{"id":42840,"date":"2023-08-11T22:00:00","date_gmt":"2023-08-11T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-08-11T22:00:00","modified_gmt":"2023-08-11T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-29","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-29\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (29)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42840\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Ella decide&hellip; &iquest;Por si sola?<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; tanto silencio en mi esposo? Ninguna parte de su cuerpo se ha movido ni un mil&iacute;metro. Tampoco a mi espalda, ya que en su respiraci&oacute;n no percibo alguna molestia. Lo siento muy calmado y me invade la impaciencia. Francamente me esperaba una energ&uacute;mena intervenci&oacute;n suya, pero ha permanecido en silencio aguantando el suplicio de escucharme aceptar, &ndash;casi sin oponerme&ndash; acostarme con un hombre de avanzada edad por una cifra econ&oacute;mica que desconoce. Un cheque de ocho cifras, que con seguridad superaba las ganancias de todo un mes de la mejor de las chicas prepago de los cat&aacute;logos. &iexcl;Es muy raro que no me haya dicho nada hasta el momento!<\/p>\n<p>Observo como pasa muy cerca de mis pies, &ndash;tan despistado como yo lo estoy&ndash; un cangrejo ermita&ntilde;o caminando de lado y observ&aacute;ndome con precauci&oacute;n al parecer, cargando aparentemente sin dificultad con el peso de su hogar provisional. Se detiene un instante, seguramente buscando cual camino tomar, pero de repente mueve sus patas y contin&uacute;a de manera apurada su recorrido, regresando hacia las rocas que dan consistencia al rompeolas, buscando mayor seguridad. Y ahora s&iacute;, siento como Camilo se acomoda diferente, y espero resignada su andanada de recriminaciones.<\/p>\n<p>Un colorido y bullicioso &laquo;Truki Pan&raquo;, se parquea sobre la calle desolada que est&aacute; frente a m&iacute;, y hacer sonar sus bocinas para llamar la atenci&oacute;n de quienes nos encontramos a estas horas en la playa. Con seguridad va retrasado hacia su destino final en Caracasbaaiweg, y como por arte de magia me crujen las tripas, captando toda mi atenci&oacute;n. O por la cruda confesi&oacute;n de Mariana, es que necesito evadirme de aqu&iacute;, unos instantes.<\/p>\n<p>Al ponerme en pie para colocarme los shorts, me sacudo lo mejor posible la arena pegada a mi h&uacute;medo trasero, para ir hacia el peque&ntilde;o cami&oacute;n de comidas y analizar lo escuchado. Igualmente para comprar algo y traerle a Mariana.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Espera ya regreso! Supongo que una buena porci&oacute;n de carnes a la parrilla, con papitas fritas, chorizo y pan, nos caer&aacute;n de perlas &iexcl;Voy por una picada para los dos! &iquest;O prefieres otra cosa? &iquest;Un taco o un burrito, si a&uacute;n les queda? &mdash;Le digo a Mariana, mientras me tercio al pecho la mochila.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Tienes hambre? &mdash;Me pregunta ladeando cabeza y tronco.<\/p>\n<p>&mdash;Me dieron antojos. Debe ser por el frio porque no creo estar embarazado. &mdash;Pretendo ser gracioso y vuelvo a preguntarle&hellip; &iquest;Entonces picada?<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, est&aacute; bien. &iexcl;Y con muchas papitas, por favor! &mdash;Me contesta finalmente y me apresuro en acercarme al cami&oacute;n.<\/p>\n<p>Ahora cobra sentido aquella extra&ntilde;a fotograf&iacute;a, cuando desolado en la barra de aquel bar y envalentonado por el alcohol, le di una ojeada r&aacute;pida al informe que me fue entregado, y en cuyos folios, &ndash;sobre todo en el &uacute;ltimo tercio&ndash; mis ojos se detuvieron en una imagen donde una pareja desconocida acompa&ntilde;aba a mi mujer y a Eduardo, a la entrada de un reconocido restaurante a las afueras de la ciudad. Los cuatro muy elegantes, y Mariana usando un escotado y entallado vestido de brillantes, que yo nunca le compr&eacute; y que jam&aacute;s se lo vi colgado en su armario, ni antes ni despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Haciendo memoria, despu&eacute;s de regresar de aquel viaje junto a don Octavio, Elizabeth, y los dem&aacute;s integrantes de la c&uacute;pula directiva, a la semana siguiente con poca alegr&iacute;a en su rostro, Mariana me inform&oacute; de una repentina invitaci&oacute;n a cenar, para concretar una venta. Y como siempre, la anim&eacute; a hacerlo pues no la ve&iacute;a muy convencida de asistir, aunque eso significar&iacute;a para ella subir otro pelda&ntilde;o en el escalaf&oacute;n de vendedores de la constructora. Era su sue&ntilde;o ser la mejor y mi deseo mayor, el que consiguiera ser muy feliz al lograrlo.<\/p>\n<p>Recuerdo que me qued&eacute; la noche del jueves a disfrutar de la compa&ntilde;&iacute;a de Mateo y de Natasha, con quien finalmente nos quedamos hasta muy tarde jugando en l&iacute;nea y en modo cooperativo, uno de los juegos que m&aacute;s nos divert&iacute;an a los dos. Yo creyendo que le iba a ense&ntilde;ar, mientras cuidaba la integridad de su personaje en la pantalla de los inesperados ataques, y ella tan &aacute;gil con el mando, termin&oacute; por darme una lecci&oacute;n de insospechados saltos y punter&iacute;a letal, acompa&ntilde;ados al final de la s&uacute;bita victoria, con inocentes abrazos oprimiendo sus pechos contra el m&iacute;o, m&aacute;s un fugaz y robado beso a mis labios. Y esper&eacute; en nuestra habitaci&oacute;n despierto hasta que mi esposa regresara.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Buenas noches o ya buenos d&iacute;as? &mdash;Saludo al empleado y el muchacho me sonr&iacute;e para responderme cort&eacute;smente&hellip; &iexcl;Bon d&iacute;a se&ntilde;or!<\/p>\n<p>&mdash;Dos picadas con todo, chorizo incluido. Suficiente salsita Barbacoa y mayonesa. &iexcl;Y bastantes papitas a la francesa, por favor! &mdash;Culmino de hacerle el pedido.<\/p>\n<p>He sido el primero en llegar, pero detr&aacute;s de m&iacute; escucho algunas voces, y entre ellas percibo mezclados los acentos. Dos son mexicanos y el otro asumo que es chileno. Se acomodan a mi costado derecho para leer en el tablero lo que ofrecen en el sabroso men&uacute;, y observo como dos de ellos tambaleantes se apoyan entre s&iacute;, pues ya est&aacute;n algo perjudicados por el alcohol ingerido. Deben ser parte de la fallida lunada a la cual fueron invitadas, Ver&oacute;nica y sus amigos. Mientras espero que preparen mi orden, me alejo un poco para fumar sin molestar y pensar en lo que me ha relatado Mariana.