{"id":42510,"date":"2023-07-05T22:00:00","date_gmt":"2023-07-05T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-07-05T22:00:00","modified_gmt":"2023-07-05T22:00:00","slug":"la-madre-de-un-amigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-madre-de-un-amigo\/","title":{"rendered":"La madre de un amigo"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42510\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Shelley es como un sol que inicia el crep&uacute;sculo, de un dorado claro y transparente. Su cabello es liso y mono, y sus ojos caf&eacute;s son di&aacute;fanos y puros. Sus cuarenta a&ntilde;os no se le notan en absoluto; parece de treinta y cinco a&ntilde;os o un poco menos. Es casi imposible que pase desapercibida a la vista de cualquier hombre. Por supuesto, a m&iacute; tampoco me ha sido indiferente. De hecho, durante mucho tiempo estuve enamorado de ella en secreto. Nunca una mujer me hab&iacute;a inspirado los sentimientos m&aacute;s puros ni los deseos m&aacute;s fuertes y salvajes que ella me inspir&oacute;. Hasta me masturbaba pensando en ella, yo que no tengo costumbre de hacerlo. Habl&aacute;bamos mucho y me convert&iacute; para ella en una especie de confidente de sus penas. Cuando la ve&iacute;a o estaba cerca de ella me daban ganas de abrazarla y decirle que todo estar&iacute;a bien, que no se preocupara por nada, yo me har&iacute;a cargo de todo. Pero, por ser la madre de un amigo, y por ser testigo de algunas locuras m&iacute;as me abstuve de revelarle mis sentimientos.<\/p>\n<p>Conozco a Shelley hace ya varios a&ntilde;os, desde cuando empec&eacute; a entablar amistad con su hijo. Siempre me ha parecido una mujer ejemplar, digna de toda mi admiraci&oacute;n, pues ha luchado mucho para salir adelante. Adem&aacute;s de Keiner, tiene una hija menor llamada Leila; y a los dos ella los ha criado sola y sin la ayuda del que fue el primer amor de su vida, el padre de sus hijos, con el que comparti&oacute; momentos de mucha tristeza. Fueron tantas las desdichas, los maltratos y las humillaciones, que un d&iacute;a casi fatal decidi&oacute; separarse de &eacute;l, y lo ech&oacute; definitivamente de su vida.<\/p>\n<p>Pasado un tiempo conoci&oacute; a Sebasti&aacute;n, un tipo claro, alto y delgado, que ahora tiene treinta y dos a&ntilde;os, la misma edad m&iacute;a, y comenz&oacute; a enamorarla. Al principio Shelley no hab&iacute;a querido darle la oportunidad. No quer&iacute;a abrir su coraz&oacute;n ni a &eacute;l ni a nadie, primero, por miedo a descuidar a sus hijos y al rechazo que ellos pudieran sentir hacia alguien que no fuera su pap&aacute;, y segundo porque no quer&iacute;a sufrir como con el padre de sus hijos. Pero al cabo de un tiempo comenz&oacute; a gustarle Sebas y se dijo que ten&iacute;a derecho de darse otra oportunidad. Lo acept&oacute; como novio, pese a que era diez a&ntilde;os mayor que &eacute;l. Keiner no se opuso a la relaci&oacute;n; Leila, en cambio, que era en ese entonces m&aacute;s peque&ntilde;a, s&iacute;, porque guardaba la esperanza de que Shelley volviera un d&iacute;a con su padre. Ese d&iacute;a, sin embargo, nunca llegar&iacute;a. Al final termin&oacute; entendi&eacute;ndolo.