{"id":42341,"date":"2023-06-23T22:00:00","date_gmt":"2023-06-23T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-06-23T22:00:00","modified_gmt":"2023-06-23T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-19","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-19\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (19)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42341\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Definitivamente estoy cagado y con el agua bien lejos. Tantas noches de insomnio busc&aacute;ndole excusas a Mariana, ech&aacute;ndole toda el agua sucia al playboy de playa, a ese pedazo de hijo de puta aunque su madre sea una santa, y ahora resulta que no, que mi mujer no fue seducida ni por la parla ni por lo f&iacute;sico, &ndash;porque de intelectual, a ese neandertal el cerebro le sirve para lo mismo que a m&iacute; las tetillas&ndash; al final resulta que fue ella solita la que se tom&oacute; de la nariguera y se encamin&oacute; cual ternera hasta el matadero. &iexcl;&Eacute;l no la forz&oacute; ni tampoco nadie la oblig&oacute;!<\/p>\n<p>Que duro es darse cuenta que la mujer que tanto cre&iacute;as conocer no era tal cual la imaginaste. &iexcl;Me ha defraudado, quit&aacute;ndome la ilusi&oacute;n de compartir toda mi vida con ella! Y por m&aacute;s que con su llanto demuestre arrepentimiento, su grado de culpabilidad ahora es mucho m&aacute;s alto. Ella se lo busc&oacute;. O lo que es m&aacute;s correcto y di&aacute;fano&hellip; &iexcl;Mariana se le ofreci&oacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Contin&uacute;as llorando por mi culpa, Camilo. Pero no has reaccionado de manera violenta. &iquest;Es porque estabas esperanzado en que todo lo que te estoy revelando hubiese sido una ilusi&oacute;n? Deja de hacerlo por favor, no llores m&aacute;s que no lo merezco. &mdash;Levanta el peque&ntilde;o envase pl&aacute;stico para acercarlo al bot&oacute;n rosa de su boca y no me queda otra que responderle&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Quiz&aacute;s sea porque me siento decepcionado, al ser tu misma quien tom&oacute; la decisi&oacute;n de entregarse! Porque aunque te parezca que estabas ganando la partida, en realidad perdiste los papeles frente a ese tipo esa noche. &iquest;O estoy equivocado? &mdash;No contesta y tan solo mueve su cabeza de izquierda a derecha, ya que es in&uacute;til que lo niegue ahora.<\/p>\n<p>&mdash;Y no Mariana, &ndash;prosigo fustig&aacute;ndola&ndash; para nada guardaba dentro de m&iacute; una brizna de esperanza. Mucho menos guard&eacute; una m&iacute;nima ilusi&oacute;n, pues tu silencio, todos esos d&iacute;as antes de marcharme te delataba. Tu traici&oacute;n se te ve&iacute;a reflejada en la cara, no solo aquel medio d&iacute;a cuando regres&eacute; a la casa. Tambi&eacute;n cada ma&ntilde;ana al desayunar, evitando que Mateo se percatara de algo y en las noches al sentarnos a la mesa para cenar, hablando lo necesario para ver cu&aacute;l de los dos era el elegido por nuestro peque&ntilde;o para ir con &eacute;l a su cama y leerle alguna historia para que durmiera en paz. La pude ver en tu silencio persistente antes de cerrar la puerta, cuando no te atreviste a preguntar hacia donde iba o a qu&eacute; horas regresar&iacute;a. No te import&eacute;. &iexcl;Ya no te interesaba y llegu&eacute; a pensar que hasta te estorbaba mi presencia!<\/p>\n<p>&mdash;No deber&iacute;a admitirlo pero aunque me duele reconocerlo, te agradezco la sinceridad con la que me est&aacute;s hablando. No vayas a creer que tengo vena masoquista, pues no me gusta sentir todo este dolor que he venido sintiendo y ahora, revive con cada una de tus palabras. &mdash;Se lo recalco pues el cielo de sus dos ojos me miran h&uacute;medos y esquineros. &iquest;Expectantes?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;O tal vez s&iacute;? Porque puede que al permitir que supieras donde hallarme, deseara interiormente que al encontrarnos, escuchando la realidad por tu propia boca, dejara de imaginar y suponer como sucedi&oacute;. Y al sentir m&aacute;s dolor escuch&aacute;ndote, pudiera conseguir finalmente dominar el sufrimiento, liberarme de la culpa que he sentido todo este tiempo, al permitir que iniciaras toda esta parafernalia y as&iacute; dejar de amarte. Olvidarte y apartarte de mi mente, pero no de poquito a poco, palabra tras palabra, l&aacute;grima tras l&aacute;grima, sino de una sola vez. &mdash;Puede que sea lo que quiero, pero en verdad miento. &iexcl;La amo! Y esa mentira Mariana la puede descubrir, al ver en mis ojos como se diluye esa falsedad entre mis l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora eres tu quien persiste con el llanto. Y est&aacute; bien que lo hagas y te desahogues. Tranquila, Mariana, estaremos bien. Necesit&aacute;bamos hablarlo. Respira y cuando est&eacute;s lista, puedes continuar con lo que todav&iacute;a me falta por escuchar. &mdash;Finalmente le digo al tiempo que voy sirviendo para los dos una nueva ronda, tensando los m&uacute;sculos para evitar que se me note el temblor de mis manos.