{"id":42260,"date":"2023-06-12T22:00:00","date_gmt":"2023-06-12T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-06-12T22:00:00","modified_gmt":"2023-06-12T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-16","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-16\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (16)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42260\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Antes rega&ntilde;ada y ahora emocionalmente abofeteada. Sin tocarme o golpearme como equivocadamente pens&eacute; que lo har&iacute;a al regresar a nuestra casa aquella tarde de febrero, al enterarse de nuestros despidos, &ndash;sin conocer por lo visto todas las causas que lo motivaron pero s&iacute; que hab&iacute;a existido una traici&oacute;n&ndash; y tan solo un mensaje escrito a mi WhatsApp, por todo contacto. Su interrogada solicitud por una explicaci&oacute;n que en ese momento yo no me sent&iacute;a capaz de darle: Por qu&eacute;&hellip; &iquest;Con &eacute;l?<\/p>\n<p>Esper&eacute; asustada su llegada y tras la vespertina espera, angustiada se me oscureci&oacute; la tarde en compa&ntilde;&iacute;a de mi hijo que no comprend&iacute;a por qu&eacute; su mam&aacute; lloraba desconsolada, indagando tambi&eacute;n con inocente preocupaci&oacute;n por qu&eacute; su papito no contestaba a mis llamadas. Y tampoco al anochecer, con Mateo ya dormido sobre mi regazo, &eacute;l lleg&oacute;.<\/p>\n<p>Enfrent&eacute; al siguiente mediod&iacute;a su llegada, con el temor de que me echara inmediatamente, no de nuestra casa, pero s&iacute; de su vida. Y en mi cara con sus gestos, demostrarme el sufrimiento por el que estaba pasando y el dolor que le hab&iacute;a infringido, esperaba su enojo, con palabras soeces y alteradas. Su disgusto y decepci&oacute;n entre gritos, con ofensas justificadas hac&iacute;a m&iacute;, jam&aacute;s escuchadas ni pensadas por el hombre que por amor, tanto me idolatraba.<\/p>\n<p>Nada de eso hubo aquella ma&ntilde;ana tras verle entrar por la puerta, &ndash;con la misma ropa arrugada y sucia, del d&iacute;a anterior&ndash; ni siquiera una cachetada o un simple estruj&oacute;n. Peor que aquello fue su mirada fr&iacute;a, contra&iacute;do el iris y vac&iacute;as completamente sus pupilas del brillo acostumbrado del amor. Odio y rencor mezclado con decepci&oacute;n, fue el reflejo que sus taciturnos ojos caf&eacute;s me ofrecieron por reclamo.<\/p>\n<p>No me golpe&oacute; pero me maltrat&oacute; m&aacute;s con su silencio, al pasar por m&iacute; lado esquiv&aacute;ndome como si yo fuese un mont&iacute;culo, &ndash;asquerosamente fresco y maloliente&ndash; de bo&ntilde;iga de vaca. Y por supuesto que me hizo sentir contundentemente el desprecio con sus brazos, que no se alzaron ni se abrieron como siempre para abrazarme, absteni&eacute;ndose tambi&eacute;n sus manos de acariciar mis mejillas y sus dedos tantos a&ntilde;os acostumbrados, no me apretaron el ment&oacute;n ni acercaron mi boca a sus labios. &iexcl;S&iacute;! Tampoco su boca se abri&oacute; para pedirme explicaciones, muchos menos lo hizo para herirme con insultos. Mutismo total entre los dos a su llegada y durante los siguientes d&iacute;as. &iquest;Qu&eacute; hubiera hecho yo de ser la traicionada? Pues supongo que igual que &eacute;l, el dolor impedir&iacute;a que actuara de forma l&oacute;gica, si es que la l&oacute;gica puede imperar en esas circunstancias.<\/p>\n<p>&iexcl;Pero ahora ya, gracias a su infinita bondad lo he conseguido! He venido a busc&aacute;rmelo y debo asumirlo, resistiendo sin objetar su castigo, si esta es su voluntad.<\/p>\n<p>Y aqu&iacute; sentada comprendo que casi nada ha cambiado en mi marido, a pesar de la distancia y de los casi siete meses que ha tenido para meditar e intentar calmar sus tempestades. No puedo negar que me han afectado sus juicios razonados, indirectas con verdades muy directas, revueltas m&aacute;s no mezcladas. C&oacute;mo lo l&aacute;cteo que se ha vuelto espuma, resaltando lo que est&aacute; en el fondo; ese sabor tostado del caf&eacute; bien medido con un toque de vainilla y caramelo, en este vaso de cappuccino. Con la servilleta estampada doblada a la mitad, seco el llanto que me ha causado su sinceridad.<\/p>\n<p>Camilo permanece de pie, distanciado del espacio desocupado de esta silla, a un metro m&aacute;s o menos de mi bolso y el sombrero; dubitativo y con el envase de litro y medio de la oscura gaseosa, fuertemente apretado entre sus piernas.<\/p>\n<p>&mdash;Mariana&hellip; &iexcl;Lo lamento! No deb&iacute; decir eso. No pretend&iacute; ofenderte. &mdash;Me habla sin atreverse a dar un paso, seguramente por el temor de que al caminar cascorvo y lade&aacute;ndose como un ping&uuml;ino, se le pueda resbalar de entre sus piernas la Coca-Cola.<\/p>\n<p>&mdash;Descuida. Es lo que merec&iacute;a escuchar de ti&hellip; &iexcl;Desde hace mucho tiempo! &mdash;Respondo sin enojo y recojo mis cosas de la banca, sin colocarme el sombrero ni los lentes oscuros. Me pongo en pie y le digo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ya que estamos por aqu&iacute;&hellip; &iquest;Vamos a dar una caminata por el parque? Es que ac&aacute; estamos rodeados de muchas personas y hay demasiada algarab&iacute;a. &mdash;Le respondo invit&aacute;ndolo a marchar por esos senderos ubicados a mi izquierda, con seguridad, menos transitados.<\/p>\n<p>Mi marido no dice nada. Camina junto a m&iacute; con gesto de arrepentimiento y acompa&ntilde;a el poco caf&eacute; de su vaso de papel, con el sabor del tabaco de su cigarrillo encendido, sostenido firmemente entre los labios.<\/p>\n<p>&mdash;Es verdad que utilic&eacute; a Carmen Helena para acercarme a &eacute;l, lo reconozco. Pero ese giro del destino se convirti&oacute; con nuestro tiempo juntas y tantas charlas espaciadas en las ma&ntilde;anas, m&aacute;s las que sostuvimos en mi auto durante los traslados hasta su casa, en la peste con la cual intoxiqu&eacute; nuestro hogar.<\/p>\n<p>&mdash;Nos hicimos muy buenas amigas y con el transcurrir de las semanas, Jose Ignacio se volvi&oacute; un tema frecuente en nuestras conversaciones. &mdash;Observo con detenimiento a mi esposo para detallar su reacci&oacute;n, pero &eacute;l simplemente va observando a la distancia, el gris&aacute;ceo panorama por encima de nuestro firmamento, que amenaza convertirse en tormenta. Aunque considero que para Camilo, el clima ser&aacute; el menor de sus problemas en estos momentos, por lo tanto continuo redondeando mi relato.<\/p>\n<p>&mdash;Yo quer&iacute;a saber m&aacute;s cosas de &eacute;l y ella aprender m&aacute;s cosas de mi. De la vida de casada me pregunt&oacute; con insistencia y si val&iacute;a la pena ser madre porque a ella eso la asustaba sobremanera.<\/p>\n<p>&mdash;Y Por supuesto que indag&oacute; sobre ti.: Si mi esposo me hac&iacute;a completamente feliz y de qu&eacute; manera, con qu&eacute; detalles, cuales palabras utilizaba para hacerme sentir amada d&iacute;a a d&iacute;a. No pude explayarme demasiado en los detalles para no traicionarme de pronto al hablarle de nuestra bienaventurada cotidianidad, pero le respond&iacute; con un rotundo s&iacute; a lo hermoso de ser mam&aacute; y le confirm&eacute; cuan agradecida estaba con la vida, por tener a mi lado a un hombre inteligente, gentil y amoroso que me hac&iacute;a sentir como la reina de su personal imperio. &mdash;Le voy diciendo a Camilo, mientras vamos entrando al parque del Renacimiento, bajo el suave zarandeo de las convexas ramas de los cocoteros y cruz&aacute;ndonos de frente con el andar sereno de una amorosa pareja de ancianos, tomados tiernamente de las manos.