{"id":42184,"date":"2023-06-04T22:00:00","date_gmt":"2023-06-04T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-06-04T22:00:00","modified_gmt":"2023-06-04T22:00:00","slug":"buena-vecindad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/buena-vecindad\/","title":{"rendered":"Buena vecindad"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42184\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Al casarse Carlos y Marisa se instalaron en el apartamento que ella ten&iacute;a en el barrio de Tetu&aacute;n, de Madrid. Se lo hab&iacute;a comprado con la herencia que hab&iacute;a recibido de una t&iacute;a, que hab&iacute;a fallecido soltera.<\/p>\n<p>Aunque era muy peque&ntilde;o pensaron que hasta no tener hijos ser&iacute;a suficientemente c&oacute;modo para vivir los dos. Esta situaci&oacute;n se prolong&oacute; porque no hab&iacute;an tenido hijos. Cuando paso un tiempo prudencial y se hicieron pruebas de fertilidad los resultados se&ntilde;alaron que Marisa era est&eacute;ril.<\/p>\n<p>Pese a que nunca lo manifest&oacute; claramente, Carlos tuvo una profunda decepci&oacute;n ya que estaba muy ilusionado en tener descendencia. La relaci&oacute;n se fue enfriando paulatinamente y los proyectos que hab&iacute;an estado elaborando durante el noviazgo y la primera &eacute;poca del matrimonio se fueron olvidando y su convivencia se convirti&oacute; en una simple presencia dom&eacute;stica carente de toda pasi&oacute;n. Carlos perdi&oacute; inter&eacute;s por el sexo y s&oacute;lo ocasionalmente se acercaba a Marisa. &Eacute;sta, se sent&iacute;a responsable y, aunque con frecuencia ten&iacute;a apetencias de sentir un orgasmo, no se atrev&iacute;a a tomar la iniciativa y esperaba a que fuera Carlos qui&eacute;n la buscara.<\/p>\n<p>El clima de la pareja se fue deteriorando con el paso del tiempo y pr&aacute;cticamente llegaron a tener una convivencia similar a la de dos extra&ntilde;os que compartieran piso.<\/p>\n<p>Finalmente, Carlos, conoci&oacute; a una chica joven y plante&oacute; la separaci&oacute;n. Marisa entendi&oacute; que era la mejor soluci&oacute;n para ambos. Se repartieron a partes iguales los ahorros comunes y ella se qued&oacute; en su piso de soltera. Carlos alquil&oacute; un apartamento y, al poco tiempo, lo comparti&oacute; con la chica que hab&iacute;a conocido.<\/p>\n<p>Marisa sigui&oacute; con su trabajo habitual y se propuso no comprometerse con nadie, al menos a corto plazo.<\/p>\n<p>Conoc&iacute;a a varios vecinos de su comunidad, especialmente a un matrimonio con el que compart&iacute;a el rellano de la escalera. Sus ventanas interiores daban enfrente a trav&eacute;s del patio de luces y sus tendederos eran comunes. Sin tener gran confianza los contactos eran habituales. La mujer, era poco comunicativa y se limitaba a breves y escuetos saludos. El marido, por el contrario, era una persona afable y con cualquier excusa entablaba conversaci&oacute;n. Al enterarse de la separaci&oacute;n de Marisa se mostr&oacute; especialmente atento y cuando ten&iacute;a ocasi&oacute;n se interesaba por su estado de &aacute;nimo.<\/p>\n<p>En una ocasi&oacute;n coincidieron al llegar a casa, subieron juntos en el ascensor y el vecino, Joaqu&iacute;n, le pregunt&oacute; si sab&iacute;a como se hac&iacute;a una lasa&ntilde;a, quer&iacute;a prepararla para cuando llegase su mujer del trabajo. Marisa le contest&oacute; que no era muy f&aacute;cil si no se ten&iacute;a pr&aacute;ctica. Cuando llegaron s la planta le invit&oacute; a pasar a su casa para explicarle la receta. Joaqu&iacute;n tom&oacute; nota de las aclaraciones culinarias de Marisa y coincidi&oacute; en que ser&iacute;a complicado cocinar ese plato. Marisa le ofreci&oacute; una cerveza y estuvieron charlando animadamente durante un buen rato. Joaqu&iacute;n, gran conversador, defini&oacute; su situaci&oacute;n como de pasivo consorte. Empleado de banca hab&iacute;a sido prejubilado a los 54 a&ntilde;os y hab&iacute;a quedado en una situaci&oacute;n extra&ntilde;a. Su mujer, algo m&aacute;s joven que &eacute;l, ten&iacute;a por delante muchos a&ntilde;os en su trabajo de enfermera en uno de los grandes hospitales de Madrid. Al no haber tenido hijos, no aclar&oacute; la causa, hab&iacute;an entrado en una etapa mon&oacute;tona y tediosa.