{"id":42231,"date":"2023-06-09T22:00:00","date_gmt":"2023-06-09T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-06-09T22:00:00","modified_gmt":"2023-06-09T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-15","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-15\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (15)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42231\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 20<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>&mdash;Vamos Cami, amigo m&iacute;o. No le pares bolas a esos comentarios. &ndash;Fue la respuesta de Eduardo hacia mis dudas cuando le coment&eacute; lo que hab&iacute;a escuchado. &ndash; &iexcl;Ni siquiera sabes con certeza, que se trate de tu esposa! Puede que tenga en la mira a otra mujer. No necesita esforzarse demasiado, le caen del cielo las mujeres con solo chasquear los dedos. &mdash;Me dijo con un conocimiento abrumador.<\/p>\n<p>&mdash;Pues debe ser porque adem&aacute;s tiene la lengua muy larga. &mdash;Le respond&iacute; acerc&aacute;ndome a&uacute;n m&aacute;s a su oreja, para hacerme entender a pesar del ruido.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! S&iacute;, un poco. Pero quiz&aacute; se deba a su pasado. &mdash;Me respondi&oacute; con sorna, as&iacute; que le dije&hellip; &iexcl;Todos tenemos uno!<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto Cami. Claro que s&iacute;, pero t&uacute; desconoces el suyo y cada quien asume como sobrellevar sus pesadillas. Adem&aacute;s se le infla el pecho por varias razones muy v&aacute;lidas. &iexcl;Es un triunfador! No se te olvide que es el mejor asesor comercial que tenemos en la constructora y tampoco puedes negar que Jos&eacute; Ignacio es un hombre muy &laquo;pintoso&raquo; y bien plantado. Con la sola presencia las enloquece. &mdash;Me respondi&oacute; apret&aacute;ndome el brazo.<\/p>\n<p>&mdash;Lo defiendes tanto que ya pareces una m&aacute;s de sus consortes. &mdash;Le hice aquel reclamo en tono burl&oacute;n, pero tan solo me palmeo la espalda para decirme sonriente, mientras daba otro sorbo a su &laquo;amarillito&raquo; sin hielo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;&Eacute;l es as&iacute;! Un poco soberbio e impertinente, pero es un buen elemento. Tiene corriendo en la sangre, fluidos de liderazgo.<\/p>\n<p>&mdash;Recuerda Eduardo que no todo lo que brilla es oro. &mdash;Le refut&eacute; con decisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ni lo que alumbra tanto quema, amigo m&iacute;o. As&iacute; que despreoc&uacute;pate. Adem&aacute;s&hellip; &iquest;Melissa ha mostrado alg&uacute;n cambio en su actitud hacia ti? &iquest;Has percibido alg&uacute;n tipo de inter&eacute;s de ella hacia Nacho, diferente al &aacute;mbito laboral? &mdash;Negu&eacute; con la cabeza dos veces, d&aacute;ndole la raz&oacute;n en todo.<\/p>\n<p>&mdash;Y sin embargo Mariana, me qued&eacute; en silencio de pie, all&iacute; junto a mi amigo y confidente. Mentalmente desestabilizado dentro de mis celosas incertidumbres, sostenido apenas por la f&eacute;rrea confianza que yo ten&iacute;a puesta en la mujer que se encontraba esa noche a tres pasos por detr&aacute;s de m&iacute;, y con mis &laquo;infundadas sospechas&raquo; seg&uacute;n Eduardo, todav&iacute;a meando en el ba&ntilde;o de aquel bar.<\/p>\n<p>&mdash;Disc&uacute;lpame cielo, pero sigo sin comprender. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; esa noche contigo, para que ahora me pidas perd&oacute;n? &mdash;Camilo primero me observa y luego inclina la cabeza para mirarse las manos palmotear nerviosas y en repetitivos ritmos, la desnudez de sus rodillas. Y as&iacute;, sin levantar la cabeza me habla.<\/p>\n<p>&mdash;Me acerqu&eacute; a la barra y le pregunt&eacute; a una mesera por la ubicaci&oacute;n de los ba&ntilde;os. Ella, algo ocupada con una bandeja de madera bajo el brazo y la nota de un pedido en sus labios, me indic&oacute; con una mueca de su boca que a mi derecha se encontraban. Esquivando cuerpos de hombres y mujeres que bailaban enloquecidos la pegajosa canci&oacute;n de Luis Fonsi, &laquo;Despacito&raquo;, llegu&eacute; al fondo del local buscando el pasillo, &ndash;que de hecho se encontraba bastante oscuro&ndash; hasta lograr ver el letrerito rojo y rectangular con la figurita del hombre y la mujer. La del hombre hab&iacute;a sido vandalizada por alg&uacute;n gracioso, que con marcador le pint&oacute; una raya negra sobresaliendo de entre las piernas.<\/p>\n<p>&mdash;All&iacute; escuch&eacute; la voz de tu compa&ntilde;ero Carlos, dialogando con ese hijo de p&hellip;, &ndash;y me muerdo la lengua para evitar la groser&iacute;a&ndash; de su bendita madre, mientras hac&iacute;an fila para entrar. Detr&aacute;s de ellos y por delante de m&iacute;, estaba el corpulento hombre de seguridad, que por el movimiento fren&eacute;tico de sus piernas, me dio a entender que iba m&aacute;s necesitado que yo, y sin que ellos se dieran cuenta segu&iacute; escuchando su conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Bahh! No hable tanta mierda que usted no va a poder con esa vieja. &mdash;Le dijo el flaco a tu aman&hellip; &iexcl;Al tumbalocas ese! Y agudic&eacute; el o&iacute;do, acostumbrando por igual a la penumbra, la mirada.<\/p>\n<p>&mdash;Eso ya lo veremos. &iquest;Apostamos? &mdash;Le contest&oacute; a Carlos, muy seguro de sus palabras, mientras le palmeaba la espalda.