{"id":43100,"date":"2023-09-09T11:39:56","date_gmt":"2023-09-09T11:39:56","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-09-09T11:39:56","modified_gmt":"2023-09-09T11:39:56","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-33","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-33\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (33)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43100\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 24<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Recordar es&hellip; &iquest;Amarse un poco?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Entonces todo?&hellip; &ndash;Trago saliva. &ndash; Lo que pas&oacute; esa noche entre los dos fue un&hellip; &iexcl;&iquest;Me manipulaste, Mariana?! &mdash;Le grito mientras veo que nuestra lejan&iacute;a, se acorta.<\/p>\n<p>&mdash;Por favor cielo, no levantes tanto la voz que vas a&hellip; &mdash;Con algo de indecisi&oacute;n, posa la palma de su mano sobre mi hombro desnudo y la miro con llamas en mis ojos.<\/p>\n<p>&mdash;Me importa culo y medio si se despierta la isla entera. &iexcl;Dime! &iquest;Todo fue un enga&ntilde;o?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Noooo! No mi vida, para nada cielo. &iexcl;Te lo juro! &mdash;Me responde acerc&aacute;ndose m&aacute;s a m&iacute; y desplaza su mano desde mi hombro izquierdo, arrastrando la palma por las escapulas, hasta situarlo en el opuesto.<\/p>\n<p>Su frente la apoya en el espacio libre que ha dejado instantes antes y escucho con claridad sus lamentos. Llora y se fatiga, percibo como se le expande el pecho, y ahora, como se le contrae. Le falta ox&iacute;geno por su intranquilidad y&hellip; &iexcl;Me contagia de su amargura y de la fiebre por el cruel agobio!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Te amooo, mi vida! Perd&oacute;nameee, cielo. &iexcl;Lo siento! Lo&hellip; Lamen&hellip; Tant&hellip; &mdash;Murmura, mientras necesitada de piedad con su otro brazo, &ndash;por delante de los m&iacute;os y mi pecho&ndash; busca abarcarme, y el hilito de su voz se desvanece tras un sentido suspiro, precedido por la cascada de sus l&aacute;grimas y los angustiantes lamentos que no se detienen.<\/p>\n<p>Mientras que ella llora avergonzada, analizo como Mariana ha roto con su proceder, el manido tab&uacute; de la infidelidad con el que me cri&eacute;. Es falso que los hombres tengamos un mayor deseo sexual que ellas, y que por lo mismo promulguen que no logramos saciar nuestras ganas de sexo dentro de nuestro hogar, y aprovechamos cualquier oportunidad fuera de casa para echarnos una canita al aire, o busc&aacute;ndola a como d&eacute; lugar en antros ocultos y en publicaciones ya no tan escondidas de las &uacute;ltimas p&aacute;ginas en el peri&oacute;dico vespertino, con cualquier mujer que con su imagen llene nuestras retinas, y que por supuesto, nuestras billeteras puedan costear el rato.<\/p>\n<p>Ese pensamiento est&aacute; por lo visto, mandado a recoger para estas &eacute;pocas. Mariana tambi&eacute;n siente y desea, muy consciente que atrae demasiadas miradas por su &eacute;lfica belleza, y ella&hellip; &iexcl;Ella tambi&eacute;n echa una ojeada y se antoja! Como yo disimulado lo hac&iacute;a con Natasha. Como mir&eacute; en algunas ocasiones de reojo a Liz, aprovechando los inocentes descuidos, siempre presentes al agacharse sobre la mesa de dibujo, rogando para que la tela de su blusa se le abombara o entreabriera, precisamente entre los dos peque&ntilde;os botones nacarados y me permitiera divisar los tres lunares peque&ntilde;os con su centenar de diminutas pecas como s&eacute;quito, entre el ca&ntilde;&oacute;n de sus senos.<\/p>\n<p>O como he deseado llegar a m&aacute;s con Maureen, mientras retoz&aacute;bamos semidesnudos en mi caba&ntilde;a con las tardes calurosas como excusa, y a escondidas de sus padres estas &uacute;ltimas semanas; ella tan virginal y acalorada, preocupada por contrarrestar con su belleza morena mi desesperanza blanca, y yo&hellip; Trasnochado, apestando a tres cajetillas de cigarrillos y varios six pack de cerveza, con Mariana ocupando con su ins&oacute;lita traici&oacute;n mis neuronas. Los dos pecadores. &iexcl;Ella y yo tan mundanos!<\/p>\n<p>&iexcl;Y no! No pretendo justificar el hecho de haberme hecho vivir dentro de una farsa, desmoronando la s&oacute;lida confianza que le ten&iacute;a. Quiz&aacute;s tan solo intento analizar coherentemente su traici&oacute;n, &ndash;en un vano intento de amainar mi dolor&ndash; buscando ejemplos para dejar en claro y en ins&oacute;lito equilibrio, la balanza de los hechos.<\/p>\n<p>Y que ahora, las mujeres y los hombres no somos tan diferentes con nuestros introspectivos deseos. Que Mariana pudo sentirse perdida en ellos muchas veces, sin pretender da&ntilde;arme, aprovechando todas esas ocasiones para terminar busc&aacute;ndome despu&eacute;s en nuestra cama, tras estar acariciando, &ndash;obligada o no&ndash; cuerpos desconocidos.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; el trasfondo del problema no era la infidelidad en s&iacute; misma. Tal vez la cuesti&oacute;n era el temor mental y moral, al descubrirse desleal pero a la vez poderosa en aquella nueva vida, y que su sexualidad, atajada al vivirla recatada junto a m&iacute;, era lo que interiormente deseaba, sin pretender desprenderse de su familia, ni desilusionarse de la que maritalmente ya viv&iacute;a a mi lado, romantizando que eso nos har&iacute;a libres de tab&uacute;es y m&aacute;s unidos, a pesar de sus quimeras.<\/p>\n<p>Creo que Mariana lleg&oacute; a pensar qu&eacute; de esa forma, nos dejar&iacute;a abierta la oportunidad de no tener miedo a perdernos una o m&aacute;s veces, ella con su &laquo;Nachito de la malparida verga&raquo; y yo con mi adolescente y rubia vecinita, si reconoc&iacute;amos que ese era el mejor camino para echarnos en falta y nocturnamente reencontrarnos tan enamorados como siempre, pero mucho m&aacute;s apasionados bajo las s&aacute;banas o sin ellas, en nuestra cama.<\/p>\n<p>Era su derecho de vivir, s&iacute;. Pero igualmente estaba ella en el deber de expres&aacute;rmelo sin rodeos ni mentiras. Y yo, como esposo enamorado ten&iacute;a el deber de escucharla, pero igualmente, el derecho a debatir sus ideas, y Mariana, de aceptar mi decisi&oacute;n, favorable o no, a sus pretensiones.<\/p>\n<p>Tras estos minutos de resguardarnos en este tenso silencio, sin decirnos una sola palabra, Mariana por seguir llorando y yo por estar pensando tanto, &ndash;sin intentar siquiera detener mi llanto&ndash; siento en mi pecho como afloja la tensi&oacute;n de su brazo y su respiraci&oacute;n se hace m&aacute;s pausada. Curiosamente tambi&eacute;n, me he tranquilizado.<\/p>\n<p>&mdash;Durante los dos d&iacute;as sin ti, &ndash;decido iniciar con mis descargos&ndash; tuve tiempo para pensar en lo sucedido mientras observaba a Mateo jugar en el arenero del parque m&aacute;s grande, el que est&aacute; al frente de nuestra urbanizaci&oacute;n. &iquest;Fuiste culpable de hacerme sentir mal? Fue lo primero que me pregunt&eacute;. &iexcl;Evidentemente, s&iacute;! Me respond&iacute; agobiado, pero Mateo con su tierna voz me llam&oacute;, emocionado tras escuchar al vendedor de helados gritar la variedad de sabores que llevaba dentro de su colorido carrito, y con su infantil dicha, usurp&oacute; de mi mente aquella angustia existencial. Corr&iacute; tras sus cortos pasos y un billete de veinte arrugado entre mi mano.