{"id":43156,"date":"2023-09-13T22:00:00","date_gmt":"2023-09-13T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-09-13T22:00:00","modified_gmt":"2023-09-13T22:00:00","slug":"pigmalion-para-marisa-tercera-parte-secundaria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/pigmalion-para-marisa-tercera-parte-secundaria\/","title":{"rendered":"Pigmali\u00f3n para Marisa (tercera parte): Secundaria"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43156\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">2<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Cap&iacute;tulo anterior:<\/p>\n<p>&ldquo;<a href=\"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/pigmalion-para-marisa-segunda-parte-primaria\/\">Pigmali&oacute;n para Marisa (segunda parte): Primaria<\/a>&quot;<\/p>\n<p>Durante los siguientes tres meses, continu&eacute; vi&eacute;ndola una o dos veces por semana -e incluso nos fuimos un fin de semana a un hotelito de estos que llaman &laquo;con encanto&raquo;-. La verdad es que ella hab&iacute;a progresado much&iacute;simo, en t&eacute;cnicas, pero, sobre todo, en actitud: su rechazo ante la idea del sexo hab&iacute;a pasado a la historia y se hab&iacute;a convertido en una verdadera fiera. Afortunadamente, pose&iacute;a un cierto saber estar y no se comportaba en sociedad como una ninf&oacute;mana, cosa que inicialmente tem&iacute;, despu&eacute;s vi que infundadamente. Tambi&eacute;n hab&iacute;a modificado mucho, si bien discretamente, su presencia personal y, bueno, ya no parec&iacute;a mi abuelita, daba gusto verla, una vez asumidas sus imperfecciones.<\/p>\n<p>Me cost&oacute; mucho iniciarla en la felaci&oacute;n; yo creo que subconscientemente a&uacute;n le afectaba el recuerdo del pestazo de aquel b&aacute;rbaro y rechazaba acercarse &laquo;eso&raquo; a la boca. La convenc&iacute;, al principio, haci&eacute;ndole cunnilingus a ella para que experimentara el placer que se siente cuando a uno le hacen una caricia buco genital y la excitaci&oacute;n que siente tambi&eacute;n el que lo hace. Cada paso cost&oacute; un esfuerzo tremendo: primero, apenas besaba el glande como quien besa a un chiquillo; el segundo paso fue lograr que empleara la lengua, que lo lamiera; el tercero, que lo chupara como un caramelo de palito; y, finalmente, que se metiera el falo en la boca (aunque hubo que insistir en que vigilara con los dientes, ten&iacute;a que abrir la boca mucho m&aacute;s de lo que el di&aacute;metro del pene hac&iacute;a suponer).<\/p>\n<p>Luego vino lo de aceptar el semen en la boca; eso tuvo dos problemas: el primero, obvio, el inherente -nuevamente- a la repulsi&oacute;n de principio que la idea le provocaba; el segundo, m&aacute;s complicado: resulta que yo, en general, no me corro f&aacute;cilmente con una felaci&oacute;n; me excita much&iacute;simo, pero no me corro o me corro muy raras veces; y eso con mujeres h&aacute;biles, cosa que Marisa estaba a a&ntilde;os luz de ser; eso provoc&oacute; una escasez de &laquo;materia prima&raquo; que resolv&iacute; como pude: masturb&aacute;ndome o haci&eacute;ndome masturbar por ella (cosa que tambi&eacute;n requiri&oacute; de un aprendizaje: es que la pobre no sab&iacute;a nada).<\/p>\n<p>Poco a poco la fui introduciendo en diversas t&eacute;cnicas. En alguna ocasi&oacute;n le suger&iacute; contratar a una puta para que le ense&ntilde;ara cosas y modos de hacerlas que yo no pod&iacute;a ense&ntilde;arle, pero ella se neg&oacute; en redondo: no meter&iacute;a a una puta en su cama, aunque &eacute;sta fuera la de un hotel. Bueno, supongo que tampoco ser&iacute;a posible quitar de su cabeza todos sus prejuicios. No estaba mal hasta donde hab&iacute;amos llegado.