{"id":42591,"date":"2023-07-13T22:00:00","date_gmt":"2023-07-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-07-13T22:00:00","modified_gmt":"2023-07-13T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-23","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-23\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (23)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42591\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Se mira, pero no se toca.<\/p>\n<p>Un grupo de j&oacute;venes se nos acerca caminando, no por la acera sino por la cinta asf&aacute;ltica, aprovechando que no transitan autos. Dos son guapos hombres y tres, bellas mujeres. Uno de ellos, el m&aacute;s bajo, de piel clara y rostro ovalado con un par de ojazos verdes, trae pendiendo del hombro una nevera port&aacute;til isot&eacute;rmica. El otro, m&aacute;s moreno y corpulento, con su corte de cabello casi rapado y una barba incipiente bordeando su quijada, carga en su mano con un mediano altavoz port&aacute;til escuchando reggae; afino mi o&iacute;do y reconozco el sonido, la voz y la letra de &laquo;The Way You Do The Things You Do&raquo;, de Ub40.<\/p>\n<p>Y dos de las chicas soportan en sus hombros el peso de dos bolsas grandes de tela con sus compras. La que no lleva nada encima, m&aacute;s que su gorra rosada de Hello Kitty y un precioso bolso tipo morral tejido en crochet y en los extremos dos coquetas borlas que le otorgan un toque sumamente chic, &ndash;igualmente de color rosa&ndash; luce un delicado, casual y corto vestido color marfil; se aproxima al espaldar de la banca y nos saluda levantando su mano derecha, donde entre su pulgar y el dedo &iacute;ndice, sostiene unos lentes metalizados y de ancha montura de pasta blanca.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Buenas noches! &iquest;C&oacute;mo est&aacute;n?, &iexcl;&iquest;En que andan, p&uacute;ess?! &mdash;Nos saludan en espa&ntilde;ol con marcado acento colombiano. Un dulce y coqueto habladito paisa, para ser m&aacute;s exacta. Y se detienen de forma algo descarada, sin ser para nada ofensiva.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Buenas noches! &mdash;Camilo y yo al mismo tiempo le correspondemos el saludo, pero es mi esposo quien lo concluye con una evasiva, expresiva y divertida locuci&oacute;n&hellip; &iexcl;Ehhh, por aqu&iacute; cazando &laquo;pispirispis&raquo;! Todo el grupito se r&iacute;e, la rubia igualmente. Yo nada, Camilo mucho menos. Y es que ellos no saben que en esta noche, no estamos para re&iacute;rnos demasiado, aunque puede que en el fondo, envidiemos su deliciosa juventud.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ehhh Ave Mar&iacute;a!, que gracioso me sali&oacute; esta &laquo;pinta&raquo; de hombre. &iquest;Y adem&aacute;s rolito? Jejeje. &iexcl;Vea p&uacute;ess! Entonces mi amoorrr, s&iacute; no est&aacute;s haciendo nada importante&hellip; &iquest;Podr&iacute;as hacerme un favor? &mdash;Acaso&hellip; &iquest;Le est&aacute; echando los perros a mi marido?<\/p>\n<p>&mdash;Claro que s&iacute;, ni m&aacute;s faltaba. &iquest;Son de Medell&iacute;n? &mdash;Le responde Camilo y de paso&hellip; &iquest;Le sonr&iacute;e?<\/p>\n<p>&mdash;No se&ntilde;or, ellos son Roberto y Franklin de Pereira. &mdash;Y los dos muchachos se acercan y nos saludan. A m&iacute; de beso en la mejilla y con mi esposo se estrechan las manos.<\/p>\n<p>&mdash;Y nosotras tres de Manizales. Ella es Valeria, un poco t&iacute;mida al comienzo, pero cuando entra en confianza, se convierte en un hurac&aacute;n que deja todo patas arriba. &iexcl;Jajaja! &mdash;Nos presenta a una chica de unos veinte a&ntilde;os, de lacios cabellos casta&ntilde;os que le llegan a media espalda, bajita y algo delgada, escasa de pecho y angosta de caderas, con un piercing atravesando el parpado superior izquierdo y su piel de un tono m&aacute;s oscuro que la m&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Esta morenota de aqu&iacute; es mi amiga Vanessa, una &laquo;tesa&raquo; para dise&ntilde;ar p&aacute;ginas web. &mdash;Sus definidos rizos ocres, y la tersa piel oscura, contrastan divinamente con el amplio y largo kaft&aacute;n blanco, estampado con coloreadas orqu&iacute;deas, bajo el cual se percibe un armonioso cuerpo que se menea voluptuoso al caminar.<\/p>\n<p>&mdash;Y mi nombre es Ver&oacute;nica, para lo que gustes. &ndash;Y cada una sin moverse de su sitio, sonri&eacute;ndose nos saludan levantando sus manos. &ndash; Vinimos al congreso latinoamericano de dise&ntilde;o gr&aacute;fico y unos amigos mexicanos nos invitaron a una lunada en la playa, pero es una l&aacute;stima que esta noche est&aacute; nublada y por otra parte, la verdad estamos como perdidos. &mdash;En su rostro se gesta con rapidez una expresi&oacute;n de ni&ntilde;a mimada, aprovech&aacute;ndose de la ternura que inspira su rostro ani&ntilde;ado, bastante juvenil y de p&oacute;mulos ros&aacute;ceos, ligeramente humedecidos por un poco de sudor, acentu&aacute;ndolo al fruncir sus labios y d&aacute;ndole forma a un infantil pero coqueto puchero.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y en que les podemos ayudar? &mdash;Le responde Camilo a la jovial y candorosa Ver&oacute;nica.<\/p>\n<p>&mdash;Disculpen p&uacute;ess que les pongamos &laquo;pereque&raquo;, pero&#8230; &iquest;Podr&iacute;an indicarnos si estamos muy lejos de la playa de los venezolanos? &mdash;Nos consulta la chica rubia, finalizando con una ampl&iacute;a y hermosa sonrisa, en concreto creo, m&aacute;s dirigida hac&iacute;a mi marido.<\/p>\n<p>&mdash;A unos diez minutos o menos. Vayan al fondo por esta misma calle, siguiendo por el fuerte con arcos y cruzan a la derecha. No tienen pierde. &mdash;Les se&ntilde;ala Camilo la direcci&oacute;n.<\/p>\n<p>Roberto y Franklin nos dan las gracias. Valeria y Vanessa otro tanto. Ellos cuatro van dando media vuelta, pero es Ver&oacute;nica la que no se mueve.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Oigan! Ya que no est&aacute;n haciendo mayor cosa y siendo compatriotas, tan lejos de nuestra tierra&hellip; &iquest;No les gustar&iacute;a acompa&ntilde;arnos? &iexcl;Vamos y nos divertimos un rato! &mdash;Nos dice invit&aacute;ndonos a hacer algo que en otros momentos tal vez hubiera sido fenomenal y divertido pero ahora no es la ocasi&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Eres muy amable! Adel&aacute;ntense y nosotros les caemos m&aacute;s tardecito. &iquest;Ok? &mdash;Me interrumpe mi esposo lo que pienso, respondi&eacute;ndole y anticip&aacute;ndose a mi parecer, que obviamente est&aacute; en sincron&iacute;a con su pensamiento.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Pero seguro? &iquest;No me van a dejar &laquo;metida&raquo; esper&aacute;ndolos? &mdash;La rubia insiste, colocando los brazos en jarras.<\/p>\n<p>&mdash;Seguro. &iexcl;Fresca que all&aacute; les llegamos! &mdash;Le contesto colocando mi mano izquierda sobre su hombro, para darle mayor seguridad a mi respuesta y de paso, le oculto en una velada sonrisa, las ganas de que se marche y nos deje nuevamente a solas. &iexcl;Ni mierda! No es momento de festejar.