{"id":43646,"date":"2023-11-06T23:00:00","date_gmt":"2023-11-06T23:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"2023-11-06T23:00:00","modified_gmt":"2023-11-06T23:00:00","slug":"la-sombra-de-lo-desconocido-5-la-mudanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cuentorelatos.com\/archivos\/relato\/la-sombra-de-lo-desconocido-5-la-mudanza\/","title":{"rendered":"La sombra de lo desconocido (5): La mudanza"},"content":{"rendered":"<div class=\"pld-like-dislike-wrap pld-template-1\">\r\n    <div class=\"pld-like-wrap  pld-common-wrap\">\r\n    <a href=\"javascript:void(0)\" class=\"pld-like-trigger pld-like-dislike-trigger  \" title=\"Like\" data-post-id=\"43646\" data-trigger-type=\"like\" data-restriction=\"cookie\" data-already-liked=\"0\" style=\"border: 1px solid #d5d5d5;padding: 10px 15px;\">\r\n                        <i class=\"fas fa-thumbs-up\"><\/i>\r\n            \t\t<span class=\"pld-like-count-wrap pld-count-wrap\"><\/span>\r\n    <\/a>\r\n    \r\n<\/div><\/div><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span><p>Al tedio estival se le un&iacute;a un aumento de la temperatura, y por una vez, no se deb&iacute;a al calentamiento global. Corea del Norte probaba un nuevo misil bal&iacute;stico intercontinental; las calles de Caracas ard&iacute;an; a nivel dom&eacute;stico, hab&iacute;a un runr&uacute;n sobre la cuesti&oacute;n catalana que no presagiaba nada bueno, y lo que era del todo inasumible, el Madrid fichaba a Theo Hern&aacute;ndez y a Ceballos y del Bar&ccedil;a se iba Neymar y llegaban Coutinho y Dembel&eacute;.<\/p>\n<p>Julio se pasaba con la planificaci&oacute;n de los preparativos para nuestra nueva vida, y, ya fuera condicionado por todas mis cesiones a ese respecto, o por el perturbador encuentro con Mar&iacute;a, nuestra vida sexual hab&iacute;a alcanzado una intensidad de magnitud 10 en la escala sismol&oacute;gica de Richter. Ana estaba siempre de buen humor y predispuesta. Hab&iacute;a cogido vacaciones a la espera de incorporarse en su nuevo puesto, y yo terminaba de cerrar varios asuntos laborales antes de irnos. Decidimos que Lucas y Sof&iacute;a pasaran nuestra &uacute;ltima semana en Madrid en un campamento de ingl&eacute;s en la sierra, m&aacute;s por disponer de tiempo para organizar los &uacute;ltimos detalles de la mudanza que por mejorar su destreza con la lengua de Shakespeare.<\/p>\n<p>Me despert&oacute; el agua de la ducha corriendo. Me gir&eacute; y comprob&eacute; que la parte derecha de la cama donde dorm&iacute;a Ana a&uacute;n conservaba el calor de su cuerpo y un delicioso olor, mezcla de perfume afrutado y su aroma fresco y natural. Sin perder un instante, me incorpor&eacute; y me dirig&iacute; al ba&ntilde;o. El sonido era cada vez m&aacute;s audible, pero no era s&oacute;lo el chapoteo del agua salpicando la ducha. Me qued&eacute; observando tras la puerta entreabierta. &iexcl;Dios! La visi&oacute;n era espectacular. Aprovechando la intimidad que el ba&ntilde;o de nuestra habitaci&oacute;n le proporcionaba y que la hora era a&uacute;n temprana para que los ni&ntilde;os se despertaran, Ana se masturbaba fren&eacute;ticamente. Su silueta era visible tras la mampara, su pelo suelto empapado, una mano enjabonaba sus tetas y la otra se perd&iacute;a en la profundidad de su co&ntilde;o, inclinando levemente su cuerpo y abriendo las piernas, en una pose tan forzada como sensual. Sus gemidos anunciaban un final pr&oacute;ximo y yo no quise perderme la fiesta. Me desnud&eacute; y entr&eacute; en la ducha acariciando su espalda desde atr&aacute;s, pero ella no pareci&oacute; sorprendida ni se detuvo. M&aacute;s bien al contrario, aceler&oacute; los movimientos de sus dedos sobre su cl&iacute;toris y sus gemidos desvergonzados se volvieron tan sonoros que tem&iacute; que pudieran descubrirnos, as&iacute; que le tap&eacute; la boca y mis manos tomaron el relevo de la suya amasando sus tetas y liber&aacute;ndola para que inmediatamente la echara hacia atr&aacute;s buscando mi polla, que ya entonces alcanzaba una erecci&oacute;n considerable. Recog&iacute; su pelo y di un tir&oacute;n hacia atr&aacute;s, hasta susurrarle al o&iacute;do.<\/p>\n<p>&#8211; Eres una guarrilla, &iquest;eh?<\/p>\n<p>Sonr&iacute;o un instante por respuesta, pero inmediatamente su gesto cambi&oacute;, su cara dibuj&oacute; una mueca, su cuerpo comenz&oacute; a contraerse y sus ojos se cerraron mientras se corr&iacute;a sin dejar de agarrar mi polla con firmeza. Se gir&oacute;, y una sonrisa relajada pero traviesa iluminaba su cara.<\/p>\n<p>&#8211; Pues ahora te toca a ti.