre, cuando yo la esperaba junto a mi hijo en casa y ya en nuestra habitaci&oacute;n, la contemplaba desmaquillarse antes de meterse &ndash;amorosa, mareada y con un poco de aliento a alcohol&ndash; en la cama conmigo luego de celebrar con su grupo de ventas el &eacute;xito de sus metas comerciales.<\/p>\n<p>&mdash;Lo lamento, Camilo. Pero no te preocupes, m&aacute;s tarde al salir de aqu&iacute; pasamos por alguna tienda y te compro una camisa nueva para reponerte esa. &mdash;Me responde, pero como no comprendo de inmediato, Mariana estira su brazo derecho y con los dedos me toca la mancha &iacute;ndigo, magenta y negra que me ha dejado impresa a la altura del pecho, justo al lado del tercer bot&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, no importa Mariana. Total, el color no le hace justicia al caramelo tostado de mi piel. &mdash;Le respondo sin mirarla, pues me dedico a refregar con las yemas de mis dedos, la camisa mancillada.<\/p>\n<p>Le acepto dos de sus pa&ntilde;uelos y los humedezco con las gotas de humedad que todav&iacute;a se resbalan en uno de los envases, limpi&aacute;ndome un poco la camisa, sin lograr borrar del todo, el textil tatuaje de sus penas.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&mdash;Me has visto sufrir y te duele. &ndash;Camilo deja de limpiarse, centrando su atenci&oacute;n en el casi nulo pesta&ntilde;eo de mis ojos y en el tono suave de mis palabras. &ndash; &iexcl;Porque me amas! He observado el tuyo y me hiere igualmente. &iexcl;Porque te amo! Ambos sabemos que esta pena no es de ahora, &ndash;doy un sorbo a mi bebida&ndash; ni lo tuyo ni lo m&iacute;o. Solo que no nos vimos sufrir, no te quedaste lo suficiente para demostr&aacute;rmelo y yo&hellip; Egoc&eacute;ntrica e irresponsable, te incit&eacute; a marchar a destiempo sin aclarar todos mis actos.<\/p>\n<p>Aspiro suavemente el tabaco de mi cigarrillo y pienso en como proseguir mi expiaci&oacute;n, entre tanto Camilo en silencio, re&uacute;ne los pa&ntilde;itos usados, &ndash;los suyos y los m&iacute;os&ndash; y arma una bolita de papel con la que juega un poco hasta que la pelotita demasiada liviana, impulsada por la fuerza de sus dedos, termina golpeando el borde del cenicero y rodando cae al suelo, para permanecer all&iacute; por el momento.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Crees que hasta ahora es cuando sufro? No, mi cielo. La verdad es que cargo con este dolor desde mucho antes y para serte sincera y aunque te cueste mucho creerme, lo vengo padeciendo desde el propio inicio de mis enga&ntilde;os hacia ti. &mdash;Expulso por la nariz el humo, desviando mi mirada hacia la claridad de la entrada del local y contin&uacute;o habl&aacute;ndole antes de que me interrumpa.<\/p>\n<p>&mdash;Te ha dolido que haya estado con &eacute;l porque ca&iacute; bobamente en sus redes, atra&iacute;da por su encanto y su labia como le ocurri&oacute; a las dem&aacute;s. Habr&aacute;s sufrido al imaginarme teniendo sexo con &eacute;l, conjeturando una y otra vez, que era algo que no hallaba en ti y que t&uacute; eras la falla; creyendo que por eso yo lo hab&iacute;a buscado por fuera y termin&eacute; encontrando esos deseados orgasmos a su lado, desafortunadamente para ti.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pero no fue as&iacute;, te lo aseguro, cr&eacute;eme! Ni fueron tantos y mucho menos estruendosos o espectaculares. Para nada te superaba, ni en eso ni en nada m&aacute;s, y menos mi cielo, t&uacute; me fallabas. &iexcl;Era yo la que te faltaba! &Eacute;l solo fue la consecuencia y yo la causa. Y no, no lo estoy defendiendo, te lo aseguro. Y es perfectamente entendible que no me hablaras y te exiliaras, aqu&iacute;. Tu ego de macho lo hab&iacute;a ultrajado y como mi esposo, traicionado sin que lo merecieras.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; no fue as&iacute;? &iexcl;Por favor! Idiota no soy. &iquest;Ultrajado? No Mariana. &iexcl;Me mataste! &iexcl;Me destruiste! Haberte acostado con &eacute;l o con cualquiera, hubiese sido lo mismo para m&iacute;. Me fallaste, &iexcl;Maldita sea! &iexcl;Me faltaste al respeto! Yo no merec&iacute;a recibir eso de ti, porque yo me entregu&eacute; en cuerpo entero para brindarte a ti y a mi Mateo, un mundo feliz, similar ha como ven&iacute;amos viviendo los tres en este para&iacute;so &mdash;El rostro de mi esposo se congestiona, enrojece y con sus ojitos todav&iacute;a llorosos, no se pierde de vista mi reacci&oacute;n.<\/p>\n<p>No s&eacute; por qu&eacute; los hombres tienden siempre a pensar de la misma manera. Se comparan y se miden por el grosor y su extensi&oacute;n. Nunca en emociones o en c&oacute;mo te hacen sentir y vivir. Deben pensar en si el intruso, al tenerlo m&aacute;s largo y grueso, con solo eso te lo hace mejor y lo convierte en un experto amante, otorg&aacute;ndote innumerables cl&iacute;max prolongados. &iquest;Y el empe&ntilde;o o el tiempo que debe durar eso tieso? Camilo hasta habr&aacute; pensado posiblemente que tambi&eacute;n involucr&eacute; mis sentimientos, porque para hacer lo que hice con Chacho principalmente, pues siendo como es de presuntuoso y hasta pedante, yo no deber&iacute;a haberme fijado ni interesado en tener algo, mucho menos sostener esa escondida relaci&oacute;n durante tantos meses.