{"id":43613,"date":"2023-11-03T23:00:00","date_gmt":"2023-11-03T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-11-03T23:00:00","modified_gmt":"2023-11-03T23:00:00","slug":"infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-38","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/infiel-por-mi-culpa-puta-por-obligacion-38\/","title":{"rendered":"Infiel por mi culpa. Puta por obligaci\u00f3n (38)"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43613\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 29<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Tu confiesas, yo confieso. &iquest;Todos confesamos?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;T&uacute; qu&eacute; dices, Nachito!&#8230; &iquest;Debo ser la mujer que, habiendo aprendido bastantes cositas del marido, me toca ense&ntilde;arle ahora, &ndash;y sobre cada brazo suyo, coloqu&eacute; mis antepiernas y ajust&eacute; las rodillas, apretando su cabeza para inmovilizarlo&ndash; a este hombre tan aventurero y recorrido, como hacerme alcanzar un orgasmo clitoriano? &mdash;Lo cuestion&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Jajaja! &mdash;Inesperadamente Camilo se da la vuelta y emite una ronca carcajada en cuya ir&oacute;nica resonancia, vislumbro bastante incredulidad. Entre tanto, limpia el llanto de sus ojos. Primero del lado izquierdo con el dorso de su mano derecha hecha un pu&ntilde;o, luego, utilizando lo ancho y largo de los tres dedos de la misma en el otro lado, para retirase la humedad de su costado diestro.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;&hellip; Es verdad, cielo. Puedo entender tu recelo, pues hasta yo misma me acabo de o&iacute;r, y se ha escuchado raro. &mdash;No deja de re&iacute;rse, pero ahora con su altitud sonora, en franco declive. Abatida y para nada alegre. Murmura, pero soy yo quien habla.<\/p>\n<p>&mdash;En serio le habl&eacute; as&iacute;, de esa manera. Fue una declaraci&oacute;n muy extra&ntilde;a, ya que, a pesar de querer apartarte de mi mente, a&ntilde;or&eacute; en ese instante que te hicieras presente y le mostraras a mi amante, la pr&aacute;ctica adquirida a mi lado y tus esmeradas t&eacute;cnicas para hacerme llegar al cl&iacute;max sin las mon&oacute;tonas rutinas que &eacute;l me mostraba.<\/p>\n<p>&mdash;Miel derramada sobre la hendidura, o chocolate esparcido desde mis senos hasta el ombligo. A veces con el aliento a menta helada de tu boca, introduci&eacute;ndomela con tus labios al usarlos como &eacute;mbolos, y gracias a tu lengua ancha o c&oacute;nica, provocando en mi pecho y en la garganta multitud de suspiros y gemidos, al atraerla y absorberla de nuevo hacia el interior de tu boca, para pasearla sin apuros por los pliegues carnosos de mi vulva, y despu&eacute;s si, con la vehemencia justa de tu pene dispuesto y al acecho, provocarme variados orgasmos, unos largos y otros cortos, pero todos ellos percibidos en mi bajo vientre con una sinusoidal constancia. Placer en demas&iacute;a dentro de m&iacute;, y por fuera, sobre los p&eacute;talos de mi vulva.<\/p>\n<p>Mariana se desplaza por detr&aacute;s de m&iacute;. Lo hace mir&aacute;ndome de reojo, como quien no quiere ver, pero la intriga le exhorta a hacerlo. Intenta, como no, percatarse de qu&eacute; me interes&oacute;, y que ha captado mi atenci&oacute;n. Seguramente preocupada por saber si la melancol&iacute;a y la baja tonalidad de sus palabras han tocado las intimas fibras de mi ser.<\/p>\n<p>&mdash;Abr&iacute; yo misma con los dedos, mis labios vaginales y le mostr&eacute; donde se ubicaba la cima, mi mont&iacute;culo del placer. Le instru&iacute; como descubrirlo, consentirlo, mimarlo y saborearlo, &ndash;lami&eacute;ndolo con el borde de la lengua&ndash; e igualmente le expliqu&eacute; la mejor manera de rodearlo lentamente, con la yema ensalivada por mi boca, de su pulgar, y como presionarlo delicadamente, cerc&aacute;ndolo por los lados, friccion&aacute;ndolo entre su dedo medio y el &iacute;ndice, tal cual como me lo hac&iacute;as t&uacute; de manera espont&aacute;nea, rom&aacute;ntica y natural. &mdash;Camilo deja de jugar con el cigarrillo y decide finalmente encenderlo y fumar.<\/p>\n<p>&mdash;Apret&eacute; su cabeza contra la almohada y dej&eacute; que su barbilla casi a noventa grados me presionara, y con ella comenc&eacute; a estimularme toda la&hellip; Se la restregu&eacute; por toda su cara y hasta me penetr&eacute; con su nariz, omitiendo el enrojecimiento de su piel cuando se agotaba el aire en sus pulmones, y yo hac&iacute;a o&iacute;dos sordos a sus quejas cuando se me antojaba dejarle respirar. &iexcl;La placentera asfixia, a la que t&uacute; si estabas acostumbrado, fue un suplicio para &eacute;l! Sin embargo, hubo un despu&eacute;s donde se esmer&oacute; por aprender, acostumbr&aacute;ndolo, antes que nada, a arrodillarse ante m&iacute;.<\/p>\n<p>Le sostengo la mirada, indiferente por supuesto. Es ella quien la aparta y eleva la cabeza. Vuelve a hacerlo, me ve en diagonal por la esquina aguada de su ojo izquierdo. La baja y se fija en el suelo, en el &aacute;rea vac&iacute;a que tiene por delante y da otro paso. Mariana da por sentado que la escucho con atenci&oacute;n, y es as&iacute;, aunque me martirice hacerlo. Me ofrece la espalda, confiada en que con su elegante transitar, transformar&eacute; en im&aacute;genes sus memorias.<\/p>\n<p>&mdash;Sumiso fue educ&aacute;ndose en hacer la presi&oacute;n justa con su lengua, sobre aqu&eacute;l tejido rosa para que se endureciera, y lubric&aacute;ndolo bien, me brindara los esperados estremecimientos. Con caricias ya m&aacute;s tiernas y la brisa c&aacute;lida del h&aacute;lito sobre &eacute;l, sin toc&aacute;rmelo, permitiera que, al poco tiempo, mi cl&iacute;toris y el resto del cuerpo se relajaran. &iexcl;Sin saberlo a plenitud, me convert&iacute; en maestra para &eacute;l, tras haber sido yo, tu aventajada alumna!<\/p>\n<p>Con sus palabras susurradas, agudas y muy sentidas, Mariana opta por quedarse quieta y callada, en la otra esquina. Desde all&iacute;, observa el despejado cielo, de un azul caribe&ntilde;o y c&aacute;lido, un tanto disparejo al de sus ojos ahora tristes y enrojecidos. A m&iacute; me agrada esta pausa y su distancia, pues me permite respirar con calma, y&hellip; &iexcl;Analizar el escenario!<\/p>\n<p>&mdash;Para m&iacute; que, &ndash;interrumpo nuestro silencio&ndash; ese pensamiento tuyo era una dicotom&iacute;a ciertamente ventajosa, pero imposible de volverla realidad. Yo jam&aacute;s estar&iacute;a junto a ustedes en un mismo lugar, y sobre todo en ese, en particular. Aceptando&hellip; Mir&aacute;ndolos tener&hellip; &iexcl;Yo, Mariana, nunca te compartir&iacute;a!<\/p>\n<p>&mdash;Pero estuviste, Camilo. Sin estar f&iacute;sicamente presente. No tuviste la culpa al invitarte a estar sin presenciarlo. &iexcl;Fui yo! &mdash;Me dice sin mirarme pues su atenci&oacute;n se concentra en la u&ntilde;a rosa de su pulgar que escudri&ntilde;a nerviosa, la cut&iacute;cula del dedo &iacute;ndice de la otra mano, e inflando de aire sus cachetes a&uacute;n macilentos, sin solicit&aacute;rselo me lo aclara.<\/p>\n<p>&mdash;Quiero decir que fue mi sentimental falta de costumbre, al intentar apartarte, &ndash;pero extra&ntilde;&aacute;ndote demasiado a la vez&ndash; la que te arrim&oacute; a mi mente en ese momento. Fui yo, con mi infame y urgente necesidad de imaginar tenerte all&iacute;, para hacerte con tu presencia imaginada, c&oacute;mplice de mi perfidia y no pensar que estaba traicion&aacute;ndote&hellip; Con &eacute;l en realidad&hellip; Entregando mi cuerpo por completo una&hellip; &iexcl;Mierda, Camilo! Convirtiendo mi so&ntilde;ada venganza esa vez en&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;Entonces debo suponer, que fui el culpable de que tu nochecita te saliera la rev&eacute;s?!&hellip; &iexcl;Puff! O lo que me quieres dar a entender es que tu beb&eacute;, tu amado Nacho&hellip; &iquest;No te sali&oacute; tan macho? &mdash;La interrumpo con furia y mis dudas tan presentes todav&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, ocurri&oacute; as&iacute;, cielo, pero luego yo&hellip; Yo mov&iacute; con deleite mis caderas sobre su boca y&hellip; Toda la cara, prodig&aacute;ndome un reconfortante placer. Implor&eacute; por m&aacute;s, mentalmente y con los ojos cerrados lo hice pensando en ti, pero utilizando el cuerpo de &eacute;l. &iexcl;As&iacute; fue como sucedi&oacute;, te lo juro!