<\/p>\n<p>El c&aacute;lido contacto entre la piel de su frente y la epidermis de mi hombro desnudo, se desvanece. Su brazo se descuelga perezoso por mi espalda, al igual que lo replica Mariana con el izquierdo. &iexcl;Y ahora siento frio! Dos pasos le son suficientes para alejarse en reversa y retirar por el espaldar, una de las sillas no utilizadas, dej&aacute;ndose caer pesadamente en ella. Lleva a la boca un nuevo cigarrillo y lo enciende, utilizando mi mechero.<\/p>\n<p>Pr&aacute;cticamente echa medio cuerpo por encima de la redonda mesa, con el brazo extendido sobresaliendo de la superficie de madera, y entre los dedos de esa mano, mantiene retenido su cigarrillo y mi encendedor. Decido por lo tanto que es mejor quedarme aqu&iacute;, &ndash;de pie y aferrado a dos manos al barandal&ndash; pues as&iacute; puedo dominar las ganas que tengo de retorcerles imaginariamente los pescuezos hasta matarlos, a aquellos tres hijos de puta que convirtieron mi matrimonio en una porqueriza.<\/p>\n<p>&mdash;Me pregunt&eacute; incluso, &ndash;mientras para almorzar solicitaba al camarero el mismo men&uacute; infantil, para que Mateo obtuviera en lugar de uno, dos K&iacute;nder sorpresas&ndash; si mis celos eran injustificados, o si lo que mis ojos hab&iacute;an observado en tus gestos y en aquellos pronunciados movimientos de tu cuerpo al bailar con esos hombres, varios de ellos desconocidos para m&iacute;, fueron premeditados. Y s&iacute; lo hiciste exclusivamente para destacarte entre todas las dem&aacute;s mujeres que mostraban m&aacute;s piel con sus disfraces, o particularmente para castigar mis ojos por mis infundadas prevenciones.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Acaso me estaba convirtiendo en el t&iacute;pico macho controlador e irracional? &iquest;Me faltaba autoestima a m&iacute;, despu&eacute;s de tantas luchas ganadas para poder surgir? &iquest;De cuando ac&aacute; yo era tan inseguro, al punto de que cada vez que mi esposa se alejaba, permanec&iacute;a con el temor de perder lo que cre&iacute;a que me pertenec&iacute;a, como si fueses una mercanc&iacute;a que yo hab&iacute;a comprado? Y odi&eacute; esa faceta desconocida que comenzaba a cambiar mi tranquila personalidad, mientras le daba otra mordida al pen&uacute;ltimo pedazo de pizza que mi peque&ntilde;o loquito me compart&iacute;a viendo sus videos favoritos en la televisi&oacute;n, disfrutando nuestra noche de &laquo;hombres&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;Obviamente record&eacute;, la no expresada sensaci&oacute;n de impotencia y humillaci&oacute;n que me hizo arder el pecho, todo por guardar las malditas apariencias, tras ver la manera tan expl&iacute;cita con la que ese malparido siete mujeres te apretaba sin disimular sus ganas por palpar esa cintura, &ndash;y con cuatro dedos se la oprime&ndash; arrimando con total desparpajo su verga, seguramente tiesa, contra la firmeza de tus nalgas. Y t&uacute;, Mariana&hellip; &iexcl;T&uacute; se lo permit&iacute;as!<\/p>\n<p>&mdash;Y si no se lo festejaste con aplausos, s&iacute; que lo hiciste con tus risas, dejando que te hablara melosamente al o&iacute;do, quien sabe que cantidad de obscenidades. &iexcl;A ti! La mujer a la que le disgustaba sobremanera la ramploner&iacute;a y la groser&iacute;a. Al menos a la esposa que unas horas atr&aacute;s, yo cre&iacute;a conocer como la palma de mi mano.<\/p>\n<p>&mdash;Quise pensar que te dejabas acariciar y amacizar, &ndash;por las mismas manos que ya se hab&iacute;an aferrado al tim&oacute;n del auto que te obsequi&eacute;, y que hasta esa fecha no me permit&iacute;as conducirlo&ndash; para mantener las apariencias ante los dem&aacute;s, y que el coqueto gui&ntilde;o aquel, dir&iacute;a yo que con lujuriosa complicidad, se lo obsequiaste deliberadamente para hacerme creer que manten&iacute;as el control de la situaci&oacute;n y entre ustedes dos no ocurr&iacute;a nada grave o anormal.<\/p>\n<p>&mdash;Simplemente pens&eacute;, que el &uacute;nico motivo por el qu&eacute; no pod&iacute;as quitarte de encima a ese pesado, y que el semblante con el que me observabas desde el centro de esa sala, se deb&iacute;a a tu intenci&oacute;n de demostrarme que estaba equivocado con mis presunciones, y que te comportabas as&iacute; para darme una lecci&oacute;n y hacerme ver que por m&aacute;s tentaciones que te rodearan, tu sabias comportarte como una leal se&ntilde;ora casada, que lo controlaba todo. &iexcl;Y a &eacute;l y a m&iacute;, nos dominabas!<\/p>\n<p>&mdash;Que la culpa de todo nuestro enfado, sin pretenderlo, fue exclusivamente m&iacute;a, debido a que te mir&eacute; mal y censur&eacute; la elecci&oacute;n de tu apretado y sexy disfraz de gata, pues inmediatamente cuando me lo ense&ntilde;aste, a mi mente lleg&oacute; la imagen de ese Playboy de playa, disfrutando cada curva que ense&ntilde;abas, morboseandote al aprovechar lo apretado que te que quedaba en los senos y sobre todo marcando la &laquo;V&raquo; de tu entrepierna, gracias a aquella segunda piel de l&aacute;tex. Y como un pendejo te di el beneficio de la duda. &iexcl;Me ech&eacute; encima toda la culpa!<\/p>\n<p>&mdash;Muy temprano ese domingo, cuando decid&iacute; salir a ejercitarme un poco, trotando despacio y pendiente de que nuestro hijo montado en su triciclo, ni se cayera y mucho menos fuese a chocar con alg&uacute;n otro ni&ntilde;o en la ciclo ruta, &ndash;intentando dejar de pensar en el mismo tema&ndash; recib&iacute; en mi m&oacute;vil tu mensaje. Sin las cari&ntilde;osas palabras de siempre, pero permanec&iacute;a constante tu inter&eacute;s por conocer como nos encontr&aacute;bamos y con cuales actividades ocupar&iacute;amos nuestro tiempo el resto del d&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Tan normal y casi puntual t&uacute; &laquo; &iexcl;Te Amo!&raquo; enmay&uacute;sculado, con el palpitante coraz&oacute;n rojo como siempre finalizando el mensaje que al mediod&iacute;a me informaba que estabas por salir a almorzar, y as&iacute;, realmente me despreocup&eacute; un poco y dej&eacute; de espantarme sabiendo que estabas trabajando junto a &eacute;l, para dedicarme de lleno a disfrutar con mi familia de un vespertino asado. Cuando pretend&iacute; hablar contigo por la tarde, se me atraves&oacute; providencialmente una llamada de Eduardo, para pedirme las caracter&iacute;sticas del piso de cer&aacute;mica que utiliz&aacute;bamos a la entrada de las casas, y despu&eacute;s de responderle aquella solicitud rara, le pregunt&eacute; por ti.<\/p>\n<p>&mdash;Y s&iacute; Mariana. F&iacute;jate que dio en el blanco con tu ajetreado fin de semana, seg&uacute;n &eacute;l, obteniendo prometedores resultados y a esa hora, precisamente, con esmero atend&iacute;as a un solter&oacute;n con ganas de familia, muy interesado en la sala de ventas. &iexcl;Prof&eacute;tica y alcahueta la excusa de ese calvo hijueputa, que me prometi&oacute; ser tu &aacute;ngel guardi&aacute;n!