<\/p>\n<p>Quedaba una cosa. Bueno, quedaban decenas, pero, digamos, de las m&aacute;s habituales, quedaba el tema de la sodom&iacute;a. Imagin&eacute; que s&oacute;lo con plante&aacute;rselo montar&iacute;a en c&oacute;lera y, para mi sorpresa, no. Estuvo dispuesta desde el primer momento. As&iacute; que le ense&ntilde;&eacute; algunos ejercicios, maniobr&eacute; delicadamente con mis dedos el orificio anal para que se fuera habituando a la sensaci&oacute;n y finalmente le introduje poco a poco la polla y la primera vez no toda, apenas el glande y un par de cent&iacute;metros m&aacute;s. Le gust&oacute;. Ojo, no es obvio: hay algunas mujeres a las que les gusta mucho que las enculen, pero otras, la mayor&iacute;a, lo odian y s&oacute;lo acceden a ello -las que acceden- por dar satisfacci&oacute;n a sus parejas. Ni unas ni otras -salvo alg&uacute;n caso aislado- llegan al orgasmo as&iacute;, pero a las que les gusta, las excita lo suficiente como para alcanzar r&aacute;pidamente el cl&iacute;max con la penetraci&oacute;n vaginal o con el cunnilingus. A Marisa le iba mucho el tema del culo, mira por d&oacute;nde. Tambi&eacute;n, contra lo que yo me esperaba, acept&oacute; de muy buen grado aprender a meter un dedo en el ano del var&oacute;n y ponerlo a cien manipulando su pr&oacute;stata.<\/p>\n<p>As&iacute;, pues, fue llegando un momento en el que acostarme con ella fue algo natural, como con cualquier otra, ya no era yo el &laquo;profe&raquo; sino, simplemente, el amante, y lo pas&aacute;bamos muy bien. Iba a poner fin a mis &laquo;servicios&raquo; cuando me sali&oacute; con una propuesta inaudita (casi incluso para m&iacute;).<\/p>\n<p>Resulta que la vecina de la puerta de enfrente del rellano, le pregunt&oacute; un d&iacute;a qui&eacute;n era yo, que aparec&iacute;a con tanta frecuencia. Ella le respondi&oacute; con un lugar com&uacute;n, pero la otra no pic&oacute;:<\/p>\n<p>&ndash;No me enga&ntilde;es: os he visto besaros y t&uacute; estabas con el culo al aire. Olvidaste cerrar la ventana del patio de luces.<\/p>\n<p>Total, que la vecinita en cuesti&oacute;n y su marido eran aficionados al cambio de parejas y se daba la circunstancia de que a ella yo le hab&iacute;a gustado y su marido le hab&iacute;a hablado varias veces de que con gusto le echar&iacute;a un casquete a Marisa. As&iacute;, pues, a la ocasi&oacute;n la pintaban calva.<\/p>\n<p>Yo la vi venir y, ya antes de que me lo propusiera, me negu&eacute;. El tema Marisa estaba llegando ya muy lejos y yo ya ten&iacute;a bastante. Es cierto que, a partir de su cambio, acostarme con Marisa pas&oacute; a ser para m&iacute; una propuesta grata, pero este tema hab&iacute;a que cerrarlo ya. Y as&iacute; se lo dije.<\/p>\n<p>&ndash;Mira, no. Si te gusta el marido de esa t&iacute;a, me parecer&aacute; muy bien que folles con &eacute;l; adem&aacute;s, creo que ya est&aacute;s preparada para &laquo;salir al mundo&raquo; y, encima, te conviene. Pero yo termino aqu&iacute;. Que nos veamos de cuando en cuando y nos demos un revolc&oacute;n, perfecto, aunque ya no ser&aacute; cada semana, ni mucho menos, pero, en fin, me gusta hacerlo contigo y no me importa que sigamos acost&aacute;ndonos en el futuro. Pero inventos, no. No as&iacute;, por lo menos&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Pero es que ellos s&oacute;lo follan con otros si es rec&iacute;proco, si lo hacen los dos.