{"id":42402,"date":"2023-06-30T22:00:00","date_gmt":"2023-06-30T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-06-30T22:00:00","modified_gmt":"2023-06-30T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-21","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-21\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (21)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42402\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Por una entrega, un beso.<\/p>\n<p>Al llegar al otro extremo en Punda, frente al central reloj de forma octogonal que marca las veinte horas algo ya pasadas, me giro hacia las tres esculturas de corazones de amor enmallados, y le doy la espalda a Camilo. Suspiro hondamente y me acerco al m&aacute;s grande. &iquest;Deber&iacute;a contarle que esta ma&ntilde;ana ya he estado aqu&iacute;, buscando el nuestro sin hallarlo, y decirle que pens&eacute; que quiz&aacute;s con su ayuda, entre los dos con m&aacute;s calma, podr&iacute;amos encontrar nuestro candado?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Buscas esto? &mdash;Escucho con claridad su voz y de inmediato me doy vuelta para darme cuenta de que en su mano derecha, Camilo sostiene sobre su palma abierta, el peque&ntilde;o candado que yo tanto busqu&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Co&hellip; &iexcl;&iquest;C&oacute;mo es que lo tienes?! &mdash;Le pregunto gratamente desconcertada y Camilo entre tanto, levanta los hombros sin responderme nada.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Juntos lanzamos las llaves al mar! Desde all&iacute;. &iquest;Recuerdas? &mdash;Y le se&ntilde;alo justo al lado el espacio vac&iacute;o entre los dos ca&ntilde;ones.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Sabes? Tambi&eacute;n se mentir. &iexcl;Ven&iacute;an tres y me guard&eacute; una! &mdash;Le respondo a Mariana, que al escucharme ladea la cabeza prest&aacute;ndome atenci&oacute;n, y sus hermosos ojos ya de por s&iacute; decorados por el arco de sus espesas cejas negras, de repente se le iluminan por el reflejo del flash de alguno de los tantos turistas que a estas horas pasean por este lugar, tomando infinidad de instant&aacute;neas en esta coloreada oscuridad. Para la posteridad pensaran con seguridad las personas.<\/p>\n<p>&iexcl;Mientras les dure el amor! Les auguro yo mentalmente, a esas parejas ahora bien enamoradas.<\/p>\n<p>&mdash;Pensaba en esa &eacute;poca que con el pasar de los a&ntilde;os, los dos volver&iacute;amos aqu&iacute; perpetuando nuestro id&iacute;lico romance, y era mi deseo que al encontrarlo ya descolorido y oxidado, pudi&eacute;ramos de nuevo entre los dos renovarlo por uno nuevo y continuar haci&eacute;ndolo as&iacute; el resto de nuestras vidas. Una tradici&oacute;n por nuestro amor s&oacute;lido y duradero. &mdash;El gesto feliz en su rostro se desvanece en segundos y cambia a uno m&aacute;s serio y triste, como igualmente sucede en el m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Como ves Mariana, no esta tan maltrecho y f&aacute;cilmente pude meter la peque&ntilde;a llave en la cerradura y retirarlo. Como lo hiciste t&uacute; conmigo, apart&aacute;ndome con el tiempo de tu coraz&oacute;n, cansada tal vez de verme todos los d&iacute;as, tan prendido a tu vida.<\/p>\n<p>&mdash;Todos somos reemplazables, pero no repetibles y ah&iacute;, Camilo&hellip; es donde radica la diferencia. Y t&uacute; eres eso &uacute;ltimo para m&iacute;, aunque ahora con raz&oacute;n, creas justamente lo contrario. &mdash;Le respondo para luego despu&eacute;s de una peque&ntilde;a pausa, confirmarle mi sentimiento.<\/p>\n<p>Sin responderme Camilo levanta su brazo y se inclina hacia atr&aacute;s un poco, balance&aacute;ndose con la intenci&oacute;n de lanzar nuestro peque&ntilde;o candado al fondo de la bah&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Nooo, por favor! &mdash;Le grito, deteniendo su intenci&oacute;n y asustando de paso a varias personas que se encuentran tom&aacute;ndose fotograf&iacute;as delante de la escultura.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Para qu&eacute; carajos lo quieres? &mdash;Le pregunto y ella extiende su brazo con la palma abierta para recibirlo.<\/p>\n<p>&mdash;Si a ti no te interesa ya, yo s&iacute; quiero guardarlo y tenerlo por siempre como recuerdo. &iquest;Me lo das?<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, ok. T&oacute;malo &mdash;Y se lo entrego.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y la llave? &mdash;Me pregunta.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Tambi&eacute;n la quieres? &iquest;Y eso, para qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Para mantenerlo abierto, por supuesto.<\/p>\n<p>&mdash;Uhum, &iquest;para cerrarlo en el coraz&oacute;n enmallado cuando me encuentres un reemplazo?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No seas rid&iacute;culo! Si regreso aqu&iacute;, ser&aacute; contigo y con nuestro hijo, y con nadie m&aacute;s. &iquest;Comprendido? &mdash;Un tanto enojada me responde y le hago entrega de la peque&ntilde;a llave.<\/p>\n<p>Lo observo, lo mimo con la yema de mis dedos y lo aprieto entre mi pu&ntilde;o cerrado atesor&aacute;ndolo, para luego colocarlo a buen resguardo dentro de mi bolso. Por supuesto que lloro, recordando esos hermosos momentos que son ya pasado. Camilo y yo tomados de las manos, su boca entreabierta y los labios estirados, presionando mis p&aacute;rpados, humedeciendo la punta respingada de mi nariz, deteni&eacute;ndose y exhalando sobre mi boca, bes&aacute;ndonos suavemente, tan enamorados y ajenos al futuro, viviendo ahora tan distantes, en este presente tan amargo. &iexcl;Por mi puta culpa!<\/p>\n<p>Carnavalesca la plaza, ruidosa, enfiestada y con gran movimiento, iluminados permanecen los frentes de las edificaciones, destacando sin necesitarlo sus vivos colores por los reflectores y los faros de los autos que transitan a esta hora en fila india por la angosta Handelskade. Como cambia todo y como da de vueltas este mundo, haciendo girar nuestras vidas. Esta ma&ntilde;ana este lugar se ve&iacute;a muy distinto, solitario y tan abandonado, como yo lo estaba.<\/p>\n<p>La miro acariciar el peque&ntilde;o candado, lo aprecia cual si fuera una obra de arte o un tesoro, y quiz&aacute;s lo fue o para Mariana lo siga siendo. Lo hicimos entre los dos, m&aacute;s temprano que tarde, reci&eacute;n terminamos las obras de adecuaci&oacute;n de la casa. Entre l&aacute;grimas lo guarda con cuidado al fondo de su bolso negro. Me duele verla as&iacute; tan triste, seguramente arrepentida recordando cuando ella y yo, despu&eacute;s de tirar las llaves al mar, nos quedamos un rato de pie observando el peque&ntilde;o candado aferrado a la escultura, y ella sosteniendo entre sus brazos el amoroso sue&ntilde;o de nuestro cansado Mateo.<\/p>\n<p>Recuerdo que me enternec&iacute; al mirar aquella imagen de mis dos amores y descend&iacute; con mis labios sobre sus ojos suavemente. Los bes&eacute;, al igual que su nariz y luego termin&oacute; mi boca junto a la lengua, meci&eacute;ndose infantilmente sobre la suya. &Eacute;ramos tan felices aqu&iacute; los tres, pero el destino nos puso una zancadilla con esa inoportuna llamada de Eduardo para ofrecerme ese trabajo en Bogot&aacute; y de paso, hacerme caer en el pecado del descuido y de la exagerada confianza, convirti&eacute;ndome en un ciego enamorado. El caso es que aqu&iacute; estoy, tan cercanamente separado de la mujer que m&aacute;s he amado. &iexcl;La perd&iacute;, y todo por mi hijueputa culpa!