<\/p>\n<p>La veo alejarse dando pasos cortos por detr&aacute;s de sus amigos, como si no le apurara alcanzarlos. Mariana a mi lado tambi&eacute;n la observa y la voz de Ali Campbell cantando &laquo;I Got You Babe&raquo;, &ndash;debido a la amplitud de la distancia&ndash; se me va haciendo menos audible. La chica rubia gira el tronco, voltea su cabeza para mirarnos y doblando el brazo con su mano abierta abanica el aire, &ndash;empeque&ntilde;ecida bajo la sombra enorme de la estatua de Manuel Carlos Piar&ndash; sonriente despidi&eacute;ndose de los dos pero a esta distancia noto que su mirada est&aacute; dirigida&hellip; &iquest;Solo para m&iacute;?<\/p>\n<p>Doy media vuelta buscando acomodo nuevamente en la banca de madera. Con cierto desconsuelo observo que dentro de la rectangular cajetilla no me aguardan m&aacute;s que dos cigarrillos. Me enciendo el pen&uacute;ltimo y aspiro sin prisas. Mariana tambi&eacute;n posa con gracia sus nalgas sobre la oscura madera, acomod&aacute;ndose antes el vestido con una sola mano, que templa los hilos negros de la tela que cubre la redondez de su culo, y busca con su mirada el sitio donde ha dejado la peque&ntilde;a copa de pl&aacute;stico.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Quieres otro ron? &mdash;Le pregunto y ella asiente.<\/p>\n<p>Entre sus dedos sostiene el peque&ntilde;o envase y le sirvo hasta la mitad. En su cara se percibe una mueca de interrogaci&oacute;n. &mdash; &iexcl;Poquito porque es bendito! le digo y s&eacute; que aunque no lo quiera, mi boca esboza una leve sonrisa.<\/p>\n<p>Apoya completamente la espalda sobre el respaldo de la banca, lleva la copa a su boca, las piernas las mantiene juntas, pero un nervioso y repetitivo movimiento en sus muslos me indica que est&aacute; pensando en algo y que a punto estoy de enterarme de algo m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;S&iacute;, Chacho! As&iacute; lo comenc&eacute; a llamar despu&eacute;s de&hellip; De que tuve&hellip; Luego de hacerlo con &eacute;l&hellip; Por segunda vez. &mdash; &iexcl;Esperaba un nuevo comentario pero esto!&hellip; &iquest;As&iacute;, tartamudeando y a palo seco?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ufff! Te has vuelto experta en zarandearme sin darme un respiro. Cuando consigo unos pocos momentos de calma, que no alcanzo a disfrutar, porque enseguida&hellip; &iexcl;Pumm! Haces explotar sin previo aviso, tus ocultas verdades en mi cara. &mdash;Le comento mientras que ahora soy yo el que necesita realmente con urgencia un ardiente trago.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Lo lamento tanto, cielo! Pero si para ti es doloroso escucharlo, para m&iacute; es un tormento describirte esos detalles, sabiendo de antemano que vas a sufrir. Espero que entiendas la raz&oacute;n por la que lo hago. Deseo ser lo m&aacute;s sincera y honesta posible contigo y no quiero que pienses que me estoy guardando algo. No vine a buscarte para seguir ocult&aacute;ndote cosas de ese pasado. &mdash;Camilo en silencio me observa con la mirada perdida, para luego beber un poco de ron y yo decido imitarlo.<\/p>\n<p>A Mariana, aparte de las piernas, le tiembla la mano que sostiene la copa. Se incorpora y se decide igualmente por llevar a su boca uno de sus blancos cigarrillos; se encorva bastante para formar con su cuerpo una oquedad que le permita con facilidad darle fuego y evitar que la brisa le dificulte la labor de encenderlo. Aspira, me mira y expulsa el espeso humo, al igual que la continuaci&oacute;n de sus recuerdos.<\/p>\n<p>&mdash;Recib&iacute; en el m&oacute;vil empresarial un mensaje de&hellip; De &eacute;l. Fue justo despu&eacute;s de salir de la oficina, para felicitarme por haber logrado finalizar el mes cumpliendo la meta m&iacute;nima del presupuesto de ventas. K-Mena, Diana y Carlos me acompa&ntilde;aban caminando esa tarde de viernes hacia el bar, para celebrar como usualmente lo hac&iacute;amos. Ninguno de ellos se dio cuenta pero me puse nerviosa, imaginando que me lo encontrar&iacute;a all&iacute;. Respir&eacute; m&aacute;s tranquila al observar que no se hallaba en el bar y pedimos unas cervezas tras sentarnos en una mesa apartada para poder hablar sin tener que gritarnos, pero aunque aparentaba estar normal, estaba m&aacute;s pendiente del momento en que Jos&eacute; Ignacio se apareciera por esa puerta y que luego t&uacute; lo hicieras m&aacute;s tarde y como de costumbre, tener que mediar entre ustedes dos si empezaban a tirarse puyas.<\/p>\n<p>&mdash;Finalmente llegaste acompa&ntilde;ado por Elizabeth y el hijo de puta de Eduardo, &ndash;mi falso &aacute;ngel guardi&aacute;n&ndash; comentando entre ustedes algo del nuevo proyecto hotelero, y t&uacute; saludando a todos nosotros de manera cordial; a las muchachas de beso en la mejilla, a Carlos y a m&iacute;, guardando prudente distancia, tan solo apret&aacute;ndonos caballerosamente de la mano por encima de la mesa. Ni te imaginas como llegu&eacute; a sentirme de incomoda en esos momentos. Alejada de ti por mi est&uacute;pida idea de jugar a que t&uacute; y yo no &eacute;ramos nada, por mis ganas de trabajar haci&eacute;ndolo a tu lado y aparte de eso, sinti&eacute;ndome mal por traicionera, mentirosa e infiel, pero con ganas de que no desconocieras la necesidad retrasada durante el d&iacute;a, por sentir la calidez de tus labios, si no en la boca al estar en frente a mis compa&ntilde;eros, al menos sentirlos como los presionabas con fingida normalidad sobre mis mejillas. &iexcl;Pero no sucedi&oacute;!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Uhum! Ya veo. Pues tan solo habl&aacute;bamos de mi proyecto y del repentino inter&eacute;s que hab&iacute;a suscitado entre los miembros de la junta directiva. Igualmente coment&aacute;bamos sobre la oportunidad que se le pod&iacute;a presentar a Eduardo de dirigir las ventas a nivel nacional si lograba superar el presupuesto mensual que le hab&iacute;an estipulado.<\/p>\n<p>&mdash;Yo no te hab&iacute;a comentado nada acerca del proyecto, pues solamente lo ve&iacute;a como una posibilidad, y hasta que no se concretara, no vi justo ilusionarte con ello. Por eso esperaba a tener m&aacute;s claro el panorama y me guard&eacute; aquella noticia. Si se daba, hab&iacute;a pensado en festejarlo contigo y nuestro hijo, viajando al exterior del pa&iacute;s. No me olvidaba de tu sue&ntilde;o por conocer M&eacute;xico y visitar sus museos y las construcciones ancestrales, o hacer un viaje al Per&uacute; y ascender en tren hasta Machu Pichu. &iquest;Recuerdas? Era una sorpresa que guardaba para ti. Pero de esa noticia ya estabas muy bien enterada.<\/p>\n<p>&mdash;Como me hubiera gustado poder realizar ese viaje contigo y con nuestro hijo, pero&hellip; &iexcl;Pufff! la recontra cagu&eacute;.<\/p>\n<p>Mariana calla al llevar a su boca el cigarrillo para darle una profunda aspirada, mientras su mirada apagada observa hacia el suelo, en consonancia con el tono triste que le imprime a sus palabras al recordar el papel que le toc&oacute; representar por su infantil desliz. Escarba con la punta de su sandalia derecha algo que le ha llamado la atenci&oacute;n. Son los restos secos de una goma de mascar, usada y deforme, pegada en el centro de una laja terracota miles de veces pisoteada.