<\/p>\n<p>&mdash;Para ese 13 de mayo del a&ntilde;o pasado, &ndash;contin&uacute;o relat&aacute;ndole&ndash; por mis ocupaciones no pudimos celebrar el dia de las madres reunidos con tu familia y la m&iacute;a, almorzando como usualmente lo hac&iacute;amos a las afueras de la ciudad; por eso aplazamos las visitas, pero de todas formas les hicimos llegar el respectivo ramo de rosas rojas y yo recib&iacute; de tus manos muy temprano el lunes festivo, un delicioso desayuno y dos regalos.<\/p>\n<p>&mdash;El juego de llaves de tu coche, que ya ten&iacute;as aparcado en el garaje subterr&aacute;neo y en una cajita aparte, la r&eacute;plica a escala de tu nuevo Audi. &mdash;Me lo recuerda Camilo de inmediato y yo le respondo tal cual lo hice aquella ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Para Mateo? &mdash;Te pregunt&eacute; de manera ingenua y me respondiste&#8230; &iexcl;&Eacute;l ya tiene el suyo, se lo dej&eacute; al lado de su almohada para cuando se despierte! &mdash;Y te abrac&eacute; con tanto amor y demasiado entusiasmo, que derram&eacute; algo de la humeante taza de chocolate dentro de los huevos revueltos y moj&eacute; bastante, las tostadas ya untadas con mermelada de fresa.<\/p>\n<p>&mdash;Uhum, Mariana, as&iacute; fue. Y no me import&oacute; para nada ese accidente, pues los rayos del sol dibujando claroscuros sobre la desnudez de tu torso, me incitaron a meterme en la cama con la preciosa mujer que ten&iacute;a por esposa para hacerle el amor a una acomedida madre, dejando ese desayuno para despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Yo sonr&iacute;o al pensar en la buena memoria que posee Camilo, que tengo yo tambi&eacute;n, y en los bonitos recuerdos que existen entre los dos.<\/p>\n<p>&mdash;Sucedi&oacute; que en una de las vitrinas del concesionario estaba expuesto, &ndash;contin&uacute;a explic&aacute;ndome&ndash; entre otros suvenires de la marca, ese modelo a escala de tu autom&oacute;vil y acord&aacute;ndome de Mateo, lo adquir&iacute;. Pero cuando Rodrigo me hizo entrega del coche, tra&iacute;a consigo de regalo para mi loquito, envuelto en papel de colores platinados, otro similar. Por lo tanto pens&eacute; que ser&iacute;a bueno que tuvieras ese de recuerdo. &iexcl;Aunque no se me pas&oacute; por la mente, que llegaras a despreci&aacute;rmelo!<\/p>\n<p>&iexcl;Camilo no olvida! Por lo visto no solo recuerda lo bueno, tambi&eacute;n mantiene vivo en su mente, lo doloroso y amargo de nuestra convivencia. No tengo m&aacute;s por decir, y as&iacute; como observo frente a nosotros, que un diminuto remolcador hala con esfuerzo a un enorme crucero de lujo, llev&aacute;ndolo fuera de la terminal, debo continuar con mis descargos, reconduci&eacute;ndolos por otros derroteros.<\/p>\n<p>&mdash;Finalic&eacute; mi segundo mes de trabajo en la constructora siendo la subcampeona en ventas. Ocho cr&eacute;ditos aprobados a mis clientes de doce solicitudes presentadas. No estaba mal, me sent&iacute; euf&oacute;rica y te lo cont&eacute; orgullosa por la noche al hablar por video llamada, pues t&uacute; a&uacute;n permanec&iacute;as ocupado con las obras de construcci&oacute;n en Pe&ntilde;alisa. Hablamos mucho de todas formas y celebraste en la distancia el &eacute;xito de aquel buen cierre de ventas, t&uacute; con un six pack de cerveza y yo con una copita de co&ntilde;ac. &mdash;Camilo asiente y sin dejar de mirarme con seriedad, da una &uacute;ltima calada a su cigarrillo y lo deja caer dentro del vaso de cart&oacute;n, con su &laquo;tintico&raquo; ya terminado.<\/p>\n<p>&mdash;Como no preguntaste, yo te puse al tanto del excelente resultado de los dem&aacute;s compa&ntilde;eros, sin nombrarte por supuesto las de &eacute;l. Pero no te mencion&eacute; que mientras lo hac&iacute;amos, y t&uacute; le preguntabas a nuestro hijo sobre su d&iacute;a en el colegio, yo recib&iacute;a en el m&oacute;vil de la empresa y por el chat del grupo, la invitaci&oacute;n de Eduardo para salir a celebrarlo a un restaurante italiano y de paso preparar la estrategia para lo que se nos vendr&iacute;a encima la segunda semana de junio. &mdash;La mano de mi esposo oprime con fuerza el vaso de cart&oacute;n y frunciendo el ce&ntilde;o, achina los ojos y busca la lejana caneca de basura, ubicada justo al costado de un esbelto y negro farol.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, mi vida. Te oculte esa salida. &iexcl;Mi primera peque&ntilde;a mentira aunque si lo hice fue pensando en ti, aunque te cueste creerlo! Intu&iacute; que pondr&iacute;as el grito en el cielo al pensar que Mateo estar&iacute;a solito por unas horas, &ndash;aunque estuviera la nana pendiente de cuidar su sue&ntilde;o&ndash; pero para ti ser&iacute;a la raz&oacute;n perfecta para que me pidieras que no saliera. As&iacute; que omit&iacute; cont&aacute;rtelo, despidi&eacute;ndome con un sonoro beso y mis deseos de que pasaras bonita noche, para que los tres descans&aacute;ramos. Fue la mejor opci&oacute;n que visualic&eacute; en aquel momento para terminar nuestra conversaci&oacute;n y tener tiempo para arreglarme un poco antes de salir. Y no, cielo. No me demor&eacute; demasiado. En verdad qu&eacute; todo fue muy r&aacute;pido.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pues que lastima, Mariana! Podr&iacute;as haber aprovechado para disfrutarlo m&aacute;s. Ya untado el dedo, untada toda la mano. &mdash;Me responde de manera un tanto c&iacute;nica y descarada, y yo levanto un poco los hombros asumiendo mi error.<\/p>\n<p>&mdash;Regres&eacute; a casa antes de la media noche, con una botella de licor de Amaretto como premio a mi labor. Tambi&eacute;n hab&iacute;a degustado una exquisita Lasa&ntilde;a a la Bolo&ntilde;esa y solo dos copitas de un excelente Cabernet Sauvignon Chileno, por s&iacute; me encontraba de regreso con alg&uacute;n ret&eacute;n policial. Recibimos muchas recomendaciones de nuestro querido &laquo;jefecito&raquo;, sobre aquella cuesti&oacute;n de empaparnos bien de los tipos de vivienda, los metros cuadrados de los lotes de terreno; mirar bien los planos y las distribuciones de los espacios, aprendernos de memoria los precios y hasta el n&uacute;mero de hoyos del campo de golf. Algunos chistes verdes de Diana amenizaron la velada y afortunadamente pocas bromas pesadas por parte de Jos&eacute; Ignacio y nada de insinuaciones hacia m&iacute;. &mdash;Hago una pausa y suspiro al acercarnos a la plazoleta adoquinada y al muro mostaza del muelle.<\/p>\n<p>Camilo nada m&aacute;s llegar, descarga sobre la barda de cemento la Coca-Cola familiar, su mochila Wayuu y reclin&aacute;ndose descansa all&iacute; sus antebrazos; observa el mar y a las olas, que embravecidas golpean contra las rocas salpicando alguna que otra, levemente nuestros rostros. Aqu&iacute; estuvimos varias veces con Mateo, observando como atracaban en la terminal los majestuosos barcos colmados de turistas emocionados, mientras Camilo tan enamorado, me levantaba por los aires d&aacute;ndome uno o dos giros, para posteriormente sentarme sobre el muro y besarme ante las risitas de nuestro peque&ntilde;o, pidi&eacute;ndole a su papito que le hiciera lo mismo.