<\/p>\n<p>Mariana descruza las piernas, dobla la mano con elegancia para llevar a su boca el pitillo blanco y lo deja all&iacute;, &ndash;sobre la blanca piel de su mu&ntilde;eca, se vislumbran las delgadas hebras del rojo hilo que sin estar roto, ella sentimentalmente lo rompi&oacute;&ndash; prisionero entre sus labios y mir&aacute;ndome aspira, para luego alargar su brazo izquierdo, ladeando su torso y se adue&ntilde;a de su ron. Coordinada retira de su boca el cigarrillo, expulsa el humo por la nariz y bebe. Inspira y sus l&aacute;grimas ruedan desde las comisuras de los p&aacute;rpados hacia sus p&oacute;mulos. Se le levantan los hombros al hacerlo, igual que sus senos bajo la tela de su vestido y cierra sus azules ojos irritados suspirando relajada.<\/p>\n<p>Con esta actitud tranquila, parece tomar aliento y disponerse a continuar. Y yo espero la siguiente estocada. &laquo;Una vez el ojo afuera, ya no hay Santa Lucia que valga&raquo;.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&mdash;Uhumm, estas en lo cierto. Era necesario vernos, enfrentarte y hablar. Bueno, al menos yo deber&iacute;a hacerlo y tu tan solo escucharme, cielo. A pesar del dolor que te estoy causando y de la verg&uuml;enza que estoy pasando al cont&aacute;rtelo. La euforia se apoder&oacute; de mis sentidos, es verdad. Me dej&eacute; llevar por la sensaci&oacute;n de dominio y me embriagu&eacute; al sentir en mis venas recorrer ese efecto de poder, al verlo tan inofensivo y desubicado ante mis &oacute;rdenes.<\/p>\n<p>Me percato de que no hay estrellas a la vista, ni el p&aacute;lido resplandor de la luna veo tras ellas, al esparcir la bocanada de humo levantando mi cara hac&iacute;a el firmamento, pues el cielo permanece encapotado sobre esta isla; nubes grises, muy oscuras por encima de nosotros dos tan alejados ahora con mis revelaciones y con sus silencios. Y a la distancia por entre las desgonzadas ramas de las palmeras y las coloreadas fachadas de los edificios frente a nosotros, los centellantes rel&aacute;mpagos iluminan el lejano horizonte sobre la bah&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Esa noche elev&oacute; la cabeza, y ya acostumbrados los dos a la penumbra, observ&eacute; sus ojos avellana, fulgurantes y ansiosos, encontr&aacute;ndose con la azulada serenidad de los m&iacute;os. Buscaba tal vez que me retractara o un gesto de compasi&oacute;n de mi parte. &iexcl;No la tuve! No mov&iacute; ni un solo m&uacute;sculo de mi rostro, mucho menos parpade&eacute; y si lo hice, en medio de la oscuridad &eacute;l no lo pudo apreciar.<\/p>\n<p>&mdash;Levant&eacute; primero un pie para no enredarme con el short y con el empeine del otro, lo deslic&eacute; hacia costado opuesto, hasta arrumarlo contra las dos piezas de mi bikini abandonado. &mdash;Camilo permanece en silencio, dando una profunda calada a su cigarrillo y observ&aacute;ndome al igual que yo le miro, midiendo cada uno nuestras reacciones, detallando cada gesto y cada movimiento. En el suyo se le arruga la frente al escucharme, y Camilo en el m&iacute;o, el desconsuelo mientras le hablo.<\/p>\n<p>&mdash;Seguramente Jos&eacute; Ignacio me cre&iacute;a suya, &ndash;contin&uacute;o cont&aacute;ndole m&aacute;s calmada pero todav&iacute;a apenada&ndash; ya entregada y dispuesta a ser otra posesi&oacute;n de &eacute;l, su nueva adquisici&oacute;n. Pero lo que hice fue levantar mi pierna derecha y dobl&aacute;ndola, apoy&eacute; mi pie sobre su hombro izquierdo, cubri&eacute;ndome con el borde de tu camiseta de futbol, sin dejarle apreciar siquiera un poco mi ombligo, pero obviamente s&iacute; coloc&aacute;ndole frente al rostro, los pelitos recortados en forma de tri&aacute;ngulo sobre mi pubis y la hendidura de mi vulva que se encontraba algo humedecida, dejando que percibiera con su olfato, los aromas condensados que se le desprend&iacute;an. &mdash;Camilo deja de mirarme y tuerce sus labios, reprobando obviamente mi conducta.<\/p>\n<p>&mdash;Suspir&oacute; e indeciso pos&oacute; sus labios a un costado sobre mi monte de Venus, catando por primera vez la tersura de mi piel hasta llegar a la ingle derecha, y sujet&aacute;ndose de mis corvas, con delicadeza subi&oacute; sus manos acariciando la parte posterior de mis muslos. La piel se me puso de gallina, pues como sabes bien es una parte muy sensible de mi cuerpo, sin embargo contuve dentro de mi boca el jadeo que inquieto se quer&iacute;a escapar de mi garganta. No quer&iacute;a darle el gusto de hacerle saber que me estaba haciendo sentir&hellip; &iexcl;Rico!<\/p>\n<p>&mdash;Potentes sus dedos se hundieron en mis gl&uacute;teos ancl&aacute;ndolos con firmeza y amas&aacute;ndolos, separando una nalga de la otra y su boca a medio abrir, tomando aire y una decisi&oacute;n, frontalmente bes&oacute; desde aquella ingle hasta el pliegue que era l&iacute;nea fronteriza entre el muslo y la colina de mi labio mayor. Pero se detuvo un instante y dud&eacute; en si lo hac&iacute;a para respirar o cobardemente echarse atr&aacute;s. &mdash;Camilo apoya el ment&oacute;n sobre la mano derecha cerrada y los dedos de la zurda aprietan con fuerza los nudillos de la diestra, haci&eacute;ndolos tronar en medio de la confusi&oacute;n y su furia.<\/p>\n<p>&mdash;En realidad, cielo, no lo sab&iacute;a en ese instante. Yo all&iacute; de pie, solo intentaba no claudicar en mi dominante posici&oacute;n al sentir lo que no quer&iacute;a, sin excitarme con aquel desesperante recorrido que no llegaba a donde se supon&iacute;a deb&iacute;a culminar. Y cerr&eacute; mis ojos para concentrarme imaginariamente en la piel que &eacute;l ten&iacute;a que besar, en los labios que necesitaba que los suyos me humedecieran para vencer su asquienta resistencia con mi autoritaria terquedad. Tenerlo ante m&iacute;, postrado y humillado, me hizo sentir feliz. Pero lo hac&iacute;a tan de mala gana que me estaba desconectando.