<\/p>\n<p>&mdash;Y s&iacute;, como sabes el malparido de nuestro supuesto amigo me hab&iacute;a informado de tu cercano &eacute;xito y con ello logr&oacute; someterme. De hecho Eduardo se me acerc&oacute; esa noche, &ndash;en frente de tus narices&ndash; y al o&iacute;do me coment&oacute; sobre tu pr&oacute;ximo viaje con los directivos para visitar los terrenos en el Choc&oacute;, y donde podr&iacute;a desarrollarse tu proyecto. Estaba feliz de haberte ayudado y no hac&iacute;a sino re&iacute;rse por cualquier comentario medianamente gracioso de Diana, pero disimuladamente no dejaba de mirarme con la prepotencia de aquel jinete que es conocedor de que lleva bien sujetas en sus manos, las riendas que le indican a la servil yegua hac&iacute;a donde debe virar.<\/p>\n<p>Abandona el intento, pues no logra despegarla y al mirarme de nuevo, cae en cuenta de que la he observado. Con algo de timidez me obsequia una sonrisa, fuma de nuevo y dispuesta a continuar hablando, deja escapar algo de ese humo, entre frase y frase.<\/p>\n<p>&mdash;En verdad que me hubiera encantado.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute;? &mdash;Le pregunto y ella hace un gesto de conformidad levantando los hombros, al tiempo que me responde&#8230;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Conocer las pir&aacute;mides! &ndash;Me contesta visiblemente emocionada&ndash;. Ahhh, y pasar algunos d&iacute;as en Acapulco o en Canc&uacute;n. &iquest;Sabes una cosa? Quiz&aacute; todav&iacute;a podr&iacute;amos llevar a Mateo&#8230; &iexcl;Claro, si superamos todo esto!<\/p>\n<p>Mariana aprieta entre su pulgar y el &iacute;ndice el cigarrillo llev&aacute;ndoselo a la boca. Fuma lo poco que le queda y aparta la mano, fijando su mirada en la colilla casi terminada entre sus dedos. Sin pena la arroja al suelo y la pisa con la punta de su sandalia, luego se agacha y simplemente la recoge. Niega con la cabeza, tal vez respondi&eacute;ndose ella misma, &ndash;colocando en duda nuestro futuro&ndash; y suspira, mientras con tristeza clava su mirada en mis ojos, para continuar explic&aacute;ndome lo que vivi&oacute; esa noche, entre tanto yo, apenas si soy capaz de mirarla pues me apu&ntilde;alan sus palabras y sin embargo pienso en lo injusto que es el amor. &iexcl;Mierda, mierda! &iexcl;La amo a rabiar!<\/p>\n<p>&mdash;Aparentaba estar calmada bebiendo a sorbos cortos pero continuos mi cerveza, escuchando con algo de atenci&oacute;n los comentarios de cada uno y aportando alg&uacute;n comentario sobre lo complicado que estaba el mercado inmobiliario, apostando por un buen repunte en los negocios y en lo que se vendr&iacute;a para septiembre pues era el tan esperado por el pa&iacute;s, &laquo;Mes del Amor y la Amistad&raquo;, y que deber&iacute;a ayudarnos a incrementar las ventas. Pero en verdad estaba nerviosa, con un ojo puesto en tu rostro y el otro en la puerta, esperando esa entrada triunfal.<\/p>\n<p>&mdash;Pues vaya si lo disimulaste bien. O yo estaba tan inmerso en escuchar a Eduardo hablar de sus ideas comerciales para mejorar el r&eacute;cord de ventas de tu grupo, y de recomendarle a Liz hablar con el arquitecto residente sobre unos escombros que no se hab&iacute;an retirado de la tercera etapa, que no me percat&eacute; del nerviosismo que ten&iacute;as esa noche y que ahora me cuentas. &iexcl;Qu&eacute; idiota fui, y que bien que interpretaste tu papel!<\/p>\n<p>&mdash;Descuida, no ten&iacute;as por qu&eacute; saberlo, y en todo caso, siempre he procurado que seas t&uacute; el primero para m&iacute;. Afortunadamente Jos&eacute; Ignacio no apareci&oacute;, aunque s&iacute; que me envi&oacute; otro mensaje que le&iacute; mientras fumaba un cigarrillo en la calle, acompa&ntilde;ada por tu asistente que aprovech&oacute; para llamar a su marido, aunque guardando las dos una prudente distancia. En el texto se disculpaba conmigo por no poder asistir al bar, ya que se encontraba con su novia Grace en un concierto de m&uacute;sica del despecho por el Festival del Verano, pero dejando en claro que estaba impaciente por verme, &ndash;en el rostro de mi esposo se refleja el desagrado&ndash; y al cual no le respond&iacute; nada, dej&aacute;ndolo en visto.<\/p>\n<p>&mdash;Debiste responderle algo, si es que no quer&iacute;as que &eacute;l pensara otra cosa. &iexcl;El que calla, otorga!<\/p>\n<p>&mdash;Es probable, pero teniendo a Elizabeth tan cerca, me puse nerviosa y opt&eacute; por apagar el m&oacute;vil. Adem&aacute;s como nuestro grupo deb&iacute;a trabajar al dia siguiente en Pe&ntilde;alisa, al ingresar de nuevo al local, pens&eacute; que apurando mi cerveza y neg&aacute;ndome a pedir otra ronda, todos captar&iacute;an el mensaje. Y a ti, te mir&eacute; con disimulo, apenada contigo sin que tu siquiera sospecharas el porqu&eacute;. Afortunadamente la reuni&oacute;n no se extendi&oacute; m&aacute;s de unos minutos y cada uno fuimos despidi&eacute;ndonos, en mi caso llev&aacute;ndome del brazo a K-Mena para acercarla como siempre hasta su casa, Eduardo obviamente se ofreci&oacute; a llevar tanto a Diana como a Carlos y dejarlos en sus hogares, y t&uacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Yo me qued&eacute; otro rato con Liz, d&aacute;ndole las &uacute;ltimas indicaciones para ese fin de semana, mientras esper&aacute;bamos a que llegara su esposo a recogerla. Tuve que encomendarle la supervisi&oacute;n de la ampliaci&oacute;n de una habitaci&oacute;n derribando un muro divisorio, para una de las casas que hab&iacute;as vendido y era imposible para m&iacute; estar presente pues t&uacute; ten&iacute;as que viajar igualmente a Pe&ntilde;alisa y Mateo deb&iacute;a asistir a su clase de nataci&oacute;n. Era una obra sencilla pero igualmente urgente para que tus clientes pudieran instalarse lo antes posible. Y de all&iacute; sal&iacute; para nuestra casa a encontrarme con Mateo y contigo. &mdash;Le recuerdo a Mariana aquel momento y me pongo en pie de forma impulsiva, para caminar hasta la caneca de basura y apagar contra el borde los restos no consumidos del cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya, pues no recuerdo haberla visto por all&aacute; ese fin de semana! El caso es que haciendo memoria, no olvido como esa noche ya en privado, t&uacute; me felicitaste y expresaste tu entusiasmo abraz&aacute;ndome tan pronto abr&iacute; la puerta de la casa, elev&aacute;ndome por los aires tras cruzar el umbral del recibidor; dimos no s&eacute; cu&aacute;ntos giros sin despegar tus labios de los m&iacute;os, en presencia de nuestro peque&ntilde;o que no paraba de re&iacute;r, alegre con nuestra divertida y cari&ntilde;osa manera de saludarnos, &ndash;le contin&uacute;o hablando a Camilo, elevando el tono de mi voz&ndash; y luego de cenar y recostarnos los tres en la cama de Mateo mientras t&uacute; le le&iacute;as un cuento y yo lo manten&iacute;a abrazado para que se durmiera, utilizaba esos instantes para pensar en la conversaci&oacute;n que hab&iacute;a sostenido con K-Mena mientras la llevaba a su casa y que me manten&iacute;a intranquila.