{"id":42792,"date":"2023-08-04T22:00:00","date_gmt":"2023-08-04T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-08-04T22:00:00","modified_gmt":"2023-08-04T22:00:00","slug":"hotel-artemisa-la-llegada-de-julian-capitulo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/hotel-artemisa-la-llegada-de-julian-capitulo-ii\/","title":{"rendered":"Hotel Artemisa: La llegada de Juli\u00e1n (cap\u00edtulo II)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42792\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>1<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Has escrito algo? &mdash;Juli&aacute;n reconoci&oacute; la voz al otro lado de la l&iacute;nea. Era su agente, que lo llamaba por doceava vez esa semana.<\/p>\n<p>La verdad, &eacute;l la entend&iacute;a. En la editorial se esparc&iacute;a el p&aacute;nico y la rabia porque el nuevo manuscrito de Juli&aacute;n Cadavid no llegaba. Y si ella lo hab&iacute;a telefoneado tantas veces era porque alguien en la editorial la hab&iacute;a cansado a punta de mensajes y llamadas y correos electr&oacute;nicos.<\/p>\n<p>Dud&oacute; un segundo antes de contestar a la pregunta, mientras decid&iacute;a si deb&iacute;a mentir o no.<\/p>\n<p>&mdash;Escribir es como desnudar a una mujer: hay que tomarse el tiempo debido &mdash;dijo Juli&aacute;n finalmente.<\/p>\n<p>Un segundo de aire muerto inund&oacute; la comunicaci&oacute;n. &Eacute;l se la imagin&oacute; sentada en la oficina a punto de sufrir un ataque de nervios. Rio para s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te est&aacute;s haciendo el idiota? &mdash;Estaba furiosa&mdash;, &iquest;o te acabas de caer de la silla?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Seguro que quieres una respuesta?<\/p>\n<p>&mdash;Lo que quiero es una novela en mi bandeja de entrada.<\/p>\n<p>&mdash;Eso lo veo dif&iacute;cil &mdash;admiti&oacute; &eacute;l por fin&mdash;. Estoy en un atasco.<\/p>\n<p>&mdash;Rezo porque sea de tr&aacute;fico y no literario.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces tu dios no quiere escucharte.<\/p>\n<p>La sinti&oacute; tomar un respiro. Incluso hablando por celular podr&iacute;a dibujar cada adem&aacute;n que ella hac&iacute;a, cada movimiento, cada emoci&oacute;n que reprim&iacute;a con las respuestas que &eacute;l le daba. No le iba gritar directamente, Gabriela no era as&iacute;, pero seguramente ya hab&iacute;a pensado en formas de vengarse. &Eacute;l la quer&iacute;a, pero a su vez le ten&iacute;a miedo. Oy&oacute; tres leves golpecitos: ya ten&iacute;a una respuesta. Un consejo que darle (aunque eran m&aacute;s similares a una orden).<\/p>\n<p>&mdash;La ciudad te dej&oacute; tonto &mdash;solt&oacute; Gabriela&mdash;. Me parece que necesitas tiempo lejos del ruido.<\/p>\n<p>&mdash;A mi me gusta el ruido &mdash;Juli&aacute;n protest&oacute;, incluso sabiendo que no iba a servir de nada.<\/p>\n<p>&mdash;Te hice un favor.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; favor?<\/p>\n<p>&mdash;Le dije a la editorial que necesitabas algo de inspiraci&oacute;n, que pronto les ibas a mostrar algunos cap&iacute;tulos. Eso los quita de tu caso un rato.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y necesito inspiraci&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;Necesitas mucha &mdash;dijo secamente la agente&mdash;. Te reserv&eacute; una habitaci&oacute;n en un hotel.<\/p>\n<p>&mdash;Yo tengo donde dormir &mdash;Juli&aacute;n hizo el chiste sin humor.<\/p>\n<p>&mdash;Queda a las afueras de la ciudad. A una hora. Reencontrarte con la naturaleza te har&aacute; bien.