{"id":42191,"date":"2023-06-06T01:14:39","date_gmt":"2023-06-06T01:14:39","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-06-06T01:14:39","modified_gmt":"2023-06-06T01:14:39","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-14","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-14\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (14)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42191\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">0<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 21<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;Debo reconocer que me sorprendi&oacute; tu llegada y que me sent&iacute; rara, confundida por primera vez en muchos a&ntilde;os a tu lado. Fue moment&aacute;neo pero me sent&iacute; rid&iacute;culamente extra&ntilde;a. Un tanto asediada, como perseguida y no liberada. Quiz&aacute;s en otro momento de nuestra vida, la sensaci&oacute;n hubiera sido diferente y me alegrar&iacute;a verte all&iacute; busc&aacute;ndome. &iexcl;Tan pendiente de m&iacute;, siempre protegi&eacute;ndome! Pero, en aquel momento, siendo sincera, sent&iacute; de repente que tu presencia invad&iacute;a mi espacio, irrespet&aacute;ndolo. Y no me gust&oacute; por supuesto, que dejaras a Mateo en compa&ntilde;&iacute;a de la nana o de quien sabe qui&eacute;n, tan solo por tus deseos de ir a ver&hellip; &iexcl;Como me comportaba! &mdash;Le reclamo.<\/p>\n<p>Respiro profundo y giro el cuello para observar a Camilo que resopla con fuerza, logrando levantar con su aliento un oscuro mech&oacute;n que desobediente, vuelve a caer sobre su frente. Para nada me mira y pensativo, mantiene su ment&oacute;n presionado sobre la angosta boca del envase de su cerveza, &ndash;us&aacute;ndola como apoyo&ndash; mientras que parece estar asimilando este nuevo y duro golpe.<\/p>\n<p>&mdash;Todo ello lo sent&iacute; y analic&eacute; en segundos. Cuando se escuchaba tu t&iacute;mido saludo y yo volteaba a verte. Utilic&eacute; por igual los que se consumieron durante la pesada chanza que te hizo Jos&eacute; Ignacio, al saludarte. Y s&iacute;, Camilo. Me tuve que re&iacute;r para mantener la fachada de que t&uacute; y yo no &eacute;ramos m&aacute;s que un par de extra&ntilde;os y reci&eacute;n conocidos. Pero obviamente que por dentro todo cambio instantes despu&eacute;s y volv&iacute; a sentirme tuya, de tu parte y tan cercana a ti, como no puedes llegar a imaginarte, pues me molestaron sus &iacute;nfulas de superioridad y las ganas de burlarse de ti. &mdash;Mis palabras causan efecto finalmente y ahora si se derrumba. Contin&uacute;a sin mirarme porque agacha la cabeza y se la toma a dos manos, dolorosamente afligido. Seguramente muy desconcertado por mis palabras y ese amargo recuerdo.<\/p>\n<p>&mdash;Solo quise pasar a festejar tu ingreso y compartir como hac&iacute;as con ellos, tu alegr&iacute;a. &mdash; Le escucho hablarme defendi&eacute;ndose, aunque su voz por la posici&oacute;n encorvada, hace que sus palabras se encaminen hacia el suelo, &ndash; &iexcl;D&eacute;biles y lastimadas!&ndash; esquivando el ondular de su cadena dorada, salt&aacute;ndose el bamboleo del crucifijo y por supuesto de la ensartada argolla de matrimonio.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, te entiendo ahora. En aquel momento no pude verlo de otra manera. &iexcl;Perd&oacute;name por haberme sentido as&iacute;! &mdash;Extiendo el brazo y mi mano izquierda completamente abierta, &ndash;decorada tan solo con el hilo rojo alrededor de la mu&ntilde;eca&ndash; se asienta sobre sus cabellos a la altura de su nuca; m&aacute;s mis dedos se cierran y se abren varias veces, intern&aacute;ndose cari&ntilde;osamente en la espesura de su melena, intentando mitigar un poco su agobio.<\/p>\n<p>&mdash;Obviamente me preocup&eacute; por la manera en que me miraste al encontrarme con &eacute;l, &ndash;sin retirar mi mano, prosigo mi relato&ndash; pegado a la mitad de mi culo y su torso casi encima de mi espalda. Tendr&iacute;a una discusi&oacute;n contigo al llegar a la casa, eso era seguro. Y ser&iacute;a algo novedoso, pues en nuestra anterior cotidianidad, escasamente te enojabas conmigo. &Uacute;nicamente cuando yo rega&ntilde;aba a Mateo por algo que hab&iacute;a hecho o roto alg&uacute;n juguete nuevo y t&uacute; sal&iacute;as en su defensa, dici&eacute;ndome que comprendiera que tan solo era un ni&ntilde;o y que no exagerara.<\/p>\n<p>&mdash;Pero yo no discut&iacute; esa noche contigo. &mdash;Se escuda m&aacute;s calmado y bebe otro trago. Sin embargo con el pulgar y el dedo &iacute;ndice de la otra mano, juega a hacer girar sin descanso su mechero, para disipar con aquel juego sus resquemores.<\/p>\n<p>&mdash;Y menos mal que no lo hiciste, &ndash;le respondo reacomod&aacute;ndome en la silla y cruzando de nuevo mis piernas&ndash; pues hubieras sido muy injusto conmigo, ya que como llegaste tarde, no te diste cuenta de que antes Jos&eacute; Ignacio hab&iacute;a hecho lo mismo con Elizabeth, pues ella al igual que yo, tampoco hab&iacute;a jugado a eso en su vida. Nos estaba explicando, una por una y claro, se aprovechaba de la situaci&oacute;n para pegarse m&aacute;s a cada una de nosotras y a su morbosa manera, hacerse ver de nosotras dos como todo un profesional del billar. Con Diana actu&oacute; de forma diferente, ya que ni le prest&oacute; atenci&oacute;n, pues ella s&iacute; que sab&iacute;a de eso y no lo hac&iacute;a mal la verdad. Ella, cuando reci&eacute;n llegamos, desafi&oacute; a Eduardo a un &laquo;chico&raquo; de billar y por poco lo vence.<\/p>\n<p>&mdash;No estaba enterado de que a Eduardo le gustara ese juego. De todas formas me extra&ntilde;&oacute; que le hubieses permitido esos alcances, a pesar de que a las dem&aacute;s, tambi&eacute;n se les arrimara, pues supuse que t&uacute; ten&iacute;as el car&aacute;cter suficiente para alejarlo, haci&eacute;ndole entender que se propasaba contigo y que no eras presa f&aacute;cil como las otras. &mdash;Le comento a Mariana, extra&ntilde;ado pero con contundencia.<\/p>\n<p>&mdash;Pues ya vez. &iexcl;Otra sorpresa que se guardaba! El caso mi cielo, es que me separ&eacute; con rapidez de &eacute;l, pero el hecho es que aquella imagen ya estaba fijada en tus retinas y fui consciente de que ser&iacute;a dif&iacute;cil que las borraras de tu mente. &mdash;Camilo eleva su mirada al techo y en su boca se vislumbra un gesto de desagrado. Y lo comprendo.