<\/p>\n<p>Camilo se regresa hasta donde estoy sentada, caminando pensativo, pero se queda de pie observ&aacute;ndome, hasta que ya no se aguanta y termina por preguntar&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Supongo que te insisti&oacute; sobre la propuesta esa&hellip; &iexcl;De que le ense&ntilde;aras a tocarse y experimentar con su cuerpo!<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute;, as&iacute; fue. Con sinceridad le coment&eacute; que todav&iacute;a no hab&iacute;a pensado en nada, pero le promet&iacute; no posponerlo mucho m&aacute;s y que ya se me ocurrir&iacute;a alguna cosa para hacer. K-Mena me estaba poniendo entre la espada y la pared, presion&aacute;ndome para que le ense&ntilde;ara a&hellip; &iexcl;Ya sabes! Y a m&iacute; no se me hab&iacute;a ocurrido como hacerlo, de hecho por lo acontecido con el malparido de Eduardo, yo no ten&iacute;a cabeza para pensar en otra cosa y entonces&hellip; Al otro d&iacute;a en la entrada a la agrupaci&oacute;n en Pe&ntilde;alisa, nos encontramos con la sorpresa de ver de nuevo all&iacute; a&#8230; Jos&eacute; Ignacio.<\/p>\n<p>En este momento es Mariana quien se coloca de pie y se aleja de m&iacute; hasta llegar al muro de piedra. Observa por unos momentos los coloridos reflejos de las luces provenientes de Otrobanda sobre la superficie de este mar casi en calma, y tras un corto suspiro deja caer la colilla en medio de las irregulares piedras y se serena. Ahora se da la vuelta, apoyando manos y nalgas sobre el borde del muro, para decidirse a continuar con nuestra charla.<\/p>\n<p>&mdash;Lleg&oacute; al parking montado en su estruendosa motocicleta ya reparada por el mismo, vistiendo todo de negro y luciendo una desgastada chamarra de piel con taches met&aacute;licos, pantalones brillantes igualmente de cuero, &ndash;tal vez con un poco menos de uso&ndash; y botas con suela de goma gruesa y hebillas anchas y plateadas justo a la altura de sus tobillos. K-Mena se apart&oacute; de mi lado y sali&oacute; corriendo para recibirlo y sin dejarlo desmontar de la motocicleta, lo abraz&oacute; efusivamente. Al hacerlo, &eacute;l se retir&oacute; con una sola mano el casco de apariencia antigua, uno de esos que son abiertos forrado todo en cuero y con peque&ntilde;os lentes circulares adosados por la parte superior, y pude observar que usaba por debajo de este, un pa&ntilde;uelo blanco y con franjas azules, doblado al estilo pirata cubri&eacute;ndose la cabeza.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Upaaa! Por lo visto nos result&oacute; un verdadero harlista el Playboy de playa ese. Y por lo detallado de tu descripci&oacute;n, a ti tambi&eacute;n te encant&oacute;. Con esto no estoy insinuando que hasta se te hayan mojado la tanga. &mdash;Mariana baja la cara y cierra lentamente los parpados, apretando con fuerza sus labios, en clara se&ntilde;al de que no le gusta demasiado mi comentario.<\/p>\n<p>&mdash;Se ve&iacute;a&hellip; &iexcl;Estaba distinto! Y aunque no se me escurrieron las babas al verlo, como lo imaginas, pues la verdad es que s&iacute;, se ve&iacute;a demasiado atractivo. &mdash;Como era de suponer, a mi esposo no le gusta para nada mi femenina sinceridad y reniega moviendo su cabeza de izquierda a derecha y viceversa.<\/p>\n<p>&mdash;Esa pinta de hombre aventurero, viril y rebelde, le sentaba muy bien y claramente llamaba la atenci&oacute;n no solo a m&iacute;, tambi&eacute;n a las dem&aacute;s mujeres, incluidas las chicas de la recepci&oacute;n, por aquella imagen de masculinidad que transmit&iacute;a sentado a horcajadas sobre esa motocicleta. De hecho, desde esa misma ma&ntilde;ana K-Mena se mostr&oacute; muy cari&ntilde;osa con &eacute;l, sin despeg&aacute;rsele en todo el d&iacute;a para nada, obviamente cuando no ten&iacute;a personas por atender.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Acaso comenzaste a sentir celos de tu amiguita?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Celos? Nooo, para nada. Te lo juro, de verdad que no miento. Creo que lo que sent&iacute; fue algo diferente. Ehhh&hellip; &iquest;C&oacute;mo te lo explico? Una sensaci&oacute;n fraternal de protecci&oacute;n. Comprend&iacute; que deb&iacute;a hacer algo con ella, para calmarle sus inquietudes sexuales y apartarla del peligro que representaba Jos&eacute; Ignacio para su virginidad. &iquest;Me entiendes?<\/p>\n<p>&mdash; Ya. El instinto maternal que te empujaba a meterte donde no te hab&iacute;an llamado. &iquest;Y &eacute;l como se comport&oacute; contigo, despu&eacute;s de lo que hubo entre ustedes?<\/p>\n<p>&mdash;Me salud&oacute; un poco m&aacute;s efusivo de lo normal, mir&aacute;ndome con ganas, de arriba para abajo y luego d&aacute;ndome un beso en cada mejilla, adem&aacute;s de jalarme hacia su cuerpo y darme un fuerte abrazo. Antes de separarnos a mi o&iacute;do dej&oacute; escapar de su boca un &iexcl;Te extra&ntilde;&eacute;!, que consigui&oacute; sonrojarme, pero le respond&iacute; de inmediato&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;En serio? &iexcl;Pues yo no! &mdash;Y de hecho mantuve la distancia con &eacute;l, d&aacute;ndole seguramente la impresi&oacute;n en algunas ocasiones de que intentaba evitarlo, prefiriendo la compa&ntilde;&iacute;a de K-Mena, Diana o inclusive de Carlos. Sin embargo &eacute;l continuaba igual que siempre, atendiendo con diligencia a los clientes y pase&aacute;ndose como si fuese un pavo real con las plumas de la cola extendidas cuando ve&iacute;a por ah&iacute; a alguna mujer bonita. Y justo durante un momento de relax, tras intercambiar con Diana una de sus bromas, lo vi palmotearle levemente una de las nalgas y en ella una sonrisa de aceptaci&oacute;n y complicidad.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;A Qui&eacute;n? &iquest;A tu amiga Diana o a la flaca? &mdash;Le pregunto a Mariana solo para confirmar.<\/p>\n<p>&mdash;Efectivamente a K-Mena. Y entonces se me ocurri&oacute; que era mejor hablar con ella para citarla el martes siguiente aprovechando que ten&iacute;amos descanso, justo a la entrada de Unicentro para ir por all&iacute; de compras, tomar algo y pasar un buen rato entre amigas. De hecho, &iquest;no se s&iacute; recuerdas que estaba empe&ntilde;ada en cambiar el cuadro del comedor por un nuevo bodeg&oacute;n? Pues tambi&eacute;n pens&eacute; en aprovechar y dar una vuelta por las galer&iacute;as de arte para mirar con que novedad me encontraba.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Sor Mariana de nuevo al rescate? &mdash;Le suelto mi observaci&oacute;n en un tono serio, para que no crea que me burlo de ella, y levantando los hombros me responde&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pues s&iacute;!, &ndash;rest&aacute;ndole importancia a mi mordaz apunte contin&uacute;a su relato.<\/p>\n<p>&mdash;Tu santa Mariana se preocup&oacute;. &iquest;Contento?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Upaa! &iquest;Pero si me vas a pegar para qu&eacute; me rega&ntilde;as?&#8230; Ok, ok, te ofrezco una disculpa. &iquest;Puedes continuar por favor?