<\/p>\n<p>&ndash;Pues mala suerte, que se busquen a otros<\/p>\n<p>&ndash;Cielo, esc&uacute;chame&hellip; Ser&aacute; la &uacute;ltima vez que te pido algo: despu&eacute;s de esto, nunca m&aacute;s. Pero piensa que me sigue dando un poco de miedo hac&eacute;rmelo con otro hombre. Ya s&eacute; que dices que estoy preparada, pero tengo miedo. Si lo hago con ese t&iacute;o &ndash;que, oye, no est&aacute; nada mal &iquest;eh?&ndash; sabiendo que t&uacute; est&aacute;s cerca, podr&eacute; disfrutar de la experiencia sin pasar miedo, sabiendo que te tengo ah&iacute;. Ella es una mujer resultona, un poco m&aacute;s joven que yo, debe tener cincuenta a&ntilde;os justos o a punto de cumplir y yo creo que te gustar&aacute;. Quedamos una tarde, pas&aacute;is uno al piso de la otra y ya est&aacute;. Por tu parte, si te he visto no me acuerdo.<\/p>\n<p>Ced&iacute;, claro. Siempre acabo cediendo ante la mujer que tengo a mi lado en la cama. Las mujeres desnudas y dispuestas a follar conmigo son mi kriptonita, as&iacute; que, bueno, Marisa invit&oacute; a la vecina y a su marido a tomar caf&eacute; tres d&iacute;as despu&eacute;s.<\/p>\n<p>La verdad es que la pareja de vecinos me sorprendi&oacute; gratamente. Viendo el ambiente social de la vecindad, tem&iacute;a encontrarme frente a un ama de casa sector pringoso y un b&aacute;rbaro con un palillo en la boca, pero resultaron ser un matrimonio muy apa&ntilde;adito, vestidos sencillamente pero arreglados, limpios, sin perfumes horteras y, oy&eacute;ndoles hablar, parec&iacute;a que ten&iacute;an algunos estudios, como m&iacute;nimo, secundarios. &Eacute;l trabajaba como responsable de &aacute;rea de una empresa de transportes y ella de dependienta de una perfumer&iacute;a. Por este lado, empezamos bien.<\/p>\n<p>&Eacute;l se sent&oacute; con Marisa en el sof&aacute;, la vecina, Marta, en el &uacute;nico sill&oacute;n del sal&oacute;n y yo me sent&eacute; en un brazo de ese sill&oacute;n. De momento, ya est&aacute;bamos dispuestos en &laquo;orden de combate&raquo;. Marta tendr&iacute;a, efectivamente, unos cincuenta, bien llevados y con un tipito bastante bien perfilado, tanto como para que lo envidiaran muchas mujeres de cuarenta a&ntilde;os, y hasta algunas de treinta. Rellenita de caderas, de pecho y de culo, pero sin llegar, ni de lejos, al exceso de peso. Ten&iacute;a unas piernas bonitas y unos muslos muy apetecibles. Y lo que era muy importante: ten&iacute;a un gran sentido del humor y tanto su tono de voz como sus palabras rebosaban cordialidad y alegr&iacute;a. En fin, no parec&iacute;a que acostarme con ella fuera a ser un sacrificio tremendo. Por otra parte, &eacute;l, Miguel, estaba acorde con ella: alto, no muy delgado -incluso con algo de tripita-, m&aacute;s velludo que yo -que ya es ser velludo- y con una mata de pelo bien peinada en la cabeza, con esas canas en las sienes que hacen atractivos a los hombres maduros. No parec&iacute;a un cazurro y no estaba mal para que Marisa &laquo;tomara la alternativa&raquo;.