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando declinaste su ofrecimiento de aceptar el reto, con la honestidad que te caracteriza, &ndash;por qu&eacute; nunca has jugado&ndash; para irte a beber junto a Eduardo en la mesa desocupada, decid&iacute; irme junto a Elizabeth y Diana, hacia el lugar donde los del otro grupo de asesores observaban atentos como jugaban pool en parejas, el se&ntilde;or Luis y uno de sus vendedores por una parte contra otros dos hombres que seg&uacute;n el mesero, eran clientes asiduos del lugar, casi unos profesionales y que por lo mismo estos &uacute;ltimos les iban a dar tremenda paliza.<\/p>\n<p>&mdash;Mariana, yo no acept&eacute; jugar contra &eacute;l porque no le iba a dar el gusto de humillarme delante de todos y en especial hacerlo frente a ti. Adem&aacute;s ten&iacute;a una noticia m&aacute;s importante para darle a Eduardo. Me hab&iacute;a enterado en la reuni&oacute;n que sostuve el lunes, de que las ventas en Pe&ntilde;alisa estaban estancadas debido a un proyecto similar que otra constructora desarrollaba en el terreno contiguo, y que don Octavio y la junta directiva, estaban pensando en hacer algunos cambios. Le dije que podr&iacute;a ser su oportunidad, si con su grupo demostraban ser m&aacute;s sagaces y efectivos en las ventas.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, vea pues, a m&iacute; no me comentaste nada. &mdash;Le respondo a Camilo.<\/p>\n<p>&mdash;No lo hice porque apenas era una idea en ciernes. Nada oficial y t&uacute; apenas empezabas. Ni siquiera hab&iacute;as atendido a tu primer cliente en la sala de ventas. &mdash;Me aclara de inmediato cual fue el motivo.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, bueno pues. Recuerdo igualmente que mientras que ustedes dos conversaban y Jos&eacute; Ignacio junto a Carlos se divert&iacute;an jugando, me fui enterando de cositas. Ya sabes, esos chismecitos de oficina que no faltan, aprovechando que en el otro grupo hab&iacute;a solo dos mujeres y el resto del equipo lo completaban tres hombres, justo al contrario que nosotros. Y una de las muchachas, la flaquita de cabello ensortijado y piel de &eacute;bano, &iquest;la recuerdas? &mdash;Camilo hace un gesto de duda y me responde con algo de duda.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Carolina?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;S&iacute;, esa misma! &mdash;Le confirmo y por supuesto que prosigo con el cuento de aquella muchacha.<\/p>\n<p>&mdash;Pues ella solt&oacute; la noticia de que ya se hab&iacute;a acostado con el &laquo;siete mujeres&raquo; y que la hab&iacute;a hecho rozar las estrellas. No supe de quien hablaba con certeza a pesar de que lo imaginaba. Pregunt&eacute; en voz baja a Diana y ella me confirm&oacute; de quien se trataba. Nos pregunt&oacute; a cada una de nosotras si ya lo hab&iacute;amos &laquo;catado&raquo; y Diana suspirando, termin&oacute; por re&iacute;rse levemente. &iexcl;Jejeje!&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Una sola vez! &mdash;Respondi&oacute;, aclarando de paso, que se hab&iacute;a quedado con ganas de m&aacute;s, ya que hab&iacute;a sido un rapid&iacute;n y muy pasados de alcohol, en una fiesta que Jos&eacute; Ignacio hab&iacute;a realizado en su casa para celebrar el cumplea&ntilde;os de un amigo. Pero aclar&oacute; que por regla general, Jos&eacute; Ignacio le hab&iacute;a confesado que jam&aacute;s repet&iacute;a con ninguna. &Uacute;nicamente con su novia. Elizabeth que ya parec&iacute;a enterada, negando con la cabeza nos coment&oacute; que ella no lo hab&iacute;a hecho y jur&oacute; que jam&aacute;s se acostar&iacute;a con un tipo como &eacute;l. Y la otra en esa charla era do&ntilde;a Julia, la asesora que m&aacute;s tiempo llevaba en la constructora y que por su figura y lo poco agraciado de su rostro, no era el tipo de mujer que le llamase la atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Me miraron, como lo haces ahora, y obviamente me preguntaron en coro aquellas tres: &iquest;Y t&uacute; tambi&eacute;n caer&aacute;s en sus garras? &mdash;Negu&eacute; rotundamente aquella pregunta con aroma a sentencia, aclar&aacute;ndoles que yo era una mujer casada, criando a un hijo y como no, fiel a m&iacute; marido. Elizabeth algo seria, rodeo con su brazo mi cintura, apret&aacute;ndome a su cuerpo.<\/p>\n<p>&mdash;Tal vez fue un acto reflejo o un gesto de acompa&ntilde;amiento hacia tu respuesta. A Elizabeth claramente le disgustaba el tipo de comportamiento de ese malpar&hellip; &iexcl;Sujeto! &mdash;Redondeo la idea de Mariana, evitando la groser&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Puede ser. El caso es que se rieron las muchachas del otro grupo, repitiendo una frase mientras se codeaban entre ellas&hellip; &iexcl;Si claro, c&oacute;mo no! &iexcl;C&oacute;mo no! Ya nos dimos cuenta de lo entregada que estabas con sus ense&ntilde;anzas. &mdash;Y todas se volvieron a re&iacute;r, menos Elizabeth que me apretaba ya del brazo, como queri&eacute;ndome decir que no les pusiera cuidado.<\/p>\n<p>&mdash;Luego me lleg&oacute; tu mensaje al m&oacute;vil, pregunt&aacute;ndome cuanto m&aacute;s me demorar&iacute;a all&iacute; y si Eduardo me llevar&iacute;a hasta la casa, o que si tal vez ser&iacute;a mejor encontrarnos a dos calles de aquel local. Te respond&iacute;, &ndash;entre triangulares emoticones amarillos&ndash; que me parec&iacute;a peligroso que alguien pudiera darse cuenta de nuestro escondido encuentro, as&iacute; que lo mejor ser&iacute;a esperarme unos minutos m&aacute;s para no parecer tan antisocial y solicitarle a Eduardo que me llevara a casa. Luego te mir&eacute; con disimulo para observar tu reacci&oacute;n pero ya me dabas la espalda al seguir hablando con &eacute;l y les coment&eacute; a las muchachas que ya iba siendo hora de despedirme pero Diana enarc&oacute; las cejas y cruzada de brazos, me dijo que al menos esperara a que Jos&eacute; Ignacio y Carlos terminaran de jugar, para pedirles que la acercaran hasta su apartamento. Y ah&iacute; fue cuando ella en presencia de Elizabeth y las otras dos compa&ntilde;eras, nos hizo otra confesi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ese arquitecto est&aacute; muy bueno! &iquest;S&iacute; o no chicas? &mdash;Y mientras todas nos giramos para observarte, Diana a espaldas nuestras solt&oacute; una de sus ocurrentes frases&hellip; &iexcl;Papacito rico, estas tan bueno que te perdonar&iacute;a absolutamente todo! &iexcl;Por m&iacute;, qu&eacute; si se quiere tirar un pedo aqu&iacute;, que se lo tire que yo pago los destrozos! &mdash;Y todas sin poder contener la risa, nos doblamos apret&aacute;ndonos con nuestros brazos, las barrigas. Hasta que Carolina sin dejar de re&iacute;rse, sigui&oacute; ech&aacute;ndole le&ntilde;a al fuego con un nuevo comentario sobre ti.