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; pasa cachorrito? &iquest;Eso es todo lo que sabes hacer? &mdash;Le pregunt&eacute; al verlo arrodillado y manso, seguramente asqueado ante el olor que desprend&iacute;a mi vagina excitada. Me sent&iacute;a superior jodi&eacute;ndolo, habl&aacute;ndole de esa manera e hiri&eacute;ndole su orgullo, aunque pendiente del pasillo por si se acercaba alguien.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Tranquila bizcochito, solo estoy recre&aacute;ndome con el paisaje! &mdash;Me respondi&oacute; y fue entonces cuando le puso empe&ntilde;o a&hellip; &iexcl;A su primera vez!<\/p>\n<p>Hago una pausa para beber y fumar. Aprovecho el silencio que me concedo al aspirar con lentitud, y mientras lo hago observo el rostro apesadumbrado de Camilo por detr&aacute;s de las blancuzcas columnas helicoidales del tabaco fumado, pensando en ese momento y en los detalles que no me atrevo a comentarle. &iexcl;No pretendo herirle m&aacute;s!<\/p>\n<p>&hellip;Por fin su boca bes&oacute; la mitad de mi raja, sobre m&iacute; ya despierto botoncito, ejerciendo algo de presi&oacute;n. Sent&iacute;, y apret&eacute; al tiempo ojos y boca. Su lengua aplanada dio finalmente con la rendija entreabierta y humedecida, lamiendo hacia abajo, descubriendo y perdi&eacute;ndose en mis profundidades. Victoriosa pero sensibilizada, disfrut&eacute; de aquella situaci&oacute;n de sentir como al subir de nuevo, separaba su lengua con torpeza los lisos pliegues de mis labios menores, sin detenerse sobre ellos, sin esmerarse en chuparlos demasiado, brusco y anormal. Sin el roce leve, tan matador y org&aacute;smico que solo mi mar&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y lo hizo? Te bes&oacute; finalmente&hellip; &iquest;All&iacute;? &mdash;Escucho con lejana claridad sus preguntas que tienen un tono de lamento.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute;?&#8230; Ahhh, s&iacute;. &mdash;Le contesto, pero creo que debo aclar&aacute;rselo. Eso s&iacute;, sin mirarlo esta vez a la cara. La pena sencillamente no me deja.<\/p>\n<p>&mdash;Un sexo oral inexperto o desganado. Tal vez una mezcla de los dos. El caso es que aunque lo hac&iacute;a con torpeza, si estaba logrando hacerme entreabrir la boca para tomar aire y dejarle huir&hellip; &iexcl;Me hizo gemir!<\/p>\n<p>&mdash; Vuelvo a pregunt&aacute;rtelo Mariana. &iquest;Y no pensaste en m&iacute;? &iquest;En todo lo que estabas permitiendo que sucediera? &iquest;Ni por un segundo me atraves&eacute; por tu cabeza?<\/p>\n<p>&mdash;No, mi vida. No estuviste all&iacute; en mi mente, porque solo ten&iacute;a en mis pensamientos la intenci&oacute;n de humillar al que me hab&iacute;a ofendido. Era mi lucha personal. &iquest;S&iacute; me entiendes? Y en esa batalla, no te inclu&iacute; como guardaespaldas. Estaba obsesionada y adem&aacute;s&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Adem&aacute;s qu&eacute;? &mdash;Me interrumpe con una pregunta que ahora causa temblores en mis manos, escalofri&oacute; en la espalda y en la nuca. Llanto lento de nuevo. Todo unido antes de responderle a mi esposo.<\/p>\n<p>&mdash;Necesitaba demostrarme que era capaz de hacerme valer como mujer, frente a ese hombre. Y m&aacute;s a&uacute;n cuando me dijo con su acostumbrada soberbia&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Voy a hacer que grites y tus ojos se te queden en blanco! &mdash;Sentenci&oacute; ubicado en el medio de mis piernas, en tanto yo continuaba con mi cabeza girada hacia la penumbra de la habitaci&oacute;n y percib&iacute; tras de mis p&aacute;rpados un atisbo de claridad, al cual no le di importancia. &iexcl;Estaba sumida en otro cuento!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Est&aacute;s seguro de eso? &iquest;Qu&eacute; tal que no cumplas con mis expectativas? &mdash;Le contest&eacute; con el tono m&aacute;s burl&oacute;n que pude imprimirle en ese momento a mi voz. Sin abrir los ojos, ni mover la cabeza. Sin descruzar mis brazos, mucho menos cerrar los muslos.<\/p>\n<p>&mdash;No me respondi&oacute; con palabras si no con hechos, pues sus dos manos apret&aacute;ndome el culo ejercieron presi&oacute;n para que yo adelantara mis caderas al encuentro de su cara, y su boca se convirti&oacute; en una ventosa que chupaba con brusquedad, succionando con descortes&iacute;a mis pliegues y luego, halando con sus dientes los labios que por mis flujos se le resbalaban, los fue apartando con la forma ancha de aquel m&uacute;sculo babeante y de a poco busc&oacute; su lengua coniforme abrirse paso por el medio de la raja, &ndash;m&aacute;s abajo hac&iacute;a mi huequito&ndash; y se hicieron m&aacute;s profundas, m&aacute;s concisas y placenteras las sensaciones.<\/p>\n<p>&mdash;Estaba empezando a disfrutar, moviendo lentamente mi cabeza hacia arriba y luego abajo, y al volver mi rostro hacia la puerta abr&iacute; los ojos y me sobresalt&eacute;. La luz del pasillo estaba encendida, aunque no se escuchaban pasos. Asustada, con la planta del pie lo empuj&eacute; y &eacute;l cay&oacute; de espaldas pero sin causar mucho ruido. Y escuchamos con claridad c&oacute;mo se abat&iacute;a una puerta.