<\/p>\n<p>Estuvimos charlando un rato, centr&aacute;ndonos en su afici&oacute;n al revoltillo y nos explicaron cosas curiosas: por ejemplo, que hab&iacute;a que ir con mucho cuidado con los bares o clubs de esa especialidad, que estaban llenos de putas y que los novatillos ced&iacute;an su mujer -la de verdad- a un fulano que hab&iacute;a pagado a un put&oacute;n&hellip; o que se lo hab&iacute;a cedido la propia direcci&oacute;n del establecimiento para mantener la actividad en alto. Nos hablaron de dos o tres recursos en Internet para ejercer esa actividad con garant&iacute;as y, bueno, aunque no es mi rollo, trat&eacute; de memorizar unos o dos&hellip; por si las moscas.<\/p>\n<p>En un momento dado, Miguel empez&oacute; a acariciar a Marisa en los muslos y yo mir&eacute; a Marta, que me gui&ntilde;&oacute; un ojo poni&eacute;ndome una mano en la rodilla. Yo cog&iacute; su otra mano y la bes&eacute;. No ir&eacute; a fanfarronear ahora de mucho mundo: la verdad es que me daba mucho corte andar con caranto&ntilde;as a una se&ntilde;ora delante de su marido. Pero, en fin, cuando uno est&aacute; en el baile tiene que bailar, de modo que me inclin&eacute; y la bes&eacute; en la boca t&iacute;midamente. Respondi&oacute; a mi beso, pero un momento despu&eacute;s se puso en pie y dijo:<\/p>\n<p>&ndash;Bueno chicos, ah&iacute; os qued&aacute;is. Este muchachote y yo nos vamos a casa a debatir sobre mec&aacute;nica cu&aacute;ntica. Los primeros que acaben, que avisen&hellip;<\/p>\n<p>Antes de irme ech&eacute; una mirada a Marisa, que parec&iacute;a pas&aacute;rselo en grande mientras Miguel andaba magreando por debajo de su falda.<\/p>\n<p>La casa de Marta y Miguel estaba arreglada con bastante m&aacute;s gusto que la de Marisa. Los muebles eran bastante nuevos, de tipo funcional, y la decoraci&oacute;n minimalista. Hab&iacute;an sacrificado un dormitorio para hacer una cocina grande, en la que ten&iacute;an el comedor y as&iacute; &eacute;ste quedaba solamente como sal&oacute;n. Pero cuando intent&eacute; hacerme una idea de c&oacute;mo era el sal&oacute;n -estaba en penumbra- vi que Marta me abrazaba y me besaba en la boca con mucho detenimiento, con mucha fruici&oacute;n. Desprend&iacute;a un aroma muy liviano y fresco, como de esencia de lim&oacute;n o quiz&aacute; lavanda, o ambas cosas, y not&eacute; en mi torso sus pechos guerreros.<\/p>\n<p>&ndash;Espera -me dijo- pondr&eacute; algo de m&uacute;sica. -Fue hacia el reproductor, manipul&oacute; un mando unos segundos y, al cabo, son&oacute;, muy suave, m&uacute;sica de bossa-nova; incluso me pareci&oacute; identificar el saxo de Stan Getz.<\/p>\n<p>Marta se abraz&oacute; a mi y empez&oacute; a bailar, muy despacito con los dos brazos en torno a mi cuello. Volvimos a besarnos mientras yo la abrazaba por la cintura, pero poco a poco fui bajando una mano hasta acariciarle el culo. Ella todav&iacute;a se arrim&oacute; m&aacute;s a m&iacute; y entonces pas&eacute; mi mano por debajo de su falda y la introduje por debajo de sus bragas. Ten&iacute;a un culo carnoso de piel muy suave. Ella lo revolvi&oacute; un poco -con lo que, de paso, le dio un buen meneo a mi bragueta- y empez&oacute; a darme peque&ntilde;as lamiditas en el cuello. S&iacute;, me estaba poniendo a cien notando su aliento c&aacute;lido detr&aacute;s de mis orejas. Y bien que lo val&iacute;a.