<\/p>\n<p>&mdash;Es verdad, l&aacute;stima que por lo que se le ve en el dedo, ese bizcochote est&aacute; bien agarradito, porque de lo contrario, yo me lo echaba al pico. &iexcl;Si o pa&rsquo; que, chicas! &iquest;O ya estoy bien &laquo;jincha&raquo;? &mdash;Aunque no estaba borracha, s&iacute; que estaba pasado su aliento a alcohol. Elizabeth, Diana y la otra se&ntilde;ora, asintieron, y Diana volvi&oacute; a la carga exclamando un&hellip; &iexcl;Ufff, est&aacute; como quiere ese arquitecto! Tal cual como me lo recet&oacute; el doctor. &mdash;Todas nos re&iacute;mos nuevamente por el apunte, inclusive Elizabeth pero algo m&aacute;s contenida, sin embargo en su mirada vi un brillo diferente mientras ella te observaba, entre un verbal respeto y una emocional admiraci&oacute;n. Y eso hizo que a m&iacute; la sonrisa se me evaporara tras un corto suspiro con indicios de preocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pues que te puedo decir, Mariana. No ten&iacute;a ni idea de que tuviera mi propio club de fans. &mdash;Le respondo sonriente y terminando de dar el &uacute;ltimo trago a la cerveza.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pues ya lo ves! Y entonces despu&eacute;s de escucharlas, me sent&iacute; de nuevo distinta, dos veces en una misma noche. Pues por un lado me enorgullec&iacute;a de que hablaran de esa manera del hombre que era solo m&iacute;o y al contrario de ellas, lo tuviera en exclusiva para m&iacute; toda la vida. Y por otra parte, cierto cosquilleo en el est&oacute;mago que no sent&iacute;a hac&iacute;a muchos a&ntilde;os. Similar a los celos que me daban cuando estuve de novia del imb&eacute;cil de mi ex, cuando mis compa&ntilde;eras de facultad rumbeaban con &eacute;l. &mdash;Camilo lleva sus manos por detr&aacute;s de la cabeza y entrecruza los dedos sobre sus cabellos, observ&aacute;ndome y suspirando.<\/p>\n<p>&mdash;Finalmente hora y media despu&eacute;s, las mujeres concertamos en que ya era hora de marchar y apart&aacute;ndome de ellas para tener privacidad, te escrib&iacute; en un mensaje de texto, solicit&aacute;ndote el favor de que hablaras con Eduardo para que me acercara hasta la casa.<\/p>\n<p>&mdash;Elizabeth se ofreci&oacute; a compartir el transporte que hab&iacute;a pedido por la aplicaci&oacute;n, pero declin&eacute; obviamente su invitaci&oacute;n al comentarle que ya Eduardo me trasladar&iacute;a. Diana le hizo ojitos a Jos&eacute; Ignacio y este, torciendo la boca en un claro gesto de desagrado, asinti&oacute; y pas&aacute;ndole el brazo por encima de los hombros se la fue llevando r&aacute;pidamente, casi sin dejarla despedirse de los dem&aacute;s. Carlos se march&oacute; en un taxi y t&uacute; haci&eacute;ndome ojitos, finalmente te montaste en tu camioneta y te adelantaste. Esa noche no discutimos como present&iacute;, porque despu&eacute;s de que dejaras en su casa a la nana, tras cuidar a nuestro hijo, al regreso me encontraste ya fundida en la cama y bien abrazada a Mateo.<\/p>\n<p>&mdash;Tampoco ten&iacute;a intenciones de hacerlo, Mariana. Habl&eacute; de esa visi&oacute;n inesperada con Eduardo y &eacute;l confirmo lo que acabas de contarme. Ese playboy de playa, se comportaba igual con todas, pero que contigo ya estaba advertido que no se propasara o intentara algo. Eras una mujer casada con un gran amigo, muy cercano a su familia y que no quer&iacute;a meterse en problemas. Eduardo se ocupar&iacute;a de mantenerlo alejado de ti, me dijo, y eso me calm&oacute; bastante&#8230; &iexcl;Est&uacute;pidamente me relaj&eacute;!<\/p>\n<p>Mariana ladea la cabeza hacia mi lado y aparta sus cabellos, pas&aacute;ndoselos por detr&aacute;s de la oreja y con su otra mano ahuec&aacute;ndola, la afirma con delicadeza al contorno de su preciosa cara, mir&aacute;ndome con sus ojos muy redondos, apenadamente azules, casi a punto de desbordarse nuevamente su llanto, continua explic&aacute;ndome el desarrollo de sus recuerdos.<\/p>\n<p>&mdash;Para la segunda semana se mostr&oacute; un poco m&aacute;s amable pero sin llegar a saludarme como a las dem&aacute;s mujeres de la oficina con dos besos en las mejillas. Algunas ma&ntilde;anas estrechaba mi mano y por las tardes, en la mayor&iacute;a de las ocasiones, ni se desped&iacute;a. Le ve&iacute;a trabajar concentrado en sus apuntes por momentos, luego con rapidez tecleaba en su ordenador y posteriormente se enfrascaba en charlas animadas en su m&oacute;vil, que duraban varios minutos. A m&iacute; me interesaba observar su forma de concretar citas con los posibles clientes. Quer&iacute;a a toda costa averiguar sus t&eacute;cnicas de ventas para aprender con mayor rapidez. &mdash;De repente Camilo se levanta de la silla, espant&aacute;ndome. &ndash; y da unos tres pasos hacia la mesa contigua, pero se gira y se devuelve. Me mira y toma por el espaldar la silla para colocarla en una posici&oacute;n diferente, m&aacute;s frontal. Se queda ahora all&iacute;, detr&aacute;s de la silla pl&aacute;stica observ&aacute;ndome con los brazos cruzados, en espera tal vez de que contin&uacute;e hablando. Y as&iacute; lo hago.<\/p>\n<p>&mdash;Me llam&oacute; poderosamente la atenci&oacute;n, su manera tan firme de hablar con los prospectos y transmitir con claridad las ventajas y los beneficios de vivir en aquellos apartamentos de inter&eacute;s social y ayudarse con los diferentes subsidios del gobierno para adquirirlos, al atender en las oficinas a los clientes citados. Claramente sab&iacute;a lo que ofrec&iacute;a y deseaba conseguir. Los movimientos que hac&iacute;an sus manos para acentuar las frases, la serenidad en su voz al pasarles el contrato de compra y la solicitud de documentos en espera de que se decidieran a firmar y lleno de confianza, colocaba a veces un rostro de seriedad, ofreci&eacute;ndoles el lapicero, haci&eacute;ndolos hablar y hasta dudar entre ellos; para luego tras una sonrisa amplia, abrazarlos y hacerlos congeniar de nuevo. Cuando finalmente consegu&iacute;a la deseada firma, su sonrisa cautivante iba dirigida a todos, al se&ntilde;or y a los hijos, pero el gui&ntilde;o disimulado del ojo derecho solo era para la se&ntilde;ora. Bonita o fea, alta o bajita, flaca o gordita. &iexcl;&Eacute;l a todas las hechizaba!