<\/p>\n<p>&mdash;Usted no va a ser capaz. Esa mujer no le da la hora a nadie. Es m&aacute;s fiel que pulga de gato callejero, y solamente se dejar&aacute; &laquo;pichar&raquo; del marido, como m&aacute;ximo, unas cuatro veces al mes. &mdash;Le asegur&oacute; tu amigo Carlos, tore&aacute;ndolo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! &ndash;Se carcaje&oacute; muy ufano&ndash;. Ya ver&aacute;s mi apreciado &laquo;bobo litro&raquo;, que la arrogante esa, no solo me lo va a dar sino que me va a rogar para que me la culee con ganas a ma&ntilde;ana y tarde, dej&aacute;ndola patiabierta, babeando por donde te imaginas y con los ojos en blanco. Y si me queda gustando, quiz&aacute; repita con esa vieja para tenerla en mi cama una que otra noche, para que aprenda lo que es &laquo;pichar&raquo; de verdad y no lo que har&aacute; con el bobalic&oacute;n de su marido. &iexcl;Voy a darle como a caj&oacute;n que no cierra! &mdash;Solo escuchaba las risotadas de tu compa&ntilde;ero, y el suspiro, no s&eacute; si por el apuro o por la desaprobaci&oacute;n sobre aquel comentario tan rampl&oacute;n, del hombre que estaba por delante de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Es m&aacute;s, Carlitos! Esa vieja la va a pasar tan bueno conmigo, que voy a hacer que se quede en mi casa culeando toda la noche y lograr&eacute; que me extra&ntilde;e, &ndash;cuando al llegar a su casa, se encuentre de frente con el cariacontecido de su cornudo marido&ndash; deseando sentir de nuevo el sabor y la dureza de esta verga, hasta bien entrada en la madrugada. &mdash;Le respondi&oacute; vanaglori&aacute;ndose de sus dotes sexuales y su poder de convicci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Y no pude escuchar nada m&aacute;s, pues los dos ingresaron al tiempo, tan pronto como desocuparon el ba&ntilde;o. Lo que escuch&eacute; me preocup&oacute; y atorment&oacute;. No sab&iacute;a a ciencia cierta a cual de ustedes se refer&iacute;an. Podr&iacute;as ser tu o Elizabeth. Diana descartada pues no era casada. Tambien podr&iacute;an hablar de alguna mujer desconocida. &mdash;Mariana descruza manos y piernas, coloc&aacute;ndose en pie, incomoda y pensativa, pero no malhumorada. O eso es lo que me parece.<\/p>\n<p>&mdash;Pero me qued&oacute; sonando aquella sentencia, &ndash;repicando en mi mente cual campanario de iglesia llamando a misa de mediod&iacute;a&ndash; que se me quitaron las ganas de orinar y me regres&eacute; hasta la mesa, pensando si deb&iacute;a dec&iacute;rtelo para ponerte sobre aviso o call&aacute;rmelo para evitar que me hicieras un justificado &laquo;berrinche&raquo;, debido a los fantasmales celos que sent&iacute;a de &eacute;l, por todos sus comentarios y de nada en espec&iacute;fico que me indicara que se trataba de ti. Quiz&aacute; en el fondo, lo que tem&iacute; es que te enfadaras conmigo, incluso que no me creyeras. &mdash;El dorso de su mano izquierda se pasea por la frente, apartando cabellos ondulados y gotitas brillantes de sudor.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Ahora si lo entiendes Mariana? &iquest;Comprendes por qu&eacute; debo pedir tu perd&oacute;n por mi cobard&iacute;a? Quise evitar que me vieras como un hombre desconfiado y controlador. Est&uacute;pidamente silenci&eacute; mi boca para no comentarte el temor y la preocupaci&oacute;n que sent&iacute;a. Si lo hubiera hecho tal vez t&uacute; no hubieras terminado culea&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Temor por &eacute;l o de m&iacute;? &iquest;Tu preocupaci&oacute;n era por m&iacute; o por &eacute;l? &mdash;Lo interrumpo para callar lo que iba a terminar por decir de m&iacute;, redirigiendo sus pensamientos hacia otros &aacute;mbitos menos particulares y m&aacute;s generales.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Temor por ti, obviamente! De que no supieras mantenerte lejana de sus constantes lances. &mdash;Y se le pliegan los parpados muy lentamente hasta formar una l&iacute;nea curva y negra, de brillantes pesta&ntilde;as entrelazadas a la mitad, como buscando intimidad en su oscuridad y un corto respiro, ocult&aacute;ndome la reacci&oacute;n en sus pupilas a mis palabras.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Me preocupaba por &eacute;l! Por si lograba en alg&uacute;n descuido, engatusarte con su reluciente sonrisa y pesadas bromas, aderezadas con la fama que se gasta de Don Juan Tenorio y esas poses tan rebuscadas de modelo de revista, estrenando cuenta en Instagram. &mdash;Mariana retira de sus labios el cigarrillo y con la misma lentitud anterior, entre abre la boca y sus ojos azules me miran con cristalina tranquilidad.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo, honestamente no creo que yo deba perdonarte nada. Y cielo&hellip; No eres un cobarde por callarlo ni tampoco el culpable de lo que sucedi&oacute;. &iquest;Sabes qu&eacute;? &ndash;Le pregunto acariciando con mis dedos, los vellitos negros bien encarrilados a lo largo de su antebrazo. &ndash; Me siento un poco sofocada y sin la privacidad necesaria. &iquest;Podemos ir a caminar por ah&iacute;? &iquest;Por favor?<\/p>\n<p>Mariana ladea la cabeza hacia mi derecha pero su mirada se dirige fugazmente hacia el fondo del local, para volver a encontrarse con la m&iacute;a, ya comprensiva y complaciente. &iexcl;Voy al ba&ntilde;o y vuelvo! Me termina por decir y se aleja.<\/p>\n<p>Mientras tanto le hago una se&ntilde;a al musculoso cantinero, que se encuentra detr&aacute;s de la barra, para que se acerque a nuestra mesa. Necesito verificar que no se le adeude nada.<\/p>\n<p>&mdash;Andrew &iquest;Se le debe algo? &mdash;Le pregunto con seriedad, cuando lo tengo a medio metro de distancia y a su excesiva confianza anterior, ahora algo amilanada.<\/p>\n<p>&mdash;No se&ntilde;or. Todo est&aacute; ya cancelado, don Camilo. &iquest;Se van tan temprano? &iquest;Pero qu&eacute; les disgusto? Le puedo apartar una mesa si desea regresar m&aacute;s tarde&hellip; Con su se&ntilde;ora. &mdash;Me responde un poco apenado y menos sonriente, al ver como se acerca Mariana regresando del ba&ntilde;o, peinada hacia atr&aacute;s. &iexcl;&iquest;Con su cabello mojado?!<\/p>\n<p>&mdash;Mucho calor, Andrew. Y&hellip; Demasiada gente. &mdash;Le respondo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Vamos a caminar por la playa para refrescarnos, cielo? Ehhh, Andrew, muchas gracias por tu atenci&oacute;n, eres muy Dushi. Me saludas a Ernesto, por favor. &mdash;Voltea su cara para observar a Camilo y sonriente le extiende su mano para despedirse de &eacute;l y en seguida me dice&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Se&ntilde;ora Melissa, un placer tenerla por aqu&iacute; y esperamos verla m&aacute;s y m&aacute;s seguido. &iexcl;Siempre ser&aacute; bienvenida!