<\/p>\n<p>Son&oacute; m&aacute;s a amenaza que a ofrecimiento, pero en mi estado de excitaci&oacute;n no dud&eacute; ni un segundo en dejarle seguir con su juego. Su vista sigui&oacute; un camino descendente hasta llegar a su mano, y lo que &eacute;sta acog&iacute;a. Me mir&oacute; a los ojos, me dio un pico, y comenz&oacute; un descenso hasta quedarse en cuclillas, su espectacular culo visible desde mi posici&oacute;n, sus tetas rozando mis muslos y con la boca a la altura de mi polla. Me lanz&oacute; una &uacute;ltima mirada desde abajo, y con una delicadeza angelical se la meti&oacute; en la boca. Cerr&eacute; los ojos pensando que no tardar&iacute;a ni un minuto en correrme, pero los volv&iacute; a abrir al notar sus manos en mi culo. La imagen de Ana haci&eacute;ndome una mamada sin usar las manos, el movimiento firme y decido de su cabeza y el calor de su lengua al contacto con mi polla era lo m&aacute;s aproximado al para&iacute;so que cualquier ap&oacute;stol haya detallado en los evangelios. Sujet&eacute; su cabeza con fuerza porque notaba que no aguantaba m&aacute;s, y comenc&eacute; a convulsionar sin reparar en que a&uacute;n estaba dentro de su boca. Ana abri&oacute; los ojos como platos y se separ&oacute; escupiendo semen en una estampa tan delirante como morbosa.<\/p>\n<p>&#8211; Dani, joder, que ya sabes que no me gusta.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Ufff! Perdona, se me ha ido. Es que no me he dado ni cuenta.<\/p>\n<p>Al ver que sonre&iacute;a mientras se limpiaba un hilo de semen que colgaba de su barbilla, respir&eacute; aliviado, y trat&eacute; de justificarme.<\/p>\n<p>&#8211; La culpa es tuya por chuparla como una profesional.<\/p>\n<p>Rio la ocurrencia, y contraatac&oacute; apret&aacute;ndome los huevos.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y c&oacute;mo sabes t&uacute; c&oacute;mo la chupa una profesional? Jajaja. Por listo, te toca ir a despertar a los ni&ntilde;os y a preparar los desayunos.<\/p>\n<p>Veinte minutos m&aacute;s tarde entr&oacute; en la cocina y fue directa a besar a Sof&iacute;a y a Lucas, que desayunaban adormilados, a&uacute;n en pijama. Yo hac&iacute;a malabares intentando preparar cuatro zumos de naranja, un caf&eacute; solo, un cola-cao, un bol de leche con cereales y cuatro tostadas, en plan primer d&iacute;a de Tom Cruise como barman en Cocktail. Ana pareci&oacute; apiadarse.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Te ayudo?<\/p>\n<p>&#8211; No, no. No hace falta. Lo tengo todo controlado. &iquest;Te pongo un caf&eacute; con leche?<\/p>\n<p>A Ana se le escap&oacute; una sonrisa maliciosa.<\/p>\n<p>&#8211; Solo. Leche ya he tenido bastante por hoy.<\/p>\n<p>Las c&aacute;psulas de Nespresso rodaron por el suelo y le lanc&eacute; una mirada de alarma, dirigiendo la vista hacia los ni&ntilde;os, que segu&iacute;an a lo suyo sin hacer caso a nuestra conversaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de una eternidad para hacer el equipaje de Lucas y Sof&iacute;a como si se fueran a enrolar en La Trinidad de Fernando de Magallanes, Ana se los llev&oacute; al punto donde hab&iacute;an quedado con los del centro de actividades del campamento de verano de ingl&eacute;s, avis&aacute;ndome de que a la vuelta hab&iacute;a quedado con Mar&iacute;a para ir al gimnasio, y como yo estar&iacute;a en casa trabajando, no llegar&iacute;a hasta la hora de comer. S&oacute;lo imagin&aacute;rmela con la princesa de hielo, desnudas las dos en la ducha, hizo que se me pusiera dura al instante, pero trat&eacute; de desviar aquella fantas&iacute;a que sab&iacute;a s&oacute;lo podr&iacute;a acarrearme problemas, y dirigir mi atenci&oacute;n hacia el trabajo.<\/p>\n<p>Por entonces no estaban tan de moda las reuniones por Zoom, Meet, Teams o Skype, pero mis jefes, conocedores de mi situaci&oacute;n y yo creo que hasta compadeci&eacute;ndose de m&iacute; por la decisi&oacute;n tomada, me permitieron teletrabajar hasta que comenzara en mi nuevo destino, siempre que mi presencia no fuera necesaria en la empresa. As&iacute; que, tan pronto hube recogido el desaguisado preparado en el desayuno, me dispuse a encender el port&aacute;til y resolver temas pendientes. El sonido inesperado del timbre me interrumpi&oacute;, y aunque no esperaba a nadie, agradec&iacute; poder demorar unos instantes las mon&oacute;tonas tareas laborales.<\/p>\n<p>Abr&iacute; la puerta y me top&eacute; con dos hombres de apariencia estramb&oacute;tica. El de la izquierda era un personaje c&oacute;mico, obeso, de aspecto estrafalario: no s&eacute; por qu&eacute; le adjudiqu&eacute; en mi imaginaci&oacute;n un pasado circense. El de la derecha era justo lo contrario; un tipo enjuto, enclenque, desgalichado, con un contagioso tic nervioso facial que atribu&iacute; de inmediato a una antigua mala experiencia carcelaria. La primera impresi&oacute;n que tuve fue la de hallarme frente a dos testigos de Jehov&aacute;, y me vino a la mente el cuadro Saturno devorando a su hijo, pues no descartaba que el gordo pudiera haberse zampado al mism&iacute;simo Jehov&aacute;, y los nervios de su compa&ntilde;ero se debieran a saberse el postre de un men&uacute; degustaci&oacute;n. No s&eacute; cu&aacute;nto tiempo deb&iacute; pasar absorto en mis cavilaciones, cuando el corpulento operario, que parec&iacute;a llevar la voz cantante, me devolvi&oacute; a la realidad con un carraspeo.<\/p>\n<p>&#8211; Ejem, ejem&hellip; somos los de la mudanza&hellip; su mujer nos dijo que pod&iacute;amos empezar a esta hora.