{"id":43020,"date":"2023-09-01T22:00:00","date_gmt":"2023-09-01T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-09-01T22:00:00","modified_gmt":"2023-09-01T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-32","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-32\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (32)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43020\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 28<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Sin apuntar, da en el blanco.<\/p>\n<p>Escasamente me da tiempo a pensar la mejor respuesta que le puedo ofrecer a su invitaci&oacute;n. O es&hellip; &iquest;Un desaf&iacute;o? En todo caso Mariana con bastante tranquilidad, se desplaza descalza hasta el costado izquierdo de la cama y de medio lado acomoda por completo nalga y muslo derecho, &ndash;este &uacute;ltimo a medio descolgar&ndash; sobre la colcha de fresco algod&oacute;n; el resto del peso de su cuerpo lo descarga en la pierna izquierda, extendida y apuntalada al suelo de cer&aacute;mica por su desnudo pie, asemejando un esforzado paso de ballet.<\/p>\n<p>Dando un corto sorbo al tequila, coloca el vaso de cristal sobre el nochero, &ndash;al mejor estilo art-d&eacute;co&ndash; y con paciencia retira los dorados pendientes de sus orejas. El derecho primero y el izquierdo despu&eacute;s. Ya me conozco este ritual. Ahora los tendr&aacute; que colocar donde los pueda ver, evitando que se le olviden. Es decir justo al lado del interruptor de la innovadora l&aacute;mpara de noche, amurallados por las pulseras de plata y las gargantillas de oro. As&iacute; lo hac&iacute;a en nuestra casa, retirando todo lo artificial de su piel, menos la alianza matrimonial. En este caso como en sus mu&ntilde;ecas no las lleva puestas, utilizar&aacute; con seguridad su smartwat&hellip; &iexcl;Ja, lo sab&iacute;a!<\/p>\n<p>Y justo en este instante, como si tuviese que espantar el ataque de un enjambre de abejas, Mariana va a revolcar sus cabellos con los diez dedos, desde su frente hasta la nuca, en ambos parietales, y echando la cabeza hacia atr&aacute;s. Cuando viv&iacute; con ella y manten&iacute;a hasta la cintura su melena azabache o despu&eacute;s desafortunadamente tinturada, ella con fuerza lo lanzaba todo hacia adelante ayud&aacute;ndose con la palma de sus manos, &ndash;formando una secuencia de Fibonacci al admirarla desde mi posici&oacute;n&ndash; y comenzaba a peinarlo ara&ntilde;&aacute;ndolo con sus dedos nuevamente desde la frente hasta llegar a las puntas, repetidamente y engibada, revisaba de tanto en tanto los extremos buscando no encontrar las apocal&iacute;pticas horquillas.<\/p>\n<p>Hasta que por alguna rendija, &ndash;que se formaba al pasar sus dedos por entre el torrente de sus cabellos&ndash; se percataba de que recostado contra el cabecero de nuestra cama yo estaba mir&aacute;ndola embobado, y juguetona me preguntaba con voz ronca, &laquo; Loco. &iquest;Qu&eacute; tanto me miras?&raquo; y enseguida se ven&iacute;a juguetona hacia m&iacute;, caminando encorvada y emitiendo gru&ntilde;idos, con sus cabellos ocult&aacute;ndole la cara y actuando como la ni&ntilde;a misteriosa de la pel&iacute;cula de terror. Y re&iacute;amos bastante, provoc&aacute;ndonos cosquillas para terminar haci&eacute;ndonos el amor.<\/p>\n<p>Pero hoy, como lo lleva corto hasta los hombros, desconozco que va a suceder. Debe haber desarrollado otro protocolo m&aacute;s eficiente y serio en mi ausencia. Me intereso por conocer esa nueva man&iacute;a y no ceso de observarla. Efectivamente echa su cabeza hacia atr&aacute;s, &ndash;como antes&ndash; pero ahora la mueve r&aacute;pidamente de un lado para el otro con rapidez, como si estuviese rezongando por algo, pero se detiene para acomodar la onda de los mechones hacia la izquierda con la mano derecha.<\/p>\n<p>Se levanta de la cama, al parecer satisfecha, y me mira. Sonr&iacute;e pues es consciente de que me gusta verla y que me encanta &ndash;como siempre&ndash; dejarme hechizar por ese par de ojos azules, seductores y atractivos. De nuevo toma su vaso y mientras se me acerca, termina de beber en dos sorbos seguidos, lo poco que le falta.<\/p>\n<p>En mi direcci&oacute;n su brazo se alarga con el envase de cristal desocupado en la mano, con el mismo gesto de siempre, &ndash;el de ni&ntilde;a consentida&ndash; me lo entrega, achinando los ojos y arrugando su respingada nariz. Se lo recibo para dejarlo sobre la bandeja y de soslayo la observo flanquear la cama por el lado izquierdo. No est&aacute; haciendo calor pero con el dorso de la mano zurda limpio un poco el sudor que humedece mi frente, en tanto que en la diestra mantengo el vaso con tequila y el hielo ya hecho l&iacute;quido, pero eso ahora es lo que menos me importa.<\/p>\n<p>Mi atenci&oacute;n, toda, se centra exclusivamente en observar los gr&aacute;ciles movimientos al detalle, regodearme en admirar la belleza de su cuerpo mientras se desviste, para nunca olvidarla, para recordarla por siempre. &iexcl;Por si no puedo perdonarla y por si las moscas nos dejamos de ver!<\/p>\n<p>Los dedos de sus manos desbaratan sin prisas el sencillo nudo del cord&oacute;n que entalla su cintura. Mariana, frente a la puerta del ba&ntilde;o se agacha para recoger el ruedo del vestido por delante a dos manos cruzando los brazos; arremanga la tela hasta llevarla m&aacute;s arriba de las rodillas, &ndash;meneando un poco las caderas&ndash; y termina por sub&iacute;rselo hasta la altura de su cabeza, retir&aacute;ndolo de su cuerpo sin despeinarse demasiado. Lo sacude con fuerza y sobre la cama lo extiende cuidadosamente.<\/p>\n<p>Me mira, sonr&iacute;e, me gui&ntilde;a el ojo derecho; sabe bien Mariana que me encantaba verla desnudarse, e irremediablemente ahora espero lo mismo. Quiero verla desprenderse del top blanco que le aprieta los senos, y deseo que esos cucos negros que atraen mi atenci&oacute;n hacia el centro de su alba figura, se descuelguen por sus muslos sin que alguna rodilla imprudente se cruce y no alcance el entelado aroma de su intimidad, a descender hasta sus tobillos.<\/p>\n<p>Deja de mirarme y se concentra en rascarse la nalga derecha. Gira sobre sus talones un cuarto de vuelta y veo como introduce por los costados, los pulgares bajo el encaje encauchado de sus panties y estira hacia abajo la &iacute;ntima prenda, pero mis ojos la pierden de vista cuando ingresa al ba&ntilde;o. &laquo;Me deja viendo un chispero&raquo;, y en mi mente apenas retengo la imagen convexa de sus muslos, sumado a la ideal proporci&oacute;n de su culo con forma de melocot&oacute;n, y la atractiva &laquo;S&raquo;, que estilizada avanza desde su cintura recorriendo vertebra tras vertebra la espalda hasta el estirado cuello que sostiene su cabeza. &iexcl;Puff! Necesito otro trago, tal vez Mariana tambi&eacute;n. &iquest;Y un cigarrillo para los nervios? &iexcl;Claro, puede ser!<\/p>\n<p>En raz&oacute;n a nuestra cotidiana familiaridad, me deshago del vestido frente a Camilo y noto en el brillo de sus ojitos marrones, que su admiraci&oacute;n por mi cuerpo no ha declinado a pesar de nuestros meses separados. Desde nuestro noviazgo siempre ha sido de esta manera. Su actitud de enamorado voyeur no decae a pesar de todo lo que el pobre ha soportado, y eso&hellip; &iexcl;Eso es un s&iacute;ntoma claro de que para nada me ha olvidado! Quisiera desnudarme ante &eacute;l por completo, y otorgarle nuevamente el disfrute de su tiempo ador&aacute;ndome con su mirada. Pero temo que al hacerlo pueda llegar a pensar que tan solo intento seducirlo para que me perdone a cambio de sexo. &iexcl;Y ese ser&iacute;a otro error imperdonable por mi parte!<\/p>\n<p>Que pecadito con &eacute;l, pero debo dejarlo con las ganas. Mejor me hago la loca y entrar&eacute; al ba&ntilde;o para lavar mis cucos y luego darme un renovador duchazo. Pero no voy a cerrarle la puerta, ya que no somos un par de extra&ntilde;os, aunque por ahora lo parezcamos. No ser&eacute; yo quien se atreva a romper este relajante silencio invit&aacute;ndolo a pasar, pero si gusta o si as&iacute; lo desea y se atreve, pues que siga y se deleite con mi completa desnudez. Mmmm, &iexcl;Que disfrute un poco!&#8230; Antes de tragarse el sapo que le aguarda con lo que quiere saber y que yo realmente no quisiera tener que recordar.