<\/p>\n<p>&mdash;Ok, y ahora, &iquest;Qu&eacute; vamos a hacer? &iquest;Hacia d&oacute;nde quieres ir? &mdash;Le pregunto, mientras su antebrazo se desplaza de derecha a izquierda sobre las mejillas, y as&iacute; Mariana se retira las l&aacute;grimas.<\/p>\n<p>Giro un poco el cuello y miro hacia mi derecha, al fondo la plaza Piar, no tan transitada y en ruta directa al hotel. &iquest;Querr&aacute; ir por all&iacute;? &iquest;Estar&aacute; dispuesto a subir y hablar conmigo en mi habitaci&oacute;n? Humm, no lo s&eacute;, en verdad como est&aacute;n las cosas, no lo creo.<\/p>\n<p>Doy un paso hacia adelante, giro el tronco y volteo a mirar hacia la izquierda. Bajo los toldos del Iguana Caf&eacute;, &ndash;donde tantas veces nos sentamos a beber un delicioso tintico para descansar de las compras en el mercado flotante&ndash; la gente se arremolina a uno y otro lado de la calle. Demasiada falta de privacidad para lo que le tengo que seguir relatando. Por lo tanto lo miro y le tom&oacute; del brazo dirigiendo nuestros pasos hacia la plaza m&aacute;s desolada.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno ya veo que has tomado la decisi&oacute;n correcta. &iexcl;Mira all&iacute;! Al finalizar la calle hay una banca de madera donde podremos sentarnos a charlar sin que nadie nos moleste. &mdash;Le digo a Mariana, al ver c&oacute;mo me toma del brazo y me hace andar junto a ella, por la explanada de la gobernaci&oacute;n hacia la plaza con la estatua del recordado h&eacute;roe, Manuel Carlos Piar, bordeando con su muro bajo construido con piedras multiformes y blancas, esta parte de la bah&iacute;a; entre cinco palmeras no muy altas y tres se&ntilde;oras gordas vistiendo blusas amarillas, rojas y blancas, junto a los anchos shorts blancos, azules y beige con delgadas rayas, que cubren ampliamente sus prominentes nalgas, amenazando con sentarse en ella antes que nosotros, y un farol iluminando con su amarillenta luz el alrededor, creando una atmosfera un tanto&#8230; &iquest;Rom&aacute;ntica?<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute;, la veo. &mdash;Le respondo y continuamos caminando en silencio hasta all&iacute;. Nada m&aacute;s llegar le escucho pronunciar tres palabras.<\/p>\n<p>&mdash;Fue muy r&aacute;pido. &mdash;Y se sienta sobre las oscuras tablas de la banca.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;De qu&eacute; hablas? &mdash;Le pregunto pues no s&eacute; a qu&eacute; se refiere.<\/p>\n<p>&mdash;Todo. Su asalto y t&uacute; rendici&oacute;n. &mdash;Me responde colocando entre sus piernas la mochila y extrayendo la botella de ron.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ahhh! Ehmm, no cielo, de nuevo te equivocas. No sucedi&oacute; nada m&aacute;s. &iexcl;Cr&eacute;eme! &mdash;Le respondo mientras veo como sirve de nuevo las dos copitas hasta el borde.<\/p>\n<p>&mdash;La programaci&oacute;n de Eduardo me permiti&oacute; vivir los siguientes d&iacute;as de aquella semana sin sobresaltos, pues no me toc&oacute; trabajar en la sala de ventas al sur de la ciudad en su compa&ntilde;&iacute;a. Era Diana o Carlos quienes me acompa&ntilde;aban en la labor de atender a los interesados en esos apartamentos.<\/p>\n<p>&mdash;Pues la calma de esa semana fue entorpecida por las nocturnas visitas de Iryna y su hija, que se fueron incrementando poco a poco por culpa de Mateo y sus pataletas si no lo dej&aacute;bamos jugar hasta tarde con Natasha. &mdash;La interrumpo rememorando esas fechas.<\/p>\n<p>&mdash;No te quejes tanto cielo, porque t&uacute; no la pasaste tan mal. Mientras yo echaba chisme con Iryna, que me pon&iacute;a al d&iacute;a sobre los problemas con la administraci&oacute;n del conjunto residencial, t&uacute; jugabas a videojuegos con Mateo y Naty en la consola. &mdash;Le respondo y en seguida retomo el hilo de lo que le estaba diciendo.<\/p>\n<p>&mdash;El fin de semana pr&oacute;ximo atrap&oacute; toda mi atenci&oacute;n pues all&iacute; s&iacute; que esperaba encontr&aacute;rmelo nuevamente y&hellip;<\/p>\n<p>Tengo que hacer una pausa, pues recibo de su mano la copita de ron y al igual que &eacute;l, me hago con un nuevo cigarrillo, lo llevo a mis labios y me inclino hacia el fuego que me ofrece su encendedor. Bebe primero que yo, solo un poco y hace gestos de desagrado. Enseguida lo hago yo pero a fondo blanco, desocupando el peque&ntilde;o envase y s&iacute;, tambi&eacute;n hago muecas de desagrado cerrando los ojos, al sentir como me arde la garganta. Me observa con detenimiento y yo quedo conectada a su mirada. &iexcl;Nos sonre&iacute;mos los dos, al mismo tiempo!<\/p>\n<p>&mdash;Por suerte y sin saberlo, &ndash;contin&uacute;o el comentario&ndash; hasta llegar all&iacute; a Pe&ntilde;alisa, no fue as&iacute;. Extra&ntilde;ada le pregunt&eacute; por &eacute;l a Diana, que siempre andaba enterada de todo lo que suced&iacute;a en la constructora. Me explic&oacute; que de la oficina de recursos humanos lo hab&iacute;an llamado para exigirle tomar sus vacaciones pues ya acumulaba dos periodos. Pr&aacute;cticamente lo forzaron, no tuvo otra opci&oacute;n y el resto del mes lo dej&eacute; de ver. &iexcl;Casi!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? &mdash;Intrigado le pregunto.<\/p>\n<p>&mdash;No me escribi&oacute; al chat ni me llam&oacute; a la oficina, por si lo quieres saber. Cre&iacute; que podr&iacute;a entonces descansar todo el mes, pero no fue as&iacute;. Los clientes escasearon para la compra de las casas campestres, los pocos interesados pospon&iacute;an la decisi&oacute;n, haciendo que el mes de Julio no realiz&aacute;ramos m&aacute;s ventas. E igualmente baj&oacute; la afluencia del p&uacute;blico con ganas de ser propietarios de uno de los apartamentos de inter&eacute;s social. Fue un bajonazo general en el mercado inmobiliario y eso provoc&oacute; varias reuniones de la junta directiva con Eduardo y el jefe del otro grupo de ventas. Cuando regresaban los dos al noveno piso, sus rostros reflejaban las consecuencias de un buen jal&oacute;n de orejas.<\/p>\n<p>&mdash;Pues yo no me enter&eacute; de eso, aunque un viernes por la noche en el bar, me tom&eacute; unas cervezas con &eacute;l y lo not&eacute; preocupado pero no me coment&oacute; nada y yo simplemente supuse que ten&iacute;a alg&uacute;n problema con Fadia.<\/p>\n<p>&mdash;Pues no cielo, no fue por eso. Finalizando el mes, la &uacute;ltima semana, t&uacute; estabas por terminar las &uacute;ltimas casas de la tercera etapa, y ya no tendr&iacute;as que viajar tanto, lo cual te hizo muy feliz al poder compartir m&aacute;s tiempo con Mateo y conmigo. Curiosamente, Eduardo me llam&oacute; a su oficina y me entreg&oacute; una carpeta pl&aacute;stica con documentos esenciales para una posible venta. No, no eran clientes m&iacute;os. Aquel negocio era de Jos&eacute; Ignacio, y Eduardo me pidi&oacute; el favor de que se los entregara con urgencia, en su casa.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute; yo? Para eso est&aacute;n los mensajeros. &iquest;No lo crees? &mdash;Le pregunt&eacute; extra&ntilde;ada.