<\/p>\n<p>Marisa, contagiada por la locuacidad de Joaqu&iacute;n, estuvo tentada de hacerle alguna confidencia sobre el riesgo que la rutina supon&iacute;a para una pareja pero prefiri&oacute; callarse. Ella era m&aacute;s reservada.<\/p>\n<p>Al despedirse Joaqu&iacute;n se ofreci&oacute; para lo que pudiera necesitar. &Eacute;l presum&iacute;a de &quot;manitas&quot; y se entreten&iacute;a en hacer chapucillas en su casa.<\/p>\n<p>A partir de entonces, cuando se ve&iacute;an a trav&eacute;s del patio, o en las ocasiones en que coincid&iacute;an en las salidas, fueron incrementando la fluidez de sus conversaciones. Eso s&iacute;, Marisa percibi&oacute; que en presencia de su mujer, Joaqu&iacute;n era menos parlanch&iacute;n.<\/p>\n<p>En otra ocasi&oacute;n fue Marisa la que le pidi&oacute; a Joaqu&iacute;n ayuda. Uno de los autom&aacute;ticos de la caja de conexiones el&eacute;ctricas parec&iacute;a averiado y no ten&iacute;a fluido en parte de la casa. Llam&oacute; a su puerta y le pregunt&oacute; si pod&iacute;a echar un vistazo antes de llamar a un electricista. Joaqu&iacute;n cogi&oacute; una caja de herramientas e hizo una r&aacute;pida comprobaci&oacute;n. Confirm&oacute; que aquel disyuntor estaba averiado y sin dudar un segundo dijo que iba a comprar el repuesto. Marisa se sinti&oacute; violenta por haberle comprometido y le quiso disuadir pero Joaqu&iacute;n, sin dejarla terminar, ya estaba llamando al ascensor.<\/p>\n<p>Visto y no visto, en diez minutos estaba de vuelta y en otros diez el autom&aacute;tico sustituido y la corriente repuesta.<\/p>\n<p>Marisa qued&oacute; encantada. Pens&oacute; que cuando &eacute;l presum&iacute;a de manitas no exageraba. Incluso le tuvo que insistir para abonarle el importe del repuesto que hab&iacute;a comprado.<\/p>\n<p>Le ofreci&oacute; una cerveza y prepar&oacute; unos pinchos con un par de latas de piquillo y at&uacute;n.<\/p>\n<p>Estuvieron charlando y se interes&oacute; por saber donde hab&iacute;a aprendido electricidad. Joaqu&iacute;n le cont&oacute; que &eacute;l hasta los 17 a&ntilde;os hab&iacute;a vivido con sus padres en un pueblo de la provincia de Soria. Su padre hab&iacute;a sido maestro nacional y ten&iacute;a derecho a vivienda. Con mucha sorna aclar&oacute; que el derecho lo tuvo pero que aquello no era una vivienda sino poco m&aacute;s que una chabola. Pensar que el Estado iba a costear las reparaciones era creer en el hada madrina por lo que su padre, al terminar sus clases, se dedicaba, lentamente, en ir adecentando y arreglando aquel desastre. Joaqu&iacute;n, que en un principio, ten&iacute;a ocho a&ntilde;os, se limitaba a mirar como trabajaba su padre y, como mucho, le acercaba alguna herramienta. D&iacute;a a d&iacute;a se iba fijando en como su padre iba convirtiendo aquella mala cuadra en una vivienda modesta pero digna. En un determinado momento le pidi&oacute; a su padre que le permitiese ayudarle en tareas sencillas, lo que caus&oacute; gran satisfacci&oacute;n a aquel. Y entonces, con gran sorpresa, descubri&oacute; la destreza del ni&ntilde;o, que ten&iacute;a solo nueve a&ntilde;os. Se revel&oacute; como un h&aacute;bil alba&ntilde;il, fontanero y electricista. Lo &uacute;nico que se le atragantaba era la carpinter&iacute;a, por lo que el padre se qued&oacute; con el arreglo de puertas y ventanas y Joaqu&iacute;n de todo lo dem&aacute;s. En esas condiciones la rehabilitaci&oacute;n se aceler&oacute; y terminaron mucho antes de lo que su padre hab&iacute;a previsto.<\/p>\n<p>Por eso, para Joaqu&iacute;n, tener la oportunidad de hacer bricolaje supon&iacute;a una vuelta a su ni&ntilde;ez que le resultaba m&aacute;s gratificante que cualquier deporte o actividad l&uacute;dica.