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya, ya veo que te impresion&oacute;! No te perd&iacute;as ni uno solo de sus pasos, y a&uacute;n hoy me da la impresi&oacute;n de que te emocionas al recordarlo. Te cautiv&oacute; a pesar de que t&uacute; al conocerlo, me lo negaras. &mdash;Recrimino a Mariana, al escucharla hablar tan animada de ese tipo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;No era acaso l&oacute;gico que me sucediera? Ummm&hellip; Ahh ya s&eacute; por d&oacute;nde vas. No cielo, te adelantas en el proceso. Me fij&eacute; en el vendedor y sus artima&ntilde;as para cerrar los negocios. No en sus atractivos rasgos f&iacute;sicos, que por supuesto tambi&eacute;n sol&iacute;a utilizar muy a menudo para conseguir lo que se propon&iacute;a. &mdash;Le respondo con firmeza y contin&uacute;o explic&aacute;ndole.<\/p>\n<p>&mdash;De hecho nada raro ocurri&oacute; entre &eacute;l y yo, ni esa primera semana ni la segunda. Te consta que me dediqu&eacute; a buscar entre nuestras amistades, mi propia clientela, llamando y revisando mi agenda telef&oacute;nica, durante los fines de semana, incluso en ese viaje rel&aacute;mpago, charlando con tu familia en la casa de tu hermano en Girardot, mientras Mateo se divert&iacute;a con los dem&aacute;s ni&ntilde;os en la piscina. Yo, ese trabajo me lo tom&eacute; en serio y de verdad que no me fij&eacute; en &eacute;l para hacer&hellip; &iexcl;Otras cosas! Pero s&iacute; creo que interiormente lo hice mi objetivo. Se podr&iacute;a decir que s&iacute; fue ese el punto de partida. Claramente mi meta y obsesi&oacute;n, fue superarlo en ventas. No terminar acost&aacute;ndome con &eacute;l ni hacerte un cornudo.<\/p>\n<p>&mdash;Pues gracias por la aclaraci&oacute;n, Mariana; teniendo en cuenta lo sucedido con ese tipo, es todo un detalle de tu parte. &mdash;Le contesto con cinismo y malhumorado.<\/p>\n<p>&mdash;El tercer lunes del mes si fue inevitable por la programaci&oacute;n, encontrarme a solas con &eacute;l en el apartamento modelo de la urbanizaci&oacute;n. Me acompa&ntilde;aste a tomar el auto que hab&iacute;as pedido por la aplicaci&oacute;n y a pesar de los trancones, llegu&eacute; al sur muy temprano, sin contratiempos cruzando Bogot&aacute;. De nuevo &eacute;l lleg&oacute; tarde, mucho despu&eacute;s de las ocho de la ma&ntilde;ana y me salud&oacute; con cordialidad sin excusarse por la demora, como para variar en &eacute;l. Pero mantuvo la distancia toda la ma&ntilde;ana aunque me oblig&oacute; a atender de primeras a una pareja de ancianos, manteni&eacute;ndose eso s&iacute;, muy cerca y pendiente de brindarme ayuda, sobre todo con alg&uacute;n tema que desconoc&iacute;a sobre las obras viales circundantes y que mejorar&iacute;an los accesos al sector.<\/p>\n<p>&mdash;Los clientes se mostraron interesados en recorrer los alrededores y yo me ofrec&iacute; para acompa&ntilde;arlos. &Eacute;l se qued&oacute; en la sala de ventas para hablar por tel&eacute;fono y sin yo preguntarle nada, vertical coloc&oacute; el dedo &iacute;ndice sobre sus labios y alejando moment&aacute;neamente el tel&eacute;fono de su boca, sonriente me susurr&oacute; que era un &laquo;arrocito en bajo&raquo;. Como si a m&iacute; me tuviera que interesar conocer de sus andanzas.<\/p>\n<p>&mdash;Pero por supuesto, Mariana. Obviamente quer&iacute;a llamar tu atenci&oacute;n y hacerse notar, desplegando sus dotes de seducci&oacute;n hablando con otras mujeres delante de ti. Por algo se empieza y ese g&uuml;ev&oacute;n dio el primer paso para llevarte a su c&oacute;modo universo donde t&uacute; no quer&iacute;as llegar, pero con eso fue suficiente para sacarte de nuestro mundo, de donde nunca quise que llegaras a salir.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; &iquest;Eso crees? Pues s&iacute; esa fue la intenci&oacute;n, fall&oacute; en el intento. &laquo;Soldado advertido no muere en guerra&raquo;. As&iacute; que no, cielo. No me llam&oacute; la atenci&oacute;n de esa manera. El caso es que cuando regres&eacute; a la sala de ventas ya estaba ocupado atendiendo a otras personas. En la tarde baj&oacute; mucho la afluencia de clientes y tuvimos tiempo para hablar, pero tan solo, &ndash;y te lo puedo jurar&ndash; tocamos solo temas relacionados con el trabajo. Se ofreci&oacute; galantemente a llevarme hasta mi residencia, yo segura de mi misma rechac&eacute; su ofrecimiento obviamente, agradeci&eacute;ndole e inform&aacute;ndole a la vez que ya ten&iacute;a contratado el servicio de recogida con el chofer que me hab&iacute;a llevado en la ma&ntilde;ana. Insisti&oacute; bromeando, que con &eacute;l llegar&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pido al cielo. Menos mal que en ese momento entr&oacute; al m&oacute;vil personal tu llamada. &laquo; &iexcl;Es mi &ldquo;marido&rdquo;! le aclar&eacute; antes&raquo;, y as&iacute; me deshice de su compa&ntilde;&iacute;a, alej&aacute;ndome unos pasos para hablar con tranquilidad, pues segu&iacute;a yo preocupada por Mateo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Te dijo algo a ti, que a m&iacute; no? &mdash;Me intriga saberlo y le pregunto.<\/p>\n<p>&mdash;No cielo, para nada. Pero a ver c&oacute;mo te lo explico. Ehmm&hellip; Un presentimiento de madre, tal vez. No lo s&eacute;, pero en esos d&iacute;as lo not&eacute; disperso, no tan activo ni risue&ntilde;o. Cosas m&iacute;as, pens&eacute;. Sin embargo es verdad que percib&iacute;a que Mateo no se sent&iacute;a a gusto con su nana, aunque ella en verdad intentaba ganarse su cari&ntilde;o y la confianza.<\/p>\n<p>&mdash;Al dia siguiente en la ma&ntilde;ana, como no llegaban clientes nos preparamos dos caf&eacute;s oscuros y salimos un momento, yo para fumar y &eacute;l para hacerle una llamada a su novia. Y mientras yo fumaba, observ&aacute;ndolo con disimulo charlar por tel&eacute;fono, ri&eacute;ndose y caminando en frente de m&iacute; con sus lentes Ray-Ban puestos, sin estar segura, si sent&iacute;a que repasaba mi figura con su oculta mirada avellana. &mdash; Camilo aprieta los pu&ntilde;os en clara se&ntilde;al de mortificaci&oacute;n. Si se pone as&iacute; por nada&hellip; &iquest;C&oacute;mo estar&aacute; al final cuando le haya relatado todo? &iexcl;Miedo me da lo que al final pueda pensar, decir o hacer de m&iacute; vida!