<\/p>\n<p>&mdash;Ellos est&aacute;n ocupados entregando documentaci&oacute;n en los bancos y realizando otras diligencias. Adem&aacute;s Meli, Nacho no ha hecho nada m&aacute;s que preguntarme por ti, por lo tanto de paso se pueden poner al d&iacute;a con sus temas. &mdash;Me respondi&oacute; con una tranquilidad inquietante.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; temas? &iquest;No comprendo? &mdash;No me dijo nada y tan solo sonr&iacute;o, pero con esa mirada rara, igualita a la de esa noche en la discoteca, me preocup&eacute; y palidec&iacute;, imaginando que Jos&eacute; Ignacio le hubiera contado algo de lo sucedido en el hotel.<\/p>\n<p>&mdash;Es urgente, hazme ese favor. Sabes donde vive, &iquest;No? &mdash;Negu&eacute; con mi cabeza y entonces escribi&oacute; la direcci&oacute;n en un luminoso pos-it amarillo. Me lo entreg&oacute;, dici&eacute;ndome para finalizar&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Hazme ese favor, y si no tienes nada pendiente aqu&iacute;, puedes tomarte el resto del d&iacute;a libre si lo necesitas. &mdash;Y m&aacute;s sorprendida me qued&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Con desgano tom&eacute; los documentos, no me apetec&iacute;a verlo. Deambul&eacute; en el auto por las anchas calles siguiendo las indicaciones del navegador. Es un barrio realmente hermoso, ubicado muy cerca al club y del humedal, bastante arborizado y con casas amplias de dos plantas y techos inclinados. Antejardines de gran tama&ntilde;o, con plantas y flores de variados colores. Fachadas en ladrillo a la vista y espacio al lado de la entrada para dejar aparcados en el garaje hasta dos o tres autos. Se respira un ox&iacute;geno diferente, m&aacute;s puro y limpio que en el resto de la ciudad, y a pesar de ofrecer a la vista un ambiente un tanto aburrido por lo solitario, a la vez brinda la sensaci&oacute;n de obtener all&iacute; mucha tranquilidad.<\/p>\n<p>&mdash;A tres casas desde la esquina vi el Honda blanco en la calle, estacionado en frente de la entrada. Detuve mi Audi detr&aacute;s del suyo y descend&iacute; del autom&oacute;vil, tomando la carpeta con los documentos que deber&iacute;a entregarle. Cerr&eacute; la portezuela y al girarme me fij&eacute; que &eacute;l estaba afuera de la casa, justo al lado y casi al fondo del poco iluminado garaje. Agachado d&aacute;ndome la espalda, no se dio cuenta de que hab&iacute;a llegado. Estaba ocupado revis&aacute;ndole algo al motor de una motocicleta enorme, anticuada pero de poderoso aspecto.<\/p>\n<p>&mdash;Vest&iacute;a una camiseta sin mangas, de blanco algod&oacute;n, de esas del tipo chaleco pero enmallada, tan perforada que le dejaba ver la piel y desnudos los esculpidos hombros, donde sobre el izquierdo, se suspend&iacute;a sobre la espalda un trozo de trapo rojo algo sucio y grasiento, ocultando a medias un tatuaje en tonalidades negras con alg&uacute;n dise&ntilde;o dif&iacute;cil de distinguir a esa distancia, pero que iniciaba desde el omoplato ascendiendo por el hombro, recorriendo el brazo hasta llegarle por encima del codo. Esos brazos trabajados, que tensionados por la labor que estaba realizando, me permitieron detallar las formas curvas &ndash;y atractivas, lo pienso aunque no se lo menciono&ndash; de sus musculosos b&iacute;ceps y tr&iacute;ceps. Y cuando se enderez&oacute; para responder al casi insonoro saludo que le hice desde la verja sin cruzar el antejard&iacute;n, not&eacute; que ten&iacute;a puesta por pantaloneta, una hecha de un viejo y descolorido blue jean recortado seguramente por el mismo, y que le llegaba a medio muslo.<\/p>\n<p>Durante todo este tiempo, Mariana no ha dejado de mirarme con sus ojos de un azul encendido por los brillos de sus recuerdos, a pesar de que la piel tersa de su rostro no refleja ning&uacute;n trazo de emoci&oacute;n. Ni buena ni mala. Sin embargo no se aguanta las ganas y balancea la sandalia con la punta del pie, al vaiv&eacute;n del movimiento de su pierna. Fuma despacio, con cortas aspiradas, suavizando la expulsi&oacute;n del humo por la angosta fisura que se le forma entre sus labios.<\/p>\n<p>&mdash;Su cuerpo era atl&eacute;tico, fuerte y delgado. Brillante la piel por el sudor que en gruesas gotas bajaban desde su cuello hacia el t&oacute;rax, y blanco el tono de su piel, similar a la m&iacute;a, muy lisa y no se le ve&iacute;an vellos en el pecho, despejados ten&iacute;a los antebrazos igualmente, ni siquiera en las piernas. Diferente en todo a ti, pens&eacute; en ese instante.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Compar&aacute;ndome? &mdash;Le pregunto, y pienso que&hellip;<\/p>\n<p>&hellip; &iexcl;Que este es el momento por el cual estaba esperando! El de las odiosas comparaciones. &iquest;Qu&eacute; le vio a &eacute;l, que no tuviera yo? &iquest;Qu&eacute; fue lo que tanto le llam&oacute; la atenci&oacute;n? Me van a molestar sus respuestas si son francas, lo s&eacute;. &iexcl;Y me doler&aacute;n putamente, con seguridad!<\/p>\n<p>&mdash;Pues que quieres que te diga. &iexcl;S&iacute;, lo hice! Lo estaba haciendo sin pensar, de manera autom&aacute;tica, sin embargo, dej&eacute; de verlo y detallarlo, pues de pronto un corpulento pero hermoso perro de cabeza ancha y orejas puntiagudas sali&oacute; de la penumbra, por detr&aacute;s de la motocicleta y empez&oacute; a caminar con lentitud hacia m&iacute;, &ndash;contin&uacute;a Mariana recordando, y yo me dispongo a servir otra ronda de ron&ndash; moviendo su gran pelaje entre gris y negro, con una hermosa y esponjosa cola blanca, enroscada por encima de su lomo.<\/p>\n<p>&mdash;Levant&oacute; el hocico olfateando la atmosfera que le anteced&iacute;a de aquella intrusa, y empez&oacute; a recortar la distancia que nos separaba trotando hacia al muro, y solo las delgadas rejas blancas del peque&ntilde;o port&oacute;n me separaban de una segura mordida. Parec&iacute;a querer ech&aacute;rseme encima, o esa fue la impresi&oacute;n que me llev&eacute; inicialmente y me asust&eacute; bastante, aunque alcanc&eacute; a retirar mi mano del pasador met&aacute;lico y llevarla hacia mi pecho, pero de la misma impresi&oacute;n me qued&eacute; est&uacute;pidamente petrificada, p&aacute;lida con seguridad y completamente muda.<\/p>\n<p>Ahora si su rostro refleja alg&uacute;n grado de emoci&oacute;n al relatarlo y se le dibuja una sonrisa breve, escasa, pero al fin de cuentas me demuestra la conmoci&oacute;n que vivi&oacute; en ese momento.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Otro ron? &mdash;Y sin esperar a que vocalice su respuesta, vierto la bebida hasta el borde en las dos copas y le extiendo la suya.<\/p>\n<p>&mdash;Se fue acercando con cautela y desconfianza, para detenerse imponente a medio metro o menos de distancia, mir&aacute;ndome con esos almendrados ojos casta&ntilde;os pero con una mirada noble. Ins&oacute;litamente no ladr&oacute; y me extra&ntilde;&oacute;, pero luego d&iacute;as m&aacute;s tarde al hablar con Jos&eacute; Ignacio, me enter&eacute; de que esa raza, los Alaskan Malamute, no lo hac&iacute;an y tan solo como sus salvajes parientes, solamente aullaban.