{"id":42556,"date":"2023-07-09T22:00:00","date_gmt":"2023-07-09T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-07-09T22:00:00","modified_gmt":"2023-07-09T22:00:00","slug":"sin-absolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/sin-absolucion\/","title":{"rendered":"Sin absoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42556\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>No era pariente m&iacute;a sino que era familia pol&iacute;tica del esposo de mi t&iacute;a. Ni qui&eacute;n comprenda esos parentescos. Por lo que entend&iacute; ella era visitante habitual de la casa de mi t&iacute;a en aquel pueblo donde viv&iacute;a. La casa y el pueblo lo conoc&iacute;a muy bien porque desde mi infancia la pasaba all&iacute; en todos los puentes, d&iacute;as feriados, vacaciones, a la menor oportunidad all&iacute; estaba en &eacute;se pueblo donde el sol ca&iacute;a como no lo hab&iacute;a visto en ninguna parte que lo hiciera, los cielos casi siempre eran intensamente azules, hac&iacute;a un calor intenso y seco y todo lo que se viera a la redonda por kil&oacute;metros y kil&oacute;metros era semides&eacute;rtico.<\/p>\n<p>En aquellos a&ntilde;os, en que se supone que el pueblo ya hab&iacute;a crecido, a&uacute;n hab&iacute;a poca gente y en realidad el lugar sab&iacute;a y ol&iacute;a a pueblo real, no a postal para turistas pretenciosos, el contraste entre la gente lugare&ntilde;a y los citadinos era muy fuerte y verdaderamente uno pod&iacute;a sentirse lejos de la ciudad, del ruido, de la gente, de los problemas, de la contaminaci&oacute;n y de todas &eacute;sas cosas con las que gustaban aterrarnos por aquellos a&ntilde;os: la sobrepoblaci&oacute;n, la contaminaci&oacute;n, a&uacute;n no se hablaba tanto del cambio clim&aacute;tico pero para all&aacute; iban gustosos los progres que en eso creen. A&uacute;n era un pueblo.<\/p>\n<p>Camila, estrictamente hablando, no era pariente m&iacute;a sino que era familia pol&iacute;tica del esposo de mi t&iacute;a. Blanca, de cabello casta&ntilde;o claro corto muy a la moda de por entonces, perpetuos jeans ajustados que mostraban sus generosas redondeces, tenis, fumadora compulsiva y unos ojos verdes muy expresivos. Era muy divertida. Y coqueta como ella sola, en aquel entonces no era muy observador pero imagino que tra&iacute;a en brama a los hombres del pueblo, lo que explica la actitud fr&iacute;a y displicente de mi ultracat&oacute;lica t&iacute;a hacia Camila, era harto notorio que le desagradaba la presencia de esa muchacha veintea&ntilde;era a quien las ideas hipercat&oacute;licas de mi t&iacute;a no s&oacute;lo la ten&iacute;an sin cuidado sino que con todas sus actitudes se burlaba de ellas. Por ese s&oacute;lo hecho me ca&iacute;a muy bien y pasaba todo el tiempo que pudiera con ella. Ni siquiera recuerdo de qu&eacute; platic&aacute;bamos. Lo que s&iacute; recuerdo es que hac&iacute;a muchas bromas de doble sentido y me coqueteaba abiertamente, para esc&aacute;ndalo de mi t&iacute;a. Seguramente yo no era el primero en ser seducido por ella en esa casa y por eso mis primas nom&aacute;s hac&iacute;an cara de ah qu&eacute; cosas&hellip;<\/p>\n<p>Una tarde, despu&eacute;s de comer y de dormir una siesta, al despertar poco a poco me fui dando cuenta de que no hab&iacute;a nadie en aquella inmensa casota. Como de costumbre, se hab&iacute;an ido sin decirme nada, qu&eacute; novedad. Pero hete aqu&iacute; que descubro que en una habitaci&oacute;n estaba Camila dormida. Acostada boca abajo en una enorme cama, tra&iacute;a una blusa escarlata y sus famosos jeans hiperajustados. Aprovech&eacute; para poder admirar a mis anchas su cuerpazo, esas nalgas tan antojosas que se cargaba, las piernotas que parec&iacute;an querer romper el pantal&oacute;n, sus brazos apetitosos.