{"id":42715,"date":"2023-07-28T22:00:00","date_gmt":"2023-07-28T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-07-28T22:00:00","modified_gmt":"2023-07-28T22:00:00","slug":"hotel-artemisa-capitulo-i-el-despertar-de-luciana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/hotel-artemisa-capitulo-i-el-despertar-de-luciana\/","title":{"rendered":"Hotel Artemisa (cap\u00edtulo I): El despertar de Luciana"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42715\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>1<\/p>\n<p>La mejor amiga de Luciana era una chica dos a&ntilde;os mayor que ella. Se llamaba Daniela y era una m&eacute;dica cirujana que se hab&iacute;a casado apenas termin&oacute; la universidad con uno de sus profesores. Nunca hab&iacute;a ejercido realmente y se pasaba los d&iacute;as haciendo compras y tomando caf&eacute; en los mejores restaurantes. El d&iacute;a que empez&oacute; todo realmente, Daniela hab&iacute;a invitado a Luciana a un almuerzo en un hotel de lujo.<\/p>\n<p>Luciana lleg&oacute; puntual envuelta en una blusa blanca, falda negra que le llegaba a la mitad de los muslos y unos tacones que hac&iacute;an que sus piernas largas se marcaran. Iba elegante. El pelo negro suelto hasta los hombros. El sol resaltaba su piel morena y casi todo el mundo (incluidas mujeres) se volte&oacute; a mirarla apenas lleg&oacute; al restaurante.<\/p>\n<p>Daniela ya hab&iacute;a pedido por ella dos copas de vino blanco. Se dieron un abrazo y despu&eacute;s de una corta conversaci&oacute;n sin importancia, Daniela le lanz&oacute; una granada:<\/p>\n<p>&mdash;Ayer me encontr&eacute; con Felipe.<\/p>\n<p>Luciana no quiso reaccionar al principio, pero su amiga la conoc&iacute;a a profundidad y se dio cuenta que sus palabras hab&iacute;an dado en el blanco.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; saliendo con una rubia desabrida &mdash;continu&oacute;&mdash;. Nada que ver contigo.<\/p>\n<p>&mdash;Dani&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Pues es la verdad. No debi&oacute; cambiarte y ahora va a sufrir por idiota.<\/p>\n<p>&mdash;&Eacute;l no me &quot;cambi&oacute;&quot;. Terminamos de mutuo acuerdo &mdash;explic&oacute; Luciana pacientemente&mdash;; hab&iacute;amos dejado de ser compatibles.<\/p>\n<p>&mdash;Apuesto que se estaba acostando con esa rubia &mdash;solt&oacute; Daniela mientras beb&iacute;a un sorbo de su vino.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Para eso me llamaste?<\/p>\n<p>Luciana hizo un adem&aacute;n de levantarse. Pero Daniela la detuvo con un gesto y una mirada suplicante. A ella no le qued&oacute; m&aacute;s remedio que quedarse y aguantar lo que ten&iacute;a que decir su mejor amiga.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que es tiempo de un break &mdash;Daniela parec&iacute;a sonriente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Un break? &mdash;Luciana estaba confundida y no segu&iacute;a el hilo de la conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Un descanso de la ciudad. Necesitas un tiempo para reencontrarte a ti misma.<\/p>\n<p>&mdash;No puedo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Si puedes &mdash;Su amiga la interrumpi&oacute; antes de que pudiera objetar.<\/p>\n<p>En ese instante, Daniela sac&oacute; del bolso su celular y despu&eacute;s de unos instantes buscando algo, lo puso sobre la mesa para que Luciana lo pudiera ver.<\/p>\n<p>La pantalla mostraba una casona vieja en la mitad de un bosque. Era un anuncio para un hotel. &quot;Hotel Artemisa&quot;.