<\/p>\n<p>No sin cierta dificultad, que &ndash;creo- supe disimular bien, pude desabrocharle la falda y se la dej&eacute; caer y qued&oacute; en bragas y blusita. Estaba impresionante. Sin dejar de besarla, le desabroch&eacute; la blusa y emergieron de ella, sin sost&eacute;n, unos pechos preciosos como nunca los hab&iacute;a visto: proporcionados, suaves, firmes&hellip; y naturales, cosas todas ellas juntas rar&iacute;simas en una mujer cincuentona. Evidentemente, Marta se hab&iacute;a cuidado y se segu&iacute;a cuidando mucho. Acarici&eacute; aquellas maravillas sin apenas separarme de ella y la intensidad de mis besos aument&oacute;. Ahora fue ella la que desabroch&oacute; mi camisa y me la quit&oacute;; se separ&oacute; un momento para contemplar mi torso y despu&eacute;s se abraz&oacute; a &eacute;l. Seguimos unos muy pocos minutos bailando as&iacute; y entonces tir&oacute; de m&iacute; hacia un sof&aacute; de asiento bastante ancho, casi como una cama individual, que es lo que seguramente ser&iacute;a una vez accionados los correspondientes mecanismos. Qued&eacute; recostado, medio sentado medio estirado, y ella se tumb&oacute; a mi lado; seguimos bes&aacute;ndonos, pero ella ya estaba acariciando mi paquete (que, huelga decirlo, ya estaba en la correspondiente forma). Soy bastante &aacute;gil y no quise cargarla con el penoso tr&aacute;mite de bajarme los pantalones, de modo que los desabroch&eacute; y, de un s&oacute;lo salto, me los quit&eacute;; previamente ya me hab&iacute;a descalzado los n&aacute;uticos, uno con la puntera del otro.<\/p>\n<p>Ella se desabroch&oacute;, a su vez, los zapatos de tac&oacute;n y, al hacerlo, sus pechos quedaron colgando. Eran bell&iacute;simos, de verdad que nunca hab&iacute;a visto cosa igual en persona, s&oacute;lo en estatuas griegas o en alguna revista de modelos, pero los casos de esta &uacute;ltima ol&iacute;an demasiado a cirug&iacute;a est&eacute;tica y a retoques de fotoeditor. Cuando ella volvi&oacute; a incorporarse, dud&eacute; si toc&aacute;rselos; me parec&iacute;a como mancillar tanta hermosura (&iquest;c&oacute;mo diantre -volv&iacute; a preguntarme- tiene unos pechos as&iacute; una mujer de cincuenta a&ntilde;os sin pasar por el quir&oacute;fano?), pero ella pareci&oacute; darse cuenta y me los acerc&oacute; a la cara, dej&aacute;ndolos a un palmo de ella. La invitaci&oacute;n era tan evidente que ya no dud&eacute;: con la mano derecha acarici&eacute; su pecho izquierdo y con el pulgar juguete&eacute; con su pez&oacute;n.<\/p>\n<p>La izquierda la volv&iacute; sobre su culo, por debajo de las braguitas nuevamente -ten&iacute;a el buen gusto de no llevar tanga, prenda que a m&iacute; me parece sumamente hortera- y recorr&iacute; con la mano toda su rajita, hasta llegar al agujerito del ano, donde me detuve unos segundos, para luego continuar hacia la parte inferior de su vagina. Ella exhal&oacute; un suav&iacute;simo suspiro, muy elegante y, a continuaci&oacute;n, se quit&oacute; las braguitas y se puso a hurgar por el interior de mis calzoncillos, donde encontr&oacute; lo que buscaba r&aacute;pidamente y me despoj&oacute; a su vez de mi prenda. Ya est&aacute;bamos los dos totalmente desnudos, y apreci&eacute; en ella un co&ntilde;ito tambi&eacute;n precioso, completamente rasurado.<\/p>\n<p>Marta se puso a jugar con mi polla, pero con mucha suavidad, sin apresurarse, sin pretender arrancarme un orgasmo s&uacute;bito, simplemente con una cadencia pausada. En un momento dado, dej&oacute; de acariciarme y, poniendo mi pene apuntando a mi cara, mont&oacute; su co&ntilde;o sobre mis huevos y se puso a moverse adelante y atr&aacute;s. Cuando vio que mi polla hab&iacute;a llegado al m&aacute;ximo, se agach&oacute; para mam&aacute;rmela y lo hizo deliciosamente. Pero brevemente: con un movimiento corto y &aacute;gil, se la meti&oacute; en