<\/p>\n<p>&mdash;Humm, estaba coment&aacute;ndote que aquel s&aacute;bado por la ma&ntilde;ana todos nos mantuvimos muy ocupados, recibiendo a muchas parejas visiblemente enamoradas pero sin hijos, y a familias completas interesadas en conocer cada casa y espacio de la agrupaci&oacute;n. El est&uacute;pido de Eduardo se manten&iacute;a a la expectativa para ofrecerse a cerrar alg&uacute;n posible negocio. Lo hizo con Diana, igual con K-Mena y un poco con Carlos. Sin embargo para nada se inmiscu&iacute;a con los clientes que atend&iacute;amos Jos&eacute; Ignacio y yo.<\/p>\n<p>&mdash;A ojos de cualquier persona podr&iacute;a parecer que nos ten&iacute;a demasiada confianza, y no necesit&aacute;bamos de su colaboraci&oacute;n. Quiz&aacute; en el caso de Jos&eacute; Ignacio podr&iacute;a ser verdad, pero en el m&iacute;o no era as&iacute; del todo, ya que colocaba especial cuidado con aquellas personas que eran atendidas por m&iacute;, y sobre todo las interesadas en que yo les realizara alguna cotizaci&oacute;n por escrito, con la promesa de hablar a la siguiente semana para luego, &ndash;algo decepcionada por no poder finiquitar el negocio&ndash; despedirlas en la puerta de la sala de ventas, y all&iacute; se aparec&iacute;a Eduardo muy sonriente, acerc&aacute;ndose a ellos e intercambiando algunas palabras brevemente e insist&iacute;a en acompa&ntilde;arlos hasta el lugar donde hab&iacute;an dejado aparcados sus autos&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Averiguando c&oacute;mo se hab&iacute;an sentido atendidos por ti? O&hellip; &iquest;Indagando si alguien estaba m&aacute;s interesado en la apariencia f&iacute;sica de la asesora que en vivir all&iacute; en la agrupaci&oacute;n? &mdash;Le pregunto interrumpi&eacute;ndola.<\/p>\n<p>&mdash;Seguramente que s&iacute;. Y eso me pon&iacute;a de los nervios. No quer&iacute;a que se inmiscuyera demasiado con ellos. &iexcl;Ya te imaginaras el por qu&eacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Supongo que por hacerte revivir lo sucedido con ese profesor.<\/p>\n<p>&mdash;Uhumm, obvio s&iacute;. A cada instante que lo ve&iacute;a entablar conversaci&oacute;n con alguna de las personas que yo hab&iacute;a atendido, sent&iacute;a que la copa de mi ruina, debido a su avaricia y la lujuria, se podr&iacute;a empezar a llenar.<\/p>\n<p>&mdash;Mariana, aunque esta historia no la podamos cambiar, yo sigo pensando que debiste haber parado con todo eso y hablar conmigo, &ndash;por estupidez o por pena, agacho la cabeza y dejo de mirarla&ndash; cont&aacute;rmelo todo de una buena vez, tener la suficiente confianza en m&iacute;, y s&iacute;, tal vez hubi&eacute;semos tenido un gran disgusto, por supuesto, pero te hubieras ahorrado muchas horas de sufrimiento y de angustia pensando de qu&eacute; manera seguir cubriendo el rastro de tus mentiras.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;En serio crees eso? &iexcl;Por Dios Camilo!, si lo hubiera hecho, seguramente que no ser&iacute;a cuesti&oacute;n de afrontar entre nosotros una gran pelea que hubiese evitado todo lo dem&aacute;s, pues con todas las pruebas en mi contra, estoy segura de que hubiera sido una grand&iacute;sima tragedia para los dos. Me hubiera quedado de inmediato sin esposo, sin trabajo y qui&eacute;n sabe si hubiera perdido tambi&eacute;n la custodia de mi hijo. Y t&uacute; Camilo, no solo te hubieses quedado sin la mujer que tanto amabas, dejando a Mateo vivir con una familia incompleta, sino que adem&aacute;s dejar&iacute;as en el limbo a tu proyecto so&ntilde;ado durante tanto tiempo. &iexcl;Callar, asumir y mentir! Esa era la mejor opci&oacute;n para m&iacute; en esos momentos, aunque me costara aceptarlo.<\/p>\n<p>De nuevo se planta en frente de m&iacute; y en medio de su silencio, el despejado cielo de sus ojos estudia mis gestos, queriendo determinar el estado en el que me encuentro, analizando cada una de mis reacciones. Y como nota que lo admito, &ndash;casi que hasta la disculpo y quiero darle la raz&oacute;n a su enga&ntilde;o&ndash; Mariana prosigue cont&aacute;ndome su cuento sobre ese s&aacute;bado a comienzo de septiembre, hace m&aacute;s de un a&ntilde;o atr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Por la tarde, justo a la mitad de mi hora de almuerzo, compartiendo junto a Diana unas piezas de pollo &laquo;broaster&raquo; con papitas a la francesa, se nos acerc&oacute; Eduardo para decirme que unos clientes estaban preguntando por m&iacute; en la sala de ventas. Hambrienta y de mala gana, dej&eacute; la segunda pieza de pollo a medio terminar y sal&iacute; apurada dirigiendo mis pasos a su encuentro, pero llevando en mi mano la botella de gaseosa.<\/p>\n<p>&mdash;Eduardo me acompa&ntilde;&oacute; hasta la sala y all&iacute; me se&ntilde;al&oacute; a quienes &eacute;l dec&iacute;a que eran clientes m&iacute;os. Se trataba de una se&ntilde;ora de una edad similar a la de mi madre, tal vez unos dos o tres a&ntilde;os menor, y acompa&ntilde;ada por dos hermosas peque&ntilde;as, &ndash;con similares vestidos cortos de color amarillo&ndash; preciosas gemelas de rostros angelicales pero sumamente malcriadas.<\/p>\n<p>&mdash;Y un se&ntilde;or flaco y muy alto, de cabello entre amarillo y rojizo sin ninguna cana visible, &ndash;seguramente matizadas por el uso de henna&ndash; y muy abundante a pesar de la edad que yo le pod&iacute;a atribuir debido a las arrugas de su rostro, a lo largo del cuello y las que atravesaban longitudinalmente sus huesudas manos. Ataviado de manera muy deportiva, tal vez con la intenci&oacute;n de aparentar menos edad, con unos pantalones cortos de color caqui de grandes bolsillos laterales como los que estas usando ahora, una camisa tipo polo de un marr&oacute;n bastante oscuro y con un pa&ntilde;uelo blanco sec&aacute;ndose el sudor de la cara, me salud&oacute; de manera muy cordial y de paso le dio un completo repaso a mi anatom&iacute;a sin percatarse que la se&ntilde;ora no hab&iacute;a perdido detalle.<\/p>\n<p>&mdash;Sabes que suelo ser algo despistada, pero jam&aacute;s desmemoriada. &iexcl;A ellos no recordaba haberlos atendido! Se me hizo extra&ntilde;o pero igualmente los salud&eacute; con la debida cordialidad que implicaba mi trabajo. La se&ntilde;ora, de unos cincuenta y pico de a&ntilde;os, con un corte de cabello desvanecido y desmechado, tinturado de rubio platinado, ojos marrones algo achinados tras unos elegantes lentes dorados con montura agatada, y en el cuello luciendo un hermoso collar de perlas. Eso s&iacute;, algo subida de peso y con unos pechos enormes, que no pod&iacute;a disimular con su amplio vestido blanco, se present&oacute; como Margarita Pe&ntilde;aranda de Lozada y su esposo simplemente como Fernando.<\/p>\n<p>&mdash;Nos sentamos alrededor de una de las mesas redondas, exactamente en aquella que estaba ubicada justo en frente de la palma de Sag&uacute; que tanto te gust&oacute; y quisiste sembrar una similar a la entrada de nuestra casa, pero el escaso espacio disponible no te lo permiti&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, por supuesto que recuerdo de cual me hablas.