<\/p>\n<p>Marisa se percat&oacute; de la satisfacci&oacute;n que irradiaba Joaqu&iacute;n, no s&oacute;lo realizando la tarea sino recordando y haci&eacute;ndole participe de sus vivencias de infancia.<\/p>\n<p>Cuando llevaban un buen rato de charla le pregunt&oacute; si no le estar&iacute;a esperando su mujer. Joaqu&iacute;n dijo que ese d&iacute;a ten&iacute;a guardia en el hospital y que no volver&iacute;a hasta la ma&ntilde;ana siguiente. Marisa entonces le propuso cenar juntos, a lo que Joaqu&iacute;n accedi&oacute; sin hacerse rogar. En su honor Marisa sustituy&oacute; su habitual tortilla francesa y su yogur por una cena especial. Descongel&oacute; en el microondas dos raciones de rape y prepar&oacute; una escalivada de primero. Del frigor&iacute;fico sac&oacute; una botella de excelente Albari&ntilde;o, y sin m&aacute;s ceremonias se sentaron a cenar en la mesa de la cocina.<\/p>\n<p>La conversaci&oacute;n tom&oacute; un tono intimista cuando Joaqu&iacute;n le pregunt&oacute; como llevaba su vida de separada. Marisa le confes&oacute; la verdad. Para ella hab&iacute;a supuesto una liberaci&oacute;n ya que la situaci&oacute;n se hab&iacute;a vuelto insostenible. Joaqu&iacute;n insisti&oacute; en si no echaba de menos la compa&ntilde;&iacute;a de un hombre, pero Marisa reiter&oacute; que sola viv&iacute;a m&aacute;s c&oacute;moda y m&aacute;s tranquila. &Eacute;l pens&oacute; en la falta de relaciones que ello supon&iacute;a pero no se atrevi&oacute; a profundizar en temas &iacute;ntimos. No obstante, Marisa, capt&oacute; su intenci&oacute;n y espont&aacute;neamente le confes&oacute; que por supuesto se echaba de menos el sexo, pero que esa era una carencia que ven&iacute;a de muy atr&aacute;s ya que hac&iacute;a tiempo que no lo practicaban.<\/p>\n<p>Joaqu&iacute;n qued&oacute; meditando el comentario en silencio y, tras una pausa, decidi&oacute; compartir el tono confidencial. Reconoci&oacute; que su experiencia era muy similar. Marisa se sorprendi&oacute;. Ten&iacute;a la impresi&oacute;n de que su mujer y &eacute;l parec&iacute;an ser una pareja muy unida. Joaqu&iacute;n confes&oacute; que as&iacute; era pero no en el aspecto sexual. Su mujer hab&iacute;a sufrido una intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica que la hab&iacute;a incapacitado para tener relaciones sexuales. Como consecuencia su car&aacute;cter se hab&iacute;a agriado y hab&iacute;a perdido la espontaneidad que la hab&iacute;a caracterizado en su juventud.<\/p>\n<p>Cuando terminaron la cena pasaron al sal&oacute;n y Marisa descorch&oacute; una botella de cava. La charla sigui&oacute; en el mismo tono intimista y ambos descubrieron que sus situaciones emocionales ten&iacute;an factores comunes.<\/p>\n<p>Los dos sintieron en su fuero interno una atracci&oacute;n mutua pero el pudor les imped&iacute;a manifestarlo expresamente. Marisa decidi&oacute; tomar la iniciativa y le pregunt&oacute; si le gustaba bailar. Joaqu&iacute;n confes&oacute; que era negado para el baile. Su torpeza era total. Ella le anim&oacute; a probar, abri&oacute; el port&aacute;til y busc&oacute; m&uacute;sica mel&oacute;dica. Tras los primeros pasos comprob&oacute; que Joaqu&iacute;n no hab&iacute;a exagerado nada. Aparte de no coger el ritmo la pis&oacute; un par de veces. Pese a ello Marisa no cedi&oacute; en su intento. Le fue llevando lentamente y poco a poco consigui&oacute; que, al menos, no se moviera de forma sincopada. Se estrech&oacute; en sus brazos y se encontr&oacute; c&oacute;moda y relajada. Joaqu&iacute;n tambi&eacute;n encontr&oacute; la actitud muy placentera, sent&iacute;a la atracci&oacute;n de una mujer muy sensual y, sunque trat&oacute; de evitarlo, no pudo contener una fuerte erecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Trat&oacute; de distanciarse de Marisa, pero esta, se encontraba tan pl&aacute;cidamente abrazada a &eacute;l que reaccion&oacute; instintivamente en sentido contrario. Se peg&oacute; literalmente a su cuerpo. En ese momento advirti&oacute; la dureza de Joaqu&iacute;n en su pubis y separ&aacute;ndose prudentemente le pidi&oacute; perd&oacute;n por haberle provocado. Joaqu&iacute;n se encontr&oacute; violento. No sab&iacute;a si ella se sent&iacute;a ofendida y, aunque no era precisamente t&iacute;mido, no supo como enfocar aquella inconveniencia.