<\/p>\n<p>Regresa a su ser la necesidad de movimiento para explicarse. Se desplaza lenta, con cautela al andar y para hablarme de&hellip; Eso. Y a los dedos de sus manos regresa la man&iacute;a neurast&eacute;nica de recogerlos y extenderlos repetitivamente, buscando sin hallar su calma, pero de paso arrebat&aacute;ndome la m&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;Exclam&eacute; un prolongado &iexcl;Que rico!, en coordinada conjunci&oacute;n sexual de varios gemiditos con los &laquo;ayayais&raquo; de placer que me has escuchado infinidad de veces gritar. No acapar&eacute; su rostro, no. Aunque bien embadurnado de mis flujos se lo dej&eacute;. Satisfecha a medias, me levant&eacute; y liber&eacute;, brazos y cabeza del encierro. Gateando me acerqu&eacute; hasta la esquina opuesta de la cama, donde &eacute;l a nuestros pies, hab&iacute;a abandonado la tira de condones y en reversa me mont&eacute; sobre &eacute;l. &iexcl;S&iacute;, as&iacute; como lo imaginas! Y si mis tetas fueron su obsesi&oacute;n, a pesar de despreciarlas al principio, &ndash;burl&aacute;ndose por el tama&ntilde;o&ndash; mi culo fue su delirio, y un plano cerrado le ofrec&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Rasgu&eacute; un empaque con mis dientes, sin fijarme si eran los saborizados o los afamados luminiscentes y ultra sensibles. Se lo coloqu&eacute; aprovechando su renovada erecci&oacute;n y su disposici&oacute;n para agarrarme de la parte alta de mis muslos y de esa forma lograra sondear con su boca y lengua, el sabor de mi estriado agujero. Llegaron mis dedos hasta la base de su pene, encauch&aacute;ndoselo de un verde ne&oacute;n. Admir&oacute; el panorama que ve&iacute;a y silb&oacute; con fuerza, para comerme literalmente el culo. Estaba euf&oacute;rico por hacer realidad su sue&ntilde;o, y sus dedos acariciaron mi orificio peque&ntilde;o. Luego escuch&eacute; y sent&iacute; como escupi&oacute; sobre &eacute;l. &iexcl;Me sobresalt&eacute; y le llam&eacute; la atenci&oacute;n!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; crees que haces?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Prepararme el postre, Meli! Ser&iacute;a un completo desperdicio, no aprovechar para partirte bien este duraznito.<\/p>\n<p>&mdash;Jajaja&hellip; &iexcl;Ya quisieras y brincos dieras! Ese huequito est&aacute; muy cerradito y necesita adem&aacute;s de esmerados besos negros, practicar todav&iacute;a m&aacute;s. Pero no contigo, porque eres muy brusco y para nada el m&aacute;s indicado. Ser&aacute; mi marido, quien lo estrene ya que &eacute;l es m&aacute;s delicado. &ndash;Le ment&iacute;. &ndash; Adem&aacute;s, se me hace tarde y creo que nuestro &laquo;happy hour&raquo;, se est&aacute; terminando. &iexcl;Nos toca madrugar para llegar a tiempo a Pe&ntilde;alisa!<\/p>\n<p>&mdash;Si est&aacute;s aqu&iacute; conmigo esta noche, es porque con el huev&oacute;n de tu marido no te alcanza, y te hace falta un mejor sexo. &iexcl;Deja que yo te lo estrene! Ya ver&aacute;s c&oacute;mo, con paciencia y salivita, &ndash;agarrando su pene a tres dedos por la ra&iacute;z del tronco, lo zarande&oacute; presumido, golpeando mi ment&oacute;n&ndash; este elefante se come a la hormiguita.<\/p>\n<p>&mdash;Ni lo sue&ntilde;es, querido. No insistas y deja de provocarte con el dulce, que despu&eacute;s se te revuelca esa tripita y te vomitas muy r&aacute;pido. &mdash;Le respond&iacute; de manera directa y punzante. Con la mejor sonrisa&hellip; &iexcl;Sarc&aacute;stica!<\/p>\n<p>&mdash;Vaya, vea pues. No solo le pagaste la apuesta, sino que le ofreciste el chiquito para que lo probara, y tras del hecho, el hijueputa ese insult&aacute;ndome a placer, y tu&hellip; &iquest;T&uacute; no hiciste nada? &iquest;Lo disfrutaste? Incre&iacute;ble Mariana, en serio.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Nooo, que no! No sucedi&oacute; as&iacute;, Camilo. &iexcl;Qu&eacute; pago, ni cual culo! Y s&iacute;. &iexcl;Claro que te defend&iacute;! Obvio que lo hice. Yo le dije algo as&iacute; como&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Mejor hag&aacute;moslo por el hoyito tradicional! Pero esta vez yo dirijo, para que no vuelvas a dejarme a medias. Y no te preocupes tanto por mi esposo, si me da la talla o no, es una explicaci&oacute;n que no te dar&eacute; porque no viene al caso ahora. Eso s&iacute;, hag&aacute;monos el favor de nunca nombrar a nuestras parejas cuando estemos juntos. No s&eacute; t&uacute;, pero a m&iacute; se me bajan las ganas al piso, si pienso en que estamos poni&eacute;ndole los cachos a tu novia y a mi marido. M&aacute;s bien, preoc&uacute;pate por durar un poco m&aacute;s y no dejarme como antes, a fuego medio. &iquest;Estamos?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ser&aacute; creerte! &mdash;Refunfu&ntilde;a Camilo desde su esquina.<\/p>\n<p>&mdash;Y entonces yo&hellip; &mdash;Rest&aacute;ndole importancia a su duda, recuerdo como prosegu&iacute; para com&eacute;rmelo.<\/p>\n<p>&hellip; &laquo;Claramente es una petici&oacute;n desafiante para su ego de macho. Me elevo un poco, acomodando mis rodillas sobre el colch&oacute;n. Arrincono con mis manos la sabana junto a las cobijas, pues nos estorban. Bajo el culo, hasta sentir la punta de su erguido miembro roz&aacute;rmela, y con su ayuda, sin meditarlo mucho, me la clavo despacio, disfrutando la sensaci&oacute;n del aquel trozo de carne abriendo mi cuquita en dos&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;&hellip; Yo le dediqu&eacute; unas cuantas pasadas por mi raja y&hellip; Me lo met&iacute; y di inicio a una cabalgata, donde solo me preocup&eacute;, &ndash;cerrando mis ojos&ndash; por sentir e intentar alcanzar el cl&iacute;max con urgencia. Fue cuando le escuch&eacute; bisbisear. &iexcl;Ehhh!, creo que me coment&oacute; algo as&iacute; como&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Ok, Meli. Como digas. Perfecto&hellip; &iexcl;Perfecto como t&uacute; culazo, mamasota hermosa! Definitivamente con esta vista, viendo c&oacute;mo te devoras mi verga y sintiendo como se resbala dentro de tu panochita, rica y apretadita, me est&aacute;s enamorando. &mdash;Le escuch&eacute; decir tras de m&iacute;. Tan chabacano y&hellip; Directo como era &eacute;l.<\/p>\n<p>Observo a Camilo, con su nuca bien doblada hacia atr&aacute;s, y sus ojos entretenidos siguiendo el rastro gris&aacute;ceo del humo, escasamente rizado y muy lineal, escapando de la apretada &laquo;O&raquo; forzada en sus labios, intentando alcanzar los listones del techo. Pero la rumorosa brisa ma&ntilde;anera, parece oponerse y decide mejor formar orlas dispares, impidiendo que la madera del techo se tizne con su humareda. Y ello me da tiempo a recordar detalles de aquella conversaci&oacute;n, movida y ajetreada. Sudada y disfrutada, que no le voy a revelar en detalle. &iquest;Para qu&eacute; voy a herirlo m&aacute;s con lo que hac&iacute;a con &eacute;l?<\/p>\n<p>&hellip; &laquo;&iexcl;Sshhh!, No digas bobadas, Nacho. Uno no se enamora de&hellip; &iexcl;Uffff!&#8230; De lo que ve, sino de lo que el alma comienza a sentir por esa persona. Entre tu pip&iacute; y mi cuca&hellip; &iexcl;Ummm!&#8230; Solo existe un atrayente&hellip; &iexcl;Gusticooo!&hellip; &iexcl;Aghhh!&#8230; Nada m&aacute;s, querido. El&hellip; &iexcl;Ufff!&#8230; El sexo puede enamorar, pero no es lo primordial. Es un complemento, y ya&hellip; &iexcl;Sigue, sigue! Nacho sin dejar de bombearme, se carcajea como burl&aacute;ndose de mi discurso, y me dice:<\/p>\n<p>&iexcl;Jajaja, Meli! Te escuchaste&hellip; &iexcl;Mmm!&hellip; Igualitica a esos sexagenarios barrigones millonarios, que posan de muy dignos y&hellip; &iexcl;Aghhh!&#8230; exclaman filos&oacute;ficamente, que el dinero no lo es todo en su vida, pero&hellip; &iexcl;Ouchh!&#8230; Lo dicen mientras nos muestran&hellip; &iexcl;Ufff!&#8230; Su vida normal, disfrutando en alguna playa paradis&iacute;aca, bronceando sus panzas en asoleadoras, con c&oacute;cteles servidos en cuencos de coco, y&hellip; &iexcl;Mmm!&#8230; En compa&ntilde;&iacute;a de severas hembras, y quince o veinte a&ntilde;os m&aacute;s j&oacute;venes que ellos&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;No pensaba en nada m&aacute;s que en mi placer, as&iacute; que&hellip; Me mov&iacute;a con ganas&hellip; Sobre &eacute;l. Me estaba gustando y pues&hellip; T&uacute; ya sabes c&oacute;mo me pongo de arrecha cuando estoy a punto de llegar. Te lo puedes&hellip; Seguramente debes estar imagin&aacute;ndome encima de &eacute;l.<\/p>\n<p>Tartamudeando avergonzada, y disimulando lo mejor posible la &laquo;arrechera&raquo; de esa noche, le resumo los actos a Camilo y&hellip; Por supuesto, en este momento el nerviosismo me domina. S&eacute; que quiere saber c&oacute;mo fue todo, pero no s&eacute; c&oacute;mo relatarle eso, sin que se ofenda, ya que&hellip; &iexcl;Mierda!