<\/p>\n<p>&mdash;Yo te ten&iacute;a idealizada, &ndash;habla de repente mi esposo, sac&aacute;ndome de mis pensamientos. &ndash; encumbrada ante mi familia y la tuya, como una gran mujer. Amorosa esposa y una madre excelente. Inteligente y honesta. Eras todo para m&iacute; y no ve&iacute;a sino por tus ojos. Tus deseos eran los m&iacute;os al igual que tus sentimientos, sufriendo si no te ve&iacute;a feliz. Por supuesto que pens&eacute; que era yo el problema y tu Playboy de playa, la soluci&oacute;n que encontraste frente a lo que yo dejaba de aportarte. Lo que me cuestion&eacute; en un bucle interminable, y a&uacute;n lo sigo haciendo, es por qu&eacute; Mariana&hellip; &iquest;Por qu&eacute; lo hiciste? Por qu&eacute; no hablar conmigo y simplemente, sin soluci&oacute;n a la vista, dejarnos. No habr&iacute;a objetado tu decisi&oacute;n, aunque interiormente me desangrase.<\/p>\n<p>Camilo contin&uacute;a exponiendo sus puntos de vista, creyendo como lo supuse, que junto a &eacute;l me sent&iacute;a incompleta y que al encamarme con Chacho, consegu&iacute; sentirme plena. Quiz&aacute; yo deber&iacute;a haberme puesto a pensar en eso mismo cuando Camilo se acost&oacute; con ellas. Pero no lo hice en su momento, mucho menos me lo llegu&eacute; a plantear cuando se fue y tan solo me interes&eacute; en que mi marido se lo hubiera pasado bien, sin que llegara a imaginar que yo le puse a una de ellas en bandeja de plata para tratar de equilibrar la balanza un poco. &iexcl;Hacerlo pecar y con ello yo, atenuar el peso de mi carga!<\/p>\n<p>&mdash;Te felicito por esa estrategia, lo planeaste tan bien que te cre&iacute; aun m&iacute;a esa ma&ntilde;ana hasta el mediod&iacute;a, cuando me enter&eacute; que los hab&iacute;an echado de la constructora y yo preocupado por c&oacute;mo te encontrabas, tan apenada y dolida como yo, al ser descubiertos. Pero seguramente ustedes dos felices y sin importarles nada, se re&iacute;an nuevamente de m&iacute;, del &laquo;santo cach&oacute;n&raquo;, igual que como tuvo que ser, la primera vez que ese g&uuml;ev&oacute;n te hizo suya. &iexcl;Y yo creyendo ciegamente, que me amabas en exclusiva! T&uacute;, otra m&aacute;s de sus conquistas. Mi orgullo era creer que solo serias m&iacute;a para toda la vida. &iexcl;Completa y nunca compartida! &mdash;Camilo agacha un poco la cabeza y su mirada se desv&iacute;a hacia el suelo, con el cigarrillo a punto de ser consumido, sostenido entre su dedo &iacute;ndice y el medio, pensativo apoya el pulgar sobre la frente, formando un pliegue curvo que va dando forma a una peque&ntilde;a duna en el desierto de su piel, ocultando el comienzo de los pelitos azabaches de su ceja diestra.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Suya, has dicho? No mi vida, que pena contigo pero hay s&iacute; que te equivocas. Nunca fui de Jos&eacute; Ignacio y nunca he sido de nadie m&aacute;s que de ti. De pronto el cuerpo&hellip; Este cuerpo, &ndash;y me palpo las bubis, el vientre y mis caderas&ndash; es verdad que fue admirado y deseado al principio. Acariciado, besado y entregado tiempo despu&eacute;s. Pero aqu&iacute; y aqu&iacute;, &ndash;le se&ntilde;alo la cabeza y mi coraz&oacute;n&ndash; y que te quede bien claro, &uacute;nicamente t&uacute; has podido entrar y permanecer. &iexcl;Te lo juro por nuestro hijo! Siempre he sido tuya. Nunca me tuvo mi cielo, en serio. &iexcl;Decid&iacute; hacerlo m&iacute;o, que es muy distinto! &mdash;Se bien que Camilo no me comprende ahora, no me cree y por ello frunce el entrecejo mientras da dos sorbos a su cerveza antes de objetarme.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Hacerlo tuyo? Si claro, como el pobrecito no pod&iacute;a solo, tu cual samaritana, desinteresadamente le colaboraste&hellip; &iexcl;Ofreci&eacute;ndote en cuerpo y alma! A ver, si quieres expl&iacute;cate mejor. &mdash;Me responde subiendo un poco el tono de la voz, pero sin llegar a alterarme.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ok, ok! Est&aacute; bien. Pero&hellip; &iquest;Est&aacute;s seguro? &mdash;Le pregunto sin parecer retadora, m&aacute;s bien en un tono conciliador.<\/p>\n<p>&mdash;Pues ya que estas aqu&iacute;, creo que ser&iacute;a est&uacute;pido de mi parte no aprovechar tu presencia para que me ilumines con tus memorias detalladas, mis meses de soberana oscuridad. &mdash;Me responde asegur&aacute;ndose de mantener la compostura ante lo que se le viene encima. &iexcl;Mis justificaciones bien relatadas!