{"id":42940,"date":"2023-08-23T22:00:00","date_gmt":"2023-08-23T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-08-23T22:00:00","modified_gmt":"2023-08-23T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-31","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-31\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (31)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"42940\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 26<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Distintas las vistas. &iquest;Mismo el panorama?<\/p>\n<p>Curiosamente, ahora que transitamos por el centro de esta avenida, ya abandonada del agobiante bullicio y desahuciados los andenes del transitar curioso de los turistas, tan solitarios los accesos de las coloridas edificaciones y a&ntilde;orando las fachadas fulgurar con los diurnos rayos solares, me siento extra&ntilde;amente m&aacute;s tranquilo y menos confundido. &iquest;Conforme? Puede ser, aunque la opresi&oacute;n en mi pecho y el estr&eacute;s, se conjuguen para reactivar mi gastritis.<\/p>\n<p>Rodrigo, cuando me avis&oacute; que Mariana vendr&iacute;a, indic&oacute; que deb&iacute;amos aceptar a las personas que nos rodean como ellas llegan a nuestras vidas. Con su felicidad y cambios de humor, sus realidades y sus entresijos. Igualmente con su rom&aacute;ntica inmadurez, los cambios corporales y actitudes sentimentales. Qu&eacute; deb&iacute;amos desistir en creer que en nuestro diario presente no evolucionar&iacute;amos y dejar&iacute;amos de ser como fuimos al principio; y aceptar que ma&ntilde;ana tras ma&ntilde;ana seremos, no c&oacute;mo creemos continuar siendo o pretendiendo que sean, si no como finalmente terminaremos existiendo despu&eacute;s de madurar en compa&ntilde;&iacute;a o&hellip; &iexcl;Solos! La am&eacute; por c&oacute;mo era. &iquest;Debo aceptarla y continuar am&aacute;ndola como ahora es?<\/p>\n<p>A ciencia cierta no lo s&eacute;. Pero es mejor as&iacute;, soportando de frente los golpes que aparentemente Mariana no me quiso dar. Me sent&iacute;a n&aacute;ufrago y hundido en un mar de incertidumbres, pero al desvelarme descarnadamente este traidor recorrido, curiosamente me ha lanzado un salvavidas para que pueda salir a flote. Esta intranquilidad, poco a poco se me est&aacute; quitando, como si descamara mi piel quemada gracias al ardiente sufrimiento de conocer la verdad de su infidelidad. &iexcl;Si ella hab&iacute;a encontrado la llave, ahora yo, al fondo de este oscuro laberinto, he visto un peque&ntilde;o claro para sanar de mi dolor!<\/p>\n<p>Agradezco esa sinceridad, a pesar de que con sus recuerdos como fustas, prosiga flagel&aacute;ndome. &iquest;Me siento indiferente? Para nada. Todav&iacute;a me escuece el pellejo, y tengo en escombros mi embeleso y amor por ella. Los restos, todos, est&aacute;n esparcidos en los rincones de mi coraz&oacute;n. Puede que con el tiempo logr&eacute; recogerlos y ensamblarlos en su sitio nuevamente. Algunos bordes los hallar&eacute; desgastados y erosionados, rest&aacute;ndole algo de consistencia y quiz&aacute;s un poco de lustre. &iquest;Querr&eacute; embarcarme en ello por segunda ocasi&oacute;n? Darle otra oportunidad a Mari&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Te fuiste y me abandonaste! &mdash;Me interrumpe Mariana, abstray&eacute;ndome de mis pensamientos.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Ahh? No, no. Para nada, sigo aqu&iacute;. Tan solo pensaba. &mdash;Le respondo de inmediato.<\/p>\n<p>&mdash;No me refer&iacute;a a eso, Camilo. Si no a tu huida de la fiesta, despu&eacute;s de bailar con tu asistente varias canciones, incluida tu rumbeada con Diana, prescindiendo de hacerlo conmigo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Y que quer&iacute;as que hiciera, si no me prestabas atenci&oacute;n! &ndash;Elevo sin querer el tono de mi voz. &ndash; Te la pasaste hablando con tus amigos y otras personas que no conoc&iacute;a. Tuve que distraer mi enojo y desviar mi mirada para no cometer alguna estupidez, por eso bail&eacute; con Elizabeth, la se&ntilde;ora Carmencita y Fadia. &iexcl;Ah!, y soportar la extensa charla y bromas de tu compa&ntilde;era.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Hablas de Diana? &ndash;Camilo pesta&ntilde;ea y con ese simple gesto me lo confirma. &ndash; Los vi bailar por supuesto, pero la verdad no me preocupaba por ella. Supuse que se te estaba insinuando, pero confiaba en ti. &iquest;No es verdad?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Insinuando? M&aacute;s correcto ser&iacute;a decir que tu compa&ntilde;era se me estaba ofreciendo descaradamente. Se me pegaba bastante bailando merengue o vallenato, y hasta me pregunt&oacute; la raz&oacute;n de asistir a esa fiesta sin la compa&ntilde;&iacute;a de mi esposa.<\/p>\n<p>&mdash;Arquitecto&hellip; &iquest;Y se puede saber en d&oacute;nde dejo a su se&ntilde;ora? &iquest;Por qu&eacute; no lo acompa&ntilde;&oacute; esta noche?<\/p>\n<p>&mdash;Se &laquo;maluque&oacute;&raquo; antes de salir. El almuerzo tal vez la indispuso y decidimos mejor que guardara reposo. &mdash;Le respond&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Suspir&oacute; sospechosamente alegre y apoy&oacute; la frente en mi hombro. Despu&eacute;s de unos segundos se apart&oacute; levemente y sus manos ascendieron sin recato por mi pecho hasta el cuello, y ya tras mi nuca con decisi&oacute;n, entrelaz&oacute; sus dedos arrim&aacute;ndose todo lo que mi falsa barriga le permit&iacute;a. Yo sab&iacute;a claramente lo que ella pretend&iacute;a, &ndash;una loba disfrazada de Caperucita Roja&ndash; y por supuesto que al aspirar el aroma opulento y poco sofisticado de su perfume, o quiz&aacute; al sentir sus tetas oprimirse contra mi pecho, consigui&oacute; que la sangre fluyera con precepitud hacia mi pene y este comenzara a hincharse, y yo sin la intimidad requerida para enderezarlo y acomod&aacute;rmelo, pas&eacute; verg&uuml;enza.<\/p>\n<p>&mdash;Continu&eacute; bailando con ella, mezclados entre las dem&aacute;s parejas, entre ellas t&uacute; y ese se&ntilde;or con disfraz de fara&oacute;n pero sin perderte de vista, pendiente de cada gesto tuyo o de cada movimiento de sus velludas manos sobre tu espalda en cada giro que daban al bailar, mientras mi cuerpo cada vez sent&iacute;a m&aacute;s adherido el perceptible torso de tu compa&ntilde;era. Los dos, ella y yo. Los cuatro, t&uacute; y ese se&ntilde;or. Y todos los que bail&aacute;bamos en aquella atiborrada sala est&aacute;bamos muy acalorados y distendidos al sostener charlas triviales, sin l&oacute;gico sentido y con ruidosas carcajadas festejando toda clase de chistes flojos e insinuaciones subidas de color; con mi mirada disimulada hacia el lugar donde te encontrabas dando lentas vueltas y el gozoso verde en tu semblante, obsequiando pintadas sonrisas con el vibrante carm&iacute;n en tus labios, en respuesta a comentarios indescifrables de tu compa&ntilde;ero de baile, con su frente tan brillante por el sudor como el deseo por ti que demostraban sus codiciosos ojos.<\/p>\n<p>&mdash;La excitaci&oacute;n de tu amiga Diana era tal, que susurr&aacute;ndome con una voz m&aacute;s delgada y sensual que de costumbre, me rog&oacute; para que la acompa&ntilde;ara un rato al patio trasero de la casa, mientras tres de sus dedos rozaban la piel de mi pecho, jugando a despejar con las u&ntilde;as en mis vellos negros, un caminito de caricias disimuladas hacia mi ment&oacute;n, intentando excitarme para escaparse conmigo de aquel poco iluminado sal&oacute;n y que perdiera yo el control abandon&aacute;ndote all&iacute;, olvidando con su compa&ntilde;&iacute;a y bromas, mi enojo. Antes de concluir la canci&oacute;n, disimuladamente baj&oacute; su mano hasta mi muslo e intent&oacute; colarla por debajo de la tela pero respetuosamente me apart&eacute; y le dije que yo no estaba dispuesto a traspasar fronteras ni cruzar l&iacute;neas rojas traicionando mi lealtad matrimonial, y mucho menos faltar al respeto que le deb&iacute;a guardar a una compa&ntilde;era de labores, pasada de tragos.