su vagina -suave, acogedora, h&uacute;meda y caliente- y la cabalg&oacute; lentamente. Poco a poco se fue doblando para seguir moviendo su culo sobre mi miembro y alcanzar a besarme en la boca, en las tetillas, en el cuello&hellip; Sus manos recorr&iacute;an mi pecho velludo como si mulleran una almohada y yo estaba haciendo grandes esfuerzos para no explotar, sobre todo cuando ella empez&oacute; a gemir con cada vez mayor frecuencia e intensidad hasta que me sorprendi&oacute; lanzando un grito que debi&oacute; o&iacute;rse hasta en el terrado, y ah&iacute; fue donde yo ya no pude m&aacute;s y me corr&iacute; en su vagina.<\/p>\n<p>Quedamos los dos uno al lado del otro un buen rato, respirando profundamente. Entonces ella se levant&oacute; y se dirigi&oacute; a uno de los cajones del apilable y sac&oacute; algunas cosas, que vi cuando regres&oacute; al sof&aacute;: dos dildos y un bote de vaselina.<\/p>\n<p>Ahora, muchachito, vas a hacer exactamente lo que yo te diga. Y no tengas miedo, que ver&aacute;s lo que te gusta. Lubric&oacute; uno de los dos dildos con abundante vaselina.<\/p>\n<p>&#8211; Levanta el culo -me orden&oacute;. Y lo hice, claro.<\/p>\n<p>Se unt&oacute; dos dedos con la pastuza en cuesti&oacute;n, me los meti&oacute; por el culo y empez&oacute; a trabajarme la pr&oacute;stata. Hasta ah&iacute; bien. Esto me lo hab&iacute;an hecho algunas mujeres con las que yo trataba o hab&iacute;a tratado y era muy satisfactorio; de hecho, me pon&iacute;a la polla a cien. Pero cuando ya la ten&iacute;a m&aacute;s que morcillona, sac&oacute; los dedos y me dijo:<\/p>\n<p>&ndash;Ahora rel&aacute;jate, sobre todo no est&eacute;s tenso. &iquest;Te han dado por el culo alguna vez?<\/p>\n<p>&ndash;Tal como se entiende com&uacute;nmente, no.<\/p>\n<p>&ndash;Pero t&uacute; si has dado por el culo &iquest;no?<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute;, bueno&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;As&iacute; que sabes que no pasa nada si se hace bien. O sea que rel&aacute;jate y ver&aacute;s lo que te va a gustar. De hecho, se te va a poner la polla como un cohete, por m&aacute;s que te hayas corrido hace diez minutos. Y entonces, cuando ya la tengas bien tiesa, yo me meter&eacute; el otro aparatito en el co&ntilde;o y t&uacute;, aguantando el tuyo, me la meter&aacute;s a fondo por el culo. Ya ver&aacute;s: o salimos tan contentos o vamos a urgencias con infarto por orgasmo.<\/p>\n<p>Dicho y hecho, me meti&oacute;, muy despacito, el aparato por el trasero. Lo hizo muy bien, no me doli&oacute;: para m&iacute; fue una sensaci&oacute;n extra&ntilde;a, pero placentera. Y fue siendo m&aacute;s placentera a medida que pasaban los minutos. Sin embargo, apenas hizo falta uno para que se me pusiera el pene como un globo. Entonces ella conect&oacute; la vibraci&oacute;n y llegu&eacute; al delirio. Al mismo tiempo, ella se meti&oacute; el otro dildo por la vagina, conect&oacute; su aparato y con voz ansiosa me grit&oacute; imperativamente:<\/p>\n<p>&ndash;&iexcl;Ahora! M&eacute;temela por el culo ahora. Pero, sobre todo, no te quites el aparato de tu trasero, d&eacute;jalo ah&iacute;.