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Nacho? &mdash;Lo llam&eacute; pero sin levantar mucho el tono de m&iacute; voz para no espantar al perro, a pesar de que la que se estaba muriendo de miedo, &ndash;casi orin&aacute;ndome del susto&ndash; era yo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Amarok! Ya desayunaste, as&iacute; que deja en paz a la se&ntilde;ora. &mdash;Le grit&oacute;, y el can le obedeci&oacute; de inmediato retrocediendo un poco agachando su gran cabeza, para posteriormente volver a levantarla y mirarme con esa graciosa mascara gris oscuro que bordeaba sus ojos, &ndash;confiri&eacute;ndole ese aspecto imponente y agresivo&ndash; pero lo que hizo fue sentarse tal cual si fuese una persona que me ced&iacute;a el paso invit&aacute;ndome a pasar, pero eso s&iacute;, sin cerrar el hocico ni guardar su ancha lengua rosada, que le sobresal&iacute;a por encima de sus blancos colmillos.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, se&ntilde;ora Melissa, &iquest;Qu&eacute; estas esperando que no pasas? Anda, echa pa&rsquo;dentro que ya has encontrado al que has venido a buscar. &mdash;Fueron sus palabras exactas, ir&oacute;nicas si cabe. Las recuerdo tanto porque no me salud&oacute; como yo esperaba que lo hiciera, molest&aacute;ndome como sol&iacute;a hacerlo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Brrrrr! &iexcl;Buaghhh! Todav&iacute;a me est&aacute; entrando en reversa. &mdash;Le coment&oacute; a Camilo despu&eacute;s de darle un moderado sorbo a la bebida, en cambio en el rostro de mi esposo no le noto ninguna mala reacci&oacute;n. Por el contrario, se pasea la lengua por los labios, paladeando su sabor.<\/p>\n<p>&mdash;Fue tan egoc&eacute;ntrico como inesperado su comentario. Igual abr&iacute; con cuidado la peque&ntilde;a puerta de rejas blancas y sin dejar de observar al enorme Amarok, pas&eacute; por su lado dici&eacute;ndole muy bajito: &iexcl;Tranquilo perrito lindo, perrito hermoso!, porque se levant&oacute; y me sigui&oacute; muy cerca, husme&aacute;ndome las piernas con su hocico por debajo de la falda, incluso mis tobillos o algo que hab&iacute;a pisado con mis zapatos de gamuza negra y que me hab&iacute;a comprado el dia que sal&iacute; de tiendas con K-Mena, para hacerle juego a la falda gris rat&oacute;n a cuadros y al abrigo tres cuartos de pa&ntilde;o negro que me hab&iacute;as obsequiado para que empezara a trabajar en la constructora. &iquest;Recuerdas? &mdash;Le pregunto a Camilo, que se encuentra divagando, con la peque&ntilde;a copa apoyada sobre su labio inferior, observando al frente, hacia las luces de la colorida Otrobanda, mientras se le consume el cigarrillo entre sus dedos.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, por supuesto. Como olvidarlo. &mdash;Le respondo y llegan a mi mente las im&aacute;genes de esa noche, cuando llegu&eacute; a nuestra casa y me encontr&eacute; con la sorpresiva visita de Fadia y Eduardo, sentados en nuestra sala, y as&iacute; mismo recuerdo haber le&iacute;do, &ndash;todav&iacute;a sobrio sentado ante la barra del bar&ndash; en las primeras p&aacute;ginas del informe que mantengo aqu&iacute;, guardado dentro de mi mochila, sobre esa ocasi&oacute;n mencionando su primer encuentro en ese lugar&hellip;<\/p>\n<p>&hellip;&laquo;9:43 A.M. De un veh&iacute;culo rojo con matr&iacute;cula xxx-xxx, se ha bajado una mujer cauc&aacute;sica de cabello largo. Viste un gab&aacute;n de pa&ntilde;o negro, blusa blanca y falda gris por encima de las rodillas. Medias veladas gris humo y zapatos negros de tac&oacute;n. Procedo a tomar fotograf&iacute;as para el registro. 9:49 A.M. Al parecer se conocen de la oficina, pues la mujer lleva prendido a la cintura, la identificaci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a. Tiene en sus manos una carpeta de color rojo que le quiere hacer entrega al susodicho. Hablan algo y luego la mujer entra a la casa portando la documentaci&oacute;n mientras el sujeto permanece en el garaje, reparando la motocicleta. 9:52 A.M. La mujer sale de la casa y nuevamente se&hellip;&raquo;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Camilo? &iquest;Cielo? Oye&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ehhh&hellip; Dime, te escucho. &mdash;Le respondo a Mariana.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Que te elevaste otra vez y te vas a quemar los dedos! &mdash;Le digo y &eacute;l cae en cuenta y tira la colilla al suelo, pis&aacute;ndola con la punta de su zapatilla.<\/p>\n<p>&mdash;Ya, listo. Muchas gracias. &iquest;Y entonces que pas&oacute; despu&eacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;No seas iluso Nacho, no vengo a buscarte. &ndash;Le respond&iacute; mientras acariciaba suavemente la cabeza de Amarok. &ndash; He venido a traerte esto para que trabajes, aunque ahora veo que est&aacute;s haciendo algo productivo con tus d&iacute;as de vagancia. Y le sonre&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; Interesante imagen. &ndash;le comento con toda la hiel que se puede acumular en mi boca. &ndash; &iquest;Y que m&aacute;s pas&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Hmmmm, pues al llegar a su lado y extenderle la carpeta con los documentos, me mostr&oacute; sus manos sucias y una mueca en su boca, &ndash;que compagin&oacute; con las arrugas de su frente y la redondez de sus ojos avellanas&ndash; fue suficiente explicaci&oacute;n para m&iacute; y busqu&eacute; con la mirada un lugar plano y limpio donde dejar la documentaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;En la mesa del comedor si eres tan amable, bizcocho. Y muchas gracias por ofrecerte a traerlos. &mdash;Me dijo con el mismo tono y estilo dominante de siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Cielo, sabes como soy de despistada a veces, y en ese momento mir&eacute; a m&iacute; alrededor y no ve&iacute;a la entrada a la casa por el garaje, a mi espalda solo se hallaba el muro de ladrillos y solo una puerta, que abierta de par en par, daba acceso al patio trasero.<\/p>\n<p>&mdash;Da la vuelta Meli, la puerta est&aacute; sin seguro. &mdash;Me dijo con naturalidad y sonriendo, volvi&oacute; a agacharse para continuar con sus arreglos.<\/p>\n<p>&mdash;Retroced&iacute; dos pasos y efectivamente de manera lateral, unos metros al fondo estaba la dichosa entrada a la casa. Entr&eacute; con sigilo, cual si fuese yo una ladrona, &ndash;acompa&ntilde;ada por un perro que no era guardi&aacute;n&ndash; y me encontr&eacute; despu&eacute;s del recibidor con un &aacute;rea amplia de paredes blancas y limpias, sin cuadros grandes ni peque&ntilde;os, donde se hallaba la mesa del comedor, ovalada y de madera lacada, dispuesta para seis personas, lo cual me llam&oacute; la atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pos&eacute; la documentaci&oacute;n en el extremo m&aacute;s cercano, fij&aacute;ndome que en el centro hab&iacute;a un frutero grande, pero con frutas pl&aacute;sticas como decoraci&oacute;n, y al girarme ech&eacute; una ojeada hacia la sala que est&aacute; situada como sabes, en un nivel inferior bajando tres escalones. Solo dos sof&aacute;s de tres puestos acomodados en &laquo;L&raquo;, y una mesita de centro de madera con dos o tres libros gruesos encima por ornamento, d&aacute;ndole un aspecto demasiado minimalista y en verdad, poco acogedora a pesar de la cl&aacute;sica chimenea de ladrillos al natural y la l&aacute;mpara de techo de seis brazos, con los cristales tallados. Sal&iacute; de all&iacute; con prisa y me lo encontr&eacute;, a cuatro patas buscando algo que se le hab&iacute;a ca&iacute;do al suelo.