<\/p>\n<p>Shelley, m&aacute;s que para llenar esa especie de vac&iacute;o emocional que en muchas personas causa la ausencia del amor sentimental, o para saciar los deseos de la carne, necesitaba un hombre que la apoyara y la asistiera en sus momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles. Sebas ha sido quien por a&ntilde;os ha llenado ese vac&iacute;o, quien ha saciado sus deseos carnales, quien la ha apoyado materialmente.<\/p>\n<p>Pero no todo es color de rosa. Desde hace un tiempo para ac&aacute;, a Shelley la tiene aburrida la monoton&iacute;a, la falta de visi&oacute;n de Sebas, su pobreza de esp&iacute;ritu. Me dice que por estar con &eacute;l, por serle fiel a &eacute;l, ha desperdiciado oportunidades con hombres que la tendr&iacute;an much&iacute;simo mejor, econ&oacute;micamente hablando. &Eacute;l trabaja como mec&aacute;nico, pero es desorganizado, con sus cosas y consigo mismo. Eso la tiene bastante aburrida y decepcionada. Hace poco Sebas tuvo un accidente en su taller, se golpe&oacute; un test&iacute;culo y se le hinch&oacute;, eso le ha impedido trabajar y por ahora est&aacute; incapacitado. Shelley ha ido a su casa con el fin de acompa&ntilde;arlo a las citas m&eacute;dicas y velar, en la medida de lo posible, por algo que necesite, pero &eacute;l le ha dicho que no se preocupe, que esperar&aacute; a la madre, la cual vive en otro lugar. No comprende por qu&eacute; se comporta as&iacute;. Dice que se deja dominar por la mam&aacute;.<\/p>\n<p>-Shelley, t&uacute; mereces a alguien maduro, que tenga autonom&iacute;a y est&eacute; para ti -le digo-. Es en esos momentos cuando se conoce a la otra persona.<\/p>\n<p>-Ya yo habl&eacute; con mi hijos -dice ella-. Si se me presenta otro hombre mejor, dejo a Sebas.<\/p>\n<p>Shelley me ha contado de sujetos que la pretenden y de alguien, bastante mayor, que le hace regalos. Mas no ve firmeza en ninguno. No s&eacute; por qu&eacute; me da cierta tranquilidad interior. O esperanza&#8230; s&iacute;, es esperanza. Es como si, al saber que no hay en sus pretendientes intenciones serias, m&aacute;s adelante podr&iacute;a llegar a ella con estas palabras: Shelley, me muero de ganas por estar contigo el resto de mi vida. Pero yo s&eacute; que eso es imposible.<\/p>\n<p>Cuando son demasiado fuertes las ganas de decirle que la quiero, dejo de ir adonde Keiner. Es m&aacute;s, ahora que lo pienso, creo que las cortas aventuras amorosas que he tenido en todo este tiempo han sido con el &uacute;nico fin de sacarla de mis pensamientos y desviar el intenso deseo que siento por ella. Sin embargo, no s&eacute; qu&eacute; es lo que me pasa. &Uacute;ltimamente he estado yendo a visitar a Keiner con la sola intenci&oacute;n de ver a Shelley, sin ponerme a pensar en que no est&aacute; bien. Ayer en la noche fui, ella estaba en el cuarto con Keiner viendo pel&iacute;culas por Prime V&iacute;deo en la televisi&oacute;n. Keiner hac&iacute;a poco hab&iacute;a llegado de la calle de hacer domicilios de Rappi en la moto. Me sent&eacute; en la cama junto a Keiner y Shelley en una silla. Hab&iacute;a puesta una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n llamada Aventuras de un pirata espacial, con muchas naves dispar&aacute;ndose rayos laser. Al rato dije que ten&iacute;a hambre y que iba a buscar algo de comer a mi apartamento, as&iacute; que me par&eacute; y sal&iacute; para all&aacute;. Cuando llegu&eacute;, saqu&eacute; de la nevera una kola rom&aacute;n comenzada, una pony malta vac&iacute;a hasta la mitad, una botella de ron Tres Esquinas vac&iacute;a tambi&eacute;n hasta la mitad y un sixpack de cerveza &aacute;guila, luego baj&eacute; hasta la estaci&oacute;n de gasolina Terpel, compr&eacute; cuatro hamburguesas y regres&eacute;. Al verme preguntaron a qu&eacute; se deb&iacute;a el convite.