<\/p>\n<p>&mdash;Lleg&oacute; a m&iacute; mente tu imagen y decid&iacute; en ese momento seguir aquel ejemplo, para no dejar apagar la llama, ni sentirnos lejanos o distantes. Nos convertir&iacute;amos en amantes clandestinos en el d&iacute;a y con nuestro cotidiano amor, en nuestras noches volver&iacute;amos a ser marido y mujer.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Aj&aacute;, ya veo! Por eso es que&hellip; &mdash;Mariana me corta la frase para continuarla ella.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; Por eso, encerrada en el ba&ntilde;o un rato despu&eacute;s, decid&iacute; abrir cuatro botones de mi blusa y arremangar alrededor de mi cintura, el verde botella de mi falda, y mostrarte coqueta el conjunto de ropa interior blanco que ese d&iacute;a estaba utilizando y s&iacute;, ya s&eacute; que no era muy sexy, ya que no ten&iacute;a transparencias pero me hice una selfie tres cuartos en frente del espejo para envi&aacute;rtela, junto a ese emotic&oacute;n de diablito morado, con el mensaje posterior de&hellip; &iexcl;Para mi amado y deseado amante! Te gust&oacute; mucho esa sorpresa, &iquest;no es verdad?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Obviamente! &iquest;Sabes que me pusiste en aprietos y que se me subieron los colores al rostro? Estaba ocupado revisando junto al ingeniero el&eacute;ctrico y el dise&ntilde;ador de interiores, una cotizaci&oacute;n de luces led subacu&aacute;ticas para instalar en el jacuzzi de una casa que deber&iacute;amos entregar en pocos d&iacute;as. Y s&iacute; Mariana, me dejaste boquiabierto, at&oacute;nito y con ganas de llegar por la noche a verte y abrazarte. &mdash;No le digo m&aacute;s y me call&oacute;. Pero s&iacute;, me fascin&oacute; su atrevimiento y desat&oacute; con aquella foto, mi deseo de com&eacute;rmela&hellip; &iexcl;Y no solo a besos!<\/p>\n<p>&mdash;Uhumm, claro. &iexcl;C&oacute;mo no! Que yo recuerde al llegar a casa, no solo me abrazaste sino que por poco me rompes la blusa, sac&aacute;ndome media teta fuera y llevando mi pez&oacute;n hacia la c&aacute;lida humedad de tu boca. Luego, si no es por que escuchamos como Mateo, corr&iacute;a por el pasillo para venir a saludarte, t&uacute; mano hubiera evadido el el&aacute;stico de mis cucos y tus dedos los hubieras introducido sin reparos por la raja de mi vulva, y qui&eacute;n sabe d&oacute;nde terminar&iacute;amos t&uacute; y yo. &iexcl;Jejeje!<\/p>\n<p>&mdash;En la cama de seguro que no. Lo habr&iacute;amos hecho contra la pared de la entrada, o tirados en la alfombra de la sala, tal vez contigo recostada sobre la mesa del comedor. &mdash;Le respondo con algo de melancol&iacute;a, y Mariana acalorada, pasea la punta de su lengua sobre la espuma de la cerveza, que como casi siempre, pernocta en la comisura de sus labios.<\/p>\n<p>&mdash;Finalmente nos toc&oacute; en la cama, &iexcl;Jajaja! Bueno y entonces iba por&hellip; Ahh s&iacute;. Luego, casi a medio d&iacute;a lleg&oacute; Eduardo para ver como marchaban las cosas y se fue con &eacute;l para almorzar. Yo me qued&eacute; en la sala de ventas, esperanzada en que el domiciliario no se despistara y llegara pronto con el pedido. Me figur&oacute; almorzar pollo asado y papitas a la francesa pues desconoc&iacute;a yo m&aacute;s lugares donde almorzar algo diferente.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando regresaron ellos, se acomodaron en el escritorio de la recepci&oacute;n y yo pude por fin meterme en la peque&ntilde;a cocina para almorzar al lado de la se&ntilde;ora que hacia la limpieza y ofrec&iacute;a tintico a los clientes que iban llegando. Despu&eacute;s nos reunimos los tres y Eduardo analizaba conmigo la lista de clientes que me hab&iacute;a entregado, pero al igual que yo, no encontr&oacute; nada valioso para perseverar.<\/p>\n<p>&mdash; Y m&aacute;s o menos pasaron as&iacute; los dem&aacute;s d&iacute;as hasta mi descanso ese fin de semana. No sabes cu&aacute;nto lo disfrut&eacute;, en compa&ntilde;&iacute;a de nuestro hijo, paseando por el centro comercial, como usualmente lo hac&iacute;amos los tres. &iquest;Recuerdas?<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto que lo recuerdo pues era uno de los momentos familiares m&aacute;s deseados por m&iacute;, te lo aseguro. Nuestro s&aacute;bado de atracciones mec&aacute;nicas en la ma&ntilde;ana, despu&eacute;s de almuerzo, el respectivo helado de ron con uvas pasas para ti, con Brownie para Mateo y el de galletas Oreo para m&iacute;; mirando condescendiente vitrinas de zapatos y bolsos, contigo tomada de mi mano, persiguiendo al loquito de Mateo por los pasillos del segundo nivel y m&aacute;s tarde, palomitas de ma&iacute;z y Coca-Cola viendo la pel&iacute;cula de&hellip; Ehhh, se me olvido el nombre. &mdash;Le digo sonriendo a Mariana, reviviendo en mi mente aquel d&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; &laquo; &iexcl;El Beb&eacute; Jefazo! &raquo; Me parece. Aunque t&uacute; estabas loco por ver la &uacute;ltima entrega de &laquo;Avengers: Infinity War&raquo;. No te quejaste para nada, como siempre. &laquo; &iexcl;Ser&aacute; otro d&iacute;a!&raquo;, me dijiste resignado, aunque nunca fuimos a verla. &iexcl;Me traicionaste, majadero!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Peeerd&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? &mdash;Le respondo, abriendo mucho mis ojos y extendiendo hacia los lados mis brazos, pero no suplicantes. &iexcl;Para nada! Al contrario, exigiendo una explicaci&oacute;n clara a Mariana a su extra&ntilde;o comentario.<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja, no me hagas caso y tampoco pongas esa cara. &iexcl;Ni me abras as&iacute; los ojos que no voy a echarte gotas! Estoy bromeando, Camilo. &mdash;Y con el movimiento de mis manos le indico que no se preocupe, anticipando la aclaraci&oacute;n: &iexcl;Es que finalmente fuiste a verla con ella y no conmigo!<\/p>\n<p>&mdash;Recuerdo con claridad, como finalizando el mes, tan solo hab&iacute;a concretado la venta de tres apartamentos, y eso que fueron mis t&iacute;os y una prima tuya, quienes decidieron invertir all&iacute;, &ndash;casi a rega&ntilde;adientes&ndash; y a pesar de mis constantes llamadas a los clientes que hab&iacute;a atendido. Alguno se incomod&oacute; con mi insistencia y otro se atrevi&oacute; a insultarme, diciendo que no lo molestara m&aacute;s y que era m&aacute;s cansona que viajar en el autob&uacute;s, de a tres sentados en un mismo puesto.