<\/p>\n<p>&mdash;Una cl&aacute;sica decoraci&oacute;n masculina sin el toque detallista de unas manos femeninas. &mdash;Le comento, y Mariana asiente, alisando la tela de su vestido sobre el muslo que ha encaramado sobre la otra pierna y continua habl&aacute;ndome de su pasada visita por esa casa.<\/p>\n<p>&mdash;Listo, me voy. &mdash;Le dije y el volte&oacute; a mirarme, revolc&aacute;ndose a&uacute;n m&aacute;s los largos cabellos negros que le ca&iacute;an brillantes y humedecidos sobre la frente, con el dorso de su mano izquierda, sonri&eacute;ndose pero sin dirigirme la sonrisa exactamente a m&iacute;, sino a los dos, y me dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Ya que te has vuelto tan amiga de mi mascota, podr&iacute;as por favor sacar a Amarok al potrero de enfrente y esperar que haga sus necesidades. Estoy desde temprano en estos arreglos y no he podido hacerlo yo. &iexcl;La correa est&aacute; all&iacute; tirada! &mdash;Y me la se&ntilde;al&oacute; estirando sus labios, ensombrecidos por el candado de pelitos de una barba crecida en los &uacute;ltimos d&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;&Oacute;yeme, &iquest;pero qui&eacute;n carajos te crees que soy? Ni tu mensajera ni la paseadora de tu perro. Y menos con estos zapatos me voy a meter en ese pastizal. &mdash;Le respond&iacute;, enojada y con mis brazos en jarras.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos Meli preciosa, &ndash;se refiri&oacute; a m&iacute;, marrullero&ndash; el c&eacute;sped esta reci&eacute;n cortado y no te vas a demorar mucho. &iexcl;Amarok, trae tu correa! &mdash;Le orden&oacute; y el bendito animal le entendi&oacute;, recogiendo con su hocico un extremo del lazo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ni creas que voy a recogerle el pop&oacute; a tu perro! &mdash;Se lo dije con claridad.<\/p>\n<p>&mdash;No te lo he pedido bizcocho. Deja que se cague donde quiera y te haces la loca con eso. Igual, cuando crezca el c&eacute;sped volver&aacute;n para recortarlo y alguien m&aacute;s recoger&aacute; los desechos que encuentre. &mdash;Me respondi&oacute; con esa desfachatez tan acostumbrada en &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Y de nuevo cediste ante &eacute;l, convirti&eacute;ndote otra vez en la obediente y sumisa &laquo;Sor Mariana, Patrona de los desamparados&raquo;. &mdash;La interrumpo y ella reacciona con una falsa tranquilidad a la mofa que le he hecho, extendi&eacute;ndome la mano con su copa vac&iacute;a, y botando al suelo la colilla de su cigarrillo, &ndash;al igual que yo lo hice&ndash; pero estamp&aacute;ndole por encima, el tac&oacute;n de su sandalia.<\/p>\n<p>&mdash;De mala gana le coloqu&eacute; la correa, ajust&aacute;ndosela al collar, y sal&iacute; con &eacute;l hacia el antejard&iacute;n. Aunque ser&iacute;a m&aacute;s correcto decirte que fue &eacute;l, Amarok, quien sali&oacute; conmigo, pues tan pronto como cruzamos por la peque&ntilde;a puerta, me arrastr&oacute; detr&aacute;s de &eacute;l y cruzamos la ancha calle como una exhalaci&oacute;n. Afortunadamente no cruzaba ning&uacute;n veh&iacute;culo y solo vi a una peque&ntilde;a minivan de reparto, parqueada en la esquina, como buscando alguna direcci&oacute;n. &mdash;Camilo alcanza su copa ya colmada de licor y sin darle una probada, decide mejor darle vida a un nuevo cigarrillo.<\/p>\n<p>Recordando aquella ma&ntilde;ana se viene el momento que tanto he temido. Contarle lo que sigue le va a molestar y no s&eacute; c&oacute;mo debo dec&iacute;rselo. &iquest;De cu&aacute;l manera menos dolorosa cont&aacute;rselo? &iquest;Mejor me lo callo y bebo? No. Eso me har&iacute;a ser m&aacute;s deshonesta con &eacute;l. G&uacute;steme o no, debo contarlo todo, tal como sucedi&oacute;.<\/p>\n<p>Me resulta llamativo en ella, el leve temblor de la mano que sostiene su copa al acercarla a la boca, pues tambi&eacute;n percibo un sutil estremecimiento en sus labios antes de apoyarla en ellos, manteniendo los ojos cerrados. Para desgarrar este silencio incomodo, le pregunto con naturalidad por aquel despu&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y al final te toc&oacute; recogerle la mierda al perro? &mdash;Y tras beber un peque&ntilde;o sorbo, Mariana sin soltar al ambiente el suspiro retenido en sus pulmones, abre los ojos, me mira e iluminando su rostro con una picaresca sonrisa, me responde&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto que no. &iexcl;C&oacute;mo se te ocurre pensar eso! Lo dej&eacute; que hiciera sus necesidades al amparo de un arbusto y decorando con dos bollos grandes unas preciosas margaritas. &iexcl;Jajaja! Camin&eacute; un poco detr&aacute;s de &eacute;l, dejando que oliera el c&eacute;sped y volviera a orinar sobre unas piedras y una monta&ntilde;ita de arena de rio, luego me volv&iacute; con Amarok a mi lado, de nuevo hacia la casa. Cuando llegamos le solt&eacute; la correa y me di cuenta de que Jos&eacute; Ignacio ya no se encontraba en el garaje.<\/p>\n<p>&mdash;Amarok se dirigi&oacute; hacia el patio trasero y como dice el refr&aacute;n: &laquo; &iquest;D&oacute;nde va Vicente? &iexcl;Donde va la gente!&raquo;. As&iacute; que lo segu&iacute;. Un olor dulz&oacute;n, mezcla de flores c&iacute;tricas, madera mojada y gasolina, capt&oacute; mi atenci&oacute;n. Me lo encontr&eacute; recostado sobre la perlada m&aacute;quina para lavar la ropa a un costado del patio, fum&aacute;ndose un cachito de marihuana, con los ojos abiertos y elevados hacia las nubes blancas que surcaban con lentitud el cielo, todav&iacute;a azul a finales de julio.<\/p>\n<p>&mdash;Ni se inmuto por mi presencia, pero me invit&oacute; a probar un poco. &ndash; &iexcl;No! no cielo, no abras as&iacute; los ojos, porque se lo rehus&eacute;. &ndash; Me record&oacute; una &eacute;poca lejana y amarga que vivimos en nuestra casa con mi hermano mayor, sumido en las drogas. Casi no logramos que saliera de ese infierno, pero la enfermedad de mi padre le hizo abrir los ojos. Se lo coment&eacute; a &eacute;l tambi&eacute;n, me entendi&oacute; y no insisti&oacute;, pero s&iacute; lo acompa&ntilde;&eacute;, al fumarme un cigarrillo justo enfrente de &eacute;l. Y hablamos de varias cosas.<\/p>\n<p>&mdash;Tengo curiosidad, le dije. &mdash;Y cruz&aacute;ndome de brazos, le pregunt&eacute;&hellip; &iquest;Ese negocio es de un cliente nuevo?<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, algo as&iacute;. Es una recomendada de un primo lejano de mi novia. &mdash;Me respondi&oacute; en calma.<\/p>\n<p>&mdash;Y por qu&eacute; Eduardo ten&iacute;a los documentos. &iquest;Se conocen?<\/p>\n<p>&mdash;No mucho. Se habla m&aacute;s con la esposa de &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Con Fadia?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, con ella.<\/p>\n<p>&mdash;Pues qu&eacute; bueno que te caen los negocios del cielo y te ayuda el jefe.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;El que es lindo es lindo! Jajaja. &mdash;Me contest&oacute;, tan burl&oacute;n como siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Pero no te veo feliz. Si quieres p&aacute;same el negocio a m&iacute; que me hace falta.<\/p>\n<p>&mdash;Hmmm, lo que sucede Meli, es que para lograr cumplir con todos tus objetivos, a veces debes entregar una parte de ti, aunque te desagrade muchas veces hacerlo. &iexcl;Y t&uacute; no tienes la sangre para eso!<\/p>\n<p>&mdash;Ya veo, por supuesto. En cambio a m&iacute; se me han cerrado las puertas de los buenos negocios.