<\/p>\n<p>-Es que ayer cumpl&iacute; a&ntilde;os -dije.<\/p>\n<p>-Caramba &iexcl;feliz cumplea&ntilde;os! Atrasado, pero m&aacute;s vale tarde que nunca -dijo Shelley.<\/p>\n<p>-Gracias, gracias.<\/p>\n<p>-&Eacute;l es as&iacute;. Siempre que cumple viene y se presenta con algo -dijo Keiner.<\/p>\n<p>Leila sali&oacute; del otro cuarto y le di una hamburguesa. Keiner se comi&oacute; la suya, yo la m&iacute;a y Shelley la suya; despu&eacute;s ella, en vista de que yo hab&iacute;a dicho que quer&iacute;a bajar para comprar m&aacute;s hamburguesas porque esas estaban peque&ntilde;as, me dio parte de la suya y yo se la acept&eacute; a rega&ntilde;adientes. Le ech&eacute; el ron a la Kola Rom&aacute;n y me la tom&eacute;. Keiner, Leila y Shelley se tomaron la poca Pony Malta que hab&iacute;a.<\/p>\n<p>Antes de acabarse la pel&iacute;cula Keiner ya se hab&iacute;a dormido. Iban a ser las dos de la madrugada. Sal&iacute; del cuarto con Shelley y nos sentamos en la sala a hablar mientras me acababa las cervezas que hab&iacute;a tra&iacute;do. Hablamos de todo un poco: la rebeld&iacute;a de Keiner, la dejadez de Sebas, la irresponsabilidad del pap&aacute; de los hijos, del futuro, de m&iacute;, de ella&#8230; Y &eacute;ramos s&oacute;lo ella y yo en medio de la quietud de la madrugada. Para m&iacute; no exist&iacute;a nadie m&aacute;s. Cuando la escuchaba referir sus cuitas yo la miraba y sent&iacute;a unas incontenibles ganas agarrarle la mano y besarla, pero me aguant&eacute;. Al ratico Keiner sali&oacute; del cuarto y se meti&oacute; en el ba&ntilde;o. Cuando sali&oacute;, Shelley y yo nos levantamos de las mecedoras.<\/p>\n<p>-Bueno, me voy -dije-. Hasta ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>-Hasta ma&ntilde;ana, Carlera.<\/p>\n<p>Es m&aacute;s de mediod&iacute;a. Me acabo de despertar. Trato de leer uno de los libros que he agarrado del nochero, pero el sofocante calor del cuarto me hace levantar de la cama. Salgo para la sala, me siento en el sill&oacute;n a leer. Las letras se me pierden de vista, tengo que volver a ellas a cada rato. El pensamiento de Shelley penetra en mi mente como un rel&aacute;mpago intermitente. Es in&uacute;til. Me paro del sill&oacute;n. Camino al ba&ntilde;o, me quito la ropa y abro el grifo de la regadera. El agua est&aacute; tibia: empapa todo mi cuerpo, es como un sauna. Pongo el chorro en los genitales. Me agarro el pene, pelo el glande, cae abundante l&iacute;quido espeso de color amarillo que huele a desinfectante. Semen. &iquest;Ser&aacute; que eyacul&eacute; cuando dorm&iacute;a? Qu&eacute; raro, no me di cuenta. Me froto el pene con bastante jab&oacute;n, masajeo los test&iacute;culos. El glande queda reluciente como la porcelana. Me unto jab&oacute;n por todo el cuerpo, restriego bien. Me saco el jab&oacute;n, cierro la regadera y salgo del ba&ntilde;o. Entro al cuarto y abro el escaparate, agarro una pantaloneta deportiva y un su&eacute;ter. Me visto. Me unto desodorante, salgo del cuarto y de la repisa blanca saco el cepillo de dientes, le echo pasta dental y me limpio la boca. En seguida cojo la llave del apartamento y salgo.