{"id":42646,"date":"2023-07-19T22:00:00","date_gmt":"2023-07-19T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-07-19T22:00:00","modified_gmt":"2023-07-19T22:00:00","slug":"clara-la-musa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/clara-la-musa\/","title":{"rendered":"Clara. La musa"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42646\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>A sus escasos 21 a&ntilde;os, uno de los principales problemas de Clara era su apetito. No precisamente el de comer; el &ldquo;otro&rdquo; apetito, ese que solo era capaz de saciar muy rara vez, quiz&aacute; con alg&uacute;n novato incauto en el gimnasio, o con aquel argelino que casi la arrolla al salir del Mercadona, y que oblig&oacute; a compensar con &ldquo;un caf&eacute; con bollo&rdquo;.<\/p>\n<p>De complexi&oacute;n atl&eacute;tica, Clara estaba en la flor de la juventud. Pechos peque&ntilde;os, una figura algo menuda que apenas levantaba un metro sesenta y cuatro del suelo, y una trasera que explicaba ad&oacute;nde hab&iacute;a ido a parar el resto de material gen&eacute;tico. Esto Clara lo sab&iacute;a, como tambi&eacute;n sab&iacute;a que, con su carita de &aacute;ngel de melena azabache, pillaba desprevenido a m&aacute;s de un chico. Pero el tema no acaba solo en sementales, ni mucho menos: aunque su amiga Maialen (con quien habr&aacute; historia) se met&iacute;a con ella dici&eacute;ndole ninf&oacute;mana, Clara le repet&iacute;a que era de &ldquo;gran apetito y paladar&rdquo;. Vamos, que no se acostaba con las piedras porque no pod&iacute;a. Sus sue&ntilde;os h&uacute;medos viajaban desde la joven becaria de la librer&iacute;a del barrio hasta el panadero de la esquina, pasando por ese pib&oacute;n maduro de melena pelirroja que sal&iacute;a a correr por el Ensanche los s&aacute;bados. Con poco m&aacute;s que dos d&eacute;cadas de edad, Clara hab&iacute;a experimentado en el sexo con todo lo que hab&iacute;a podido.<\/p>\n<p>La historia comienza un lunes 19 de marzo, nublado de par de ma&ntilde;ana como suele ser habitual en Pamplona por esos meses. Clara iba tarde, el finde hab&iacute;a tenido &ldquo;jarana&rdquo; con un chico que hab&iacute;a conocido en un bar del Casco Viejo. La fiesta se les hab&iacute;a ido de las manos, Clara apenas hab&iacute;a dormido y se le hab&iacute;a pasado la hora del despertador, impidiendo cualquier suced&aacute;neo de desayuno o ducha siquiera. Con las prisas, la pobre Clara sal&iacute;a con unas mallas de yoga, un top ligero y una sudadera, bajando las escaleras de su casa de dos en dos, volando hac&iacute;a la bicicleta que ten&iacute;a aparcada enfrente del portal y saliendo cual cohete, rumbo al Segundo Ensanche, con 10 minutos en el reloj antes de que empezaran las clases.<\/p>\n<p>Clara iba repasando mentalmente sitios de camino que abrieran antes de las 8 y donde pudiera comprar un caf&eacute; y un cruas&aacute;n. Acab&oacute; decant&aacute;ndose por un bar nuevo en Carlos III, que no ten&iacute;a mala pinta y que le quedaba casi enfrente de la Escuela. Como alma que lleva el diablo, dej&oacute; la bicicleta en una farola, le ech&oacute; un candado r&aacute;pido y se lanz&oacute; hacia la puerta de la panader&iacute;a. La camarera que le recibi&oacute; enfrente desde detr&aacute;s de la barra hubiera dejado a Clara sin aliento, si lo hubiese tenido. La empleada, joven, de piel morena, de ojazos casta&ntilde;os como el pelo corto, y unos labios que convertir&iacute;an a un vegano en carn&iacute;voro. Tras el mostrador del local se adivinaba un cuerpo joven, bien cuidado, m&aacute;s o menos metro sesenta y siete, de pechos apetecibles bajo la blusa sin mangas blanca. Clara dedujo procedencia en Brasil, quiz&aacute; algo de Cuba o Puerto Rico, pero no pudo pensar m&aacute;s en cuanto la camarera le sonri&oacute; al entrar.