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mierda! Alguien viene. Vete de aqu&iacute;, por favor. &mdash;Y &eacute;l derrotado y sin comprender a cabalidad que hab&iacute;a sucedido para terminar derrumbado en el suelo, se puso en pie sin aparentar esfuerzo alguno, pasando el dorso de su mano por los contornos de su boca, brillante por mis flujos y su saliva, limpiando su detenida lujuria y secando con su mano mi pecado.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y mi beso? &mdash;Me pregunt&oacute; con su sarc&aacute;stica sonrisa de siempre.<\/p>\n<p>&mdash;A&uacute;n no te lo has ganado. &mdash;Le respond&iacute; y lo saqu&eacute; de la habitaci&oacute;n empuj&aacute;ndolo por su espalda, mirando de paso para ambos lados. No vi a nadie, solo su cara con gotas de sudor en la frente y una sonrisa de satisfacci&oacute;n que me dej&oacute; confusa. Y al cerrar la puerta, fui capaz de recobrar el poco sentido com&uacute;n que en aquel momento me quedaba y me vi tras de ella angustiada, de pie como una estatua, detenida en el tiempo pensando en lo que acababa de suceder.<\/p>\n<p>&mdash;Lo&hellip; Lo siento tanto, mi cielo. &iexcl;Pufff! Lamento haberte traicionado&hellip; Lastimarte m&aacute;s con todo esto que te estoy relatando. &mdash;T&iacute;mido y con seguridad casi inaudible a causa de la repentina xerostom&iacute;a en mi boca, fue mi confesi&oacute;n.<\/p>\n<p>Y &eacute;l, mi esposo bello y mi hermoso hombre, con sus uno setenta y ocho de estatura seg&uacute;n me lo hab&iacute;a repetido varias veces, &ndash;contrastando con el uno setenta y cinco que figuraba en su cedula de ciudadan&iacute;a&ndash; me mira desconsolado y amargado por mis recuerdos, mientras estira el brazo para recoger sus cigarrillos, mi encendedor y la peque&ntilde;a copa.<\/p>\n<p>Mis dedos acuden a los lagr&iacute;males, desliz&aacute;ndose por la depresi&oacute;n de los p&aacute;rpados para socorrerlos una vez m&aacute;s, mientras que azarada espero su reacci&oacute;n, alg&uacute;n signo por m&iacute;nimo que sea, ya que abrazarlo no puedo; al menos verle vida en sus ojitos, humedad en sus labios, firmeza en sus manos y que entienda que he venido a recuperarlo. Que sepa que mi amor por &eacute;l siempre ha estado, hoy m&aacute;s que nunca, y que as&iacute; no me lo permita, comprenda que siempre ser&aacute; mi amor eterno.<\/p>\n<p>Decirle la verdad me cuesta un mont&oacute;n. Nos ha herido a los dos, por supuesto que no en la misma medida, es verdad. Pero puedo sentir como le ha mortificado saber todo esto, y &eacute;l, con seguridad ha visto en mi cara como no he disfrutado, al revelarle el comienzo.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que ser&iacute;a mejor volver a caminar. Me siento sofocado entre tanta gente feliz y nosotros dos con nuestra infelicidad a cuestas y estas caras tan largas y amargadas&hellip; &iexcl;Solo somos un manch&oacute;n que afea este precioso cuadro!<\/p>\n<p>Segundos despu&eacute;s de escucharlo, puedo observar c&oacute;mo se levanta decidido, introduciendo en su mochila Wayuu la botella de ron, y yo solo atino a desplazar la copa vac&iacute;a hacia su lado para que la junte con la suya, recogiendo de la silla frente a m&iacute;, el sombrero y el bolso negro. De la mesa tomo igualmente mi cajetilla de cigarrillos, el encendedor y el cucurucho de papel. Los dos dejamos este lugar m&aacute;s o menos acomodado y avanzo ahora, un paso por detr&aacute;s de &eacute;l, para dejarle respirar y pensar con libertad.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Que est&uacute;pido debo haberles parecido a Fadia y a Eduardo. Al otro, a ese malparido siete mujeres no, pues hasta el &uacute;ltimo instante no se enter&oacute; que el arquitecto al que tanto molestaba con su soberbia y altaner&iacute;a, era el esposo de su querida Meli. &iexcl;El infeliz cornudo!<\/p>\n<p>Y que idiota y sumiso tuve que parecerle a mi mujer, por no decirle nada al darme cuenta de sus cambios. A pesar de que tuve tiempo y lo pude hacer en varias ocasiones, al percatarme de sus sutiles cambalaches. Como el inusual gusto por las transparencias en sus blusas y la profundidad de sus escotes, o el deleite compulsivo por adquirir ropa demasiado ajustada, muy sugestiva, similar a la creciente obsesi&oacute;n por el uso diario de su ropa interior con menos tela y m&aacute;s encajes, provocativa y sexy para mis ojos exclusivamente, seg&uacute;n ella. Y yo no le cuestion&eacute; nada.<\/p>\n<p>Me di cuenta tarde de que Mariana ya no me necesitaba como al principio de nuestros d&iacute;as, en la insignificancia de las cotidianas decisiones hogare&ntilde;as y est&uacute;pidamente me alegr&eacute; al verla tan capaz de hacerlo ya todo sin m&iacute;. &iexcl;De vivir en su nuevo mundo comercial, sobreviviendo sola!<\/p>\n<p>Mariana me sigue el paso, caminando a mi diestra un metro por detr&aacute;s de m&iacute;. La observo por el rabillo del ojo y esta noche, &ndash;tan parecida a otras tantas dos a&ntilde;os atr&aacute;s&ndash; ella no busca ver su sinuoso reflejo en las vidrieras de los almacenes del centro comercial. Porque no se ver&aacute; alegre y sonriente, ni mi brazo acalorando su nuca, ir&aacute; como antes sostenido sobre la calidez de sus hombros, ni mis dedos tocaran con suave picard&iacute;a el nacimiento de su seno.<\/p>\n<p>Camina cabizbaja, pensativa y timorata. Quiz&aacute; vaya recordando los mismos momentos y los a&ntilde;ore como yo lo hago ahora, mientras se culpa de ir suelta y distanciada.