{"id":42343,"date":"2023-06-24T08:07:50","date_gmt":"2023-06-24T08:07:50","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-06-24T08:07:50","modified_gmt":"2023-06-24T08:07:50","slug":"la-espanola-y-el-deseo-la-tanga-en-el-bolsillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-espanola-y-el-deseo-la-tanga-en-el-bolsillo\/","title":{"rendered":"La espa\u00f1ola y el deseo \/ La tanga en el bolsillo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42343\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 2<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mi marido hab&iacute;a hablado tanto del club. Cre&iacute;a que yo no tendr&iacute;a idea. Muchas amigas, de las m&aacute;s calladitas hab&iacute;an ido. Yo sab&iacute;a como funcionaba. Pero dej&eacute; que el creyera que iba con m&aacute;s nervios de los que el disimulaba. Al entrar nos recibi&oacute; Tania, una de las personas a cargo. Ella pregunt&oacute; nuestros nombres que previo a ir se ped&iacute;a por control. No entraba cualquiera. Se identificaba a los visitantes por seguridad. Nadie pod&iacute;a tocar sin permiso a nadie. Yo me sent&iacute; demasiado sexual, as&iacute; que, me aferre como una ni&ntilde;a al brazo de Andr&eacute;s. De todos modos, siempre resaltaba en los boliches por mis alocadas danzas que Andr&eacute;s, solo por amor, incre&iacute;blemente pod&iacute;a seguir.<\/p>\n<p>Yo no sab&iacute;a si Eliana, una mujer que se me hab&iacute;a acercado, con ese acento que calentaba todav&iacute;a m&aacute;s, que su enorme culo de coraz&oacute;n que se sosten&iacute;a por su peque&ntilde;a cintura por debajo de sus gigantes senos ca&iacute;dos. Dudaba si le gustaban las chicas o prefer&iacute;a las parejas en intercambio. Pero menos sab&iacute;a yo, de tocar mujeres, aunque con ella me result&oacute; como si fuera cotidiano. Me sonri&oacute; y me pregunt&oacute; que ten&iacute;a mi trago. Ah&iacute; percib&iacute; que la trivial pregunta era su aprobaci&oacute;n. La convide y le ped&iacute; a Andr&eacute;s le comprar&aacute; uno.<\/p>\n<p>Ella mir&oacute; mis ojos bajando hasta mi escote. Nos present&oacute; a su pareja que era como un bast&oacute;n para apoyar sus manos. Mi esposo no quitaba los ojos de su trasero. Yo me conten&iacute;a para no parecer caliente con lo que cre&iacute;a pod&iacute;a acontecer. Propuse ir a eso con huecos que no conoc&iacute;a pero que entend&iacute; la funci&oacute;n al entrar. En la pista, s&oacute;lo iba a quedar como un regalo para las masivas tocadas de los cinco hombres que estaban en la barra. Las dos nos miramos con complicidad, ella con m&aacute;s experiencia: &quot;uruguayita linda&quot; en Espa&ntilde;a no solemos dar canilla libre de pajas m&aacute;s de dos minutos.<\/p>\n<p>Fuimos entrando en las cabinas de diez huecos. Yo no cre&iacute;a poder chupar tantas. Por suerte nuestras parejas habilitaron con un gesto a los cinco terceros. Nosotras, dentro, nos quitamos, yo el vestido y ella la blusa y el gigante brasiere. Entre besos y toqueteos fuimos compartiendo las paradas y las m&aacute;s tristonas, como una ensalada de frutas saboreada en un mismo plato.<\/p>\n<p>La tanga en el bolsillo:<\/p>\n<p>Influy&oacute; mucho que est&aacute;bamos de vacaciones. Tambi&eacute;n nuestras ganas de hacer algo distinto.<\/p>\n<p>Alejandra sab&iacute;a hac&iacute;a tiempo de esa fantas&iacute;a reiteradamente relatada por Gast&oacute;n. Entre una mezcla de nervios y empodere ella le regalo el s&iacute; como si el juez los uniera en un juego sin invitados.<\/p>\n<p>Alejandra qu&eacute; llevaba muy bien sus 45 a&ntilde;os. Sus curvas hac&iacute;an temblar los platos de las bandejas de los mozos.<\/p>\n<p>&Eacute;l quer&iacute;a saber hasta qu&eacute; punto pod&iacute;a ser admirada y deseada por otros hombres. Antes de ir al boliche pensaron cada detalle. El eligi&oacute; el vestido ella los tacones de terciopelo rojo que us&oacute; solo en un casamiento. Se puso un vestido negro ajustado al cuerpo y muy corto. Su belleza estaba exacerbada por la travesura qu&eacute; har&iacute;an. Ropa interior no llevaba, ni sost&eacute;n. Sus senos se ve&iacute;an deliciosos como naranjas de ombligo. Esas en las que se invirtieron 2.550 d&oacute;lares. Su tanga guardada en el bolsillo del excitado marido.<\/p>\n<p>Llegaron al restaurante caminando, ella era la reina de la noche, el extasiado viendo su determinaci&oacute;n y su belleza.<\/p>\n<p>En el acceso Alejandra se inclin&oacute; un poquito en la boleter&iacute;a y enloqueci&oacute; al guardia de seguridad.<\/p>\n<p>Qued&oacute; a la vista del borde de sus nalgas sin marca del peque&ntilde;o grosor de una bombacha. Para ella era muy excitante sentir el aire fresco que le recorr&iacute;a su cl&iacute;toris qu&eacute; crec&iacute;a por la caricia escondida que Gast&oacute;n le dio presionando el vestido.<\/p>\n<p>El guardia mir&oacute; hacia arriba mientras ella sub&iacute;a las escaleras con el tic toc de sus tacones rojos. Gast&oacute;n sab&iacute;a que los pies de Ale estaban sufriendo, pero que la fantas&iacute;a les preparaba la cama del mejor motel qu&eacute; esa noche ambos merec&iacute;an.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 2<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Mi marido hab&iacute;a hablado tanto del club. Cre&iacute;a que yo no tendr&iacute;a idea. Muchas amigas, de las m&aacute;s calladitas hab&iacute;an ido. Yo sab&iacute;a como funcionaba. Pero dej&eacute; que el creyera que iba con m&aacute;s nervios de los que el disimulaba. Al entrar nos recibi&oacute; Tania, una de las personas a cargo. 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