<\/p>\n<p>-&iexcl;Buenos d&iacute;as cari&ntilde;o! &iquest;Qu&eacute; te pongo?- le salud&oacute; la camarera con una sonrisa de oreja a oreja, sin ning&uacute;n acento aparente, solo el deje de picard&iacute;a de quien se sabe deseada.<\/p>\n<p>No sin antes recuperar el aliento suficiente, Clara respondi&oacute;: -Buenas&#8230; un caf&eacute; con leche y un cruas&aacute;n&#8230; por favor&hellip;- &ldquo;y una camarera para llevar&rdquo;, pens&oacute; para s&iacute;. Ten&iacute;a que echarle el guante, de eso estaba segura; ahora bien, la manera quedaba bastante m&aacute;s en inc&oacute;gnita.<\/p>\n<p>Con la ex&oacute;tica camarera en la cabeza y la bolsa con el desayuno en la mano lleg&oacute; a la Escuela, con el tiempo justo para llevarse una mirada reprobatoria del conserje.<\/p>\n<p>-&iexcl;Vamos Clara, que llegas tarde!<\/p>\n<p>La exclamaci&oacute;n de apremio la sac&oacute; de sus pensamientos como un jarro de agua helada, lo que la oblig&oacute; a sacudirse de la cabeza el embriagador aroma a pan reci&eacute;n horneado que asociaba a su nueva musa de piel tostada. El d&iacute;a transcurri&oacute; horriblemente despacio, al punto que la pobre Clara casi pod&iacute;a ver las burlonas manillas del reloj del aula de fotograf&iacute;a marchar hacia atr&aacute;s. Varias veces tuvo Clara que huir al ba&ntilde;o, puesto que la humedad entre sus muslos estaba acabando con ella, y el hecho que no llevaba sujetador y cada roce de sus pezones con el top no ayudaba mucho.<\/p>\n<p>Por fin lleg&oacute; el descanso a mitad de ma&ntilde;ana, y a Clara no se le ocurri&oacute; mejor cosa que ir a ver a la dulce camarera morena, comprarle algo de almuerzo y, ya que estamos, ver si pod&iacute;a hablar con ella. En lo que a pesca de bombones se refiere, la joven Clara era tan sutil como un ariete en plena carga.<\/p>\n<p>-&iexcl;Pero si es la velocista de esta ma&ntilde;ana! &iquest;Puedes ya hablar o todav&iacute;a no has recuperado el aliento, cielo?- Salud&oacute; a Clara la camarera, burlona.<\/p>\n<p>-Ja, ja. Vengo a ver si me das algo de comer- Le respondi&oacute; Clara, roja hasta las orejas.<\/p>\n<p>-&iquest;Entonces qu&eacute; quieres? Aviso que solo puedo darte de lo que ves, la cocina la tengo cerrada- Replic&oacute; con una sonrisa la otra.<\/p>\n<p>En ese momento, ya m&aacute;s lanzada, Clara sonri&oacute; y examin&oacute; lo poco que pod&iacute;a ver a la camarera desde ese lado de la barra, y se decidi&oacute; a echar la suerte.<\/p>\n<p>-A ver, d&eacute;jame pensar&hellip; Si no tienes cocina, creo que me quedar&eacute; con una bonita y joven trabajadora de piel morena, para llevar, por favor.- Termin&oacute; por responder Clara, con la mejor de sus sonrisas.<\/p>\n<p>La camarera levant&oacute; las cejas, sorprendida y divertida por semejante ataque frontal, y acab&oacute; por estallar en carcajadas, una dulce risa aut&eacute;ntica y contagiosa. -&iquest;Te la caliento entonces? &iquest;O te la llevas tal cual?