<\/p>\n<p>Me he quedado solo, como suspendido en el limbo de sus recuerdos dentro de esta habitaci&oacute;n, &ndash;mientras termino de agitar los dos cocteles&ndash; pensando que hacer. &iquest;Ingreso con ella al ba&ntilde;o para seguir escuchando sus memorias y poderla ver completamente desnuda despu&eacute;s de tanto tiempo? Pero&hellip; &iquest;Y si se me entiesa esta cabeza que no piensa, y me entran furibundas por las venas, las ganas de hacerla de nuevo mi mujer? Ah, carajos. &iexcl;No s&eacute; qu&eacute; hacer! Definitivamente necesito un cigarrillo.<\/p>\n<p>De nuevo como ayer, casi a la misma hora, observo ante el espejo a una Mariana ya m&aacute;s calmada, sin el llanto que aguaba mis ojos, ni la vac&iacute;a expectativa que me trajo hasta aqu&iacute;. Curiosamente, a pesar de lo complicado que ha sido revelarle mis deslealtades, al parecer estoy curada de la migra&ntilde;a, metida entre estas cuatro paredes casi desnuda, emparamando de l&iacute;quido jab&oacute;n mis panties, &ndash;juntando el tejido entre mis dedos&ndash; delicadamente refreg&aacute;ndolo contra el bolsillo de algod&oacute;n para cuidar mi higiene, enjuag&aacute;ndolos con agua un poco m&aacute;s que tibia para ponerlos a secar en&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Oops, lo siento! Cre&iacute; que ya estabas en la ducha. &mdash;Le digo a Mariana desde el vano de la puerta, con un coctel en cada mano y entre mis labios apretado mi rubio tabaco con su retorcida humareda elev&aacute;ndose deforme hasta el cielo raso.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a escuchado el grifo derramar su torrente y me imagin&eacute; que mi mujer ya se encontrar&iacute;a dentro de la cabina, protegida su desnudez un poco, por el vapor que deber&iacute;a de empa&ntilde;ar los salpicados cristales. M&aacute;s no es as&iacute;, y me la encuentro frente al ovalado lavamanos de cristal, lavando sus cucos, con su desnudez de cintura para abajo, &ndash;atrayendo mi mirada&ndash; ya que mantiene puesto todav&iacute;a su apretado top.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes, cielo. No vas a ver nada diferente a lo tienes m&aacute;s que visto. &mdash;Le respondo sin inquietarme. Por el contrario, siento agrado por su atrevimiento.<\/p>\n<p>&mdash;Ya casi termino. &ndash;Le digo mir&aacute;ndolo a trav&eacute;s del reflejo en el espejo. &ndash; &iquest;Pero sabes una cosa? Qu&iacute;tate la ropa y p&aacute;same tu b&oacute;xer para lavarlo. Debe estar igual de sucio y lleno de arena como mis cucos. &mdash;Camilo duda. Mudo ante mi propuesta, no se atreve.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Est&aacute;s hablando en serio? &iquest;Y si no se secan que me pongo? &mdash;Me responde despu&eacute;s de analizarlo.<\/p>\n<p>&mdash;No te preocupes por eso. Tenemos tiempo para que se oreen en el balc&oacute;n. Y si no, pues echar&eacute; mano del secador de cabello. Mientras tanto te vas adelantando. &iexcl;Anda! &ndash;Sin querer le ordeno. &ndash; Te das un duchazo y vamos hablando. &iquest;Te parece?<\/p>\n<p>&mdash;Humm, est&aacute; bien. &mdash;Le respondo con desgano pero le hago caso y dej&oacute; los dos cocteles sin probar sobre el mueble de madera, m&aacute;s mi cigarrillo continua atrapado entre mis dientes.<\/p>\n<p>Primero suelto los tres botones que juntan mi camisa y en seguida aflojo el bot&oacute;n de la bermuda y bajo la cremallera. El que caigan al piso las dos prendas y permanezcan esparcidas a mis pies no me preocupa, tengo la certeza de que Mariana las recoger&aacute;, como antes, como siempre. Pero lo har&eacute; yo, para cubrirme un poco cuando termine de quitarme mis interiores.<\/p>\n<p>&mdash;Vamos cielo, p&aacute;samelos ya. Dame ese pucho para tirarlo y la camisa y tus bermudas para alisarlos un poco con la mano, mientras te ba&ntilde;as. Y deja la bobada que no te voy a morder las nalgas. &mdash;Lo apuro. &iexcl;Aunque ganas no me faltan!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y entonces Mariana? Me dec&iacute;as que ibas con el irresistible siete mujeres en su corcel blanco, &ndash;burlonamente le pregunto mientras abro el grifo de la ducha. &ndash; y le diste el gusto. Excelente copiloto se consigui&oacute;. Auto para piques, moto cl&aacute;sica y&hellip; &iexcl;Jueputaaa! &iexcl;Est&aacute; helada!<\/p>\n<p>&mdash;La caliente es el grifo de la izquierda, cielo. &mdash;Debo cubrir con rapidez mi boca con la mano para que no escuche que me rio de su torpeza, pero la sonrisa se me est&aacute; borrando en este mismo instante, pues forzosamente debo recordar que&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Sent&iacute; una s&uacute;bita presi&oacute;n sobre mi muslo izquierdo y sobresaltada le pregunt&eacute;&hellip; &iexcl;&iquest;Qu&eacute; haces?! &mdash;Ni me mir&oacute;, mucho menos respondi&oacute;, pero si sonri&oacute; con malicia. Su mano era pesada y sin embargo la mov&iacute;a suavemente hacia arriba unos cent&iacute;metros, hasta por debajo de la tela de mi falda, &ndash;sin ascender m&aacute;s&ndash; para luego bajarla mansamente muchos mil&iacute;metros hasta acariciar mi rodilla.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Me encanta la suavidad de tu piel! &mdash;Aquella posterior apreciaci&oacute;n suya me pareci&oacute; sincera y dej&eacute; que la mantuviera all&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;La cabina de su destartalado Honda, &ndash;desprovista de paneles y tapizados&ndash; reten&iacute;a el calor de la ma&ntilde;ana y aun as&iacute;, la tibieza que desprend&iacute;a su palma al frotarla contra mi muslo me acaloraba m&aacute;s que la temperatura exterior. Nacho la retiraba de vez en cuando para cambiar de marcha, pero tan pronto como pod&iacute;a, volv&iacute;a a posarla casi en el mismo lugar y con gran familiaridad. Y yo continuaba mirando hacia mi derecha por la ventanilla, como si realmente me interesara observar el paisaje, pero en realidad segu&iacute;a pensando en ti e imaginando los posibles escenarios que se me presentar&iacute;an cuando por fin pudi&eacute;ramos vernos y a solas, hablar para aclarar las cosas.<\/p>\n<p>&mdash;Detuvo el auto en un parador a la vera del camino, &ndash;justo despu&eacute;s de girar a la derecha dejando atr&aacute;s Tocaima&ndash;, seg&uacute;n &eacute;l, para comprar algo y beber pues ten&iacute;a demasiada sed. Y era verdad cielo, pues aquella ma&ntilde;ana estaba muy soleada. Descendi&oacute; y yo me qued&eacute; dentro, sentada y sujetada por cuatro correas rojas que se un&iacute;an en el centro por debajo de mi estern&oacute;n. Me fij&eacute; en como Nacho rodeaba el auto por el frente, haciendo gala de sus dotes f&iacute;sicos. Con los lentes crom&aacute;ticos sobre su cabeza a modo de balaca, el amarillo pollito de su camisa llamando la atenci&oacute;n y su caminadito sobrador, sabi&eacute;ndose encantador.<\/p>\n<p>&mdash;Uhumm, me lo imagino, Mariana. &iquest;Y entonces qu&eacute;? &mdash;Intervengo mientras que me enjabono las pelotas.<\/p>\n<p>&mdash;Se acerc&oacute; hasta la entrada del peque&ntilde;o local y las dos muchachas que estaban por delante de las vitrinas se codearon entre si al verlo llegar y comi&eacute;ndoselo con la mirada se alcanzaron a tropezar por el af&aacute;n de atenderlo. Ciertamente que Jos&eacute; Ignacio tiene una apariencia varonil y atractiva&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Uhum, si claro. Todo un playboy de playa. &iquest;Y?<\/p>\n<p>&mdash;No escuch&eacute; lo que les dijo pero una de las muchachas volte&oacute; sus ojos hacia m&iacute; y enseguida volvi&oacute; a mirarlo, prest&aacute;ndole atenci&oacute;n de nuevo y se rieron los tres. Regres&oacute; al auto con dos botellas de agua helada en las manos y su sonrisa picaresca antecediendo sus pasos. Ubic&aacute;ndose por mi costado apoy&oacute; los antebrazos sobre la parte inferior de la ventanilla y su mirada se clav&oacute; en mis piernas. En un acto reflejo las junt&eacute;. Se sonri&oacute; con malicia para luego inclinarse y meter por completo la cabeza dentro de la cabina gir&aacute;ndola hacia mi rostro. Como hipnotizada observ&eacute; brillos o chispas en sus ojos color avellana y vi sus labios entreabrirse, en c&aacute;mara lenta dirigi&eacute;ndose hacia mi boca y&hellip; Perd&oacute;name, pero ante la inminencia del beso me estremec&iacute; por vez primera. &mdash;Camilo rezonga algo inentendible.