<\/p>\n<p>A mi modo de ver, ella siendo tan expl&iacute;cita al recordar aquella reuni&oacute;n, me confirma que no ha omitido nada y est&aacute; siendo sincera. Por m&aacute;s que me duela saber que acept&oacute; tan f&aacute;cilmente aquella absurda propuesta, debo mantener la promesa que le hice a Rodrigo, y escucharla hasta el final. &iexcl;Paciencia y tiempo! Me dijo cu&aacute;ndo le entregu&eacute; las llaves de mi camioneta para que la vendiera, y luego por tel&eacute;fono al avisarme sobre la decisi&oacute;n de Mariana de venir a buscarme para pedirme perd&oacute;n. Sin embargo no me puedo mentir&hellip; &iexcl;Me ha dolido saberlo! Llorar por dentro y sonre&iacute;r por fuera al mismo tiempo si se puede, pues lo acabo de comprobar. Cuando se lo cuente a Rodrigo, con seguridad &eacute;l con su pasada y similar experiencia, me dir&aacute; que estaba sumido en un estado de depresi&oacute;n, del cual podr&eacute; salir tan pronto se levante el oscuro manto que ha cubierto todas mis dudas.<\/p>\n<p>Y tal vez sea cierto, pero como no estarlo si la soledad y mi tristeza me han acompa&ntilde;ado durante los &uacute;ltimos meses, deprimi&eacute;ndome al no hallar las respuestas, por m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que han querido brindarme desinteresadamente mis amigos Eric y Pierre, William y Kayra, pero sobre todo, los consentidores y c&aacute;lidos abrazos de Maureen.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Se&ntilde;or? &iexcl;Se&ntilde;or aqu&iacute; tiene su orden! &mdash;Me reclama el muchacho, alcanz&aacute;ndome el pedido.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias. Y para beber dos Coca-Colas fr&iacute;as. &iexcl;En lata por favor! &mdash;Le respondo mientras le extiendo los florines necesarios para cancelar mi pedido, y sobre el pavimento a un lado de la llanta del cami&oacute;n, abandonada queda la colilla de mi cigarrillo, humeante todav&iacute;a.<\/p>\n<p>De regreso con ambas manos ocupadas, observo como Mariana ya se ha colocado su vestido, y ondea en el aire mi camisa rosada, sacudi&eacute;ndola con fuerza. No se sonr&iacute;e cuando se da cuenta que la miro, pero de inmediato tomas todas sus cosas, bolso y cigarrillos, las cervezas que nos quedan y se coloca su sombrero, disponi&eacute;ndose a acercarse hasta una de las bancas de cemento donde he colocado las dos porciones de carnes, chorizo y las papitas que tanto nos gustan.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, huele delicioso. &iexcl;Ahora si se me ha abierto el apetito! &mdash;Me dice en un vano intento por sortear el momento en que retomar&eacute; mi acusaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Pero antes debemos empezar a comer y al tiempo evitando mirarnos, lo hacemos utilizando nuestras manos. Engras&aacute;ndonos las yemas hasta hacer brillar la primera falange, con restos de las salsas en la comisura de nuestros labios, y un penoso silencio entre los dos, roto solamente cuando nos chupamos los dedos.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;No vas a decirme nada? &mdash;Valiente me mira y me cuestiona mientras destapa la lata de su bebida gaseosa.<\/p>\n<p>&mdash;Es que ya lo sab&hellip; Present&iacute;a. Desde que me contaste como ese anciano, al tiempo que simulaba admirarte, te desvest&iacute;a con la mirada. &mdash;Le respondo, sin mirarla pues estoy dejando lo m&aacute;s limpio posible, un huesito de la costilla. &iexcl;Casi la embarro!<\/p>\n<p>Ella se apodera de las papas a la francesa y las devora con gusto. Entre tanto yo termino mi fest&iacute;n, exterminando el &uacute;ltimo corte de carne, pero volteo a verla, al escucharle decir&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No ten&iacute;a otra salida, &eacute;l ten&iacute;a la sart&eacute;n por el mango, y la verdad Camilo, me encontraba cansada de sentirme utilizada, ofrecida y vendida como una mercanc&iacute;a. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo fungir&iacute;a como su obediente puta? Deb&iacute;a ponerle fin a todo eso Camilo, sin que peligrara nuestro matrimonio. Por eso acept&eacute; aquella insensata propuesta pensando en hallar m&aacute;s adelante un maldito camino, una bendita salida a ese laberinto.<\/p>\n<p>En el tinte a&ntilde;il de sus ojos observo el vac&iacute;o de una persona atormentada y en el tono de su voz, una muestra m&aacute;s de su sinceridad. Mastica otra papa, una de las ultimas que quedan en su plato, yo apenas si he empezado con las m&iacute;as. Y su mano algo temblorosa lleva hasta su boca la lata de Coca-Cola.<\/p>\n<p>&mdash;No te voy a mentir, se me hizo un nudo en el est&oacute;mago mientras hablabas. Es repugnante para m&iacute;, pensar en que permitiste que ese viejo decrepito te acariciara, lamiera tu cuerpo y besado tus labios. Que me lo hayas confesado, y por tanto te escuchara sin decir nada hasta ahora, no significa que lo acepte y as&iacute; mismo, que por estar a tu espalda no hayas podido ver como estaba de afectado. Y si, entiendo que el hijo de puta de Eduardo te ofreci&oacute; y pr&aacute;cticamente te oblig&oacute;, pero t&uacute; Mariana, tambi&eacute;n fuiste culpable. Aceptaste esa oferta sin casi rechistar, es m&aacute;s, creo que al final lo disfrutaste. Una nueva venta que te represent&oacute; una buena comisi&oacute;n y el canje por sexo, un dinero adicional. &iquest;Con esa ganancia ocasional, le hiciste ese costoso regalo a tu amante?<\/p>\n<p>Mariana se sobresalta y se echa para atr&aacute;s enderezando su espalda y de inmediato se sacude las manos, palmote&aacute;ndoselas con fuerza. Busca dentro del bolso su billetera, y tomando con cuidado algo de su interior, me extiende unos trozos de papel. Ocho para ser exactos. Los acomodo sobre mi muslo y me dedico a ordenarlos. Ante mis ojos tengo ya armado el cheque que le entregaron. Por Dios. &iexcl;Diez millones de pesos! Qu&eacute; barbaridad.<\/p>\n<p>&mdash;Esto es lo que para ellos, val&iacute;a la entrega de tu esposa. Como ves jam&aacute;s lo cobr&eacute;. Y ese regalo al que te refieres, lo cancel&eacute; con mi sueldo. &mdash;Me responde sin que le imprima al tono de su voz, el timbre de su revancha.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Disfrutarlo? &iquest;En serio crees que pude sentir siquiera un &aacute;pice de gozo al dejarle recorrer las partes de mi cuerpo con esas manos arrugadas y callosas? &iquest;Piensas que me deleit&eacute; al sentir como su boca babosa se paseaba por toda mi piel, bes&aacute;ndola y lami&eacute;ndola? &iexcl;Menos en mi boca, pues no le dej&eacute;! Y que yo&hellip; &iquest;Qu&eacute; me divert&iacute; al tener sexo con ese anciano? Est&aacute;s muy equivocado, mi vida. &mdash;Me satisface de cierto modo escucharla decir eso, y ver en sus ojos la determinaci&oacute;n con la que me responde. Tan firme y segura en su respuesta. Pero Mariana tras suspirar prosigue recordando y me acomodo de medio lado para escucharla.