<\/p>\n<p>&hellip; &laquo;Sus manos me levantan un poco por las nalgas y de mi panocha encharcada, lo retira m&aacute;s o menos hasta la mitad. Quiero sentirlo y vuelvo a encajarlo dentro de m&iacute;, aplastando mis nalgas contra sus muslos. Necesito m&aacute;s, mi cuca quiere m&aacute;s. Me sobo el cl&iacute;toris, me pellizco un pez&oacute;n y a la vez que siento que ya casi me llega, a su grosor le falta un poco y a m&iacute; me sobran ganas. Entonces logro que mi dedo medio me penetre al mismo tiempo que su verga, y sin su ritmo, lo dejo quieto, pero empujando hacia dentro parte de mis pliegues&raquo;.<\/p>\n<p>&mdash;En medio de mis&hellip; Mis jadeos y sus tomas de aire escandalosas, escuchaba adem&aacute;s de sus halagos groseros para excitarme, el&hellip; El rumoroso chapoteo en mi entrepierna, producto de su excitaci&oacute;n y de la m&iacute;a. Lo hemos probado tu y yo infinidad de veces. &iquest;Recuerdas? Desde que lo descubrimos, te ha fascinado llevarme hasta all&aacute;. Dejarme en el borde, pasear por el filo del precipicio, deteni&eacute;ndote para mirarme a los ojos, y esperar&hellip; &iexcl;Esperar sin empujarme, para no hacerme caer tan r&aacute;pido!<\/p>\n<p>&mdash;Sin observarla directamente, sumido en los eventos que ahora me narra, percibo como la distancia que nos separaba, se va haciendo milim&eacute;tricamente m&aacute;s cercana. El codo izquierdo, &ndash;cubierto por la tela de su bata&ndash; roza mi antebrazo al posicionar los suyos sobre la baranda de madera, de similar manera a como yo lo estoy. Puedo escuchar con claridad, como sorbe la humedad de su nariz, se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que al igual que yo, con dolor llora la amargura de sus recuerdos.<\/p>\n<p>&mdash;Es un sufrimiento estar a punto, eternizarse muy cerca al borde de la c&uacute;spide y no alcanzar por involuntaria raz&oacute;n, el ansiado orgasmo. &iexcl;Estando tu ausente, imaginariamente me reten&iacute;as! &mdash;Le explico a Camilo, haciendo &eacute;nfasis en que no estuve tan sola, pensando en &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que utilic&eacute; la otra artima&ntilde;a. &ndash;Contin&uacute;o mi aclaraci&oacute;n. &ndash; Mis dedos los us&eacute; como instrumentos, haciendo c&iacute;rculos y apret&aacute;ndome el cl&iacute;toris entre ellos. Le&hellip; Yo le ped&iacute; que se moviera con mayor fiereza, y&hellip; Empec&eacute; a sentir ya m&aacute;s rico. As&iacute; que&hellip; Se me dispararon los sentidos. Sent&iacute;a demasiado calor por todas partes, corrientes el&eacute;ctricas ascendiendo por mis muslos hasta mi&hellip; &iexcl;Puff! Percib&iacute; mi olor, mi aroma a hembra cachonda y el sudor&hellip; El suyo, mezclado con el salobre m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;El caso es que&hellip; &Eacute;l se dio cuenta y apret&oacute; mis caderas con las palmas de sus manos contra su&hellip; Me embisti&oacute; con mayor ah&iacute;nco y as&iacute;&hellip; Sin preludios ni mi autorizaci&oacute;n, sent&iacute; como un dedo, creo que el pulgar, lo incrust&oacute; por completo en mi ano. Fue inoportuno, sorpresivo y abusivo, pero yo&hellip; Gem&iacute; de gusto, s&iacute;. &iexcl;Personal y particularmente satisfecha!<\/p>\n<p>De soslayo oteo la expresi&oacute;n de su rostro. Abatido, o resignado, Camilo no se mueve ni muestra nuevas emociones. Ha llorado mucho por mi culpa. De hecho, sigue haci&eacute;ndolo en silencio, respetando mi caprichosa decisi&oacute;n de no interrumpir mis recuerdos, mientras le sigo clavando m&aacute;s pu&ntilde;ales a nuestra relaci&oacute;n y un mayor n&uacute;mero de clavos a mi ata&uacute;d.<\/p>\n<p>&mdash;Se me tens&oacute; el vientre y apret&eacute; las pantorrillas. &ndash;Prolongo esta revelaci&oacute;n. &ndash; Incluso se me recogieron los dedos de mis pies. El cl&iacute;max, como cuerda imaginaria de un arco, logr&oacute; que arqueara la parte alta de mi espalda, intentando en vano juntar los om&oacute;platos, y s&iacute;&#8230; S&iacute; pude alcanzar mi orgasmo. Extendido y tan largo, que sent&iacute; contracciones en mi esf&iacute;nter, apretando de paso su dedo invasor.<\/p>\n<p>&mdash;Tanto las paredes de mi vagina y el cl&iacute;toris henchido, los sent&iacute; arder. Me elev&eacute; entonces hacia ese infinito sensorial tan placentero, y del cual uno ya no quisiera descender, clamando porque durara, que se mantuviera y no se cortara. Disfrutando de esa especie de agon&iacute;a deliciosa, mientras lo jadeos me los tragaba pasando saliva, y mis suspiros aparecieron con aires casi espirituales.<\/p>\n<p>&mdash;Y entre espasmo y espasmo, regresaste a mi mente. Se bien el instante en que sucedi&oacute;, pero no el lugar a donde fue a parar mi entusiasmo. Se apag&oacute; la fogata inesperadamente, pero s&iacute;. S&iacute;, Camilo, goc&eacute; mientras estuve encima de &eacute;l, pero no por &eacute;l, sino por m&iacute; misma. Aunque eso al fin de cuentas para ti, no tenga ya demasiada importancia. &iquest;Fui feliz esa noche con &eacute;l? Pues s&iacute;, y no tanto. Digamos que me gust&oacute; a medias, y de la otra mitad, me toc&oacute; a m&iacute; arregl&aacute;rmelas s&oacute;lita.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Has acabado? &mdash;Me pregunta con tristeza, y yo niego, moviendo mi cabeza y mirando para el otro lado. Necesito aclararle el final. Para que su obsesiva suposici&oacute;n tenga mediana resoluci&oacute;n, y aunque inexacta, le entierre yo otra daga.<\/p>\n<p>&mdash;Abatida por el esfuerzo, me desplom&eacute; de medio lado sobre la frazada arrugada y fr&iacute;a. Me encog&iacute;, volvi&eacute;ndome un ovillo de piel sensible y sudada. Jos&eacute; Ignacio me levant&oacute; para acomodarme transversal en la cama. Me alegr&eacute; al ver como con su mirada avellana, el ya me adoraba. Y cre&iacute; que&hellip; Pens&eacute; que, si bien hab&iacute;a sido la primera vez, con eso hab&iacute;a tenido suficiente para clav&aacute;rmele en la mente. Me abrum&oacute; un poco sentir sus caricias suaves, tiernas y desbordadas recorriendo mi cuerpo. No era las tuyas, tan acostumbrada mi piel a dejar que con ellas me descubrieras nuevos puntos de placer.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, Cielo. S&eacute; bien que te duele escuchar eso, pero precisamente esa fue inicialmente mi intenci&oacute;n. &mdash;Hago silencio de nuevo y tuerzo el cuello para poder observar a mi esposo, agonizando sentimentalmente, por mi culpa y porque&hellip; Porque as&iacute; lo quiso. Y me duele. &iexcl;Jueputaaa! Me atormenta lastimarlo todav&iacute;a m&aacute;s, al enterarlo de mis andanzas, mucho m&aacute;s doloroso a lo que varias noches atr&aacute;s, antes de decidirme a venir, lo imagin&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Me cobijaron sus brazos, mientras yo todav&iacute;a inhalaba ox&iacute;geno, &ndash;que hab&iacute;a aspirado antes de desmoronarme&ndash; y liberaba en esa habitaci&oacute;n, metros c&uacute;bicos de di&oacute;xido de carbono y m&aacute;s calor. Al momento nos arropamos, utilizando &uacute;nicamente la sabana floreada. La frazada, arrugada y humectada en el centro, la mantuvimos relegada a nuestros pies.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Cinco minutos! &iexcl;Solo cinco y ni uno m&aacute;s! Pens&eacute;. Ten&iacute;amos tiempo de sobra para cumplir con las tres horas pagas, pero&hellip; Fueron m&aacute;s de cuarenta los que dormit&eacute;. Un movimiento involuntario de mi pierna izquierda sobre las suyas, semejante a una alarma natural, me despert&oacute;. Y tras esa espor&aacute;dica pero providencial sacudida, tambi&eacute;n a &eacute;l lo desadormec&iacute;.<\/p>\n<p>Se aparta de m&iacute;, recost&aacute;ndose por el hombro contra el poste de madera, y se pega bastante a este, descolgando su cabeza y el ment&oacute;n, aterriza sobre el estern&oacute;n. El llanto sigue fluyendo directamente de sus ojitos marrones hacia el suelo del mismo color, pero oscureci&eacute;ndolo al mojarlo.<\/p>\n<p>&mdash;Explor&eacute; apurada con la mirada, aquella habitaci&oacute;n alquilada y desordenada, ubicando el sitio donde hab&iacute;a dejado tirada mi tanga, el sost&eacute;n negro y el resto de mi ropa. Se me aceleraron las pulsaciones al darme cuenta en el reloj, las dos horas y media que utilic&eacute; para pagar mi deuda y tambi&eacute;n pens&eacute; que, si me daba prisa, visti&eacute;ndome sin ba&ntilde;arme, a esa hora y con poco tr&aacute;fico, podr&iacute;a llegar a casa, no muy tarde.<\/p>\n<p>&mdash;Y eso fue&hellip; eso fue casi todo. No fue nada especial, Camilo. Solo le di una terapia final con un poquito de&hellip; &laquo;Quereme&raquo;, para que no se olvidara tan pronto de m&iacute;. La prioridad era sentirme a gusto, con esa otra mujer que habitaba dentro m&iacute;o. Y a &eacute;l darle a probar otro poco de m&iacute; cuerpo.<\/p>\n<p>&mdash;Ya. Me imagino la dedicaci&oacute;n con la que decidiste&hellip; &iexcl;&laquo;Terapearlo&raquo;!