<\/p>\n<p>&mdash;Con rapidez interpuse entre su boca y la m&iacute;a, mi mano coloc&aacute;ndola de canto. Se ri&oacute;, m&aacute;s no dijo nada, pero el que es perro es perro y donde le han servido vuelve a comer, as&iacute; que dej&oacute; caer sobre mis muslos una de las botellas de agua y aquel contacto con el frio, me hizo reaccionar, eriz&aacute;ndome la piel y abrir la boca. La suya, abierta tambi&eacute;n, reclam&oacute; para s&iacute; la victoria apoder&aacute;ndose de la m&iacute;a. &ndash;De izquierda a derecha, la cabeza de Camilo niega o al menos me lo parece. &ndash; Sent&iacute; la presi&oacute;n de sus labios, su lengua explorando mi paladar y reaccion&eacute; con la m&iacute;a h&uacute;medec&hellip; &iexcl;Acept&eacute; su beso! Lo bes&eacute;, Camilo. Nos besamos por algunos segundos, como &eacute;l tanto deseaba que yo lo hiciera. &iexcl;Tal cual como me vio besar a K-Mena!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Suficiente! &mdash;Le dije, tras apartarle la cara con mis manos.<\/p>\n<p>&mdash;En verdad que besas, &iexcl;Deli, deli! &mdash;Alab&oacute; mi buen hacer, y finalmente sacando el medio cuerpo que hab&iacute;a metido, dio la vuelta por detr&aacute;s y orondo se subi&oacute; en el auto.<\/p>\n<p>&mdash;Espera, no arranques todav&iacute;a y hazme el favor de liberarme de este arn&eacute;s. &mdash;Le orden&eacute; y aunque extra&ntilde;ado, en un santiam&eacute;n ya me hab&iacute;a soltado el cintur&oacute;n y abr&iacute; la portezuela para bajarme. Me dirig&iacute; hacia el mostrador de cristal, donde las dos &laquo;peladitas&raquo; me miraban con cierta prevenci&oacute;n y sin saludar les pregunt&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Las &laquo;achiras&raquo; est&aacute;n frescas?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;S&iacute; se&ntilde;orita! Reci&eacute;n amasaditas. &ndash;Me respondi&oacute; la de cabello casta&ntilde;o claro. &ndash; &iexcl;Entonces me llevar&eacute; dos paquetes!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y los &laquo;alfandoques&raquo; tambi&eacute;n son de hoy? &mdash;Al ver los paquetes colgando de la viga de madera, les indagu&eacute; sin dirigirme en especial a alguna de ellas.<\/p>\n<p>&mdash;Tambi&eacute;n se&ntilde;orita. &ndash;Me respondi&oacute; la m&aacute;s gordita y bajita, con poca amabilidad. &ndash; Al igual que los &laquo;resobados&raquo;, las mantecadas y los &laquo;cotudos&raquo;. Las &laquo;totumas&raquo; de arequipe, los bocadillos &laquo;Vele&ntilde;os&raquo; y las brevas en dulce, igualmente.<\/p>\n<p>&mdash;Mmmm, entonces emp&aacute;queme en una bolsa, dos de cada cosa que me nombr&oacute;. &mdash;Y sin m&aacute;s le extend&iacute; un billete de cien. Recib&iacute; mi gastron&oacute;mico pedido, percibiendo eso s&iacute;, la mala gana de atenderme en las dos. La vueltas las guard&eacute; en mi monedero, pero antes de girarme y darles la espalda, con una sonrisa amable en mi rostro les dije&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ni&ntilde;as! Las apariencias enga&ntilde;an. Ah&iacute; donde lo ven, no besa bien. Tiene mal aliento en las ma&ntilde;anas, le sudan demasiado los pies y adem&aacute;s no le pone demasiado empe&ntilde;o al pichar. Ahh y otra cosa queridas&hellip; &iexcl;La envidia es mejor despertarla que sentirla! &mdash;Mirando sus caritas de asombro, me re&iacute; en sus caras y sin demora me sub&iacute; al Honda.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Listo, ya hice las compras! &iquest;Podemos arrancar? &mdash;Le habl&eacute; con autoridad.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Claro, claro! El viejo truco de llegar con el pan bajo el brazo a la casa, para que al g&uuml;ev&oacute;n de tu marido se le pase el &laquo;empute&raquo;. &mdash;Me respondi&oacute; mientras rastrillaba las llantas al arrancar. Y de paso se carcajeaba.<\/p>\n<p>&mdash;Record&eacute; nuestro noviazgo, nuestras nerviosas y torpes primeras veces y ofendida le respond&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mi esposo es el mejor hombre del mundo! Es el mejor amante que he tenido, mi maestro y la mejor elecci&oacute;n que he tomado en mi vida. &iexcl;Y no est&aacute; enojado! &mdash;Le ment&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ehhh, que bueno Meli. &iquest;Y como que cosas te ense&ntilde;&oacute;? &mdash;Me pregunt&oacute; y tom&aacute;ndome unos segundos para responder, llev&eacute; a mi boca un nuevo cigarrillo y oprim&iacute; el encendedor de su auto. Mientras esperaba a que el resorte lo hiciera saltar ardiente para prenderlo, le dije&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ufff, si supieras querido. &iexcl;Demasiadas!<\/p>\n<p>&mdash;Y record&eacute; que decidimos hacerlo todo juntos, aprender el uno del otro, ense&ntilde;arnos&hellip; &iexcl;Complementarnos! Le dimos el s&iacute;, a la masturbaci&oacute;n compartida y la ense&ntilde;anza de las maneras en que deb&iacute;amos hacerlo para satisfacernos, mir&aacute;ndonos detenidamente, y mostr&aacute;ndonos los sitios donde acariciar para hacernos explotar, casi a la vez. Y de aquel reconocimiento de la superficie de nuestra piel, pasamos a la clase de sexo oral para variar en intensidad los est&iacute;mulos f&iacute;sicos, antes de que desesperada por el placer a medias que me proporcionaba tu boca, te lo pidiera yo&hellip; &mdash;&laquo; &iexcl;P&iacute;chame ya, por favor, mi cielo!&raquo; O con esas venas palpitando en el grosor de tu verga, afanado lo hicieras t&uacute; al rogarme&hellip; &mdash;&laquo; &iexcl;Quiero culiarte ya, mi amor!&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Y estando en ello, probamos y disfrutamos m&aacute;s unas que otras poses, intercambiando despu&eacute;s de los gemidos y jadeos, nuestras opiniones entremezcladas con apasionados besos mientras me invitabas a cenar en la calle, perros calientes o las ricas &laquo;arepas de choclo&raquo; con queso, y brindar con un par de bebidas gaseosas bien fr&iacute;as, en la esquina opuesta a la entrada del motel.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Y todo eso, nuestra historia, tu intimidad y la m&iacute;a!&hellip; &iquest;La resumiste para &eacute;l? &mdash;Le grito a Mariana, con mi cabeza cubierta de espuma y mis ojos cerrados para que el jab&oacute;n no me los haga arder.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pues s&iacute;! El caso cielo, es que continuamos el camino y en un rato de silencio, bostec&eacute;. Y al hacerlo, &eacute;l, por estar mir&aacute;ndome hizo lo mismo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Tienes hambre Meli? No desayunaste por salir como una loca, corriendo a los brazos del esposito para que no la rega&ntilde;e m&aacute;s. &iquest;Cierto? &mdash;Me dijo y yo ensimismada no le refut&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Sabes una cosa bizcochito? Conozco por aqu&iacute; cerca un buen lugar para desayunar. Donde veas que paran los camioneros y los autobuses a comer&hellip; &iexcl;Ese es el lugar! &mdash;Me asegur&oacute;, con sus &iacute;nfulas de correcaminos conocedor.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Pues sabes algo, querido? Yo tambi&eacute;n he viajado por esta zona lo suficiente y saliendo de Anapoima, por la central, te dir&eacute; d&oacute;nde vamos a detenernos para desayunar. &iquest;Ok?<\/p>\n<p>&mdash;Levant&oacute; ambas manos del tim&oacute;n unos segundos, y luego sin replicarme continu&oacute; conduciendo, hasta que llegamos al restaurante aquel, donde solemos almorzar porque te fascina la saz&oacute;n con la que preparan las carnes, y adem&aacute;s porqu&eacute; a Mateo le encanta despu&eacute;s del postre, dar un corto paseo a caballo. &mdash;Observo a trav&eacute;s de la multitud de gotitas que difuminan la imagen de su cuerpo en el h&uacute;medo cristal, como Camilo apoya sus manos en las baldosa frente a &eacute;l, fijando la vista en el piso con la cabeza agachada, dejando que escurra el agua al suelo desde sus cabellos y recorriendo toda su ancha espalda.<\/p>\n<p>&mdash;Nos sentamos a desayunar y empezamos a hablar mientras preparaban nuestro pedido. &ndash;Le sigo relatando tras ver que se endereza. &ndash; Nos pusimos al d&iacute;a comentando sobre lo sucedido en la fiesta, analizando a quienes se hab&iacute;an comportado bien y a los que se hab&iacute;an pasado de tragos; nos burlamos de los disfraces, ri&eacute;ndonos al recordar lo graciosa que se ve&iacute;a la se&ntilde;ora Carmencita con su disfraz de La Chilindrina, o el de sacerdote que se coloc&oacute; su amigo Sergio y a &eacute;l&hellip; &iexcl;Le pareci&oacute; muy rid&iacute;culo el tuyo!