{"id":43201,"date":"2023-09-18T22:00:00","date_gmt":"2023-09-18T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-09-18T22:00:00","modified_gmt":"2023-09-18T22:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-34","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-34\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (34)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43201\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Para dos propuestas. &iquest;La misma traici&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;Pero&hellip; &iexcl;Jueputa vida la m&iacute;a! &iquest;De qu&eacute; mierdas est&aacute;s hablando ahora?<\/p>\n<p>Enojado, estrella el culo tallado del vaso contra la colcha, manchando a la inocente. Amenazante se eleva un goter&oacute;n pero cae para seguir formando parte de su fondo. Se esparcen gotas en el ambiente superando la redonda boca abierta y &eacute;stas, en su corta trayectoria el&iacute;ptica, no alcanzan a divisar que en nuestro descontento horizonte, este lunes comienza a clarear. Abatidas son recibidas por la tela, absorbidas ya forman parte del acolchado edred&oacute;n y&hellip; &iexcl;La tregua se rompe!<\/p>\n<p>Se sienta al borde de la cama y me desa&iacute;ra al darme la espalda. Estrepitosamente coloca el vaso con su coctel sin terminar sobre la mesita de noche, y a dos manos, &ndash;sin soltar el cigarrillo que ha sido otra v&iacute;ctima al mojarse&ndash; se toma la cabeza.<\/p>\n<p>&iexcl;Ya sab&iacute;a yo, que de eso tan bueno no dan tanto! Me sorprende Mariana con esta nueva revelaci&oacute;n, pero m&aacute;s me irrita reconocer que por cobarde y por idiota, dej&eacute; pasar por alto esta inesperada informaci&oacute;n. Puede que no sea tan relevante pero es que&hellip; &iexcl;Mierda!<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y entonces de cual mujer est&aacute;s hablando? &iquest;No te bast&oacute; con seducir a tu amiguita? &iquest;O es que de verdad se te cruzaron los cables, y te qued&oacute; gustando tanto que ya no le haces asco a nada ni a nadie, y no desaprovechas cualquier oportunidad para ponerte a &laquo;arepear&raquo;? &mdash;Sin mirarla la acribillo con mis inquietudes y algo de sarcasmo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No te voy mentir! Aunque me vi sorprendida en su momento, t&uacute; y yo lo gozamos al final. Pero para darle a las cosas su justa medida, cielo, no fui yo quien lo busc&oacute;. El destino lo quiso y Eduardo intervino otra vez. &mdash;Aclara sin que pueda poder observar la verdad o el conformismo en su mirada, aunque la tonalidad neutra de su voz a mis espaldas, no ha cambiado. Permanece plana, sin emocionados sobresaltos.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Acaso otra vez te oblig&oacute;? &mdash;Le hago la pregunta, m&aacute;s me quedo pensativo pues&hellip; &iquest;De cu&aacute;l disfrute habla?<\/p>\n<p>&mdash;Eso crey&oacute; &eacute;l. &iexcl;As&iacute; me lo tom&eacute; yo! Pero con el transcurrir de los d&iacute;as, tras varias conversaciones personales y otras telef&oacute;nicas, aprovech&eacute; su altanero mandato para conocerla mejor, traspasar los muros de su fuerte personalidad y comprender sus pensamientos revolucionarios, deshilachando sus mordaces comentarios en las redes sociales, y conociendo con antifaces de encaje, su oculto y nocturno mundo sin la soberbia acostumbrada, en un terreno prohibido para toda la comunidad de fans que virtualmente la idolatraban. &mdash;Camilo gira su torso arrugando la tela y su cuello lentamente se tensa hacia su derecha para mirarme de soslayo.<\/p>\n<p>&mdash;Mariana, das tantos giros a tus explicaciones, que ya tienes patinando mis entendederas. No s&eacute; si lo que pretendes es que pierda el hilo. &iquest;Podr&iacute;as ir al meollo de la cuesti&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;A ver te lo explico, cielo. Al iniciar nuestra semana laboral, t&uacute; con esa nueva rutina, desplaz&aacute;ndote a las afueras de la ciudad, sin que me hubieras compartido todav&iacute;a las razones para tu nuevo lugar de trabajo, y yo con todos mis sentidos en alerta, pues al encender el m&oacute;vil empresarial, Jos&eacute; Ignacio me hab&iacute;a puesto cardiaca con tantos mensajes escritos y notas de voz, rog&aacute;ndome que le llamara y pidiendo que le respondiera algo, tan siquiera por WhatsApp&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;a acaso?<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; &iquest;Pues qu&eacute; crees? Saber cu&aacute;ndo nos podr&iacute;amos ver de nuevo y concluir&hellip; Lo que iniciamos. Y adicional a ello, un mensaje de K-Mena y otro de Diana, pregunt&aacute;ndome cada una por lo mismo. &iexcl;Qu&eacute; c&oacute;mo me hab&iacute;a ido en el viaje de vuelta y que tal estaba de salud! Al parecer a las dos no se les ocurri&oacute; que me hubiese encontrado con &eacute;l y que el regreso lo hici&eacute;ramos en compa&ntilde;&iacute;a. Por lo visto Eduardo no les comparti&oacute; la informaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Por supuesto! Estaban confabulados. Eso era de esperarse. &iexcl;Todo un detalle de tu &aacute;ngel guardi&aacute;n!<\/p>\n<p>&mdash;No se&ntilde;or. No fue as&iacute;, mi vida. Nacho, hasta donde pude comprobar, desconoci&oacute; el &laquo;rollito&raquo; en el que estaba envuelta, a pesar de que por su culpa y mi descuido, fue que termin&eacute; bajo el yugo de Eduardo. Y hablando de ese est&uacute;pido, por su gesti&oacute;n administrativa nos vimos muy temprano reunidos con &eacute;l para tratar el tema de los negocios pendientes, y los inconvenientes para cerrar las ventas. Fue cuando nos propuso intercambiar entre nosotros, las carpetas de los clientes con los que a pesar de verles alg&uacute;n potencial, a&uacute;n no logr&aacute;bamos hacer &laquo;clic&raquo; con ellos y concretar los negocios.<\/p>\n<p>&mdash;Jos&eacute; Ignacio se opuso, pregonando que &eacute;l no ten&iacute;a ese tipo de inconvenientes de acercamiento, y que su cartera de clientes era adem&aacute;s de privada, sagrada para &eacute;l. Carlos como buen lacayo, intent&oacute; apoyarlo, pero bast&oacute; un golpe de mano sobre la mesa y una mirada acusadora de Eduardo, complementada con cuatro palabras enclaustradas entre signos de interrogaci&oacute;n, para hacerlo agachar la cabeza: &iquest;C&oacute;mo van tus ventas?<\/p>\n<p>&mdash;Yo, realmente no cre&iacute;a tener complicaciones de feeling con ninguno de los m&iacute;os. De hecho mi preocupaci&oacute;n para aquella semana, era visitar al padre del abogado a mitad de semana y finiquitar ese negocio, atendiendo algunas inquietudes que el magistrado deseaba manifestarme en privado. El caso, cielo, es que terminamos la reuni&oacute;n con la promesa de revisar las carpetas con nuestros mejores prospectos para en la tarde, reunirnos y elegir con cual compa&ntilde;ero intercambiarlos.<\/p>\n<p>&mdash;Antes del almuerzo, como siempre me llamaste al m&oacute;vil privado y tuve que escabullirme hacia el d&eacute;cimo piso, para plantarme disimulada junto a la m&aacute;quina expendedora, y hablar tranquilamente contigo, utilizando mi acostumbrado cappuccino como coartada. Volvimos a tratarnos como antes, tan cari&ntilde;osos como siempre. Emocionado me hablaste de la sorpresa que te tuve la noche anterior, clavada entre mis nalgas, y te juro que me hiciste humedecer la entrepierna y calentar mis orejas, coloreando con los apasionados recuerdos mis mejillas.