<\/p>\n<p>&mdash;Te esforzaste mucho y me consta, pues acompa&ntilde;abas mis noches de trasnocho dise&ntilde;ando planos, con dos co&ntilde;ac y leche tibia, m&aacute;s una larga lista de contactos, nombres y n&uacute;meros telef&oacute;nicos, muchos de ellos tachados en rojo. Estaba orgulloso de ti y por eso dejaba a un lado, las escuadras y la regla &laquo;T&raquo; sobre la mesa de dibujo, para ir a darte un masaje en los hombros y terminar con un beso en cada mejilla, mientras te apretaba con mis manos ambos senos, pellizcando con dulzura tus pezones antes de apartarme y dejarte en paz. &iexcl;Y t&uacute; sonre&iacute;as! &mdash;Como ahora lo hace, as&iacute; de medio lado inclinando la cabeza, arrugando consentida el puente nasal y achinando sus ojazos celestes.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jejeje! S&iacute; se&ntilde;or. Pero no era tan f&aacute;cil ni divertido como pensaba, &ndash;le respondo con rapidez&ndash; aunque me lo pasaba genial al enviarte mensajes subiditos de tono en las ma&ntilde;anas, o los encuentros furtivos en las escaleras entre el noveno y el d&eacute;cimo piso, con la excusa de ir por un caf&eacute;, para darnos largos besos y acariciarnos arrinconados contra la pared, incrementando nuestras ganas de sexo, antes de bajar a almorzar por separado muy acalorados, con tu camisa mal abotonada y mi boca sin labial, complicidad cercana pero tan alejados finalmente en frente de los dem&aacute;s. O aumentarlas en las tardes con las im&aacute;genes de tu pene erguido, venoso y con una gotita de excitaci&oacute;n tan amenazante en la punta, surgiendo por la bragueta de tu pantal&oacute;n, y de mis bubis con los pezones endurecidos por fuera del brassier y con el dedo &iacute;ndice, apuntando hacia la rosada abertura de m&iacute; humectada vagina.<\/p>\n<p>Calla Mariana y la observo suspirar. Vuelve a descruzar las piernas y con la mirada busca algo en su regazo. &iquest;Una mota de polvo inexistente? &iquest;Una hebra de hilo que ha salido de su lugar? O tal vez, simple y llanamente el negro tejido tensado por sus piernas le recuerda algo oscuro y complicado de decir. De nuevo eleva un muslo, &ndash;el diestro&ndash; y lo deja caer sobre el izquierdo, para alisar la tela a dos manos con solemnidad. Yo espero a que prosiga, sin nada ya que beber.<\/p>\n<p>&mdash;Todos me hab&iacute;an superado. Diana y Carlos con cuatro apartamentos adjudicados, Elizabeth con seis y &eacute;l&hellip; &iexcl;Once! Maldici&oacute;n yo no sab&iacute;a c&oacute;mo lo hac&iacute;a, mi cielo. &iexcl;Te lo juro! No le ve&iacute;a esforzarse tanto como yo ni los dem&aacute;s, y sin embargo estaba ah&iacute; a fin de mes en la sala de reuniones, sentado con las piernas cruzadas y los brazos por detr&aacute;s de la nuca, vanidoso y pedante, sonriente como siempre, con su elegante traje azul petr&oacute;leo, los cuadrados gemelos de oro en los pu&ntilde;os inmaculadamente blancos de su camisa, haciendo juego con el pisa corbatas y por supuesto, sus infaltables gafas de sol.<\/p>\n<p>&mdash;Esta noche saldremos a celebrar. &iexcl;Pero no solo por el d&iacute;a de la secretaria sino por la novata que ya despeg&oacute;! &mdash;Dijo &eacute;l, y Diana al igual que Carlos lo secundaron con aquella idea. &iexcl;Ni modo de negarme! Un segundo round entre t&uacute; y Jose Ignacio se ve&iacute;a venir, al salir hacia el bar de la esquina, despu&eacute;s de entregar los informes y previendo que podr&iacute;a haber batalla, te escrib&iacute; solicit&aacute;ndote mantener la tranquilidad. Vieras lo que vieras, escucharas lo que me dijeran o pasara algo que no deber&iacute;a suceder.<\/p>\n<p>&mdash;Esa noche despu&eacute;s de asegurarme de que la nana se quedar&iacute;a a cuidar de Mateo, recib&iacute; el &uacute;ltimo mensaje tuyo pidi&eacute;ndome que mantuviera la calma si suced&iacute;a algo anormal, y que no fuera a pensar o a reaccionar mal. &iexcl;Y lo prometido se cumple! No te dije nada y ahora me arrepiento.<\/p>\n<p>Mariana frunce el ce&ntilde;o, levanta solo la ceja izquierda. Abre bastante ambos ojos, como abierta esta su boca con los labios algo salidos. Y aunque me parece que van a salir disparadas mil palabras encerradas, &ndash;entre signos de interrogaci&oacute;n&ndash; finalmente calla, nada sale y solo entra aire por all&iacute;, para llenar sus pulmones y oxigenar sus neuronas.<\/p>\n<p>&mdash;Me enter&eacute; bajando ya en el elevador, antes de salir del edificio al hablar con Eduardo de que a partir de Junio, tu grupo igualmente se encargar&iacute;a de vender la &uacute;ltima etapa del condominio en Pe&ntilde;alisa. Las casas que yo a&uacute;n estaba terminando de redise&ntilde;ar y que apenas se estaban empezando a construir. Y me preocup&eacute; por Mateo y por ti. Porque yo tendr&iacute;a que viajar constantemente para supervisar las obras y estar dos o tres d&iacute;as a la semana fuera de casa. Separarme de ustedes dos y t&uacute;&hellip; T&uacute; tendr&iacute;as que viajar igualmente cada quince d&iacute;as los fines de semana para atender a los clientes en la sala de ventas, seg&uacute;n me coment&oacute; Eduardo, con su acostumbrado &laquo; &iexcl;No te preocupes Cami, amigo m&iacute;o, qu&eacute; estar&eacute; pendiente de ella!&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Y antes de cruzar la puerta detr&aacute;s de Eduardo, aspir&eacute; profundamente previendo llegar a encontrarme con otra situaci&oacute;n similar o peor que la de aquella noche en el sal&oacute;n de billar. No por desconfiar de ti, sino m&aacute;s bien de las tretas de &eacute;l. &iexcl;Pero no fue as&iacute; afortunadamente! Estabas reunida con tus compa&ntilde;eras, alejada de ese tipo y de tu otro compa&ntilde;ero. Hab&iacute;a sobre la mesa dos botellas, una de aguardiente y la otra de ron. Una jarra con hielo y Coca-Cola por la mitad y otra de agua, ese recipiente bien lleno. Tomabas aguardiente al igual que tu compa&ntilde;ero y que &eacute;l. Diana y Elizabeth por el contrario, beb&iacute;an en sendas copas el ron y para aminorar el da&ntilde;o, con una rodaja de lim&oacute;n y un poquito de aquella gaseosa.