<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que entre mordisco y masticada, llegamos al tema de nuestras vidas. Y es que Jos&eacute; Ignacio, ya a solas los dos en la poca intimidad de nuestra mesa, me mostr&oacute; otra faz, un rostro melanc&oacute;lico por aquella relaci&oacute;n a distancia que sosten&iacute;a con su novia. No me cont&oacute; mucho, es verdad, escasamente me la describi&oacute; a grandes rasgos como una mujer hermosa, inteligente y adinerada. Yo con mi curiosidad a cuestas le indagu&eacute; por c&oacute;mo y donde hab&iacute;an coincidido por primera vez.<\/p>\n<p>&mdash;Escuetamente coment&oacute; que se hab&iacute;an conocido en un evento publicitario organizado por la constructora para festejar el lanzamiento del proyecto de vivienda de inter&eacute;s social, al sur de la capital, y la llegada del nuevo a&ntilde;o, de eso ya casi, veinti&uacute;n meses atr&aacute;s. Fue un flechazo en toda regla, para ambos. T&oacute;rrido romance los primeros meses, pero despu&eacute;s se fue calmando por las ocupaciones laborales de los dos. El perro que me viste saludar y consentir aquella noche, Amarok, fue un regalo que &eacute;l le hizo a su novia, pero esa mujer aunque no lo rechaz&oacute; en un principio, se lo vino devolviendo, seg&uacute;n ella, por no poder ocuparse de su cuidado. Y la motocicleta, una obra de arte desarmada que adquiri&oacute; pensando en &eacute;l y su personalidad aventurera, en una subasta por internet. Me confes&oacute; que la tal Grace &uacute;ltimamente le ped&iacute;a tiempo para terminar con algo que le qued&oacute; pendiente por gestionar en el exterior y eso les imped&iacute;a seguir avanzando en su vida afectiva y sexual. No era del todo feliz ni tan libre como aparentaba serlo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pobrecito el &laquo;guambito&raquo;! Me alcanzas shampoo. &iquest;Please?<\/p>\n<p>&mdash;Era m&aacute;s que evidente que necesitaba compartir con alguien todo aquello y&hellip; &ndash;Ten, aqu&iacute; lo tienes. &ndash; al escucharlo, una vez que terminamos el desayuno y salimos al estacionamiento para fumar, yo mi Parliament y &eacute;l su cachito de marihuana, recost&oacute; a la tercera o cuarta calada, su cabeza en mi hombro y casi, cielo, pude percibir en su aura la verdadera soledad que le rodeaba y cuanto necesitaba de una buena compa&ntilde;&iacute;a, y que no solo eran sus ganas de llevarme a su cama para alardear con los amigotes, de haberse &laquo;culiado&raquo; a una nueva casada engatusada.<\/p>\n<p>&mdash;Algo de agobio le aparec&iacute;a en el rostro cada que toc&aacute;bamos el tema de aquella mujer. Pero todo cambi&oacute; en &eacute;l, al terminarse su porro y nos qued&oacute; pendiente concluir con la terapia de soltar la lengua y recibir abrazos, pues tan pronto como reiniciamos el camino, se convirti&oacute; de nuevo en el caprichoso hombre de siempre y que no pod&iacute;a quitarse de la cabeza su obsesi&oacute;n por verme, o al menos saber, que viajaba a su lado con mi entrepierna al aire libre, exponi&eacute;ndome a algo m&aacute;s grave que un resfriado.<\/p>\n<p>&mdash;Meli, no seas malita, dame el gusto de verte sin esa tanguita blanca. Reg&aacute;lamela, que la quiero para completar mi colecci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Pero por supuesto Nacho, lo que t&uacute; digas. Sin embargo yo tampoco soy de piedra, querido, y a mi igualmente me dan ganas de ver la herramienta que te gastas. As&iacute; que si t&uacute; tambi&eacute;n te los bajas, yo lo har&eacute; al tiempo y todos felices como las lombrices. &iquest;Es justo o no?<\/p>\n<p>Caigo en cuenta que Camilo ha cerrado las llaves de la regadera. &iquest;Tan r&aacute;pido se ba&ntilde;&oacute;? &iexcl;Y yo sin terminar de restregar su b&oacute;xer! Debo darme prisa en terminar de lavar a mano y&hellip; &iquest;Qu&eacute; es lo que acaba de decir?<\/p>\n<p>&mdash;No te escuch&eacute; con claridad, cielo. &iquest;Me repites, por favor? &mdash;Y pego mi oreja al cristal de la cabina.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Pero qu&eacute; estupidez fue esa? &iexcl;O tal vez no!, y solo era un deseo tuyo, &iacute;ntimo y reprimido. &mdash;Y el agua dentro de la ducha vuelve a escucharse caer, su voz a callar y yo acusada, dispuesta a responder.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, lo s&eacute;. Fue un desacierto retarlo cielo, lo lamento. Pero en verdad no cre&iacute; que ese est&uacute;pido fuera a cometer semejante desatino. Bajarse los pantalones en plena v&iacute;a p&uacute;blica, adem&aacute;s conduciendo y no precisamente a baja velocidad. No, eso no lo har&iacute;a nadie con cinco dedos de frente. Pero a &eacute;l, que le encanta el riesgo y la aventura, le pareci&oacute; un divertido juego.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No me digas, ala! En serio que donde uno menos piensa, salta la liebre. No eras tan &laquo;morronga&raquo; como parec&iacute;as. &iexcl;Jajaja! Pero listo bizcochito, que carajos. &iexcl;Va pa&rsquo; esa! Me saliste m&aacute;s caliente que una oreja colorada. Pero al menos ay&uacute;dame a desabotonar el pantal&oacute;n. &iquest;O conduces t&uacute;? &mdash;Me respondi&oacute; de inmediato, sin cortarse para nada, dicharachero y quiz&aacute; relajado tras consumir la marihuana.<\/p>\n<p>Con mi mano abierta, despejo de humedad el vidrio y comprendo el porqu&eacute; del repentino silencio. Veo a Mariana semi desnuda, despegarse con pereza del marco de la puerta del ba&ntilde;o y se acerca como una locomotora fumando, para tomar asiento sobre el inodoro y darle un r&aacute;pido sorbo a su coctel.<\/p>\n<p>Arquea la espalda para descolgar su cabeza, cruzar los brazos y mirar pensativa, hacia el piso embaldosado. Con seguridad comprende en parte, lo mucho que me va a hacer sufrir, y sin m&aacute;s, desplazo hacia un costado la mampara de vidrio templado, para alcanzar la toalla y comenzar a secarme la cabeza. Mariana desde su bajo panorama, apenas se da cuenta de mis pies mojados y contin&uacute;a con su relato.<\/p>\n<p>&mdash;Existi&oacute; en su rostro triunfal, una exagerada contracci&oacute;n mandibular a causa de m&iacute; ladeada posici&oacute;n, y su novel curiosidad al observar mis dedos desapunt&aacute;ndolo, entremezcl&aacute;ndose con la satisfacci&oacute;n por lo venidero, y causando espasmos en su vientre, se le alter&oacute; la excitaci&oacute;n a &eacute;l, que se crey&oacute; vencedor.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y en tu rostro, Mariana? &iquest;Qu&eacute; clase de gesto se form&oacute;? &iexcl;Cualquiera menos el de la culpa por la traici&oacute;n! Eso seguro. &mdash;Un tanto alterado, con la toalla enrollada a mi cintura, voy dejando h&uacute;medas huellas por el frente de sus pies, y que parecen huir del ba&ntilde;o buscando superficies nuevas y secas. En realidad estoy buscando mi encendedor y un poco de nicotina nueva.<\/p>\n<p>&mdash;En la m&iacute;a, &ndash;de soslayo mir&aacute;ndolo hacia arriba&ndash; es probable que Cha&hellip; Que Nacho advirtiera la intenci&oacute;n cauta con la que los dedos peregrinos de mi mano diestra, comenzaron por liberar el bot&oacute;n y deslizaron hacia abajo con torpeza, la cremallera de su corto pantal&oacute;n de lino, mientras con la otra por el contrario imprudente, &ndash;por debajo de la el&aacute;stica tela de su pantaloncillo&ndash; me apoderaba por la cabeza del semi-erecto bot&iacute;n. &mdash;As&iacute; le respondo a Camilo, sincera pero tenue el brillo de mi voz porque comprendo que es dif&iacute;cil para &eacute;l digerir la informaci&oacute;n que le estoy suministrando.<\/p>\n<p>&mdash;Eso es bizcocho. &iexcl;B&aacute;jamelos del todo! &mdash;Casi me rog&oacute;, y lo hice.<\/p>\n<p>&mdash;&Eacute;l levant&oacute; el pie del acelerador y tanto los pantalones cortos de lino, como sus pantaloncillos sin costuras, cayeron por su empeine hasta el tapete de caucho. Lo mismo sucedi&oacute; con el izquierdo, y as&iacute; qued&oacute; expuesta la parcial desnudez de cintura para abajo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ahora es tu turno! Y si tienes palabra, Meli, creo que me debes algo. &mdash;Y me mir&oacute; a las piernas con morboso deseo, esbozando su singular sonrisa primero, y luego con su lengua al interior de su boca, abomb&oacute; el cachete derecho en una clara alusi&oacute;n a lo que pretend&iacute;a que yo le hiciera.