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pues yo s&iacute; creo que tienes suficientemente larga la mecha, para encender sin tanta precauci&oacute;n este polvor&iacute;n! &mdash;Brome&oacute; conmigo, mientras la palma de su mano tanteaba por encima de la imitaci&oacute;n de piel de leopardo, la r&iacute;gida extensi&oacute;n de mi verga.<\/p>\n<p>&mdash;Y entonces en ese momento, Eduardo y Fadia me rescataron de sus garras, ofreci&eacute;ndome por fin una refrescante cerveza casi helada. O eso fue lo que agradecido e inocentemente pens&eacute; primero esa noche, pero ahora comprendo que fue parte de su perverso inter&eacute;s para distraerme y encubrir tu escape. &mdash;Mariana se muestra avergonzada, m&aacute;s no sorprendida.<\/p>\n<p>&mdash;A pesar del alto volumen de la m&uacute;sica, pude escuchar el ronquido de un motor ostentosamente acelerado y que comenzaba a disiparse alej&aacute;ndose, secundado por v&iacute;tores y aplausos. La curiosidad hizo que mis ojos se dirigieran hacia la puerta de la casa, al igual que mis pasos, seguido de cerca por la lustrosa calva de un Dr&aacute;cula traidor y las ojeras demasiadas morenas de la falsa Morticia Adams. Justo antes de salir me top&eacute; nuevamente con Diana bajo el color caoba del marco del port&oacute;n, a quien sin indagarle por el ruidoso motivo, risue&ntilde;a nos inform&oacute; que su amiga finalmente lo hab&iacute;a hecho.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;De qui&eacute;n hablas? &mdash;Finalmente le pregunt&eacute; para saciar mi curiosidad.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pues de la escrupulosa de Melissa! &iexcl;Se fue a dar una vuelta con Nacho en su moto! El pobre estaba desesperado por estrenar el regalo que ella le obsequi&oacute; para celebrarle su cumplea&ntilde;os. Nachito la ret&oacute; y esa loca acept&oacute;. &mdash;Nos dijo sonrosada y entusiasmada por la haza&ntilde;a de su amiga.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Cu&aacute;l regalo? &mdash;Le pregunt&eacute; actuando ante ella como el arquitecto despistado.<\/p>\n<p>&mdash;Pues la chaqueta importada de piel de cordero. &iquest;No la viste? La negra &laquo;Made in U.S.A&raquo; igualita a la de los t&iacute;picos harlistas, malotes y musculosos de las pel&iacute;culas gringas. &mdash;Me respondi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Sorprendido y enojad&iacute;simo, tom&eacute; la decisi&oacute;n de escabullirme de esa maldita casa y de la angustia que me hac&iacute;as sentir al saber que estabas con &eacute;l. Acompa&ntilde;ado por un cigarrillo para contener el frio, camin&eacute; calle arriba y calle abajo, medio perdido por aquellos lugares desconocidos, esperando encontrarte. Por supuesto qu&eacute; no los vi, as&iacute; que desabrigado regres&eacute; para recoger la 4&#215;4 y vencido ante la evidencia, volver solo a nuestra casa.<\/p>\n<p>&mdash;Me fui de aquella fiesta sin despedirme de nadie, con el sin sabor de escuchar de tu boca una explicaci&oacute;n a todo lo ocurrido, mucho menos de un&hellip; &laquo; &iexcl;Detente, no me dejes!&raquo;, porque sencillamente ya no estabas. T&uacute; y &eacute;l se me hab&iacute;an adelantado, al salir disparados en su motocicleta, solo para darle el gusto de estrenar contigo su chaqueta nueva y t&uacute;, el que cre&iacute;, dar tu primer paseo en moto. Yo me alej&eacute; con el disgusto y la decepci&oacute;n de saber qu&eacute; hac&iacute;as con &eacute;l, algo que conmigo&hellip; &iexcl;Nunca te atreviste!<\/p>\n<p>En Mariana habita la amargura y en sus ojos semi cerrados el llanto. La veo vulnerable y camina ahora a pasos cortos, con su cabeza inclinada sinti&eacute;ndose culpable. Escucho con claridad su respiraci&oacute;n entrecortada. Levanta la vista con su azul acongojado y las pesta&ntilde;as negras arrinconadas, emparamadas por las l&aacute;grimas; suspira delicadamente y lleva una mano a la mejilla izquierda, luego a la diestra, sec&aacute;ndolas con el dorso.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Falta mucho? &mdash;Le pregunto a Mariana, previendo que quiere hablarme de ello. &iquest;Defenderse? &iquest;Expiar sus culpas?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No tanto! Unas cuantas calles hasta la esquina de Johan Van Walbeeckplein y luego caminamos un poco desviando por Penstraat, al frente de&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No preguntaba por la distancia. Me interesa m&aacute;s el tiempo que me resta por conocer de todo tu pasado. &mdash;Le aclaro, interrumpiendo su despiste.<\/p>\n<p>&mdash;Fa&hellip; Faltan algunas cosas m&aacute;s. &ndash;Me contesta balbuceando. &ndash; S&iacute;, habl&eacute; esa noche con algunos amigos de Jos&eacute; Ignacio y otros empleados de la constructora. &iexcl;Puff! &ndash;Exhala ruidosamente. &ndash; A&uacute;n me sent&iacute;a enojada contigo por hacerme sentir mal con esa mirada. Ya rodeada por &eacute;l y K-Mena, por Carlos, Eduardo y el gerente del banco, respond&iacute;a a sus inquietudes por el cambio en mi disfraz. Ellos estaban extra&ntilde;ados por&hellip;. Es que yo&hellip; Cuando me prob&eacute; el traje de l&aacute;tex en nuestra casa, al frente del espejo del ba&ntilde;o antes de mostr&aacute;rtelo y pedir tu opini&oacute;n, me tom&eacute; algunas selfies posando como Gat&uacute;bela y&hellip; &iexcl;Wow! Me vi tan espectacular que&hellip; &iexcl;Qu&eacute; la vanidad destac&oacute; por encima de mi discreci&oacute;n y las sub&iacute; al falso perfil de Instagram!<\/p>\n<p>&mdash;Todos ellos por supuesto desaprobaron el nuevo. Que s&iacute;, que era divertido y diferente, pero poco revelador. Jos&eacute; Ignacio, astuto e irreverente como siempre, por supuesto dio en el clavo al verme llegar a la fiesta sin mi falso marido. Invent&eacute; la excusa de otro viaje de trabajo, imposible de postergar, pero para &eacute;l y su olfato de conquistador, todo le indicaba que me hab&iacute;an obligado a asistir vestida as&iacute; para no levantar demasiadas pasiones. Y delante de todos, con desfachatez se llev&oacute; la mano a sus pelotas, apret&aacute;ndose el paquete por encima del pantal&oacute;n de su disfraz, imitando al Sheriff de &laquo;Toy Story&raquo;, provocando las carcajadas en todos los que me rodeaban.<\/p>\n<p>&mdash;Se me meti&oacute; en la cabeza el bichito del desmadre, y pens&eacute; que hab&iacute;a hecho mal dej&aacute;ndome afectar por la reprobaci&oacute;n que observ&eacute; en tu mirada y que me oblig&oacute;, &ndash;sin que pronunciaras palabras&ndash; a cambiar de vestuario para complacerte. &iexcl;Y me enfurec&iacute; a&uacute;n m&aacute;s contigo! Por eso decid&iacute; pasar de ti esa noche y hacer como que en verdad no exist&iacute;as en esa fiesta, si no como otro invitado m&aacute;s. Si te pon&iacute;as celoso y te enojabas al pensar como otros hombres me comer&iacute;an con sus miradas, ser&iacute;a una situaci&oacute;n por solucionar al d&iacute;a siguiente, pero antes te iba a dar un escarmiento. Bailar&iacute;a con todos los que me invitaran a hacerlo, con &eacute;l sobre todo, y entonces si ibas a tener dos problemas. Primero&hellip; &laquo;Desemputarte&raquo;. Y segundo&hellip; &iexcl;Reconquistarme!<\/p>\n<p>Escuch&aacute;ndola apenas si caigo en cuenta de que Mariana deambula melanc&oacute;lica por la acera. Yo lo hago cabizbajo a su lado, pero unos dos metros distanciados zapateando el gris pavimento. Tan cerca los dos y sin embargo muy alejados con estos recuerdos. No ventea mucho por esta avenida, pero mi olfato s&iacute; percibe el nocturno aroma c&iacute;trico de los naranjos y limoneros que adornan los jardines contiguos. &iexcl;Un momento! Es la piel de mi mejilla izquierda, mi ment&oacute;n tambi&eacute;n, que distinguen con claridad la sensaci&oacute;n de un h&uacute;medo y fino arroyo. &iquest;Lloro? Y con la yema del pulgar derecho rastreo el cauce, se moja y al tantearlo, la punta de mi lengua le informa a mi cerebro que s&iacute;, que no es una gota de lluvia pues su sabor es salado. Estoy llorando y apenas me he dado cuenta. Del ojo derecho, completamente cerrado, siento brotar una m&aacute;s, seguida por otras, recorriendo por igual ese costado.