{"id":43489,"date":"2023-10-18T22:00:00","date_gmt":"2023-10-18T22:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-10-18T22:00:00","modified_gmt":"2023-10-18T22:00:00","slug":"la-sombra-de-lo-desconocido-2-los-origenes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-sombra-de-lo-desconocido-2-los-origenes\/","title":{"rendered":"La sombra de lo desconocido (2): Los or\u00edgenes"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43489\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Dos a&ntilde;os antes.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Despierta Dani!<\/p>\n<p>Abrir los ojos y contemplar a Ana con su pijama corto y top de tirantes que dejaba al descubierto todo su vientre y una gran parte de sus tetas es una de las mejores maneras de despertarse que se me ocurren. Aun as&iacute;, si hubiera llegado siquiera a intuir lo que vendr&iacute;a entonces, me habr&iacute;a vestido apresuradamente y habr&iacute;a escapado de nuestra habitaci&oacute;n, de nuestra casa, de Madrid&hellip;<\/p>\n<p>Como ella se hab&iacute;a inclinado sobre m&iacute; para despertarme, su top quedaba colgando y aprovech&eacute; para meter la mano por debajo y agarrar su teta derecha aprisionando el pez&oacute;n entre los dedos &iacute;ndice y coraz&oacute;n. Su amplia sonrisa me hac&iacute;a presagiar un polvo matinal de los habituales los s&aacute;bados que ella no trabajaba y era lo suficientemente temprano como para no temer que los ni&ntilde;os nos interrumpiesen en plena faena, as&iacute; que apret&eacute; la teta con m&aacute;s fuerza y la atraje hacia m&iacute; con la intenci&oacute;n de comenzar el ritual de besos y caricias, al que seguir&iacute;a por este orden la desaparici&oacute;n de su pijama y sus braguitas, mi lengua bajando desde su boca a sus tetas, con parada y transbordo en sus pezones, y continuaci&oacute;n de viaje hacia su co&ntilde;o despu&eacute;s de detenerme un instante en el apeadero de su ombligo.<\/p>\n<p>La traves&iacute;a carnal se asemejaba a recorrer nuestro pa&iacute;s a trav&eacute;s de las diversidades orogr&aacute;ficas de su geograf&iacute;a. Comenzaba en su boca, a modo del ib&oacute;n pirenaico de Alba, siempre fresca y h&uacute;meda, descend&iacute;a hacia el sur para encarar la subida al macizo del Pico Aneto y la Maladeta, unas tetas deliciosas, imponentes, ligeramente asim&eacute;tricas, coronadas en dos cimas de roca oscura y dura en forma de pezones que te aupaban al punto m&aacute;s cercano al cielo en la Tierra. Desde all&iacute; descend&iacute;as por el Alto del Perd&oacute;n y atravesabas la meseta hasta llegar a Madrid, ombligo f&iacute;sico y metaf&oacute;rico, un lugar extra&ntilde;o, divertido, con mil rincones para perderse. Al final del trayecto pasabas por un pubis exuberante, recortado, cuidado, precioso como los cerezos del Jerte en la &eacute;poca de floraci&oacute;n y te sumerg&iacute;as en el infierno m&aacute;gico de un co&ntilde;o moreno, sabroso, c&aacute;lido, salado, como descender la Calle Sierpes camino de la Giralda y penetrar en el Patio de los Naranjos.<\/p>\n<p>Pero esa ma&ntilde;ana no hubo besos ni caricias, mucho menos polvo. La sonrisa nerviosa de Ana y su estado de excitaci&oacute;n no se deb&iacute;an a lo que mis ganas de sexo me hab&iacute;an hecho pensar, y as&iacute; me lo hizo saber r&aacute;pidamente con un sonoro manotazo en mi brazo que hizo que liberara su teta al instante.