- Apoy&aacute;ndose sobre el mostrador, se acerc&oacute; a la oreja de Clara, y susurrando le dijo: -Escucha, termino el turno en 5 minutos, te hago un caf&eacute;, esp&eacute;rame y cuando termines pregunta por Rosa. Invita la casa.-<\/p>\n<p>Solo el susurro ya provocaba olas continuas de escalofr&iacute;os en el cuerpo hirviente de Clara y la forma en que Rosa dijo la &uacute;ltima frase hizo que casi le fallaran las piernas. A duras penas pudo tomarse el caf&eacute; de nerviosa que estaba. Eso, y que Rosa le hab&iacute;a calentado un caf&eacute; que casi echaba fuego, as&iacute; que le tocaba a Clara tom&aacute;rselo con una calma que no era capaz de mantener. Todo lo que pod&iacute;a pensar era que su nueva musa ol&iacute;a a cerezas y que se estaba volviendo loca.<\/p>\n<p>Contando los minutos en el reloj Clara reflexionaba: para su trabajo universitario de fotograf&iacute;a no necesitaba estar expresamente en clase, la &uacute;nica persona que pod&iacute;a llegar a echarla de menos, Maialen, ten&iacute;a a Ander, su novio y, al vivir sola en un piso alquilado por estudios no ten&iacute;a mucho problema en desaparecer de la Escuela de Artes por un d&iacute;a. Eso la anim&oacute;, y casi sin darse cuenta dieron los 5 minutos estipulados.<\/p>\n<p>Apur&oacute; la taza de caf&eacute;, cogi&oacute; su mochila y se dirigi&oacute; a la barra, donde hab&iacute;a entrado un hombre de avanzada edad del siguiente turno. Clara se acerc&oacute; al hombre.<\/p>\n<p>-Hola buenas, &iquest;sabe por d&oacute;nde ha salido Rosa? La chica del turno anterior.<\/p>\n<p>-S&iacute; bonita, creo que est&aacute; fuera.- Clara le dio las gracias y sali&oacute;, donde la esperaba a la vuelta de la esquina su deseada Rosa. Esta la recibi&oacute; tom&aacute;ndola de la cintura en cuanto la vio, atray&eacute;ndola hacia s&iacute; y aprision&aacute;ndola en un h&uacute;medo beso de bienvenida.<\/p>\n<p>Sorprendida, Clara respondi&oacute;, y sus lenguas se fundieron, jugando y explorando la boca de la otra. Las manos de ninguna de las dos se quedaron ociosas: las de Clara fueron hacia los amplios senos de Rosa, y juguetearon con sus marm&oacute;reos pezones; las de la morena, rumbo hacia las nalgas de Clara, con escala en uno de los pechos duros y c&oacute;nicos de la joven.<\/p>\n<p>Tras poco m&aacute;s de unos segundos, Clara tom&oacute; conciencia de su localizaci&oacute;n, se separ&oacute; ligeramente. -Me gustas,- susurr&oacute;, -pero aqu&iacute; no es lugar. &iquest;Quieres ir a alg&uacute;n lugar apartado?<\/p>\n<p>-T&uacute; tambi&eacute;n me gustaste desde que te vi- Respondi&oacute; la otra -&iquest;Tienes pensado alg&uacute;n sitio o te llevo yo?<\/p>\n<p>-&iquest;Te parece mi casa?- propuso Clara -No queda muy lejos de aqu&iacute;-, a&ntilde;adi&oacute; con una sonrisa picarona.<\/p>\n<p>En el camino hacia el Casco Viejo fueron charlando, cogidas del brazo como viejas amigas. Charlaban de sus vidas, del amor, sexo y pasi&oacute;n. De vez en cuando una arrastraba a la otra hacia una esquina menos visible y le robaba un beso, lo que contribu&iacute;a a aumentar el deseo y la temperatura.