<\/p>\n<p>&mdash;Gracias Dushi querido, tan bello t&uacute;. Pero por ahora como que no se va a poder. En un futuro, si la virgencita quiere y mi Dios dispone, tal vez regrese por aqu&iacute; con mi marido y unos amigos para tomarnos unas &laquo;polas&raquo; bien fr&iacute;as o ese coctel tan especial que me ofreciste hace un rato. &mdash;Y me arrimo a mi esposo, para recostar mi cabeza en su hombro, pasando mi brazo por detr&aacute;s de su cintura. &iexcl;Y Camilo se deja hacer! Aunque percibo como tiembla, sin tener yo la certeza de que sea producto de la emoci&oacute;n al sentirme de nuevo a su costado, o al temor de &eacute;l al imaginar un nuevo &laquo;nosotros&raquo;, sepultando con mis verdades aquel doloroso pasado y con su perd&oacute;n y olvido pensar en reconstruir en este presente, un nuevo futuro juntos.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto se&ntilde;ora, cuando usted guste. &iexcl;Ahhh! Casi se me olvida. Perm&iacute;tanme un momento para ir hasta el refrigerador. Ya le alcanzo su botella de ron. &mdash;Nos dice y se aleja apresurado.<\/p>\n<p>Con Mariana enganchada a mi antebrazo y la botella de ron casi congelada guardada dentro de mi mochila, atravieso la ancha calle hacia la otra acera, para ampararnos con la sombra de sus edificaciones, del sol de la tarde. Pero ella se detiene en seco, liberando mi piel de la suya.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Espera Camilo, se nos ha olvidado algo! Ya regreso. &mdash;Me dice y la veo resuelta atravesando de nuevo la calle hacia el local.<\/p>\n<p>Sube los cuatro escalones y se me pierde de vista tras la entrada. Me rasco la cabeza por debajo de mi gorra de los Yankees y por encima de mi oreja derecha. &iexcl;No tengo idea de que puede hab&eacute;rsele quedado all&iacute;! Mientras la espero voy a pensar en cual ruta debo tomar. La larga por Breedestraat hasta llegar a la plaza Bri&oacute;n o atravesar por el empedrado callej&oacute;n para llegar hasta la avenida con sus palmeras plantadas sobre el separador y frente a la cooperativa de cr&eacute;dito, muy cerca del muelle y de la playa blanca con m&aacute;s de mil y un recuerdos.<\/p>\n<p>Tomo del bolsillo de mis pantalones cortos el tel&eacute;fono, y busco en la agenda telef&oacute;nica el n&uacute;mero de William. Timbra y a la segunda &eacute;l contesta, precipitado y angustiado.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; &iexcl;Hola Bro! &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s? &mdash;Lo saludo.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; S&iacute;, s&iacute;. Por aqu&iacute; va todo bien, dentro de lo que cabe. Despreoc&uacute;pate que no har&eacute; ninguna pendejada. S&oacute;lo estamos hablando. &mdash;Le respondo sereno, para tranquilizarlo y observo hacia la entrada. &iexcl;Nada que sale Mariana!<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; &iquest;Qu&eacute;?&#8230; Ahh, no, no. Esto va a ser demorado. Mariana, apenas si va por el principio. &mdash;Le pongo al tanto.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; &iexcl;Ok, est&aacute; bien! Por supuesto que te ir&eacute; contando. &iquest;Y con quien estas? &mdash;Le pregunto aunque me imagino con cual conquista anda metido bajo las sabanas.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; Ahhh, que bueno. Me la saludas. Entonces nos veremos m&aacute;s tarde en la noche. &iquest;C&oacute;mo? &mdash;Pregunto, porque el ruido atronador de una motocicleta que est&aacute; transitando, no me deja escuchar con claridad y est&uacute;pidamente me giro hacia la puerta met&aacute;lica de un almac&eacute;n que permanece cerrado, recostando la frente sobre las blancas laminas, peg&aacute;ndome m&aacute;s a ella y queriendo con ello amainar el sonido.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; Acabamos de salir del bar de Ernesto. Mariana se siente un poco enclaustrada as&iacute; que vamos a caminar mientras hablamos. Necesita aire, espacio y algo de privacidad. &mdash;Le comento poni&eacute;ndolo al corriente de lo sucedido.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; Si tranquilo. &iexcl;Por supuesto que me portar&eacute; bien con ella!<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; Ok. Cu&iacute;date Brother y no se te olvide ir corriendo que Kayra tiene que salir antes de las cinco para ir a misa. &iexcl;Bye, bye Man!<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; Listo, yo le digo. &iexcl;Un abrazo Bro! &mdash;Y cuelgo la llamada gir&aacute;ndome de nuevo, para llevarme un peque&ntilde;o susto al sentir a Mariana justo a mi costado y a ese par de cielos azules, brillantes e inquisidores, fijos en los m&iacute;os.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Con qui&eacute;n hablabas? &iexcl;Si se puede saber, claro est&aacute;! &mdash;Le pregunto y me sonri&oacute; al ver su carita de asustado.<\/p>\n<p>&mdash;Con William. Quer&iacute;a informarle que me&hellip; &iexcl;Que nos encontr&aacute;bamos bien! Ahhh, por cierto, te env&iacute;a saludos. &mdash;Le respondo ipso facto.<\/p>\n<p>&mdash;Y bueno&hellip; &iquest;Puedo saber qu&eacute; fue lo que se te olvid&oacute;? &mdash;Y ella sin hablar me responde, alzando frente a mi rostro una botella pl&aacute;stica de tama&ntilde;o familiar de una refrescante Coca-Cola.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, ahora si podemos seguir. &ndash;Me acomodo mejor sobre la nariz los lentes de sol y encima de mis h&uacute;medos cabellos negros coloco mi sombrero, dispuesta a seguirlo. &ndash; &iquest;Para d&oacute;nde vamos? &mdash;Le pregunto a Camilo y &eacute;l enmudecido, se da la vuelta para echar a andar por una angosta calle.<\/p>\n<p>Por mi lado pasa una se&ntilde;ora muy bronceada con un peque&ntilde;o rubio y ojiazul. Me sonr&iacute;e el ni&ntilde;o y con su bracito elevado, me saluda muy feliz. Me recuerda a m&iacute;, acompa&ntilde;ada por Mateo hace unos a&ntilde;os atr&aacute;s, paseando por las calles de esta hermosa isla. Al darme la vuelta observo que mi marido va unos tres o cuatro metros por delante de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Hey! Podr&iacute;as esperarme al menos. &mdash;Le grito. Resignada levanto los hombros y mis pies avanzan apresurados con ganas de pisar su sombra.