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y as&iacute; voy a encontrar inspiraci&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;Pues la tienes que encontrar porque no hay mucho que hacer &mdash;Gabriela solt&oacute; otro suspiro que le lleg&oacute; a Juli&aacute;n entrecortado y con un tono rob&oacute;tico&mdash;. Camila y yo fuimos el a&ntilde;o pasado, queda casi que en la mitad de un bosque, y mejor, no hay distracciones.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Lo puedo pensar? &mdash;pregunt&oacute; abatido el escritor.<\/p>\n<p>&mdash;Lo puedes pensar de camino all&aacute;. Te esperan alrededor de las once.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n mir&oacute; su reloj: las 9 y 15 minutos.<\/p>\n<p>&mdash;Te llevas tu port&aacute;til y escribes el fin de semana. Vuelves el lunes con inspiraci&oacute;n &mdash;continu&oacute; Gabriela.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo se llama el hotel?<\/p>\n<p>&mdash;Artemisa. Ya te mando como llegar.<\/p>\n<p>Y con eso colg&oacute;, dejando a Juli&aacute;n con la obligaci&oacute;n de organizarse y salir lo m&aacute;s pronto posible. Con los &aacute;nimos en fr&iacute;o, le dio la raz&oacute;n a su agente. Un fin de semana lejos de todos no era tan mala idea. &iquest;Cu&aacute;ndo hab&iacute;a sido la &uacute;ltima vez que no hab&iacute;a recibido llamadas de periodistas o de casas culturales o de colegios&#8230;? Necesitaba tranquilidad y tal vez un poco de ayuda del pante&oacute;n griego.<\/p>\n<p>Hizo un equipaje ligero, con lo necesario para pasar el fin de semana y escribir. Decidi&oacute; que para esa aventura se llevar&iacute;a la moto. As&iacute; le iba mejor.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>Dej&oacute; la ciudad atr&aacute;s a eso de las 10 de la ma&ntilde;ana. Inmediatamente sinti&oacute; que Gabriela lo conoc&iacute;a mejor de lo que &eacute;l se conoc&iacute;a a s&iacute; mismo. Aunque no sab&iacute;a si iba a encontrar la inspiraci&oacute;n que estaba buscando, el aire que se sent&iacute;a en carretera le hab&iacute;a despejado la mente.<\/p>\n<p>Y con ese cambio de mentalidad, se le fue pasando el viaje sin que se diera cuenta. Casi de sorpresa, dio con el letrero y el caminito de piedra que llevaba a la casona.<\/p>\n<p>Se encontr&oacute; con algo inesperado. Si bien su agente no le hab&iacute;a descrito la casona, tampoco era el lugar acorde a lo que su mente se imaginaba. Una casona grande, colonial. De un blanco puro, de donde tal vez le llegaba el nombre: virginal como la diosa. Not&oacute; un peque&ntilde;o parche de grama en la que estaba estacionada una camioneta y decidi&oacute; dejar la moto all&iacute;. Entr&oacute; a esa especie de mansi&oacute;n.<\/p>\n<p>Adentro todo era perfecto. Elegante. Alguien hab&iacute;a logrado encontrar la combinaci&oacute;n perfecta. Era como si el &uacute;nico piso posible para ese lugar fuera es de madera, que los &uacute;nicos cuadros que le quedasen a esas paredes fueran las escenas er&oacute;ticas que mostraban, que aqu&eacute;l espacio que serv&iacute;a de lobby solo pudiera aceptar esos muebles que formaban la sala.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n la vio llegar, pero no la escuch&oacute;. Una mujer elegante, de piel de porcelana y con el pelo rojo fuego, envuelta en una falda que le llegaba a la mitad del muslo y una camisa formal. Cualquier descuidado la podr&iacute;a confundir con una mu&ntilde;eca o con un &aacute;ngel (si les llegaba la ocasi&oacute;n).