<\/p>\n<p>&mdash;Porque lo m&aacute;s f&aacute;cil para ambos y lo menos doloroso para ti, mi cielo, ser&iacute;a que lo resuma bastante y pase por alto ciertos detalles que no te agradar&aacute;n, insinu&aacute;ndote &uacute;nicamente lo que viv&iacute; y porque me sucedi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que para cerrar las heridas necesito enhebrar la aguja con un hilo que no poseo y que solo t&uacute; con esas verdades me lo vas a proporcionar. &iexcl;Siento que me lo debes! Y Mariana, no vayas a pensar que es por morbo ni por una especie de sumisi&oacute;n o cornudismo, algo que de sobra sabes que no va conmigo. Es que yo requiero conocer por tu propia boca esos motivos para comprenderte y as&iacute;, poder otorgarte el perd&oacute;n que has venido a buscar, o repudiarte definitivamente con la justificaci&oacute;n que llevo meses buscando dentro de m&iacute;. Si te animas y si te parece, yo me arriesgar&eacute; a soportar con estoicismo ese dolor y t&uacute;, la sentencia tras el juicio que requieres para quedar en paz. &iquest;Qu&eacute; dices? &mdash;Camilo hace una pausa para dar una &uacute;ltima calada a su cigarrillo y libera la colilla en el fondo del cenicero, para que se asfixie al no ser aspirada. Sereno toma entre sus manos el oscuro envase para llevarlo a su boca. Bebe lento y sin afanes, no deja de observarme con la profundidad casta&ntilde;a de su mirada, detallando con seguridad, cada uno de mis gestos. &iexcl;Si le digo todo o si omito cosas para no lastimarlo de m&aacute;s! No quiero ni debo lastimarlo m&aacute;s de lo que ya lo he hecho.<\/p>\n<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n. A eso&hellip; &iexcl;Para eso vine! Pero sigo preocupada por&hellip; No s&eacute; c&oacute;mo vayas a reaccionar, mi cielo. &mdash;Le respondo dubitativa y nerviosa, soltando sobre la mesa mi jarra de cerveza, todav&iacute;a sin probarla.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que podr&eacute; dominar mis demonios, Mariana. &mdash;Me contesta con una seguridad que me asusta. &iexcl;Me va a odiar y lo perder&eacute; finalmente!<\/p>\n<p>&mdash;Pues que bien, mi vida. Esperemos que as&iacute; sea y consigas encontrar refugio en mis verdades, de lo que te atormenta. &iquest;Ser&iacute;a prudente decir ahora que el destino nos enred&oacute; los caminos? Tal vez s&iacute;, s&iacute; llamamos al destino por su nombre&hellip; O por los dos. &iexcl;Fadia y Eduardo!<\/p>\n<p>&mdash;Mariana, t&uacute; puedes llamarle como quieras, pintar los grises recuerdos de colores pastel si quieres, pero cr&eacute;eme una cosa&#8230; Para mi est&aacute; muy claro. Todo esto ha sido una puta tragedia por seguir con fe ciega tu idea, y el juego de esos dos.<\/p>\n<p>&mdash;Uhumm, como sea. Entonces empecemos de una vez.<\/p>\n<p>&mdash;Estaba emocionada por empezar a trabajar y necesitaba organizar mis horarios, la entrega y recogida de Mateo, tambien indicarle como hacer las cosas a la nana que se encargar&iacute;a de mi be&hellip; De nuestro peque&ntilde;o. Te ped&iacute; consejo sobre el vestuario adecuado y hasta fuiste conmigo de compras, ayud&aacute;ndome con tu criterio a escoger los trajes tipo sastre, las blusas elegantes y poco escotadas, as&iacute; como las faldas un poco por encima de las rodillas, los pantalones no tan ajustados y tres sacos de lana, m&aacute;s dos abrigos de pa&ntilde;o que me llegaban a cubrir por completo los muslos. &iexcl;Ahhh y las medias!<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, recuerdo que no te conformaste con adquirir cinco pares de pantimedias, que ser&iacute;a lo normal, sino que decidiste llevarte dos docenas. Exageraste un poco, Mariana. &mdash;Se cubre la boca con la palma de su mano derecha pero la escucho re&iacute;r, con ese estilo suyo tan cautivador.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja!&hellip; No mi cielo, no exager&eacute;. Es que esas medias s&uacute;per veladas me duran buenas lo que perdura un suspiro. Se rompen con solo mirarlas. &mdash;Camilo solidario, igualmente se sonr&iacute;e al recordarlo.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno el caso es que llegado el d&iacute;a, empezando aquel lluvioso tres de abril, decidiste acercarme a las oficinas muy temprano para evitarme el estr&eacute;s de solicitar un taxi y sufrir esperando uno disponible. Lo recuerdo bien porque aunque iba emocionada, no te puedo negar que ten&iacute;a en un pu&ntilde;o mi coraz&oacute;n al tener que dejar solito a Mateo con esa nana. Me sent&iacute; mal por eso. Una mam&aacute; cruel y desalmada.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, pero que yo recuerde, Mateo no llor&oacute; al despedirnos de &eacute;l esa ma&ntilde;ana. Lo vi muy feliz subiendo con tranquilidad al transporte escolar para ir a su colegio, tal vez para demostrarme que ya se sent&iacute;a como un ni&ntilde;o grande y con responsabilidades. Estaba confiado en que se podr&iacute;a cuidar solito. &mdash;Le comento.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s as&iacute; fue para ti, pero una madre siempre sufre cuando se separa de su hijo por primera vez. Llor&eacute; un poco, &iquest;Recuerdas? Pero posteriormente disimul&eacute; estar tranquila frente a ti. Sin embargo me march&eacute; angustiada al pensar que ya no ser&iacute;an mis brazos los que lo esperar&iacute;an abiertos de par en par, al bajarse del bus escolar esa tarde y&hellip; Y las dem&aacute;s. Era injusta con mi pr&iacute;ncipe y ego&iacute;sta por preferir alejarme de su lado para cumplir el sue&ntilde;o de&hellip; &iexcl;Romper mi monoton&iacute;a!