<\/p>\n<p>&mdash;El tratamiento que le ofrec&iacute; esa noche, consisti&oacute; en que aprender&iacute;a a darme un buen sexo. Tan solo eso. Pero, as&iacute; mismo me pregunt&eacute;&hellip; &iquest;Que podr&iacute;a hacerle yo a &eacute;l, que no le hubieran hecho las dem&aacute;s, ni su novia, para oprimir alg&uacute;n interruptor en su psiquis, y mantenerlo interesado en m&iacute; y en ninguna m&aacute;s? &iquest;Qu&eacute; le har&iacute;a para enamorarlo y alejarlo del asedio de K-Mena?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Otra vez con la misma disculpa de preservarle la virginidad a tu amiga? No crees que ya deber&iacute;as confesar que esa excusa&hellip; &iquest;Solo era una coartada y la justificaci&oacute;n que buscaste para acostarte con &eacute;l? &mdash;Le refuto indignado y cansado, de que Mariana no lo quiera reconocer con sinceridad.<\/p>\n<p>&mdash;No&hellip; No es as&iacute;. En mi mente siempre estuvo primero la idea de un delicioso desquite. Y en ese transitar de aqu&iacute; para all&aacute;, pensando en c&oacute;mo humillarlo y aventajarle en los negocios, el noviazgo de ella con Sergio se me apareci&oacute;, y tom&eacute; partido por su candorosa inocencia. Y luego s&iacute;, ya creyendo tenerlo todo controlado, es que me puse a pensar mientras terminaba de colocarme los zapatos de tac&oacute;n, en&hellip; &iexcl;Puff! &iquest;Que deb&iacute;a hacer desde ese momento en adelante? Ahora todo mi mundo lo hab&iacute;a puesto patas arriba con &eacute;l en la oficina todos los d&iacute;as, mientras que t&uacute;, el hombre al que realmente amaba, inocente y traicionado, se encontraba esper&aacute;ndome confiado en nuestra casa. Y por &uacute;ltimo en m&iacute;, floreciendo con inusitada fuerza, mi exagerada vanidad y emputecimiento, por el poder que me descubr&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Est&aacute; claro, pues nada m&aacute;s que sostener una continuidad en su relaci&oacute;n laboral y mantener el v&iacute;nculo del vicio por traicionar, perpetuando en lo posible el fino hilo que los un&iacute;a como amantes. Por m&aacute;s racional y sagaz que te parezca, compartir con ese Don Juan de vereda, un &laquo;nosotros&raquo; escondido, fue una est&uacute;pida misi&oacute;n que tomaste para intentar superarlo, deshumaniz&aacute;ndote hasta l&iacute;mites insospechados, justo como lo era &eacute;l, con su encumbrado ego y vanidad. Lo convertiste en ese ideal compa&ntilde;ero de oficina, con derecho a culiarte, pero sin permitir que la direcci&oacute;n incorrecta se te torciera, y te llevara de nuevo hacia m&iacute;, a quien en verdad deb&iacute;as mantener tu lealtad.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, s&iacute;. Puedes tener mucha raz&oacute;n en eso, pero esa fue la idea inicial de igualarme a &eacute;l, para jugar su juego y luego superarlo. Pero siempre tuve presente que, incrustada en mi cabeza, la idea de que haci&eacute;ndolo mi &laquo;amigo secreto&raquo;, sin que se diera cuenta, fuera cediendo y dejara de comportarse en nuestra intimidad, como sol&iacute;a hacerlo ante las otras mujeres, coloc&aacute;ndole l&iacute;mites o barreras a su libertinaje, y consiguiendo que me perteneciera al final. Y luego de enamorarlo, de que me deseara hasta los tu&eacute;tanos, superarlo ampliamente en los negocios realizados, ubicarme por encima de &eacute;l en la constructora, e inesperadamente abandonarlo. &iexcl;Qu&eacute; loca idea de venganza! &iquest;No?<\/p>\n<p>&mdash;Pero es que se lo merec&iacute;a. Por todo lo que me molest&oacute; delante de los dem&aacute;s. Por todo lo que te ofendi&oacute;, delante m&iacute;o. Como se expres&oacute; de ti, de mi esposo sin saber que me esperabas en casa despierto, para despedirnos ese fin de semana haci&eacute;ndonos el amor. Esa noche, cuando tomando mi bolso, las llaves del Audi y mi tel&eacute;fono empresarial, abr&iacute; la puerta sin esperar a que &eacute;l se colocara los calcetines y los zapatos y fue cuando le escuch&eacute; decir&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Tranquila bizcocho, que el cach&oacute;n de tu marido no se va a enterar de nada. Debe estar puli&eacute;ndose los cuernos, acostado en el sof&aacute;. Lo que me apena es que te marches ahora, sin llevarte mi semen rezumando en tu cuquita para que se lo des en el desayuno. &iexcl;Ser&aacute; para otra ocasi&oacute;n! Ma&ntilde;ana y hasta el lunes si quieres, podemos disfrutar de m&aacute;s raticos juntos. Al bobo litro de Carlos y a la intensa de Carmen Helena, los perderemos por la noche al dejarlos en el hotel. Y por Eduardo no te preocupes, pues se va a ir temprano para encontrarse con su mujer y una prima de ella, que lleg&oacute; del Oriente medio y quieren que conozca el eje cafetero. Yo mismo les consegu&iacute; una acogedora hacienda para que la pasen bien y a m&iacute;, me dej&oacute; a cargo de ustedes.<\/p>\n<p>&mdash;Yo no lo sab&iacute;a. Ese hijo de puta no me hab&iacute;a comentado nada. Total. Lo importante en ese instante era apurarme y llegar pronto a nuestro hogar.<\/p>\n<p>&mdash;Hummm, &iexcl;Que ir&oacute;nica es la vida! Entonces se supone que, mientras yo me encontrar&iacute;a paseando con Mateo, Iryna y Natasha, t&uacute; y &eacute;l, &iquest;pensaban continuar con el fest&iacute;n en Girardot? Bien, bien. &mdash;Camilo queriendo o sin querer, dejar caer de sus labios y casi en vertical, la colilla ya apagada hacia el suelo. Pero esta, liberada rueda, e impulsada por la brisa, cae precipitada al primer nivel.<\/p>\n<p>&mdash;Pues cielo, eso lo pensar&iacute;a &eacute;l, pues la verdad es que a m&iacute; ya se me hab&iacute;a escapado la presi&oacute;n, &ndash;as&iacute; como el de una olla expr&eacute;s&ndash; por saber c&oacute;mo era tener sexo con &eacute;l, y lo &uacute;nico que saqu&eacute; en claro, es que no me hab&iacute;a hecho ver estrellas y para nada era tan macho ni tan experimentado, mucho menos tan resistente como aparentaba su fisonom&iacute;a. Y yo&hellip; Yo ten&iacute;a por delante un tramo largo, y poco tiempo para llegar y lanzarme, pecadora entre tus brazos.<\/p>\n<p>Mantengo mis ojos bien cerrados, concentrado en su voz, intentando sin lograrlo, que mis l&aacute;grimas no se precipiten m&aacute;s, por el acantilado de mis p&oacute;mulos. Y me abrazo al poste que sostiene el techo.<\/p>\n<p>&mdash;No era muy tarde y&hellip; El torrencial aguacero hab&iacute;a amainado, aunque al sacar el auto del parqueadero de aquel motel, seguida a prudente distancia por el Honda blanco de Jos&eacute; Ignacio, a&uacute;n lloviznaba. Desvi&eacute; a dos calles para evadirlo, pero &eacute;l con persistencia continuaba a dos coches detr&aacute;s de m&iacute; Audi, as&iacute; que detuve el auto y Chacho aparc&oacute; el suyo detr&aacute;s de m&iacute;. Activ&eacute; el bluetooth de la radio y desde el n&uacute;mero telef&oacute;nico empresarial, le marqu&eacute; a su tel&eacute;fono m&oacute;vil.<\/p>\n<p>&mdash; &iexcl;Ni lo sue&ntilde;es! &ndash;Le dije apenas respondi&oacute;&ndash; &iexcl;Deja de seguirme y vete para tu casa! Ya estuvo bien el rato. No vayas a da&ntilde;arme la noche y hacer que se me salte la piedra contigo. &mdash;Se carcaje&oacute; como siempre, y cuando iba a decirme algo m&aacute;s, autoritaria le dije que hablar&iacute;amos al d&iacute;a siguiente por la ma&ntilde;ana, y termin&eacute; la llamada al tiempo que volv&iacute;a a arrancar. Me fij&eacute; por el espejo retrovisor en las luces amarillas, que intermitentes desaparec&iacute;an desplaz&aacute;ndose hacia a la izquierda y me tranquilic&eacute; cuando por fin lo perd&iacute; de vista. Yo pude continuar pensativa, el camino a casa.<\/p>\n<p>&mdash;Repas&eacute; mi pasado, y pens&eacute; que no merec&iacute;a tener tanta suerte. Tenerte a ti y a nuestro hijo, era lo mejor que me hab&iacute;a ocurrido en la vida. Y en aquel presente, tu ilusi&oacute;n a punto de concretarse, y mi primera vez superando en ventas al que nadie de los dos grupos, hab&iacute;a podido desbancar del primer lugar. Sonre&iacute;a, sinti&eacute;ndome vencedora; tambi&eacute;n obten&iacute;a por fin la atenci&oacute;n desmesurada de &eacute;l, sin ser consciente del alcance de mi traici&oacute;n. La fidelidad que le ped&iacute;, con algo m&aacute;s que cari&ntilde;o y ganas, mi amante parec&iacute;a ya entregarme. En contraste yo, le era desleal al amor que incondicional, me esperaba en casa.<\/p>\n<p>Mariana enmudece despu&eacute;s de rememorar, lo bueno que ten&iacute;a y el primordial futuro que deb&iacute;a asegurar. Pero sigue, tras un sorbo corto a su bebida.