<\/p>\n<p>&mdash;No fue una patra&ntilde;a lo del periodo. Quiz&aacute;s debido a la impresi&oacute;n que me llev&eacute; al verme otra vez expuesta a traicionarte, los c&oacute;licos me atormentaron a la salida de aquella cafeter&iacute;a y apur&eacute; la llegada a nuestro hogar, pues la regla amenazaba con bajarme antes de tiempo. Mateo ya se encontraba en casa jugando en la sala y tras asearme, recib&iacute; la visita de Naty. Mi semblante no era el mejor y ella me pregunt&oacute; la raz&oacute;n. &iexcl;Cansancio y el periodo! Simplemente le respond&iacute; eso, y ella amablemente me prepar&oacute; una ag&uuml;ita de hierbas, con jengibre, an&iacute;s estrellado y canela, para calmar el malestar.<\/p>\n<p>&mdash;Pr&aacute;cticamente me oblig&oacute; a recostarme sobre sus piernas, descuidadamente descubiertas por la falta de tela en su falda tableada de colegiala. Hablamos bastante esa noche, ya sabes, cosas de chicas. Le pregunt&eacute; por su vida amorosa, muy pocos noviazgos me confes&oacute;, a pesar de ser ella una ni&ntilde;a tan preciosa y atractiva. Iryna no le quitaba el ojo de encima y le espantaba los pretendientes, se me quej&oacute;. Y esa era la raz&oacute;n por la cual Naty se manten&iacute;a todav&iacute;a virgen.<\/p>\n<p>Mariana concentrada, intenta limpiarse la grasa de sus dedos, utilizando dos servilletas. Yo tom&oacute; solo una, y con ella decido frotar primero el borde de la lata de mi gaseosa antes de destaparla, y luego si la utilizo para quitar lo mejor posible, las boronas y el aceite de los m&iacute;os.<\/p>\n<p>&mdash;La otra causa es que los chicos de su edad no le atra&iacute;an demasiado, le gustaban mayorcitos y con mayor experiencia. Me record&oacute; a m&iacute;, que pensaba de manera similar por aquellas &eacute;pocas de adolescencia. La diferencia era que mientras yo estudiaba en un colegio de monjas, Naty lo hac&iacute;a en uno mixto. &laquo; &iexcl;Quiero perder mi virginidad con un hombre experimentado!&raquo;. Me confes&oacute; mientras sus dedos entretej&iacute;an trenzas con mis cabellos. &laquo; &iexcl;Con alguien que sepa complacer mi inexperiencia, delicado y atento, cari&ntilde;oso pero osado!&raquo;. &mdash;Puntualiz&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;En ese momento pens&eacute; en ti, pues ella hab&iacute;a descrito a la perfecci&oacute;n tu personalidad y manera de ser, y entre risas le hice el comentario&hellip; &iexcl;Un hombre como mi esposo! Asinti&oacute; con la cabeza y en voz baja, pero para nada apenada, Naty me lo confirm&oacute;. &laquo; &iexcl;S&iacute;, con gusto le abrir&iacute;a las piernas a un papacito como &eacute;l!&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;No me sent&iacute; celosa, cielo, por el contrario. Se me infl&oacute; el pecho de orgullo al ser yo la &uacute;nica mujer en el mundo, capaz de disfrutarte, de amarte y ser por supuesto, bien correspondida. Eras m&iacute;o, ego&iacute;stamente exclusivo.<\/p>\n<p>&mdash;Y mira qu&eacute; curioso, pero recib&iacute; al instante tu llamada, como si ella y yo te hubi&eacute;semos contactado telep&aacute;ticamente. No estabas en el hotel, pues andabas tom&aacute;ndote unas cervezas cerca a la playa, acompa&ntilde;ado por tu admirada Elizabeth y los directivos. Por eso recuerdo claramente que tu voz se entrecortaba. Naty fue en b&uacute;squeda de Mateo para avisarle de tu llamada, y mientras tanto te dije que te extra&ntilde;aba demasiado.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Me haces mucha falta tambi&eacute;n! &mdash;Amoroso como siempre me respondiste, y ambos al un&iacute;sono dejamos salir de nuestro interior un muy sentido &iexcl;Te amo! Naty quer&iacute;a quedarse a dormir conmigo esa noche para cuidarme, pero los deberes escolares eran lo m&aacute;s importante, as&iacute; que convinimos en que har&iacute;amos una pijamada la noche del viernes y se quedar&iacute;a conmigo, jugando las dos con Mateo, hasta que t&uacute; regresaras el s&aacute;bado a mediod&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;El jueves en la oficina al presentarle a Eduardo la carpeta con el contrato firmado, ante la mirada de todos mis compa&ntilde;eros, fui muy aplaudida. Fing&iacute; una sonrisa ante aquella desabrida victoria. Los dulces y bombones que estaban sobre mi escritorio, obsequiados por mi &laquo;amigo secreto&raquo;, los guard&eacute; en mi cartera para entreg&aacute;rselos por la noche a nuestro hijo. Y a m&iacute;, se me hab&iacute;a pasado por alto endulzar al m&iacute;o. Evit&eacute; encontrarme a solas con Eduardo para no hacerle mala cara, quiz&aacute;s tambi&eacute;n temerosa de que me presionara m&aacute;s, y afortunadamente ese dia, labor&eacute; en la sala de ventas de los apartamentos al sur de la ciudad, acompa&ntilde;ada por Diana y con sus conversaciones amenas, m&aacute;s las acostumbradas bromas, me alegr&oacute; la tarde. K-Mena, Carlos y Jos&eacute; Ignacio, lo har&iacute;an al d&iacute;a siguiente, y as&iacute; pens&eacute; que podr&iacute;a negarme con mayor facilidad, al cotidiano encuentro en el bar para festejar por los negocios realizados.<\/p>\n<p>&mdash;Fue ese el d&iacute;a en el que Diana me inform&oacute; que junto a las muchachas del otro grupo, ya hab&iacute;an planeado la fiesta de fin de mes, para la entrega de regalos por el mes del Amor y la Amistad, y que por supuesto, Jos&eacute; Ignacio comedidamente hab&iacute;a ofrecido su casa para realizarla all&iacute;.<\/p>\n<p>Veo a Camilo echar para atr&aacute;s la cabeza y en su cuello, el esternocleidomastoideo se le flexa, rodeando la prominencia de la manzana de Ad&aacute;n. Es la se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que hace memoria y suspira pero de mala gana. S&iacute;, recuerdo que no fue grato para &eacute;l, tampoco aunque no lo pareciera en el momento, lo fue para m&iacute;. Discutimos horas antes por una estupidez m&iacute;a y pasamos unos d&iacute;as sin dirigirnos la palabra, escasamente para lo indispensable. Todo por una decisi&oacute;n vanidosa, ego&iacute;sta y errada al elegir mi vestuario. &iexcl;Yo y mis putas cagadas!<\/p>\n<p>&mdash; &laquo; &iexcl;Ballenas, ballenas, ballenas!&raquo;. Exclam&oacute; admirado. Los cinco, nuestra vecina rusa y su hija, Mateo, t&uacute; y yo, no hablamos m&aacute;s que de eso, cuando te envi&eacute; los videos que hab&iacute;a conseguido filmar en altamar y los descargaste en tu computador port&aacute;til para verlos mientras charl&aacute;bamos. Nuestro peque&ntilde;o muy emocionado al ver los lomos emerger de las profundidades, y escuchar como exhalaban con fortaleza, no hac&iacute;a m&aacute;s que ametrallarme con infinidad de preguntas. &laquo; &iquest;Papito, son muy grandes? &iquest;Tienen barbas largas? &iquest;Muerden? &iquest;Las tocaste? &iquest;Cu&aacute;ndo me llevaras a verlas?&raquo;. &mdash;Y despu&eacute;s de responder a todos sus interrogantes, interviniendo todas ustedes de vez en cuando, para aclarar alguna que otra respuesta de mi parte, vi como el cansancio lo venci&oacute; y se fue quedando dormidito sentado en tu regazo.