<\/p>\n<p>&iexcl;Como quisiera volver a esas &eacute;pocas! Pero es un deseo que parece ahora imposible de cumplir. No creo que podamos volver a descubrirnos como antes, ahora que para &eacute;l con mi comportamiento, debo ser una imperfecta extra&ntilde;a. Deseo poder volver a revivir todas aquellas tonter&iacute;as y locuras que hac&iacute;amos siempre cuando nuestro compromiso era el de dos enamorados, pensando &uacute;nicamente en agradar al otro con peque&ntilde;os detalles. Coquetear disimulados al mirarnos y encontrarnos siempre, reflejados en los ojos del otro.<\/p>\n<p>S&iacute;, claro que deseo regresar con toda mi alma a esas horas, a los meses felices juntos e incluso m&aacute;s all&aacute;, hasta aquel inicio cuando los dos suspir&aacute;bamos al vernos cuando por casualidad nos encontr&aacute;bamos de improviso y a pesar de ser tan solo amigos, sentir ese no s&eacute; qu&eacute;, en un no s&eacute; d&oacute;nde, deseando estar juntos alargando la charla, las horas y nuestros espor&aacute;dicos encuentros. Anhelando tener m&aacute;s tiempo tan solo por el gusto de acompa&ntilde;arnos, sin dar el paso que los dos est&uacute;pidamente temerosos ansi&aacute;bamos tanto, y decirnos con palabras claras que ser&iacute;a bueno para los dos, darnos la oportunidad de ser algo m&aacute;s. &iexcl;De ennoviarnos! Pero ahora lo veo complicado. Si apenas comenzando se ve tan dif&iacute;cil&hellip; &iexcl;Pufff! No me alcanzo a imaginar c&oacute;mo me tratar&aacute;, cuando se entere de todo.<\/p>\n<p>&mdash;Supongo que el estar reunidos esa noche junto a K-Mena y su novio, &ndash;continuo habl&aacute;ndole, recostando mi espalda contra el muro&ndash; m&aacute;s el inter&eacute;s que suscit&oacute; entre todos nosotros las nuevas tablas de comisiones, haciendo cuentas alegres de lo que podr&iacute;amos llegar a ganar y comprar con las ventas de esas casas tan lujosas, le aminor&oacute; sus provocaciones.<\/p>\n<p>&mdash;Puede ser que as&iacute; fuera, Mariana. O sencillamente preparaba el terreno, tante&aacute;ndote y observando como reaccionabas al percibir que &eacute;l te ignoraba. &mdash;Interviene por fin Camilo, girando su cuello para mirarme.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, No hab&iacute;a pensado en eso. &ndash;Le respondo. &ndash; Lo cierto es que me sorprendi&oacute; y me intrig&oacute;. Me interes&eacute; m&aacute;s en descubrir alg&uacute;n fallo, alguna m&iacute;nima grieta y sin darme cuenta te fui relegando a un segundo plano porque me distraje en eso o en terminar de cerrar los negocios que a&uacute;n ten&iacute;a pendientes. Y entre tus viajes a Pe&ntilde;alisa, &ndash;y que Mateo reclamaba de mi mayor atenci&oacute;n al sentir tu ausencia entre semana&ndash; fue comenzando ese junio para m&iacute;, pendiente de esas otras cosas y de paso fuimos dejando morir esa virtual costumbre de tenernos siempre pendientes y de avivar nuestras llamas a pesar de la lejan&iacute;a, con aquellos mensajitos lujuriosos subiditos de tono.<\/p>\n<p>&mdash;Es probable que tengas raz&oacute;n pues al final yo me fui acostumbrando, eso s&iacute; al principio un poco extra&ntilde;ado, pero con el paso de las semanas y la urgente necesidad de viajar de mi&eacute;rcoles a viernes para solucionar junto a los ingenieros el tema de los cambios en los dise&ntilde;os de la planta de tratamiento de aguas residuales y la supervisi&oacute;n de las obras de construcci&oacute;n en las ultimas casas del condominio, al igual que t&uacute;, pas&eacute; de los textos morbosos y las im&aacute;genes expl&iacute;citas, a las video llamadas amorosas, prudentes y rutinarias para hablarnos y verte a ti junto a Mateo. &iexcl;El destino quiso que cambi&aacute;ramos!<\/p>\n<p>&mdash;No es justo achacarle todo al destino. Fui yo, Camilo. Con ese est&uacute;pido juego de roles entre t&uacute; y yo y que plane&eacute; en compa&ntilde;&iacute;a de Fadia. Tambi&eacute;n mi idea de vengarme de &eacute;l por sus ofensas. No anticip&eacute; lo que podr&iacute;a ocurrir con nosotros, mucho menos de lo que podr&iacute;a surgir al invol&uacute;crame con tantas personas para lograr&hellip; &iexcl;Otros objetivos!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Y que otro hombre te gustara! En especial ese malparido del &laquo;siete mujeres&raquo;. &iquest;No es as&iacute;? &mdash;Camilo se queda observ&aacute;ndome con un rictus de triste rabia y luego de un salto, termina sentado sobre la tapia blanca.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ya te respond&iacute; a eso. Obviamente es un hombre f&iacute;sicamente muy guapo, pero era odioso conmigo, pedante ante los dem&aacute;s por los logros y sus conquistas, y sobre todo humillante contigo. Se podr&iacute;a decir que me gust&oacute; a medias. &iquest;Contento? &mdash;Le respondo un tanto ofuscada, pero concisa mi respuesta a su pregunta capciosa.<\/p>\n<p>&mdash;Por eso es que comenzando Junio, t&uacute; y yo comentamos &laquo;arrunchados&raquo; en nuestra cama como seria todo aquello. Viajar desde Bogot&aacute; bien de madrugada, los cinco m&aacute;s Eduardo, todos metidos en la minivan alquilada por la compa&ntilde;&iacute;a, pasando s&aacute;bado y domingo cada quince d&iacute;as atendiendo en la sala de ventas de Pe&ntilde;alisa, y las noches en una habitaci&oacute;n compartida con las chicas, en el mismo hotel donde te hospedabas en Girardot, y si se cruzaba alg&uacute;n dia festivo, pues tambi&eacute;n laborarlo, regresando al anochecer a la capital para descansar un d&iacute;a entre semana en m&iacute; casa.<\/p>\n<p>&mdash;Disfrutaba mucho del anochecer entre tus brazos y durante el d&iacute;a con los m&iacute;os arrullar a nuestro hijo. Para ti, para m&iacute; y los dem&aacute;s, todo aquello ser&iacute;an experiencias nuevas. &iexcl;Sin embargo esa noche advert&iacute; tu preocupaci&oacute;n a pesar de que no me hubieses dicho nada!<\/p>\n<p>Una extensa retah&iacute;la de graznidos capta la atenci&oacute;n de Camilo. La bandada de gaviotas enloquecidas, revoloteando entre el remolcador y la proa del crucero, &ndash;desliz&aacute;ndose sumamente gr&aacute;ciles en el aire&ndash; parecen estar ofreci&eacute;ndoles la despedida de esta isla a los turistas que felices, se asoman a las plataformas y por los balcones de sus cabinas. Gira mi esposo lentamente el cuello y en sus ojos pulsan destellos de inquietud. Entreabre sus labios para decirme algo, pero son mis recuerdos los que se le anteponen.<\/p>\n<p>&mdash;Cuadramos todo, &iquest;recuerdas? Ya que Mateo tendr&iacute;a receso escolar por las vacaciones de mitad de a&ntilde;o, lo estuvimos hablando despu&eacute;s de que hici&eacute;ramos el amor hasta bien entrada la madrugada.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Podr&iacute;a quedarme en nuestra cama con Mateo entre semana mientras t&uacute; viajas! Me propusiste suspirando excitada, ya que mis besos por debajo de tu oreja te estaban humedeciendo. &mdash;Le recuerdo a Mariana.