<\/p>\n<p>&mdash;En fin, que las peque&ntilde;as de unos ocho o nueve a&ntilde;os, nietas de aquella pareja, simplemente correteaban por la sala, esquivando a las dem&aacute;s personas que all&iacute; se encontraban siendo atendidas por mis compa&ntilde;eros, y jugaban alrededor de las mesas donde estaban exhibidas las maquetas de los terrenos de la agrupaci&oacute;n residencial y de los cuatro tipos de viviendas, hasta terminar resbal&aacute;ndose &ndash;entre risas y gritos de felicidad&ndash; sobre las cer&aacute;micas del suelo, logrando menguar la paciencia de m&aacute;s de un cliente y distraer por momentos la atenci&oacute;n que me deb&iacute;a prestar el se&ntilde;or Fernando.<\/p>\n<p>&mdash;Eduardo tambi&eacute;n se sent&oacute; con nosotros y entre los cuatro iniciamos una conversaci&oacute;n sobre las ventajas de adquirir una vivienda con nosotros, el excelente clima por la ubicaci&oacute;n, las tranquilidad de los alrededores y sobre todo la exclusividad de vivir en un lugar as&iacute;, con tantas comodidades para disfrutar, como las canchas de tenis, los complejos acu&aacute;ticos, el campo de golf y los relativos bajos costos de inversi&oacute;n versus los beneficios, y bla, bla, bla. Lo de siempre. Ya conoces como es &eacute;l cuando le dan cuerda y lo dejan hablar para que exponga sus famosos postulados comerciales y las comparativas inmobiliarias. Retah&iacute;la de mentiras, que nos aprendemos casi de memoria los vendedores, para ablandar los corazones duros de los probables compradores.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ni me lo recuerdes! Siempre desde que lo conoc&iacute; fue as&iacute;. Embaucador y zalamero, hasta que decide que es momento de pegar el mordisco. &mdash;Le reconozco a Mariana.<\/p>\n<p>&mdash;Yo ve&iacute;a a la se&ntilde;ora Margarita prestar bastante atenci&oacute;n, muy interesada en analizar mis propuestas de financiaci&oacute;n, pero el esposo por el contrario se encontraba muy disperso, m&aacute;s pendiente del cuidado de las dos peque&ntilde;as y de paso, m&aacute;s de una vez lo pill&eacute; mir&aacute;ndome las piernas al tener que descruzarlas para cambiar mi postura para enfatizar alg&uacute;n detalle, o embelesado observ&aacute;ndome en el rostro, cada expresi&oacute;n m&iacute;a, cada parpadeo y movimiento de los ojos o de mis manos. No quise darle mayor importancia pues ya estaba acostumbrada a llamar la atenci&oacute;n por el exceso de piel que dejaba apreciar el ajustado short azul del uniforme o por los atractivos rasgos de mi cara con el contraste de mi piel blanca, las cejas negras y espesas, el no muy com&uacute;n color de los ojos y mi larga melena azabache. &iexcl;Hombres, al fin y al cabo! &iexcl;Siempre tan previsibles!<\/p>\n<p>&mdash;Al cabo de unos minutos, quiz&aacute;s tras media hora de conversaci&oacute;n los invit&eacute; a mirar nuevamente la casa modelo tipo &laquo;A&raquo; que tanto le interesaba a la se&ntilde;ora Margarita, a quien por supuesto le fascin&oacute; la idea, pero a don Fernando no mucho, torci&oacute; la boca y mirando la hora en el rojo reloj deportivo, coment&oacute; para todos que ya se estaba haciendo tarde, pero intervino Eduardo nuevamente, le dijo algo al o&iacute;do que no logr&eacute; escuchar y lo termin&oacute; por persuadir.<\/p>\n<p>&mdash;Fuimos caminando hasta la casa y al entrar les ced&iacute; el paso a la se&ntilde;ora y a las dos ni&ntilde;as, que entraron raudas, dichosas por curiosear de nuevo, no solo los ambientes de la planta baja persigui&eacute;ndose la una a la otra, sino que subieron corriendo por las escaleras hacia las habitaciones del segundo piso. El se&ntilde;or Fernando caballerosamente me dej&oacute; pasar primero, pero al cruzar la puerta pude sentir el leve roce de su mano sobre mi nalga derecha. Sorprendida, volte&eacute; a mirarlo y el se&ntilde;or en un gesto avergonzado, levant&oacute; los hombros bastante apenado, murmurando un &mdash; &iexcl;Lo lamento, fue sin querer!, para as&iacute; disculparse conmigo.<\/p>\n<p>&mdash;Sent&iacute;a su mirada repasarme por detr&aacute;s, de abajo para arriba. A veces volteaba a mirar y all&iacute; me encontraba con el girar apresurado de su cara. De nuevo al subir por las escaleras, con la se&ntilde;ora Margarita yendo por delante, sent&iacute; como sus ojos no perd&iacute;an de vista el movimiento de mis nalgas al subir por los pelda&ntilde;os. Y al salir de la habitaci&oacute;n principal para ense&ntilde;arles el otro ba&ntilde;o auxiliar a la mitad del pasillo, en medio de las otras habitaciones, con las peque&ntilde;as corriendo alborotadas, nuevamente dej&oacute; salir primero a su esposa y al cederme caballerosamente el paso, los dedos de su mano se hicieron con una parte de mi cabello, tom&aacute;ndolo por debajo de la mo&ntilde;a, acarici&aacute;ndolo y acerc&aacute;ndolo a su nariz para olfatearlo, como un animal en celo. Me gir&eacute; entre asustada y enojada por su atrevimiento, y en esa ocasi&oacute;n sin incomodarse, me mostr&oacute; la perfecta alineaci&oacute;n blanca de su dentadura postiza, teniendo como marco sus labios delgados, ligeramente torcidos hacia la izquierda.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Definitivamente esta casa me encanta! Est&aacute; muy bien distribuida y a pesar del calor exterior, se mantiene muy fresca dentro. &iquest;A ti que te parece? &mdash;Algo as&iacute; fueron las palabras pronunciadas por la se&ntilde;ora Margarita, que lograron hacer que tanto &eacute;l como yo, nos gir&aacute;semos y dej&aacute;ramos pasar por alto aquel suceso tan extra&ntilde;o como inc&oacute;modo.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; muy bien, en general me gusta el dise&ntilde;o moderno de toda la casa, la claridad en las habitaciones y la amplitud de todos los balcones, pero sin querer incomodar aqu&iacute; a la se&ntilde;orita L&oacute;pez, &ndash;intervino finalmente el se&ntilde;or Fernando mir&aacute;ndome, pero dirigi&eacute;ndose a su esposa&ndash; creo que debemos mirar las otras opciones que nuestros hijos nos han propuesto antes de decidirnos. Y de hecho mi vida, ya se est&aacute; haciendo tarde para vernos con ellos en el hotel, y estas dos ni&ntilde;itas deben estar cansadas y hambrientas, as&iacute; que debemos llevarlas con sus padres. Muchas gracias y cualquier decisi&oacute;n que tomemos se la haremos conocer. Es usted muy gentil, Melissa.<\/p>\n<p>&mdash;Los acompa&ntilde;&eacute; hasta la entrada de la sala de ventas y all&iacute; me desped&iacute; de ellos, para reunirme de nuevo con Diana y sentarme en el peque&ntilde;o comedor para terminar de almorzar, pero sabes que la comida fr&iacute;a no es de mi predilecci&oacute;n y lo que hice fue salir al parking para fumar y de paso para tener contigo una video llamada y saber de ti y de nuestro peque&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; Estaba reunido con mi familia en el apartamento de mi mam&aacute; y te coment&eacute; que est&aacute;bamos por salir a dar un paseo por la sabana para comer algunos postres, y por tu parte, me pusiste al tanto de t&uacute; jornada matutina, coment&aacute;ndome que estaban hasta el tope de visitantes y que present&iacute;as que se te podr&iacute;an dar algunos negocios. Me alegr&eacute; por ello y te di mucho &aacute;nimo. Quedamos en hablar por la noche antes de llevar a Mateo a su cama.