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Quita tonto! Ahora no<\/p>\n<p>En una segunda tentativa trat&eacute; de bajar mis manos hasta su culo para atraerla hacia m&iacute;, pero enseguida me disuadi&oacute; una mirada de reproche y una frase que ya entonces se hab&iacute;a convertido en un lema social y pol&iacute;tico.<\/p>\n<p>&#8211; Dani, no es no.<\/p>\n<p>En el tiempo en el que Melendi se termina un cubata o Chicote encuentra una cucaracha en un restaurante chino, mis manos estaban de vuelta, detr&aacute;s de mi nuca, tratando de desperezarme. Mis ojos comenzaron a aceptar con mucho esfuerzo la luz del d&iacute;a que entraba por el ventanal de nuestra habitaci&oacute;n, pero mi mente no terminaba de despertarse y yo no acertaba a comprender la situaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Entonces ahora no?<\/p>\n<p>Ana segu&iacute;a sonriendo pero su expresi&oacute;n era firme y decidida, as&iacute; que comprend&iacute; que no val&iacute;a la pena insistir. Me incorpor&eacute; a la espera de que ella tomara la iniciativa y me aclarara lo que suced&iacute;a, sin darle demasiada importancia al ver que su cara risue&ntilde;a segu&iacute;a manteniendo el mismo rictus jovial, excitado, divertido.<\/p>\n<p>&#8211; No, ahora no&hellip; ha pasado algo&hellip; me ha llamado Mar&iacute;a&hellip; han salido ya los traslados&hellip; &iexcl;Y me lo han concedido! Dani, &iexcl;volvemos a casa!<\/p>\n<p>El tiempo que tard&eacute; en reaccionar a sus palabras, a las que hab&iacute;a acompa&ntilde;ado de saltitos nerviosos y aplausos sonoros y arm&oacute;nicos, hizo que yo mismo temiera estar sufriendo un ictus, as&iacute; que repas&eacute; mentalmente los s&iacute;ntomas: debilidad muscular, p&eacute;rdida de visi&oacute;n, dificultad para hablar, problemas de coordinaci&oacute;n&hellip; &iexcl;Los ten&iacute;a todos! Pero Ana me sac&oacute; de golpe de mi trastorno de somatizaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Me has o&iacute;do? &iquest;No dices nada? &iexcl;Volvemos a casa!<\/p>\n<p>Al instante mi preocupaci&oacute;n m&eacute;dica se desvi&oacute; hacia ella. La mir&eacute; con una mezcla de asombro y ternura y utilic&eacute; el tono tranquilizador que hab&iacute;a o&iacute;do usar a mi madre con mi abuelo cuando &eacute;ste enferm&oacute; de Alzheimer.<\/p>\n<p>&#8211; Cari&ntilde;o, ya estamos en casa. &Eacute;sta es nuestra casa.<\/p>\n<p>Y si no hubiese estado tan preocupado por su salud mental, habr&iacute;a a&ntilde;adido<\/p>\n<p>&#8211; Lo s&eacute; porque fui yo quien compr&oacute; todos estos putos muebles que elegiste en el Ikea, quien los pag&oacute;, quien los carg&oacute; y quien se pas&oacute; un fin de semana entero montando el sinfonier Hemnes, la cama Brimnes y la mesilla Songesand. Y s&oacute;lo puedo dar gracias a Dios porque el constructor hubiera tenido a bien dise&ntilde;ar el piso con armarios empotrados.<\/p>\n<p>Toda esta &uacute;ltima reflexi&oacute;n prefer&iacute; omitirla por no alterar m&aacute;s el estado cognitivo de Ana, pero ella continuaba inmutable, con una mirada condescendiente, un aspecto euf&oacute;rico y un tono burl&oacute;n<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Pero qu&eacute; tonto eres a veces!<\/p>\n<p>Y entonces solt&oacute; la carga de profundidad, remarcando cada s&iacute;laba.<\/p>\n<p>&#8211; A-CA-SA&hellip; A-LO-GRO-&Ntilde;O&hellip; &iquest;No est&aacute;s contento?