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, y cuando terminamos la videollamada, Naty destap&oacute; unas cervezas sin el permiso de Iryna, &ndash;me sonr&iacute;o al recordarlo&ndash; pero al estar en nuestra casa no puso problema y nos acompa&ntilde;&oacute; un rato m&aacute;s, hasta que una llamada de su esposo le oblig&oacute; a marcharse para su casa. Y nos quedamos por fin a solas, Naty y yo, comiendo palomitas de ma&iacute;z, salchichas y gaseosa, haciendo un marat&oacute;n visual de una serie que ella quer&iacute;a ver, pero entre cap&iacute;tulo y cap&iacute;tulo me relataba algunas cosas de su d&iacute;a de clases, hasta mencionar de nuevo su parte emocional y uno que otro secreto muy personal. Yo por igual le confi&eacute; algunas intimidades m&iacute;as, aunque me dej&oacute; rondando en la cabeza una idea.<\/p>\n<p>Camilo se muestra muy extra&ntilde;ado y me mira de forma inquisidora, abriendo demasiado sus ojos caf&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No cielo, no me mires as&iacute;! Pues no fueron tantas, ni muy expl&iacute;citas o comprometedoras, pero as&iacute; nos entretuvimos y dejamos de prestarle atenci&oacute;n a la televisi&oacute;n, y pasamos enseguida a la secci&oacute;n de maquillaje, ense&ntilde;&aacute;ndome ella algunos trucos que hab&iacute;a aprendido mirando videos por internet, e inventando para mis cabellos largos nuevos peinados, m&aacute;s juveniles y modernos, actualiz&aacute;ndome por igual, en los tonos de moda para pintarme las u&ntilde;as&hellip; Y fotos, cielo. Muchas fotos.<\/p>\n<p>&mdash;Es que Naty encontr&oacute; tu compacta c&aacute;mara digital, la que hab&iacute;as dejado abandonada en un estante del estudio, como si fuese una reliquia del pasado. Hasta la madrugada estuvimos modelando, una para la otra, probando mis vestidos. Se coloc&oacute; una minifalda, la de cuero marr&oacute;n. Esa me la ayudaste a escoger. &iquest;Recuerdas? Y Alab&eacute; la imagen tan sexy que brindaban sus piernas a medio cubrir, pero ella me respondi&oacute; un tanto contrariada&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Es una verdadera l&aacute;stima que no pueda salir a la calle con una de estas, sin recibir silbidos indebidos o piropos subidos de tono. Ni dejar de recibir ese tipo de miradas, que a pesar de tener la misma intenci&oacute;n, me incomodan cuando provienen de muchachos que no me atraen y si me desagradan. Pero es que al mismo tiempo quisiera que de sus ojos provinieran. &iexcl;Pero para &eacute;l nos soy nada m&aacute;s que una &laquo;culicagada&raquo;!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;De qui&eacute;n hablas? &mdash;Le pregunt&eacute; intrigada, pero ruborizada Naty evadi&oacute; mi s&uacute;bito inter&eacute;s, mirando hac&iacute;a el suelo y tan solo me coment&oacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;De un amor imposible, Meli. De un ser de otra &eacute;poca que se me adelant&oacute; en el tiempo, o quiz&aacute;s fui yo la culpable al retrasarme y encontrarlo enamorado de otra. &iquest;Sabes? Es un hombre especial y divertido, tan tierno y amoroso con su&hellip; &ndash;Call&oacute; por unos segundos mientras daba un rodeo con su mirada al interior de nuestro vestier. &ndash; &iquest;Y aqu&iacute; que guardas? &mdash;Arrepentida me pregunt&oacute;, cambiando de tema.<\/p>\n<p>&mdash;Tenemos pr&aacute;cticamente la misma altura y medidas similares, por lo tanto ya un poco achispadas por las cervezas, el caj&oacute;n con mi ropa &iacute;ntima fue asaltado por sus curiosas manos, y modelamos para la lente y el flash de tu camarita, en ropa interior. Las viste. &iquest;No es as&iacute;? &mdash;Le pregunto a Camilo y con el movimiento de su cabeza, lo confirma.<\/p>\n<p>&mdash;A su figura, todo lo m&iacute;o le sentaba de maravilla, y se enamor&oacute; de uno de los &uacute;ltimos conjuntos que hab&iacute;a adquirido aconsejada por Diana, para sorprenderte con una noche apasionada. Uno verde, en tela sedosa brillante y con indiscretas transparencias, de los m&aacute;s sexys y atrevidos que eleg&iacute;. Se lo obsequi&eacute;, haci&eacute;ndole prometer que lo guardar&iacute;a para usarlo &uacute;nicamente cuando decidiera que era el momento adecuado y con el hombre indicado, para disfrutar su primera vez. &iexcl;Y vaya si me hizo caso! &iquest;No fue as&iacute;, cielo?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y c&oacute;mo iba a saber que era un obsequio tuyo? Y no me refiero a la ropa interior. &mdash;Finalmente tras responderle sin apartarle la mirada, me pongo en pie para en seguida, sin esperar por su respuesta, tomar mi mochila por la ancha correa y colg&aacute;rmela al hombro. Las dos botellas de cerveza restantes con una mano, y la gorra de los Yankees, la acomodo sobre mi cabeza con la visera puesta al rev&eacute;s, ocultando las ondulaciones de mi melena, miro a mi esposa y le ofrezco mi mano para que se levante. Lo hace, su delicada y tibia mano se aferra a la m&iacute;a pero no se levanta, tan solo me auscultan los preciosos topacios de sus ojos, y se me ocurre decirle para deshacer el hechizo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; Y pues s&iacute;. &iexcl;Hac&iacute;an juego con el color esmeralda de sus ojos! &mdash;Por la cara que ha puesto Mariana, creo que la cagu&eacute;, pero curiosamente, mi mujer me responde muy calmada&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No ten&iacute;as por qu&eacute; saberlo, es verdad. Ni ella tampoco. Ninguno de los dos tuvo la opci&oacute;n de elegir. Intervine con discreci&oacute;n para que as&iacute; sucediera, pero no fue cosa de un d&iacute;a, cielo, sino qu&eacute; se fue dando con el tiempo. Yo la escog&iacute; a ella para ti, por su atrayente adolescencia y la graciosa afinidad que ten&iacute;an ustedes dos, divirti&eacute;ndose como un par locos con aquellos videojuegos y las pel&iacute;culas de acci&oacute;n que a m&iacute; me aburr&iacute;an. Con algo &uacute;nico y especial que ella si pod&iacute;a ofrecerte. Una joya que yo jam&aacute;s podr&iacute;a entregarte. &iexcl;Su virginal tesoro!<\/p>\n<p>&mdash; Y para Naty te escog&iacute; a ti, al descubrir que eras su amor plat&oacute;nico, &ndash;y no precisamente por mi &laquo;sexto sentido&raquo;&ndash;, sino por el brillo que observ&eacute; varias veces en sus ojos verdes, cada que su mirada adolescente se le perd&iacute;a en el limbo de tus masculinos gestos cuando estabas cerca, o en su carita emocionada, tan pendiente del movimiento de tus labios cuando hablabas y embobada como quincea&ntilde;era enamorada cuando sonre&iacute;as, fij&aacute;ndose en un hombre que no se daba por enterado al estar perdidamente enamorado de m&iacute;. Su admiraci&oacute;n por ti era may&uacute;scula, creciendo en su interior desde aquella vez que por cosas del destino, termin&oacute; ocupando mi silla en el cinema del centro comercial, salv&aacute;ndome de presenciar tantos autos estrell&aacute;ndose sin sentido. &iexcl;Gustos y aficiones similares! Coctel peligroso para una chica con tantas hormonas alborotadas, liberando feromonas cerca de ti.