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, as&iacute; fue. El resto de la tarde aminor&oacute; la afluencia de p&uacute;blico y pudimos salir muy puntuales hacia nuestro hotel. Estaba acalorada, sudorosa y cansada, ansiosa por darme un buen duchazo y luego bajar con las chicas a la piscina y pegarme un buen chapuz&oacute;n, haciendo algo de ejercicio atraves&aacute;ndola unas cuantas veces. Y as&iacute; lo hice, acompa&ntilde;ada por Diana y por Carlos pues a K-Mena preciso le hab&iacute;a llegado el periodo, y por eso decidi&oacute; quedarse estirada en una asoleadora al lado de nuestra mesa leyendo una revista, y haci&eacute;ndole compa&ntilde;&iacute;a a Jos&eacute; Ignacio que con sus lentes oscuros colocados sobre su cabeza a modo de balaca, no dejaba de observarme, y a Eduardo que ya hab&iacute;a comenzado a beber su acostumbrado whiskey.<\/p>\n<p>&mdash;Despu&eacute;s de pasarme varias veces la piscina a lo largo, ya m&aacute;s desestresada decid&iacute; reunirme con los dem&aacute;s en la mesa, envuelta en la toalla para secarme, y Carlos tan servicial como siempre se ofreci&oacute; a traernos algo de beber. Para m&iacute; ped&iacute; una refrescante michelada de maracuy&aacute; y tanto K-Mena como Diana se antojaron de un mojito cubano. Los hombres prefirieron cerveza y otro whiskey puro en el caso de Eduardo, &ndash;mientras hablaban de futbol para variar, y nosotras tres para no desentonar con la rutina, de los &uacute;ltimos chismes de la far&aacute;ndula criolla e internacional&ndash; y Diana a la par de K-Mena, tras agotar las noticias, me pusieron al tanto de los pormenores de sus vidas amorosas, reclam&aacute;ndome como siempre, por no contarles a ellas casi nada acerca de la m&iacute;a. Tan solo pod&iacute;a mencionarles que mi matrimonio marchaba sobre ruedas y que &eacute;ramos muy felices.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Viv&iacute;amos felices? &iexcl;Jajaja! &mdash;Mariana al escuchar mi risa cierra los ojos y se lleva la mano derecha a la frente, francamente disgustada.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, ok, puede que fuera as&iacute;, pero lo hac&iacute;a a tu lado ya enga&ntilde;ado. &mdash;Con sinceridad, concluyo mi comentario.<\/p>\n<p>&mdash;Lo &eacute;ramos, Camilo. &iexcl;Que no te quepa la menor duda! A pesar de vivir atormentada por lo sucedido, sin tener con quien hablar de ello y desahogarme, pero si cielo, comprend&iacute; que no ser&iacute;a f&aacute;cil para m&iacute; superar ese problema, y por nada del mundo iba a permitir que nuestro matrimonio se fuera a la mierda. Ni tu ni nuestro hijo ten&iacute;an que sufrir las consecuencias de mis errores, as&iacute; que me consagr&eacute; a compartir con mayor alegr&iacute;a e intensidad las pocas horas que nuestros trabajos nos permit&iacute;an estar juntos, y ya en la oficina, a dedicarme con mayor ah&iacute;nco en la b&uacute;squeda de clientes que me permitieran evitar que Eduardo me obligara de nuevo a entregar mi cuerpo para cumplir su est&uacute;pido sue&ntilde;o de escalar posiciones en la constructora.<\/p>\n<p>Mariana se apropia de uno de sus cigarrillos y yo me adue&ntilde;o del &uacute;ltimo de los m&iacute;os. En mi pu&ntilde;o cerrado permanece aplastada la rojiblanca cajetilla, y con la otra mano sostengo con firmeza mi mechero encendido y le ofrezco candela para que lo encienda. La llama contin&uacute;a iluminando mis dedos y parte de su hermoso rostro, para luego parecer extinguirse cuando se acerca la danzarina flama a sus labios rosa, pero de nuevo al aspirar dos o tres veces, moment&aacute;neamente resplandece con mayor fuerza hasta que se apaga y en su lugar, incandescentes las virutas del tabaco brillan formando un peque&ntilde;o c&iacute;rculo en la punta.<\/p>\n<p>Es mi turno de darle vida a lo que me puede enfermar y que tantas muertes provoca. &iquest;Debo dejarlo?&#8230; S&iacute;, pero no ahora. Quiz&aacute;s despu&eacute;s, si logro sobrevivir a lo que a Mariana le falta por decir.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que necesito ir hasta la plaza Wilhelmina para buscar al &laquo;Mocho&raquo; Amado y comprarle un paquete de cigarrillos. Tal vez se encuentre todav&iacute;a por all&iacute;. De camino puedes seguir cont&aacute;ndome que m&aacute;s sucedi&oacute; ese fin de semana. &mdash;Le comento a Mariana, decidido a continuar escuch&aacute;ndola.<\/p>\n<p>&mdash;Pues s&iacute;, me parece. Igual le comprar&eacute; otra cajetilla para m&iacute;. &mdash;Le respondo a mi esposo y cada uno tomamos de la banca nuestras cosas.<\/p>\n<p>Coloc&aacute;ndome el sombrero en la cabeza y Camilo terci&aacute;ndose sobre su pecho la correa de tela de su mochila Wayuu, echamos a caminar por el and&eacute;n rodeando la estatua de la plaza Piar, dirigi&eacute;ndonos hacia el parking del casino, completamente atiborrado de veh&iacute;culos y de&hellip; &iexcl;Algunas motocicletas! Verlas me ha hecho recordar algo que debo confesarle y que por supuesto me imagino que no le va a gustar saber. La primera vez que me mont&eacute; en una de esas y sal&iacute; a dar una vuelta con Chacho. Algo que jam&aacute;s hice con Camilo, ni aqu&iacute; en Cura&ccedil;ao y mucho menos en Bogot&aacute;. Siempre neg&aacute;ndome a subirme en una de ellas, al sentir temor y un intenso fastidio debido al presente recuerdo del accidente que le caus&oacute; la muerte a mi primo.<\/p>\n<p>&mdash;Pues a ver que te cuento. &iexcl;Ahh, pues s&iacute;! Recuerdo que al caer la noche, K-Mena algo achispada por la falta de costumbre de beber alcohol, muy cari&ntilde;osa se le acerc&oacute; a Jos&eacute; Ignacio y al o&iacute;do le dijo algo, que por lo visto en la expresi&oacute;n de su rostro no le agrad&oacute;, pero ella le insisti&oacute; con un gesto de ni&ntilde;a consentida, fingiendo tristeza y finalmente consigui&oacute; que &eacute;l se pusiera de pie y nos comentara a viva voz, que llevar&iacute;a a Carmen Helena a dar un corto paseo en la moto. &mdash; &iexcl;A ver si me la quito de encima! &mdash;Recalc&oacute; ya m&aacute;s sonriente y dispuesto.<\/p>\n<p>&mdash;Aprovech&eacute; para subir a mi habitaci&oacute;n y darme una nueva ducha para quitarme el cloro de la piscina y aplicarme el tratamiento para el cabello. Me coloqu&eacute; el vestido strapless negro con fruncido en diagonal y las sandalias de plataforma. &ndash;Camilo achina sus ojitos y luego asiente con la cabeza, recordando a cual me refiero. &ndash; S&iacute; cielo, ese mismo que te pareci&oacute; que me quedaba muy ajustado y corto, cuando en nuestra alcoba lo desfil&eacute; para ti. Pero para esas noches calurosas en Girardot, por su tela liviana era una buena elecci&oacute;n para sentirme m&aacute;s fresca y por eso me lo coloqu&eacute;. El caso es que cuando me reencontr&eacute; con Diana, Carlos y Eduardo en la mesa cercana a la piscina, a la vez regresaban de su paseo, K-Mena ya m&aacute;s calmada, y por el contrario muy alegre Jos&eacute; Ignacio, quien sin siquiera dejarme sentar me tom&oacute; del brazo y con su sonrisa de conquistador, intent&oacute; persuadirme para llevarme con &eacute;l a dar una vuelta en su motocicleta.<\/p>\n<p>&mdash;Eres muy amable Nacho, pero no me apetece. &mdash;Le dije retirando con decencia su mano de mi brazo.