<\/p>\n<p>El viento es m&aacute;s frio a esta hora de la madrugada y decido entrar a la habitaci&oacute;n para tomar la bandeja a dos manos. De regreso al balc&oacute;n para tomar asiento frente a ella, &ndash;en esa mesa redonda&ndash; observo que Mariana permanece todav&iacute;a desgonzada. Meticulosamente, la botella de tequila y la del jugo de naranja las sit&uacute;o en toda la mitad. Formo una barrera con ellas, utilizando igualmente el cenicero para reforzar aquella frontera, y como si fuese a jugar contra Mariana una partida de &laquo;Batalla Naval&raquo;, por tablero coloco mi m&oacute;vil recostado contra el borde de la bandeja con la pantalla en horizontal y la cajetilla de cigarrillos semi abierta, con tres de los filtros amarillos sobresaliendo desiguales representando ser conos de misiles, obstaculizando su cierre, y que se convertir&aacute;n de aqu&iacute; en adelante en mis armas de destrucci&oacute;n interior. &iquest;Y mi encendedor?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Acabaste? &mdash;Me habla con su voz a ras de la mesa y la miro. El sonido parece provenir desde los recovecos de su pesta&ntilde;eo, con todo y su mirada apagada, sus ojos arrebolados y sin resplandores, carentes de brillos, de chispas y de ganas de revivir&hellip; &iquest;Su vida pasada?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pues como te parece que todav&iacute;a no! &iquest;Otro coctelito para retar al frio? &mdash;Le pregunto pero no espero su respuesta y voy prepar&aacute;ndolo primero en su vaso, luego lo har&eacute; con el m&iacute;o. Creo que es mejor seguir desahog&aacute;ndome, mientras Mariana se reacomoda en la silla y yo termino de menear su vaso.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No s&eacute; c&oacute;mo putas se te ocurri&oacute; llegar as&iacute; a nuestra casa esa noche! Como si no hubiese pasado nada. Reci&eacute;n saciada de tus ganas, y saludando a Mateo con besos cruzados en su frente y las mejillas, canjeando su carita de emoci&oacute;n al verte regresar despu&eacute;s de dos d&iacute;as sin tenerte a su lado, por esos alfandoques y los paquetes de achiras. Y a m&iacute; saludarme con un beso simpl&oacute;n en la boca, pero con esa expresi&oacute;n acusadora en tus ojos azules, indicando un&hellip; &laquo; &iexcl;Mas tarde tendremos que hablar!&raquo;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Qu&eacute; gran actuaci&oacute;n la tuya! &iexcl;Qu&eacute; hijueputas nervios de acero! Bes&aacute;ndonos con esos labios que hab&iacute;an recorrido, desde la boca hasta la verga de ese tipo. &iquest;No te dio arrepentimiento? &iquest;No te sentiste ni un poquito mal al abrazar entre tus brazos a nuestro peque&ntilde;o, sabiendo que esas mismas extremidades hab&iacute;an rodeado el torso de un hombre distinto al de su padre?<\/p>\n<p>&mdash;Y a m&iacute;, sin aparente preocupaci&oacute;n, con las yemas de tus dedos acariciar con tanta familiaridad la punta de mi nariz, dej&aacute;ndoles recorrer como era tu cari&ntilde;osa rutina, las curvas de mis labios hasta posarlos, &ndash;tras un gui&ntilde;o juguet&oacute;n&ndash; en el pe&ntilde;asco de carne como sol&iacute;as llamarle a mi ment&oacute;n, sin demostrar reconcomio porque con ellos hab&iacute;as sostenido y apretado la verga de ese hijueputa malparido, enardeci&eacute;ndolo y provoc&aacute;ndole, sabr&aacute; Dios, cu&aacute;ntos orgasmos. Y esas mismas manos que me acariciaron las mejillas, y esa lengua tuya con la que humedeciste el contorno de mis labios, las hab&iacute;as dejado palpar y saborear toda su asquerosa viscosidad.<\/p>\n<p>&mdash;Ahora que lo s&eacute;, que he escuchado lo que has contado&hellip; &iquest;Pretendes que te crea que no hubo enga&ntilde;o?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No! Por supuesto que no te enga&ntilde;&eacute;. &iexcl;Y s&iacute;! Obviamente me sent&iacute; como un reverendo culo. Tener que llegar a casa, al lado de mis dos hombres m&aacute;s amados, con la cruz del pecado a cuestas, no me hac&iacute;a sentir bien. &iquest;&iexcl;Pero qu&eacute; putas quer&iacute;as que hiciera!? Acaso que te dijera&hellip; &iexcl;Hola cielo, &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s?! Vengo de chuparle la verga al tipo que odias tanto, pero no te preocupes que solo fueron dos mamaditas, eso s&iacute;, sin tragarme nada y no dej&eacute; que me culiara. &iexcl;Pero por favor, obviamente deb&iacute;a disimular! &mdash;Le respondo a Camilo, alterada.<\/p>\n<p>&mdash;Antes de llegar, mientras conduc&iacute;a fui recreando en mi mente los pasos que deb&iacute;a seguir. Al abrir la puerta respir&eacute; profundamente y me tranquilic&eacute;. Primero abrazar a mi Mateo y despu&eacute;s saludarte como si entre t&uacute; y yo no hubiera ocurrido nada grave, aunque me har&iacute;a la victima de tus celos y te reprender&iacute;a por ello, charlando recostada en el sof&aacute;, frente a nuestra chimenea. Por eso despu&eacute;s de cenar y retozar con mi peque&ntilde;o en su cama, logrando que se durmiera con el calor de mi abrazo y el suave rastrillar de mis u&ntilde;as en su cabeza, decid&iacute; comunicarte que te perdonaba, pero qu&eacute; por tus acciones tan inmaduras y controladoras, &ndash;tras pensarlo muy bien&ndash; cre&iacute;a que la mejor soluci&oacute;n para evitarnos dolores de cabeza innecesarios, los dos deber&iacute;amos separarnos totalmente.<\/p>\n<p>&mdash;Recuerdo tu cara de susto, por supuesto que no te esperabas que de mi boca salieran esas palabras&hellip; Y dimitiste. No hubo oposici&oacute;n y me diste la raz&oacute;n. Te excusaste como ni&ntilde;o rega&ntilde;ado mirando al suelo, con tus ojos marrones brillantes con algo de humedad y ese leve gesto de temblor en tus labios. No quer&iacute;a que volvieras a hacerme sentir como una prostituta barata por vestirme a mi manera y con los trajes que a m&iacute; me hac&iacute;an lucir m&aacute;s bella o divertirme al bailar como se debe, la m&uacute;sica de moda. &mdash;Camilo continua observ&aacute;ndome, detallando cada movimiento, mientras su barbilla, &ndash;encajada entre la &laquo;U&raquo; formada por su dedo &iacute;ndice y el pulgar&ndash; persistentemente es acariciada.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&iacute;as que aprender a confiar en tu mujer, y saber que yo colocar&iacute;a los l&iacute;mites a aquellos que quisieran pasarles por encima, confundiendo mis ganas de esparcimiento, imaginando otras cosas con sus &laquo;pajazos mentales&raquo;. &mdash;Y por fin Camilo deja de mirarme detenidamente, entre enojado y sorprendido, abriendo la palma de su mano izquierda y extiende el brazo hacia m&iacute;, pues espera a que le devuelva su encendedor. &iquest;A qu&eacute; horas lo tom&eacute;?<\/p>\n<p>Mariana, con el cigarrillo consumido, sujeto entre la voluptuosidad de sus labios, inclina el cuerpo hacia adelante y acomoda ambos codos sobre la mesa. Entrecruza los dedos y al acoplarlos, forma un arco de albos nudillos donde c&oacute;modamente apoya su ment&oacute;n, y en aquella postura, me mira retadora con ese par de cielos, irradi&aacute;ndome con ese azul intenso y del cual ella est&aacute; consciente que asesina mis peores convicciones. &iexcl;Pero al menos he recuperado el encendedor y le prendo candela al m&iacute;o!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Lo hago por ti y me visto as&iacute; para ti, mi cielo! &ndash;Te dije y fue verdad. De hecho a&uacute;n lo siento as&iacute;. &ndash; Todo con el fin de que contin&uacute;es sinti&eacute;ndote orgulloso de caminar junto a m&iacute; y triunfador por tenerme a tu lado, as&iacute; los dem&aacute;s no lo supieran ni se lo imaginaran. &mdash;Me prestas tu encendedor. &iquest;Please?