<\/p>\n<p>&mdash;Con el paso de los d&iacute;as, &ndash;rompe el silencio Camilo, habl&aacute;ndome lo suficientemente alto para acortar con su voz nuestra lejan&iacute;a. &ndash; sin poder dormir en una de las muchas madrugadas y tras varias horas de pensar en Mateo, en ti y en m&iacute;, me atemoric&eacute; y se me hizo un nudo en la garganta al imaginarme en un futuro, rehaciendo mi vida con los pedazos que hab&iacute;an quedado tirados a mis pies y sin embargo el miedo era que los trozos fuesen tan peque&ntilde;os que lo reconstruido por m&iacute;, fuese tan de escaso de tama&ntilde;o, que t&uacute; no cupieses en &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida, yo no&hellip; &mdash;Intento interrumpirlo pero no me deja. Apuro el paso para colocarme a su lado y escucharle con mayor privacidad, aunque me importe una mierda que el mundo nos escuche.<\/p>\n<p>&mdash;Espera d&eacute;jame redondear la idea, por favor. &mdash;Me solicita amablemente, mucho m&aacute;s tranquilo, baj&aacute;ndole una rayita al volumen de su voz.<\/p>\n<p>&mdash;Tuve miedo de que mis o&iacute;dos se fueran acostumbrando al silencio de sus voces, y que tus amorosas palabras que me serv&iacute;an de arrullo para conciliar el sue&ntilde;o, ya no me hicieran falta. &mdash;Si &eacute;l supiera que su temor fue exactamente el mismo que sent&iacute;, al darme cuenta con el paso de los d&iacute;as, que ya no volver&iacute;a a escuchar su voz grave y cari&ntilde;osa en nuestra casa.<\/p>\n<p>&mdash;S&eacute; bien c&oacute;mo te sientes, pues lo puedo ver en tus gestos, en la manera que subes la mirada y oblicuas, se inclinan tus cejas como rampas de despegue, para ayudarte a elevar esas plegarias al cielo; o como abres tus manos y estiras los dedos para luego encogerlos, por tu desesperado tormento. Te conozco Mariana y s&eacute; que sufres al tener que relatarme tu traici&oacute;n, sabiendo a ciencia cierta que con tus palabras excavas tu propia tumba y me haces participe de este sepelio.<\/p>\n<p>&mdash;Cielo, no es mi inten&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Se bien que no quieres hacerlo pero ahora, despu&eacute;s de estar sola tantos meses y de meditarlo, has venido hasta aqu&iacute; y has llegado para enfrentarme con valent&iacute;a, pues no sab&iacute;as con la clase de hombre que te ibas a encontrar. Con el marido emputado y traicionado, derrotado y abandonado. O con uno diferente, despreocupado y renacido.<\/p>\n<p>&mdash;Estuve segura de hallar al mismo hombre, respetuoso y para nada violento. &mdash;Le comento.<\/p>\n<p>&mdash;Puede que ahora sea una mezcla de todos ellos, Mariana. &iquest;Pero sabes algo? Por mucho que hayas cometido errores, como seguramente lo he hecho yo, siempre estar&eacute; de tu lado y no abandonar&eacute; a nuestro hijo. De pronto, no tan cerca como esperas y deseas, mucho menos rendido a tus pies como antes y sin que lo pidieras, yo hiciera siempre lo que pensaba que t&uacute; quer&iacute;as. Pero s&iacute;, hay. Porque a pesar de todo, yo&hellip; &iexcl;A&uacute;n te amo!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Y yo a ti! &mdash;Le respondo intentando no llorar de nuevo, pero sus palabras me conmueven y atemorizan. Mierda, tiene tanta raz&oacute;n en sus razonamientos que yo presiento que&hellip; &iexcl;Lo estoy perdiendo de nuevo!<\/p>\n<p>&mdash;Sin embargo de lo que hasta el momento me has dicho, aunque alcances a explicarte no quiere decir que yo logre exculparte. No estoy de acuerdo en lo m&aacute;s m&iacute;nimo con lo que hiciste. Y entiendo que faltan detalles, otros hechos y que aquella noche no finaliz&oacute; con ese sexo oral interrumpido, si no que por el contrario, fue el abrebocas de ese idilio entre ustedes dos.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute; y comprendo que est&aacute;s en tu derecho de hacerlo. Pero Camilo yo&hellip; &iexcl;No me enamor&eacute;! Aunque lo parezca, no hubo dentro de m&iacute; s&iacute;ntomas de un posible romance. &iexcl;Jam&aacute;s! &iquest;Me escuchas? Nunca me enamor&eacute; de &eacute;l. &mdash;Lo refuto vehementemente.<\/p>\n<p>Ahora s&iacute; que no puedo detener este sentimiento de angustia que atormenta mi pecho, tampoco la salina catarata que se desborda desde mis ojos, lavando literalmente mis mejillas. Culpable, ha sido su sentencia al inicio de este juicio, aunque dice amarme. &iexcl;Y lo que le falta por escuchar! Promete estar a mi lado y al de nuestro peque&ntilde;o, pero sin permanecer. Guardaba la esperanza pero ahora creo que no lo podr&eacute; conmover para recuperarlo.<\/p>\n<p>Nuevamente entre los dos, &ndash;lado a lado&ndash; se instala el mismo muro de silencio que nos amarra las palabras, libera nuevas dudas e instiga para dividirnos, mientras nos acercamos al arco de piedra que nos conducir&aacute; a la plazoleta con la estatua envejecida en honor a un prominente pol&iacute;tico y hombre de negocios, amparado por aquellas seis palmeras, a medias iluminadas y que le hacen guardia, e intentan resguardarlo del sol con sus sombras alargadas.<\/p>\n<p>Desde aqu&iacute; se puede divisar en la otra orilla, igual de colorida y festiva que esta parte de la ciudad, Punda. No cruzamos sin antes depositar en la caneca de basura, mi cajetilla vac&iacute;a de cigarrillos, el cucurucho de papel con las colillas y por su parte, el envase pl&aacute;stico de la gaseosa familiar.