<\/p>\n<p>&mdash;No seas antip&aacute;tica Meli. Ve con Nacho a dar esa vuelta, mira que s&oacute;lo quiere ser amable contigo y chicanear con su nuevo juguete. &mdash;Intervino Eduardo, sin que yo le pidiera su opini&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Bizcocho, solo vamos a ir por ac&aacute; cerca. &iexcl;Te juro que no nos demoramos y te regreso sana y salva! &mdash;Me respondi&oacute; tan vanidoso como siempre y a su vez, tom&aacute;ndome de la mano.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No quiero ir y punto! &mdash;Respond&iacute; con determinaci&oacute;n abri&eacute;ndole los ojos, pero dej&aacute;ndome apretar la mano con firmeza, por sus dedos todav&iacute;a protegidos a medias por el cuero de sus guantes negros repletos de taches met&aacute;licos.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; te pasa Melisita? &iquest;Te da miedito andar conmigo? Tranquila que ni muerdo ni pellizco, a menos que me lo pidas. &iexcl;Jajaja! Y fresca que para nada estoy borracho, adem&aacute;s a esta hora hay poco tr&aacute;fico. Deja la pendejada para otro d&iacute;a. &iexcl;Vamos a dar una vuelta y nos regresamos! &mdash;Insisti&oacute; acerc&aacute;ndose por detr&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;D&eacute;jame adivinar. &iexcl;Aceptaste y te fuiste con &eacute;l! &iquest;No es as&iacute;? &mdash;Mariana inclina su cabeza y lentamente lleva el cigarrillo hasta su boca para dar una nueva calada, retiene el humo dentro de su boca y lo expulsa por la nariz, formando dos blancas hileras.<\/p>\n<p>Con este gesto me da la raz&oacute;n. Su respuesta silenciosamente afirmativa, al subir y bajar la cabeza, me aguijonea el alma y siento como se alteran r&iacute;tmicamente las palpitaciones en mis sienes.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y entonces con ese est&uacute;pido s&iacute; hiciste lo que aqu&iacute; conmigo, en la cuatrimoto de William y en la Vespa de Kayra no te atrev&iacute;as por tu temor a sufrir alg&uacute;n accidente? &iexcl;Pero a &eacute;l, a ese est&uacute;pido si lo complaciste! Bacano saberlo, Mariana.<\/p>\n<p>&mdash;Tienes que entender que me sent&iacute;a acorralada por las miradas de todos ellos, y presionada por la prepotencia de las palabras de Jos&eacute; Ignacio. Yo no quer&iacute;a volver a lo de antes, ser de nuevo su hazmerreir, dejarme dominar por &eacute;l y perder el terreno que hab&iacute;a ganado. Valientemente les ocult&eacute; mi cobard&iacute;a, minti&eacute;ndoles para no demostrar el p&aacute;nico que sent&iacute;a recorrer mi espalda hasta la nuca, a pesar de que el leve sudor fr&iacute;o en mi frente podr&iacute;a delatarme. Perd&oacute;n. Que est&uacute;pida, &iquest;cierto? &mdash;Le comento a mi esposo, mir&aacute;ndole de nuevo, mientras vamos dejando atr&aacute;s a las personas que ingresan por las puertas del casino, y nos acercamos a los restaurantes y a los bares que se ubican a lo largo del antiguo fuerte por Waterfortstraat, bajo los rocosos arcos de sus entradas, caminando en mi caso sobre la angosta acera, y Camilo en contrav&iacute;a haciendo equilibrio sobre el sardinel, los dos iluminados por los faroles y las luces de una camioneta negra que se dirige sin prisa hacia la plaza Piar.<\/p>\n<p>&mdash;No es por miedo, no seas rid&iacute;culo. Sencillamente no voy a montarme con este vestido tan corto, para dar espect&aacute;culo en la calle. &iquest;Qu&eacute; quieres, qu&eacute; se me vean los calzones? &mdash;Le respond&iacute; a Jos&eacute; Ignacio, intentando mantener mi posici&oacute;n de liderazgo y de paso sacando una excusa est&uacute;pida para declinar su invitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pues si ese es el problema te los quitas y ya est&aacute;. &mdash;Me respondi&oacute; burl&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ahh! Vea pues, pero que inteligente que me has salido. Como no se me ocurri&oacute; hacer eso antes. &iquest;Me esperas mientras voy al ba&ntilde;o? O si no te importa&hellip; &iexcl;Lo puedo hacer aqu&iacute; en frente de todos si es tanto tu af&aacute;n! &mdash;Le contest&eacute; logrando que los dem&aacute;s se rieran por mi sat&iacute;rico apunte, y que en su boca se le formara una leve sonrisa, que complement&oacute; con un suave jal&oacute;n de su mano para acercarme a &eacute;l y alejarme del refugio de mi silla.<\/p>\n<p>&mdash;H&aacute;gale marica, p&eacute;guese la rodadita en ese vejestorio. D&eacute;jese dar el viento en esas piernas y de paso se la despeluca un poco, que este d&iacute;a ha estado muy caluroso y debe tener esa entrepierna tan recalentada como la m&iacute;a. &iexcl;Jajaja! Aproveche mijita que aqu&iacute; no est&aacute; su marido para detenerla. &mdash;Intervino Diana a favor del paseo, dici&eacute;ndome que al ser de noche y yo vestida toda de negro, no se me ver&iacute;a absolutamente nada. Y tras escucharla, Jos&eacute; Ignacio termin&oacute; por jalarme con mayor fuerza y mis pies a la brava, fueron siguiendo sus pasos.<\/p>\n<p>&mdash;Record&eacute; que hab&iacute;a dejado mi bolso sobre la mesa con los tel&eacute;fonos y mi billetera. Me solt&eacute; con fuerza de su agarre para regresarme y recogerlos. Todos ellos sin embargo pensaron que me hab&iacute;a arrepentido, pero obsequi&aacute;ndoles una amplia sonrisa, me di la vuelta y me dirig&iacute; hasta la salida para encontrarme con &eacute;l. Tras de mi pude escuchar con claridad a Diana gritarme&hellip; &mdash; &iexcl;Sii&iacute;, maricaaa!&#8230; &iexcl;Esa es la actitud!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya, vaya! Pero que complicidad. Supongo que para eso son necesarias &laquo;las buenas amigas&raquo;. &mdash;Le digo a Mariana, entrecomillando las &uacute;ltimas tres palabras, sin focalizar su rostro con mi mirada y lanzando hacia el otro extremo de la calle, la colilla de mi &uacute;ltimo cigarrillo.<\/p>\n<p>Hago caso omiso de su &uacute;ltimo comentario y contin&uacute;o con lo que le tengo que reconocer en mi siguiente cagada. Y no es por haberme montado con Chacho en su motocicleta, no. Eso es una nimiedad frente a&hellip; &iexcl;Mierda! &iquest;Y a esta vieja que le pasa?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Se mira, pero no se toca. Un grupo de j&oacute;venes se nos acerca caminando, no por la acera sino por la cinta asf&aacute;ltica, aprovechando que no transitan autos. Dos son guapos hombres y tres, bellas mujeres. Uno de ellos, el m&aacute;s bajo, de piel clara y rostro ovalado con un par de ojazos verdes, trae [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":18051,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-42591","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42591","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18051"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=42591"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42591\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=42591"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=42591"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=42591"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}