<\/p>\n<p>&iexcl;Los de la mudanza! Mis ojos se abrieron como platos. Disimulando, ech&eacute; un vistazo por la ventana, tratando de divisar alg&uacute;n veh&iacute;culo rotulado con Mudanzas y Transporte Laurel y Hardy o algo parecido, pero todo lo que encontr&eacute; fue una camioneta blanca identificada con el nombre Telefurgo en los costados. Por toda respuesta, me encog&iacute; de hombros y me hice a un lado, agachando la cabeza, avergonzado por temor a que hubiera podido estar expresando mis pensamientos en voz alta, y murmurando a modo de disculpa<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;, s&iacute;&hellip; claro, claro&hellip; pasar. Pod&eacute;is empezar por donde quer&aacute;is&hellip; intentar&eacute; molestar lo menos posible.<\/p>\n<p>Me encerr&eacute; en la cocina y me puse a trabajar en el ordenador, mientras un sinf&iacute;n de golpes, pasos, ruidos de muebles siendo embalados y acarreados de un lado a otro hac&iacute;a que me resultara imposible concentrarme. Deb&iacute;an de haber pasado unas tres horas y estaba a punto de desistir y tomarme un descanso, cuando Ana abri&oacute; la puerta de la cocina. Sonrisa de oreja a oreja, radiante, ilusionada como una ni&ntilde;a.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; tal van los de la mudanza?<\/p>\n<p>Volv&iacute; a encogerme de hombros<\/p>\n<p>&#8211; Todo controlado. &iquest;No te has duchado en el gym? Qu&eacute; raro.<\/p>\n<p>Estaba espectacular, con el pelo mojado y el sudor todav&iacute;a resbal&aacute;ndole por el cuello, el top blanco por encima del ombligo, empapado y marcando los pezones. Y, sobre todo, unas mallas Adidas de color gris claro definiendo la silueta de su culo y mostrando de forma contundente la protuberancia de su monte de Venus e insinuando una deliciosa raja entre sus piernas. Sonre&iacute; al recordar el d&iacute;a que se las compr&oacute; y me pregunt&oacute; en el probador<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Se me marcan mucho?<\/p>\n<p>&#8211; Lo normal, son mallas, son ajustadas, tienen que marcarse.<\/p>\n<p>Esa idea la deb&iacute;an compartir tambi&eacute;n Pepe Gotera y Otilio, que justo en ese momento asomaban por la puerta y se quedaban petrificados ante la imagen abrumadora de Ana, con los ojos a punto de sal&iacute;rseles de las &oacute;rbitas y babeando como dos perros en celo. Ana, al percatarse de su presencia, se fue decidida hacia el gordo, y le plant&oacute; dos sonoros besos en sus mejillas, ba&ntilde;ando de sudor su cara.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Hola Jose! &iquest;Qu&eacute; tal est&aacute; yendo todo?<\/p>\n<p>&#8211; Bien, bien. Ya hemos terminado lo m&aacute;s gordo,<\/p>\n<p>Ah&iacute; tuve que tragar saliva para ahogar una risita maliciosa, pero Ana se dio cuenta y me fulmin&oacute; con la mirada.<\/p>\n<p>&#8211; &hellip; y s&oacute;lo nos queda meter en las cajas los objetos m&aacute;s peque&ntilde;os, precintarlas y cargarlas en la furgoneta, pero de eso ya me ocupo yo s&oacute;lo. Mi compa&ntilde;ero ya ha terminado su jornada. Por cierto, &eacute;ste es Rafael. Rafa, &eacute;sta es Ana, nuestra jefa buenorra de la que te he hablado.<\/p>\n<p>Y los tres estallaron en una sonora carcajada celebrando la ocurrencia del tal Jose. Yo observaba la surrealista escena ojipl&aacute;tico, m&aacute;s a&uacute;n cuando su diminuto compa&ntilde;ero le plant&oacute; a Ana otro par de besos en las mejillas, demasiado cerca de la comisura de sus labios, y con una sorprendente familiaridad, al apoyar su mano izquierda en la cadera de mi mujer, que no parec&iacute;a demasiado sorprendida y menos a&uacute;n molesta por unas muestras de afecto a mi modo de ver completamente fuera de lugar.<\/p>\n<p>El tal Rafa se despidi&oacute; con una sonrisa triunfante, cerrando la puerta con el pie y llev&aacute;ndose consigo una caja que triplicaba el volumen de su cuerpo. Jose volvi&oacute; a perderse en el dormitorio de los ni&ntilde;os y yo me qued&eacute; a solas con Ana en la cocina. Me volv&iacute; a encoger de hombros pidiendo explicaciones.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Y estos dos? &iquest;De d&oacute;nde has sacado a Manolo y Benito?<\/p>\n<p>Ella solt&oacute; una risotada y se aclar&oacute; la voz para comenzar a justificar la extravagante contrataci&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; A ver, al peque&ntilde;o no lo conoc&iacute;a, pero Jose es un t&iacute;o maj&iacute;simo y de confianza. Es una especie de artista polifac&eacute;tico, pero como ahora est&aacute; sin trabajo, pues est&aacute; a lo que le sale, chapuzas, mudanzas&hellip; Eso cuando no est&aacute; actuando. Es un m&uacute;sico callejero y tiene much&iacute;simo &eacute;xito en el barrio&hellip; &iexcl;Si hasta canta &oacute;pera!<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Hostias! &iexcl;Pavarotti!<\/p>\n<p>No pude evitar que mi pensamiento se hiciera m&iacute;nimamente audible rememorando la reciente experiencia del bar&iacute;tono estrafalario y Sof&iacute;a.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute;?<\/p>\n<p>&#8211; Nada, nada&hellip; es que como os tratabais con tanta confianza&hellip;<\/p>\n<p>Ana se acerc&oacute; a m&iacute; sonriendo, me cogi&oacute; las manos y las llev&oacute; a sus tetas, hasta sentir sus pezones grandes y duros, pezones con los que hasta hac&iacute;a un minuto escaso se hab&iacute;an deleitado la extra&ntilde;a pareja, y poniendo su mano en mi entrepierna, me susurr&oacute; al o&iacute;do con voz melosa.