<\/p>\n<p>De lo que Clara pudo sacar de la conversaci&oacute;n era que Rosa, o Rosita como la llamaba su familia, estaba sola, aunque le encantaba divertirse y, con 25 hab&iacute;a experimentado en la cama con un amplio elenco de razas y g&eacute;neros. Era de Pamplona, aunque las apariencias enga&ntilde;aran, y no se cortaba un pelo ni hablando ni en la cama. Estaba trabajando a media jornada para pagarse el grado en M&uacute;sica y Sonido a distancia, y nada apreciaba m&aacute;s en el mundo que su guitarra y Mia, su gatita.<\/p>\n<p>Al fin llegaron al portal de la casa de Clara, tarea dif&iacute;cil fue abrir la puerta del portal entre las caricias y los besos en el cuello de Rosa, pero por fin la pareja entr&oacute;, subi&oacute; los dos pisos entre risas traviesas y consiguieron entrar en el apartamento de Clara. En el mismo momento en que atravesaron el umbral de la puerta, ambas desataron su tensi&oacute;n sexual, ese deseo reprimido; esa caja de Pandora que, una vez abierta no es posible volver a cerrar hasta saciado el deseo. Y Clara ten&iacute;a m&aacute;s deseo que una legi&oacute;n de genios. Nada m&aacute;s pisar el recibidor, Rosa se las apa&ntilde;&oacute; para quitar la sudadera de Clara, lanz&aacute;ndola a alg&uacute;n punto entre el pasillo y la cocina.<\/p>\n<p>La pareja estaba fundida en un h&uacute;medo beso franc&eacute;s, jugando con la sin hueso y explorando la boca de la otra. De cuando en cuando, Rosa mordisqueaba el labio inferior de su amante, o atacaba el l&oacute;bulo de su orejita, siempre cuidando mantener las manos ocupadas: una masajeaba sin piedad el pecho izquierdo de Clara, mientras que el otro exploraba la flexibilidad de los leggings cerca del ano. Todo esto hac&iacute;a suspirar a la joven fot&oacute;grafa como una locomotora a vapor, pero ello no significaba que se mantuviese ociosa; a la correspondencia de sus besos se sumaban sus manos: una en un pecho, y la otra acariciando el vientre plano de Rosa, rumbo a sus vaqueros. Descubri&oacute;, no sin cierta sorpresa, que su amante se hab&iacute;a hecho un par de piercings en los pezones, cosa que no hab&iacute;a notado en la calle. A ojo de buen cubero, Clara hubiera jurado una talla D de puro deseo color chocolate, y ahora con el extra de las perforaciones en cada pez&oacute;n. No fue dif&iacute;cil desatar los botones necesarios de la blusa para acceder a los pechos; en cambio, fue m&aacute;s truculento abrirse paso a trav&eacute;s del sost&eacute;n negro de Rosa. Al final, sin paciencia ya, opt&oacute; por romperlo, recibiendo un gemido de protesta y un mordisco en el cuello por parte de la ofendida.<\/p>\n<p>Clara se iba a volver loca de deseo. Pillando a su compa&ntilde;era por sorpresa, Rosa se agach&oacute; y, sin esfuerzo aparente, tom&oacute; en brazos a Clara y fue buscando el dormitorio de ella.<\/p>\n<p>-&iexcl;Ay que no soy una ni&ntilde;a! &iexcl;B&aacute;jame!- Balbuce&oacute; Clara, confusa y tremendamente caliente.<\/p>\n<p>-No acostumbro a tener sexo de pie cielo, as&iacute; que o me dices d&oacute;nde est&aacute; tu cama o acabaremos haci&eacute;ndolo en el suelo- Respondi&oacute; Rosa, a caballo entre impacientada, divertida y ardiendo de deseo.<\/p>\n<p>-&#8230;La puerta de la derecha&hellip;- Murmur&oacute; Clara, roja hasta las orejas.