<\/p>\n<p>&mdash;Sab&iacute;a que quiz&aacute;s en la casa tendr&iacute;amos una fuerte discusi&oacute;n pero me atrev&iacute;, pensando en solucionarlo con un rezagado&hellip; &iexcl;Perd&oacute;name mi amor! Lo escuchara inicialmente de tus labios acompa&ntilde;ado de un bonito arreglo floral entregado por tus manos antes del mediod&iacute;a, o tuviera mi boca que enunciarlo primero para ti, con un suculento desayuno preparado por las m&iacute;as y colocado amorosamente sobre tus piernas, en nuestra cama, como pocas veces nos suced&iacute;a. Me exced&iacute;, lo s&eacute;, y tu amigo ese, tu asesor del concesionario, me lo hizo ver as&iacute; al suplicarle que me ayudara. Me comport&eacute; como una ni&ntilde;ata rica y presumida con actitud de adolescente mimada. &iexcl;La embarr&eacute; muy feo contigo esa noche!<\/p>\n<p>Guarda silencio por breves segundos, m&aacute;s no me mira. Solloza suavemente y limpia la humedad de la nariz con un pa&ntilde;ito facial. Su recortada melena ondea desordenada pero luminosa bajo la ambarina luz de los postes, as&iacute; como en la palidez de su rostro, el cansancio igualmente corteja a su verg&uuml;enza. Anda pensando en algo que no le agrada, pues repetidamente niega con la cabeza. Deduzco por ese gesto que debe y que necesita extenderse en recuerdos para finiquitar esa p&aacute;gina, infringi&eacute;ndole otra herida adicional a mi coraz&oacute;n. &iexcl;Y lo va a hacer!<\/p>\n<p>&mdash;Salir enojada de la casa sin despedirme de ti ni de Mateo, fue la primera de todas. La decepci&oacute;n en tus ojos al ver c&oacute;mo recib&iacute;a de sus manos las llaves del Audi en esa cocina, la segunda. La entrega del regalo de amigo secreto a Jos&eacute; Ignacio, permitiendo que me lo agradeciera con ese abrazo demasiado apasionado y los dos besos efusivos, &ndash;peligrosamente cerca de la esquina de mis labios&ndash; que desafortunadamente tuviste que presenciar, fue la tercera. Tampoco olvido la cuarta, con aquel gesto de asombro y desagrado en tu rostro, ante la manera de bailar tan&hellip; &iexcl;Tan provocativa y sensual, dej&aacute;ndome &laquo;rumbear&raquo; por &eacute;l! Y la termin&eacute; de embarrar contigo al aceptarle de forma irresponsable, dar una vuelta en su amada motocicleta, los dos con bastantes tragos encima, y ya bien entrada la madrugada.<\/p>\n<p>Lo que acabo de escuchar, reconociendo sus errores, alivia un poco mi desaz&oacute;n. La observo detenidamente y noto en la palidez de su rostro, su oprobio y desolaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Medio absorta en sus recuerdos, sin apartar la vista del suelo, ni estar pendiente a mi reacci&oacute;n, avanzamos unos metros m&aacute;s. Ante mi visi&oacute;n un &laquo;tris&raquo; acuosa, &ndash;tal vez igualmente frente a la de ella&ndash; un gato atigrado salta al and&eacute;n desde la verja de metal a la derecha de Mariana, y cruza por delante suyo. Luego con rapidez, sin apartar de los m&iacute;os el redondo reflejo tapetal de sus dos ojos, en cuatro saltos ya se siente seguro en la otra acera y garboso camina alej&aacute;ndose con la cola enarbolada.<\/p>\n<p>Mariana se ha detenido sin avisarme, y yo tan distra&iacute;do por el felino he avanzado unos cuatro pasos m&aacute;s, hasta que la docilidad en su voz me paraliza.<\/p>\n<p>&mdash;Hemos llegado, Camilo. Aqu&iacute; es donde me hospedo.<\/p>\n<p>Los pasos de mi esposo transitando lentos uno detr&aacute;s del otro, produciendo ruidos secos al arrastrar las suelas de vez en cuando, &ndash;como si su humanidad al soportar mis verdades le aumentara kilos de peso&ndash; de repente pasan a la inmovilidad total. Al detenerse ante mi llamado, &uacute;nicamente gira su cabeza y me observa con sus ojitos pardos, algo sorprendido. De frente lo ilumina por completo la luz gualda de las l&aacute;mparas ubicadas en los dos postes de la entrada, erigidos tras de m&iacute;. Trasnochado su rostro, sus ojos tan humed&hellip; &iquest;Ha llorado? &iquest;A qu&eacute; horas qu&eacute; no me percat&eacute;? Mmmm, pobrecito mi amor. Debe estar igual de cansado y adolorido que yo. &iexcl;&Eacute;l al escucharme y yo tras atormentarlo! Mis ojos lo atisban demacrado y avistan sombras brunas bajo sus p&aacute;rpados, agotados de soportar el continuo embate del sufrimiento transformado en llanto.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Hasta que finalmente lo conseguiste! &mdash;Le contesto a Mariana, &ndash;frot&aacute;ndome con dos dedos mis lagrimales&ndash; que permanece de pie a la entrada del estacionamiento del hotel.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;S&iacute; se&ntilde;or! Aunque en esta situaci&oacute;n, sin ti y sin nuestro peque&ntilde;o loquito junto a nosotros, no es lo mismo. &mdash;Me responde sin vacilaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Y es que reci&eacute;n llegados, al dar un paseo por los alrededores de la isla en el modesto velero de William, a Mariana como a m&iacute; nos llam&oacute; la atenci&oacute;n este lugar, con sus playas de arenas blancas, aguas de un azul turquesa muy sosegadas, y la distribuci&oacute;n de las habitaciones con la gran mayor&iacute;a de los balcones, apostados de frente al mar.<\/p>\n<p>Camilo avanza dos pasos en mi direcci&oacute;n, pero se ha detenido despu&eacute;s del tercero. Se muestra indeciso y nervioso. C&oacute;ncava la palma de su mano, frota la desnudez de su nuca por debajo de la correa que ajusta su gorra de los Yankees, y carraspeando antes, enseguida pronuncia alterado su desilusi&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Porque putas tuviste que hacerlo Mariana! &iquest;Por qu&eacute; con ese g&uuml;ev&oacute;n y no conmigo? &mdash;Me pregunta y la verg&uuml;enza me pesa montones, por lo cual agacho la cabeza y enseguida cruzo los brazos frente a la redondez de mis senos, &ndash;sosteniendo el sombrero a un costado con la mano diestra&ndash; y con la punta dorada de mi sandalia, la del pie derecho, trazo imaginarias l&iacute;neas en el and&eacute;n frente al izquierdo.<\/p>\n<p>Supongo que Camilo se est&aacute; refiriendo al paseo en esa motocicleta. &iexcl;Fue una ofensa para &eacute;l! Lo entiendo ahora, m&aacute;s en ese instante, para m&iacute; solo fue otra demostraci&oacute;n de independencia ante las dem&aacute;s personas que nos rodeaban en el antejard&iacute;n de la casa, sus amigos y algunos compa&ntilde;eros, &ndash;mientras fum&aacute;bamos, unos pocos hierba y otros como yo, cigarrillos&ndash; que las riendas de mi vida las llevaba yo y nadie m&aacute;s. Ni siquiera mi supuesto y ausente marido.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;La quiero m&aacute;s que a mi novia! &ndash;Nos lo dijo orgulloso. &ndash; Aunque fuera precisamente ella quien me la obsequi&oacute; desarmada en una caja de madera, y al estar ahora de viaje por Europa, no pueda vivir la experiencia de verla reconstruida por mis manos. &mdash;Le respondo a Camilo, para aclararle lo que no vio ni escuch&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Enseguida, rodeando la moto por la parte posterior, se me acerc&oacute; y acariciando con sus dedos los remaches met&aacute;licos y las tiritas de cuero de mi obsequio, me dijo delante de todos&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Y con esta chaqueta que me has regalado, har&eacute; exactamente lo mismo, cosita rica! Cuando salga en ella, de ahora en adelante la llevar&eacute; conmigo siempre, ojal&aacute; contigo como principal acompa&ntilde;ante.<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute;. &iexcl;Si claro, c&oacute;mo no! Yo, y quien sabe cu&aacute;ntas m&aacute;s. &mdash;Sonriente y empoderada, de manera ir&oacute;nica le respond&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Te lo prometo bizcochito. &iexcl;Es m&aacute;s, ven! Acomp&aacute;&ntilde;ame a estrenarla de una buena vez. &ndash;Ya medio aturdida por el alcohol, le mir&eacute; extra&ntilde;ada. &ndash; &iexcl;Te juro que solo ser&aacute; una vuelta a la manzana y nos regresamos! &mdash;No le cre&iacute; para nada pero de todas formas me sub&iacute; detr&aacute;s suyo.