<\/p>\n<p>No recuerdo haber transitado antes por esta angosta callejuela. Si estiro ambos brazos es posible que casi alcance a ara&ntilde;ar las paredes de las casas. De blanco inmaculado algunas fachadas de los segundos pisos, en el primero otra m&aacute;s adelante est&aacute; pintada de negro y con un raro grafiti en blanco que no me dice nada pero fue meticulosamente dise&ntilde;ado para que pasara bordeando la puerta de metal. Hay otra m&aacute;s all&aacute;, por donde va caminando Camilo, coloreada de un &laquo;curuba&raquo; en leche, tanto en la planta inferior como la superior. Pero todas ellas cortan muy bien con el gris plomizo del empedrado desigual de la calle. Camilo se detiene en la esquina de aquella casa y me espera, justo al lado de un enorme contenedor de basura y detenido sobre una de las redondas alcantarillas de hierro fundido.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te ayudo a cargar con esa botella? &mdash;Le pregunto a Mariana.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Nahhh, tranquilo! Deja yo la llevo. &mdash;Le contesto apretando la botella a dos brazos contra mi pecho, mientras que doy un r&aacute;pido repaso a aquel peque&ntilde;o espacio en forma de &laquo;T&raquo; entre las edificaciones, y que le brindan no solo claridad a las casas sino un escueto lugar para aparcar los autos. De hecho, estacionado a mi izquierda se encuentra un Hyundai plateado y a mi diestra, un Toyota azul encabeza el desfile de coches, &ndash;no muchos&ndash; que aguardan a sus due&ntilde;os por la rectangular plazuela bajo la sombra de frondosos &aacute;rboles de Mara&ntilde;&oacute;n con sus flores pediceladas y justo al lado, una hermosa banca de madera pintada de blanco.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, entonces sigamos caminando. &iexcl;Por aqu&iacute;, ven! &mdash;Me dice Camilo e igual que antes, echa a andar por delante de m&iacute; por otro angosto y nuevo callej&oacute;n empedrado, aunque no tanto como el anterior. Sin embargo es muy largo y como lo veo tan solitario, me asusto un poco.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y es seguro? &mdash;Pregunto desconfiada, mirando hacia los lados.<\/p>\n<p>&mdash;A esta hora no hay problema. En la noche es m&aacute;s movidito. Es mejor ser amigo de los gatos pues salen a pasear curiosas, una que otra &laquo;djaka&raquo; y algunos peligrosos &laquo;malandros&raquo;. &mdash;Le respondo a Mariana con una sonrisa de maldad en mi rostro, que ella no ve por descuidada.<\/p>\n<p>Miro hacia las alcantarillas y los desag&uuml;es, imaginando que all&iacute; se esconden las ratas. Se me erizan los vellos de mis brazos y la nuca. &iquest;Y los ladrones? Quiz&aacute; m&aacute;s adelante, ocultos tras una columna o esperando detr&aacute;s de alguna verja de cualquiera de estas casas, la mayor&iacute;a pintadas de un fuerte granate, otras fachadas de un rosa p&aacute;lido, asemej&aacute;ndose a una garganta enorme que pareciera querer devorarnos y por &uacute;vula al fondo, alcanzo a visualizar una mediana palmera. Aprieto mis nalgas y echo a andar detr&aacute;s de mi marido con rapidez hasta darle alcance y ponerme a su lado. &iquest;Por qu&eacute; se est&aacute; riendo Camilo?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Era de mi de qui&eacute;n hablaban esos dos! &mdash;Le digo de improviso a mi esposo y aquella afirmaci&oacute;n le borra de su cara la sonrisa. Agacha Camilo su cabeza, m&aacute;s no se detiene para encararme as&iacute; que prosigo mi relato.<\/p>\n<p>&mdash;Hablaba mal de m&iacute; al principio, lo s&eacute;. Nunca lo escuch&eacute; directamente, pero a mis o&iacute;dos llegaron ciertos comentarios. No era de extra&ntilde;ar pues mi trato con &eacute;l era apenas cordial, lo suficiente para no quedar ante los dem&aacute;s como un ser antisocial. &iexcl;Si mi cielo! Ese est&uacute;pido me cay&oacute; tan mal como a ti, y de paso yo a &eacute;l, te lo aseguro. As&iacute; que me concentr&eacute; en mis nuevas actividades, listas de contactos con posibles clientes interesados, amigos, conocidos y referidos para lograr mis primeras ventas, sin apenas determinarlo a pesar de que intentaba captar mi atenci&oacute;n con sus constantes ni&ntilde;er&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Lo sab&iacute;a! &mdash;Es lo &uacute;nico que me responde, aunque en su rostro observo un rictus de amargura o des&aacute;nimo y quiz&aacute; por ello, contin&uacute;a su avance con paso firme, casi huy&eacute;ndole a la sospechada verdad y conmigo un paso por detr&aacute;s de &eacute;l, persigui&eacute;ndolo con el resto de mis palabras.<\/p>\n<p>&mdash;Me lo encontr&eacute; una tarde, m&aacute;s o menos a mitad de mayo, junto a la m&aacute;quina expendedora de caf&eacute;, al lado del sal&oacute;n comedor en el d&eacute;cimo piso, reunido con Carlos y los compa&ntilde;eros del otro grupo, vanaglori&aacute;ndose de su &uacute;ltima conquista de la noche anterior. Cruzamos miradas mientras yo depositaba las monedas en la ranura para cancelar mi antojado capuchino, y sin cambiar el tono de la voz, hablaba como no, obscenidades sobre como hab&iacute;a hecho y deshecho en la habitaci&oacute;n de un motel de lujo, carcaje&aacute;ndose sin incomodarse por mi cercan&iacute;a, al comentarles con pelos y se&ntilde;ales, sus faenas sexuales con la mujer que hab&iacute;a ca&iacute;do en sus garras y que al parecer era buena en la cama. Les habl&oacute; m&aacute;s o menos bien de ella, pero despu&eacute;s de volver a mirarme mientras yo soplaba la bebida para no quemarme, les dijo algo acerca de otra muchacha del departamento de contabilidad, burl&aacute;ndose de la forma en que&hellip; &iexcl;Qu&eacute; se lo chup&oacute;! Y literal, la despellej&oacute; delante de todos, por sosa y seg&uacute;n &eacute;l, por &laquo;vaca muerta&raquo;. Hasta me pareci&oacute; ver, que se atrevi&oacute; a compartirles algunas fotograf&iacute;as indiscretas de su encuentro. &iexcl;Un hombre miserable, sin escr&uacute;pulos y con total falta de dignidad!