<\/p>\n<p>&mdash;Me detuvo una luz roja, a pocas calles de aquella por la cual deb&iacute;a girar a la derecha y coloqu&eacute; la radio mientras esperaba. En la emisora que t&uacute; siempre escuchas, colocaron una vieja canci&oacute;n de Sade. &laquo;No Ordinary Love&raquo;. Y ese saborcito dulce de felicidad se me avinagr&oacute;. Pens&eacute; en ti y en m&iacute;. En nuestro amor cotidiano, pero tan importante e imprescindible para m&iacute;. El brillante verde se hizo acuoso debido a las l&aacute;grimas que brotaron amargas de mis ojos, mientras segu&iacute;a envuelta en la melancol&iacute;a, arropada por la dulce voz de esa mujer. Avanc&eacute; despacio, sin importarme los persistentes cambios de luces y los continuos bocinazos de los autos que, apresurados, me solicitaban el paso.<\/p>\n<p>&mdash;Llegu&eacute; a la entrada del conjunto residencial, y all&iacute; frente a las rejas negras, me detuve unos segundos, aunque el vigilante se apresur&oacute; a abrirlas. Indecisa y temblorosa lloraba, con mi frente descansando sobre el cuero del volante. Al estacionar dej&eacute; el motor en marcha, pero no porque no quisiera bajarme y llegar a abrazarte. Solo necesitaba tiempo, aire y unos pa&ntilde;itos faciales para limpiarme. &iexcl;Verg&uuml;enza! Ese era el motivo, el im&aacute;n que manten&iacute;a mi culo pegado al cordob&aacute;n texturizado del asiento. Tom&eacute; m&aacute;s pa&ntilde;itos de la guantera con la mano derecha, aunque con el dorso de la otra me limpiaba, pues segu&iacute;a llorando.<\/p>\n<p>Debo hacer acopio de todas mis fuerzas para no abalanzarme hacia mi marido y abrazarlo. Ganas no me faltan, pero mi raz&oacute;n dictamina que no es prudente invadir ahora, su &iacute;ntimo espacio, pegado al poste de madera. Compite la sensatez contra las pulsaciones aceleradas de mi coraz&oacute;n, avergonzado y apesadumbrado por causar da&ntilde;os y mil destrozos, en el del hombre que tanto amo.<\/p>\n<p>&mdash;Llegaba a mi hogar despu&eacute;s de disfrutar las mieles del triunfo, al ser aplaudida frente a mis compa&ntilde;eros, y esa sensaci&oacute;n de superioridad gobernaba todas mis neuronas. Merecimiento alcanzado por mi obstinaci&oacute;n con algunos negocios finiquitados honradamente, y en otros utilizando todo el poder de mi sexualidad. El poder gustar para generar deseos en los hombres y obtener a mi parecer el &eacute;xito que anhelaba, con o sin placer de por medio. Y, sobre todo, el tenerlo a &eacute;l, a otros tipos y hasta a las nenas, bien rendidos ante los encantos de mi personalidad y a las deseables curvas exhibidas o disfrutadas, de mi cuerpo.<\/p>\n<p>Escucho con claridad mis latidos y a lo lejos, el rumor de voces alegres y el canto de alg&uacute;n turpial m&aacute;s cercano. Y oigo como Mariana suspira, gimotea y sufre. Tambi&eacute;n llora con desespero, como lo hago yo.<\/p>\n<p>&mdash;Me calm&eacute; y dej&eacute; de llorar. Me maquill&eacute; nuevamente, como si en vez de llegar fuera a salir de nuevo de nuestra casa, obviamente para que no te dieras cuenta, y por supuesto, para que sigui&eacute;ramos nuestra amada vida, tan normal y acostumbrada, pero con un elemento adicional que lo cambiaba todo. &iexcl;Minti&eacute;ndote! Ya frente a la puerta de la entrada, llaves en mano, volv&iacute; a detenerme para asegurarme de no traer conmigo olor a colonia de aquel hombre, que me pusiera en evidencia, y con la llave puesta en la cerradura, escuch&eacute; dentro de m&iacute;, la algarab&iacute;a de aquel silencio desolador, que parec&iacute;a pronosticar mi destino, sola, sin ti, tan solo algunos meses despu&eacute;s, y finalmente perdi&eacute;ndote.<\/p>\n<p>&mdash;Regres&eacute; una vuelta la llave, pues volvieron a mis ojos las l&aacute;grimas. Y entonces el car&aacute;cter seguro, del que tanto me ufanaba &uacute;ltimamente, al igual que mis piernas, flaque&oacute;. Me dio miedo que la mujer que estaba fuera de la casa a punto de ingresar a nuestro hogar, y que se aprovechaba de su buena suerte, terminara por perder todo lo que me esperaba adentro, y siempre&hellip; &iexcl;Siempre confiaba encontrar! La poderosa Melissa de la oficina, era un fraude andante. La Mariana, &iexcl;t&uacute; Mariana! La mujer de entrecasa, la madre intachable, en realidad llegaba siendo una puta traidora.<\/p>\n<p>&mdash;Lo&hellip; Lo not&eacute; en el parpadeo nervioso. Lo vi en tus ojos.<\/p>\n<p>&mdash;Qu&eacute;&hellip; &iquest;Que viste?<\/p>\n<p>&mdash;El pecado. Present&iacute; que algo hab&iacute;a sucedido contigo. No ol&iacute;as demasiado a trago, no llegaste muy contenta a pesar de tu habitual sonrisa al vernos. Y estabas&hellip; Estabas demasiado bien arreglada, para llegar despu&eacute;s de rumbear con tus amigos. Ni siquiera tu ropa estaba impregnada al olor del tabaco, despu&eacute;s de festejar por ah&iacute;.<\/p>\n<p>Al record&aacute;rselo no consigo detener mi llanto, y me culpo por mi estupidez o mi falta de car&aacute;cter al no dec&iacute;rselo aquella noche, y tan solo concederle el beneficio de la duda, para no molestarla con mis sospechas y da&ntilde;ar de nuevo nuestro fin de semana con otra discusi&oacute;n, para la cual, no ten&iacute;a prueba alguna para enrostrarle por su retraso.<\/p>\n<p>&mdash;Camilo, cielo&hellip; No llores m&aacute;s por favor. &mdash;Lo apremio, pero &eacute;l tan solo dobla su mano derecha y expande por completo los dedos, d&aacute;ndome a entender que se encuentra bien y no quiere que lo moleste. Pero es mentira. Se encuentra mal y a mi&hellip; A m&iacute; me mata verlo as&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Mi vida, yo&hellip; No fue mi intenci&oacute;n. No quer&iacute;a recordar esa parte de mi vida. La estaba olvidando, gracias las terapias, pero ahora t&uacute; has querido que yo me regrese en el tiempo, a una &eacute;poca que nos hizo tanto da&ntilde;o. No merezco que derrames m&aacute;s lagrimas por m&iacute;. T&uacute; ya&hellip; Ya has sufrido bastante.<\/p>\n<p>Y finalmente en este coraz&oacute;n, mi amor por &eacute;l vence el miedo a su rechazo, y mis manos tantean la superficie algodonada sobre sus hombros. Y, aun as&iacute;, tan palpable y pesadas como para no sentirlas, Camilo no se mueve.<\/p>\n<p>Deseo abrazarme a &eacute;l. Lo hago con temor, y por consideraci&oacute;n o por su amor hacia m&iacute;, no me aparta. Eso es bueno para m&iacute;, en realidad para los dos, a pesar de que yo no pueda ver en sus ojos el dolor, ni Camilo observar en los m&iacute;os, mi resignaci&oacute;n a su evidente decisi&oacute;n. Con su inconmensurable nobleza a flor de piel, comprende a la perfecci&oacute;n mi intenci&oacute;n de no abandonarlo, ni apartarme en este instante, ni siquiera cuando est&eacute; lejos de &eacute;l. Por eso lo permite, porque a&uacute;n nos necesitamos y, aunque me d&eacute; miedo a decirlo, por s&iacute; el silencio destroza mi pensamiento, todav&iacute;a nos amamos.<\/p>\n<p>Callados ambos, sufriendo los dos, le dejo que recueste su pesar sobre mi hombro derecho y que con sus brazos me transmita su arrepentimiento, al apretarme el pecho con fuerza, sintiendo como me sujeta con sus dedos entrelazados, para no dejarme deprimir.<\/p>\n<p>&mdash;Me&hellip;, me apetece un cappuccino en este momento. &iquest;Te puedo invitar a un caf&eacute;? &mdash;Siseo mi deseo cerca de su oreja derecha y Camilo sacude la cabeza y su melena.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, excelente idea. Me gustar&iacute;a uno bien cargado, a ver si me despejo un poco. &mdash;Le contesto mientras con mis manos desarmo su abrazo y doy la vuelta, al tiempo que lo hace ella y quedamos como antes, pero de rev&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Si prefieres, podr&iacute;amos vestirnos y bajar a desayunar. &mdash;Le menciono mi idea, mientras le doy la espalda para internarme en la habitaci&oacute;n. Un escalofri&oacute; sorpresivo me recorre toda, pues siento ahora como me retienen sus brazos, y su mano derecha, por descuido m&iacute;o o por la gracia divina, se interna bajo el arco que ahueca esta bata y se amolda a la perfecci&oacute;n, sobre la redondez de mi seno izquierdo.<\/p>\n<p>Ha sido sin culpa, pero mis dedos inocentes, en el decolaje apresurado al despegar el brazo desde mi costado diestro para abrazarla, terminan planeando por debajo de la tela, y aterrizan amplios sobre su seno, raspando en el descenso con la palma de mi mano, el obst&aacute;culo de su pez&oacute;n. La textura es diferente ahora, a como lo fue la primera vez que se lo acarici&eacute; con ternura. Mas no as&iacute; la suavidad, y la tibieza de su piel.<\/p>\n<p>Quiero creer que esta vez, sus palabras han sido leales y su arrepentimiento honesto. Eso me ha parecido, al escucharla.<\/p>\n<p>&mdash;La camisa est&aacute; muy sucia, y&hellip; &iquest;Sabes que nunca llegar&eacute; a amar a otra mujer, como te he amado a ti? &mdash;Le susurro ahora yo, mientras le aprieto por el vientre, atray&eacute;ndola contra m&iacute;, y la mano intrusa no quiere abandonar la tibieza ni el refugio donde aterriz&oacute;, ni la due&ntilde;a de esta teta intenta deshacerse del familiar calor. Permanece ah&iacute;, amorosamente mansa, como antes de&hellip; &iexcl;Como siempre debi&oacute; haber sido!