<\/p>\n<p>&mdash;Pero igual, cari&ntilde;osamente te mencion&eacute; que&hellip; &ndash; &iexcl;Uuufff!, aspiro un nuevo tabaco enrollado y entre la reinante humareda, siguen saliendo de mi boca las palabras. &ndash; &hellip; Para que no te sintieras frustrado, humillado u ofendido por Jos&eacute; Ignacio, ni yo sin pretenderlo, hacerte sentir menos que cualquier otro hombre que se propusiera cortejarme. Por lo mismo, deber&iacute;amos evitar a toda costa coincidir de nuevo en las reuniones empresariales los jueves en el bar y los viernes a fin de mes en otro lugar. Mucho menos en celebraciones de cumplea&ntilde;os y todos esos eventos sociales que surgieran en adelante.<\/p>\n<p>&mdash;Y en segundo lugar, te compensar&iacute;a por la traici&oacute;n que hab&iacute;a cometido horas antes, seduci&eacute;ndote tras dejar bien dormidito a nuestro hijo, con la clara intenci&oacute;n de entregarme por completo a ti, final y exclusivamente. Para m&iacute; fue importante d&aacute;rtelo, a pesar de que al hombre que ocupa mi mente y mi coraz&oacute;n, todos los d&iacute;as, al parecer no le dio la importancia que para m&iacute; fue hacerlo por primera vez. &mdash;Camilo lo niega moviendo su cabeza.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; fue una patra&ntilde;a m&iacute;a? S&iacute;, obviamente. Pero lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s en nuestra alcoba, para nada fue una ilusi&oacute;n o una quimera. Lo quise, lo propici&eacute; y lo am&eacute;. &iexcl;Fue inolvidable! Por eso me molesta que pienses y afirmes que te enga&ntilde;&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Y quiero que te quede muy claro, mi vida. Jam&aacute;s debido a &eacute;l, mucho menos pensando en alguien m&aacute;s, alcanc&eacute; mis orgasmos estando al lado, encima o debajo de ti. Te juro que tan pronto llegaba a nuestra casa, bloqueaba en mi mente esas traiciones. Me cambiaba el chip y era otra. Buscaba hacer el amor con la persona que so&ntilde;aba y con la que todav&iacute;a lo hago, que eres t&uacute;, mi cielo. &Eacute;l &uacute;nico macho en qui&eacute;n pensaba y deseaba. Y no por compasi&oacute;n o remordimiento. Con el &uacute;nico que se me mojan los pliegues de la raja sin siquiera tocarme un cabello, eres t&uacute;. Desde que te vi, desde que nos vimos, la qu&iacute;mica ha fluido entre los dos y logras calentarme cuando quieres, con tan solo una de tus miradas. As&iacute; como suena, as&iacute; como lo oyes.<\/p>\n<p>&mdash;En penumbras te vi ingresar al vestier para quitarte la ropa. Te deshiciste de tu chaqueta de mezclilla, la blusa y luego bajaste la cremallera frontal de la falda de jean, y la desabotonaste. Todo qued&oacute; tirado sobre el piso, a tus pies. Te quedaste &uacute;nicamente con el brassier y la tanga blanca puesta. Ahhh y tus medias tobilleras. Aparentemente te alistabas para dormir, o al menos eso fue lo que pens&eacute; y cerr&eacute; mis ojos. Todo se ha quedado grabado en mi mente porque s&iacute; que me import&oacute; lo que pas&oacute;, lo que hiciste y lo que te dejaste hacer por m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mentiroso, est&uacute;pido mentiroso! Me hiciste creer que dorm&iacute;as. Y yo pensando que te hab&iacute;as aburrido de esperar&hellip; &iquest;Entonces lo recuerdas bien?<\/p>\n<p>&mdash;Casi fue cierto. Es que te demoraste demasiado en el estudio, seg&uacute;n t&uacute;, confrontado datos.<\/p>\n<p>&mdash;En realidad, hac&iacute;a tiempo y de paso, colocaba algunas cosas en regla. Y&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; &iexcl;Y s&iacute;, Mariana. Perfectamente todo lo recuerdo! Nunca olvidar&eacute; esa sorpresa.<\/p>\n<p>&mdash;A media luz abr&iacute; el pen&uacute;ltimo caj&oacute;n, ya sabes, donde guard&oacute; la ropa interior deportiva para ir al gimnasio y del fondo tom&eacute; la caja con todo lo que hab&iacute;a comprado en el sex shop, e igualmente para respetar tu descanso, camin&eacute; hasta el ba&ntilde;o en puntas de pie y all&iacute; me encerr&eacute;. Me desvest&iacute; por completo e ingres&eacute; a la ducha para darme un ba&ntilde;o y asearme. Mientras me enjabonaba pens&eacute; en como lo har&iacute;a. Era seguro que continuabas enojado por todo lo que pas&oacute; en esa fiesta, a pesar de que no me hubieras reclamado nada y por el contrario te echaras la culpa encima.<\/p>\n<p>&mdash;Ten&iacute;a que hacer algo para resarcir la incomodidad moral que retorc&iacute;a mi conciencia, aceptando de buenas a primeras que fui una puta desagradecida, sinti&eacute;ndome tremendamente culpable. Seducirte a como diera lugar fue mi plan desde el comienzo. Por ello decidida, del juego tom&eacute; uno de los plugs anales. No el m&aacute;s grande pues apenas si hab&iacute;a probado mantener el peque&ntilde;o incrustado toda una tarde, y era muy inc&oacute;moda la sensaci&oacute;n. El mediano fue el que seleccion&eacute;, y as&iacute; me doliera al encaj&aacute;rmelo, deb&iacute;a asumir el ardor inicial y acostumbrarme a su tama&ntilde;o para que al final, si todo me sal&iacute;a bien, disfrutaras al culminar tu sue&ntilde;o y el m&iacute;o, dando fin con aquella fantas&iacute;a.<\/p>\n<p>Camilo agota su cigarrillo, al igual que de un sorbo termina el coctel. Se frunce de hombros y se frota las manos. En la piel de sus antebrazos, los vellos se le erizan como un campo de alhel&iacute;es.<\/p>\n<p>&mdash;Ven, cielo. Vamos para adentro que tienes frio. &mdash;Con voz cari&ntilde;osa lo convido.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Yo? Para nada. &iexcl;Aqu&iacute; estoy bien! &mdash;Me responde con obstinado recelo.<\/p>\n<p>&mdash;Claro, por supuesto mi vida, pero de todas formas la erizada que te has pegado, y esas tetillas arrugadas y puntiagudas, te delatan. &iexcl;Hombre, no seas porfiado! Yo llevo todo esto para adentro y t&uacute; enc&aacute;rgate de los dem&aacute;s. &mdash;Sin cruzarme debidamente la bata, con un pronunciado escote, pues se me habr&aacute; abierto al cambiar tanto de posici&oacute;n, tomo la bandeja con las botellas y los dos vasos. Camilo indeciso al comienzo, se pone en pie y se hace con las dos cajetillas, el cenicero y su encendedor. &iexcl;Ahh! Y obviamente el tel&eacute;fono celular.<\/p>\n<p>Mariana se planta frente al peque&ntilde;o escritorio y con elegancia vierte las bebidas en los dos vasos y mezcla con prudencia. Entre tanto decido ac&eacute;rcame al nochero del costado derecho de la cama y en cuya superficie coloco las dos cajetillas de cigarrillos, mi encendedor y el cenicero. Me siento agotado, tanto f&iacute;sica como mentalmente. &iexcl;S&iacute;, tengo frio! Camino descalzo hasta el ba&ntilde;o que ha permanecido iluminado y del estante tomo una de las batas blancas y dejo caer la toalla sobre la tapa del inodoro.<\/p>\n<p>Me queda algo corta, pero enseguida mi piel se abriga entre su esponjoso algod&oacute;n y al salir observo a Mariana sentada del lado izquierdo de la amplia cama, pensativa y meciendo la anaranjada bebida en su vaso de cristal. Asumo que es otro reto por superar.<\/p>\n<p>Direccionar mis pies al lado derecho, &ndash;para indicarle que no me encuentro intimidado por nuestra cercan&iacute;a&ndash; es el primero de los pasos. El siguiente ser&aacute;&hellip; &iquest;&iexcl;Me siento d&aacute;ndole la espalda!? O mejor y m&aacute;s diciente&hellip; &iquest;Quiz&aacute; sea mejor recostarme, apoyando mi cabeza en el tupido almohad&oacute;n? S&iacute;, efectivamente la segunda opci&oacute;n ser&aacute; la apropiada.