<\/p>\n<p>&mdash;Quisiera poder decir ahora&hellip; &iexcl;Mariana, te lo dije! Pero ya ves, por cobarde no te advert&iacute; sobre ese tipo. &mdash;Me dice Camilo bastante apenado sin dejar de encaminar sus pasos hacia la salida en el otro extremo.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida, si t&uacute; no pod&iacute;as porque cre&iacute;as que no deb&iacute;as, yo s&iacute; que ten&iacute;a que haberte comentado lo que escuch&eacute; encerrada en un cub&iacute;culo de los ba&ntilde;os, mientras te escrib&iacute;a por el chat las cositas que te har&iacute;a cuando estuvi&eacute;semos en la casa. Las muchachas no sab&iacute;an que estaba yo all&iacute; dentro, por lo tanto Carolina, do&ntilde;a Julia y Diana se explayaron en los comentarios de los chismes m&aacute;s recientes. Y el tema de conversaci&oacute;n fui yo. Seg&uacute;n ellas, para Jos&eacute; Ignacio yo era una ni&ntilde;a rica y mimada, protegida de Eduardo y que no sab&iacute;a d&oacute;nde estaba parada. Que las ventas no eran lo m&iacute;o y que por mi forma de vestir, m&aacute;s deber&iacute;a estar dictando clases en alguna escuela rural que all&iacute;, atendiendo al p&uacute;blico con atuendos propios de una monja de clausura.<\/p>\n<p>&mdash;Pero en ning&uacute;n momento me sent&iacute; intimidada por sus groser&iacute;as y est&uacute;pidas bromas. Y mucho menos con algunas de sus miradas, directas y morbosas, otras escondidas a mi vista pues aun tan temprano en la oficina, sol&iacute;a llevar siempre colocados unos lentes oscuros y ovalados con el marco dorado, de esos que usan los aviadores. D&aacute;ndome la espalda, pod&iacute;a sentir que hablaba con Carlos y los dem&aacute;s hombres de m&iacute;, mof&aacute;ndose del largo de mis faldas o de la santurrona hilera de botones que ajustaban hasta el cuello, las blusas con las que iba a trabajar a la oficina &laquo;el nuevo elemento&raquo;. &iexcl;Como sol&iacute;a referirse a m&iacute;!<\/p>\n<p>De una de las casas a mi derecha se escapan voces. Una mujer le hace reclamos a un hombre por alg&uacute;n dinero no recibido. M&aacute;s alla, tras los muros rojos y las ventanas de madera blancas que permanecen cerradas, huyen del segundo piso las alegres notas de una canci&oacute;n que reconozco por su melanc&oacute;lica letra. &laquo;Killing Me Softly With His Song&raquo; de The Fugees. Miro a Camilo pues s&eacute; que le encanta, pero la antigua versi&oacute;n en la voz de Perry Como.<\/p>\n<p>&mdash;Uhum&hellip; Ambos debimos hablar, Mariana. Y no llorar sobre la leche derramada, como ahora.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pufff! &ndash;Suspiro con melancol&iacute;a. &ndash; Asimismo como t&uacute;, call&eacute; est&uacute;pidamente para no molestarte con mis cosas, distray&eacute;ndote de tus estudiados dise&ntilde;os con mis peque&ntilde;as luchas personales y con alguna que otra ofensa&hellip; &iexcl;Otros detalles aburridos! &mdash;Le respondo, apretando contra m&iacute; pecho la botella de gaseosa al sentir que se me resbalaba con ganas de estrellarse contra el empedrado gris.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y qu&eacute; detalles? &mdash;Pregunto ahora, apropi&aacute;ndome del envase frio que intentaba escap&aacute;rsele de los brazos.<\/p>\n<p>&mdash;Pues lo que m&aacute;s me ofendi&oacute;, fue escucharlas hablar de como aquel est&uacute;pido sin siquiera hab&eacute;rmelas visto, se refer&iacute;a a mis tetas como un par de huevos fritos a los que &eacute;l, antes de pegarles un mordisco, desear&iacute;a echarles una pizca de sal para que le supieran a algo. &mdash;Suspiro, recordando mi enojo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Sabes? Me sent&iacute; molesta, dolida y humillada. No hab&iacute;a dado pie a ello, lo juro. No le mostraba de m&aacute;s a nadie, mucho menos a &eacute;l. Y s&iacute; mi cielo, te aseguro que me jodi&oacute; mentalmente ese comentario. Por eso es que aquel s&aacute;bado cuando sin decirme nada, despu&eacute;s del desayuno nos urgiste a Mateo y a m&iacute;, en arreglarnos para irnos los tres de compras, yo no puse buena cara y con desgano miraba las vitrinas de los concesionarios, sigui&eacute;ndote la idea de que yo tuviera un coche para movilizarme aunque no lo ve&iacute;a tan necesario. Lamento haberme portado tan altanera con tu amigo y contigo tan extra&ntilde;a. No ten&iacute;a cabeza para nada m&aacute;s que planear una estrategia para vengarme de &eacute;l y su pataner&iacute;a, por lo que escasamente balbucee un color cualquiera. El rojo y el negro me han gustado siempre, as&iacute; que por ese Audi parqueado en una esquina de la vitrina me decid&iacute;. &mdash;Camilo vuelve a detenerse y esta vez s&iacute; gira medio cuerpo, levanta un poco su gorra y mir&aacute;ndome de soslayo me dice&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que por eso fue&hellip; Qu&eacute; t&uacute;&hellip; &mdash;Y con su dedo &iacute;ndice, me se&ntilde;ala el busto.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Nooo!&#8230; No solo fue por eso&hellip; Pero por otra parte, s&iacute;. &iexcl;O sea! Ya sabes que no estaba muy conforme con lo que Diosito me premi&oacute;, &ndash;y me tomo las bubis por encima del vestido acun&aacute;ndolas en mis manos&ndash; pero por ti no lo hab&iacute;a siquiera pensado hacer. A ti te parec&iacute;an las m&aacute;s hermosas y deseables, as&iacute; que bajo tu enamorada perspectiva, como las ten&iacute;a estaban bien y por eso no te dije nada cuando tom&eacute; la decisi&oacute;n de operarme, pues tu amoroso juicio estaba viciado desde un comienzo. Pero aquel comentario y no te lo voy a negar, fue la espoleta que liber&oacute; la carga explosiva de mi oculto deseo. Fue por m&iacute; misma, cielo. Para elevar m&iacute; autoestima. &mdash;Y relat&aacute;ndole esta otra parte desconocida, veo como Camilo saca del bolsillo de la camisa, la cajetilla roja y blanca para tomar de ella un nuevo cigarrillo.<\/p>\n<p>De su mechero saltan chispas, al ser rastrillado dos veces por el pulgar y el fuego aparece. Encorvado aspira, protegiendo la llama de la brisa con la muralla de su otra mano y luego tras mantener los ojos entre cerrados, expulsa una espesa humareda por la boca, al echar hacia atr&aacute;s la cabeza y el caf&eacute; de su mirada, elevarla al cielo. Yo le imito, m&aacute;s como un acto reflejo que por verdaderas ganas y enciendo uno de los blancos m&iacute;os, d&aacute;ndole la espalda al viento.