<\/p>\n<p>Bajo la escalera y camino hasta el bloque de al lado. Entro por la parte de atr&aacute;s. Voy por el pasillo, llego hasta la primera escalera. Subo al tercer piso y me dirijo al apartamento de Keiner. Veo la puerta abierta, pero la reja est&aacute; cerrada con llave. Miro al interior, no parece haber nadie, todo est&aacute; en silencio; aun as&iacute; toco, chiflando con la boca. De pronto escucho pasos. Del cuarto de Keiner sale Shelley, descalza, con esa licra morada que tanto me calienta y una blusa estampada blanca. La saludo:<\/p>\n<p>-Shelley, &iquest;qu&eacute;?<\/p>\n<p>-Aj&aacute; Carlera.<\/p>\n<p>-&iquest;Est&aacute; Keiner?<\/p>\n<p>-Nada. Est&aacute; haciendo domicilios. &iquest;Vas a entrar? -pregunta, mir&aacute;ndome a trav&eacute;s de los fondos de botella de sus gafas.<\/p>\n<p>-S&iacute; -digo. En seguida ella coge las llaves de encima del mes&oacute;n recibidor que divide la sala de la cocina y viene a abrirme. Se estira un poco para meter la llave en el candado. Bajo la mirada a su entrepierna, le veo los dos labiecitos de la vulva bien marcados. Siento dentro de m&iacute; una excitaci&oacute;n creciente como una ola gigantesca, como un tsunami. Mi pene se para de inmediato; trato de disimular la erecci&oacute;n, pero es complicado, siento que se me va a reventar. Entro. Shelley me hace pasar al cuarto y nos ponemos a ver una pel&iacute;cula.<\/p>\n<p>-&iquest;Y Leila? -pregunto.<\/p>\n<p>-Est&aacute; donde una t&iacute;a en San Fernando.<\/p>\n<p>La pel&iacute;cula no la entiendo. Shelley trata de explicarme el argumento, pero ella tampoco entiende muy bien de qu&eacute; va la cosa. Me recuesto en la cama. Shelley est&aacute; al lado sentada en una silla. Por el rabillo del ojo veo que mira el bulto parado.<\/p>\n<p>-Bueno y &iquest;a ti qu&eacute; te pasa? -me dice.<\/p>\n<p>-&iquest;Por qu&eacute;? -digo, haci&eacute;ndome el desentendido.<\/p>\n<p>-Porque tienes el pene parao.<\/p>\n<p>-Erda Shelley, a veces se me para y no me doy cuenta. Me pasa a menudo.<\/p>\n<p>-S&iacute; -dice ella-. Te lo he visto as&iacute; varias veces. &iquest;Acaso tu novia no viene a visitarte?<\/p>\n<p>-Ven&iacute;a&#8230; -le digo-. Ella me dej&oacute;. Se fue para su pueblo y no ha venido m&aacute;s.<\/p>\n<p>-Bueno, vas a tener que ir a buscarla.<\/p>\n<p>-&iquest;Ser&aacute;, Shelley?<\/p>\n<p>-Claro. O por lo menos mast&uacute;rbate, pa&#39; que se te baje la calentura.<\/p>\n<p>-No tengo costumbre de masturbarme, Shelley.<\/p>\n<p>-Entonces vas a tener que echarte agua fr&iacute;a.<\/p>\n<p>-S&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>-Abre el ojo -contin&uacute;a Shelley-, que por ah&iacute; dicen que el esperma se les sube a ustedes a la cabeza si no descargan.<\/p>\n<p>No s&eacute; c&oacute;mo lo tomar&aacute;; &iquest;ser&aacute; que le digo? Mmm&#8230; Qu&eacute; carajos, a la de Dios.<\/p>\n<p>-&iquest;Por qu&eacute; no me ayudas, Shelley?<\/p>\n<p>M&aacute;s que una pregunta, es una invitaci&oacute;n. Ella entiende lo que quiero decirle. Se echa a re&iacute;r. Dice:<\/p>\n<p>-&iquest;C&oacute;mo se te ocurre, ah?, &iquest;c&oacute;mo se te ocurre que me voy a acostar con el amigo de mi hijo? Y m&aacute;s a&uacute;n, &iexcl;c&oacute;mo voy a enga&ntilde;ar a Sebas, tan bien que se ha portado conmigo?