<\/p>\n<p>&mdash;Y te dije que lo distraer&iacute;a yo, llev&aacute;ndolo al parque de atracciones los fines de semana que tuvieras que ausentarte. &iexcl;S&iacute;! A ese acuerdo llegamos y termin&eacute; con tu espalda bien afirmada contra mi pecho y el frugal aroma de tus cabellos inundando mi nariz, con mis dedos inquietos haciendo remolinos con los vellos de tu pubis, para calmar mis dudas y apartar de mi mente esos temores.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Coordinados seguiremos siendo una familia feliz! Me respondiste con una sonrisa cuando ya nos est&aacute;bamos durmiendo, pero he de reconocerte que ten&iacute;a mis reservas, sobre todo que tuvieras que ir en compa&ntilde;&iacute;a de ese tipo y sin embargo t&uacute;, r&aacute;pidamente lo detectaste. &mdash;Mariana con un sutil gesto de circunspecci&oacute;n, expulsa en mitad de un suspiro sus recuerdos girando el rostro hac&iacute;a su izquierda, como si deseara huir del pasado volando con el viento.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes, mi cielo. &iexcl;Te llevar&eacute; conmigo a todas partes! Aqu&iacute;, &ndash;dijiste se&ntilde;alando tu cabeza&ndash; y tomando mi mano la acercaste hasta tu pecho haci&eacute;ndome sentir los relajados latidos de tu coraz&oacute;n, concluyendo tu bonito discurso con ese&hellip; &iexcl;Y aqu&iacute;, por siempre!<\/p>\n<p>&mdash;S&eacute; que en este instante, no te parece que aquella madrugada hubiese sido sincera, pero mi vida&hellip; S&iacute; lo fui. &iexcl;Interiormente, lo he sido siempre!<\/p>\n<p>&mdash;Aun as&iacute;, aquella madrugada no dorm&iacute; bien, pues tambi&eacute;n ten&iacute;a mis prevenciones. Si estando juntos en la oficina, as&iacute; estuvi&eacute;semos separados tan solo por un piso aparentando ser un par de extra&ntilde;os ante los ojos de los dem&aacute;s, con aquel nuevo trabajo estar&iacute;amos verdaderamente alejados por kil&oacute;metros de distancia. &iexcl;Y eso me asustaba! &mdash;En un descuido se me escapa de la mano mi cigarrillo, cayendo por detr&aacute;s del muro hac&iacute;a las rocas.<\/p>\n<p>&mdash;Habl&eacute; con Fadia y con Eduardo, preocupada por tener que abandonar a mi familia, pero para ellos la sola idea de distanciarnos por unos d&iacute;as, ser&iacute;a una etapa muy rom&aacute;ntica y productiva para los dos al momento de reencontrarnos. &iexcl;Y, Camilo&hellip;, de nuevo les cre&iacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, para ellos todo estaba bien as&iacute;. Ganaban con cara o con sello, incluso si la moneda ca&iacute;a de canto. Es la hora que no entiendo, por qu&eacute; se empe&ntilde;aron en separarnos. &iquest;Qu&eacute; les hice? &iquest;Cu&aacute;ndo los ofendimos para que idearan separarnos? &mdash;Se pregunta con amargura, mientras se lleva las manos a la cabeza, apret&aacute;ndosela con fuerza.<\/p>\n<p>&mdash;Envidia, mi vida. Rencor tal vez de vernos bien enamorados tras tantos a&ntilde;os. Y despu&eacute;s de que yo ced&iacute;&hellip; En fin, que quisieron usarme como un catalizador para aliviar su enfermiza vida conyugal. Esas creo yo que fueron las razones. &mdash;Le respondo sin mirarlo, pues busco dentro de mi bolso, una nueva cajetilla de cigarrillos y su voz vibrante se sobrepone al ruido del oleaje.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Enfermedad? &iquest;Cu&aacute;l y de qui&eacute;n? &mdash;Intrigado le pregunto.<\/p>\n<p>&mdash;De tu amigo Eduardo. Es un hijo de puta desquiciado, morboso y manipulador. Se aprovech&oacute; de m&iacute; por un idiota juego de adolescentes. Una estupidez que comet&iacute; delante de todos con K-Mena. &mdash;Respondo con sinceridad mientras remuevo mis hombros de solo recordar aquella noche donde pequ&eacute; por presumida.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y ella que tiene que ver? &mdash;Me dice de improviso as&iacute; que espero un momento mientras pienso. Lo enciendo, chupo un poco y le contesto con una pregunta para confirmar si es ella, a quien se refiere Camilo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qui&eacute;n? &iquest;Carmen Helena? &mdash;Y Camilo asiente.<\/p>\n<p>&mdash;Pues que con ella continu&eacute; con mi cambio y de paso inici&eacute; mi calvario. &mdash;Le respondo mir&aacute;ndolo fijamente.<\/p>\n<p>&mdash;Inicialmente recuerdo que me llam&oacute; la atenci&oacute;n su excesiva timidez, que me hizo dudar de que fuera capaz de atender bien a las personas, entablar una conversaci&oacute;n fluida y conseguir ese &laquo;feeling&raquo; que se requiere para llevar a buen t&eacute;rmino una negociaci&oacute;n. Al principio se lo achaqu&eacute; al hecho de sentirse extra&ntilde;a, tan desubicada y novata como yo, laborando en la constructora. Pero no. Es simplemente su forma de ser, la educaci&oacute;n recibida en su hogar lo que hace que ella sea tan prevenida con las personas.<\/p>\n<p>&mdash;La verdad a m&iacute; me pareci&oacute; una mujer normal, sin mucho por qu&eacute; destacar. Se me hizo ella algo retra&iacute;da, escasa de temas para entablar conversaci&oacute;n y monosil&aacute;bica en sus respuestas. &iexcl;Una flaquita algo agraciada y ya! &mdash;Me comenta mi marido con algo de injusticia en su apreciaci&oacute;n, pues &eacute;l no comparti&oacute; con ella tantos momentos como yo. No la conoci&oacute; lo suficiente.<\/p>\n<p>&mdash;No me vas a negar que K-Mena tiene un rostro hermoso, de facciones suaves y medidas proporcionadas, engalanado adem&aacute;s por esos grandes ojos grises y sim&eacute;tricos, acentuados por las cejas perfectamente delineadas y rectas, confiri&eacute;ndole mayor belleza a su forma almendrada. La boca de labios gruesos, naturalmente sonrosados, sin necesidad de brillos o pintalabios y aquella sonrisa franca con su dentadura perfectamente alineada, m&aacute;s los hoyuelos tan simp&aacute;ticos que se le marcan al sonre&iacute;r. El cabello semi ondulado y brillante es otro aspecto que destaca en ella, peinado con la raya a la mitad, manteni&eacute;ndolo largo hasta la mitad de su espalda y de un rubio ceniza tinturado que compaginaba muy bien con esa personalidad suya, tan dulce y serena.<\/p>\n<p>&mdash;Adem&aacute;s estaba su vocecita suave y la entonaci&oacute;n tan delicada, pero con ese brillito grave, un desgarre tan particular como encantador al modular las palabras finalizando la oraci&oacute;n. A m&iacute; me fascinaba escucharla hablar, pues lo hac&iacute;a de manera similar a como lo hace la locutora de radio que con sensualidad da la hora en el noticiero que t&uacute; escuchas por las ma&ntilde;anas.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, tiene una cara linda con unos ojos de gata que atraen miradas, pero es una mujer de pocas curvas. Un tanto flaca para m&iacute; gusto. Pero en fin, &iexcl;para cada tiesto, hay su arepa! Y s&iacute;, a algunos les llama la atenci&oacute;n ese tipo de mujeres tan planas. &mdash;Y le doy a Mariana, mi sincera opini&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No tanto Camilo. Quiz&aacute;s por lo alta, &ndash;unos cent&iacute;metros m&aacute;s que yo&ndash; lo aparente, pero su figura es esbelta. Delgada s&iacute;, pero no te fijaste que tiene unos senos grandes, redonditos y firmes, de pronto algo desproporcionados para su menudo torso. Vientre plano y cintura estrecha en consonancia con sus caderas, pero con un culito resping&oacute;n. Piernas largas y atl&eacute;ticas, con las que puede dar pasos largos y elegantes, aunque por su timidez tienda a encorvar la postura de su espalda.