<\/p>\n<p>De medio lado, me ofrece el nuevo coctel. Liberada de la entrega se recuesta contra el cabecero de la cama, con su coj&iacute;n como respaldo y encima de nuestras cabezas est&aacute; la serigraf&iacute;a de una paradisiaca playa, alargada y angosta, con sus arenas blancas lamidas por las olas de un mar en calma. Seguramente es de una isla diferente, pues ese lugar ahora lo desconozco. Lleva a sus labios el cigarrillo y aspira, m&aacute;s renuncia a retirarlo de su boca, y por la hendedura se le escapa entre brumas densas el humo. Gira su cabeza hacia m&iacute; para auscultarme con la intensidad de sus ojos azules, y que en este instante me reclaman atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Estaba segura de que al pararme del lado tuyo de la cama, con mi transparente tanguita brasile&ntilde;a de Lycra y el&aacute;stica seda, &ndash;con coquetas florecitas negras bordadas sobre la gasa&ndash; junto al brassier que completaba el sexy conjunto, sentir&iacute;as mi presencia y para cuando abrieras tus ojos, al verme pr&aacute;cticamente desnuda, entender&iacute;as perfectamente mis intenciones, dejando a un lado tu enojo. Pero simulaste tan bien que en verdad cre&iacute; que te hab&iacute;as quedado dormido y enojada porque al parecer se me hab&iacute;an da&ntilde;ado los planes, as&iacute; como estaba, baj&eacute; a la cocina para prep&aacute;rame alguna bebida caliente.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Un t&eacute;! &mdash;Le recuerdo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Te segu&iacute; furtivamente por el pasillo hasta las escaleras y te acompa&ntilde;&eacute;, escondido y mudo, igualmente indeciso entre seguir agazapado o asaltarte en la cocina y violarte sobre el mes&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Entonces lo recuerdas bien? &iexcl;Qu&eacute; detallista!<\/p>\n<p>&mdash;Como podr&iacute;a suceder eso Mariana, s&iacute; al igual que a ti te sucedi&oacute;, tambi&eacute;n para m&iacute;, contigo, fue mi primera vez, y mi emoci&oacute;n fue enorme por el &eacute;xito alcanzado.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Jajaja! &iquest;Es en serio? Hablas de eso como si se tratara del lanzamiento de alg&uacute;n cohete desde Cabo Ca&ntilde;averal.<\/p>\n<p>La ceniza de su cigarrillo peligrosamente atenta con derrumbarse sobre la colcha, por lo tanto coloco el cenicero en la mitad de la cama, entre su cadera y mi muslo, manteniendo una imaginaria divisi&oacute;n, previendo que tanta cordialidad no nos sobrepase.<\/p>\n<p>&mdash;Recuerdo que te mantuviste algunos minutos pensativa, y alejada de este mundo mientras en la tetera, el agua herv&iacute;a. &iquest;Pensabas en &eacute;l?<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No!&#8230; Bueno, s&iacute;. Pero para nada a&ntilde;or&aacute;ndolo como te lo imaginas. &mdash;Camilo boca arriba, cruza un pie sobre el otro y defraudado, suspira.<\/p>\n<p>&mdash;Ya te expliqu&eacute;, y no me cansar&eacute; de hacerlo hasta que comprendas que&hellip; &iexcl;De Jos&eacute; Ignacio no me enamor&eacute;! Supongo que me viste justo cuando pensaba en la capacidad de dominio que hab&iacute;a ejercido de repente sobre &eacute;l. No lograba comprenderlo del todo. &iquest;Si &eacute;l era un hombre tan atractivo y apetecido por tantas mujeres, y se hab&iacute;a llevado a la cama a quien sabe cuantas, me preguntaba qu&eacute; era lo que me hac&iacute;a tan atrayente para &eacute;l?<\/p>\n<p>&mdash;Anestesiada mi angustia por la bebida caliente y el silencio de la media noche, regres&eacute; a nuestra alcoba y de nuevo a tu lado me coloque de pie para apagar la luz de tu mesita de noche, pero tu mano atrap&oacute; en el aire a la m&iacute;a y me sorprendiste. &iexcl;Casi me matas del susto! Pero el asombro no fue exclusivamente m&iacute;o, lo compart&iacute; con tus ojitos caf&eacute;s, iluminados por la c&aacute;lida luz y chispeantes de deseo al verme vesti&hellip; Casi desvestida as&iacute;, para ti.<\/p>\n<p>&mdash;Tu dedos, los de esta mano, &ndash;y le tomo la zurda por encima del redondo cenicero y que descansaba sobre su t&oacute;rax&ndash; tocaron mi vientre, por debajo de mi ombligo y delicadamente de rev&eacute;s, recorrieron hacia abajo mi anatom&iacute;a, hasta dar con el raso decorado de mi tanga, para descubrir que la tela apenas cubr&iacute;a mi monte de venus y bajo ella los recortados vellos p&uacute;bicos. Pero por la mitad, por el surco de los placeres se agotaba la seda y quedaba mi vulva expuesta a la aventura de las yemas de tus dedos.<\/p>\n<p>Mariana me da la espalda un segundo. Recoge su coctel y bebe un trago. Gira el cuello mientras lo hace y me mira, sonrosada y sonriente. Deja el vaso casi exactamente donde lo tom&oacute; y continua recordando.<\/p>\n<p>&mdash;Pero te sobresaltaste al sentir que ellos tropezaban con algo duro que obstaculizaba el recorrido. De medio lado reclinaste tu cuerpo y me miraste sorprendido, con ganas de articular una pregunta que la punta de mi lengua, atrapada sospechosamente entre mis dientes, contuvo tu inquietud.<\/p>\n<p>&mdash;Me sent&eacute;, y abriendo el comp&aacute;s de mis piernas, &ndash;contigo en medio de ellas&ndash; te atraje hacia m&iacute;, y agradecido con mi mejilla apoyada sobre la tersura de tu vientre, mis diez dedos oprimieron la carne de tus gl&uacute;teos, imaginando la forma cil&iacute;ndrica que te horadaba y la raz&oacute;n de su permanencia all&iacute;. S&iacute;, lo recuerdo bien.<\/p>\n<p>&mdash;Apresada por la cintura entre tus brazos, me izaste sin esfuerzo al levantarte de la cama y nos besamos. Lo hicimos con ganas y en silencio perdon&aacute;ndonos. Rode&eacute; tus caderas con mis piernas bien abiertas y de nuevo palpaste con yemas y u&ntilde;as, el tap&oacute;n acampanado y yo estando as&iacute;, sent&iacute; que se me sal&iacute;a.<\/p>\n<p>Camilo cruza los brazos por detr&aacute;s de su cabeza pero emite su caracter&iacute;stico gru&ntilde;ido de disgusto. Continua incomodo por la posici&oacute;n y retira el esponjado coj&iacute;n. Cuidadosamente lo acomoda entre sus piernas y las m&iacute;as, para terminar recargando la espalda contra el mediano cabecero y su cabeza contra la pared. En su mano zurda el vaso y en la diestra, un cigarrillo y su encendedor.<\/p>\n<p>&mdash;Cuando sent&iacute; que mis pies tocaban la lana de la mullida alfombra, me separ&eacute; de ti para que observaras en mi cuerpo el resto del sexy conjunto. En mi pecho el brassier amold&aacute;ndose al contorno de mis senos, con su transparentada tela apenas conteniendo la dureza de mis pezones. Y los besaste, chup&aacute;ndolos y dentell&aacute;ndolos con esmero y pasi&oacute;n sin retirar la tela. Me hiciste soltar un placentero quejido y preguntaste&hellip; &laquo; &iquest;&iexcl;El ni&ntilde;o!?&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Bien dormido!, te respond&iacute;. Pero aun as&iacute;, decidiste dejarme all&iacute; e ir hasta su cuarto para confirmarlo. &mdash;Dos chispazos, y la flama alumbra su cara.<\/p>\n<p>&mdash;Lo comprob&eacute; y tranquilo me regres&eacute; hasta nuestra alcoba, excitado todav&iacute;a. Yac&iacute;as parcialmente desnuda, boca abajo sobre la cama. Mi boca recorri&oacute; la planicie de tu espalda, ba&ntilde;&aacute;ndola con besos densos, h&uacute;medos y bastante lentos. Mis manos se aventuraron por ambos costados, desliz&aacute;ndose hasta alcanzar tus caderas y te escuch&eacute; gemir, mientras palpaba con deseo tus nalgas. Te las apart&eacute; tanto como pod&iacute;a y t&uacute; ronroneando, te mord&iacute;as el labio inferior. Dirig&iacute; mis ojos hasta la raja abierta, deleit&aacute;ndome con la visi&oacute;n del tap&oacute;n diamantado que ocultaba tu asterisco rosado.