<\/p>\n<p>&mdash;Te vas desde el viernes y vuelves el lunes. Igual le puedes pedir a tus pacientes que aplacen las sesiones &mdash;Daniela continu&oacute;&mdash;. Te desconectas un fin de semana, &iquest;qu&eacute; dices?<\/p>\n<p>Luciana mir&oacute; el anuncio. El hotel parec&iacute;a estar bien y promet&iacute;a soledad y privacidad. Y aunque el anuncio no lo dec&iacute;a expl&iacute;citamente, todo ten&iacute;a aire de ser exclusivo. Entend&iacute;a que su amiga se preocupaba por ella y todo esto era para sacarla de la tristeza de su reciente ruptura, pero no estaba segura. Igual sab&iacute;a que Daniela no iba a dejar de insistir con el tema.<\/p>\n<p>&mdash;Lo pensar&eacute; &mdash;dijo tratando de ser convincente, sabiendo que probablemente el anuncio se le borrar&iacute;a de la memoria cuando llegara el postre.<\/p>\n<p>Daniela acept&oacute; esa respuesta de todas formas y levant&oacute; su copa en se&ntilde;al de celebraci&oacute;n.<\/p>\n<p>El resto del almuerzo sigui&oacute; su curso normal. Y terminaron por despedirse despu&eacute;s de un par de copas de vino m&aacute;s.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; la noche, Luciana no era capaz de conciliar el sue&ntilde;o. Era una noche de calor e insomnio. Las palabras de Daniela se hac&iacute;an cada vez m&aacute;s cercanas. Tal vez ella tuviera raz&oacute;n, tal vez era tiempo de una desconexi&oacute;n. Un fin de semana no estar&iacute;a mal. Alejarse de todo por un segundo era un buen consejo. No muy diferente a los consejos que les daba a sus pacientes.<\/p>\n<p>Tom&oacute; su celular y busc&oacute; el nombre del hotel de aquel anuncio (no hab&iacute;a olvidado su nombre durante el postre y eso era bueno). Encontr&oacute; la p&aacute;gina web.<\/p>\n<p>Ley&oacute; cuidadosamente los servicios: piscina, restaurante, gimnasio y una habitaci&oacute;n exclusiva. Quedaba a una hora de la capital en un lugar recluido rodeado de naturaleza. Ten&iacute;an reservas las 24 horas.<\/p>\n<p>Llevada por un impulso, Luciana escribi&oacute; un email a la direcci&oacute;n que aparec&iacute;a en la p&aacute;gina. Lo &uacute;nico que quer&iacute;a era informaci&oacute;n. Para su sorpresa, la respuesta fue casi instant&aacute;nea: le dijeron que efectivamente les quedaba un cuarto para el viernes. Que pod&iacute;a quedarse hasta el lunes si as&iacute; lo deseaba. Incluso le dieron la opci&oacute;n de poder extender su estad&iacute;a a un buen precio y con los mismos servicios.<\/p>\n<p>Ella acept&oacute; sin saber muy bien el porqu&eacute;. Daniela la hab&iacute;a convencido, como siempre lo hac&iacute;a.<\/p>\n<p>Cuando iba a dejar su tel&eacute;fono de lado, se le hizo curioso un peque&ntilde;o detalle: los emails del hotel iban firmados por alguien llamado Sade.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>Decidi&oacute; salir temprano el viernes. El d&iacute;a anterior hab&iacute;a puesto todo en orden y sus pacientes ya sab&iacute;an que ella se iba el fin de semana.<\/p>\n<p>Se dio a la carretera a las 7 de la ma&ntilde;ana, luego de desayunar ligero. Y la hora de viaje no le pareci&oacute; tan larga como esperaba. Unos minutos despu&eacute;s de las 8, avist&oacute; el peque&ntilde;o camino y el letrero que indicaba que ya hab&iacute;a llegado a su destino. Se adentr&oacute; en el sendero de tierra y no tard&oacute; en avistar la casona.