<\/p>\n<p>&mdash;Es verdad que como lo escuchaste, arranc&oacute; lento, apenas haciendo ronronear el motor. Pero al girar para tomar la siguiente calle a la derecha, ruidosamente aceler&oacute;, tal si quisiese provocarle pesadillas a los vecinos que ya dorm&iacute;an; y yo asustada me recost&eacute; sobre su espalda, con la tela amarilla de mi frac elev&aacute;ndose tras de mi como si fuese la capa de un superh&eacute;roe.<\/p>\n<p>&mdash;Apenas si me di cuenta de que en pocos minutos hab&iacute;amos alcanzado el costado occidental de la autopista. Enfil&oacute; la llanta delantera hacia el sur y llegamos a la Lara Bonilla. Encadenada con mis brazos a su vientre, al inclinar la motocicleta, en un santiam&eacute;n ya gir&aacute;bamos hacia el norte nuevamente, evitando el habitual ret&eacute;n policial frente al centro comercial. Y en tan solo unos minutos llegamos de nuevo. Fren&oacute; un poco brusco antes de ingresar al garaje, y tras darle un golpecito cari&ntilde;oso con la mano al pulido tanque de la moto, la apag&oacute; dej&aacute;ndola aparcada al lado izquierdo de mi Audi.<\/p>\n<p>&mdash;Al bajarme de ella, estaba m&aacute;s lucida. &iexcl;Por el frio de la madrugada o por el susto que sent&iacute;a al saber que deber&iacute;a enfrentarte! Te busqu&eacute; con la mirada, sin reparar en los comentarios con segundas intenciones que me hizo Diana, ni en los aplausos de los amigotes de Jos&eacute; Ignacio; mucho menos le par&eacute; bolas a la mirada asesina que me hizo K-Mena al entregarme de nuevo el sombrero amarillo que completaba mi disfraz, y a pesar de sentir temor de encontrarte furioso dentro de la casa, te busqu&eacute; por todos lados. Ni abajo ni arriba estabas. Decid&iacute; preguntarle a Fadia, pero tampoco sab&iacute;a con exactitud tu paradero.<\/p>\n<p>&mdash;Sal&iacute; a la calle y recorr&iacute; la fila de los veh&iacute;culos aparcados, buscando tu camioneta. No la encontr&eacute; y entonces me asust&eacute;. Ingres&eacute; apresurada para tomar mi regalo y el bolso, despidi&eacute;ndome de tu asistente y de su esposo que estaban de pie junto a las escaleras, y de lejos con m&iacute; mano le hice la se&ntilde;al de adi&oacute;s a Diana y a K-Mena. Al oprimir el bot&oacute;n de arranque y encender las luces, Jos&eacute; Ignacio presuroso se acerc&oacute; y se convirti&oacute; en una r&iacute;gida estatua con los brazos cruzados al lado de la ventanilla. No baj&eacute; el vidrio pero con claridad pude escuchar que con enfado, preguntaba el porqu&eacute; de mi partida. Sin importarme su molestia, di reversa y lo dej&eacute; all&iacute; de pie sin mi respuesta.<\/p>\n<p>&mdash;Mientras me dirig&iacute;a a nuestra casa, meditaba sobre todo lo sucedido. Aterrada sab&iacute;a que me encontrar&iacute;a frente a un esposo furibundo y muy decepcionado. Al abrir la puerta me recibi&oacute; encendida, la l&aacute;mpara colgante de seis brazos cromados sobre el comedor, sin comensales sentados en sus sillas a quienes iluminar; los dem&aacute;s focos en la cocina, el sal&oacute;n y el estudio, apagadas. Sub&iacute; a la segunda planta, preparada mentalmente para ser recibida por tu mala cara y los justificados reclamos, pero en nuestra habitaci&oacute;n tampoco te encontrabas. Fui a la de Mateo, imaginando que hab&iacute;as buscado consuelo en su cama, pero al abrir la puerta, la tenue luz de la mesita de noche me permiti&oacute; darme cuenta que quien dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente junto a nuestro hijo era Natasha.<\/p>\n<p>&mdash;Escuch&eacute; un seco ruido en el cuarto de invitados y me dirig&iacute; hacia all&iacute;, pero la puerta estaba cerrada con seguro y entonc&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No ten&iacute;a ni cinco de ganas de verte!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;S&iacute;, me di cuenta! Golpe&eacute; con mis nudillos suavemente y varias veces. Estabas t&uacute; dentro pero no me abriste y no pod&iacute;a gritar rog&aacute;ndote que habl&aacute;ramos para no despertar a Naty, mucho menos a nuestro hijo. Decid&iacute; llamar a tu m&oacute;vil mientras me desmaquillaba encerrada en nuestro ba&ntilde;o. &iexcl;Lo hab&iacute;as apagado! Me cost&oacute; bastante quitarme toda esa pintura verde de las manos, del cuello y de mis orejas, extra&ntilde;ando mucho el pedir tu ayuda para remover los restos.<\/p>\n<p>&mdash;Bajo la lluvia caliente de la regadera me mantuve llorando. &iexcl;Tem&iacute; lo peor! Poderosas razones ten&iacute;as para estar enfadado, pero&hellip; &iquest;Ser&iacute;an suficientes para conseguir separarnos? Jam&aacute;s hab&iacute;amos estado en una situaci&oacute;n semejante. &iexcl;Tan complicada y estresante! Y el resto de las horas hasta que vi clarear la ma&ntilde;ana, mord&iacute;a nerviosa mis u&ntilde;as a la par que lloraba desconsolada, pensando que por mis est&uacute;pidos pareceres tal vez te perder&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Podemos entrar y subir a mi habitaci&oacute;n por favor? Prometo no morderte ni forzarte a nada que t&uacute; no quieras, pero si me gustar&iacute;a darme una juagada y cambiarme de ropa, para despu&eacute;s continuar charlando. Deber&iacute;as aprovechar y hacer lo mismo. Estamos sucios, salados y sudados. &mdash;No me responde con palabras pero camina hacia el interior del parqueadero indeciso y con las manos dentro de los bolsillos de su short arrugado, ya no tan bien alisado. Peregrina despacio, cabizbajo y meditando. &iexcl;Pero avanza!<\/p>\n<p>Acepto temeroso su invitaci&oacute;n, pues por una indeterminada raz&oacute;n, me siento fuera de lugar, como desprotegido y hu&eacute;rfano de la inesperada compa&ntilde;&iacute;a de las personas que nos hemos encontrado durante este recorrido. Voy a ingresar a su habitaci&oacute;n y estaremos solos nuevamente en un lugar que me es ajeno y al que ella y yo, pensamos alguna vez visitar de noche en plan rom&aacute;ntico, m&aacute;s con las adecuaciones de la casa, los paseos para amoldarnos a la isla, y la obligada compa&ntilde;&iacute;a de Mateo, &ndash;tan peque&ntilde;o&ndash; decidimos postergarlo.<\/p>\n<p>Por eso quiz&aacute; me siento cohibido al pensar que podr&eacute; quedar expuesto al redescubrir sus encantos. La amo y me encantar&iacute;a volver a estar con ella, adorarla y amarla como antes, pero debo saberlo todo y sacarme esa espinita que tengo clavada en mi pecho. Tengo&hellip; &iexcl;Necesito preguntarle antes de subir a su habitaci&oacute;n!<\/p>\n<p>Mientras nos dirigimos hacia las amplias puertas de rustica madera de Nogal, callados ambos, &ndash;caminando pausadamente frente al color &laquo;curuba&raquo; de la colonial fachada con sus cornisas blancas&ndash; le quiero indagar por lo que pensaba y sent&iacute;a, pues se me hizo imprudente hablarle esa madrugada para no ofenderla o decir barbaridades, de las cuales tuviese que arrepentirme m&aacute;s adelante. Necesitaba tiempo y espacio a solas para analizar su extra&ntilde;o comportamiento, y determinar c&oacute;mo deber&iacute;a comp&oacute;rtame con ella, dependiendo de sus respuestas a mis interrogantes.<\/p>\n<p>Mariana con su femenino instinto se me anticipa, como si durante este soliloquio, y bas&aacute;ndose en las arrugas formadas en mi frente de manera intermitente, &ndash;tal si fuesen puntos y rayas en clave morse&ndash; descifrara mis cuestionamientos.<\/p>\n<p>&mdash;Me sent&iacute; confundida cuando baj&eacute; a la cocina para prepararme una &laquo;bomba&raquo; y quitarme el malestar del &laquo;guayabo&raquo;, por una parte causado por los tragos y por la otra, debido a la desaz&oacute;n reinando en mi interior. Sorprendida te encontr&eacute; preparando el desayuno para todos. Ni t&uacute; ni yo nos atrevimos a darnos los buenos d&iacute;as con el acostumbrado beso matutino y lo reemplazamos con un glacial&hellip; &iexcl;Hola! &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s? De hecho le hicimos el quite a confrontarnos con la mirada, yo rodeando el mes&oacute;n por la derecha y t&uacute;, saliendo por la izquierda con los platos en tus manos.