<\/p>\n<p>&#8211; Vaya, vaya. As&iacute; que mi maridito est&aacute; celoso. &iquest;He sido demasiado cari&ntilde;osa con ellos?<\/p>\n<p>Remat&oacute; la &uacute;ltima pregunta con un tono sensual y una posterior carcajada que hicieron que mi incipiente erecci&oacute;n se desmoronara por completo. Le di un sonoro azote en el culo a modo de reproche.<\/p>\n<p>&#8211; Vete a la ducha o te vas a quedar fr&iacute;a, y con los pezones as&iacute; de duros, tu amigo Jose se va a poner cachondo.<\/p>\n<p>&#8211; Ja, ja. &iquest;Yo me voy a quedar fr&iacute;a o t&uacute; te vas a poner caliente?<\/p>\n<p>Y sali&oacute; corriendo hacia el ba&ntilde;o, aceptando un segundo azote que hizo que su culo vibrara m&iacute;nimamente, y dej&aacute;ndome con una sonrisa retadora y una pregunta sin terminar de salir de mis labios.<\/p>\n<p>&#8211; Con que esas tenemos, &iquest;eh? &iquest;As&iacute; que quieres jugar?<\/p>\n<p>Y de repente un pensamiento me hel&oacute; la sangre. Tragu&eacute; saliva. Hay veces en las que algo dentro del cerebro hace click, un desequilibrio en los neurotransmisores, una reducci&oacute;n en la actividad del GABA&hellip; decenas de posibilidades que convierten la idea m&aacute;s absurda, m&aacute;s disparatada, y m&aacute;s peligrosa en un desaf&iacute;o tan real y sugerente que decides jug&aacute;rtelo todo al 23 rojo, impar y pasa. Y cuando el croupier grita &ldquo;No va m&aacute;s&rdquo;, luchas por no perder el control y abalanzarte sobre la mesa para retirar todas tus fichas, presintiendo que en esta partida vas a perder algo mucho m&aacute;s importante que cualquier posesi&oacute;n material. Pero una vez traspasado el punto de no retorno, te dejas llevar por la excitaci&oacute;n del momento, por el morbo de un plan dise&ntilde;ado en apenas diez segundos, un reto con un resultado incierto.<\/p>\n<p>Visualic&eacute; la casa en 3D, vista a&eacute;rea, modo autocad, y sal&iacute; apresuradamente hacia el ba&ntilde;o de nuestra habitaci&oacute;n, donde Ana se dispon&iacute;a a desnudarse para dedicar su habitual media hora larga al aseo y cuidado corporal. Si alguna vez le hab&iacute;a afeado su falta de conciencia medioambiental, ella siempre se justificaba contraatacando.<\/p>\n<p>&#8211; T&uacute; lo de la huella h&iacute;drica debes creer que es una serie de Netflix, &iquest;no? Si te ve Greta Thunberg le da un ictus.<\/p>\n<p>&#8211; Ya, pero luego bien que me dices lo suave que tengo la piel y que te encanta el olor de mi cuerpo.<\/p>\n<p>&#8211; Touch&eacute;<\/p>\n<p>Llegu&eacute; justo a tiempo para impedir que Ana comenzara su habitual liturgia de aseo.<\/p>\n<p>&#8211; Espera. No te duches aqu&iacute;. El de la mudanza me ha dicho que iba a empezar a recoger lo m&aacute;s menudo por nuestra habitaci&oacute;n para meterlo ya en las cajas y cargarlo, y que ten&iacute;a para largo, as&iacute; que mejor que vayas al otro ba&ntilde;o y andas m&aacute;s tranquila.<\/p>\n<p>Mi discurso atropellado debi&oacute; resultar convincente, porque por toda respuesta Ana se encogi&oacute; de hombros, recogi&oacute; sus deportivas, y se encamin&oacute; sudorosa hacia el otro ba&ntilde;o. Una vez hubo entrecerrado la puerta, supe que era momento de actuar con celeridad, de ejecutar el absurdo plan trazado con tanta premura como inconsciencia. Sab&iacute;a que lo primero que har&iacute;a ella ser&iacute;a lavarse los dientes, antes de desnudarse y entrar en la ducha. Eso me daba unos minutos para preparar la escena.<\/p>\n<p>Sin llegar al nivel de Carlos Boyero, mi gran afici&oacute;n al s&eacute;ptimo arte me serv&iacute;a para mucho m&aacute;s que estar familiarizado con los t&eacute;rminos plano-secuencia, travelling, raccord o rush, as&iacute; que, s&oacute;lo con echar un vistazo al vest&iacute;bulo, supe c&oacute;mo deb&iacute;a ser la ubicaci&oacute;n de cada elemento para que la toma fuera buena. Mov&iacute; el espejo de pie, regalo de mi suegra, desplaz&aacute;ndolo hasta comprobar que reflejar&iacute;a todo lo que ocurriera dentro del ba&ntilde;o. Me pareci&oacute; ir&oacute;nico que un elemento decorativo por el que siempre hab&iacute;a sentido repulsi&oacute;n, por fin fuera a resultarme pr&aacute;ctico, y sonre&iacute; al pensar que no era probable que la madre de Ana hubiera pensado en esta utilidad en particular al comprarlo. Coloqu&eacute; el m&oacute;vil sobre el peque&ntilde;o mueble posa llaves del recibidor, semi oculto por una vela arom&aacute;tica que ocupaba la mayor superficie del mismo, comprob&eacute; que el encuadre, la luz y la posici&oacute;n fueran los correctos, y me dispuse a interpretar mi papel. No hab&iacute;a margen para la improvisaci&oacute;n y el lucimiento art&iacute;stico, as&iacute; que me ce&ntilde;&iacute; a un guion con muchos agujeros y que visto desde fuera provocar&iacute;a m&aacute;s hilaridad que morbo y excitaci&oacute;n, pero si hasta el mism&iacute;simo Woody Allen hab&iacute;a sido capaz de rodar sin sonrojo Vicky, Cristina Barcelona, &iquest;qui&eacute;n era yo para renegar de mi &oacute;pera prima?