<\/p>\n<p>&mdash;Bienvenido &mdash;A Juli&aacute;n le pareci&oacute; que podr&iacute;a crear hielo con ese tono, aunque no hab&iacute;a furia en sus palabras&mdash;, &iquest;en qu&eacute; puedo servirte?<\/p>\n<p>&mdash;Eh&hellip; mi agente&hellip; me hizo una reservaci&oacute;n &mdash;respondi&oacute; &eacute;l con un temblor en la voz.<\/p>\n<p>&mdash;Bien. &iquest;Cu&aacute;l es tu nombre?<\/p>\n<p>&mdash;Juli&aacute;n Cadavid.<\/p>\n<p>Ella abri&oacute; un cuaderno que ten&iacute;a sobre la mesa que solo pod&iacute;a ser de recepci&oacute;n. R&aacute;pidamente lo cerr&oacute; y se acerc&oacute; a &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Si, te voy a llevar a tu habitaci&oacute;n &mdash;dijo mientras caminaba hacia las escaleras. A &eacute;l no le qued&oacute; de otra que seguirla.<\/p>\n<p>Al llegar al segundo piso, a pesar de haber tres puertas, ella se detuvo en la primera que se encontraron. La abri&oacute; con una llave que parec&iacute;a de oro, y le habl&oacute; directamente a Juli&aacute;n:<\/p>\n<p>&mdash;Esta es la habitaci&oacute;n n&uacute;mero uno. Que est&aacute; reservada a tu nombre hasta el lunes &mdash;Procedi&oacute; a se&ntilde;alar un pasillo y unas escaleras que sub&iacute;an al tercer piso&mdash;, y all&iacute; est&aacute; la piscina. Tambi&eacute;n hay servicio de masajes, pero ese solo se hace por las tardes.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n asinti&oacute;, tratando de pelear contra el impulso de mirarla a los ojos.<\/p>\n<p>&mdash;Tambi&eacute;n hay servicio de restaurante desde las 8 de la ma&ntilde;ana hasta las 9 de la noche, pero los hu&eacute;spedes pueden pedir comida a sus habitaciones las 24 horas del d&iacute;a. Y puedes acceder al bosque por la puerta trasera que hay en el comedor.<\/p>\n<p>&mdash;Entendido &mdash;Todav&iacute;a sent&iacute;a el temblor en la voz. No sab&iacute;a cu&aacute;l era la raz&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Por &uacute;ltimo, darte la bienvenida otra vez &mdash;Le entreg&oacute; la llave de la habitaci&oacute;n&mdash;. Mi nombre es Sade, y estoy para servirte. Me puedes encontrar en la recepci&oacute;n.<\/p>\n<p>Antes de que Juli&aacute;n pudiera responderle, la mujer se alej&oacute;, no sin antes poner una cinta amarilla en la manija de la puerta, como identificaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El escritor mir&oacute; a su alrededor y un pensamiento il&oacute;gico se apoder&oacute; de &eacute;l: el hotel era m&aacute;s grande por dentro que por fuera, aunque eso fuera pr&aacute;cticamente imposible. Not&oacute; que en la puerta junto al pasillo hab&iacute;a una cinta roja.<\/p>\n<p>Entr&oacute; a su habitaci&oacute;n. Lo primero que vio fue el ventanal que cubr&iacute;a la mayor&iacute;a de la pared y que le dejaba ver parte del bosque. Luego se dio cuenta que la habitaci&oacute;n era m&aacute;s grande de lo que parec&iacute;a. Un sof&aacute;, un escritorio, varios armarios. El ba&ntilde;o tambi&eacute;n era lo suficientemente grande para tener una ducha y una tina que estaba a unos pocos mil&iacute;metros de convertirse en jacuzzi. Sin embargo, la atracci&oacute;n principal era la cama. Ocupaba el mayor espacio del cuarto. A Juli&aacute;n se le hizo que entre las cobijas alguien pod&iacute;a cometer un asesinato y nadie encontrar&iacute;a la escena del crimen. Era inmensa.<\/p>\n<p>Se tom&oacute; unos minutos para organizar sus pertenencias y se sent&oacute; en el escritorio a mirar al bosque. No hab&iacute;a nada de distracciones tecnol&oacute;gicas, pero las palabras se le quedaban atascadas en la cabeza y no lo dejaban llenar la p&aacute;gina en blanco que ten&iacute;a enfrente.