<\/p>\n<p>&mdash;Y tras informarme de que no estabas en las oficinas y almorzar&iacute;as por fuera, alcanc&eacute; a escuchar de trasfondo la voz de tu asistente que te llamaba de manera urgente. &mdash;Camilo, se deshace en el cenicero de su pucho emparamado en tequila y naranjada, para encenderse uno nuevo y mirarme de reojo, con ganas de refutarme.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;, lo s&eacute;. &ndash;Reculo antes que &eacute;l intervenga. &ndash; Entre t&uacute; y ella no ocurri&oacute; nada, pero tal vez debido a mis andanzas, la juzgaba mal a ella y me la imaginaba detr&aacute;s de ti intentando ser indispensable y ganando tu confianza, para a la menor oportunidad, echarte el guante. En su rostro nace una artera sonrisa que no me aclara nada.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno a lo que iba. Al acercarme a mi escritorio, pude escuchar una acalorada conversaci&oacute;n entre Diana, sentada detr&aacute;s del suyo, y una espigada mujer que d&eacute; pie, le reclamaba por algo. &iquest;Recuerdas a Diana haberla visto triste o demasiado seria alguna vez? &ndash;Camilo niega con la cabeza y encoge los hombros. &ndash; &iexcl;Exacto! Y en esa ocasi&oacute;n estaba l&iacute;vida, bastante sorprendida por la reacci&oacute;n de aquella emperifollada se&ntilde;ora.<\/p>\n<p>&mdash;Apenas estaba rodeando la mesa de mi escritorio para sentarme en la silla y organizar mi agenda semanal, cuando su voz retumb&oacute; tras de m&iacute;, sorteando la mediana altura de los cristales que separaban los cub&iacute;culos de todo el piso.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Oye t&uacute;!&#8230; S&iacute;, t&uacute;&hellip; &iexcl;Blanca Nieves! Deseo comprar una de las casas en el condominio de Pe&ntilde;alisa, pero quiero que t&uacute; me la vendas, ya que esta muchachita, al parecer, desconoce lo que ofrece y propone lo que no puede cumplir. &iquest;Crees que ser&aacute;s capaz de complacerme?<\/p>\n<p>&mdash;Y en fracciones de segundo la tuve frente a m&iacute;, con Diana sentada todav&iacute;a en su escritorio, iracunda, &ndash;roja como un tomate&ndash; abandon&aacute;ndola. Y Eduardo a lo lejos, aparentemente calmo bajo el umbral de su acristalada puerta, suspicazmente risue&ntilde;o nos observaba.<\/p>\n<p>&mdash;Retir&aacute;ndose los lentes de sol, extendi&oacute; sobre la mesa su brazo con la mano abierta, y al estrech&aacute;rsela pude sentir la suave tibieza de su piel, en los breves segundos que con delicada firmeza, nos mantuvimos balance&aacute;ndolas en el aire.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mar&iacute;a del Pilar De La Ossa! Mucho gusto. &mdash;Se me present&oacute;. &iquest;Sabes de quien te hablo?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, por supuesto. &iexcl;La Pili! Despistado o reci&eacute;n nacido, el que diga que no la conoce. Es una l&aacute;stima ver como est&aacute; ahora. Su vida en las d&iacute;scolas noches o el traj&iacute;n de la fama, con sus obvios excesos no la han tratado bien. &iexcl;Con lo bella que fue! Tan deseada por todos y envidiada por muchas. Detestable activista para algunos moralistas, e inmamable instigadora contra el gobierno y los pol&iacute;ticos de derecha, para otros.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pues dentro de los despistados yo, mi vida! Me conoces bien. &ndash;Camilo ir&oacute;nicamente, expulsa una gran humareda por boca y nariz. &ndash; Poco de noticieros y cero de telenovelas o programas de famosos. No sab&iacute;a qui&eacute;n era ella.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Hola! Encantada de conocerla. Mi nombre es Melissa L&oacute;pez y para m&iacute; ser&aacute; un placer atenderla. Si&eacute;ntese por favor y no se preocupe, que de aqu&iacute; no se va a marchar sin hacerse acreedora a la casa de sus sue&ntilde;os. &iquest;Desea tomar algo? &iquest;Un t&eacute; caliente o alguna bebida fr&iacute;a mejor? &mdash;Un ofrecimiento algo apresurado, todo con el fin de aplacar su mal genio.<\/p>\n<p>&mdash;No sonri&oacute;, pero se acomod&oacute; la abertura de su maxi falda de piel de cordero, &ndash;desdentando algunos cent&iacute;metros m&aacute;s la cremallera&ndash; y cruz&oacute; con elegancia, el torneado muslo sobre el otro, acaramelados los dos bajo la elasticidad de sus pantimedias. Luego mir&oacute; de manera despectiva a la pobre Diana, a la vez que igualmente lo hice yo, pero sonri&eacute;ndole c&oacute;mplice y gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Una infusi&oacute;n de frutos rojos si es posible, Blanca Nieves! A ver si as&iacute; logro espantar este maldito ardor estomacal que me caus&oacute; tu est&uacute;pida compa&ntilde;era. &mdash;Me respondi&oacute; algo ronca, acortando nuestra distanciada presentaci&oacute;n, pero alertando mi prevenci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;De eso no tenemos aqu&iacute;! &mdash;Le dije algo apenada, pero obsequi&aacute;ndole una sonrisa sin demostrarle intimidaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Vaya! Empezamos mal, Blanca Nieves. &mdash;Me contest&oacute; haciendo un moh&iacute;n de moderado disgusto con la boca, y con sus ochos delgados dedos por el frente, &ndash;los pulgares mientras tanto apoy&aacute;ndose en el rev&eacute;s&ndash; simulando tocar las teclas blancas y negras de un piano imaginario, sobre la piel blanca de su importada cartera de dise&ntilde;ador franc&eacute;s, en contrav&iacute;a con el brillante &laquo;mora en leche&raquo; en sus u&ntilde;as decoradas, salvo el perlado gris, de los dos medios.<\/p>\n<p>&mdash;Me puse inmediatamente en pie, &ndash;casi en c&aacute;mara lenta&ndash; procurando no ser brusca, pero aun as&iacute; no pude evitar incomodarla.<\/p>\n<p>&mdash;Aqu&iacute; no, pero en la cafeter&iacute;a del siguiente piso se lo puedo conseguir, adem&aacute;s de un poco de privacidad. &ndash;Le habl&eacute; con suavidad. &ndash; &iquest;Vamos? As&iacute; de paso charlamos y me detalla lo que necesita, y que mi compa&ntilde;era no le pudo satisfacer.<\/p>\n<p>&mdash;Delicada acomod&oacute; con los dedos la vistosa pa&ntilde;oleta de seda sobre su cabeza, formando una ampl&iacute;a visera sobre la frente cubriendo completamente su cabellera. Se levant&oacute; de la silla y muda mir&oacute; con cautela su alrededor. Se posicion&oacute; justo a mi lado derecho y echamos a andar hacia los elevadores, dejando tras de nosotras boquiabiertos a los presentes, incluido Eduardo, rompiendo el inc&oacute;modo silencio presente en el ambiente. Las gafas oscuras ocultaron los tonos bronce, salpicados de n&aacute;cares en sus grandes p&aacute;rpados sobre sus ojos grises, a pesar de estar dentro de las oficinas y que aquella ma&ntilde;ana de octubre, recuerdo opaca y fr&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Disculpe usted, &ndash;le dije mientras le hac&iacute;amos guardia a la llegada del ascensor en el corredor&ndash; pero&hellip; &iquest;D&oacute;nde nos hemos visto antes?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Tan r&aacute;pido me olvid&oacute;? Soy la mujer que se entrevist&oacute; con la tonta esa, en La Candelaria y que usted casi me desgasta la cara con tanta miradera. Al parecer esa tarde oficiaba de guardaespaldas y la aguardaba sentada en la barra del restaurante. Nos tropezamos cuando yo buscaba el ba&ntilde;o de mujeres. &iquest;No lo recuerda?