<\/p>\n<p>Volv&iacute; al ba&ntilde;o. Ana terminaba de cepillarse los dientes y hab&iacute;a abierto el grifo de la ducha a la espera de que el agua llegara caliente. Lo latidos de mi coraz&oacute;n ahogaban el sonido de mis palabras.<\/p>\n<p>&#8211; Nada, que el de la mudanza ya est&aacute; en nuestra habitaci&oacute;n. Yo me vuelvo a la cocina que tengo que mandar unos mails. Te dejo la puerta entreabierta que si no se empa&ntilde;a todo, que t&uacute; pones el agua a temperatura de Geiser del Timanfaya.<\/p>\n<p>Respondi&oacute; a mi sonrisa con una mueca burlona y prosigui&oacute; su enjuague bucal sin prestarme m&aacute;s atenci&oacute;n. Volv&iacute; al vest&iacute;bulo, respir&eacute; hondo y puls&eacute; REC. Luego fui en la direcci&oacute;n del sonido proveniente de auriculares del tal Jose. Entrando en la habitaci&oacute;n de Lucas, lo encontr&eacute; cerrando y etiquetando cajas, y me detuve al escucharle tararear una canci&oacute;n de Man&aacute;, como un mal augurio que me provoc&oacute; un sudor fr&iacute;o.<\/p>\n<p>Hay mentiras en los labios<\/p>\n<p>Hay mentiras en la piel, qu&eacute; dolor<\/p>\n<p>Hay mentiras, hay amantes<\/p>\n<p>Que por instantes de placer<\/p>\n<p>Ponen su vida a temblar<\/p>\n<p>Hay mentiras compasivas<\/p>\n<p>Hay mentiras por piedad<\/p>\n<p>Que no quieren lastimar<\/p>\n<p>Hay mentiras que nos hieren de verdad<\/p>\n<p>Ay, ay, ay<\/p>\n<p>Tragu&eacute; saliva y me aclar&eacute; la voz, antes de tocar su hombro. Se gir&oacute; y me mir&oacute; con una cara que record&eacute; haber visto en un documental sobre el pez globo del National Geographic.<\/p>\n<p>&#8211; Jose, &iquest;puedes venir un momento?<\/p>\n<p>Le hice se&ntilde;as de que me siguiera y tem&iacute; quedarme en blanco al llegar al recibidor.<\/p>\n<p>&#8211; Nada&hellip; que&hellip; es que Ana se va a duchar y yo tengo que salir al s&uacute;per. T&uacute; sigue tranquilo con lo tuyo. Yo volver&eacute; en media hora o as&iacute;.<\/p>\n<p>Al pronunciar la &uacute;ltima frase me sent&iacute; tan rid&iacute;culo que not&eacute; la sangre sonrojando mi cara. &iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o le importar&iacute;a a ese hombre cu&aacute;nto tardaba yo en volver del s&uacute;per? Me falt&oacute; ense&ntilde;arle la lista de la compra para corroborar mi pat&eacute;tica excusa. Hab&iacute;a bajado la cabeza avergonzado por mi actuaci&oacute;n de premio Razzies a peor actor, pero al alzar la vista y encontrarme con sus ojos, supe que el peor plan de la historia estaba resultando de la mejor manera posible. Los ojos se le sal&iacute;an de las &oacute;rbitas. Su boca permanec&iacute;a abierta y una gota de sudor le resbalaba por la frente. Entonces mir&eacute; al frente, m&aacute;s all&aacute; de su oronda figura, y vi claramente lo que &eacute;l estaba viendo en el espejo tras de m&iacute;, y que le hab&iacute;a causado tal impacto que su voz se quebr&oacute; en un sonoro gallo.<\/p>\n<p>&#8211; S&iacute;&hellip; s&iacute;, s&iacute;&hellip; yo&hellip; yo sigo&hellip; con lo m&iacute;o.<\/p>\n<p>Pero no se mov&iacute;a ni un s&oacute;lo cent&iacute;metro de su posici&oacute;n ni abandonaba su privilegiada vista. Ajena a todo, Ana se desnudaba, con las rodillas flexionadas, deslizando las ajustadas mallas por sus muslos y arrastrando con ellas un tanga negro que dejaba visible su impresionante culo. Yo sent&iacute;a mi boca pastosa, pero luchaba por sonar natural, sabiendo que si el impactado operario notaba algo extra&ntilde;o, mi plan fracasar&iacute;a al momento.<\/p>\n<p>&#8211; Vale, pues voy a dec&iacute;rselo a Ana y ahora vuelvo.<\/p>\n<p>Lo dej&eacute; sin que pudiera reaccionar y fui directo al ba&ntilde;o, abriendo a&uacute;n m&aacute;s la puerta en el momento en el que Ana se giraba. Se acababa de sacar el top y se desabrochaba el sujetador, liberando sus imponentes tetas y sus no menos impactantes pezones, que luc&iacute;an oscuros, grandes y duros, y regalando una imagen espectacular de desnudez completa al que s&oacute;lo unos minutos antes la hab&iacute;a catalogado como &ldquo;buenorra&rdquo;.<\/p>\n<p>&#8211; Joder, c&oacute;mo tienes esto de vaho. &ndash; ment&iacute; &ndash; Dejo un poco abierto y te llevo esta ropa a la lavadora, &iquest;no?<\/p>\n<p>&#8211; Vale, pero no la pongas todav&iacute;a, que tengo que meter mi blusa blanca.<\/p>\n<p>Sal&iacute; calculando cu&aacute;l ser&iacute;a la apertura adecuada de la puerta, suficiente para permitir una visi&oacute;n completa y n&iacute;tida de lo que suced&iacute;a en el ba&ntilde;o, y a la vez lo bastante discreta para no levantar sospechas. Llegu&eacute; de nuevo hasta Jose, que permanec&iacute;a inm&oacute;vil, imitando una suerte de versi&oacute;n masculina de Edith, convertida en estatua de sal, y con un volumen de voz lo bastante bajo para no ser audible desde el ba&ntilde;o, fing&iacute; gritar sabiendo que el sonido del agua de la ducha amortiguar&iacute;a mi voz.<\/p>\n<p>&#8211; Ana, te dejo aqu&iacute; tu ropa sucia. Luego la metes en la lavadora. Me voy.