{"id":43459,"date":"2023-10-15T22:00:00","date_gmt":"2023-10-15T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-10-15T22:00:00","modified_gmt":"2023-10-15T22:00:00","slug":"la-sombra-de-lo-desconocido-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-sombra-de-lo-desconocido-1\/","title":{"rendered":"La sombra de lo desconocido (1)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43459\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\">1<\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 5<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Mientras sub&iacute;a las escaleras que daban acceso a la planta alta de La Luna, el culo de Ana luc&iacute;a en todo su esplendor bajo la fina tela de lino blanco, que no imped&iacute;a adivinar el tanga negro que acaparaba todas las miradas del resto de los clientes, que, borrachos o no, abarrotaban el local.<\/p>\n<p>Ana era consciente de cu&aacute;les eran sus armas, y hab&iacute;a aprendido a utilizarlas a modo de AK47, de manera fulminante, con la destreza y seguridad de quien se sabe una experta, y con el orgullo de quien es consciente de que no siempre fue as&iacute;, de quien valora el trabajo y el esfuerzo, incluso el sacrificio, para llegar al aprendizaje, la experiencia como camino al saber.<\/p>\n<p>Y precisamente eso es lo que hab&iacute;a hecho ella en los &uacute;ltimos tiempos: experimentar. Llegar a enfrentarse con todos sus miedos, sus dudas, sus inseguridades, hasta derrotarlos de una manera despiadada, sin ning&uacute;n tipo de compasi&oacute;n&#8230; o eso cre&iacute;a ella.<\/p>\n<p>Yo tropezaba a cada escal&oacute;n, m&aacute;s producto del alcohol que de la escasa luz que iluminaba el bar, pero aun as&iacute; me resist&iacute;a a apartar los ojos de ese culo incomparable que tantas veces hab&iacute;a probado, y que ahora aparec&iacute;a y desaparec&iacute;a de mi vista. Di gracias a Dios por poder seguir disfrutando de &eacute;l y a Amancio Ortega por fabricar una talla 25 del modelo Cargo Bolsillos que realzaba el culo de Ana hasta convertirlo en una pieza de museo digna de ser exhibida junto a la Venus de Milo o la Victoria de Samotracia. Si a momentos quedaba oculto a mi vista era porque el cuerpo de Diego, flamante jefe de Cirug&iacute;a del Hospital San Pedro, se interpon&iacute;a entre nosotros. Yo cerraba el grupo, y delante de nosotros, Laura y Javier encabezaban la comitiva, que se abr&iacute;a paso en busca de un espacio que escaseaba a esas horas y que hab&iacute;a que pelearse cent&iacute;metro a cent&iacute;metro.<\/p>\n<p>Apenas alcanzado el ecuador de la docena de escaleras que daban acceso a la planta de arriba, ocurri&oacute; algo que hizo que la nube de alcohol que se hab&iacute;a instalado en mi cabeza se desvaneciera en un instante y que mis sentidos, aunque de manera vaga y vacilante, volvieran a mi ser; la mano de Diego se plantaba con total desfachatez y ning&uacute;n disimulo en el culo de Ana. No era una leve caricia o un roce sutil, era un sobeteo inequ&iacute;voco y descarado que comenzaba en la parte baja de su nalga derecha y abarcaba todo el espacio posible hasta adentrarse en su raja y convertirse en una prolongaci&oacute;n exterior de su tanga. Ana se gir&oacute; y por toda respuesta le dedic&oacute; una amplia sonrisa, mostr&aacute;ndole unos dientes blanqu&iacute;simos y perfectamente alineados. Subi&oacute; otro escal&oacute;n, pero un ZAS audible desde donde me encontraba hizo que se girase de nuevo. El azote que le hab&iacute;a propinado Diego a modo de desaf&iacute;o hizo que por un momento temiera que aquella escena fuera a terminar con otro ZAS a&uacute;n m&aacute;s sonoro en forma de bofet&oacute;n. Si hab&iacute;a algo que Ana siempre hab&iacute;a odiado era que le azotaran el culo. Dec&iacute;a que resultaba humillante y que si quer&iacute;a una mujer sumisa era mejor que fuera buscando una geisha. Si alguna vez lo hac&iacute;a sin poder contenerme ante ese culo que parec&iacute;a dispuesto a acoger con agrado, en contra de su due&ntilde;a, no uno, sino cientos de azotes sin protesta alguna, acto seguido me disculpaba.<\/p>\n<p>&#8211; Se me ha escapado<\/p>\n<p>Seg&uacute;n el humor del que estuviera ella ese d&iacute;a, a mi comentario le segu&iacute;a una sonrisa o una mirada de reprobaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; a girarse, quedando ahora frente a Diego y dos escalones por encima de m&iacute;, con lo que s&oacute;lo alcanzaba a verla de cintura hacia arriba. El top rojo burdeos con amplio escote en forma de V me pareci&oacute; un bot&oacute;n m&aacute;s abierto de lo habitual en ella, y se advert&iacute;an claramente las tiras del sujetador negro de encaje que apenas sosten&iacute;a sus deliciosas tetas. Si su culo era un arma de destrucci&oacute;n masiva, amplio, suave, torneado, sus tetas eran la bomba H de la Tercera Guerra Mundial, la acumulaci&oacute;n de todas las reservas mundiales de uranio enriquecido puestas al servicio del erotismo, capaces de matar a distancia, al menos al metro de distancia que yo me encontraba de ellas, y sin m&aacute;s protecci&oacute;n que la que me ofrec&iacute;a la interposici&oacute;n del cuerpo de Diego.