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s debiste haberlo consultado conmigo y te aseguro que yo no&hellip; &mdash;Mariana interviene posando su mano derecha sobre mi brazo, evitando que concluya mi comentario, para enseguida terminarlo ella, con sobrada raz&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;T&uacute; no te habr&iacute;as opuesto? Por supuesto cielo, eso en ti ser&iacute;a lo normal. &iquest;Cu&aacute;ndo me has negado algo? Pero dime&hellip; &iquest;Que tanta emoci&oacute;n hubieses demostrado? &mdash;Camilo calla, asiente mientras fuma y de nuevo anda.<\/p>\n<p>La reconozco desde aqu&iacute;. Falta calle y media para alcanzar la avenida y una calada m&aacute;s a mi cigarrillo para agotar su tabaco. Dos calzadas amplias separadas por una hilera de esbeltas palmeras, que ya no se ven tan peque&ntilde;as. La majestuosidad de un crucero atracado se alcanza a divisar a lo lejos y la brisa sopla ahora con mayor fuerza, estremeciendo el ala de mi sombrero, dobl&aacute;ndola hacia atr&aacute;s hasta golpear el pellizco de la copa por encima de la cinta. Camilo se sostiene por igual la gorra con una mano y la ceniza de mi Parliament sale disparada hasta estrellarse contra la tela rosa de su camisa, muy cerca del manch&oacute;n que se alcanza a apreciar en su pecho.<\/p>\n<p>&mdash;No entiendo como ese comentario logr&oacute; desestabilizarte, si t&uacute; fuiste siempre una mujer muy segura de s&iacute; misma. De sus cualidades y de&hellip; De tus pocos defectos. &mdash;Oprimiendo con la suela de mi zapatilla derecha, el pucho consumido le hablo a Mariana, intentando descifrar sus paulatinos cambios.<\/p>\n<p>&mdash;Cr&eacute;eme que yo tampoco lo entiendo. Solo que sucedi&oacute; porque aqu&iacute;, &ndash;y le se&ntilde;alo a Camilo mi cabeza. &ndash; se revent&oacute; algo. &iexcl;Adem&aacute;s porque entr&oacute; en mi vida ella! Termino por decirle.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;De qui&eacute;n hablas? &mdash;Me pregunta extra&ntilde;ado, pero antes de responderle debemos arrinconarnos hacia el muro amarillo de la derecha, que tiene pintada la bandera de Cura&ccedil;ao, pues ha dado el giro una minivan plateada en la esquina y viene en direcci&oacute;n nuestra.<\/p>\n<p>&mdash;Mi amiga Carmen Helena. &mdash;Le respondo tan pronto como nos va sobrepasando lentamente la camioneta y en las entintadas ventanillas observo las figuras reflejadas de una pareja que am&aacute;ndose, se mantiene distanciada.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;La flaquita aquella que entr&oacute; en reemplazo de Liz? &iquest;Qu&eacute; tiene que ver ella con todo esto? &mdash;Le pregunto a Mariana, pues en estos meses rebobinando las im&aacute;genes de nuestra pel&iacute;cula hasta bien entrada la madrugada, a ella no la inclu&iacute; en ninguna escena. &iexcl;Al menos en ninguna comprometedora!<\/p>\n<p>&mdash;Uhumm, la novia de Sergio. El amigo de Jos&eacute; Ignacio. &mdash;Le contesto mientras avanzamos por la calle hasta el and&eacute;n, esperando que el tr&aacute;fico de autos y camiones de reparto, nos d&eacute; tiempo y espacio para cruzar hasta el otro lado.<\/p>\n<p>Ni &eacute;l ni yo decimos nada m&aacute;s. &iexcl;El clima est&aacute; cambiando! Las nubes bastante grises, flotando kil&oacute;metros m&aacute;s all&aacute; en el horizonte de esta tarde dominical, la hacen m&aacute;s fresca y llevadera. Pero estos alisios &ndash;que atentan contra la elegante estabilidad de mi sombrero y endurecen mis pezones&ndash; se esfuerzan con su aliento a naranjos mezclado con el olor del mar, en traer a mi mente las amargas diapositivas de aquel pasado, tan lentamente como se mostrar&iacute;an en un carrusel frente a la l&aacute;mpara incandescente en una reuni&oacute;n la verdad, no muy bien planeada.<\/p>\n<p>Miro a mi esposo, sintiendo un extra&ntilde;o escalofri&oacute; y me entran ganas de abrazarlo, pero solo me conformo con caminar a su lado para atravesar la avenida, con mi brazo doblado en forma de gancho por debajo del suyo, pero ya sin el temor a su rechazo.<\/p>\n<p>&mdash;K-Mena es algo m&aacute;s joven que yo. Ten&iacute;a apenas 22 a&ntilde;os cuando nos saludamos en la oficina, ella con su menuda figura tomando posesi&oacute;n de los implementos, llenando con su natural timidez los espacios vac&iacute;os y limpios que hab&iacute;a canjeado Elizabeth por estar cerca de ti. Bastante introvertida y muy respetuosa ella. Delicada e inocente, pero con una suspicaz inteligencia. Adem&aacute;s de que me inspiraba mucha ternura al verla tan nerviosa y despistada como yo en ese nuevo ambiente, con tantas personas yendo y viniendo apresurados de un escritorio hacia el otro. &laquo;Las novatas de Eduardo&raquo;, nos empezaron a decir tanto los compa&ntilde;eros de nuestro grupo de ventas, como de los otros equipos. Pero tambi&eacute;n era la &laquo;protegida de Nachito&raquo; y &eacute;l, una ma&ntilde;ana al terminar la reuni&oacute;n me lo dej&oacute; muy claro, sin tener en cuenta mi parecer.<\/p>\n<p>&mdash;La dejo en tus manos. &iexcl;Te la recomiendo! &mdash;Con un gui&ntilde;o de sus ojos de Hazel, complementado por la sonrisa desvergonzada, se fue muy orondo a cumplir una cita, seg&uacute;n &eacute;l, a su novia. La dejaba al cuidado de la &laquo;mojigata&raquo; y eso le brindaba tranquilidad. Desde ese d&iacute;a me tom&eacute; en serio la tarea, claro que con mi segunda intenci&oacute;n. La instru&iacute; en los tr&aacute;mites fundamentales de la oficina y junto con Diana, nos dedicamos a realizar llamadas a clientes, concertar citas en la sala de ventas, acompa&ntilde;arnos a la hora de la salida y entre una cosa y otra, empezamos a cultivar nuestra sincera amistad.<\/p>\n<p>&mdash;Y por ella empezaste a espaciar tus acostumbrados picantes mensajes matutinos. De pronto dejaron de aparecer en mi tel&eacute;fono tus&hellip; &laquo; &iquest;Quieres que te env&iacute;e una fotito?