<\/p>\n<p>Sucia sonaba demasiado obvio, deber&iacute;a haber dicho usada, pero quise cebar el anzuelo para que el pez globo picara sin remisi&oacute;n, por muy evidentes que fueran mis tretas.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno Jose. Me voy, en media hora estoy de vuelta. Luego nos vemos.<\/p>\n<p>El pobre hombre no acert&oacute; siquiera a articular una despedida. Cerr&eacute; la puerta tras de m&iacute; y suspir&eacute; aliviado. Alea iacta est.<\/p>\n<p>Sal&iacute; al sofoco del bochorno estival y pase&eacute; nervioso hasta doblar el edificio y sentarme en un banco a la sombra. Mi mente imaginaba las escenas m&aacute;s surrealistas y pornogr&aacute;ficas entre mi mujer y el operario de la mudanza, y aun sabiendo que eran delirios producidos por la incertidumbre de no saber lo que estaba sucediendo arriba, un profundo desasosiego se apoder&oacute; de m&iacute;. Sudaba angustiado, miraba constantemente a un reloj cuyas agujas parec&iacute;an haberse detenido, me levantaba y me volv&iacute;a a sentar, maldec&iacute;a mi estupidez por haberme dejado llevar por un impulso absurdo e irracional. No habr&iacute;an pasado m&aacute;s de diez o quince minutos cuando la ansiedad se hizo insoportable y emulando al maestro Fern&aacute;n G&oacute;mez, pronunci&eacute; un casi inaudible &ldquo;&iexcl;A la mierda!&rdquo; y me apresur&eacute; de vuelta a casa a paso ligero, cual cabra de la Legi&oacute;n el 12 de octubre. Sub&iacute; los escalones de tres en tres evitando el ascensor para que no delatara mi llegada al detenerse en el rellano. No sab&iacute;a qu&eacute; me encontrar&iacute;a al abrir la puerta. Respir&eacute; hondo, cont&eacute; hasta tres y gir&eacute; la llave en la cerradura.<\/p>\n<p>La escena que tuvo lugar a continuaci&oacute;n fue la retransmisi&oacute;n de un encierro de Sanfermines, cuando abren la puerta del corral y los morlacos salen en estampida enfilando la cuesta de Santo Domingo antes de girar hacia Mercaderes. En mi caso, fui arrollado por un cabestro de m&aacute;s de cien kilos, que, si bien no me produjo herida alguna por asta de toro ni contusiones de consideraci&oacute;n, s&iacute; hizo que me tambaleara y estuviera a punto de caer. No hab&iacute;a visto a alguien de su peso moverse tan r&aacute;pido desde que Ronaldo Nazario colgara las botas. El hombre tartamudeaba una explicaci&oacute;n mientras aporreaba con insistencia el bot&oacute;n de llamada del ascensor.<\/p>\n<p>&#8211; Te-te-tengo que irme ya. Ma-ma-ma&ntilde;ana termina Rafa. Adi&oacute;s.<\/p>\n<p>Intent&eacute; recuperar el aliento y la compostura. Cerr&eacute; le puerta y el silencio me permiti&oacute; escuchar con nitidez el sonido de un secador de pelo, con lo que deduje que efectivamente, mi ausencia hab&iacute;a sido m&aacute;s breve de lo esperado, pero eso a su vez favorec&iacute;a que pudiera revisar lo que mi m&oacute;vil hab&iacute;a grabado en aquella especie de laberinto de espejos del Parque de Atracciones. En ese momento el espejo del vest&iacute;bulo reflejaba la imagen del interior del ba&ntilde;o, pero no aparec&iacute;a Ana, que deb&iacute;a haber cambiado de ubicaci&oacute;n para enchufar el secador. Mi posici&oacute;n resultaba inmejorable para visionar la grabaci&oacute;n y detenerla si el zumbido del secador se deten&iacute;a.<\/p>\n<p>Stop. Quince minutos y trece segundos de grabaci&oacute;n. Play. Hitchcock, Bergman, Fellini, Kurosawa, Kubrick, y ahora Daniel Torres compartiendo el Olimpo de los dioses de los directores de cine. La secuencia se iniciaba con la surrealista escena en la que Ob&eacute;lix y yo depart&iacute;amos a cada cual m&aacute;s nervioso, yo de espaldas, &eacute;l de frente y al fondo la hipnotizante figura de Ana. No pude evita sonre&iacute;r ante la representaci&oacute;n de esa farsa tan burda, pero sab&iacute;a que no ten&iacute;a mucho tiempo antes de que Ana terminara de secarse el pelo, y avanc&eacute; la grabaci&oacute;n hasta que yo cerraba la puerta y tan s&oacute;lo aparec&iacute;an en plano ellos dos.<\/p>\n<p>Lo primero que el operario hizo al saberse a solas con mi mujer, fue cerciorarse de que la puerta estaba bien cerrada y comprobar a trav&eacute;s de la mirilla que yo ya hab&iacute;a abandonado el descansillo. Mir&oacute; al reloj, calculando de cu&aacute;nto tiempo dispondr&iacute;a para llevar a cabo sus, para m&iacute;, a&uacute;n oscuras intenciones. De repente desapareci&oacute; de plano, y tem&iacute; que hubiera vuelto al trabajo y que todo mi plan hubiera quedado en una rid&iacute;cula fantas&iacute;a, pero al cabo de unos segundos que se me hicieron eternos volvi&oacute; a aparecer, pero esta vez situado frente al lateral espejo, evaluando cu&aacute;l ser&iacute;a la mejor ubicaci&oacute;n para observar lo que ocurr&iacute;a en el ba&ntilde;o sin ser descubierto. &iexcl;Premio! Mir&oacute; a un lado y a otro, fij&oacute; la mirada en la visi&oacute;n de Ana que le ofrec&iacute;a el reflejo del espejo, y llev&oacute; sus manos temblorosas a los botones de sus sucios y ra&iacute;dos pantalones, desabroch&aacute;ndolos y mostrando a c&aacute;mara c&oacute;mo se sacaba una polla de unas dimensiones tan escasas que me produjeron hilaridad y compasi&oacute;n a partes iguales&hellip; hasta que empez&oacute; a hacerse una paja con una mano, mientras con la otra sacaba algo de su bolsillo y se lo llevaba a la cara. &iexcl;Era el tanga de Ana! El muy cabr&oacute;n lo hab&iacute;a recogido del suelo y ahora aspiraba el aroma del co&ntilde;o de mi mujer, mientras la ve&iacute;a desnuda y se masturbaba apresuradamente, sabedor de que el tiempo corr&iacute;a en su contra.