<\/p>\n<p>No s&eacute; por qu&eacute;, quiz&aacute; para aliviar mi ansiedad, empec&eacute; a hacerle cosquillas en las pantorrillas y en los pies. Posiblemente llevara mucho rato despierta y me dej&oacute; jugar con ella. De las pantorrillas pas&eacute; a tocar sus muslos y cuando estaba por tocar sus nalgas, ella se volte&oacute; hacia m&iacute;, riendo y buscando hacerme cosquillas. Jugamos un rato forcejeando y cuando ya est&aacute;bamos muy sudorosos y agitados puse mis manos en sus senos. Ni siquiera pensaba realmente tocarlos, tan s&oacute;lo quer&iacute;a atreverme, provocarla, ver qu&eacute; podr&iacute;a pasar. Eran los primeros senos que tocaba.<\/p>\n<p>Esperaba gritos, golpes, reclamos, una escena terrible de consecuencias catastr&oacute;ficas y castigos b&iacute;blicos en aquella archicat&oacute;lica casa, ya me ve&iacute;a excomulgado y corrido de esa casa por un dedo de fuego que me se&ntilde;alaba la puerta y me acusaba de her&eacute;tica pravedad o alguna de &eacute;sas hipocres&iacute;as tan adoradas por los cat&oacute;licos. En lugar de eso, Camila se recost&oacute;, sonri&oacute;, tom&oacute; mis manos y las volvi&oacute; a poner sobre sus senos y me dijo que los acariciara. Debajo de la blusa pod&iacute;an sentir mis incr&eacute;dulas manos un sost&eacute;n muy delgado de encaje (coqueto, totalmente consistente con su personalidad pecaminosa de moral dudosa, dir&iacute;a mi t&iacute;a la meapilas) que alojaban un par de senos de buen tama&ntilde;o, muy calientes, firmes y suaves a la vez, con unos pezones de muy buen tama&ntilde;o que ya se sent&iacute;an erectos y reclamaban atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Acarici&eacute; sus tetas un rato por encima de la tela, sin poder creer lo que estaba pasando, sudando y respirando muy agitado de la emoci&oacute;n y el miedo de que alguien apareciera de la nada y se armara el cat&oacute;lico esc&aacute;ndalo. Como pude met&iacute; una mano entre la blusa, alcanc&eacute; sus tetas y met&iacute; la mano debajo del sost&eacute;n para poder palpar la carne desnuda de sus magn&iacute;ficos senos. No estuve tan lejos de desmayarme. Ni en mis m&aacute;s salvajes fantas&iacute;as hab&iacute;a yo so&ntilde;ado que una muchacha tan guapa y tan buenota me dejara siquiera acercarme a ella. Y lo gozaba, sonre&iacute;a, me acariciaba el cabello, me dec&iacute;a palabras de aliento con su voz grave y deliciosa, me guiaba. La verga me reventaba. Luego de mucho se me prendi&oacute; el foco y entend&iacute; que deb&iacute;a abrirle la blusa. No pod&iacute;a desabotonarle nada de los nervios que me cargaba, me tuvo que ayudar.<\/p>\n<p>No creo que ning&uacute;n arque&oacute;logo sienta lo que yo sent&iacute; cuando pude admirar sus tetas desnudas. Generosas, blancas, desafiantes, firmes, de piel tersa y olorosa, el sudor de sus axilas era muy detectable pero muy excitante, con unos pezones rosa obscuro del tama&ntilde;o de una moneda grande, muy erectos. Sin decirme que se las mamara, le mam&eacute; las tetas como yo creo que jam&aacute;s lo he vuelto a hacer en toda mi vida. Me llev&eacute; esos pezones a la boca y no hubo ni antes ni despu&eacute;s manjar m&aacute;s delicioso que conociera mi lengua y mi paladar. Las bes&eacute;, las acarici&eacute; con mi rostro sin dejar ni un s&oacute;lo lugar de &eacute;sa carne tan excitante sin acariciar, mis manos aprendieron lo que era acariciar algo tan inconfundiblemente femenino y por todos tan amado y anhelado, sentir su peso, su calor, su textura, la suavidad de su piel, la leve humedad del sudor que nos produc&iacute;a el calor&oacute;n y el temor a ser descubiertos, mi nariz aprendi&oacute; a reconocer el olor a carne tibia y ansiosa de ser acariciada, el excitante y potente olor de unas axilas sudadas cuyo olor se impone a cualquier desodorante, el aroma del cuero cabelludo que suda en una mujer excitada.