<\/p>\n<p>-&iquest;Ves? No era tan dif&iacute;cil- Replic&oacute; la morena, dejando a Clara en la cama y subi&eacute;ndose encima de ella, con expresi&oacute;n triunfante. Aprovech&oacute; el momento para admirar a la chica que, unas pocas horas antes, hab&iacute;a entrado como una exhalaci&oacute;n en el local donde trabajaba; la misma chica que con un ataque directo la hab&iacute;a ganado, la chica con cara de &aacute;ngel que mejor besaba desde que Rosa ten&iacute;a recuerdo.<\/p>\n<p>Sin embargo, ya que Rosa se hab&iacute;a sumido en sus pensamientos observ&aacute;ndola, Clara tom&oacute; ventaja de la situaci&oacute;n, se incorpor&oacute; obligando a su amante morena a sentarse a horcajadas sobre ella y, entre besos, termin&oacute; de soltar los botones de la blusa, quit&aacute;ndosela y desterr&aacute;ndola a un rinc&oacute;n del cuarto, a la par que el sujetador. Esto oblig&oacute; a Rosa a tomar conciencia de nuevo, y copi&oacute; los pasos de la bella estudiante, quit&aacute;ndole el top y dejando al descubierto dos tetas peque&ntilde;as, duras, calientes y c&oacute;nicas, coronadas por bonitos pezones puntiagudos, cuyo roce arranc&oacute; un escalofr&iacute;o de la espalda de Clara.<\/p>\n<p>El hechizo dur&oacute; poco y, en vista que los fluidos de Clara hac&iacute;a rato que hab&iacute;an empapado los leggings y comenzaban a mojar las s&aacute;banas, Rosa opt&oacute; por tumbar a su nueva compa&ntilde;era, y quitarle los leggings. Despu&eacute;s de todo, eran demasiado bonitos como para rasgarlos.<\/p>\n<p>Antes de que Clara pudiera reaccionar, la brasile&ntilde;a sali&oacute; de la cama, sin dejar de mirar a su amante, y con movimientos sensuales se quit&oacute; el pantal&oacute;n, quedando como &uacute;nica prenda un tanga negro de encaje, h&uacute;medo de fluidos. Clara, impaciente, salt&oacute; hacia su bonita compa&ntilde;era, la enganch&oacute; de la cintura y la atrajo hacia s&iacute;, quedando ambas tumbadas de medio lado, una enfrente a la otra, unidas por largos y c&aacute;lidos besos, solo interrumpidos por suspiros igual de largos, ocasionados en parte por el roce de las manos de ambas en el cuerpo de la otra.<\/p>\n<p>Rosa que jugaba con la boquita de Clara, cambi&oacute; de plano, y fue bajando poco a poco, lamiendo cada rinc&oacute;n de la estudiante: el hueco de la clav&iacute;cula y ambos pezones; el piercing en el ombligo de la joven fot&oacute;grafa y, finalmente, el lugar donde deber&iacute;a haber estado el vello p&uacute;bico, que se demostraba limpiamente afeitado. La lengua de Rosa se afanaba con los labios inferiores de Clara, alternando entre caricias a la vulva y besos a la cara interna de los muslos. La sin hueso de la amante brasile&ntilde;a jugueteaba con el cl&iacute;toris en largas pasadas, lam&iacute;a los labios menores e incluso se acercaba al ano limpio de Clara, quien suspiraba y gem&iacute;a como una caldera a punto de estallar, jugando con el suave cabello corto de su Rosa.<\/p>\n<p>Al poco de las caricias de Rosa, la aspirante a fot&oacute;grafa estall&oacute;, frente a la cara de su brasile&ntilde;a, en una oleada de &eacute;xtasis puro, el primer orgasmo, que la hizo temblar de la cabeza a los pies. -Lo&hellip; lo siento, ten&iacute;a que haber avisado&hellip;- balbuce&oacute; Clara. Rosa sonri&oacute;, gate&oacute; hasta la cara de su amante y la bes&oacute; largamente.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; tal sabe?- fue lo &uacute;nico que respondi&oacute;. -Quiero que me hagas sentir igual, cielo- la apremi&oacute; Rosa.