<\/p>\n<p>&mdash;Levant&eacute; un poco mis caderas, arremangu&eacute; otro tanto la tela que entallaba mis muslos, y sin pretender mostrarle demasiado, de un lado primero y del otro despu&eacute;s, me baj&eacute; lentamente la tanga blanca causante de sus delirios, desliz&aacute;ndola hasta mis tobillos y all&iacute; me la dej&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Satisfecho? &mdash;Le pregunt&eacute; y me estir&oacute; la mano, abierta pretendiendo que se la entregara. &ndash; &iexcl;Ja! Ni los sue&ntilde;es querido. No voy a descompletar mis conjuntos solo por darte gusto. &ndash;&Eacute;l se lo tom&oacute; a broma haciendo pucheros de resignaci&oacute;n. Y la sorpresa que pretend&iacute;a darte, me la llev&eacute; yo al olvidarme de ti.<\/p>\n<p>&mdash;Desvestido su pene del material sint&eacute;tico y yo de mis prevenciones, &ndash;extiendo la revelaci&oacute;n de mis andanzas&ndash; luego de su victorioso chiflido, aquel blanquecino &oacute;rgano adormilado, comenz&oacute; a crecer solitario ante mis ojos y luego al estirar mi mano segundos despu&eacute;s, termin&oacute; encarcelado tras los fr&aacute;giles barrotes de solo tres de mis cinco dedos, &ndash;y en otro de ellos la falsa alianza bru&ntilde;ida de mujer casada&ndash; sobresaliendo el ros&aacute;ceo champi&ntilde;&oacute;n, y qu&eacute; en su imaginario y conquistador transcurrir, era el premio mayor para la compa&ntilde;era m&aacute;s reacia y caprichosa. M&aacute;s en mi realidad, dimensi&oacute;n desconocida para &eacute;l, era yo la mujer casada m&aacute;s experimentada en infidelidades.<\/p>\n<p>&mdash;Con un gesto lento que me pareci&oacute; muy sexy, &ndash;tras tenerla d&eacute;bilmente envuelta entre el pulgar y los dos dedos siguientes&ndash; le gui&ntilde;&eacute; un ojo segundos antes de acercar mi boca a la porci&oacute;n de pene que sobresal&iacute;a de la remangada piel, finalizando mi lujuriosa travesura con un delicado mordisco a la esponjosa textura de su b&aacute;lano. Alarg&oacute; el brazo para con la palma de su mano acariciar mi cabeza, arremolinando con sus dedos mis cabellos, en una caricia que se me antoj&oacute; muy familiar y para nada desconocida, pues eso lo hac&iacute;as igualmente t&uacute; cuando te lo chupaba.<\/p>\n<p>La he dejado hablar, recordando Mariana con su cabeza gacha y el cigarrillo casi consumido entre sus dedos tras pocas aspiradas, las escenas de la primera mamada que le dio a su amante. Pero ahora aqu&iacute; frente a ella, a unos pocos cent&iacute;metros mi dedo gordo del peque&ntilde;o y encaramado me&ntilde;ique de su pie, aturdido, nervioso y expectante, espero o&iacute;rla hablar de la impresi&oacute;n que se llev&oacute;. El duro momento de las comparaciones ha llegado. &iexcl;Y Mariana por fin se pone en pie!<\/p>\n<p>&mdash;Incomoda por la posici&oacute;n, de manera un tanto brusca comenc&eacute; por subir y bajar mi mano, y &eacute;l a su vez con la mano libre cambiaba con tranquilidad el dial de la radio, buscando alguna emisora que en su matutina emisi&oacute;n, emitiera una canci&oacute;n que nos ambientara el momento. Se lo apretaba con tanta fuerza que llegu&eacute; a pensar que le hac&iacute;a da&ntilde;o con las u&ntilde;as, pues en un momento dado me pareci&oacute; escucharle susurrar un&hellip; &mdash; &iexcl;Me lastimas, espera un momento!&raquo;, y levant&oacute; un poco su trasero para acomodarse las pelotas, sin quitar el pie del acelerador y yo, mi mano de su verga y la punta de mi lengua, que no alcanz&oacute; a rodear la circunferencia de aquel poco ensalivado glande.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No la quites, d&eacute;jala sonar! &mdash;Le espet&eacute; desde mi recostada pose. Quien cantaba era Donna Summer con su voz exquisitamente er&oacute;tica y los org&aacute;smicos gemidos de &laquo;Love to Love You Baby&raquo;. En su rostro la transformaci&oacute;n de la nada al placer era evidente. Concentrado sus ojos en la ruta, transformados y engre&iacute;dos manten&iacute;a sus cachetes sonrosados, y el relieve anguloso de su quijada, petulante y altivo como el m&aacute;rmol pulido de una efigie romana. Ardiente se sent&iacute;a bajo mi palma la carne, retra&iacute;do y suave su prepucio, c&aacute;rdeno el glande y babeante el ojal de&hellip; De su champi&ntilde;&oacute;n.<\/p>\n<p>Guarda silencio y la escucho sollozar mientras se deshace de la colilla en la caneca pl&aacute;stica, y apura de un sorbo su tequila. Lagrimeando y apenada, no es capaz de sostenerme la mirada y se da media vuelta levantando por fin la tela que cubre, su torso a medias. Calladamente Mariana ha estado llorando mientras hablaba. A las claras, ella tambien sufre con lo que recuerda. &iquest;Con el mismo nivel de dolor que lo hago yo?<\/p>\n<p>Y all&iacute; est&aacute; de nuevo ante mis ojos. Un obsequio que se hizo. Tambi&eacute;n para m&iacute;, seg&uacute;n ella, pero sabiamente oculto por unos d&iacute;as, a pesar de tener su espalda pegadita a mi pecho finalizando enero, cerca de su cumplea&ntilde;os. Y es que Mariana no me advirti&oacute;, quisquillosa por mi reacci&oacute;n, esper&oacute; a que lo descubriera dos semanas despu&eacute;s y le preguntara.<\/p>\n<p>Mientras ella ingresa a la ducha, sin decir nada m&aacute;s, recuerdo perfectamente que fue una noche no tan fr&iacute;a, cuando durmiendo separados por alguna pelea m&aacute;s, &ndash;de las tantas por sus llegadas tarde&ndash; en un descuido de su parte ingres&eacute; segundos despu&eacute;s de ella al vestier mientras se cambiaba de ropa, y yo no encontraba una camisa. Y me llev&eacute; la sorpresa como ahora, que la observo de espaldas.<\/p>\n<p>&hellip;&laquo;Un dise&ntilde;o est&eacute;ticamente bien logrado advert&iacute;, mientras ella me obsequiaba una visi&oacute;n desnuda de su espalda de alabastro. Un tallo fino, &ndash;todo te&ntilde;ido en negro&ndash; asciende a lo largo de las v&eacute;rtebras de su columna, desde el centro del rombo que forman sus pozos de Venus, hasta concluir en una acuarelada flor de Liz, por igual ennegrecida, unos cent&iacute;metros antes de su nuca. En perturbador gusto g&oacute;tico, letras diminutas ascienden formando dos frases separadas. Bellamente decorada la redonda A del comienzo, anguladas, estrechas y en punta, las dem&aacute;s, salvo la hermosa esfericidad de la &ldquo;S&rdquo; final, todo escrito aparentemente en lat&iacute;n. Una frase que al principio no comprend&iacute;, pero que me causo gran curiosidad.<\/p>\n<p>D&iacute;as despu&eacute;s, &ndash;no recuerdo exactamente cu&aacute;ndo&ndash; en otro descuido suyo por la ma&ntilde;ana, tom&eacute; una fotograf&iacute;a de su espalda mientras se duchaba, para poder traducirla luego con tranquilidad. Pero la calma no me duro mucho y se convirti&oacute; al rato en una borrasca de pensamientos, pues al trasladar palabra por palabra al castellano, mi mente urdiendo ideas, me encelaba a&uacute;n m&aacute;s y apremiaba a tomar, &ndash;aparte de un buen trago de aguardiente&ndash; una seria decisi&oacute;n. &ldquo;Me dar&aacute;n su amor y el placer de tenerlos. Yo por ti ardo y en ellos me consumo&rdquo;&raquo;. Y fui yo quien termin&oacute; m&aacute;s que ardido y muy confundido, sospechando de su lealtad, m&aacute;s sin pruebas para inculparla.<\/p>\n<p>&mdash;A las claras continuamos el camino, &ndash;le hablo de nuevo a Camilo&ndash; sin saber a ciencia cierta por d&oacute;nde &iacute;bamos, de vez en cuando fij&aacute;ndome en los n&uacute;meros anaranjados del reloj digital en el centro de la consola, midiendo el tiempo disponible para llegar a casa y por otro lado, para alargar su sufrido gozo. &iexcl;Y era temprano para ambos escenarios! El que me ocupaba la mano y a veces la boca, y la que ya despreocupada, me esperaba kil&oacute;metros m&aacute;s adelante al llegar a Bogot&aacute;.<\/p>\n<p>Los chorros de la regadera, &ndash;m&aacute;s tibios que con los que juagu&eacute; nuestra ropa interior&ndash; me mojan la cara y debo apartarla un momento, pues de nuevo me siento ahogar. Al parecer la prueba no estaba superada para mis dos personalidades. La infiel Melissa la super&oacute; con creces, y la agobiada Mariana por el contrario sigue manifestando el mismo temor. &iexcl;Mierda! &iquest;Ser&aacute; que no cambiar&eacute;? En fin, debo proseguir, enjabon&aacute;ndome y haci&eacute;ndonos sufrir&#8230; &iquest;A partes iguales?