<\/p>\n<p>&mdash;Estando enterada de que vendr&iacute;as me propuse esquivar los lances que pudiera hacerme Jos&eacute; Ignacio, as&iacute; que si, cuando llegaste no viste nada extra&ntilde;o pues estaba separada de &eacute;l, por Carlos y Diana. Pero Elizabeth me dej&oacute; sola un momento, ya que deb&iacute;a salir del bar para encontrarse con el esposo, a quien hab&iacute;a invitado esa noche, y mientras tanto t&uacute; te saludabas cordialmente con&hellip; con todos.<\/p>\n<p>&mdash;Era lo indicado. &iquest;O no, Mariana? Deb&iacute;amos simular que solo compartir&iacute;amos unos tragos como amigos fuera de la oficina. Nuestras ganas de intimidad deber&iacute;an postergarse unas horas m&aacute;s, a la espera de que tu grupo se enterara tambi&eacute;n de aquella sorpresiva noticia y todo fuera felicidad.<\/p>\n<p>&mdash;Pues f&iacute;jate que en ese bar, fue la noche de las sorpresas. Por un lado, esa noticia que nos dio Eduardo y que todos festejamos como un triunfo. Yo m&aacute;s nerviosa quiz&aacute; por el problemita que tendr&iacute;a contigo para viajar sola. Por otra parte la inesperada salida de nuestro grupo de Elizabeth, que nos caus&oacute; cierta pena pero alegr&iacute;a por el cambio de trabajo, sin que ella lo pidiera seg&uacute;n me dijo, &ndash;debido a que estaba pr&oacute;xima a terminar su carrera de arquitectura&ndash; para llegar a formar parte de tu equipo de trabajo. Una especie de asistente personal o algo as&iacute;, y que un desconocido hab&iacute;a sugerido a la junta directiva. T&uacute; mirabas sorprendido, a ella, a m&iacute; y a Eduardo. Y Elizabeth por el contrario estaba dichosa abrazada a su marido, d&aacute;ndose piquitos en la boca, completamente feliz de avanzar en su vida laboral por el camino que quer&iacute;a. &iexcl;Y te puedo asegurar que ella s&iacute; que ansiaba estar trabajando a tu lado!<\/p>\n<p>&mdash;La otra novedad fue la joven que lleg&oacute; m&aacute;s tarde en compa&ntilde;&iacute;a de un muchacho y que t&iacute;midamente llegaron a saludar a Jos&eacute; Ignacio en la mesa, para luego ser presentados ante los dem&aacute;s como Sergio, el mejor de sus amigos y casi un hermano para &eacute;l, y su novia Carmen Helena, a quien Eduardo nos la present&oacute; casi enseguida como el nuevo talento que llegaba a ocupar la vacante de Elizabeth.<\/p>\n<p>&mdash;Y todos felices brindamos, Eduardo whiskey en mano, t&uacute; con la infaltable jarra de cerveza y los dem&aacute;s con aguardiente y ron. La m&uacute;sica&hellip; La m&uacute;sica fue la culpable de su invitaci&oacute;n. Y que pod&iacute;a hacer yo Camilo, si estaba todo el mundo emparejado. Diana con Carlos, Elizabeth con su esposo el contador, Carmen Helena, la nueva adquisici&oacute;n con su novio y yo sola, tan cerca de ti, pero supuestamente muy lejos de mi marido.<\/p>\n<p>&mdash;Era presa f&aacute;cil siendo yo la &uacute;nica mujer &laquo;aprovechable&raquo; por as&iacute; decirlo, &ndash;hago el gesto a camilo con los dedos para resaltar lo de disponible&ndash; y por m&aacute;s que intent&eacute; negarme aduciendo cansancio en los pies, al calor de los tragos y las canciones que el Dj coloc&oacute; esa noche, todos nos fuimos soltando y termin&eacute; por salir a la pista para bailar &laquo;El Amante&raquo;, la canci&oacute;n de Nicky Jam con &eacute;l y por supuesto bajo tu atenta mirada, para nada disimulada.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;, lo recuerdo muy bien porque de nuevo se me revolvi&oacute; el est&oacute;mago al verlo intentar bailar peg&aacute;ndose a ti, pero me di cuenta de que lo apartabas con educaci&oacute;n, a pesar de que como una molesta garrapata no te quiso soltar durante varias canciones.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, mi cielo. Intent&oacute; agarrarme m&aacute;s de una vez de las manos y pasar su brazo por mi cintura pero le dije que esa m&uacute;sica no se bailaba de esa manera y me le solt&eacute;. Cuando acab&oacute; esa primera canci&oacute;n y quise devolverme a la mesa, se escucharon las isle&ntilde;as notas del ukelele de Manuel Turizo y la exitosa canci&oacute;n, &laquo;Una Lady Como T&uacute;&raquo;. La recuerdo muy bien porque por fin me agarr&oacute; de las manos, pero lo supe mantener lejos uno o dos pasos, aunque ya t&uacute; no me pod&iacute;as ver por la cantidad de personas que estaban bailando a nuestro alrededor. Adem&aacute;s porque esa canci&oacute;n le fascinaba a Mateo pues Camila, tu sobrina, se la ense&ntilde;&oacute; a cantar cuando festej&aacute;bamos tu cumplea&ntilde;os y nuestro pr&iacute;ncipe se la aprendi&oacute; en un santiam&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; No lo sab&iacute;a, aunque s&iacute; que llegu&eacute; a escucharlo alguna tarde mientras jugaba en su alcoba. &mdash;Le respondo asintiendo con la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash;Luego bail&eacute; con &eacute;l otra canci&oacute;n y otra m&aacute;s, creo que &laquo;Traicionera&raquo; de Yatra. Y de pronto te vi, bailando cerca de nosotros. Lo hac&iacute;as con prudencia, pero verte con Elizabeth, hablando animados mientras daban giros sin parecer interesarse en los dem&aacute;s, me caus&oacute; pena y escalofr&iacute;os. &iquest;Recuerdas que canci&oacute;n era?<\/p>\n<p>&mdash;La verdad que no. Sabes de sobra que soy muy descuidado con las canciones de moda. Las escucho &uacute;nicamente al colocar la radio en la camioneta, y si es de reguet&oacute;n las quito de inmediato. Lo m&iacute;o es m&aacute;s el Jazz, el Blues o el pop y por supuesto el rock en espa&ntilde;ol. &mdash;Le respondo a Mariana, levantando los hombros y frunciendo los labios en clara se&ntilde;al de no tener mayor importancia para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que era precisamente una de reguet&oacute;n. Ahh s&iacute; esa fue. &laquo;Reggaet&oacute;n lento&raquo; de Cnco. &ndash;Me acuerdo por la graciosa manera de bailar de Camilo aquella noche. &ndash; &iexcl;Lo p&aacute;sate mal con ella! &iquest;No es verdad? &mdash;Y me tapo la boca con una mano para re&iacute;rme sin causar revuelo u ofenderlo.<\/p>\n<p>&mdash;Pues tal vez s&iacute;, &ndash;le contesto a Mariana, que a&uacute;n se r&iacute;e y tiene las mejillas coloradas&ndash; porque me sent&iacute;a como un mono, tratando de imitar sus movimientos.