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y t&uacute; como sabes todo eso? &mdash;Le pregunto a Mariana con inter&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Pues es que la vi. Mejor dicho, nos vimos semi desnudas algunas veces en los probadores de los almacenes, ya que en segundo lugar, me fij&eacute; en su forma de vestir, bastante reservada y demasiado formal. Con esos trajes oscuros, ajados y la verdad algo pasados de moda. Por lo tanto pens&eacute; que ayudarla con un cambio de look no le vendr&iacute;a mal y de paso yo, har&iacute;a otro tanto para quitarme de encima esa impronta de mujer demasiado recatada en la oficina, o como dec&iacute;a &eacute;l, de novicia de convento.<\/p>\n<p>&mdash;Uhum. &iquest;O sea que ese cambio repentino de vestuario fue para llamar su atenci&oacute;n e impresionarlo? &mdash;Me pregunta interesado en conocer hasta el m&aacute;s m&iacute;nimo detalle, aunque la decepci&oacute;n contin&uacute;e hiri&eacute;ndole.<\/p>\n<p>&mdash;Inicialmente no, para nada. Pero igual al vernos a las dos con aquel look tan diferente, se qued&oacute; boquiabierto y adem&aacute;s consegu&iacute; el efecto deseado, que no era otro que quit&aacute;rmelo de encima con sus chanzas pesadas y comentarios hirientes que me fastidiaban tanto. Necesitaba cambiar los &laquo;outfit&raquo; para asistir m&aacute;s, humm&hellip; &iexcl;Juvenil a la oficina!<\/p>\n<p>&mdash;Me acompa&ntilde;&oacute; a las boutiques por el sector de Unicentro y otras, cerca al Parque de la 93. Compramos para las dos prendas m&aacute;s ce&ntilde;idas al cuerpo, faldas m&aacute;s cortas para destacar las piernas, americanas de pa&ntilde;o y otra para m&iacute; de gamuza color tabaco. Leggings de algod&oacute;n y cintura ancha, unos pantalones de cuero autentico, camisas y blusas de vestir m&aacute;s escotadas, y varios pares de zapatos de tac&oacute;n m&aacute;s altos con algunas carteras y bolsos a la moda para complementar. Todo lo viste primero t&uacute;, durante la noche jugando yo a ser una modelo de pasarela y alrededor de nuestra cama, desfil&eacute; con aquellas ropas pidiendo tu opini&oacute;n, aunque por momentos pens&eacute; que ibas a poner el grito en el cielo. Al final me apoyaste, como siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Pero eso hizo que &eacute;l te viera de otra forma. Llamaste su atenci&oacute;n luciendo m&aacute;s atractiva, as&iacute; que el remedio fue peor que la enfermedad, al menos para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, es verdad. Pero no solo &eacute;l se fij&oacute; en m&iacute;, tambi&eacute;n Carlos y los otros compa&ntilde;eros, incluido el jefe de seguridad con sus ojos desorbitados y m&aacute;s saltones que nunca, al igual que los ingenieros que trabajaban contigo. No solo empezaron a mirarme diferente, &ndash;obviamente con algo de fascinaci&oacute;n o deseo&ndash; sino a tratarme con mayor respeto. Es como si mi nueva forma de vestir en la oficina, mostrando sin recelos mi belleza, les pusiera freno a sus burlas traicioneras y se sintieran inseguros e incluso acomplejados al estar a mi lado. Te dir&eacute; tambi&eacute;n que me pareci&oacute; que intentaron varias veces evitarme, a pesar de que se hubieran vuelto m&aacute;s cordiales y atentos en su trato hacia m&iacute;, cuando requer&iacute;a ayuda y les solicitaba alg&uacute;n favor.<\/p>\n<p>&mdash;No te voy a negar que me gust&oacute; tu cambio de vestuario. Eres hermosa, lo sabes bien. Sin embargo nunca me hab&iacute;a puesto a pensar en que la ropa que te pusieras o dejaras de usar, te hiciera lucir m&aacute;s o menos bella a los ojos de los dem&aacute;s, pero con los antecedentes entre ese hijuep&hellip; Del tipo ese, yo interiormente me preocup&eacute;, aunque exterioric&eacute; esa noche mi admiraci&oacute;n por tu buen gusto y lo llamativa que te ve&iacute;as. &mdash;Mariana achina los ojos y hace una mueca de complacencia para luego terminar por beber de su capuchino.<\/p>\n<p>&mdash;Entre tantas cosas&hellip; &iquest;lleg&oacute; a vender algo tu amiga? &mdash;Le consulto a Mariana.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Por supuesto! No te alcanzas a imaginar c&oacute;mo se transforma cuando se enfrenta a los clientes. &iexcl;Es otra mujer! Mucho m&aacute;s locuaz, muy atenta a los detalles y como t&uacute;, incisiva y persistente. Buena ch&aacute;chara, manejando con soltura temas variados. Para que veas: pol&iacute;tica, religi&oacute;n, deportes, m&uacute;sica y las &uacute;ltimas series de Tv por suscripci&oacute;n. Incluso con los chicos m&aacute;s peque&ntilde;os, entablaba conversaciones sobre comics y video juegos, siendo admirada por los padres debido a esa facilidad de comunicaci&oacute;n. Ese era su punto fuerte. Nos dej&oacute; a Diana, a Carlos y a m&iacute; con la boca abierta.<\/p>\n<p>&mdash;Y supongo que al tumba locas ese, otro tanto. &mdash;Le hago el comentario a Mariana sin querer parecerle sarc&aacute;stico.<\/p>\n<p>&mdash;La verdad, mi cielo, es que no. Eso fue algo raro en &eacute;l. Quiz&aacute; como se conoc&iacute;an de antes, para nada le asombr&oacute;. Como si de su hermana menor se tratase, la cuidaba en la oficina de los cortejos y piropos que le lanzaban los compa&ntilde;eros del otro grupo de ventas y tambi&eacute;n de uno que otro directivo. Manten&iacute;a con ella un trato diferente, m&aacute;s filial y respetuoso. Por lo que pude observar, K-Mena no entraba dentro de sus planes de conquista. Al fin y al cabo era la novia de su mejor amigo. &mdash;Camilo niega con el movimiento de su cabeza y con una mordaz sonrisa me dice&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya, vaya! Resulta que al final el tumbalocas ese tiene fraternales sentimientos y un poco de sentido de la moral en alguna neurona. No s&eacute; le &laquo;picha&raquo; la novia al amigo por respeto, pero si le encanta meterse en hogares donde no cabe ni debe. &iexcl;Es como para no creerte Mariana! &mdash;Su rostro demuestra cierto desagrado y pensativa desv&iacute;a los ojos para el otro lado, levantando los hombros.<\/p>\n<p>&mdash;Sucede Camilo, que no todos demostramos a los dem&aacute;s ser como en realidad somos. S&eacute; que no te agrada que hable de &eacute;l y mucho menos comprender&aacute;s que en ciertos temas yo tome posici&oacute;n y lo defienda. Est&aacute;s en tu derecho obviamente de acusarlo por todo, pero igual por mi parte debo decirte que en el fondo, Jos&eacute; Ignacio es un hombre con principios, a pesar de que con su manera de ser, los oculte tanto.<\/p>\n<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n Mariana. En tu &laquo;posici&oacute;n&raquo;, como otra m&aacute;s de sus amantes, debiste conocerlo mucho mejor que yo, pues por algo lleg&oacute; a conquistarte. As&iacute; que tranquila, puedes mencionar al &laquo;Siete mujeres&raquo; las veces que te plazca o te agrade. Total, acudiste hasta ac&aacute; para hablar de lo que fuimos, por lo mismo comprendo que debas hablarme de ese tipo en pasado o en este presente y como te convenga, pues amargamente para m&iacute;, form&oacute; parte de esta historia sin haber sido invitado.