<\/p>\n<p>Ana, mientras tanto, aparec&iacute;a n&iacute;tidamente al fondo, desnuda recibiendo el agua de la ducha como un bautismo de morbo, con la cabeza echada hacia atr&aacute;s y los ojos cerrados, en gesto relajado, tan natural y a la vez tan sensual. Di por bien empleada la fortuna que hab&iacute;amos pagado por el plato de ducha extra largo que hac&iacute;a de plat&oacute; improvisado, y por la mampara transparente hasta mitad de plato y altura completa, a medida, con tratamiento anti-agua y anti-cal, como bien se hab&iacute;a encargado de recalcar la comercial de Roca cuando not&oacute; que mis ojos se sal&iacute;an de sus &oacute;rbitas al presentarnos el presupuesto.<\/p>\n<p>Su imagen era tan clara que parec&iacute;a que no hab&iacute;a mampara, ni siquiera espejo, y que estaba posando desnuda solamente para la c&aacute;mara de mi m&oacute;vil y para el pervertido operario. Puls&oacute; el dosificador de gel sobre un guante de crin y comenz&oacute; a enjabonarse las tetas con fuerza, que al instante comenzaron a marcarse y a cada pasada del guante, sub&iacute;an y bajaban pesadamente, mostrando unos pezones cada vez m&aacute;s duros y aumentando la erecci&oacute;n del voyeur ocasional. Con parsimonia, gust&aacute;ndose y disfrutando su imaginaria soledad, volvi&oacute; a echar m&aacute;s gel sobre el guante y en esta ocasi&oacute;n su mano fue directa a su delicioso co&ntilde;o. Flexion&oacute; las piernas y con la mano desnuda se separ&oacute; los labios para alcanzar a enjabonar lo m&aacute;s profundo de su sexo, frot&aacute;ndolo con vigor, mientras la espuma y el agua resbalan por sus muslos hasta caer con estr&eacute;pito formando una catarata de morbo. Repiti&oacute; los mismos pasos, pero ahora llev&oacute; la mano a los hombros, baj&oacute; hasta mitad de la espalda, y se agach&oacute; ligeramente, girando el brazo y cambiando la mano de posici&oacute;n hasta llegar a su culo, separando uno de los cachetes y adentrando el guante a lo largo de la raja de su trasero hasta la entrada de su estrecho agujero.<\/p>\n<p>El tal Jose, mientras tanto, contemplaba el show impactado, respirando agitadamente, restreg&aacute;ndose el tanga de Ana por la cara, y, liberando su polla por completo, desabroch&oacute; el bot&oacute;n de los pantalones que le resbalaron hasta los tobillos y se baj&oacute; unos calzoncillos rojos con conejitos blancos que confer&iacute;an a la escena un aspecto rid&iacute;culo y grotesco. Se subi&oacute; un poco la camiseta, dejando que su imponente barriga mostrara apenas una peque&ntilde;a pero erecta polla semioculta por un poblado vello p&uacute;bico. Al fondo del plano Ana se sacaba el guante de crin y proced&iacute;a a aclararse el cuerpo con sus manos desnudas. Ver pasar sus peque&ntilde;as manos por sus tetas, y sobre todo llevarlas de nuevo a su sexo abri&eacute;ndoselo por completo con una mano, mientras con la otra dirig&iacute;a un chorro de agua directamente al interior de su co&ntilde;o, fue m&aacute;s de lo que el operario de la mudanza pudo soportar. Se detuvo de repente, abri&oacute; los ojos como si estuviera viendo una alucinaci&oacute;n, se llev&oacute; apresuradamente el tanga de Ana a su polla, se la envolvi&oacute; con &eacute;l, y comenz&oacute; a convulsionar. Si no le acabara de ver salir corriendo por la puerta, hubiera pensado que estaba sufriendo un ataque epil&eacute;ptico, pero al cabo de un minuto se detuvo en seco, mir&oacute; a los lados, jadeante, resoplando, se subi&oacute; los calzoncillos y los pantalones, y desapareci&oacute; hacia la habitaci&oacute;n de Lucas.<\/p>\n<p>Ahogu&eacute; mis carcajadas como pude por lo que consideraba hab&iacute;a sido una peque&ntilde;a travesura por mi parte. Puls&eacute; el pause, recog&iacute; la ropa de mi mujer que hab&iacute;a dejado amontonada en el suelo como se&ntilde;uelo, y la met&iacute; en la lavadora. Pero al hacerlo, un nubarr&oacute;n negro de tormenta cruz&oacute; mi mente. De todo lo que acababa de ver, hab&iacute;a algo que se me escapaba. &iquest;Y el tanga de Ana? Lo hab&iacute;a visto en la polla del voyeur XXL, pero no lo llevaba en su huida. &iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o hab&iacute;a hecho con &eacute;l? &iquest;Se lo habr&iacute;a llevado como recuerdo inspirador? Infartado por un terrible presentimiento, corr&iacute; de nuevo hasta el recibidor y encontr&eacute; la respuesta de inmediato. All&iacute;, tirada en el suelo, yac&iacute;a maltrecha la prenda &iacute;ntima de mi mujer, y con bastante aprensi&oacute;n y repugnancia me di prisa en recogerla para depositarla junto al resto de la ropa sucia.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Hostia puta! &iquest;Pero qu&eacute; co&ntilde;o&hellip;?