<\/p>\n<p>En verdad, las fotos del anuncio no le hac&iacute;an justicia a la vista que ten&iacute;a delante de ella. El hotel Artemisa era una mansi&oacute;n colonial que hab&iacute;an restaurado. Su fachada blanca casi parec&iacute;a brillar con el sol y el bosque de fondo remataba esa especie de pintura cl&aacute;sica. Indudablemente, a Luciana le pareci&oacute; un lugar hermoso.<\/p>\n<p>Aparc&oacute; en un parche de grama que estaba puesto all&iacute; para los autos de los visitantes. Era la &uacute;nica que hab&iacute;a llegado. Descendi&oacute; con su peque&ntilde;o equipaje y entr&oacute; a la casona.<\/p>\n<p>El interior era casi una extensi&oacute;n de la elegancia de afuera. Sus pisos de madera brillante, las paredes limpias y decoradas con cuadros construidos con maestr&iacute;a. Eran escenas er&oacute;ticas que mostraban personas de todos los colores de piel y de todos los g&eacute;neros, pero que no llegaban a ser escandalosas, m&aacute;s bien eran atractivas y elegantes, que invitaban al espectador a observarlas atentamente.<\/p>\n<p>Ese primer piso hac&iacute;a de lobby y ten&iacute;a una peque&ntilde;a sala organizada con un sof&aacute; de terciopelo blanco y dos peque&ntilde;as sillas del mismo material. En el centro, una mesa de roble con un viejo tel&eacute;fono y algunos libros (de los que se usan como decoraci&oacute;n y nunca se leen). En el centro del lugar, un escritorio que, Luciana supuso, era la recepci&oacute;n, aunque en ese momento no hab&iacute;a nadie. Solo una campanita de bronce.<\/p>\n<p>Ella hizo lo obvio y le dio un toque. Una figura apareci&oacute; de un pasillo. Una mujer alta, de piernas largas y piel blanca. Parec&iacute;a hecha de una porcelana fr&aacute;gil. Ten&iacute;a el pelo de un rojo intenso y lo llevaba recogido en una trenza. Iba vestida con una falda negra que le llegaba a medio muslo y una camisa negra, profesional. Los labios tan rojos como su cabellera. Y a pesar de llevar tacones, Luciana no pudo o&iacute;r sus pasos.<\/p>\n<p>La mujer se acerc&oacute; al escritorio y Luciana vio esos ojos: grises.<\/p>\n<p>&mdash;Bienvenida &mdash;El tono de la mujer era tan fr&iacute;o como sus ojos, pero a pesar de eso, no parec&iacute;a molesta&mdash;, &iquest;en qu&eacute; te puedo ayudar?<\/p>\n<p>&mdash;Si&hellip;eh&hellip; tengo una reservaci&oacute;n &mdash;Luciana se escuch&oacute; titubear sin raz&oacute;n aparente.<\/p>\n<p>&mdash;Claro &mdash;La mujer dibuj&oacute; una sonrisa&mdash;. &iquest;A nombre de?<\/p>\n<p>&mdash;Luciana Domingo. La hice por internet.<\/p>\n<p>La pelirroja busc&oacute; en un peque&ntilde;o libro que estaba sobre el escritorio. No tard&oacute; en encontrar lo que buscaba.<\/p>\n<p>&mdash;Efectivamente. De hoy hasta el lunes.<\/p>\n<p>&mdash;Si.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor &mdash;La mujer le se&ntilde;al&oacute; la escalera y se puso a su lado.<\/p>\n<p>Las dos subieron las escaleras de madera que daban al segundo piso y a Luciana se le hizo que la mansi&oacute;n era m&aacute;s grande por dentro que por fuera, aunque ese hecho parec&iacute;a imposible a toda l&oacute;gica.<\/p>\n<p>En el segundo piso se encontraron con tres puertas. La pelirroja la llev&oacute; hasta la puerta m&aacute;s alejada de las escaleras, al lado de un corto pasillo donde hab&iacute;a otras escaleras que ascend&iacute;an.<\/p>\n<p>&mdash;Esta es tu habitaci&oacute;n. La n&uacute;mero tres &mdash;dijo la recepcionista mientras abr&iacute;a la puerta&mdash;. Tiene vista al bosque al que se puede acceder por la puerta trasera en el comedor.