<\/p>\n<p>La obedec&iacute;. Cog&iacute; mi polla, que nunca hab&iacute;a visto tan dura, y se la met&iacute; -despacito y con delicadeza, eso s&iacute;- en el culo. Hasta el fondo. Casi dir&iacute;a que me faltaba polla para llegar al final de su culo; no tengo la polla peque&ntilde;a, pero tampoco de campeonato ol&iacute;mpico, as&iacute; que, pensando que habr&iacute;a un tope, fui bombeando para intentar llegar hasta el final&hellip; de no s&eacute; bien qu&eacute;. El caso es que fui bombeando -porque me lo ped&iacute;a mi propio cuerpo- cada vez con mayor frecuencia y, pasados&hellip; no s&eacute;&hellip; &iquest;Un minuto? &iquest;Cinco? Ella dej&oacute; ir, no un grito, sino un alarido que debi&oacute; o&iacute;rse m&aacute;s all&aacute; del terrado, en alg&uacute;n sat&eacute;lite. Eso me puso a m&iacute; no a cien -que ya lo estaba- sino a mil y me corr&iacute; tambi&eacute;n, pero tuve una corrida tan bestial que yo creo que lo que vert&iacute; en su culo no s&oacute;lo fue leche, sino que deb&iacute; dejar ah&iacute; hasta el cerumen de las orejas.<\/p>\n<p>Nos dejamos caer exhaustos en el sof&aacute;, abrazados&hellip; Ella sac&oacute; su dildo de su co&ntilde;o y el m&iacute;o de mi culo (y, f&iacute;jate, hasta me qued&eacute; un poco como perrito sin amo). Ella fue la primera en hablar:<\/p>\n<p>&ndash;Bueno&hellip; &iquest;qu&eacute; dice el amante de la vecinita?<\/p>\n<p>&ndash;El amante de la vecinita est&aacute; para el arrastre&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;A tu edad ya est&aacute;s vencido? &iexcl;Anda ya! Lo que pasa con la tonta del culo de la gordita de enfrente es que no te da suficiente marcha&hellip;<\/p>\n<p>Eso me cabre&oacute; hasta el incendio.<\/p>\n<p>&ndash;Si la gordita de enfrente me da mucha o poca marcha, es algo que s&oacute;lo nos concierne a ella y a m&iacute;. Luego, cuando folles con tu marido, os cont&aacute;is todo lo que os quer&aacute;is contar, sobre la vecinita de enfrente y su amante, pero en lo que a m&iacute; respecta, hasta aqu&iacute;.<\/p>\n<p>&ndash;Bueno, no te enfades&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;S&iacute; que me enfado. No soy ning&uacute;n experto en el tema, pero &iquest;no forma parte de la &eacute;tica &laquo;swinger&raquo; no hacer comparaciones? Aparte de que no hay por qu&eacute; faltarle a Marisa. Si lo has pasado bien conmigo, deber&iacute;as darle las gracias, que por ella estoy aqu&iacute;, y no insultarla.<\/p>\n<p>&ndash;Que s&iacute;, que tienes raz&oacute;n, que me he pasado&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;Bien, vale. Anda, ll&aacute;malos a ver si ya han terminado y cada oveja a su corral.<\/p>\n<p>&ndash;Manu, qu&eacute; mal me sabe que terminemos de esta manera s&oacute;lo porque yo no he medido mis palabras. Eres un amante estupendo y no me gustar&iacute;a perderte de vista. No s&eacute; c&oacute;mo pedirte perd&oacute;n.<\/p>\n<p>&ndash;No te preocupes. Olv&iacute;dalo.<\/p>\n<p>&ndash;Manu&hellip;<\/p>\n<p>&ndash;&iquest;Los llamas t&uacute; o los llamo yo?<\/p>\n<p>As&iacute; acab&oacute; la cosa. Y fue una pena, porque era una mujer estupenda en la cama y muy interesante fuera de ella, pero hay cosas que no tolero y esta es una. No la volv&iacute; a ver m&aacute;s. Cosa de la que me alegro porque, a pesar de que seguramente me perd&iacute; much&iacute;simas experiencias sumamente excitantes, no ten&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s en ese mundo. En el mundo de Marisa, para entendernos. Yo ya hab&iacute;a cumplido con holgada suficiencia y as&iacute; se lo repet&iacute; a la propia Marisa: como ya le hab&iacute;a dicho, mi funci&oacute;n -asumida bastante por los pelos- de ponerla en el mundo de una sexualidad normal hab&iacute;a terminado -y con &eacute;xito, por cierto- y yo volver&iacute;a a mi propio ambiente, a mi propio entorno. En el que Marisa ten&iacute;a un papel, claro que s&iacute;: sigui&oacute; saliendo con la pandilla -incluso con alguna cierta frecuencia adicional-, seguimos vi&eacute;ndonos muy de cuando en cuando, pero como una pareja normal de amigos que, adicionalmente, echa un alegre casquete muy espor&aacute;dicamente, y punto.