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ya me coment&oacute; Eduardo que la est&aacute;n pasando mal.<\/p>\n<p>&mdash;Entre otras cosas, Eduardo me hizo el comentario de que preguntabas demasiado por m&iacute;. &iquest;Puedo saber el motivo de tanto inter&eacute;s?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;En serio te dijo eso? Yo solamente pregunt&eacute; por c&oacute;mo iban las ventas de todos. En general. &iexcl;Cr&eacute;eme!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Seguro? O&hellip; ya le contaste a Eduardo algo sobre lo nuestro.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Qu&eacute; te pasa bizcocho! Ni a &eacute;l ni a nadie. Igual lo dejaste muy claro. No existe entre los dos un &laquo;nosotros&raquo;&#8230; Por ahora. As&iacute; que despreoc&uacute;pate que no tengo nada que contar.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Me parece bien! &mdash;Le respond&iacute;, mientras que Jos&eacute; Ignacio, agotando ya su porro sujeto entre el pulgar y el dedo &iacute;ndice, lo arroj&oacute; al cesto de basura y sin decirme nada entr&oacute; por la puerta que da acceso a la cocina y me ofreci&oacute; un caf&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Me qued&eacute; a solas all&iacute;, terminando con calma mi cigarrillo y evaluando si era cierto que &eacute;l no hab&iacute;a preguntado por m&iacute;, y si era as&iacute;, me pregunt&eacute; el motivo por el cual Eduardo me hab&iacute;a mentido y enviado a entregarle esos documentos. Pas&oacute; un tiempo y no llegaba &eacute;l con mi caf&eacute;. Entr&eacute; a la cocina y la cafetera ya expulsaba entre c&aacute;lidos vapores el rico aroma, pero no estaba all&iacute;. Solo dos pocillos de porcelana, un taz&oacute;n mediano con az&uacute;car hasta la mitad y dos cucharitas de plata. Dispuesto todo sobre una blanca bandeja de pl&aacute;stico.<\/p>\n<p>&mdash;Negu&eacute; con mi cabeza por aquel olvido suyo, pero serv&iacute; la bebida caliente para los dos y con la bandeja en mis manos, sal&iacute; al comedor. Lo llam&eacute; desde all&iacute; y escuch&eacute; su voz lejana dici&eacute;ndome que subiera a la segunda planta. &ndash;Camilo se lleva la mano derecha a la frente. &ndash; &iexcl;S&iacute;, s&eacute; que no deb&iacute; haberlo hecho!, pero no se hab&iacute;a comportado mal. No hab&iacute;a intentado nada conmigo y me sent&iacute;&hellip; Segura.<\/p>\n<p>&mdash;Sub&iacute; los escalones de madera y al llegar al pasillo observ&eacute; dos habitaciones con las puertas de color caoba bien cerradas, un ba&ntilde;o auxiliar con la puerta entre cerrada, y solo la del frente permanec&iacute;a bien abierta. Dud&eacute; en seguir. &iquest;Sabes por qu&eacute;? &mdash;Le pregunto a mi marido, pero Camilo tan solo alza los brazos, extiende las manos y aprieta los labios, con cierta tristeza, esperando a que yo misma me responda.<\/p>\n<p>&mdash;Escuch&eacute; el ruido de la regadera. Se estaba dando un ba&ntilde;o. Me sent&iacute;a incomoda pero a &eacute;l todo le daba igual. Y all&iacute; de pie con la bandeja sostenida por mis manos me lleg&oacute; de repente un Deja-Vu. Me sent&iacute; familiarmente ubicada en aquel espacio, como si estuviera c&oacute;moda reviviendo una situaci&oacute;n tan cotidiana.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo si estuvieras llev&aacute;ndome el caf&eacute; al estudio por la noche mientras yo trabajaba en mis proyectos? &mdash;Le sugiero a Mariana.<\/p>\n<p>&mdash;Si cielo, fue m&aacute;s o menos as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ingres&eacute; despacio y not&eacute; la puerta del ba&ntilde;o abierta de par en par, al igual que las cortinas en la ventana. No hab&iacute;a un lugar libre donde poder descargar la bandeja, as&iacute; que me sent&eacute; en una esquina de la cama y la coloqu&eacute; con cuidado a mi lado. Mientras daba el primer sorbo al caf&eacute;, curiosa fui dando una repasada a su amplia habitaci&oacute;n. La cama era de grandes dimensiones, c&oacute;moda, bien mullida y con un edred&oacute;n totalmente negro como las fundas de los dos almohadones.<\/p>\n<p>&mdash;Por encima del cabecero, en el z&oacute;calo rectangular en la pared, permanec&iacute;a iluminado un acuario con varios pececitos dorados y un submarinista amarillo de pl&aacute;stico que sub&iacute;a y bajaba, impulsado por el chorro y las peque&ntilde;as burbujas. Mir&eacute; las paredes y sobre las dos mesitas de noche, buscando retratos con datos visuales de su familia o de su famosa novia, pero no exist&iacute;an m&aacute;s que dos l&aacute;mparas de noche con caperuzas de grueso pergamino amarillento, y en la pared del fondo un diploma enmarcado justo al lado de dos guitarras colgadas dentro de sus estuches.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ahhh! Y afiches de superh&eacute;roes. Batman, Superman, El Guas&oacute;n, El hombre Ara&ntilde;a y la mujer maravilla, y otro donde aparentemente Godzilla destru&iacute;a una ciudad similar a Tokio. Y bajo ellos, varios modelos de autom&oacute;viles a escala, como el que me obsequiaste, sobre la repisa de un mueble viejo, y dentro de este, tras los vidrios transparentes muchos otros cientos, pero m&aacute;s peque&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;Al lado de la puerta del ba&ntilde;o un alto espejo rectangular, y al costado derecho un perchero solter&oacute;n de madera barnizada, con su vestido de pa&ntilde;o negro perfectamente colgado, la celeste camisa bien doblada y en un anaquel m&aacute;s abajo las medias azul oscuro y&hellip; Sus pantaloncillos blancos. Los zapatos negros por supuesto, bien lustrados, esperaban en el piso ser calzados nuevamente.<\/p>\n<p>&mdash;Tuviste la oportunidad de irte y dejarlo&hellip; mantener todo como siempre. Pero no lo hiciste Mariana. &iexcl;No quisiste hacerlo! &mdash;Me interrumpe Camilo coloc&aacute;ndose en pie, con un cigarrillo nuevo en su boca sin encender, la mochila Wayuu terciada sobre el pecho y en su mano derecha la copa llena de licor.<\/p>\n<p>Lo sigo con la mirada. Se aleja dirigi&eacute;ndose hacia el bajo muro de piedra. Se planta all&iacute; a mirar hacia el horizonte, donde el mar se une con este firmamento oscuro. Me sirvo otra copita de ron y me dirijo hacia donde se encuentra mi marido adolorido. Voy a fumar con &eacute;l, a sufrir junto a &eacute;l, cont&aacute;ndole los otros detalles.<\/p>\n<p>&mdash;Sali&oacute; del ba&ntilde;o, con una toalla azul anudada a la izquierda de su cintura y con otra m&aacute;s peque&ntilde;a y beige sec&aacute;ndose el cabello, arremolin&aacute;ndolo al hacerlo, y mientras se acercaba, &ndash;caminando despacio mirando al suelo y fij&aacute;ndose en cada paso que daba sobre el piso laminado&ndash; yo fui detallando su cuerpo con tranquilidad. Estaba como quer&iacute;a, es verdad que lo pens&eacute;. Totalmente blanco empalidecido, como una rana platanera, y depilado por todas partes, ni siquiera un pelito en las axilas. Las tetillas de un rosa p&aacute;lido y del tama&ntilde;o de una moneda de cien pesos, parec&iacute;an querer ocultarse de mi vista entre sus fornidos pectorales. Los abdominales los ten&iacute;a muy marcados y tonificados por horas de ejercicio, d&aacute;ndole forma a un envidiable &laquo;six pack&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Levant&oacute; la cabeza al llegar a mi lado de la cama y se deshizo de la toalla, &ndash;lanz&aacute;ndola a la cama por encima de m&iacute; cabeza&ndash; con su pelo negro revuelto y aun h&uacute;medo por el agua, pero su barba descuidada, ya la hab&iacute;a desaparecido su m&aacute;quina de afeitar. Aparentemente sin intenci&oacute;n o disimul&aacute;ndola bien, se le afloj&oacute; el nudo de la toalla azul que lo cubr&iacute;a de cintura para abajo y se gir&oacute; hacia el perchero para tomar sus ropas, dej&aacute;ndola caer a sus pies. Pero alcanc&eacute; a observar sus muslos fuertes y acuosos todav&iacute;a, dejando rodar en desordenada ca&iacute;da, algunas cristalinas gotitas de las rodillas para abajo.