<\/p>\n<p>Y bes&eacute;, bes&eacute;, bes&eacute;, bes&eacute;, bes&eacute; sin tregua y sin cesar, bes&eacute; como si nunca antes lo hubiera hecho ni pudiera hacerlo otra vez intuyendo que quiz&aacute; ser&aacute; la &uacute;nica oportunidad que tuviera de disfrutar semejante banquete, bes&eacute; con m&eacute;todo y sin orden, bes&eacute; delirando y aguzando el o&iacute;do a la menor indicaci&oacute;n de peligro, bes&eacute; con la boca seca y derramando inveros&iacute;miles cantidades de saliva, bes&eacute; sus pezones con una devoci&oacute;n que mi megacat&oacute;lica t&iacute;a desconoc&iacute;a y ya hubiera querido, bes&eacute; todas sus tetas perdi&eacute;ndome en la infinita extensi&oacute;n de su piel y por m&aacute;s que ella quiso mantenerse controlada su respiraci&oacute;n cada vez m&aacute;s pesada y agitada delataba la invencible excitaci&oacute;n que la estaba dominando a cada momento, por no decir que no hay manera que unos pezones se levanten aquella manera si no es como consecuencia de caricias deseadas con lujuria.<\/p>\n<p>Algo hab&iacute;a cambiado en su mirada, me tom&oacute; del cuello y me bes&oacute; en los labios largamente, sin prisas pero con pasi&oacute;n, mordi&eacute;ndome los labios y disfrutando mi lengua, d&aacute;ndome a degustar su lengua y beber su saliva. Y mientras tan concienzudamente me besaba, me fue desabotonando la camisa y sus manos acariciaban mi pecho tal y como yo acababa de acariciar el suyo, pellizcaba mis pezones, sopesaba mis j&oacute;venes pectorales, me despojaba de la camisa sin dejar de tocarme con deleitaci&oacute;n, con inocultable morbo, con ardor. Mir&oacute; mi verga atrapada por el pantal&oacute;n y velozmente me despoj&oacute; de pantal&oacute;n y trusa, agarr&oacute; mi verga con sus manos y la lujuria aflor&oacute; a su cara como no la hubiera visto antes. Estoy seguro que se mordi&oacute; los labios y luego se pas&oacute; la lengua por ellos. Me hizo sufrir un rato m&aacute;s haciendo que le quitara sus ajustad&iacute;simos jeans y por eso mismo la operaci&oacute;n no fue nada sencilla pero ni siquiera me importaba porque estaba descubriendo el cuerpazaso de un mujer&oacute;n que quer&iacute;a coger conmigo aqu&iacute; y ahora sin hacerse del rogar, sin payasadas, sin hacerle tanto al cuento y dar largas y largas mientras se burlan a tus espaldas. Pocas mujeres he conocido en la vida que reconozcan que les gusta el sexo y que no tienen ning&uacute;n inconveniente al respecto. Cuando al fin estuvo completamente desnuda, me dej&oacute; admirarla por unos momentos y me complaci&oacute; posando para m&iacute; mostr&aacute;ndome sus tetas, ense&ntilde;&aacute;ndome orgullosa sus incre&iacute;bles nalgas y acerc&aacute;ndomelas al rostro para que las besara, las amasara, las acariciara, las lamiera.<\/p>\n<p>En ese entonces no ten&iacute;amos la obsesi&oacute;n con el ano femenino que hoy tenemos, pero me mor&iacute;a de ganas de comerme su concha. Me recost&oacute; y se sent&oacute; sobre mi rostro. Y entr&eacute; al para&iacute;so. Uno hecho de carne caliente y h&uacute;meda, fuerte olor que me recordaba al reques&oacute;n, sabor penetrante y muchos vellos inoportunos que hab&iacute;a que estar sacando de la boca a cada rato. Me ense&ntilde;&oacute; a comerle la concha y yo aprend&iacute; r&aacute;pidamente. Acab&oacute; por montarse sobre m&iacute; y largamente oli&oacute; mi verga y mis huevos y al final no pudo m&aacute;s y se comi&oacute; mi verga con la misma pasi&oacute;n, el mismo morbo con que yo me andaba comiendo su concha deliciosa. Ambos pens&aacute;bamos en las excomuniones, anatemas, escandalizaciones cat&oacute;licas y dem&aacute;s imbecilidades de mi hip&oacute;crita t&iacute;a y eso nos daba m&aacute;s &aacute;nimo a pecar con m&aacute;s morbo, m&aacute;s mortalmente, m&aacute;s enjundiosamente, como si estar mam&aacute;ndonos con tanto entusiasmo la concha y la verga derribaran las obsesiones y censuras cat&oacute;licas, tan peleadas con la hermosa realidad de la vida y el cuerpo humano. Si nos iban a excomulgar y correr de la casa, que valiera la pena porque nos acab&aacute;bamos de echar un cogid&oacute;n de pecadote mortal sin perd&oacute;n posible.