<\/p>\n<p>&mdash;La verdad es que se comport&oacute; como todo un campe&oacute;n. Comprendi&oacute; bien lo que le dije la noche anterior. &iexcl;Mamita tiene un sue&ntilde;o, y entre los dos le vamos a ayudar a que se le cumpla! &mdash;A Mariana se le aguan los ojos nuevamente al conocer lo que desconoc&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pufff! Ahora no s&eacute; si debo agradecerte por la comprensi&oacute;n, o abofetearte por dejarme cometer semejante estupidez. En fin, &ndash;y me pas&oacute; el dorso de la mano por los ojos para secarlos&ndash; que ese d&iacute;a me dejaste en la otra esquina, pues ten&iacute;as una reuni&oacute;n con los ingenieros y el gerente del proyecto. Me indicaste donde quedaba la cafeter&iacute;a m&aacute;s cercana, mientras llegaba la hora. Llam&eacute; a Eduardo y se lo cont&eacute; para reunirnos all&iacute;. Sin conocer a nadie lo prudente era encontrarme con &eacute;l antes y tomarnos algo. Yo al menos un tintico para contrarrestar el frio de esa ma&ntilde;ana y calmar los nervios. &mdash;Y como si lo reviviera tal cual, froto mis manos, &ndash;palma contra palma&ndash; a pocos cent&iacute;metros de mi cara.<\/p>\n<p>&mdash;Luego nos apresuramos a subir al d&eacute;cimo piso. Recuerdo estar bastante nerviosa pero la mano blanca de Eduardo sobre mi hombro, me tranquiliz&oacute; bastante. Tan pronto me present&oacute; ante la directora de recursos humanos, ella me hizo entrega de unos documentos, ya que hab&iacute;a que formalizar con firma y huella el contrato de trabajo, &ndash;ni lo le&iacute;, pues las condiciones salariales eran lo que menos me importaba&ndash; igualmente lo respectivo a las afiliaciones a la salud y los dem&aacute;s perendengues. Esas cosas aburridoras pero necesarias para legalizar mi situaci&oacute;n laboral. Carmencita se hab&iacute;a encargado de desligarme de ti, al menos lo que ella pod&iacute;a hacer en papeles.<\/p>\n<p>Cae la ceniza de su cigarrillo ya terminado en medio de sus dedos, pero no dentro del redondo cenicero sino en un recuadro al borde de la mesa. Con un soplo fuerte lanza lejos los grises restos, corriendo las piernas hacia mi costado para que no le caiga encima y manche su vestido. Y hablando de caer, yo caigo en cuenta de que Mariana al llevar ahora el cabello corto, no puede como antes tomar entre sus dedos las puntas de su pelo para buscar imaginarias horquillas, mientras pensaba. Ahora se decide por llevar a su boca entreabierta, el pulgar izquierdo pero no como los beb&eacute;s que se lo chupan de rev&eacute;s, no.<\/p>\n<p>Mariana entrecierra el pu&ntilde;o y de medio lado, muerde la punta de la u&ntilde;a un poco, aprision&aacute;ndola entre sus dientes. Parece chuparlo mientras medita, un poco nerviosa. Lo saca y cierra los labios dej&aacute;ndolo all&iacute;, &ndash;reposando en el medio sin intentar meterlo&ndash; esperando a que se le aclaren los sombr&iacute;os recuerdos. Hasta que rebobina la pel&iacute;cula y contin&uacute;a con su v&iacute;deo.<\/p>\n<p>&mdash;Tambi&eacute;n el reglamento para uso de&hellip; de un tel&eacute;fono m&oacute;vil, y me hizo firmar una autorizaci&oacute;n de acceso a los datos. Lo hice nuevamente sin rechistar. Recuerdo que Carmencita me salud&oacute; de manera formal pero cuando ya nos desped&iacute;amos y recib&iacute;a de sus manos el carnet de acceso, en su mirada pude darme cuenta de que desconfiaba, pero sent&iacute; que no era de m&iacute;, sino de quien me acompa&ntilde;aba. Fue algo extra&ntilde;o y premonitorio, pero cielo yo&hellip; No prest&eacute; atenci&oacute;n a esa alerta.<\/p>\n<p>&mdash;Era l&oacute;gico, tu primer d&iacute;a de trabajo y andabas muy emocionada. Tampoco ten&iacute;as razones para desconfiar de un amigo. Y yo mucho menos. &iexcl;Contin&uacute;a por favor!<\/p>\n<p>&mdash;Despu&eacute;s bajamos al noveno y all&iacute; en su peque&ntilde;a oficina acristalada, Eduardo me present&oacute; con los que iban a ser mis compa&ntilde;eros de trabajo en la venta del proyecto de vivienda de inter&eacute;s social, al sur de la ciudad. Al otro extremo del amplio piso se encontraban otras personas, reunidos a puerta cerrada. Ese era el otro grupo de asesores comerciales, los encargados de vender el proyecto en el que t&uacute; trabajabas. La agrupaci&oacute;n de casas para vacacionar en Pe&ntilde;alisa, que por supuesto eran la obsesi&oacute;n de Eduardo. Casas m&aacute;s lujosas y valores m&aacute;s elevados en un lugar exclusivo y paradis&iacute;aco. Otro nivel bastante exclusivo para dirigir, negociar, vender y figurar en la constructora, lejano de sus manos por el momento. Obviamente con mejores comisiones y un pelda&ntilde;o m&aacute;s para buscar convertirse en&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&hellip;El &uacute;nico y renombrado, director nacional de ventas. S&iacute;, Mariana, ese era el