<\/p>\n<p>Luciana solo se limit&oacute; a mirar adentro de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Por all&iacute; se sube a la piscina &mdash;La mujer hizo un gesto hasta a las escaleras del pasillo&mdash;. Y tambi&eacute;n se da el servicio de masajes, pero este se da por las tardes a partir de las dos.<\/p>\n<p>&mdash;Bien &mdash;Luciana no sab&iacute;a si mirarla a los ojos o no.<\/p>\n<p>&mdash;Tenemos servicios de restaurante desde las 8 de la ma&ntilde;ana hasta las 9 de la noche, sin embargo, es posible llevar comida a los hu&eacute;spedes a sus habitaciones las 24 horas del d&iacute;a.<\/p>\n<p>Luciana asinti&oacute;, dando a entender que hab&iacute;a entendido. No quer&iacute;a decir mucho. La mujer le causaba una extra&ntilde;a sensaci&oacute;n (&iquest;atracci&oacute;n?) que no pod&iacute;a poner en palabras.<\/p>\n<p>&mdash;Por &uacute;ltimo, darte de nuevo la bienvenida al hotel Artemisa. Mi nombre es Sade y estar&eacute; dispuesta a ayudarte en todo lo que necesites. Siempre me puedes encontrar en recepci&oacute;n &mdash;dijo esto y le entreg&oacute; las llaves de la habitaci&oacute;n a Luciana.<\/p>\n<p>Antes de retirarse, puso una cinta roja en la manija de la puerta, dando a entender que esa habitaci&oacute;n ya estaba ocupada. Luciana la vio perderse escaleras abajo, sin hacer el menor ruido.<\/p>\n<p>Entr&oacute; a la habitaci&oacute;n. La encontr&oacute; enorme. Ten&iacute;a un peque&ntilde;o sill&oacute;n y un escritorio de madera con su silla. Varios armarios para poner all&iacute; sus pertenencias. El ba&ntilde;o tambi&eacute;n era grande, con un vestidor y una ducha y una tina. La ventana que daba al bosque era clara y cubr&iacute;a la mayor&iacute;a de la pared; pero sin duda alguna la atracci&oacute;n principal era la cama. Luciana pens&oacute; que all&iacute; dormir&iacute;a un batall&oacute;n sin llegarse a tocar, as&iacute; era de grande. Si no iba con cuidado, podr&iacute;a perderse en las s&aacute;banas mientras dorm&iacute;a.<\/p>\n<p>Deshizo su maleta y lo guard&oacute; todo en un armario al lado del ba&ntilde;o. Se sent&oacute; en la cama. No sab&iacute;a muy bien qu&eacute; hacer. No hab&iacute;a planeado el fin de semana. Eso de la desconexi&oacute;n no lo ve&iacute;a muy efectivo. Despu&eacute;s de unos minutos se decant&oacute; por ir a la piscina. Tom&oacute; su vestido de ba&ntilde;o y una toalla que encontr&oacute; en uno de los armarios. Se arm&oacute; con un libro; una novela policiaca que alguien le hab&iacute;a recomendado y subi&oacute; por las escaleras que daban al tercer piso.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Era una terraza grande. Estaba completamente sola. Como esperaba, la piscina era igual de cristalina que todo lo dem&aacute;s. No era muy extensa, pero era m&aacute;s que suficiente para poder relajarse. Cuatro o cinco tumbonas c&oacute;modas. Y tres habitaciones que enseguida identific&oacute; como el gimnasio, el sal&oacute;n de masajes y los vestidores para cambiarse. Escogi&oacute; una tumbona y puso all&iacute; sus cosas. Se dirigi&oacute; a los vestidores. El cuarto ten&iacute;a tres divisiones para tres personas. Se meti&oacute; al primer vestidor y procedi&oacute; a cambiarse. El bikini que hab&iacute;a llevado era rojo, corto, que expon&iacute;a mucha piel. A Felipe nunca le hab&iacute;a gustado, pero a ella le encantaba, la hac&iacute;a sentir segura y hermosa. Se mir&oacute; al espejo y se recogi&oacute; el pelo. Se le dibuj&oacute; una sonrisa al ver el reflejo que la miraba atentamente. Una mujer morena, de piernas interminables y de curvas peque&ntilde;as pero firmes. Muchos se hab&iacute;an preguntado porqu&eacute; hab&iacute;a escogido ser psic&oacute;loga y no una actriz o una modelo.