<\/p>\n<p>&mdash;Ahhh&hellip; &iexcl;Ya! &ndash;Dej&eacute; de mirarla para concentrarme en un mensaje que me hab&iacute;a enviado Diana. &ndash; &iexcl;Pero a m&iacute; me parece que era usted la m&aacute;s interesada en contar el n&uacute;mero de pecas en mi nariz! &mdash;Le respond&iacute; mientras terminaba de leer.<\/p>\n<p>&mdash;Ella inclin&oacute; la cabeza y baj&aacute;ndose un poco la montura de sus lentes de sol me observ&oacute; con detenimiento, y luego frunciendo el ce&ntilde;o me dijo&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pero usted no tiene nada ah&iacute;! &mdash;Me sonre&iacute; y le respond&iacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Y usted tampoco ten&iacute;a los ojos tan grises esa tarde, cuando desde su mesa no cesaba de mirarme cada vez que levantaba la copa de cristal y el nivel de su sangr&iacute;a mermaba, en lugar de estar concentrada escuchando la informaci&oacute;n que la &laquo;tontis&raquo; de mi compa&ntilde;era les suministraba. Por cierto, Mar&iacute;a del Pilar&#8230; &iquest;Dej&oacute; en remojo las lentillas de color azul por no estar urgida de vigilar a su marido?<\/p>\n<p>&mdash;Se abrieron las puertas del elevador y las de su boca por la risa, y a pesar de no subir con m&aacute;s de dos o tres personas, ella cruz&aacute;ndose de brazos se arrincon&oacute; al fondo, y al verme en el espejo posterior sonriendo detr&aacute;s de ella, sigui&oacute; haci&eacute;ndolo hasta que son&oacute; la campanita del elevador indicando la llegada al d&eacute;cimo piso.<\/p>\n<p>&mdash;Entonces las dos, La Pili y t&uacute;, se reconocieron enseguida y se&hellip; &iquest;Se gustaron desde esa ocasi&oacute;n? &iquest;Es lo que me quieres decir? &mdash;Y tras acusarme, Camilo agota de un sorbo lo poco que hab&iacute;a sobrevivido del coctel, tras el choque contra el edred&oacute;n y como una fiera enjaulada, camina de una pared a la otra pero sin salirse de la franja delimitada por el borde derecho, &ndash;a medias destendida la colcha de la cama&ndash; y el otro muro beige, desprovisto de cuadros, tan desnudo como lo estamos mi marido y yo, debajo de estas batas de ba&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;A ver cielo, &ndash;imit&aacute;ndolo, bebo del m&iacute;o y le confirmo&ndash; por supuesto que era ella, pero sabes c&oacute;mo soy de despistada y no la reconoc&iacute; de inmediato. &iexcl;Mi retentiva no se activa, si no oprimo antes el bot&oacute;n de mi inter&eacute;s! Y no fue una atracci&oacute;n inminente como sugieres. Al menos no lo fue para m&iacute;. Ten&iacute;a para ese entonces, muchas otras cosas en la cabeza por las cuales preocuparme y demostrarme interesada.<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute;, por supuesto. &iexcl;Entre ellas tu familia! Yo siempre tan equivocado. &iquest;Y que pretend&iacute;a conseguir la famosa estrellita?<\/p>\n<p>&mdash;Cuando las puertas del elevador se abrieron, me apresur&eacute; para salir de primeras. Demostr&aacute;ndole tranquilidad y aplomo, me dirig&iacute; a la cafeter&iacute;a con aquella mujer caminando a mi lado, empeque&ntilde;eci&eacute;ndome con su elevada estatura pues me sacaba media cabeza de ventaja, a pesar de que yo ese d&iacute;a calzaba mis zapatos de plataforma separ&aacute;ndome del suelo unos ocho cent&iacute;metros, y Mar&iacute;a del Pilar, unas estilizadas sandalias muy c&oacute;modas con tac&oacute;n kitten.<\/p>\n<p>&mdash;Sentadas a la mesa, con ella en frente de m&iacute;, la adul&eacute; sincera mientras esper&aacute;bamos a que nos atendieran, dici&eacute;ndole que me parec&iacute;a muy sonoro su nombre de pila. &laquo; &iexcl;Me encanta el tuyo por lo cadencioso!&raquo;, me respondi&oacute;. Adorn&oacute; su halago con una nacarada sonrisa que precedi&oacute; a dos dedos de su mano derecha, que retiraron por la charnela sus costosas gafas italianas y doblaron las patillas doradas con esmero, escud&aacute;ndolas entre las murallas de sus escu&aacute;lidas manos.<\/p>\n<p>&mdash;Ya soplando nuestras bebidas calientes para descongelar el frio de la ma&ntilde;ana y su engre&iacute;da actitud, &ndash;a ella la infusi&oacute;n de frutos rojos y un cappuccino con caramelo para m&iacute;&ndash; antes que nada me pidi&oacute; disculpas, record&aacute;ndome el sitio donde aquella tarde visualmente nos cruzamos. Tras el primer sorbo se dej&oacute; calentar por sus justificadas quejas, acerca de la poca informaci&oacute;n suministrada por Diana, para que se le aceptara como garant&iacute;a bancaria para el pr&eacute;stamo, una propiedad rural en cercan&iacute;as a su Villa de Leyva del alma. &iexcl;Una herencia familiar!<\/p>\n<p>El espacio entre la cama y la pared, se colma del volumen de su cuerpo y de la niebla de tabaco que deja tras sus pasos, mientras que yo le sigo contando.<\/p>\n<p>&mdash;Y por supuesto, en segundo lugar, que la casa que le hab&iacute;a gustado por la claridad de su ubicaci&oacute;n, ya no estaba disponible para ella y su pareja, pues casualmente era la esquinera que yo le hab&iacute;a vendido a la se&ntilde;ora Margarita. Cierto fue que Diana no le hab&iacute;a realizado el seguimiento respectivo a la solicitud de financiaci&oacute;n y mucho menos le hab&iacute;a sugerido alg&uacute;n anticipo para separar antes que nadie, aquella casa. Realmente por ojos, boca y todos los poros, La Pili me expresaba toda su molestia, despreocupada totalmente porque con su altaner&iacute;a y otras expresiones malsonantes, terminaran por disgustarme.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Pero sabes, cielo? Me impresion&oacute;. &iexcl;Qu&eacute; mujer tan interesante, por Dios! En su rostro, &ndash;ciertamente un tanto ajado&ndash; prevalec&iacute;a, sin embargo, una belleza natural, para nada impuesta. Y en la frialdad de sus ojos de plenilunio, el esplendor de la sabidur&iacute;a e inquietantes, las sombras de sus misterios.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto que tambi&eacute;n atrajo mi atenci&oacute;n, la madura mirada angelical que con seguridad habr&iacute;a endiablado a los &laquo;pintosos&raquo; galanes de sus &eacute;pocas actorales, a la par de sus noveleras y rom&aacute;nticas seguidoras en el nocturno horario estelar, y que fascin&oacute; con sus punzantes entrevistas, a los fieles espectadores del noticiero que anteced&iacute;a a la ficticias tragedias suyas en la telenovela, muchos de ellos a escondidas de sus mujeres, deseando acariciar para s&iacute;, el espectacular cuerpo de la otrora reina de belleza tras las abombadas pantallas de sus televisores&hellip; &iexcl;Esa preciosidad antes de los veinte, en ella permanec&iacute;a indemne en su madurez de diva!<\/p>\n<p>&iquest;Cielo? &iexcl;Qu&eacute; l&oacute;gica puedo encontrar para explicarle a mi raz&oacute;n lo que este coraz&oacute;n siente cada vez que ella pronuncia con su voz cari&ntilde;osa ese sustantivo! Me eleva de emoci&oacute;n hasta m&aacute;s all&aacute; de la esfera celeste, y es entonces cuando recuerdo como sol&iacute;a desbordarme de felicidad cuando tambi&eacute;n me dec&iacute;a &laquo; &iexcl;Mi vida!