sue&ntilde;o de ese pedazo de hijuep&hellip; De ese maric&oacute;n. Lo quer&iacute;a a toda costa pero desgraciadamente para Eduardo, estaba a cargo de Lu&iacute;s, uno de los yernos de don Octavio. &mdash;La interrumpo para darle a entender que estaba al tanto del sue&ntilde;o de aquel que consideraba mi gran amigo y que finalmente como Judas, me traicion&oacute; tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Aj&aacute;! &iquest;Lo sabias? Bueno, el caso es que me salud&eacute; inicialmente con Diana y Elizabeth, entre sonrisas y dos besos en las mejillas como si nos conoci&eacute;ramos de toda la vida. &iexcl;Ummm! Diana fue muy buena amiga, siempre divertida y ocurrente. Parec&iacute;a una de esas nenas uniformadas, contratadas para atraer con su charla y figura delicada, &ndash;con esos ojos verdes resaltando tras sus lentes recetados para ayudarle con su miop&iacute;a y sus cabellos lacios, de brillante dorado&ndash; a la clientela dispersa en el supermercado.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Una promotora, querr&aacute;s decir! Una chica de esas que te invitan a probar primero lo que no te gusta ni necesitas, pero que luego con insistencia y sonrisa de&hellip; &iexcl;Ll&eacute;valo por m&iacute;, aunque no te guste!, terminas por echar al carrito del mercado los productos que promociona. &mdash;Le doy a Mariana una veloz lecci&oacute;n de conocimiento comercial.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! Efectivamente. Pero al conocerla con el paso de los d&iacute;as, me llev&eacute; un chasco con ella, pues era todo lo contrario. Una loca de atar que te asombraba con sus graciosos apuntes, pero trabajadora como la que m&aacute;s, adem&aacute;s de responsable madre soltera y con una honestidad a toda prueba. Y pues Elizabeth&hellip; Ella m&aacute;s aplomada y serena, inteligente y muy fashion al vestirse&hellip; Humm, pero algo ase&ntilde;orada para su edad, &iquest;no te parece? Bella de rostro y figura menuda, de un hablar suave y delicado; finos modales, demostrando a leguas ser una mujer con bastante alcurnia, confirmado por sus ostentosos apellidos. En fin, &iexcl;que te podr&iacute;a decir a ti, si de ella sabes t&uacute; m&aacute;s que yo!<\/p>\n<p>&mdash;Pues no mantuve mucho trato con Diana, pero en las pocas ocasiones en que coincidimos si me dio la impresi&oacute;n de ser, aparte de bromista, una mujer confiable y dentro de sus locuras, excelente trabajadora. Y de Liz, pues proviene de dos familias con mucho abolengo, aunque en declive financiero por un p&eacute;simo negocio. Por una parte tiene sangre espa&ntilde;ola y por la otra, ascendencia italiana. Hermosa, inteligente, muy buena consejera y amiga. Y muy fiel a su marido, a pesar de reconocer ella misma que por m&aacute;s que quisiera ocultar su figura, la sensualidad de su andar, la manera tan culta de expresarse y sobre todo las facciones de su rostro, atra&iacute;an m&aacute;s de una mirada, despertando el deseo en los hombres y la envidia en las mujeres. &mdash;Le expongo a Mariana, la impresi&oacute;n que me llev&eacute; de cada una de ellas.<\/p>\n<p>&mdash;Luego con un estrech&oacute;n de manos, muy respetuoso me salud&oacute; Carlos Alberto. Flaco y alto, no muy bien vestido ni hablado, pero atento y servicial cuando se encontraba solo. Falto de car&aacute;cter eso s&iacute;, y no tan buen vendedor. Con los meses pude comprobar lo que intu&iacute; al principio. &iexcl;Personalidad de perrito faldero! El caso es que todos est&aacute;bamos all&iacute; muy puntuales para empezar la reuni&oacute;n, pero faltaba uno m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;No es dif&iacute;cil de adivinar. &iquest;Te ayudo con esta? &mdash;Le pregunto y por supuesto le muestro su Club Colombia Dorada no empezada, justo al lado de los envases vac&iacute;os de las dos m&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Si claro, ay&uacute;dame por favor porque me siento embuchada. Es m&aacute;s, &iexcl;Me termino esta y ya no quiero saber de cerveza por el dia de hoy! Y s&iacute;, tienes raz&oacute;n. Aquella ma&ntilde;ana lleg&oacute; &eacute;l, retrasado diez o quince minutos, para nada apenado. Al contrario, muy sonriente y sin imp&oacute;rtale el retraso de la reuni&oacute;n por su tardanza. Salud&oacute; de beso en cada mejilla a Diana, y muy, pero muy cerca de la boca hizo lo mismo con una enojada Elizabeth, quien por poco y le da una bofetada, solo que &eacute;l mucho m&aacute;s &aacute;gil, alcanz&oacute; a quitar la cara. &mdash;Camilo nuevamente se acomoda hacia atr&aacute;s en la silla y aunque no me diga nada, por la expresi&oacute;n en su rostro puedo adivinar que quisiera decirme, con justificada raz&oacute;n un&hellip; &iexcl;Te lo dije!