<\/p>\n<p>En ese momento los dos ten&iacute;amos la mirada fija a modo de esc&aacute;ner de rayos X en el mismo punto. &Eacute;l imaginaba y yo recordaba la forma y tama&ntilde;o de sus tetas, una ligera pendiente que descend&iacute;a suavemente hasta que de manera abrupta iniciaba un ascenso contrario a la ley de la gravedad, que coronaba en unas areolas claras de tama&ntilde;o m&aacute;s que considerable de cuyo epicentro surg&iacute;an dos pezones imponentes, grandes, gruesos, marrones, duros, que en momentos de excitaci&oacute;n o sensibilidad extrema sobresal&iacute;an tanto de las tetas que parec&iacute;an no formar parte de ellas, como reclamando su parte de atenci&oacute;n y reconocimiento correspondiente.<\/p>\n<p>Una talla 90 es lo que en el &aacute;mbito tabernario masculino conocemos como unas buenas tetas, sin m&aacute;s, pero una talla 90 enmarcada en el cuerpo fr&aacute;gil y menudo de Ana le confer&iacute;an la categor&iacute;a de &ldquo;unas tetas de la hostia&rdquo;, &ldquo;unas se&ntilde;oras tetazas&rdquo; o &ldquo;unas peras de campeonato&rdquo;, seg&uacute;n el punto de la geograf&iacute;a nacional en el que nos hall&aacute;ramos.<\/p>\n<p>Aun as&iacute;, no fueron sus tetas sublimes ni la visi&oacute;n morbosa de su sujetador lo que me dej&oacute; impactado. S&oacute;lo una veintena de cent&iacute;metro m&aacute;s arriba su cara luc&iacute;a una sonrisa a&uacute;n m&aacute;s amplia que antes, y sus ojos desprend&iacute;an chispas al mirar a Diego, como una bengala colocada en una tarta de cumplea&ntilde;os. Luego su mirada descendi&oacute; hasta encontrarse con la m&iacute;a, y su sonrisa se torn&oacute; m&aacute;s franca, menos afectada pero a la vez m&aacute;s traviesa, en un gesto que yo s&oacute;lo acert&eacute; a interpretar como un&hellip;<\/p>\n<p>&#8211; Esto es lo que quer&iacute;as, &iquest;no?<\/p>\n<p>Acto seguido dio media vuelta y emprendi&oacute; veloz el ascenso de los &uacute;ltimos escalones, no tanto para evitar otro posible azote de Diego como para mostrarnos el movimiento pendular, oscilante, hipn&oacute;tico de su culo al acelerar el paso, dej&aacute;ndonos en una especie de trance del que s&oacute;lo sal&iacute; al escuchar, o eso me pareci&oacute; a m&iacute;, el murmullo entre dientes de Diego.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Qu&eacute; cabrona! Ya ver&aacute; cuando la pille<\/p>\n<p>Ebrio, mareado, privado del sentido de la vista debido a la tenue luz que mal iluminaba la planta de arriba, y del sentido del o&iacute;do por la profusi&oacute;n de decibelios que atronaban el local a trav&eacute;s de los altavoces, s&oacute;lo pude tantear el vac&iacute;o en busca de un sof&aacute; en el que hab&iacute;a reparado en otras ocasiones, frente a la puerta de los ba&ntilde;os. Me dej&eacute; caer pesadamente en &eacute;l y recost&eacute; mi cabeza contra la pared.<\/p>\n<p>&iquest;Cu&aacute;ndo hab&iacute;a comenzado todo esto? S&iacute;, eso es, hac&iacute;a justo dos a&ntilde;os&#8230; &iexcl;solamente dos a&ntilde;os!&#8230; &iexcl;dos a&ntilde;os ya!<\/p>\n<p>&ldquo;I don&rsquo;t care if Monday&rsquo;s blue<\/p>\n<p>Tuesday&rsquo;s grey and Wednesday too<\/p>\n<p>Thursday I don&rsquo;t care about you<\/p>\n<p>It&rsquo;s Friday, I&rsquo;m in love&rdquo;<\/p>\n<p>En este punto en el que la voz grave de Robert Smith anestesiaba la poca lucidez que a&uacute;n me acompa&ntilde;aba y los p&aacute;rpados se negaban a permanecer abiertos por m&aacute;s tiempo, a&uacute;n tuve tiempo de vislumbrar decenas de figuras borrosas entre las que distingu&iacute; en un rinc&oacute;n las de Diego y Ana, con su inconfundible trasero, sosteniendo un vaso y hablando entre ellos tan pegados que ni con el juego de galgas m&aacute;s peque&ntilde;o se habr&iacute;a podido medir la holgura entre sus cuerpos.<\/p>\n<p>Protegidos por la penumbra que reinaba en el local y con la excusa del volumen atronador de The Cure retumbando los altavoces, la atm&oacute;sfera se hizo sofocante, opresiva&hellip; &iquest;Era necesario para poder hablar que Diego estuviera rozando la oreja izquierda de Ana con sus labios mientras le apartaba la melena dejando al descubierto su cuello? &iquest;Y que ella apoyase sus manos en el pecho de &eacute;l? Puede ser, pero lo que yo no ve&iacute;a c&oacute;mo pod&iacute;a contribuir en modo alguno a una mejor comunicaci&oacute;n entre ellos es que Diego bajara su mano desde el pelo de Ana, recorriendo su espalda y fuera a colocarla al comienzo de su culo. La mano sobre su culo es lo &uacute;ltimo que acert&eacute; a ver antes de que mis ojos se cerraran por completo y un cabezazo en el vac&iacute;o me sumiera en un profundo sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Despierta Dani!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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