<\/p>\n<p>&mdash;Jos&eacute; Ignacio daba peque&ntilde;os saltos sobre su silla sin preocuparse por contener sus gemidos, haci&eacute;ndole coro a los de la er&oacute;tica canci&oacute;n, y yo semi-recostada apretando o soltando r&iacute;tmicamente aquel pist&oacute;n de carne, aleteaba despacio con la lengua su enrojecida uretra y eso lo enloquec&iacute;a. Me dec&iacute;a infinidad de barbaridades y golpeaba con la palma de su mano izquierda la madera barnizada del volante. Atenta a su mirada y al movimiento de mi mano, pasaba de sus ojos a su pene con la misma destreza que el hacia los cambios de marcha. &mdash; &iexcl;Mierda, se me ha ca&iacute;do el jab&oacute;n y yo con los ojos cerrados!<\/p>\n<p>&mdash;Estaba cansada de estar recostada con la palanca del freno de mano quiz&aacute;s ya tatu&aacute;ndome las costillas, pretendiendo que se viniera r&aacute;pido, pero eso supondr&iacute;a tal vez que perdiera el control de su Honda y termin&aacute;ramos accidentados dando volteretas por la v&iacute;a, hasta culminar con las llantas de para arriba en alg&uacute;n precipicio solitario o en una polvorienta cuneta. &iexcl;No! Me detuve de repente, aflojando un poco el agarre de mi mano al sentir que sus venas ya palpitaban desbocadas, y tal como me ense&ntilde;aste, con mi pulgar y el &iacute;ndice anill&eacute; la base del glande y apret&eacute; con todas mis fuerzas, hasta sentir que se deten&iacute;an las pulsaciones, atrincheradas por mi mano en el verticalizado eje de carne, y por su parte Nacho, jadeante y sudoroso, como conductor lo hac&iacute;a con el autom&oacute;vil unos metros m&aacute;s adelante.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;A carajo! Al menos te serv&iacute; para algo. &mdash;Me grita Camilo tras la divisi&oacute;n de cristal empa&ntilde;ado que nos separa.<\/p>\n<p>&mdash;Al enderezarme y recomponer mi blusa meti&eacute;ndomela bajo la pretina de mi falda de mezclilla, comprob&eacute; que mi mano estaba muy mojada, mucho m&aacute;s que mi vagina que sin dudas y sin mentirte, ya la ten&iacute;a lubricada. Y que el olor que desprend&iacute;a aquel flujo transparente y viscoso era diferente al tuyo. Como su tama&ntilde;o y grosor, quiz&aacute; m&aacute;s delgado pero evidentemente m&aacute;s rosado que el tuyo, de pronto desde la base m&aacute;s angosto y ligeramente curvado hacia la derecha. &mdash;Cierro el grifo con mi mano izquierda y entre abro la puerta para observar a Camilo sentado en el piso, reclinando su espalda contra el marco de la puerta.<\/p>\n<p>&mdash;Es lo que quer&iacute;as saber, &iquest;No? &iexcl;Si lo ten&iacute;a m&aacute;s grande que el tuyo! &iquest;Si eso lo hac&iacute;a m&aacute;s hombre que t&uacute;? Y que yo&hellip; &iquest;Por eso, me encam&eacute; con &eacute;l? &mdash;Sus ojitos caf&eacute;s contin&uacute;an nadando en el mar de sus l&aacute;grimas, pero hallan refugio en el fondo circular y vac&iacute;o de su vaso de cristal, y sin responderme con palabras, el movimiento de su cabeza oscilando de atr&aacute;s para adelante me lo confirma. &iexcl;Contin&uacute;a llorando, sufriendo por mi culpa!<\/p>\n<p>&mdash;Lo lamento mucho mi vida, pero s&iacute;, obviamente los compar&eacute; en ese instante. Del tuyo lo conoc&iacute;a todo, en extensi&oacute;n y grosor, en olor y sabor; fl&aacute;cido orinando o palpitando tan tieso como para partir panela, eructando su miel. Con ese lo hab&iacute;a probado todo. El de &eacute;l, la verdad casi nada y eso cielo&hellip; Esa novedad fue el detonante para permitir que&hellip; &mdash; &iexcl;Puff! Mierda, mierda. &iexcl;Lo estoy matando, Dios! Necesito un trago y si se deja, abrazarlo.<\/p>\n<p>Envuelta en la bata de ba&ntilde;o hotelera de afelpado algod&oacute;n, Mariana levanta un pie y luego el otro para sortear el obst&aacute;culo de mis piernas estiradas &ndash;y en ellas los se&iacute;smos ocasionados por la rabia y mi hijueputa sensaci&oacute;n de impotencia&ndash; a la salida de estos escasos metros cuadrados, con sus aromas a p&eacute;talos de rosa y vapores de c&aacute;lida humedad, mezcl&aacute;ndose con la atmosfera mucho m&aacute;s fr&iacute;a y ligera de la habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Frente al peque&ntilde;o escritorio, mi mujer pensativa se prepara otro coctel. Nada aparte de lo que piensa la desconcentra. No se ha secado bien y de sus cabellos lacios todav&iacute;a se descuelgan infinidad de gotas, para terminar mojando el cuello de su inmaculada bata. Tras un peque&ntilde;o sorbo, decide salir al balc&oacute;n y tras de ella, vuelan mis dudas.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Entonces as&iacute; fue? &ndash;Le pregunto tras tomar su lugar en frente de la bandeja y con una de las servilletas, absorber mi llanto. &ndash; &iexcl;&iquest;Tan f&aacute;cil y simple fue tu entrega y ese olvido de m&iacute;?!<\/p>\n<p>No hay respuesta. Solo el rumor de las olas, empecinadas en pasar por encima del elevado malec&oacute;n, y al acercarme a la mesa para encenderme un cigarrillo, la veo reclinada sobre el poste de madera esquinero mirando hacia las lejanas luces de alg&uacute;n madrugador crucero. Siempre, desde que la conozco, cuando se sent&iacute;a ofendida por alguna discusi&oacute;n perdida, o rega&ntilde;ada por alg&uacute;n error que cre&iacute;a exclusivamente suyo, buscaba recomponerse en el primer rinc&oacute;n que encontraba, ya fuera en la cocina o la sala, incluso tras las cortinas de nuestra habitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;No quer&iacute;a recordar nada de esto Camilo, y mucho menos tener que detallarlo para cumplir con tu masoquista deseo. Me duele tanto saber que sufres y te haces da&ntilde;o al imaginar lo que te cuento. &mdash;Le digo, tan pronto como por el rabillo del ojo observo que relampaguea su encendedor.<\/p>\n<p>&mdash;Ni yo mismo me entiendo Mariana, pero es una necesidad. Lo ha sido desde que me enter&eacute; que me hab&iacute;as puesto los cachos con &eacute;l. Busqu&eacute; en nuestro pasado las posibles razones. Mi amor y mis atenciones la ten&iacute;as. Una familia con las comodidades que muchas otras no ten&iacute;an, tambi&eacute;n. Tu herencia a salvo, bien administrada por tus hermanos. No hall&eacute; que pudo hacerte falta, en todo lo analizado, cari&ntilde;o te sobraba, as&iacute; que no supe en que te fall&eacute;. Por lo tanto como conclusi&oacute;n, puse en dudas mi hombr&iacute;a. Mi ego masculino estaba lastimado y como no supiste responderme nada cuando llegu&eacute; a la casa para confrontarte, lo m&aacute;s l&oacute;gico fue suponer que lo hab&iacute;as hecho porque finalmente te enamoraste de ese hijueputa Don Juan de vereda. Por su apariencia de modelo de revista, muy acorde a tu belleza f&iacute;sica, y con seguridad por sus dotes en la cama. &iexcl;Yo que s&eacute;!<\/p>\n<p>&mdash;No me enamore de &eacute;l, ya te lo he dicho. Y s&iacute;, es un tipo de hombre muy bello, sumamente atractivo, pero t&uacute; mi vida, no te le quedas atr&aacute;s. &iquest;Dotes? Pues si hablamos de virtudes, cielo, en verdad que en eso t&uacute; lo superas.<\/p>\n<p>&mdash;Ser&aacute; que despu&eacute;s de todo, yo&hellip; &iquest;Te puedo creer?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ok! Entonces para confirmar lo que te estoy diciendo, vamos a tener que soportar un rato m&aacute;s, yo lastim&aacute;ndome con mis pensamientos y t&uacute;, agonizando al conocer cada momento. &iquest;Estamos, cielo? &mdash;Y Camilo asiente, mientras expulsa una gran bocanada de humo, que se eleva hacia el cielo raso de madera, y yo regreso con mi mente al punto exacto donde me qued&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Jos&eacute; Ignacio hab&iacute;a estacionado frente a la entrada de un motel al lado de la carretera, pocos kil&oacute;metros antes de las casetas del ultimo peaje. Con su sonrisa de machito presumido me mir&oacute; sonriente, y yo solo atin&eacute; a levantar mis hombros. &iquest;Por qu&eacute; no? Pens&eacute;, pues era apenas l&oacute;gico que se diera esa situaci&oacute;n. Nos hicieron seguir hasta una caba&ntilde;a ubicada al fondo del complejo de aparta suites y al ingresar con el auto al garaje y descender, la chica que se encarg&oacute; de indicarnos las comodidades del lugar, al verlo a &eacute;l semidesnudo, mostr&oacute; un gesto de sorpresa.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;C&oacute;mo te das cuenta, ten&iacute;a un poquitico de af&aacute;n y he comenzado antes! &mdash;Intervine a modo de broma para aliviar la tensi&oacute;n del momento, y su sonrisa plena de complicidad le ilumino el rostro. Pedimos un par de cervezas y un cuarto de aguardiente. Dos hamburguesas y bastantes papitas a la francesa pues ya ten&iacute;amos hambre. S&iacute; mi vida. &iexcl;Esa clase de hambre!