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo se te ocurri&oacute; esa locura? No solo por su edad ni por mi estado civil. Simplemente yo te ama&hellip; &iexcl;No ten&iacute;a ojos para nadie que no fueras t&uacute;, Mariana! Ni ten&iacute;a espacios disponibles en mi coraz&oacute;n para alquilar a nadie m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Una confesi&oacute;n entre dos amigas, cielo, que no pod&iacute;a pasar por alto ni echar en el olvido, pues me permitir&iacute;a m&aacute;s adelante, darle un rumbo nuevo a nuestras vidas, si manejaba con cuidado e inteligencia los hilos de su compenetrada afici&oacute;n por los videojuegos de acci&oacute;n y mucho v&eacute;rtigo, superando pruebas para vencer entre ustedes dos y sus amigos, a los enemigos aparentemente imbatibles. Me gustaba verlos festejar sus logros hasta altas horas de la noche, entre gritos emocionados de ella y sobresaltos tuyos, con cervezas para ti y limonada o jugo de Lulo en su caso. Y as&iacute; fui maquinando en mi mente una estrategia para que fueran m&aacute;s cercanos y de alguna manera, retribuir tu lealtad y amor, en compensaci&oacute;n por mis infidelidades. Premiar a Naty por su amistad y compa&ntilde;&iacute;a, ofrendando al mejor y &uacute;nico hombre de mi vida, como la se&ntilde;ora Margarita lo hizo, permiti&eacute;ndole a su esposo despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, disfrutar de unos pocos instantes conmigo.<\/p>\n<p>Camilo niega varias veces al mover su cabeza de izquierda a derecha, sin poder dar cr&eacute;dito a mis palabras. No lo culpo, pero tampoco me voy a excusar por ello, aunque si debo aclararle mis motivos. &iexcl;Ser&aacute; lo mejor para los dos!<\/p>\n<p>&mdash;Bastaba con un simple empuj&oacute;n, o colocar como carnada descuidadamente la c&aacute;mara al alcance de tus ojos. Un peque&ntilde;o adelanto visual de unas formas femeninas, nuevas y tiernas, atractivas y tentadoras, para que aquel hombre con m&aacute;s edad y experiencia, se fijara en la bella mariposa que con sus alas extendidas, estaba dispuesta a aventurarse en su mundo, y as&iacute; mi vida, dejaras de verla como la maravilla reci&eacute;n surgida del complejo ovillo de seda, intocable para tus manos por lo delicada, y prohibida para tus ganas por su mocedad.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute; curioso, Mariana, que para una misma virtud, tuvieras en mente planes diferentes. Para una de ellas, la m&aacute;s extra&ntilde;a y ajena, buscar a como diera lugar preserv&aacute;rsela, ofreciendo tu cuerpo en su lugar. M&aacute;s para la otra, la m&aacute;s peque&ntilde;a y cercana, sembrabas en su mente adolescente la semilla de vivir un momento placentero e inolvidable, hasta lograr inculcarle que ella deber&iacute;a ser para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Y no me arrepiento por eso, mi vida. Era un sue&ntilde;o para Naty y una oportunidad para ti. Acaso te olvidas las muchas veces que tras hacerme el amor, &iquest;te imaginabas siendo el primer hombre de mi vida? &iquest;Qu&eacute; a&ntilde;orabas tanto de m&iacute;? &iquest;La oportunidad perdida de ser el hombre que me desvirg&oacute;? Pues como te lo hab&iacute;a respondido siempre, eso para m&iacute; no fue ni placentero ni inolvidable. Me importan m&aacute;s otras cosas donde t&uacute; no solo has sido el primero sino el &uacute;nico, convirti&eacute;ndote para m&iacute; en ese hombre imperecedero.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mis primeros orgasmos encadenados, por ejemplo! &ndash;Le sigo mencionando, sin dejar de acariciar su mano. &ndash; &iquest;Obtenidos gracias a qui&eacute;n? A ti por supuesto. Mi &uacute;nico esposo y padre de nuestro hermoso hijo. El primero en sacarme de la comodidad de mi hogar y la rutina de la ciudad, convenci&eacute;ndome en seguirlo y viajar a esta isla, alej&aacute;ndome de todo para iniciar una aventura. Has sido para m&iacute; el primero en todo, mi cielo, y sin poder remediar lo otro, lo que tanto a&ntilde;orabas, al menos pude entregarte por vez primera mi culito. &iexcl;Ese momento Camilo, si fue importante y primordial para m&iacute;!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y entonces me comprendes ahora, cielo? &iquest;Qui&eacute;n mejor para la peque&ntilde;a y so&ntilde;adora Natasha que t&uacute;, mi adorado esposo, para volver realidad su sue&ntilde;o de convertirse en mujer y as&iacute; de paso, cumplir tambi&eacute;n con el tuyo?<\/p>\n<p>Desfilan risue&ntilde;as frente a nosotros, Ver&oacute;nica y sus amigas, h&uacute;medas de pies a cabeza, sonrientes y hambrientas. Detr&aacute;s se acercan sus otros amigos de camino hacia el Truki Pan. El alcohol y los chapuzones en las aguas fr&iacute;as de este mar en nocturna calma, logran ese efecto, y a eso se suma el delicioso olor de la parrillada y las papitas fritas. Pero no alcanzo a escuchar sus voces realizando su pedido, pues Mariana se ha puesto en pie, y sin soltar mi mano, coloc&aacute;ndose bien pegada a mi costado, al o&iacute;do me susurra con su voz delicada y cari&ntilde;osa, lo que para ella fue nuestro reencuentro, tras regresar de mi viaje.<\/p>\n<p>&mdash;Volviste a mis brazos cuando regres&eacute; a la casa al atardecer del s&aacute;bado, &ndash;contin&uacute;o haciendo memoria&ndash; agradecidos al poder aferrarme de nuevo al contorno de tu cuerpo, sintiendo en la fortaleza de aquel abrazo, tu pasi&oacute;n por m&iacute;, tu necesidad de m&iacute;, y dentro de mi alma y el coraz&oacute;n, la m&iacute;a de ti. Aferrarme al &uacute;nico hombre que me brindaba tanta paz y tranquilidad era lo que m&aacute;s deseaba y con Mateo ya durmiendo, aprovechamos el tiempo los dos bajo la regadera de la ducha bes&aacute;ndonos descontrolados, reiniciamos nuestras vidas al ba&ntilde;arnos juntos, sin sexo por el obst&aacute;culo de mi periodo, aunque tus manos inquietas no abandonaron su intr&eacute;pida costumbre de acariciarme toda. &iexcl;T&uacute; has sido siempre mi refugio, y el polo a tierra que en esa &eacute;poca me manten&iacute;a cuerda ante tantas locuras m&iacute;as, sin que obviamente lo supieras!<\/p>\n<p>&mdash;Tengo frio todav&iacute;a, Mariana. Aprovechemos que ellos ahora est&aacute;n comiendo y nos acercamos a su fogata para terminar de secarnos. &iquest;Te parece? &mdash;Se sonr&iacute;e y pasa su brazo por debajo del m&iacute;o, pero respetuosamente no inclina su cabeza sobre mi hombro. Mantiene con prudencia su distancia y camina con elegancia a mi lado, llev&aacute;ndome de gancho.<\/p>\n<p>&mdash;Comiste muy r&aacute;pido. &iquest;Ten&iacute;as hambre? &mdash;Le pregunto asombrada pues pocas veces lo he visto con tan buen apetito. Y Camilo antes de responderme, justo al lado de los le&ntilde;os que arden, destapa nuestras dos &uacute;ltimas cervezas.