&raquo; Tras tomarme junto a los ingenieros, el caf&eacute; de las diez. O tus textos a escondidas durante y despu&eacute;s del almuerzo, con frases como: &laquo; &iexcl;Estoy aqu&iacute; pensando en que parte de m&iacute;, darte a morder m&aacute;s tardecito!&raquo; &iquest;Por estar junto a ella dejaste de mantener ese necesario contacto conmigo? &iquest;Sin saber cu&aacute;nto lo necesitaba a diario?&mdash;Mariana no me mira, pero medita su respuesta, mientras vamos cruzando hasta el otro lado en frente del amplio parqueadero, enganchada a&uacute;n a mi antebrazo.<\/p>\n<p>&mdash;Si mi vida, estas en lo cierto y cr&eacute;eme que lo lamento. Estaba obsesionada y quer&iacute;a a toda costa, obtener mi venganza. Y qu&eacute; mejor que conocer al detalle las debilidades del contrincante. K-Mena ten&iacute;a m&aacute;s contacto y cercan&iacute;a con Jose Ignacio, as&iacute; que sin saberlo ella era la ventana por la cual yo podr&iacute;a escudri&ntilde;ar un poco m&aacute;s en su arrogante personalidad, para buscar una fisura, una grieta por donde yo lo pudiese atacar y humillar. Me centr&eacute; en ello, en compartir m&aacute;s tiempo con ella para hablar entre otras cosas de &eacute;l, conocer lo que yo ni imaginaba, lo que hac&iacute;a y con quien, pero k-Mena me fue describiendo a un hombre totalmente opuesto a lo que t&uacute;, a lo que yo y los dem&aacute;s en la oficina percib&iacute;amos de &eacute;l. &mdash;Zigzagueamos por entre los autom&oacute;viles aparcados y en un santiam&eacute;n, llegamos a la esquina del estadio de beisbol, frente a los cinemas. Y aqu&iacute; Camilo endereza su brazo y me suelta.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Quer&iacute;as venganza y usaste a esa muchacha para acercarte a &eacute;l? Hummm, no te cre&iacute; capaz de hacer algo as&iacute;. Tu&hellip; Es decir, la Mariana que yo conoc&iacute;a jam&aacute;s intentar&iacute;a algo as&iacute; de sucio. Usar a las personas para conseguir algo&hellip; Y me imagino que all&iacute; empez&oacute; tu inter&eacute;s por ese tipo. &iquest;O me equivoco? Ehhh, huele a caf&eacute;. &iexcl;Ven vamos por uno! &mdash;Y sin esperar por su respuesta avanzo con paso firme hacia el local de Starbucks.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Me deja sola y rega&ntilde;ada en la esquina. Adem&aacute;s no me apetece una puta taza de caf&eacute; ahora. Lo sigo de mala gana pero eso s&iacute;, saludando amablemente a los turistas que se cruzan en frente de m&iacute;. Va a tardar, pues el local a esta hora, &ndash;en pleno &laquo;Tea time&raquo;&ndash; como era de suponer se encuentra atiborrado de personas haciendo fila, en espera de ser atendidos. Menos mal que puedo distraerme mirando ropa y calzado en las vitrinas de los almacenes que est&aacute;n al lado, y de paso aprovechar&eacute; para llamar a Iryna y preguntarle por mi beb&eacute;&hellip; &iexcl;Maldici&oacute;n! Tengo que olvidarme de esa palabra. &iexcl;Voy a averiguar por mi pr&iacute;ncipe hermoso!<\/p>\n<p>&mdash;Iryna, hola amiguis. &iquest;C&oacute;mo va todo? &mdash;La saludo sin mayor efusividad.<\/p>\n<p>&mdash;Amiga, por aqu&iacute; marcha toda baja control. &iquest;Y ustedes como van con la charla? &iquest;Reconciliaci&oacute;n a la vista? &mdash;Me pregunta.<\/p>\n<p>&mdash;Ehhh, creo que es muy pronto para saberlo. Tengo mucho por contarle todav&iacute;a. Sigue distante conmigo y eso que apenas estoy comenzando.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Entonces qu&eacute; carajos han hecho todo el d&iacute;a? &iexcl;Carambas! Me vas a matar con esta esperadera.<\/p>\n<p>&mdash;Una que otra sorpresa bien guardada. &iquest;Y Mateo? &mdash;Le pregunto para averiguar por el estado de mi hijo y de paso, cambiar el tema.<\/p>\n<p>&mdash;Salieron con mi Natasha y mi Jorge a comprar helados. Ya conoces a tu hijo, querida amiga. Cuando se le mete algo en la cabeza&hellip; Ummm, sali&oacute; igualitica a su madre.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Sii&iacute;? Pues ojala cuando sea grande, jam&aacute;s cometa las estupideces m&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;No pienses esas cosas, amiga. &iexcl;Una error lo comete cualquiera!<\/p>\n<p>&mdash;Claro, por supuesto, Iryna. Pero lo m&iacute;o no fue una equivocaci&oacute;n peque&ntilde;a. &iexcl;Fue una puta cagada grand&iacute;sima, y lo que m&aacute;s me mortifica, es que lo mat&eacute; en vida! &mdash;Le respondo alterada.<\/p>\n<p>&mdash;No preocupes demasiado por eso. Toda tiene arreglo. &iexcl;Ya lo veras amiga m&iacute;a! Tu marido es un ser comprensiva y adem&aacute;s&hellip; &iexcl;Te adora! Dale tiempo. &mdash;Me responde con emoci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No me queda mucho. El vuelo sale ma&ntilde;ana a medio d&iacute;a. &mdash;Le contesto preocupada.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces que carajos haces perdiendo el tiempo conmiga. Tu hijo est&aacute; bien no te preocupas m&aacute;s, y mejor ve a seguir charlando con tu maridito. &iexcl;Jajaja! Chao, amiga.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jejeje! Ok, amiguis. Despu&eacute;s te cuento como termina todo. Un abrazo y dale besitos de mi parte a Mateo. Bye. &mdash;Y colgamos la llamada, dej&aacute;ndome pensativa.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&mdash;Pssst, Naia&hellip; Pssst. &iexcl;Aqu&iacute;, aqu&iacute; Naia! &mdash;Y finalmente levantando el brazo, consigo captar la atenci&oacute;n de la amiga de Maureen entre la multitud de gorras, sombreros, melenas y brillantes calvas.<\/p>\n<p>&mdash;Ahhh, Bon tardi, Cami. Ufff, estoy muy ocupada ahora como puedes ver. &iquest;Pas&oacute; algo con Maureen? &mdash;Me pregunta preocupada tras el mes&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No, no. Todo est&aacute; bien con ella, Naia. Solo que el aroma me trajo hasta ac&aacute; y me antoj&eacute; de un caf&eacute; de tueste corto y un capuchino alto, por favor. &mdash;Y le hago pucheros de ni&ntilde;o consentido para ablandar su coraz&oacute;n. Necesito mover mis influencias porque de lo contrario y sin exagerar, no saldr&eacute; de aqu&iacute; hasta pasadas las cinco y media.