<\/p>\n<p>&mdash;Con cuidado, a caballo me mont&eacute; sobre tus nalgas, apoyando las m&iacute;as sobre tus corvas, y descans&eacute; mi verga tiesa y palpitante, justo por encima del plug y en la mitad de ellas. Apretaste con fuerza la sabana destendiendola, arrugada entre tus pu&ntilde;os cerrados, y yo clav&eacute; con fuerza mis dedos venciendo la firmeza de tu culo. Hasta puedo recordar que pude sentir tus ganas de ser acariciada, expresadas al arquear tu espalda y elevar las caderas para presionarlas contra mi pene y mis g&uuml;evas. Tom&aacute;ndolo con una mano, llev&eacute; de paseo mi glande por tu otra abertura, sin clavarlo en ella, d&aacute;ndole tiempo a degustar la textura suave de tus pliegues.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;La punta! &mdash;Me pareci&oacute; escuchar que murmurabas con tu boca muy abierta babeando la almohada, y tu respiraci&oacute;n&hellip; &iexcl;Retumbando en ecos de pasi&oacute;n contra el colch&oacute;n!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;M&eacute;teme la punta un poquit&iacute;n, por favor! &mdash;Exclamaste de repente, acompa&ntilde;&aacute;ndolo con un jade&iacute;to celestial y un mayor flujo emanando mientras te masturbabas, lubricando el ingreso al Ed&eacute;n de nuestros antojos. Te hice caso Mariana, y apoy&eacute; el glande justo a la entrada de tu vagina, ingresando un poco, sac&aacute;ndolo por completo despu&eacute;s y de nuevo te lo met&iacute;. Lo repetimos r&aacute;pidamente, apretando m&aacute;s tus piernas alrededor de &eacute;l. Y clamaste por m&aacute;s, entre tanto yo suplicaba por contener mis ganas de traspasarte.<\/p>\n<p>&mdash;Me inclin&eacute; sobre tu espalda de alabastro, para con algo de ma&ntilde;a, texturizar con mis dientes tu cuello y marcar tu oreja izquierda. Excavaron mis manos en el terreno no tan denso, entre los hilos de lino y tu epidermis caliente, deseando encontrar en el centro de tus pechos aplastados, tus pezones escondidos. Al hallarlos te los retorc&iacute;, hasta que gemiste y elevaste tus caderas. &iexcl;T&uacute; culo besando mi pelvis!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Quieres que te la meta? Te pregunt&eacute;. &iquest;Recuerdas qu&eacute; me respondiste, Mariana? &mdash;Me mira coqueta y respinga la nariz.<\/p>\n<p>&mdash;Quisiera que me piches, pero no. &iexcl;No esta noche! Al menos no por ahora. Lo que en verdad quiero es que me des por el culo. &iexcl;Saca esa mierda de ah&iacute;, ponte un cond&oacute;n y p&iacute;chame por el &laquo;chiquito&raquo; de una puta vez! Ya no aguanto las ganas de que &laquo;culiemos&raquo; y me desvirgues por atr&aacute;s. &iexcl;Hazme tuya por favor!<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; es. Casi las mismas palabras pero sin la misma placentera entonaci&oacute;n. &mdash;Mariana sonriente, se acomoda hac&iacute;a m&iacute;. Estira la pierna izquierda y encarama la otra sobre ella. La tela no las cubre y el coj&iacute;n tampoco nos separa.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Como quieras, mi amor! &mdash;Te respond&iacute;, bes&aacute;ndote la boca y t&uacute;, te apropiaste de mi lengua mientras mi mano acariciaba tu nalga derecha, para terminar cacheteando tus redondas carnes y de paso, concluyendo nuestro beso tras tu risue&ntilde;a queja por el ardor.<\/p>\n<p>&mdash;Me ergu&iacute; sobre tus nalgas permitiendo que oscilaran hacia arriba tus caderas, y con algo de temor, entre mi pulgar, el dedo &iacute;ndice y el del medio, forc&eacute; hacia fuera el plug causando a su salida un ruido corto y seco. Te hab&iacute;a descorchado. &iexcl;Solo nos falt&oacute; el champagne para celebrar!<\/p>\n<p>&mdash;Un estremecimiento en tus hombros acompa&ntilde;&oacute; el escalofri&oacute; que not&eacute; en los poros de tus gl&uacute;teos antes de que cayeras aliviada sobre la colcha. Pude observar en tu abertura y los p&eacute;talos rosa que decoran tu vagina, el brillante flujo que los lubricaba y me enardec&iacute;. Estir&eacute; mi brazo y mi pulgar presiono tus labios. Le permitiste la entrada y lo empapaste. Lo acerqu&eacute; hasta tu estriado orificio y circulando sobre &eacute;l, moj&eacute; la entrada. Y tu&hellip; &iexcl;Respirabas nerviosa!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Uhumm! Y segundos despu&eacute;s, tus dedos alejados de mi cl&iacute;toris, se compadecieron de mis ganas y penetraron con decisi&oacute;n dentro de m&iacute;, comenzando una r&iacute;tmica secuencia, conocida y experimentada. Contuve la respiraci&oacute;n y exhal&eacute; pausada, pues me llevabas acelerada a las puertas de un orgasmo deseado pero que me esforzaba por retrasar. Jadeabas ya por el esfuerzo, mientras mi om&oacute;plato era arrasado por el caudal de tu lengua, y mi nuca acalorada por tu aliento.<\/p>\n<p>&mdash;Un extendido gemido huy&oacute; de mi garganta, debido a la destreza con la que tus dedos me masturbaban. Escuchando el chapoteo en mi vagina fue demasiado placentero y la eternidad que planeaba disfrutar, se agot&oacute; en transitorios espasmos y la involuntaria elevaci&oacute;n de mis caderas, m&aacute;s el incremento de corrientes el&eacute;ctricas antecediendo lo inevitable. Tras el estruendoso cl&iacute;max que me dej&oacute; agonizando satisfecha, en mitad de los &uacute;ltimos estertores, gem&iacute; dos veces intercalando groser&iacute;as. Tras el primero dije tu nombre y antes del segundo&hellip; &laquo; &iexcl;Jueputa, qu&eacute; rico!&raquo;, un ver&iacute;dico te amo se le atraves&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;De nuevo me estir&eacute; sobre tu espalda y aprovech&eacute; la abertura reseca de tu boca para pasear dos dedos sobre el filo de tus dientes. &laquo; &iexcl;Amor, ch&uacute;palos bien!&raquo;. Sobre tu o&iacute;do susurr&eacute;. Te demoraste un poco en acatar mi orden. &laquo; &iexcl;Vamos preciosa, emp&aacute;palos bien!&raquo;. Persist&iacute; y entonces reaccionaste, acatando sumisa mi deseo. Presion&eacute; sobre tu ojete, circulando alrededor y los hund&iacute; en tu ano sin apenas esfuerzo. Sent&iacute; en ellos la presi&oacute;n del rechazo inicial, para luego ceder la tensi&oacute;n mientras gem&iacute;as y te acomodabas mejor.<\/p>\n<p>&mdash;Los hund&iacute; m&aacute;s pero enseguida los retir&eacute;. Gemiste nuevamente cuando volv&iacute; a introducirlos hasta la segunda falange para forzar la dilataci&oacute;n de tu agujero, y en tu respiraci&oacute;n agitada percib&iacute; el alto grado de excitaci&oacute;n. La sensaci&oacute;n en las yemas y nudillos al retirarlos lentamente, era demasiado excitante. Ya no tem&iacute;a hacerte da&ntilde;o, y mi pene dando peque&ntilde;os saltos, encabritado deseaba penetrarte. Finalmente despu&eacute;s de amasarte los gl&uacute;teos y besar tus escondidos lunares, me puse en pie para buscar dentro del caj&oacute;n de mi nochero, la caja de condones y el botecito de gel.