<\/p>\n<p>&mdash;Quiz&aacute;s s&iacute;, o por lo que estaba mojado. No lo s&eacute;. &Uacute;ltimamente mi vida se ha basado en saltarme las horas de comida, bebiendo mucho hasta perder la noci&oacute;n del tiempo, dormir muy poco y cuando lo logro, so&ntilde;ar contigo mucho. Pesadillas en realidad, te lo confieso, donde te pierdo una y otra vez, alej&aacute;ndote de m&iacute;, arrastrada por una mano de hombre con una buena imitaci&oacute;n de un Rolex dorado en su mu&ntilde;eca.<\/p>\n<p>Bebemos los dos un corto sorbo y despu&eacute;s de hacerlo, al tiempo estiramos nuestros brazos hacia el calor que nos brindan las llamas. Estamos casi solos aqu&iacute;, tan solo la pareja de enamorados que nos observaron anteriormente, han decidido regresar desde el otro extremo del rompeolas caminando por la pasarela de madera, y mientras los observo venir, los vellos de mis antebrazos y la nuca se me erizan sin alguna carga electrost&aacute;tica de por medio, pero tal vez mi sexto sentido me est&eacute; avisando sobre la pendiente pregunta de Camilo, para despejar aquella otra duda. Y preciso sus ojos caf&eacute;s conectan de inmediato con los m&iacute;os y&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Fue aquel dia entre semana, &iquest;no es verdad? Lo antecedieron unos d&iacute;as de amor en familia y buen sexo en la intimidad de nuestra alcoba, para distraerme mientras que yo ocupado en otros temas que deb&iacute;a de atender&hellip; &iquest;Esperaste a que me fuera de viaje nuevamente a Pe&ntilde;alisa para cumplir con tus obligaciones?<\/p>\n<p>&mdash;No lo recordaba as&iacute;, pero tienes raz&oacute;n. Sucedi&oacute; al dia siguiente de tu partida por la noche, cuando al lunes siguiente por la tarde, en la oficina nos enviamos varios mensajes cari&ntilde;osos despu&eacute;s del almuerzo para conocer c&oacute;mo transcurr&iacute;a nuestro d&iacute;a laboral, y me enteraste de tu obligado viaje semanal a la agrupaci&oacute;n, de nuevo acompa&ntilde;ado por tu eficaz y guapa asistente. &mdash;Se lo menciono con cierto desd&eacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ya te lo he explicado infinidad de veces, Mariana. Con Elizabeth nunca sucedi&oacute; nada. Cre&iacute;ste encontrar algo comprometedor cuando escuchaste su voz, a mi lado dentro de mi habitaci&oacute;n del hotel, efectivamente algo tarde en la noche, pero est&aacute;bamos trabajando. Revis&aacute;bamos junto al ingeniero, la cimentaci&oacute;n m&aacute;s recomendable para un terreno algo blando, cercano al arroyo sur. Pero como &eacute;l no habl&oacute;, supusiste que yo estaba a solas con Liz y te enfadaste. Imaginaste un poco de cosas por&hellip; &iexcl;El que las hace, las imagina! &iquest;Esa fue la excusa que necesitabas para marcharte?<\/p>\n<p>&mdash;No, cielo, no fue as&iacute;. S&iacute;, en efecto me enfad&eacute; contigo, sent&iacute; celos de ella y tienes raz&oacute;n, no ten&iacute;a motivos para dudar de ti, es solo que preciso al otro d&iacute;a deb&iacute;a cumplir con aquella cita y se me hizo extra&ntilde;o que tu llamada fuera tan normal, y que no utilizaras el video para vernos. Escuchar esa risa, y luego su voz llam&aacute;ndote, reclamando tu atenci&oacute;n&hellip; Supongo que todo se junt&oacute; y me traicionaron los nervios. &iexcl;Lo siento! &mdash;Le respondo y de nuevo siento que se humedecen los ojos.<\/p>\n<p>&mdash;Y s&iacute;, pact&eacute; con la se&ntilde;ora Margarita y con el hijo de&hellip; Puta ese, &ndash;miro a Camilo, pero ya no me hace mala cara por la groser&iacute;a&ndash; que en la noche de aquel jueves cumplir&iacute;a con mi parte. No te voy a mentir, cielo ya que no he olvidado esa noche, y la verdad no me gustar&iacute;a explayarme mucho en los detalles, pues como ya te dije, no lo disfrute c&oacute;mo tal vez llegaste a creer. La recuerdo m&aacute;s bien por otras escenas que me fueron imposibles de no contemplar, y por algunas frases interesantes de una disertaci&oacute;n que escuch&eacute; con atenci&oacute;n y sobre todo por tu madrugadora sorpresa.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Acaso que escuchaste o que viste? &mdash;Le pregunto a Mariana.<\/p>\n<p>&mdash;Espera cielo ya te cuento, d&eacute;jame recordar paso a paso. &iquest;Ok? Y mejor vamos a caminar. Demos un paseo hasta el fondo del malec&oacute;n, que ya vienen para ac&aacute; las chicas con tu amiga, la rubiecita esa que te quiere &laquo;echar a la muela&raquo;. &mdash;Y Camilo, se gira preciso para levantar su mano y saludarlas sonriente. Yo no lo hago, y pienso que es mejor irme adelantando.<\/p>\n<p>&mdash;El lugar del encuentro fue de nuevo en el apartamento de soltero de Eduardo, donde se supone que yo viv&iacute;a. &ndash;Le comento a mi esposo, tan pronto escucho sus pisadas presionar las tablas diagonales del maderamen, un paso detr&aacute;s m&iacute;o. &ndash; All&iacute; Fadia por supuesto, se encarg&oacute; de animarme coment&aacute;ndome que deber&iacute;amos salir juntas de compras, para invertir aquella suma de dinero en nuevos vestidos de dise&ntilde;ador, joyas importadas y tratamientos corporales de &uacute;ltima tecnolog&iacute;a. Me maquill&oacute; los ojos con colores fuertes, y en los parpados utiliz&oacute; escharcha. Deline&oacute; mis labios de un rojo intenso, el mismo tono para las u&ntilde;as de mis manos y los pies. Igualmente se demor&oacute; bastante, indecisa entre peinarme con ondas sueltas o dej&aacute;rmelo todo lacio. Y hasta me ayud&oacute; a vestir pues me ten&iacute;a preparado sobre la cama, un modelito en verdad demasiado ajustado, corto e imp&uacute;dicamente escotado. Decorado con diminuta bisuter&iacute;a acr&iacute;lica e hilillos plateados, y complementando aquel dise&ntilde;o de princesa discotequera, un par de guantes brillantes que me llegaban dos dedos por encima de los codos. Camilo no aparenta estar sorprendido, por lo tanto contin&uacute;o coment&aacute;ndole.<\/p>\n<p>&mdash;Aquella pareja nos recogi&oacute; en una limusina americana negra, y fuimos a cenar. Hab&iacute;an apartado mesa en un restaurante elegante, el que est&aacute; ubicado por la salida oriental, construido a las faldas de la monta&ntilde;a, eso s&iacute;, con una hermosa vista sobre la ciudad iluminada.<\/p>\n<p>&mdash; &laquo; &iexcl;Querida, estas divina!&raquo;, me salud&oacute; ella, y don Fernando tras besarme el dorso de la mano al ayudarme a subir al auto, &ndash;mir&aacute;ndome como a la &uacute;ltima tajada del pastel, con hambre retrasada&ndash; igualmente me dijo que estaba preciosa y que con aquel vestido, le parec&iacute;a estar viendo a la m&aacute;s hermosa de las ninfas.<\/p>\n<p>&mdash;Y yo les sonre&iacute; a ambos, pero individualmente a m&iacute; misma, pues con agilidad mental jugu&eacute; con el significado de esa palabra, y para nada me ve&iacute;a como una mitol&oacute;gica deidad griega, sino como una simple y vulgar prostituta, negociando comisiones a cambio de alquilados placeres carnales, y aunque yo no lo sintiera, para ellos y los dem&aacute;s quiz&aacute; yo sufr&iacute;a un poco de ninfoman&iacute;a.