<\/p>\n<p>&iquest;Contento? &iquest;C&oacute;mo no iba a estar contento? Tanto como si una manada de elefantes africanos me pisoteara el saco escrotal. Pero tampoco era cuesti&oacute;n de hacerme el h&eacute;roe y exteriorizar mis sentimientos, algo tremendamente sobrevalorado en la actualidad, as&iacute; que opt&eacute; por hacer lo que mejor se me da en la vida: disimular. Me aclar&eacute; la voz dispuesto a que sonara firme y busqu&eacute; las palabras exactas para proyectar una imagen de templanza y serenidad que se desvaneci&oacute; apenas abr&iacute; la boca y comenc&eacute; a tartamudear<\/p>\n<p>&#8211; Eh&hellip; &iquest;y los ni&ntilde;os?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te crees que no lo tengo todo pensado? Mi madre es amiga de la directora de formaci&oacute;n del Colegio Alcaste y le ha dicho que no vamos a tener ning&uacute;n problema para que los admitan el pr&oacute;ximo curso&hellip; A ti no te va a costar nada que te concedan el traslado. T&uacute; mismo me has dicho muchas veces que te lo han ofrecido porque aqu&iacute; sobra gente en tu departamento&hellip; Y yo podr&eacute; trabajar en las urgencias del Hospital San Pedro&hellip; y ver a mi familia m&aacute;s a menudo, y los ni&ntilde;os tambi&eacute;n. No te digo que vivamos con mis padres, aunque si quieres podr&iacute;amos, ya sabes que tienen una casa grande, pero he estado mirando en Idealista y hay un mont&oacute;n de pisos nuevos en la zona de La Cava, con piscina&hellip; &iquest;te imaginas?&#8230; De momento podr&iacute;amos alquilar y luego ya ver&iacute;amos&hellip;<\/p>\n<p>&iexcl;Acab&aacute;ramos! Lo que hab&iacute;a querido decir con lo de &ldquo;volvemos a casa&rdquo; es que volv&iacute;amos a su ciudad natal, al lugar de su infancia y adolescencia, y donde todav&iacute;a viv&iacute;a toda su familia, un lugar extra&ntilde;o y desconocido para mi, y con una nula vinculaci&oacute;n afectiva o emocional.<\/p>\n<p>Como si me estuviera leyendo el pensamiento, comenz&oacute; a enumerar una lista infinita de atractivos, bondades y virtudes, que al lado de la capital riojana har&iacute;an palidecer de envidia a Par&iacute;s, Roma o Nueva York: la calle Laurel, la Mayor, la Redonda, el Puente de Hierro, Portales, el Puente de Piedra, los Parques del Ebro y La Ribera, el Espol&oacute;n, el Riojaforum, las bodegas Franco Espa&ntilde;olas&hellip;<\/p>\n<p>Bodegas Franco Espa&ntilde;olas&hellip; a partir de ah&iacute; ya dej&eacute; de escuchar a Ana y me adentr&eacute; en un agujero de gusano que me transport&oacute; a ese mismo lugar, pero 16 a&ntilde;os antes. Hab&iacute;a sido la primera y &uacute;nica vez que hab&iacute;a estado en Logro&ntilde;o hasta entonces. Nos hab&iacute;amos conocido ese mismo a&ntilde;o en la fiesta de Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza. Ella hac&iacute;a las pr&aacute;cticas de Enfermer&iacute;a en el Hospital Universitario Miguel Servet y yo cursaba un m&aacute;ster en Administraci&oacute;n y Direcci&oacute;n de Empresas. Esa noche compartimos afinidades et&iacute;licas, verborr&aacute;gicas y sexuales, y una semana m&aacute;s tarde ya &eacute;ramos pareja oficial.