<\/p>\n<p>Con su pulgar ligeramente doblado, el dedo &iacute;ndice por delante y el del coraz&oacute;n precediendo a los dem&aacute;s, aparta con suavidad la onda oscura de sus cabellos, ubic&aacute;ndolos por detr&aacute;s de su oreja derecha, Mariana pensativa, esquiva como yo lo hago a las personas que admiran desde este lugar, la bella postal que ofrece ante nuestros ojos la bah&iacute;a. Con el puente de la Reina Emma atraves&aacute;ndola, uniendo la ciudad con sus arcos multicolores e iluminando el transitar de decenas de turistas que vienen hacia aqu&iacute; o que marchan hacia Punda, mientras que escuchamos el arrullo constante del oleaje al golpear contra las inertes piedras.<\/p>\n<p>Caminamos despacio hacia Bri&oacute;n, rodeados de alaridos, m&uacute;sica caribe&ntilde;a y parrandas provenientes de un autob&uacute;s atestado de enfiestados turistas. Lo hacemos sin af&aacute;n, pues ella todav&iacute;a tiene cosas por explicarme y yo tengo claro que no quiero que se vaya de esta isla y de mi vida, sin aclararlo todo. En los libros de historia hay vac&iacute;os, existen errores de apreciaci&oacute;n, mucho de suposici&oacute;n y falta contrastar los datos. Mucha leyenda que se cuenta pero no se valida porque no se escribi&oacute;.<\/p>\n<p>Como en este informe que cargo dentro de mi mochila, en cuyas primeras p&aacute;ginas me perd&iacute;. Explican con fechas y horas se&ntilde;aladas, entradas y salidas de lugares, intercambios de mensajes que constatan como ellos dos manten&iacute;an una relaci&oacute;n amorosa. Sin embargo no relataron bien el comienzo, pues como yo, lo desconoc&iacute;an. Ahora lo s&eacute;. La cuesti&oacute;n es si quiero saber desde cu&aacute;ndo y en donde se concret&oacute;. &iquest;En mi casa? &iquest;En la suya? &iexcl;En un motel tal vez!<\/p>\n<p>Le&iacute; la primera y la segunda p&aacute;gina con detenimiento y mucho asombro. La tercera y la cuarta con tristeza y furia. A la quinta sent&iacute; n&aacute;useas y en la sexta vomit&eacute;. Enfermo, pas&eacute; de largo las dem&aacute;s, observando con rapidez letras e im&aacute;genes hasta finalizar. Lo hice como si contara un fajo de billetes de la misma denominaci&oacute;n, ensaliv&aacute;ndome el pulgar para pasar con rapidez el papel moneda por las esquinas. Al fin de cuentas el valor es el mismo y lo importante es conocer la cantidad total. En mi caso, los espiados actos de mi mujer estaban redactados en los variados folios que indicaban graves faltas a la moral, a la &eacute;tica empresarial y su descarnada infidelidad hacia m&iacute;. Y sin embargo todos ellos ten&iacute;an para m&iacute; el mismo valor. &iexcl;Traici&oacute;n!<\/p>\n<p>&mdash;Debes saber que pas&eacute; bastante tiempo sopesando lo ocurrido. &ndash;Finalmente hablo en un intento de expiar mis culpas. &ndash; Desde esa misma noche cuando por fin hablamos t&uacute; y yo, respondiendo como a bien pude tus preguntas y esa acusaci&oacute;n velada.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;D&oacute;nde estabas? &mdash; &iexcl;Comiendo!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute; tanta demora? &mdash; &iexcl;Festejando con unos traguitos!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mi loquito se qued&oacute; dormido esperando tu llamada! &mdash;Lo siento, no cre&iacute; que se nos hiciera tan tarde.<\/p>\n<p>&mdash;Y te dije la verdad a medias, pues omit&iacute; el baile y por supuesto aquel juego que termin&oacute; como ya bien conoces. Recostada en la cama pas&eacute; esa noche casi sin dormir, pregunt&aacute;ndome porque lo hab&iacute;a hecho y sobre todo&hellip; &iquest;Por qu&eacute; lo acept&oacute; &eacute;l? En medio de mi zozobra al reconocer esa falta de sensatez, una sonrisa se form&oacute; en mi cara al pensar que por fin hab&iacute;a doblegado al prepotente de Jos&eacute; Ignacio. No me reconoc&iacute; infiel totalmente, pues no hab&iacute;a traspasado el l&iacute;mite de la atracci&oacute;n, menos a&uacute;n permit&iacute; que me besara la boca y tampoco existi&oacute; penetraci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No hay verdades a medias Mariana, son mentiras completas contadas a tu conveniencia. As&iacute; como fuiste infiel, por m&aacute;s matices con las que intentes maquillarla. Para m&iacute; no hay t&eacute;rmino medio. Lo que hiciste finalmente nos perjudic&oacute; y te fue convirtiendo en otra mujer, as&iacute; pretendieras no reconocerlo en ese momento.<\/p>\n<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n, no me sent&iacute; as&iacute;. Pero si pens&eacute; que si lo llegabas a saber, ser&iacute;a el final de nuestro matrimonio y te doler&iacute;a mucho m&aacute;s el que lo hubiera hecho con aquel hombre que tanto detestabas. Por lo tanto opt&eacute; por callarme ese desliz, pues al fin y al cabo no sent&iacute; demasiado, f&iacute;sicamente hablando, y sentimentalmente nada me un&iacute;a de &eacute;l. Lo olvidar&iacute;a pronto y todo ello se quedar&iacute;a all&iacute;, en una simple an&eacute;cdota que jam&aacute;s se revelar&iacute;a y que nunca se volver&iacute;a a repetir, al menos por mi parte lo ten&iacute;a claro.