&raquo;, y lograba que renaciera dentro de m&iacute; una sensaci&oacute;n que inexplicablemente, todav&iacute;a persiste. &iquest;Amor? &iquest;A pesar de estar escuchando los antecedentes a su nueva traici&oacute;n? &iexcl;Mierda! Y es que desde el precioso a&ntilde;il de sus ojos, descendiendo hasta el rosado para&iacute;so encarnado de sus labios, se me hace terrenalmente inevitable&hellip; &iquest;Odiarla?, &iexcl;No! &iquest;Repudiarla? Por supuesto. &iexcl;Qu&eacute; hijueputa encrucijada en la que esta mujer me ha metido!<\/p>\n<p>Cansado de recorrer descalzo el mismo angosto espacio, Camilo deserta hacia el escritorio, abandonando all&iacute; sobre la bandeja, su vaso de cristal con el &iacute;nfimo nivel de tequila y jugo de naranja que le quedaba. Le veo huir hasta las puertas-ventanas, entreabri&eacute;ndolas un poco y estirando sus brazos para encarcelar entre sus dedos, el marco de aluminio. Divisa con seguridad el alboreado horizonte con la paleta de tonos vivos y resplandecientes, de una bru&ntilde;ida calidez m&aacute;s los rojizos suaves, rayando el ya no tan oscuro azul de esta hora dorada, sin conseguir que su figura a contraluz, como hermosa y masculina postal, me aparte de los recuerdos.<\/p>\n<p>&mdash;Y los delineados labios de un rosa no tan p&aacute;lido, se le fruncieron. Los repas&oacute; con la lengua y pronto se adelgazaron en una sonrisa, llamativos y efusivos. Ante m&iacute; con su sensual abrir y cerrar, actuaron como una &laquo;Venus atrapamoscas&raquo; apresando toda mi atenci&oacute;n, &ndash;y estas palabras m&iacute;as, a la de los marrones ojitos de mi esposo&ndash; tal cual como a muchos hombres y algunas mujeres, que so&ntilde;aban con tenerlos muy de cerca para besarlos y venerarle la boca con &laquo;piquitos&raquo; y mordiscos, para desde all&iacute; mimarle otras partes de su preciosa figura de reinado novembrino, celebrado en Cartagena de Indias.<\/p>\n<p>&mdash;Con La Pili ya relajada, regresamos al noveno piso, esta vez lado a lado descendiendo por las escaleras. Garbosa, se me adelant&oacute; por el pasillo y camin&oacute; por delante de m&iacute;, &ndash;silenciando nuevamente con su omnipresencia las carcajadas de Jos&eacute; Ignacio burl&aacute;ndose por lo sucedido junto a Carlos, y el sollozo contenido de Diana, apaciguado en un reconfortante abrazo de K-Mena&ndash; buscando la ruta hacia la silla frente a mi escritorio, desatendi&eacute;ndose de todo a su alrededor.<\/p>\n<p>&mdash;Al darme la espalda pude observar bajo la correa ancha de su corta cazadora de piel, justo en el central pespunte doble de la entallada falda, lo que me pareci&oacute; la sombra de un delgado tronco, ascendiendo por el centro de su derriere sin alcanzar la pretina, pues las arrugas en las que se transform&oacute; m&aacute;s arribita, se le expand&iacute;an en crecientes curvas, de a dos y hasta tres sobre cada nalga, tal si fuesen las acongojadas ramas de un &aacute;rbol, deshojadas por el oto&ntilde;o de sus a&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;Cruc&eacute; por detr&aacute;s suyo, &ndash;mientras deshac&iacute;a bajo la quijada el nudo de su pa&ntilde;oleta, retir&aacute;ndola de su leonina cabellera&ndash; para acercarme hasta el cub&iacute;culo que ocupaba Diana y pedirle que me entregara toda la documentaci&oacute;n que tuviera a mano del negocio con La Pili y su pareja. De mala gana sac&oacute; la carpeta de su archivador y me la entreg&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Tranquil&iacute;zate amiguis. &ndash;Le susurr&eacute;. &ndash; Como sea, sacar&eacute; adelante este negocio, lo apuntar&eacute; como m&iacute;o pero la comisi&oacute;n seguir&aacute; siendo completamente tuya. &iexcl;Te lo prometo! &mdash;Y Camilo ya en el balc&oacute;n, se decide a enfrentar de nuevo a la madrugadora y salina brisa, socorrido tan solo por el aroma del tabaco y el humo de su cigarrillo, en una batalla desigual.<\/p>\n<p>&mdash;Regres&eacute; a mi escritorio y me sent&eacute; frente a Mar&iacute;a del Pilar, para revisar en el computador los planos digitalizados buscando alguna casa disponible con una ubicaci&oacute;n similar, aunque la cuant&iacute;a variara. Igualmente analic&eacute; los n&uacute;meros de sus finanzas y los de su pareja, simulando los pagos mensuales seg&uacute;n variaba en la f&oacute;rmula de Excel, los montos de las cuotas iniciales. Y se los present&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;No hizo buena cara! Se sorprendi&oacute; mucho al leer la cifra de la casa tipo &laquo;B&raquo; que estaba apartada por un cliente de Carlos, m&aacute;s a&uacute;n no hab&iacute;a obtenido del banco la respuesta final. Me persign&eacute; mentalmente y me lanc&eacute; al abismo de las posibilidades, apostando por ganarle con la aprobaci&oacute;n del cr&eacute;dito. Por video se la ense&ntilde;&eacute; y junto a mi tarjeta de presentaci&oacute;n, le extend&iacute; el n&uacute;mero de cuenta de la constructora y la referencia para que consignara el dinero y se la pudiese apartar.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Quiero verla antes junto a mi marido! Puede que a Bruno no le agrade. &mdash;Me hizo la advertencia muy decidida. Pero mi vida, yo le respond&iacute; segura&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;El se&ntilde;or Guimar&atilde;es es extranjero. No tiene propiedades a su nombre y desgraciadamente no soporta bien los ingresos. Y usted ha presentado varias moras con algunos cr&eacute;ditos. Me voy a esforzar por sacar adelante su negocio, pero necesito que conf&iacute;e en m&iacute;. &iexcl;El que no arriesga un huevo no saca un pollo! Por lo tanto le sugiero que apenas salga de aqu&iacute;, realic&eacute; la consignaci&oacute;n, me la env&iacute;e escaneada y luego s&iacute; se comunique con &eacute;l para darle la sorpresa. Y&hellip; Hummm. &mdash;Revis&eacute; frente a ella mi agenda y le coment&eacute;&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ma&ntilde;ana martes no puedo viajar a Pe&ntilde;alisa. El mi&eacute;rcoles tengo otra reuni&oacute;n impostergable con otro cliente. Ser&iacute;a el jueves por la tarde o el viernes muy temprano porque el s&aacute;bado y el domingo se los dedicar&eacute; a mi familia. Ya tiene mi n&uacute;mero. Av&iacute;seme usted, cu&aacute;ndo tendr&aacute; tiempo disponible para m&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ya veremos Blanca Nieves, ya veremos! &mdash;Y se acerc&oacute; para besarme en la mejilla, despidi&eacute;ndose.<\/p>\n<p>&mdash;Como guste y cuando quiera, &iexcl;Bruja Malvada! &mdash;Le respond&iacute; sonri&eacute;ndole, y ella para nada ofendida, se sonri&oacute; divertida.<\/p>\n<p>&mdash;Pero hasta donde entiendo, Eduardo no tuvo nada que ver. Esa diva fue quien de antemano te escogi&oacute;. Y por la emoci&oacute;n con la que has descrito ese encuentro&hellip; &ndash;Camilo se da media vuelta y protesta. &ndash; &iexcl;Eso a ti te gust&oacute;! &iquest;D&oacute;nde carajos estuvo la obligaci&oacute;n?<\/p>\n<p>&mdash;En su imaginaci&oacute;n, cielo. &iexcl;Se la incrust&eacute; en su puta cabeza! Cuando despu&eacute;s del almuerzo y tras haber hablado contigo, extra&ntilde;ada nuevamente por no verte junto a los dem&aacute;s en el comedor, nos reuni&oacute; en su oficina para implementar su nuevo plan de acci&oacute;n, ufanado por tener la raz&oacute;n, soportando su idea en el episodio de la ma&ntilde;ana. Carlos intercambi&oacute; dos de sus negocios en los apartamentos de inter&eacute;s social, por una carpeta de un reacio cliente de Pe&ntilde;alisa con K-Mena. Yo le entregu&eacute; a Diana un negocio casi hecho de otra de las casas tipo &laquo;D&raquo;, las m&aacute;s peque&ntilde;as pero las m&aacute;s apetecidas por su accesible valor, ubicadas al fondo del condominio campestre.