<\/p>\n<p>&mdash;Pude sentir al igual que t&uacute;, su falta de modestia y el aroma que desprend&iacute;a, no tanto de su colonia en verdad muy penetrante, &ndash;que me hizo recordar el aroma a lima y roble de la Brut que usaba mi padre&ndash; sino de las feromonas de macho petulante que desprend&iacute;a al pasar por mi lado sin determinarme, al principio. Y no mi vida, no qued&eacute; flechada por su altanera entrada en escena, aunque no te voy a negar que si me pareci&oacute; un hombre muy atractivo, diferente al resto de compa&ntilde;eros, de por s&iacute; bastante normalitos y sin la seguridad que &eacute;l demuestra al caminar, mucho menos la elegancia en su forma de vestir.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te gust&oacute; ya entonces? &iquest;Te impresiono desde el primer d&iacute;a? &mdash;Le pregunto interesado en conocer su respuesta a pesar de que intuyo que para mi pesar, ser&aacute; positiva y terminar&aacute; por hacerme m&aacute;s da&ntilde;o.<\/p>\n<p>No s&eacute; si deba decirle que me fij&eacute; en su porte, en la rectangular forma de su rostro y el engominado pelo negro con el corte de cabello a lo James Rodr&iacute;guez, desbastado a los lados y peinado de medio lado. Su piel blanca como la m&iacute;a y unas manos grandes pero con dedos finos, una argolla ancha y gruesa de oro con una rectangular piedra de &oacute;nix en el dedo coraz&oacute;n de la izquierda y en la mu&ntilde;eca de la derecha un pesado reloj plateado, buena imitaci&oacute;n de un Rolex de tablero negro y numeraci&oacute;n blanca. Las u&ntilde;as bien cuidadas y pulidas, m&aacute;s no pintadas. Y aquella mirada de travieso granuja, acentuada con esos ojos de color verde aceituna y chispitas marrones que se los hac&iacute;an ver tan especiales, redonditos y m&aacute;s brillantes. Y la sombra bien definida que realzaba la angulosa mand&iacute;bula form&aacute;ndole un candado sexy, tanto en su barbilla como alrededor de su boca. Sus labios delgados y rosa p&aacute;lido que aquella ma&ntilde;ana y en muchas ocasiones m&aacute;s, &eacute;l sab&iacute;a c&oacute;mo utilizarlos al enarbolar una bonita sonrisa. Obviamente, tambi&eacute;n me gustaron. &iexcl;S&iacute;, es mejor guardarme esos detalles que exponer a Camilo a otra est&uacute;pida y da&ntilde;ina comparaci&oacute;n!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Gustarme, gustarme?&hellip; S&iacute;, no te lo voy a negar. Me pareci&oacute; bastante guapo, tan alto como t&uacute; y con una atractiva sonrisa. Pero no le di mayor importancia y de hecho me desilusion&oacute; su manera de saludarme. Con esa actitud displicente y su tono de voz tan fr&iacute;o, como si mi presencia all&iacute; le estorbara, a pesar de que yo educadamente lo salud&eacute; de primeras&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; &iexcl;Mucho gusto, mi nombre es Melissa L&oacute;pez! Me present&eacute; gir&aacute;ndome en la silla y estir&aacute;ndole la mano derecha. &mdash;Poco caballeroso, tom&oacute; asiento al lado m&iacute;o mientras me la estrechaba con firmeza, pero sonri&eacute;ndome eso s&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;As&iacute; que t&uacute; eres la nueva adquisici&oacute;n de la oficina? &mdash;Esas fueron sus primeras palabras, y te aseguro que me irrit&oacute; la forma en que lo dijo. Como si yo fuera un objeto, un mueble m&aacute;s de la oficina o una herramienta que ya le pertenec&iacute;a a la constructora, y no una persona; una mujer con deseos de trabajar, superarse profesionalmente y ganarse la vida. Pero me contuve, aunque sent&iacute; en ese preciso instante que los colores se me sub&iacute;an al rostro por el enojo al no poder contestarle como realmente me lo ped&iacute;a el cuerpo.<\/p>\n<p>&mdash;Pues yo ser&eacute; entonces el encargado de ense&ntilde;arte los trucos que se deben conocer en este negocio. &iquest;No es as&iacute; Jefecito? &ndash;Dijo dirigiendo su mirada a Eduardo. &ndash; &iexcl;Puedes llamarme Nacho, bizcochito! Como me dicen los dem&aacute;s. &mdash;Petulante, narcisista y agrandado me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;En ese momento mi cielo, record&eacute; aquella vez que me comentaste algo sobre un tipo soberbio y mal educado que conociste en el bar tomando algo con Eduardo y obviamente lo relacion&eacute;. Te di inmediatamente la raz&oacute;n. &iexcl;Pedante, pretencioso y presumido! Todo un playboy de playa, como lo bautizaste. Igualito al Pepe Cortisona, el antagonista de las historietas, que tantas carcajadas le sacaron a mi pap&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Si ves&hellip; &iexcl;Te lo dije! Y a pesar de ello terminaste acost&aacute;ndote con ese tipo, convirti&eacute;ndote en una m&aacute;s de su conquistas. &mdash;Mariana no s&eacute; porque motivo, se r&iacute;e sin disimulo y al parecer sin remordimiento.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! Disc&uacute;lpame cielo, pero es que&hellip; &iexcl;Te hab&iacute;as demorado en dec&iacute;rmelo! &mdash;Termino de re&iacute;rme, despu&eacute;s de aclararle la raz&oacute;n.