<\/p>\n<p>&mdash;Tras quedarnos solos sucedi&oacute; pr&aacute;cticamente lo mismo que ya te cont&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; me contaste de &eacute;l? No lo recuerdo. &mdash;Extra&ntilde;ado le pregunto a Mariana, interrumpi&eacute;ndola moment&aacute;neamente.<\/p>\n<p>&mdash;Pues lo de K-Mena, cielo. Fue tan similar a lo que ella y yo imaginamos, que mientras &eacute;l me empujaba contra la puerta de la habitaci&oacute;n, encerr&aacute;ndome con su abrazo, bes&aacute;ndome la boca muy apasionado, y estruj&aacute;ndome las nalgas de paso con su otra mano, mentalmente me carcajee. Igual de brusco en sus caricias, torpes sus manos al querer arrebatarme la ropa y afanado en poseerme.<\/p>\n<p>&mdash;Me aparte de &eacute;l, sin mi blusa ni mi falda de jean puestas. Obviamente sin la tanga blanca que se qued&oacute; tirada en el tapete derecho de su autom&oacute;vil, al igual que sus pantaloncillos del otro lado. Le dije que me dar&iacute;a una ducha y me encerr&eacute; en el ba&ntilde;o para escribirte un mensaje, como siempre a la hora habitual, para preguntar que hac&iacute;as y como estaban, mi hombrecito y mi hombrezote.<\/p>\n<p>&mdash;Un te amo en letras may&uacute;sculas, y tras esas cinco letras un coraz&oacute;n rojo titilando en la pantalla. Finalizaron el mensaje. &iquest;Qu&eacute; sent&iacute; al terminar de escribir y ver que lo hab&iacute;as le&iacute;do, pero pasaban los minutos y no me respond&iacute;as? Molestia primero y despu&eacute;s mientras me ba&ntilde;aba&hellip; &iquest;Inquietud? S&iacute;, un poco. Por lo que hab&iacute;a hecho y lo que estaba por hacer.<\/p>\n<p>&mdash;Por eso decid&iacute; bloquearte de mi mente y colocar en vibrador mi tel&eacute;fono, pues analic&eacute; la situaci&oacute;n. Contigo ten&iacute;a una charla pendiente, donde al anochecer te pedir&iacute;a excusas, dando mi brazo a torcer, y ten&iacute;a en marcha un plan que no podr&iacute;a fallar. &iexcl;Es solo sexo! Me dije a mi misma, mientras sal&iacute;a a su encuentro con mi brasier deportivo puesto y la toalla atada a mi cintura. No voy a hacer el amor, volv&iacute; a pensar, para auto convencerme y justificar mi traici&oacute;n. &iexcl;No con este tipo que ahora me besa la nalgas! &mdash;De seguro que a Camilo se le estar&aacute;n hinchando las pelotas de solo escucharme, aunque beba y fume al mismo tiempo que lo hago yo.<\/p>\n<p>&mdash;Me empuj&oacute; de espaldas sobre la cama &ndash;prosigo sin darle un respiro&ndash; y su boca hizo tr&aacute;nsito desde mis pies hasta la parte interna de mis muslos y los dedos de sus manos separaron mis nalgas, posando su boca en cada uno de ellos, con lamidas y mordiscos tiernos, hasta que su lengua hizo blanco sobre mi ano. All&iacute; dur&oacute; una eternidad, chupando y catando el sabor de mi asterisco, hurgando con su pulgar. S&iacute;, sent&iacute;a delicioso, pero esa parte de mi cuerpo era una parcela vedada, donde &eacute;l no podr&iacute;a sembrar. As&iacute; que me gir&eacute; completamente y con mi mano sobre su cabeza, le indiqu&eacute; lo que tendr&iacute;a que hacer.<\/p>\n<p>&mdash;Una situaci&oacute;n tan cotidiana en mi vida de casada, era a las claras diferente. No me sent&iacute;a c&oacute;moda con la manera en la que su barba de dos d&iacute;as me causaba picores en el pubis y la lengua, exploraba bruscamente por mi vulva y fisgoneaba muy poco en mi vagina. Inexperto salt&aacute;ndose pliegues, falto de tacto apretando cuando no se debe, y acelerado para meterme al inicio en vez de uno, dos de sus gruesos dedos.<\/p>\n<p>&mdash;Me tuvo a punto, despu&eacute;s de indicarle como hac&eacute;rmelo, recordando tu experta manera de comerme el chocho y pasarle a &eacute;l la informaci&oacute;n, moviendo mis caderas o hal&aacute;ndole de la melena su cabeza, todo a modo de manual de instrucciones, pero por apresurado y desobediente no me llev&oacute; a un m&iacute;sero orgasmo. Solo ten&iacute;a en su mente follarme y lo intent&oacute;, al acomodar su cadera y guiar con la mano su falo endurecido para clav&aacute;rmelo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vas muy r&aacute;pido querido! Parece que no supieras que a la yegua primero se le acaricia el lomo para calmarla antes de ensillarla. Y adem&aacute;s no me has preguntado si me estoy cuidando para darte v&iacute;a libre de met&eacute;rmelo sin cond&oacute;n. &iquest;As&iacute; eres con todas? &iexcl;Pufff! Qu&eacute; peligro culiar contigo. &mdash; Le fustigu&eacute; por su ego de macho dominante, y ech&eacute; hacia arriba mi cuerpo retir&aacute;ndome a tiempo, evitando que su verga que ya se deslizaba entre la humedad de mi raja, se deslizara dentro de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mejor hazte ac&aacute;, boca arriba y deja que termine con lo que empec&eacute;! &mdash;Le dije y &eacute;l sorprendido por mis palabras, sumiso se acost&oacute; en la cama tal cual se lo orden&eacute;.<\/p>\n<p>Es momento de sentarme, no s&eacute; si de frente o en diagonal a Camilo. Ya no llora, tampoco su cara la veo consternada. No est&aacute; a gusto con mi descripci&oacute;n tan meticulosa, es evidente, pero aguanta con valent&iacute;a el ardor con el que mis palabras, quiz&aacute; demasiado honestas escenificando los hechos, se le clavan como dagas en su pecho. &iexcl;De frente me sentar&eacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Indudablemente estaba excitada, igual o m&aacute;s que &eacute;l. Me mont&eacute; encima de su cuerpo al contrario, con su cabeza a la altura de mis rodillas y para sus ojos avellanas el regalo de tener m&aacute;s cerca todo el panorama de los labios de mi vulva hinchados por las ganas, babeantes por el flujo que sent&iacute;a escurrir desde el interior de mi vagina. &mdash;Camilo pr&aacute;cticamente sorbe las ultimas gotas en su vaso, y en el cenicero presiona con fuerza la colilla de su &laquo;Marlboro&raquo;. Le choca mi confesi&oacute;n, tanto como a m&iacute;, relat&aacute;rsela.<\/p>\n<p>&mdash;Decid&iacute; comenzar suave la paja con mi mano, y luego escupiendo abundante saliva sobre su miembro, increment&eacute; la frecuencia del sube y baja. Se relaj&oacute;, jade&oacute; y gimi&oacute;. Aminor&eacute; el ritmo de mis zarandeos manuales y apoy&eacute; en la apertura de su uretra el dedo pulgar para amontonar todo lo que Nacho hab&iacute;a lubricado hasta ese instante. Me regodee tortur&aacute;ndolo, suavemente acariciando en forma de espiral su glande, y tal cual como lo hag&hellip; Como lo hac&iacute;a contigo, recog&iacute; su flujos raspando con la u&ntilde;a para llev&aacute;rmelo a la boca y chupar, como me sucede con los envases de yogurt griego, cuando recojo con el dedo lo poco que queda en la tapa de aluminio y las paredes, antes de llev&aacute;rmelo a la boca. &mdash;Un gesto de asco y repugnancia percibo en el rostro de mi esposo, a pesar de que lo quiera disimular al ponerse en pie y pinzar entre sus dedos ambos vasos hu&eacute;rfanos de tequila y jugo de naranja.<\/p>\n<p>&mdash;Aprovech&oacute; para sujetar mis piernas con sus manos, esforz&aacute;ndose por abr&iacute;rmelas. Paulatinamente fui cediendo, las abr&iacute; m&aacute;s para &eacute;l y para sus dientes, que mord&iacute;an con mesura la parte interior de mis muslos. Yo, despu&eacute;s de lamerme el dedo, lo pase&eacute; por mi raja, unt&aacute;ndolo de mi excitaci&oacute;n y lo llev&eacute; a su boca entreabierta, mientras le estrujaba los test&iacute;culos con la otra y hasta le met&iacute; un poco mi dedo coraz&oacute;n en su culito. &ndash;Voltea su cabeza para mirarme y por eso est&aacute; regando el jugo por fuera de mi vaso&ndash; Lo hab&iacute;a visto hacer varias veces en las pel&iacute;culas porno que ve&iacute;amos juntos, pero por guardar contigo una imagen m&aacute;s puritana, jam&aacute;s lo intent&eacute; hacer. Pero con &eacute;l, tan ajeno a m&iacute; recatada vida matrimonial no, y me atrev&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Escup&iacute; dos veces m&aacute;s en mi mano y se la sujet&eacute;, temiendo a que se me resbalara de las manos, &ndash;como si fuera arena fina de estas playas&ndash; y se la apret&eacute; con fuerza con la izquierda. Lo hac&iacute;a mejor, ya no le hac&iacute;a da&ntilde;o. Y sin embargo a&uacute;n sent&iacute;a un poco de miedo y por otra parte una especie de&hellip; &iquest;Piedad? Humm, s&iacute;, eso era. Misericordia al tenerlo entre mis manos. Un pedazo de palpitante carne viva, entregado e indefenso, como el pollito que nos regalan de ni&ntilde;os en la granja, y tememos que al resguardarlo entre nuestras peque&ntilde;as manos, lo terminemos por aplastar.