<\/p>\n<p>&mdash;Liz levantaba sus brazos con gracia y yo como un simio torpe lo hac&iacute;a despu&eacute;s, como queri&eacute;ndome agarrar de alguna rama pero saltaba descompensado. Luego mirando sus pies, me fijaba en como adelantaba de medio lado, una pierna y luego con destreza por el otro lado, lo hac&iacute;a de nuevo pero con el otro pie, meci&eacute;ndose posteriormente a los lados con cadencia, y yo lo hac&iacute;a mucho m&aacute;s despacio pero sinti&eacute;ndome como una palma de coco, sometida al ir y venir de las r&aacute;fagas de una fuerte tormenta, sin seguirle el ritmo y aunque Elizabeth no se burlaba, si se re&iacute;a disimulada al verme fracasar en el intento, una y otra vez. Me sent&iacute; est&uacute;pido, retrasado y oxidado, aunque hablando a gritos de su sorpresivo nombramiento, ello hizo que el mal trago de aquel baile, se me pasara r&aacute;pido. &mdash;Y observo a Mariana que doblada sobre su regazo, no para de re&iacute;r a carcajadas, burl&aacute;ndose sincera de mi cantinflesca forma de bailar aquella noche. Por fin respira profundo y se calma para decirme que&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ya de regreso a la mesa te encontr&eacute; hablando muy animado con Elizabeth y su esposo, con Eduardo muy atento a lo que ustedes conversaban. Me sent&iacute; tranquila al ver c&oacute;mo te integrabas en el grupo, pero me molest&oacute; que el abusivo de Jos&eacute; Ignacio aprovechara para colocar su mano en mi muslo. Le di un codazo, imperceptible para todos. Bueno, menos para Carlos que segu&iacute;a atento los avances de su &aacute;lter ego conmigo y con eso se calm&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Me dediqu&eacute; a entablar conversaci&oacute;n con Sergio y su novia, dialogando sobre sus actividades. El muchacho trabajaba en esa &eacute;poca en un banco privado, y estaba a punto de terminar la carrera de administraci&oacute;n de empresas en una universidad p&uacute;blica. Carmen Helena por el contrario, hab&iacute;a aplazado el semestre de contadur&iacute;a y ven&iacute;a de ser cajera en un supermercado de cadena. Pensaban casarse unos meses m&aacute;s adelante. &mdash;Camilo se peina con los dedos el desorden causado por la brisa refrescante de las aspas del ventilador situado encima de su cabeza. Se sonr&iacute;e, lo piensa y se sienta nuevamente, mir&aacute;ndome con dulzura.<\/p>\n<p>&mdash;El esposo de Liz tiene buena vibra. Recuerdo re&iacute;rme por sus divertidas an&eacute;cdotas sobre lo torpe que era para la tecnolog&iacute;a y disfrut&eacute; como todos, de la buena disposici&oacute;n que tiene para cantar vallenatos. Sobre todo las dos o tres canciones de Diomedes y la que escogiste t&uacute;, para que &eacute;l la entonara de ultimo. &laquo;Se&ntilde;ora&raquo; de Otto Serge y Rafael Ricardo. Y me entraron unas ganas locas de tomarte de la mano y bailar ah&iacute;, a un lado de la mesa, sin importar que estuvieran tantos rostros observ&aacute;ndonos.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Lo hubieras hecho, cielo! Yo tambi&eacute;n quer&iacute;a. Pero en lugar de hacerlo, te vi dirigirte hacia la puerta del local con un cigarrillo en la boca y detr&aacute;s de ti, fui con la misma intenci&oacute;n guardada en mi cajetilla. Aunque solo pudimos cruzar dos o tres frases entre fumada y fumada, y bajas de tono para no levantar sospechas, las tan acostumbradas&hellip; &iexcl;&iquest;Que tal lo est&aacute;s pasando?! De mi parte, y t&uacute;&hellip; &iexcl;No podemos demorarnos tanto! Finalizando con nuestro respectivo &iexcl;Te amo! Disimulado y mudo, porque Carlos y Diana, en ese momento hab&iacute;an salido a la calle para llamar por tel&eacute;fono, situ&aacute;ndose justo a nuestro lado.<\/p>\n<p>&mdash;Quer&iacute;amos abrazarnos y yo darte m&aacute;s de un beso, pero no pod&iacute;amos acercarnos mucho pues deb&iacute;amos mantener nuestro amor escondido. &iexcl;Un rato m&aacute;s! Solo fingir que no &eacute;ramos nada por otro tiempo y ya en casa t&uacute; y yo, aflojar&iacute;amos el nudo de la soga que amarraba las ganas ocultas a los dem&aacute;s durante ese d&iacute;a. Pero&hellip; &mdash;Dejo de mirar al caf&eacute; oscuro de los ojos de mi esposo, para tomar de la cajetilla otro cigarrillo. Encenderlo, aspirar, y por boca y nariz, lentamente dejar salir los dem&aacute;s recuerdos junto a los remolinos de humo gris.<\/p>\n<p>&mdash;Media hora despu&eacute;s, terminaste con la tercera jarra de cerveza y repartiste abrazos junto a respetuosos piquitos en las mejillas de las mujeres, despidi&eacute;ndote. Estrechaste la mano de Eduardo, del esposo de Elizabeth y de Sergio. No estaban Carlos ni Jos&eacute; Ignacio en la mesa, as&iacute; que te ahorraste ese hip&oacute;crita&hellip; &iexcl;Hasta la pr&oacute;xima! Luego sonriente te fuiste hacia la barra y yo me qued&eacute; en la mesa, envi&aacute;ndole un mensaje a la nana, coment&aacute;ndole que en media hora estar&iacute;amos en casa.<\/p>\n<p>&mdash;A los pocos minutos te sent&iacute; pasar por mi lado para luego con cara de preocupaci&oacute;n, acercarte a Eduardo y hablarle al o&iacute;do. Aprovech&eacute; para tomar mi abrigo y la cartera, despidi&eacute;ndome de todos. Pero en tu rostro se hab&iacute;an instalado unos rasgos distintos, intrigantes y demasiado serios. &mdash;Camilo lleva su mano derecha hasta la boca, cubriendo los labios y el ment&oacute;n. Suspira y aprieta hasta dos veces la piel de su rostro, formando algunas arrugas. &iexcl;Lo conozco! Siempre lo hace cuando quiere decir algo pero no sabe por d&oacute;nde empezar para no herir o incomodar.<\/p>\n<p>&mdash;Es que yo&hellip; Esa noche me enter&eacute; de algo y ahora me arrepiento de no haberlo comentado contigo. Tal vez si lo hubiera hecho, nuestra situaci&oacute;n&hellip; Este momento nos lo podr&iacute;amos estar ahorrando. &iexcl;Debo pedirte perd&oacute;n, Mariana!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Perd&oacute;n? &iquest;A m&iacute;? &iexcl;Y eso por qu&eacute; Camilo! &mdash;Y mueve su cabeza de un lado al otro, en un claro gesto de remordimiento, por algo que me ha ocultado y que le fuerza a fruncir los labios, evitando por el momento que de su boca salgan los detalles que desconozco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 21<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>0 &mdash;Debo reconocer que me sorprendi&oacute; tu llegada y que me sent&iacute; rara, confundida por primera vez en muchos a&ntilde;os a tu lado. Fue moment&aacute;neo pero me sent&iacute; rid&iacute;culamente extra&ntilde;a. 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