<\/p>\n<p>&mdash;Pero Cami&hellip; &iexcl;Uichh! Ummm, ok. Pero que no se te vuelva costumbre porque me meter&aacute;s en problemas con el administrador. Esp&eacute;rame en cinco donde ya sabes. &mdash;Y me salgo del local sonri&eacute;ndole agradecido, en direcci&oacute;n a la puerta lateral.<\/p>\n<p>Desde esta posici&oacute;n la observo caminar frente a las vidrieras del almac&eacute;n. Se detiene y mira. Tal vez a la ropa exhibida en los maniqu&iacute;s, o quiz&aacute;s solo observa con detenimiento su curvil&iacute;nea figura reflejada. Toma del bolso su tel&eacute;fono y hace una llamada. Voltea su cabeza busc&aacute;ndome en la entrada, pero yo me encuentro ubicado al otro costado. &iquest;A qui&eacute;n podr&aacute; estar llamando? La maldita desconfianza surgiendo de nuevo. &iexcl;Imposible evitarlo, soy humano!<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>En la tienda de Mango esta exhibida una falda de flores rojas y amarillas sobre el fondo blanco y plisado que me encantar&iacute;a comprar. Tal vez alcance a entrar y echarle una ojeada. Tambi&eacute;n podr&iacute;a preguntar por una camisa nueva para Camilo y reemplazarle la que tiene puesta. Es extra&ntilde;o pero en mi nuca siento un leve calor. &iquest;Alguien me observa? Reviso detr&aacute;s m&iacute;o pero solo hay una joven pareja, sentados en la banca tomando su caf&eacute;. &iexcl;Estoy paranoica!<\/p>\n<p>Esta sensaci&oacute;n me recuerda el actuar de Chacho en la oficina, &ndash;espi&aacute;ndome muchas veces&ndash; ocultando su fisgona mirada tras la oscuridad de sus lentes deportivos o intentando pasar desapercibido sentado en su escritorio, cambiando la posici&oacute;n de la pantalla de su ordenador para observarme desde all&iacute;, interesado en romper la muralla de hielo que yo hab&iacute;a levantado, amparado igualmente en la relaci&oacute;n que empec&eacute; a mantener con Carmen Helena, la novia de su mejor amigo.<\/p>\n<p>Recuerdo como se paseaba por el corredor con algunas carpetas bajo el brazo, simulando trabajar, preocupado aparentemente por encontrar una engrapadora suya que hab&iacute;a extraviado, hasta llegar a mi cub&iacute;culo y sin pedirme permiso, abrir las gavetas inferiores de mi escritorio, roz&aacute;ndome las piernas con disimulo, disculp&aacute;ndose con aparente sinceridad para luego revisar en el caj&oacute;n superior, &ndash;aplastando de paso su &laquo;paquete&raquo; contra mi hombro&ndash; en mis objetos personales fingiendo preocupaci&oacute;n y tomar de all&iacute; la cosedora m&iacute;a, llev&aacute;ndosela para su escritorio a pesar de mis reclamos. Invariablemente risue&ntilde;o, siempre con un p&iacute;caro gui&ntilde;o para calmar mis protestas.<\/p>\n<p>Todo lo hac&iacute;a para provocarme. Diana y K-Mena que observaban atentas, le congraciaban sus pendejadas. Yo buscaba no enojarme aunque por ratos lo consegu&iacute;a con sus est&uacute;pidas bromas. Apag&aacute;ndome la pantalla del ordenador mientras redactaba alg&uacute;n informe o colg&aacute;ndose en su hombro mi bolso para desfilar por los pasillos, intentando imitar mi forma de caminar, exagerando el movimiento de mis caderas. Quer&iacute;a llamar mi atenci&oacute;n. Buscaba que yo lo mirara, hacer que lo llamara, que le hablara&hellip; &iexcl;Que lo buscara! Y cuando iba a hacerlo, &ndash;creyendo ser la &uacute;nica&ndash; me di cuenta que actuaba exactamente igual con las dem&aacute;s mujeres de la oficina, incluida la se&ntilde;ora Mar&iacute;a de la cafeter&iacute;a o las chicas de seguridad. Est&uacute;pido &laquo;siete mujeres&raquo; mal acostumbrado, petulante y con &iacute;nfulas de ser tan importante para m&iacute;.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya, vaya! Hasta que por fin te encuentro. &mdash;Le digo a Mariana, sorprendi&eacute;ndola a pocos pasos de la entrada del almac&eacute;n, con mis dos manos ocupadas y las yemas de mis dedos soportando el calor de las bebidas.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Wow, eso s&iacute; que fue r&aacute;pido! &iquest;C&oacute;mo le hiciste para que te atendieran tan pronto? &mdash;Me pregunta ella con cara de asombro.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jejeje! Ya sabes, conexiones que uno tiene. All&iacute; trabaja una amiga de Maureen y pues para evitarme la fila, us&eacute; las influencias. &mdash;Le respondo a Mariana, sin caer en cuenta del error.<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute;, claro. &iexcl;C&oacute;mo no! &mdash;Colocando las manos en sus caderas, me contesta.<\/p>\n<p>&mdash;En serio Mariana, la chica es compa&ntilde;era de universidad. Se llama Naia.<\/p>\n<p>&mdash;Uhumm. Ok, cielo. Menos mal porque con esa cantidad de gente esperando su turno&#8230; Ya ves Camilo, que a veces se hace necesario utilizar a las personas que el destino coloca en el camino para nuestro beneficio. No somos, como puedes ver, tan diferentes t&uacute; y yo. &mdash;Me responde con una sonrisa de satisfacci&oacute;n en su rostro.<\/p>\n<p>Siento el golpe bajo, fuerte y al costado. Pero instintivamente yo respondo y lanzo a su quijada mi derechazo. Metaf&oacute;ricamente hablando.<\/p>\n<p>&mdash;Es cierto, en parte. Aunque existe una sutil diferencia entre lo que hicimos. Yo apenas he conseguido saltarme los turnos para obtener estas dos bebidas, &ndash;y le alcanzo su capuchino&ndash; pero t&uacute; buscaste acercarte a ella para conseguir vengarte de una ofensa&hellip; Acost&aacute;ndote con tu agresor.<\/p>\n<p>Mariana enmudece, agacha la cabeza y gir&aacute;ndose echa a andar hacia una banca libre ubicada en frente del almac&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Est&uacute;pido! &mdash;Alcanzo a escucharle decir, mientras se sienta y cruza una pierna sobre la otra, acomodando el bolso, tambi&eacute;n su sombrero al costado como protegi&eacute;ndose, y fija su mirada de rabia directa a mi posici&oacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 20<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>&mdash;Vamos Cami, amigo m&iacute;o. 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