<\/p>\n<p>Cuando me propuso pasar las fiestas de San Bernab&eacute; en Logro&ntilde;o s&oacute;lo le puse una condici&oacute;n: nada de familia. Por lo dem&aacute;s, me pareci&oacute; un plan genial&hellip; fiesta, sexo, descontrol&hellip; y a fe que cumpli&oacute; las expectativas con creces. Llegamos a media tarde. Ana hab&iacute;a hecho una reserva para una cata en las Bodegas Franco Espa&ntilde;olas a las seis y fuimos directos all&iacute;. No recuerdo las explicaciones sobre las diferencias entre garnacha, viura, tempranillo y graciano, pero recuerdo que cuando salimos de all&iacute; recorrimos la calle Sagasta haciendo eses y sin dejar de re&iacute;rnos a carcajadas. Llegamos al Casco Antiguo y fuimos haciendo parada en cada una de las tascas de la Laurel, acompa&ntilde;ando las especialidades de su correspondiente crianza. Antes de las diez ya hab&iacute;a entendido por qu&eacute; se la conoc&iacute;a como la Senda de los Elefantes. A partir de la media noche perd&iacute; la cuenta de los gin tonics que nos hab&iacute;amos tomado en locales de todo tipo, como cantaban Los Suaves, &ldquo;Bares, pubs y discotecas&rdquo;.<\/p>\n<p>Era evidente que los dos hab&iacute;amos bebido y mucho, pero tambi&eacute;n era indudable que el alcohol y el cansancio no hab&iacute;an hecho menguar nuestro deseo, m&aacute;s bien al contrario. &Iacute;bamos camino del hotel Carlton comi&eacute;ndonos a besos por la calle, y al pasar por los soportales de Muro de la Mata, Ana se tropez&oacute; y me arrastr&oacute; con ella hacia el ventanal de la Ader, quedando pegados a la pared, iluminados por una farola indiscreta que de ning&uacute;n modo iba a disuadirnos de nuestras intenciones.<\/p>\n<p>Me puse frente a ella para amortiguar la luz y apart&eacute; su melena negra, dejando su cuello al descubierto, al cual me lanc&eacute; con el ansia de un Bela Lugosi ebrio y apasionado. Los mordiscos y lametones fueron subiendo hasta su oreja, que al contacto con mi lengua h&uacute;meda reaccion&oacute; provocando que Ana emitiera un primer gemido, mostrando una disposici&oacute;n al placer que no estaba dispuesto a desaprovechar. Su lengua buscaba la m&iacute;a desesperadamente y le dejaba errar el tiro y encontrar el vac&iacute;o para all&iacute; atraparla e introducirla en mi boca. Eran besos h&uacute;medos, salvajes, entusiastas, que como primera consecuencia tuvieron que el color rojo Perfect Stay se desdibujara de sus labios y se extendiera por la piel de su cara, haciendo que adquiriera un aspecto entre divertido y sensual, deseo en estado puro.<\/p>\n<p>La media docena de botones plateados de su blusa blanca fueron cediendo uno a uno, dejando a la vista un sujetador con estampado de cerezas en tonos rojos y blancos que resultaban una tentaci&oacute;n irresistible, m&aacute;s a&uacute;n cuando apreci&eacute;, primero con la vista y luego con el tacto, que entre las cerezas destacaban dos pezones enormes que por lo abultado del sujetador deb&iacute;an haber duplicado su tama&ntilde;o normal. Un certero y r&aacute;pido movimiento de manos liber&oacute; sus tetas, que no quedaron abandonadas por mucho tiempo. Mis manos las acogieron con delicadeza. Luc&iacute;an espectaculares, suaves, moldeables, tersas, h&uacute;medas por el sudor y la excitaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Mientras con una mano pellizcaba su pez&oacute;n derecho disfrutando de su tama&ntilde;o, rugosidad y dureza, la otra descendi&oacute; por su vientre plano hasta llegar al l&iacute;mite de sus pantalones. Un sonido sordo anunci&oacute; que el bot&oacute;n hab&iacute;a cedido y el zip met&aacute;lico de la cremallera al bajar dio paso a la visi&oacute;n de unas braguitas a juego con el sujetador, que justamente por encima de uno de los pares de cerezas que la adornaban, permit&iacute;an vislumbrar el comienzo de un vello p&uacute;bico negro y arreglado.