<\/p>\n<p>&mdash;Y s&iacute;, tambi&eacute;n volv&iacute; a ver su pene pero esta vez colgando, agit&aacute;ndose insolente por el movimiento, &ndash;golpeando al caminar la bolsa arrugada y rosada de sus&hellip; grandes test&iacute;culos&ndash; fl&aacute;cido sin el grosor por la emoci&oacute;n, ante mi mirada impertinente. Quiz&aacute;s se deb&iacute;a a que lo ten&iacute;a completamente depilado, pero me dio la impresi&oacute;n de tenerlo m&aacute;s grande y grueso que aquella vez que me lo ense&ntilde;&oacute; en la oficina. A pesar del fr&iacute;o de aquella ma&ntilde;ana y de tenerlo relajado e indiferente, &ndash;cay&eacute;ndole pesadamente hacia un lado, a la altura de la mitad del muslo&ndash; me pareci&oacute; que&hellip; qu&eacute; bien&hellip; excitado, deber&iacute;a alcanzar un tama&ntilde;o&hellip; considerable. &iexcl;Pero muy similar al tuyo! &mdash;Camilo agacha la cabeza, suspira y exhala el aire de sus pulmones. Aprieta ambos pu&ntilde;os pero no los lanza contra m&iacute; ni contra nada, conteniendo su ira, absolutamente comprometido con su promesa de escucharme.<\/p>\n<p>&mdash;Yo lo miraba de reojo, Jos&eacute; Ignacio hac&iacute;a lo mismo mirando mi imagen reflejada en el espejo, aunque aparentaba no fijarse en m&iacute;. Se iba a empezar a vestir pero se arrepinti&oacute; y regres&oacute; desnudo, para sentarse a prudente distancia de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Espero que no te incomode que me tome el caf&eacute; a tu lado, desnudo como estoy, pero es que no me gusta beberlo frio. &iexcl;Me gusta todo lo calientico! &mdash;Me dijo. &iexcl;Y el inc&oacute;modo ahora es mi marido!<\/p>\n<p>&mdash;Para nada, no es la primera vez que un hombre hace lo mismo. A diario lo hace mi esposo. &iexcl;Normal! &mdash;Le respond&iacute; intentando mantener una conversaci&oacute;n desapasionada ante esa situaci&oacute;n tan inusual.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ahh! Es que pens&eacute; que te ibas a espantar de verme as&iacute;. &mdash;Esperaba a que se sonriera como lo hac&iacute;a usualmente, pedante y altanero, pero no lo hizo. Me habl&oacute; con serenidad.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute; lo har&iacute;a?, le respond&iacute;. &iexcl;No es el primer culo pelado que veo en mi vida, ni ser&aacute; el &uacute;ltimo! Adem&aacute;s ya te atreviste a mostrarme t&uacute;&hellip; t&uacute; &laquo;coso&raquo; el otro d&iacute;a. &mdash;Le respond&iacute; mientras volv&iacute;a a sorber despacio mi caf&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Eso fue una estupidez m&iacute;a, pero pens&eacute; que deb&iacute;amos quedar en paz.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;En paz? &iquest;C&oacute;mo as&iacute;? No sab&iacute;a que est&aacute;bamos en guerra. &mdash;Le contest&eacute; mir&aacute;ndole a los ojos, sin desviar la mirada a otro lugar.<\/p>\n<p>&mdash;Pues bueno, me refiero a que t&uacute; &laquo;panocha&raquo; ya me lo mostraste, y yo me sent&iacute;a en deuda. Pero reconozco que no fue el momento apropiado.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y ahora en tu casa y en pelotas, crees que s&iacute; lo es? &mdash;Le interrogu&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Estamos solos, no hay nadie m&aacute;s y te has ofrecido a traerme los documentos. &iquest;Por algo ser&aacute; no? &mdash;Me respondi&oacute;, ahora s&iacute; con su tonito arrogante.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Nacho por favor!, no seas rid&iacute;culo, que no vine por gusto sino obligada porque Eduardo me pidi&oacute; el favor. De hecho no tendr&iacute;a por qu&eacute; estar aqu&iacute; a estas horas y a solas contigo. &mdash;Le respond&iacute; fastidiada.<\/p>\n<p>Miro al rostro de Camilo para ver como se lo est&aacute; tomando. Est&aacute; descompuesto y mortificado. &iexcl;Con justa raz&oacute;n!<\/p>\n<p>&mdash;&Eacute;l se ech&oacute; hacia atr&aacute;s apoy&aacute;ndose sobre la palma de una mano y con la taza en la otra bebi&oacute; de su caf&eacute;, abriendo m&aacute;s las piernas. Pude ver con aquel movimiento, como su pene hab&iacute;a adquirido cierto grosor, pero todav&iacute;a ca&iacute;a hacia abajo y se le ocultaba por detr&aacute;s del muslo.<\/p>\n<p>&mdash;Yo segu&iacute;a sentada, ya hab&iacute;a desocupado la tacita de mi caf&eacute; y aunque pens&eacute; que ya deb&iacute;a irme, el hecho de que Jos&eacute; Ignacio estuviera todav&iacute;a desnudo, ense&ntilde;&aacute;ndomelo todo y estuviese tan tranquilo haci&eacute;ndolo sin forzarme a nada, me hizo sentir confiada en que no pasar&iacute;a nada m&aacute;s que una extra&ntilde;a charla.<\/p>\n<p>&mdash;Se levant&oacute; y camin&oacute; hasta el perchero de madera y me permit&iacute; observarlo con detenimiento por la espalda. &ndash;Y mi esposo ya me mira con esa mirada suya, perspicaz y acusadora. &ndash; Te&hellip; ten&iacute;a unas nalgas redonditas y&hellip; deseables. &iexcl;No tan nalg&oacute;n como tu delicioso trasero! Pe&hellip; pero no estaba mal de la retaguardia. Lo ten&iacute;a bien puesto y&hellip; &iexcl;Lisito como el culito de un beb&eacute;! Salvo por otro tatuaje en la parte baja. Letras y n&uacute;meros romanos en color escarlata. Y en la nuca otro m&aacute;s, con tres tri&aacute;ngulos equil&aacute;teros de diferente tama&ntilde;o, tatuados con tinta negra en secuencia de menor a mayor. Unas buenas piernas, y su espalda ancha, trapezoidal y musculosa.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te puedo ser sincera? &ndash;Camilo ni me mira. &ndash; Me entraron ganas de pegarle una buena palmada y para curarle el ardor, darle un buen mordisco a ese culo tan redondito y p&aacute;lido.<\/p>\n<p>Camilo justo ahora voltea a mirarme y unas cuantas l&aacute;grimas parecen querer emparejarse a la altura de su ment&oacute;n. &iexcl;Me duele que sufra por lo que le estoy relatando, pero es necesario que sepa toda la maldita verdad!<\/p>\n<p>&mdash;Se empez&oacute; a vestir con calma, sin apuros al frente de m&iacute;. Y esa sensaci&oacute;n de haber vivido anteriormente esa experiencia, siendo tan nueva, regres&oacute; a mi mente.<\/p>\n<p>&mdash;Pens&eacute; en ti, porque era como si yo estuviera en mi casa, sentada sobre mi cama, admirada por la despreocupante prisa con la que te colocabas la ropa cada ma&ntilde;ana antes de salir apurado hacia la constructora. &iexcl;No sent&iacute; angustia ni remordimiento! No estaba haciendo nada malo, solo hablaba, aunque si lo hubieses llegado a descubrir en su momento, con seguridad te hubieras enfadado conmigo y tal vez me hubieses abandonado en ese instante, justamente por hacerlo con el hombre que tanto detestabas, a pesar de que solo charlaba, precisamente con aquel atractivo hombre totalmente desnudo a mi lado.