<\/p>\n<p>&mdash;Tan solo me hablaste para invitarme a que me sentara a la mesa y desayunara. Chocolate, huevos revueltos, tostadas y jugo de naranja, servidos para dos personas y sin embargo, tres puestos dispuestos en la mesa del comedor. Uno para Naty que tras tu llamado, baj&oacute; apurada con nuestro peque&ntilde;o en brazos, afanada por irse a su casa para colocarse el uniforme y marcharse al colegio. El otro para Mateo, con su plato hondo colmado de coloridos cereales, y por supuesto el m&iacute;o, en mi acostumbrado lugar al lado del tuyo, m&aacute;s tu silla permanec&iacute;a arrimada al borde de la mesa y no hab&iacute;an cubiertos dispuestos ni vajilla destinada para el tuyo.<\/p>\n<p>&mdash;Sin demostrar tu enfado, d&aacute;ndonos los buenos d&iacute;as, subiste raudo por las escaleras para darte un duchazo, pues a los cuatro vientos mencionaste que ten&iacute;as muy temprano una reuni&oacute;n importante, y me encargaste, &ndash;sin variar el tono de tu voz&ndash; de llevar a Mateo hasta la parada del autob&uacute;s escolar.<\/p>\n<p>Traspasando las puertas de la entrada, solitario completamente nos recibe el amplio espacio del lobby. Decido detenerme un momento para contemplar la arquitectura de las vigas de madera y travesa&ntilde;os de los inclinados techos y la exquisita ambientaci&oacute;n interior, sin demostrarle a Mariana ni a la sonrisa amable, &ndash;impecablemente blanca&ndash; de la mujer que nos aguarda en la recepci&oacute;n, ning&uacute;n tipo de emoci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sin lugar a dudas es un espacio bien trabajado, con una decoraci&oacute;n sobria y elegante, pero adolece de la acogedora intimidad familiar que estimo, si ofrecemos en nuestro hostal.<\/p>\n<p>&iquest;Nuestro? &iexcl;Est&uacute;pida costumbre! S&eacute; que mi boca se tuerce hacia la izquierda levemente, escenificando mi irrealidad, pero no puedo extenderme en ese pensamiento pues Mariana, dirigi&eacute;ndose hacia la recepci&oacute;n, continua hablando de lo que vivi&oacute; al otro dia despu&eacute;s de la dichosa fiesta, aunque baja el volumen de su voz.<\/p>\n<p>&mdash;Yo sab&iacute;a que esa era una excusa f&uacute;til para escaparte y no tener que confrontarnos, pero delante de nuestro hijo y de Natasha, no pod&iacute;a detenerte para que habl&aacute;ramos y acept&eacute; resignada tu huida. Ya en la oficina, pues que te puedo decir. Obviamente mi cara de agotamiento y trasnocho no fue &oacute;bice para sortear las preguntas de todos, igualmente las expresadas por &eacute;l. Pretend&iacute;an todas, averiguar las razones de mi intempestiva partida.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Cansancio y el tiempo de cuidado por concluir de la ni&ntilde;era! Las dos razones que argument&eacute;. Diana fue la &uacute;nica que repar&oacute; en la similitud de tu evasi&oacute;n y de la m&iacute;a, aunque est&aacute;bamos solas en el ba&ntilde;o cuando lo mencion&oacute;. K-Mena estaba rara y de hecho mantuvo conmigo esa actitud distante, tanto el s&aacute;bado como el domingo siguiente, al tener que trabajar en Pe&ntilde;alisa. Jos&eacute; Ignacio intentaba distraerme y coincidir a la hora del almuerzo conmigo en la oficina, pero mi cabeza bastante embotada, no le prest&oacute; atenci&oacute;n a sus galanteos ni a sus acostumbrados chistes flojos sobre los rega&ntilde;os que tuve que recibir por parte de mi esposo al pasarme de horas y volver convertida en la sumisa contraparte de &laquo;La M&aacute;scara&raquo;. En mi pensamiento solo te encontrabas t&uacute;, confundido, enfadado y&hellip; &iquest;Celoso?<\/p>\n<p>&mdash;Al sentarme para almorzar, esper&eacute; encontrarte como siempre ocupando tu lugar en la mesa de la esquina, pero jam&aacute;s llegaste. Solo estaban los ingenieros y tu asistente all&iacute;. Y es que en toda la ma&ntilde;ana no hab&iacute;a recibido mensajes o una llamada tuya. Cobardemente yo tampoco te envi&eacute; ninguno, por lo cual como &uacute;nica opci&oacute;n, fue intentar sonsacarle disimuladamente a Elizabeth tu paradero.<\/p>\n<p>&mdash;Afortunadamente la encontr&eacute; tomando como t&uacute; lo sueles hacer, un tinto bien oscuro al lado de la m&aacute;quina expendedora. Me acerqu&eacute; a ella bebiendo mi cappuccino, alabando su buen gusto al elegir su disfraz de Campanita y su esposo el de Peter Pan.<\/p>\n<p>&mdash;Y nuestro inquieto Pedro Picapiedra&hellip; &iquest;D&oacute;nde lo dejaste que no baj&oacute; a almorzar? &mdash;Le pregunt&eacute; y tras unos segundos compartiendo halagos y risas, me hizo part&iacute;cipe de tu itinerario.<\/p>\n<p>&mdash;Visit&oacute; por la ma&ntilde;ana un terreno a las afueras de la ciudad, para instalar all&iacute; un campamento base para un proyecto nuevo, y por la tarde recorrer&aacute; varios concesionarios de veh&iacute;culos para obtener cotizaciones. &mdash;Me respondi&oacute; tu asistente con su educada amabilidad.<\/p>\n<p>&mdash;La conversaci&oacute;n cambi&oacute; al acercarse a nosotras el ingeniero que te hab&iacute;a obsequiado aquel juego de armar. Intercambi&eacute; un escueto saludo y la llamada de Iryna, &ndash;para chismosear sobre la fiesta&ndash; funcion&oacute; para escapar de sus atardecidos piropos. Nunca mencionaste que te hab&iacute;as ofrecido para gestionar la compra de varios camiones y mucho menos me dijiste que aquel viernes, tu compa&ntilde;ero de farra y demasiadas cervezas hasta casi la medianoche, hab&iacute;a sido quien nos vendi&oacute; el Audi.<\/p>\n<p>&mdash;Te espero aqu&iacute; mientras reclamas la llave de tu habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Mariana arquea sus espesas cejas azabaches, abre desmesuradamente los ojos y levanta los hombros. Resignada contin&uacute;a su andar hasta la recepci&oacute;n. La observo saludar amigablemente a la empleada ubicada tras el recibidor y esta la trata de igual manera, como si mi esposa llevase varios d&iacute;as hospedada en este hotel.<\/p>\n<p>Ahora la chica de piel carmelita ladea un poco la cabeza, y por encima del hombro albo de Mariana, con sus redondos ojos algo biliosos, me da un veloz repaso; intercambian algunos comentarios y muy jocosa le hace entrega de la tarjeta. Mi mujer se gira, sin hacer el intento de ocultarme la alegr&iacute;a nueva reflejada en su cara.<\/p>\n<p>&mdash;Es por aqu&iacute;. &iexcl;S&iacute;gueme! &mdash;Me dice y enfila sus pasos cortos y elegantes hacia el pasillo ubicado a nuestra derecha, intentando no causar mucho ruido al golpear los tacones contra las anchas baldosas marmolizadas. Le hago caso, despidi&eacute;ndome con la mano en lo alto de la empleada y su c&oacute;mplice mirada.<\/p>\n<p>&mdash;Esa noche, cielo, mientras te esper&aacute;bamos jugando con Mateo, estuve pensando en c&oacute;mo deber&iacute;a abordar nuestra conversaci&oacute;n, buscando las palabras adecuadas para disculparme contigo sin que llegaras a pensar que me sent&iacute;a del todo culpable. Seg&uacute;n mi otra yo, la Melissa de los dem&aacute;s, no hab&iacute;a hecho nada tan terrible. Bueno, nada demasiado malo para que te hubieses comportado de esa manera tan infantil, con esos nacientes celos enfermizos y tu actitud de troglodita. Llegaste tard&iacute;simo, casi a medianoche y apestando a alcohol. &iquest;Recuerdas?<\/p>\n<p>&mdash;M&aacute;s o menos. &mdash;Le respondo indiferente, mientras contin&uacute;o caminando por detr&aacute;s del bamboleo del vestido y ese&hellip; &iexcl;&iquest;Por aqu&iacute; o por all&aacute;?! Que parecen se&ntilde;alar sus caderas indecisas, pero cuyo tejido de hilos negros, para nada logran ocultar de mis ojos la deseable curvatura de sus nalgas.<\/p>\n<p>&mdash;Pues a Mateo no le hicieron gracia tus excedidas muestra de amor para despertarlo, ni las cosquillas en su pancita le gustaron, y lleg&oacute; rato despu&eacute;s hasta nuestra habitaci&oacute;n buscando refugio entre mis brazos y dejando a su padre vestido, boca abajo durmiendo en su cama la borrachera.