<\/p>\n<p>Estaba a punto de admitir que no ten&iacute;a nada cuando la vio bajar por un sendero en el bosque.<\/p>\n<p>Crey&oacute; que estaba viendo cosas. Que tanto hab&iacute;a pensado que estaba delirando. Pero era muy real. Se pregunt&oacute; c&oacute;mo era posible que alguien que no hab&iacute;a visto en 10 a&ntilde;os, reapareciera en medio de ese hotel encantado.<\/p>\n<p>Sali&oacute; de la habitaci&oacute;n y baj&oacute; las escaleras tan r&aacute;pido como pudo. Ten&iacute;a que verla de cerca, cerciorarse de que en verdad era ella y no un espejismo o una doble. Enfil&oacute; al comedor. No le cost&oacute; encontrar la puerta.<\/p>\n<p>Sali&oacute; al follaje verde del bosque donde estaba ubicado el hotel. Movi&oacute; la cabeza desesperadamente tratando de ubicar el rastro de la mujer que acababa de ver. &iquest;Izquierda o derecha? El sendero iba hac&iacute;a los dos lados y la maleza era tan verde y espesa que no pod&iacute;a ver m&aacute;s all&aacute; de unos cuantos metros. Se qued&oacute; en silencio unos segundos. Escuch&oacute; p&aacute;jaros. Hojas cayendo de los &aacute;rboles&hellip; &iquest;pasos? Por el rabillo del ojo vio una figura.<\/p>\n<p>A la izquierda.<\/p>\n<p>Iba a correr a ella, pero la prudencia le encaden&oacute; los pies. Puede ser que te tome por loco, pens&oacute; Juli&aacute;n. Era mejor ir a distancia y acercarse de manera gentil cuando hubiera una oportunidad.<\/p>\n<p>Y as&iacute; tom&oacute; el sendero de la izquierda, andando lento e intentando no llamar la atenci&oacute;n de a mucho.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Camin&oacute; detr&aacute;s de ella por unos minutos. Mientras m&aacute;s avanzaban por ese sendero de piedra, m&aacute;s pod&iacute;an apreciar del bosque. Flora de todo tipo y una fauna tan viva que a Juli&aacute;n imagin&oacute; por momentos que nada era real, que todo estaba hecho de magia y que en estos momentos &eacute;l estaba so&ntilde;ando. Pero sent&iacute;a las piedras en sus botas y escuchaba sus pasos. Hasta que ya no lo hizo.<\/p>\n<p>Ella se detuvo. Y como &eacute;l estaba a unos cientos de metros detr&aacute;s, tard&oacute; unos segundos en ver el porqu&eacute;.<\/p>\n<p>La mujer lleg&oacute; a un lago, con el agua tan clara y cristalina que m&aacute;s se asemejaba a un espejo l&iacute;quido. Peque&ntilde;as olas se formaban en donde ca&iacute;a una cascada desde una roca blanca.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n pens&oacute; que este era un buen momento para acercarse y saludar y comprobar si los ojos le hab&iacute;an fallado o si el destino era tan buf&oacute;n para ponerla a ella en ese mismo hotel.<\/p>\n<p>Dio unos pasitos para salir a su encuentro, pero cambi&oacute; de opini&oacute;n. Ella se quit&oacute; el peque&ntilde;o vestido de verano que tra&iacute;a, dejando a la vista un peque&ntilde;&iacute;simo bikini rojo que a fuerza de voluntad solamente le cubr&iacute;a los senos y su entrepierna, y lo hac&iacute;a m&aacute;s porque las reglas de la sociedad le prohib&iacute;an andar desnuda.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n encontr&oacute; un lugar para esconderse entre la maleza. Y se fue acercando con tanta delicadeza como le fue posible. Y all&iacute; todo le pareci&oacute; perfecto.<\/p>\n<p>En efecto, cuando le vio la cara supo que era ella: Luciana Domingo. Y su mente lo retrocedi&oacute; diez a&ntilde;os atr&aacute;s, lejos de la fama de sus libros, cuando todav&iacute;a estaba en el colegio y le robaba miradas de adolescente en el patio o en el aula de clase.