<\/p>\n<p>&mdash;Apresurado me coloqu&eacute; el preservativo, embadurnando el encauchado glande y el tronco de mi verga, al igual que frot&eacute; tu ano esparciendo otro tanto. Colocaste una almohada bajo tu vientre y a dos manos te abriste las nalgas, tan entregada y dispuesta. Apoy&eacute; la cabeza y presion&eacute;. Empuj&eacute;, gemiste y yo suspir&eacute;. Sent&iacute; como traspas&eacute; tu dilatado anillo y vi orgulloso como te entraba un buen pedazo.<\/p>\n<p>&mdash;Me agarraste con firmeza las caderas y me mord&iacute; el dorso de la mano izquierda. No entraba tan f&aacute;cil como lo hab&iacute;an hecho tus dedos y por instinto alej&eacute; mis caderas de tu miembro, pero enseguida fui de nuevo con mi culo empapado en gel a su encuentro, y con esa sensaci&oacute;n de desplazamiento tan agradable me relaj&eacute;. Fui yo quien comenz&oacute; con movimientos suaves, cada vez permitiendo que avanzaras m&aacute;s.<\/p>\n<p>La palma de su mano izquierda, arrulla su cachete sonrosado y le arruga el labio inferior, otorg&aacute;ndole a su rostro un toque de espont&aacute;nea inocencia angelical. Y sobre la tejida colina blanca de su muslo derecho, reposa el vaso con dos dedos todav&iacute;a de su anaranjado coctel.<\/p>\n<p>&mdash;El grosor de tu verga expand&iacute;a el interior de mi recto, mil&iacute;metro a mil&iacute;metro, y lo mejor era que, sin extremo dolor, lo estaba disfrutando. Por tus jadeos exageradamente faltos de aire, &ndash;tras aquel &uacute;ltimo envi&oacute;n&ndash; comprend&iacute; que igualmente te lo pasabas fenomenal. Llegar hasta el fondo era tu obsesi&oacute;n y al lograrlo te detuviste para decirme delirando lo mucho que me amabas, mientras tus manos plegaban en varias dunas, la epidermis de mis nalgas.<\/p>\n<p>&mdash;Retrocediste un poco. Hmmm, &iquest;O mucho? No pod&iacute;a medir los cent&iacute;metros sin verlo, pero si sentir que lo sacabas hasta dejar adentro tan solo tu cabezota, para luego comenzar el vaiv&eacute;n acompasado, muy calmado, ingresando tu pene con precauci&oacute;n. &iexcl;Pero te duro poco el sosiego! &iquest;No es verdad, mi amor? Aceleraste las embestidas y te dejaste llevar por la dicha del logro que los dos hab&iacute;amos alcanzado. &iexcl;Cada vez tus caderas se adelantaban y retroced&iacute;an m&aacute;s r&aacute;pido! &iexcl;Cada vez yo alzaba las m&iacute;as dese&aacute;ndote con mayor lujuria! Y finalmente&hellip; &iexcl;Felizmente culeada por mi marido!<\/p>\n<p>&mdash;Me detuve, cansado y sudando. Disfrutando de lo apretado de tu culo y evitando acelerar mi orgasmo tras escuchar tus gemidos. Me ech&eacute; otra vez encima de ti para descansar y besar tu nuca. Tambi&eacute;n para acompasar mi respiraci&oacute;n con la tuya, mordiendo de paso tu hombro derecho. Tu saliva resbalaba por la esquina derecha de tu boca entreabierta, y voluntariamente circulabas tus caderas contra mi pelvis. Tus pechos olvidados por mis manos, recibieron de improviso en tus pezones, los pellizcos deseados.<\/p>\n<p>&mdash;Me apoy&eacute; en los antebrazos y exhal&eacute; al echar mi cabeza hacia atr&aacute;s. Te sent&iacute; apartar tu pecho de mi espalda, m&aacute;s segu&iacute;as con toda tu verga encajada en mi ano. Otra vez mov&iacute; mis caderas contra tu pelvis, y en mi vulva descubr&iacute; la presi&oacute;n de la almohada. Aprovechaste mi contorsi&oacute;n para magrear con ganas mis tetas colgantes, empuj&aacute;ndome un poco por el culo para sentir en las palmas de tus manos, el roce de mis pezones cuando por el vaiv&eacute;n, mis bubis se balanceaban.<\/p>\n<p>Mientras la escucho hablar, me sonr&iacute;o al verla con las ventanas de sus ojos cubiertas por la desmaquillada piel de sus p&aacute;rpados, tambi&eacute;n con un gesto de felicidad y tranquilidad. La abertura de su bata, de cintura para abajo, muestra completo el muslo y oculta con el esparcido nudo, lo principal.<\/p>\n<p>&mdash;De un momento al otro, sent&iacute; tu mano entre mis piernas ahuec&aacute;ndose sobre los labios de mi vulva. Dos dedos apartaron mis p&eacute;talos internos, se enjuagaron con mis flujos y los mismos dedos se colaron, &ndash;navegando desde mi cl&iacute;toris receptivo&ndash; por la encharcada entrada de mi vagina. Me sent&iacute; hervir por dentro y el cl&iacute;toris duro demandando atenci&oacute;n. Continuabas refregando tus dedos contra mis paredes, moviendo con tu otra mano mis caderas para que, clavada como estaba, me moviera a la par. Gem&iacute; y me hiciste aullar de placer cada vez m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Necesitaba&hellip; Me urg&iacute;a besarte los labios y saciar mi sed chupando tu lengua, pero tu boca estaba lejos y los ojos se me pon&iacute;an en blanco tras cada embestida sincronizada de tus dedos saliendo y de tu verga ingresando. Y cielo&hellip; &ndash;Camilo entorna su mirada y pl&aacute;cido asiente sin saber qu&eacute; le voy a decir. &ndash; La cabeza no se me sosten&iacute;a, no daba m&aacute;s y mis muslos tensionados no acababan de ayudar. Y as&iacute;, me fui viniendo, desde alg&uacute;n puntito en la planta de mis pies, hasta extenderse por mis piernas, anclando su fervor, palma y cuarto distanciado de mi ombligo, y muy dentro m&iacute;o, sintiendo tu pene m&aacute;s grueso, deliciosamente palpitante y con tus dedos jugueteando dentro de m&iacute;, alterando mi frecuencia cardiaca.<\/p>\n<p>&mdash;Me arrancaste un tremendo orgasmo por la vagina y la jam&aacute;s imaginada sensaci&oacute;n de placer por atr&aacute;s, logrando que mis m&uacute;sculos se tensaran al comienzo y relajaran al final. La fuerza en mis antebrazos flaque&oacute; y mi cuerpo cay&oacute; sobre el colch&oacute;n, con mis nalgas elevadas por la almohada y temblorosas las piernas, pero abiertas para ti en su m&aacute;xima expresi&oacute;n. Respiraste muy fuerte, empujaste hacia dentro a la vez y te sent&iacute; expulsar tus goterones, echando segundos despu&eacute;s tu cuerpo sobre m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Te sob&eacute; la nalga izquierda, luego acarici&eacute; el costado y bes&eacute; el h&eacute;lix de tu oreja para detener mi boca sobre tu sien, sin sac&aacute;rtela por completo, pues tal vez por la novedad &laquo; &iexcl;T&uacute; cosito!&raquo; envalentonado, no pretend&iacute;a por lo visto, desinflarse y dormitar.<\/p>\n<p>&mdash;Gir&eacute; entonces hacia mi derecha el cuerpo, y el tuyo a la par, con mis dedos como arpones, atenazando t&uacute; culo por si se te daba por escapar. Pero no, no fue as&iacute;. Izaste tu pierna izquierda, dobl&aacute;ndola y colocando el tal&oacute;n sobre mi rodilla, para enseguida menear tus caderas, de adelante para atr&aacute;s con delicadeza, sacando de tu recto por el movimiento, mi verga hasta m&aacute;s de la mitad. Y volv&iacute;as a pen&eacute;trate, disfrutando lentamente de cada cent&iacute;metro de mi pene nuevamente tieso. Pero el caucho no ayudaba con su resequedad. Lo termin&eacute; sacando pese a tus ruegos e intentos por evitarlo. Me retir&eacute; el cond&oacute;n y dej&aacute;ndolo tirado a un lado de la cama, me unt&eacute; con mayor porci&oacute;n de gel y ante tu mirada complaciente, casi que necesitada, me recost&eacute; de medio lado y dirig&iacute; mi ariete hasta tu dilatado pero angosto y estriado ano.<\/p>\n<p>&mdash;Respiramos fuerte, y con fuerza comenzamos a embestirnos. Tus caderas de para atr&aacute;s, cuando sujet&aacute;ndolo con mi mano, el glande se te incrustaba movi&eacute;ndome para adelante. Nos mantuvimos as&iacute;, zarande&aacute;ndonos acompasados por un largo tiempo, bes&aacute;ndonos mucho, am&aacute;ndonos bastante y respir&aacute;ndonos muy fuerte. &iexcl;Yo jade&aacute;ndole a tu o&iacute;do y t&uacute;, gimi&eacute;ndole al edred&oacute;n!