<\/p>\n<p>La sostuve con dos dedos, y con todo el asco del mundo, constat&eacute; at&oacute;nito que el tanga estaba cubierto de semen en una cantidad impensable, incre&iacute;ble, inhumana. Aquel t&iacute;o hab&iacute;a lefado la prenda de tal modo que al sostenerla en alto, ve&iacute;a como colgaban de ella gruesos hilos blancuzcos hasta desprenderse y caer pesadamente al suelo. Tan confundido me encontraba, que no me di cuenta de que el sonido del secador de pelo hab&iacute;a cesado y que en ese momento Ana aparec&iacute;a en el recibidor, limpia, inmaculada, casi virginal, en contraste con el nauseabundo tanga que ahora apretaba en mi mano derecha, ocult&aacute;ndola de su vista tras mi espalda.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Se ha ido ya Jose?<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qui&eacute;n?&#8230; &iexcl;Ah! S&iacute;, s&iacute;&hellip; ya hace rato. Que terminan ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;T&uacute; has podido trabajar algo?<\/p>\n<p>&#8211; Ehhh&hellip; s&iacute;&hellip;. bueno&hellip; yo&hellip; con mis cosas&hellip; s&iacute;&hellip; algo<\/p>\n<p>Mi mujer no era Miss Marple, pero lo inconexo de mi discurso y una actitud exc&eacute;ntrica me condenaban sin necesidad de pruebas. Ana frunci&oacute; el ce&ntilde;o y arque&oacute; una ceja, como hac&iacute;a con los ni&ntilde;os cuando les descubr&iacute;a mintiendo.<\/p>\n<p>-&iquest;Qu&eacute; tienes en la mano?<\/p>\n<p>Tragu&eacute; saliva mostrando mi mano izquierda.<\/p>\n<p>&#8211; Nada.<\/p>\n<p>&#8211; Dani&hellip; la otra<\/p>\n<p>Desist&iacute; de demorar lo inevitable y me centr&eacute; en inventar una excusa convincente que justificara lo injustificable. Alargu&eacute; el brazo y le mostr&eacute; su tanga hecho un gui&ntilde;apo, arrugado, manchado y lleno de un l&iacute;quido blanco pastoso que hab&iacute;a brotado al apretarlo en mi mano.<\/p>\n<p>Sus ojos se abrieron como platos. Lo cogi&oacute; en sus manos y su cara de asombro cambi&oacute; al estallar en una sonora carcajada, mientras yo me debat&iacute;a entre el alivio y la tensi&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8211; Cari, &uacute;ltimamente te gustan mucho estas guarradas, &iquest;eh?<\/p>\n<p>El karma me hab&iacute;a dado una oportunidad. Ana pensaba que era yo quien me hab&iacute;a pajeado con su tanga, llen&aacute;ndolo de semen. Ten&iacute;a que pensar r&aacute;pido para salir de aquella, una disculpa, un eximente, un atenuante que redujera mi condena.<\/p>\n<p>&#8211; Ana&hellip; yo&hellip; es que cuando se ha ido el de la mudanza&hellip; me he puesto a ver porno&hellip; y sal&iacute;a una que era igual que t&uacute;, te lo juro, podr&iacute;ais haber sido hermanas gemelas&hellip; y, bueno&hellip; estaba el tanga tirado en el suelo&hellip; y&hellip; pues eso&hellip; el resto ya te lo imaginas.<\/p>\n<p>Sus ojos brillaban divertidos y una sonrisa llenaba su cara.<\/p>\n<p>&#8211; Hablando de restos. &iquest;Qu&eacute; quieres que haga con esto, amore?<\/p>\n<p>Sus dedos jugueteaban con las partes de semen m&aacute;s visible extendido en su tanga e hizo amago de acerc&aacute;rselo a la cara.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;No Ana!<\/p>\n<p>&#8211; &iquest;Qu&eacute; pasa? &ndash; se detuvo extra&ntilde;ada<\/p>\n<p>&#8211; Joder, es que s&eacute; que no te gusta, t&uacute; misma me lo has dicho antes, y adem&aacute;s, te acabas de duchar y no te vas a andar manchando con esto.<\/p>\n<p>Hice un intento por recuperar el tanga, pero ella lo retir&oacute; de mi alcance, sosteni&eacute;ndolo en alto. Con la mirada encendida, se acerc&oacute; a m&iacute;, y como si temiera que nos pudiera escuchar alguien, me susurr&oacute; al o&iacute;do.<\/p>\n<p>&#8211; Te he dicho que no me gusta que te corras en mi boca cuando te la estoy chupando, no que no me guste c&oacute;mo sabe. Adem&aacute;s, es que has echado como nunca. Te has debido poner a tope con lo que estuvieras viendo &iquest;eh?<\/p>\n<p>Se apart&oacute;, sonri&oacute; traviesa y se llev&oacute; a los labios la zona de su tanga con manchas de semen m&aacute;s visibles. Al retirar el tanga de su boca y comprobar que permanec&iacute;an adheridos a su barbilla restos blanquecinos de lefa de su amigo Jose, me qued&eacute; inm&oacute;vil, petrificado, incapaz de hacer nada ni pronunciar ni una sola palabra. Fue ella la que actu&oacute;, llevando su mano a mi paquete y acariciando mi polla por encima de mi pantal&oacute;n. Abri&oacute; los ojos entre sorprendida y admirada y exclam&oacute; casi gritando.<\/p>\n<p>&#8211; &iexcl;Dani! &iquest;Has tomado viagra? &iexcl;Te acabas de correr y ya la tienes dura otra vez!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span class=\"span-reading-time rt-reading-time\" style=\"display: block;\"><span class=\"rt-label rt-prefix\">T. Lectura:<\/span> <span class=\"rt-time\"> 17<\/span> <span class=\"rt-label rt-postfix\">min.<\/span><\/span>Al tedio estival se le un&iacute;a un aumento de la temperatura, y por una vez, no se deb&iacute;a al calentamiento global. 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