<\/p>\n<p>&mdash;Decid&iacute; quedarme a solas con Eduardo unos minutos m&aacute;s, para pedirle que me acompa&ntilde;ara a la reuni&oacute;n con el magistrado en la Corte Suprema, actuando ante &eacute;l como si estuviese preocupada por las &laquo;raras&raquo; intenciones que percib&iacute; en su invitaci&oacute;n. &iexcl;Lo embauqu&eacute; con premeditaci&oacute;n!<\/p>\n<p>Al parecer, a Camilo no le satisface mi explicaci&oacute;n, pues sacude su melena con la mano derecha y decide regresar a la cama. Me sorprende al sentarse exactamente al extremo de donde estoy recostada, alejado de mi cuerpo mir&aacute;ndome a los ojos con detenimiento pero con su rodilla desnuda cercana a mis pies e inalterable mi voz, exponi&eacute;ndole con claridad los hechos.<\/p>\n<p>&mdash;A ver cielo, ya sabes c&oacute;mo era Eduardo de entrometido con mis negocios, y m&aacute;s cuando se percataba de que alguno de los clientes era una figura importante de la sociedad. Entonces se lanzaba de cabeza para involucrarse, hacerse notar e intentar pescar en rio revuelto. Pues con el magistrado Christopher Archbold, sucedi&oacute; exactamente as&iacute;, y m&aacute;s cuando a la entrada de la sala de ventas se form&oacute; un revuelo cuando llegaron ellos en tres camionetas blindadas buscando a las malas, espacio suficiente para parquear. Eduardo esperanzado en lucir su gerencial sonrisa de bienvenida, intent&oacute; acercarse a la segunda Toyota para present&aacute;rsele a la familia, pero un miembro de la guardia de seguridad lo detuvo y le pregunt&oacute; exclusivamente por m&iacute;. As&iacute; que durante la tarde de aquel s&aacute;bado, el pobre se qued&oacute; con las ganas de figurar.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Recuerdas que te cont&eacute; que el magistrado Archbold y yo hablamos a solas mientras esper&aacute;bamos a que su esposa y su hijo el abogado, &ndash;que no le soltaba la mano a su novia para nada&ndash; recorr&iacute;an emocionados las instalaciones del gimnasio?<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute;, por supuesto. &iquest;Y qu&eacute; quer&iacute;a &eacute;l de ti?<\/p>\n<p>&mdash;Pues bien, en esa charla el magistrado me puso al tanto de la situaci&oacute;n sentimental de su hijo Kevin, inform&aacute;ndome que su muchacho estaba tremendamente enamorado de aquella morena sanandresana, desde sus &eacute;pocas de colegio en las islas, y que si bien su nuera no era una &laquo;peladita&raquo; desagradable, s&iacute; que proced&iacute;a de una familia humilde y no le aportar&iacute;a nada al prometedor futuro de su hijo como abogado en la capital, y que &eacute;l, siendo ya un reconocido magistrado, aspiraba a presidir la Corte Constitucional, pero para ello deb&iacute;a rodearse de personas que impulsaran su carrera, para unos a&ntilde;os despu&eacute;s, aspirar a ser fiscal general de la naci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Por lo tanto ese apoyo pol&iacute;tico solo se lo ofrec&iacute;a un senador, que casualmente ten&iacute;a una hija soltera trabajando ya para una entidad del gobierno, y que manten&iacute;a cierto inter&eacute;s sentimental en su hijo, &ndash;tras estudiar juntos en la universidad&ndash; pero ante los ojos y el coraz&oacute;n de mi joven cliente, ella pasaba desapercibida.<\/p>\n<p>La mano derecha de mi esposo alcanza su quijada y oculta la boca. La comprime bajo la succi&oacute;n que genera su palma y sus dedos, pulgar e &iacute;ndice, sellan ambas fosas nasales brevemente. Medita lo que acabo de decirle.<\/p>\n<p>&mdash;Por sugerencia de ese senador, &ndash;extiendo mi relato&ndash; lleg&oacute; a plantearse la posibilidad de unir lazos familiares y por ah&iacute; derecho, estrechar los v&iacute;nculos pol&iacute;ticos necesarios para ir escalando posiciones. En resumen, el pretend&iacute;a que su hijo desistiera de su idea de casarse y terminara con su noviazgo adolescente, para iniciar uno nuevo con la hija del senador.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y t&uacute; que ten&iacute;as que ver con todo eso?<\/p>\n<p>&mdash;Es lo que ten&iacute;a que ir a averiguar a su oficina, pues estando en Pe&ntilde;alisa esa tarde, no tuvo el tiempo necesario para aclar&aacute;rmelo, pues uno de sus guardaespaldas, el que tomaba apuntes, se acerc&oacute; para decirle algo al o&iacute;do antes de alcanzarle un tel&eacute;fono satelital, interrumpi&eacute;ndonos. Al despedirse de m&iacute;, en frente de su esposa Isabel, de su hijo Kevin y de su nuera, me pidi&oacute; verlo en Bogot&aacute; para informarme de la decisi&oacute;n final. Como me lo hab&iacute;a anticipado su hijo, las decisiones importantes las tomaba exclusivamente &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;El cl&aacute;sico padre de familia imponente? &mdash;Teoriza Camilo.<\/p>\n<p>&mdash;Pues efectivamente has dado en el clavo, cielo. El magistrado Christopher Archbold, &ndash;decido hacerle una detallada descripci&oacute;n&ndash; es un hombre que por su arcaica educaci&oacute;n y su alta posici&oacute;n social y pol&iacute;tica, quiere tenerlo todo controlado. Intimidadora corpulencia gracias a sus casi dos metros de estatura, a pesar de sus cincuenta y tantos a&ntilde;os, no estaba ni demasiado gordo ni fofo, pero obviamente pose&iacute;a un volumen inocultable en su est&oacute;mago, bajo la tela blanca de su camiseta deportiva. No hab&iacute;a perdido mucho cabello, pero s&iacute; ten&iacute;a las entradas de su frente algo despejadas del ensortijado pelo entrecano, que no intentaba ocultar para nada por el paso de sus a&ntilde;os. &laquo; &iexcl;Me hace ver m&aacute;s sabio!&raquo;. &mdash;Puntualiz&oacute; una vez que se lo pregunt&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Para rematar, manten&iacute;a una barba completamente blanca, m&aacute;s no tan tupida, recorri&eacute;ndole el rostro desde una patilla hasta la otra, otorg&aacute;ndole un aspecto bastante benevolente. Sus manos grandes, con dedos gruesos y u&ntilde;as tan perfectamente pulidas, que me pareci&oacute; aquella tarde que hubiese llegado directamente del sal&oacute;n de su manicurista. Voz sumamente grave y pausada, met&oacute;dica tardanza para responder. &laquo; &iexcl;Mejor pensar antes que hablar!&raquo;. &mdash;Me ense&ntilde;&oacute; la primera vez que lo apure a contestarme.<\/p>\n<p>&mdash;Pesado, muy lento al andar y bastante ancho de espalda. Tal vez por ello camina ligeramente encorvado, incluso un poco m&aacute;s cuando lo hace cogido de gancho a su fr&aacute;gil se&ntilde;ora. Ella por el contrario, su esposa Isabel, parec&iacute;a una mu&ntilde;eca a su lado. Rubia, delgada y andar estilizado. Aunque no era baja, al lado de su esposo parec&iacute;a poca cosa. Sus enclenques gestos y el tenue hilo de voz ayudaban a dar esa sensaci&oacute;n. Aparentemente es una buena mujer, pero demasiado pusil&aacute;nime.<\/p>\n<p>&mdash;Como el magistrado lo hab&iacute;a presupuestado, tras terminar de recorrer las habitaciones de la segunda planta, con todo el sequito de guardaespaldas tras nosotros, me solicit&oacute; hacer un recorrido por los alrededores para observar mejor las zonas comunales y las piscinas, las canchas de tenis y por supuesto el campo de golf. Los escoltas, por su parte, anotando las preocupaciones por la seguridad del lugar.