<\/p>\n<p>Shelley se levanta y va al otro cuarto. &Eacute;rcole, &iquest;ser&aacute; que la embarr&eacute;? Voy a esperar un ratico para ver si viene. Espero. Nada. Se demora. Nada. No viene. Voy a ver qu&eacute; hace. Salgo del cuarto y me dirijo al otro. Est&aacute; la puerta cerrada. Toco y llamo:<\/p>\n<p>-Shelley.<\/p>\n<p>-&iexcl;Eu! -contesta ella, abriendo la puerta.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; haces? -pregunto. Y, sin quitar los ojos de mi erecci&oacute;n, dice:<\/p>\n<p>-Me voy a cambiar para vender mis obleas.<\/p>\n<p>-Shelley, por favor. No te lo pedir&iacute;a si no tuviera la urgente necesidad -entro despacio al cuarto-. Adem&aacute;s, nadie se va a enterar, te lo aseguro. Esto va a quedar s&oacute;lo entre nosotros dos.<\/p>\n<p>Ella lo piensa unos segundos, sin levantar la cabeza.<\/p>\n<p>-Bueno, pues -dice-. Pero que sea r&aacute;pido.<\/p>\n<p>Veo que se monta en la cama y se pone en cuatro patas, de perrito. Me ofrece la estampa redonda de sus nalgas. Le bajo la licra y el panty. Tiene el nudillo del ano limpio. La vulva es una bomba rosada a punto de explotar. Poso mi mano en ella, se la aprieto: est&aacute; mojada. Sin decir palabra, gira la cabeza un poco para verme. Saco mi miembro erecto y le restriego la cabeza por toda la raja, en medio de los labios vaginales, arriba y abajo, amagando para introducirlo.<\/p>\n<p>-&iexcl;Ay!, &iexcl;m&eacute;telo r&aacute;pido que puede llegar alguien!-dice.<\/p>\n<p>Se lo voy metiendo suave hasta tocar el fondo. Ella estira un brazo hacia atr&aacute;s y me agarra el costado de la nalga para atraerme, para que le de m&aacute;s r&aacute;pido. La cojo por la cintura y le meto el pene lo m&aacute;s r&aacute;pido que puedo, con mucha fuerza. Se lo meto y se lo saco repetidamente en todos los tiempos y modalidades, lento, r&aacute;pido, suave, duro. Estoy sintiendo algo que me aprieta el cuello de la verga. Un chorro tan potente sale ahora disparado de entre sus piernas que moj&oacute; el borde de la cama. Me quedo extasiado.<\/p>\n<p>-Ay, dios m&iacute;o, &iquest;esto qu&eacute; es?, dice Shelley. Cree que se ha meado, lo cual la asusta y averg&uuml;enza a la vez.<\/p>\n<p>-C&aacute;lmate -le digo-, eso no es or&iacute;n, es un orgasmo.<\/p>\n<p>Se queda callada. Pasan unos segundos.<\/p>\n<p>-Nunca hab&iacute;a tenido un orgasmo -comenta, baj&aacute;ndose de la cama-. S&iacute; he visto por internet esas escenas donde actrices porno disparan desde sus vaginas potentes chorros de l&iacute;quido, pero eso me hab&iacute;a parecido una exageraci&oacute;n.<\/p>\n<p>-&iquest;Nunca hab&iacute;as experimentado la explosi&oacute;n de un orgasmo? -pregunto.<\/p>\n<p>-Jam&aacute;s en mi vida -dice, subi&eacute;ndose la ropa-. Ni con Sebas ni con el pap&aacute; de los hijos m&iacute;os. &iquest;D&oacute;nde aprendiste a hacer venir a una mujer?<\/p>\n<p>-En ning&uacute;n lado. Eso nace.<\/p>\n<p>-Bueno, te agradezco la experiencia, pero tengo que ir a vender mis obleas. Vamos.<\/p>\n<p>-Vamos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Shelley es como un sol que inicia el crep&uacute;sculo, de un dorado claro y transparente. Su cabello es liso y mono, y sus ojos caf&eacute;s son di&aacute;fanos y puros. Sus cuarenta a&ntilde;os no se le notan en absoluto; parece de treinta y cinco a&ntilde;os o un poco menos. 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