<\/p>\n<p>Mis dedos llegaron a su co&ntilde;o y me sorprendi&oacute; lo f&aacute;cil que se abrieron camino para entrar en &eacute;l. El flujo que lo empapaba confirmaba lo que sus gemidos apagados ya ven&iacute;an anunciando, su estado de excitaci&oacute;n hab&iacute;a hecho que la humedad cubriera la parte inferior de su braguita, y el primer contacto con su cl&iacute;toris hizo que se abrazara a m&iacute; con fuerza, abriendo m&aacute;s las piernas para facilitar la maniobra.<\/p>\n<p>Sin dejar la tarea que tanto placer le estaba proporcionando, introduje el dedo coraz&oacute;n, sintiendo al instante lo caliente que estaba. Ana cerr&oacute; los ojos y su excitaci&oacute;n hizo que los besos que disfrutaba el l&oacute;bulo de mi oreja se transformaran en un mordisco salvaje y descontrolado. La cristalera reflejaba nuestras figuras y me vino a la cabeza la imagen del combate entre Tyson y Holyfield, pero yo no estaba dispuesto a sucumbir y un segundo dedo entro en su co&ntilde;o, aumentando la velocidad del movimiento. El chapoteo era audible en el silencio de la noche y eso provoc&oacute; que nuestra excitaci&oacute;n aumentara, hasta que ella comenz&oacute; a dar se&ntilde;ales de rendici&oacute;n, sus piernas no la sosten&iacute;an, y sus gemidos se volvieron jadeos obscenos, desvergonzados, irrefrenables, hasta terminar corri&eacute;ndose en mi mano.<\/p>\n<p>Saqu&eacute; los dedos de su lubricada vagina y le acarici&eacute; la cara para que notara lo mojada que la ten&iacute;a. Ella sonri&oacute; y su reproche no son&oacute; convincente.<\/p>\n<p>&#8211; No seas guarro<\/p>\n<p>Me empuj&oacute; contra la pared y llevo su mano a la entrepierna de mis vaqueros<\/p>\n<p>&#8211; Ya ver&aacute;s. Ahora me toca a m&iacute;<\/p>\n<p>Son&oacute; a amenaza terrible, pero aun as&iacute; no puse ning&uacute;n impedimento a que su mano se adentrara en mis b&oacute;xers y envolviera mi polla con una firmeza y suavidad que hizo que el solo contacto de su piel provocara una erecci&oacute;n inmediata. Con una habilidad y destreza propias de una profesional, solt&oacute; el bot&oacute;n de mis pantalones y baj&oacute; los b&oacute;xers lo suficiente para que no le molestaran en su movimiento. Me estaba haciendo una paja en plena calle, y aunque la hora y la ubicaci&oacute;n no hac&iacute;an probable que nadie nos estuviera mirando, la mera idea de que alguien nos pudiera ver hizo que mi excitaci&oacute;n aumentara. Ana lo not&oacute; al instante y no dej&oacute; pasar la ocasi&oacute;n; aceler&oacute; en vaiv&eacute;n de su mano. Aquello no iba a durar mucho. La visi&oacute;n de sus tetas fuera del sujetador bambole&aacute;ndose con cada uno de sus movimientos, su blusa abierta y sus braguitas a&uacute;n descolocadas me hicieron sobrepasar el l&iacute;mite de lo soportable, y sujetando con fuerza sus pezones a&uacute;n duros comenc&eacute; a descargar todo el deseo acumulado durante el d&iacute;a y la noche. Su vientre se llen&oacute; de semen tras varios disparos descontrolados, y aunque su blusa, vaqueros y braguitas tambi&eacute;n sufrieron da&ntilde;os colaterales, sin duda la peor parte se la llev&oacute; su mano derecha que al no cejar en su empe&ntilde;o de exprimir hasta la &uacute;ltima gota, hab&iacute;a quedado impregnada.<\/p>\n<p>Ana la mantuvo en alto, blanca y pringosa. Nos miramos a los ojos y estallamos en una carcajada.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Mira c&oacute;mo me has puesto! Dame un kleenex.