<\/p>\n<p>Decidi&oacute; irse cuanto antes y busc&oacute; una excusa `poco veros&iacute;mil. Marisa se dio cuenta de que estaba desorientado y sin soltarle de sus brazos le pidi&oacute; que se dejara llevar y estrech&aacute;ndose de nuevo se peg&oacute; totalmente contra erecci&oacute;n que en aquel instante era desmesurada. Al tiempo le bes&oacute; en los labios y provoc&oacute; que &eacute;l rompiera su timidez respondiendo con un beso apasionado que le hizo unir sus bocas abiertas y juntar sus lenguas. &Eacute;l, superado el momento de vacilaci&oacute;n, acarici&oacute; lujuriosamente las nalgas de Marisa que contagiada por la pasi&oacute;n de Joaqu&iacute;n se excit&oacute; totalmente y sinti&oacute; estremecimientos en su vulva que notaba humedecida.<\/p>\n<p>Siguieron durante unos minutos en aquel estrecho abrazo y ella, sin hacer ning&uacute;n comentario, arrastr&oacute; literalmente a Joaqu&iacute;n hacia su dormitorio. All&iacute;, sin decir ni una sola palabra, desabroch&oacute; su pantal&oacute;n. Le baj&oacute; la ropa y le desnud&oacute; completamente. Al tiempo, con pocos y r&aacute;pidos movimientos se desnud&oacute; a s&iacute; misma y tumb&aacute;ndose en la cama atrajo a Joaqu&iacute;n hacia ella. Quedaron enlazados en un abrazo.<\/p>\n<p>Marisa estaba impresionada por el tama&ntilde;o que hab&iacute;a alcanzado el pene de Joaqu&iacute;n. Ella s&oacute;lo hab&iacute;a sido penetrada por su marido por lo que por un momento temi&oacute; que aquella mole no cupiese en su vulva y su vagina. R&aacute;pidamente se levant&oacute; y en el cuarto de ba&ntilde;o se aplic&oacute; una buena dosis de crema hidratante, lamentando no disponer de un gel adecuado. De nuevo en la cama atrajo hacia s&iacute; a Joaqu&iacute;n que, conmocionado por la sorpresa, no deba cr&eacute;dito a la situaci&oacute;n planteada. Marisa le pidi&oacute; que la penetrase lentamente y parase si le avisaba. Poco a poco aquel miembro gigantesco fue absorbido por la vagina de ella en un chapoteo apenas perceptible pero que les produjo a ambos una sensaci&oacute;n de plenitud y satisfacci&oacute;n desconocida hasta entonces. Poco a poco se increment&oacute; el ritmo de la penetraci&oacute;n, al tiempo que &eacute;l mordisqueaba los pezones de Marisa que estaban erizados por el deseo.<\/p>\n<p>A Marisa le sobrevino un orgasmo brutal, sinti&oacute; que su vagina se estremec&iacute;a como jam&aacute;s lo hab&iacute;a sentido con su exmarido, pens&oacute; que el grosor y la longitud de aquel miembro creaba una tensi&oacute;n enorme interior. Joaqu&iacute;n a&uacute;n no hab&iacute;a llegado al cl&iacute;max y sigui&oacute; sus movimientos, lentos y profundos. Ella esper&oacute; a que &eacute;l llegase a su orgasmo disfrutando al sentir la plenitud de la penetraci&oacute;n. Con aquellos movimientos sinti&oacute; una nueva excitaci&oacute;n que fue aumentando de intensidad hasta el punto que experiment&oacute; otro orgasmo tanto o m&aacute;s intenso que el anterior. Al mismo tiempo Joaqu&iacute;n se estremeci&oacute; y explosion&oacute; con una copiosa emisi&oacute;n de semen.<\/p>\n<p>Ambos se quedaron abrazados y relajados. Cuando al rato, Joaqu&iacute;n insinu&oacute; que iba a volver a su casa, Marisa le sujet&oacute; y le pidi&oacute; que se quedara a dormir con ella.<\/p>\n<p>A partir de aquella tarde repitieron los encuentros con relativa frecuencia aprovechando las ausencias laborales de la esposa de Joaqu&iacute;n.<\/p>\n<p>De com&uacute;n acuerdo mantuvieron durante muchos a&ntilde;os aquella secreta relaci&oacute;n de especial amistad tan cercana al amor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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