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Pensaste en m&iacute; y en c&oacute;mo me sentir&iacute;a? &iexcl;Qu&eacute; amable de tu parte Mariana! Pero&hellip; &iquest;Pensaste en ti y en qu&eacute; clase de puta mentirosa te convert&iacute;as?<\/p>\n<p>&mdash;No lo hice cielo, porque no me sent&iacute; a su lado como lo estar&aacute;s pensando.<\/p>\n<p>&mdash;No estaba excitada si es lo que te imaginas. Era otra sensaci&oacute;n, un tipo de bienestar diferente el que sent&iacute;a por hallarme all&iacute; despu&eacute;s de todo, tranquilizada por sus nulas muestras de intentar algo m&aacute;s &iacute;ntimo conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;Era conocimiento lo que yo buscaba hallar y me encontr&eacute; con la posibilidad de quit&aacute;rmelo de una vez por todas de encima. Port&aacute;ndome as&iacute; delante de &eacute;l, &ndash;desnudo y yo sin amedrentarme&ndash;, le demostraba que no era ninguna est&uacute;pida mojigata y que salir corriendo al ver c&oacute;mo le colgaba su pene entre sus muslos, no era la mejor opci&oacute;n. Eso quedaba para una virgen y timorata adolescente, o tal vez para una mujer con nula experiencia y apenada como&hellip; &iquest;K-Mena?<\/p>\n<p>&mdash;Y me la imagin&eacute; a ella despu&eacute;s de reponerse del susto, palpando esas nalgas, de rodillas adorando a ese pene con su mirada de luna llena, chup&aacute;ndole la cabeza rosa y hasta sus colgantes pelotas; y despu&eacute;s sin mucho esfuerzo por parte de Nacho, abri&eacute;ndole las piernas tras algunas t&iacute;midas risitas, dej&aacute;ndose penetrar por &eacute;l, perdiendo no solo su virginidad o su inocencia, sino tambi&eacute;n a su prometido.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Por eso si me asust&eacute;! Y no por presenciar sin aspavientos de mi parte, su piel de armi&ntilde;o. Yo era una mujer ya casada y que no tendr&iacute;a motivos para espantarme al verlo como Dios lo trajo al mundo. Y creo que Jos&eacute; Ignacio lo comprendi&oacute; as&iacute; y lo valor&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto. &iexcl;Tan tolerante t&uacute; y tan comprensivo &eacute;l! &mdash;Le respond&iacute; de c&iacute;nica manera. Mariana tuerce la boca, no le gusta mi comentario, pero contin&uacute;a habl&aacute;ndome.<\/p>\n<p>&mdash;Me levant&eacute; y me arregl&eacute; la altura de mi falda. Acomod&eacute; en la bandeja las tazas para salir de su habitaci&oacute;n y antes de cruzar la puerta me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ahora eres t&uacute;, quien est&aacute; en deuda conmigo! &mdash;Y me detuve para preguntarle sin darme la vuelta, pero girando un poco mi cabeza.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;En deuda? &iquest;Y c&oacute;mo por qu&eacute; motivo, raz&oacute;n o circunstancia?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Por qu&eacute; tu todav&iacute;a no me has mostrado las tetas! &mdash;Me respondi&oacute; elevando el volumen de su ronca voz.<\/p>\n<p>&mdash;Y me gir&eacute; regresando hacia el interior de su alcoba, cruzando por su lado sin dejar de mirarle a los ojos, con el fuego de la furia en los m&iacute;os. Dej&eacute; la bandeja nuevamente sobre la cama y me di vuelta para encararlo. Me acerqu&eacute; a &eacute;l y lo tom&eacute; por la corbata, que a&uacute;n no terminaba de anudarse. Entonces si se asust&oacute; y ech&oacute; hacia atr&aacute;s la cabeza, presumiendo que lo iba a abofetear.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ven ac&aacute;!, le dije jal&aacute;ndolo hacia m&iacute;. Me empin&eacute; y&hellip; Lo bes&eacute;. No fue largo ni muy atornillado, aunque si meti&oacute; su lengua dentro de mi boca y yo&hellip; No solo lo dej&eacute;, sino que le correspond&iacute; por un breve instante. Se emocion&oacute;, y la dureza de su pene la sent&iacute; oprimir mi vientre y una mano suya, la derecha, intent&oacute; alcanzar mi seno izquierdo, y la zurda conquistar la redondez de mi nalga derecha.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Quieto querido, es suficiente! &ndash;Le dije con firmeza. &ndash; Sent&iacute; que te lo deb&iacute;a y ya lo he pagado. Con respecto a lo otro, ni lo sue&ntilde;es. Has visto muchas, seguramente tendr&aacute;s m&aacute;s para acariciar o te conformaras con besar las de tu novia, pero estas dos puchecas, &ndash;y me las sostuve con las manos&ndash; no se las muestro a nadie ni me las dejo tocar sino por las manos y la boca de mi marido. Adem&aacute;s eres muy perro. &iexcl;Olv&iacute;date de ellas y juega con otra!<\/p>\n<p>&mdash;Y sal&iacute; de su habitaci&oacute;n, bajando sin af&aacute;n las escaleras. Tom&eacute; el abrigo que hab&iacute;a dejado colgado en el respaldo de una silla del comedor y me fui de su casa.<\/p>\n<p>Camilo llora amargamente, suspira frecuentemente y absorbe con fuerza la goteante humedad de su nariz. &iquest;Y yo como estoy? Igual, o mucho peor.<\/p>\n<p>En alg&uacute;n lugar rec&oacute;ndito dentro de mi cabeza, se forma un peque&ntilde;o cuarto oscuro, donde se van revelando las palabras que han entrado por mis o&iacute;dos, formando con lo negativo de aquella secuencia detallada, im&aacute;genes que se van imprimiendo a colores, &ndash;l&uacute;cidas y penetrantes&ndash; tras el tel&oacute;n de mis p&aacute;rpados cerrados.<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; sigo aqu&iacute; escuch&aacute;ndola? &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n no me abandona este calor intenso que siento recorrerme por dentro? L&oacute;gicamente no es por el Sol, pues &eacute;l tan soberano e inteligente, hace horas que se le escap&oacute; al martirio de ver a la Luna tan lejana y rondando a una pelotica azul. Ni por el ron, con el que continuamente he hecho arder mi garganta hasta sentirlo hervirme en el es&oacute;fago.<\/p>\n<p>&iexcl;Tambi&eacute;n era algo normal! Pues no lo voy a negar, el maric&oacute;n ese estaba bien plantado, con ese porte de protagonista de novela y su sonrisa engatusadora como su labia, tan accesible a sus manos al estar a su lado mostr&aacute;ndose sin verg&uuml;enza, cual escultura griega con su piel de m&aacute;rmol tan bien pulida. &iquest;Qu&eacute; mujer podr&iacute;a resistirse a sus encantos? Elizabeth hasta donde tengo entendido lo hizo. Mariana no, por supuesto, tan cercana a ese playboy de playa empelotado a su costado. Era normal que ella se mantuviera all&iacute; sentada en su cama excitada, a solas con el tipo que tra&iacute;a a m&aacute;s de una mujer en la constructora, completamente bobas.<\/p>\n<p>&mdash;Lo&hellip; &iexcl;Lo lamento mi vida! En ese momento yo&hellip; yo no sab&iacute;a en lo que me iba a meter por mi estupidez y mi soberbia. Y en todo el dolor que te iba a causar. &iexcl;Perd&oacute;n, perd&oacute;name! &mdash;Me dice llorando, y se abalanza sobre m&iacute;, apret&aacute;ndome con todas sus fuerzas, su frente sobre los rastros de la mancha en mi camisa, y mis brazos sin la acostumbrada fortaleza, se rebelan y no la abrigan como siempre. Parecen estar agotados de abrirse para ella y por ello ya no rodean su cuerpo para protegerla. &iquest;De qui&eacute;n? &iquest;De estos sentimientos m&iacute;os tan diversos?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Por una entrega, un beso. 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