<\/p>\n<p>Aprend&iacute; a meterle un dedo por la vulva y sentir su quemante temperatura interna y mientras devoraba los labios de su concha y mamaba sin dudarlo todos sus jugos, ve&iacute;a a su ano contraerse cada vez que mis caricias le produc&iacute;an un placer especial. Me faltaban manos para acariciarle las nalgas como yo hubiera querido. Despu&eacute;s de un rato que ignoro qu&eacute; tan prolongado fue en realidad, se separ&oacute; de mi y me acomod&oacute; en la cama con unas almohadas en mi espalda a manera de respaldo que me dejaban c&oacute;modamente reclinado para que ella hiciera lo que se le antojara.<\/p>\n<p>Y lo que se le antoj&oacute; fue clavarse mi verga. Estaba sorprendida de que no me hubiera venido, lo que ella no sab&iacute;a es que si alguna virtud tuve casi desde el inicio era precisamente esa, poder resistir. Mi verga y mi bajo vientre estaba verdaderamente empapado de su saliva y m&aacute;s iba a estarlo del manantial de su concha. Se empal&oacute; y de un solo sent&oacute;n se la clav&oacute; hasta el fondo. Puso los ojos en blanco, me estruj&oacute; en pecho y un brazo mientras me dec&iacute;a al o&iacute;do, con una voz que s&oacute;lo una mujer con una verga clavada puede tener, que estaba muy grueso. Me empez&oacute; a cabalgar veloz y furiosamente, de inmediato. Me orden&oacute; que la sujetara de la cintura y le marcara un ritmo. Mis huevos dol&iacute;an con el chocar de sus nalgas pero ese dolor era delicioso al ver c&oacute;mo enrojec&iacute;a Camila y gozaba como loca mi verga. Su vagina era poderosa, sent&iacute; sus contracciones varias veces, como si su vagina fuera una boca mam&aacute;ndome la verga. Comprend&iacute; por qu&eacute; la gente gime cuando coge, es casi inevitable si la cogida es en regla y forma. Y esta estaba siendo de m&aacute;ximos honores.<\/p>\n<p>Brillante de sudor y agotada, varias veces satisfactoriamente orgasmeada, se dej&oacute; caer a mi lado respirando como cuando &iacute;bamos a subir la sierra cercana. Mi verga segu&iacute;a parada pidiendo batalla. Dijo que eso no se pod&iacute;a quedar as&iacute;, me empez&oacute; a masturbar y a mamar al mismo tiempo y luego de un rato hicimos otro 69 memorable. Me estrujaba los huevos como para exprimirles el semen. Al cabo de un rato de tan exquisita tortura, mi semen sali&oacute; en cantidades que nunca antes me hab&iacute;an brotado, llen&aacute;ndole la boca golosa que no dej&oacute; escaparlo. Con la boca llena de semen, me bes&oacute; y me lo dio a probar. Era el beso m&aacute;s deliciosamente obsceno que nadie me hubiera dado. Me gust&oacute; a qu&eacute; sab&iacute;a mi semen.<\/p>\n<p>Por la luz de la tarde dedujimos que hab&iacute;amos pasado m&aacute;s de dos horas cogiendo como enajenados, por lo que no tardar&iacute;a en aparecer la familia. Nos adecentamos lo mejor que pudimos, ventilamos la habitaci&oacute;n, etc. Al volver la familia, que en efecto no tard&oacute;, ella mantuvo una distancia notoria conmigo. Jam&aacute;s se volvi&oacute; a acercar a m&iacute;, por m&aacute;s que yo buscara ese acercamiento, y cuando se fue del pueblo nunca la volv&iacute; a ver en mi vida. He pasado muchos a&ntilde;os pregunt&aacute;ndome por qu&eacute; una mujer que ten&iacute;a en sus manos a tantos machos quiso esa tarde pasarla cogiendo con un novato. Aprend&iacute; que el sexo ten&iacute;a que ser eso o mejor nada. No lo lamento.<\/p>\n<p>La misma noche de ese encuentro, una prima, de mi edad, se acerc&oacute; con cara p&iacute;cara y ganas inocultables de chisme. Dijo una sola cosa:<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Ya?<\/p>\n<p>Las palabras se me cuatrapearon en la lengua, posiblemente enrojec&iacute; y ella comprendi&oacute;. En sus ojos vi ira, envidia y celos, todo junto. Como tantas cosas, en ese momento no lo comprend&iacute;. Quiz&aacute; fue mejor que no lo comprendiera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 7<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>No era pariente m&iacute;a sino que era familia pol&iacute;tica del esposo de mi t&iacute;a. Ni qui&eacute;n comprenda esos parentescos. Por lo que entend&iacute; ella era visitante habitual de la casa de mi t&iacute;a en aquel pueblo donde viv&iacute;a. 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