<\/p>\n<p>&mdash;Preciso all&iacute;, en frente de las dos palmas de la entrada, nos cruzamos con Nacho, dirigi&eacute;ndome una de sus infaltables miradas conquistadoras, y tras su sonrisa, salud&aacute;ndonos con cortes&iacute;a, ingresaban tras &eacute;l dos mujeres de mediana edad, posibles clientes para esa casa. Intent&oacute; apoyar su mano sobre mi hombro al dejar pasar primero a esas se&ntilde;oras, pero fue la tela Chambray de la blusa que cercaba el seno izquierdo de la novia del abogado, el que recibi&oacute; el atropello de sus dedos. Nacho se disculp&oacute;, mir&aacute;ndola con pena y respeto frente a m&iacute; y la chica sonrojada le sonri&oacute; e intent&oacute; decir algo, pero la mano zurda de su novio la jal&oacute; hacia adelante, apresurado por seguirle los pasos a su padre.<\/p>\n<p>&mdash;Nos subimos al carrito de golf, y a pesar de tener seis puestos, el magistrado se sent&oacute; al lado m&iacute;o, dejando en los posteriores a su mujer y al jefe de seguridad, en los &uacute;ltimos asientos a la nuera y a su hijo. Sus otros dos guardaespaldas, trotando a nuestro lado, como si fu&eacute;semos a sufrir alg&uacute;n atentado. Eso me asust&oacute; un poco y tal vez llegu&eacute; a exteriorizarlo pues mientras conduc&iacute;a hacia la zona social, el magistrado sin atisbo de pena, coloc&oacute; su mano sobre mi muslo derecho para calmarme. Y esa misma mano, instantes despu&eacute;s lo abandon&oacute; al se&ntilde;alar el camino hacia el gimnasio.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Y le gusto lo que vio? &mdash;Me pregunta Camilo levant&aacute;ndose de nuevo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te refieres a la casa y los alrededores? &iquest;O a m&iacute;? &mdash;Le contra pregunto.<\/p>\n<p>Camilo se muere de ganas por saber. Tal vez intuye que con ese magistrado tambi&eacute;n tuve cuentos. Pero se muerde la lengua y no me responde.<\/p>\n<p>&mdash;No demostr&oacute; fascinaci&oacute;n por el dise&ntilde;o de la casa para su hijo, menos demostr&oacute; asombro con el paisajismo y las comodidades de la agrupaci&oacute;n. Tampoco se asust&oacute; por el valor, cuando su hijo le coment&oacute; que le pareci&oacute; desde un principio una buena compra. Supongo que esa visita fue m&aacute;s una obligaci&oacute;n paternal para satisfacer los sue&ntilde;os de su hijo, que un codiciado paseo familiar para cotizar viviendas y adquirir una casa donde ver crecer y disfrutar a sus futuros nietos. &iexcl;Y pas&oacute; de m&iacute;, si es lo que en verdad quieres saber!<\/p>\n<p>Se sonr&iacute;e levemente al verse descubierto y con suavidad toma mi vaso a la vez que me pregunta:<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Te apetece otro coctel? Porque a m&iacute; s&iacute; me falta sentir el ardor del primer trago de tequila. &mdash;Y en su pesta&ntilde;eo incesante percibo el grado de inquietud que lo atosiga, m&aacute;s ahora escucho como suspira al darse vuelta, y comprendo que mi respuesta lo tranquiliza. &iexcl;Por ahora!<\/p>\n<p>&mdash;Tendida la trampa, &ndash;sigo cont&aacute;ndole y extiendo por completo mis piernas y cierros los ojos para concentrarme&ndash; finalic&eacute; la tarde laboral recogiendo mis cosas en calma, pero rodeada por Diana y K-Mena, con Carlos y Jos&eacute; Ignacio al acecho.<\/p>\n<p>&mdash;A ver Meli, p&aacute;rale bolas a lo que te voy a decir. Esa es una vieja pedante, arribista y s&uacute;per cre&iacute;da. Se cree la vaca que m&aacute;s caga. Piensa ella que por ser famosa, todo el mundo debe rendirle pleites&iacute;a y tir&aacute;rsele a los pies para lam&eacute;rselos. En serio, Meli. &iexcl;Es m&aacute;s fastidiosa que un grano en el culo! &mdash;Me dijo Diana sin re&iacute;rse pero poni&eacute;ndome al tanto de la situaci&oacute;n sin dejarme salir de mi cub&iacute;culo.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Famosa? &iquest;Acaso de quien se trata? &mdash;Expres&eacute; con inocencia mi ignorancia en temas de far&aacute;ndula.<\/p>\n<p>&mdash;Pues La Pili, chikis. &iquest;En qu&eacute; mundo vives? &mdash;Intervino K-Mena.<\/p>\n<p>&mdash;Una ex reina de belleza, actriz por conveniencia, presentadora de televisi&oacute;n por cari bonita y pseudo-periodista por vocaci&oacute;n filos&oacute;fica. &iexcl;La Diva de Divas! &mdash;Me actualiz&oacute; Jos&eacute; Ignacio.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Uy s&iacute;! Y con comentarios hirientes, si se da cuenta de que vistes mal, hueles a un perfume que no le agrada, o si tienes una u&ntilde;a mal pintada. Una &laquo;caca&raquo; de mujer en decadencia, y ella sin embargo se cree el centro del universo. No te vayas a dejar de ella Meli, y no te preocupes si tienes que mandarla a la mierda, porque le gusta presumir de intelectual ante las c&aacute;maras y dominar a su p&uacute;blico, pero yo creo que debe ser de esas viejas frustradas que son todo lo contrario cuando los focos de la far&aacute;ndula no la alumbran. &mdash;Me lo recalc&oacute; Diana, tom&aacute;ndome del brazo para finalmente dirigirnos hacia los elevadores.<\/p>\n<p>&mdash;Estaba estresada y me mor&iacute;a de ganas por llegar a nuestra casa para descansar el cuerpo y mi mente, pero tan pronto como se abrieron las puertas del elevador, casi tropiezo con Sergio, que sin avisarle a K-Mena, hab&iacute;a decidido ir a buscarla a la constructora. Al verme me salud&oacute; primero y luego a los dem&aacute;s. Por ultimo lo hizo con su novia. Asum&iacute; de inmediato que estaban enojados. Sergio se me acerc&oacute; y nervioso me invit&oacute; un caf&eacute;, en la cafeter&iacute;a de la esquina.<\/p>\n<p>&mdash;Es que no me entiendes, Beb&eacute;. &ndash;Escuch&eacute; a K-Mena quejarse bajo con Sergio, mientras Diana hablaba por tel&eacute;fono con su madre. &ndash; &iexcl;Bueno, s&iacute;! Tal vez un poco, pero es que tambi&eacute;n tengo derecho a ir cambiando. &mdash;Le replic&oacute; ella, esta vez en un tono ligeramente m&aacute;s grave y alto, en respuesta a un preocupado comentario de Sergio, que no pude escuchar bien.<\/p>\n<p>&mdash;Tanto Diana como Carlos y Jos&eacute; Ignacio al escucharlo se auto invitaron, y aunque percib&iacute; un moh&iacute;n de fastidio en Sergio finalmente todos nos dirigimos hacia all&iacute;. Tuve tiempo de escribirte un mensaje, coment&aacute;ndote que me tardar&iacute;a un poco m&aacute;s, de inmediato recib&iacute; tu llamada y te respond&iacute;, sinti&eacute;ndome intimidada por tenerlo tan cerca.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ok! Pues a veces pienso que prefieres quedarte a encender veladoras y vestir santos en la iglesia antes que intentar ser m&aacute;s&#8230; &iexcl;Amoroso conmigo! &mdash;Le escuch&eacute; a K-Mena decirle a Sergio, cuando terminamos nuestra llamada, y le vi soltarle la mano enfadada y gir&aacute;ndose hac&iacute;a m&iacute;, me inmiscuy&oacute; en sus conversaciones.<\/p>\n<p>&mdash;T&uacute; qu&eacute; opinas, Chikis. &mdash;Me pregunt&oacute; ella integr&aacute;ndome en su conversaci&oacute;n, sin que yo lo quisiera.