<\/p>\n<p>Ella, seg&uacute;n me dijo, hasta que yo la cort&eacute; -basta de chismes- hab&iacute;a disfrutado con Miguel, un t&iacute;o, al parecer, muy majo y muy capaz. Le gustar&iacute;a tir&aacute;rselo con m&aacute;s frecuencia, pero &eacute;l siempre fue fiel al principio matrimonial de &laquo;o los dos o ninguno&raquo;, as&iacute; que, retirado yo del asunto, a Marisa no le resultaba f&aacute;cil -por el momento- encontrar a un se&ntilde;or que, adem&aacute;s de follar con ella, se aviniera a intercambios de parejas. Digamos que era m&aacute;s dif&iacute;cil lo primero que lo segundo, aunque tambi&eacute;n es cierto que, uno por otro, Marisa siempre acabar&iacute;a encontrando alguno que echarse al co&ntilde;o&#8230;<\/p>\n<p>_______________<\/p>\n<p>Yo segu&iacute; vi&eacute;ndome con Alicia, de manera espor&aacute;dica, te&oacute;ricamente, pero cada vez m&aacute;s frecuente. Segu&iacute;amos siendo &laquo;follamigos&raquo; y segu&iacute;amos manteniendo nuestra libertad individual: incluso dentro de la propia pandilla, era habitual que hici&eacute;ramos sorteos de llaves -todas las llaves de los se&ntilde;ores en una gorra, y cada se&ntilde;ora saca una, correspondiente al se&ntilde;or con el que se va a acostar esa noche-, cosa, que, dicho sea de paso, le encantaba a Marisa cuando ven&iacute;a con nosotros. Y tambi&eacute;n sol&iacute;a encantarle al que le tocaba encamarse con ella esa noche. Est&aacute; claro que he nacido para la c&aacute;tedra. Pero estaba claro tambi&eacute;n que a Alicia y a m&iacute; nos un&iacute;a mucho m&aacute;s que una amistad creciente y una afinidad, tambi&eacute;n creciente, en la cama.<\/p>\n<p>&iquest;C&oacute;mo iba a acabar esto? No lo s&eacute;. Quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a lo sepamos. Y quiz&aacute; por aqu&iacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 11<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>2 Cap&iacute;tulo anterior: &ldquo;Pigmali&oacute;n para Marisa (segunda parte): Primaria&quot; Durante los siguientes tres meses, continu&eacute; vi&eacute;ndola una o dos veces por semana -e incluso nos fuimos un fin de semana a un hotelito de estos que llaman &laquo;con encanto&raquo;-. La verdad es que ella hab&iacute;a progresado much&iacute;simo, en t&eacute;cnicas, pero, sobre todo, en actitud: su [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":26364,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[27],"tags":[],"class_list":{"0":"post-43156","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-sexo-con-maduras"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43156","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/26364"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43156"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43156\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43156"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43156"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43156"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}