<\/p>\n<p>Ahora soy yo la que hago una pausa para encenderme un nuevo cigarrillo y beber un trago de cerveza. Al levantar la jarra para hacerlo, descubro a Andrew mir&aacute;ndome embelesado, atendiendo un nuevo pedido de la mesa donde se encuentran sentados los tres hombres que me hab&iacute;an piropeado y que con poco disimulo, igualmente me miran, comentando algo. Supongo que somos el tema de conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, el caso es que Eduardo le puso fin a su presentaci&oacute;n, dici&eacute;ndole que no se preocupara por m&iacute;, ya que el mismo se encargar&iacute;a de dirigirme y ense&ntilde;arme el manejo de la oficina y el tema correspondiente con los cr&eacute;ditos hipotecarios, as&iacute; como de darme algunas clases para enfrentarme a las objeciones de los clientes para lograr cerrar las oportunidades que se me presentaran, mientras me acomodaba a mi nueva vida laboral.<\/p>\n<p>&mdash;Y empez&oacute; la reuni&oacute;n. Escuch&eacute; atentamente como cada uno presentaba sus informes. Carlos se anot&oacute; en el tablero de metas mensuales con tres apartamentos vendidos, Diana con cinco al igual que Elizabeth; un tal Juan Carlos, figuraba en el listado pero con cero negocios. Luego me enter&eacute; que lo hab&iacute;an despedido y que yo era su reemplazo. Finalizando la lista estaba su nombre. Jos&eacute; Ignacio Cifuentes. Ni siquiera se puso en pie sino que le pidi&oacute; el favor a Carlos de que en su casilla escribiera una cifra. &iexcl;Doce ventas concretadas! La diferencia era notoria y eso&hellip; Eso mi cielo, s&iacute; que me impresion&oacute; de &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;El resto de la ma&ntilde;ana sigui&oacute; igual de distante conmigo. Apenas si se fijaba en m&iacute;, casi no cruz&aacute;bamos palabra, desde aquel saludo con su ofrecimiento y nada m&aacute;s. Por eso te escrib&iacute; por WhatsApp que todo marchaba bien. Eduardo ense&ntilde;&aacute;ndome los procesos, algunas t&aacute;cticas de ventas y orden&aacute;ndome revisar y perfilar en la tarde los mejores prospectos de una base de datos que el tal Juan Carlos, hab&iacute;a dejado registrado en el CRM y que ahora me pertenec&iacute;an. Aunque al medio d&iacute;a, cuando t&uacute; y yo nos encontramos en el restaurante del primer piso sin podernos hablar, &ndash;disimulando ante todos no conocernos&ndash; &eacute;l si me dedic&oacute; mayor atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pero como no, si eras la novedad. A pesar de haberme sentado en la otra mesa donde usualmente me reun&iacute;a con Eduardo, don Luis y los otros ingenieros, yo te observaba con disimulo y pude darme cuenta de que eras el centro de atracci&oacute;n. Hablabas con todos y todos se interesaban en ti. Te ve&iacute;as tan feliz que me enorgullec&iacute; de tenerte a mi lado, y mi preocupaci&oacute;n inicial se fue disipando, aunque vi como ese tipo te com&iacute;a con la mirada y quer&iacute;a a toda costa acaparar tu atenci&oacute;n. Supuse que era l&oacute;gico pues tambi&eacute;n para los dem&aacute;s hombres, tu belleza no permit&iacute;a que pasaras desapercibida.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Aj&aacute;! As&iacute; sucedi&oacute;. Y &eacute;l me pregunto lo usual. &iquest;De d&oacute;nde eres?, &iquest;Qu&eacute; estudiaste?, y un&hellip; &iquest;Eres feliz? Qu&eacute; sali&oacute; de su boca, al terminar de masticar su &uacute;ltimo bocado.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto que se fij&oacute; en el anillo falso de mi mano y me pregunt&oacute; cu&aacute;nto llevaba de casada y si ten&iacute;a hijos. Por mi parte al contestarle que efectivamente lo era, yo le contra preguntaba sobre lo mismo y as&iacute; me enter&eacute; que viv&iacute;a solo en una casa ubicada en las Villas, propiedad de los suegros, pero que no conviv&iacute;a de lleno con su novia. Alquilaba las habitaciones a dos hombres, uno de ellos su mejor amigo, para ayudarse a pagar el canon de arriendo mensual. No hubo nada fuera de lugar, a pesar de que dos veces lo pill&eacute; observ&aacute;ndome las piernas al estar sentada al lado de &eacute;l. Pero nada m&aacute;s, ni tan siquiera comentarios fuera de lugar, ni ese dia ni los dem&aacute;s de aquella semana&hellip; &iexcl;Hasta esa noche del viernes!<\/p>\n<p>&mdash;La invitaci&oacute;n al famoso sitio ese para jugar al billar y de paso celebrar tu ingreso. Y por supuesto, a la que yo no estaba invitado.<\/p>\n<p>&mdash;Yo no quer&iacute;a ir y dejar de nuevo solo a Mateo con la Nana, por eso te ped&iacute; el favor de que fueras temprano a la casa y lo cuidaras mientras yo me desocupaba. No pod&iacute;a negarme y t&uacute; lo sabias al igual que yo. Adem&aacute;s yo ir&iacute;a acompa&ntilde;ada por Eduardo y estar&iacute;amos reunidos todos los de la oficina. Diana, Elizabeth, Carlos y tambi&eacute;n los compa&ntilde;eros del otro grupo de ventas. Pero t&uacute; no pudiste resistir la tentaci&oacute;n y te apareciste por all&iacute; como a la hora y media de nosotros haber llegado.