<\/p>\n<p>&mdash;Flaquis, ni yo ni cualquiera deber&iacute;a meterse en la relaci&oacute;n de ustedes dos. Pero ya que me lo preguntas, creo que la pareja ha de ir avanzando en la relaci&oacute;n para madurarla y conocerse mejor antes de dar el salto definitivo al matrimonio. Convivir juntos puede llegar a ser algo complicado si desconocemos en su totalidad los pensamientos y las costumbres de nuestra pareja. Una cosa es de novios y otra muy distinta de casados.<\/p>\n<p>&mdash;K-Mena sonri&oacute;, ilumin&aacute;ndosele el semblante. Sergio por el contrario continu&oacute; con su postura parca y Jos&eacute; Ignacio continuaba escribiendo mensajes en su m&oacute;vil. Dentro de mi bolso pod&iacute;a escuchar las notificaciones que llegaban al m&iacute;o y el codo de Diana me punzaba las costillas dici&eacute;ndome: &laquo;Meli preciosa, &iexcl;Te est&aacute; sonando el celular!&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;S&iacute;? &mdash;Respond&iacute; haci&eacute;ndome la desentendida, aunque una corazonada me alertaba de quien podr&iacute;a tratarse.<\/p>\n<p>&mdash;Lo tom&eacute; y oje&eacute; la pantalla del m&oacute;vil, para darme cuenta de que efectivamente era &eacute;l quien me escrib&iacute;a. &laquo;Humm&hellip; &iexcl;Es un cliente! Que cans&oacute;n. &iexcl;Las horas que son y quiere saber c&oacute;mo van las cosas con su estudio de financiaci&oacute;n!&raquo; &mdash;Habl&eacute; en tono alto para que me escucharan, sobre todo &eacute;l, y as&iacute;, sin mirarlo, me levant&eacute; y sal&iacute; del local para poder hablar con tranquilidad.<\/p>\n<p>&mdash;Que inoportuno. &mdash;Opina Camilo, consiguiendo que abra mis ojos y sorprenderme al verle de pie, ofreci&eacute;ndome un nuevo coctel.<\/p>\n<p>&mdash;A ver Jos&eacute; Ignacio, &iquest;Te estas enloqueciendo? &iexcl;Ub&iacute;cate! &iquest;C&oacute;mo se te ocurre proponerme esas cosas? &iquest;Acaso no sabes qu&eacute; d&iacute;a es hoy? &mdash;Le reclam&eacute; tan pronto como tom&oacute; mi llamada.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Hoy? &iexcl;Jajaja! Ojala sea mi d&iacute;a de suerte y m&aacute;s tarde me alegres la noche, aceptando mi invitaci&oacute;n a un motelito que conozco arribita en la monta&ntilde;a, para hacerte cositas ricas.<\/p>\n<p>&mdash;Ayyy, por favor Nacho, no seas tan rid&iacute;culo.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Pero es que me dejaste a medias! Todo por tus putos afanes de ir a verte con el idiota de tu esposo.<\/p>\n<p>&mdash;Mira Jos&eacute; Ignacio, ponle pausa a ese video de una buena vez. Si hubiese imaginado que serias tan fastidioso no te hubiera dado a oler ni un pedo m&iacute;o. Y vete enterando cu&aacute;l es tu lugar en mi vida. Mi esposo y mi hijo son lo primero, mi familia lo m&aacute;s importante que me rodea, mis amistades son fundamentales y mis antojos los dejo para despu&eacute;s. &iquest;Ok? Mi marido es imprescindible para mi bienestar y el de mi hijo, por ello se ha ganado el primer lugar en mi coraz&oacute;n. Y tu pues&hellip; Eso, un capricho nada m&aacute;s. &iquest;Comprendido? &iquest;O te lo explico con plastilina?<\/p>\n<p>&mdash;Pero es que me gustas mucho y la calle esta dura. &iexcl;Jejeje! Creo que me estoy enamorando. &mdash;Entremezcladas sus palabras con la m&uacute;sica de fondo y el ruido de voces dentro del local, lo escuch&eacute; re&iacute;rse, pero sus palabras las pude escuchar con mayor nitidez y cierto eco al final.<\/p>\n<p>&mdash;Es en serio bizcocho. Y mira como es la vida&hellip; M&iacute;rame Meli. &mdash;Y me fij&eacute; que al igual que yo, ya se encontraba a dos metros de distancia de m&iacute;, fuera del local. Y se sonri&oacute; cuando mi mirada conecto con la suya.<\/p>\n<p>&mdash;Estoy encantado contigo, Meli. Eres muy distinta a la mujer que imagin&eacute; y por eso me gustas m&aacute;s. Me atrae esa versi&oacute;n tuya, la que mantienes escondida, de la que menos yo esperaba recibir &oacute;rdenes y de la que no estaba buscando que me domara. Me haces sentir distinto cuando estas a mi lado. &iexcl;Yo que culpita tengo!<\/p>\n<p>&mdash;Procur&eacute; olvidarme de esa conversaci&oacute;n y evadir una rara sensaci&oacute;n de&hellip; &iquest;Temor? S&iacute;, creo que eso fue lo que sent&iacute;, pues aunque por otra parte me empezaba a sentir vencedora, en seguida me puse nerviosa al visualizarme en un futuro embrollada con &eacute;l, y enturbiando la tranquilidad de nuestra relaci&oacute;n. Cort&eacute; la llamada y el contacto visual para regresar al interior de la cafeter&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;La taza de mi caf&eacute; continuaba sobre la mesa, m&aacute;s el contenido ya estaba frio. Mir&eacute; la hora en mi smartwacht y les anunci&eacute; que ya me iba. Hubo reparos ante mi af&aacute;n por despedirme, pues al dia siguiente todos descansar&iacute;amos. &ndash; &iexcl;Debo preparar la comida para mi esposo y mi hijo! La nana no trabaja ma&ntilde;ana y debo disfrazarme de Soyla. &ndash; Graciosamente les expuse a todos. Carlos inocente, cay&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;De qui&eacute;n? &ndash;Me pregunt&oacute;. &ndash; &iexcl;De soy la que barre, soy la que lava, soy la que trapea y soy la que plancha! Me re&iacute;, y me marchaba dej&aacute;ndolos ri&eacute;ndose y burl&aacute;ndose del pobre Carlos, pero Sergio me alcanz&oacute; antes de cruzar el umbral para decirme con cara de preocupaci&oacute;n&hellip; &laquo; &iquest;Te puedo llamar en un rato?&raquo; &iexcl;Por supuesto! Le respond&iacute;, y me alej&eacute; de all&iacute; para buscar mi auto en el parking subterr&aacute;neo, pero mientras caminaba, lo hice inquieta por lo que me tuviera que decir.<\/p>\n<p>&mdash;Nuestro encuentro en la casa, &ndash;a la que llegamos casi al tiempo&ndash; fue una convenci&oacute;n de abrazos bien estrechos con besos h&uacute;medos y lentos. En tu mirada un letrero de ne&oacute;n muy diciente se form&oacute;&hellip; &laquo; &iexcl;Quiero comerte completica!&raquo;, y en mi mente visualiz&aacute;ndose una er&oacute;tica imagen por respuesta, que mi garganta no pudo vocalizar&hellip; &iexcl;Uy s&iacute;, mi amor, &laquo;garoseame&raquo; toda! Pues nuestras exhibiciones de afecto para nada sutiles delante de Mateo, consiguieron que celosito se metiera entre tus piernas y las m&iacute;as, pero ya enredado entre mis brazos y los tuyos, nos llen&oacute; de besos y de risas, deshaciendo con su espontanea felicidad, en mi mente el agobio y en tu cuerpo el cansancio. &iquest;S&iacute; lo recuerdas?<\/p>\n<p>&mdash;No con claridad, pues por lo general, Mateo siempre se interpon&iacute;a entre t&uacute; y yo, cada vez que nos ve&iacute;a cari&ntilde;osos. Pero creo saber a qu&eacute; noche te refieres, cuando quise proponerte otra probadita por detr&aacute;s, pero recibiste una llamada que enfri&oacute; mis ganas al ocupar tu tiempo en contestarla.<\/p>\n<p>&mdash;Efectivamente, cielo. Comet&iacute; la estupidez de no apagar a tiempo el m&oacute;vil, cuando llegu&eacute; a casa. Reci&eacute;n terminaba de recoger los platos de la cena, contigo esper&aacute;ndome en la sala, cuando recib&iacute; la llamada de Sergio.<\/p>\n<p>&mdash;Uhum, S&iacute;. Recuerdo que me ense&ntilde;aste la pantalla de tu celular, elevando tus hombros y haci&eacute;ndome se&ntilde;as de que te disculpara. Subiste al estudio y te encerraste all&iacute; hasta bien tarde. &iquest;Y se puede saber qu&eacute; quer&iacute;a?<\/p>\n<p>&mdash;Hablarme de K-Mena y sus cambios de actitud o&hellip; &iexcl;De pensamiento!