<\/p>\n<p>&mdash;Afloj&eacute; un poco el agarre y deslic&eacute; mi mano hacia abajo, hasta la base y de vez en cuando mientras lo pajeaba me fijaba en su rostro y en sus redondos ojos desorbitados y abiertos. Luego cerrados, con sus curvas pesta&ntilde;as negras y espesas, tan imponentes como las m&iacute;as, trazando una l&iacute;nea divisoria entre sus p&aacute;rpados arrugados. Lo ten&iacute;a a mi entera disposici&oacute;n, seducido por las yemas de mis dedos y la humedad caliente de mi boca, rendido y derrotado en su atrevimiento por dominarme. Te confieso que para m&iacute;, supuso un esfuerzo tit&aacute;nico aguantarme las ganas de cambiar de postura y acaballada sobre su cintura, incrust&aacute;rmelo para saciar mis ganas de verga&hellip; &iexcl;Y las suyas de mi cuca!<\/p>\n<p>&mdash;Pero no quise asumir el riesgo de perderlo, &ndash;Camilo me mira como un culo, extra&ntilde;ado y ofendido&ndash; si me le entregaba por completo y ser una m&aacute;s, como lo has pensado, de sus conquistas. Demasiado f&aacute;cil lo ver&iacute;a &eacute;l, y mi apuesta por apartarle de la tentaci&oacute;n que supon&iacute;a, tras los &uacute;ltimos alcances sexuales de K-Mena, la perder&iacute;a tras pocos orgasmos.<\/p>\n<p>Camilo caballeroso me alcanza el vaso. Antes de probar como le qued&oacute; el coctel, quiero prenderme un nuevo cigarrillo. &iexcl;Buaghh! &ndash;Te ha quedado un poco fuerte. &iquest;No crees, cielo?&ndash; Le reclamo sonriente pero tan solo enrolla hacia abajo su labio inferior y me levanta los hombros. &iexcl;En fin, muchas gracias!<\/p>\n<p>&mdash;&laquo; &iexcl;Probando de a peque&ntilde;os mordiscos, se disfruta m&aacute;s el sabor, la textura y la preparaci&oacute;n de las carnes!&raquo;. &mdash;Record&eacute; que era tu frase favorita cuando te apuraba a almorzar. Y cre&iacute; oportuno hacerle conocer a Nacho que yo no formar&iacute;a parte de su colecci&oacute;n y que por el contrario ser&iacute;a la obra de arte deseada pero casi inalcanzable. Sabia por su mirada que mis tetas era su obsesi&oacute;n, aunque dijera a los cuatro vientos que le parec&iacute;an un par de huevos fritos, y que mi culo era el durazno al cual le gustar&iacute;a darle un buen mordisco. O sea cielo, que ten&iacute;a con qu&eacute; mantenerlo interesado y quiz&aacute;s, hasta de provocar que se enamorara de m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Escuch&eacute; un quejido de placer escaparse de su garganta cuando le estruj&eacute; los test&iacute;culos, y en la palma de mi mano, la presi&oacute;n en sus arterias y venas, me indicaron la proximidad de su orgasmo. &ndash; &iquest;Te quieres venir tan pronto, papacito?&ndash; Con seductor sarcasmo le pregunt&eacute;, acariciando levemente su babeante meato.<\/p>\n<p>&mdash;Ufff, sigue Meli. &iexcl;Aghhh! Sigue bizcocho, que ricooo&hellip; Estoy a punto de&hellip; &iexcl;Me vengooo! &mdash;Y explot&oacute; en un poderoso orgasmo que le hizo alzar las caderas, tensionar los m&uacute;sculos de las piernas y juntar sus pies, refregando uno sobre el otro, para terminar expulsar su semen usando mi mano como si fuese una lanzadera de cohetes, alcanzando a salpicar mi mejilla y precipitarse en gruesos goterones sobre el marcado vientre y otro tanto en su pubis.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y yo qu&eacute;? &mdash;Le inquir&iacute;, sin pretender llegar a nada m&aacute;s. &iexcl;Te lo juro! Solo se lo mencion&eacute; para hacerlo sentir mal.<\/p>\n<p>&mdash;D&eacute;jame descansar unos minutos, bizcocho. Ver&aacute;s c&oacute;mo me repongo y te picho por delante o por detr&aacute;s. &mdash;Me respondi&oacute; como siempre, &ndash;sin caballerosidad ni decoro&ndash; removiendo con su pulgar el viscoso goter&oacute;n de su corrida, que se hab&iacute;a estrellado sobre el lampi&ntilde;o vientre.<\/p>\n<p>Camilo enciende uno de sus rubios, bebe su coctel hasta dejarlo a la mitad y toma distancia, hasta hacerse en la otra esquina, dejando tras de s&iacute; una espesa humareda. Se cruza de brazos, resguardando tras de ellos la desnudez de su pecho y suspira profundamente. &iexcl;Debe tener aparte de dolor, algo de frio!<\/p>\n<p>&mdash;Mientras Nacho permanec&iacute;a reposando del cl&iacute;max alcanzado, &ndash;pensando quiz&aacute;s en hundirme m&aacute;s tarde su verga en mis entra&ntilde;as&ndash; salt&eacute; de la cama y fui por la cerveza y un cigarrillo.<\/p>\n<p>&mdash;Que rico me orde&ntilde;aste la verga, Meli. &iexcl;Eres incomparable! &mdash;Fue lo &uacute;nico que mencion&oacute; y suspiro para luego cerrar sus ojos.<\/p>\n<p>&mdash;Me recost&eacute; del otro lado de la cama y beb&iacute; con sorbos cortos pero seguidos para calmar mi sed. Fum&eacute; despacio tomando conciencia del contexto de la situaci&oacute;n y del paso que hab&iacute;a dado. &iquest;Oportunidad por aprovechar a mi favor o craso error para joder mi matrimonio? Fuese como fuera, Jos&eacute; Ignacio se acomod&oacute; de medio lado, ech&aacute;ndome su pierna derecha por encima de las m&iacute;as, y su brazo descans&oacute; sobre mi vientre.<\/p>\n<p>Veo a mi esposo pasear la mano derecha semi cerrada por su frente, entre dos de sus dedos se desplaza igualmente su cigarrillo, y en su mente por el gesto, con seguridad se estar&aacute; diciendo&hellip; &laquo; &iexcl;Eso lo hac&iacute;a con ella, exclusivamente yo!&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Era medio d&iacute;a cuando ingresamos a la habitaci&oacute;n, y me despert&eacute; sobresaltada, mirando por el resquicio que las cortinas por la mitad dejaban observar al exterior, la tenue claridad de la luz que huye, anunciando el anochecer. Me enderec&eacute; de un salto, asustada y mi coraz&oacute;n latiendo desbocado. Me hab&iacute;a quedado dormida y junto a mi estaba &eacute;l, mir&aacute;ndome embelesado la teta derecha y sus dedos girando sobre mi areola, rozando el pez&oacute;n, apoyado en su antebrazo. , Volv&iacute;a a habitar en m&iacute;, tu santa Mariana visti&eacute;ndose en un santiam&eacute;n, pellizc&aacute;ndole el culo al hombre con el que Melissa hab&iacute;a pecado.<\/p>\n<p>&mdash;Me puse en pie como un resorte y me met&iacute; a la ducha para asearme y Nacho se acerc&oacute; con otras intenciones. Lo empuj&eacute; para que me dejara ba&ntilde;ar a solas y el sorprendido me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Pero qu&eacute; pas&oacute; bizcochito? &iquest;Acaso nos vamos a marchar sin culear?<\/p>\n<p>&mdash;A ver c&oacute;mo te lo explico, querido. &ndash;Le respond&iacute; mientras me juagaba el cabello con rapidez. &ndash; Desaprovechaste tu oportunidad y te quedaste dormido. Al parecer eres de esos hombres que son puro polvo de gallo. Y adem&aacute;s, &iexcl;Roncas como una foca! Ap&uacute;rate a vestir y pagar el rato, que tengo el tiempo justo para llegar a recoger mi auto. &mdash;Resignado y bastante malhumorado, sali&oacute; del ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>Camilo contin&uacute;a alejado y pensativo, &ndash;su mirada perdida en las trazas de claridad de su horizonte&ndash; con sus manos sobre la baranda de madera y la colilla sofocada, consumida como debe estarlo su alma; sostiene con dos dedos, el vaso de cristal desocupado, y patiabierto permanece semi recostado, con el nudo de la toalla peligrosamente flojo en su cintura.<\/p>\n<p>&mdash;Mientras recorr&iacute;amos los pocos metros faltantes para llegar a la salida del motel, &ndash;le digo mientras me voy acercando&ndash; tom&eacute; m&iacute; bolso y revis&eacute; mi tel&eacute;fono m&oacute;vil. Una llamada perdida de Diana, dos mensajes de texto de K-Mena y de ti, cielo, ni una palabra, menos a&uacute;n alguna llamada perdida por la cual preocuparme.<\/p>\n<p>&mdash;Otra mujer en mi situaci&oacute;n, &ndash;pens&eacute;&ndash; quiz&aacute; se hubiera alegrado de pasar inadvertida para su marido, pero para m&iacute; si fue una evidente se&ntilde;al de que te hab&iacute;a molestado mucho mi comportamiento en esa fiesta, y que afligido, con tu confianza destrozada, permaneciste todo un fin de semana despreocupado por m&iacute;, la amada mujer de tu vida. As&iacute; que pens&eacute; que llegar a casa para pedirte perd&oacute;n, no era ya la mejor soluci&oacute;n a&hellip; &iexcl;Mis putas cagadas!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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