<\/p>\n<p>Yo a&uacute;n no hab&iacute;a conseguido recuperarme y segu&iacute;a recostado contra la pared. Acababa de correrme como un adolescente, y la sensaci&oacute;n que ten&iacute;a era parecida a esas historias cursis que describen el orgasmo con una imagen metaf&oacute;rica de fuegos artificiales. Y entonces lleg&oacute; el cl&iacute;max de la noche: los fuegos artificiales cobraron vida y la traca final restall&oacute; rasgando el cielo de Logro&ntilde;o. Un sonido atronador inund&oacute; cada rinc&oacute;n de la ciudad, precedido de un fogonazo cegador y posterior lluvia de todo tipo de objetos, revent&aacute;ndonos los t&iacute;mpanos y haciendo que el coraz&oacute;n se acelerara hasta doler cuando a&uacute;n no hab&iacute;a llegado a serenarse.<\/p>\n<p>A las 06:30 de la madrugada del d&iacute;a 10 de junio de 2001, apenas a cien metros de donde nos encontr&aacute;bamos, un coche bomba hizo explosi&oacute;n en la calle Gran V&iacute;a esquina con V&iacute;ctor Pradera, produciendo cuantiosos da&ntilde;os materiales, destrozando por completo la fachada del edificio del Banco Atl&aacute;ntico, conocido como la Torre de Logro&ntilde;o, causando dos heridos leves, y, lo que es peor, sembrando la conmoci&oacute;n en una joven y apasionada pareja, que aturdida, se miraban incr&eacute;dulos, proyectando una imagen extra&ntilde;a, singular, como dos personajes que no se sabe si salen del rodaje de una pel&iacute;cula porno o del cine de cat&aacute;strofe, una mezcla entre Garganta Profunda y El Coloso en Llamas.<\/p>\n<p>Abrac&eacute; a Ana, que temblaba entre sollozos.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Est&aacute;s bien?<\/p>\n<p>No escuch&eacute; su respuesta, pero el gesto afirmativo de su cabeza me hizo saber que no ten&iacute;a ninguna herida, aunque era evidente que se encontraba en estado de shock. Me apresur&eacute; a abotonar su blusa y sus vaqueros, dejando el sujetador colocado por encima de sus tetas sin ajustar el cierre. Al abrochar el bot&oacute;n de mis pantalones es cuando repar&eacute; en mi mano manchada de sangre, pero por m&aacute;s que buscaba su procedencia no acertaba a hallar un solo rasgu&ntilde;o, hasta que Ana se&ntilde;al&oacute; mi o&iacute;do derecho. Un fino hilo de sangre resbalaba hacia mi cuello, pero lo peor era el zumbido estridente que acompa&ntilde;aba al dolor agudo. Trat&eacute; de amortiguarlo cubri&eacute;ndome las orejas con las manos y por un momento tem&iacute; haberme quedado sordo. En ese momento aparecieron los primeros efectivos de la Cruz Roja y llegaron corriendo hasta nosotros. Uno de ellos cubri&oacute; a Ana con una manta t&eacute;rmica, y el otro se dirigi&oacute; a m&iacute;, con grandes aspavientos y gestos de preocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Chico! &iquest;Est&aacute;s bien? &iquest;Puedes escucharme? &iquest;Me escuchas? &iquest;Me escuchas?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Me escuchas?&#8230; &iexcl;Dani! &iquest;Me est&aacute;s escuchando?<\/p>\n<p>La sonrisa de Ana y su sensual pijama me devolvieron al presente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 9<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Dos a&ntilde;os antes. &#8211; &iexcl;Despierta Dani! Abrir los ojos y contemplar a Ana con su pijama corto y top de tirantes que dejaba al descubierto todo su vientre y una gran parte de sus tetas es una de las mejores maneras de despertarse que se me ocurren. 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