<\/p>\n<p>El torso de Mariana se desplaza para alcanzar de su mesa de noche un cigarrillo, y al hacerlo la tela de pulcro algod&oacute;n, imprudentemente se le abre y libera una de sus tetas. Al enderezarse la desnudez de la derecha me la exhibe sin pudor. Se me muestra la rosada areola y claramente excitada, mis ojos se clavan en su endurecido su pez&oacute;n. Al igual que su par de ojos turquesas se fijan en la mitad de mi bata, pues se yergue por debajo la gran&iacute;tica dureza y longitud de mi falo, al recordar lo que hace muchos meses, en nuestra pasada primera vez, &eacute;l lo disfrut&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Te escuch&eacute; gemir y gru&ntilde;ir! &mdash;Me dice mientras aspira al alcanzar con la punta de su cigarrillo, la llama que le ofrezco con mi encendedor.<\/p>\n<p>&mdash;Perdiste mi ritmo y yo la cabeza. Dej&eacute; que tus caderas se movieran solas, culeandome velozmente y con fiereza. &iexcl;Con m&aacute;s intensidad y mayor rapidez! Igual de desesperada, llev&eacute; mi dedo &iacute;ndice hasta el hu&eacute;rfano cl&iacute;toris y lo roc&eacute;. Lo presion&eacute;, lo rode&eacute; de mimos y de mis flujos. Mis caderas tomaron un ritmo similar al de tus embestidas, con tu mano izquierda sobre mi nalga, dirigiendo concienzudamente la orquesta de nuestros jadeos y gemidos, controlando la vocalizaci&oacute;n de la conversaci&oacute;n entre mi ano lubricado y tu pene embravecido. Y coreando agradecido por nuestra exitosa primera vez, el chapoteo de mis lubricantes emanaciones al masturbarme. &iexcl;Hasta que me invadi&oacute; otro orgasmo y a ti el inconfundible mareo de tu segunda venida, esta vez directamente dentro de m&iacute;!<\/p>\n<p>&mdash;Segu&iacute;as penetr&aacute;ndome muy fuerte y mi culito ya empezaba a dolerme. Sin embargo se me entrecort&oacute; la respiraci&oacute;n y te rogu&eacute; para que machacaras con tus dedos el pez&oacute;n que encontraras m&aacute;s a la mano. El derecho fue el elegido y me hiciste tan fuerte que grit&eacute; por el dolor. Ya me llegaba y apresur&eacute; la presi&oacute;n y el justo roce sobre mi botoncito del placer. Gem&iacute; junto a la explosi&oacute;n, pero tu mano sobre mi boca acall&oacute; el grito de pasi&oacute;n. Empujaste entonces con mayor fuerza, como si quisieras met&eacute;rmela con todo y tus pelotas, a pesar de que yo sab&iacute;a que tu verga hab&iacute;a tocado fondo.<\/p>\n<p>&mdash;Entrelazamos nuestras manos y nuestros dedos se apretaron. Tu vientre se contrajo y tus piernas al igual que las m&iacute;as se tensaron. Te escuch&eacute; resoplar, gru&ntilde;ir y quejarte placenteramente, tal cual lo hac&iacute;a yo, en el mismo instante, compartiendo contigo nuestro realizado sue&ntilde;o. Alcanc&eacute; el cl&iacute;max, un segundo despu&eacute;s de sentir como regabas tu semen dentro del intestino.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Me gustar&iacute;a brindar contigo! &iquest;Podemos? &mdash;Le pregunto a Camilo, con la esperanza de no ser rechazada.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Bueno, puede ser! Brindemos por los bonitos recuerdos. Esos qu&eacute; c&oacute;mo has escuchado, tampoco los he olvidado y tienen para m&iacute;, la importancia que tu cre&iacute;ste que no le hab&iacute;a otorgado.<\/p>\n<p>Mariana se ladea, la fuerza de gravedad act&uacute;a y la tela cae cubriendo la redondez de su seno, y en su mano sostiene el vaso de cristal, sin darle importancia al gesto de disgusto que surge en mi rostro, al verme privado de continuar admirando el buen trabajo del cirujano y por lo mismo, aguant&aacute;ndome las ganas de lanzarme sobre sus tetas para amamantarme.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Salud! &iexcl;Por el chiquito! &mdash;En broma le respondo y choco con el borde del m&iacute;o, la mitad de su vaso anaranjado.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Salud! &iexcl;Por tu cosito que me desvirg&oacute;! &mdash;Le contesto con media sonrisa y nos quedamos en silencio despu&eacute;s de libar.<\/p>\n<p>&mdash;Fue una experiencia inolvidable, placentera y tan extenuante que tan pronto terminamos de ducharnos, &ndash;le confirmo a Camilo lo que sucedi&oacute; a continuaci&oacute;n&ndash; mientras te encargaste de cambiar las sabanas y arreglar la cama, yo baj&eacute; a la cocina para servir dos vasos de leche tibia y adicionarle a cada uno, una copita de Brandy. Solo que cuando ingres&eacute; a nuestra alcoba, ya dorm&iacute;as profundamente. Y sin embargo me sent&iacute; feliz aquella madrugada. Por ti, por m&iacute;, por lograr realizar nuestra fantas&iacute;a y entregarte finalmente algo m&iacute;o, exclusivo para ti.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Si claro, c&oacute;mo no! &mdash;Me responde quisquilloso, destrozando este momento tan bonito e &iacute;ntimo. &iexcl;Reapareciendo en Camilo su vacilaci&oacute;n!<\/p>\n<p>&mdash;Recostada a tu lado, analic&eacute; lo ocurrido conmigo, y le abr&iacute; la puerta a su mirada apagada cuando nos despedimos al anochecer. Pens&eacute; entonces en c&oacute;mo deber&iacute;a de llevar desde ese momento en adelante, mi nueva relaci&oacute;n con &eacute;l, mientras dorm&iacute;as tiernamente, arrunchado contra mi costado. Porqu&eacute; yo, cielo, sent&iacute; que ejerc&iacute;a cierto poder sobre Jos&eacute; Ignacio y tan solo faltaba encaminarlo hacia mis dominios. Buscarle un espacio entre mi diario transcurrir y conseguirnos tiempos diferentes, sobre todo sigilosos y a partir de ah&iacute;, imponerle mis condiciones, logrando que ciegamente me obedeciera en todo y as&iacute;, podr&iacute;a &eacute;l disfrutar conmigo de su anhelo, teniendo sexo conmigo y por mi parte, mantenerlo alejado de los merodeos, &ndash;como gata en celo&ndash; de K-Mena.<\/p>\n<p>&mdash;En nuestro hogar deber&iacute;a seguir todo igual, sin mayores cambios de mi parte, pero s&iacute;, los tuve y se fueron incrementando sin percibirlos. Cr&eacute;eme que no pretend&iacute; imponerme, mucho menos fastidiarte. Por ello convinimos no asistir a m&aacute;s fiestas de la constructora o reuniones de mi grupo de compa&ntilde;eros, juntos. Y cielo, a&uacute;n sigo creyendo que hicimos lo correcto, que ambos tomamos la mejor decisi&oacute;n. Dej&eacute; de sufrir al no tener que ver tu cara de molestia o esa sonrisa disfrazando tu justificado enfado, tras las chanzas y bromas pesadas que acostumbraba a hacerte Jos&eacute; Igna&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y a &eacute;l? A ese hijueputa Don Juan de vereda&hellip; &iquest;Tambi&eacute;n se lo diste a probar?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s diciendo? &iexcl;No pas&oacute; as&iacute;! Fue natural y exclusivamente tuyo durante mucho tiempo. Por m&aacute;s que me insistieron, no ced&iacute; a sus pretensiones. &iexcl;Hasta el final no claudiqu&eacute;! Pero s&iacute;, tengo que reconocerte, que unos meses despu&eacute;s, artificialmente a una mujer se lo entregu&eacute;. Y no mi vida, no fue con la misma que imaginas. No repet&iacute; con ella por m&aacute;s que lo intent&oacute;. &iexcl;Me lo hizo otra mujer!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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