<\/p>\n<p>&mdash;Hummm&hellip; Mis pantaloncillos a&uacute;n est&aacute;n mojados, Mariana. &iquest;Podr&iacute;as mejor pedir que nos los suban? &mdash;Termino por decir, tras besar como antes, su coronilla azabache.<\/p>\n<p>&mdash;Lo s&eacute;, cielo. Nunca he dudado de ello. Ojal&aacute; pudiera hacerte comprender, que, a pesar de todo, yo jam&aacute;s he dejado de sentir lo mimo por ti. Y aunque decidas no regresar conmigo, jam&aacute;s dejar&eacute; de amarte. Aho&hellip; Ahora d&eacute;jame ir&hellip; &iexcl;Para llamar a la recepci&oacute;n! &mdash;Y me libero sin agrado, de la c&aacute;rcel de su abrazo, llorando a&uacute;n m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ni yo! &mdash;Le respondo, retirando mi mano de su seno, y en nuestro compartido silencio, avanza ella hacia el citofono, dej&aacute;ndome de nuevo atr&aacute;s.<\/p>\n<p>Mientras le escucho hablarle al encargado, pienso, &ndash;sonriendo con amargura&ndash; qu&eacute; este momento es similar al de una pelea de boxeo, pero en esta ocasi&oacute;n, los dos contrincantes estamos noqueados, y el destino como ben&eacute;volo juez, es quien realiza para ambos, el conteo de protecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Tras colgar la llamada, se gira y me sonr&iacute;e con timidez, al verme ubicado exactamente en el mismo sitio donde se separ&oacute; de m&iacute;. Decido vencer mi retraimiento, record&aacute;ndole como&hellip; &iexcl;Lo que me hizo sentir!<\/p>\n<p>&mdash;Fue la ausencia de amor en el brillo azul de tus ojos, &ndash;le habl&oacute; ahora&ndash; la que me alert&oacute; de que algo acontec&iacute;a dentro de ti, involucr&aacute;ndome en tu desconocido vivir, cuando te ped&iacute; que no te fueras, que lo dejaras todo y viajaras con nosotros, y tu renuencia la confirmaste al negar con la cabeza. Fue evidente que ya no estabas para Mateo y para m&iacute;. Pero para guardar ante ellas las apariencias, tuve que ocultar tras una sonrisa, la evidencia de mi temor y despedirnos como si todo estuviera igual de bien que siempre.<\/p>\n<p>&mdash;Lo cierto fue que, sintiendo que te perd&iacute;a con cada &eacute;xito que alcanzabas, la oposici&oacute;n que me dictaba la raz&oacute;n, la somet&iacute; al escrutinio de mi coraz&oacute;n, y su dictamen fue que mi infinitivo amarte, no rimaba para nada con el sustantivo recelo que me consum&iacute;a, pues a la brava me hac&iacute;as aprender a desconocerte. Detenerte ya no era posible, probablemente me echar&iacute;as la culpa de negarte la libertad de trascender.<\/p>\n<p>En calma, sin moverse de la esquina en el balc&oacute;n, Camilo me recuerda aquella despedida. Triste para los tres, al no poder acompa&ntilde;arlos, y evadirme de mi obligaci&oacute;n laboral. Tener que separarnos ese fin de semana, por mi deseo de cumplir con el trabajo. Pero en el fondo de mi ser, esperanzada en que una sardina rubia, le alegrara el viaje, y cumpliera con la fantas&iacute;a que &eacute;l ten&iacute;a de desvirgar a una mujer. &iexcl;Aunque esa virgen no fuera yo!<\/p>\n<p>&mdash;La realidad de esa noche, mi vida, no tuvo trascendencia en el resto de mis d&iacute;as junto a ti y nuestro hijo. La responsabilidad, s&iacute;. Deb&iacute;a cumplir con mis deberes. &mdash;Le respondo, sentada de medio lado, con mi muslo derecho descubierto y media teta a la vista.<\/p>\n<p>&mdash;Y para que est&eacute;s un poco m&aacute;s tranquilo, mis mentiras hacia ti, nunca las convert&iacute; en la verdad que Jos&eacute; Ignacio pretend&iacute;a. Segu&iacute; siendo tuya, pues la angustia que sent&iacute;a al regresar a casa y verme descubierta por ti, me despejaban el panorama. Porque si no te amara, si ya no me importaras, me valdr&iacute;a un huevo que me pillaras.<\/p>\n<p>&mdash;Pero mi amor, siempre me sent&iacute; as&iacute; de aterrada, al imaginar que alg&uacute;n d&iacute;a podr&iacute;a perderte. Como cuando muy temprano en la madrugada, me recibiste con ese abrazo tan pronto como cruc&eacute; en puntas de pies la puerta de nuestra habitaci&oacute;n, y te hall&eacute; despierto mirando la fotograf&iacute;a de nosotros dos, con Mateo en mis brazos, reci&eacute;n naci&oacute;. Dud&eacute; de m&iacute; sensatez, disimul&eacute; el p&aacute;nico, pero s&iacute;, mi vida, arrepentida al verte tan feliz y amoroso al verme llegar a casa sana y salva, a punto estuve de confesarte todo.<\/p>\n<p>&mdash;Lo sopes&eacute; en fracciones de segundo. Renunciar de inmediato al trabajo. Relatarte m&aacute;s o menos lo que hab&iacute;a hecho hasta ese momento, la obligaci&oacute;n de entregar este cuerpo ante el soborno de ese hijo de&hellip; De su bendita madre. Y por supuesto mi obsesi&oacute;n por vengarme, exponi&eacute;ndome a perderte de inmediato, y&hellip; Y precisamente pensando en eso, entre el repaso de tu mirada a mi indumentaria y mi fisonom&iacute;a, para luego con ese beso tan apasionado, sentir que intentabas descubrirme, yo&hellip; Por poco y lo consigues, solo que&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Solo que Mateo empijamado, &ndash;refreg&aacute;ndose un ojito y arrastrando su peluche preferido&ndash; se lanz&oacute; a tus brazos y se interpuso entre t&uacute; y yo, y con su vocecita adormilada nos orden&oacute;&#8230; &iexcl;Quiero dormir con mi mamita! &mdash;Y te salv&oacute; la campana.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Eso piensas? Yo en serio, mi vida, opino diferente. Creo que me acobard&oacute; aquella interrupci&oacute;n, y termin&eacute; por hundirme todav&iacute;a m&aacute;s, en el fango hediondo de mis enga&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;Me revis&eacute; frente al espejo del ba&ntilde;o por en&eacute;sima ocasi&oacute;n el cuello, mis senos y ambos costados de la espalda; las nalgas y las piernas obviamente, buscando alg&uacute;n rastro de sus u&ntilde;as, mordiscos con aquellos dientes que presionaron mis pezones, o peque&ntilde;os morados que su boca hambrienta hubiese dejado tatuados en la blancura de mi piel, y que el Baby Doll transparente, bastante corto y rojo, que dejaste sobre la cama con la intenci&oacute;n de que me lo pusiera para ti, no pudiese ocultar esos roces ni mis faltas, mucho menos cubrir el pecado, y terminara ante ti finalmente delatada.<\/p>\n<p>&mdash;Al salir del ba&ntilde;o me acost&eacute; en mi lado de la cama de una sola vez, abraz&aacute;ndome a Mateo, y por la hora, no se te hizo extra&ntilde;o que obviara untarme de crema reafirmante, los brazos y mis piernas. Y no, Camilo, no pensaba en &eacute;l, al cerrar mis ojos. No so&ntilde;&eacute; tampoco con lo que hab&iacute;a hecho a espaldas tuyas. Cr&eacute;eme, por favor que&hellip; No me llev&oacute; al delirio con sus besos, ni me pich&oacute; tan espectacularmente como lo has pensado. Jam&aacute;s pas&oacute; eso, y antes de que digas nada, entiendo que no me creas, porque ahora te estar&aacute;s preguntando, cuales fueron mis razones para, a pesar de todo, continuar vi&eacute;ndome a escondidas con &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Lo compar&eacute; contigo, esa vez y con eso tuve para las dem&aacute;s. Nunca fue capaz de incrustarse en mi coraz&oacute;n y permanecer en mi mente como lo haces t&uacute;. Sus ganas y forma de&hellip; Tratarme como mujer en la cama, en nada se parecieron a la tierna manera que ten&iacute;as t&uacute;, para agitar mi deseo con tus miradas encendidas, y tus caricias enso&ntilde;adoras, o con tus besos provocadores y tus demostraciones de amor.<\/p>\n<p>&mdash;En &eacute;l, no busqu&eacute; conseguir la seguridad y la calma que solo t&uacute; me brindabas para apaciguar mis temores o, por el contrario, para incrementar mis placeres. Pendiente de m&iacute; siempre, cumpliendo con tu promesa de amarme hasta el infinito. &Eacute;l fue mi objetivo, y una vez alcanzada esa meta, de incrustarme en su cabeza, lo utilic&eacute; para mi beneficio, s&iacute;. Pero mi vida, cr&eacute;eme esto. &iexcl;Jam&aacute;s lo hice para llenar tus vac&iacute;os!