<\/p>\n<p>Llegamos al final de este solitario pasillo y se abre ante los dos una iluminada estancia elevada, con otro camino inclinado y enladrillado, &ndash;que bordeando los jardines y una piscina rectangular e infinita de aguas tranquilas, &ndash;a estas horas apenas mecidas por la suave brisa que proviene de levante&ndash; al parecer nos dirige hacia el ala este del complejo hotelero. Mariana aqu&iacute; apresura sus pasos pues no resuenan demasiado, y la orilla de su vestido ondea agitada, como si quisiese cachetear por irrespetuoso al invisible viento que se lo menea.<\/p>\n<p>&mdash;Muy temprano dej&eacute; al cuidado de la nana a mis dos hombres, y sin muchas ganas conduje hasta la oficina para dejar mi auto en el parqueadero subterr&aacute;neo y encontrarme en la plazoleta de la entrada al edificio con mis tres compa&ntilde;eros, y ya sentado en el puesto delantero de la mini van, a Eduardo y su mirada achinada, gesticulando con una mano para que nos apur&aacute;ramos a subir.<\/p>\n<p>Por el sendero adoquinado avanzamos bordeando el malec&oacute;n hasta el extremo, esquivando tres medianas palmeras y justo al frente de los dos, una estructura de madera con amplias escaleras nos corta el paso. Sin lugar a dudas, Mariana ha escogido uno de los pisos superiores o sencillamente fue por el costo de la estad&iacute;a, las &uacute;nicas habitaciones disponibles. La tarjeta Platinum que mantiene en su cartera desde antes de casarnos, tiene sus globales beneficios.<\/p>\n<p>&mdash;Un pie suyo, &ndash;el derecho&ndash; hace contacto con el primer escal&oacute;n. La madera cede y cruje bajo su peso. Mariana al apoyar el izquierdo se detiene para descalzarse. Se encorva lentamente, pero yo que estoy detr&aacute;s de ella, me agacho primero y pinzo con mis dedos las correas de ambas sandalias y las levanto.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias cielo, eres un amor. Es para no causar demasiado ruido. &mdash;Y con los marinos ojos brillantes mir&aacute;ndome cari&ntilde;osa, me agradece el gesto regal&aacute;ndome una sonrisa, y callados ascendemos el primer tramo hasta el rellano. Al subir por el segundo tramo, &ndash;ya lado a lado&ndash; Mariana vuelve a dirigirme sus palabras.<\/p>\n<p>&mdash;Todos ten&iacute;amos cara de culo por el trasnocho y la madrugada, as&iacute; que nos adormecimos hasta que llegamos al hotel y la voz del conductor nos despert&oacute;. Me sent&iacute;a mal f&iacute;sicamente, pero mucho m&aacute;s me molestaba la parte sentimental. Si no hubiese pactado con anterioridad aquella cita con el abogado y su familia, mi elecci&oacute;n seria haberme reportado enferma y quedado en casa para dialogar contigo.<\/p>\n<p>Al llegar al segundo nivel, Mariana apoya una mano en el madero a su derecha. Gira el cuerpo y posa el pie en el siguiente escal&oacute;n. La habitaci&oacute;n por lo visto se encuentra en el &uacute;ltimo nivel.<\/p>\n<p>&mdash;Hambrientos desayunamos con ganas y despu&eacute;s en la habitaci&oacute;n, deshicimos las maletas y nos cambiamos de ropa, coloc&aacute;ndonos el uniforme para trabajar. La camiseta de cuello tipo polo azul petr&oacute;leo con el logo de la constructora en el pecho al lado izquierdo de los cuatro botones, los dos &uacute;ltimos desabotonados. Los shorts blancos de talle alto, con las medias tobilleras y las zapatillas deportivas para complementar el vestuario. Nos trasladamos hasta la sala de ventas en el condominio, preparados para iniciar labores. Media hora m&aacute;s tarde, como era lo acostumbrado, lleg&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p>Alcanzamos el tercer nivel y me detengo un instante. Deseo observar el panorama, a&uacute;n oscurecido el horizonte, m&aacute;s de vez en cuando centelleantes los rel&aacute;mpagos, iluminan la lejana b&oacute;veda celeste.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya, vaya! Bonita vista. &mdash;Le expreso mi opini&oacute;n y Mariana asiente pero da media vuelta, avanza unos cuatro o cinco pasos y se planta en frente de la primera puerta.<\/p>\n<p>&mdash;Es esta mi habitaci&oacute;n, cielo. &iexcl;Adelante por favor! &mdash;Se adentra y la persigo.<\/p>\n<p>Sobre la esquina de la cama King Size, abandona el sombrero de paja, descuelga del hombro el bolso negro y lo coloca all&iacute; tambien. Las sandalias se las acomodo justo al lado de la mesa de noche y me dirijo al lado opuesto, hacia la silla en frente al peque&ntilde;o escritorio y ubico mi mochila, cubri&eacute;ndola con mi &laquo;cachucha&raquo; de los Yankees.<\/p>\n<p>Mariana abre por completo la puerta-ventana que da acceso al balc&oacute;n y se sienta en la silla m&aacute;s cercana a ella. Coloca sobre la superficie de cristal de la redonda mesa su cajetilla de &laquo;Parliament&raquo; y el rosado encendedor. Toma uno y lo lleva a su boca, tocando con la palma sus carnosos labios rosa. Espera a que me acomode a su lado, intuyo lo que desea y lo hago. Extraigo del bolsillo de las bermudas el m&iacute;o y de una sola rascada le ofrezco el fuego que necesita, manteniendo encendida la flama para prender mi cigarrillo. Tomo asiento a su lado, retirando por el espaldar la silla, dej&aacute;ndola en diagonal.<\/p>\n<p>&mdash;Bonito panorama se debe avistar desde aqu&iacute;. &mdash;Nervioso pronuncio para cortar el tenso silencio. Me mira directamente a los ojos, omite opinar sobre mi parecer y con seriedad me dice&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Desde aquella vez, dejaste de llamarme al m&oacute;vil para averiguar c&oacute;mo hab&iacute;a llegado, y te juro mi vida, que no olvido esa triste sensaci&oacute;n de abandono que sent&iacute;. Me lo merec&iacute;a obviamente, pero doli&oacute;, aunque con el pasar de los fines de semana alejados, me acostumbre a tu descuido. &ndash;Sinti&eacute;ndose acusado, Camilo echa hacia atr&aacute;s la cabeza. &ndash; Con la desgana de atender a los visitantes interesados se me pas&oacute; la ma&ntilde;ana y fui yo quien te llam&oacute;. Cortante respondiste a mi pregunta, interesada por saber que hacia nuestro hijo. Antes de que colgaras la llamada te dije que te amaba y que eras lo m&aacute;s importante de mi vida. &iexcl;Necesitamos hablar de todo lo ocurrido, cuando regrese!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Como quieras! &mdash;Me respondiste y finalizaste la llamada sin despedirte.<\/p>\n<p>&mdash;No me diste paz con aquella respuesta, pero aun as&iacute; ech&eacute; a un lado aquella preocupaci&oacute;n para dedicarme de lleno en atender por la tarde a mis clientes.<\/p>\n<p>&mdash;Te fue bien con ellos. &ndash;Mariana se sobrecoge al escuchar que ya estaba enterado. &ndash; &iexcl;Eduardo me pon&iacute;a al tanto de tu r&eacute;cord de ventas! &mdash;Le termino por aclarar, creyendo que mantengo el control de la conversaci&oacute;n. M&aacute;s no es as&iacute;, pues enseguida mi mujer me devuelve el golpe.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, pero no fue durante la demostraci&oacute;n de la casa ni de argumentar las ventajas de vivir y disfrutar de las comodidades del condominio. No cerr&eacute; la venta ese dia. Fue a la semana siguiente, pero eso es un tema que por ahora no quiero detallar. Tengo la sensaci&oacute;n de que quieres averiguar otras cosas, para ti m&aacute;s importantes. Quieres que te diga&hellip; Que te habl&eacute; de&hellip; De mi relaci&oacute;n con &eacute;l. Porque es lo m&aacute;s importante para ti. Lo que al parecer, mi vida, te ha dolido m&aacute;s. &mdash;Y Camilo se echa para atr&aacute;s en su silla, apoyando por completo su espalda contra el respaldo.<\/p>\n<p>&mdash;Pues la verdad es que no me cabe todav&iacute;a en la cabeza, porqu&eacute; diablos terminaste enredada con ese playboy de playa, cediendo a sus des&hellip;<\/p>\n<p>Tres breves golpes provenientes de la puerta, se anteponen a la interpelaci&oacute;n que quiero hacer. Mariana iza por completo sus esculpidos cent&iacute;metros de altura, y con el cigarrillo sujeto entre el ca&ntilde;&oacute;n de sus dedos, encamina sus pasos hacia la puerta. Me giro un poco intentando observar, m&aacute;s el cuerpo de Mariana y lo sesgada de la hoja de madera, me impiden visualizar quien nos ha interrumpido. Afino el o&iacute;do para escuchar su corta conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Aqu&iacute; tiene lo que me solicit&oacute;. Finalmente no tuvo usted un mal d&iacute;a. &iexcl;No llovi&oacute;, como le dije!