<\/p>\n<p>Camilo le pega el &uacute;ltimo sorbo a su cerveza, mientras que en la botella m&iacute;a queda todav&iacute;a m&aacute;s de un cuarto. No tengo sed y se la paso. Mejor ser&aacute; para m&iacute; continuar por el siguiente tramo, el m&aacute;s largo, fum&aacute;ndome un cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Parec&iacute;an ser ellos una pareja reconocida y clientes asiduos del restaurante, pues nada m&aacute;s llegar se saludaron a la entrada con varias personas. Escasas las personas j&oacute;venes, abundantes los hombres de avanzada edad, luciendo trajes muy elegantes, al igual que las se&ntilde;oras presumiendo sus vestidos, como si fuesen famosas divas en alg&uacute;n evento ben&eacute;fico.<\/p>\n<p>&mdash;Entre plato y plato, me iba indicando con prudencia la se&ntilde;ora Margarita, a quienes conoc&iacute;a. &laquo;Aquel es el Ministro de&hellip;&raquo; Un ministerio que no recuerdo. &laquo;Este otro es el pastor de&hellip;&raquo; Alguna iglesia que tampoco me import&oacute; saber. &laquo;Y la de la mesa del fondo, es la cirujana cardiovascular de&hellip;&raquo; Mucho menos prest&eacute; atenci&oacute;n en cual renombrada cl&iacute;nica prestaba sus servicios. En fin, cielo, que al parecer la crema innata de la sociedad capitalina estaba esa noche cenando all&iacute;, y el &laquo;hijueputica&raquo; de Eduardo parec&iacute;a ni&ntilde;o chiquito en un parque de atracciones, feliz de codearse con aquellas personalidades.<\/p>\n<p>&mdash;De all&iacute; salimos hacia La Calera, hasta un chalet ubicado en una vereda, no muy lejos de la v&iacute;a principal. Nos recibieron una jaur&iacute;a de perros. Siete alcanc&eacute; a divisar. El cuidandero con un fuerte grito los espant&oacute; y luego de correr la verja de madera, se apart&oacute; para darle paso a la limusina y no lo volv&iacute; a ver. La casa de ladrillos a la vista, ventanas peque&ntilde;as cubiertas por pesados velos, y el techo de paja cubriendo esa &uacute;nica planta, ya ten&iacute;a encendida en el sal&oacute;n, la chimenea.<\/p>\n<p>&mdash;Se miraron los dos y sonri&eacute;ndose, se ubicaron cada uno a mis costados y me tomaron de gancho llev&aacute;ndome hac&iacute;a el interior de aquella sala iluminada tenuemente, dispuestas varias decenas de espigadas velas rojas y gruesos velones amarillentos, cercanos a un gran ventanal. Y cerca de este, un sof&aacute; semicircular de tres cuerpos y dos mullidos sillones isabelinos ubicados diagonalmente en el frente. Me ofrecieron brindar con champagne, Eduardo declin&oacute; la invitaci&oacute;n y en lugar de ello, haciendo de DJ, coloc&oacute; en un equipo de sonido antiguo y bastante alto, un disco de m&uacute;sica bailable y me invit&oacute; a bailar. La se&ntilde;ora Margarita hizo lo propio con su esposo y despu&eacute;s de dos canciones, para la tercera que son&oacute;, hicimos un forzado cambio de parejas. Nerviosos &eacute;l y yo, hablamos de cualquier cosa menos de aquello para lo que nos hab&iacute;amos reunido, quietos en el mismo sitio, sobre los &laquo;encerados&raquo; listones de madera. Finalmente se relaj&oacute; y bail&oacute; conmigo dos o tres temas de salsa. Guayac&aacute;n y el grupo Niche eran sus preferidos por lo visto, al igual que los m&iacute;os, aunque el vestido tan ajustado y los zapatos de tac&oacute;n tan alto, no me permitieron bailar con la soltura de siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Luego ellos dos se acomodaron en el sof&aacute; y Eduardo en una de las sillas, y aparentemente entre brindis y sonrisas, festejaron por la conclusi&oacute;n de nuestro negocio. Me acerqu&eacute; hasta el mes&oacute;n y serv&iacute; un largo trago de ron, adicion&aacute;ndole &uacute;nicamente dos cubitos de hielo. Necesitaba calmar mis nervios y ponerle buena cara a mi molestia. No lo deguste en realidad, pues de un solo sorbo lo envi&eacute; con ardor hacia mis entra&ntilde;as. Don Fernando se acerc&oacute; hasta la esquina donde me encontraba, nerviosa y pensativa, con demasiadas ganas de fumar, y de tener la posibilidad de abrir las ventanas, &ndash;pens&eacute;&ndash; con gusto me escapar&iacute;a rumbo a nuestro hogar.<\/p>\n<p>&mdash;No lo hice pues de nuevo me invit&oacute; a bailar, una melanc&oacute;lica melod&iacute;a entonada en portugu&eacute;s. Como un inexperto colegial me pregunt&oacute; por mi vida privada, mientras me apretaba nerviosamente por la cintura, asombrado por el trato que recib&iacute;a de mi esposo. No el real por supuesto, sino aquel inventado por Eduardo. Por supuesto que le segu&iacute; la cuerda un poco, sin brindarle tanto detalle, pero s&iacute; explic&aacute;ndole que aquello que estaba haciendo, a pesar de todo, era mi primera y ser&iacute;a la &uacute;ltima vez.<\/p>\n<p>&mdash;En medio de la canci&oacute;n intent&oacute; besarme en la boca. Fue la primera vez. Logr&eacute; esquivar aquel intento girando la cabeza, pero ofreci&eacute;ndole de manera coqueta mi mejilla y la extensi&oacute;n desnuda de mi cuello. Me dio varios besitos con su boca cerrada y al tiempo que lo hac&iacute;a, le dej&eacute; muy claro que tendr&iacute;a de mi cuerpo todo, menos besos en la boca, pues me sent&iacute;a como una fulana callejera y hab&iacute;a escuchado decir por ah&iacute;, que a las putas no les agradaba que las besaran en los labios de arriba. &iexcl;Con los de abajo, &ndash;le dije&ndash; puedes hacer lo que quieras!<\/p>\n<p>&mdash;Antes de finalizar el baile cre&iacute; sentir su erecci&oacute;n, e ingenuamente cre&iacute; que todo terminar&iacute;a pronto, si lograba erradicarte de mi mente y dedicarme solo a complacer a ese hombre. Fue una falsa alarma. Y ni modos de darle una pastillita de las azules, pues el Sildenafil estaba prohibido para las personas que como &eacute;l, sufr&iacute;an de problemas renales y afecci&oacute;n al miocardio. Eso lo hab&iacute;a dejado muy en claro la se&ntilde;ora Margarita, al pregunt&aacute;rselo con curiosidad durante la cena. Y yo con ese af&aacute;n de terminar pronto con esa obligaci&oacute;n y regresar a casa para estar con Mateo, decid&iacute; jugarme la pen&uacute;ltima carta, la de mis manos acariciando su rostro, deshaciendo el nudo de su corbata y desabotonando su camisa. &iexcl;Insinu&aacute;ndomele!<\/p>\n<p>Ya hemos llegado hasta el final del largo tramo, y Camilo sin decir nada, se ha deshecho del agarre de mi brazo y ahora apoya un pie sobre las irregulares piedras del rompeolas. &iquest;Enojado y resentido? No me lo parece, a pesar de suspirar y tomar del bolsillo de su camisa lo cajetilla roja y blanca para extraer con los dientes un nuevo cigarrillo, se me antoja muy tranquilo. Yo sin darme cuenta he permitido que entre mis dedos, el m&iacute;o se consumiese solo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y cu&aacute;l fue la &uacute;ltima, si puedo saber? &mdash;Me pregunta Camilo, expulsando una doble hilera de humo por la nariz.