<\/p>\n<p>&mdash;El lunes finalizando la tarde llegu&eacute; a casa para encontrarme con Mateo y la nana, reci&eacute;n llegados de jugar en el parque. Y t&uacute; no me hab&iacute;as llamado en todo el d&iacute;a, ocupado de reuni&oacute;n en reuni&oacute;n. Me diste tiempo para serenarme y encontrar valor para enfrentarme sin nervios a tu inquieta inocencia. Te recib&iacute; amorosa como siempre y t&uacute;, me abrazaste, d&aacute;ndome un gran beso sin reclamos. Tu mujer, la ni&ntilde;a de tus ojos ya estaba en casa, sana y salva.<\/p>\n<p>&mdash;Aquella noche me acost&eacute; a tu lado unos veinte minutos despu&eacute;s de que t&uacute; lo hicieras, fingiendo tener que registrar con urgencia en mi agenda, algunos datos primordiales sobre la reuni&oacute;n que deber&iacute;a sostener al otro d&iacute;a con ese cliente que hab&iacute;a logrado concretar el fin de semana. Pero a pesar de hacer tiempo para ordenar mis pensamientos, no pude aclarar en mi mente lo ocurrido con K-Mena y lo acontecido entre Jos&eacute; Ignacio y yo. &iquest;Por qu&eacute; lo permit&iacute;? Me sent&iacute; terriblemente mal. Y al llegar a nuestra habitaci&oacute;n al verte acostado semidesnudo, como siempre esperando para abrazarme debajo de las cobijas, con los ojos bien abiertos, esperando tener conmigo sexo para relajarte o que nos hici&eacute;ramos sin apuros el amor&hellip; Entr&eacute; en p&aacute;nico. &iexcl;Nunca me hab&iacute;a sucedido, jam&aacute;s lo hab&iacute;a hecho!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;El qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Eso! Ocultarte una escena exc&eacute;ntrica de mi vida, enga&ntilde;ando al hombre con el que hab&iacute;a decidido sin dudar, seguirle fielmente a donde fuera y como fuera, permaneciendo a su lado, siendo suya por y para siempre, pues era el amor de mi vida.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Era? &mdash;Me recrimina con ir&oacute;nico sarcasmo.<\/p>\n<p>&mdash;Me refiero estrictamente a ese pasado. Al origen de nuestra uni&oacute;n. Nunca dejaste de serlo y Camilo, para que lo sepas&hellip; &iexcl;Eres! Para m&iacute;, hoy por hoy, lo sigues siendo y lo ser&aacute;s por siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Por f&iacute;sica verg&uuml;enza no me desnud&eacute; frente a ti, sino que entr&eacute; al ba&ntilde;o para cambiarme, haciendo tiempo para aplacar los nervios, pues cre&iacute;a que en mi rostro, &ndash;por intermedio de alg&uacute;n inocente gesto m&iacute;o&ndash; para ese sexto sentido tuyo, tuviera vestigios reveladores de mi traici&oacute;n.<\/p>\n<p>El parking se encuentra al tope de autos y sin embargo una pareja en motocicleta nos pasa muy cerca asustando a Mariana. Buscan un espacio desocupado que no existe, pero s&iacute; interrumpen sus recuerdos. Hay un olor exquisito flotando en el ambiente que logra hacerme cerrar los ojos, inundando de sabores deseados mis fosas nasales, ocasionando de paso ganas de pegarle un mordisco a un buen pedazo de grasosa carne.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te parece si vamos hasta el kiosco y nos pedimos un par de hamburguesas con todo? &iquest;O prefieres comer alguna otra cosa? &mdash;Le consulto a mi esposa.<\/p>\n<p>&mdash;Por m&iacute; no hay problema. En verdad ya tengo hambre. Pero la m&iacute;a con doble porci&oacute;n de carne y sin cebolla. &iquest;Vamos? &mdash;Me responde.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Perfecto! Pero recuerda que esta vez t&uacute; corres con los gastos. &mdash;Y me sonr&iacute;e.<\/p>\n<p>Desenvuelta, radiante y m&aacute;s bella que todas las mujeres que al igual que ella hacen la fila para solicitar el pedido, la observo sentado en el pen&uacute;ltimo escal&oacute;n de la grader&iacute;a situada a unos cuantos metros del acceso al puente. En el kiosco no conseguimos lugar para acomodarnos. No es porque sea ella y yo siga prendado de su belleza, pero sin lugar a dudas Mariana, con sus cabellos negros mecidos por la nocturna brisa al igual que la falda de su vestido, y su cara de ni&ntilde;a tierna, tan blanca, tersa y ya serena, en armon&iacute;a con ese cuerpo de botella de Coca-Cola, la destacan de entre las dem&aacute;s. Las hay por delante de ella, extranjeras maduras m&aacute;s altas y rubias pero de carnes flojas. Tras su espalda, est&aacute;n otras j&oacute;venes casta&ntilde;as con melenas rizadas m&aacute;s o menos de su edad, &ndash;nativas con seguridad&ndash; m&aacute;s delgadas y ense&ntilde;ando m&aacute;s de la cuenta, muy alegres abrazadas por la cintura a sus parejas.<\/p>\n<p>De hecho varios hombres ya sentados y llev&aacute;ndose el tenedor a su boca sin mirarlo, disimuladamente la auscultan. Ahora es igual que antes y como siempre ha sido, por lo tanto no se me ha olvidado y por ello me sonr&iacute;o al verlos, pues de hecho nunca he sentido celos por eso. Al contrario, me he orgullecido de tenerla a mi lado, de que me eligiera sobre tantos otros pretendientes. Nunca dio Mariana pie a que alguno intentara ligar con ella. Me respetaba y los distanciaba tan solo con el desplante educado de su mirada, confiaba en ella m&aacute;s que en m&iacute; mismo. Sin embargo entiendo que aquello qued&oacute; en el pasado y ahora ella ha dejado de ser exclusivamente m&iacute;a.<\/p>\n<p>Camilo no ha dejado de observarme, de pronto pensando en lo que le he contado, o puede que como siempre, est&eacute; pendiente de que no me suceda nada. Y por nada es que alg&uacute;n turista despistado, crea que me encuentro sola y disponible buscando farra, y dando pie para que intenten cortejarme esta noche. O estar&eacute; paranoica y sencillamente espera que no me demore demasiado para poder calmar con su hamburguesa, el hambre.