<\/p>\n<p>&mdash;Es verdad preciosa, el clima ayer estuvo variado pero esta madrugada a&uacute;n no termina y es probable que me alcance algo de aquella tormenta que ayer no me empap&oacute;. &iexcl;Gracias, Dushi querida! Eres un sol.<\/p>\n<p>Mariana tras cerrar la puerta se regresa sosteniendo una bandeja met&aacute;lica. Una jarra con agua, un vaso alto con hielo picado y otros dos medianos, vac&iacute;os. Una botella de tequila de color amarillo pajizo, y otra m&aacute;s angosta con zumo de naranja. La coloca sobre el escritorio y con cuidado se dispone a servir los tragos. &iexcl;Me fascina toda ella! Su prestancia y la rectitud de su postura, la delicadeza de sus movimientos y esa carita que sin propon&eacute;rselo, coqueta la punta de su lengua &ndash;h&uacute;meda y arrinconada&ndash; sexy sobresale de su boca al hacer la fuerza justa para desenroscar la rebelde tapa de la botella&hellip; &iexcl;Sin solicitar mi ayuda!<\/p>\n<p>Sus dedos delgados, &ndash;con las u&ntilde;as ya no tan largas y decoradas al estilo franc&eacute;s que tanto me agrada verle&ndash; se hacen con los dos vasos de cristal y en ellos, los cocteles ya preparados. Viene hacia ac&aacute;, sonriente y triunfadora, d&aacute;ndole leves vueltas a las dos bebidas.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Toma, cielo! &mdash;Le entrego su vaso y tras verlo embobado mir&aacute;ndome, le sonr&iacute;o. Pero me alejo para recostarme en una de las esquinas del balc&oacute;n y jactarme un poco ante &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Ya lo ves, Camilo. No eres el &uacute;nico por aqu&iacute; que sabe hacer buen uso de sus relaciones p&uacute;blicas. &mdash;Lleva el vaso hasta la boca y lo prueba. Su cara demuestra agrado y sin embargo le consulto.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Me ha quedado fuerte? &mdash;Y enseguida pruebo el m&iacute;o cerrando los ojos. &iexcl;Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre!<\/p>\n<p>&mdash;Para nada, est&aacute; en su punto exacto, como me gusta. &iexcl;Ya le tienes la medida! &mdash;Me responde emitiendo al final un sonido de complacencia y luego aspira su cigarrillo con agrado. &iquest;Y el m&iacute;o donde carajos lo dej&eacute;? &iexcl;Mierda!<\/p>\n<p>Apurada me regreso hasta el escritorio y lo encuentro por completo consumido. Vuelvo a sentarme a su lado, dejando en el cenicero los restos y enciendo un nuevo cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Y bien, cielo. &iquest;Por d&oacute;nde &iacute;bamos? &mdash;Le pregunto y enseguida me responde, dejando dentro del cenicero de cristal la colilla del suyo, acompa&ntilde;ando a la que dej&eacute; olvidada.<\/p>\n<p>&mdash;Tu s&aacute;bado de ventas, atendiendo a esa familia.<\/p>\n<p>&mdash;Ahh s&iacute;. Pues estaba con mi cabeza puesta en otra parte, en la ciudad contigo, y lo que menos me importaba era atender a otras personas, por ello extend&iacute; para ellos la presentaci&oacute;n de la casa, pase&aacute;ndolos por el campo de golf, las canchas de tenis y las zonas h&uacute;medas, entablando una reveladora conversaci&oacute;n con el magistrado, mientras el abogado, su novia y la madre, curioseaban en el gimnasio. Diana, Carlos y Jos&eacute; Ignacio, algo preocupados estuvieron pendientes de m&iacute;. K-Mena y Eduardo por el contrario, no se inquietaron.<\/p>\n<p>&mdash;En el hotel durante la cena, distanciada de los dem&aacute;s, te escrib&iacute; varios mensajes. En unos indagaba por lo que hab&iacute;an hecho con Mateo durante el dia. En otros te preguntaba que hac&iacute;as y como te sent&iacute;as. Todos y cada uno los finalic&eacute; con un &iexcl;Te amo, eres lo &uacute;nico importante en mi vida! Pocas palabras para contarme las locuras de Mateo en el parque de diversiones. Una escueta respuesta&hellip; &iexcl;Estoy jugando en la consola con Natasha! Y en ninguno de ellos un&hellip; &iexcl;Yo tambi&eacute;n te amo! O tu acostumbrado&hellip; &iexcl;Igualmente te extra&ntilde;o!<\/p>\n<p>&mdash;Angustiada, dorm&iacute; a plazos y en la ma&ntilde;ana del domingo les dije a las muchachas que se adelantaran, que ir&iacute;a a Pe&ntilde;alisa mas tarde. Sin embargo lo &uacute;nico que deseaba era verte, hablar contigo y aclarar las cosas. Llam&eacute; a Eduardo y le dije que no iba a ir, porque me sent&iacute;a enferma. Me ofreci&oacute; su compa&ntilde;&iacute;a para tomar en la terminal un autob&uacute;s, pero le dije que no se preocupara que yo encontrar&iacute;a un taxi a la salida del hotel. Sin objetarme nada, me apresur&eacute; a empacar en mi trolley la poca ropa y los implementos de aseo. Baj&eacute; al restaurante y solicit&eacute; un cappuccino para acompa&ntilde;ar mi cigarrillo antes de partir. &iexcl;A&ntilde;oraba darte una bonita sorpresa!<\/p>\n<p>Camilo mantiene el contacto visual sin pesta&ntilde;ear, escrutando mis gestos y analizando en el tono de mi voz, la sinceridad de mis palabras. Doy un corto sorbo a mi coctel, burdo intento de un Tequila Sunrise, aspiro, retengo y exhalo por la boca el humo, que se disipa arremolinado frente a mi rostro. Mi marido se pone de pie, sin retarlo hace fondo blanco a su vaso y se dirige hacia la barda de madera en la esquina del balc&oacute;n. Sus dos manos aprietan el madero y su mirada, tras suspirar profundamente, se pierde m&aacute;s all&aacute; del malec&oacute;n, hacia Marichi Pier o hasta divisar la entrada a la bah&iacute;a, y de all&iacute; imaginar el camino hasta nuestra casa en Otrobanda.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Cielo? &iquest;Te preparo otro trago? &mdash;Le consulto para llamar su atenci&oacute;n y rescatarlo de su melancol&iacute;a. Gira la cabeza y asiente, al tiempo que sonriente me gui&ntilde;a un ojo. Esta tranquilo mi cielo&hellip; &iexcl;Por ahora!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te acompa&ntilde;o y me sigues contando? &mdash;Le escucho decir tras de m&iacute;, mientras recojo su vaso.<\/p>\n<p>&iexcl;Pufff, es el momento! Quiere saber y yo&hellip; &iexcl;Mierda, mierda! &iquest;C&oacute;mo se lo cuento sin que le duela?<\/p>\n<p>&mdash;Claro mi vida, s&iacute;gueme y te cuento. &mdash;Le respondo asegur&aacute;ndome de que no vaya a ver mi rostro todav&iacute;a, porque estoy completamente segura de que lo tengo palidecido.<\/p>\n<p>Se acomoda muy cerca, casi percibo la brisa de su respiraci&oacute;n en mi oreja. Anteriormente estar&iacute;a encantada de sentir ese rico escalofri&oacute;, m&aacute;s ahora no. Estoy muy nerviosa.<\/p>\n<p>&mdash;Tiemblas. &iquest;Ya sientes frio? &mdash;Camilo lo nota de inmediato. No tengo de otra. Termino de preparar estos cocteles y se lo contar&eacute;, con pelos y se&ntilde;ales.<\/p>\n<p>&mdash;No se&ntilde;or, estoy c&oacute;moda con esta temperatura. Me gustar&iacute;a darme un ba&ntilde;o antes de&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Mariana, no le des m&aacute;s vuelta a esto y cu&eacute;ntamelo ya. &iquest;C&oacute;mo fue que sucedi&oacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, Cielo te juro que no lo busqu&eacute; ni lo llam&eacute;. &Eacute;l se apareci&oacute; de pronto por mi espalda y me alcanz&oacute;&hellip; &laquo; &iexcl;Con sus dedos oprimiendo mi clav&iacute;cula derecha, sus ojos avellanas escudri&ntilde;ando mi vestuario de arriba para abajo, y esa sonrisa p&iacute;cara de ni&ntilde;o descarriado! Pero estos detalles sobran y no se los voy a decir.&raquo;&hellip; antes de cruzar la calle frente al hotel para tomar un taxi.<\/p>\n<p>&mdash;Me extra&ntilde;o verlo all&iacute; y le pregunt&eacute;. &iquest;Qu&eacute; haces t&uacute; aqu&iacute;? Me dijo&hellip; &mdash;Espera aqu&iacute; bizcocho, saco el carro y te llevo hasta tu casa o si por el camino cambias de opini&oacute;n, nos vamos derechito para la m&iacute;a y cerramos el trato.