<\/p>\n<p>&mdash;Era algo nuevo para m&iacute;, eso de dejarte salir por ah&iacute; con gente desconocida. No eran celos como tal, te lo aseguro, sabes bien que nunca tuve motivos para desconfiar de ti, pero si he de reconocer que me angustiaba saber c&oacute;mo se comportar&iacute;an contigo. Si te respetar&iacute;an o por el contrario te acosar&iacute;an. S&iacute; en alg&uacute;n descuido de Eduardo, ese tipo u otro hombre, intentar&iacute;a propasarse contigo. Por eso dej&eacute; a nuestro hijo al cuidado de la nana por unas horas m&aacute;s, y luego llam&eacute; a Eduardo para saber d&oacute;nde se encontraban y si me invitaba a tomar unas cervezas. Y les ca&iacute; de sorpresa.<\/p>\n<p>&mdash;Disimulaste muy bien, lo admito, al verme llegar cerveza en mano y seguir inclinada sobre la mesa, midiendo la fuerza del golpe con el taco para lograr la carambola, dejando que ese aprovechado se ubicara detr&aacute;s tuyo, restreg&aacute;ndote disimulado su entrepierna, y sugiri&eacute;ndote al o&iacute;do, &ndash;echando su torso sobre tu espalda&ndash; posicionando sus manos sobre las tuyas, supuestamente para ayudarte a dar bien el golpe. &mdash;Mariana apoya los codos sobre la mesa y encaja su rostro entre la cu&ntilde;a que forman sus dos manos, muy atenta a mis palabras.<\/p>\n<p>&mdash;Por el contrario yo estaba muy nervioso y hasta tartamudeaba al saludarte algo distanciado de la mesa y delante de tus compa&ntilde;eros con ese&hellip; Bue&hellip; &iexcl;Buenas noches se&ntilde;ora!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Arquitecto! Pero que milagro verlo a usted por aqu&iacute;. &mdash;Fue su saludo enderez&aacute;ndose al verme que los observaba y antes de que t&uacute; me respondieras.<\/p>\n<p>&mdash;Me imagino que se le escap&oacute; esta noche a su mujercita, o&hellip; &iquest;Esta vez s&iacute; le dio permiso de venir? &iexcl;Jajaja! M&iacute;reme, yo aqu&iacute; ense&ntilde;&aacute;ndole a la ni&ntilde;a nueva a golpear bien las bolas. &mdash;Y volvi&oacute; a sonre&iacute;r.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Hombre! Al contrario. Ella conf&iacute;a tanto en m&iacute;, que me impulsa a salir de vez en cuando para despejarme de tanto traj&iacute;n en el trabajo, aunque a veces deba rodearme de gente bastante idiota. &mdash;Le respond&iacute; sonriendo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Qu&eacute; bueno, qu&eacute; bueno! Pues entonces bienvenido. Y d&iacute;game Arquitecto&hellip; &iquest;Nos echamos un chico de billar o prefiere mejor que nos pasemos a la mesa del pool y le metemos unos billeticos para hacer m&aacute;s atractiva la apuesta? Porque supongo que usted con tanta trazadera de curvas y l&iacute;neas rectas en esa oficina, debe ser bueno para embocarlas en las troneras, as&iacute; como lo hago yo, que al punto en el que me fijo, de una le meto la bola. &iexcl;Jajaja! &mdash;Y esa vez se carcaje&oacute; estruendoso, haciendo re&iacute;r a los dem&aacute;s con su morboso apunte. Incluso a ti que me observabas de soslayo, mientras &eacute;l gui&ntilde;&aacute;ndome un ojo y sacando la punta de la lengua, &ndash;presionada entre su dentadura&ndash; dejaba caer su mirada sobre tus nalgas, atractivamente redondas bajo el pa&ntilde;o gris de tu pantal&oacute;n, al mantenerte reclinada sobre el borde de la mesa. &mdash;Ceso de hablar y noto a Mariana algo incomoda. &iquest;Por mis palabras o por recordar lo sucedido esa noche?<\/p>\n<p>Mueve su trasero en la silla pl&aacute;stica. Descruza las piernas y apoya ambos pies con firmeza sobre las baldosas cuadradas y despreocupada, separa ligeramente las piernas, deslizando las nalgas un poco hacia fuera, hasta dejar su culo a medio camino entre la mitad del asiento y el precipicio de la orilla, haciendo rechinar las patas al desplazarse unos cent&iacute;metros. Se recuesta sobre el blanco espaldar y apoya su nuca sobre el borde curvo y al echar la cabeza algunos grados hacia atr&aacute;s, va tensando los m&uacute;sculos del cuello mientras mantiene presionado entre sus dedos, un cigarrillo reci&eacute;n encendido.<\/p>\n<p>Lo lleva hasta su boca entreabierta, con despreocupada lentitud. Le da una bocanada con ganas, pero el humo no lo aspira por completo y tan solo lo mantiene flotando nebuloso y espeso dentro de su boca a&uacute;n a medio cerrar. Meditando en algo, desganada deja que se le escape lo fumado lentamente en un desordenado remolino blanquecino que le oculta parte de los labios y se eleva lentamente sobre su respingada nariz.<\/p>\n<p>Pero igualmente puedo escuchar que huye del interior de su pecho hacia el exterior, un pesado y prolongado suspiro. Con los ojos bien abiertos mira hacia el techo, pero no parece interesada en hallar un objetivo espec&iacute;fico. Simplemente sus hermosos ojos azules miran hacia la nada, y aun estando ella aqu&iacute; presente, percibo como se ausenta dentro de aquel limbo, con seguridad ator&aacute;ndose de im&aacute;genes, sonidos y palabras del comienzo de nuestro pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 21<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&mdash;Melissa&hellip; Te pe&hellip; &ndash;Dudo, lo que dura un suspiro. &ndash; &iexcl;Mariana, te pido que por favor te levantes! No demos m&aacute;s espect&aacute;culo a estas personas. 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