<\/p>\n<p>Sali&oacute; del vestidor y se acost&oacute; en la silla que hab&iacute;a escogido. El sol le lleg&oacute; tenue pero igual dando un poco de calor. Se quiso entregar a la novela, pero la dej&oacute; a los pocos minutos. Su mente estaba en otra parte. Decidi&oacute; irse a nadar.<\/p>\n<p>El agua estaba fr&iacute;a sin estar g&eacute;lida. No le tom&oacute; mucho tiempo acostumbrarse. Le gustaba la sensaci&oacute;n que le ca&iacute;a en la piel. Y despu&eacute;s de dos o tres vueltas, se detuvo y se relaj&oacute;. Le gustaba la soledad de ese lugar. Sinti&oacute; el agua y el sol pelearse por la atenci&oacute;n de su cuerpo. Se sali&oacute; de la piscina y se sent&oacute; en el borde. Las gotas de agua que quedaban se fueron secando mientras el sol se abr&iacute;a paso entre las nubes. A su mente le llegaba la imagen del espejo (y la imagen de Sade, por alg&uacute;n motivo). Ahora que ya no estaba con &eacute;l, hab&iacute;a empezado a sentirse m&aacute;s libre. Se vest&iacute;a con faldas cortas, vestidos ajustados y este bikini rojo. Se daba cuenta de todas las miradas que le daban al pasar. Y seguramente, aunque all&iacute; no hab&iacute;a nadie, podr&iacute;a en ese instante ser el foco de todas las miradas. Sac&oacute; los pies del agua y se tumb&oacute; en el suelo.<\/p>\n<p>Sus manos se encontraron d&aacute;ndole caricias a su est&oacute;mago, a su abdomen, a sus muslos. Cerr&oacute; los ojos y se imagin&oacute; una fila de espectadores sin rostro, todos observ&aacute;ndola llenos de deseo. Sus dedos se deslizaban de arriba a abajo por sus piernas y su pecho, apenas rozando sus senos y su pelvis.<\/p>\n<p>Solt&oacute; un peque&ntilde;o, apenas sonoro, gemido. Y sinti&oacute; como se mojaba. Continu&oacute; con las caricias. Pens&oacute; que si Felipe no quer&iacute;a disfrutar de ella, la decena de voyeurs imaginarios si lo har&iacute;an. Y por eso les dio un poco de espect&aacute;culo: encontr&oacute; los hilos que sosten&iacute;an la parte de arriba de su vestido de ba&ntilde;o y los deshizo. Sus senos quedaron descubiertos y sus pezones oscuros listos para jugar.<\/p>\n<p>Llev&oacute; sus manos a su parte superior y toc&oacute; suavemente sus pezones. Primero el derecho y luego el izquierdo. Suavemente, sin que el tiempo fuera una preocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Dej&oacute; salir otra tanda de gemidos d&eacute;biles.<\/p>\n<p>Baj&oacute; a su pelvis. Y puso su mano sobre el bikini. Hizo peque&ntilde;os c&iacute;rculos sobre la tela. Lentos.<\/p>\n<p>Sent&iacute;a el placer subirle por los pies, recorrer sus piernas, atravesar su sexo y acabar en su pecho y en sus labios.<\/p>\n<p>Desliz&oacute; su mano derecha dentro de la prenda. Sus dedos se inundaron de los jugos que su cuerpo creaba. Estaba mojada. Estaba excitada.<\/p>\n<p>Como lo hizo anteriormente, hizo c&iacute;rculos con sus dedos. Toc&oacute; su vagina suavemente. Explorando cada rinc&oacute;n de sus labios. Apenas acariciando el cl&iacute;toris. Con cada toque, pulsaciones de placer recorr&iacute;an su pelvis y sub&iacute;an hasta su boca que las convert&iacute;a en gemidos m&aacute;s y m&aacute;s fuertes.<\/p>\n<p>Se quit&oacute; el bikini y qued&oacute; desnuda. Su pubis con apenas una l&iacute;nea de vello qued&oacute; libre.