<\/p>\n<p>Sopla un viento frio que levanta el cuello de mi camisa y logra que salga volando de mi cabeza la gorra de los Yankees, envi&aacute;ndola lejos hasta caer de rev&eacute;s sobre los redondeados adoquines que simulan la sutil forma del p&eacute;talo de una flor, dise&ntilde;ada en el centro de la plazoleta. Me bajo de la barda para recogerla, ante la ap&aacute;tica mirada de Mariana. Al girarme para regresar hasta el muro, recuerdo que tengo algo guardado en mi mochila y me entran ganas de pegarle un trago o dos, quiz&aacute; hasta tres.<\/p>\n<p>&mdash;Ven, &iquest;te gustar&iacute;a tomar un trago? Creo que yo necesito uno antes de que esto se caliente demasiado. Pero nos tocar&aacute; a pico de botella. &iexcl;Se me olvidaron las copas! &mdash;Me dice Camilo pas&aacute;ndome la botella del ron.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Al que le van a dar, le guardan! &mdash;Le respondo sonriendo levemente y le ense&ntilde;o el vaso desechable que sostengo todav&iacute;a en mi mano. Vierto un poco de ron, lo agito varias veces y doblando mi mu&ntilde;eca, a las grandes rocas detr&aacute;s del muro, van a dar los restos alcoholizados del capuchino. &iexcl;Toma, destapa esta botella! Y le alcanzo a mi sorprendido marido, la botella de gaseosa. &iexcl;Seg&uacute;n la qu&iacute;mica, el alcohol es una soluci&oacute;n!<\/p>\n<p>Sirvo un poco de ron y lo mezclo con Coca-Cola. Bebo yo, pues debo dar fe de aquel adagio que dice: &iexcl;Primero los ni&ntilde;os y las mujeres! Saludcita, le digo y le paso el vaso a mi esposo, mientras pienso que me ha quedado un poco fuerte la verdad. &iexcl;Pero qu&eacute; m&aacute;s da! y en seguida le pregunto&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Puedes creer que en pleno siglo veintiuno existan personas que por sus criterios religiosos, decidan llegar v&iacute;rgenes al matrimonio? &mdash;Y tras observarlo pasar el trago, me responde con tranquilidad&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Humm, raro, raro, no es. Pero es muy posible. &iquest;Por qu&eacute; la pregunta, Mariana?<\/p>\n<p>&mdash;Luego de algunas salidas a tomar caf&eacute;, Carmen Helena me confi&oacute; como un secreto, que por los dogmas de la congregaci&oacute;n a la que desde ni&ntilde;a asiste con su familia y donde conoci&oacute; a Sergio, a pesar de su edad, permanec&iacute;a siendo pura y casta, pues as&iacute; ten&iacute;an ellos dos estipulado llegar al altar.<\/p>\n<p>&mdash; Mariana&hellip; &iquest;Acaso &eacute;l tambi&eacute;n? &mdash;Le pregunto.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, por supuesto. Sergio me lo confirm&oacute; bastante emocionado una tarde de jueves en que salimos de la constructora con K-Mena para encontrarnos con &eacute;l y tomarnos algo para la sed cerca de la casa de Jos&eacute; Ignacio. Entre los dos me explicaron sus preferencias de contraer matrimonio manteni&eacute;ndose v&iacute;rgenes. Yo los escuchaba asombrada pues a estas alturas de la vida mantener un noviazgo sin sexo de por medio, se me hizo un tanto extra&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Pues s&iacute; que es ins&oacute;lito en estas &eacute;pocas, pero igual es respetable tomar esa decisi&oacute;n. &mdash;Sin incredulidad yo le respondo.<\/p>\n<p>&mdash;Y adem&aacute;s, mientras que a Sergio lo escuch&eacute; muy decidido con sus convicciones, en la mirada y el tono de la voz de K-Mena, me pareci&oacute; que le asaltaban las dudas. Era m&aacute;s que obvio que el bichito malicioso del sexo estaba urgido por surgir en una mujer tan joven. Ella quer&iacute;a s&iacute; o s&iacute;, experimentar ese tipo de sensaciones pero su moralidad, m&aacute;s la educaci&oacute;n recibida desde peque&ntilde;a y el acuerdo con su novio, le hac&iacute;a declinar con cierto fastidio, esas ganas contenidas por conocer y sentir. Al menos eso es lo que yo percib&iacute;a en sus palabras.<\/p>\n<p>&mdash;Debe ser todo un sacrificio mantener una relaci&oacute;n de varios a&ntilde;os, solo con promesas de una vida plena de amor despu&eacute;s de casarse, sin besos ni caricias de por medio. Para el hombre debe ser m&aacute;s dif&iacute;cil que para la mujer, abstenerse sexualmente. Aunque alguna que otra &laquo;pajita&raquo;, y unos deditos debieron caer con seguridad. &iquest;O no? &mdash;Le expongo mi pensamiento a Mariana, y le entrego a la vez el vaso de cart&oacute;n, para que se beba el &laquo;cunchito&raquo; que le he dejado.<\/p>\n<p>&mdash; Pues seg&uacute;n ellos dos, hasta el momento se hab&iacute;an abstenido de acariciarse mutuamente y me juraron que ni ella o &eacute;l en soledad, se hab&iacute;an masturbado. Como para no cr&eacute;eselo. &iquest;S&iacute; o no? &mdash;Le respondo, mientras con dos dedos sostengo el leve peso del acartonado envase, y enseguida le digo a modo de broma, al recibir de su mano el vaso sin casi nada para beber&hellip; &iexcl;Oyeee! Gracias por dejarme al menos el olor.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Preparo otro? &iquest;O lo dejamos para despu&eacute;s? &mdash;Me pregunta Camilo afanado, y por respuesta m&iacute;a, destapo la botella de ron y sirvo hasta alcanzar el nivel de mi pulgar, donde el largo de la u&ntilde;a pintada de rosa y blanco en la punta, tambi&eacute;n cuenta.<\/p>\n<p>Mi marido adiciona la gaseosa, &ndash;doblando el volumen anterior&ndash; para despu&eacute;s de beber un buen trago, encenderse un nuevo cigarrillo, y al estar muy cerca de mi rostro, para no incomodarme expulsa con pac&iacute;fico refinamiento hacia el otro costado el humo, y yo, me convenzo de que es el momento en el que debo relatarle el inicio de la parte que desconoce. Aquella situaci&oacute;n que se inici&oacute; de manera inocente por mi parte, mezclada con un poco de alcoholizada desfachatez y tambi&eacute;n el juego mismo se encarg&oacute; de que dentro de m&iacute;, surgieran esas ganas de experimentar con aquella novedad. &iexcl;Para que lo voy a negar!<\/p>\n<p>&mdash;Sin embargo en K-Mena, ese pensamiento empez&oacute; a cambiar, supongo yo que al conocer las historias bien detalladas que Diana nos contaba sobre Jose Ignacio, con tantas mujeres &laquo;pasadas por las armas&raquo;, &ndash;como les dec&iacute;a ella refiri&eacute;ndose a las chicas que hab&iacute;an mantenido sexo con &eacute;l&ndash; en sus chismes diarios sobre lo que ocurr&iacute;a dentro y fuera de la empresa, aderezado con las miradas libidinosas de los otros compa&ntilde;eros, &ndash;pirope&aacute;ndola cuando no se encontraba cerca Jos&eacute; Ignacio&ndash; viendo en ella y por supuesto en m&iacute;, a las dos novatas con las que podr&iacute;an intentar tener alg&uacute;n &laquo;affaire&raquo; pasajero de oficina o tan solo una salidita a rumbear para tener una historia con la cual alardear despu&eacute;s ante los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Aparto la mirada del rostro de Camilo y me concentro en recordar los detalles. Para ello, mirando hacia el desigual texturizado de los adoquines, &ndash;a un metro con sesenta y cinco cent&iacute;metros por debajo de m&iacute;&ndash; y por cuyas ranuras con sus desgastadas grietas, transitan aceleradas y en fila india, una columna de peque&ntilde;as hormiguitas caf&eacute;s, adelantando mi pie izquierdo seguido del derecho, me cuido de no pisar ninguna o de lastimarlas y entorpecer su presuroso traj&iacute;n, para continuar caminando despacio, tan suave y lento como prosigo habl&aacute;ndole de aquellos d&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Adem&aacute;s estaban los comentarios de algunos clientes que no dejaban de &laquo;echarnos los perros&raquo;, a espaldas como siempre de sus mujeres, fueran novias o esposas. &iexcl;Yo qu&eacute; s&eacute;! El caso es que provoc&oacute; que en K-Mena surgiera cierta curiosidad y ganas de hacer cositas antes de casarse, para conocer y explorar, descubrir y sentir. Su problema era cu&aacute;ndo, c&oacute;mo y con qui&eacute;n.