<\/p>\n<p>Ahora era una mujer que paraba el tiempo con la mirada. El rostro segu&iacute;a teniendo esa belleza juvenil, pero el cuerpo se hab&iacute;a convertido en el de una mujer que abr&iacute;a puertas con solo caminar hac&iacute;a ellas. Las piernas largas que parec&iacute;an no acabar nunca, el abdomen plano y esos pechos peque&ntilde;os, pero firmes que muchas veces hab&iacute;a dibujado en su imaginaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Luciana se meti&oacute; al lago y camin&oacute; hasta el centro. Y all&iacute; se qued&oacute; por unos segundos. Juli&aacute;n mir&oacute; la escena atento, conteniendo la respiraci&oacute;n y sintiendo como una erecci&oacute;n se formaba en sus pantalones. Luego ella se sumergi&oacute;, momento que aprovech&oacute; el escritor para poder cambiar de sitio y estar m&aacute;s cerca de lo que pasaba en el agua.<\/p>\n<p>Desde d&oacute;nde estaba pod&iacute;a ver perfectamente la cascada y la gran mayor parte del lago. Se sent&oacute; expectante, con el pecho vibrando; el coraz&oacute;n le lat&iacute;a tan r&aacute;pido y tan fuerte que temi&oacute; que le fuera a dar un infarto.<\/p>\n<p>Luciana volvi&oacute; a salir a la superficie y nad&oacute; hasta la cascada. Se coloc&oacute; debajo de ella y dej&oacute; que el hilo de agua le cayera en la piel. Mir&oacute; hacia todos lados. Juli&aacute;n reaccion&oacute; agachando la cabeza y meti&eacute;ndose entre el arbusto que le serv&iacute;a de escudo.<\/p>\n<p>Cuando ella se asegur&oacute; de que all&iacute; no hab&iacute;a nadie (y no habr&iacute;a porqu&eacute; haberlo, el hotel era exclusivo y estaba alejado), se encogi&oacute; como si quisiera sumergirse otra vez, pero no meti&oacute; la cabeza al agua. &Eacute;l no entendi&oacute; lo que estaba haciendo hasta que vio la prenda salir a la superficie.<\/p>\n<p>Luciana se hab&iacute;a quitado la parte de abajo del bikini y ahora deshac&iacute;a los hilos que sosten&iacute;an. Sus pechos quedaron expuestos. Los pezones oscuros quedaron desnudos.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n no pod&iacute;a quitar los ojos del lago y de la cascada. Ni siquiera las im&aacute;genes que tan pacientemente hab&iacute;a construido en su cabeza a trav&eacute;s de los a&ntilde;os eran tan hermosas como lo que estaba viendo.<\/p>\n<p>No aguant&oacute; m&aacute;s y se desabroch&oacute; el pantal&oacute;n, dejando salir su miembro que ya estaba erecto.<\/p>\n<p>Subi&oacute; y baj&oacute; suavemente a lo largo de su polla, al mismo tiempo que admiraba la figura perfecta de Luciana. Quer&iacute;a, no, deseaba poder estar all&iacute; metido. Besarla, tocarla, entrar en ella y poder permanecer en este instante para toda la vida. No volver a la ciudad y olvidarse de la p&aacute;gina en blanco que no hac&iacute;a otra cosa que matarlo lentamente.<\/p>\n<p>Casi sin darse cuenta, aument&oacute; la velocidad. Arriba y abajo, en tandas cortas y largas.<\/p>\n<p>Luciana, por su parte, se lavaba en el agua y acariciaba su cuerpo, de una manera inocente, sin &aacute;nimos m&aacute;s que disfrutar de la frescura de la cascada.<\/p>\n<p>Arriba y abajo. Arriba. Abajo. Juli&aacute;n recordaba que ya hab&iacute;a hecho esto muchas veces en honor de Luciana, pero ahora que la ten&iacute;a enfrente, disfrutaba como si fuera la primera vez.