<\/p>\n<p>En apenas unos minutos de cari&ntilde;o y besos, Clara volv&iacute;a a suspirar, ardiente. Era su turno, y estaba dispuesta a devolver el doble de lo que la hermosa brasile&ntilde;a le hab&iacute;a dado hoy, por lo que comenz&oacute; tom&aacute;ndola de la cintura, para aprisionar un pez&oacute;n como reh&eacute;n, lami&eacute;ndolo, mordisque&aacute;ndolo y saboreando el embriagador gusto de las bolitas met&aacute;licas. Era adictivo, y por los suaves gemidos que Clara pod&iacute;a escuchar, no era la &uacute;nica que estaba disfrutando.<\/p>\n<p>Fue bajando su atenci&oacute;n, acariciando el vientre plano de su musa, el peque&ntilde;o ombligo, hasta llegar a su zona p&uacute;bica. Llegando al xoxito, se detuvo a besar el cl&iacute;toris, viendo como el generoso pecho de Rosa sub&iacute;a y bajaba agitadamente. Poniendo en pr&aacute;ctica sus propias experiencias en soledad y con otras mujeres, sin dejar de besar y lamer el bot&oacute;n de placer, le meti&oacute; a Rosa dos dedos, que comenz&oacute; a mover muy suavemente. Por ser marzo, Clara ten&iacute;a todav&iacute;a las puntas de los dedos fr&iacute;as, provocando un gemido adicional de sorpresa por parte de la brasile&ntilde;a.<\/p>\n<p>Apenas hubo de esforzarse mucho Clara, pues al poco rato de dar placer a su amante, Rosa comenz&oacute; a temblar, llegando al orgasmo y anunci&aacute;ndolo por todo lo alto. Clara volvi&oacute; a colocarse frente a Rosa, tumbadas de lado, se arroparon con las s&aacute;banas y quedaron en un estado de duermevela abrazadas.<\/p>\n<p>Pasado el mediod&iacute;a, Clara se levant&oacute;, notando de inmediato la ausencia de Rosa. Sus dudas quedaron inmediatamente apaciguadas, al o&iacute;r el sonido del agua de ducha correr. Se levant&oacute;, y se desliz&oacute; hacia el ba&ntilde;o, donde en efecto una figura curv&aacute;cea se mov&iacute;a tras la cortina de la ducha, entonando una canci&oacute;n en voz baja. Clara entr&oacute; en el cub&iacute;culo, mojando su piel enseguida. Abraz&oacute; por detr&aacute;s a su nueva amiga y con un beso en el cuello le reproch&oacute;:<\/p>\n<p>-No me has avisado. Me has dejado sola en la cama- la atac&oacute; haciendo un falso moh&iacute;n.<\/p>\n<p>-Mira, me gustas mucho y todo eso, y me lo he pasado como hace mucho que no disfrutaba, pero tengo que irme: tengo ensayo con mi grupo en un rato- Respondi&oacute; Rosa con un deje de tristeza en su voz. -Pero&hellip; &#8211; cambi&oacute; de tono y se volvi&oacute; hacia Clara, pas&aacute;ndole los dedos por el pelo h&uacute;medo -&hellip; si quieres puedes venir a verme el viernes que viene.- La joven fot&oacute;grafa puso cara de duda, mientras le brillaban los ojos -Tengo concierto en la sala del Zentral, detr&aacute;s del ayuntamiento.<\/p>\n<p>Rosa le plant&oacute; un suave beso en los labios, sali&oacute; de la ducha y se sec&oacute; con una toalla de Clara. Pero la estudiante quer&iacute;a asegurarse -&iquest;Podremos repetir?<\/p>\n<p>Antes de salir del ba&ntilde;o, Rosa la mir&oacute; con una sonrisa -Claro-, respondi&oacute;.<\/p>\n<p>Hola, este es mi primer relato, eventualmente subir&eacute; m&aacute;s historias. Disfrutad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 A sus escasos 21 a&ntilde;os, uno de los principales problemas de Clara era su apetito. 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