<\/p>\n<p>&mdash;Horas m&aacute;s tarde me levant&eacute; de la cama, con ustedes dos abrazados y durmiendo relajados. Prepar&eacute; el desayuno y mientras se ba&ntilde;aban, revis&eacute; por &uacute;ltima vez el equipaje de Mateo por si faltaba algo. Y el tuyo por igual, pues no me fiaba de tu memoria y la manera de doblar tus camisas. Te llam&eacute; mientras conduc&iacute;a hasta la oficina para dejar all&iacute; en el subterr&aacute;neo, bien aparcado mi auto. Hablamos poco de mi salida nocturna, lo s&eacute;, todo por el af&aacute;n de llegar a tiempo, pero en la conversaci&oacute;n te dije antes que nada lo principal. &iexcl;Cu&aacute;nto te amaba y que eras la raz&oacute;n de mi existencia! Y repasamos los itinerarios, nuestras horas de salida de la ciudad, muy similares, pero por cordilleras distintas. Tus preguntas, las de siempre. Y mi promesa de brindarte respuestas, las dejar&iacute;a para despu&eacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;En carretera, yo de pasajera en la minivan, aprovech&eacute; para escribirte y enumerarte algunos detalles. Unos ciertos y los dem&aacute;s&hellip; Tuve que inventarlos. No fue hasta tres horas despu&eacute;s que, al llegar a la recepci&oacute;n del hotel para registrarme, tuve cinco minutos para llamarte, comentarte que hab&iacute;amos llegado bien, omitiendo que justo al frente m&iacute;o, en el lugar donde siempre se ubicaba Eduardo, quien viajaba all&iacute; era Jos&eacute; Ignacio. Y a ustedes&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;A nosotros nos detuvo el mareo de Mateo varias veces, y el hambre de Natasha, otras dos. Iryna me ayud&oacute; bastante con el ni&ntilde;o, pas&aacute;ndose al asiento posterior de la camioneta. Y las piernas largas de su hija, movi&eacute;ndose despreocupadas a mi derecha, sacando la cabeza y medio cuerpo por el techo panor&aacute;mico bien abierto por ella misma, intentaron desviar mi atenci&oacute;n de la carretera.<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Para sentir el viento y que el aire alivie a Mateo!&raquo; &mdash;Me respondi&oacute;, pero a la vez, permit&iacute;a que se elevara la tela estampada de su corto vestido, dej&aacute;ndome ver un poco m&aacute;s arriba, al bailar descalza sobre el asiento, la m&uacute;sica de su playlist.<\/p>\n<p>&mdash;Y de vez en vez, unos granitos rosas salpicando sus gl&uacute;teos blancos divididos por un hilo de tela negra. Pero, aun as&iacute;, a pesar de aquellas imprudencias adolescentes, con uno que otro reclamo de nuestra pelirroja vecina, llegamos justo a tiempo a Villavicencio para recoger en el centro de la ciudad a Jorge, y de all&iacute; dirigirnos al centro vacacional donde nos hospedar&iacute;amos.<\/p>\n<p>&mdash;Lo bueno fue que la pasaste bien. &mdash;Camilo parece molestarse por mi comentario, totalmente inocente. Abre desmesurados los dedos de ambas manos, extendiendo sus manos frente a su torso, y niega con el movimiento de su cabeza, dispuesto a responderme sobre algo que malpens&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, el paseo estuvo genial. A Mateo le fascinaron los caballos y el ganado ceb&uacute;, tambi&eacute;n por supuesto, el despertarse con el canto de los p&aacute;jaros. A m&iacute; me encant&oacute; la carne de Chig&uuml;iro asado, pero m&aacute;s, la Ternera a la Llanera. &mdash;Respondo a su pregunta malintencionada con mi mejor sonrisa picaresca.<\/p>\n<p>&mdash;Quise decir, con Mateo y ellas dos. &ndash;Nudillos golpean con suavidad la madera. &ndash; &iexcl;Espera abro la puerta!<\/p>\n<p>Me acomodo en la silla para disfrutar mi cafecito, acompa&ntilde;&aacute;ndolo con un cigarrillo. Me siento m&aacute;s tranquilo y ella tambi&eacute;n lo est&aacute;. Mariana cierra la puerta y del carrito toma la cafetera para servirme en una taza de porcelana, mi ansiado &laquo;tinto&raquo;. Su cappuccino ya viene preparado y se acerca hasta la mesa redonda, elegante, sonriente, serena con las dos bebidas en las manos y su bata tentadoramente semi abierta por la mitad.<\/p>\n<p>Yo enciendo mi cigarrillo, Mariana hace lo propio con uno de sus blancos &laquo;Parliament&raquo;, pero no se sienta a mi lado, y prefiere darle el primer sorbo a su caliente bebida, manteni&eacute;ndose de pie.<\/p>\n<p>&mdash;Pues creo que tu fin de semana, lo disfrutaste sin la presencia de Eduardo y aprovecharon esos tres d&iacute;as para divertirse a costillas m&iacute;as, pues recuerdo bien como en el tono de tu voz cuando hablamos, la alegr&iacute;a se te escuchaba con estridencia. Y sinceramente, Mariana, no creo que fuese exclusivamente por la cantidad de negocios que concretaste. &mdash;Se me escapan las palabras, y en ellas, cierto cariz a sarcasmo y ofensa, las enlazan. Por supuesto no pasan desapercibidas para ella.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, cielo. &ndash;Le respondo contrariada, pero mantengo la compostura, maquillada por mi cordial sonrisa. &ndash; Fue totalmente cierto que ese fin de semana estuvo demasiado concurrido. Como tambi&eacute;n es verdad, que aprovech&eacute; el tiempo y pude, al igual que los dem&aacute;s, cerrar m&aacute;s ventas de lo usual. Eso s&iacute;, a m&iacute; me fue mejor que a los dem&aacute;s. K-Mena y Carlos no se quedaron muy atr&aacute;s, lograron tres separaciones cada uno. Pero a Jos&eacute; Ignacio le fue mal. Cre&iacute; que, por estar pendiente de nosotros, al serle adjudicado por Eduardo el deber de estar pendiente como jefe encargado, &eacute;l no se hab&iacute;a preocupado por atender casi a nadie ese fin de semana. Sin embargo, meses despu&eacute;s, lo comprend&iacute; todo.<\/p>\n<p>&mdash;Yo estaba el s&aacute;bado en las casas tipo &laquo;A&raquo; ense&ntilde;&aacute;ndolas, y al regresar a la sala de ventas para firmar el contrato de separaci&oacute;n, not&eacute; cierta pesadez en el ambiente. M&aacute;s tarde al despedir a la familia que acababa de realizar la adquisici&oacute;n, en la cocina prepar&aacute;ndome una limonada para calmar mi sed, una de las chicas de la recepci&oacute;n me puso al tanto de la situaci&oacute;n. Don Octavio, su esposa y uno de los hijos, hab&iacute;an llegado al complejo sorpresivamente. Seg&uacute;n lo que pudo escuchar esa chica, ven&iacute;an acompa&ntilde;ados por unos inversionistas ecuatorianos, interesados en desarrollar en su pa&iacute;s un proyecto similar al de Pe&ntilde;alisa. &iquest;No lo sabias?<\/p>\n<p>&mdash;No, ni idea. Nunca me enter&eacute; de eso. &mdash;Me responde expeliendo el humo por la nariz, pero sin darle importancia al asunto.<\/p>\n<p>&mdash;Pues el caso es que, a Jos&eacute; Ignacio, lo note extra&ntilde;amente malhumorado. No parec&iacute;a estar c&oacute;modo con la presencia del due&ntilde;o de la constructora. Sin embargo, no dejo de lado su funci&oacute;n de jefe encargado y le colabor&oacute; a K-Mena para atender a unos clientes, instruy&eacute;ndola en alg&uacute;n ejercicio financiero, pero lo a la distancia lo sent&iacute; preocupado.<\/p>\n<p>&mdash;Y santa Mariana se ofreci&oacute; para consolarlo y cambiar su estado de &aacute;nimo. &mdash;&iexcl;Ufff! Vuelve y juega con sus pullas.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ashh! Camilo, no me amargues el cappuccino por favor. &iexcl;No fue as&iacute;! Sencillamente se me hizo raro. Igual, me ocup&eacute; de nuevo con otras personas interesadas y solo, antes del mediod&iacute;a, en un momento de respiro pude hablar contigo y con Mateo, para saber c&oacute;mo la estaban pasando en su viaje a los llanos orientales.<\/p>\n<p>&mdash;Todo estaba bajo control. Quer&iacute;a meterse en la piscina junto a Natasha, pero Iryna cari&ntilde;osa, le aconsej&oacute; aguardar un rato m&aacute;s, por aquello del mareo y estaba haciendo un berrinche de padre y se&ntilde;or m&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Aj&aacute;! Si es verdad. Pero finalmente pudiste tener algo de relax y un poco de acci&oacute;n, seg&uacute;n me cont&oacute; Naty, omitiendo por supuesto que eras t&uacute;, refiri&eacute;ndose al hombre que hab&iacute;a asistido a su fiesta, y que la tra&iacute;a tan de cabeza, haci&eacute;ndole cometer tantas locuras aquella vez.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Por Dios, Mariana! Ub&iacute;cate. No me ten&iacute;as a dieta, as&iacute; que mis hormonas no estaban tan alborotadas, ni mi conciencia tan est&uacute;pidamente ciega, como para intentar una locura en las narices de su madre. Es verdad que Natasha me ten&iacute;a seco con sus intentos de seducci&oacute;n y sus so&ntilde;adas motivaciones, pero supe resistir.<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;&iexcl;Apl&iacute;came bronceador, por favor!&raquo; &mdash;Me pidi&oacute; colaboraci&oacute;n, desabroch&aacute;ndose la parte superior de su bikini, y descuidadamente, permitirme observar el lateral de su seno izquierdo, y el rosa claro de su areola.<\/p>\n<p>&mdash;&laquo;&iquest;Me ayudas con esto por favor?&raquo; &mdash;Tuve que ajustar y anudar a su cadera diestra, las tiras de la tanga, dej&aacute;ndome apreciar sin recato, la mitad de su pubis, y sus recortados rizos dorados. Por no mencionar que, en la fiesta por la noche, para celebrarle el cumplea&ntilde;os, su manera de bailar conmigo fue algo m&aacute;s que cercana y sexual de lo que la canci&oacute;n ameritaba. Y todo en frente de sus padres y los dem&aacute;s invitados.