<\/p>\n<p>Cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. Con la mano izquierda encontr&oacute; sus test&iacute;culos y los acarici&oacute;. El l&iacute;quido preseminal le sirvi&oacute; como lubricante para aumentar otra vez la velocidad.<\/p>\n<p>Ella cerr&oacute; los ojos, bajando sus manos por su cuello, su pecho, sus senos. Los acarici&oacute; suavemente y despu&eacute;s baj&oacute; a su abdomen.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n se detuvo un instante cuando ella abri&oacute; los ojos y nad&oacute; hasta la orilla donde hab&iacute;a dejado su vestido. Sali&oacute; del lago.<\/p>\n<p>Su vagina cubierta apenas por un hilito de vello p&uacute;bico.<\/p>\n<p>Ella se sent&oacute; un rato, as&iacute; desnuda en la orilla, a disfrutar unos minutos del sol.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n mov&iacute;a su mano cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, sintiendo como se iba construyendo su orgasmo. Manten&iacute;a la mirada en ese cuerpo desnudo, en esa cara angelical.<\/p>\n<p>Arriba. Abajo. Abajo. Arriba.<\/p>\n<p>Un movimiento largo de la mano y sinti&oacute; como explotaba y dejaba salir todo en un orgasmo que no hab&iacute;a sentido en mucho tiempo. Incluso se le escap&oacute; un gemido.<\/p>\n<p>Cuando se escuch&oacute;, presa del p&aacute;nico, se organiz&oacute; como pudo y se escondi&oacute; m&aacute;s en ese arbusto.<\/p>\n<p>Luciana no pareci&oacute; haberlo escuchado. Pero decidi&oacute; que era hora de marcharse. Se puso el bikini de nuevo, se envolvi&oacute; otra vez en ese vestido blanco que con el sol de frente se transparentaba un poco, y retorn&oacute; al hotel por donde hab&iacute;a llegado.<\/p>\n<p>Juli&aacute;n esper&oacute; unos metros para salir de su escondite y regresar al hotel detr&aacute;s de ella, intentando mantenerse oculto.<\/p>\n<p>Im&aacute;genes que ya conoc&iacute;a muy bien se fueron agrupando en su mente. Poco a poco ese bloque creativo, se le fue pasando.<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>La habitaci&oacute;n de Sade quedaba en el primer piso del hotel, en el pasillo que quedaba detr&aacute;s de la recepci&oacute;n. Aunque era m&aacute;s peque&ntilde;a que las de los hu&eacute;spedes, a ella siempre le hab&iacute;a parecido la mejor del hotel, porque ten&iacute;a vista a ese lago cristalino y a aquella cascada que tanto le gustaba.<\/p>\n<p>Los vio llegar al lago. Lo vio a &eacute;l esconderse y a ella meterse desnuda en la cascada. Pens&oacute; que el fin de semana iba a ser especial, como en esos viejos tiempos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 8<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>1 &mdash;&iquest;Has escrito algo? &mdash;Juli&aacute;n reconoci&oacute; la voz al otro lado de la l&iacute;nea. Era su agente, que lo llamaba por doceava vez esa semana. La verdad, &eacute;l la entend&iacute;a. En la editorial se esparc&iacute;a el p&aacute;nico y la rabia porque el nuevo manuscrito de Juli&aacute;n Cadavid no llegaba. Y si ella lo hab&iacute;a telefoneado [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6974,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-42792","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42792","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6974"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=42792"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/42792\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=42792"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=42792"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=42792"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}