<\/p>\n<p>Mariana ensimismada en su narraci&oacute;n, no se da cuenta de que a paso lento, se aleja de m&iacute; siguiendo el camino del paseo mar&iacute;timo. No habla muy alto, casi no la escucho, por lo cual recojo sus cosas, bolso y sombrero incluidos; guardo dentro de mi mochila la botella de ron y aprieto bajo mi brazo el envase de gaseosa, para avanzar unos metros por detr&aacute;s de ella, con el fin de seguir escuch&aacute;ndola.<\/p>\n<p>&mdash;Para el &uacute;ltimo fin de semana de junio, luego de que en el anterior hubi&eacute;ramos festejado con nuestras familias el d&iacute;a del padre, &ndash;con tequila y una serenata de mariachis&ndash; nuestro grupo se encontr&oacute; de nuevo muy de madrugada para viajar a Pe&ntilde;alisa, s&oacute;lo que en esa ocasi&oacute;n, &eacute;l no viaj&oacute; con nosotros. Supuse que no ir&iacute;a por alguna enfermedad o raz&oacute;n desconocida por m&iacute;, pero al llegar al condominio campestre, tres horas despu&eacute;s, su viejo Honda ya se encontraba aparcado en el espacio para visitantes.<\/p>\n<p>&mdash;S&aacute;bado y domingo estuvimos todos bastante ocupados y aun as&iacute;, no hubo momento del d&iacute;a en el que no extra&ntilde;ara tenerte a ti y a Mateo a m&iacute; lado. Por eso las llamadas a medio dia, los audios corticos por las tardes, en los que te dec&iacute;a que te amaba y te anunciaba que por la noche por video llamada nos podr&iacute;amos ver. Desafortunadamente al tener que compartir habitaci&oacute;n con Diana y K-mena, t&uacute; y yo no podr&iacute;amos hacer nuestras cositas ricas, pero s&eacute; muy bien que por el contrario, precisamente aquella falta de privacidad te hac&iacute;a sentir una mayor tranquilidad. La compa&ntilde;&iacute;a de las chicas era para ti un relajante somn&iacute;fero para tus noches y para m&iacute;, &iquest;un cintur&oacute;n de castidad?<\/p>\n<p>&mdash;Y efectivamente fue as&iacute;, pues aparte de algunas miradas lascivas al verme con la blusa blanca y los pantaloncitos cortos del uniforme, &ndash;mostrando m&aacute;s piel que lo acostumbrado&ndash; y uno que otro comentario sobre el color bronceado que iban tomando mis piernas y los brazos, el s&aacute;bado en la noche era tal el cansancio que ten&iacute;amos todos, que terminamos por acostarnos temprano para recargar las energ&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Mucho visitante encantado con los acabados de las casas y la distribuci&oacute;n de los espacios, sobre todo de las ultimas, las que yo hab&iacute;a redise&ntilde;ado, pero muy pocos realmente interesados. El valor los espantaba. Sin embargo tuviste la fortuna de atender a una familia paisa, provenientes de Medell&iacute;n, con la cual lograste concretar el negocio. S&iacute; Mariana, recuerdo perfectamente tu alegr&iacute;a al cont&aacute;rmelo por videollamada. &mdash;Le comento.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, cielo, estaba muy feliz. Pero igualmente por K-Mena pues adem&aacute;s realiz&oacute; una separaci&oacute;n con algo de dinero de por medio, y Jos&eacute; Ignacio se apunt&oacute; con otra venta al negociar con un par de mujeres que parec&iacute;an ser hermanas gemelas. Desafortunadamente tanto Diana como Carlos se fueron en blanco y aun as&iacute;, a Eduardo se le ve&iacute;a muy feliz, tanto o m&aacute;s que nosotros tres. &mdash;Me detengo un momento para buscar una caneca para la basura y echar all&iacute; la colilla, al girarme observo a Camilo detr&aacute;s de m&iacute;, pero su rostro y el resto de su cuerpo lo veo ya iluminado por la luz amarillenta de un farol cercano y tras &eacute;l, en la lejan&iacute;a la tarde ya oscurecida.<\/p>\n<p>Y es que se me ha pasado el tiempo rememorando aquellos momentos y sin levantar la vista, con mis pasos lo he conducido hasta los parasoles azules colmados de turistas, degustando helados los m&aacute;s peque&ntilde;os y cocteles de variados colores los mayores, a las afueras de los almacenes cercanos al Fuerte Rif. Se siente el bullicio de muchas voces hablando a la vez y bastante alegr&iacute;a a nuestro alrededor. Al lado suyo se encuentra una banca de madera y a un metro tal vez, el cromado cubo para depositar el filtro blanco sin rastros de labial y por supuesto, ya nada de tabaco.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te gustar&iacute;a descansar? Debes tener los pies hinchados por el calor y toda esta caminata. &mdash;Mi esposo, tan gentil como siempre me pregunta. S&eacute; que intenta mostrarse fr&iacute;o y distante, y aunque mi relato le debe estar costando un lacerante dolor, &eacute;l nunca dejar&aacute; de pensar en los dem&aacute;s, de ser dulce, amoroso, educado&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Sabes que s&iacute;! Un poco de descanso nos vendr&iacute;a bien a los dos. &mdash;Le respondo y me acerco hasta la banca.<\/p>\n<p>&mdash;Ven aqu&iacute;, &ndash;le digo y palmoteo los listones de un oscuro caoba junto a m&iacute;. &ndash; Si&eacute;ntate y seguimos conversando. &mdash;Hago espacio al sentarme y acomodo a mi izquierda el bolso y mi sombrero al recibirlos de su mano. Camilo me hace caso de inmediato y deposita en el suelo el envase familiar de gaseosa, m&aacute;s no se deshace de su mochila Wayuu, manteni&eacute;ndola entre sus piernas.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo, yo&hellip; &mdash;Debo hacer una breve pausa, pues veo acercarse hasta nosotros dos a un par de chicas, una rubia y una morena, &ndash;de entre catorce o quince a&ntilde;os, pero no m&aacute;s&ndash; ambas muy sonrientes y abrazadas por la cintura, que nos saludan con bastante desparpajo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Bon Tardi! Disculpen, &iquest;tienen candela? &mdash;Pregunta la m&aacute;s &laquo;sardina&raquo; y pecosa de ellas, luciendo una piel dorada y apenas despuntando unas t&eacute;ticas p&uacute;beres bajo la parte superior de su bikini dorado y un plateado piercing danzando sobre su ombligo.<\/p>\n<p>La chica de m&aacute;s edad, sin despegarse de la rubia, nos ense&ntilde;a sin reparo, sus blancos dientes y un porro de marihuana sujeto entre sus dedos. Tambi&eacute;n sus bubis, &ndash;m&aacute;s desarrolladas&ndash; van cubiertas por un peque&ntilde;o top strapless de un amarillo encendido y complementa su &laquo;pinta isle&ntilde;a&raquo; con unos blancos pantaloncitos muy cortos, que dejan a la vista una generosa porci&oacute;n de la redondez de sus nalgas. Camilo me mira con un gesto de asombro, pero caballeroso como siempre, se pone en pie y del bolsillo de sus bermudas extrae el mechero ofreci&eacute;ndoles el anhelado fuego.