<\/p>\n<p>&mdash;As&iacute; que, por lo visto, le cre&iacute;ste m&aacute;s a su adolescente fantas&iacute;a, que a la imagen y sensatez del hombre que se supone conoc&iacute;as tan bien. Francamente, cometiste otra estupidez m&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;Es que yo supuse que&hellip; Mejor dicho. Internamente dese&eacute; que lo hubieran hecho. No por alg&uacute;n tipo de compensaci&oacute;n y equilibrar con tus cachos, la balanza de mi infidelidad. &iexcl;No! En verdad quer&iacute;a que se hiciera realidad tu sue&ntilde;o, logrando finalmente vivir esa experiencia.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sabes qu&eacute;? No me dej&eacute; enredar tan f&aacute;cil como t&uacute; lo hiciste con ese hijo de puta. Con ese, Siete mujeres. &iexcl;Yo s&iacute; pens&eacute; en ti, y en al amor que te tenia! Y no pod&iacute;a hacerle ese desaire a nuestra fidelidad. &mdash;Me dice y se levanta de la mesa, colocando su taza con enojo sobre la superficie de cristal, y me mira, pero no con tristeza sino por el contrario, la furia se le refleja en sus ojos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;A m&iacute; no me enred&oacute; &eacute;l, ni nadie m&aacute;s! Ya te lo he explicado un mill&oacute;n de veces. Lo hice yo solita por&hellip; &iexcl;Est&uacute;pida! &mdash;Se me agota la paciencia y termino por gritarle.<\/p>\n<p>&mdash;Por supuesto, t&uacute; y tus ideas. &iexcl;Vete a la mierda, Mariana! &mdash;Le grito yo tambi&eacute;n, y al cruz&aacute;rmela, la empujo sin querer.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ahh! &iquest;S&iacute;? &iquest;Eso quieres? Pues de donde crees que vengo querido. De all&aacute;, donde me dejaste sola. Abandonando a tu hijo y a m&iacute; de paso. Dej&aacute;ndome a cargo de resolverlo todo. Tener que explicarle, &ndash;con justificaciones inventadas&ndash; a tu familia esa ausencia tuya tan intempestiva. Y a la m&iacute;a, responderles con evasivas a sus insistentes preguntas, al verme demacrada, trasnochada y pensativa, cuando me las hac&iacute;an, y no ver en sus rostros que no quedaban satisfechos con mis respuestas.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y a tu hijo? Tener que, a su corta edad, intentar explicarle que su adorado papito regresar&iacute;a tarde o temprano a casa por cuestiones de trabajo, y con el pasar de los meses, intentar por todos los medios de ser fuerte, ante su apat&iacute;a y renuencia en ir al colegio, supliendo como a bien pod&iacute;a, las noches de cuentos y tus juegos con Mateo, antes de acostarlo y no demostrarle a &eacute;l ni a nadie, la inmensa falta que me hac&iacute;as.<\/p>\n<p>&mdash;Pues debiste decirles la verdad. Asumir frente a ellos tu culpa. Contarles que fuiste t&uacute; la que me mont&oacute; una tremenda pel&iacute;cula para acostarte con otros hombres y por supuesto con el playboy de playa ese, a la menor oportunidad.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Y qu&eacute; Camilo!, tambi&eacute;n podr&iacute;as haberles dicho que t&uacute; te tiraste a una sardina de diez y ocho a&ntilde;os, desvirg&aacute;ndola, y luego a su madre mientras tu mujer no estaba en casa, porque estaba de viaje. Es verdad que estaba untada de mierda hasta el cogote, pero t&uacute; Camilo, no es que tuvieras esa verga tan pulcra.<\/p>\n<p>&mdash;Pues eso es exactamente lo que tu quer&iacute;as. &iquest;O no Mariana? Porque fuiste t&uacute; la que meti&oacute; en nuestra casa a esa culicagada, acept&aacute;ndole quedarse por las noches en nuestra casa con la excusa de que Iryna no la entend&iacute;a, o que ibas a hacer con Mateo y ella una pijamada, dejando que ella usara los insinuantes Baby Doll tuyos, dej&aacute;ndose ver sin reparos por m&iacute;, en el estudio. O en tu papel de la mejor amiga y confidente, consinti&eacute;ndola m&aacute;s a ella que a tu marido, y a la que le dedicabas horas y horas de conversaci&oacute;n, por encima de la necesidad m&iacute;a, de volver a nuestra intimidad. &mdash;Ya su cara enrojecida va cambiando de color, a un pasmado p&aacute;lido, que no voy a diluir.<\/p>\n<p>&mdash;No se me olvida como aquella vez, que algo tarde en la noche le abriste la puerta, porque a Natasha, su madre la hab&iacute;a castigado por haberla pillado mostrando las tetas a los compa&ntilde;eros por el m&oacute;vil. &iquest;Y qu&eacute; hiciste t&uacute;? Llevarla a nuestra alcoba, donde yo ya estaba esper&aacute;ndote bajo las sabanas y te pusiste a revisarle los muslos, pues Iryna le hab&iacute;a dado una &laquo;pela&raquo; con un cintur&oacute;n de cuero. &iquest;Y qu&eacute; me hiciste hacer? Untarle cremas, y aceite de rosa mosqueta sobre las marcas rojas de las piernas y del culo, al levantarle tu misma la falda de su uniforme de colegiala, y correrle la tela de sus bragas blancas, dej&aacute;ndonos a solas.<\/p>\n<p>&mdash;Me la met&iacute;as por los ojos todo el tiempo. &laquo;Mira que ni&ntilde;a tan bonita, &iexcl;C&oacute;mo est&aacute;n creci&eacute;ndole las tetas!&raquo; O, &laquo;&iexcl;Que culo tan redondo y firme se le forma con ese pantal&oacute;n!&raquo; &laquo;&iexcl;Pero mira que piernas tan largas y firmes!&raquo;. Y todo as&iacute;. &iquest;Para qu&eacute;? &iexcl;Para provocarme y distraerme, mientras t&uacute; zorreabas en esos malditos viajes!<\/p>\n<p>Mariana cubre un lamento, &ndash;que se eterniza en su boca&ndash; con una mano. La que mantiene ocupada con el envase de su bebida, tiembla. Y por supuesto, hay tormentas en su par de cielos. Me calmo un poco, para&hellip; &iexcl;Debo despejar sus nubarrones!<\/p>\n<p>&mdash;En medio de sus insinuaciones y tus descuidos, por estar rumbeando con &eacute;se tipo, tus compa&ntilde;eros o la clienta esa tan famosa, casi caigo con ella en la sala de nuestra casa, porqu&eacute; decidiste hacerme zancadilla, para &laquo;envolatar&raquo; mis sospechas. Pero cuando regreses a Bogot&aacute;, podr&aacute;s enfrentarla y hacer que confiese que su virginidad no era uno de nuestros juegos de v&iacute;deo, y que al menos conmigo, se mantuvo intacta.<\/p>\n<p>&mdash;Y lo que sucedi&oacute; con Iryna, lo hice inocentemente o mejor, casi inconsciente, pues hab&iacute;a llegado de visitar Nuqu&iacute; con los ingenieros y los top&oacute;grafos. Seguramente pesqu&eacute; en el pueblo alg&uacute;n virus de gripe que me envi&oacute; directo a la cama por tres d&iacute;as. &iquest;Y quien estuvo ah&iacute; para cuidar mis fiebres y escalofr&iacute;os? &iquest;T&uacute;? &iexcl;Ja-Ja-Ja! Obvio no. Fue nuestra vecina, quien se dedic&oacute; a cuidarme, en cuerpo y alma, ma&ntilde;ana y tarde con sus caldos de pollo e infusiones de hojas de eucalipto, mientras tu&hellip; Ni siquiera respond&iacute;as a las llamadas que la misma Iryna te hac&iacute;a para avisarte, por estar haciendo quien sabe qu&eacute; clase de cochinadas con tu amante o con&hellip; ese important&iacute;simo cliente, en ese &uacute;ltimo viaje a Cartagena.<\/p>\n<p>Su cara de sorpresa, me lo dice todo.<\/p>\n<p>&mdash;Estaba somnoliento por los medicamentos, desilusionado entre mis mareos y preocupado por tu falta de inter&eacute;s en m&iacute;, comenzando enero. &iquest;Llamaste? &iexcl;Ahhh, s&iacute;! No a m&iacute;, que deber&iacute;a ser lo l&oacute;gico, sino a Natasha, tu peque&ntilde;a c&oacute;mplice. Lo hice con ella, con tu amiga. Eso s&iacute; es verdad, pero no en nuestra cama. Fue en el ba&ntilde;o, mientras me ayudaba a ducharme con agua fr&iacute;a, preocupada en hacer algo para bajarme la fiebre.<\/p>\n<p>&mdash;Se desnud&oacute; para entrar conmigo y sostenerme. Y&hellip; A este cabez&oacute;n, la falta de sexo, su desnudez y la m&iacute;a&hellip; M&aacute;s la imprudente irrigaci&oacute;n de la sangre, me lo enties&oacute; y&#8230; Pas&oacute; lo que pas&oacute;. A ella, no s&eacute; cu&aacute;ntas veces, pero cada mes y medio, su amado Jorge, le hacia la visita durante ocho d&iacute;as antes de marcharse de nuevo a los pozos petroleros, por lo tanto, creo que, en vez de tener sexo, compartimos diez o quince minutos nuestra soledad y esas ganas rancias.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y sabes otra cosa m&aacute;s? Pude intentar algo con Elizabeth, o con esa muchacha nueva de contabilidad que me ayud&oacute; para la declaraci&oacute;n de renta, pero no lo hice. Ni siquiera cuando dejaste de llamarme &laquo;amor&raquo; para con o sin motivo alguno, burlarte de m&iacute;, llam&aacute;ndome bobito a toda hora en frente del hijueputa de Eduardo, o en el parque cuando hac&iacute;amos deporte con Iryna y Natasha.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, mi &laquo;amor&raquo;, no estoy tan limpio como pregonas, pero no fui tan sucio contigo, como t&uacute; si contaminaste nuestras vidas, exclusivamente para darte gusto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. 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