<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Es que ella esta distinta! &iquest;Ser&aacute; que conoci&oacute; a alguien m&aacute;s y ya me quiere cambiar?<\/p>\n<p>&mdash;Fueron sus primeros interrogantes, antes de que lo escuchara sollozar. Por supuesto le dije que no a lo segundo, y a lo primero le di la raz&oacute;n a K-Mena, dici&eacute;ndole que era algo normal en una chica como ella, joven, con sue&ntilde;os por cumplir y que apenas hab&iacute;a comenzando a vivir. Le inst&eacute; a despreocuparse, m&aacute;s sin embargo por dentro me sent&iacute; culpable, obviamente; y m&aacute;s cuando mencion&oacute; como ella se expresaba ahora frente a los dem&aacute;s, sin ser grosera o altanera, pero si quer&iacute;a imponerse un poco y hacer valer su opini&oacute;n, aunque ese poco fuera mal visto por &eacute;l, y en especial por toda su familia, tan religiosa.<\/p>\n<p>&mdash;Logr&eacute; calmarlo un poco prometi&eacute;ndole que hablar&iacute;a con ella y le mantendr&iacute;a informado si yo observaba alg&uacute;n pretendiente rond&aacute;ndola. Y luego recib&iacute; otra llamada que puse en espera. Se trataba de la autoritaria cliente de Diana, o sea, de la famosa Pili, para comunicarme que tras consultarlo con su pareja, podr&iacute;an ir al condominio el viernes por la ma&ntilde;ana. Fue muy concreta en ese punto, pero cordial y amistosa luego, ya que incluso tuvimos tiempo para agregarnos a nuestras redes sociales. Ella a m&iacute;, en sus cuentas personales y yo a ella, en mis perfiles falsos.<\/p>\n<p>&mdash;Tambi&eacute;n me escribi&oacute; &eacute;l, Jos&eacute; Ignacio, como tres mensajes. Pero le respond&iacute; que ni era el lugar ni el momento oportuno, y que mejor lo har&iacute;amos al otro d&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Ok, perfecto, ahora lo entiendo. De esa forma ya no estar&iacute;a yo para incomodarte. Bien planeado. &iquest;Y me imagino que te invit&oacute; a salir para hacer &laquo;algo&raquo;? &mdash;Con justificada raz&oacute;n me habla Camilo, entrecomillando con sus dedos ese algo.<\/p>\n<p>&iexcl;Pero por ahora no quiero responderle! No estoy todav&iacute;a preparada para causarle m&aacute;s dolor. Pienso que es mejor que me levante y salir al balc&oacute;n para fumar. De paso, aprovechar&eacute; para echarle m&aacute;s alcohol a mi propia herida.<\/p>\n<p>Mariana enmudece y con una &aacute;lgida actitud se levanta de la cama, haci&eacute;ndose con uno de sus cigarrillos y el encendedor. Acapara el cenicero y lentamente desfila, &ndash;envuelta en su bata de ba&ntilde;o&ndash; hacia el balc&oacute;n. Sin tomar asiento, lo enciende y aspira. Luego el borde de cristal contacta con sus labios y prolonga el trago de su gualda bebida.<\/p>\n<p>La encorvada ceniza del fumado pucho entre mis dedos, &ndash;amenazante con formar estragos en la colcha&ndash; me obliga a levantarme con cuidado y reemprender el camino que ha tomado mi esposa, dejando la huella de mi peso, entre arrugas sobre el cobertor.<\/p>\n<p>El aroma a mares&iacute;a de la primera bajamar, entremezclado con el del tabaco de Mariana, me recibe a tres pasos de su espalda. Pero me detengo baldosa y media m&aacute;s adelante, ahora que ella al sentirme de nuevo muy cerca, sin mirar hacia atr&aacute;s me habla.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Es lo que sucede al ser tan hermosa y provocativa, se&ntilde;orita! &mdash;Fueron sus palabras exactas, cielo. Cuando le respond&iacute; enojada al magistrado el mi&eacute;rcoles por la ma&ntilde;ana, delante de Eduardo, sentados los dos al otro lado de su amplio escritorio. &iexcl;Es un completo idiota! Pens&eacute;, m&aacute;s por respeto al cargo de ese se&ntilde;or no lo expres&eacute; y termin&eacute; por tragarme mi orgullo.<\/p>\n<p>&mdash;Casi dos horas nos hizo esperar en la recepci&oacute;n. &iquest;Y todo para qu&eacute;? &mdash;Cercada por Camilo y el espaldar de una de las sillas, empiezo por contarle mi reuni&oacute;n con el Magistrado Christopher Archbold, la eminencia de las leyes y el mandam&aacute;s en su familia. Este fue el comienzo del final que tanto ansia Camilo que le responda, sobre mis conversaciones con Chacho al otro d&iacute;a.<\/p>\n<p>&iquest;De qu&eacute; me habla ahora? Para nada es la respuesta que esperaba escuchar. &iquest;Por qu&eacute; evade responder a mi pregunta? &iquest;Qu&eacute; mierda esconde?<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Me estas tomando del pelo? Eso no tiene nada que ver con lo que te preg&hellip;<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Mucho! Bastante dir&iacute;a yo, Camilo. &mdash;Decido interrumpirlo, a pesar de que no ser&aacute; por su bien.<\/p>\n<p>&mdash; &iquest;Ahora me vas a decir que ese playboy de playa tuvo algo que ver contigo, y esa cita tan importante que tuviste con el padre del abogado?<\/p>\n<p>Y Mariana se gira un cuarto de vuelta para mirarme y desperezarse como una gata, elongando los brazos, juntando en lo alto las manos por sus palmas, y haciendo equilibrio el cigarrillo en la esquina de sus labios mientras algo menos de una onza del coctel reposa sobre el barandal de madera.<\/p>\n<p>&mdash;No me vi con &eacute;l en mi d&iacute;a de descanso. Toda la ma&ntilde;ana estuve atareada con los quehaceres en la casa. Fue un momento por la tarde, que me chate&eacute; con &eacute;l, mientras almorzaba a solas y antes de tener que salir para recoger a Mateo. Luego recib&iacute; la llamada del malp&hellip; Del est&uacute;pido de Eduardo, para confirmarle que el magistrado nos recibir&iacute;a muy temprano, as&iacute; que nos encontrar&iacute;amos en la constructora y de all&iacute; saldr&iacute;amos en su autom&oacute;vil para el centro de la ciudad.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Otra vez Eduardo! &iquest;Acaso te oblig&oacute; a tener algo con ese viejo? &mdash;Y al terminar mis palabras, con Mariana en silencio, acomodando sus nalgas en el asiento, despreocupada de que la abertura de la tela de algod&oacute;n me ense&ntilde;e el canal de piel en medio de sus senos, a mi mente llegan las im&aacute;genes de las &uacute;ltimas p&aacute;ginas del bendito informe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 23<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Para dos propuestas. &iquest;La misma traici&oacute;n? &mdash;Pero&hellip; &iexcl;Jueputa vida la m&iacute;a! &iquest;De qu&eacute; mierdas est&aacute;s hablando ahora? Enojado, estrella el culo tallado del vaso contra la colcha, manchando a la inocente. Amenazante se eleva un goter&oacute;n pero cae para seguir formando parte de su fondo. Se esparcen gotas en el ambiente superando la redonda boca [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":18051,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":{"0":"post-43201","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-grandes-relatos"},"a3_pvc":{"activated":false,"total_views":0,"today_views":0},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43201","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18051"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43201"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43201\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43201"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43201"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43201"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}