<\/p>\n<p>Los c&iacute;rculos se volvieron m&aacute;s r&aacute;pidos y pronto se transformaron en la necesidad de sentir sus dedos adentro. Y as&iacute; obedeci&oacute;. Meti&oacute; primero uno, que se desliz&oacute; f&aacute;cilmente. Lo dej&oacute; adentro uno o dos segundos y luego lo empez&oacute; a mover.<\/p>\n<p>Dentro y fuera. Primero de manera delicada y despu&eacute;s con algo m&aacute;s de rapidez.<\/p>\n<p>Gimi&oacute; otra vez mientras su otra mano encontraba el cl&iacute;toris y sus dedos presionan y bailaban en ese punto.<\/p>\n<p>Decidi&oacute; que era momento de otro dedo. Y ahora eran dos los que estaban adentro. Y repiti&oacute; el proceso:<\/p>\n<p>Dentro y fuera. Al principio lento y luego aument&oacute; el ritmo. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera. Los dedos de la otra mano hac&iacute;an c&iacute;rculos en su cl&iacute;toris y todo sal&iacute;a en forma de gemidos.<\/p>\n<p>Dentro. Fuera. Y todav&iacute;a no era suficiente. Tal vez era momento de un tercer dedo.<\/p>\n<p>Lo introdujo. Si, eso era lo que necesitaba. Lento al principio y despu&eacute;s con algo de ritmo.<\/p>\n<p>Cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. Sus dos manos trabajaban juntas y a la misma velocidad. Mientras una sal&iacute;a y entraba, la otra se mov&iacute;a en c&iacute;rculos cada vez m&aacute;s cerrados, tanto que por momentos se mov&iacute;a de arriba a abajo.<\/p>\n<p>Toques de placer que no la dejaban hacer m&aacute;s que temblar y gemir.<\/p>\n<p>Lo sinti&oacute; formarse en la punta de sus dedos y luego se fue construyendo desde vagina y desde sus muslos, viajando hasta su abdomen, sus senos, su cuello. Su cara. Perdi&oacute; el control de su cuerpo. Sus piernas cedieron. Una sutil y peque&ntilde;a convulsi&oacute;n. Vio negro por una mil&eacute;sima de segundo mientras su coraz&oacute;n se paraba y volv&iacute;a a latir.<\/p>\n<p>Era esa peque&ntilde;a muerte que estaba buscando. Sus labios dejaron salir una &uacute;ltima r&aacute;faga de gemidos, mientras sent&iacute;a como su vagina explotaba y dejaba sus dedos h&uacute;medos.<\/p>\n<p>Suspir&oacute; profunda y largamente. Y escuch&oacute; c&oacute;mo se re&iacute;a. Los espectadores imaginarios se hab&iacute;an ido, pero se hab&iacute;an llevado una vista de su orgasmo de primera.<\/p>\n<p>Se sec&oacute; con la toalla mientras recuperaba la fuerza. Se meti&oacute; desnuda, as&iacute; como estaba, en el vestidor uno. Se mir&oacute; otra vez en el espejo. Jam&aacute;s se hab&iacute;a visto tan hermosa, con el pelo revuelto, los pezones erectos y su vagina tan sensible. Se dio una vuelta. Su culo, peque&ntilde;o pero firme. Se dio una nalgada de amor.<\/p>\n<p>Felipe se pod&iacute;a quedar con la rubia desabrida, que Luciana s&oacute;lo se necesitaba a ella. Daniela siempre ten&iacute;a raz&oacute;n.<\/p>\n<p>El fin de semana que se avecinaba iba a ser justo lo que ven&iacute;a necesitando.<\/p>\n<p>Se volvi&oacute; a poner el bikini y se tumb&oacute; a leer, ahora con la mente m&aacute;s clara. Pudo reconocer el nombre en la portada de la novela: Juli&aacute;n Cadavid. El mundo es peque&ntilde;o, pens&oacute; y se entreg&oacute; al crimen que le propon&iacute;a el relato.<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>Luciana no se dio cuenta de que Sade la observaba desde las escaleras. Presenci&oacute; el espect&aacute;culo, tal como a ella le hubiera gustado.<\/p>\n<p>La pelirroja sonri&oacute; y baj&oacute;, tan silenciosa como hab&iacute;a subido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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