<\/p>\n<p>La dicha no me dur&oacute; ni diez minutos, pero cada segundo masticado y degustando su buen sabor lo ha compensado. Aun me quedan unas cuantas papitas crujientes y la mitad de la gaseosa, pero Mariana que siempre las devoraba terminando antes que yo, esta vez se ha demorado y le falta un poco menos de la mitad. Y es que ahora saciado, me pongo a pensar que ella debe estar repasando los hechos posteriores que no pudo terminar de relatarme porque la interrumpieron.<\/p>\n<p>Termina de tragar y bebe un sorbo. Me mira con esos ojazos cristalinos con su divino azul esclarecido por las luminarias blancas del alumbrado, con claras ansias de continuar habl&aacute;ndome. Otro mordisco da y se retira un poco de mayonesa con la servilleta, pase&aacute;ndola con sensual movimiento por sobre su boca, mientras espaciadamente parpadea y se sonr&iacute;e traviesa. Otro sorbo de gaseosa y el trozo que falta lo acomoda dentro del empaque de cart&oacute;n. Y aqu&iacute; vienen de nuevo sus descargos.<\/p>\n<p>&mdash;No hubo click mi vida, como puedes llegar a pensar. No fue una vuelta de tuerca qu&eacute; le diera un vuelco a mi coraz&oacute;n, causada por el gusto o la atracci&oacute;n. Para m&iacute; tan solo fue una an&eacute;cdota, infantil y pendenciera, falaz y traidora obviamente, pero hasta ah&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;De hecho cielo, al otro d&iacute;a aquel negocio de la casa tipo &laquo;C&raquo; me mantuvo ocupada y el resto de d&iacute;as de esa semana, concertando citas entre mi cliente y la gerente de la entidad financiera, como hice aquel mismo martes; el mi&eacute;rcoles muy temprano estuve recogiendo documentaci&oacute;n de la esposa y de un familiar de esta &uacute;ltima que servir&iacute;a de avalista, por la tarde. Y el jueves despu&eacute;s de almorzar contigo en la oficina, &ndash;pues como siempre a prudente distancia para mantener nuestra farsa&ndash; me reun&iacute; de nuevo con ella para tomar un caf&eacute; y demostrarle con cifras a futuro, ventajas de su inversi&oacute;n que la tranquilizar&iacute;an m&aacute;s, y fue entonces que surgi&oacute; el tema del dise&ntilde;o y decoraci&oacute;n de los interiores, ofreci&eacute;ndome para ayudarle con algunas ideas y enviarle posteriormente algunos bocetos a su correo electr&oacute;nico.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que no tuve apenas tiempo para ocupar la mente en&hellip; &laquo;Esas otras cosas&raquo;. &iquest;Me entiendes, verdad? Pues entrabamos y sal&iacute;amos de la oficina con asiduidad. &Eacute;l con lo suyo y yo ocupada en lo m&iacute;o. Nos vimos por supuesto en las ma&ntilde;anas, pero en la oficina apenas si cruzamos un saludo cordial y sonriente. Distante, al menos en lo que a m&iacute; correspond&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Es extra&ntilde;o que despu&eacute;s de aquello, y una vez dado el primer paso, el playboy de playa no insistiera en continuar con el acoso y el derribo.<\/p>\n<p>&mdash;Y lo hizo cielo. Fue por un mensaje de texto en el que me pidi&oacute; encontrarnos fuera de la oficina para hablar de lo sucedido. Se lo respond&iacute;, aclar&aacute;ndole que no era mi intenci&oacute;n verme con &eacute;l y mucho menos, repetir una situaci&oacute;n como la vivida anteriormente entre nosotros. &iexcl;Al fin y al cabo no pas&oacute; a mayores!, le escrib&iacute;, y a rengl&oacute;n seguido me burl&eacute; de &eacute;l un poquito m&aacute;s, redactando un texto m&aacute;s extenso que dec&iacute;a m&aacute;s o menos as&iacute;: &laquo;Y como nada sent&iacute;, lo del beso no suceder&aacute; jam&aacute;s entre los dos y lo dem&aacute;s, menos a&uacute;n. As&iacute; que ser&aacute; mejor dejarlo morir y no complicarnos la existencia. T&uacute; con tu novia o con tus conquistas diarias y semanales. Yo con la felicidad que obtengo cada d&iacute;a con mi hijo y en las noches con mi marido&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Me desped&iacute; aduciendo que ten&iacute;a una llamada entrante. Yo ya me sent&iacute;a aliviada y vencedora, no quer&iacute;a m&aacute;s venganza, no la necesitaba ya. Y tanto &eacute;l como yo ten&iacute;amos en ese momento claro, que lo primordial era finiquitar los negocios. As&iacute; pues, tuve paz esa semana y digamos que yo lo dej&eacute; archivado en el ba&uacute;l del olvido, pero Jose Ignacio lo hizo en el de sus pendientes. Y present&iacute; que &eacute;l no se encontraba dispuesto a postergarlo.<\/p>\n<p>&mdash;El problema surgi&oacute; el viernes antes de salir para nuestra casa. Eduardo tenia reuni&oacute;n con la junta directiva, Jos&eacute; Ignacio adujo una cita con su novia y Diana un compromiso familiar, por lo tanto no hubo qu&oacute;rum para la acostumbrada salida a festejar. Lo agradec&iacute;. Yo estaba cansada y solo pensaba en llegar a casa, quitarme la ropa y en pijama, jugando con Mateo esperar&iacute;a tu llegada. Sin embargo cielo, un nuevo mensaje de texto me puso en alerta, con esas dos fat&iacute;dicas palabras que lo ponen a uno a temblar&hellip; &iexcl;Tenemos que hablar!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 18<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Definitivamente estoy cagado y con el agua bien lejos. 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