<\/p>\n<p>&mdash;En un dos por tres tenia frente a m&iacute; la puerta abierta del Honda Blanco.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;No que estas enferma y tienes prisa? Sube ya Meli que empieza a calentar y esta belleza no tiene aire acondicionado.<\/p>\n<p>&mdash;Y obviamente subiste y te fuiste con &eacute;l. &mdash;Lo intuye ahora Camilo, recibiendo de mi mano estirada su refrescante trago, sent&aacute;ndose casi en la cabecera de la cama.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, met&iacute; mi malet&iacute;n tras el asiento negro de piel con ribetes anaranjados como el color de los rines de su auto, y &eacute;l me ayud&oacute; a acomodar el cintur&oacute;n de seguridad, tan distinto al de mi Audi, por ser uno especial para competencias. Se aprovech&oacute; de mi ignorancia y en un descuido mientras lo ajustaba, me bes&oacute;. Te juro cielo que lo apart&eacute; con mis manos y ofendida le dije&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Nacho, &iquest;Qu&eacute; te pasa? Si vamos a empezar as&iacute; el viaje, mejor d&eacute;jame aqu&iacute;. Se ri&oacute; con ganas y arranc&oacute;, prometi&eacute;ndome &ndash;cuando dej&oacute; de carcajearse&ndash; que se comportar&iacute;a decentemente.<\/p>\n<p>&mdash;Comenz&oacute; a chicanear, acelerando el auto mientras nos deten&iacute;a la luz roja del sem&aacute;foro a la salida de Girardot. Le advert&iacute; de que no fuera a correr como un loco porque me mareaba. &mdash;Camilo me mira asombrado, sin haber probado su trago.<\/p>\n<p>&mdash;Si cielo le ment&iacute;, pero si no me invento esa excusa con seguridad hubiera roto el l&iacute;mite de velocidad varias veces o en alguna de las curvas, quedar&iacute;amos estampillados contra alg&uacute;n cami&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Por lo visto te hizo caso, pues estas aqu&iacute;, vivita y coleando. &mdash;Con algo de sorna me cita el refr&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; fue afortunadamente. Para calmarlo y lograr que le bajara al volumen del radio, &ndash;que me causaba mayor dolor de cabeza&ndash; le pregunt&eacute; por su novia, la tal Grace, y literal, mi cielo, &iexcl;Nacho me torci&oacute; la jeta!<\/p>\n<p>&mdash;No quiero hablar de ella, Meli. Hablemos mejor de otras cosas. No est&aacute;s enferma y a m&iacute; no me vas a tramar con ese cuentico. Lo que te sucede es que est&aacute;s de pelea con el g&uuml;ev&oacute;n de tu esposo.<\/p>\n<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; me sucedi&oacute; pero no encontr&eacute; una excusa a la mano para negarle su acertada intuici&oacute;n. Guard&eacute; silencio y gir&eacute; mi cara hacia el paisaje a mi derecha.<\/p>\n<p>&mdash;Sabes que soy muy despistada pero en un letrero me di cuenta de que hab&iacute;a tomado la otra ruta, la que pasa por Tocaima y le hice el comentario. Me respondi&oacute; con sus &iacute;nfulas de hombre recorrido que por ese trayecto llegar&iacute;amos m&aacute;s pronto a Bogot&aacute; y sin esper&aacute;rmelo me solt&oacute; de pronto un&hellip; &iexcl;Son blancos! &iquest;Me los vas a regalar?<\/p>\n<p>&mdash;Ca&iacute; en cuenta a que se refer&iacute;a. Llevaba puesta la blusa blanca de botones peque&ntilde;itos en forma de diamantes, y estampado de flores multicolores que me obsequi&oacute; tu hermano mayor para las navidades. Y la falda de mezclilla que hab&iacute;a comprado junto a la cazadora del mismo tono y material cuando visitamos los outlets para aprovechar las gangas. &iquest;Si la recuerdas? Para nada se me hizo que me quedara demasiado corta y sin embargo, est&uacute;pidamente hice el intento de alargar la tela de jean, embutida en esa silla que no me permit&iacute;a demasiado movimiento.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Que man&iacute;a la tuya de querer verme los cucos! &iquest;Acaso no te basta con las vistas que te doy cuando utilizo mis trajes de ba&ntilde;o en la piscina del hotel? &Oacute;yeme, me preocupas Jos&eacute; Ignacio. En serio. &iexcl;Est&aacute;s mal de la cabeza! &mdash;Le dije y ya sabes c&oacute;mo era su comportamiento. Ri&eacute;ndose con ganas, le import&oacute; cinco mi comentario y volvi&oacute; a la carga dici&eacute;ndome&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja, Meli preciosa! No tienes ni idea de lo hermosa que te ves cuando se te colorean las mejillas, no por el calor si no por las rabietas que te ocasiono. &mdash;Lo pellizqu&eacute; en el abdomen para lastimarlo, pero lo que hice fue comenzar nuestro destape.<\/p>\n<p>&mdash;Anda bizcocho, qu&iacute;tatelos y me los regalas. Pero espera Meli&hellip; &iquest;Me los das antes a oler?<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute;. &iexcl;S&iacute; claro, c&oacute;mo no! &iquest;No quieres de paso una mamadita? &mdash;Le respond&iacute; burlona, y de mi bolso tom&eacute; un cigarrillo para fumar.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Me dar&iacute;as una? &mdash;Me dijo sin apartar la vista de la carretera y lo mir&eacute; re-mal. &ndash;Una patada en las pelotas es lo que te voy a dar si sigues morboseandome. &ndash; Le respond&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Una chupadita no m&aacute;s, Meli, de tu cigarrillo. &iexcl;Mujer malpensada! &mdash;Y me hizo re&iacute;r.<\/p>\n<p>&mdash;Callamos durante un tiempo, mientras yo fumaba y&hellip; Acercaba a su boca mi cigarrillo. Luego con s&iacute;ntomas de preocupaci&oacute;n en su rostro me habl&oacute; sobre K-Mena, intrigado por su cambio brusco de personalidad, y me confes&oacute; que en su habitaci&oacute;n la noche de la fiesta, ella hab&iacute;a intentado seducirlo y casi que oblig&aacute;ndolo a que se dejara hacer por ella, sexo oral.<\/p>\n<p>&mdash;La rechac&eacute; y se enoj&oacute;. &iexcl;Juradito que s&iacute;! Por eso no me habla. Si ves, bizcocho, estoy cumpliendo con mi parte del trato. En cambio t&uacute;, no te dejas dar un beso ni me regalas los calzones. &iexcl;Como que no tienes palabra, ni fecha en el calendario! &mdash;Me pareci&oacute; divertido su apunte, porqu&eacute; as&iacute; no versa la canci&oacute;n de &laquo;Caballo Viejo&raquo;, y aunque dudaba de la veracidad de su relato, si era muy cierto que el comportamiento de K-Mena ese s&aacute;bado fue distinto con &eacute;l e indiferente conmigo.<\/p>\n<p>Camilo me ha escuchado atentamente, semi recostado en la cama pero del lado izquierdo, sin embargo ahora lo veo sentarse intranquilo en la orilla y descalza sus pies, refregando tal&oacute;n contra tal&oacute;n. Enseguida lo veo ir hacia el escritorio, con su vaso de tequila en la mano y la mirada directa a la esquina donde me encuentro.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Te falt&oacute; el hielo, Mariana! &mdash;Me dice mientras utiliza como garfios tres de sus dedos y agarra algunos trozos para depositarlos con cuidado en el vaso. Debo acercarme para que le ponga un poco al m&iacute;o, y as&iacute; aprovecho para dilatar su sufrimiento.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Y as&iacute; finalmente mientras el conduc&iacute;a, terminaste por bajarte los panties y d&aacute;rselos a oler! &iquest;O me equivoco? &mdash;Sin levantarme la voz, ni demostrar enojo, Camilo se me adelanta y me sorprende.<\/p>\n<p>&mdash;Pues como te lo advert&iacute; hace unos momentos, mi cielo. Te estoy diciendo la verdad, con pelos y se&ntilde;ales. Aunque nos duela y te ofendas. Aunque me puedas llegar a odiar m&aacute;s, pero es lo que quieres realmente, cielo, que con mis recuerdos te sumerja en el dolor y con mis verdades te saque a flote. Y no mi vida, no se los regal&eacute;, ni mucho menos se los di a oler. Pero confieso que s&iacute; me los baj&eacute;, mientras Nacho conduc&iacute;a justo antes de llegar a&#8230; &iquest;Sabes qu&eacute;? Hubo m&aacute;s, pero ahora me quiero ba&ntilde;ar. &iquest;Me esperas fuera, o entras conmigo para seguirte contando?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 26<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Distintas las vistas. &iquest;Mismo el panorama? 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