<\/p>\n<p>&mdash;Ya te voy a contar, espera. Tom&eacute; la decisi&oacute;n de llev&aacute;rmelo para una habitaci&oacute;n, un lugar m&aacute;s privado, dejando a la se&ntilde;ora Margarita y al morboso de Eduardo en el sal&oacute;n, y tras cerrar aquella puerta, ir desnudando sus ganas con cautela, desvisti&eacute;ndome sin prisas, antes de que por su temor y torpeza, don Fernando apurado al arrancarme mis ropas, las convirtiera con sus manos temblorosas, en inservibles harapos.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Entonces s&iacute; pudo! &iquest;Te penetr&oacute;? &mdash;Me pregunta desilusionado. &iexcl;Mierda! Ser&aacute; mejor explic&aacute;rselo.<\/p>\n<p>&mdash;En la alcoba, despu&eacute;s de dejarme adorar todo el cuerpo por sus piropos y sus caricias, sin evidenciar alg&uacute;n atisbo de erecci&oacute;n, tuve que&hellip; Tuvimos que recostarnos y mientras le brindaba a su cabeza un espacio entre mis muslos, yo a &eacute;l&hellip; Ya sabes, se lo chupaba. Le estrangul&eacute; con una mano, el tronco desde la base, y con la otra le sub&iacute;a y bajaba el pellejo. Pasaban los minutos, se me cansaba la quijada, me estaba desesperando, hasta que su&hellip; &iexcl;Reaccion&oacute;! &mdash;Camilo impaciente, se rasca la barbilla con el pulgar y el anular, sosteniendo entre su dedo medio y el &iacute;ndice, el cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Obtuve una mediana consistencia de su verga y el de m&iacute;, con sus dedos y su boca, un &uacute;nico orgasmo. Y creo que exager&eacute; un poco mis gemidos, para que negarlo, pero esos ruidos m&aacute;s el movimiento de mis caderas al retirar de sus labios mi vulva para descansar, termin&oacute; por envalentonarlo m&aacute;s, y lo est&aacute;bamos intentando, en la cl&aacute;sica pose del misionero pero por querer besarme en la boca nuevamente, no atinaba a meterlo. Cambi&eacute; de pose haci&eacute;ndome de lado y ofreci&eacute;ndole mi grupa y ocupados en ese intento, fue cuando escuch&eacute; chirriar la puerta y crujieron las tablas de la entrada.<\/p>\n<p>&mdash;Bajo el marco de la puerta, las figuras a contraluz de la se&ntilde;ora Margarita y Eduardo nos observaban expectantes. Me fij&eacute; en su mirada. En la de la mujer que hab&iacute;a entregado a su mu&ntilde;eco, en los brazos de otra mujer para que se recuperara. Y vi luces, felices brillos enamorados. No me preocup&eacute; por mirar a Eduardo, era apenas obvio que disfrutaba del espect&aacute;culo. Y aqu&iacute; es cuando me jugu&eacute; la &uacute;ltima carta, cielo.<\/p>\n<p>&mdash;Que&hellip; &iquest;Qu&eacute; hiciste? &mdash;Le escuch&oacute; muy bajito preguntar.<\/p>\n<p>&mdash;Me puse en pie y as&iacute; completamente desnuda estir&eacute; mi brazo y avanc&eacute; dos pasos hacia ella. La se&ntilde;ora Margarita no lo dud&oacute;, y comprendiendo mis intenciones, empuj&oacute; a Eduardo fuera de la habitaci&oacute;n y le cerr&oacute; la puerta pr&aacute;cticamente en las narices. Nos acercamos a la cama, ancha y de madera de fuerte guayac&aacute;n, y le ped&iacute; a don Fernando que me ayudara a desnudarla.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Hiciste un trio con ellos?<\/p>\n<p>&mdash;Es lo que parec&iacute;a, cielo. A ellos tambi&eacute;n, y eso los emocion&oacute;, sumi&eacute;ndolos en un frenes&iacute; de pasiones abandonadas m&aacute;s nunca olvidadas. Pero no era esa mi intenci&oacute;n. Los reun&iacute;, s&iacute;, pero me apart&eacute; y en primera fila los vi hacer el amor. Finalmente don Fernando pudo volver a tener sexo con una mujer. &iexcl;Con la suya! Y al final no tuve que entregarme&hellip; &iexcl;Entera! Pero si aprend&iacute; junto a ellos una lecci&oacute;n, mi vida.<\/p>\n<p>&mdash;Entregas sin reserva al amor de tu vida, cuando tu amor parece no alcanzar. Pero recuperas tu confianza, cuando la depositas en alguien m&aacute;s, para que esa persona disfrute con el &uacute;nico ser que amar&aacute;s por el resto de tus d&iacute;as. &iexcl;Sin ego&iacute;smos, sin prejuicios, sin vacilaciones!<\/p>\n<p>&mdash;Y mientras aquellos dos cuerpos se entregaban caricias, entre palabras apasionadas, me fui vistiendo en silencio y con prudencia me retir&eacute; de la alcoba. Sin despedirnos salimos con Eduardo y el conductor de la limusina nos regres&oacute; a la ciudad. Me cambi&eacute; en el apartamento de Eduardo y sin responderle a sus incomodas y morbosas preguntas, me fui directo a casa, para llevarme la sorpresa de encontrarte, sentado y a oscuras en nuestra habitaci&oacute;n, obviamente con cara de pocos amigos.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, es verdad Mariana. Pero en tu rostro no vi se&ntilde;ales de amarga sorpresa si no de sincera preocupaci&oacute;n. &laquo; &iquest;Mi cielo estas bien? &iquest;Qu&eacute; te sucedi&oacute;?&raquo; Y con aquellas dos frases, desataste los nudos de mi molestia. No era demasiado tarde para desearte, tampoco muy de madrugada para so&ntilde;ar con hacerte el amor, as&iacute; que solo te coment&eacute; que me hab&iacute;a devuelto para cambiar unos planos que por el af&aacute;n, hab&iacute;a confundido con los necesarios.<\/p>\n<p>&mdash;Tu aliento levemente alicorado, y en tu semblante la felicidad de una cita de negocios exitosa, me hicieron pensar en un final afortunado, as&iacute; que dejamos el cuestionario de preguntas y respuestas para un despu&eacute;s m&aacute;s calmado, y mejor nos entregamos primero bajo las sabanas, luego con ellas arrugadas a un costado de la cama, al insaciable deseo de devorarnos, y finalmente obligados por tener que ir a trabajar, dormimos cansados pero sonrientes, y yo agradecido por tenerte a mi lado.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo&hellip; Yo no dorm&iacute; muy bien. A pesar de lo mucho que me hiciste sentir, no fue bastante. Y aunque bastante placer me diste, no fue suficiente para lograr apartar de mi mente la sensaci&oacute;n de odio hacia m&iacute; misma, por haber pactado sumisamente y a tus espaldas, esa nueva perfidia. &mdash;Le contesto compungida.<\/p>\n<p>&mdash;Actuaste tan bien que no me di cuenta de nada. Los siguientes d&iacute;as seguiste tan amorosa como siempre. Conmigo y con Mateo, hasta que llegaste con ese par de bolsas, advirti&eacute;ndome que eran nuestros disfraces para asistir a la maldita fiesta en la casa del pedante ese, y a la cual yo no hab&iacute;a sido invitado. &iexcl;Todav&iacute;a!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Ella decide&hellip; &iquest;Por si sola? &iquest;Por qu&eacute; tanto silencio en mi esposo? Ninguna parte de su cuerpo se ha movido ni un mil&iacute;metro. Tampoco a mi espalda, ya que en su respiraci&oacute;n no percibo alguna molestia. Lo siento muy calmado y me invade la impaciencia. 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