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Danki, Dushi! Eres un lindo. &mdash;Le dice y enseguida aspira con fuerza y al exhalar hacia el firmamento una gran y olorosa humareda, exclama suspirando&hellip; &iexcl;Hmmm, que ricooo&hellip; y delicioso! Y haci&eacute;ndole entrega a su amiga del arrugado pitillo, besa a mi esposo en la mejilla derecha, tom&aacute;ndolo por sorpresa.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; hora es? &mdash;Pregunta la joven rubia y sin esperar la respuesta, toma de la mu&ntilde;eca izquierda a Camilo y eleva el brazo gir&aacute;ndoselo, para mirar con detenimiento ella misma, las manecillas de su reloj.<\/p>\n<p>&mdash;Oops, se hace tarde. Mi abuela me va a matar. &iexcl;Amore m&iacute;o, v&aacute;monos ya! Bon tardi parejita y&hellip; &Aacute;mense mucho.<\/p>\n<p>Se despiden obsequi&aacute;ndonos un gui&ntilde;o p&iacute;caro pleno de complicidad, y ri&eacute;ndose las dos se alejan zarandeando sus caderas, encamin&aacute;ndose por el paseo mar&iacute;timo tomadas de la mano y siguiendo la misma ruta por donde ven&iacute;amos andando Camilo y yo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Parece que tienes im&aacute;n para las peladitas! &mdash;Le digo a mi esposo, &ndash;que no pierde de vista las media lunas de aquel cuarteto de juveniles culos&ndash; bromeando un poco pero acord&aacute;ndome de su cuento con Natasha, y sin poderlo asegurar, de lo que pueda haber vivido junto a Maureen.<\/p>\n<p>&mdash;Si eso parece Mariana. Debe ser el destino que a la larga, como te sucedi&oacute; a ti, present&aacute;ndome rostros nuevos y cuerpos desiguales, me quiere mostrar diferentes caminos que de otra forma, tiempo atr&aacute;s no hubiese siquiera pensado en recorrer. &iquest;No lo crees? &mdash;Me contesta con un tonito en su voz que me suena a cierta prepotencia revanchista.<\/p>\n<p>&mdash;Humm, s&iacute;&hellip; Eso puede ser. Tal vez la vida quiere que cambies a una mujer de casi treinta, por dos &laquo;sardinas&raquo; de quince. &mdash;Le respondo, y aunque suene a broma y me sonr&iacute;a un poco, me siento interiormente molesta por exponerme a su m&aacute;s que seguro raciocinio sentimental, ir&oacute;nicamente con mi propia broma.<\/p>\n<p>&mdash;Si con una de &laquo;vieja&raquo; de casi treinta ya tengo un mont&oacute;n de problemas, &ndash;me habla asegur&aacute;ndose con el movimiento de sus dedos de entrecomillar la palabra vieja&ndash; no me quiero imaginar cuantos infartos sufrir&iacute;a al andar metido con dos &laquo;peladitas&raquo; de quince. &iquest;Por qu&eacute; no continuamos mejor con lo que estabas por decir?<\/p>\n<p>&mdash;Si claro, por supuesto. &mdash;Pero de pronto se hace un corto silencio entre los dos, pues se me ha ido el hilo de lo que iba a decirle y &eacute;l impaciente me mira.<\/p>\n<p>&mdash;Ehhh, Ya recuerdo para donde iba. Cielo, sabes que nunca en todos los a&ntilde;os que llev&aacute;bamos juntos, mi boca jam&aacute;s hab&iacute;a probado el sabor de otros labios, s&oacute;lo el calor, la textura y la humedad de los tuyos hab&iacute;a sentido yo. &mdash;Y al decirle esto Camilo ya se siente inc&oacute;modo, &ndash;quiz&aacute; porque hoy le cueste creerlo&ndash; lo s&eacute; porque conozco a mi esposo cuando algo que no le gusta le hace rascarse la punta roma de su nariz. M&aacute;s aun as&iacute; toma asiento de nuevo a mi lado y cruza la pierna.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero decirte que&hellip; &iexcl;Mierda! Es raro para m&iacute; hablar de esto contigo. No vayas a creer que no. En fin Camilo, que yo pensaba que el apoyo leve de la boca de otra persona sobre la tuya o la m&iacute;a&hellip; &iexcl;Ehmm! O sea, &iquest;C&oacute;mo te lo expongo? Un &laquo;piquito&raquo; para m&iacute; no es motivo suficiente para que sentir celos ni justificar&iacute;a tampoco que yo formara una alharaca y me arrancara los mechones pensando que eso pudiera ser una traici&oacute;n. Siempre pens&eacute; que si algo as&iacute; nos sucediera, ser&iacute;a algo insignificante. Pero si el beso fuera m&aacute;s largo y entreabriendo la boca, compartiendo saliva y aliento, sin dejar de mirar a unos ojos extra&ntilde;os o cerr&aacute;ndolos para no ver la falla, pero si para sentir las nuevas sensaciones, eso obviamente ser&iacute;a otro cantar. Y te lo cuento porque&hellip; &iexcl;Puff! Yo supongo que t&uacute; pensaras lo mismo. &iquest;O no? &mdash;Le hago la pregunta obviamente sin mirarlo, encorvada y sinti&eacute;ndome apenada.<\/p>\n<p>&mdash;En el primer caso es probable que no se trate de una traici&oacute;n, si el &laquo;pico&raquo; fue fortuito y ese suceso no se afinca en la mente y se desvanece con el tiempo. De ser as&iacute;, yo no le dar&iacute;a mayor relevancia, pero en el segundo escenario, sobra decir que es una infidelidad en toda regla, porque para hacer eso, anteriormente deben presentarse ciertos hechos, en diversas situaciones y con actitudes permisivas que conlleven a finiquitar todo aquello con ese beso. Es claro que debe existir gusto y atracci&oacute;n hac&iacute;a la otra persona y viceversa. &mdash;Me responde Camilo aparentemente muy tranquilo, y sin embargo al sacar la botella de ron del interior de su mochila, veo como tiemblan sus dedos al intentar destaparla.<\/p>\n<p>&mdash;Mariana&hellip; &iquest;Lo que quieres decir es que as&iacute; empezaste a traicionarme con &eacute;l? &mdash;Y a pico de botella, se toma un trago con cierto enfado.<\/p>\n<p>&mdash;No, pero s&iacute;. &mdash;Le contesto mirando directamente a sus ojitos marrones, que ahora se ven m&aacute;s brillantes y no solo por el resplandor del farol y las luces encendidas de los bares circundantes, sino por algo que aflora en ellos como triste humedad.<\/p>\n<p>Igualmente no puedo negar el hecho de que me encuentro terriblemente nerviosa, al darme cuenta de que estoy agitando en c&iacute;rculos el vaso de cart&oacute;n, aunque no quede ya ni una gota del ron con Coca-Cola en su fondo. Un poco de dulce alcohol que sea capaz de aplacar el ardor que ha surgido en mi garganta y esta cruel amargura de tener que contar algo que seguramente le atravesar&aacute; su coraz&oacute;n, lastim&aacute;ndolo mucho m&aacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Antes rega&ntilde;ada y ahora emocionalmente abofeteada. Sin tocarme o golpearme como equivocadamente pens&eacute; que lo har&iacute;a al regresar a nuestra casa aquella tarde de febrero, al enterarse de nuestros despidos, &ndash;sin conocer por lo visto todas las causas que lo motivaron pero s&iacute; que hab&iacute;a existido una traici&oacute;n&ndash; y tan solo un mensaje escrito a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":18051,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-42260","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42260","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18051"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=42260"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42260\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=42260"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=42260"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=42260"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}